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el gatillero del bloque central bolívar


’Pelo de loca’ fue reclutado por los paramilitares cuando tenía 16 años, cuando se voló de un centro para niños. La Fiscalía lo acusa de asesinato, secuestro y concierto para delinquir.
Colombia. Jhon Jairo Abaunza Cuadros alias ‘Pelo de loca’ fue uno de los 142 menores de edad del Bloque Central Bolívar (Bcb) Sur Bolívar que ingresó a ese grupo paramilitar siendo un adolescente. Durante tres años delinquió como patrullero en las comunas de Barrancabermeja, asesinando a personas señaladas de abusar de las mujeres, colaborar con la guerrilla o vender gasolina ilegal.
Ante una magistrada de Justicia y Paz, la Fiscalía 41 con sede en Bucaramanga le imputó cargos por los delitos de concierto para delinquir, homicidio en persona protegida y secuestro simple. Alias ‘Pelo de loca’ rindió versiones libres en junio, agosto y septiembre de 2010, y los siete crímenes que confesó durante esas audiencias le fueron imputados.
El exparamilitar fue reclutado por las autodefensas en enero de 2001 cuando tenía 16 años y cursaba primero de bachillerato. Según le contó a Justicia y Paz, lo hizo por medio de alias ‘Rayo’ y se entrenó en La Cruz Negra, la base de entrenamiento de San José de Los Chorros, ubicada en el municipio del Playón. En versión libre, Óscar Leonardo Montealegre Beltrán alias ‘Piraña’ contó que él creó esa escuela junto a Norto Rafael Pérez alias ‘Capurro’, donde había pista de obstáculos y telaraña, y los paramilitares recibían clases sobre tipo de armas y formación ‘política’.
Según la Fiscalía, alias ‘Pelo de loca’ recibió allí instrucción ideológica por parte de Jairo Ignacio Orozco González alias ‘Tarazá’, el exjefe político del Bcb para Santander. Siendo un adolescente, el exparamilitar ingresó al Frente Wálter Sánchez, uno de los once grupos paramilitares que creó el Bcb para delinquir en el sur de Bolívar y en puntos estratégicos de Santander.
El Frente Wálter Sánchez fue creado por Hernán Darío Marulanda alias ‘Felipe Candado’ el 11 de noviembre de 1999, tras la muerte de Guillermo Cristancho Acosta alias ‘Camilo Morantes’, jefe de las Autodefensas Campesinas de Santander y el Sur del Cesar, Ausac. ‘Felipe Candado’ le propuso al reducto  de hombres de las Ausac que había quedado en Santander que se incorporara a ese nuevo grupo de autodefensas para incursionar Bucaramanga. Así el Frente Wálter Sánchez delinquió en la capital santandereana y con asentamiento principal en el corregimiento de San Rafael de Lebrija (Rionegro), entre julio de 2001 y marzo de 2002, cuando el grupo fue absorbido por un nuevo frente conocido como el Fidel Castaño.
"Por ser menor de edad, alias ‘Piraña’ y ‘Tarazá’ entregaron a alias ‘Pelo de loca’ a la policía de San Rafael de Lebrija. De allí lo llevaron a Bogotá a un instituto pero se fugó. Siendo mayor de edad, ingresó de nuevo a los paramilitares", contó la Fiscalía de Justicia y Paz.

En el Puerto Petrolero
A su regreso a los paramilitares, alias ‘Pelo de loca’ ingresó al Frente Fidel Castaño que delinquía en Barrancabermeja desde octubre de 2000 y varios de sus sectores colindantes como el corregimiento El Centro y la zona rural. En marzo de 2002 este frente ya se había expandido a Bucaramanga y su área metropolitana, después de absorber al Frente Wálter Sánchez.
Alias ‘Pelo de loca’ ingresó en 2003 cuando ‘Piraña’ era el jefe de ese frente. Bajo sus órdenes y con la complicidad de José Orlando Estrada Rendón alias ‘Paisa’ o ‘Copito Jhonson’, alias ‘Mario’, alias ‘Mono Ezequiel’ y ‘Ñeque’ aceptó haber asesinado a siete personas en Barrancabermeja.
 En la audiencia de imputación, reconoció que el 11 de noviembre de 2003 asesinó a un señor en la Comuna 7, por señalamientos de alias ‘Paisa’. "Eran las siete de la noche y el señor venía del trabajo en su cicla. Le dijeron que ‘Mono Ezequiel’ lo necesitaba y en el sector de La Independencia lo retuvieron y luego le propinaron varias heridas con arma blanca. Alias ‘El Paisa’ lo acusaba de organizar reuniones con la guerrilla", narró la Fiscal.
Un mes después, el 14 de diciembre de 2003, alias ‘Pelo de Loca’ participó en el asesinato de otro señor, ocurrido en un bailadero del barrio Villarelis. "La víctima fue sacada del barrio y retenida en una plazoleta. A las ocho de la noche, después de torturarlo, lo asesinaron tras propinarle varios disparos", leyó la Fiscalía ante el Tribunal de Justicia y Paz.
El 8 de enero de 2004, el exparamilitar participó en el intento de asesinato de un señor, señalado de ser ‘pimpinero’ o comercializar gasolina de forma ilegal. Veinte días después, el 27 de enero de 2004, alias ‘Pelo de loca’ junto a alias ‘Paisa’ asesinó a otro señor señalado de colaborar con la guerrilla. "La víctima estaba retenida en el barrio La Paz y lo asesinaron entre ‘Neque’ y ‘Pelo de loca’ después de provocarle heridas con arma blanca y de fuego", dijo la Fiscalía.
Antes de ser capturado en noviembre de 2005, el exparamilitar también delinquió en el Frente Juan Carlos Hernández del Bcb, cuyo jefe fue alias ‘Piraña’ y tuvo presencia en el Bajo Simacota, El Guamo y San Juan Bosco. ‘Pelo de loca’ cometió otros tres crímenes por los cuales ya fue condenado en la justicia ordinaria. Según aceptó ante los despachos judiciales, dos de sus víctimas fueron dos señores señalados de haber abusado o acosado sexualmente a las mujeres.
Ante la magistrada de Justicia y Paz, el exparamilitar reconoció una imputación parcial de cargos mientras aclara si algunos de los crímenes confesados los cometió siendo menor de edad. El proceso continuará en el Tribunal del Palacio de Justicia de Bucaramanga cuando llegue a las siguientes etapas de formulación y legalización de cargos. Alias ‘Pelo de loca’ está preso en la Cárcel Modelo de Bucaramanga.
Esta es de las primeras audiencias de imputación en Bucaramanga, después del nombramiento de una magistrada con funciones de Justicia y Paz. A su cargo, estarán las audiencias de los crímenes cometidos por paramilitares del Bloque Central Bolívar, las Autodefensas del Sur del Cesar conocidas como Frente Héctor Julio Peinado, y los paramilitares del Bloque Catatumbo.
21 de junio de 2011
20 de junio de 2011
©verdad abierta

los crímenes de alias rancho


El exparamilitar de las Autodefensas del Sur del Cesar reconoció 49 crímenes, durante la primera jornada de imputación de cargos realizada en Bucaramanga.
Colombia. Alfredo Ballena alias ‘Rancho’ fue ‘gatillero’ de sus jefes paramilitares Armando Madriaga alias ‘María Bonita, Jairo Martínez alias ‘Pacho Paraco’ y Mario Castro alias ‘Mario’ en Aguachica, César. Buscaba a sus víctimas en casas, billares, tiendas y bodegas, les disparaba en la cabeza y luego emprendía la huida junto a sus cómplices alias ‘Rubiano’, ‘Jerson’ y ‘Niño Escobar’.
Durante la más reciente jornada de imputación de cargos ante una magistrada de Justicia y Paz en Bucaramanga, alias ‘Rancho’ aceptó 49 crímenes, entre ellos, asesinatos, secuestros y torturas, documentados por la Fiscalía 34 de Justicia y Paz. Esta unidad investiga los delitos cometidos por las Autodefensas del Sur del Cesar, conocidas como Frente Héctor Julio Peinado Becerra.
El exparamilitar que comenzó siendo el ranchero o encargado de la alimentación de la tropa, se convirtió en un sicario que asesinó a más de 200 personas entre 1995 y 2000, señalándolas de ser colaboradoras de la guerrilla, delincuentes comunes y expendedores de drogas ilícitas.

Disparé y Disparé
Alias ‘Rancho’ parecía francotirador. En versiones libres, confesó que casi al instante en que disparaba, las víctimas morían por la precisión de las balas y la sevicia con que lo hacía. El 30 de enero de 1997, por ejemplo, asesinó a un señor que era señalado de ser un presunto auxiliador de la guerrilla. "Participamos ‘Niño Escobar’ y yo. Yo disparé. Recuerdo que el señor estaba sentando en una mecedora y cuando entré a su casa, lo maté. Ahí quedó el cuerpo", dijo el exparamililitar.
El 30 de agosto de ese mismo año asesinó de forma similar a un presidente de Junta de Acción Comunal, señalado de ser colaborador de la guerrilla. "Ese día el señor estaba sentado entre dos señoras. Cuando vio que yo iba a sacar el arma, empezó a correr. Disparé casi todo el proveedor hasta pegarle entre 13 y 14 tiros. Después le pegué otro tiro en la cabeza y emprendimos la huida en moto", contó alias ‘Rancho’ en versión libre.
El 11 de enero de 1998, también en Aguachica, asesinó de la misma forma a un hombre, señalado por alias ‘Pacho Paraco’ y ‘Mario Castro’. "Ellos llegaron en una camioneta y se llevaron a ‘Niño Escobar’ para mostrarle la víctima. Luego me recogieron a mí para que yo lo matara porque la víctima vio a ‘Niño’. Fui hasta la bodega donde estaba el señor sentado sobre un bulto y le pegué entre 8 y 9 disparos", contó el exparamilitar.
Cuando delinquió en Ocaña, también fue sicario. El 25 de noviembre asesinó a un señor, señalado por alias ‘Pacho Paraco’ de vender alucinógenos a la salida de los colegios. "Íbamos en un carro y parece que el señor era amigo de ‘Pacho Paraco’ porque lo saludó. Luego ‘Pacho’ me dice que lo mate. Entonces yo me acerqué, saqué la pistola y le pegué un tiro por la cabeza por la parte de atrás. El señor cayó al sueño y luego le pegué otros dos tiros en la cabeza", dijo el exparamilitar.
En otros casos en que no disparó directamente, fue cómplice de los asesinatos cometidos por alias ‘Jerson’. "El señor estaba en la entrada del barrio Idema y lo llevamos a una finca para matarlo. El día en que estuvo retenido, ‘Jerson’ lo torturó, lo hacía tomar agua para que dijera la verdad. El señor era señalado de ser un guerrillero que venía del sur de Bolívar, pero yo no supe si eso era verdad. ‘Jerson’ fue el que le disparó", dijo. Este crimen ocurrió el 20 de julio de 1997.
Durante las versiones libres, alias ‘Rancho’ le dijo a la Fiscalía que los asesinatos que cometió obedecieron a órdenes de sus jefes paramilitares. El exparamilitar aceptó los delitos de concierto para delinquir, tráfico, fabricación y porte de armas, uso de uniformes, homicidio en persona protegida, secuestro, tortura y desplazamiento.
Alias ‘Rancho’ ya confesó otros 170 crímenes que le serán imputados en una audiencia ante el Tribunal de Justicia y Paz en Bucaramanga.
21 de junio de 2011
17 de junio de 2011
©verdad abierta

narváez a juicio por asesinato


José Miguel Narváez, a juicio por homicidio de Jaime Garzón. Según la posición del fiscal a cargo del caso, Narváez habría instigado al exjefe paramilitar Carlos Castaño para que se ejecutara el asesinato el 13 de agosto de 1999.
Colombia. Un fiscal de Derechos Humanos y DIH de la Fiscalía profirió este lunes resolución de acusación en contra del ex subdirector del DAS José Miguel Narváez por encontrarlo presuntamente responsable del asesinato del periodista Jaime Garzón.
Según la posición del fiscal a cargo del caso, Narváez Martínez habría instigado al exjefe paramilitar Carlos Castaño para que se ejecutara el asesinato.
Narváez permanece recluido en Facatativá (Cundinamarca) desde finales de junio del 2010 por este caso, y también por el homicidio del senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas, padre del congresista Iván Cepeda.
Este proceso pasará ahora a la etapa de juzgamiento por jueces especializados de Bogotá.
Tras el asesinato de Garzón, su defensa logró demostrar que durante la etapa de investigación hubo múltiples irregularidades orquestadas desde el Departamento Administrativo de Seguridad.
20 de junio de 2011
©semana

batalla por la autopista medellín-bogotá


La batalla entre paras y guerrilla por la Autopista Medellín - Bogotá. Durante varios años, en un amplio tramo de la Autopista Medellín – Bogotá en el Oriente antioqueño, se registraron enfrentamientos entre paramilitares y guerrilleros. En esa guerra la población civil llevó la peor parte.
Colombia. La autopista Medellín – Bogotá, desde el Carmen de Viboral hasta Puerto Triunfo, fue una zona de guerra del Frente paramilitar José Luis Zuluaga de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (Acmm), responsable de decenas de crímenes contra la población civil en su confrontación con las guerrillas de las Farc y el Eln.
Homicidios, descuartizamientos, degollamientos, desapariciones forzadas y desplazamientos masivos hacen parte de los crímenes perpetrados por este frente de las Acmm, comandando por Luis Eduardo Zuluaga Arcila, alias ‘MacGuiver’, quien estuvo al frente de esta estructura paramilitar entre los años 2000 y 2006.
Durante la tercera semana de versión libre ante un fiscal de la Unidad Nacional de Justicia y Paz, tanto alias ‘MacGuiver’ como los patrulleros Carlos Arturo Giraldo Valencia, Rodrigo Alonso Quintero, Oscar Albeiro Tabares Valencia y John Jairo Bonilla Quinchía, confesaron alrededor de 100 hechos cometidos durante los años en los que el Frente José Luis Zuluaga luchó por el poder en la autopista Medellín – Bogotá.
Si bien no todos los asesinatos de los paramilitares tuvieron motivaciones políticas o militares, en el caso del dominio de la Autopista muchos fueron perpetrados con el ánimo de tener el control sobre esta importante vía, que conecta a Medellín con una vasta zona del Oriente antioqueño y el Magdalena Medio, en su ruta hacia Bogotá.
Para 2000, los corregimientos aledaños a esta carretera habían sido tomados en repetidas ocasiones por los frentes 9 y 47 de las Farc, y Carlos Alirio Buitrago y Bernardo López Arroyave del Eln. Su presencia obedecía a razones económicas y estratégicas: de un lado, el Oriente antioqueño generaba en sus hidroeléctricas la tercera parte de la energía que consumía el país y cualquier atentado al sistema de distribución afectaba buena parte del país; de otro, estaba cerca al Valle de Aburrá, lo que facilitaba no sólo su cadena de abastecimiento y logística, sino la obtención de recursos por la vía de la extorsión y el secuestro.
De acuerdo con estadísticas de la época, esta vía era considerada como la tercera en importancia en la red vial nacional y de acuerdo con el Instituto Nacional de Vías (Invías), por ella transitaban entre 12.000 y 18.000 vehículos; además, los transportadores de carga movilizan 9.000 toneladas de productos.
El Frente José Luis Zuluaga para ese entonces, había incluido en sus filas a exmilitantes de ambas guerrillas que servían como informantes de las actividades de los diferentes frentes y de sus "supuestos" colaboradores.
Si bien los postulados declararon no matar a nadie que no estuvieran seguros de que pertenecieran o ayudaran a la guerrilla, la mayoría de los familiares de las víctimas controvirtieron estas afirmaciones asegurando que los asesinados y desaparecidos no sólo eran campesinos honestos ajenos al conflicto, sino que muchas veces fue el deseo de implantar el terror en la Autopista lo que llevó a los paramilitares a afectar de esa manera a la población civil.
Es el caso, por ejemplo, de Rigoberto Ruiz Aristizábal, un campesino que vivía con su esposa en la vereda la Línea, del municipio de San Luis, y quien fue asesinado el 11 de diciembre de 2001.
De acuerdo con el exparamilitar Rodrigo Alonso Quintero, alias ‘Parcero’, mientras realizaban un patrullaje por la Autopista, uno de sus comandantes, quien había sido exguerrillero del Eln, señaló al campesino como "un colaborador de la guerrilla". Siguiendo sus órdenes, lo sacaron de la casa y se lo llevaron a un lugar llamado El Cruce, cerca al río Romerón. Allí, alias ‘Parcero’ le disparó dejando el cuerpo tirado sobre el puente.
Familiares de Ruiz Aristizábal presentes en la versión libre fueron enfáticos al aclarar que la víctima "no era ningún miliciano de la guerrilla, él sólo era un arriero que trabajaba para sostener a su esposa y a sus dos hijos. Su esposa estaba embarazada cuando se lo llevaron y lo único que le dejaron fue un volante en el que decía que tenía 24 horas para irse de la casa".
Esa misma noche, habitantes del corredor de la autopista entre los ríos Samaná y Calderas, que cruza por las veredas El Cruce, el Alto de San Luis, la Habana, Aragones, Tebaida, el Valle del Sol, el Silencio y Calderas, recibieron la orden de evacuar la zona bajo amenaza de muerte. Este fue el primer desplazamiento masivo ordenado por alias ‘MacGuiver’ con el fin de tener un vasto territorio abandonado para poder enfrentar a los grupos guerrilleros y realizar sus actividades criminales.
Según registros de aquellos años, los paramilitares obligaron a más de 8 mil campesinos a dejar sus parcelas y desplazarse a los cascos urbanos de Santuario, Cocorná, San Luis, El Carmen de Viboral y San Francisco y a permanecer en ellos por más de tres meses, generando una crisis humanitaria de grandes proporciones.
Pese a que los familiares de las víctimas insistieron en aclarar de distintas maneras que sus familiares no pertenecían a grupos insurgentes, los exparamilitares insistieron en sus relatos que las personas asesinadas hacían parte de las guerrillas de las Farc y el Eln.
Una de las contradicciones entre unos y otros quedó evidenciada en el caso de Rodrigo de Jesús Hoyos, quien fue señalado y asesinado por ser "miliciano" del Eln. Frente a esa acusación, un hermano de la víctima aseguró que Rodrigo de Jesús tenía problemas mentales, una demencia senil que le impedida realizar actividades tan cotidianas como salir de la casa solo o cocinar.
Ni siquiera John Jairo Bonilla Quinchía, alias ‘Guerrero’, supo contestar cuando le preguntaron por qué lo había matado, pues la orden que había recibido de parte de su comandante era asesinar a Javier Mazo Hoyos, primo de Rodrigo de Jesús. Lo que quedó claro en la versión libre es que este homicidio fue un "error" de los paramilitares.
Bajo el argumento de que todo el que fuera colaborador de la guerrilla era objeto militar, los exparamilitares confesaron que seguían órdenes de sus jefes, de quienes dicen desconocer su paradero, y otros están muertos.
En esta nueva jornada ante un fiscal de la Unidad de Justicia y Paz, representantes de víctimas refutaron la versión entregada por Oscar Albeiro Tabares Valencia, alias ‘Marcos’, referente a la desaparición de tres menores de edad y su tío Alirio Quintero Gómez.
Según el exparamilitar, tanto el tío como los jóvenes eran "informantes de la guerrilla". Pero el abogado Oscar Correa, de la Corporación Jurídica Libertad y quien representa a las víctimas, argumentó que para la fecha de la desaparición el mayor de los niños tenía 12 años, "por tanto, era difícil creer que pudieran pertenecer a un grupo armado".
Desde el 12 de octubre de 2002 no se supo nada más sobre este grupo familiar. El 16 de junio de 2011 los familiares tuvieron información sobre la fosa en la que, luego de ser torturados, asesinados y desmembrados, fueron enterrados. No obstante, aún no se han realizado las labores de exhumación por parte de la Fiscalía General de la Nación para hallar sus restos.
Durante seis años el Frente José Luis Zuluaga comandado por Luis Eduardo Zuluaga Arcila, alias ‘MacGuiver’, implantó el terror contra todo aquel que, según ellos, "tuviera la mínima cercanía con los grupos guerrilleros", que, en sus propias palabras, "pasaban por la autopista, quemaban buses, hacían pescas milagrosas, secuestraban y mataban".
Sin embargo, como lo narró una de las víctimas en Medellín presente en la sala donde se transmitió la versión conjunta de estos exparamilitares, era casi imposible que en medio de un conflicto donde operan muchos grupos armados al margen de la ley no se tuviera contacto con al menos uno de ellos.
Ejemplo de ello es el caso de Alfonso de Jesús Quiceno Aristizábal, un expendedor de carne del municipio de San Luis. Según alias ‘MacGuiver’, "todos los carniceros debían aportar un kilo de carne semanal para los paramilitares".
Como todas las personas que tenían un negocio, Quiceno Aristizábal se vio forzado a venderle carne tanto a los paramilitares como a los guerrilleros. Sin embargo, los paramilitares siempre le pedían más. Finalmente, el Frente José Luis Zuluaga acumuló una deuda de casi 600 mil pesos. Cuando Alfonso quiso cobrar el dinero, fue señalado como "cómplice de la guerrilla" y una semana después apareció muerto.
En un intento por justificar las muertes, alias ‘Macguiver’ aseveró que cerca de 100 exparamilitares que integraban su estructura armada habían pertenecido a las Farc y al Eln, y operado en el Oriente antioqueño, circunstancia que, según él, "les permitió identificar sus víctimas".
En este duro ejercicio de contrastación de las versiones y ante el deseo de perdón expresado por los exparamilitares versionados algunos familiares de las víctimas le dejaron esa tarea a Dios; otros han sido capaces de perdonar, pero no de olvidar.
Aún faltan por confesar 119 crímenes reportados por los mismos paramilitares en una lista que día a día se confronta con las versiones de los familiares. Esta diligencia colectiva continuará en la semana del 20 al 24 de junio en Bogotá, con transmisión a Medellín.
20 de junio de 2011
©verdad abierta

guerra contra libia no debió empezar


Si el presidente Obama no hubiese atacado a Libia, la guerra en ese país ya habría terminado. [En la foto, un inmigrante subsahariano poco antes de su ejecución por tropas rebeldes.]
[Alan J. Kuperman] Estados Unidos / Libia. Existen evidencias de que el presidente Barack Obama exageró groseramente el riesgo humanitario para justificar la acción militar en Libia. El presidente argumentó que la intervención era necesaria para prevenir un "baño de sangre" en Bengasi, la segunda ciudad más grande de Libia y el último bastión rebelde.
Pero Human Rights Watch dio a conocer datos sobre Misurata, la tercera ciudad más grande de Libia y escenario de prolongados enfrentamientos, revelando que Muamar Gadafi no ha masacrado a civiles deliberadamente sino que ha atacado con gran precisión a los rebeldes armados que luchan contra su gobierno.
La población de Misurata es de alrededor de 400 mil habitantes. En casi dos meses de guerra, han muerto allá sólo 257 personas -incluyendo combatientes. De los 949 heridos, sólo veintidós -menos del tres por ciento- son mujeres. Si Gadafi estuviera atacando a civiles de manera indiscriminada, las mujeres constituirían la mitad de las bajas.
Obama insistió en que las perspectivas eran sombrías si no se intervenía. "Si esperábamos un día más, Bengasi... podría haber sufrido una masacre que habría resonado en toda la región y manchado la conciencia del mundo." Por eso, concluyó el presidente, "prevenir el genocidio" justifica la acción militar estadounidense.
Pero la intervención no previno ningún genocidio, porque no se estaba preparando ningún baño de sangre. Al contrario, al respaldar la rebelión, la interferencia de Estados Unidos ha prolongado la guerra civil libia, con las resultantes penurias para civiles inocentes.
La mejor evidencia de que Gadafi no planeaba ningún genocidio en Bengasi es que no lo cometió en las otras ciudades que volvió a capturar total o parcialmente -incluyendo Zawiya, Misurata y Ajdabiya, las que juntas tienen una población mayor que Bengasi.
Las fuerzas libias mataron a cientos de rebeldes cuando recuperaron el control de las ciudades. El daño colateral es inevitable en la guerra contra la subversión. Y las estrictas leyes de guerra pueden haber sido excedidas.
Pero los actos de Gadafi no guardan ninguna relación con Ruanda, Darfur, el Congo, Bosnia y otros campos de la muerte. La fuerza aérea libia, antes de la declaración de una zona de exclusión autorizada por Naciones Unidas, atacó posiciones rebeldes, no aglomeraciones civiles. Pese a los omnipresentes celulares equipados con cámaras fotográficas y de video, no hay evidencias gráficas de masacres deliberadas. Abundan las imágenes de víctimas muertas o heridas en el fuego cruzado -y supone cada una de ellas una tragedia-, pero eso es guerra urbana, no genocidio.
Gadafi tampoco amenazó nunca con realizar una masacre de civiles en Bengasi, como argumentó Obama. La advertencia de que no mostraría piedad, del 17 de marzo, se dirigía solamente a los rebeldes, como informó el New York Times, que observó que el líder libio prometió amnistía para los "abandonaran las armas". Gadafi incluso ofreció a los rebeldes una ruta de escape y abrir la frontera con Egipto, para evitar "luchar hasta las últimas consecuencias".
Si el baño de sangre era improbable, ¿cómo pudo esta idea justificar la intervención estadounidense? La verdadera perspectiva en Bengasi era la derrota definitiva de los rebeldes. Para evitar este destino inventaron la idea de un inminente genocidio para concitar el apoyo internacional a favor de la intervención "humanitaria" que salvaría la rebelión.
El 15 de marzo, Reuters citó a un líder de la oposición libia en Ginebra que dijo que si Gadafi atacaba a Bengasi, habría "un verdadero baño de sangre, una masacre como la de Ruanda". Cuatro días después, aviones militares norteamericanos empezaron a bombardear Libia. Para cuando Obama anunció que la intervención había evitado una carnicería, el New York Times ya había informado que "los rebeldes no muestran ningún respeto por la verdad a la hora de dar forma a su propaganda" contra Gadafi y estaban "haciendo acusaciones terriblemente exageradas contra sus brutalidades."
Es difícil saber si la Casa Blanca fue engañada por los rebeldes o si conspiró con ellos para forzar un cambio de régimen sobre bases humanitarias falaces. En cualquier caso, la intervención excedió rápidamente el mandato de Naciones Unidas sobre la protección de la población civil bombardeando fuerzas libias que se estaban retirando o estacionadas en bastiones de Gadafi, como Sirte, que no representaban ninguna amenaza para los civiles.
El resultado neto es incierto. La intervención impidió que las fuerzas de Gadafi capturaran Bengasi, salvando algunas vidas. Pero intensificó su represión en el occidente de Libia para consolidar rápidamente su territorio. También envalentonó a los rebeldes a reanudar sus ataques, reconquistando brevemente algunas ciudades a lo largo de las costas orientales y centrales, como Ajdabiya, Brega y Ras Lanuf, hasta que agotaron sus líneas de abastecimiento y se retiraron.
Cada vez que esas ciudades cambian de mano, son bombardeadas por ambos lados -matando, hiriendo y desplazando a inocentes. El 31 de marzo la OTAN advirtió formalmente a los rebeldes que dejaran de atacar a civiles. Es penoso recordar que si no fuera por la intervención, la guerra habría, casi seguramente, terminado el mes pasado.
En su discurso explicando la acción militar en Libia, Obama expuso el noble principio de la responsabilidad de proteger -que algunos llamaron rápidamente la Doctrina Obama-, justificando la intervención, cuando posible, para impedir un genocidio. Libia revela cómo este enfoque, implementado reflexivamente, puede fracasar, al alentar a los rebeldes a provocar y exagerar atrocidades para incitar una intervención que en última instancia perpetuará la guerra civil y el sufrimiento de los civiles.
[El autor es profesor de asuntos públicos en la Universidad de Texas, autor de ‘The Limits of Humanitarian Intervention’ y co-editor de ‘Gambling on Humanitarian Intervention.’]
20 de junio de 2011
14 de abril de 2011
©boston globe
cc traducción mQh

rechazaron unificación de causas


Repudio al tribunal que rechazó unificar causas de la dictadura. Nadie quiso hacer uso de la economía procesal.
Argentina. Organismos de Derechos Humanos de San Nicolás y Rosario repudiaron ayer la decisión del Tribunal Oral Federal Nº2, de rechazar un pedido de unificación de causas por delitos de lesa humanidad, dado que ayudaría a "la economía procesal" de los juicios y evitaría la reiteración de declaraciones de los mismos testigos en diferentes expedientes.
La Mesa de la Memoria por la Justicia de San Nicolás, junto a la agrupación HIJOS Rosario, repudió "el rechazo del recurso de casación por parte del Tribunal Oral Federal 2 de Rosario, que presentarán la fiscalía y los abogados de la querella en el caso de los estudiantes secundarios del Colegio Don Bosco de San Nicolás", señala un comunicado. El ex detenido desaparecido de la localidad bonaerense, José María Budassi, anunció a Télam que los abogados de la querella irán "en queja a Casación" para lograr la unificación de las causas, que según afirmó tienen "los mismos testigos, víctimas e imputados".
El TOF2 de Rosario iniciará el próximo 29 de agosto el juicio oral por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura tramitados en tres causas originadas en el Juzgado Federal de San Nicolás. Se trata de la causa por la denominada Masacre de Juan B. Justo, cuyo único sobreviviente es el nieto recuperado Manuel Goncalvez, y los expedientes caratulados Mastroberardino y Martínez, precisó Budassi.
Los querellantes en la causa conocida como Don Bosco que reúne casos de violaciones a los Derechos Humanos hacia ex alumnos de ese colegio católico de San Nicolás , son seguidores del desaparecido obispo Carlos Ponce de León y plantearon que también forme parte del juicio oral que comienza en agosto, en virtud de que coinciden víctimas, testigos e imputados. El principal acusado, explicó Budassi, es el jefe de la represión en esa subzona durante la dictadura, el entonces teniente coronel Manuel Fernando Saint Amant.
"Cabe destacar el hecho de que las causas estén divididas determina que al menos cinco testigos vayan a tener que declarar innecesariamente dos veces, en virtud del vinculo que existe entre los hechos investigados en uno y otros casos", señala el comunicado de los organismos de derechos humanos.
A la vez, advirtieron que "con el desdoblamiento de la investigación agregaron uno de los expedientes recaería en el Tribunal Oral Federal 1 que integra la cuestionada jueza Laura Inés Cosidoy".
Cosidoy fue defensora oficial de la justicia federal durante la última dictadura, y admitió públicamente su relación de amistad con el entonces comandante del Segundo Cuerpo del Ejército con asiento en Rosario, el general Leopoldo Fortunato Galtieri.
En ese sentido, las organizaciones de derechos humanos ratificaron que este lunes 20 de junio en el Monumento a la Bandera "comenzará una campaña para juntar firmas contra la magistrada que confesó sus vínculos con los represores de la dictadura".
20 de junio de 2011
19 de junio de 2011
©rosario 12

dos soldados amigos del che


Entrevista con Harry Villegas y Víctor Dreke que pelearon con Guevara en Bolivia y en el Congo. Ambos estuvieron en Rosario esta semana en el marco del Coloquio Che 83, organizado por la Universidad Nacional de Rosario y el Centro de Estudios Che Guevara. Hablar con ellos es recorrer los últimos 50 años de historia.
[Coco López] "Cuando supe que el Che había muerto lloré". El General Harry Villegas, Héroe Nacional de Cuba, más conocido como Pombo, veterano de tres guerrillas, no tiene pudor en confesar su llanto cuando supo que había muerto su jefe y amigo. Horas antes, en el programa Bien Temprano de Canal 5, me sorprendió su rápida respuesta cuando le pregunté cómo había salido de Bolivia: "Peleando. Nosotros éramos seis, tres cubanos y tres bolivianos. Enfrente teníamos a cuatro mil soldados". Pombo estuvo en Rosario para participar en el Coloquio Che 83, organizado por la Universidad Nacional de Rosario y el Centro de Estudios Che Guevara. Lo acompañó en su viaje desde Cuba, el Comandante Víctor Dreke, segundo jefe del contingente cubano en la guerrilla del Congo. Cuando asesinaron al Che, Dreke estaba en Guinea Bissau junto a Amílcar Cabral, luchando por la independencia del país, entonces ocupado por el gobierno de Lisboa. Quedaron consternados por la muerte de Guevara y en su homenaje prometieron intensificar las batallas por la liberación de la colonia portuguesa. Prometieron y cumplieron.
Dialogar con ellos es pasar revista a los últimos cincuenta años de la política latinoamericana y mundial. Pombo es seguramente la fuente más importante para indagar cuestiones militares que atañen al Che. Lo acompañó en tres guerrillas: Sierra Maestra, Congo y Bolivia. A los 14 años subió a la montaña para luchar contra Batista. Cuando llegó triunfante a La Habana integrando la columna del Che, era el jefe de su escolta.
Víctor Dreke, vio al Che por primera vez en la sierra de Escambray, cuando le revisó una herida de bala en el hombro y le pronosticó un pronto restablecimiento. En Africa, años después, lucharían juntos.
"Definitivamente no estoy de acuerdo con la valoración que hace el Che". Dreke no dudó, cuando le pregunté si la lucha en el Congo fue un fracaso, como dice el Che en su diario. Me adelantó que está trabajando sobre la misión internacionalista de los cubanos en Africa. "Quiero dejarte bien en claro que el Che no fue al Congo a esconderse. El que se esconde no pelea y una de nuestras discusiones constantes, era que él, como jefe, no debía exponerse tanto en los combates".
Pombo es un buen conversador, que se destaca por el carácter analítico y la profundidad de sus conceptos. Siempre recuerda que su Jefe decía que el guerrillero no es solamente un tira tiros. Cree que es una tontería decir que el Che buscaba la muerte y está convencido que pudo salvarse, si hubiese privilegiado su situación personal, sin tener en cuenta en primer lugar a los compañeros heridos, a los enfermos y a los combatientes de otros países latinoamericanos.
Cuando le pregunto si en Bolivia era posible un rescate del Che con tropas enviadas desde Cuba, me mira extrañado y subraya que ese planteo es posible, sólo si se ignora la situación real en que combatía la guerrilla boliviana.
Pombo y Dreke coinciden que el Che ejercía su liderazgo con el ejemplo. Nunca pedía a un subalterno, nada de lo que él no estaba dispuesto hacer. No terminan allí las coincidencias. Ambos valoran altamente la consigna de crear dos, tres Vietnam, para enfrentar al imperialismo, que el Che lanzó en 1967.
Pombo, cree que la guerrilla boliviana fue el Moncada de Latinoamérica y está convencido que el objetivo final del Che, era luchar en la Argentina. "Pero hay algo más. Cuando hablas de lucha de liberación continental, hablas de la Revolución Cubana, del Che y de Fidel".
Pombo llegó por primera vez a Rosario en 1996 para presentar su libro ‘Pombo, un hombre en la guerrilla del Che’. En esa oportunidad, lo apabullaron con preguntas sobre las simpatías futbolísticas del Che. Estaba más cómodo respondiendo sobre la guerrilla. En presencia de Perico Pérez, un conocido fana canalla, Pombo me confesó que el Che nunca le había hablado de fútbol.
Hubo después varios viajes. En 2008, se impactó con el recibimiento popular a la estatua del Che, un acontecimiento que compartimos a la orilla del Paraná. Allí, por primera vez, sintió que los rosarinos habían hecho suyo al Che.
Fueron tres días de conversaciones. Nos dimos tiempo para hablar del argentino Ciro Bustos y de Regis Debray. Pombo cree que Bustos escribió ‘El Che quiere verte’ para justificarse y que Debray, no fue todo lo justo con el Che, como el Che lo había sido con él, cuando reconoció que el francés había hablado demasiado pero subrayaba "hay que ver en que condiciones habló".
Para Dreke, fue su primera visita a Rosario. El día de su partida conoció la casa natal del Che. De una jovialidad envidiable, dueños de una historia digna de escuchar, Pombo y Dreke, fueron distinguidos con un diploma en el Concejo Municipal. Se fueron de Rosario a Alta Gracia, otra de las ciudades en la ruta del Che. Allí los esperan con más preguntas sobre este rosarino ilustre, que el 14 de junio, hubiese cumplido 83 años. Ese rosarino llamado Che, que como dice Eduardo Galeano, tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo.
20 de junio de 2011
19 de junio de 2011
©rosario 12

secretos de la dictadura brasileña


Los archivos de la dictadura brasileña ocultan la extensión de su participación en el Plan Cóndor. Los documentos reservados aportan claros indicios de que Brasil fue una parte nada secundaria de la red de secuestros y asesinatos tejida por los generales sudamericanos. Sarney y Collor hicieron crujir a la alianza gobernante.
[Darío Pignotti] Brasilia, Brasil. Ataquen a Dilma. Desde el inicio de su carrera hacia la presidencia, un año y medio atrás, Dilma Rousseff fue objeto de al menos tres embestidas para disuadirla de echar luz sobre los crímenes de la dictadura, la última de ellas la semana pasada.
Declaraciones de un senador y una militante de derechos humanos así como documentos secretos a los que tuvo acceso Página/12 indican que detrás de toda la alharaca desplegada para impedir la apertura de los archivos de la dictadura hay un objetivo inconfesable: ocultar la participación brasileña en el Plan Cóndor, más prolongada y comprometedora de lo que se sospecha.
En 2010, militares en retiro bramaron ante el "riesgo" que representaba para la Nación la llegada de una ex guerrillera al Palacio del Planalto; este año un general en actividad, y con rango de ministro, formuló comentarios antipáticos a cualquier averiguación sobre el pasado, presión a la que se sumaron la semana pasada dos ex presidentes civiles, ambos con simpatías cuarteleras.
José Sarney y Fernando Collor de Mello hicieron crujir la por momentos frágil alianza gobernante, en la que ellos ocupan el ala conservadora, al proponer que se sancione el secreto interno de los documentos del régimen y de otros gobiernos del pasado, exactamente en los antípodas del compromiso de trabajar por la verdad asumido por Dilma en su discurso de toma de posesión el primero de enero pasado.
Saber quién mató y torturó a disidentes de la dictadura es inconveniente pues "abrirá heridas" del pasado, dejando al país expuesto a escándalos equiparables a los causados por Wikileaks a los organismos de defensa y diplomáticos de Estados Unidos, sermoneó con voz tambaleante el octogenario Sarney.
Ventilar las historias desconocidas del régimen sería una amenaza a los altos intereses del Estado, comunicó en estilo solemne Collor de Mello, recordado por su efímero paso por el Palacio del Planalto, en el cual permaneció menos de 3 años debiendo renunciar en 1992, minutos antes de que el Congreso le abriera un juicio político por corrupción.
Dilma acusó el impacto de la estocada de Sarney y Collor, refrendada por su vicepresidente Michel Temer, tan derechista como aquéllos, e hizo saber que, en aras de la gobernabilidad iba a declinar abrir los archivos militares.
Pero luego de un par de días de vacilaciones, y sendos tirones de orejas de su compañero Luiz Inácio Lula da Silva y del Partido de los Trabajadores, la presidenta se rehizo y el viernes prometió que "en materia de derechos humanos no existe ningún documento ultra secreto" cegado a la requisa pública.
No hay una sino varias razones que explican tamaña presión para mantener lejos del ojo público los entretelones del poder de facto.
Los periódicos Estado y Folha, basados en fuentes diplomáticas y de Defensa, publicaron ayer que en los papeles hasta hoy ocultos se detallan proyectos nucleares cuya divulgación podrían resentir la relación con Argentina, así como datos sobre los sobornos pagados a la dictadura paraguaya para construir Itaipú.
Este diario consultó sobre el sacudón político de la semana pasada al senador Cristovam Buarque y Janaina Teles, de la Comisión de Familiares de Muertos y Desaparecidos Políticos. "No estoy en condiciones de afirmar todas las razones de Sarney y Collor para presionar tan fuerte como lo hicieron, pero uno sabe que ellos son sensibles ante un lobby histórico de las fuerzas armadas e Itamaraty (Cancillería) contra varios temas y el Plan Cóndor es algo que incomoda a mucha gente", responde Buarque.
"Hay mil motivos para tanta coacción contra la presidenta Dilma, pero es obvio que también quieren esconder la gravísima participación de Brasil en el Cóndor, los militares están por detrás de las presiones de Sarney, él siempre fue servil con las fuerzas armadas; ya en 1975 pronunció un discurso amenazante, diciendo que nadie tenía derecho a investigarlas", reseñó Janaina Teles.
Cientos de documentos rotulados como "secretos", "confidenciales" y "reservados", que fueron analizados por este diario refuerzan las afirmaciones del senador Buarque y la historiadora Teles. Tres de esos papeles, fechados el 3 de abril de 1978, el 5 de abril de 1973 y el 17 de junio 1971, aportan claros indicios de que Brasil fue una parte nada secundaria de la red de secuestros y asesinatos tejida por los generales sudamericanos.
El primero de esos papeles reporta el seguimiento de un grupo de miembros de la organización Montoneros que se reuniría en el interior brasileño para retornar a Argentina durante el Mundial de 1978. Se desprende de otros informes que los servicios secretos brasileños montaron un dispositivo especial para impedir el regreso guerrillero.
El segundo papel, rotulado como "secreto", demuestra el posible seguimiento realizado por los agentes brasileños, acaso abastecidos por informaciones de los servicios argentinos, de altos dirigentes políticos brasileños en Argentina y Europa, y las negociaciones que éstos mantuvieron con el general Juan Perón antes de su radicación definitiva en Buenos Aires.
El tercero, también clasificado como "secreto", fue reportado el 17 de junio de 1971 y es el más revelador de los tres documentos: describe minuciosamente el secuestro en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, en un operativo con agentes de ambos países, del guerrillero brasileño Edmur Pericles Camargo, procedente de Chile. El informe fue elaborado por el agregado militar en Buenos Aires y lleva impreso el sello de la "Embajada de Brasil".
"El Cóndor brasileño trabajaba desde mucho antes de 1975, cuando se oficializó el Cóndor regional en Chile (sumando a los servicios de Argentina, Uruguay y Paraguay), estaba organizado y contó con un esquema muy profesional de diplomáticos/espías pertenecientes a la Cancillería, donde se creó especialmente para estos fines el CIEX (Centro de Informaciones en el Exterior)", explica Janaina Teles.
"Muchos militantes que habían sido detectados por los diplomáticos del CIEX estando prófugos en Argentina, Chile o Uruguay, luego fueron secuestrados y asesinados por la dictadura."
Ese modus operandi, que articularon diplomáticos y servicios de inteligencia, posiblemente fue aplicado en uno de los casos más enigmáticos que hasta hoy no fue esclarecido en la trama terrorista trazada entre Brasil y Argentina.
El cordobés Antonio Pregoni, el francés Jean Henri Raya Ribard y el brasileño Caipy Alves de Castro dejaron Buenos Aires a mediados de noviembre de 1973 y el 24 de ese mes los tres desaparecieron en el barrio carioca de Copacabana, según el informe elaborado por Teles, investigadora de la Universidad de San Pablo.
"Estas desapariciones de Río de Janeiro son como la punta de un ovillo represivo que será muy difícil reconstruir si no tenemos acceso a los archivos que siguen ocultos. Brasil está a contramano de la historia, es el país más atrasado en la lucha por la verdad y la justicia", pondera Teles.
Para ella y las organizaciones de derechos humanos "Dilma simboliza una esperanza", tal vez la última de que Brasil acabe con la amnesia.
20 de junio de 2011
19 de junio de 2011
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