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murió raymond d'addario


Fotografió a los líderes nazis en juicios de Nuremberg. No le permitieron fotografiar las ejecuciones. Protestó en la época, pero dijo posteriormente que se sentía afortunado de no haber vivido la experiencia.
[Dennis Hevesi] Murió el sábado en Holyoke, Massachusetts, su ciudad natal, el fotógrafo del ejército cuyas imágenes de los principales matones de Hitler durante los juicios por crímenes de guerra de Nuremberg dieron a conocer sus rostros al mundo cuando se tomaba conciencia poco a poco de las atrocidades nazis. Tenía 90 años.
La causa de su muerte fue un derrame, informó su hija Linda Salmon.
D’Addario era uno más de cerca de una docena de fotógrafos y camarógrafos designados en noviembre de 1945 por el Army Pictorial Service para documentar el Tribunal Militar Internacional en Nuremberg, Alemania. Fue el miembro más prolífico del equipo y quizás el más consecuente.
Entre miles de fotografías suyas, las mejor conocidas son tomas de los veintiún acusados en el banquillo, rodeados por agentes de la policía militar con sus cascos blancos, de pie y erguidos, con los brazos doblados en la espalda.
"Quizás una de las imágenes definitorias de toda la obra de D’Addario es una de los acusados en el banquillo de la Sala 600 del Palacio de Justicia", dijo el miércoles John Q. Barrett, profesor de derecho en la St. John’s University y experto en los juicios de Nuremberg. "Esa foto es conocida en todo el mundo, y si uno fuera a hacer una silueta y preguntara a la gente al azar qué es, millones de personas dirían correctamente: "Nuremberg".
De los veintiún juzgados durante el tribunal de nueve meses -conducido por Estados Unidos, Gran Bretaña, Unión Soviética y Francia-, dieciocho fueron condenados y tres, absueltos. Entre los condenados se encontraban Hermann Göring, segundo al mando después de Hitler; Rudolf Hess, delegado de Hitler en el Partido Nazi; Joachim von Ribbentrop, el ministro alemán de Relaciones Exteriores; y Albert Speer, ministro de Guerra. De los dieciocho condenados, once fueron sentenciados a muerte y diez murieron en la horca el 16 de octubre de 1946. Horas antes de la ejecución, Göring se suicidó ingiriendo cianuro.
Aparte las tomas de grupo en el banquillo, la carpeta de D’Addario incluía primeros planos de los acusados, a veces susurrando entre ellos y a veces en el pabellón; el prosecutor jefe estadounidense, Robert H. Jackson (con permiso de la Corte Suprema de Estados Unidos), interrogando y pronunciando los últimos alegatos; y el antiguamente regordete Göring, ahora considerablemente más delgado.
Las fotos, y las de sus colegas, fueron distribuidas gratuitamente entre diarios y revistas de todo el mundo durante el juicio y han sido publicadas en muchos libros de historia.
D’Addario fue licenciado del ejército después del primer juicio. Pero Telford Taylor, el prosecutor de doce juicios adicionales por crímenes de guerra, realizados solamente por Estados Unidos, lo contrató como fotógrafo jefe para esos procesos. Durante los siguientes tres años, D’Addario fotografió los juicios en los que se condenó a más de doscientos oficiales y colaboracionistas nazis.
"La importancia de su trabajo es que el nazismo y sus crímenes no eran solamente documentos o transcripciones de las declaraciones", dijo el profesor Barrett. "Sus fotografías captan a esos perpetradores de un modo que con palabras no se lograría".

Nacido en Holyoke el 18 de agosto de 1920, Ray D’Addario era uno de los dos hijos de Vincent y Antoinette D’Addario. Su padre era dueño de una tienda de abarrotes. Ray egresó de la Escuela Secundaria de Holyoke en 1938 y convirtió su interés como hobby en trabajo freelance. Se enroló en el ejército poco después de Pearl Harbor y fue asignado al Pictorial Service en Londres.
Mientras cubría los juicios, conoció y se casó con Margarete Borufka, una refugiada checoslovaca que trabajaba como intérprete en el Palacio de Justicia. Terminados los juicios, se asentaron en Holyoke y abrieron la D’Addario’s Camera Shop en Maple Street.
Además de su esposa y su hija Linda, a D’Addario le sobreviven su otra hija Eva Franklin; su hermano Vincent; cuatro nietos; y dos biznietos.
Cuando los diez líderes nazis fueron colgados, D’Addario lamentó que a él y sus colegas no se les permitiera fotografiar las ejecuciones.
"Tenían a un oficial que había venido de Frankfurt; todo lo que hizo fue tomar fotos de los cuerpos después de la ejecución", dijo D’Addario en una entrevista para el documental ‘The Nuremberg Trials’ en la serie ‘American Experience’, de PBS, en 2006.
"Hoy", continuó, "estoy muy, muy feliz de no haber presenciado la ejecución".
4 de marzo de 2011
16 de febrero de 2011
©new york times

declararon hermanos de oyarzábal


Declararon dos hermanos de una víctima de la masacre de los Surgentes. Francisco y María Inés Oyarzábal contaron el secuestro de José Antonio, el 12 de octubre de 1976, la incansable búsqueda, la tardía confirmación del asesinato, y la desidia de un juez con los restos, que fue como "su segunda desaparición".
[onia Tessa] Argentina. "Para los abogados, lo que se juzga acá son delitos. Para los familiares, son dolores. Yo me pregunto cuántos dolores tienen que pasar por este escritorio para que los asesinos estén presos", expresó Francisco el Vasco Oyarzábal al final del testimonio en la causa Díaz Bessone, sobre la desaparición de su hermano José Antonio, una de las siete víctimas de la masacre de la localidad cordobesa Los Surgentes. Puso así sobre la mesa la indignación que provoca que los seis acusados por delitos de lesa humanidad estén en libertad. Su hermana María Inés, también dio testimonio ayer. A José Antonio le decían el Ciruja desde la escuela secundaria, y así lo llamaban en el club Duendes donde jugaba al rugby. Tenía 22 años, estudiaba Derecho y era militante de la Juventud Universitaria Peronista. Había dejado de vivir con sus padres, se había mudado a una pensión, en España 961, pero todos los días iba a almorzar con su familia, y a dejar la ropa sucia para que su madre la lavara. La última vez que Francisco lo vio fue el martes 12 de octubre de 1976, al mediodía. El jueves siguiente un compañero de la JUP lo alertó sobre la ausencia. Empezó una búsqueda en la que "se cerraron muchas puertas".
Recién en 1982, por intermedio de la madre de Daniel Barjacoba y la tía de Eduardo Lauss, otras víctimas de la misma matanza, supo que su hermano estaba muerto. En marzo de 1984, María Inés y Francisco presenciaron la exhumación de cuerpos NN del cementerio de San Vicente, en la ciudad de Córdoba, con la esperanza de recuperar sus restos. Vieron cómo se sacaban -sin ningún cuidado- unos 50 cráneos, muchos con orificios de bala en la nuca. Incluso, vieron un cráneo con una venda sobre los ojos. Esperaban que allí estuviera José Antonio, le proporcionaron al entonces juez Gustavo Becerra Ferrer toda la documentación posible para identificarlo. Pero entonces no existía el análisis de ADN. El magistrado devolvió los restos al cementerio. En 2003, el Equipo Argentino de Antropología Forense quiso recuperar los cuerpos para identificarlos, con las nuevas tecnologías que incluían el análisis de ADN. "Necesitábamos que apareciera aunque sea un hueso", dijo ayer María Inés. Entonces, se enteraron de que aquellos restos habían sido incinerados en febrero de 1985. "Para mí fue la segunda desaparición de mi hermano", afirmó Francisco ante los jueces. Su sueño era traer los restos para enterrarlos en el cementerio El Salvador, junto a sus padres.
Francisco contó que los primeros -escasos- datos sobre el destino de su hermano los obtuvo gracias a las averiguaciones de Sara de Mackey, la madre de Etelvina, su novia de entonces. La mujer formaba parte del poder judicial provincial y fue de inmediato a la jefatura de policía a pedir una reunión con Feced. La atendió el comisario Corrales. Era el 18 de octubre de 1976, José Antonio había sido asesinado la madrugada anterior, junto con Cristina Costanzo, María Cristina Márquez, Analía Murgiondo, Sergio Jalil, Lauss y Barjacoba. Corrales, sin embargo, dijo que Oyarzábal había sido detenido en la vía pública y lo habían herido, que estaba en Jefatura, y que iba a pasar a disposición del Ejército. La mujer se entrevistó también con el subcomandante del segundo cuerpo de Ejército, Andrés Ferrero, que la intimó a no averiguar más sobre esa situación.
Para saber dónde estaba José Antonio, los Oyarzábal intentaron en el Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, en el Arzobispado de Rosario, en los tribunales, con pedidos de hábeas corpus. "Todas las puertas se cerraron con hostilidad", rememoró ayer Francisco. Los datos más certeros llegaron por una denuncia hecha a través de una carta, desde la cárcel de Devoto, por los detenidos políticos Carlos Pérez Rizzo y Gustavo Piccolo. Ahí supo que debía probar "del otro lado", como dijo ayer. "Empezamos a recorrer la parte más dura de la historia, pero generando nuevos afectos. Acá había humanidad, entendimiento, solidaridad. Eran las otras víctimas, las que habían puesto la carne en la sala de tortura. Nosotros teníamos el cuerpo intacto pero también mucho dolor. Sigo sin entender las ausencias", dijo ayer Francisco durante su testimonio, que afrontó con una persistente carraspera. "Desde que me enteré de que debía testimoniar hoy me pica la garganta, perdón", les dijo a los jueces, en otra muestra del valor simbólico que tiene el momento para cada uno de los que se sientan allí.
Francisco militó en organismos de derechos humanos desde el final de la dictadura militar, hizo presentaciones en los años 90 por la inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y punto final, hasta debió tolerar que una oficial de justicia fuera por esos años a su casa a embargarle bienes, porque un recurso había sido rechazado, y generaba costas. "Me produjo gran violencia, porque mi hermano no estaba y a mí me querían sacar una biblioteca", relató ayer.
Durante años esperó que su hermano estuviera vivo. Cuando tuvo certeza de su muerte, esperó recuperar su cuerpo. Cuando supo que era imposible, esperó la justicia. "Siempre esperamos que algunas de estas bestias dijeran lo que habían hecho. ¿Cuántas madres murieron sin saber dónde estaban sus hijos? ¿Cuántas abuelas mueren sin saber donde están sus nietos? Y los que tienen las respuestas, callan", manifestó Francisco. Antes de morir, su madre expresó ante el sacerdote confesor que quería reunirse con José Antonio. María Inés le hizo honor en su testimonio. "En nombre de mi madre, que recorrió estos bulevares en soledad buscando a mi hermano, en nombre de ella pido justicia", dijo.
4 de marzo de 2011
3 de marzo de 2011
©rosario 12

qué hará la corte con el caso suppo


El dictamen es la posición del fiscal respecto de cómo entiende dónde debe tramitarse la causa, pero no la resolución final: ahora es la Corte la que deberá dirimirlo.
Argentina. La abogada Lucila Puyol aclaró ayer que la postura del Procurador General subrogante de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Luis González Warcalde, que aconsejó que la causa por el asesinato de Silvia Suppo, sea investigada por el fuero provincial, "no es más que un consejo que la Corte no tiene obligación de seguir". "Esto ya pasó en el caso que resulta de similar aplicación: el de la desaparición de Jorge Julio López, cuando el propio Procurador de la Corte Esteban Righi consideró que debía ser investigado por la justicia bonaerense, y la Corte decidió finalmente que sea el fuero federal. Este es el ejemplo más claro", remarcó la letrada que junto a Guillermo Muné patrocinan a la familia de la víctima.
Ayer este diario dio a conocer el dictamen de la Procuraduría General de la Nación que aconsejó a la Corte Suprema de Justicia que declare la "competencia" del juez de Rafaela, Alejandro Mognaschi, para investigar el asesinato de Suppo y desestime la posibilidad de que el expediente pase al juez federal de Santa Fe, Reinaldo Rodríguez, como reclamaron los hijos de la víctima y los abogados querellantes.
La abogada entendió que "el dictamen es la posición del fiscal respecto de cómo entiende dónde debe tramitarse la causa, pero no la resolución final: ahora es la Corte la que deberá dirimirlo".
Puyol destacó que "con el caso de Jorge Julio López, que es justamente el caso de jurisprudencia que presentamos como apoyo de nuestra tesis, el Procurador Righi también planteó que la causa debía seguir en la provincia pero la Corte se apartó de ese criterio marcando su parecer y por seis votos contra una disidencia se decidió que investigara en la justicia federal. Por eso creemos que este criterio será mantenido por la Corte".
En este sentido y respondiendo a las críticas acerca del poco valor que algunos sectores le han dado al testigo de identidad reservada, la letrada aclaró que "el testimonio no se pudo profundizar porque no hay aún respuesta acerca del fuero que debe investigar. Está claro que el juez provincial no pudo hacerlo porque la declaración está hecha ante el un juez federal, porque son datos que liga el crimen al terrorismo de estado. No es cierto que no tiene valor, si el juez Mognaschi pretendiera verlo, no tendría hoy competencia".
En la misma línea Puyol recordó que "Silvia Suppo además de testigo de la causa Brusa, era además ante la justicia federal denunciante por los delitos sufridos en mayo de 1977, cuando fue víctima de secuestro, torturas, tormentos y violación. En esta causa había reconocido a muchas persona, a las que acusó y señaló a otras que aún no han sido acusadas. En resumen el testigo reservado dijo que Silvia fue asesinada por lo que dijo en Brusa y por lo que iba a decir", concluyó Puyol.
Puyol dijo que "se intenta mostrar como una postura adoptada por la Corte cuando es solo la de un fiscal a quien se le corre vista para opinar, cuando son los jueces o la Suprema Corte en este caso la que decide. Y ya lo ha hecho en el caso de López".
Cabe recordar que si la Corte resuelve con el mismo criterio de Warcalde, Mognaschi quedaría habilitado elevar a juicio a los dos limpiavidrios detenidos y procesados por el homicidio: Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres.
El conflicto judicial comenzó a plantearse en agosto del año pasado, cuando este testigo de identidad reservada alentó la hipótesis del crimen por encargo, pero Rodríguez despachó el testimonio a Mognaschi, quien ratificó su competencia. Sin embargo, la querella apeló ante la Cámara de Penal de Rafaela, que en fallo dividido consideró que la causa debía pasar al fuero federal. Rodríguez volvió a rechazar el planteo, devolvió el expediente a Mognaschi y éste lo derivó al superior común para que resuelva el conflicto: la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
3 de marzo de 2011
©rosario 12

murió betty garrett


Versátil actriz cómica.
[Kate Linthicum] Murió Betty Garrett, actriz de comedias que formaba parte fija del reparto de musicales de MGM, como ‘Un día en Nueva York’ [On The Town] y ‘Llévame a ver el partido’ [Take Me Out to the Ballgame]; invitada frecuente en las series de televisión ‘Todo en familia’ [All in the Family] y ‘Laverne & Shirley’; y estrella en Broadway y en proyectos teatrales en Los Angeles. Tenía 91 años.
Garrett falleció el sábado en la mañana en el Centro Médico Ronald Reagan de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), debido a un aneurisma aórtico, informó su hijo Garrett Parks.
El miércoles pasado, Garret cenó con amigos y después dictó su clase semanal sobre comedias musicales en el Theatre West, el teatro sin fines de lucro que ayudó a fundar en North Hollywood hace medio siglo.
"Era una mujer de un optimismo ilimitado", dijo el sábado al Times Miles Kreuger, presidente del Instituto del Musical Americano [Institute of the American Musical]. "En el cine y en televisión mostraba un maravilloso sentido de alegría".
En una entrevista con el Times en 2009, Garret dijo sobre su larga carrera. "La gente me dice: ‘¿Cómo que has durado tanto?’", contó. "Les digo que creo que se debe a que he hecho toda mi vida lo que me gusta hacer".

Nacida el St. Joseph, Montana, el 23 de mayo de 1919, Garrett mostró talento para la actuación desde muy niña.
En 1936 una amiga de la familia la introdujo a la famosa bailarina Martha Graham. Graham recomendó a Garrett para una beca en la Neighborhood Playhouse en Nueva York.
"Terminé la secundaria a los dieciséis y me vine directamente a Nueva York", recordó Garrett más tarde.
Al cabo de unos años, empezó a conseguir roles en Broadway. Tuvo su primer gran éxito en ‘Call Me Mister’, un sketch para una revista de comedia en el que cantaba la popular canción ‘South America, Take It Away’.
Pronto Hollywood se interesó en ella. Un contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer la llevó hacia el oeste en 1947 y pasó los siguientes años haciendo musicales, incluyendo los de 1949, ‘La hija de Neptuno’ [Neptune’s Daughter], con Red Skelton, y ‘Un día en Nueva York’, con Gene Kelly y Frank Sinatra.
"Yo estaba viviendo los últimos años de esos que llaman los años dorados’, contó al Times en 1979. "Conocí a Gable y a Tracy y, por supuesto, a Gene Kelly y a Sinatra. Crecer teniendo a Frank como ídolo y luego, repentinamente, convertirte en su actriz principal, es ver convertida en realidad una extraordinaria fantasía".
En 1944, Garret se casó con el actor Larry Parks, que tuvo éxito en el cine con ‘The Jolson Story’, pero cuya carrera terminó cuando fue puesto en lista negra en Hollywood. La pareja recorrió Gran Bretaña con un acto de vaudeville. Parks murió en 1975.
Garret fue mejor conocida por sus papeles en televisión en dos populares series de los años setenta, como la casera Edna Babish en ‘Laverne & Shirley’ y como Irene Lorenzo, vecina de Archie Bunker en ‘Todo en familia’.
En los últimos años montó un espectáculo unipersonal, ‘Betty Garrett and Other Songs’. Aparecía frecuentemente en el escenario del Theatre West. Entre sus últimas actuaciones se encuentra ‘Nunsense’, el estreno en Los Angeles, de ‘Waiting in the Wings’, de Noel Coward, y la revista ‘Betty Garrett, Closet Songwriter’.
Además de su hijo el compositor Garret Parks, la sobreviven su otro hijo (Andrew), actor, y una nieta (Madison).
El sábado noche Madison actuó en una ópera en la escuela secundaria.
"Está siguiendo los pasos de su abuela, dijo Garrett Parks sobre su hija.
3 de marzo de 2011
13 de febrero de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

memoria del terror soviético


Diálogo con Arseni Roguinski, historiador de la Universidad de Tartu, Estonia. El terror stalinista tiene pocos parangones en la historia, del cual el Jinete escapó por milagro. El historiador víctima de este reportaje se interna en el problema de qué hacer con la memoria de los crímenes, y tanto en Rusia como en Argentina. No es para leer de noche.
[Leonardo Moledo] Usted es un historiador dedicado a investigar el terror en la URSS. Dirige en Moscú Memorial un centro histórico y es defensor de los derechos humanos. ¿Por qué no aprovecha estas líneas para presentarse y contar qué vino a hacer al país?
Vine a la Argentina invitado por el Centro de Estudios de los Mundos Eslavos y Chino (Cemech), de la Universidad Nacional de San Martín, para participar de la conferencia internacional "El terror de Estado en la URSS y la experiencia de América del Sur", este viernes a las 18.30 en la Biblioteca Nacional. Soy historiador, en el año 1975 comencé a editar de manera clandestina la primera revista independiente de historia, Pámiat (Memoria), que comenzó a hablar entre otras cosas sobre la represión de revolucionarios no bolcheviques y de los partidos socialistas a partir de 1917. Años después fui prohibido en la Universidad, trabajé un tiempo como maestro de escuela, pero la KGB ordenó que me echaran en 1979. En 1981, el gobierno me "invitó" a emigrar a Occidente y me negué. Fui arrestado y condenado a cuatro años de campo en Siberia.

¿Cómo era esa revista clandestina? ¿Qué papel jugó?
La revista estaba consagrada a la historia del terror político en la URSS desde su comienzo hasta los años ’60. Era un tema prohibido, oficialmente no se podía investigar ni evocar libremente. Publicábamos documentos e investigaciones paralelas sobre la persecución política. El objetivo era conservar una auténtica memoria nacional y no las falsedades impulsadas desde el Estado.

¿Cuál es el significado en Rusia del término "terrorismo de Estado"?
El terrorismo de Estado es el terror practicado por el Estado soviético contra sus opositores políticos...

Auténticos..., potenciales o inventados...
Claro. Lo llevaron a cabo los órganos estatales por orden del poder supremo del Estado y bajo su control. El número de víctimas directas de ese terror entre el final de la guerra civil, o sea a partir de 1922-23, y el fin del gobierno comunista varía de 11 a 12 millones de personas, de las cuales más de un millón fue fusilado, mientras que varios millones –todavía desconocemos la cifra exacta– murieron en los campos de concentración o gulags. El terror fue uno de los métodos más importantes para administrar el país.

¿Cómo vincula el conocimiento histórico con los derechos humanos?
Trabajamos para restablecer la verdad histórica, y esto es imposible sin una memoria consciente. Tenemos conciencia de ser al mismo tiempo historiadores y responsables sociales. El tipo de cuestiones que planteamos es más amplio que el mero trabajo de los historiadores académicos. Nos preocupa acumular datos históricos, sistematizarlos y conceptualizarlos –para esto trabajamos en los archivos estatales, reunimos archivos personales, preparamos publicaciones y realizamos conferencias–, pero también nos parece clave la educación de la población, por eso organizamos exposiciones, debates abiertos a todo público, constantes intervenciones en los medios, colaboración con los museos provinciales, las escuelas. Queremos ajustar cuentas con el pasado, instalando memoriales en los sitios del terror, y también mejorando la situación económica y social de las víctimas.

Un concepto abarcador de memoria...
Sí, debemos no sólo conocer los hechos criminales, sino también comprender qué tipo de crímenes fueron, por qué sucedieron, quién y qué instituciones o estructuras son responsables. Aquí el trabajo sobre el pasado no es suficiente. Estamos permanentemente trabajando con el presente, enfrentando los problemas actuales relacionados con las violaciones de los derechos humanos.

Por comodidad hablemos de "sociedad", aunque si respetáramos la historicidad del concepto, no existía en la URSS y en los principios del post sovietismo. ¿Qué relación hay entre la sociedad y el terror y entre la sociedad y la violencia desde la época de Jruschov y su denuncia de los crímenes de Stalin?
Desde la época de Jruschov existe un consenso de rechazo categórico de la violencia como modo de resolver los problemas sociales y políticos. Este consenso se funda en la terrible experiencia del siglo XX, siglo de guerras y terror. Todo indica que este consenso se expresó en que la disolución de la URSS tuvo un carácter relativamente pacífico. O sea, el rechazo de la violencia es ya un rasgo saliente en la opinión de la población. Hoy, las capas educadas de la población en su conjunto coinciden en una crítica intransigente del terror. Esto se ve en todas las encuestas.

Usted sabe que una parte de la sociedad en la Argentina, y seguramente en Rusia también, todavía se pregunta si es necesaria una "memoria del terrorismo de Estado".
Así es. Mucha gente piensa que se puede avanzar sin aclarar los problemas de ayer. Personalmente estoy convencido de que es una posición equivocada. Son demasiadas las huellas todavía visibles del terror y de sus consecuencias.

¿Por ejemplo cuáles?
El miedo frente al Estado, la idea de que el Estado es el valor superior y el individuo un grano de arena con el que el Estado puede en cualquier momento hacer todo lo que quiere, la desconfianza en el derecho, en las leyes, en las instituciones democráticas, la falta de solidaridad y otros muchos fenómenos, todo esto es la consecuencia del terror que durante setenta años se fue haciendo parte de la naturaleza de cada uno. Sólo se pueden superar esas huellas si conservamos la memoria del terror, si se guarda en la memoria que el Estado soviético fue la fuente de crimen.

Usted sabe que para millones de personas de todo el mundo la Revolución de Octubre significa la tentativa de comenzar la auténtica liberación del hombre, mientras que Stalin simboliza la victoria sobre el nazismo.
Claro, no es posible pintar la historia en blanco y negro. Ese gran historiador y disidente que fue Mijail Gefter, cuando le hacían ciertas preguntas, comenzaba la respuesta con "todo es muchísimo más complejo". Esto se aplica aquí. Puede que Octubre de 1917 haya "liberado al hombre" como dice usted, pero también está hoy fuera de duda que Octubre tiene como consecuencia absolutamente lógica el terror que se fue acentuando año tras año. El Estado totalitario también es una consecuencia de Octubre. En cuanto al "Stalin victorioso", se lo puede mirar de otra manera, desde el precio que hubo que pagar por una victoria real. Es decir que con sus purgas Stalin destruyó el ejército soviético en vísperas de la guerra con Alemania, luego millones murieron o cayeron prisioneros de los alemanes como consecuencia de las decisiones criminales que él tomó durante la guerra; otros varios millones fueron deportados por orden suya, pueblos enteros como los tártaros de Crimea, etcétera.

El año pasado, usted publicó un comunicado invitando al gobierno ruso a seguir el ejemplo argentino en materia de memoria del terrorismo de Estado. ¿Cuál fue el fundamento de esa iniciativa?
Con respecto al régimen comunista soviético no hubo nada parecido al tribunal de Nuremberg. No se juzgó a ningún criminal. Resultado: no se han juzgado los crímenes del pasado. Sin este juicio, no puede enraizarse en la conciencia colectiva una actitud adecuada frente a los crímenes. Sin él no se puede enseñar la historia en las escuelas ni organizar exposiciones y museos. Una condena política por parte de los dirigentes del país no basta, carece de autoridad suficiente y siempre puede modificarse. La importancia capital de la condena jurídica es distanciar la Rusia actual de los crímenes del régimen soviético, esto desde el punto de vista de la política de la memoria. Las condenas dictadas en la Argentina acapararon nuestra atención porque en ellas vimos la demostración de que los crímenes de lesa humanidad no quedan impunes, que el criminal, aunque sea años más tarde, es condenado. Y envidiamos sanamente a la Argentina, que demostró tener el valor y la voluntad necesarios para dictar las condenas.
2 de marzo de 2011
©leonardo moledo
©página 12

vecinos queman casa de acusado


Tras el crimen de un adolescente, vecinos queman la casa de un acusado. En Rafael Castillo, La Matanza, un joven fue baleado cuando intentaron robar su celular. Los airados vecinos, sin haber visto el hecho, corrieron a la casa de un sospechado, casi lo lincharon y quemaron su casa. La Bonaerense intervino a escopetazos.
[Hracio Cecchi] Argentina. Las calles de tierra del barrio San Antonio, en la frontera del lejano Oeste, al borde de Rafael Castillo, todavía tienen el polvo de la mañana flotando en el aire. La batalla campal contra la Infantería de la Bonaerense terminó hace un par de horas, pero las marcas de las municiones de goma (esta vez no hubo confusión en las cargas) siguen en los cuerpos airados de algunos vecinos. Horas antes, la Bonaerense, enseñada para apretar el gatillo, no estuvo presente para evitar que a Daniel Sández, de 19 años, lo mataran cuando intentaban robarle el celular dos jóvenes, adolescentes como él, vecinos del lejano Oeste como él, pobres en la pobreza, víctima y victimarios. A Dani, como le dicen, le decían, sus vecinos, lo mataron a la vuelta de su casa, también calle de tierra, cuando se dirigía al trabajo, ayer, diez o veinte minutos antes de las cuatro de la mañana. La Bonaerense, ausente, sí estuvo para reprimir cuando se desató el infierno. Después del crimen, la indignación de los vecinos había corrido de boca en boca, lejos de la justicia, clamando venganza. Todos o muchos corrieron a la casa de uno de los supuestos victimarios. La multitud lo atrapó como a un perro, lo amasijó a golpes y de inmediato de presunto victimario lo transformaron en segura víctima, una piltrafa. Mientras, otros incendiaban la casa, con la misma justificación con que después la Bonaerense los barrió a tiros: evitar los robos y la violencia.
La familia de Dani se aglomera en la puerta del 2964 de Fray Correa, entre Luro y Echeverría. No quieren cámaras, no quieren preguntas, están saturados de la prensa. Llegan los hermanos. Dani murió baleado de dos tiros por la espalda a la vuelta de su casa, en Luro y Bazurco. Nadie vio nada, aunque Comebicho es alguien, era amigo de Dani, dicen que vio todo y que lo tuvo en sus brazos cuando moría y que declaró todo lo que vio.
Los vecinos empezaron a salir después de escuchar los tiros y los gritos. Los dos pibes que lo asaltaron son conocidos o, corrijo, los dos pibes a los que acusan de haberlo baleado, son conocidos por los vecinos. ¿Actuó la convicción de testigo o el acuñar la responsabilidad por anticipado? De todos modos, aunque estuvieran en lo cierto, la multitud clamó en la mal llamada justicia por mano propia. Sed de venganza. Alguien dijo saber dónde vivía Diego, uno de los tres caídos en la mira. "Esta vez el Mono no fue", reconoció alguien compadecido. Luro y De Kay, apenas dos cuadras hacia el oeste, otro barrio, otro nombre, el Torero, la misma pobreza. La casa elegida fue arrasada. Al fondo, un auto destrozado todavía echa humo. Ni la ventana ni la pared del frente existen. Son un enorme boquete. El cercado vivía con sus padres y tres hermanos, dos nenas y un varón.
Lo arrancaron y lo destrozaron a golpes hasta que llegó la Bonaerense y logró rescatarlo. Lo llevaron al hospital en calidad de detenido acusado de homicidio. Después, para devolver el orden que jamás había preocupado, la Infantería atacó a la multitud a escopetazos. Pasaron varias horas y los vecinos, pacificados, todavía muestran perdigones en sus espaldas, piernas y rostros. Recién entonces, ni siquiera cuando mataron a Dani, los barrios San Antonio y el Torero, de Rafael Castillo, La Matanza, fueron visibles para el mundo. En términos de saciar la sed, el linchado está detenido, el Virolo está prófugo, el Mono no participó. A la vuelta de lo de Dani, el Portugués, temido y denunciado entre murmuraciones como reclutador de menores, sigue al día con la taquería.
2 de marzo de 2011
©horacio cecchi
©página 12

se está muriendo benjamín menéndez


Internaron a Menéndez.
Argentina. El represor de la última dictadura militar Luciano Benjamín Menéndez, de 83 años, sufrió este mañana una "hipertensión arterial severa" durante el juicio que se le sigue por el fusilamiento de cinco militantes montoneros en 1976 y fue internado en el sanatorio privado Rivadavia de la capital tucumana. La descompensación del ex jefe del III Cuerpo de Ejército, que ya acumula seis condenas a prisión perpetua, obligó al Tribunal Oral Federal de Tucumán a suspender la audiencia del juicio, en principio, hasta mañana a las 9.30.
El represor fue revisado por un médico del cuerpo forense antes de decidir la suspensión de la audiencia. Menéndez ya tuvo recaídas en su salud durante este juicio y anteriores, por lo que recomendó su internación al detectar una crisis de hipertensión.
En el juicio conocido como ‘Romero Niklison’ también se sienta en el banquillo el ex jefe policial Roberto ‘El Tuerto’ Albornoz, quien fue jefe del Servicio de Información Confidencial (SIC) de la policía tucumana, donde funcionó un centro clandestino de detención.
El proceso investiga el fusilamiento de un grupo de jóvenes militantes de Montoneros el 20 de mayo de 1976, en una casa del barrio Echeverría de Tucumán, cuando la dueña de casa, María Alejandra ‘la Sueca’ Niklison, mantenía una reunión con otros cuatro integrantes de la organización. Allí estaban Fernando ‘Pepo’ Saavedra Lamas, Juan Carlos Meneses, Atilio Brandsen y Eduardo González Paz.
Según a causa, fuerzas conjuntas del Ejército y de la policía provincial ingresaron en la casa y comenzaron a disparar contra los ocupantes; incluso, uno de ellos -Saavedra Lamas- logró escapar hacia una iglesia cercana, pero fue asesinado.
Los cuerpos sin vida de las víctimas fueron llevados a la Jefatura de la Policía de Tucumán, y de allí cuatro de ellos fueron inhumados en fosas comunes en un cementerio local.
2 de marzo de 2011
©página 12

testimonio de victorio paulón


Victorio Paulón y Mabel Gabarra testimoniaron por la desaparición de Pedro Paulón. El histórico dirigente gremial estaba preso y se enteró muchos meses después del secuestro de su hermano. En tanto, Gabarra llevó la única foto de Pedro, su cuñado, que rescataron para incorporar a la causa: "Tuvo existencia, vivió".
[Sonia Tessa] Argentina. Pedro Paulón tenía 38 años. Esperaba que liberaran pronto a su hermano, Victorio, que había sido encarcelado el 1º de mayo de 1975, durante la represión a la huelga de 60 días que realizaron los obreros metalúrgicos de Villa Constitución. El 19 de julio de 1976, en la casa de Pedro, en Sánchez de Bustamante 845, vivía también Ruth González -militante del Ejército Revolucionario del Pueblo- con sus dos hijas pequeñas, Mariana y Josefina. Esa madrugada, personal de civil irrumpió en la vivienda y se llevó a los cuatro. Logró escaparse Inés, prima de Pedro, que también vivía ahí. "Pedro fue mi cuñado, hermano de mi marido. Tiene existencia, la tuvo, vivió. Lo secuestraron y lo mataron", dijo ayer Mabel Gabarra en la audiencia por la causa Díaz Bessone. "No teníamos ni siquiera una foto de él, porque en esa época no nos sacábamos fotos. Pudimos encontrar una, del casamiento de un compañero. Y nos permitió decir que por fin está apareciendo, como uno de los 30 mil. Hay una gran deuda de la justicia en este país. Recién ahora, 30 años después, podemos estar frente a un tribunal diciendo que existieron", agregó la testigo, histórica militante feminista de Rosario desde que volvió del exilio. Pidió que esa única foto de Pedro Paulón se incorporara a la causa.
Victorio Paulón, dirigente de la CTA y durante años secretario general de la UOM de Villa Constitución, también dio testimonio frente al Tribunal, contó lo poco que pudo reconstruir del destino de su hermano y dio una lección de historia gremial de la región. "Los que están sentados acá atrás son los mercenarios al servicio de un proyecto político. El empresariado tenía de ilusión de fábricas sin comisiones internas ni delegados, sin reclamos salariales", dijo ayer Paulón.
La última vez que vio a su hermano fue en agosto de 1975. Pedro fue a visitarlo al penal de Coronda. Pensaba que Victorio saldría pronto. "Estuve seis años y medio detenido sin verle la cara un juez", dijo ayer el testigo. Su hermano le contó, en aquella última visita, de sus contactos con el ERP. En octubre de ese año, a Victorio y otros 30 detenidos los trasladaron al penal de Devoto, donde recibieron feroces palizas. El Ejército se había hecho cargo de los presos políticos. Las condiciones de detención se endurecieron, les prohibieron las visitas. Por eso, hasta diciembre de 1976 no supo que su hermano estaba desaparecido.
En agosto de 1980 a Victorio le dieron la libertad condicional, y fue al exilio a reencontrarse con su esposa, Mabel. Recién en 1984, al volver al país, pudo tener algunos datos de su hermano. Dos sobrevivientes, Eduardo Azum y Roberto Hyon, lo vieron en un centro clandestino de detención. Hyon cree que fue en la Calamita, en Granadero Baigorria, pero Azum calculó que no era así, por la distancia que recorrieron los secuestradores hasta el lugar. "Lo torturaron salvajemente", dijo Victorio. A Pedro le preguntaban por Hyon. "El me dijo que si estaba vivo era porque mi hermano nunca se hizo cargo de conocerlo", relató Victorio.
Mientras su marido estaba preso y su cuñado había desaparecido, Mabel estaba aterrorizada. La noche del secuestro de su cuñado, Mabel había dejado a su hija Alejandra en esa casa a pedido de Inés Paulón. A las 6 de la mañana la despertó un tío, y le contó lo ocurrido. "En ese momento me desesperé por encontrar a Alejandra y por avisarle a la familia. De Pedro no se sabía nada. Todas las personas entonces estaban tratando de salvar su vida. Era un clima de terror, cada vez que sonaba una sirena teníamos miedo de que nos vinieran a buscar", recordó Mabel, que el 4 de agosto de 1976 se fue a Uruguay, y empezó el exilio que continuó en Francia, donde participó en las denuncias internacionales sobre el terrorismo de estado. "A mí el exilio me costó tres años de estar lejos de mis hijos, eso es irrecuperable", dijo Gabarra. A la vuelta del exilio, Gabarra inició el trámite por la desaparición forzada de Pedro. A pedido del fiscal Gonzalo Stara, Victorio Paulón trazó ayer un panorama de la represión en el cordón industrial del Gran Rosario. Contó que en 1975 trabajaba en Vilber, en Villa Constitución. Trazó las diferencias entre el sindicalismo combativo, aglutinado en la CGT de los Argentinos durante la dictadura de Onganía y el colaboracionista. Relató el contexto y la historia del Villazo, la movilización popular para obtener las elecciones libres en el sindicato, que finalmente se produjeron en noviembre de 1974. Ganó la oposición a la conducción nacional de Lorenzo Miguel, y comenzó la hostilidad. El 20 de marzo de 1975, las fuerzas de seguridad irrumpieron en la ciudad y se llevaron 120 obreros detenidos. Entonces, los obreros eligieron 2 representantes por fábrica, para formar un comité de lucha. Victorio fue elegido por Vilber. Comenzaron una huelga para pedir el cese de la intervención, y 40 días después del inicio de la medida de fuerza, fue encarcelado. El dirigente sindical contó también que a partir de marzo de 1975, en un sector de Acindar llamado Albergue de Solteros, porque allí vivían los jefes que no tenían familia, se instaló un destacamento de la Policía Federal. Después del golpe militar de 1976, funcionó un centro clandestino de detención. "En Acindar se ve claramente la vinculación entre la etapa previa del golpe y la estrategia de anquilamiento de la organización sindical que se produjo en todo el cordón", afirmó el testigo. Cuando salieron a la vereda de Oroño al 900, Mabel y Victorio recibieron el cálido aplauso y los abrazos del público. Allí estaba Josefina González, la beba de 5 meses secuestrada con su madre, Ruth y Pedro Paulón.
2 de marzo de 2011
©rosario 12