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dónde está lópez 37


A más de cuatro años de su desaparición, un testigo declaró saber dónde está Julio López.
Argentina. El ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, confirmó la existencia de una persona con identidad reservada que dice conocer el paradero de Jorge Julio López, quien desapareció en 2006 mientras se realizaba el juicio contra el represor Miguel Etchecolatz. El abogado que representa al nuevo testigo indicó que en su declaración dio cuenta del lugar dónde enterraron a López, en el Parque Pereyra Iraola, y mencionó un primer secuestro ocurrido una semana antes del 18 de septiembre. La Justicia le dio intervención al Equipo Argentino de Antropología Forense y ordenó la preservación del lugar.
Tras reunirse con Casal, Rubén López, hijo de Julio, indicó: "Siempre tenemos la esperanza de saber qué pasó aunque no sea la mejor noticia". El hijo del testigo desaparecido dijo que esperan que "esto sea el principio y el final" y sostuvo que el ministro bonaerense no había leído la declaración del testigo de identidad reservada.
Rubén junto a su esposa y el abogado de la familia, Gastón Coty, habían llegado hasta el ministerio bonaerense con la esperanza de conocer los detalles de las revelaciones dadas por este nuevo testigo.
"El ministro me dijo que él fue sólo el nexo luego de que apareció esta persona para decir que tenía datos sobre el caso. Se le tomó declaración y ese testimonio fue sellado, lacrado y enviado a la justicia. Pero ahora me voy a la fiscalía para saber qué es lo que este hombre dijo", afirmó López.
La declaración fue presentada ante el personal del Area de Personas Desaparecidas del Ministerio de Justicia y Seguridad y entregada de inmediato al fiscal federal Hernán Schapiro. El fiscal inspeccionado esta noche el lugar identificado por el testigo, en la estación ferroviaria Pereyra Iraola.
Más temprano, Casal explicó: "Ayer, una persona se entrevistó conmigo y me informó que tenía datos para ubicar el paradero de Jorge Julio López".
El funcionario añadió: "El área de personas desaparecidas puso en práctica el protocolo que marca la reglamentación y ahora hemos puesto a disposición de la justicia federal toda la documentación y los datos con reserva que aporto el declarante".
Finalmente, Casal señaló que en transcurrir del día, "seguramente tendremos más información" sobre el caso López, quien se encuentra desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006.
Esta mañana, Alejandro Sánchez Kalbermatten, abogado que presentó la denuncia y la difundió en los medios, dijo que "una persona que representa asegura conocer información que podría dar con el paradero" del hombre. Al respecto, el letrado recordó que "hay decretos del ministerio de Justicia y Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, que tiene que ver con la recompensa".
López desapareció el 18 de septiembre de 2006, el día que se realizaron los alegatos en el juicio contra el represor y ex policía Etchecolatz.
En una primera instancia de las investigaciones la causa se encuadraron como "averiguación de paradero" en la justicia provincial, y un año y medio más tarde los expedientes pasaron a la justicia federal que lo tipificó como "desaparición de persona".
5 de febrero de 2011
1 de febrero de 2011
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luciano arruga, dos años sin justicia


La investigación por la desaparición del adolescente sigue sin avanzar un paso. Había sido detenido y golpeado en dos ocasiones por la misma comisaría 8ª de La Matanza. La fiscal que lleva el caso nunca avanzó sobre los pedidos de la familia. Las pruebas apuntan contra ocho bonaerenses que fueron restituidos a sus funciones.
[Nahuel Lag] Argentina. Dos años después de la desaparición de Luciano Arruga, de 16 años, ocurrida el 31 de enero de 2009, no hay imputados, pese a que hace más de un año que la propia fiscal de la investigación sostenía que "la hipótesis más firme es la de la responsabilidad policial". La causa no sumó ninguna prueba en ese sentido. Sin embargo, "en el expediente figura una cantidad de irregularidades por parte de la policía que se relacionan con la desaparición de Luciano", aseguró Juan Manuel Combi, abogado de la familia Arruga. Entre las pocas medidas que se ordenaron en 2010 hubo una en la que se pidió a Mónica Alegre, mamá de Luciano, "recorrer las morgues judiciales para identificar cuerpos de jóvenes de entre 18 a 20 años", indicó Combi. "Se investiga el más alto delito contra los derechos humanos, mientras el gobierno bonaerense trata de invisibilizarlo", denunció Paula Litvachky, representante del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que se incorporó a la causa en noviembre. El organismo y la APDH participaron la semana pasada de la primera serie de peritajes solicitados en conjunto.
La hipótesis que recae sobre los ocho policías que estaban en funciones en la madrugada del 31 de enero en el destacamento policial de Lomas del Mirador –dependiente de la comisaría 8ª y donde los registros indican que Luciano estuvo ilegalmente detenido en 2008– fue reacreditada por la fiscal 1 de La Matanza, Celia Cejas. La familia pidió que se cite a indagatoria, por la prueba surgida de los peritajes y los cruces de testimonios, a los policías responsables por supresión de documento público, incumplimiento del deber de funcionario público y apremios ilegales.
En cambio, en marzo de 2010, Cejas le solicitó al titular del juzgado de Garantías 5, Gustavo Banco, que revise si la causa no debería pasar al fuero federal. Entonces, el juez consideró que no había prueba suficiente. Mantuvo la carátula de averiguación de paradero y se declaró incompetente.
Dos meses después, el Comité de los Derechos del Niño, perteneciente a la ONU, entregó su informe a la Argentina y exhortó al Estado a "concluir la investigación" por "desaparición forzada". "Es una investigación compleja, con fuertes sospechas sobre la Bonaerense y en la que se muestran problemas de compromiso por parte de la Justicia y el gobierno provincial. El cambio de carátula puede ser simbólico pero indica que la causa no está considerada con la importancia que debería tener la desaparición de una persona", sentenció Litvachky, directora del Programa de Justicia democrática del CELS.
Desde el rechazo del juez, se sucedieron pocas medidas entre las que estuvo el pedido de que la madre de Luciano busque a su hijo en las morgues, algo a lo que la querella familiar se negó. Y la citación de Mónica a declarar varias veces. Medidas más, medidas menos, Pablo Pimentel, titular de la Asociación por los Derechos Humanos de La Matanza, reflexionó: "Los primeros doce meses de la fiscal Cejas hubo movimiento, líneas de investigación, pero a partir de abril de 2010 notamos un cambio de actitud".
Desde que Luciano fue visto por última vez a una cuadra de donde vivía en el barrio 12 de Octubre, la investigación comenzó torcida. La fiscal Roxana Castelli, la primera del caso, entregó los primeros 45 días de investigación a la Policía Bonaerense, violando la resolución 1390 de la Procuración General provincial, por lo que fue sumariada.
En manos de Cejas, un rastrillaje con perros halló el rastro de Luciano en un auto abandonado en el patio trasero del destacamento –apostado en una casa, donde cualquier detención es irregular– y en un patrullero. A eso se le sumó la prueba de que dos móviles policiales del destacamento, que debían patrullar por separado, aquella madrugada estuvieron detenidos en el Monte Dorrego, un predio municipal arbolado donde otro rastrillaje indicó que allí había estado el cuerpo de Arruga. Esa prueba, que se sumó en abril de 2009, aún es la más fuerte de la causa. Los testimonios de dos testigos que reconocieron a Luciano como un adolescente detenido y torturado en la comisaría 8ª aquella madrugada, no fueron confiables para la fiscal.
La última medida tomada ese año fue el peritaje sobre los libros policiales. Las grandes irregularidades encontradas en esos documentos son el basamento de las denuncias de supresión de documento público e incumplimiento del deber de funcionario público realizadas por la familia. "En estos dos años, el gobierno bonaerense no mostró voluntad política y los mensajes en relación con el funcionamiento de la Bonaerense fueron siempre los de darle más autonomía y no más control", resaltó Litvachky. En agosto de 2009, el gobernador Daniel Scioli iba a recibir a la familia Arruga, pero la reunión la mantuvieron con el entonces ministro de Justicia, Ricardo Casal, y de Seguridad, Carlos Stornelli.
Entonces, uno de los ministros se enfureció por el reclamo de responsabilidad de la familia. Dos meses después, los ocho policías del destacamento de Lomas del Mirador que habían sido puestos a disponibilidad por Stornelli fueron reincorporados a sus actividades y reasignados en otros distritos, donde aún continúan al servicio de la comunidad.
5 de febrero de 2011
31 de enero de 2011
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el artículo 19 (mascotas e integridad psíquica)


columna de mérici
Pese a su pertinencia e importancia en causas relacionadas con el maltrato animal, no es frecuente que se recurra a las garantías que ofrece la Constitución, entre ellas la protección de la integridad psíquica. En muchos casos, o quizás en todos, el maltrato animal, además de a la víctima directa, afecta también a su familia humana, conocidos y vecinos y a una parte considerable de la opinión pública. Especialmente en estos últimos meses, después de la muerte de dos mujeres atacadas por los perros de un vecino en Peñaflor (Chile), los matones se han echado a la calle, protegidos por la oscuridad y la indiferencia de las autoridades, a matar perros, encontrados en la calle o en los patios de sus casas, a cuchilladas, con veneno o incluso a balazos, con la idea de vengar la muerte de esas mujeres y castigar e infundir terror en sus dueños y en los ciudadanos que defiendan la causa de los derechos animales, a los que acusan de entorpecer sus campañas de asesinatos. Que ninguna de estas masacres haya sido resuelta por la policía indica claramente que las autoridades políticas no tienen el menor interés en detener esta inhumana y estúpida carnicería.

El derecho a la integridad psíquica, que garantiza el artículo 19 de la Constitución Política de Chile, debiese ser invocado con más frecuencia en las causas animalistas, porque los casos de maltrato animal pueden provocar daños psíquicos y morales permanentes en las víctimas humanas y no humanas de esas violencias.1

El año pasado se conoció el caso de la señora Sara Angélica Gálvez Bravo, que escribió una carta a TV Abierta protestando, el 28 de marzo, por una entrega del programa Sin Vergüenza (de Chilevisión) en el que se muestra un video con una escena de maltrato animal en la que una cría de pato es colocada encima de la membrana de un parlante de automóvil "al que le suben el volumen de una música muy ruidosa para producir sufrimientos a la pequeña criatura indefensa, la cual no paraba de dar saltos y golpes obligados, producto de la magnitud del ruido al que estaba siendo sometida", saliendo finalmente expelida violentamente y provocando las risas y burlas de los presentadores. La señora Gálvez pedía en su escrito que se sancionara a los funcionarios del canal que hubiesen incurrido en el delito de maltrato animal y reprochaba que el canal no mostrara mayor responsabilidad social en sus programas, lo que se traducía en situaciones en que no se respetaba la vida y se celebraba la crueldad. En tercer lugar, afirmaba que se había vulnerado el derecho constitucional a la integridad psíquica de los niños y adultos que vieron el programa.
El 30 de agosto de 2010 el Consejo Nacional de la Televisión condenó la emisión del programa, por "mostrar imágenes y locuciones inapropiadas para la formación espiritual e intelectual de los niños y jóvenes". La sanción consistió en una multa de 150 UTM por infringir el artículo 1º de la Ley Nº 18.838.
El CNT consideró que el programa se apartó de las normativas que regulan el correcto funcionamiento del canal de televisión en lo que se refiere al respeto permanente que se debe "a los valores morales y culturales propios de la Nación" y "a la formación espiritual e intelectual de la niñez y la juventud dentro de dicho marco valórico". El CNT también considera que los contenidos del programa constituyen delito de maltrato animal, y que vulneran la Constitución Política de Chile, pero no el inciso primero del artículo 19 (que garantiza la integridad psíquica), al que se refiere la demandante, sino al inciso 12, letra f, que gira sobre el correcto funcionamiento del CNT.

Ni el Consejo en esta ocasión, ni la ley misma, definen los valores morales y culturales propios del país. Es evidente, sin embargo, que entre estos valores han de considerarse las leyes que atañen a la identidad moral de los chilenos, tal como se expresa esta en ellas2, en cuanto valores socialmente compartidos, como el que prohíbe el maltrato animal.

El artículo 19, inciso primero, que es mencionado por la demandante, asegura a todos "el derecho a la vida y a la integridad física y psíquica" y "el derecho a la protección de la salud" en el inciso noveno. El artículo 20 determina que "el que por causa de actos u omisiones arbitrarios o ilegales sufra privación, perturbación o amenaza en el legítimo ejercicio de los derechos y garantías establecidas en el artículo 19 […] podrá ocurrir por sí o por cualquiera a su nombre, a la Corte de Apelaciones respectiva, la que adoptará de inmediato las providencias que juzgue necesarias para restablecer el imperio del derecho y asegurar la debida protección al afectado".

La señora Gálvez Bravo considera un atentado a la integridad psíquica de niños y adultos la exhibición de escenas que constituyen claramente casos de maltrato animal. Más allá del menoscabo físico y psíquico del animal utilizado, está el daño o deterioro psíquico (sentimientos de angustia, ansiedad, impotencia) que se causa a los observadores de actos de crueldad. Pese a que el CNT no lo considera en su resolución, un concepto similar se encuentra en su recurso a la defensa de los valores morales de los chilenos.

¿Qué es la integridad psíquica? Según José Miguel Guzmán (del Centro de Salud Mental y Derechos Humanos)  "el derecho a la integridad personal es aquel derecho humano fundamental que tiene su origen en el respeto a la vida y sano desarrollo de ésta. El ser humano por el hecho de ser tal tiene derecho a mantener y conservar su integridad física, psíquica y moral. La integridad física implica la preservación y cuidado de todas las partes del cuerpo, lo que conlleva al estado de salud de las personas. La integridad psíquica es la conservación de todas las habilidades motrices, emocionales, psicológicas e intelectuales. La integridad moral hace referencia al derecho de cada ser humano a desarrollar su vida de acuerdo a sus convicciones. [...] El reconocimiento de este derecho implica que nadie puede ser lesionado o agredido físicamente, ni ser víctima de daños mentales o morales que le impidan conservar su estabilidad psicológica".

El tema de la integridad personal o psíquica es frecuente en causas por delitos de lesa humanidad o de guerra, sobre todo en casos extremos de torturas y apremios ilegítimos, fundamentalmente por motivos políticos. Se trata de delitos como los tratos crueles, inhumanos y degradantes, "todo acto realizado por agentes del Estado u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia, destinado a producir en una persona, más que el dolor físico, sentimientos de miedo, angustia, inferioridad, humillación, envilecimiento o quiebre de su resistencia física o moral".
La Constitución chilena, sin embargo, no llega a mencionar la tortura, ni se infiere del texto relativo a la integridad física y psíquica que se trate de un delito cometido únicamente por agentes del Estado. En el Código Penal, el artículo 255 define como apremios ilegítimos los vejámenes que cometiera algún empleado público en acto de servicio. El artículo 150 penaliza la aplicación de  tormentos o rigores innecesarios a los condenados.

Pero, ciertamente, el daño a la integridad psíquica no puede limitarse a los provocados voluntaria y únicamente por agentes del Estado en actos de servicio. Hay muchas zonas en nuestra sociedad, muchas de ellas muy turbias, en las que muchos se ven expuestos a macabras formas de violencia, dirigidas o inconscientes, cuyo impacto dependerá tanto de la sensibilidad como del grado de su aceptación en cada cultura. El nivel de violencia y maltratos, hasta torturas, de la formación militar ya no se corresponde con la sensibilidad actual. Tampoco lo es el maltrato y acoso deliberado de los animales durante fiestas populares, como el rodeo. El tipo de torturas que ilustra qué se entiende por integridad psíquica, son, por ejemplo, los simulacros de fusilamiento, las amenazas de muerte y métodos como la privación del alimento, del sueño, el aislamiento prolongado, el ruido persistente, la limitación o embotamiento forzado de los sentidos y otras formas de violencia personal.
También, obviamente, se comete un acto que atenta contra la integridad psíquica o personal cuando, por ejemplo, se adiestra a un perro para violar y ultrajar a las detenidas o detenidos, y cuando se tortura a bebés y mascotas frente a los detenidos o secuestrados para extraer confesiones ilegales, como ha ocurrido durante la dictadura en Chile.
Pero hay otros casos, en otros ámbitos, en que para muchos no está muy claro que se esté violando su derecho constitucional a su integridad psíquica. Por ejemplo, cuando la administración de un edificio o de un condominio prohíbe a los residentes la tenencia de mascotas o cuando un alcalde o grupos de vecinos asesinan a perros vagos, dejando sus cadáveres en la calle, para exhibición y escarmiento, por encima de leyes y dictámenes.

La integridad psíquica también incluye la integridad moral, necesariamente. Según José Miguel Guzmán en el Primer Congreso Nacional de Derechos Humanos (Chile) de 2007, "la integridad moral hace referencia al derecho de cada ser humano a desarrollar su vida de acuerdo a sus convicciones", obviamente en el marco de la ley y de la simple razonabilidad.

Hace unos años la administración de un edificio prohibió a uno de los propietarios la tenencia de mascotas, que era reclamada en base al derecho a la conservación de la integridad psíquica, habida cuenta de que la presencia de esa mascota formaba parte del tratamiento médico que seguía la propietaria. Pese a la impecable fundamentación del caso, un tribunal estableció que prevalecía el contrato firmado previamente entre la administración del edificio y la persona, que prohibía la tenencia de mascotas en el lugar. La prevalencia de interpretaciones jurídicas que ignoran el derecho a la integridad psíquica y moral, ha justificado el retiro de mascotas de edificios, con graves consecuencias para la salud mental y la integridad moral de muchos ciudadanos.
Cuando en un país, como Chile, la definición generalmente aceptada del concepto de delito es la transgresión de preceptos o leyes establecidas por los gobernantes y legisladores, y no el daño que se ocasione a terceros, que es la definición más actual vigente en algunos países, será difícil mostrar la necesidad de que estos derechos inmateriales sean respetados. Lo serán todavía menos
socialmente hablando si la víctima de violación de estos derechos pertenece a algún sector social vulnerable.
Un ejemplo casi clásico de esta denegación de derechos es la manera en que las autoridades tratan a las mascotas abandonadas, especialmente los perros de la calle o vagos, cuya situación y especialmente los maltratos ilegales a los que son sometidos influyen decisivamente en el estado de integridad moral y psíquica de las personas. Pese a que la ley prohíbe el sacrificio arbitrario de mascotas sanas, abandonadas o no, algunas municipalidades recurren sistemáticamente al exterminio de perros encontrados en la vía pública, provocándoles muertes injustificadas y dejando sus cadáveres en el lugar, aparentemente sin importarles si se trata de una plaza, una iglesia o una escuela. Es espantoso que pese a las numerosas denuncias y testimonios, algunos proporcionados por los propios empleados municipales obligados a cometer esas matanzas, la policía no ha comprobado nunca la participación de las autoridades edilicias en esas masacres. En muchos casos, la policía parece funcionar como una entidad subordinada y dependiente de los ediles. Hace algunas décadas era la misma policía la encargada de asesinar a los perros callejeros. Nunca se ha juzgado a ningún alcalde ni a los funcionarios que han obedecido órdenes ilegales. Si un ciudadano iniciara un proceso contra la policía por grave abandono de deberes, no sería tomado en cuenta. No son muchos los jueces que
crean, pese a la ley, que asesinar a perros de la calle es un delito grave.
El mismo hecho de que un funcionario municipal o del estado sea obligado a participar en operaciones que violan la ley, so pena de despido, debería ser considerado como una violación del derecho a la integridad psíquica y moral de las personas. Pero si a esos funcionarios no se los protege explícitamente, y no se castiga ejemplarmente a las autoridades parias, estos abusos seguirán
ocurriendo.
El exterminio de mascotas, sea que se las mate con estricnina o de manera indolora, daña y provoca grave menoscabo psíquico y moral en las personas, fehacientemente la mayoría de la población, que cree que los animales de compañía tienen un derecho indiscutible a la vida, y que este derecho, reconocido por leyes y la jurisprudencia administrativa, desde el punto de vista humano, se inscribe y forma parte del derecho ya no solo a la integridad moral y psíquica, sino también, fundamentalmente, al del ejercicio de una opción filosófica. En la sensibilidad contemporánea, el sacrificio arbitrario de una mascota sana es una transgresión de preceptos morales irrenunciables.

Se preguntarán algunos: ¿Se viola realmente el derecho a la integridad psíquica y moral cuando se extermina a los perros callejeros? ¿O cuando se prohíbe la tenencia de mascotas en un edificio?

Yo creo que eso es evidente y creo que los jueces deben defender, por encima de ordenanzas y dictámenes, los principios superiores establecidos en la Constitución. En el caso de muchas personas que necesitan la compañía de mascotas para superar situaciones de deterioro psicológico que no pueden superar de otro modo, es evidente y comprobable que se las daña de manera grave en su integridad psíquica. Pero aun en el caso de familias que sencillamente han incorporado a miembros no humanos, el daño psíquico y moral que se le causaría asesinándolos es igualmente comprobable. Por eso sorprende que algunos jueces crean que un contrato pueda estar por encima de la Constitución. (Y una de las fallas de nuestra legislación es que no disponemos de mecanismos para que la ciudadanía pueda impugnar a estos jueces torcidos, que pueden seguir dictando fallos aberrantes sin ningún contrapeso). La pérdida definitiva e irremediable de mascotas, que son consideradas como parte de la familia humana, deja secuelas psicológicas permanentes relacionadas con, o similares a las que dejan la pérdida de un miembro de la familia humana, como ansiedad o sentimiento de culpa. ¿Cómo podría una persona, y especialmente los niños en etapa formativa, reconocerse o identificarse con un entorno social y cultural que destina a la muerte a las mascotas extraviadas o abandonadas, y que los expone a otras espantosas formas de violencia (como, por ejemplo, la exhibición de trozos de animales en los escaparates de las carnicerías) como la cosa más normal del mundo?

Los sentimientos de gran parte de la población son sistemáticamente ignorados y minimizados por autoridades cuando permiten que esos individuos, azuzados por políticos (como el senador Ruiz-Esquide), asesinen impunemente a mascotas. El propósito de esos ataques, y la manera de su ejecución, es no solamente la eliminación de la víctima no humana, sino claramente causar el mayor daño psíquico y moral a los miembros humanos de la familia de esas mascotas, y lo consiguen ampliamente. En realidad, es en todo similar a si asesinaran a otro miembro humano de la misma familia. Según el doctor J. Montoya Carrasquilla,  la muerte de una mascota "puede afectarnos tanto o más que la de ciertos familiares o amigos. [...] Su pérdida puede dejar un enorme vacío, el cual puede ser tan grande como el que se siente con la muerte de un amigo humano o de un familiar; es una cosa para la que la mayoría de la gente no está preparada o no quiere estarlo". (Es la razón por la que el asesinato de mascotas debiese ser penalizado de manera similar al homicidio.)
En la red se encuentran numerosos sitios que reúnen las experiencias de personas,3 en muchos casos asesinadas por sus vecinos, y recomendaciones para superar esas muertes. Según el adiestrador Fernando Borcel, hay cuatro sentimientos básicos asociados a la muerte de una mascota, y son los mismos que los asociados al deceso de un ser humano. Tras la muerte de una mascota su familia experimenta sentimientos de culpa, de negación de la muerte o postergación de su reconocimiento, la indignación (muchas veces acompañada de impotencia, como cuando la mascota ha sido asesinada por desconocidos o autoridades, o cuando su muerte ha sido provocada por la impericia del médico) y la depresión, sentimientos todos que pueden cambiar definitiva, radical y permanentemente la vida de los familiares humanos de la mascota. Las recomendaciones para superar el periodo de duelo son conmovedoras y significativas. La primera es reconocer el dolor de la pérdida. Tras ello, se recomiendan cosas como "compartir tus sentimientos con otra persona", hablar con alguien con quien puedas llorar sin incomodarte, escribir poemas, historias o cartas a la mascota desaparecida, sepultarla propiamente y, "si no tienes familiares o amigos quienes comprendan, o si necesitas más ayuda, pregunta [pide] a tu veterinario o a una sociedad protectora que te recomienden un grupo de apoyo o un terapeuta. Consulta con tu iglesia o en un hospital sobre terapias de apoyo para el duelo". El dolor por la pérdida de una mascota es tan intenso y genuino como el de la pérdida de un miembro humano de la familia, pese a que la sociedad "no siempre reconoce la profundidad de sentimientos que puede acompañar la pérdida de una mascota". Y según Montoya Carrasquilla, la pérdida de una mascota puede provocar depresiones profundas con ataques de llanto, "falta de interés en la vida, trastornos del sueño, pérdida del apetito, sentimientos de desesperación y sensación de abandono, dolores de cabeza y fatiga. Algunas personas incluso pueden llegar a experimentar algún grado de desorientación durante su duelo y no es raro para algunos el imaginar que pueden escuchar a sus mascotas haciendo ruido en la casa, o sentir su toque en sus manos o piernas".

Se encuentran en la red numerosas descripciones de experiencias sobre la muerte de mascotas que desmienten toda insinuación sobre la fatuidad de los sentimientos relacionados. Escribe Dianne, una mujer de 74 años: "Luego de varios meses, continúo sintiéndome tan afligida por la muerte de mi perra, Pixie, que ni siquiera puedo hablar de ella. Extraño mirar televisión con ella sobre mi regazo, y extraño su compañía". En la página del Hospital Presbiteriano de Nueva York se lee: "Una mascota puede dar un amor incondicional que muchas personas, en particular los adultos mayores, no pueden obtener de nadie más. Cuando muere una mascota especial, esta pérdida puede tener un impacto significativo sobre la salud y el bienestar de una persona". Negar a una persona el derecho a tener una mascota en un edificio,4 o en cualquier otro lugar, afectará gravemente su integridad psíquica y moral, y también su derecho a la salud.

El impacto de la muerte de una mascota sobre su familiar humano puede durar, según la persona, desde algunos días hasta unos años o toda la vida, o puede cambiar radicalmente su visión de la sociedad y de los humanos. Las circunstancias de la muerte de una mascota influyen definidamente en la manera del procesamiento de la pérdida. La reacción emocional suele ser muy intensa. "Usted puede experimentar furia o impotencia si tiene que regalar una mascota preciosa debido a limitaciones financieras, enfermedad o por una mudanza a un sitio nuevo donde no se aceptan mascotas, como un hogar de ancianos o un centro de vivienda asistida. Usted también puede experimentar angustia al enfrentar la difícil decisión de practicar eutanasia a una mascota. O, si su mascota murió a causa de un accidente, puede sentirse culpable si cree que podría haberla protegido mejor", según el Hospital Presbiteriano de Nueva York. Es evidente que la muerte de una mascota y sus secuelas en su familia humana pueden ser devastadoras, especialmente si ha muerto a manos de desalmados que pueden ser incluso tus propios vecinos o funcionarios municipales o del Estado o, peor, la policía. El hospital contempla incluso que la persona, paralizada por el dolor e incapaz de reasumir el curso de su vida, no pueda superar la pérdida de su mascota, justificando por ello la intervención de profesionales de la salud.

Los efectos de la muerte de una mascota, reconocidos por la profesión médica pero ignorados por jueces y políticos, y especialmente cuando su vida ha sido terminada de manera violenta y arbitraria, afectan gravemente la integridad psíquica y moral de las familias humanas que sufren una pérdida. Es la razón por la que las mascotas y sus familias humanas deben ser protegidas contra la inhumanidad y barbarie. Es por todas las razones expuestas aquí que me parece que los animalistas deben invocar más frecuentemente el derecho constitucional a la integridad psíquica, cuya interpretación, de momento, escapa tanto a jueces como a nuestros propios abogados. Tenemos derecho a que se respete nuestra integridad psíquica y nuestra identidad moral. Y nuestras mascotas tienen estos mismos derechos y queremos que estos sean respetados.5 Si no los defendemos ¿quién lo hará?

Notas
1 No es frecuente encontrar al artículo 19 de la Constitución en relación con temas relacionados con el maltrato animal. Parece evidente, según lo desarrolla Florencia Trujillo en noviembre de 2010, que, por ejemplo, la prohibición de alimentar a los perros de la calle "vulnera el espíritu y naturaleza humana y afecta el derecho a la integridad psíquica de las personas, constitucionalmente garantizado en el artículo 19 de la Carta Fundamental".

2 No quiero ahondar en esta discusión sobre leyes y valores morales. Muchas veces, los valores morales, que son universales, pueden chocar con los valores culturales, que son particulares. Además, muchas leyes no son legítimas, si han sido dictadas y promulgadas fuera del Parlamento, como es el caso de algunas que guardan relación con la identidad nacional -como la prohibición de la pena de muerte. Dentro de límites razonables, se puede suponer que en sus leyes legítimas se encuentran los valores morales de un pueblo. En el caso chileno, se complica el axioma porque sus diputados y senadores no son elegidos en el marco de los protocolos de la democracia representativa, porque lo que su valor en términos de representatividad y legitimidad, es muy dudoso.

3 Según especialistas, "de los nueve años en adelante, la mayoría de los niños pueden experimentar el mismo rango de emociones que los adultos después de la muerte de su mascota" (en montedeoya). En el mismo enlace se dice que "a menudo los niños tienen dificultad en aceptar la muerte de sus mascotas y el dolor, si es extremo, puede resultar en problemas físicos o de conducta. Ellos pueden experimentar todos los síntomas de depresión que muestran los adultos, pero las alteraciones en el sueño o en los patrones de conducta también pueden ser más aparentes, como aferrarse en exceso a las personas, mojar la cama, tener pesadillas, mostrar una conducta desobediente o reflejar inhabilidad para concentrarse en la escuela".

4 En diciembre de 2008 el senador Navarro presentó "Proyecto de ley que permite convivir con animales domésticos en edificios y condominios regulados por la ley No. 19.537, sobre copropiedad inmobiliaria y regula su tenencia". En su proyecto, el senador recurre a tres conceptos en su alegato a favor de las mascotas en edificios y condominios: los derechos de propiedad, libertad personal e intimidad del hogar. Ahonda en su defensa en este enlace y en La Tercera. El Senado rechazó legislar sobre la materia, por recomendación de la Comisión de Vivienda de esa cámara.

5 Cuando hace poco el ministro Hinzpeter  dijo que las mascotas eran como nuestros hijos, y anunció que el gobierno del presidente Piñera se negaría a promulgar una ley que incluyese el sacrificio de mascotas sanas o recuperables, no hacía más que repetir un precepto moral que es común a la mayoría de los chilenos. La mayoría consideramos hijos a las mascotas y rechazamos y nos duele el maltrato. Lo que queremos es que se las proteja y se castigue con más severidad a las personas o autoridades que someten a las mascotas, abandonadas o no, a tratos crueles e inhumanos, incluyendo la muerte por motivos arbitrarios,  o que confunden deliberadamente eutanasia con sacrificio, o que recurren a encargar esos asesinatos a terceros.

allanan talleres con esclavos


Dos talleres en Chapadmalal allanados por trabajo esclavo. Una fiscalía marplatense allanó dos talleres en la zona de Chapadmalal, donde fueron encontrados 11 inmigrantes bolivianos sometidos a las peores condiciones laborales. Investigan a empresas de indumentaria, y si los traían especialmente desde Bolivia.
[Carlos Rodríguez] Mar del Plata, Argentina. En un operativo realizado en la zona de Chapadmalal, fueron clausurados dos talleres textiles clandestinos en los cuales 11 personas adultas, todas de nacionalidad boliviana, eran sometidas a trabajo esclavo. Las víctimas –ocho de las cuales carecían de documentación– trabajaban todos los días, de siete de la mañana hasta las nueve de la noche, a la vez que debían convivir en el mismo lugar, junto con sus hijos, cuatro chicos que tienen entre 3 y 5 años. El operativo fue ordenado por el fiscal Mariano Moyano, a raíz de denuncias presentadas por el Ministerio de Trabajo bonaerense y la Dirección Nacional de Migraciones. Los talleres funcionaban en los fondos de algunas viviendas de la zona. Dos personas, también de nacionalidad boliviana, fueron detenidas por ser los encargados de los lugares. Ahora se investiga a dos empresas reconocidas, para las cuales se realizaban prendas de vestir, sobre todo pantalones y camperas.
Fuentes del Ministerio de Trabajo provincial confirmaron a Página/12 que "tanto las viviendas como los lugares de trabajo se encontraban en condiciones de suma precariedad". En ninguno de los lugares clausurados se cumplía "con las normas mínimas de higiene y seguridad, no había baños ni vestuarios a disposición de las personas que trabajaban allí". Por otro lado, según pudo constatar con posterioridad el fiscal Moyano, "los dueños de los talleres no les daban a los trabajadores cobertura de ART, ni les entregaban elementos de protección personal" para realizar su tarea.
Los dos lugares allanados están ubicados sobre la calle 10, entre 11 y 13, de Estación Chapadmalal. En esos sitios se encontraron 16 máquinas que "no contaban con los elementos de protección para evitar que los adultos y los niños que allí se encontraban estuvieran seguros de no sufrir algún accidente mientras las máquinas se encontraban funcionando". Las fuentes del Ministerio provincial precisaron que "las instalaciones eléctricas eran totalmente deficientes. Los cables estaban sueltos, no había tableros ni disyuntores que cerraran el paso de energía eléctrica en caso de un accidente". El cuadro de deficiencias se completaba con la ausencia de matafuegos y de salidas de emergencia frente a un incendio, a pesar de que en los lugares se guardaban telas y otros elementos combustibles.
Los 11 trabajadores que fueron relevados hasta el momento, cumplían jornadas de 14 horas y cobraban un sueldo de mil pesos, cifra de la cual se les descontaba el valor de la comida que les servían y el precario alojamiento que les brindaban sus empleadores. Sobre el operativo, el titular del Ministerio de Trabajo bonaerense, Oscar Cuartango, sostuvo que a diario se realizan "inspecciones en la búsqueda de garantizar trabajo decente", siguiendo "indicaciones del gobernador Daniel Scioli en el sentido de combatir toda forma de trabajo irregular".
Funcionarios que participaron de los allanamientos precisaron que los trabajadores y sus familias vivían en cuatro habitaciones "atravesadas por cables de electricidad que estaban tirados sobre el piso o que colgaban de las paredes, al alcance de cualquier persona adulta o de los niños". El fiscal Moyano, en un breve contacto con la prensa local, dijo que era "alarmante el panorama" que encontraron "por la forma en que estas personas vivían y por el sometimiento que sufrían desde el punto de vista laboral".
En los procedimientos fueron detenidos dos de los encargados de los talleres, ambos de nacionalidad boliviana, quienes están acusados por el delito de "reducción a la servidumbre o condición análoga". La investigación se dirige ahora hacia los responsables de dos marcas reconocidas en el mercado e instaladas en la ciudad, para las cuales producirían los talleres clausurados. Una fuente allegada a la investigación confirmó que se encontraron "etiquetas y rótulos que hacen pensar que existía una relación directa con esas empresas", cuyos nombres se mantuvieron por ahora en reserva.
En los talleres se encontraron folletos en los que se invitaba a los ciudadanos de Bolivia a viajar a la Argentina en busca de trabajo. Los once trabajadores habían llegado al país desde el mes de septiembre en adelante. Los dos detenidos fueron identificados como Dametrio Lamber Mamani, de 56 años, y Néstor Mollo Condorí, quienes admitieron ser los "encargados" de los dos talleres. Se cree que hay que confirmar si ambos eran los propietarios de los talleres o si hay otras personas involucradas.
4 de febrero de 2011
31 de enero de 2011
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wood sobre violeta parra


El realizador chileno Andrés Wood habla de su película sobre Violeta Parra. El director de ‘Machuca’, una de las primeras películas sobre la dictadura militar chilena, está filmando ‘Violeta se fue a los cielos’, basada en el libro homónimo de Ángel Parra, hijo de la artista. "Todo queda corto con Violeta", reconoce Wood.
[María Daniela Yaccar] Si se es optimista en razones místicas, el alma de Violeta Parra debería haber encontrado su sitio "adentro de una amapola o dentro de un pajarito". La anduvo buscando, durante siete años, el cineasta trasandino Andrés Wood, y parece que finalmente la encontró. El opta por la modestia: insiste en lo "inabarcable" de la cantautora chilena, pero la suya tendrá el mérito de ser la primera película de ficción que intente acercarse a su vida. En rodaje por estos momentos, se titula ‘Violeta se fue a los cielos’ y está basada en el libro homónimo de Ángel Parra, hijo de la artista. El estreno está previsto entre mayo y septiembre. Se filmó mayormente en Chile, durante casi dos meses. También una semana en París. Tentaba darse una vuelta por el estudio porteño Makka, ubicado en Inclán al 2500, donde el rodaje llegará a su fin, para ver qué forma va tomando el alma de Violeta.
Es lunes, primer día de filmación en Buenos Aires. Y sí, la atmósfera está nerviosa. El calor abruma y a Beatriz, una extra, no le quedó otra que usar peluca. Es que su cabello colorado y corto no daba con lo que el film necesitaba a su paso por la Argentina: unos cincuenta extras haciendo de espectadores capturados por el espíritu de Parra en un programa televisivo de la década del ’60. Rodeada de peinados naturales, Beatriz repite "no puedo más" y sufre toda vez que el aire se apaga para iniciar una toma. Son las tres de la tarde y las cosas comenzaron bastante antes, entre las 6 y las 7 de la mañana, por eso se entiende que algunos extras cabeceen en la espera y abran sus ojos de repente, acordándose de que tendrán que aplaudir, "reírse grande" –así se los pide el director– y quedarse anestesiados al escuchar a Parra (la chilena Francisca Gavilán) entonando ‘Arauco tiene una pena’.
Según le cuenta Wood a esta cronista al final del día de trabajo, a Parra "la trataron muy bien" en este país. Además de ofrecer conciertos, expuso sus obras como artista plástica y fue invitada a la televisión en tres oportunidades. "Desarrollé una entrevista que tenía ganas de que fuera en un lugar donde se la apreciara de una manera menos cercana. Estamos tomándonos una libertad: la entrevista que funcionó fue en 1962, dicen que para Canal 13. Lo trasladamos al ’65", explica. Al conductor del programa televisivo lo encarna Luis Machín. Además, hay otra actriz argentina involucrada en el proyecto (una coproducción de Maíz Producciones, de Argentina, y Andrés Wood Producciones, de Chile): la joven Vanesa González, que interpreta a una modelo que hace publicidades en vivo.
"Ahora ella va a recitar las décimas para una hija muerta. Ustedes van a estar pendientes de ella. Después, algunos se van a emocionar", indica Wood a la platea, antes de que su Violeta aparezca en escena para recitar unos versos. En sus rasgos, Francisca Gavilán se parece mucho a la folklorista. La forma de los ojos y la de la boca; una imagen impregnada de un halo de tranquilidad. Una vez en su camarín, le dirá a este diario que se le parece "desde siempre, desde chica", mientras Lupe, la asistente, le quita las extensiones. En el film hay tres Violetas, pues se retratan distintos momentos de la vida de la artista. Pero Pancha puede jactarse de ser la principal. "Para mí es muy importante, ha sido un premio. Quería quedar cuando hice el casting, quería ser yo." Es que con la música de Violeta, que escuchaban sus padres, esta actriz de 35 años creció.
Francisca está exhausta pero concede un último esfuerzo para contar cómo compuso su personaje. Su trabajo excedió lo actoral. "Fue un proceso muy largo porque estoy desde enero con clases de guitarra y de charango. Me costó mucho porque soy zurda. Fue conocer la mano", se explaya. Sus profesores fueron una folklorista chilena amiga de Violeta y Ángel Parra, con quienes aprovechó para conversar y obtener la información que luego llevaría al cuerpo. "Pero no sé explicar cómo es ese proceso –sostiene–. Es tan raro... uno se cuestiona mucho cómo lo va a llevar, y en el fondo es como comer, como tomar agüita. Lo que me sirvió fue cantarla mucho. Me da el tono, su manera de moverse. Si la canto estoy ya preparada para actuarla."
Tuvo suerte, Francisca, en ser la primera en liberarse. Más tarde, cuando el día de trabajo ha concluido para el equipo –quedan todavía seis más–, en el pasillo de Makka se acumulan los extras. Ellos están ansiosos por despojarse de las ropas sesentosas que mañana volverán a calzarse, ellas pasan primero por los baños para deshacerse del peinado tirante. El pasillo parece el de un boliche superpoblado. "Mirá si voy a hacer esta cola para cambiarme. Me tomo un cafecito y listo", le cuenta una morocha a esta cronista. Beatriz por fin se saca la peluca y respira aliviada. Mientras los extras lo saludan, el director de ’Machuca’ (2004), una de las primeras películas chilenas que aludió a la dictadura militar de su país, se sienta unos minutos a conversar con Página/12.

¿Qué aspectos de la vida de Violeta Parra retrata la película?
El libro de Ángel es el andamiaje. Evidentemente todo queda corto con Violeta. Uno piensa que llegó a algo y no, tenía cuatro alternativas más. Abre una puerta y se abre otra. Decidimos fragmentar la historia, contar episodios: la entrevista, su proceso de recopilación del folklore y su mundo interior. Su música, su plástica, su vida misma constituyen un material muy noble de esculpir. Puede ser duro, difícil, que no les guste a muchos, inabarcable en una película, pero es un privilegio. Hay episodios de su infancia, su madurez, sus amores, su obra, y ese último momento en que ella construye la carpa, con el sueño de hacer una universidad del folklore. Ahí es donde muere.

Las biografías dicen que estaba desilusionada con el trato del público chileno.
Fue reconocida pero no como se lo merecía. Se impuso tareas titánicas que efectivamente eran difíciles de cumplir. Por ejemplo, esta carpa quedaba en un lugar alejado, no había locomoción ni buses. Entonces sentía que no tenía el apoyo que tenía que tener. Pero es muy complejo decir qué la lleva a matarse. No me atrevo a tener una razón particular de su muerte. Decepciones de amor, la sensación del no reconocimiento, del cansancio; cosas que les pasan a los grandes artistas, esa sensación de no llegar. Para ellos, la vida es mucho más que una canción. Quería lograr la perfección, pese a que voló muy alto.

¿Conversó mucho con Ángel Parra para llevar a cabo el film?
Sí. Me contó anécdotas y más que eso. Aportó un libro, ni más ni menos. Y un acompañar la película hasta ahora. Es una película muy colectiva y a la vez muy personal.

¿Qué imágenes buscó en París? ¿Y qué lo trajo a Buenos Aires?
París fue un lugar importante para Violeta por muchas razones. Como suele ocurrir, en vida fue tomada en cuenta más afuera que adentro. Y también porque desarrolla parte de su trabajo plástico de forma muy interesante. Tuvo una exposición emblemática en el Museo de Arte Decorativo del Louvre. Tengo entendido que es la única artista chilena que ha hecho eso. Era una artista completa, especial, genuina y propia, y a la vez muy universal. Finalmente, llegué a Buenos Aires pensando que acá podía haber imágenes en movimiento de Violeta. En Chile no había casi nada. Pero acá tampoco tenían.

¿Qué piensa de eso?
En Chile no existía la capacidad de grabación, a no ser que fuera hecho en fílmico. Pero además, cuando se empezó a grabar, se reciclaba o se botaba. La desidia y el desorden hacen que uno vaya perdiendo memoria. Para nosotros es fuerte: perdemos memoria patrimonial por los terremotos o porque los archivos importantes fueron quemados por los militares.

Usted era muy chico cuando murió Violeta. ¿Qué significó ella para las generaciones posteriores?
Tenía un año cuando ella murió, en 1967. Dejó un gran legado que es tomado por muchos músicos, particularmente por su hijo y por Víctor Jara. Acá también. Hay todo un sueño de ella que se quiebra con las dictaduras militares. Nuestros partidos de izquierda la encontraron muy avanzada. Sus canciones, algunas muy políticas, pasan a ser muy modernas, incluso hoy. Ella habla de los mineros: con todo lo que vivimos el año pasado, esa canción parece escrita para eso. También habla del conflicto mapuche. Sin ser un ente que vivía para la política, era muy política. Violeta está presente en muchas generaciones y me interesa ayudar a extender ese contacto.

Por la relevancia de Violeta, esta película podría repetir el éxito de ‘Machuca’: una buena respuesta a nivel internacional, ¿no?
No sé. Es tan difícil el tema de las expectativas con las pobres películas, hay tantos factores externos que deciden eso. Por ahora, me haría feliz que mucha gente la vea. A esta altura estamos gozando los procesos. Me gustaría que haya curiosidad por Violeta.

Hasta el momento se viene abocando a realidades bien próximas, propias de su país.
Por ahora sí. Aquí hicimos un cambio, porque hemos hecho películas de personas anónimas, relacionadas con contextos. Hoy estamos con una persona que, sin ser una heroína, es un personaje.

¿Y cómo abordaron su aspecto de "persona"? ¿Por ejemplo, su carácter?
Leyendo sus entrevistas y escuchándola por radio vi que era muy elocuente y pícara. Pasaba del humor a la tristeza. En la escena que filmamos acá el público está conectado con una décima, declamando. Por eso era tan importante elegir a la actriz: si uno toma la decisión equivocada ahí no hay forma de levantar la película. Me encantó el casting de Francisca. No sólo a mí, al equipo entero. Y más la actitud frente al trabajo. Se estuvo preparando largamente. Son tantas las variables de una película, que tener sólida a la actriz principal es muy agradable.

¿Por qué le gusta tanto abordar el pasado?
Me encanta, aunque puedo entender una película que no tenga ese primer objetivo. La gracia del cine es que cumple beneficios públicos, más allá de la película misma. Uno es la memoria, sin dudas. Me interesa un cine político, en el sentido más amplio de la palabra: hablar de mi país y la sociedad. Machuca fue la primera película en tocar la dictadura militar. Había mucho pudor para tocar el tema, una autocensura de los realizadores y una sensación de que a la gente no le interesaba. Hacer cine es muy complicado en todas partes, y más sabiendo que a la gente no le interesa. En sociedades pequeñas y con mucho por desarrollar como la chilena, hacer una película que toque a la gente es importante. Machuca fue importante. Ahora es parte de la enseñanza en muchos colegios. En Francia también. Y yo nunca pretendí hacer eso. Seguramente, como Violeta volvió al currículum escolar, se va a ver esta película.
4 de febrero de 2011
30 de enero de 2011
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el legado de las madres


Los testimonios de las Madres de Plaza de Mayo en los juicios contra los represores de la ultima dictadura. Son convocadas por los casos de sus hijos o por hechos vinculados con los organismos de derechos humanos, como el secuestro de las fundadoras de las Madres.
[Alejandra Dandan] Argentina. Enriqueta Maroni acababa de llamarla. Aída Sarti con el teléfono en mano a su vez hacía otro llamado, conmovida, apresurada por la muerte de Nélida Chidichimo, pero detenida en esa otra cosa que aún desvela a estas mujeres: todo lo que todavía les queda por hacer. "Acabo de decirle a Enriqueta que no podemos perder más tiempo –dice–, tenemos que poner las cosas en orden."
Ellas son algunas de las muchas Madres que pasaron, en los últimos meses, por los tribunales federales de Comodoro Py a declarar por los crímenes de lesa humanidad. Algunas lo hicieron convocadas por los casos de sus seres queridos, aquellos que integran las listas de las víctimas de la represión; pero otras como Nora Cortiñas, Aída Sarti o María del Rosario Cerruti acudieron como testigos de otros hechos, como el secuestro en la Iglesia de la Santa Cruz. A la hora de hablar, Nora no sólo se refirió a aquello sino que abundó en detalles de la historia de las Madres. Aída se llevó un afiche con las caras de las primeras mujeres de la Plaza y recortes de diarios de época para que nadie "ande cambiando" las fechas, lugares y, sobre todo, la historia. Entre unas y otras, los testimonios pronunciados con la ritualidad del juicio oral dejaron en las salas la sensación de relatos definitivos, contados para el después. Eso, y la idea de un final tal vez un poco más próximo, parecen estar empujándolas a hablar sobremanera.
El caso paradigmático tal vez sea el de Nélida Chorobik de Mariani. El año pasado, la fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo pidió a los jueces del Tribunal Oral Federal 6, que juzgará el plan sistemático de robo de bebés, que habilitaran una audiencia especial y, virtualmente, adelantaran el comienzo del juicio, para que ella pudiera declarar. El debate no había empezado y no empezará hasta fines de febrero, pero Chicha les dijo lo que aún repite cada tanto, que está grande, y que no sabía si para cuando finalmente se abrieran las audiencias ella iba a estar en condiciones de declarar sobre la desaparición de su nieta Clara Anahí.
"El 27 de noviembre cumplí 87 años y creo que hasta ese momento no me había tomado muy en serio", dice. "A tres años de cumplir los 90 creo que me di cuenta de que uno les exige al organismo y a la salud demasiado y decidí hacer una serie de cosas, como acelerar lo que tengo entre manos, tanto juicios como proyectos." Y en seguida agrega: "¿Te parece extraño que a mi edad hable de proyectos? Pero son las cosas en las que trabajé en estos 33 años".
Ella declaró en octubre durante casi siete horas. Describió. Lloró y habló pese a su ceguera casi total y los altibajos de presión: dice que como fue la primera, sintió la necesidad de contar lo que nadie puede contar. En ese sentido, se la escuchó puntualizar la historia de Abuelas o cómo siguieron pistas inverosímiles para encontrar un modo de hacer los análisis genéticos; de papelitos guardados en una agenda, de viajes a Suecia, a París o Alemania buscando expertos que les cerraban las puertas, de los portazos de la Iglesia y también de las razones por las que cree, entre expedientes cerrados y lentitudes de la Justicia, que Marcela Noble podría ser su nieta.
"En la declaración en Comodoro Py traté de contar de alguna manera lo que significó la tortura de buscar sin fin, porque si hubiese sabido el primer día que iban a pasar 33 años y que todavía no encontré la respuesta, creo que me hubiese muerto ahí mismo", dice a Página/12. Corrió siempre como detrás de una zanahoria, cuenta, saltando con la esperanza de aquí para allá, "y siempre estoy pensando en un milagro, y convencida de que por eso soy bastante tonta".
En medio de la declaración, aquel día los jueces no esperaron a que termine y de hablar y ordenaron un cuarto intermedio y la hicieron esperar porque querían almorzar. Chicha esperó en una salita adonde, pese a que está prohibido que alguien hable con los testigos, acudió para interpelarla José Valentín Martínez Sobrino, el juez de ese mismo TOF 6 recusado por ella y apartado de la causa.

Ayudamemorias
Nora Cortiñas entró en la sala de audiencias del juicio por los crímenes de la ESMA con taquicardia y con un papelito de ayudamemoria. Antes de sentarse, ya había tenido una primera batida a duelo con los puntillosos jueces del TOF 5. El secretario le dijo: "Señora, no puede entrar con el pañuelo puesto". Nora se lo puso lo mismo, "que me lo hagan sacar los jueces", le dijo. Horas más tarde, supo qué sucedió con la veda para su pañuelo. Uno de los jueces le contó que cuando entraron y la vieron con el pañuelo en la cabeza, discutieron: eran dos contra uno, uno quería que se lo saque y dos que se lo deje. "Pero el hecho estaba consumado –dice Nora– y como me lo tenían que decir adelante del público, decidieron que me lo dejaban."
Nora, que declaró en noviembre, siguió en enero en Buenos Aires, piensa que te piensa, cuándo se sentará a escribir las cosas que todavía no escribió. A ella la convocaron a hablar sobre el secuestro de las monjas francesas y el grupo de las Madres que por esos días se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz, y juntaban dinero y los nombres de los desaparecidos para publicar la primera solicitada en los diarios. Nora habló durante horas. Pero antes de contar de la Santa Cruz, habló del secuestro de su hijo, de su acercamiento a las primeras Madres, del momento en que le preguntó a otra madre cuánto hacía que buscaba a su hijo y se dio cuenta de que ella no sabía si iba a poder aguantar tanto; de fechas, de los cruces en los bares, de Alfredo Astiz. Pero también en esa línea, en la que la historia se hace memoria en el presente para intervenirlo políticamente, se dedicó todo lo que pudo a recordar el plantón que les hizo Clarín; los pormenores de la negociación con el diario La Nación para la trabada publicación de la solicitada, alguna charla con Claudio Escribano y Joaquín Morales Solá, y el vínculo con Robert Cox del Buenos Aires Herald, con un aire de final y definitivo.
"En mi caso, sobrepasé las preguntas que me iban a hacer, en el relato fui recordando cosas y las contaba."
Ese mismo día declaró María del Rosario y al día siguiente Aída Sarti, que es la meticulosa encargada del archivo de las Madres Línea Fundadora. Nora se había juntado con María del Rosario para recordar un poco los detalles, sobre todo por el paso de los años. "A ella la llamaron exclusivamente para hablar de la Santa Cruz, porque fue testigo de los secuestros y nos dijimos –dice Nora–: ‘Mirá, yo me voy a ceñir a esto que lo viví; yo el día 9 de diciembre, por ejemplo, no estuve porque tenía que trabajar’, y así nos fuimos complementando." Hay algo de la necesidad de construir un relato de un purísmo histórico que apareció en algunas, como en el caso de Aída que se llevó los archivos a la audiencia para que nadie cambiara las cosas.
Pero esa idea de único relato, que de alguna manera sigue presente o las atraviesa, se vive de distintas maneras. Para darse ánimos y tranquilizarse, y encontrar la forma de ir adelante, Nora se buscó una respuesta reparadora: "Yo creo que si tres o cuatro de nosotras estuvimos alguna vez sentadas a una mesa en una circunstancia equis –dice Nora–, el relato de cada una al final siempre va a ser distinto, porque cada uno cuenta sus momentos: y vos juntás los cuatro relatos y nunca van a ser iguales".
María del Rosario ya había hablado cuando Nora empezó. Y como es una de las testigos de los secuestros de la Santa Cruz, su relato sirvió para situar a cada una de las víctimas en tiempo y espacio, y los jueces le pidieron que haga el dibujo del lugar en una pizarra. Ella lo hizo, y sólo habló exhaustivamente de lo que le pidieron que hablara. "Fui sin ninguna expectativa porque la Justicia cuando es tan lerda deja de ser justicia, pero fui porque me siento obligada con los desaparecidos." En ese contexto, María del Rosario parece hablar después de la posibilidad de transmitir su experiencia pese a todo, en ese contexto que está ritualizado y aparece revestido de características históricas. Una experiencia que una y otra vez, repite, sabe que a la Justicia no le interesa, pero los intereses pueden estar en otro lado: "El pueblo se va informando –dice–, y eso es tan importante desde mi punto de vista, creo que está bien hacerlo, pero en la Justicia no tengo fe". Ella tiene 83 años.

El Archivo
Aída Sarti tiene en el archivo de Madres un recorte un diario mexicano que en plena dictadura publicó una noticia informando que el 16 de diciembre de 1977 habían aparecido tres cadáveres de sexo femenino en Santa Teresita. "En ese momento no lo asocié –dice ahora–, pero después el recorte lo dejé pegado en un carpetón y me lo llevé a la audiencia." También llevó la presentación de 199 hábeas corpus que hicieron en junio de 1977. "Querés que te diga más –dice–, el 30 de junio."
Aída está hace unos nueve años en el archivo, organiza el mundo de documentos de Madres. Dice que esos documentos aparecieron cuando se puso a ordenar papeles que habían quedado en distintos lugares, que puso en carpetones y que organizó y cuida especialmente como parte del material que integra los siete primeros meses de la organización, que es el tiempo en el que estuvo Azucena Villaflor. El Tribunal le pidió copia de ese recorte, y ella está convencida de que ninguna de las Madres se acuerda del hábeas corpus, que entre ellas todavía estaban "muy desconocidas" y que es un documento que se hizo cuando ya las rodeaba Astiz. "Hacía muchísimo frío –dice–, y él tuvo las carteras de las Madres y ese día llevó al chico con el que iba. Yo en ese momento tuve la primera duda, aunque después se me fue, pero me pareció que no era el mismo chico que había llevado a la Plaza la primera vez, que ése era morocho y el otro era castaño. Ese día tomamos un café con leche con Pepa Noia y no conversé nada con él, y ni siquiera se nos pasó la idea de nada."
Como otras, antes de declarar le preguntó a uno de los querellantes cómo era el proceso. "Ellos te van a hacer preguntas, pero vos hablás de lo que quieras", le contestaron. "Nosotras hablamos de Astiz, de cómo comenzamos, pero el problema es que todas queremos ser primeras: yo tuve que hacer un afiche para decir quiénes eran las catorce primeras que estuvieron, para que no se cambiara la historia." Esas catorce son las que estaban en la segunda cita, ella empezó en la tercera, no está en ese afiche y ya eran alrededor de veinte. En estos momentos, Aída sabe que pierde los anteojos adentro de las papas "veinte veces en el día", que se olvida a lo mejor lo que hizo cinco minutos antes, pero de la historia de las Madres, dice, no se olvida de nada.

Rumores
Aurora Bellocchio declaró en la causa del circuito Atlético- Banco-Olimpo, y entre los rumores se dijo que ella estaba tan nerviosa que se descompensó: "¡¡Pero no!!", dice. "¡¡Para nada!!" Ella está a un año de los 90, cuando se enoja un poco dice que todas están a "un pie de la fosa", pero en la audiencia ni se enojó, ni se descompuso: con su relato hizo llorar a los jueces.
"Te diría que no fui nerviosa, me había tranquilizado un psicólogo y me habían dicho que no me fuera por las ramas, como hablo mucho, salgo contando de mi bisabuelo."
Aurora declaró el mismo día que su nieto Carlos Pisoni, de la agrupación HIJOS. Ella sabía, pero, claro –dice–, "como te llevan a otra habitación yo no sé qué habló o qué hizo, cuando lo veo sentado como nervioso, no sé si lo besé o le toqué la cara, pero ya me llevaban para la sala".
En la audiencia no miró ni una sola vez para donde estaban "los malditos", dice. Y las preguntas fueron tan gentiles, que en un momento creyó que estaba en un reportaje. Miró a una de las juezas y vio que lloraba. "Fue cuando conté que me traen a mi nieto dos mujeres, una era policía, y como decían que no podían tener hijos se querían quedar con el bebé."
Era un día de lluvia, dice Aurora, una mujer con tono imperativo golpea la puerta de su casa para preguntar por "Bellocchio". Les pide documentos, y mientras bajaba Aurora pensaba que no podría ser una vecina porque nunca les podrían hablar así. "Y entonces le veo un bulto en los brazos, yo le pregunto, veo una mantita tejida, me pide los documentos y cuando veo al nene pienso: ‘le pasó algo a Irene’."
Con esa mujer había una señora con un moisés que se puso a llorar: "¿qué pasa?", preguntó. "Lo que sucede es que mi hermana (me decía que ésa era la hermana de ella) me dice que no lo entregue, que no quiere, que el nene llegó sin papeles, pero yo toda la noche estuve hablando con ella, porque la orden era que lo traigamos a los abuelos." Se lo dieron de "mala gana", dice, pero cuando subieron el bebé, que ya había llorado durante toda la noche, todavía no paraba. "Mi hija, la que me quedó, me dijo: ‘bue, tenelo vos’, y yo lo tuve en los brazos, pegado al corazón: ¿vos me crees? Se durmió y se calló. Yo dije, porque es la verdad, que ese bebé nunca se iba a separar de mi corazón."
Aurora sintió aplausos del otro lado del vidrio, en el auditorio. El vidrio divide la sala en dos partes, de un lado están los testigos, el tribunal, los abogados y los acusados. Y del otro, los familiares, los sobrevivientes y el público. Su nieto ya había declarado. Les pidió a los genocidas que digan dónde están los cuerpos de sus familiares. "Inconscientemente –dice ella–, yo no miré jamás para ese lado."
4 de febrero de 2011
30 de enero de 2011
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murió nélida chidichimo


El adiós a una Madre.
Argentina. Nélida Chidichimo, integrante de Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, murió ayer. Chidichimo perteneció al grupo de familiares y madres que inició las denuncias sobre los desaparecidos durante la última dictadura militar. Fue testigo del operativo en la iglesia de la Santa Cruz, donde, en base a la infiltración del ex marino Alfredo Astiz, fue secuestrada una decena de militantes de derechos humanos.
"Nos arrancaron los pañuelos de la cabeza, con pelos y todo. La iglesia estaba repleta, porque era 8 de diciembre y los chicos tomaban la comunión. Pude ver cómo se llevaban a Alice (Domon)", contó en tribunales al dar su testimonio en el juicio contra los represores de la ESMA. Nélida Chidichimo se unió a las Madres luego de la desaparición de su hijo Ricardo, ocurrida el 20 de noviembre de 1976.
4 de febrero de 2011
28 de enero de 2011
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los últimos días de walsh 2


La declaración de Jorge Pinedo, yerno de Rodolfo Walsh cuando lo asesinaron. Jorge Pinedo acompañó a Lilia Ferreyra y a Patricia Walsh, mujer e hija del escritor, a San Vicente. Allí se encontraron con las consecuencias del operativo que se realizó en el lugar, después de que el periodista fuera secuestrado en la esquina de San Juan y Entre Ríos.
[Alejandra Dandan] Argentina. La que entonces era la mujer de Rodolfo Walsh escuchaba del otro lado del vidrio. Jorge Pinedo ya había contado que esa mañana del 26 de marzo del ’77 había pasado a buscarla; que todavía estaban mudando cosas para la casa de San Vicente; que en el auto iba él, su mujer, Patricia Walsh, los dos hijos –entre ellos el primer nieto varón de Rodolfo– y Lilia Ferreyra. Que se atrasaron un poco, pero que todo estaba bien, que iban a llegar a tiempo, que Rodolfo los esperaba a comer un asado. "Fue tremendo –se escuchó en la sala de audiencias–. Habíamos ido a una reunión feliz con Rodolfo y volvíamos con una viuda, una huérfana y dos nietos que habían perdido a su abuelo."
Jorge Pinedo es psicoanalista y antropólogo, pero en los primeros años de la dictadura, con poco más de veinte años, trabajaba como periodista del diario La Opinión. Ayer dio su tercera declaración judicial por lo que después se conoció como el bombardeo a la casa del periodista, escritor y militante. La primera vez que declaró lo hizo ante la Conadep. La segunda, si es que puede decirse que fue una declaración, dijo, se trató más bien de un interrogatorio ante dos militares sentados al otro lado de un escritorio, alumbrados por una lámpara, en un garaje del Consejo de Guerra. "Pese a ser el año ’85, me preguntaron por mi declaración en Conadep, por el terror que tenía no recuerdo ni lo que dije". Ayer, después de declarar en la audiencia del juicio por los crímenes de la ESMA, mientras bastón en mano bajaba las escaleras de los Tribunales de Comodoro Py, murmuró: "Esperé más de treinta años para esto".
"El 26 de marzo del ’77 con mi mujer de entonces, Patricia Walsh, con la hija de ella, María Eva, y nuestro hijo Mariano, de diecisiete días, partimos rumbo a la Capital Federal para buscar a Lilia Ferreyra para ir a San Vicente, donde íbamos a comer un asado para que él conociera a su primer nieto varón."
Lilia estaba en el departamento que compartía con Rodolfo en Ugarteche y Las Heras, desde donde cargaron las cosas que estaban mudando al departamento a San Vicente, la casa que acondicionaban para vivir. "Partimos en un Ami 8 verde, yo manejaba –dijo–, a mi derecha iba Lilia y atrás estaba Patricia con los dos chicos." Cerca de San Vicente, Lilia tomó el volante porque conocía más el camino. "Pasamos por una cantidad de calles de tierra y llegamos a una casa; había un terraplén a la izquierda, terrenos con pocas casas y, a medida que nos aproximábamos, a Lilia le llama la atención que en ese momento no se veía el humo del asado, eran las doce del mediodía o algo por el estilo, con un arribo que teníamos previsto una hora antes, y tampoco estaba el Fiat 600."
Antes de ingresar a la zona había una casa blanca con cortinas amarillas y un bosquecito de eucaliptos. Al no estar el coche, Lilia dejó el volante, bajó, entró al predio. "La veo alarmada; ingreso detrás de ella, Lilia sale muy nerviosa: ‘¡Vámonos, vamos!’, decía. ‘¡Vamos!’ Y yo alcanzo a ver en el terreno una cantidad de objetos domésticos dispersos. La casa como bombardeada, impactos de bala, restos de explosiones y recuerdo perfectamente un artefacto sanitario: el inodoro en medio del jardín. Y luego, marcas de explosiones sobre el pasto, e inmediatamente nos hicimos la idea de que algo grave había pasado, salimos de ahí manejando, no sé cómo salimos, creo que cometí algunas infracciones de tránsito, agarramos la ruta y volvimos a Capital Federal."
Durante el regreso, "conversando en un estado de mucha tensión y de mucha tristeza y dolor y mucho miedo, sobre todo, Lilia comentó cómo había sido la partida de San Vicente del día anterior. En la estación se habían encontrado con el martillero que les vendió el terreno con la casita y les entregó la escritura. Rodolfo se la guardó en el portafolio, se fueron a Constitución, donde se despidieron. Rodolfo se iba a encontrar con un par de personas, no sabíamos con quién".
La seguridad de Rodolfo ya estaba sumamente comprometida, explicó. Ninguno ignoraba que lo estaban buscando. Había vuelto a escribir ficción, sabían que estaba escribiendo la Carta a la Junta Militar. Y también sabían que como oficial segundo de Montoneros había criticado a la conducción y optado por intentar retirarse y camuflarse, para lo cual compró la casa de San Vicente, con la idea de que su hija construyera algo en el fondo para vivir ahí, cultivar la tierra y tratar de sobrevivir la embestida de ese momento.
La querella le preguntó entonces por las gestiones que siguieron. Jorge mencionó algunas de las puertas golpeadas: la visita de Patricia al tío Carlos Washington Walsh, que era oficial de la Marina en retiro, a quien le pidió que averiguara algo, "pero tengo entendido que no averiguó nada, ni lo intentó". También, de Catalina, la hermana monja de Walsh que intentó interceder a través de la Iglesia, otro camino infructuoso. De los hábeas corpus en el Juzgado de Oscar Salvi, y de la 1ª de San Vicente.
Para la primavera de ese año, volvió a San Vicente en un Fiat 128 azul. Pudo entrar a la casa con Patricia, simularon ser eventuales compradores. "Pudimos observar el cielo raso del techo, se habían llevado hasta las aberturas, estaban los restos de las explosiones, recorrimos el terreno, nos aproximamos –yo adelante y Patricia atrás– hasta un alambrado que lindaba con el terreno de la casa de las cortinas amarillas." Había un señor y una señora, y a través del alambrado, mientras hablaban de sembrar papas y tomates, preguntaron qué había pasado.
Los vecinos contaron entonces lo que otros vecinos narraron en alguna de las audiencias del juicio. Dijeron que "una noche a la madrugada vinieron una cantidad de camiones militares, autos de policía, autos particulares sin identificar que rodearon e ingresaron primero en la casa de ellos, tenían dos o tres chicos pequeños. Los intimaron violentamente y luego, cuando cayeron en la cuenta de que lo que estaban buscando no estaba ahí, rodearon la otra casa y, por lo que esta gente decía, acribillaron a balazos la casa y la bombardearon".
Otra de las cosas que supo, dijo, es que esa noche al parecer no había nadie en la casa, porque como en la zona no había luz, si alguien anda despierto se notaba a la distancia porque solía haber algún sol de noche encendido. También les dijeron, como si fueran extraños, que la pareja que vivía ahí no había vuelto. Que esas fuerzas se habían ido varias horas después del amanecer, con lo que, dijo Jorge, "caímos en la cuenta de que nosotros habíamos llegado poco después de que esto ocurriera".
Rodolfo había alquilado antes una casa en el Tigre, sobre el río Carapachay, en el muelle Liberación, como lo nombraron unos inquilinos anteriores. Esa casa fue allanada supuestamente por la Armada un día que llegaron en varias embarcaciones particulares. Pese a que la familia la había vaciado varios meses antes, explicó, desvalijaron lo que quedaba y se llevaron un gomón con motor de cinco caballos. "Desde la muerte de Vicky, la hermana de Patricia, ya la situación era muy comprometida y peligrosa. Ese allanamiento resultó un claro indicador de que, para esta gente, Rodolfo y todos nosotros éramos un objetivo militar."
Jorge era editor de Vida cotidiana, Arquitectura y Ciencia y Técnica en La Opinión. Después de la caída de una de sus compañeras, Vicky lo llamó para avisarle y advertirle que corría peligro. Al día siguiente, allanaron un departamento que él tenía en la calle Paraguay.
Durante la audiencia, del lado de los represores sólo se sentó Ricardo Cavallo, como suele suceder. "¿Usted tenía relación con Walsh?", preguntó su abogado a Pinedo. "¡¡Era mi suegro!!", bramó Pinedo. "Tenía una relación entrañable con Rodolfo Walsh." El hombre enfiló entonces hacia una de las coartadas de la defensa, quiso saber hasta qué punto Pinedo estaba seguro de que todo lo que había sucedido con Walsh no fue urdido por Montoneros. ¿No le dijo que tenía temor? ¿Que quería abrirse de la Organización? "¡No!", respondió Pinedo, más tajante todavía. Y mientras alguna de las querellas levantaba la mano para pedirle al Tribunal que anulara la pregunta, Pinedo agregó: "De ninguna manera".
Antes de terminar, cuando el presidente del Tribunal Oral Nº 5, Daniel Obligado, le preguntó si quería decir algo más, Jorge Pinedo miró el crucifijo que está arriba de todo, colgado en una de las paredes, encima de las cabezas de los que suelen ocupar los asientos destinados a los camaradas de los represores. Pidió, entonces, que lo retiren, que "resulta muy intimidante" porque los imputados invocaban una presunta relación con esas fuerzas divinas para hacer lo que desearon hacer. También aclaró que haría una convocatoria inútil, pero que incluso ellos, que eran los peores genocidas, tenían la oportunidad de decir "dónde están los cuerpos, dónde están los hijos arrancados de sus madres, dónde está la obra de Rodolfo Walsh: en ese orden".
A Rodolfo Walsh le dispararon durante una encerrona en la esquina de San Juan y Entre Ríos el 25 de marzo de 1977 cuando iba a una cita cantada. Llegó muerto o casi muerto a la ESMA. Pinedo supo qué había pasado recién años más tarde.
4 de febrero de 2011
28 de enero de 2011
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