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tortura y excepcionalismo


Si realmente creemos que somos excepcionales, que somos un modelo para todo el resto del mundo y un ejemplo para toda la historia, entonces ¿por qué practicamos la tortura?
[Frank Bruni] Eso es lo es el submarino, y es por eso que el presidente Obama lo prohibió, correctamente. Cuando arrojas agua a alguien hasta que se empieza a asfixiar y siente como si se estuviera ahogando, no estás simplemente mejorando tu interrogatorio. Estás haciendo pasar a tu víctima por un infierno físico y psicológico. La estás torturando, según cualquier definición sana del concepto.
Sin embargo, el submarino fue nuevamente tema de discusión e incluso volvió como una suerte de perversa moda un sábado noche, en el mismo debate presidencial republicano donde Mitt Romney, recurriendo a una melodía favorita, entonó la canción de la grandeza y la singularidad estadounidenses: el excepcionalismo americano. Esa yuxtaposición era extremadamente rara.
Salí del debate, que estaba dedicado a la política exterior, con toda suerte de reparos y preguntas, incluyendo por que Newt Gingrich se había sometido a un proceso electoral por el que siente una tan palpable condescendencia.
Pero en general salí del debate pensando que una gran parte de lo que proponen los candidatos va contra esa banda particular de orgullo nacional que al mismo tiempo pregonan.
Este es un club que apoya el excepcionalismo, y no de acuerdo a su definición pasada como una referencia a las peculiares y ventajosas circunstancias de la génesis de nuestro país. Están diciendo que tenemos una posición única en el mundo, que nuestra eminencia es esencial y que nuestros valores merecen ser exportados.
"Este siglo debe ser un siglo estadounidense", dijo Romney, apartándose ampliamente del tema específico entre manos.
"Ahora mismo tenemos un presidente que cree que Estados Unidos es sólo otro país", agregó, reproduciendo sin exactitud las pasadas observaciones de Obama. "Estados Unidos es un país excepcional".
Romney no tuvo ninguna posibilidad de pensar en el submarino, así que no sabemos si en realidad favorece su uso restaurado, como dijeron que lo hacen Michele Bachmann y Herman Cain, y como Rick Perry pareció aceptar.
Pero sabemos que Romney no lo considera tortura, porque uno de sus asistentes, Eric Fehrnstrom, escribió un mensaje en Twitter después del debate diciendo derechamente que no lo es, y una portavoz de la campaña confirmó el lunes que era en realidad la opinión del propio Romney. La portavoz agregó: "Al mismo tiempo, no va a especificar las técnicas de interrogatorio mejoradas que él usaría contra los terroristas".
Desde el podio del debate en Carolina del Sur llegaron no solamente llamadas sobre el submarino -que Jon Huntsman y Ron Paul, en una decisión que los ennoblece, rechazaron- pero también la grosera sugerencia de que Estados Unidos retenga toda la ayuda a un país hasta que demuestre que lo merece. Esta gentiliza corrió por cuenta de Perry y Gingrich.
De boca de Rick Santorum emergieron cálidos pensamientos sobre misiones encubiertas para asesinar a científicos iraníes. Esta vez no se discutió la inmigración, pero cuando se ha discutido en los últimos meses, Cain ha mencionado la excavación de un foso a lo largo de la frontera mexicana -¡nada menos que lleno de cocodrilos!- y Bachmann ha denunciado la construcción de una valla como ridículamente impráctica, la que Cain sugirió una vez electrificar como una disuasión extra para cualquiera que abrigue la idea de escalarla. Luego dijo que estaba bromeando. Una sonora carcajada se oyó en todos los siete continentes.
Por supuesto, los candidatos adoptan un tono severo en gran parte para acusar a Obama de ser blando. Es una típica manera de definir una postura -la de los inevitables caprichos políticos.
Pero su elevada idea de que ha levantado una bandera blanca en la guerra contra el terrorismo es absurda. Aunque su presidencia ha tenido considerables defectos y decepciones, ese no es uno de ellos.
Sí, puso fin al submarino -que es también lo que dijo John McCain, que posee una genuina autoridad moral sobre el tema, que haría. (El lunes, McCCain dijo que estaba "muy desilusionado" de la discusión en el debate.)
Pero Obama ha enviado más aviones no tripulados que los que hubiera soñado Dick Cheney, incluyendo el que mató a Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense que no fue llevado nunca a juicio. Él ordenó la misión que terminó con la vida de Osama bin Laden. Estas no son acciones de un comandante en jefe que se deshace en disculpas. Y son la prueba de que puedes infundir miedo sin sacar a relucir los instrumentos de tortura.
Tenemos que tomar decisiones difíciles y sobrevivir un delicado equilibrio cuando se trata del mantener seguro al país, sea de terroristas extranjeros o de criminales que cruzan la frontera sur. Y no cabe ninguna duda de que no podemos ser tan principiales como nos gustaría. A mí, la muerte de Awlaki no me quita el sueño.
Pero tenemos que tener cuidado en cuanto a lo lejos que llegamos -lo implacable de nuestras estrategias, nuestras posiciones interesadas-, porque la legítima carga del liderazgo en el que insistimos es una conducta que es mejor que la de todo el resto del mundo, no la misma ni peor. El excepcionalismo no quiere decir regodearse y elegir a discreción cuándo ser grande y cuándo pequeño.
[La foto viene del blog Libretario.]
29 de noviembre de 2011
14 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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