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el mocito de contreras


El filme ‘El mocito’ retrata a un hombre atrapado por su pasado: Jorgelino Vergara. De 1971 a 1984 presenció torturas y operativos del organismo.
[Rodrigo González] Jorgelino Vergara habla poco y cuando lo hace suele fanfarronear. Tiene algo de caricatura de sí mismo y de personaje de película. No posee domicilio conocido y en el sur de Chile sus moradas son casuchas que encuentra en los pueblos donde trabaja de jornalero o como agricultor improvisado. Vino del sur del país hace casi 40 años y a él retornó con el espíritu herido. Su conciencia es una cámara fotográfica del horror con algunas de las imágenes más devastadoras del Chile post 73.
Cuando hace tres años los realizadores Marcela Said y Jean de Certeau comenzaron a entrevistar a Jorgelino Vergara, entendieron que su personalidad inescrutable no les serviría para construir un documental lleno de datos. En rigor, este ex mozo del general Manuel Contreras ya había hecho el trabajo duro de identificar a 74 ex agentes de la Dina ante la justicia, relatando con lujo de detalles las sesiones de tortura que presenciaba desde la doméstica posición del hombre que sirve el café o el sándwich a los victimarios. Para la cámara y el micrófono de Said y De Certeau, Vergara reservó sobre todo su perfil más habitual y silvestre: el de quien habla del tema cuando se le da la gana, calla cuando lo estima y, a la larga, va revelando más con sus silencios.
El documental ‘El mocito’ de Marcela Said y Jean de Certeau fue seleccionado en el 61º Festival de Cine de Berlín, que va desde el 10 al 20 de febrero. Se trata del único largometraje chileno presente en el encuentro y se mostrará en cinco funciones desde el próximo domingo 13.
Los realizadores han intentado ubicar al protagonista de su filme, pero como es habitual con Vergara, su paradero suele cambiar con tanta rapidez como su número de teléfono.
"Perdimos la cuenta de la cantidad de celulares que ha tenido desde que lo comenzamos a entrevistar. Dice que se le pierden. No sabemos si es verdad. Ahora está otra vez inubicable. Sólo queríamos decirle que la película iba a participar en el Festival de Berlín", explica la co-realizadora Marcela Said.

Registrando al Opuesto
En el año 2001 Marcela Said debutó en la dirección con ‘I love Pinochet’, un documental que registraba el fervor y la ira de los partidarios del ex general Pinochet durante su encarcelamiento en Londres. La película llamó la atención por acceder a un universo poco conocido por la mayoría de los chilenos. ‘I love Pinochet’ era un registro novedoso de los pinochetistas más diversos: pobres y ricos, poblacionales y del barrio alto, violentos y tranquilos.
Cinco años después, y junto al francés Jean de Certeau, estrena ‘Opus Dei’ (2006), indagación sobre algunos representantes y miembros de esta conservadora prelatura en Chile. Poco después de su estreno, Said comenzó a investigar los casos de algunos ex agentes de los organismos represores durante el régimen militar. "Nos ayudó la Brigada de Derechos Humanos de Investigaciones y un día dimos con Jorgelino", explica la directora. "La idea no era buscar sicópatas. Este hombre en cambio está lleno de culpas y remordimientos", agrega De Certeau.
La doble condición de víctima y victimario de Vergara también era llamativa. "Estaba con bastante miedo. La policía le pidió declarar en el 2007 y había dado los nombres de los agentes de la Dina. Dice que recibía amenazas de muerte. Yo, en cambio, le dije que la película podía terminar siendo una protección para él. Después de todo, ya había hablado", dice Said.
La empatía mutua posibilitó una cinta que sus autores definen como un retrato humano, sin pretensiones de reportaje. "No quisimos mostrar un caso particular de violación de derechos humanos. La intención es que la película pueda ser vista, por ejemplo, por un tipo que participó en Irak y que encuentre puntos en común con Jorgelino. La misma culpa, el mismo horror", añade la directora.

Militar Frustrado
Huérfano de padre y madre, Jorgelino Vergara llegó a Santiago a los 14 años proveniente de Rauco, en la Séptima Región. El azar le hizo encontrar un trabajo como mozo en la casa del general Manuel Contreras, jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia (Dina) entre 1973 y 1977. El militar lo incorporó a la institución en calidad de sirviente y ahí le prometieron de todo. Pasó a la CNI, sucesora de la Dina. Entusiasmado con hacer carrera castrense cumplió funciones de mozo hasta 1984. Ese año, a Vergara lo echaron de la institución.
No escaló ni un peldaño en el escalafón. Seguía siendo un mozo y se sintió engañado. A cambio, tuvo que tragarse las escenas más brutales de torturas y asesinatos, entre ellas las de 13 dirigentes del Partido Comunista en el cuartel de calle Simón Bolívar. Todo, en medio de servir el café, los tragos y la comida.
A diferencia del personal de la Dina, que iba a los cuarteles como quien marca tarjeta en la oficina, Jorgelino Vergara vivió en centros de detención. Respiró el mismo aire que los detenidos y más de una vez tuvo la oportunidad de hacerse amigo de algún prisionero.
Según les contó a Said y De Certeau, hizo buenas migas con Víctor Díaz, jefe del PC clandestino en 1976 y padre de Viviana Díaz, dirigenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. Cuenta Vergara que el 24 de diciembre, en Nochebuena, estaba solo en el cuartel e invitó a Díaz a comer en el casino. Pocas semanas después tuvo que cargar con el cadáver del dirigente envuelto en una bolsa plástica. Su cuerpo terminó en el fondo del mar atado a un pedazo de riel.
Para propósitos del documental, los realizadores intentaron reunir a Viviana Díaz con Jorgelino Vergara. "Ella no quiso y es entendible. Pero sí logramos juntarlo con otra familiar, cuyo nombre nos reservamos porque es parte del desenlace de la cinta", dice Said.

Un Sobreviviente
A pesar de cargar con un pasado de frustraciones y horror, Vergara se jacta de ser un tipo fuerte. Practica con regularidad con el linchaco que conserva desde sus años militares y repite a la cámara: "Soy un sobreviviente".
En el sur de Chile asiste a procesiones dedicadas a la Virgen del Carmen y a fiestas evangélicas. Pareciera querer exorcizar sus culpas en cualquier manifestación cristiana. Su estilo frugal de vivir y su buen estado físico sólo se ven menoscabados cuando bebe en exceso.
Una pequeña borrachera le provocó justamente uno de sus momentos cruciales frente a la cámara. "Nunca lloro ni me he quebrado. ¿Saben por qué? Porque los militares me enseñaron a no llorar", afirma con la voz quebrada y los ojos lagrimeantes. "A uno lo impulsaban a ser el más malo. Como una competencia. Y mientras más malo, mejor", comenta.
En otro de los pasajes donde relata sus experiencias se defiende: "No soy un asesino. No es justo que me digan eso". Y luego larga con angustia: "Pero vi cómo trabajaban ellos, vi cómo mataban sin ningún tipo de escrúpulos".
Las escenas más feroces presenciadas por Jorgelino Vergara se remiten precisamente a la matanza en el cuartel Simón Bolívar, donde los militantes comunistas fueron golpeados a palos, quemados con soplete y luego envenenados con cianuro. Tras ser testigo de esto, Vergara se repite a sí mismo la siguiente expresión: "Lo único que quiero es tener descanso mental y poder dormir tranquilo".
Abandonado por su mujer poco después de revelar los nombres de los agentes en el 2007, Jorgelino Vergara se reencuentra de vez en cuando con su hija. Juntos se los ve pasear por algunos humildes parques de entretenciones de pueblitos del sur, practicando tiro al blanco. El mocito de Manuel Contreras dice que no participó en torturas, pero sus años dentro de la institución le sirvieron para aprender a manejar armas.
En la película, un sobrino comparte el mate con él. Dice: "Lo que pasa es que llegó solo y pobre a Santiago. No tenía a nadie y era un cabro. No lo culpo que se haya metido a trabajar donde pudiera, incluso con gente que hacía cosas tan malas". Luego mira a Jorgelino y dice con una mueca casi burlona: "Claro que yo no lo habría hecho nunca". El mocito baja la mirada y calla.
[La foto viene de trinchera de la imagen.]
14 de febrero de 2011
6 de febrero de 2011
©la tercera
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