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tapando el sol con un pito


El frío comportamiento de los canales ante la marihuana. Los problemas de las figuras con las drogas no son una situación nueva en la televisión. Carolina Arregui, una actriz de larga trayectoria, desapareció largas temporadas por su adicción a la cocaína.
[Juan Costeau] Santiago, Chile. Apenas se consignó en los medios: Erick Monsalvo, Lelo, uno de los personajes más reconocidos del programa ‘Yingo’ fue despedido el jueves último luego de volver hace menos de 7 días al espacio juvenil.
El muchacho de pelo azul cargaba con una pesada cruz: en mayo de 2010, lo detuvieron por estar fumando marihuana en la calle y con siete gramos del alucinógeno en su poder.
El truco de los ejecutivos de Chilevisión es burdo. No quieren tener nada que ver con nadie que arrastre algún problema con la marihuana. Para ello, despiden y no justifican sus acciones. Desde que el 7 de julio, Félix Soumastre y Camilo Huerta, dos de las caras más populares de ‘Yingo’, fueron encarcelados y ajusticiados por la opinión pública por tener cultivo indoor y vender hierba, los canales han entrado en pánico.
Más aún, cuando una semana después, Arturo Prat, un personaje habitué de los realities, cayó por un motivo similar: poseer diez plantas de distintos tamaños en su departamento y portar 720 gramos de la droga.
Todos se sienten en la mira. Creen que el enemigo está en sus estudios, sus oficinas y en sus reuniones de pauta.
Los problemas de las figuras con las drogas no son una situación nueva en la televisión. Y hace unos años, en TVN, el asunto también pareció escapárseles de las manos.
Una conocida actriz y un conductor también sufrieron los rigores de la adicción. Sin embargo, la estación se portó como correspondía: pagó los tratamientos respectivos y las personas se sanaron. Por supuesto, en los medios de comunicación nadie escribió una línea -aunque esos problemas eran vox populi-.
El caso de fondo es que Chile, como en tantas áreas, no avanza como corresponde a los tiempos. Mientras en Argentina se despenalizó el cultivo de la marihuana y en Uruguay se aprobó una ley que permite la plantación, cultivo y cosecha de hasta ocho plantas por hogar, en nuestro país –un lugar que tiene los más altos índices de consumo de cannabis en la región- se sigue intentando tapar el sol con un dedo. Y lo peor, criminalizando a unas personas por tener plantas en su casa.
Cuesta entender que las policías intervienen teléfonos y gastan dinero de todos los chilenos durante 4  meses para detener un microtráfico. Y más aún, cuesta entender que demonicen esta situación. Quizás porque estos muchachos atraen luces y flashes, su castigo es sinónimo de severidad para la población.
Es otro error mayúsculo. La pelea tiene que estar en otra parte: en los barrios marginales donde la cocaína y la pasta base, drogas comprobadamente degradantes para el ser humano, hacen nata en la juventud.
O en empresas como La Polar, donde sus ejecutivos estafan a personas modestas y ni siquiera piden perdón –y menos van a la cárcel-. La culpa, entonces, no es del chancho. Ni tampoco de estos muchachos que han sido señalados con el dedo por una situación –tener plantas- que, estoy seguro, más de la mitad de los chilenos estaría dispuesta a legalizar.
30 de julio de 2011
27 de julio de 2011
©la nación

masacre de el naya, según la fiscalía


Las fiscalías 17 y 18 de Justicia y Paz lograron documentar cómo fue la masacre del Naya. Es la primera vez que una investigación determina la cantidad de víctimas mientras continúa la reconstrucción de los hechos.
Colombia. Cinco alertas tempranas emitidas por la Defensoría del Pueblo no fueron suficientes para que el Estado evitara que 200 paramilitares incursionaran en abril de 2011 el Alto y Bajo Naya, una región entre el norte del Valle y el sur del Cauca, que desde el siglo XVII fue poblada por etnias indígenas y grupos de afrocolombianos dedicados a la agricultura y a la explotación aurífera.
Hace once años esta población, asentada en una extensión de 170 mil hectáreas, vivió la Semana Santa más cruenta en cuatro siglos. Vieron cómo el Bloque Calima a cargo de Hébert Veloza alias ‘H.H.’, extraditado a Estados Unidos en marzo de 2009, asesinó a 24 personas y desplazó a 3.823 personas.
La Unidad de Justicia y Paz aclaró que estas son las víctimas hasta el momento documentadas "porque las investigaciones pueden confirmar más adelante si fueron más".
Durante una audiencia de legalización de cargos contra alias ‘H.H.’, que se transmitió en directo en conexión con Nueva York y Bogotá hacia Popayán, en Cauca, cinco representantes de los poblados del Naya escucharon la reconstrucción que hizo la Fiscalía sobre la masacre.

Alertas Sin Oídos
La Defensoría del Pueblo emitió cinco alertas tempranas antes de que los paramilitares del Bloque Calima incursionaran el Naya en la Semana Santa de 2001. Según la Fiscalía, informaron a las autoridades nacionales el 9 de mayo, el 9 y 10 de noviembre y el 12 de diciembre de 2000 que en el corregimiento La Balsa, del municipio de Buenos Aires, Cauca, habían sido asesinadas cuatro personas y que había riesgo sobre esta comunidad así como en el municipio de Timba, donde las comunidades estaban denunciando desplazamientos y pidiendo protección al Estado.
Según la Fiscalía, el 28 de diciembre de 2000 una comisión de la Defensoría estuvo en la región y les brindó atención humanitaria de emergencia a las comunidades que fueron desplazadas. Pese a los llamados, el Bloque Calima incursionó El Naya en abril de 2001 por orden de Vicente Castaño, jefe de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, Accu, y luego de las Auc.
"La incursión no tenía como objetivo cometer una masacre. Era llegar al Bajo Naya para pasar a López de Micay e instalar ahí un grupo. El objetivo era hacer un recorrido. Señores magistrados y víctimas, soy el más interesado en que estos hechos queden claros por respeto a todas las personas que murieron en esta barbarie y que claman justicia. Asumo la responsabilidad de todo lo que sucedió", dijo exjefe paramilitar.
Alias ‘H.H.’ fue el primer jefe paramilitar del Bloque Bananero en el Urabá antioqueño desde 1995 hasta junio de 2000. Y después los hermanos Carlos y Vicente Castaño le ordenaron crear el Bloque Calima, un grupo paramilitar que estuvo en el Valle, Cauca, Huila y Antioquia. Este bloque se desmovilizó con 564 hombres el 18 de diciembre de 2004 en Bugalagrande, en Valle.

La Planeación
Según lo documentó la Fiscalía, a principios de abril de 2001 alias ‘H.H.’ convocó a los diferentes frentes del Bloque Calima que tenían presencia en Valle y Cauca para que se concentraran en Munchique, vereda de Buenos Aires, en Cauca, y allí les ordenó la incursión al Naya. "La idea era llegar hasta la costa pacífica, realizar los cobros al gramaje y apropiarse del corredor que tenía la guerrilla para financiar al Frente Farallones", señaló la Fiscalía.
La primera reunión se realizó el 5 de abril de 2011en La Sonora y Palo Alto, dos veredas ubicadas en los municipios de Trujillo y Tulúa, en el Valle, de forma respectiva, donde Jair Alexánder Muñoz alias ‘Sisas’ concentró a 50 paramilitares. Al siguiente día se movilizaron en camiones hasta la vereda San Miguel, otra base de los paramilitares ubicada en Buenos Aires, Cauca.
En San Miguel, ‘Sisas’ se reunió con ‘H.H.’ y con un mapa de la región determinaron el recorrido. El grupo de ‘Sisas’ se movilizó hasta la vereda de Munchique, donde estaban otros grupos de paramilitares provenientes del norte del Cauca a cargo de Elkin Casarrubia alias ‘El Cura’, jefe militar del Calima.
En versión libre del 29 de julio de 2010, Armando Lugo alias ‘El Cabezón’, un exvoluntario de la Defensa Civil que se unió a los paramilitares de alias ‘H.H.’, dijo que "por medio de la esposa de un cabo contactó a un coronel del Batallón Pichincha y a un general de la Tercera División del Ejército para conseguir uniformes, municiones y mover las tropas de La Esperanza a Timba, para que los paramilitares pasaran sin problema al Naya".
"En la cancha de Munchique, de Buenos Aries, alias ‘H.H.’ reunió a 220 paramilitares incluyendo a los jefes paramilitares del Bloque. Estaban alias ‘El Cura’, Francisco José Morelo alias ‘Sarley’, José de Jesús Pérez alias ‘Sancocho’, Juan de Dios Úsuga David alias ‘Giovanni’ y Ricardo López Lora alias ‘La Marrana’. Alias ‘H.H.’ les dio las instrucciones y les entregó armas", leyó la Fiscalía.
El jefe paramilitar les dijo que el objetivo era llegar hasta Guapi, en Cauca, para montar el Bloque Pacífico, que por orden de la Casa Castaño tenía como fin controlar las rutas del narcotráfico hacia la costa pacífica y consolidar ‘las finanzas’ del Bloque Calima.
"En la reunión alias ‘El Cabezón’ llevó a un presunto ideólogo del Eln. Alias ‘H.H.’ lo interrogó y como no contestó, sacó una pistola y le disparó. Ese fue el primer muerto de la incursión al Naya", contó la Fiscalía a partir de una versión libre de alias ‘El Cabezón’.
Al siguiente día los paramilitares siguieron a la vereda Bellavista, en el municipio de Suárez, Cauca. Alias ‘El Cura’ fue nombrado jefe de la incursión, seguido por Luis Fernando Arce Martínez alias ‘Chilapo’ así como por alias ‘Sisas’.

Los Grupos y la Ruta
En Suárez los paramilitares se dividieron en cuatro grupos: el Centella o Boinas Rojas a cargo de alias ‘Mechín’; el Atila a cargo de alias ‘Pájaro’; el Fantasma a cargo de alias ‘Teniente’ y el grupo Escorpión, del que la Fiscalía no dijo quien era su comandante. Todos llegaron a El Ceral, en Buenos Aires, donde alias ‘Bocanegra’, otro paramilitar al que no identificó el fiscal, asesinó a la segunda víctimas del recorrido, una mujer a la que señalaron de ser una presunta guerrillera.
Aunque alias ‘H.H.’ y otros paramilitares del Calima han dicho que no utilizaron motosierras para desmembrar a sus víctimas, pero en el asesinato de esta mujer la Fiscalía señaló que existen indicios para pensar que sí fue cercenada con esta herramienta.
"El dictamen de Medicina Legal señala que murió por heridas provocadas por arma contundente. Según el relato de los familiares, a la mujer la amarraron a un poste y enfrente de su padre la asesinaron", leyó la Fiscalía ante los tribunales.
Luego, los paramilitares se movilizaron hasta La Silvia, otra vereda del Cauca, donde instalaron un retén frente a un restaurante. Allí retuvieron a tres campesinos que también asesinaron señalándolos de ser presuntos colaboradores de la guerrilla, sin ninguna prueba. En el lugar, también retuvieron a José Armando Cortés alias ‘Peligro’, un supuesto guerrillero que según contaron en versiones libres se unió a los paramilitares a cambio de que  no lo mataran.
"A una de las mujeres que trabajaban en el restaurante los paramilitares le ordenaron que les sirviera de comer. Luego la encerraron y se llevaron a su esposo. Le dijeron que los acompañara a traer unas mulas. El señor apareció muerto cerca de la vereda La Silvia", documentó la Fiscalía.
El grupo paramilitar continuó el recorrido hasta la vereda Alto Sereno, donde retuvo a otro campesino al que amarraron a un poste, lo golpearon y luego lo asesinaron frente a su esposa e hija. Lo mismo sucedió cuando llegaron a la vereda La Playa. "En este lugar, los paramilitares asesinaron a otros tres pobladores señalándolos de ser presuntos colaboradores de las guerrilla", señaló la Fiscalía en su narración ante la magistratura.
En su última parada, los paramilitares llegaron a López de Micay, un pueblo del Cauca donde sus pobladores huyeron tras el rumor de que se aproximaban los paramilitares.
La única habitante que no huyó fue asesinada. El 20 de abril de 2011 su cuerpo fue exhumado por información que aportaron los campesinos de la región, quienes sabían la ubicación de su cuerpo.
En una versión libre conjunta, varios exparamilitares contaron que después de cometer la masacre también habían coordinado con algunos militares de la Armada Nacional para simular un combate. "No hicieron contacto. Fue como simulacro, donde los militares dispararon contra un maizal", dijo un paramilitar en la última versión libre conjunta que se realizó con varios integrantes del Calima.
Por estos hechos, alias ‘H.H.’ reconoció los delitos de terrorismo, secuestro, homicidio y desplazamiento. "Fueron crímenes cometidos de forma sistemática. Seguiremos  investigando para determinar si hubo más víctimas", concluyó la Fiscalía.
Según datos de Acción Social, la masacre provocó más de 3.800 desplazamientos en  la región, siendo las comunidades asentadas sobre el río Naya las más afectadas. Solo el 25 de abril de 2001, según documentó la Fiscalía, 710 personas desplazadas solicitaron ayuda a la Cruz Roja.
"Por los hechos ocurridos en el Alto y Bajo Naya, 52 personas han sido condenadas y la Fiscalía ha compulsado copias a la justicia ordinaria para que se investigue a los militares y a las personas que han sido mencionadas por los exparamilitares en Justicia y Paz", dijo la Fiscalía.
Estas fueron las víctimas hasta el momento documentadas por la Unidad de Justicia y Paz
Las familias de las víctimas han insistido en la inocencia de sus seres queridos, y le han solicitado a los exparamilitares verdad, justicia y reparación:

1-.Daniel Suárez Manco
2-.Blanca Flor Disú Dagua
3-.Gonzalo Osorio López
4-.Humberto Arias Agudelo
5-.Humberto Arias Osorio
6-.William Audilio Rivera
7-.Cayetano Cruz Pilcué
8-.Gladys Troches Mesa
9-.Luis Omar Aponzá
10-.Guillermo León Trujillo López
11-.Rolando Castañeda Roncancio
12-.Jorge Valencia Ipía
13-.Alexánder Serna Quina
14-.Wilson Casos Guetio
15-.Antonio de Jesús Ramos Ipía
16-.Evelio Guetio Guejia
17-.José Orlando Cabrera
18-.Esteban Delgado
19-.José Muriel Mina
20-.Elías Quiguanás Troches
21-.Edwin Ederney Belalcázar
22-.Luis Arnoldo Conde Piyinué
23-.Henry Aponzá Mina
24-.Juana Bautista Hinestroza
30 de julio de 2011
26 de julio de 2011
©verdad abierta

difícil retorno del general montoya


La reciente renuncia del general (r) Montoya a su cargo diplomático, pone de manifiesto la cantidad de denuncias que diversos postulados a la Ley de Justicia y Paz y otros procesados, han realizado sobre sus presuntos vínculos con el paramilitarismo y la violación de derechos humanos.
Colombia. El general (r) Mario Montoya no ha pasado desapercibido para el país: comandó la celebrada Operación Jaque, pero también, ha sido salpicado por acusaciones de ser amigo del paramilitarismo.
No es claro aún si la renuncia del general (r) Mario Montoya a su cargo de embajador de Colombia ante República Dominicana obedece a la posibilidad de enfrentar cargos por sus actuaciones militares. O, en todo caso, a la necesidad de esclarecer las múltiples versiones que lo relacionan con el paramilitarismo.
El general (r) Montoya adujo razones personales para dejar el cargo diplomático, y la canciller, María Ángela Holguín, anunció que aceptaba su dimisión y que el oficial retirado permanecerá en el cargo hasta el próximo 23 de agosto. Se espera que después esa fecha se conozcan más detalles de su renuncia y se determine si tiene relación con alguna investigación en su contra.
Montoya se había posesionado como embajador el 18 de febrero de 2009, varios meses después de haber solicitado la baja cuando se desempeñaba como comandante del Ejército. Tuvo un momento de gloria en julio de 2008, cuando bajo su mando, el Ejército consiguió la liberación de 15 personas, entre ellos Íngrid Betancourt, tres estadounidenses y once uniformados, y sin disparar un solo tiro, le asestó así un golpe político y militar a las Farc.
Sin embargo, su salida se dio cuando la institución enfrentaba un capítulo crítico, pues la opinión pública se enteró de que, también en gran parte bajo la comandancia de Montoya, miembros del Ejército eran responsables de varias ejecuciones extrajudiciales de jóvenes del municipio de Soacha, vecino a Bogotá, y que estas y otros centenares que se destaparon después, se originaron en la presión a los uniformados por mostrar resultados en su guerra contra las guerrillas y las bandas criminales.
Además de ser comandante del Ejército entre los años 2006 y 2008, Montoya había comandado el Comando Conjunto Caribe, la Primera División del Ejército y la IV Brigada, con sede en Medellín.
Cuando regrese a Colombia, el general Montoya tendrá que enfrentar varias investigaciones que la adelanta justicia de violaciones graves a los derechos humanos por paramilitares y en las que el oficial retirado ha sido mencionado por diversos autores o testigos.
Aunque no todos los señalamientos que desmovilizados del paramilitarismo y miembros del mismo Ejército han realizado contra Montoya han motivado la apertura de investigaciones, las que hay se basan en gran parte en las múltiples versiones que han entregado a la justicia varios paramilitares desmovilizados en el proceso de Justicia y Paz. Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’, Juan Carlos Sierra Ramírez, alias ‘El Tuso’, Luis Adrián Palacio Sánchez, alias ‘Diomedes’, Libardo Duarte, alias ‘Bamban’, y Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’, han aseverado en sus versiones a la justicia que, desde diferentes cargos, el general (r) Montoya tuvo una relación cercana con las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).

Señalan los ‘Paras’
Alias ‘Don Berna’, en versión libre rendida el 23 de junio de 2009 desde una cárcel de Estados Unidos, aseveró que la llamada Operación Orión, a través de la cual el gobierno recuperó la comuna 13 de Medellín, fue realizada de manera coordinada entre tropas del Ejército, la Policía y el Bloque Cacique Nutibara (Bcn) de las Auc.
"Las Autodefensas del Bcn fueron al área de la comuna 13 como parte de una alianza con la IV Brigada del Ejército, incluyendo al comandante, general Mario Montoya, y el general de la Policía Nacional Leonardo Gallego", dijo en esa ocasión y precisó que el hombre encargado de esa coordinación, y quien actuaba en su nombre, fue Elkin de Jesús Loaiza, conocido con el alias de ‘El Negro’, quien fue asesinado en septiembre de 2008 en Medellín.
"Reitero la participación de miembros de la fuerza pública, en el caso particular de los generales Montoya y Gallego", reiteró el ex jefe paramilitar y confeso narcotraficante y explicó que ese operativo fue preparado con varios meses de anticipación.
Una vez el Estado retomó el control de la comuna 13, de donde fueron sacados reductos milicianos de las Farc, el Eln y los Comandos Armados del Pueblo (Cap), alias ‘Don Berna’ indicó que las relaciones del Bloque Cacique Nutibara con la Fuerza Pública "continuaron hasta que el Cacique se desmovilizó el 25 de noviembre de 2003 en Medellín".
Por estos hechos, la Fiscalía General de la Nación abrió una investigación el 29 de mayo de 2009, sin que hasta el momento se conozcan resultados. Abogados cercanos a este proceso expresaron su inquietud por la lentitud con la cual avanza el caso.
VerdadAbierta.com conoció que la Corte Suprema de Justicia también está investigando el asunto. El proceso está ante una unidad delegada ante este alto tribunal y se encuentra en etapa de investigación. Hasta el momento no se ha vinculado a ninguna persona.
Montoya también fue señalado por el paramilitar desmovilizado conocido con el alias de ‘Diomedes’ en una diligencia de versión libre rendida ante un fiscal de la Unidad de Justicia y Paz en 2008 en Medellín. Según esta versión, el entonces oficial del Ejército le entregó personalmente en abril del 2002 siete fusiles y una camioneta como regalo para el entonces comandante del Bloque Metro de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu).
Lo dicho por alias ‘Diomedes’ fue corroborado por otro exparamilitar, Libardo Duarte, alias ‘Bamban’, ante la Corte Suprema de Justicia en febrero de 2010. Ante este alto tribunal aseveró que Montoya fue "colaborador del Metro de las Accu".
Otro ex jefe paramilitar que implicó a Montoya con las Auc fue Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’. En versión libre dada en Bogotá en febrero de 2010 aseveró que le entregó más de 1.500 millones de pesos al general (r) por orden del comandante del Bloque Centauros de las Auc, Miguel Arroyave, para que les ayudara a combatir las Autodefensas de los Buitrago, en el Casanare.
Recientemente se conoció la versión que Juan Carlos Sierra, alias ‘El Tuso’, extraditado a Estados Unidos por cargos de narcotráfico, dio a una fiscal de la Unidad de Justicia y Paz, según la cual el general (r) Montoya "estaba en la nómina" de la llamada ‘Oficina de Envigado’, una empresa criminal liderada por alias ‘Don Berna’, que sirvió de base para la creación de los bloques Cacique Nutibara y Héroes de Granada de las Auc.
Todos los señalamientos han sido realizados por delincuentes confesos y no prueban la culpabilidad del general (r) Montoya. No obstante, la coincidencia de tan diversos relatos de paramilitares que estuvieron en distintos lugares del país sí pone a la justicia en la obligación de investigar para comprobar si son o no veraces.
En otro capítulo doloroso del conflicto colombiano, la masacre de San José de Apartadó, perpetrada por paramilitares del bloque Héroes de Tolová, el 21 de febrero de 2005, en la que cayeron ocho personas, entre ellas tres menores de edad, fueron oficiales del propio Ejército que estuvieron adscritos a la Brigada XVII con sede en Carepa, Urabá antioqueño, y que fueron procesados y absueltos, quienes aseguraron durante su juicio que, como comandante de la Primera División, Montoya, había contribuido en la preparación de la Operación Fénix contra un reducto de las Farc en San José de Apartadó, en el Urabá antioqueño. Según ellos le dijeron a la justicia, Montoya ordenó que se usaran guías, que a la postre resultaron ser paramilitares autores de la masacre.
La Procuraduría General de la Nación investigó y exoneró a este general (r) por su posible omisión como comandante de la IV Brigada en responder a los llamados de auxilio de la población de Vigía del Fuerte por el enfrentamiento de paramilitares de las Auc con las Farc en esta región del Atrato antioqueño. Esta batalla derivó en la muerte en Bojayá de 119 civiles que habían buscado refugio en la iglesia a donde estallaron varios cilindros explosivos de las Farc, el 2 de mayo de 2002.

Ejecuciones Extrajudiciales
A Montoya también lo persigue la sombra de las ejecuciones extrajudiciales de civiles presentados como guerrilleros o miembros de bandas criminales dados de baja en combate. En su período de Comandante del Ejército, entre el 26 de febrero de 2006 y el 4 de noviembre de 2008, ocurrieron la mayor parte de las ejecuciones extrajudiciales contra civiles que hoy son investigadas. Se calcula que hay en ese periodo por lo menos 750 investigaciones, las cuales han dejado ya varias condenas contra miembros de esa fuerza.
El entonces presidente Álvaro Uribe retiró del servicio activo a 14 oficiales quienes por acción u omisión eran los responsables del descontrol de la fuerza pública que terminó en el asesinato de al menos 300 jóvenes de escasos recursos y muchos de ellos campesinos. La mayoría de esas ejecuciones fueron perpetradas en 2007 en Norte de Santander, Meta y Antioquia.
Por sus cuestionadas actuaciones, este oficial no pasó desapercibido para el gobierno de Estados Unidos. En un cable de la Embajada de Estados Unidos en Colombia, el embajador William Wood expresó su inquietud por el nombramiento de este oficial como Comandante del Ejército, no sólo por sus supuestos nexos con las Auc, sino con su posible responsabilidad en la comisión de ejecuciones extrajudiciales y en algunos casos de corrupción.
En un despacho diplomático del 2006, que comenta su nombramiento como Comandante del Ejército, advierte no si antes destacar su hoja de vida, que "de acuerdo con informes de DAO (Oficial Agregado de Defensa de la Embajada), Montoya presuntamente estuvo involucrado en estafas con funcionarios corruptos de la Policía Nacional de Colombia quienes le permitían tomar el crédito de las incautaciones de drogas y las operaciones anti-terroristas, protegiendo al mismo tiempo las actividades de narcotráfico, y proporcionando armas a las Auc. La Embajada no tiene conocimiento de las pruebas para corroborar estas denuncias y no tiene acceso a los resultados de la investigación CECIM".
En capítulo aparte, el nombre de Montoya también ha sido relacionado con la desmovilización de 62 personas que supuestamente integraban una compañía de la guerrilla de las Farc llamada Cacica Gaitana, que la prensa ha denunciado como un montaje del Ejército.
30 de julio de 2011
29 de julio de 2011
©verdad abierta

las trampas de bellacruz


Por un cuarto siglo, 64 familias campesinas tenedoras de un baldío en la Hacienda Bellacruz, en Cesar han luchado por su tierra. El Estado les mintió y dilató los procesos y los paramilitares les mataron sus líderes y los forzaron a huir. Hoy denuncian que en unas de las tierras que reclaman prospera una agroindustria.
Colombia. La Hacienda Bellacruz, que en su esplendor ocupaba 25.000 hectáreas y se extendía en tres municipios del Cesar, La Gloria, Pelaya y Tamalameque, ha sido piedra de escándalo nacional desde hace un cuarto de siglo porque, siendo su poseedora la familia de un exministro de Desarrollo, Carlos Arturo Marulanda, los campesinos que allí habitaban fueron desalojados con violencia por la autoridad primero y después por los paramilitares.
Esta es la historia de un grupo de esos campesinos conformado por 64 familias. Después de ver morir a sus hermanos y de salir huyendo de la Bellacruz para salvar sus vidas por la arremetida feroz de los paramilitares, a mediados de los noventa, el pasado octubre de 2010, aprovechando la nueva política oficial que aboga por la restitución de tierras a las víctimas, decidieron averiguar qué había pasado con las tierras por las que tanto habían luchado.
Cuando visitaron la sede del Incoder en Cesar se llevaron una desilusión. No encontraron un sólo documento que les diera pistas. No quedaba acta alguna de las muchas peticiones que firmaron para reclamar las 1.500 hectáreas que habían trabajado. Tampoco estaban los dictámenes oficiales que declaraban que en efecto, esas tierras eran baldíos pertenecientes a las Nación. Ni siquiera estaban las pruebas de que el Incora (el antecesor del Incoder) se había negado a titularles los baldíos y había preferido pagarle a la familia Marulanda varios millones para comprar otros predios de su hacienda y destinárselos a ellos. No estaba el compromiso que había firmado el Incora en 1989 de que les titularía las 2.060 hectáreas que les había comprado a los Marulanda.
Para conseguir los papeles que sabían que existían, insistieron y preguntaron. Alguien les dijo que buscaran en el Tribunal Administrativo del Cesar, donde estaban sus procesos. Empezaron a contactar a las familias desplazadas, que después de veintidós años estaban desperdigadas en diferentes lugares del país. Luego lograron crear la Asociación Colombiana Horizonte de Desplazados, Asocol, e hicieron una colecta para fotocopiar las 1.300 páginas del expediente que desempolvaron en el Tribunal y que documenta cómo fue su despojo.
Leyeron uno a uno los papeles, y aparecieron varias sorpresas. El Incora sí les había titulado a unas familias, pero tardó años en hacerlo, y a varias nunca se los notificó. Parte de los predios que tantas lágrimas les habían costado, no se los titularon a ellos, sino a empleados de la finca. Otras, las más luchadoras, se habían quedado en el Sur del Cesar, cada uno en una parcela pequeña. Creyeron que su estadía allí era temporal pues pronto les darían a cada uno lo que estipulaba la ley, una Unidad Agrícola Familiar (UAF) de 35 hectáreas. Pero su vida de espera se volvió permanente y el Estado aún hoy no les cumple sus promesas.
Con documentos en mano, empezaron a tocar puertas. Se reunieron varias veces con el Incoder, la Procuraduría Agraria y el Ministerio de Agricultura para que desarchivaran su caso. Hace menos de un mes se registraron de forma colectiva como víctimas ante la Unidad de Justicia y Paz.
Se entusiasmaron, pues todo parecía ir por buen camino porque un funcionario del Incoder les confirmó que las tierras que trabajaron hace años aún eran baldías y podrían titulárselos. Esta posibilidad les pareció más real viniendo de un gobierno como el de Santos que ha emprendido una maratón de titulación de tierras y formalización de la propiedad rural desde que llegó al poder el pasado 7 de agosto. Pese al temor, se atrevieron ir a la región y junto a los resistentes localizaron en un mapa el baldío original de las 1.500 hectáreas que habían reclamado y también los predios que el Incora había comprado para ellos.
Constataron, predio a predio, quiénes estaban y qué actividades desarrollaban. En muchos de los predios originales que les habían prometido ya vivían otros. Y en el baldío descubrieron que había plantaciones de palma aceitera. Preguntaron y les contaron que había varias firmas de agroindustria.
¿Cómo llegaron otras personas a vivir en los predios que, según quedó firmado, serían de ellos? ¿Están estas empresas explotando los baldíos, y de ser así, cómo se hicieron a esa tierra?
A partir de los documentos y testimonios de los campesinos, VerdadAbierta.com investigó, consiguió otros documentos y reconstruyó esta triste y complicada historia. Ejemplifica de manera dramática las enormes dificultades que tiene hoy el Estado para restituirles sus tierras a los campesinos víctimas del paramilitarismo y resarcir la violación sistemática de sus derechos, según lo contempla la Ley de Víctimas.
Los integrantes de Asocol explican su situación a menudo diciendo que han caído en las trampas que les han tendido autoridades y violentos a lo largo de los 25 años de lucha para hacerse a un terruño donde trabajar la tierra y vivir tranquilos. Este es el relato detallado de cada una de esas trampas.

La Trampa 1: Desalojo por ‘Resolución’
La hacienda Bellacruz nació en 1950, cuando el hacendado caldense Alberto Marulanda Grillo llegó al sur de Cesar y echó cercas a tierras en los municipios de Tamalameque, Pelaya y La Gloria que sumaban 25.500 hectáreas.
En 1970 por un proceso impulsado por Eloísa Corral, los campesinos que fueron colonizando la región logrando que el Incora le comprara al hacendado 11.000 hectáreas de Bellacruz. Según las cuentas de los propietarios, les quedaban 14.500 hectáreas. No obstante, ya unos campesinos habían averiguado que los Marulanda no podían documentar su propiedad sobre 1.500 hectáreas de esas 14.500, porque eran en realidad baldíos de la Nación que quedaron atrapados en su hacienda.
En 1986 un grupo de 64 familias campesinas sin tierra se asentaron en Caño Alonso y María Isidra, dos predios que quedaban en esas 1.500 hectáreas de baldíos de la Nación, dentro de la Hacienda Bellacruz. "En agosto de 1986 nos tomamos esos baldíos y al día siguiente la Policía y el Ejército nos desalojó –le contó a VerdadAbierta.com un miembro de una de las familias que prefiere reservarse su nombre por seguridad –. Eso parecía una zona de guerra, hubo atropellos, disparos y los hombres duramos presos varios días. Cada mes hacíamos una entrada y nos quedábamos una o dos noches. En febrero de 1987 llegó un juez ambulante de Valledupar y nos dijo que teníamos que desocupar, que el Inderena había declarado la zona como reserva forestal".
En efecto, como consta en los documentos, el 15 de abril de 1987 el Ministerio de Agricultura emitió una resolución, basada en una decisión de la junta directiva del Inderena (la entidad que en ese entonces vigilaba la preservación del medio ambiente), por la cual declaraba zona de reserva forestal la cuenca del Caño Alonso. Ver la resolución aquí. Por supuesto, la solicitud de declarar esa zona como de reserva forestal la habían presentado los Marulanda, bajo el nombre de su sociedad M.R. Inversiones Ltda. Según la escritura, MR Inversiones fue creada en 1970 y su representante legal desde 1984 era Carlos Arturo Marulanda Ramírez.
Esta fue la manera cómo Marulanda se las ingenió para expulsar a los campesinos de una propiedad que no era suya, sino de la Nación. Su influencia en el gobierno de Virgilio Barco quedó en evidencia meses después, ya que fue nombrado Ministro de Desarrollo. La ironía del asunto, es que según atestiguan los campesinos, los Marulanda cultivaban arroz en esa "zona de reserva forestal".
Los agricultores desesperados por hacer valer su derecho de cultivar en tierra baldía se tomaron la sede del Incora en Pelaya como una forma para presionar la adjudicación de tierras. Según los líderes de Asocol, el ministro Marulanda los citó en Bogotá en febrero de 1989. "Nos dijo que lo estábamos perjudicando –relató uno de ellos –. Nosotros le dijimos que le vendiera tierra al Incora que estaba dispuesto a comprarle las tierras que él quisiera ofrecer. Nos dijo que no, que eso era herencia de su padre".
Los campesinos no cedieron y se quedaron acampando en el Incora de Pelaya hasta agosto de 1989. Al final los Marulanda accedieron a venderle tierras al Incora para que ésta a su vez se las adjudicara a los campesinos, pero se reservaron el derecho de escoger los predios. Según aseguran los campesinos, primero ofreció venderle al Incora tierras del mismo Estado (baldíos). "Cuando la Procuraduría Agraria pidió que se investigara la propiedad privada de los Marulanda, entonces él ofreció otros lotes que sí eran suyos –dijo uno de los reclamantes —. Fueron cuatro lotes, tres, Santa Helena, Los Cacaos y San Antonio, en el municipio de La Gloria, y uno, el de San Carlos, en el municipio de Pelaya. Todo sumaba 2.060 hectáreas".

La Trampa 2: la Tramoya
 Con esa promesa de que les adjudicarían esos lotes, las 64 familias levantaron su protesta, y mientras les titulaban, se instalaron de forma provisional en los predios de San Antonio en La Gloria, y de San Carlos en Pelaya. "Nos distribuimos de a cinco hectáreas por familia, hicimos ranchos desarmables y acordamos que solo sembraríamos pancoger porque era por poco tiempo", dijo uno de los campesinos que se instaló allí en 1989.
Parecía que el trámite iba a demorar poco. En 1990 el Incora empezó la negociación con M.R. Inversiones para comprar la tierra. "Nos dijo que se demoraba en titular mientras medía y verificaba los predios", explicó el testigo.
Sin embargo la primera inspección ocular a los predios tomó otro año. Entre el 21 y 31 de mayo de 1991, según consta en un acta, una comisión integrada por la Jefe Jurídica del Incora, dos peritos del Agustín Codazzi, el Procurador Agrario y un abogado de los Marulanda, visitaron la Hacienda Bellacruz para hacer una inspección ocular. La visita tenía como fin determinar los linderos de los predios, para poder comprarles a los Marulanda y así titularle a los campesinos. En esa visita, el Estado reconoció la ubicación temporal de las 64 familias en el lote San Antonio.
Mientras el proceso avanzaba a paso de tortuga, dos de los cuatro lotes prometidos, Santa Helena y Los Cacaos, aparecieron habitados por 30 familias que trabajan para los Marulanda. La situación se complicó después con una toma guerrillera.
"El Eln se tomó la Hacienda Bellacruz, mató a la administradora y a tres empleados", relató a VerdadAbierta.com otro de los líderes de Asocol. Y explicó que como la hacienda fue quedando abandonada, empezaron a llegar campesinos de otras regiones y se instalaron allí. "El Incora nos propuso que fuéramos a ver otra finca. Vimos dos o tres pero no eran aptas para reforma agraria. El Incora nos dijo que siguiéramos esperando, que todavía no había una solución. Por eso seguimos ubicados en los minifundios de a cinco hectáreas en el lote San Antonio".
Cuando ya perdían las esperanzas de conseguir su tierra, pues ya habían transcurrido cinco años desde que las reclamaron y nada se resolvía aún, el 20 de abril de 1994 el Incora emitió una resolución que por fin les daba la razón. Decía el documento oficial que, así como ellos lo habían argumentado en 1986, esos lotes que ellos y otros habían ocupado eran baldíos de propiedad de la Nación. El Incora concluyó que la familia Marulanda no pudo acreditar ser dueña de los predios Los Bajos, Caño Negro, San Simón, Venecia, Potosí, María Isidra y San Miguel, ubicados dentro de la Hacienda Bellacruz, y que sumaban 1.500 hectáreas.
Los campesinos vieron allí su salvación. Como el Incora aún no había cerrado un trato de compra de tierras a Marulanda, ellos le pidieron a la entidad que les titulara los baldíos. No tendría que gastar dinero público y podía perfectamente titularles los predios a ellos. Pero el Incora insistió en comprar. Y para proteger su tenencia de los baldíos, la familia Marulanda apeló la resolución del Incora, insistiendo que la tierra era suya.

La Trampa 3: la Compra y la Llegada de ‘Paras’
El Incora tardó seis años en concretar la compra de los terrenos. Según escritura pública de 1995 el Incora le compró a la familia Marulanda 2.060 hectáreas en los predios Los Cacaos, San Antonio, San Carlos, La Plata, La Platica, Rompedero y Santa Helena, que hacían parte de la Hacienda Bellacruz por más de 700 millones de pesos la época.
Inmediatamente después de que las tierras pasaron a manos del Incora y todo parecía listo para adjudicárselas a las pacientes familias de agricultores, los paramilitares llegaron a Bellacruz. Según relató un jefe de esas familias, "en 1995, los paramilitares de ‘Juancho Prada’ se camuflaron entre la gente haciéndose pasar como campesinos y jornaleros. Empezaron a obtener información sobre los reclamantes de tierras".
Pero el 14 de febrero de 1996 se quitaron la máscara. Entraron a las fincas de los campesinos que esperaban la titulación de sus lotes, y cometieron todo tipo de abusos contra ellos y sus familias. "Cargaban zunchos, un tipo de gancho con el que nos iban pegando y diciendo que teníamos que dejar las parcelas, que nos fuéramos", dijo un campesino, que aún hoy teme revelar su nombre. Los ataques a los labriegos se repitieron muchas veces entre febrero y marzo. A los que aún no se había ido con las primeras amenazas, les violaron a las mujeres y les quemaron los ranchos, para que ya no quedara hogar a donde volver.
Una vez desplazaron a por lo menos 600 campesinos, entre los 64 originarios que estaban esperando la titulación y los más de 400 que habían invadido varios predios cuando la hacienda quedó sola luego del asalto guerrillero, los paramilitares se quedaron en Bellacruz. "Instalaron una base en Rompedero, que hacía parte del predio San Carlos, y otra en la casa principal de la hacienda", dijo otro testigo, y luego contó que "los comandantes eran prácticamente Francisco Alberto Marulanda (hermano del ex ministro Carlos Arturo) y Édgar Rodríguez alias ‘Caballito’, un hijo de crianza de los Marulanda". Desde la casa de la hacienda, los ‘paras’ coordinaban todo. Y otro campesino contó que los Marulanda les decían a los ‘paras’, ‘Los Angelitos’ porque Dios se los había mandado para recuperarles la tierra perdida.
La versión de Alfredo Ballena, alias ‘Rancho’, desmovilizado del Frente Héctor Julio Peinado Becerra, el grupo paramilitar que dominó el sur del Cesar, coincide hasta en los detalles, con la de los campesinos. "En marzo de 1996 el comandante alias ‘Paso’ fue contratado por el doctor Francisco Alberto Marulanda y su administrador general Édgar, conocido con el alias de ‘Caballito’, para montar una unidad de las Auc en la finca Bellacruz", dijo el ex paramilitar en una versión ante un fiscal de Justicia y Paz en Bucaramanga el 13 de abril de 2010.
"Eso era para recuperar tierras que años atrás habían sido invadidas por campesinos. Montaron un grupo que se hacía llamar Los Motilones, que dirigía el comandante ‘Manaure’ que era el mismo ‘Paso’. El segundo era alias ‘Óscar’, el tercero ‘El Guajiro’, y de patrulleros estuvieron alias ‘Víctor’, ‘Neco’, ‘Arete’, ‘Piña’, yo, ‘El abuelo’, ‘Chucho, un señor que le decían ‘Barbado’, ‘Gerson’ y ‘El gringo’. Esos son los que más me acuerdo", confesó alias ‘Rancho’.
En su relato, alias ‘Rancho’ aseguró que: "el grupo lo montó fue el dueño de la finca que era el doctor Francisco Alberto Marulanda. Yo digo esto porque yo fui su escolta y él nos pagaba una bonificación para seguir cuidando la finca de su propiedad. Él vivía en Barranquilla y cada quince días llegaba a inspeccionar el terreno. Cuando se iba, el encargado era Édgar, que era el administrador general".
Sobre el día en que entraron a la finca dijo a la Fiscalía: "El grupo entró a la medianoche dándole duro a la gente para que saliera de las tierras. Se les quemó las casas donde vivían que eran de palo. De ahí se quedó el grupo que iba a cuidar la finca. Este grupo que entró eran hombres de alias ‘Camilo Morantes’ (Guillermo Cristancho Acosta, responsable de la masacre de Barrancabermeja) y de alias ‘Juancho Prada’ (Juan Francisco Prada Márquez, jefe paramilitar del sur del Cesar), que prestó gente para sacar a los invasores de allá".
Alias ‘Rancho’ ha sido el único paramilitar que ha confesado el ataque a los campesinos de Bellacruz en Justicia y Paz. Sin embargo, el desplazamiento de los campesinos y la posible alianza de los Marulanda con los paramilitares de alias ‘Juancho Prada’ fue también un caso procesado en la justicia ordinaria. El 19 de mayo de 1998 Francisco Alberto Marulanda Ramírez fue capturado, mientras el 16 de enero de 1999 la Fiscalía ordenó la captura de su hermano Carlos Arturo.
Después de cuatro años, el 24 de julio de 2003, la justicia ordinaria condenó a 18 años de prisión a Francisco Alberto Marulanda así como a Édgar Rodríguez alias ‘Caballito’ y a Martín Velasco Galvis alias ‘Jimmy’. Su hermano, el ex ministro y ex embajador Carlos Arturo, quien había sido capturado en España y extraditado a Colombia en abril de 2002 para que respondiera por el caso de Bellacruz, cobró la libertad el 1 de noviembre de ese mismo año.

La Trampa 4: Adjudicaciones de Papel
Mientras los campesinos salían desplazados de la hacienda, el Incora respondió a la apelación presentada por los Marulanda a la primera resolución que había dictaminado que los predios en las 1.500 hectáreas de donde originalmente habían sido sacados los campesinos a la fuerza, eran, en efecto, baldíos y no de su propiedad. Esta resolución del 13 de marzo de 1996 confirmó la decisión de 1994 y volvió a darles la razón a los campesinos. (Lea la resolución 01125 haciendo clic aquí). Pero el dictamen llegó tarde, pues hacía ya un año que el Incora había comprado tierras de Bellacruz y que, al menos en sus compromisos de papel, iba a dárselas a los campesinos desterrados.
Pero como los paramilitares los habían sacado de la hacienda, los agricultores no tenían cómo seguir su trámite. Por eso, medio centenar de ellos se tomaron la sede del Incora el 11 de marzo de 1996. El 14 y 21 de ese mes firmaron dos actas en las que el gobierno se comprometió a brindarles seguridad y el Incora, a ubicarlos en un caserío provisional dentro de los predios baldíos (Lea el acta 1 y 2).
Pero, al igual que tantas veces antes, el gobierno volvió a incumplirles: no les garantizó la seguridad, y por supuesto, no pudieron retornar al baldío. Por si quedara duda de las falsas promesas del gobierno, el 7 de mayo de 1996 los paramilitares asesinaron a Jaime Laguna y Eduardo Donado, dos de los líderes que se habían quedado resistiendo en el predio San Antonio. El 28 de septiembre de ese año, mataron a otros dos, Eliseo y Éder Narváez. "Solo un grupo de familias se quedó resistiendo", dijo uno de los testigos de los hechos. "Nadie quiso poner la denuncia de desplazamiento por miedo. Todas las familias salimos para diferentes ciudades del país".
Después de una década de estar batallando por conseguir tierras para trabajar, los campesinos por fin ganaron, y el 6 de agosto de 1996, el Incora emitió las primeras resoluciones de adjudicación de los predios que les correspondían a las 64 familias originarias. Fue un triunfo de papel porque el terror paramilitar aún reinaba en Bellacruz y nadie se animaba a ir por allá.
En el predio San Antonio de 586 hectáreas, el Incora tituló a 18 de las 64 familias originarias. Así consta en un acta de la época del Incora. Sin embargo, los campesinos nunca fueron notificados de la adjudicación. Según constató Verdadabierta.com, por un derecho de petición que presentó, ni siquiera el propio Incoder guardó la documentación de estas adjudicaciones.*
Lo insólito es que no alcanzaron los campesinos a enterarse de que eran propietarios, cuando ya habían dejado de serlo. En una extraña movida, el 28 de diciembre de 2001 el Incora les revocó los títulos de propiedad. Esta resolución (aunque incompleta pues no tiene las páginas 3 y 4), sí reposa en los archivos del Incoder y dictamina la revocación de 34 títulos, 18 de ellos de los campesinos originarios a los que les habían dado fincas en el predio San Antonio.
"Las citadas resoluciones no fueron notificadas a los adjudicatarios, puesto que al momento de esta diligencia manifestaron estar en sobrecupo y en algunos ocupando áreas inferiores y otras superiores a la adjudicada", señala la resolución. Los líderes de Asocol aseguran que este documento del Incora dice una falsedad porque ningún funcionario intentó siquiera notificarles la revocatoria, como tampoco les habían informado de que les habían dado los títulos cinco años antes.
Las 18 familias originarias no fueron las únicas a las que el Incora les adjudicó tierras en su resolución de 1996. En ese dictamen también les dio 819 hectáreas a otras 33 familias en Los Cacaos, uno de los predios prometidos a los campesinos reclamantes. Así consta en el certificado de tradición de matrícula inmobiliaria de ese predio de La Gloria.
El problema con esa adjudicación es que, según los líderes de Asocol, esas 33 familias eran trabajadores de los Marulanda. ""Esas 33 familias corresponden a las que en 1991 nos invadieron los predios de Santa Helena y Los Cacaos", explicó un miembro de Asocol. "Marulanda quería pensionar a sus trabajadores y para eso el Incora les tituló esas tierras". Según el certificado de matrícula inmobiliaria a esas 33 familias les dieron a cada una de a 28 hectáreas en promedio.
La cadena de decisiones incoherentes del Incora no paró allí. Después de que les había adjudicado y quitado tierra a 18 de las 64 familias reclamantes, a lo largo de 2002 esta entidad emitió otras 45 resoluciones, y en unas de ellas les volvió a dar tierra a los 18 reclamantes, pero en otro predio. Además, les adjudicó predios a otras tres familias de las 64 del pleito inicial.
Sin embargo, a diferencia de las 33 familias que Asocol asegura son ex trabajadores de los Marulanda a las que les adjudicó en promedio 24 hectáreas a cada uno, a varios de los 21 campesinos que llevaban 15 años luchando por sus títulos les adjudicaron entre siete y diez hectáreas.
Después de la titulación de Los Cacaos, todavía en 2002, había 43 familias de las reclamantes originales sin su pleito resuelto. Según el Incoder Cesar, los lotes La Plata, La Platica y Rompedero, que integran el predio de San Carlos, en Pelaya y correspondiente a 272 hectáreas, fueron divididos en siete parcelas. Solo una, la número 6, fue titulada a uno de los campesinos originarios, según consta en una resolución de agosto de 1996.
Sin embargo, según Asocol, el campesino beneficiario nunca pudo disfrutar de la parcela porque antes de que le dieran el título salió desplazado por los grupos paramilitares y además porque nunca le avisaron que ya era propietario.
En esos predios que les adjudicaron en 2002, La Plata, La Platica y Rompedero, era precisamente donde los paramilitares habían montado una base desde 1996, y allí se quedaron hasta la desmovilización en 2005.
En la actualidad 21 familias campesinas tienen títulos sobre parcelas que en su mayoría son inferiores al mínimo de 35 hectáreas, que es lo que constituye la Unidad Agrícola Familiar en esa zona del país. Una más tiene título pero como tuvo que salir de la zona por amenazas no ha podido tomar posesión de su tierra. Las otras 42 familias, a la fecha, y después de una batalla que los ha dejado en la ruina, aún hoy, siguen sin tierra.

¿Y Qué Fue de las 1.500 Hectáreas de Baldíos?
Las titulaciones que ha realizado el Incoder a 22 de las 64 familias que aspiraron desde 1986 a hacerse a una finca para ganarse la vida, las hizo en las tierras que esta entidad le había comprado a la familia Marulanda. Nunca les titularon siquiera una de las 1.500 hectáreas, que según lo ratificó el Incora en dos instancias en 1994 y en 1996 eran baldíos pertenecientes a la Nación. Eran precisamente esos terrenos los que habían intentado ocupar las familias en 1986.
Los miembros de Asocol pensaron que quizás, el Incoder les podría adjudicar a las 42 familias que aún no tienen tierra, parte de esas 1.500 hectáreas de baldíos. Hicieron la averiguación ante el Incoder, para ver qué había pasado con esos baldíos a fines de 2010. Seis meses después, el 25 de abril de 2011, el Incoder les respondió que, en efecto, los terrenos eran baldíos y ordenó que la Subgerencia de Tierras Rurales los recuperara. En la lista se encontraban los predios Potosí, Caño Negro, Los Bajos, San Simón, Venecia, María Isidra y San Miguel. En una reunión posterior les ratificó la buena noticia.
Han pasado tres meses y aún no saben si el Incoder ya recuperó los baldíos. Los de Asocol los visitaron y encontraron que allí hay sembrado un enorme cultivo de palma africana. Averiguaron y les mencionaron tres empresas asociadas con ese emprendimiento agroindustrial: MR de Inversiones (con el mismo nombre de la empresa de los Marulanda que ya conocían y que había fracasado en su intento por reclamar esos baldíos como suyos), Frigorífico La Gloria y, una empresa extranjera llamada la Dolce Vista Estate.
Una funcionaria de Incoder coincidió con la versión de que una empresa llamada Dolce Vista era dueña de los cultivos de palma, y así quedó consignado en un acta oficial del pasado 26 de noviembre de 2010: "Es muy importante definir qué solicitudes se van a plantear, dado que las 1.500 hectáreas de baldíos están siendo explotados con cultivos de palma por parte de la empresa Dolce Vista".
Será tarea del Incoder determinar, con rigor, si en efecto, como lo sospechan los campesinos y como lo afirmó la funcionaria de esa entidad, es en esas 1.500 hectáreas donde cultivan palma la empresa La Dolce Vista y otras, y si es así, cómo se hicieron a esas tierras que aún figuran en los registros estatales como pertenecientes a la Nación. Así mismo tendría que aclarar por qué siendo que hay campesinos reclamando la tenencia de esas tierras desde hace 25 años, no ha impedido que otros las exploten.
"En Bellacruz dicen que la tierra está maldita", dijo uno de los luchadores campesinos. "Que quien compra allá rapidito se queda sin nada. Pero nuestra lucha ha sido limpia y justa. Por eso, aunque digan que la tierra está maldita, esperamos que el Estado nos dé la razón y nos titule".
 
*VerdadAbierta.com con asesoría de la Fundación para la Libertad de Prensa, Flip, solicitó al Incoder las resoluciones de adjudicación, revocatorias y readjudicación de predios de beneficiaros de Reforma Agraria entre 1996 y 2006 en varios departamentos de Colombia, entre ellos, el Cesar. Tras un fallo de tutela a favor, el Incoder respondió el 14 de enero de 2011 un oficio en el que relacionó 154 folios con resoluciones y, que según informó, era toda la documentación que tenía sobre adjudicaciones de tierras a campesinos por reforma agraria en Cesar. Dentro de los documentos, el Incora solo reportó una resolución, la 01220 del 28 de diciembre de 2001, relacionada con el caso de la Hacienda Bellacruz.
29 de julio de 2011
28 de julio de 2011
©verdad abierta

murió joseph hittelman


Médico fue perseguido por McCarthy.
[Elaine Woo] Murió el martes en el Centro Médico Cedars-Sinai en Los Angeles el doctor Joseph Hittelman, médico de Los Angeles cuya propuesta de introducir un seguro médico para personas de bajos recursos provocó que fuera perseguido como subversivo durante la era de McCarthy. Tenía cien años.
La causa de su muerte fueron complicaciones tras un ataque al corazón, informó su hijo Paul M. Hittelman.
A principio de los años cincuenta, Joseph Hittelman era un médico de cabecera cuando fue citado por comisiones gubernamentales que buscaban identificar y remover a miembros del Partido Comunista de posiciones de poder e influencia. Los blancos más famosos trabajaban en la industria del espectáculo, pero otros grupos profesionales, como abogados, periodistas y profesores, también fueron vigilados.
Hittelman fue uno de los once médicos de Los Angeles interrogados por el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara Baja en octubre de 1952 después de que un colega médico dijera que formaban parte de una unidad médica del Partido Comunista. Como los guionistas y directores de los llamados Los Diez de Hollywood, los médicos dijeron que el interrogatorio sobre sus opiniones políticas violaba sus derechos constitucionales y se negaron a responder.
Progresista durante toda su vida, Hittelman creía que él y sus colegas habían despertado las sospechas de los cazadores de brujas porque defendían programas de salud y otros servicios para los pobres.
"Los médicos que fueron citados por el comité eran todos activos socialmente", recordó en un artículo en el Times en 1999. "La mayoría de nosotros trabajábamos en clínicas y veíamos las enormes brechas en la salud. Tratamos de liberalizar la profesión médica... Formamos un grupo para apoyar a Roosevelt. En eso consistían las actividades comunistas."
Hittelman fue citado por el Subcomité del Senado de Actividades Antiamericanas, conocido también como el Comité Burns, y por la Comisión de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes. Aunque no fue procesado, fue puesto en lista negra durante varios años. Durante la mayor parte de los años cincuenta estuvo excluido del personal de Cedars del Lebaon Hospital, una prestigiosa institución en Hollywood que más tarde se fusionó con el Mount Sinai Hospital para fundar Cedars-Sinai.
De acuerdo a la transcripción de la audiencia de la comisión de la Cámara sobre  actividades comunistas en círculos profesionales, Hittelman evadió las preguntas sobre si había pertenecido alguna vez al Partido Comunista, diciendo que según la Constitución sus opiniones políticas eran privadas.
"Cuando fui por primera vez a la facultad de medicina me pasaron una caja con huesos y un cráneo y, quién lo iba a decir, el cráneo tenía un gozne arriba y se podía levantar y mirar dentro", contó a la comisión. "Mi cráneo no tiene ningún gozne arriba y nadie va a mirar que hay dentro."
Su hijo dijo que no sabía si su padre había pertenecido o no al Partido Comunista, "pero ciertamente era un activista de izquierda" que participaba en organizaciones que luchaban por los derechos de los trabajadores, la igualdad racial y las libertades civiles.

Hijo de judíos rusos, Hittelman nació el 25 de diciembre de 1910 en Rochester, Nueva York, donde su padre había empezado una exitosa constructora. En 1920 se mudó con su familia a Los Angeles y creció en Boyle Heights. Tras egresar de la Escuela Secundaria Roosevelt, asistió a la Universidad de California en Los Angeles y en Berkeley, donde estudió ciencias. Se doctoró en la Universidad de California en San Francisco en 1936.
Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en Estados Unidos y en las Filipinas como miembro del Cuerpo Médico del Ejército de Estados Unidos.
Después de ser colocado en la lista negra de Cedars, Hittelman continuó atendiendo pacientes en su consulta privada y en pequeños hospitales de la región. Finalmente pudo volver al Cedars-Sinai, practicó medicina interna en Beverly Hills y trabajó como voluntarios en la Venice Family Clinic. Se retiró en 1994.
Le sobreviven su esposa, Helen; tres hijos: Karl, de Corte Madera, California; Paul, de Los Angeles; y Jeff, de Butte Valley, California; dos hermanos: Nathan Hittelman y Celia Frimkess, ambos de Los Angeles; seis nietos y cinco biznietos.
29 de julio de 2011
17 de julio de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

lugares para la memoria


A través de su publicación en el Boletín Oficial, fue reglamentada la ley que declara "sitios de memoria" del Terrorismo de Estado a todos los espacios que la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) identificó como centros clandestinos de detención de la última dictadura.
Argentina. El Poder Ejecutivo será el encargado de "garantizar la preservación" de esos lugares tanto para "facilitar las investigaciones judiciales" como para la "preservación de la memoria".

La ley 26.691, sancionada el 29 de junio pasado por el Congreso nacional, declaró sitios de memoria a los ex centros clandestinos que funcionaron hasta el 10 de diciembre de 1983. Otro de los artículos precisa que para la consideración de "sitios de memoria" será tomado en cuenta los testimonios vertidos en procesos judiciales y los registros obrantes en el Archivo Nacional de la Memoria, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
El documento convoca a los estados provinciales y al de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a "adherir a la presente ley, para abrir paso a la reconstrucción de nuestro pasado y en un símbolo de lo que nunca más debe repetirse en nuestro país".
29 de julio de 2011
©página 12

quieren prohibir los adjetivos


El alegato de la defensa de los represores Jorge ‘el Tigre’ Acosta y Adolfo Donda. El abogado Víctor Valle cuestionó las "adjetivaciones" con las que la fiscalía recordó cómo los sobrevivientes hablaron de sus verdugos e insistió en los argumentos de cosa juzgada y prescriptibilidad, esgrimidos sin éxito por todas las defensas.
[Alejandra Dandan] Argentina. Las audiencias por los crímenes en el centro clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada continúan en los Tribunales de Retiro, vacíos por la feria judicial. Desde comienzos de la semana, los abogados de los represores intentan los alegatos ante una platea repleta solo en el balcón destinado a los camaradas de armas que se turnan para mantenerla llena todo el tiempo posible. Toman nota como informantes aplicados en pequeños papeles que guardan adentro de libros con apariencia de feria de usados. Ayer, la defensa de los represores Jorge "El Tigre" Acosta, Adolfo Donda, el médico Carlos Capdevilla y Jorge Radice cuestionó centralmente el alegato de la fiscalía, se quejó por las "adjetivaciones" con las que la fiscalía recordó cómo los sobrevivientes hablaron de sus verdugos e insistió en los argumentos de cosa juzgada y prescriptibilidad, esgrimidos sin éxito por cada una de las defensas en cada uno de los juicios.
Temprano, un rumor parecía explicar por qué tanta presencia marina en el piso de arriba. El encargado de la defensa de Acosta y Compañía es el abogado Víctor Valle, defensor oficial y portador de una supuesta carta sorpresa que los marinos querían mostrar. Valle integró las defensas a los represores en el Juicio a las Juntas y hace muy poco fue uno de los abogados que lograron echar por tierra la posibilidad de condenar a los jefes de área en el juicio tramitado el año pasado por el Tribunal Oral 5, el mismo que ahora lleva el juicio de la ESMA.
Pese a que irónicamente se refirió al modo en el que se multiplicaron los acusadores –por la incorporación de las querellas de los organismos de derechos humanos–, el abogado centró su descargo contra los fiscales Mirna Goransky y Pablo Ouvina. El tono prudente con el que comenzó se quebró enseguida cuando se tomó el tiempo de responder con alguna ironía. Discutió la Teoría de Roxin que permite entender como autores a todos los que integran una organización represiva. Y consideró "sorprendente" que los fiscales hayan dicho que cualquier otra intervención adicional que pudiera acreditarse respecto de cada hecho será "un plus cuya eventual ausencia no quita responsabilidad alguna".
Valle pareció sincerarse cuando habló de "modesta unidad de tareas" para referirse a los grupos de tareas que salían a cazar y ejecutar militantes. Y como lo hicieron con más vehemencia –pero sin éxito– sus compañeros en otros juicios, recurrió a un fallo del ex juez Andrés D’Alessio para cuestionar la idea de que solo la pertenencia o "membresía" en un grupo de tareas no alcanzaría para una imputación.
Arriba, los camaradas todavía no se habían dormido, como harían dos horas más tarde. Uno de ellos llegó con un libro llamado Culpas y Castigos. Otro llevaba A cada uno, un denario, de Bruce Marshall. Entre los veinte camaradas en posición de teleespectadores, hubo quienes llegaron de saco y corbata munidos de anteojos con bordes dorados. Y hombres con ropas de batalla, pulóveres raídos y cara de mal dormidos, dedicados curiosamente a escribir en algunas hojas. Uno de ellos dejó el espacio durante el cuarto intermedio para pararse como distraído al lado de un grupo de sobrevivientes en la entrada de un kiosco. Cuando alguien notó su presencia y le clavó los ojos sin disimulo, buscó la forma de alejarse rápidamente. Audiencias atrás, el abogado Rodolfo Yanzón habló de la comunidad de espías que todavía nuclea a los camaradas de armas, una tarea que parece entretenerlos en el transcurso del juicio.
Valle retomó luego el alegato. Enumeró las decenas de formas con las que los testigos hablaron de sus verdugos, una sinopsis perfecta, un retrato adecuado de cada uno y el modo con el que la fiscalía intentó configurarlos para dar una dimensión de los fabricantes de tormentos. "Con el recurso de citar a los testigos, (la fiscalía) adjetivó de manera muy negativa la personalidad" de los acusados, se quejó. "Se habló del sadismo, del poder de Acosta porque era ‘todopoderoso como Dios’, que tenía el mandato de hacer vivir o morir, se le dijo delirante, que ‘nos intenta envolver con sofismos’, mentiroso, charlatán, cínico". Se quejó porque los fiscales llamaron "monólogo" al largo monólogo que Acosta pronunció en una de las audiencias, pero al que él se refirió como "un recurso irónico respecto de una persona que hace largos años está preso, y lo que dijo no es un monólogo, sino una indagatoria, que es el acto fundamental de la defensa".
El defensor cuestionó también que se tomaran los tormentos como delito en sí mismo, una pelea que los organismos de derechos humanos y la Unidad de Coordinación Fiscal de las causas sobre las violaciones a los derechos humanos durante el terrorismo de Estado viene dando en todo el país para dejar atrás la posibilidad de asociar tormentos sólo con la aplicación directa de elementos de torturas, como sucedió durante el Juicio a las Juntas. Tormento es, para los acusadores, todo el periplo que atravesaron los detenidos desaparecidos, desde el momento del secuestro, el tabicamiento y cada una de las formas de vida en los centros de exterminio. Arriba, solo algunas de las intervenciones de Valle y su compañero eran visiblemente bien recibidas. En un momento, el abogado cuestionó como inconstitucional la nulidad de las leyes de impunidad, la legalidad de una justicia que resolvió no comenzar de cero con las causas, sino arrancar en el mismo punto en el que los procesos habían quedado suspendidos y explicó que, para él, se trataban de acciones ya extinguidas. Dijo que los Tribunales de Yugoslavia y de Ruanda prevén la conmutación de las penas y el indulto y en ese momento sí, uno de los camaradas afirmó de palmo a palmo con su cabeza.
29 de julio de 2011
©página 12

condenas en río negro


El tribunal de General Roca juzgó a siete represores por los secuestros y las torturas a dos dirigentes gremiales en 1976. La pena más alta fue para Lucio Gerardo Pedernera, ex jefe de la policía provincial. Un comisario fue absuelto.
[Diego Martínez] Argentina. El Tribunal Oral Federal de General Roca condenó ayer a penas de entre cinco y ocho años y medio de prisión a dos oficiales superiores del Ejército y a cuatro ex policías de la provincia de Río Negro, por delitos de lesa humanidad contra dos dirigentes gremiales en 1976. La pena más alta fue para el general de brigada retirado Lucio Gerardo Pedernera, de 85 años, ex jefe de la policía de Río Negro. "Para mí es el comienzo de una nueva vida porque me pude sacar de encima una pesada", explicó el ex secretario general de la seccional Atlántica de la Uocra, Daniel Avalos. "Pienso en mi compañero (Carlos) Lima, que ya no está", dijo en referencia a la segunda víctima, que murió en 2010, y destacó que "los imputados no tuvieron coraje para venir a escuchar el fallo, pero están en todo su derecho, los mismos derechos que nos quitaron a nosotros y que hoy gozamos todos los argentinos".
Lima era colaborador de la Uocra seccional Sierra Grande, la ciudad donde fueron detenidos el 2 de abril de 1976. A Avalos lo llevaron de su casa. "La dieron vuelta", declaró. Lima supo que lo buscaba la policía y se presentó en la comisaría. "¿Así que vos sos Lima?", alcanzó a escuchar, rodeado por el cuerpo de Infantería. Lo golpearon hasta que perdió el conocimiento. Cuando despertó, estaba rapado. El viernes 5 fueron trasladados en camiones del Ejército hasta Viedma. En el trayecto, Avalos fue autorizado a defecar, aunque esposado a un soldado y apuntado con armas largas. En la Comisaría 1ª de Viedma, ocupada por militares, escucharon los primeros gritos de personas torturadas. Antes de que le colocaran la venda, Avalos alcanzó a ver el cable de una picana eléctrica.
Por las noches, vendados y atados, ambos fueron sacados de la comisaría durante varios días. Los trasladaban en jeep, presumen que a la desembocadura del Río Negro, a una zona conocida como La Boca, donde fueron interrogados, torturados y donde escucharon simulacros de fusilamiento. Avalos fue llevado luego a un sótano de la Escuela de Cadetes, bajo control militar. Durante la estadía lo trasladaron a la base naval de Puerto Belgrano, en Punta Alta, donde lo mostraron ante una secuestrada joven que se llamaría Graciela, para ver si lo reconocía. Lima no llegó a declarar en el juicio, pero por el testimonio de su esposa se supone que también lo llevaron al centro clandestino de la Armada. Avalos fue liberado el 20 de abril. Lima siguió preso en la Comisaría 1ª hasta el 5 de julio. Antes de liberarlo, el coronel Padilla Tanco le advirtió que se olvidara de los padecimientos "si es que aprecia a su familia".
El comisario Rubén Alcides Codina (alias "Negro", 71 años) y el oficial principal Víctor Manuel Lobos (75 años), jefe y subjefe de la comisaría de Sierra Chica, fueron condenados a ocho años y siete años y diez meses de prisión. Los suboficiales Sixto y Elfio Enrique Navarrete, que hoy tienen 82 y 51 años, prestaban servicios en el Cuerpo de Infantería. Los jueces Armando Márquez, Noberto Ferrando y Orlando Coscia condenaron al padre a siete años y medio de prisión y a siete años al hijo, quien según testimonios de secuestrados y admisión de sus superiores era el más violento con los detenidos. El coronel Néstor Rubén Castelli, de 81 años, que ya estaba retirado el 24 de marzo de 1976 cuando los dictadores lo designaron interventor militar de Río Negro, fue condenado a cinco años y dos meses de prisión. Fue absuelto el comisario Alberto Mario Marasco, ex director de la Escuela de Cadetes de la policía. "La Justicia al fin puso orden en este caso. Después de tanto tiempo llegan los castigos", celebró Avalos. "En este momento pienso en mi compañero Lima, que ya no está, y en tantos miles de compañeros de mi generación que ya no están, que nunca sabremos qué pasó con ellos y no tuvieron oportunidad de justicia", añadió.
29 de julio de 2011
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