Blogia

mQh

el robo de tierras en urabá


Después de analizar los documentos que guarda la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Turbo, funcionarios de la Superintendencia de Notariado y Registro encontraron posibles legalizaciones de tierras despojadas.
Colombia. Grandes negociantes de las tierras en Urabá lograron quedarse con numerosas hectáreas de forma fraudulenta y gracias a que "funcionarios públicos se prestaron para el despojo de aquellas fincas a través de distintas modalidades", según encontró la Superintendencia de Notariado y Registro.
Funcionarios de esta superintendencia revisaron los folios de matrícula inmobiliaria de 1.400 predios rurales de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Turbo, que atiende los municipios de Apartadó, Arboletes, Necoclí, San Juan de Urabá, San Pedro de Urabá y Turbo.
El estudio consistió en analizar el origen de aquellas propiedades y se encontró que más de un 80 por ciento de ellas provenían de titulaciones de terrenos baldíos y adjudicaciones hechas por el Incora y por el Incoder a campesinos de la región.
"Muchas de las parcelas adjudicadas por el Incora y el Incoder se encuentran aún en cabeza del adjudicatario, y cuando éste la ha vendido, las ventas posteriores o transferencia de dominio no superan las tres transacciones", dice el informe de la Superintendencia de Notariado y Registro, que calcula en 41.790 hectáreas el volumen de tierras transadas bajo estos mecanismos fraudulentos.
Lo extraño es que entre quienes han adquirido los predios que la Nación les adjudicó a los campesinos de esa zona, se encontró que una misma persona o empresa compró varios. "Dentro de las transacciones de dominio posteriores a las adjudicaciones, se observa la adquisición, que una misma persona natural o jurídica ha adquirido más de tres predios rurales, concibiéndose este fenómeno como adquisición masiva de tierra en la región del Urabá Antioqueño", advierte el documento, entregado en Medellín por el titular de esa dependencia, Jorge Enrique Vélez.
Los expertos que hicieron el estudio encontraron que esta situación es semejante a lo ocurrido en los Montes de María, donde la compra masiva de tierras a pequeños parceleros, que vendieron muchas veces presionados por la violencia, por amenazas y a veces hasta con documentos falsos, se vio reflejada en el incremento de los bienes de grandes hacendados.
En Urabá, algunas ventas se hicieron con supuestos poderes que los campesinos daban a terceros para negociar su tierra. Entre los apoderados más frecuentes para efectuar las ventas, la Superintendencia encontró los nombres de Carlos Alberto Grajales Gómez, Jorge Eljach Zúñiga, Fabián Darley Roldán Villa y Sor Teresa Gómez. Esta última está prófuga de la justicia después de haber sido condenada por el homicidio de la líder reclamante de tierras Yolanda Izquierdo.
Estos apoderados les vendieron a Zulma Yibi Romero Cerquera, Otoniel Segundo Hoyos, Humberto León Atehortúa Salinas y al Fondo Ganadero de Córdoba. Contrario a lo que mucho se ha sospechado, no se encontraron empresas bananeras con grandes propiedades de estas tierras posiblemente usurpadas.
Para la Superintendencia, también resultó llamativo que el Incora y el Incoder emitieran 133 resoluciones que revocaban adjudicaciones de terrenos de la nación que estaban disfrutando los campesinos de la zona. Lo que se encontró fue que esas mismas tierras fueron adjudicadas luego y, más tarde, revocadas otra vez para volver a adjudicarlas. Esto "afecta la estabilidad del proceso de formalización de la propiedad rural", según se lee en el informe.
Por años, la región de Urabá ha sido emblemática del despojo de tierras. Mucho se conoce ya del mapa de la violencia y de los comportamientos de los hombres armados en esa zona. Lo que poco se ha logrado entender es cómo se legalizaron las tierras que les quitaron a los campesinos. Pero todo indica que ahora se está prendiendo la luz para conocer ese lamentable capítulo de la violencia rural en Colombia.
29 de agosto de 2011
26 de agosto de 2011
©verdad abierta

otras causas en san nicolás


Militares asesinaron a Omar Darío Amestoy y a su esposa María del Carmen Fettolini. También a sus hijos María Eugenia de cinco años, Fernando de tres, y el bebé de Ana María, de cinco meses.
Argentina. El juez federal de San Nicolás Carlos Villafuerte Ruzo elevó a juicio oral seis nuevas causas por crímenes de lesa humanidad, en las que se investigan varios hechos secuestros, torturas y homicidios ocurridos entre los años 1976 y 1977, en aquella ciudad y en San Pedro, que serán substanciados en los tribunales rosarinos. En el mismos sentido, otra causa de la misma jurisdicción fue reprogramada por el Tribunal oral Federal Nº 2: el debate estaba previsto que comience el 29 de agosto, pero fue postergado debido a que el tribunal encabeza otro juicio por delitos de lesa humanidad que aún no termina.
"En el marco de una serie de investigaciones que se vienen llevando adelante ante el Juzgado Federal Nº 2 de San Nicolás -por secretaría del Dr. Cristián Lassalle-, el juez federal Carlos Villafuerte Ruzo ordenó la elevación a juicio oral y público del tramo de las causas denominadas ’Ocariz’, ’Zuelgaray’, ’Schiel’, ’Peris’, ’Montalvo’ y ’Acosta’, en las cuales se responsabiliza al por entonces Jefe del Batallón de San Nicolás, hoy coronel (r) Manuel Fernando Saint Amant.
Estas investigaciones vienen a sumarse a las otras cuatro causas que ya fueron elevadas por Villafuerte Ruzo, una de las cuales ya tiene fecha de audiencia de debate fijada por el Tribunal Oral Federal Nº 2 de Rosario para el 27 de febrero del 2012.
Se trata de la denominada causa ’Masacre de calle J. B. Justo’, donde se investigan la privación ilegitima de la libertad, tormentos y homicidios de cinco personas ocurridos en noviembre de 1976 en San Nicolás y por el cual serán juzgados el mencionado Saint Amant, el ex Jefe de Operaciones mayor Antonio Federico Bossie y el ex comisario general Jorge Muñoz".
El 19 de noviembre de 1976, unos 40 militares llegaron a la casa ubicada en Juan B. Justo al 600, la rodearon y comenzaron a lanzar granadas y gases lacrimógenos. Ingresaron a la vivienda y desataron una balacera. En el lugar se encontraban Omar Darío Amestoy, su esposa María del Carmen Fettolini, sus hijos María Eugenia de 5 años y Fernando de tres. También estaba Ana María, la esposa de Gastón Gonçlaves y su bebé Manuel de cinco meses, quien fue el único sobreviviente de este trágico hecho.
Tras el secuestro de Gastón Gonçalvez, Ana María, con cinco meses de embarazo, se refugió en la localidad de San Nicolás en la casa de la familia Amestoy. El único sobreviviente de la Masacre, el nieto recuperado Manuel Gonçalves Granada, hijo de Ana María, dio inicio a la causa luego de la caída de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y es uno de los querellantes en el juicio oral. El debate comenzará al término del juicio al ex comisario Luis Patti por el asesinato de su padre, Gastón Gonçalvez. El día del ataque, Ana María, alcanzó a envolver a Manuel en unas frazadas para que no lleguen a él los gases lacrimógenos y a esconderlo en un ropero. Eso le salvó la vida.
Por orden del coronel Saint Amant, Manuel fue trasladado al Hospital San Felipe y a través de un juez de menores de San Nicolás, fue dado en adopción a una pareja en febrero de 1977.
29 de agosto de 2011
28 de agosto de 2011
©rosario 12

murió maría esther gilio


La periodista y escritora uruguaya falleció a los 83 años. Se destacó por los profundos reportajes a las más diversas personalidades. Había sido colaboradora de Página/12.
Argentina. Los restos de la periodista uruguaya María Esther Gilio, fallecida el sábado a los 83 años, fueron sepultados ayer en el Cementerio del Buceo de Montevideo. Gilio se destacó por haber realizado entrevistas a personalidades del campo cultural y político en los semanarios locales Marcha –donde dio sus primeros pasos– y Brecha, y en medios de prensa de América latina, entre los que se encuentran Página/12, Clarín y La Nación. Jorge Luis Borges, Aníbal Troilo, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa, José Saramago, Mario Benedetti y Noam Chomsky fueron algunos de sus entrevistados.
Había nacido en Montevideo en 1928, la ciudad que la vio crecer. "Sus reportajes, respetuosos e inteligentes, eran siempre originales y fluidos", destacó la agencia uruguaya de noticias Uypress. Por eso, los medios de su país la despidieron como una de las "periodistas más hábiles de la prensa uruguaya". Cuando se inició como periodista ya se había recibido de abogada. Empezó escribiendo sobre pintura en Marcha, pero al poco tiempo se fue involucrando en entrevistas políticas –por ser abogada podía entrar a la cárcel para hablar con los primeros tupamaros presos, en la década del ’70– hasta que su faceta periodística pasó a ser su principal ocupación.
Por su compromiso político y social, sufrió un atentado en su casa. Se supo después que había sido "un tipo de la policía", y que lo que querían era asustarla para que se fuera. Por eso, entre 1972 y 1977 tuvo que exiliarse en Buenos Aires. De allí se fue a Brasil, y vivió en Buzios hasta 1979. Volvió a la Argentina en 1980 y se quedó varios años. Desde 1990 residía nuevamente en Montevideo.
Gilio publicó los libros Personas y personajes (1973), La guerrilla tupamara (1970) –con el que ganó el Premio Casa de las Américas–, Diálogo con Wilson Ferreira Aldunate (1984), Construcción de la noche: la vida de Juan Carlos Onetti (1993), Terra da felicidade (1997), El cholo González, un cañero de Bella Unión (2004), Pepe Mujica: de Tupamaro a ministro (2005) y Aurelio el fotógrafo o la pasión de vivir (2006).
En su condición de abogada, Gilio defendió a familiares de activistas detenidos-desaparecidos durante la dictadura cívico-militar uruguaya (1973-1985).
29 de agosto de 2011
©página 12

la estrategia de acusar a los muertos


Lo que dicen los acusados por el robo de los bebés de Raquel Negro en el año 1978. Los represores que declararon en el inicio del juicio que se desarrolla en Paraná, deslindaron sus responsabilidades y cargaron las culpas contra médicos y un agente de inteligencia del Ejército que ya están fallecidos.
[Juan Cruz Varela] Paraná, Argentina. Los que no están no pueden defenderse. Apunten contra los muertos. Esa fue la premisa de los imputados en la primera semana del juicio por el robo de los bebés que dio a luz Raquel Negro en el Hospital Militar de Paraná en marzo de 1978. Quienes aceptaron prestar declaración indagatoria apelaron a una estrategia común y, por qué no, cobarde: Pascual Oscar Guerrieri, Juan Daniel Amelong y Juan Antonio Zaccaría deslindaron responsabilidades en los muertos, sean estos militares o médicos. Zaccaría era jefe de terapia intensiva del Hospital Militar en 1978. En unos pocos minutos destrozó la estrategia que acababa de plantear su abogado defensor. Humberto Franchi solicitó la suspensión del proceso en su contra y se esmeró en hacerlo pasar por inimputable. Pero el médico anestesista contó con detalles el paso de Raquel Negro y sus hijos por el nosocomio paranaense y en varios tramos de su declaración dejó entrever también que pudieron haberse producido otros partos de mujeres secuestradas, lo que avalaría la hipótesis de que allí funcionó una maternidad clandestina.
Zaccaría dijo no recordar los nombres de quienes trabajaban en el Hospital Militar. No obstante, mencionó como probables responsables de la internación y el parto a los ginecólogos Jorge Cantaberta y Miguel Bottero Brollo y dijo que cumplía órdenes de sus superiores, que serían los tenientes coroneles médicos Luis Levín y Marcelo Jesús Beret, director y subdirector del Hospital Militar en 1978. Todos están fallecidos.
Sin embargo, pocos minutos tardó Zaccaría en soltarse y comenzar a recordar. A partir de preguntas que le formulara el fiscal José Ignacio Candioti, admitió la presencia de los bebés en una sala de terapia intensiva de adultos, pero aseguró que "los pusieron ahí y después los sacaron, cuando di la novedad a la superioridad, los hicieron desaparecer, los llevaron a otra parte". Más adelante insistió: "Yo no tenía nada que ver, a los chicos me los metieron de prepo en la sala de terapia intensiva".
De todas maneras, Zaccaría precisó que "la nena estaba bien, pero el varoncito estaba más o menos, tirando a mal; y la madre quedó en terapia, pero estaba sana". Más aún, el médico admitió, por primera vez, haberse entrevistado con Raquel Negro: "La vi cinco minutos, fue una charla parcial, superficial. Ella estaba acostada, pero tenía buen aspecto", aseguró. En ese marco, señaló que todo el procedimiento fue "irregular" y que Raquel Negro y los mellizos "estaban internados en forma ilegal, no correcta, en una palabra".
Pascual Óscar Guerrieri, en tanto, dio un testimonio casi de manual, en el que reivindicó la represión ilegal y negó cualquier vinculación con el operativo para el secuestro y sustitución de identidad de los mellizos. "Quiero hacer esta declaración con respeto hacia los que no están, tanto de la parte de ellos como de la parte de nosotros", dijo ante el tribunal. "Aspiro a un juicio justo. La otra parte no está, está desaparecida. Existimos solo nosotros, cuando no fue así", añadió mirando de reojo a los abogados querellantes.
El jefe de la patota apeló a una consigna de los organismos de derechos humanos al reconocerse un "ferviente admirador" del nunca más y cuestionó que se los tilde de represores o integrantes de una patota y volvió al remanido latiguillo de la guerra contra la subversión para referirse a los crímenes de lesa humanidad.
En su caso, intentó despegarse de las acusaciones en virtud de que en la cadena de mando tenía por encina suyo a los (casualmente) fallecidos Leopoldo Fortunato Galtieri, Luciano Adolfo Jáuregui y Alcides Juvenal Pozzi. Anotando en una pizarra que luego mostró al tribunal, intentó explicar cómo funcionaba la estructura del Segundo Cuerpo de Ejército y deslindar su responsabilidad argumentando que los hechos habían ocurrido en jurisdicción del Destacamento de Inteligencia 122, con sede en Santa Fe.
Así, pretendió cargar las tintas contra Paúl Alberto Navone, el mayor del Ejército que dependía de ese destacamento y apareció muerto el 25 de febrero de 2008, con un balazo en la cabeza, en un hotel de la Fuerza Aérea en la localidad cordobesa de Ascochinga, el mismo día en que debía presentarse a declarar como imputado en esta causa. Guerrieri fue más allá y aseveró que "Raquel Negro fue llevada a Paraná y Navone la ejecutó y se quedó con sus hijos".
Luego, Juan Daniel Amelong intentó una estrategia similar a la que sumó la "animosidad evidente" de Eduardo Costanzo, el represor que ha venido dando detalles acerca de cómo funcionaba la patota, y pidió al tribunal que ordene un cruce de llamadas entre los teléfonos que utilizaban Costanzo y Navone y que se remitan libros de guardia y visitas para determinar la frecuencia con que ambos se veían.
29 de agosto de 2011
28 de agosto de 2011
©rosario 12

una victoria para marta


La ceremonia de despedida de Marta Taboada, militante y abogada desaparecida en 1976.
[Alejandra Dandan] Argentina. Los restos de la mujer, identificados por el EAAF, fueron enterrados en Moreno, donde ella había sido secuestrada. Antes se colocaron baldosas en homenaje a ella y a otros dos desaparecidos. Un cajón multicolor, música y el recuerdo de sus familiares y amigos.

Marta Taboada revolea la melena y encara a una patrulla del Ejército. Su cartera cerrada con panfletos. La imagen vuelta al presente en el habla de uno de sus antiguos compañeros del Frente Revolucionario 17 de Octubre, hoy secretario de Estado. La puerta de la casa vieja donde vivió con sus hijos. La calle de un barrio de Moreno. Un pibe que se da cuenta de que uno de los que está entre los muchos que están ahí, frente a esa casa, que son muchos, puede terminar de contarle de un operativo en el que participó su padre desaparecido. Una carretilla vestida con la bandera argentina. El cajón. La urna con los restos de huesos de Marta Taboada. Unos barquitos de papel de su bisnieto que nadan sobre la pequeña urna de colores entre una estampita de una María Auxiliadora del ’77. La hoz a pocos centímetros de la estrella guevarista. El pelo de la Evita guerrillera. Otra vez el cajón. Y su hija, Marta Dillon –compañera de Página/12–, que con sus hermanos Andrés, Juan y Santiago esperan ante esa casa colocar tres baldosas para ella y otros dos compañeros. "No voy decir mucho", dijo Marta Dillon cuando empezó. "Hay momentos que se parecen mucho a esa victoria que nombramos siempre, creo que este momento en que estamos juntos se parece mucho a La Victoria. Que todavía falta un montón, falta saber quién disparó, quién cargó los cuerpos en esa esquina de Ciudadela, quién firmó las partidas de defunción como NN con datos falsos. Un montón, pero estamos trabajando para eso."
Frente a la puerta de la casa de la calle Joly, a unas cuadras del centro de Moreno, se reunieron los hijos de Marta Taboada, de Juan Carlos Arroyo, "El Negro" y de Gladys Porcel de Puggioni para marcar las veredas. Los tres militantes del FR17 de Octubre desaparecieron el 28 de octubre de 1976. Los huesos de Marta Taboada, recuperados por el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, siguieron silenciosamente esa primera parte de una ceremonia religiosamente política antes de volver a un auto para encabezar, como en todos los funerales, la caravana al cementerio. Estaban quienes tenían que estar. Eduardo Luis Duhalde negándose la condición de funcionario para quedarse ahí con su mujer, a estarse al lado de esa que fue su compañera de militancia, la apoderada de sus peores momentos de clandestinidad. La mujer que en medio de la dictadura se calzó un auto para sacar del país a "Martita" pero también al hijo más chico del secretario de Derechos Humanos. La mujer que alguna vez, ante una patrulla del Ejército, sacudió la melena y le preguntó a uno de los militares si quería revisar su cartera. El hombre dijo que no, que no hacía falta, aunque ella tenía la cartera llena de panfletos. "No tenía límites en esa entrega", dijo Duhalde, micrófono en mano, poco después, cuando recordó que la vio por última vez un mes antes de su propio exilio y le pidió "encarecidamente que se cuidara", porque tenía "más solidaridad que buen tino", con "un corazón tan inmenso que superaba a muchos militantes de la época".
Los funerales adquirieron la lógica de las manifestaciones políticas. Comenzaron en pleno centro de Moreno, ante la municipalidad. Un espacio ocupado con los resultados de una reconstrucción reciente de las vidas de los desaparecidos políticos locales. Con fotos que estuvieron enterradas durante la dictadura. Imágenes de las asambleas obreras de Grafa. Paneles de los desaparecidos de Moreno zona norte. Paneles que nombran ahora a quienes hasta hace poco permanecían sin identidad, en un lugar donde el trabajo de la Secretaría de Derechos Humanos local y de los sobrevivientes logró entender que no fueron 38 personas como se creía sino más de 100. Matrimonios. Embarazadas. Desaparecidos de Paso del Rey. De Moreno sur y La Reja. De Trujui y Cuartel V. Imágenes del Mundial 1978. Los centros clandestinos. Los Trabajadores de Educación y Cultura entre los que estaba el escritor Domingo Osvaldo Balbi o Marta Taboada, docente y abogada.
Protegida por la bandera negra de HIJOS en la primera línea, la carretilla con el cuerpo de Marta avanzó por las calles del centro. Ella, que en la urna era "mamá, abuela, bisabuela, amante", iba adelante seguida por banderas de La Cámpora Moreno; la agrupación John W. Cooke. Lila Pastoriza, Eduardo Jozami, Graciela Daleo, Judith Said. Lohana Berkins y Marlene Wayar, militantes de esa diversidad sexual a las que Marta Dillon les agradeció especialmente la presencia. Carlitos y Camilo de HIJOS a quien la hija de Marta Taboada nombró como "hermanos y hermanas que me cambiaron la vida". Nora Cortiñas. Lita Boitano. Gastón Concalves. Juana Muniz Barreto. Los hijos de Paco Urondo. Otros. Muchos. Abertina Carri, la compañera de Marta.
El "todo guardado en la memoria" de León Gieco se escuchó más fuerte. Frente a la vieja casa transformada en Jardín de Infantes, Raquel Robles de HIJOS sostuvo el micrófono en las manos como sosteniendo casi sin lágrimas lo que sucedía alrededor. Leyó adhesiones y volvió a leer más porque dijo que habían esperado más de treinta años para ese momento. "Marta creyó hasta el final que valía la pena dar la vida", se oyó de alguna de ellas. "Tenemos que tener bien claro que la Justicia llega un poco lerda pero llega", decía en un mensaje la madre del Negrito Floreal Avellaneda. Los HIJOS de Bahía Blanca mandaron "un cálido abrazo hermanador". Y el Colectivo Militante de Moreno habló de utopías que siguen latiendo.
En la puerta, el hijo de Gladys de Puggioni tomó la palabra. Tupac Vladimir Puggioni vivió en esa casa a los 4 o 5 años. Ahora dirigente de los Descamisados de Salta, hermano de alguien llamado Fidel Cristo y nieto de una abuela que con cada golpe de Estado corría a la plaza del pueblo para retirar y esconder un busto de Eva. "Eran unos jóvenes y estamos poniendo placas a esos jóvenes", dijo. Nombró a Néstor Kirchner. Todo el mundo aplaudió. Tupac dijo que hay miles de cosas que faltan, que lo sabemos y dijo también que "esta juventud que hay acá entierra a estos jóvenes". También dijo "hasta la victoria siempre". Y luego el nombre de sus asesinados. Detrás de los cuales esos muchos decían –decíamos– ahora y siempre.
Habló "El Indio" Domiciano Rivero. Campesino, obrero, hombre que pasó a la semiclandestinidad en mayo de 1978 y quien pasó los siguientes seis años en el exilio de Brasil porque quedarse en América latina le permitía, dijo, vivir de algún modo el mismo proceso. "Hace años no pensábamos que ni la mitad de lo que hay hoy iba a ser posible", explicó. "Y es bueno ver que creo que se hubiese divertido mucho La Negra con lo de hoy". Alentado de algún modo por esa voz de los HIJOS que les pedían a los viejos compañeros de militancia hablar de la vida de sus desaparecidos, El Indio se puso a contar algunas anécdotas. Que Marta tenía muchos ovarios. Que alguna vez lo cargó en un Citröen destartalado para llevarlo al teatro mientras estaban clandestinos. Que era la primera obra de teatro que él veía en su vida. Que le dijo que le gustó, pero no entendió ni medio a los actores. "Me cuesta mucho todo esto –dijo en un momento– porque el dolor nos sigue cruzando, sin flaquezas, pero nos sigue cruzando." Y recordó que Marta Dillon hace tiempo se preguntaba si era cierto aquello que se dice de su madre, que era audaz, que era sensual. "Y sí que lo era", dijo él. Porque alguna vez, esa mujer, en el ’76, "cuando ya nos asesinaban, mientras charlábamos cómo hacer, si salir o no, y mientras nos iba sacando a patadas el Ejército", le dijo: "Negro: no sotros somos la contención". "Es decir –replicó él–: estaba dispuesta a dejarse la vida."
Marta habló en ese momento. También Camilo, de HIJOS. Dijo que ese cuerpo también era una parte de "nuestros queridos viejos". Tomó la palabra Duhalde y dijo que era un día de "dolorosa alegría con aires de victoria porque rescatamos a Marta de las tinieblas y de aquello que Videla decía de que los desaparecidos son eso, desaparecidos, no están". Miguel Fernández, secretario de Derechos Humanos de Moreno, se nombró como sobreviviente. Habló de la necesidad de empezar a contar las historias. Como datos, como herencia. Un alumno de Marta Taboada estaba entre los que se habían acercado. Ella estaba ahí, ahora en la urna.
El vía crucis siguió camino al cementerio de Moreno por la Ruta 7, su ruta, santuarios del Gauchito Gil, los recreos sindicales. Adentro, esperaba el padre Luis entre las banderas brillantes sobre el fondo del cielo de cenizas. El padre Luis, un cura, pero un cura raro. Ahí estaba hablando de darse la mano y de cantar la misma canción que Mugica y Angelelli cantaban en sus misas. El cajoncito ahora estaba en medio del pasto. Se oían palabras de Jesús subversivo y de liberación. En la ronda, hablaron Nora Cortiñas y Lita Boitano. Hablaron de las cosas pendientes, de la edad, de las Madres. De lo que después de ellas quedará por hacer con aquellos que todavía no se encontraron. La hermana de Marta Taboada habló luego de que lo hicieran Andrés, Santiago y Juan como pudieron, con las tripas en el alma. El agua bendita pasó de mano en mano y cada quien pudo echar algunas lágrimas benditas sobre el cajón de esa madre.
Se oyó otra vez Marta Taboada, presente. Ahora y siempre. Todo el mundo caminó entonces hacia el lugar final, la bóveda de los Taboada donde los restos de Marta, sus huesos, quedaron bien acomodados al lado de los de su padre. Marta Dillon colocó algo más, tal vez un vaso. Los barquitos de papel dejaron de verse, cerrados por una tapa, finalmente. Una cuchillada de amor, quién dijo que todo está perdido, tanta sangre que se llevó el río, pecho, siempre, sacar el alma, iba sonando una canción.
29 de agosto de 2011
28 de agosto de 2011
©página 12

en memoria del padre


Luchando para quedarse en Gran Bretaña. Antonio Bravo, en Armley, Inglaterra, en la tumba de su padre, Manuel, que se suicidó en 2005 en un intento por evitar la deportación de Antonio.
[Nina Bernstein] Clapham, Inglaterra. El niño tenía trece años cuando una redada de inmigrantes terminó abruptamente, de madrugada, con la lucha de su padre durante los últimos cuatro años por ser reconocido como refugiado político. En la noche de ese día en 2005, padre e hijo estaban a cientos de kilómetros de distancia, encerrados en una cárcel privada -el Yarl’s Wood Immigration Removal Center- para ser deportados en la mañana a su nativa Angola.
En lugar de eso, poco después de medianoche, el abatido padre, Manuel Bravo, 35, se ahorcó, colgándose con una sábana de una escalera. La nota que dejó decía por qué: para que su hijo huérfano se pudiera quedar en Gran Bretaña.
Efectivamente, la ley no autoriza a las autoridades de inmigración a deportar a un huérfano al que no espera nadie. Una familia británica que los Bravo conocieron en la iglesia, llevó al niño, Antonio, a casa a Armley, el barrio de clase media trabajadora de Leeds donde se habían asentado en 2001.
Antonio, ahora de diecinueve, es un aprendiz de electricista que aspira a ser ingeniero. No lejos de la tumba de su padre en la colina, comparte una casa de cien años de antigüedad, con cinco compañeros de cuarto británicos y visita regularmente a la familia que lo crió. "Quiero que mi padre se enorgullezca y no se sienta como si perdió su vida por nada", dijo.
Pero el mes que viene, Antonio vuelve a vivir de nuevo la amenaza de la deportación. Como las leyes han cambiado, en lugar de cumplir con los requisitos para ser ciudadano como esperaba, ya no puede postular. Su permiso de residencia temporal, otorgado por razones humanitarias, expira y no está claro si puede ser renovado.
La historia de Antonio es emblemática de los crecientes esfuerzos de un país por repeler la inmigración indeseada, a través de un sistema de implementación gestionado parcialmente por contratistas privados.
Como otros gobiernos del mundo occidental, Gran Bretaña ha sido presionada para que aumente las deportaciones, reduzca la inmigración y restrinja la ciudadanía. Los funcionarios se están jugando la "inmigración controlada", un modo de mantener el influjo de los inmigrantes más deseables y refugiados genuinos excluyendo forzosamente a los rechazados -en un intento de refrenar la hostilidad hacia los extranjeros que se ve crecer desde Australia y Estados Unidos, pasando por Noruega y Francia.
"Es muy importante no solamente que se implementen controles de inmigración adecuados, sino también que se vea que están siendo implementados", dijo Damian Green, ministro de Inmigración británico, en septiembre pasado después de inaugurar dos nuevos pabellones de otro centro de detención privado cerca del aeropuerto de Heathrow. "Si nos creamos confianza pública en nuestro sistema de inmigración, seguiremos siendo vulnerables ante los que quieren buscar chivos expiatorios de los problemas sociales."
Pero algunos analistas dicen que, al contrario, el boom de detenciones y deportaciones ha legitimado que se trate a los extranjeros como chivos expiatorios, inflado la ansiedad pública y las demandas de restricciones más amplias.
En los últimos diez años, los blancos públicos de represión han pasado de "refugiados políticos falsos" a "extranjeros criminales" y ahora a "inmigración insostenible", un concepto que incluye a inmigrantes perfectamente legales, observa Mary Bosworth, criminalista de la Universidad de Oxford que ha trazado la expansión de las cárceles para inmigrantes como Yarl’s Wood.
"Hay una exhibición bastante pública e inversión en hacer que estos lugares de confinamiento se vean como que están hechos para alojar a gente peligrosa", dijo Bosworth. "Coloca al gobierno en una posición en que sólo se puede poner más intransigente."
Y las reglas siguen cambiando. El año pasado, Antonio aprobó la nueva "prueba de conocimiento de la cultura británica" [Britishness] -¿Qué es un gabinete en la sombra? ¿Cuándo se celebra el Día de la Madre?-, sólo para enterarse que, en su caso, no cuenta.
"Igual fue un gran concurso", dijo.

Una Familia en la Clandestinidad
Al principio, los Bravo eran una familia de cuatro: el señor Bravo, tranquilo y retraído; su ardiente esposa, Lidia; su hijo, Nelio, de tres años; y el hijo de Bravo, Antonio, de diez, cuya propia madre murió al darlo a luz en Angola. En los documentos de refugiado, Bravo se describe a sí mismo como un campesino encarcelado y maltratado por el gobierno angoleño debido a su papel en un partido pro-democracia fundado por su padre. Huyó para salvar la vida, dijo, después de que fuerzas de seguridad allanaran la granja familiar y asesinaran a sus padres y hermanas. Angola llevaba entonces veintisiete años de guerra civil.
Los Bravo pidieron asilo cuando aterrizaron en el aeropuerto de Heathrow en octubre del 2001. Imposibilitados de trabajar como la mayoría de los solicitantes de asilo en Gran Bretaña, fueron enviados a Armley a la espera de una decisión. Encontraron el apoyo en la Iglesia de Cristo de Catherine Beaumont, voluntaria en su centro de ayuda al inmigrante, y del Reverendo Alistair Kaye, entonces vicario.
Pero su solicitud se sumó a la enorme pila de trabajos retrasados conforme crecía el número de nuevos solicitantes de asilo en Gran Bretaña y llegaba al pico de 84 mil al año en 2002. La hostilidad pública también estalló con las revelaciones de que pocos de los rechazados habían dejado el país.
El centro de detención, Yarl’s Wood, se estaba recién abriendo como parte de una expansión que el gobierno y sus socios privados prometieron que triplicaría la tasa de expulsión. En lugar de eso, a los tres meses, el centro de ciento cuarenta millones de dólares fue consumido por el fuego durante protestas de los reos contra los malos tratos.
Una pesquisa de las prisiones y el defensor del pueblo concluyeron en 2004 que había sido construida de manera chapucera y puesto en operación a toda prisa para alcanzar los "inalcanzables" objetivos del gobierno laborista antes de elecciones. De los 385 reos la noche del incendio, incluyendo veintinueve niños y siete infantes, sólo cuarenta y seis tenían una fecha de deportación, reconoció el gobierno en el Parlamento.
Hacia mediados de la década, controles fronterizos más severos habían reducido en dos tercios la llegada de refugiados, del punto álgido de 2002. Pero la hostilidad pública contra los refugiados continuó aumentando, modelada por acusaciones de que muchos refugiados se estaban aprovechando de los subsidios públicos en un sistema que era lento para decidir casos e inefectivo en cuanto a las expulsiones.
Yarl’s Wood fue reconstruido. Las detenciones de refugiados rechazados aumentarán, dijo al Parlamento el secretario de Interior en 2005, "hasta el punto de que será la norma que los que fracasen sean detenidos."
La declaración se corresponde con la estrategia doble del primer ministro Tony Blair, que estaba entonces abriendo las puertas a muchos inmigrantes, incluyendo a especialistas en informática de Asia y ciudadanos de los miembros más recientes de la Unión Europea. Simultáneamente, mostró rigor hacia los refugiados rechazados, del mismo modo que los gobiernos de Bush y Obama han mostrado cifras récord de detenidos y deportaciones, al mismo tiempo que proponen, aunque sin éxito, leyes de inmigración más indulgentes.
La solicitud de Bravo fue rechazada en 2004, por una asistente social que dijo que no tenía prueba que la justificaran. Bravo no tenía abogado en la audiencia de apelación. "Estaba muy desmoralizado", dijo Antonio. "Se sentía inútil." La larga espera de la decisión llevó a conflictos en el matrimonio de su padre, agregó, y empeoró su propia y difícil relación con su madrastra.
En el otoño de 2004, la familia se separó. Llevándose a Nelio, la señora Bravo volvió a Angola a encargarse de sus familiares enfermos. Fue arrestada y volvió a huir, esta vez a Namibia. El señor Bravo trató frenéticamente de contactarse con ellos, dijo Kaye, el vicario, y no vivió lo suficiente como para enterarse de que ella había llegado a Portugal, donde había recibido asilo político y desapareció de la vista.
En la madrugada del 14 de septiembre de 2005, ocho agentes irrumpieron en la pequeña casa de los Bravo. "No puedo sacármelo de la cabeza", dijo Antonio. "Echaron abajo la puerta, alumbrando con linternas. Nos esposaron a ambos. Me sentí como un criminal, y no he hecho nada".
Más tarde, en un informe sobre el caso Bravo, el defensor del pueblo para prisiones cuestionó la necesidad de semejante "robusto ejercicio del poder estatal" después de tantos años sin hacer nada, calificándolo de "francamente cruel." Pero el allanamiento transcurrió de acuerdo a las normas, concluyó, y había sido planeado hasta en detalles, como dar los cinco peces mascota de Antonio a un vecino. Tampoco violaron ningún protocolo los subcontratistas que pusieron a padre e hijo en una furgoneta con rejas.

La Máquina de Detención
Los Bravo habían entrado en el mundo de la implementación por encargo de las leyes de inmigración. En efecto, estaban bajo la custodia de la compañía anglo-danesa conocida ahora como G4S.
Sus guardias los llevaron, pasando frente a casas de ladrillos y los campos abiertos de Bedfordshire, hacia el centro de detención Yarl’s Wood que, elaborado por la compañía en 2001, está protegido por alambre de púas.
Contratistas son los que ahora gestionan siete de los once centros de detención de inmigrantes de Gran Bretaña, en los que, desde 2001, la capacidad ha aumentado en un 75 por ciento. Lo que todavía atormenta a Antonio es el momento en que los guardias del transporte de G4S descubrieron un tendedero totalmente nuevo en el bolso de su padre. Requisaron la cuerda de Bravo, que estaba en tratamiento por depresión, pero nunca alertaron a Yarl’s Wood. G4S se negó a comentar sobre sus operaciones, sea en general o con respecto al caso Bravo.
Una enfermera en Yarl’s Wood, empleada por otro subcontratista, confiscó los antidepresivos de Bravo y no preguntó si tenía inclinaciones suicidas -por miedo, dijo, de poner la idea en su cabeza. Las indagaciones oficiales concluyeron que estos lapsos no hacían ninguna diferencia.
Padre e hijo fueron escoltados a través de ocho puertas cerradas con condado hasta sus celdas, donde Antonio esperó a que Bravo hiciera sus llamadas de último minuto.
Una era al vicario, que no había podido comunicarse con funcionarios de gobierno. "Estaba intentándolo", dijo Kaye. "Estaba aterrorizado de tener que volver allá."
Cuando Bravo volvió a su celda, dijo Antonio, le trajo malas noticias: su deportación estaba fijada a las diez y media de la mañana. "Dijo: ‘Pase lo que pase, se fuerte y valiente. Estoy orgulloso de ti.’"
Antonio estaba durmiendo cuando las cámaras de seguridad filmaron el suicidio de su padre. El informe del defensor del pueblo de 2006 se queja de que durante horas nadie aceptó responsabilidad por despertar al niño para decirle que su padre estaba muerto, y más tarde nadie le explicó que no sería deportado solo.
"Lloré cuando llegó Catherine", recordó Antonio la llegada de Beaumont. "Vino y me dijo: ‘Te queremos y queremos que vengas a vivir con nosotros.‘"
Los miembros del personal se negaron a dejarlo marcharse, por su propio bien.
"Estás preparado para enviar a alguien de vuelta a su posible encarcelamiento y daños en Angola", observó Beaumont, ex enfermera y madre de dos hijos, "y al día siguiente no lo puedes enviar de vuelta a Leeds porque no has evaluado a esa gente."
Antes de permitírsele que se uniera a los Beaumonts, Antonio pasó cinco días con ancianos desconocidos que lo acosaban ofreciéndole té. "Fue entonces que hice la transición de africano a británico", dijo. "Una taza de té cada medio minuto."

Asimilado y Rechazado
En el otoño pasado, después del trabajo una noche lluviosa, Antonio llevó a un visitante a la casa donde había pasado su infancia. El perro estaba loco de entusiasmo. En la sala de estar, ante una chimenea ardiente, la señora Beaumont recordó burlonamente momentos históricos de su asimilación: alimentar a las palomas durante una excursión de un día a Londres, subir una empinada colina en unas vacaciones en bicicleta con la familia en Devon, enfurruñándose después por la crema del té.
"Yo creo que tú pensabas en ese momento que no deberías nunca haber venido a vivir con la familia."
Kaye, que considera a Antonio "un chico maravilloso", insinúa los tramos más difíciles ahora ocultos por un seco humor. "Ellos son los que tuvieron que lidiar con la adolescencia, la pena y los tiempos difíciles", dijo.
Pese a los esfuerzos de abogados londinenses, la solicitud de asilo de Antonio fue rechazada en 2006 debido a que las autoridades ya habían rechazado la solicitud de asilo político de su padre. Pero recibió una subvención de protección humanitaria de cinco años, que en la época podía conducir a la ciudadanía.
Su inglés adoptó los ritmos de Yorkshire; olvidó el portugués. Cuando su subsidio en la casa de acogida terminó a sus dieciocho, se estaba haciendo camino como aprendiz de electricista, a gusto como el único negro del equipo, ahorrando para los costes de ciudadanía y universidad.
"Mi padre me dijo que fuera fuerte y me educara", dijo Antonio. "Y para mí, conseguir un pasaporte es lo más importante."
Pero mientras Antonio trataba de convertirse en británico, la preocupación británica por la inmigración estaba creciendo. Un estudio del Instituto sobre Políticas de Inmigración, de Washington, basándose en dos años de investigación de la opinión pública, muestra que incluso antes de la crisis económica, casi siete de cada diez británicos pensaban que en el país había demasiados inmigrantes.
En la recesión, las opiniones se endurecieron sobre una percibida competencia desleal para servicios públicos y empleos, y temores de que Gran Bretaña sea "inundada" por extranjeros. Mientras que el diez por ciento de la población británica nació en el extranjero -menos que en Francia o Alemania-, la mayoría pensaba que la cifra era de veinticinco por ciento. Una respuesta política fue la puesta a punto de una ley de ciudadanía que rompía los lazos entre residencia temporal y asentamiento. Los diez años de Antonio en Gran Bretaña, estropeados por nueve meses en situación ilegal como niño, ya no son suficientes para solicitar una estadía indefinida. No tiene familiares ingleses ni habilidades excepcionales ni otras posibilidades de naturalización.
Su permiso de residencia expira el 18 de septiembre. En su categoría -protección humanitaria- debe esperar hasta 28 días antes de esa fecha para solicitar una extensión y de algún modo demostrar que su necesidad de protección no ha cambiado.
Entretanto, la coalición de gobierno conservadora-liberal demócrata ha jurado reducir a la mitad la inmigración neta, de veinte mil personas al año hoy. Debido a que no puede impedir las llegadas desde otros países de la Unión Europea, presiona con más intensidad para rechazar a los no-europeos.
Para Antonio, hay un aspecto personal: Nelio, 13, volvió a Gran Bretaña con su pasaporte portugués, o de la Unión Europea. La ex madrastra de Antonio, que se había vuelto a casar, había enviado a Nelio a vivir con amigos portugueses cerca de Manchester. Había vuelto a Angola, ahora un país en paz que es ajeno a Antonio.
"Mi familia es inglesa", dice, refiriéndose a los Beaumont. "Gran Bretaña, esa es mi cultura."
29 de agosto de 2011
20 de agosto de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

un planeta sin simios


Si no se prolonga por otros cinco años la Ley de Conservación de los Grandes Simios, la protección de las cinco especies que sobreviven en peligro de extinción se hará todavía más difícil.
[John C. Mitani] Ann Arbor, Michigan, Estados Unidos. Los espectadores del éxito de taquilla de Hollywood de este verano, ‘El origen del planeta de los simios’ [Rise of the Planet of the Apes] se sorprenderán de saber que antes de que nuestros primeros ancestros salieran a escena hace unos siete millones de años, los monos realmente gobernaban el planeta. En Eurasia y África, hace diez mil o veinticinco mil años, había cuarenta tipos de monos. Sólo quedan cinco. Dos viven en Asia, el gibón y el orangután; otros tres, el chimpancé, el bonobo y el gorila viven en África. Los cinco están en peligro de extinción, algunos críticamente. Podrían desaparecer.
Hace una década, el Congreso dio un paso adelante con un proyecto relativamente barato, pero de vital importancia, para proteger a estos simios mediante programas de conservación innovadores en África y Asia que combinan el dinero de los contribuyentes con el privado. Pero los intentos de re-autorizar al Fondo de Conservación de los Grandes Simios [Great Apes Conservation Fund] se han estancado en el Congreso y puede convertirse en víctima del debate mayor sobre la deuda nacional.
La descripción hollywoodense de los monos como criaturas astutas -si no maliciosas- está cerca de la realidad. Hace cincuenta años, las observaciones de Jane Goodall sobre chimpancés usando herramientas y comiendo carne demostraban precisamente lo similares que son simios y humanos. Trabajo de campo posterior ha subrayado este punto.
Los gibones, de los que se pensó durante largo tiempo que eran monógamos, ocasionalmente se aparean con individuos que no son del grupo. Los orangutanes hacen herramientas para extraer semillas que de otro modo son difíciles de obtener. Los gorilas conversan. Los bonobos tienen sexo no sólo para reproducirse sino además para relajarse. Los chimpancés machos forman alianzas para matar a los vecinos y apoderarse de su territorio. Si todo esto parece demasiado humano, la razón es simple: Los simios son nuestros parientes vivos más cercanos, y en anatomía, genética y conducta son mucho más parecidos a nosotros que a cualquier otro animal.
Los simios nos fascinan y cautivan como ninguna otra especie. Son las principales atracciones en zoológicos, y científicos de disciplinas que van desde la antropología y la biología y la psicología los estudian minuciosamente en cautiverio y en estado libre. Como nuestros primeros primos en la familia de primates, los monos nos ayudan a entender qué nos hace humanos.
Yo he tenido la suerte de estudiar a las cinco especies de monos durante treinta y tres años de trabajo de campo en África y en Asia. Cuando miro a los ojos a un mono, algo me mira de vuelta que es familiar. Quizás es una muestra de reconocimiento que no se aprecia en los ojos de una rana, un pájaro o un gato. Esa mirada penetrante me hace pensar: "¿Qué está pensando este individuo?"
Pero a medida que la población humana se expande, las poblaciones de monos siguen cayendo. En versiones previas de las películas ‘Planeta de los simios’ [Planet of the Apes], la codicia y la gula de unos monos parecidos a los humanos amenazaban con destruir el mundo. En realidad, son estos rasgos demasiado humanos los que ponen en peligro a los monos.
La destrucción de hábitats debido a la actividad humana, incluyendo la tala de árboles, la búsqueda de petróleo y la agricultura de subsistencia, es la principal preocupación. La caza es otro problema mayor, especialmente en África occidental y central, donde un próspero comercio en "carnes salvajes" amenaza gravemente a los simios africanos. Los cazadores furtivos entran ahora en selvas que antes eran impenetrables, por carreteras construidas para leñadores y mineros. Hace poco, brotes periódicos de enfermedades mortales que pueden infectar a humanos y simios, como el Ébola, han empezado a diezmar las poblaciones de chimpancés y gorilas.
La Ley de Conservación de los Grandes Simios de 2000, autorizaba el gasto de cinco millones de dólares anuales durante cinco año para ayudar a proteger a los monos silvestres. La ley fue re-autorizada por otros cinco años. El programa coordina dineros públicos y privados para maximizar el impacto. Por ejemplo, desde 2006 los veintiún millones de dólares de dinero federal gastado por el Fondo de Conservación de los Grandes Simios generaron veinticinco millones de dólares más en subsidios privados y apoyo de otros gobiernos.
El dinero federal no parece gran cosa en esta era de ‘gran ciencia.’ Pero esos dólares han hecho bastante en la protección de monos en países que son desesperadamente pobres y políticamente volátiles. El dinero paga la protección del hábitat, el combate contra la caza ilegal y la educación de las poblaciones locales en la importancia de estos monos.
Por ejemplo, en Indonesia, donde la pérdida de hábitat amenaza a las escasas poblaciones de orangután, el dinero se ha utilizado para bloquear la conversión de selvas en plantaciones comerciales de aceite de palma y caucho. En el Congo, sede del extremadamente raro gorila de montaña, se han introducido combustibles alternativos para desalentar la tala de la selva para la producción de carbón. En Gabón, el programa ha pagado el adiestramiento policial de los guardabosques para combatir la caza ilegal. La lista sigue. El año pasado, en total, el Fondo de Conservación de los Grandes Simios ayudó a financiar más de cincuenta programas en siete países asiáticos y doce africanos. Si el Congreso no re-autoriza la ley, hará mucho más difícil incluso continuar recibiendo las modestas asignaciones del fondo para los grandes simios.
Un planeta sin simios no es una fantasía de ciencia ficción. Si no actuamos ahora, en algún momento en el futuro, mientras Hollywood continúa produciendo secuelas de la clásica película de 1968, nuestros hijos y nietos preguntarán asombrados, y quizás con alguna dosis de enfado, por qué no hicimos nada cuando estas extraordinarias criaturas estaban siendo empujadas a la extinción.
[El autor de profesor de antropología en la Universidad de Michigan.]
28 de agosto de 2011
20 de agosto de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

murió john howard davies


Niño actor británico. Más tarde fue productor de televisión.
Murió el lunes en su casa en Blewberry, en el sur de Inglaterra, John Howard Davies, que pasó de angelical niño actor a influyente productor de la televisión británica -informó su familia. Tenía 72 años.
Davies es recordado por cinéfilos por su rol titular en la adaptación al cine de la novela de Charles Dickens, ‘Oliver Twist’ (1948), de David Lean.
Más tarde fue productor y director de duraderas comedias, entre ellas ‘El Circo Ambulante de los Monty Python’ [Monty Python’s Flying Circus], ‘Fawlty Towers’ y ‘Mr. Bean.’

Nacido en 1939 como hijo de los escritores Jack y Dorothy Davies, el joven actor volvió a actuar en ‘The Rocking Horse Winner’ (1949), ‘Tom Brown’s Schooldays’ (1951) y ‘La caja mágica’ [The Magic Box] (1951).
De adulto se pasó a la parte de atrás de la cámara como productor y director, principalmente en la BBC, donde su trabajo incluyó las clásicas comedias británicas de los años setenta y ochenta: ‘The Good Life’, ‘To the Manor Born’, ‘Not the Nine O’Clock News’ y ‘The Fall and Rise of Reginald Perrin.’
Davies fue director de comedias para la televisión en la BBC entre 1977 y 1982.
28 de agosto de 2011
24 de agosto de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer