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impunidad en el perú de alan garcía


Alan aprobó una ley de impunidad. Veinte miembros del escuadrón de la muerte Colina podrían quedar libres gracias a García. El gobierno peruano sacó adelante una norma que organismos de derechos humanos nacionales e internacionales calificaron de "amnistía encubierta" para los represores. García sería uno de los beneficiados por la masacre El Frontón.
[Carlos Noriega] Lima, Perú. Más de veinte miembros del escuadrón de la muerte Colina, juzgados por secuestros y asesinatos cometidos durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), podrían quedar libres. Y no son los únicos. Amparados en una ley recientemente dictada por el gobierno de Alan García, gracias a las facultades legislativas que le dio el Congreso controlado por el oficialismo y el fujimorismo, los integrantes del grupo Colina, por cuyos crímenes Fujimori ha sido condenado a 25 años como autor intelectual, han pedido que el proceso en su contra, que está cerca de culminar, sea archivado, con lo cual quedarían libres. El pedido será resuelto por el tribunal en los próximos días.
La cuestionada ley de Alan García invocada por los agentes de Colina para salir libres señala que los delitos de violaciones a los derechos humanos ocurridos antes de noviembre de 2003 no son considerados crímenes de lesa humanidad y tienen el beneficio de la prescripción. Además establece que si el proceso de investigación judicial por estos delitos excede el plazo de 36 meses, el caso queda archivado y los inculpados, libres de responsabilidad. El abogado de Fujimori, que también patrocina a militares juzgados por violaciones a los derechos humanos, habría jugado un papel clave en la redacción de esta ley.
Esta norma colisiona con la legislación internacional en materia de derechos humanos que el Perú se ha comprometido a cumplir, que declara la imprescriptibilidad de los delitos de violaciones a los derechos humanos sin importar en qué fecha se cometieron, y contradice la jurisprudencia de los últimos años en el país en ese mismo sentido. Pero eso no ha detenido al gobierno para sacar adelante esta ley, calificada por los organismos de derechos humanos, nacionales e internacionales como una amnistía encubierta para los violadores de los derechos humanos, que ahora podrán acogerse a la prescripción de sus crímenes o alegar que la investigación judicial ha excedido el plazo límite de 36 meses.
El primer fallo judicial amparado en la llamada ley de amnistía encubierta ha beneficiado a un ex ministro de Alan García: Agustín Mantilla, quien fuera ministro del Interior en el primer gobierno de García (1985-1990) y que estaba siendo juzgado como organizador y jefe del Comando Rodrigo Franco, el escuadrón de la muerte que operó durante la primera presidencia de García. Un juez ha resuelto archivar el juicio en su contra citando la ley de Alan García. Pero la fiscalía ha apelado esa decisión.
El propio García sería uno de los beneficiados con la ley que él ha dictado. En los tribunales está abierto un proceso por la ejecución de más de cien presos de Sendero Luminoso en la isla penal El Frontón en 1986. García ha sido sindicado como autor intelectual de la matanza. Los marinos procesados por las ejecuciones de El Frontón han pedido que se aplique esta ley para archivar el juicio.
La llamada amnistía encubierta, o ley de impunidad, ha merecido un amplio rechazo. Organismos de derechos humanos nacionales e internacionales, la Conferencia Episcopal, la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo y diversas organizaciones políticas han expresado su condena a la ley y exigido su derogatoria. Incluso el ministro de Justicia, Víctor García Toma, se sumó a las críticas a la ley, pero a pesar de eso se mantiene en el gobierno. El futuro de la norma queda en manos del Legislativo, que puede derogarla o no.
El opositor Partido Nacionalista, encabezado por el ex candidato presidencial Ollanta Humala, ha presentado una acción de inconstitucionalidad contra esta ley. El relator de las Naciones Unidas para los derechos humanos, Martin Sheinin, ha señalado que en el Perú se vive "un clima de impunidad". La Comisión Interamericana de Derechos Humanos también se ha pronunciado en contra de la ley y le ha recordado al gobierno peruano que ha suscripto tratados internacionales que declaran imprescriptibles los delitos de violaciones a los derechos humanos y que está obligado a cumplirlos.
El impulsor de esta ley favorable a los violadores de derechos humanos ha sido el ministro de Defensa, Rafael Rey, miembro del Opus Dei y cercano al fujimorismo. Como congresista en 1995, Rey votó a favor de la ley de amnistía para violadores a los derechos humanos que dictó Fujimori y que a la caída de su gobierno fue derogada. Rey ha calificado los juicios por violaciones a los derechos humanos como "una persecución política" contra los militares, y ha dicho que no le preocupan las reacciones internacionales contra la ley de impunidad que ha promovido. Para dar esta ley, Rey buscó la asesoría del abogado de Fujimori, César Nakasaki, quien participó en su redacción. Aunque el gobierno lo niega, los organismos de derechos humanos han denunciado que esta ley puede favorecer a Fujimori, condenado a 25 años por crímenes de lesa humanidad.
Según la Comisión de la Verdad, la guerra interna entre los años ’80 y ’90 dejó 69 mil muertos. Cerca de la mitad de esas muertes fue causada por las fuerzas de seguridad. Sin embargo, los condenados por violaciones a los derechos humanos no llegan a veinte. Los procesos avanzan lentamente y más del 80 por ciento de los militares juzgados ha sido absuelto. La ley de Alan García terminaría de consagrar la impunidad.
13 de septiembre de 2010
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murió clive donner


Formó parte de la nueva ola de directores británicos de los años sesenta. Antiguo montador, empezó a dirigir en los años cincuenta.
[Dennis McLellan] Murió Clive Donner, director que formó parte de la nueva ola de cine británico de los años sesenta, que hizo ‘¿Qué hay de nuevo, Pussycat?’ [What’s New Pussycat?; ¿Qué tal, Pussycat?]  y ‘Fango en la cumbre’ [Nothing But the Best], en los años sesenta. Tenía 84 años.
Donner, que tenía el mal de Alzheimer, murió el martes en Londres, de acuerdo a un informe en la prensa inglesa.
Antiguo montador que empezó a dirigir a fines de los años cincuenta, Donner se hizo famoso con ‘The Caretaker’ (rebautizada más tarde como ‘The Guest’), un drama de 1963 en una adaptación de Harold Pinter de su propia pieza sobre las interacciones entre dos hermanos y una vampiresa que lleva a casa uno de ellos.
La película, de bajo presupuesto y en blanco y negro, con Alan Bates, Donald Pleasence y Robert Shaw, ganó el premio del jurado del Festival de Cine de Berlín.
Donner hizo después ‘Fango en la cumbre’, una comedia de 1964 con Bates y Denholm Elliott, y ‘¿Qué hay de nuevo, Pussycat?’, una exitosa farsa erótica de 1965, escrita por Woody Allen, que también apareció en la película, y cuyo reparto de actores incluía a Peter Sellers y Peter O’Toole.
"Clive Donner fue una de las principales figuras del cine británico de los años sesenta", dijo Kevin Thomas, crítico de cine de The Times y antiguo redactor. "Había un cierto tipo de fermentación artística en la historia del cine británico en los años sesenta, y él fue una parte importante de eso".
‘Fango en la cumbre’, dijo Thomas, "es claramente su mejor película. Era una ingeniosa y aguda sátira de las mores sociales británicas. Estaba armado con un fabuloso guión de Frederic Raphael, y lo convirtió en una verdadera gema".
Donner, dijo Thomas, "era un director muy de los sesenta, en términos de éxito".
‘Luv’, una adaptación de 1967 de la comedia de Murray Schisgal en Broadway, con Jack Lemmon, Peter Falk y Elaine May, fue una desilusión en la taquilla.
Donner terminó la década con ‘Here We Go Round the Mulberry Bush’, una película de 1968, sobre la adolescencia, y ‘Alfredo el Grande’ [Alfred the Great], un drama histórico de 1969, con David Hemmings y Michael York.
Entre las últimas películas de Donner se encuentran ‘Old Drac’ (1974, titulada originalmente ‘Vampira’), ‘La bomba que desnuda’ [The Nude Bomb] (1980) y ‘Charlie Chan y la maldición de la Reina Dragón’ [Charlie Chan and the Curse of the Dragon Queen] (1981).
Pasó gran parte de los años setenta hasta principios de los noventa trabajando en televisión, dirigiendo a Peter O’Toole en el drama de 1976, ‘Rogue Male’, y a George C. Scott en dos adaptaciones de Dickens: ‘Oliver Twist’ (1982) y ‘Cuento de Navidad’ [A Christmas Carol] (1984).
Nigel Lythgoe, presidente de la Academia Británica de Artes Cinematográficas y de la Televisión, Los Ángeles -y productor ejecutivo de ‘American Idol’-, elogió la obra de Donner como director de la serie de televisión británica ‘Danger Man’ de principios de los años sesenta, con Patrick McGoohan en el papel estelar.
"Y dos de mis películas favoritas de los sesenta eran ‘Here We Go Round the Mulberry Bush’ y ’Qué hay de nuevo, Pussycat?’", dijo Lythgoe. "Era un director de cine icónico y uno de los grandes directores británicos, al que echaremos mucho en falta".

Donner, que no era familiar del director Richard Donner, nació en Londres el 21 de enero de 1926.
A los dieciséis acompañó a su padre, un violinista, a una sesión de grabación de la película de 1943, ‘Vida y muerte del coronel Blimp’ [The Life and Death of Colonel Blimp] en los Estudios Denham, donde el director Michael Powell consiguió un trabajo para el joven Donner en el departamento de montaje.
Donner, que sirvió en la Armada Real en los años cuarenta, empezó a montar películas de principios de los cincuenta, como ‘Madeleine’, ‘Cuento de Navidad’, ‘Genevieve’ y ‘Soy una cámara’ [I Am a Camera]. Hizo su debut como director con el drama policial de 1957, ‘The Secret Place’, cuyo reparto incluía a David McCallum.
La esposa de Donner, la figurinista Jocelyn Rickards, murió en 2005.
13 de septiembre de 2010
10 de septiembre de 2010
©los angeles times
cc traducción mQh
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demasiado enfermo para juicio


Ex represor argentino Bussi no sería juzgado por problemas de salud. El ex comandante de 84 años acusado de delitos de lesa humanidad, padece "severos problemas físicos y psicológicos", sostiene un informe de los peritos revelado por una agencia trasandina.
Argentina. El ex comandante Antonio Domingo Bussi sería eximido de un juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura en Argentina (1976-1983) por padecer "severos problemas físicos y psicológicos", según un informe de peritos forenses que será evaluado por el tribunal a cargo.
El Tribunal Oral Federal en lo Criminal de la provincia argentina de Santiago del Estero analizará el informe de los peritos de la Corte Suprema de Justicia antes de iniciar el martes el juicio por la detención y asesinato en 1976 del estudiante universitario Cecilio José Kamenetkzy.
Bussi, de 84 años, padece "severos problemas físicos y psicológicos", sostiene el informe de los peritos revelado por la agencia local DyN.
El tribunal ya había decidido apartar al ex dictador Jorge Rafael Videla y al ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez del juicio oral, ya que ambos son juzgados en otro debate que se realiza en la provincia de Córdoba y que aún no finalizó.
Los jueces fijarán oportunamente nueva fecha de debate para juzgar a Videla y a Menéndez.
Sí serán juzgados en cambio el ex jefe de los grupos de tareas de la Policía provincial Musa Azar y dos de sus subordinados.
Bussi cumple prisión perpetua domiciliaria tras haber sido condenado en otro juicio por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
El ex militar comandó el Operativo Independencia que combatió a las guerrillas en la provincia de Tucumán y fue gobernador de ese distrito durante el régimen de facto y luego, tras el fin de la dictadura, por votación democrática.
12 de septiembre de 2010
©la tercera
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ayer mataron a salvador allende


"Allende se suicidó o lo mataron. Pero estuvo en su puesto hasta último momento. El 11 de septiembre que América latina recuerda y llora es éste. El otro, el de las Torres, ni sabemos quién lo hizo".
[José Pablo Feinmann] Sería ingenuo no creer que el 11 de septiembre que el mundo recordará será el de las Torres Gemelas antes que el de Chile. El de las Torres tuvo una audiencia en simultáneo, un público atónito que asistía, compartiéndolo, en vivo y en directo, a uno de los acontecimientos más poderosos de la historia humana. No menos poderoso fue el de Chile, pero nos tenía más acostumbrados. Sin embargo, no bien se desplegó el terror pinochetista supimos que eso era nuevo, no tenía antecedentes. Lo mismo sucedió con el terror de la Junta argentina.
Ignoro si se ha reflexionado sobre un punto (sin duda, sí; pero merece ser ofrecido otra vez al análisis): el acontecimiento de las Torres y el de Chile no sólo comparten la fecha, sino mucho más. El país de las Torres (el Imperio) fue el causante directo del septiembre chileno. Chile nada tuvo que ver con la caída de las Torres. Pero Estados Unidos hizo el golpe de Pinochet, lo inventó a Pinochet y lo asesinó a Allende. Era parte de la política que se había otorgado para manejar las cosas en eso que llaman su "patio trasero".
Desde que llegó a la presidencia, Kennedy, que era un furioso anticomunista, advirtió que –durante el llamado período de la Guerra Fría– las acciones bélicas directas no tendrían lugar entre los dos bloques hegemónicos. Había, en ellos, un exceso de técnica bélica que lo impedía. El terror nuclear recomendaba una excesiva prudencia que los dos colosos ejercieron celosamente. Las luchas, entonces, se dieron en otras latitudes.
Demoraron en advertir que en América latina los comunistas se habían posesionado de Cuba, brillante tarea de esos barbudos que habían seducido y engañado a la CIA diciéndose democráticos, y que la CIA creyó que apenas venían a tirarles abajo a ese sargento Fulgencio Batista, un sanguinario impresentable, que había hecho de Cuba un prostíbulo y un garito para la mafia. Apoyaron a los muchachos de Fidel, que les dieron una enorme y pésima sorpresa: su líder se definió y definió a su movimiento como marxista-leninista. Decidieron aprender la lección: nunca más un Castro en América latina. Porque Estados Unidos decía no pretender apropiarse del mundo como los soviéticos, pero en verdad ya casi lo dominaba o ésa era su meta. Con justa razón, el profesor Chalmers Johnson consideró que había más simetría entre las políticas de la Unión Soviética y de los Estados Unidos de lo que los norteamericanos deseaban reconocer: "Si en el transcurso de la Guerra Fría la Unión Soviética intervino manu militari en Alemania Oriental (1953), Hungría (1957) y Checoslovaquia (1968), los Estados Unidos articularon el golpe en Irán (1953), la invasión de Guatemala (1954) y de Cuba (1961), ocuparon militarmente la República Dominicana (1965) e intervinieron en Corea (1950) y en Vietnam (donde sustentaron dictaduras y mataron a un número más grande de personas que la Unión Soviética en sus exitosas intervenciones)" (Chalmers Johnson citado por Luis Alberto Moniz Bandera en su notable ensayo: ‘La formación del Imperio Americano’). En una comparación inevitablemente odiosa y desagradable, posiblemente la CIA sea y haya sido una organización más cruel, más asesina y, sobre todo, más responsable de la llegada de regímenes genocidas al poder que la KGB soviética. Medio mundo o más no diría esto por la prepotencia, la supremacía que tienen los medios en la formación de la subjetividad de las personas. El cine, por ejemplo (gran herramienta de propaganda de EE.UU.), siempre ha mostrado a un agente de la KGB como alguien más siniestro que uno de la CIA, que, con frecuencia, es el héroe de la película. Jack Ryan, sin ir más lejos, tuvo la pinta y el carisma de Harrison Ford. ¿Quién, en la KGB, podía competirle? Pero un serio problema se le aparece a la Administración Nixon. En 1970, el socialista Salvador Allende, candidato de la Unidad Popular, gana de modo inobjetable las elecciones en Chile. Pese a que Allende propone una "vía pacífica" –o una "vía democrática"– al socialismo, Richard Nixon lo odia desde el primer día. Y desde ese día se propone echarlo del gobierno. Aquí debo mencionar dos documentales formidables con los que trabajo estas cuestiones y deben (creo) ser consultados: uno es casi una autobiografía de Robert McNamara y se titula ‘La niebla de la guerra’, el otro es una pequeña obra maestra de Chistopher Hitchens, ‘Los juicios de Henry Kissinger’. En éste, Hitchens nos muestra la pasión que pone Kissinger en dejar contento a su jefe, Nixon, y demostrarle que se puede hacer con un país lo que Estados Unidos desee. No aún con Chile, porque Allende acaba de ganar muy limpiamente "y nosotros respetamos la democracia". Nixon acepta este dogma, pero tiene claro que –en caso de llegar a imponer una dictadura– siempre es mejor una dictadura no-comunista que una comunista (ver Luis Alberto Moniz Bandeira, ‘La formación del Imperio Americano’, p. 278). Seguramente compartían este criterio las empresas que le hicieron saber acerca de la gravedad del asunto: la ITT, la Pepsi Cola y el Chase Manhattan Bank. Todas se comunicaron con el presidente de la CIA, Richard Helms. También lo hizo Nixon, en una reunión relámpago: se sentó, tomó un vaso de agua, dijo un par de cosas y se fue. Destinó 10 millones de dólares para la tarea de desestabilizar al "hijo de puta" –así le decía: SOB—, pidió acción inmediata, dejar de lado al embajador, poner los mejores hombres en la tarea y en 48 horas deteriorar la economía. A partir de ese punto empezaría el trabajo en serio.
Kissinger tenía un buen concepto de la habilidad política de Allende: por todos los medios exhibiría que no era un satélite soviético, a lo Castro, ni siquiera un gobierno abiertamente comunista. Pero no estaba dispuesto a mostrar que le creía. En suma, entre Nixon y Kissinger deciden hundir a Allende desde el primer día de su llegada al poder. Así se hace la historia. En tanto, en América latina se festejaba el gran paso de la llegada al gobierno por elecciones libres y democráticas de un gobierno socialista (aunque fuese con un margen leve: la Unidad Popular sólo alcanzó el 36,2%), en las oficinas de la CIA o en el despacho más privado de Nixon la tarea de destrucción ya estaba en camino. Precisamente en ‘Los juicios de Kissinger’, el halcón Alexander Haig (que anduvo por aquí tratando de arreglar la guerra de Malvinas) lanza una exclamación con la fuerza de un escupitajo iracundo: "¿Otro Castro en América latina? ¡Por favor!" O sea, ni locos. Allende debía caer.
Haig es un activo soldado de esa causa. En mi novela ‘Carter en New York’, Joe Carter le cuenta a un amigo moribundo el modo en que Haig (Alexander Higgins en la novela) se despide de Allende antes de subir al avión que lo llevará a los States, cumplida ya su tarea. Explica: "El problema –ahora– es el Islam. Pero a los 24 años conocí al senador republicano Alexander Higgins. El hombre era un genio. Uno de los grandes cerebros que –allá por 1973– liquidó al gobierno socialista de Salvador Allende. Y que –no hacía mucho, entre un trago y otro– le había confesado ciertas cosas. ‘Sabes, Carter, Allende tenía la beatitud de un arcángel. Mas, ¿qué podía hacer yo? Sólo reconocerlo, pero no evitar mi trabajo por sentimentalismos peligrosos, que te mienten o te ciegan. La última vez que estreché su mano, poco antes del golpe que acabó con su vida, abandonaba yo la República de Chile, todo estaba ya hecho. Acerqué mi cara a la suya y en voz muy baja pero audible para él y para mí, le dije: ‘Es usted un hombre puro. Comunista o no. Cuando le caiga encima el caos que le hemos preparado recuerde estas palabras de uno de sus enemigos. Es usted un hombre bueno, equivocado pero honesto y valiente. Estrecho su mano con orgullo, doctor Allende. Y es la última vez que lo hago’. Me miró a través de esos anteojos doctorales, de académico, de hombre culto. Dijo: ‘¿Por qué si tanto me respeta está al lado de quienes buscan mi destrucción?’ ‘Doctor, es muy simple: otra Cuba, en América latina, no. No podemos permitir eso.’ ‘¿Y quiénes son ustedes para permitir o no lo que un pueblo ha elegido democráticamente?’ ‘Los Estados Unidos de América. Y ustedes nuestro patio trasero. No queremos más problemas por aquí. Trate de salvarse. Huya.’ ‘Nunca. Usted no me respetaría si yo huyera. Me respeta porque sabe que lucharé hasta el fin.’ ‘Lo sé. Lo que nunca sabré es por qué luchará hasta morir por una causa tan infame.’ Allende me clavó sus ojos. Diablos, cuando miraba feo podías temblar si no eras duro, si te escaseaban los cojones. Dijo: ‘Lo que nunca sabré es cómo usted dice respetarme y es un mercenario al servicio de un imperio de asesinos’. ‘Doctor, no nacimos para entendernos. Estamos a punto de dejar de respetarnos. Y si me quedo uno o dos minutos más junto a usted acabaré por hacer el trabajo que en breve harán sus verdugos.’ ‘Parece conocerlos.’ ‘Los hemos entrenado nosotros, doctor.’ ‘¿Quién es el principal cabecilla?’ ‘¿No lo sabe? ¿Ni eso sabe?’ No dijo palabra. Todo estaba tan irrefutablemente tramado que no me importó darle el nombre del general que le habíamos destinado como verdugo. ‘Pinochet.’ ‘¿El general Pinochet?’, se asombró. Y, muy seguro, dijo: ‘El general Pinochet es mi amigo’. ‘Doctor Allende, parto de Chile con una duda: si es usted increíblemente bueno o increíblemente tonto.’ ‘Pues yo lo despido con una certeza: usted es un perro, una escoria humana que insulta la esencia del hombre.’ ‘Lamento desilusionarlo, doctor: pero a esa esencia, de nosotros dos, la encarno yo mejor que usted. Le dejo una enseñanza antes de irme: usted, como comunista, cree que esa esencia es buena y bastará que ella triunfe para que los hombres sean libres. Nosotros creemos que es mala. Que es egoísta y sólo el dinero le importa. Por eso los matamos y los seguiremos matando y les ganaremos todas las guerras. Piénselo.’" (‘Carter en New York’, ed. cit. pp. 105/106/107).
El otro decisivo factor que derrocó a Allende fue "el decano de la prensa chilena", el centenario periódico El Mercurio. Agustín Edwards, su director, viajó hasta las oficinas de Nixon y volvió con dos millones de dólares para la tarea democrática a emprender. Desde sus páginas inflamadas de patriotismo anticomunista, El Mercurio llamó a la lucha a las conchetas chilenas, que son temibles. Inauguraron la moda de las cacerolas.
Todo está dicho. Allende se refugia en La Moneda y dice que no habrá de huir. Ahí se queda. Se hunde con su barco. Tiene puesto un casco de guerra y sostiene una metralleta. Da un último discurso: "Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor". Don Agustín Edwards, director del "decano de la prensa chilena", habrá brindado con buen champán. Las conchetas, felices. Los obreros, perseguidos y asesinados. Allá, en el Norte, la CIA, Nixon y Kissinger, satisfechos. Allende se suicidó o lo mataron. Pero estuvo en su puesto hasta último momento. El 11 de septiembre que América latina recuerda y llora es éste. El otro, el de las Torres, ni sabemos quién lo hizo. Y, emperradamente, como le habría gustado a don Salvador, seguiremos creyendo que alguna vez, más tarde o más temprano, se abrirán las grandes alamedas. Y el primero en pasar por ellas será don Salvador Allende. Una enorme pancarta con su cara de hombre bueno, que soñó un sueño tal vez imposible, pero que él sostuvo hasta el final. Así, pocos, Salud, héroe, mártir, ejemplo perenne. En usted se encarnó lo mejor de la condición humana.
12 de septiembre de 2010
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anulan causa por ddhh en reconquista


Anularon elevación a juicio de la causa que investiga el terrorismo de estado en Reconquista. Fallas profundas en el debido proceso. El tribunal oral de Santa Fe tomó la decisión sobre esta causa que investiga a seis represores de la III Brigada Aérea de Reconquista, donde operó un centro clandestino de la dictadura. Hay otros cinco policías imputados.
[Juan Carlos Tizziani]  Santa Fe, Argentina. El Tribunal Oral Federal de Santa Fe anuló la elevación a juicio de la causa que investiga a seis represores de la III Brigada Aérea de Reconquista, donde operó un centro clandestino de la dictadura y están imputados el ex jefe de inteligencia de la base, comodoro Danilo Sambuelli y cinco policías de la provincia: Carlos Nickisch, Horacio Machuca, Rubén Molina, Eduardo Luque y Arnaldo Neuman. La decisión fue adoptada por fallas procesales que afectan las garantías del "debido proceso legal" y la "defensa en juicio" de los detenidos, como la "incongruencia" entre los hechos imputados en las indagatorias, en el procesamiento y en la elevación a juicio. El caso más notorio es el de Sambuelli, a quien se lo acusó por la "privación ilegal de la libertad, vejámenes y tormentos" a trece víctimas, se lo procesó por tres hechos "sin definir su situación procesal en los restantes" y en el requerimiento de elevación a juicio, el fiscal lo acusó por seis, entre ellos tres por los que nunca fue procesado. "Esto muestra que se ha trasgredido aspectos esenciales del proceso", señaló el Tribunal que devolvió el expediente al juez federal de Reconquista, Aldo Alurralde, quien ahora deberá sanear las "irregularidades" de la investigación antes de llegar al debate oral y público.
En un fallo con el voto unánime de los jueces María Ivón Vella, José María Escobar Cello y su colega de Rosario, Otmar Paulucci "designado para esta causa , el Tribunal repasó "la situación procesal" de los seis imputados y los hechos que les atribuyeron "en cada acto relevante de la instrucción".













El Tribunal concluyó entonces que "las irregularidades extensamente detalladas, violan expresas normas procesales que exigen por una parte que el juez deba resolver la situación procesal del imputado luego de que éste haya prestado declaración indagatoria, y por otra, que la instrucción debe estar completa, todo ello previo a que se formulen los requerimientos de elevación a juicio de la causa".
12 de septiembre de 2010
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declaró sara méndez, sobreviviente


Sara Méndez, sobreviviente del Cóndor. Del juicio por los crímenes de Orletti al reencuentro con su hijo tras 26 años. Fue secuestrada en Buenos Aires durante una operación conjunta del Plan Cóndor. Luego los militares la trasladaron a su país, Uruguay, en un vuelo clandestino, donde estuvo presa con la hoy primera dama. Un caso testigo.
[Mercedes López San Miguel] Argentina. Fue durante 26 años una madre buscando a su hijo robado por las dictaduras uruguaya y argentina. A su hijo de veinte días se lo quitaron no bien irrumpieron en su casa de Belgrano en julio de 1976. Sara Méndez, que es uruguaya, fue llevada al centro clandestino Automotores Orletti durante una operación conjunta del denominado Plan Cóndor. Luego los militares la trasladaron a su país en un vuelo clandestino. Más tarde estuvo presa en el penal de Punta Rieles con Lucía Topolansky, la esposa del hoy presidente José Mujica. En 2002 pudo ver el rostro ya adulto de su hijo Simón. Sara Méndez contó su historia a Página/12 tras declarar en el juicio oral por los crímenes de Orletti. Enumeró a los implicados argentinos que ella pudo reconocer: el ex jefe de la SIDE Otto Paladino, a Aníbal Gordon y Eduardo Ruffo. Del lado uruguayo, Méndez reconoció al teniente coronel Rodríguez Buratti –quien se suicidó hace cuatro años–, al hoy procesado José Nino Gavazzo y al capitán Manuel Cordero.
La noche del 13 de julio quedó grabada en la memoria de Sara Méndez. "Unas quince personas de civil entraron a mi casa rompiendo puertas. Yo estaba con mi bebé y una compañera que militaba en la izquierda como yo. Tomaron posesión de las dos plantas y ahí mismo empezó el interrogatorio y la tortura para que digamos direcciones y nombres de otros uruguayos que estaban viviendo en Buenos Aires. Mi marido, Mauricio Gatti, no iba a llegar esa noche. Nino Gavazzo y Rodríguez Buratti comandaron el operativo."
Los militares se quedaron con su hijo. "Cuando agarro a Simón en mis brazos me dicen que lo deje, que no lo puedo llevar conmigo. ‘No se preocupe señora’ –lo recuerdo como algo grotesco de quienes ya me habían golpeado e insultado–. Al niño no le va a pasar nada porque no es una guerra contra los niños."
Sara Méndez militaba en el Partido de la Victoria del Pueblo que se había reorganizado en Argentina. "Se conforma un frente de lucha contra la dictadura acá, desde el exilio. Lo paradójico es que el partido se rearme en el exilio y el régimen argentino le aplica un golpe rotundo." Ella dice que no usó armas nunca.
A Sara la trasladaron al centro clandestino Automotores Orletti, en donde estuvo –cree– diez días. "El lugar quedaba en el Bajo Flores, donde por delante pasaba el tren y detrás había una escuela. Ese pozo o chupadero, como le dicen acá, era un lugar de tortura y exterminio. En algunos casos si no lo mataban allí, lo sacaban y ya estaba la desaparición forzada como método represivo. Yo fui secuestrada, no me dieron información, no pude ver a mi familia."
Al otro día de su secuestro su marido Mauricio tuvo indicios de que algo andaba mal. La familia Méndez, alertada por aquél, empieza a buscar a Simón y a ella. Su padre se trasladó a Argentina y junto con gente del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados –Acnur– realizaron la búsqueda. Mauricio Gatti murió en 1991.
Sara Méndez recuerda el montaje de su detención en Uruguay. "Fuimos trasladados 24 personas de Buenos Aires a Montevideo. El hermano de mi marido, Gerardo Gatti, quedó en Automotores Orletti. Nos llevaron en lo que hoy se llama el primer vuelo. Estuvimos cuatro meses como desaparecidos en sedes clandestinas. Luego alquilaron una casa en un balneario y habitaciones en hoteles céntricos de Montevideo, hicieron documentos falsos a gente que se parecía físicamente a nosotros y los mandaron a registrarse en esos lugares. Simularon que habíamos entrado al país por nuestros propios medios. Ahí empezó el montaje. Y luego nos ‘van a detener’ como si estuviéramos parando en esos lugares. Fue una falsa detención en octubre de 1976. Nos llevaron a la Justicia militar, con las actas fraguadas y nos procesaron. Hoy sabemos que entre nuestro secuestro y la detención falsa hubo un segundo vuelo con otros uruguayos."
Luego Sara fue llevada por el mismo Nino Gavazzo al penal de Punta Rieles, en Montevideo, en donde estuvo cuatro años y medio. Allí conoció a quien hoy es primera dama de Uruguay, Lucía Topolansky.
"Eramos compañeras. Estaba también su gemela María Elia. Comíamos juntas, hacíamos actividades de estudio, aprendíamos de la especialidad de la otra. Yo era maestra, Lucía estudiante de arquitectura. María Elia sabía mucho de física. Hacíamos intercambio de conocimiento. Estaba prohibido hacer gimnasia, así que nos turnábamos para poder hacer ejercicio. Las cartas se tenían que leer en voz alta, con lo que sabías todo de la otra. Eran cárceles en donde se ponían en práctica métodos sofisticados: debilitar el ser político. No teníamos ninguna información de lo que pasaba en el mundo, vestíamos uniformes, nos llamaban por un número, era una militarización. Una despersonalización. Las visitas eran escuchadas. Había situaciones de riesgo, estados de alarma, teníamos que hacer cuerpo a tierra."
En la primera visita que recibió Sara Méndez en la cárcel se enteró de que su familia no había logrado ubicar a Simón.
Sara salió de prisión tras cumplir su condena casi cinco años después. Eso sí, bajo libertad vigilada. Todavía Uruguay estaba bajo el régimen militar –la democracia llegaría en 1985–. "Tuve que dar mi domicilio, no podía salir de Montevideo sin autorización, me hacían visitas. Me contacté con lo que era el germen de Abuelas de Plaza de Mayo en Argentina. Chicha Mariani guardó los datos de un niño pelirrojito como Simón en un tarrito de lata y lo enterró. Después no lo pudo encontrar."
Por ese tiempo Sara se iba a ilusionar con que ya había encontrado a su hijo. Estuvo diez años para conseguir que la familia del menor que había sido dejado en el Hospital Norte aceptara hacerle un ADN. Dio negativo. "Tuve que empezar la búsqueda de nuevo."
A raíz de una investigación que realizaron el periodista Roger Rodríguez y el político Rafael Michelini dieron con un ex policía que era quien adoptó a Simón. "Estoy convencida de que ese señor sabía que era un bebé robado", afirma Sara y agrega: "Michelini habló con el ex policía y éste le dijo que iba a contarle a Simón sobre su adopción y que lo buscaba su madre". Simón, con 25 años, se hizo el ADN y se reencontró con su madre.

–¿Cómo fue ese momento?
–Mi vida era la búsqueda. Yo me encontré a un hijo que ya era un adulto. Cuando lo encontré cambió todo para mí. Viajo cada dos meses, o viaja él. El tuvo resistencia a asumir la historia.

El caso del secuestro de Simón está comprendido en la Ley de Caducidad, una norma que impide el juzgamiento de militares y policías acusados de violaciones a los derechos humanos. Hoy el oficialismo uruguayo impulsa un proyecto en el Congreso para interpretar algunos artículos de la norma. "Todavía no se avanzó en nada. El proyecto de ley no lo conoce la ciudadanía", afirmó Sara. Y destacó el rol del centroizquierda. "Con los gobiernos blanco y colorado toda causa quedaba comprendida en la Ley de Caducidad. Desde que asumió el Frente Amplio comenzaron los procesamientos a los militares."
12 de septiembre de 2010
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once número 37


Al menos un herido de bala y varios detenidos en peleas con policías en Chile. Protestas y barricadas en un clima enrarecido por la huelga de hambre de 34 comuneros mapuches que lleva 63 días, las revelaciones del ex miembro del FPMR sobre el asesinato del ideólogo de Pinochet, Jaime Guzmán, en 1991.
[Christian Palma] Santiago, Chile. Las protestas por la conmemoración número 37 del golpe de Estado que instaló a Augusto Pinochet y a su séquito por la fuerza en La Moneda el 11 de septiembre de 1973 comenzaron en la madrugada de este sábado con una persona herida de bala y tres detenidos, tras una seguidilla de incidentes registrados en el cordón periférico de Santiago, con cortes de luz y barricadas incluidos.
Este nuevo 11/9 chileno tuvo una connotación especial, dado que es el primero bajo un gobierno de derecha desde que en 1990 volvió la democracia, poder que se mantuvo en manos de cuatro presidentes consecutivos de la Concertación. Por esta razón, más un clima enrarecido por la huelga de hambre que 34 comuneros mapuches llevan adelante hace 63 días, las revelaciones del ex miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), Mauricio Hernández Norambuena, respecto del asesinato del senador de derecha e ideólogo de Pinochet, Jaime Guzmán, en 1991, y las manifestaciones que siempre han acompañado a este día, es que Carabineros reforzó sus efectivos en la calle.
Las autoridades metropolitanas autorizaron una marcha de los familiares de las víctimas de la dictadura desde el centro de Santiago hasta el Cementerio General, lugar donde está el monumento a la memoria de los detenidos desaparecidos y ejecutados políticos. Además se permitieron homenajes al presidente Salvador Allende, con vigilias y velas en lugares emblemáticos, como el Estadio Nacional y antiguos centros de tortura de la policía secreta de Pinochet.
Sin embargo, al término de la actividad en el Cementerio General, que estuvo marcada por críticas al Bicentenario de la Independencia, al gobierno de Sebastián Piñera y a la situación de los mapuches, decenas de encapuchados arremetieron con piedras y bombas de humo contra la prensa en general que cubría la manifestación. Los manifestantes se ensañaron además con las señales de tránsito y otros bienes públicos, incluso quemaron una bandera chilena.
Si bien la presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), Alicia Lira, rechazó esos actos, también consideró dramática la situación de los comuneros que "pelean por su derechos, por su dignidad, contra el robo de sus tierras ancestrales, mientras el gobierno hace oídos sordos".
A su vez, el diputado Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista, añadió que el gobierno "está a prueba en relación a la defensa de los derechos humanos. Veremos si lo que se ha hecho perdura y podemos seguir avanzando en cuanto a verdad y justicia".
Al final de la jornada, Carabineros informó que 20 personas, de las casi 10 mil que se movilizaron fueron detenidas por desórdenes graves y por portar elementos para fabricar bombas.
Presencialmente ajeno a esto, Sebastián Piñera destacó desde Antofagasta que el golpe de Estado era evitable. "El 11 de septiembre del año ’73 se quebró nuestra democracia. Pero no fue una muerte súbita ni intempestiva, fue más bien el desenlace previsible, aunque definitivamente evitable, de una democracia que venía enferma de odiosidad, de polarización extrema, de falta de diálogo. Daba la impresión de que el gobierno y la oposición de la época se habían propuesto destruirse mutuamente. Y lo lograron, y de paso destruyeron nuestra democracia, nuestra amistad cívica, nuestra sana convivencia y muchas cosas más", sostuvo.
Agregó que la tarea de quienes ejercen los liderazgos en todo ámbito "es no es seguir recordando las divisiones del pasado, sino construyendo los puentes del futuro". Pidió también a los comuneros mapuches deponer el ayuno y a las iglesias seguir esforzándose por restablecer los caminos del diálogo. Más tarde, participó en el concierto Sinfonía en el desierto, una alegoría a la vida, en el Parque Nacional Pan de Azúcar.
Cerrando el día, Lucía Pinochet Hiriart, la hija mayor del fallecido ex dictador, afirmó que "Chile es lo que es gracias al gobierno de Augusto Pinochet". Tras asistir a un acto conmemorativo organizado por los oficiales retirados de las Fuerzas Armadas, comparó la gestión de su padre con la de Fidel Castro, aludiendo a que las recientes autocríticas del líder cubano "lo deben hacer sentirse frustrado".
Sus palabras llegan justo cuando se supo que un documento oficial del Ejército admitió que su hermano, Augusto Osvaldo, fue agente de la DINA con grado de teniente. La participación de "Pinochetito" en este organismo represor creado por la dictadura para contrarrestar a los opositores al régimen siempre fue negada por el ex gobernante de facto fallecido en diciembre de 2006.
12 de septiembre de 2010
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otro capellán venido del infierno


Las confesiones de Eugenio Zitelli, ex capellán de la policía de Rosario en la dictadura. El actual cura párroco de Casilda, habló hace años en un programa de televisión sobre su papel en la dictadura. Ahora, ese y otros testimonios forman parte de los argumentos con que lo denunciaron en la justicia federal.
[José Maggi] Argentina. "Yo siempre a Feced le decía con la Ley, con la ley por favor. Yo acompañé más de treinta muertos, asesinados de la Policía, compañeros muertos, policías muertos, digamos de atentados terroristas y subversivos. Usted cree que esa situación dentro de la policía no incidía para la reacción de la gente, para la reacción de la represión. Usted cree que eso ayudaba. ¡Era una guerra tremenda!...Yo no justifico en absoluto las reacciones, pero me las explico". La confesión pertenece a Eugenio Zitelli, párroco de Casilda y ex capellán de la policía rosarina durante la dictadura. La hizo en el año 1995 en un programa televisivo, cuya desgabración acompaña ahora la presentación realizada por un grupo de militantes de Casilda junto a organizaciones defensoras de derechos humanos y dirigentes políticos.
La denuncia fue presentada por Claudia Alejandra Nigro, Juan José Noste, Silvio Rosa, Sandra Michelón de la agrupación UMANO (Unidos por la Memoria Ante el Olvido) con el patrocinio de Luciana Censi, Gabriela Durruty, Jesica Pellegrini, Leticia Faccendini y Daniela Asinari. En este sentido la abogada Leticia Faccendini patrocinante de la causa remarco que "el caso del cura Zitelli, resultaría de similares características al caso del capellán Von Wernich, dado que el mismo habría concurrido asiduamente al centro clandestino de detención, habría accedido a las zonas en las que se encontraban ilegalmente privadas de su libertad las víctimas, manteniendo contacto directo con ellas. Y habría justificado los tormentos y torturas de los que eran objeto".
En los fundamentos de la sentencia del Tribunal Oral Federal Nº 1 para el juicio a Cristian Von Wernich se manifiesta que: "Es tan torturador el que enchufa el cable en la pared como el que enciende la radio para que no se escuchen los gritos, el que pasa la picana por los genitales de la víctima, o el que llega después a `aconsejarle’ que hable para no ser torturado nuevamente. Por ello creemos que llegó el momento de investigar las complicidades eclesiásticas con el genocidio en nuestra zona".
Zitelli, actual cura párroco con cargo de "Monseñor" de la Iglesia San Pedro Apóstol de Casilda, se desempeñó como capellán hasta el inicio de la democracia, donde funcionó el Centro Clandestino de Detención en dependencias del Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía de Rosario (Unidad Regional II). En esa función, habría participado de las "misas, confesiones y entrevistas" con los detenidos y detenidas en la mencionada dependencia, en su carácter de capellán de la Policía, de lo cual resultaría una pieza más para el funcionamiento y sostén del mecanismo represivo existente en ese sitio. Ello surge, de la propia declaración de Zitelli en un medio televisivo de la ciudad de Casilda en el programa ‘Contraluces’, conducido por Francisco Campabadal el 26 de setiembre de 1995.
En esa entrevista al ser preguntado sobre su labor como capellán, Zitelli manifestó "la Policía de Rosario es una institución muy grande, tiene muchas áreas, varios cuerpos: infantería, Caballería, en aquel entonces, Bomberos, Escuela de Policía, Policía de Menores, yo trabajé mucho allí con Sacomano, con la Policía de Menores".
De igual modo preguntado sobre su función de capellán cuando hablaba con los presos, el sacerdote manifestó: "Le estoy hablando de los presos comunes, no cierto, después vamos a hablar de los presos"de los presos especiales, primero en forma personal después tenemos las charlas en formas grupales, los que quieren venir y teníamos misas mensuales, esto con los presos comunes, así que había una regla".
En la presentación hay además otros testimonios:

- El del ex sacerdote tercermundista Santiago Maguire quien decía "en 1978, mientras esperaba, contra la pared, que apenas me podía tener y con las esposas, a tres metros estaba Zitelli con Cuccidonchi que fue el director de la cárcel de Coronda más cruel de la historia, pero con cara de bueno cual nipón en las películas de la Segunda Guerra Mundial, que cuando salía el visitante tocaba un timbre y lo liquidaba, así era. Fumando, tomando café los dos, Zitelli y el director este, por fin me hacen pasar, me hace pasar Zitelli, eran dos pares, "que tal cómo está" más que eso no pude hacer, mirarlo seriamente y decirle "y qué te parece". Dice "yo estaba de paso por acá, yo estaba de paso" ¿y cómo anda"", "¿y cómo puedo andar"" insisto, "muy mal, el Señor me asiste". Lo desprecié con la mirada, todo lo que pude. Es lo menos que podía hacer."

- El testimonio de Darío Castagnani: "Mi suegra con militancia católica en Casilda, se había movido y había llegado a la influencia de Zitelli, que era el que podía saber cuál era mi paradero. A los 15 días de detenido me llevaron para arriba vendado, pienso que era el primer piso, me sacaron la venda. Entré y me encontré a este personaje llamado padre Zitelli que yo ni lo conocía. Me dijo "siéntese hijo". Me explicó que las circunstancias eran muy duras, pero que aguantara que esto era una cosa circunstancial en la vida de no sé si era la república o la patria o de la nación, no me acuerdo bien, que tratara de aguantar que esto era circunstancial, que no me iba a pasar nada y que tratara de leer la Biblia, yo le dije "mire leer la Biblia allá" lo único que hay es tortura, palo y nada más no hay nada que leer".

- El testimonio de Olga Cabrera Hansen, incluido en la causa Díaz Bessone: "Por presión de nuestros familiares se logra que el capellán de Alcaidía preste asistencia espiritual, se presentó el cura Zitelli quien solo se indignó frente a las denuncias de violaciones, manifestando que le habían prometido que eso había terminado, respecto a las demás torturas manifiesta que son un medio para obtener información.

- María de las Mercedes Sanfilippo, declara en la misma causa y menciona que: "viene un sacerdote de apellido Zitelli quien, luego de escuchar mi exposición poniéndole en conocimiento de la gente desaparecida y de las torturas recibidas, no dio importancia a mis relatos interesándole solo el hecho de si me habían violado".

- El periodista Carlos Del Frade, en su libro ‘El Rosario de Galtieri y de Feced’ publica declaraciones, de un suboficial retirado de la policía provincial quien "a principios del 76, cuando me tocó hacer guardia en ese entrepiso que daba a la ochava de San Lorenzo y Dorrego, donde una escalera comunicaba a las piezas donde estaban, por separado, las mujeres y los hombres detenidos, asistí a una sesión de tortura donde él (Zitelli) estaba presente".
12 de septiembre de 2010
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