Blogia
mQh

américa latina

entrevista con manuel zelaya


Zelaya, que viajó con su esposa a esta ciudad para participar del Foro de San Pablo, dijo que el golpe que lo derrocó se hizo para favorecer a las petroleras estadounidenses, las transnacionales y a los bancos. Destaca la solidaridad de Argentina.
[Mercedes López San Miguel] Argentina. Manuel ‘Mel’ Zelaya es alto, muy alto –acusa 1,90–, viste traje oscuro, camisa blanca, corbata roja. A primera vista le falta algo. Su sombrero, claro. Su sombrero lo acompañó por todas las peripecias que tuvo que vivir desde hace poco más de un año, cuando fue derrocado a punta de fusil mientras dormía en su casa de Tegucigalpa. Zelaya, el presidente legítimo de Honduras, dice que nunca abandona su sombrero, porque él es un hombre del área rural, donde todo el mundo lleva uno. Lo trajo a Buenos Aires, pero lo dejó en la habitación de este hotel en donde transcurre la entrevista. A lo largo de la charla con Página/12 no suelta por nada del mundo su Blackberry, su conexión con una parte de la familia que quedó en Honduras –sus hijos varones, sus hermanos, su madre–. La otra parte de la familia vive con él en República Dominicana –su mujer, Xiomara Castro, y sus dos hijas–. Zelaya viajó con su esposa a esta ciudad para participar del Foro de San Pablo y tiene varias audiencias pendientes, probablemente con la presidenta Cristina Fernández y otros políticos argentinos. Pero –aclara– acaba de llegar y la agenda está armándose.

¿Qué sintió en el momento en que le arrebataron el poder?
Fue muy duro ver que alguien que empuñaba un arma irrumpiera por la fuerza en mi casa a las cinco de la mañana. En la puerta de entrada quedaron las marcas de los 67 disparos de armas de grueso calibre. Y fui sacado con ropa de cama, conducido para Costa Rica. En mi casa sólo estaba mi hija menor, que temió que los disparos fueran para mi humanidad. Fue un drama muy doloroso y triste. Un golpe de Estado es una ruptura de orden, del pacto social, es una tragedia. Desde ese momento el país vive una represión: asesinatos, detenciones, tortura. Después regresé a la sede diplomática de Brasil y fui sometido a todo tipo de vejámenes y hostigamiento.

Estuvo en la base militar de Palmerola y luego fue trasladado a Costa Rica. ¿Cuál cree que fue el rol de Costa Rica en el golpe?
Me dio un asilo inmediato. Después Nicaragua me otorgó protección y hoy vivo en República Dominicana.

¿Cómo fue vivir ese tiempo como refugiado en la embajada?
Estuve cinco meses en una pequeña oficina. Brasil me salvó la vida. Lula, Marco Aurelio (García) y Celso Amorim (N. de la R: El presidente de Brasil, su asesor en temas internacionales y su canciller) me salvaron la vida porque me dieron protección en momentos en que el ejército trataba de liquidarme.

¿Quién lo acompañaba?
El pueblo me rodeó. Más de 20 mil personas llegaron a la puerta en menos de dos horas que se supo que yo estaba en la embajada. Hubo una fuerte represión. Ahí murió Wendy Avila, una joven de la resistencia, asesinada por la dictadura. Hay más de 166 personas asesinadas también, más de 9000 denuncias de violaciones a los derechos humanos, incluyendo 4000 personas encarceladas y torturadas. Fueron asesinados más de siete periodistas en los primeros tres meses del gobierno de Lobo.

¿Cómo recuerda esos cinco meses adentro de la embajada?
Estuve aislado casi todo el tiempo. Se me bloqueaban las comunicaciones de celulares y el diálogo con mis familiares. Los domingos dejaban entrar a mi familia y sólo al grupo más reducido, a cinco personas. Tuve problemas de alimentación al principio; también cortaron los servicios básicos. A ello se sumó que nos bombardeaban con ultrasonido que afectaba nuestras mentes. Una tortura. No podíamos ni salir a la ventana que nos apuntaban con el láser de las pistolas.

¿Temió que lo mataran?
No tuve temor. Sabía que mi vida estaba en peligro. Me atreví a regresar a mi patria, a mi tierra, en pleno auge del golpe de Estado. Arriesgaba todo.

Desde que Micheletti encabezó el golpe, el 28 de junio de 2009, hubo denuncias de violaciones a los derechos humanos. ¿Algo cambió con la llegada al poder de Porfirio Lobo?
Empeoró. Empezaron los asesinatos más duros. Porque en Honduras una oligarquía sanguinaria ejerce el control de los medios de comunicación, de los bancos, de los medios de producción. Las principales cadenas de radio, televisión y prensa, con honrosas excepciones, son miembros de esa oligarquía, que hasta vende armas. Un golpe tiene diferentes fases que el Departamento de Estado norteamericano conoce de manual: la primera es la desestabilización y en ese proceso los medios juegan el papel principal de preparar el ambiente.

Y todo porque usted quería convocar un referéndum para que la gente decidiera si se instalaba una asamblea constituyente...
Ese fue el pretexto, fue el argumento mediático. Nosotros podemos demostrarlo después de un año del golpe, al hacernos eco de aquellas palabras de la Biblia, "por sus frutos los conoceréis". Hasta que un árbol no echa el fruto, no se sabe si está envenenado o si es dulce. Si quiere saber quién dio el golpe de Estado vea qué fruto dejaron: se beneficiaron las compañías petroleras norteamericanas, las transnacionales, los bancos; se rompió con todo el socialismo del sur al que yo me había asociado –el ALBA, con Hugo Chávez– y se derogaron todos los procesos de participación popular. Detrás del golpe están los halcones de Washington.

Desde un principio los hondureños se movilizaron en contra del golpe y se formó un frente de la resistencia. ¿Por qué bajaron las movilizaciones? ¿Hay un cierto desgaste?
No. Estados Unidos apoyó al dictador (Roberto) Micheletti en todo. ¿Qué puede hacer un pequeño país como el nuestro frente al imperio? Tuvimos una agresión, una injerencia de Estados Unidos para blanquear el golpe.

¿Qué sucede hoy día con la resistencia? ¿Quiénes la componen?
Está organizada. Hay un debate de si se convierte en un proceso político electoral o si trabaja como una plataforma política de lucha. El debate no se ha resuelto. La componen los hondureños con conciencia, apolíticos; también hay una base política que es el Partido Liberal –que me llevó a la presidencia– y los miembros de organizaciones sociales, sindicatos, indígenas.

Salvo Nicaragua, el resto de los países centroamericanos aprueban la incorporación de Honduras al Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y el regreso a la OEA. ¿Cómo lo interpreta?
La posición de los países demócratas de América es que Honduras debe volver a la comunidad internacional cuando Lobo esté dispuesto a cumplir condiciones de restablecer el orden democrático. Mientras siga la represión, Honduras no será reconocido. Pedimos que se cumplan esas condiciones.

¿Cómo evalúa la actuación de los países de Sudamérica? Recientemente Chile normalizó relaciones con Honduras.
Estamos muy complacidos de la posición de todos los países que condenaron el golpe. La condena fue unánime, pero el asunto de restaurar el orden estuvo dividido, una división que estuvo promovida por Estados Unidos. Países como Argentina son símbolos de la democracia latinoamericana. Igual que Brasil, Venezuela, Ecuador, Paraguay y Uruguay. Y Nicaragua. Estas naciones fueron fuertes en pedir la restauración de la democracia, que es un modo de proteger sus propias democracias.

¿Cuál es la salida para Honduras?
La restitución de la democracia y que el Poder Judicial sea independiente, que se puede dar en un proceso de diálogo y de reconciliación del país, sin olvidarse de que la impunidad no debe permanecer como un símbolo. El leit motiv es la refundación del país y una convocatoria a una constituyente.

¿Se imagina volviendo a su país?
Yo quiero volver, no quiero vivir afuera. El arraigo al clima, a la tierra. Vivir afuera es una tortura. Pero por ahora no puedo, tengo orden de captura. Mis verdugos siguen gobernando.
18 de agosto de 2010
©página 12
rss

democracias malas


Cuadernos del pensamiento crítico latinoamericano. Las democracias malas de Centroamérica. Para entender lo de Honduras, una introducción a Centroamérica.
[Edelberto Torres-Rivas] El cristal con que se miran las democracias centroamericanas en este 2010 es como un calidoscopio, muchos colores con imágenes que cambian según se vaya moviendo el artilugio. Para unos, muy pocos, aparece el verde, que es como la epifanía de la esperanza democrática, pues recuerdan que en estos países la república despótica estuvo desde sus orígenes. ¿Cómo van a olvidarse de que en Nicaragua el "orden" lo organizó una dictadura dinástica, plebeya pero con aires sultanescos? En ese país, los Somoza retuvieron el poder durante 42 años (1937-1979). En El Salvador, durante casi medio siglo (1932-1981) los militares cuidaron ininterrumpidamente que la distribución de la riqueza asegurara el bienestar de unas 14 familias. La democracia, por mala que sea, se argumenta, es mejor que esas dictaduras militares, o que la dictadura de Guatemala, que en 14 meses asesinó entre 80.000 y 100.000 civiles indígenas.
No hay ninguna razón para que la memoria se debilite y olvide esa historia que no debe repetirse. Sin embargo, la mayoría ciudadana ve que el color del cristal es de tonos oscuros, grises. ¿Hay pesimismo? El propósito de estas notas es responder esa pregunta y examinar cómo estas democracias malas, como la de Honduras, lo son porque defraudan las esperanzas o llenan de incertidumbre a la gente. Y examinar en Honduras el ejemplo desordenador, con causas y efectos locales e internacionales, que ha demostrado cuán irreversible es la democracia. En 2010 ya no basta con argumentar, con la complacencia de hace algunos años, que nunca en Centroamérica se había vivido, en toda ella y de manera continua, un período de más de 25 años de democracia. Ello significó que más de 28 millones de personas nacieran en un clima político diferente al del pasado, donde organizarse, enfrentar a la policía o practicar la oposición política ya no implicaba riesgos mortales. Más de 30 millones de ciudadanos han votado en una treintena de elecciones presidenciales nunca impugnadas por fraude.
Pero el culto a las formas de la democracia política, el ceremonial electoral, se va convirtiendo en una rutina que se desacredita a medida que se ejerce, entre los millones de ciudadanos que habitan el sótano del edificio, desinformados y sin interés por lo público, ahogados en una carencia de los bienes que otorgan un mínimo de dignidad a la vida, enfermos, analfabetos, sin trabajo ni protección objetiva por parte del Estado. Algunos síntomas dispersos de desinterés por lo político, que por supuesto no son solo los que recogen las encuestas, apuntan a una manifiesta desmoralización de importantes sectores que antes creyeron que con la democracia política se empezarían a resolver sus graves problemas de supervivencia. Desde 1998, y durante casi un decenio, ha habido crecimiento, pero ha aumentado la desigualdad y, con ella, el mundo de la informalidad, de las exclusiones sociales, de la concentración del ingreso y del poder.
La democracia mala no puede entenderse sin aludir al Estado que la cobija. Hoy Estado y democracia deben asumirse como una unidad funcional y conceptual, tema al que no habremos de referirnos aquí. Como lo prueban especialmente los casos de Guatemala, Nicaragua y Honduras, se ha ido formando un Estado débil (sin recursos, ineficaz, colonizado por intereses corporativos, corrupto y con baja legitimidad), junto a una enorme población en situación de pobreza y afectada por desigualdades múltiples, de las cuales la más estudiada —y no necesariamente la más visible— es la desigualdad económica. La derivación de estos datos estructurales es que, bajo esas condiciones, el Estado no puede ser plenamente democrático, o la democracia se vuelve frágil y da paso a situaciones de inestabilidad que se manifiestan en conflicto de poderes (especialmente entre el Parlamento y el Ejecutivo), prácticas autoritarias con violaciones a los derechos humanos, nostalgias por el pasado militar y esperanzas, cuando se le encargan al Ejército tareas de seguridad frente al desborde criminal o la batalla contra el narconegocio.
Al parecer, la democracia mala se origina como resultado de factores estructurales como los que se mencionan en el párrafo anterior. No es el destino, al margen de la subjetividad política, y son los hombres los que se mueven según su libertad, en cuyo ámbito los intereses se transmutan en pasiones. Por ejemplo, las serias amenazas a la participación política de la oposición y los pactos antidemocráticos que propicia hoy el sandinismo en Nicaragua mantienen a la sociedad en una tensión destructiva permanente; la creciente presencia de poderosos actores criminales y el llamado "Estado-paralelo" en Guatemala vuelven parcial e inoperante la acción del Estado, sin resultados en la vida democrática; la intolerancia conservadora de la elite dirigente hondureña que condujo al golpe de Estado muestra no solo el total irrespeto de los recursos legales, democráticos, sino también la prevalencia de grupos de interés privados en la vida pública. Todas estas situaciones críticas ocurren en sociedades empobrecidas, que son también las más desiguales de América latina.
Desde que se implantó la democracia en Centroamérica, a comienzos de los ’80, han aumentado la pobreza absoluta y las desigualdades relativas, lo cual sugiere la paradoja de una cierta correspondencia negativa entre las desigualdades políticas y las económicas: ¿a más democracia, más pobreza? No hemos investigado suficientemente la relación entre tales desigualdades que agobian a una ciudadanía confundida. ¿Cuál es el límite? Es difícil precisar cuánta democracia soportan las desigualdades o cómo la democracia convive con la pobreza. Pero sí sabemos que las amenazas no solo provienen del mar de pobreza, sino de la desorbitada concentración de la riqueza. De hecho, en muchos otros países la desigualdad acompaña la vida política, y su persistencia es objeto no solo de estrategias públicas para disminuirla sino de interés teórico para entender tanto sus orígenes como su trayectoria y sus efectos.
El Estado fuerte es democrático y, por definición, pro-igualitario y pro-mayoría; con ello, asume una tendencia a ser prodistributivo, pro-justicia social. El combate contra la pobreza puede contar entonces con victorias relativas, aunque la injusta distribución del ingreso parezca irreversible. Un Estado débil puede ser resultado de una doble causa: o no existe una ciudadanía extensa y participativa o el Estado reprime la vida democrática e inhibe ese tipo de ciudadano. Esta doble vía está presente en la Centroamérica de hoy: la pobreza produce ciudadanos mal informados y con bajo interés político, que son portadores de una visión "alimenticia" de la democracia, dispuestos a aceptar el mandato autoritario. Y esta clase de ciudadanía fomenta un poder clientelista, patrimonial y personalista, con tendencias al populismo, al abuso de los derechos humanos y todos los males propios del atraso.
En toda Centroamérica se registran los efectos de las desigualdades sociales que en los últimos años han producido estas democracias malas: la ideología neoliberal a la que desde los ’80 adhirieron las elites conservadoras en el poder fomentó aún más la concentración de la riqueza social. Esto condujo a la concentración de los recursos de poder (prensa, partidos políticos, grupos de presión empresarial, control de políticas públicas, manejo de sicarios), a la polarización ideológica, a ganar créditos con una cultura política que privilegia el uso de la violencia, el temor al diálogo, la victoria del más fuerte. Y está probado que una ciudadanía desorganizada, junto con una alta concentración de la riqueza y el poder, vuelve el sistema fácilmente corrupto: una asimetría donde no es posible el control, la accountability, que estimula el saqueo y la ilegalidad.
Como se menciona más adelante, las desigualdades (sociopolíticas, culturales, étnicas, de lugar, género, edad…), tal como hoy ocurren en estas sociedades, refuerzan los síntomas negativos de las democracias malas: mercado libre para el narconegocio, desbordes criminales imparables, impunidad y Poder Judicial impotente, bienes públicos escasos y de difícil acceso, infinitas formas de ilegalidad; es decir, una erosión del Estado de derecho o dificultades para su constitución. Finalmente, también se producen efectos en el nivel macro: en una matriz con desigual reparto de la riqueza social hay dificultades para atraer la inversión extranjera, surgen obstáculos al crecimiento y la misma economía genera regresividad social y estimula las tendencias negativas en la obligación tributaria. En resumen, las desigualdades afectan no solo a los ciudadanos pobres sino a las sociedades mismas.

Pobreza y Desigualdad en Centroamérica, 1990-2008
c. 1990 c. 1995 c.2000 c. 2005 c. 2008

Pobreza (en porcentaje de la población)

Guatemala 69,4 61,1 54,8
El Salvador 54,2 49,8 47,5
Honduras 80,8 77,9 79,7 71,5 68,9
Nicaragua 73,6 69,9 69,3 61,9
Costa Rica 26,3 23,1 20,3 21,1 16,4
Panamá 36,9 31 27,7

Pobreza Extrema (en porcentaje de la población)

Guatemala 42 31,6 29,1
El Salvador 21,7 21,9 19
Honduras 60,9 53,9 56,8 49,3 45,6
Nicaragua 48,4 44,6 42,4 31,9
Costa Rica 9,9 8 7,8 7 5,5
Panamá 18,6 14,1 13,5

Desigualdad (coeficiente de Gini de los ingresos familiares)

Guatemala 0,582 0,56 0,542 0,585
El Salvador 0,507 0,525 0,493
Honduras 0,615 0,56 0,564 0,605 0,58
Nicaragua 0,582 0,579 0,532
Costa Rica 0,438 0,461 0,473 0,47 0,473
Panamá 0,567 0,529 0,524

Fuente: elaboración del autor con datos de Cepal, INE y PNUD Guatemala.

Las Transiciones Democráticas
En Centroamérica, el arribo a la democracia electoral no fue, salvo en el caso de Costa Rica, la "restauración" de una tradición interrumpida, sino una problemática "instauración" que ocurrió como un desafío a la teoría política: en efecto, cuando todas las condiciones socioeconómicas y políticas locales parecían contrarias a lo que prescriben las ciencias sociales, la democracia fue instaurada. La democratización ocurrió en medio de una sangrienta guerra civil en Nicaragua, Guatemala y El Salvador, en momentos en que la crisis de la deuda producía daños que después fueron equivalentes a dos décadas perdidas. En el remolino de la crisis se realizaron convocatorias a asambleas constituyentes para promulgar constituciones razonables, innovadoras. No fueron democracias surgidas "desde abajo", efectos del reclamo de fuerzas populares movilizadas desde la oposición, sino decisiones de una cúpula reaccionaria y en crisis. La democracia no fue resultado de la derrota de los militares ni de la victoria de la guerrilla. Fue un arreglo contrainsurgente, sugerido por iniciativa de Estados Unidos, cuya política exterior explica desde hace un siglo y en un alto grado las circunstancias de la guerra y de la paz, de las dictaduras o la democracia en la región.
En Centroamérica, lo autoritario se define también por la concurrencia sobresaliente de dos rasgos perversos: la violencia extrema como recurso primario y la criminalización de toda expresión de oposición política; una cultura que premia la arbitrariedad y la intolerancia. Por ello, la democratización no fue una transición, sino el resultado de pactos acordados entre fracciones de la elite militar, empresarial y política guiadas por las iniciativas de "La Embajada".
Líneas arriba se señaló la paradoja centroamericana, que contradice lo ocurrido en otras regiones del mundo: aquí primero llegó la democracia (1980 en Honduras, 1982 en El Salvador, 1985 en Guatemala) y luego se firmó la paz (1990 en El Salvador, 1996 en Guatemala). En Nicaragua la lógica fue otra: la presión externa forzó la conversión del proyecto de democracia directa que quería el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en otro, de democracia electoral. Entre 1984, fecha de las primeras elecciones libres, que ganó el Frente, y 1990, cuando se realizaron las segundas, que perdió, Nicaragua vivió las tensiones propias del cambio de una democracia participativa a una representativa; o, en el lenguaje del marxismo vulgar, de la democracia real a la democracia formal.
Las "transiciones" tienen otro ritmo: una vez implantadas las instituciones democráticas por decisión de actores no democráticos, lo que se espera es la estabilidad, el respaldo ciudadano, la rutina cívica. Por ello, en Centroamérica la herencia autoritaria condiciona el carácter de la estabilidad que se pone a prueba, que solo será positiva si fuerzas portadoras de distintos intereses e ideologías se alternan en la dirección del Estado. Es decir, cuando los intereses díscolos del disenso alcanzan el valor del pluralismo democrático y los conflictos sociales, y no el consenso, definen el carácter de la integración y la plena legalidad de la vida política. ¿Cómo calificar, por ejemplo, la experiencia de Guatemala? En este país, desde 1985 hasta 2009, solo ganan y pierden los partidos de la derecha: la competencia ocurre solo entre actores con los mismos intereses electorales. El pluralismo es monocolor y no hay ninguna posibilidad de que la izquierda pueda acceder al poder. Existen razones fundadas para creer que esta democracia conservadora no resistiría una victoria de las fuerzas ex guerrilleras, ahora reducidas a un 3% electoral.
En este contexto, una prueba de estabilidad institucional fue la de El Salvador, donde la polarización de la guerra se trasladó, sin solución de continuidad, al escenario electoral. En 1995 el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se situó como la segunda fuerza electoral y en 2001 alcanzó la mayoría parlamentaria. En marzo de 2009 triunfó en la contienda presidencial luego de que la burguesía de este país, la más poderosa de Centroamérica, aceptara su derrota, y su partido, la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), entrara en una crisis de descomposición.
Otra prueba de estabilidad se alcanzó tempranamente en Nicaragua, cuando, en 1990, el FSLN convocó a elecciones generales. Nótese que en ellas no se apostaba propiamente a la victoria de un partido frente a otro; como se señaló más arriba, se jugaba la vida de un proyecto de cambio económico-social. Y así, el programa socialista-sandinista de nueva sociedad fue barrido, en la democracia electoral, por el voto de la oposición. En los dos países se interrumpió lo que había sido una tradición autoritaria: la continuidad de las mismas fuerzas. El argumento es que la calidad de la democracia en construcción se pone realmente a prueba cuando hay un cambio de dirección de proyecto, cuando el timón debe pasar a manos de otros. Luego pues, no es un asunto de tiempo sino de sustancia.

Honduras y la Prueba de la Democracia Continental
En 1982 hubo en Honduras una guerrilla de 20 hombres, los "cinchoneros", que fueron fácilmente aniquilados, en menos de seis meses. No hubo guerra civil, pero sí una absoluta complicidad con el Ejército norteamericano, con el salvadoreño y el guatemalteco y con los mercenarios antisandinistas, que encontraron en este país refugio y ayuda. Un país con cinco ejércitos, diáfano ejemplo del negocio de la democratización a disgusto, de cómo las Fuerzas Armadas aceptaron la propuesta norteamericana de jugar al antisandinismo y devolver el gobierno a los civiles (en 1980) a cambio de modernizar su armamento, adiestrar a sus tropas y aceptar varias bases militares estadounidenses en su territorio. Todo ello tal vez alimentado por ese sordo rencor que dejó la guerra Honduras-El Salvador, la llamada "guerra inútil". Hubo momentos, en 1984, en que se estacionaban tantos aviones de guerra en Honduras que el país fue calificado como el mayor portaaviones norteamericano.
La operación de devolver el gobierno a los civiles se basó en la confianza de EEUU en un bipartidismo que data del siglo XIX, la seguridad de que la "competencia" entre los partidos Liberal y Nacional no generaba peligro, por feroz que fueran sus rivalidades. Son fuerzas gemelas, del mismo tronco oligárquico, solo diferenciables por lealtades regionales o comerciales. Una clase poseedora en precario de extensos pastos, donde las vacas eran fuente de poder; ganaderos, cafetaleros y dueños de la pulpería local, que se organizaron en dos fuerzas políticas de indefinidas fronteras programáticas pero que han vivido matándose por ocupar el gobierno. El poder residía en el enclave bananero; todavía en los años ’30, los liberales eran financiados por la United Fruit Co., y los nacionales por la Cuyamel Fruit Co., en lo que William Krehm llamó desde entonces "república bananera". Lo que hubo fue una lucha por el poder en estado puro, que desde 1980 se convirtió en un acuerdo de elites: el bipartidismo en la alternancia presidencial con reparto de canonjías y cargos. El pacto oligárquico se mantuvo 29 años y garantizó la estabilidad política a costa del inmovilismo social.
Es en el interior de esta matriz donde tiene que interpretarse el golpe de Estado de junio de 2009. La destitución del presidente Manuel Zelaya por el Congreso con el voto de su propio partido (el Liberal) fue solo el punto final de un profundo desencuentro de múltiples rostros. Uno, el que ocurre entre los poderes Ejecutivo y Legislativo y que se exacerba en el primer semestre de 2009; otro, más profundo pero asaz particular, es el rompimiento del tácito acuerdo bipartidista, histórico, que forma parte de la tradición nacional. Desde su difícil elección en noviembre de 2005, donde Porfirio "Pepe" Lobo casi le gana, el inquieto Mel Zelaya empezó a actuar al margen de su partido, buscando otras formas de apoyo popular. Se ganó así el odio de la burguesía, que lo acusó de "traición a la clase" por su política de acercamiento a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). A mediados de 2007, Zelaya contrató con Petrocaribe, después de una breve visita a Venezuela, petróleo barato, conjurando así a los demonios de la derecha. De nada valió que esa decisión fuera menos ideológica que una defensa de la economía frente a un barril de gasolina a 150 dólares.
En agosto de 2007, Zelaya invitó a Honduras a Hugo Chávez y Daniel Ortega y cambió su retórica. Se inició un proceso de "golpes" y "contragolpes" políticos en una escena de intensa conflictividad social, de la que Zelaya quiso sacar provecho: un decreto justo pero no negociado de aumento del salario mínimo que enfrentó a la patronal hondureña como nunca antes, intensas huelgas de los profesores de la Universidad Nacional, junto con un aumento del desempleo, la pobreza visible, los terribles índices de violencia e inseguridad, que hacen de Honduras el país más expuesto a los efectos criminales de las pandillas juveniles de la región. La incorporación al ALBA abarató los costos de la gasolina, pero el precio político fue diez veces superior, al incorporar a Chávez y a EE.UU. al conflicto interno.
La confrontación institucional fue más onerosa y puso en una situación precaria la coexistencia del 29 de noviembre y la misma elección de un nuevo gobierno. En enero de 2009, Zelaya intentó ubicar a sus propios magistrados en la nueva Corte Suprema de Justicia, de manera patrimonial. El Congreso nombró a otros, el 25 de enero, según la ley. En marzo ocurrió lo mismo con el fiscal general y adjunto, que el presidente también perdió. Casi de inmediato destapó la caja de Pandora y propuso la llamada "cuarta urna", con el propósito de consultar al electorado, en el mismo acto de las elecciones generales, la posibilidad de modificar la Constitución para permitir la reelección presidencial.
La propuesta dividió de inmediato al país y llevó a su límite la confrontación del presidente con los partidos, los poderes Legislativo y Judicial, la Fiscalía, la Procuraduría, la prensa, la Iglesia, los gremios patronales, el Ejército. En su soledad política, Mel intentó apoyarse en las organizaciones sociales, escasas y débiles, que no podían ser suficientes para sustituir el respaldo del partido.
En mayo, Zelaya perdió la elección de los magistrados al Tribunal Supremo Electoral, que convocó legalmente a las elecciones de noviembre de 2009; amenazó con cerrar el Congreso e ignoró una orden judicial, formulada a petición del Tribunal Supremo Electoral, que declaraba ilegal la consulta de la "cuarta urna". Fue entonces cuando, ciego de poder, dijo: "Ni Kalimán puede parar este proceso…". A mediados de junio, con casi toda la nación en contra, ordenó a las Fuerzas Armadas que organizaran la distribución de la boleta electoral adicional; éstas lo desobedecieron, por lo que el 27 de junio destituyó a su jefe, general Romeo Vásquez. En esa fecha, un tribunal judicial lo procesó, en tanto el Congreso decidió su destitución y ordenó su captura.
Los militares incumplen la orden de arresto y, en un gesto vitando, inaudito, sin duda inducido desde afuera, lo capturan y lo trasladan vergonzosamente a Costa Rica. La remoción ilegal de un mandatario constitucional, generalmente realizada por el Ejército, constituye un golpe de Estado. ¿Fue legal el proceso judicial iniciado por su proyecto de consulta que modificaba artículos "pétreos" de la Constitución? ¿Podía el Congreso destituirlo sin derecho a defenderse? ¿Quién debió ordenar la captura? ¿Puede el Ejército recibir órdenes del Congreso? ¿Por qué incumplió el Ejército las instrucciones recibidas?
Hay que reconocer que las más importantes instituciones del Estado hondureño decidieron la expulsión de Mel del gobierno. Podrían haberlo hecho legalmente, con antejuicio, proceso judicial y sentencia, que quizás habría terminado con la cárcel. Habría sido un juicio político pero formalmente aceptado. La impaciencia no solo fue de los funcionarios sino de los empresarios, que no adujeron razones legales sino motivos ideológicos. Este es uno de los efectos del fenómeno Chávez: basta su mención, y no su proyecto, para concitar el rechazo inmediato, a la manera del anticomunismo de hace ya muchos años. En las últimas dos décadas, se ha ido concentrando en Honduras el poder de una elite comercial/industrial a la que pertenecen los Canahuati Larach, los Flores Facussé, los Andonie Fernández, los Ferrari, los Kafie, los Nasser, los Rosenthal y los Goldstein, casi todos de origen árabe-palestino y de confesión cristiana, excepto los dos últimos, judíos, todos de derecha militante. Muchos de ellos afiliados a los partidos tradicionales. Las razones fueron los eventuales efectos de la "cuarta urna", consulta previa para una consulta de reforma constitucional: de haberse aprobado ambas iniciativas, Zelaya sólo habría podido ser presidente ¡hasta 2014!

El Golpe en la Órbita Internacional
La crisis hondureña fue una en el país y otra afuera, y fue leída de distintas maneras, que variaron con el tiempo. Internamente, fue un ansiado golpe empresarial que terminaron dando los militares. En una visión democrática, externa, fue una ruptura del orden constitucional inaceptable. Una primera reacción, tomando al pie de la letra lo que ocurrió en Honduras y que la información internacional simplificó, interpretó la destitución del presidente constitucional como un hecho grotesco, torpe, al ser capturado en su casa, a las seis de la mañana, en pijama, por un destacamento armado y llevado violentamente fuera del país. Cualesquiera que hubiesen sido los antecedentes, lo que la acción militar configuró o completó fue vergonzosamente un golpe de Estado.
En América latina ha habido por lo menos una docena de hondas crisis políticas desestabilizadoras, de variado cariz, por lo general nacidas de conflictos de poder entre el Ejecutivo y el Legislativo, que impidieron que los presidentes terminaran su período legal. Fueron reyertas entre civiles que, en última instancia, respetaron la Constitución, revueltas dentro de la institucionalidad, como ocurrió en Bolivia antes de Evo Morales, en Argentina antes de Néstor Kirchner, en Ecuador antes de Rafael Correa y en Guatemala, Haití, Paraguay. No ha habido golpes parecidos al hondureño, pues Alberto Fujimori disolvió las dos cámaras del Congreso peruano en 1992 y convocó de inmediato a elecciones; en Guatemala, Jorge Serrano Elías hizo lo mismo en 1993, pero la reacción de la sociedad civil organizada, los partidos políticos y una parte del Ejército se lo impidió y debió renunciar; en Haití, el general Raoul Cedras expulsó al presidente Jean-Bertrand Aristide, que volvió por presión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de EEUU y luego renunció; en Ecuador, tres presidentes debieron renunciar debido a fuertes manifestaciones populares con presencia indígena. Lo más parecido a Honduras ocurrió en Venezuela, en abril de 2002, cuando el presidente Chávez fue tomado prisionero… y devuelto al poder 48 horas después.
Lo ocurrido en Honduras puso a prueba, en primer lugar, la credibilidad de la Carta Democrática Interamericana y la sensibilidad de la Organización de Estados Americanos (OEA). El rechazo fue unánime: un cuarto de siglo sin que los militares arrojen a un presidente civil habla bien del cambio ocurrido y de un ambiente internacional que condena y castiga acciones tan profundamente antidemocráticas. En la OEA se movieron, primero, EEUU y paralelamente la mayor parte de países latinoamericanos, que tenían diversas razones para la condena y que, con diferente énfasis, exigieron la restitución de Zelaya. La posición de los países del ALBA fue condenar la complicidad oculta del imperialismo yanqui y pedir la intervención inmediata. Otros países, como Costa Rica, Chile, Argentina, República Dominicana y Brasil, también rompieron relaciones por el pésimo ejemplo que daban los militares hondureños y hablaron del "regreso no negociado". La iniciativa de EE.UU. fue seguida por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, cuya propuesta satisfacía la formalidad de la condena y proponía un "acuerdo" entre las partes en conflicto, pero restableciendo a Zelaya en el cargo.
Y es en este punto donde la crisis hondureña plantea varios interrogantes fundamentales. No es tanto el mal ejemplo político de un país minúsculo, con una débil tradición democrática y un enorme atraso social, sino el arduo problema de cómo restituir la democracia para que permanezca como una lección aprendida. Es decir, la efectividad de las sanciones que desde el exterior se formulan y cómo puede ella salvar no tanto a la OEA como a su Carta Democrática.
A la condena continental siguió el reclamo casi unánime de la restitución del presidente expulsado. Pero volver al statu quo ante era una exigencia desmesurada, una estrategia que solo valoró la fuerza de los principios desconociendo la razón de lo real, exigiendo una rectificación de los golpistas, la autocondena de los vencedores. Fue la solución de Venezuela que, como los milagros, solo puede ocurrir una vez en mucho tiempo. No se produjo la restitución de Zelaya, a pesar de una enorme presión, por varias razones, todas igualmente poderosas. Primero, porque no se entendió que no era Micheletti el único culpable sino casi el conjunto de la sociedad hondureña. Ha sucedido en algunos países africanos, donde los militares juegan a la ilegalidad en distintos niveles pero dependen totalmente de la ayuda exterior para sobrevivir. En el caso hondureño, líneas arriba se habló de la historia de la crisis, de cómo las fuerzas sociales y políticas más influyentes, las que constituyen el corpus nacional y la opinión pública, estaban ferozmente enfrentadas a Zelaya.
La segunda razón por la cual era imposible retornar a la situación previa al golpe tampoco se apreció lo suficiente. Lo ocurrido en Honduras abrió la oportunidad para que la derecha, activa de nuevo en todos los países, tomara partido y profundizara la polarización ideológica. Son espacios de reacomodo neoliberal, definiciones polares conservadoras. En EE.UU., la extrema derecha republicana reorganizada, con ocasión de Obama, utilizó lo de Honduras para algo inaudito: una política exterior paralela. Así, tres senadores reaccionarios, que un mes atrás no sabían dónde quedaba este país de nombre tan extraño, viajaron a Tegucigalpa encabezados por Jim DeMint, de Carolina del Norte, y se entrevistaron con Micheletti. Tres torvos personajes de la época de Bush –Otto Reich, Roger Noriega y Daniel W. Fisk– alentaron públicamente a los golpistas. En un lúcido análisis, Jeffrey Sachs reconoció que "las divisiones ideológicas del país se están volviendo cada vez más profundas". En Guatemala, Colombia y Perú hubo abiertas felicitaciones para los militares hondureños. En suma, lo ocurrido sirvió para que las fuerzas de derecha aparecieran agresivamente. La tercera razón es más compleja. Sin actuar conjuntamente, las raquíticas fuerzas de izquierda y los partidarios de Mel se movilizaron ruidosamente y se agruparon en el llamado Frente Nacional de Resistencia, que por momentos pareció ser una fuerza realmente desestabilizadora, crecientemente importante. Fueron reprimidos al precio de diez muertos y numerosos heridos, además de detenidos. Obviamente, el régimen golpista no era democrático, pero la lucha popular, heroica como es siempre, hizo soñar a la izquierda latinoamericana con la idea de que en Honduras se estaba forjando una opción revolucionaria. Su lucha por la democracia no pedía la restitución de Zelaya, sino la derrota de Micheletti y los golpistas. A mediados de septiembre, cuando el ex presidente volvió en lo que pareció ser un "enroque maestro" de Chávez y una audaz iniciativa de Luiz Inácio Lula da Silva, el movimiento popular llegó a su clímax. Después, el propio Zelaya se encargó de retirar a sus seguidores, liberales disidentes, y dejar en el abandono a los sectores populares de izquierda, inorgánicos. Así, la presión interna se desmoronó.
La Unión Europea, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunciaron el cese de la asistencia financiera, y EEUU cortó la ayuda social, retiró la visa de ingreso a varios funcionarios del nuevo gobierno y hasta deportó a la hija de Micheletti… pero no interrumpió la asistencia militar. Cuba se alejó de Chávez, guardó silencio y dejó en Honduras a sus médicos rurales. Los países con gobiernos progresistas, como Chile, Ecuador y Uruguay, fueron enfriando su apoyo a Zelaya. Suponemos que, a medida que transcurría el tiempo, se hacía cada vez más difícil respaldar a un personaje como Mel, que resultó ser contradictorio y de escaso talento político, que no fue capaz de articular alguna propuesta política positiva, creadora, para superar la crisis y que sólo jugó a volver.
Fue importante pero arriesgada la posición de Brasil, independiente y distinta de la de EE.UU. Encabezó la protesta latinoamericana en la OEA y fuera de ella. El 21 de septiembre le abrió las puertas de su embajada en Tegucigalpa a Zelaya, en un gesto que hubiera sido ganador de haberse multiplicado la presencia de las masas populares en torno del ex presidente. Nunca fueron tan débiles Micheletti y las fuerzas golpistas como en aquellos momentos, sobre todo cuando Brasil exigió respeto a la territorialidad de su embajada Pero el problema surgió con el tiempo en contra y la fecha de las elecciones acercándose. EE.UU. aceptó las elecciones como solución y Brasil las rechazó. La brecha estaba abierta y la fecha llegó. Sin buscarlo, Lula se aproximó a Chávez. El desconcierto latinoamericano no podía ser mayor.
Y de la "restitución no negociada" se pasó a la fórmula más realista de negociar… o de esperar las elecciones; el realismo asomó, con el tiempo a favor de Micheletti. Probablemente el régimen golpista habría aceptado, no exactamente el retorno inmediato de Zelaya pero sí, como empezó a aceptar el gobierno estadounidense, alguna fórmula intermedia, como aparentemente se logró con el llamado Diálogo Guaymuras (complemento del Plan Arias), que dejaba en manos del Congreso el retorno del ex presidente después de las elecciones del 29 de noviembre. ¿Podía el Congreso que lo destituyó hacer tan dolorosa rectificación? ¿A título de qué dejar en sus manos el destino de la democracia? El Congreso solo se reunió después de las elecciones para decidir y, como se esperaba, ratificó la defenestración de Zelaya. Se realizaron las elecciones el 27 de noviembre que, de manera objetiva, inevitable, ganó el candidato del Partido Nacional.
Y la vida misma, con el vigor de lo que ocurre porque está en la lógica de las cosas, planteó el problema de la legalidad de las elecciones presidenciales a la sombra de un gobierno ilegal, condenado. Sin duda, en la historia de todos los países latinoamericanos esto ha ocurrido muchas veces: convocatorias electorales realizadas por regímenes de facto y cuya realización legitima al elegido. En el caso hondureño, la convocatoria se hizo durante el mandato de Zelaya: desde mayo de 2009 todas las encuestas daban a Porfirio Lobo una mayoría apreciable, que el evento de diciembre ratificó ampliamente.
La izquierda política hondureña, agrupada en el partido Unificación Democrática (UD), logró sobrevivir y mantenerse dentro del sistema, al retener cuatro de las cinco diputaciones que tenía, pese a ser objeto de una sistemática campaña de desprestigio gestada tanto por los golpistas como por los integrantes de la llamada "resistencia zelayista". Tras la declaratoria oficial de las elecciones del pasado noviembre, donde el Tribunal Supremo Electoral otorgó el triunfo al Partido Nacional, la balanza no estuvo nada mal para la UD.

Colofón
Como tema de política internacional, Honduras ha pasado a un segundo lugar. El FMI ha reiniciado su ayuda y EE.UU., Perú, Costa Rica, Panamá y Colombia han reconocido la victoria de Lobo, paso previo al restablecimiento de la normalidad. Zelaya se trasladó a República Dominicana. Pausadamente, y si la gestión de Lobo es inteligente, los países latinoamericanos irán restableciendo relaciones, o no lo harán. Lo importante ahora, para el gobierno, es retomar los vínculos con quienes dan "solidaridad económica". La economía del país está deshecha: sobrevive con las remesas, que constituyen 25% del PIB, algo del turismo y el comercio con EE.UU.
En una decisión para la cual no hay una explicación fácil, la Corte Suprema de Honduras, a solicitud del Ministerio Público, ha iniciado un juicio penal contra la cúpula militar golpista. El presidente de ese alto tribunal, Jorge Rivera Avilés, ha sido nombrado juez natural (en la terminología local) para iniciar un proceso penal a los militares que en aquel momento formaban la dirección del Ejército, a solicitud del fiscal general, Luis Rubí. Se los acusa de ilegalidad en su comportamiento frente al poder civil en los sucesos del 28 de junio. El general Romeo Vásquez Velásquez y cuatro generales más ya fueron interrogados inicialmente, con prohibición de salir del país y con sus casas como cárcel provisional. El golpista Micheletti y varios jefes del Partido Liberal ya han roto con el nuevo presidente. La OEA guarda silencio mientras el desenlace ocurre. La lección es difícil de aprender, pues se confundió la defensa de la democracia con un hecho difícil de imponer o negociar: la restitución del golpeado y la rectificación de los golpistas. ¿Hay otra opción?

Guatemala de la Asunción, enero de 2010

Fuente: Torres Rivas, Edelberto "Las democracias malas de Centroamérica. Para entender lo de Honduras. Una Introducción a Centroamérica", en Envío-Honduras (Honduras) Nº 25, Año 8, junio de de 2010. Disponible también en www.biblioteca.clacso.edu.ar.
18 de agosto de 2010
17 de agosto de 2010
©página 12
©flacso
rss

oposición venezolana sin careta


Todo vale para el canal venezolano que se opone a Chávez, que abandonó pretensiones de profesonalismo.
[Mery Mogollon y Chris Kraul] Caracas, Venezuela. Desde que inicia sus transmisiones hasta que se despide, Globovisión no da respiro al presidente venezolano Hugo Chávez.
Los presentadores y periodistas del canal de oposición -que abandonaron toda pretensión de profesionalismo y no se inmutan ante el acoso
y las amenazas de intervención- atacan consistentemente al presidente con una cobertura evidentemente sesgada, permitiendo que los políticos de oposición den rienda suelta a sus reproches, sin censura alguna.
"Creemos que Hugo Chávez debe ser investigado por traición", dijo tranquilamente el líder de oposición Pablo Medina la semana pasada durante una entrevista de televisión, cuando comentaba los estrechos lazos del presidente con Cuba y su manejo de un escándalo sobre alimentos importados que se pudrieron en decenas de contenedores mal distribuidos.
Más tarde ese mismo día, surgieron acusaciones de brujería en discusiones sobre la polémica decisión de Chávez de abrir la cripta del padre fundador Simón Bolívar, que la psicóloga Mercedes Pulido describió como un "espectáculo pornográfico". Los periodistas de Globovisión describieron el asunto como macabro y sacrílego.
En una discusión sobre la pretendida presencia de la organización rebelde colombiana FARC, en Venezuela, Chávez fue acusado de albergar terroristas. Una persona entrevistada definió al presidente como cobarde, diciendo que en una guerra con Colombia, Chávez estaría al frente de sus tropas, pero sólo cuando estas se retiraran "después de la derrota".
El personal del canal atacó a Chávez por sus andanadas contra la iglesia católica en respuesta a la acusación del cardenal Jorge Urosa este mes, de que Chávez está llevando a Venezuela por un sendero "totalitario" hacia el "socialismo marxista".
También la semana pasada, después de observar que era el día de la independencia de Colombia, el locutor del telediario, Jesús Torrealba, alentó a los televidentes a levantarse contra el gobierno. "Ojalá que algún día luchemos juntos contra los bandidos, los secuestradores y las guerrillas".
Los comentarios en vivo hechos por televidentes son invariablemente contra el gobierno: trágicas historias provocadas por la creciente delincuencia, una economía que se hunde y la presunta mala administración de Chávez.
El canal dice que sólo está defendiendo la libertad de expresión, que en Venezuela habría sido atacada por Chávez, que ha sacado del aire a otros medios, incluyendo al canal de televisión RCTVA y a cerca de treinta emisoras independientes.
Algunos observadores dicen que Globovisión está prosiguiendo las violentas tradiciones políticas de Venezuela.
"Los medios en manos del gobierno también son agresivos, exclusivos y el gobierno trata a la oposición como si fuesen enemigos y eso debería desaparecer", dijo Marcelino Bisbal, profesor de estudios de los medios en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, la capital. "Esta es una guerra sobre la dirección políticas del país".
Pero Chávez, con alguna justificación, acusa al canal de difundir calumnias sobre él. La fiscalía ha presentado numerosas demandas contra los dueños, por cargos de acaparamiento, difamación y evasión de impuestos.
El principal accionista de Globovisión, Guillermo Zuloaga, huyó hace poco del país después de que las autoridades emitieran una orden de detención contra él. Fue detenido brevemente en marzo después de que atacara verbalmente a Chávez en un congreso internacional de la prensa en Aruba. El martes, el gobierno acusó a su abogado, Perla Jaimes, de obstrucción a la justicia.
Entretanto, el jueves Jaimes dijo que unidades de la Guardia Nacional habían requisado del rancho de su cliente, lo que denunció como ilegal.
El miércoles la corte suprema del país declaró que iniciaría una investigación sobre si Globovisión "incitó a la guerra" en una reciente campaña de promoción, y el jefe de una cadena de supermercados de propiedad del estado digirió una protesta frente a las oficinas del canal, diciendo a los periodistas que el canal estaba tratando de "desestabilizar" al gobierno.
Chávez está enviando claras señales de que podría hacerse con el control de Globovisión, afirmando en un reciente discurso televisado que el gobierno tenía derecho a la práctica mayoría de las acciones en la compañía que posee el canal debido a los problemas financieros de uno y la muerte de otro, lo que según Chávez debería resultar en que las acciones volvieran a propiedad del estado.
"Si los suma, compadre, somos dueños del 48.5 por ciento, de modo que nadie puede decir que el gobierno está expropiando al canal", dijo Chávez.
Organizaciones de derechos humanos y libertad de prensa internacionales, incluyendo a Reporteros sin Fronteras y la Asociación Interamericana de Prensa, han defendido a Globovisión.
Pero el tono que utiliza el canal en la cobertura del presidente del país, y la reacción de este, son claras muestras de la severa polarización política del país.

8 de agosto de 2010
29 de julio de 2010
©los angeles times 
cc traducción mQh
rss


intoxicada comisión de la verdad


Comisión de la Verdad determina que Honduras está ’’políticamente intoxicada’’ tras golpe. La Comisión de la Verdad fue creada por Porfirio Lobo y rechazada por el Frente de la Resistencia Hondureña.
Honduras. La Comisión de la Verdad, creada por el cuestionado presidente hondureño, Porfirio Lobo, para investigar los hechos antes, durante y después del golpe de Estado de junio de 2009, sostuvo que en el país, el espacio político para crear acuerdos de reconciliación nacional "se mantiene estrecho’’, tras los hechos que rompieron el orden constitucional.
El guatemalteco Eduardo Stein, coordinador de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, instaurada por el cuestionado gobierno hondureño de Porfirio Lobo, presentó un informe sobre la situación de ese país antes, durante y después del golpe de Estado, en el que destaca que la nación quedó "políticamente intoxicada", luego de ese suceso que  expulsó del poder al entonces mandatario Manuel Zelaya.
Durante la presentación, en rueda de prensa, del primer informe de trabajo de la Comisión de la Verdad, Stein sostuvo que Honduras "parece estar políticamente intoxicada".
En este sentido, indicó que la Comisión deberá desentrañar la verdad "para que los hechos no se vuelvan a repetir".
"Vemos con alarma que el espacio político (en Honduras) que llegue a acuerdos, no necesariamente a consensos, se mantiene estrecho", denunció Stein.
Expresó que en la situación política actual de la nación centroamericana "sólo se vale la imposición" de uno sobre otro y "si alguien no piensa como yo, es mi enemigo".
El pasado 4 de Mayo de este año el presidente sucesor del régimen de facto en Honduras, Porfirio Lobo, firmó un decreto para instaurar una "comisión de la verdad", creada para investigar lo sucesos que se dieron antes, durante y después del golpe de Estado contra el ex presidente constitucional Manuel Zelaya el 28 de junio de 2009, con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Ante el anuncio de Lobo, el 5 de ese mismo mes, salió al paso el Frente Nacional de la Resistencia Hondureña (FNRH) contra el golpe de Estado, organización que rechazó la "comisión de la verdad"  instalada por Lobo, tras alegar que no es equitativa ni objetiva, pues los integrantes del movimiento social no fueron invitados a participar.
En aquel momento, el representante del FNRH, Carlos Reyes, leyó un comunicado en el que se condenó la creación de la Comisión de la Verdad por ser instalada "sin consenso y unilateralmente", por parte de la OEA y el Gobierno de Lobo.

Insulza Entregó Informe sobre Honduras
El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, entregó este jueves el informe de otra comisión de alto nivel sobre Honduras a los cancilleres, que estudiarán sus recomendaciones antes de convocar una Asamblea General para evaluarlo públicamente.
"El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, en cumplimiento del mandato recibido de los cancilleres reunidos en Lima, en junio pasado, presentó hoy a la Asamblea General, a través de la presidenta del Consejo Permanente, embajadora María Isabel Salvador, el informe referido a la situación de Honduras", señaló el organismo en un comunicado.
Al respecto, el canciller de Honduras, Mario Canahuati, dijo que el informe "se ve favorable" para Honduras y su reincorporación a la OEA.
La Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) suspendió el 4 de julio de 2009 a Honduras de este organismo por violentar el artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana que establece que cuando se constate que se ha producido la ruptura del orden democrático en un Estado Miembro y que las gestiones diplomáticas han sido infructuosas, se puede suspender a dicho Estado.

31 de julio de 2010
©telesur
rss


venezuela rompe con colombia


Uribe había acusado a Venezuela ante la OEA de ser "tolerante" con la guerrilla de las FARC y ELN. El presidente venezolano anunció la ruptura de relaciones minutos después de que el gobierno colombiano, en sesión de la OEA en Nueva York, comenzó la presentación de las supuestas pruebas de que la guerrilla colombiana ocupa territorio venezolano.
Venezuela. "Yo me veo obligado a romper relaciones con el gobierno de Colombia por dignidad y estaremos alertas", afirmó el presidente venezolano, Hugo Chávez, desde Caracas, mientras su gobierno acusaba al presidente saliente de Colombia, Álvaro Uribe, y su gobierno de montar un circo mediático con estas supuestas pruebas de la presencia de fuerzas guerrilleras de Colombia en territorio venezolano. El embajador venezolano ante la OEA, Roy Chaderton, respondió las denuncias colombianas diciendo que se trata de una campaña mediática que tiene como objetivos "la descalificación y el ablandamiento para ambientar una intervención armada a Venezuela". Las "pruebas" no representaron para Venezuela ninguna evidencia, pues no se sabe dónde se tomaron las fotografías y los videos, según dijo Chaderton.
Chávez anunció que rompía relaciones y los dos países alcanzaron uno de los puntos más altos de tensión en sus ya deterioradas relaciones cuando quedan dos semanas para que en Colombia termine el gobierno de Álvaro Uribe y tome posesión Juan Manuel Santos.
Chávez anunció que las relaciones con Colombia pasaron de estar "congeladas" a definitivamente rotas, minutos después de que el gobierno colombiano, en sesión de la OEA en Nueva York, comenzó la presentación de las supuestas pruebas de que la guerrilla colombiana ocupa territorio venezolano. Durante la sesión extraordinaria pedida por Colombia a la Organización de Estados Americanos (OEA), Bogotá afirmó que en Venezuela la guerrilla tiene "campamentos de verano". Cuando Chávez anunció la ruptura de relaciones estaba acompañado por Diego Armando Maradona. "Rechazamos de plano que haya emplazamientos guerrilleros en territorio venezolano y menos que el gobierno de Venezuela los tolere", afirmó.
El mandatario colombiano acusa a Chávez de ser "tolerante" con los "terroristas" de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). "Colombia mejoró (en la lucha contra el cultivo y el tráfico de drogas), pero si Venezuela deja las puertas abiertas, ¿a quién deja eso tranquilo?", preguntó el embajador colombiano Luis Hoyos en la plenaria de ayer ante los 32 países miembros de la OEA, la mayoría de los cuales habían aconsejado posponer las denuncias de Uribe quien finalmente logró su intención con el respaldo de Estados Unidos, Canadá y otros países.
La semana pasada, a pocos días de terminar sus ocho años de gobierno, Uribe anunció que tenía y publicaría pruebas de que en Venezuela se albergan los principales cabecillas rebeldes, comenzando una tormenta diplomática que escaló con el retiro del embajador de Venezuela en Bogotá y el reciente llamado a consultas de su par colombiano en Caracas. Ayer, una vez más Venezuela desmintió que su país protege a los rebeldes izquierdistas. Su embajador ante la OEA, Roy Chaderton, pidió a Colombia que le "cuente una de vaqueros", descalificando esta denuncia aireada por Uribe de hace más de tres años, y presentada ayer formalmente por Luis Alfonso Hoyos, quien exhibió fotografías y videos que corresponden, según afirmó enérgicamente, a campamentos guerrilleros en Venezuela, pero cuya situación geográfica es difícil de comprobar. Ninguna de las supuestas pruebas de Uribe pueden ubicarse claramente en Venezuela.
Estos documentos, explicó Hoyos, los consiguió el gobierno gracias a milicianos que hoy se encuentran desmovilizados planteando una situación similar a las denuncias que Uribe realizó antes contra el gobierno de Ecuador y que determinaron una crisis entre ambos países. Hoyos cerró sus quejas pidiendo que se constituya una comisión internacional de verificación con todos los estados presentes en la OEA para que compruebe su denuncia en terreno. "Si todo eso es falso y todo eso es un montaje, no deben tener ninguna dificultad en que vayamos allá", agregó, sugiriendo que la visita se haga en menos de treinta días, tiempo máximo que tomaría a los rebeldes desmontar los campamentos. Chaderton contrapropuso que se cree una delegación para visitar las siete bases militares de Estados Unidos en Colombia.
La sesión de la OEA fue citada de manera extraordinaria a petición de Colombia, lo que tampoco fue bien visto por los venezolanos. "Esto fue el capricho de un gobernante (Álvaro Uribe) lleno de rabia que no tuvo capacidad para controlar sus emociones", explicó Chaderton con gesto de molestia. La movida de Colombia para conseguir que el organismo internacional citara a la reunión de ayer provocó la renuncia del presidente de turno del Consejo Permanente de la OEA, el ecuatoriano Francisco Proaño. La noche del martes, Proaño entregó su dimisión por, según expresó, presiones de su propio gobierno para que no fijase una fecha a la presentación de la denuncia colombiana. Esta sesión fue solicitada, según explicó el gobierno de Uribe, "ante la imposibilidad de lograr la cooperación bilateral (de Venezuela)" en la lucha contra la guerrilla.
Para Chávez, "Uribe se va al basurero de la historia" en pocos días cuando deje el Palacio de Nariño, y ésa sería una razón para ventilar el escándalo. "Hago responsable al presidente Uribe de una guerra con Colombia, enfermo de odio, ficha del imperio yanqui, que no derrotó ni a la guerrilla ni al narcotráfico", agregó el mandatario venezolano. Su embajador ante la OEA remató su intervención deseando tiempos mejores. "Había ambientes de cambio para mejorar las relaciones, a pesar de las diferencias políticas. Con el gobierno de Álvaro Uribe fue imposible." Por su parte, el presidente colombiano electo, Juan Manuel Santos, prefirió guardar silencio.

23 de julio de 2010
©página 12
rss


denuncian a ffaa salvadoreñas


Buscan a niños desaparecidos en El Salvador. Un fallo de la CIDH denuncia al estado centroamericano por seis casos emblemáticos de la guerra civil. Gregoria Contreras es la única que recuperó su identidad. La encontraron en el 2006 y, desde ese momento, está intentando reconstruir los lazos con su familia biológica.
El Salvador. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) denunció al Estado salvadoreño por seis desapariciones de menores. Organismos de Derechos Humanos celebraron la decisión de que el caso aún impune de los niños desaparecidos por las fuerzas armadas salvadoreñas llegará a la Corte Interamericana.
La medida fue difundida mediante un comunicado de la CIDH, pero la demanda contra El Salvador ya había sido presentada el 28 de junio. "Los hechos que rodearon las seis desapariciones aún no han sido esclarecidos, los responsables no han sido identificados ni sancionados y, pasados casi 30 años, los hechos permanecen en la impunidad", dijeron desde el órgano de la Organización de Estados Americanos.
La CIDH había realizado un informe sobre el secuestro de estos seis chicos y había encontrado que el Estado salvadoreño violó los derechos a la vida, a las garantías judiciales y los derechos del niño. Ante el incumplimiento de las recomendaciones formuladas en ese reporte, la Comisión envió la causa a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que aún no se sabe cuándo tratará la cuestión.
La demanda está relacionada con la desaparición forzada de Gregoria Herminia, Serapio Cristian y Julia Inés Contreras, José Rubén Rivera, Ana Julia y Carmelina Mejía Ramírez. Todos estos delitos fueron perpetrados entre 1980 y 1992, cuando los militares y paramilitares ejecutaron una estrategia de tierra arrasada. Los operativos de las fuerzas armadas pretendían desarticular y aniquilar a las poblaciones que el aparato estatal había definido como la base social de la guerrilla.
El 13 de diciembre de 1981, el ejército entró a la casa de los Mejía. Masacró a toda la familia, menos a Ana Julia y Carmelina. Al mediodía, llevaron a las dos niñas a bañarse a casa de una vecina. Allí las reconoció su madrina. Después un testigo las vio en la Iglesia pero los militares no lo dejaron acercarse a las chicas. Al momento de su desaparición, Ana tenía quince años y Carmelina, siete.
Gregoria, Serapio y Julia Contreras fueron secuestrados el 25 de agosto de 1982 por integrantes de la Quinta Brigada de la Infantería salvadoreña. La madre vio cómo un soldado se llevó de los pelos a Gregoria y sufrió que le arrebataran casi de sus brazos a Julia, de sólo cuatro meses. Cuando fueron desaparecidos, Gregoria tenía cuatro años y Serapio no llegaba a los dos. El 18 de mayo de 1983, José Rivera fue sustraído a sus padres. También intervino la Quinta Brigada en el secuestro de este nene de tres años, cuyo paradero se desconoce aún. Gregoria Contreras es la única que recuperó su identidad. En 2006, lograron encontrar a la joven y, desde entonces intenta reconstruir los lazos con su familia biológica.
"Autorizamos y estamos de acuerdo con la medida de la CIDH", festejó la noticia Ester Alvarenga, coordinadora de la Asociación Pro Búsqueda de Niñas y Niños desaparecidos. "El Estado tendrá que responder y vamos a presionar políticamente para que esto suceda. El Estado debe investigar y aplicar justicia", dijo a Página/12 la referente del organismo salvadoreño de derechos humanos. Alvarenga remarcó que El Salvador fue ineficaz a la hora de responder en favor de las víctimas. "Los jueces aplican la Ley de Amnistía cuando les conviene a los perpetradores", explicó. En 1993, se dictó una Amnistía para quienes habían cometido delitos aberrantes desde 1980 hasta 1992.
Lo que los salvadoreños definen como la "guerra" dejó un saldo de 75 mil muertos y alrededor de 7000 desaparecidos. Alvarenga estimó en 871 el número de niños desaparecidos. Sólo unos 360 fueron reencontrados como resultado de la lucha de su organismo, que no contó jamás con apoyo gubernamental pero sí con el aliento y los consejos de otras organizaciones, como Abuelas de Plaza de Mayo.
En enero de este año, el presidente salvadoreño, Mauricio Funes, decretó la creación de una Comisión de Reparación para las víctimas y otra de Búsqueda de los entonces niños desaparecidos. Sin embargo, la Comisión no entró en vigencia aún ni se le asignaron recursos para que funcione, denunció Alvarenga.

Informe de Luciana Bertoia.

21 de julio de 2010
©página 12
rss


vampiro uribe con sed de sangre


Venezuela amenaza con romper relaciones con Colombia por las acusaciones de Uribe. Mientras Uribe llevó su denuncia a la OEA, Chávez dijo que Uribe es un "mafioso" y que con "ataques infundados" pretende provocarlo y generar mal ambiente entre los países vecinos sólo porque Santos y Uribe se pelearon.
[Katalina Vásquez Guzmán] Medellín, Colombia. Un día más de tensión entre Colombia y Venezuela terminó con la amenaza de Hugo Chávez de romper relaciones con su vecino, cuando faltan tres semanas para que el presidente Alvaro Uribe deje el poder. Ayer el presidente colombiano llevó su denuncia sobre la supuesta presencia guerrillera en territorio venezolano a la Organización de Estados Americanos. Chávez alega que Uribe es un "mafioso" y que con "ataques infundados" pretende provocarlo y generar mal ambiente entre los países vecinos; todo, explica el presidente bolivariano, porque Santos y Uribe se pelearon.
Ayer el mandatario de Venezuela anunció que no estará en Bogotá durante al acto de posesión del presidente electo, Juan Manuel Santos, el próximo 7 de agosto. Santos, ex ministro de Defensa de Uribe que consiguió la victoria con más del 70 por ciento de los votos en ballottage, mostró voluntad de restablecer las relaciones con Venezuela, congeladas desde hace dos años, lo que, entre otras consecuencias, provocó la parálisis del comercio por más de siete millones de dólares. Chávez sugirió que teme que, en tierras colombianas, Uribe atente contra su vida declarando que éste "es capaz de cualquier cosa" en las últimas horas que le quedan en el gobierno.
El gobierno Uribe pidió ayer una sesión extraordinaria en la OEA para presentar las pruebas de que líderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) se "esconden" en Venezuela. En un comunicado de Cancillería se explica que "esta solicitud está antecedida por innumerables esfuerzos fallidos para la solución de este grave problema a través del diálogo directo con Venezuela y de las ocasiones en las que se ha comunicado esta situación a la OEA y a su secretario general".
Fabio Valencia Cossio, ministro del Interior de Colombia, informó que el próximo jueves está citado en el consejo permanente de la OEA. "Colombia está preparada y se realizará a través de la Cancillería (...) Es necesario que la comunidad internacional se entere de lo que está pasando entre ambos países para tomar las acciones pertinentes", anunció el ministro en radios nacionales.
Chávez, por su parte, arremetió contra Uribe: "Hago un llamado a la inteligencia colombiana, es un mafioso, lleno de odio, estamos alerta y no vamos a permitir que ese presidente lleno de odio vaya a irrespetar la soberanía de Venezuela". Para este gobierno, las denuncias de protección a grupos rebeldes son una "nueva arremetida del presidente saliente de Colombia, Alvaro Uribe Vélez, en su afán por llevar a término la labor de destrucción de las relaciones colombo-venezolanas".
Desde hace cuatro días, el saliente presidente advirtió que tiene pruebas de que existen campamentos guerrilleros en el país vecino, y que allí estarían alias "Iván Márquez", Rodrigo Granda o "el Canciller", Timoléon Jiménez o "Timochenko", y Germán Briceño, alias "Grannobles", cabecillas todos de las FARC. Alias "Pablito", líder del ELN, también se encontraría en Venezuela según Uribe. Pero los documentos probatorios que supuestamente enseñaría a los medios el jueves último, aún se desconocen. Por seguridad, explicó Bogotá, no pueden publicarse, a lo que Caracas refutó: "En cada ocasión que el gobierno de Colombia ha informado de la supuesta presencia de grupos irregulares en territorio venezolano, el gobierno de Venezuela ha verificado y constatado la falsedad de tales informaciones".
En el Palacio de Miraflores la esperanza de apaciguar las nuevas agitadas relaciones bilaterales están puestas en Santos. El nuevo presidente, con quien Chávez no tuvo tampoco las mejores relaciones durante el gobierno Uribe, ha sido insistente en su deseo de restaurar la hermandad entre los dos países. "Si hay respeto", dijo el jefe de Estado venezolano, estaría dispuesto a retomar las buenas relaciones con Colombia, que terminaron de agrietarse cuando Colombia firmó un acuerdo de cooperación militar con Estados Unidos, para que éstos ocupen siete bases, lo que Venezuela considera una "amenaza". "Este Gobierno aquí está con las manos abiertas... Espero que este nuevo presidente haga honor a lo que ha venido diciendo, a pesar de su pasado", afirmó Chávez, calificando los anuncios de Uribe de "patético espectáculo mediático".

18 de julio de 2010
©página 12
rss


zelaya encabezará resistencia


El ex presidente de Honduras Manuel Zelaya aceptó asumir la coordinación del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), desde donde prometió luchar para que no queden impunes los crímenes cometidos por los responsables del golpe de Estado que lo derrocó el 28 de junio de 2009. Zelaya aceptó.
Honduras. El cargo le fue ofrecido mediante una elección en la primera asamblea de esa organización realizada el pasado fin de semana en Tocoa, Colón, norte de Honduras. "La posición que me proponen para coordinar el Frente, la acepto sin reservas de ninguna naturaleza. Construiremos juntos la nueva Constitución y, de igual manera, haremos la Asamblea Nacional Constituyente", dijo Zelaya en la carta.
Expresó además que, "llenos del principio del humanismo pacífico pero revolucionario, refundaremos la Honduras solidaria, la del poder ciudadano, la Honduras revolucionaria". Zelaya dijo que prefiere "morir mil veces defendiendo al pueblo que me vio nacer, que permitirles que queden impunes los crímenes y asesinatos que han cometido".
El ex mandatario hondureño subrayó que el FNRP "es la verdadera expresión de las luchas del pueblo hondureño en el siglo XXI".

13 de julio de 2010
©página 12 
rss