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jueza fue asesinada por policías


Un agente de la Policía Militar es el principal sospechoso por asesinato de una jueza en Brasil. El oficial habría encabezado el ataque, el pasado 12 de agosto, contra la magistrado Patricia Acioli, quien había decretado su prisión preventiva.
Río de Janeiro, Brasil. Un agente de la Policía Militar de Río de Janeiro es el principal sospechoso.
Según la información, el oficial del 7°. Batallón de la Policía Militar carioca estuvo en las inmediaciones del Foro de Sao Gonçalo, donde actuaba la magistrada, antes de que fuera asesinada dentro de su auto con 21 balazos provenientes de dos motos y dos automóviles que la rodearon el pasado 12 de agosto.
La información surge de escuchas telefónicas realizadas con autorización de la Justicia.
El agente sospechoso supo en la oportunidad, a través de su abogada, que Acioli había decretado su prisión preventiva y la de otros siete colegas, bajo el delito de homicidio.
La jueza, de 47 años, había sido responsable además de la prisión de cuatro cabos de la Policía Militar y una mujer, en septiembre de 2010, acusados de integrar un grupo de exterminio en Sao Gonçalo.
A raíz de esa y de otras muchas condenas contra policías integrantes de grupos de exterminio que decretó a lo largo de su carrera, el nombre de Acioli integraba una lista negra junto a otras 12 personas presuntamente marcadas para morir, que estaba en poder del presunto jefe de la cuadrilla, quien se encuentra preso.
La jueza había recibido amenazas de muerte durante los últimos cinco años.
Al contrario de trascendidos que indicaban que ella se rehusaba a contar con protección policial, documentos presentados por el abogado de su familia constataron que la magistrada se había quejado por escrito de la falta de protección y había solicitado en varias oportunidades que se le reforzara la seguridad.
28 de agosto de 2011
©la tercera

el fanta como víctima de ddhh


El ex militante comunista y colaborador de la DINA, Miguel Estay, cumple cadena perpetua en el penal exclusivo para militares de Punta Peuco como autor de los homicidios de Manuel Guerrero, José Manuel Parada y Santiago Nattino, quienes murieron degollados en 1985 tras ser secuestrados en plena calle.
Santiago, Chile. El ex militante comunista Miguel Estay Reyno, alias ‘el Fanta’, quebrado bajo tortura por la Dina y convertido en colaborador de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), figura en el listado de los 9.795 nuevos casos de prisioneros políticos.
La situación provocó el asombro e indignación del diputado comunista y abogado de derechos humanos Hugo Gutiérrez al ser consultado por ANSA.
"¡Qué terrible!", exclamó, añadiendo que "no puede ser que a Estay Reyno, sea calificado como víctima aunque eventualmente en un primer momento no haya tenido opción porque al final fue una acción voluntaria", la de convertirse en miembro de los aparatos represivos de la dictadura militar (1973-1990).
"El Fanta no sólo fue colaborador sino que cometió delitos de lesa humanidad, por lo que mal puede recibir la calidad de víctima del Estado", argumentó el abogado, subrayando que"contribuyó a que hubiera más víctimas".
Miguel Estay cumple cadena perpetua en el penal exclusivo para militares de Punta Peuco como autor de los homicidios de Manuel Guerrero, José Manuel Parada y Santiago Nattino, quienes murieron degollados en 1985 tras ser secuestrados en plena calle.
Manuel Guerrero (hijo) comentó hoy en su Facebook: "el caso 2.877 aparece beneficiado en informe Valech, el responsable que haya quedado huacho: torturador Miguel Estay, El Fanta".
Estay fue detenido en 1975 y tras ser torturado se convirtió en colaborador y miembro de la DINA y contribuyó a la desaparición de muchos de sus compañeros.
En el listado también aparece Luz Arce, ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), quien delató a muchos de sus compañeros tras ser detenida y torturada, pero con el retorno de la democracia en 1990 manifestó su arrepentimiento y prestó testimonio voluntario ante los tribunales.
28 de agosto de 2011
26 de agosto de 2011
©la nación

murió stetson kennedy


En los años cuarenta, el escritor denunció al Ku Klux Klan tras infiltrar la organuzación y hacerse pasar por neonazi en su libro 'I Rode with the Ku Klux Klan.'
Murió el sábado en un centro médico cerca de St. Augustine, Florida, el autor y folclorista Stetson Kennedy, que hace seis décadas infiltró el Ku Klux Klan y expuso sus secretos, aunque años después sería criticado por haber presuntamente exagerado su hazaña. Tenía 94 años.
Su muerte fue anunciada en su página web.
En su libro ‘I Rode With the Ku Klux Klan’, de 1954, Kennedy escribió que logró infiltrar el Klan haciéndose pasar por vendedor de enciclopedias y usando el nombre de un tío que era miembro del Klan. El libro fue republicado en 1990 como ‘The Klan Unmasked.’
"La exposición de su folclore -sus apretones de mano secretos, sus contraseñas y lo estúpido que se veían envueltos en sábanas blancas" fue uno de los golpes más duros que debió soportar el Klan, dijo a la Associated Press Peggy Bulger, directora del American Folklife Center en la Biblioteca del Congreso, en 2007.
"Si no fueran tan violentos, serían simplemente estúpidos", dijo Bulger, que escribió su tesis doctoral sobre la obra de Kennedy como folclorista.
Después de que una lesión a la columna lo mantuviera fuera del servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, Kennedy empezó a actuar contra los que llamaba "terroristas raciales nacionales". Trabajó como director de pesquisas para la oficina del sudeste de la Liga contra la Difamación y fue director de la Liga Anti-Nazi de Nueva York.
Con evidencias recogidas en papeleras, permitió que en 1944 el Servicio de Impuestos Internos pudiera cobrar al Klan un extraordinario gravamen sobre impuestos no cobrados de 685 mil dólares y ayudó a redactar el escrito utilizado por el estado de Georgia para revocar los estatutos nacionales del Klan en 1947. También declaró en otros casos relacionados con el Klan.
A fines de los años cuarenta, Kennedy expuso los secretos del Klan a nivel nacional a través de la serie de radio ‘Superman’, que utilizaba la información que él proporcionaba en episodios titulados ‘Clan of the Fiery Cross’ [El clan de la cruz en llamas].
Después de elogiar inicialmente el coraje de Kennedy en su exitoso libro ‘Freakonomics’ en 2005, los autores Stephen J. Dubner y Steven D. Levitt denunciado que Kennedy había mal interpretado secciones de ‘The Klan Unmasked.’
En 2006, escribiendo en el New York Times, los autores dijeron que varios de los acontecimientos descritos por Kennedy habían sido hermoseados o se basaban en información de segunda mano. También lo acusaron de no reconocer propiamente a otros agentes encubiertos.
En respuesta, Kennedy reconoció que había algo de verdad en las acusaciones, pero que ya lo había admitido ante Bulger hace veinte años.
Bulger defendió a Kennedy, diciendo que fue siempre franco cuando combinó dos historias en una y la redactó en el estilo de Mickey Spillane para que la publicaran.
"En la época era habitual adornar los textos", dijo Bulger, "pero él en realidad infiltró el Klan para hacer su trabajo. Siempre fue franco, nunca mintió."
Para entregó remas de documentos que verificaban su trabajo encubierto, de acuerdo a la New Georgia Encyclopedia.
"Fue difícilmente una operación clandestina", dijo Kennedy una vez. "He estado haciendo esto durante demasiado tiempo como para deberle una explicación a alguien."

William Stetson Kennedy nació el 5 de octubre de 1916 en Jacksonville, Florida, y desciende, por el lado de su madre, del fabricante de sombreros, John B. Stetson.
Cuando trabajaba en el Federal Writers Project en Florida durante la Depresión, Kennedy recopiló historias orales junto con la escritora afroamericana Zora Neale Hurston.
Cuando Kennedy postuló sin éxito a la gobernación de Florida en 1952, su amigo letrista Woody Guthrie escribió la letra de su himno de campaña.
Después de que su identidad fuera revelada cuando declaraba contra el Klan, viajó ampliamente durante diez años, empezando en 1952.
Publicó otro libro: ‘Jim Crow Guide to the U.S.A.’ (1959) en Francia y pasó el resto de vida profesional trabajando para agencias de desarrollo comunitario en el área de Jacksonville.
Sobre los esfuerzos de Kennedy por exponer al Klan, el ex fiscal general asistente de Georgia, Daniel Duke, dijo una vez: "Stetson no lo hizo todo. Pero hizo un montón."
En 2006 se casó por séptima vez. Le sobrevive su esposa Sandra Parks, ex comisionada municipal y dueña de una librería en St. Augustine.
28 de agosto de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

dentro del cartel 2


Canalizar el río de cocaína del cartel mexicano dirigido en camiones hacia ciudades estadounidenses requiere un vasto laberinto de contrabandistas en Los Angeles. Y mujeres como Lupita, una médium de malas pulgas. Segunda de cuatro entregas.
[Richard Marosi] Gabriel Dieblas Román recibía órdenes de jefes del cartel en México, hombres endurecidos que gobernaban sembrando el miedo, pero él no aprobaría un envío sin hablar con una valiente mujer de edad mediana de Compton.
Guadalupe ‘Lupita’ Villalobos administraba una botánica donde las estatuillas de la Virgen de Guadalupe estaban junto a los sonrientes esqueletos de la Santa Muerte. Amenazaba con convertir a sus vecinos en sapos, y sus clientes creían que podía leer el futuro en conchas de caracol arrojadas en la superficie de una mesa.
Román, un cliente, la llamó un día para pedirle su opinión sobre un importante asunto.
Ansioso sobre un envío de cocaína pendiente hacia la Costa Este, le pidió a Villalobos "echarle un vistazo."
"Cuándo sale?", preguntó Villalobos.
"Mañana", dijo Roman.
Se oyeron ruidos en la línea, luego el sonido de objetos golpeando en una superficie dura.
"Bueno, entonces todo está normal", le dijo Villalobos a Román.
Pero no había terminado.
"Ten cuidado, hay vigilancia", dijo.
Ten cuidado de un joven gordito, un tipo mofletudo. "Parece que tiene problemas con la policía."
Roman sabía lo que quería decir.
"Ese hijo de puta es peor que un loro", dijo.

El Centro en Los Angeles
El cartel de Sinaloa, la organización del crimen organizado más poderosa de México, tiene su versión como sede de multinacional en chillonas mansiones y montañosas haciendas que salpican el estado de Sinaloa. Pero su centro de distribución en Estados Unidos se encuentra a mil seiscientos kilómetros al noroeste, en los vecindarios de inmigrantes que se ubican a lo largo de las autopistas de California del Sur.
Las drogas van de Colombia a México, luego cruzan el Valle Imperial hacia escondites y áreas de montaje en los alrededores de Los Angeles. Allá, decenas de células de distribución se encargan del proceso, empaquetando la cocaína y escondiéndola en tráilers con destino a Estados Unidos.
Como uno de docenas de coordinadores de transporte, Román compró tráilers, contrató a choferes y compró toneladas de pollo congelado como fachada. Recibió las drogas de Eligio ‘Pescado’ Ríos, que operaba varios escondites.
Juntos formaban parte de una línea de distribución que se arrastraba por todo el país hasta un distribuidor que vivía cerca del Estadio Yanqui en Nueva York.
Los envíos eran relativamente pequeños, de 135 a 270 kilos, para reducir las pérdidas si eran capturados. Sin embargo, se creía que el goteo de la línea de Ríos-Román entregaba una tonelada de cocaína al mes para el nordeste de Estados Unidos.
Ninguno de los dos se estaba haciendo rico. Román conducía un viejo Ford Mustang. Ríos era dueño de una abollada camioneta blanca, que llamaba ‘la Paloma.’
La familia de Román vivía en una pequeña casa en la ciudad de Hesperia, en el desierto. Ríos alquilaba un cuarto encima de un garaje en Paramount. Ninguno usaba armas ni tenían antecedentes penales.
Eran como otros cientos de trabajadores pagados modestamente -camioneros, correos, coordinadores de la carga- que mantienen funcionando la cadena de oferta de las drogas. Ríos y Román tenían algo más en común: los dos eran supersticiosos.
Dependían de videntes para guiar sus operaciones, y les daban una parte de las ganancias. Los psíquicos le daban consejos sobre el horario. Los psíquicos de los carteles a menudo maldicen a los agentes de policía, ‘limpian’ escondites, realizan elaboradas ceremonias a la luz de candelas o manchan el suelo con sangre de cabra.
Los extraños rituales e impresionantes adivinaciones fueron oídas por agentes del Servicio de Control de Drogas (DEA) que investigaban una importante red de distribución del cartel de Sinaloa. La pesquisa había sido bautizada Emperador Imperial debido a un sospechoso llamado Kaiser (‘emperador’ en alemán).
Los agentes de la DEA también se inspiraron en sus sujetos. Inspirándose en el alias de Ríos, el Pescado, bautizaron el caso como el del Bagre Psíquico.

Redada en Paramount
El 1 de marzo de 2006, Ríos recibió una llamada de Carlos ‘Charlie’ Cuevas, uno de los principales transportistas del cartel en la frontera entre México y California. Esa noche, Cuevas estaba preparando un gran envío de cocaína desde México. El envío llegaría en tres Chevrolet Avalanches al restaurante Rosewood en Paramount, al sudeste de Los Angeles.
Ríos condujo hacia el restaurante y se sentó a esperar. Los agentes de la DEA esperaban cerca, observando desde sus coches. Lo habían estado siguiendo durante semanas. Le habían pinchado su teléfono.
Uno de sus escondites estaba apenas a unas cuadras de distancia, en la 1st Street en Paramount. Dos de sus hermanos vivían aquí. Los fines de semana preparaban parrillas en el pedazo de antejardín y subían un poco el volumen de la música chatarra de Sinaloa como cualquier otra familia en el vecindario de inmigrantes. Dentro, lo único que había eran unos colchones y una televisión.
Ríos usaba una caja de herramientas construida en la cama de su camión para llevar drogas desde sus escondites hasta las zonas de montaje: bodegas o casas con doble solar para poder estacionar tráilers. Los mecánicos y empacadores trasladaban la cocaína hacia los tráilers, gastando horas en las tripas de las unidades de refrigeración. Los camiones salían entonces hacia la Costa Este, con dos choferes para que se movieran día y noche.
Las diferentes partes del sistema de distribución eran estrictamente compartimentadas. Ríos entregaba las drogas al área de montaje, pero se marchaba mucho antes de que llegaran Román con los choferes. Los dos hombres probablemente no se conocían. Todo lo que sabían era que tenían que obedecer las órdenes de un hombre llamado Gato en Guadalajara, más allá del alcance de la DEA.
A los ocho y treinta, el primer Avalanche se dejó ver en Rosewood. Ríos cogió la llave y condujo hasta el escondite en la 1st Street. La pared entre el garaje y un dormitorio, tenía un enorme hueco para descargas rápidas. Los empaquetadores en el dormitorio hacían los paquetes y apilaban la cocaína para su envío a la zona de montaje.
En las siguientes horas, otros dos Avalanche pararon en el estacionamiento. Cada vez, Ríos condujo el todoterrenos a la casa escondite para su descarga y volvió al restaurante. Luego se fue a casa.
A las cuatro de la madrugada, la policía allanó la casa y encontró casi doscientos kilos de cocaína en paquetes cuidadosamente apilados. Los hermanos Ríos fueron arrestados, pero no él -una decisión calculada de la DEA.
Para acusar a Ríos, la DEA tendría que presentar una declaración jurada sobre la causa probable, lo que revelaría la operación de interceptaciones. Eso habría puesto sobre aviso a los sospechosos en todo Estados Unidos y México de que los agentes federales estaban escuchando sus conversaciones.
La DEA había hecho todo lo posible por mantener secreta la investigación, utilizando a las agencias de policía locales para hacer las detenciones y requisas, lo mismo que la redada en Paramount.
Los agentes vigilaron al nervioso Ríos, con la esperanza de captar alguna cháchara por teléfono y movimientos que les dirían algo sobre las operaciones del cartel. No anticiparon su siguiente paso: Ríos huyó hacia su casa en Culiacán, Sinaloa, donde fue prontamente secuestrado por los soldados del cartel.
La redada le costó al cartel 3.3 millones de dólares, y gente poderosa se había molestado. En Sinaloa, Ríos fue amarrado y golpeado durante varios días. Dejaron un colchón manchado con su sangre.

Desesperación
Román, un camionero fracasado que no pasó de primarias, se lamía el labio superior cuando se ponía nervioso. Hacia mediados de 2006, tenía muchas razones para estarlo.
En los últimos meses, camioneros asociados a él habían sido arrestados en Missouri, Nueva Jersey, Atlanta y Oklahoma, cada uno con más de cien kilos de cocaína. Otro camionero fue capturado con 3.5 millones de dólares en efectivo. Cada una de las requisas fue realizada por una agencia de policía diferente.
Ahora Román había perdido a su principal proveedor -Ríos- junto con la confianza en sus jefes.
Pasó horas hablando por teléfono, tratando de preparar en envío. Necesitaba efectivo para mantener a sus dos esposas -una en California, otra en México- con once hijos e hijastros y su amante embarazada.
En tiempos como estos, viajaba a Compton para visitar a Villalobos en su casa. Quizá ella podía romper esa serie de mala suerte.
En una visita, Román pasó junto a los expositores con los bustos indios de madera cerca del garaje mientras a agentes de la DEA vigilaban desde la distancia. Una estatua de la Virgen de Guadalupe se asomaba por encima de la valla de seguridad, adornada con centavos y peniques. Había pit bulls en el patio trasero, y un palomar en el frontis.
Los psíquicos mexicanos recorren con una paloma blanca de arriba a abajo a una persona para absorber las fuerzas negativas antes de liberar a las aves, y todo mal, en el cielo. Sugieren baños herbales y a veces agregan semillas de campanillas alucinógenas en el té que sirven a sus clientes.
Lo que quiera que sea que dio Villalobos a Román, era potente. Salió prácticamente tambaleando por la puerta principal y su novia tuvo que ayudarlo a llegar al coche.
Para el otoño, Román había finalmente arreglado un transporte. Llamó a Villalobos, que lanzó las pequeñas conchas.
Le dio su bendición para el encargo, pero con una advertencia: "Dile al regordete que sea más cuidadoso."

Interceptado
Tres días después, Hildegardo Rivera, un chofer de Román que vivía en el pueblo agrícola de McFarland, en el Valle  Central, se dirigía en un tráiler hacia el este, presumiblemente con cocaína.
Rivera era corpulento. No se sabe si era el hombre mencionado por el psíquico, pero en realidad tenía problemas: la DEA seguía todos sus movimientos mediante un GPS en su celular.
Seis días después de que dejara California del Sur, el celular de Rivera le dijo que estaba en Keasbey, N.J., donde los choferes de Román entregaban la cocaína y eran pagados. Rivera cambiaba los números de teléfono y la DEA no podía seguir trazándolos. Los agentes consiguieron una orden judicial para trazar su nuevo número, y para cuando reanudaron la vigilancia días después, conducía en dirección a California.
Los agentes trazaron su ruta a través de Pensilvania, Maryland, West Virginia, Virginia y Tennessee. En Arkansas, Rivera paró para recoger una carga de pollos congelados.
Cuando Rivera llegó a Arizona, agentes en Los Angeles se prepararon para interceptarlo. Uno de ellos aparcó su coche sin matrícula en la berma de la Interestatal 40 cerca de Flagstaff.
El agente no había visto nunca a Rivera ni su camión. Todo lo que tenían eran unas fotos DMV de varios de los camioneros sospechosos de Román.
Un camión púrpura pasó a toda velocidad, con un esqueleto humano pegado a su portaequipaje. Una broma de Halloween, pensó el agente. Pasaron más camiones.
Cuando el agente llamó para chequear la última ubicación de Rivera, se sorprendió enterarse de que el camión estaba ahora al oeste de él. El agente dobló en U y volvió a California a toda máquina.
Siguió a dos camiones hasta un restaurante en la carretera. Otro chequeo en la señal GPS del celular puso a Rivera cerca de él.
El agente vio el camión púrpura con el esqueleto en la parrilla. Un hombre que se parecía al bosquejo de Rivera se bajó de la cabina. El agente notificó a la Patrulla de Carreteras de California (PCC) y se marchó.
El plan era que la PCC interceptara a Rivera en un puesto de control agrícola justo entrando a California. De ese modo, no se delataba la fachada de la DEA.
Después de hacer parar a Rivera, el agente de la PCC abrió la puerta del tráiler. Parecía vacío. Un perro esnifador saltó dentro.
Los agentes de la DEA en sus coches a un kilómetro de distancia, esperaban ansiosamente. Después de treinta minutos, un agente de la PCC llamó. Nada de drogas, dijo, pero los perros encontraron 155 fardos de plástico ocultos en los compartimentos del techo del camión.
Cada fardo contenía veinte mil dólares. En total, 3.1 millones de dólares.

No Más Ayuda
La redada terminó con la poca credibilidad de Román ante sus jefes. Pronto estuvo tan arruinado que no podía pagar las cuentas de la casa. Su esposa californiana arrastraba cubos en su polvoriento vecindario de Hesperia, pidiendo agua.
El 5 de diciembre de 2006, Román visitó a Villalobos. Antes le dejaba hasta dos mil dólares por una sesión de veinte dólares, pero ahora dijo que no tenía un centavo.
Ella no se solidarizó.
"A veces uno cava su propia tumba", dijo la psíquica. "No voy a continuar atendiendo a una persona ingrata."
"No seas así", respondió Román.
Se ofreció a mostrarle el informe de policía sobre la confiscación de dinero, prueba de que él no le estaba ocultando nada.
Lo desechó. No le importaba que ahora estuviera en la ruina. Se sentía engañada de las veces en que las cosas marchaban bien.
"Escucha atentamente lo que te voy a decir: ¿cuántos años trabajamos juntos? ¿Cuántos viajes hicimos juntos? ¿Diecisiete?"
Siguió: "Con mi ayuda, todo te resultó bien."
"Así es", dijo Román.
"¿Dónde está el dinero?", dijo. "Me jodiste cuando ya no me necesitabas."
"Yo te estaba ayudando a ser el jefe de los jefes. ¿Dónde está el dinero?", le dijo. "Me dejaste a un lado cuando ya no me necesitabas."

En mayo de 2007, un gran jurado federal en Nueya York acusó a Román por distribución de cocaína y cargos de lavado de dinero. Entre los testigos potenciales se encuentra Lupita Villalobos.
Los fiscales la llevaron a Nueva York, pero ella no se atrevió a salir del hotel. Dependían de su declaración. Ella se negó.
Al final, su cooperación no fue necesaria. Román se declaró culpable y fue sentenciado a catorce años.
Ríos, el encargado del escondite que huyó a Culiacán, volvió a entrar a Estados Unidos, fue arrestado y se declaró culpable de conspiración.
Rivera, el camionero, fue acusado de conspiración, pero el cargo fue retirado.
Villalobos no fue acusada nunca. La psíquica se aferró a su historia: ella era una simple mujer de negocios tratando de sobrevivir.
"Esta gente me da dinero y yo les digo lo que quieren oír", dijo. "Yo no conozco el futuro."
28 de agosto de 2011
26 de julio de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

carabineros volvieron a matar


Manuel Gutiérrez Reinoso, de 16 años, fue baleado durante un cacerolazo. Culpan a carabineros. El hecho caló hondo en la ciudadanía que, en caliente, a través de las redes sociales, apoyó mayoritariamente la versión de los jóvenes. La policía había desestimado la participación de funcionarios de su institución.
[Christian Palma] Santiago, Chile. Manuel Gutiérrez Reinoso tenía 16 años. Era un buen chico, dicen los vecinos de la Villa Jaime Eyzaguirre, de la populosa comuna de Macul, ubicada en la zona sur oriente de Santiago. Participaba de la Iglesia Metodista Pentecostal, recuerda uno apoyado en la reja de la entrada de la modesta casa del joven. "Estuvimos jugando a la pelota en la tarde", se anima a contar su "compadre" Giuseppe mientras da vueltas por las callecitas de la población, pensando en la noche fatídica. Es que el destino y las balas nunca fueron amigos.
La madrugada del viernes, tras la última jornada del paro nacional convocado por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Manuel salió de su hogar para ayudar a su hermano Gerson, de 23 años, que se desplaza en silla de ruedas. La idea era hacer lo habitual en estos días: observar los "cacerolazos" de los pobladores en contra del actual gobierno.
En eso estaban cuando se sintieron tres balazos. "Me dieron, hermano", dijo Manolito y se desplomó. El proyectil le atravesó el tórax causándole la muerte minutos más tarde en la asistencia pública. "Yo vi disparar a los carabineros y no soy el único testigo", dijo Gerson, que junto a Giuseppe Ramírez, 19, aseguran que fue la policía la que disparó sin mediar provocación alguna.
"Ibamos caminando hacia la pasarela que está al final del pasaje cuando apareció un radiopatrulla de Carabineros y comenzaron a disparar. Estoy seguro de que fueron ellos. Uno de los balazos le llegó a mi hermano en el pecho y cayó al suelo", agrega entre sollozos el joven minusválido.
Jacqueline, otra de las hermanas de Manolito, cuenta que en un principio pensaron que se trataba de balines de goma. Sin embargo, los médicos de la Posta 4 de Ñuñoa dieron la mala noticia: "No pudimos salvarle la vida porque era una bala de grueso calibre", dijeron. Ese mismo proyectil fatal, que simbólicamente hirió a todo Chile, será clave para determinar al responsable del cobarde hecho. Los peritos de la Policía de Investigaciones de Chile ya está analizando la bala.
Miguel Fonseca, vecino de la víctima y que tomó la vocería de la familia, contó a Página/12 que se presentarán seis testigos a declarar. Además de Gerson y Giuseppe, irán tres vecinos del sector y otro joven que recibió una bala en el brazo cerca del lugar del hecho y al cual todavía no le extirparon el proyectil.
El hecho caló hondo en la ciudadanía que, en caliente, a través de las redes sociales, apoyó mayoritariamente la versión de los jóvenes. Esto por más que la policía desestimara la participación de funcionarios de su institución.
"Descarto de plano la participación de carabineros. Sé que hay alguna versión de que habría pasado un vehículo por el lugar donde ellos estaban y cumpliría no sé con qué característica, que ellos lo atribuyen a que era un vehículo de carabineros", dijo el segundo jefe de zona Metropolitana, el general Sergio Gajardo.
Pero el clima sombrío estuvo presente todo el día. "En un año y medio, los carabineros perdieron toda la credibilidad y el respeto que habían ganado en veinte. Ahora los cabros (chicos) no les tienen miedo como en la dictadura, cuando para nosotros ver a un paco era lo mismo que estar mirando a Pinochet. Ahora los jóvenes no van a aguantar ser reprimidos", le decía un amigo a otro en un café del centro de Santiago, dando cuenta del impacto de la noticia y del golpe que ha significado para carabineros –culpables o no– su actuación en las movilizaciones estudiantiles. Si bien la delincuencia y la violencia han sido rechazadas transversalmente y varios policías han sido heridos, incluso a balazos, ellos se han llevado el repudio más grande.
La Moneda y principalmente el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, han sido duramente cuestionados por su labor. De hecho, luego de que el secretario de Estado prohibiera una marcha anterior por el centro de Santiago, el clima se fue enrareciendo. En ese escenario, el subsecretario, Rodrigo Ubilla, pidió "no especular" sobre la muerte del menor, sino "dejar que las instituciones actúen".
Mientras tanto, Mireya Reinoso, la madre del chico fallecido, se aferra al credo que profesa para aguantar tanta pena. Generosa, la mujer también pide que se haga justicia para que esta tragedia no se repita.
"Nada me va a devolver a mi hijo, pero creo que podrían haber disparado al aire, podrían haberse cerciorado de que estaban haciendo algo. Pero sé que la justicia viene de arriba... es un dolor muy grande", dijo entre lágrimas.
Al pequeño Manolito lo velan ahora en la parroquia evangélica que queda a dos cuadras de su casa. El mismo templo al cual acompañó a su abuelita tantas veces a rezar. Oraciones que se repitieron en diversas "velatones" que se desarrollaron en homenaje al pequeño mártir de la movilización estudiantil chilena. Los "cacerolazos" anoche fueron de luto.
27 de agosto de 2011
©página 12

rn, cueva de trolos cucú y gagá


columna de lísperguer
Vicepresidente de RN, Mario Desbordes pide que fuerza pública utilice balines para dispersar manifestaciones.

Oí a este señor, sin saber que era el vicepresidente de RN, defender en un lugar público una idea similar en términos mucho más explícitos y groseros que en esta nota. Cuando el desconocido empezó a hablar y a explicar su propuesta, los que estábamos más cerca pensamos que estaba cucú y lo ignoramos. Recién ahora veo su foto en el diario y me entero de quién es y que el proyecto de ley, tan innecesario como idiota, era real. Ahora me queda claro igualmente que RN no es un partido sino una colección disparatada de amigos del dueño de la franquicia, sino no se entiende que un tipo como Desbordes, que es prácticamente un nazi, un psicópata, sea vicepresidente de un partido dirigido por un político jurásico que lo fundó para jugar al almacén con su hijo. Es terrible que estos personajes mediocres y enfermizos todavía puedan significar algo políticamente. Por divertidos que puedan parecer (como el intendente Lobos y su creencia de que los encapuchados son jóvenes que nacieron fuera del matrimonio), estos personajes son evidentemente peligrosos y una prensa responsable debiese evitar prestarle la atención que necesitan para difundir sus ideas criminales. Hay que excluir a los fanáticos como Desbordes y Larraín del debate público.
lísperguer

querella por allanamiento ilegal


Claudina Núñez se querella contra Carabineros por violación de domicilio. Alcaldesa del PC llevó a la justicia su denuncia por la irrupción de Carabineros en su hogar. Criticó al vocero Andrés Chadwick. Acusa también daños a la propiedad privada y violencia innecesaria.
Santiago, Chile. Acompañada del diputado y presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, los ediles de San Miguel, La Cisterna y El Bosque y juntas de vecinos de la comuna, la alcaldesa de Pedro Aguirre Cerda, Claudina Núñez, presentó una querella contra Carabineros por los hechos sucedidos la madrugada del 25 de agosto, cuando personal de la institución ingresó a su domicilio, ubicado en la población La Victoria.
La acción judicial, presentada por la alcaldesa PC en el Décimo Juzgado de Garantía, es por violación de domicilio, daños a la propiedad privada y violencia innecesaria con resultado de lesiones.
La máxima autoridad comunal además criticó al ministro vocero de Gobierno, Andrés Chadwick, quien justificó el procedimiento de Carabineros.
"Estamos entregando los antecedentes para que después (el ministro vocero Andrés) Chadwick no diga que Carabineros llega aquí a tomar tecito de esta manera. No sé si a su casa han llegado alguna vez a tomar tecito de esa manera", dijo la edil.
La alcaldesa señaló que nadie podía decir que Carabineros se manda solo y mostró su temor por lo que pueda suceder para el 11 de septiembre.
27 de agosto de 2011
26 de agosto de 2011
©la nación

carabineros dispersa velatón


La policía uniformada utilizó carros lanzaaguas para dispersar a unas 200 personas que se manifestaban contra la muerte del joven, abatido el jueves en la Villa Jaime Eyzaguirre.
Santiago, Chile. Efectivos de Carabineros dispersaron a los participantes de una velatón en recuerdo de Manuel Gutiérrez, el adolescente de 16 años asesinado la noche del jueves en la comuna de Macul.
Unos 200 estudiantes se juntaron en el paseo Ahumada cerca de las 19:30 horas para recordar al estudiante muerto por una bala policial, según denunció la propia familia de la víctima fatal. Sin embargo, algunos trataron de encender fogata en los alrededores motivando la intervención de Fuerzas Especiales de Carabineros.
Ello generó una serie de incidentes en la Alameda, frente a la casa central de la Universidad de Chile, y un ambiente de tensión con el uso de carros lanzaaguas.
Una manifestación similar ocurre en la Villa Jaime Eyzaguirre de Macul, donde vivía el joven y donde fue abatido en horas de la noche, en momento en que no se producían incidentes.
La tarde de este viernes, un grupo de vecinos del menor emitió una declaración en la que culpan a funcionarios de Carabineros por el crimen. "Ante los sucesos ocurridos la noche del 25 de agosto en la población Jaime Eyzaguirre, denunciamos que fue la violencia explícita de Carabineros la que costó la vida de Manuel Gutiérrez Reinoso de 16 años de edad, quien transitaba por el sector junto a su hermano cuando le impactó una bala de grueso calibre en el pecho. Dejando además a otro vecino herido en su hombro", señala el documento difundido principalmente a través de redes sociales.
Al respecto, la tarde de este viernes se pronunció el Ejecutivo. "El Gobierno espera que se resuelva de manera rápida y se esclarezca la situación", dijo el subsecretario de Interior, Rodrigo Ubilla.
27 de agosto de 2011
26 de agosto de 2011
©la nación