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américa latina

zelaya pide más compromiso


Zelaya le pide a Obama que presione más a los golpistas. El presidente derrocado de Honduras pasó otro día en pie de protesta en la frontera con Nicaragua. El mandatario destituido buscó una vez más reforzar el cerco internacional sobre el gobierno de facto de Tegucigalpa. "Pido a Estados Unidos que enfrente con fuerza a la dictadura." Insulza y Arias bregaron por una salida diplomática.
Nicaragua. Manuel Zelaya cumplió ayer su tercer día de guardia en la frontera que separa a Nicaragua de Honduras sin obtener ningún visto bueno que lo motivara para volver a intentar reingresar en su país. El retén militar se mantuvo firme y Zelaya eligió apuntarle a Washington para que aumente la presión sobre los golpistas y despeje cualquier duda respecto de su postura frente a la situación. "Le pido a la secretaria de Estado Hillary Clinton que enfrente a la dictadura con fuerza para poder hablar bien del presidente Obama y saber realmente cuál es la posición sobre el golpe", disparó el derrocado mandatario. "¡Que la Casa Blanca deje de evadir el tema de la dictadura!", arengó Zelaya, megáfono en mano y con sombrero texano, desde el techo de un vehículo acompañado por Nicolás Maduro, el canciller venezolano.
Zelaya se encuentra alojado en un hotel en el municipio nicaragüense de Ocotal, a 25 kilómetros de la frontera con Honduras y 225 kilómetros al norte de Managua. Desde allí, el mandatario derrocado buscó una vez más reforzar el cerco internacional sobre el gobierno de facto de Tegucigalpa al volver a apelar a sus colegas latinoamericanos. A éstos les pidió que sean más enérgicos en sus condenas y acciones si no quieren correr la misma suerte que él. "Esperamos de América latina, de los presidentes que no quieren les den golpes de Estado, que no sólo condenen este golpe sino que también nos ayuden a sacar a los dictadores para que vuelva la paz", señaló Zelaya. "El pueblo hondureño se siente acompañado, pero honestamente les digo una cosa: este grupo de facinerosos y militares golpistas se están burlando de todos los presidentes de América", agregó, tras lo cual acusó, sin dar nombres, a "algunos" presidentes de la región que, según el jefe de Estado, evitarían hablar de la represión y las violaciones a los derechos humanos que se sufren en su país para no tener que mezclarse en el asunto.
El hondureño aseguró, asimismo, que en su país los militares restringen en estos momentos la mayoría de las libertades públicas, entre ellas la de circulación, de asociación, y de opinión. "¿Qué delito comete el pueblo hondureño al querer reunirse en la frontera con Nicaragua con su presidente?", se preguntó. "¿Qué delito comete mi familia al venir a reunirse conmigo, que soy padre de mis hijos y esposo que está esperando abrazarse con su esposa y su madre?", insistió.
Del otro lado de la frontera se llega a El Paraíso. En esa localidad, a pocos kilómetros de las vallas, los alambres de púa y los fusiles se encuentran no sólo los cientos de hondureños que llegaron hasta ahí con la esperanza de hacer entrar a Zelaya por la fuerza a través de los puestos fronterizos, sino también su esposa, Xiomara Castro; su hija, Hortensia "Pichu" Zelaya su madre; Hortensia Rosales, y su suegra, Olga Sarmiento, a quienes Zelaya no volvió a ver desde el golpe de Estado del pasado 28 de junio. "Es una situación que nunca hubiéramos imaginado, nada la prepara a una para esto", le dijo Castro a la prensa mientras esperaba frente a un retén militar. "Llevamos como 50 horas esperando que nos abran el paso. Pero nos dijeron que eran órdenes estrictas de Micheletti no dejarnos avanzar", agregó a su turno Pichu Zelaya.
La familia del derrocado presidente, sin embargo, se encuentra protegida por decenas de amigos y seguidores que les ofrecen alojamiento cada noche. Muchos otros no tienen la misma suerte, y, luego de casi cinco días al borde de la ruta, el hambre, el cansancio y la incertidumbre comienzan a ser los principales temas de conversación entre los cientos de seguidores del depuesto presidente. En su mayoría se trata de hombres y mujeres que llegaron a la frontera de Las Manos sin más pertenencias que la ropa que llevan puesta. Apenas llegaron del lado nicaragüense para respaldar a Zelaya, les dijeron que se organizaría un campamento para apoyarlos. Pero, según Pablo Pérez, un campesino del departamento de Olancho, la cosa no está fácil. "No tenemos un lugar exacto donde dormir; hemos estado acá sin nada, ni siquiera un cartón para acostarnos", aseguró Pérez, quien agregó que desde que llegó está durmiendo a la intemperie en la plaza central de Ocotal. Eduardo Granados, campesino también y en la misma situación, no duda en afirmar que, según él, la única opción es hacer entrar a Zelaya por la fuerza. "Ya se agotaron todas las instancias. La única forma es que Zelaya entre con su pueblo. Todavía no somos suficientes, pero sé que está llegando más gente desde Honduras. Hay que arriesgarse", lanza.
Pero para Carlos López, el canciller de los golpistas, que Zelaya intente cruzar la frontera no es una opción. "O entra a Honduras y se le captura, porque ésas son las instrucciones, o se retira de la frontera con Nicaragua y vuelve a la mesa de negociaciones en San José de Costa Rica, que es lo que le ha pedido la comunidad internacional", afirmó.
Desde la comunidad internacional, ayer el mandatario derrocado no obtuvo los mejores guiños respecto dep su tentativa de cruzar a su país. José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, señaló desde Washington que si bien considera "legítima" la voluntad de Zelaya de querer reingresar a su país, su opinión es que sería mejor "esperar una conclusión" de los esfuerzos diplomáticos en curso". Óscar Arias, mandatario costarricense que ejerció como mediador, coincidió, a su turno, con el diplomático interamericano. Según le dijo Arias ayer al diario español El País , "la presencia de Zelaya en la frontera no ayuda a la reconciliación".
Sin embargo, según comunicaciones del Ejército de Honduras de último momento, la presencia de Zelaya, después de todo, podría estar teniendo algunos resultados.

27 de julio de 2009
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militares acogen plan de arias


Plan de Arias incluye la restitución de Zelaya.
[Ginger Thompson y Blake Schmidt] Washington, Estados Unidos. Las fuerzas armadas hondureñas emitieron el sábado un comunicado indicando que no se opondrán a un acuerdo para la restitución de Manuel Zelaya, el derrocado presidente.
Entretanto, en Las Manos, un pueblo en la frontera entre Nicaragua y Honduras, Zelaya hizo su segunda aparición simbólica en dos días, ignorando llamados de presidentes extranjeros de que evitara cualquier acción que pudiera provocar reacciones violentas en su país políticamente polarizado.
El comunicado fue redactado en Washington después de días de conversaciones entre oficiales hondureños de nivel medio y asesores del Congreso estadounidense. Subido a la página web de las fuerzas armadas hondureñas, el comunicado respalda el llamado Acuerdo de San José que fue forjado en Costa Rica por delegados del presidente Zelaya y el diputado que encabeza el gobierno de facto, Roberto Micheletti.
El acuerdo, apoyado por la mayoría de los gobiernos en el hemisferio, permitiría que Zelaya retorne como presidente, aunque con poderes ejecutivos muy limitados. Micheletti ha rechazado violentamente el retorno del presidente Zelaya.
En su comunicado los militares hondureños agregaron su respaldo a la propuesta. Oficiales involucrados dijeron que querían disipar la creencia de que los militares bloquearían los intentos civiles para resolver la crisis.
Los oficiales dijeron que el comunicado de los militares era importante porque es el primer signo de apoyo al Acuerdo de San José de parte de un sector poderoso del gobierno de facto. Y los oficiales dijeron que haría más difícil que el Congreso y la Corte Suprema rechacen el acuerdo cuando les toque considerarlo.
Oficiales estadounidenses que se reunieron aquí con los hondureños dijeron que eran dos coroneles que estaban preocupados por las tensiones generadas por el conflicto político.
Joy Olson, directora ejecutiva de la Oficina de Washington para América Latina, una organización de derechos humanos, contó que le dijeron que los oficiales mostraron a los asesores parlamentarios una grabación del día de la detención de Zelaya, como evidencia de que no fue maltratado.
Entretanto, sin embargo, miles de soldados han sido desplegados a lo largo de la frontera para impedir el regreso de Zelaya. Y miles de sus partidarios desafiaron el toque de queda del gobierno y los controles de carretera militares, abandonando sus coches y caminando durante horas para llegar al remoto puesto fronterizo para verlo.
Zelaya prometió que volvería a entrar a Honduras por tercera vez. "Estamos dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias", dijo a sus partidarios. "No tenemos miedo".

Ginger Thompson informó desde Washington; Blake Schmidt desde Las Manos, Nicaragua.

27 de julio de 2009
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los patrones de soto cano


La crisis hondureña entra en tiempo de descuento.
Más allá del alto drama que se vive en Honduras y de la cuidada puesta en escena que lució San José de Costa Rica, la suerte de Honduras se decide en Washington. Lo dijo el canciller de Lula, lo dijo Fidel, lo dice cualquiera que siga con atención los acontecimientos. Y por cómo se viene jugando el partido en ese escenario, no es difícil aventurar que el gobierno de facto de Roberto Micheletti tiene los días contados y que el presidente legítimo, Mel Zelaya, volverá al poder pero a plazo fijo y condicionado.
¿Por qué? Porque Honduras es lo más cercano a lo que puede ser una colonia de los Estados Unidos en el siglo XXI.
Allí tiene la base militar de Soto Cano, plataforma para sus operaciones antiinsurgentes en todo Centroamérica durante la Guerra Fría, a través de la cual ha tejido sólidos vínculos con las fuerzas armadas hondureñas, cuyos jefes son instruidos en instituciones estadounidenses.
Allí tiene a una oligarquía sumisa y trasnacionalizada con casa de verano en Miami, que defiende los intereses de las empresas y gobiernos estadounidenses como propios.
Allí tiene en vigencia un Tratado de Libre Comercio que garantiza el libre acceso a bienes estadounidenses y relega al empobrecido país centroamericano al rol de proveedor de bienes primarios en la periferia del capitalismo global. Hasta allí llegan las remesas de Florida y New York que mantienen viva a la economía local.
Allí tiene la Constitución y el sistema electoral más conservador de la región, prácticamente a prueba de experimentos populistas y/o progresistas, como el que súbitamente decidió encarnar Zelaya durante la segunda mitad de su mandato.
Por todo eso, el Departamento de Estado sabía que se venía gestando un golpe. Se lo venía contando su embajador. Pero el burocratizado Departamento de Estado había cometido un error que terminaría pagando muy caro. Tegucigalpa no es lo que se dice un destino diplomático apetecible. Antes de la conversión de Zelaya, parecía un lugar lo suficientemente inofensivo como para cumplir con la cuota de embajadores republicanos. Entonces había mandado a Hugo Llorens, un clásico ejemplo del diplomático-empresario que usa sus destinos para asegurarse trabajos bien pagos para su retiro, mimetizándose con los sectores más prebendarios de la oligarquía local, donde sus servicios son más útiles.
Como reveló Ernesto Semán en estas páginas, cuando Llorens estuvo destinado acá en Argentina fue lobbista de Ciccone Calcográfica. O sea, trabajó para una empresa especializada en colonizar distintos estamentos del Estado, ya sea aliada con Yabrán, ya sea aliada con Cavallo, siempre cerca de los sectores más retrógrados de la Iglesia que se referencian en políticos como Cacho Caselli, para copar los mejores negocios de impresión de dinero, cuasidinero, billetes de lotería, patentes de autos, pasaportes, cédulas y documentos de los últimos años.
Según fuentes de la diplomacia y de los organismos multilaterales, en Honduras las fuerzas golpistas tenían bastante persuadido a Llorens de que un golpe más o menos prolijo podía funcionar. Que era la mejor manera de prevenir que Zelaya forzara su reelección y Honduras cayera bajo la órbita chavista.
O sea, un disparate: por más que lo intentara, y probablemente lo intentaría, Zelaya no tenía ni los votos ni el poder legal ni el poder institucional ni el poder militar para forzar su reelección, y debía entregar el mando sí o sí en seis meses. La Corte Suprema, la Corte Electoral, el Congreso, los generales, la embajada norteamericana, la Iglesia Católica y las protestantes, dos de las tres principales cámaras empresariales, los diarios nacionales, las cadenas de televisión y hasta su propio partido, el Liberal, se habían manifestado en contra de la reelección y la Carta Magna vigente consideraba un delito siquiera intentarlo. Encima, en las encuestas Zelaya ni siquiera alcanzaba a arañar el cincuenta por ciento de la intención de voto.
Pero Llorens no hacía esa cuenta por afinidad ideológica sino por intereses compartidos. Llorens compraba el análisis paranoico-revanchista de los golpistas y en sus comunicaciones con Washington advertía que Zelaya era un peligro. Mientras tanto, en sus conversaciones con los golpistas a Llorens le costaba bajar la línea trazada por Obama en la última Cumbre interamericana: no más golpes, no más intervencionismo, todos somos socios.
Tom Shannon, subsecretario para la región, tuvo que viajar a Tegucigalpa para transmitir el mensaje a Micheletti y al general golpista Romeo Vázquez con el énfasis que a Llorens tanto le costaba encontrar. Pero en algo coincidieron los norteamericanos y los golpistas: Mel Zelaya no podía seguir más allá de su mandato. Sí o sí había que pararlo. Llorens, Shannon, los militares norteamericanos de la base hondureña, los militares hondureños, los civiles golpistas, todos estaban de acuerdo.
Había que contener la expansión chavista que supuestamente representaba la reelección de Zelaya. Una peligrosa expansión, no sólo a nivel territorial hacia el corazón del poder militar estadounidense en la región sino también a nivel ideológico: si a los aliados de Chávez se les permitía reformar sus constituciones a su antojo para perpetuarse en el poder, el equilibrio regional se perdía y los intereses de Washington quedaban desprotegidos.
Entonces pasó lo que pasó y antes de que Obama pudiera reaccionar, los cancilleres del hemisferio se habían reunido en Washington en el marco de la OEA para pedir el retorno "inmediato e incondicional" de Zelaya, resolución que Estados Unidos no tuvo más remedio que acompañar, atento a los compromisos que Obama había asumido con los demás presidentes de la región. Pero había una palabra que incomodaba a los norteamericanos, "incondicional". Foggy Bottom, como le dicen allá al Departamento de Estado, no quería un retorno "incondicional". Aceptaba que vuelva, pero no que se quede.
Shannon seguramente recomendó hacer lo que se viene haciendo en la región en cada crisis desde que él se hizo cargo en el tramo final del gobierno de George W. Bush: bajarle los decibeles a la pelea con Chávez y negociar con Brasil una posición común que contenga a los demás países de la región. Como Lula quería que Zelaya volviera y Obama quería que no se quedara, consensuaron en Moscú que Zelaya volvería pero no se quedaría.
Para pasar de "vuelve sin condiciones" a "vuelve pero se va", Shannon, Hillary o algún cráneo de Foggy Bottom tuvo la idea de convocar al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, para que haga valer el acuerdo entre Obama y Lula.
El anuncio de la mediación fue un baldazo de agua fría para la OEA. "Veníamos invictos y de repente nos dejaron afuera", graficó una fuente del organismo. Ni lerdo ni perezoso, Arias puso en la mesa su versión light de "vuelta incondicional": amnistía para todos, gobierno de "unidad nacional", adelanto de las elecciones, fuerzas armadas bajo las órdenes de la Corte electoral, promesa pública de Zelaya de irse sin tocar la Constitución. Así la OEA quedó rehén de Costa Rica: si había acuerdo, tendría un rol estelar en la puesta en marcha y verificación de los acuerdos; si fracasaba el acuerdo quedaba pintada, a merced de su creciente coro de críticos.
Los países del ALBA tampoco quedaron muy contentos y a través de Fidel Castro acusaron a Arias de querer perpetuar el golpe. En cambio Chávez hizo saber sus reparos, pero después acompañó con sonoros silencios los editoriales rabiosos del comandante cubano. Había decidido bajar el perfil en Costa Rica para jugar fuerte en Washington.
Zelaya aceptó la propuesta de Arias enseguida, Micheletti no. Pensaba que podía dar vuelta a los norteamericanos. Pasaban los días y Arias se mostraba nervioso porque los golpistas no se bajaban del caballo. Cuando el plazo se acabó, el Premio Nobel costarricense reiteró su oferta más algunos chupetines que venían pidiendo los golpistas: elogios para el "profesionalismo" de los militares hondureños, "Comisión de la Verdad", moratoria por seis meses de cualquier juicio político. Micheletti volvió a decir que no.
¿Y qué estaba pasando en Washington? Pasaba que el lobby anticastrista, con epicentro en Miami, había recobrado los bríos de antaño y había hecho del golpe de Honduras su nueva causa patriótica. Bajo la batuta de los dinosaurios Otto Reich y Roger Noriega, los referentes de Llorens, este pequeño y marginal grupo de presión, que alguna vez fue influyente pero cuya imagen ante la opinión pública norteamericana quedó por el piso tras el caso del balserito Elián González, este lobby invadió despachos y redacciones de los diarios con publicistas y asesores caros que venían a presentar "el caso hondureño" ante los decision-makers de la capital norteamericana. "Si vas al Congreso está lleno de hondureños y gente paga por los hondureños haciendo lobby a favor del golpe", cuenta Héctor Timerman, el embajador argentino en Washington.
Al mismo tiempo, la atención de Obama estaba en otro lado. El presidente buscaba desesperadamente los votos moderados que necesitaba para el pasaje de su reforma del sistema de salud, un tema decisivo en su pulseada con los republicanos. Lo último que quería era perder votos por una discusión sobre si hubo o no hubo golpe en Honduras. Por eso había un bando muy marginal que hacía mucho ruido contra otro bando con todo el poder que no contestaba, generando un microclima que algún analista confundió con "interna feroz" en el seno del gobierno norteamericano.
Así las cosas, fueron los diplomáticos argentinos y venezolanos quienes llevaron el peso de la campaña a favor de Zelaya, combatiendo en inferioridad de condiciones al lobby anticastrista en las horas decisivas que sucedieron al golpe, armando la agenda de la delegación zelayista cuando ésta finalmente llegó, una semana más tarde.
Esa gestión habría producido el mayor acercamiento diplomático entre Venezuela y Estados Unidos que se haya conocido hasta el momento, según confió una fuente que presenció el trabajo conjunto, acercamiento que ambos gobiernos prefieren ocultar por razones obvias de política doméstica: Chávez es mala palabra en Estados Unidos y Estados Unidos es mala palabra en la Venezuela chavista.
Más allá del ruido que generaron, a la hora de contar los porotos, la cosecha de los golpistas fue más bien exigua: dieciocho votos de los más de 400 congresistas norteamericanos para condenar los intentos reeleccionistas de Zelaya, algún editorial favorable en los diarios influyentes y la demora por un par de semanas de las confirmaciones de Arturo Valenzuela (subsecretario para América latina) y Shannon (embajador en Brasil). No mucho más.
Brasil jugó como venía jugando en la región, ya con el tema de las FARC, ya con el intento de golpe en Bolivia: sereno, confiado, sin correr detrás de la pelota, sabiendo que tarde o temprano le iba a llegar. Dejó hacer a Arias como antes había acompañado en la OEA y recién se puso en movimiento el lunes pasado, dos días antes de que venza el plazo de la mediación. Entonces el canciller Celso Amorin llamó a Hillary Clinton y le dijo que era tiempo de apretar a Micheletti para que agarre viaje. Washington tiene juego. Su as de espadas es la facultad de cancelar las visas de los golpistas. Según pudieron constatar una variedad de negociadores, ésa es la pena más temida. De concretarse, los golpistas no podrían visitar por un largo tiempo sus condominios en Miami.
Al día siguiente de hablar con Amorim, Hillary apretó por teléfono a Micheletti. Pero el dictador le juró a la prensa hondureña que el tema de las visas ni siquiera se mencionó. Si Micheletti no miente, Hillary se guardó la carta.
Los tiempos se estiraban y el lobby anticastrista enrarecía el ambiente en Washington. Uribe, el presidente colombiano, envalentonado por las dos bases militares que los norteamericanos le acababan de enchufar, se animaba a tirarleS una soga a los golpistas, rompiendo el consenso en la OEA. Entonces Zelaya decidió que había llegado la hora de presionar a Washington para que acelere el desenlace, y se trasladó a la frontera. Lula le deseó suerte. La Unión Europea pidió "serenidad". Mercosur apoyó a Zelaya con una fuerte declaración, pero como no había querido invitarlo a la cumbre, Chávez faltó a la cita.
La movida obligó a Washington a usar toda su influencia para evitar que los militares hondureños cumplieran con la orden de Micheletti de meter preso a Zelaya no bien pisara suelo hondureño. Cuando lo pisó, un coronel lo mandó de vuelta a Nicaragua. En sintonía con el coronel, los norteamericanos usaron todo su poder de seducción para lograr que Zelaya retrocediera. Lo invitaron a Wa-shington, le prometieron reuniones top, le juraron que esto se resuelve sin sangre y en cuestión de días. Si lograba entrar sin Arias y sin la OEA, ya no lo podrían controlar.
Y Zelaya quedó ahí, en la frontera, a la espera de que los militares hondureños lo dejen volver. Y los muy profesionales militares hondureños, que antes desobedecieron a Zelaya y ahora desobedecen a Micheletti, también quedaron ahí, mudos y acuartelados. A la espera de que sus verdaderos patrones, los comanders de Soto Cano, les digan lo que tienen que hacer. Al cierre de esta edición, los militares norteamericanos esperaban órdenes de Washington, donde el partido entraba en tiempo de descuento.

26 de julio de 2009
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tensiones entre colombia y ecuador


Ecuador anuncia fuertes tarifas arancelarias sobre cientos de importaciones colombianas, aparentemente la última medida de represalia en la disputa entre los dos países sobre la incursión en territorio ecuatoriano en 2008.
[Chris Kraul] Bogotá, Colombia. Ecuador empezará hoy a imponer fuertes aranceles a cientos de importaciones colombianas, el último round en una persistente disputa entre vecinos.
Los aranceles podrían afectar al menos a un tercio de las exportaciones anuales de Colombia a Ecuador por un valor de mil seiscientos millones de dólares. El gobierno ecuatoriano dijo que la medida fue introducida para compensar la reciente devaluación del peso colombiano.
Pero los observadores dicen que casi no hay duda de que es la última de una serie de medidas retaliatorias en la disputa entre los dos países desde que Colombia provocara una crisis regional con su breve incursión en territorio ecuatoriano en marzo de 2008 para asesinar a un importante jefe rebelde.
La medida de Ecuador se produce después de un inusual juicio por homicidio iniciado el mes pasado por un juez local contra el ex ministro de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, que planeó la incursión del año pasado, que causó la muerte de más de veinte personas, además de Raúl Reyes, líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.
Subsecuentemente el gobierno ecuatoriano hizo conocer su aprobación del juicio pidiendo a Interpol la emisión de una ‘alerta roja’ para Santos, que autoriza a que lo detengan otros países. La semana pasada Interpol rechazó la petición, pero Colombia dio a conocer que [el gobierno] se sentía ofendido por las acciones de Ecuador.
La semana pasada, el presidente colombiano Álvaro Uribe acusó a Ecuador a proteger a terroristas. "No es más que una pirueta de los cómplices de un grupo torturador, criminal, cínico y sádico, que son las FARC", dijo, en reacción a la solicitud de Ecuador ante Interpol.
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, respondió acusando a Uribe de patrocinar organizaciones militares de extrema derecha, también clasificadas como terroristas por el Departamento de Estado de Estados Unidos.
Colombia respondió presentando en la Corte Penal Internacional una demanda contra Correa, el ex ministro del Interior Gustavo Larrea y el funcionario Ignacio Chauvín de tener lazos con las FARC. Funcionarios dicen que la evidencia recuperada en los portátiles del campamento de Reyes después del ataque a eso de un kilómetro y medio de la frontera colombianas indica que las FARC tenían extensos contactos con funcionarios ecuatorianos.

Niegan Vínculos con Rebeldes
Correa ha rechazado los reclamos de que Ecuador simpatiza con los rebeldes y aunque tanto Larrea como Chauvín reconocieron haber reunido en varias ocasiones con operativos de las FARC antes del ataque del año pasado, insistieron en que fue por motivos humanitarios -para asegurar la liberación de rehenes de las FARC, incluyendo a tres empleados de un contratista de defensa norteamericano que fueron rescatados en julio de 2008.
Chauvín también está siendo investigado por presuntos lazos con narcotraficantes.
En cualquier caso, el ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, Fander Falconi, dijo la semana pasada que las relaciones entre los dos países estaban en un punto bajo. Analistas temen que la guerra de palabras y los pleitos judiciales puedan escalar.
"Están jugando con fuego, estos presidentes que manejan tan bien los medios y son populares en sus países", dijo Socorro Ramírez, profesora de la Universidad Nacional en Bogotá, la capital colombiana. "Están creando un escenario en el que podría ocurrir alguna peligrosa escaramuza que la comunidad internacional debería ayudar a prevenir a cualquier costo".
El ataque de las fuerzas colombianas el año pasado provocó tensiones regionales y tanto Ecuador como Venezuela movilizaron brevemente tropas a lo largo de sus fronteras con Colombia. En una cumbre latinoamericana poco después del ataque, Correa y Uribe se dieron la mano, creando expectativas de que el conflicto sería superado.

Disculpas
Pero Correa sigue condenando el ataque como una escandalosa violación de la soberanía nacional, una posición respaldada por la Organización de Estados Americanos, y acusaciones de que Colombia no ha explicado nunca detalladamente ese ataque ni ofrecido disculpas por el incidente.
La ira de Correa fue provocada nuevamente por declaraciones del ministro colombiano de Defensa, Santos, en abril, de que la operación para asesinar a Reyes estaba justificada.
Los dos países han tenido históricamente buenas relaciones, apuntaladas por el comercio, del que ninguno de los dos países puede prescindir.
Ecuador es el tercer destino de exportación de Colombia, después de Estados Unidos y Venezuela. Colombia envía a Ecuador grandes cantidades de arroz, muebles, gasolina y productos médicos.
Pero Ecuador ha exigido que Colombia tome varias medidas para mejorar las relaciones, incluyendo el estacionamiento de más tropas a lo largo de las fronteras para controlar el flujo de organizaciones armadas, drogas e inmigrantes.
Ecuador también ha retado a Colombia a proporcionar las cintas de video hechas por el avión que participó en el ataque, para demostrar que las fuerzas armadas colombianas actuaron sin la ayuda norteamericana.
Ecuador tiene otras quejas, que son anteriores al asesinato de Reyes. Ha presentado una demanda en la corte internacional de La Haya, reclamando que las campañas de herbicidas colombianas que destruyen las plantas de coca en la zona fronteriza han dañado la economía y la salud de los ecuatorianos.
Ecuador también reclama que Colombia no hace demasiado para impedir que miles de refugiados colombianos entren a Ecuador para escapar de la guerra civil del país.

25 de julio de 2009
13 de julio de 2009
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aumenta presión norteamericana


Sobre gobierno de facto. En una "llamada muy dura", la secretario de Estado Hillary Rodham Clinton advirtió a Roberto Micheletti que no deje fracasar las conversaciones post-golpe después del impasse del fin de semana.
[Paul Richter y Tracy Wilkinson] Washington y Tegucigalpa, Honduras. El gobierno de Obama ha aumentado considerablemente la presión sobre el gobierno de facto que gobierna Honduras después del golpe militar del mes pasado, con la esperanza de romper el impasse de las negociaciones con el derrocado presidente Manuel Zelaya.
La secretario de Estado Hillary Rodham Clinton telefoneó a Roberto Micheletti, nombrado presidente del país después del golpe del 28 de junio, para advertirle que no deje fracasar las conversaciones, dijo el principal portavoz de Clinton, P.J. Crowley.
Clinton, que llamó durante un viaje oficial a la India, explicó "las potenciales consecuencias negativas del fracaso", dijo Crowley, en referencia a potenciales cortes en la ayuda estadounidense y al aumento de la presión desde Washington. Crowley describió la iniciativa de Clinton como una "llamada muy dura".
La advertencia se produce cuando funcionarios estadounidenses en Honduras se reúnen con líderes políticos y empresariales para hacer frente a las consecuencias de rechazar el retorno de Zelaya. Pero Micheletti, hablando con partidarios el lunes, juró que el gobierno de facto resistirá la presión y "resistirá hasta el último momento".
Las negociaciones iniciadas por el presidente costarricense Óscar Arias colapsaron el domingo por la insistencia de Micheletti en que Zelaya no puede volver a la presidencia, ni siquiera con poderes limitados.
Crowley sugirió que las conversaciones todavía pueden resultar y el gobierno de Micheletti podría retirar esa condición. Dijo que las negociaciones "pueden haber  producido más progreso del que es evidente".
La llamada de Clinton es su primer contacto con Micheletti y muestra una profunda implicación de Estados Unidos en la crisis. En los primeros días después del 28 de junio, cuando derrocaron a Zelaya y lo expulsaron, el gobierno de Obama instó a otros personeros latinoamericanos a tomar la iniciativa en el caso. Más tarde, respaldó la mediación de Arias.
Pero el gobierno se ha encontrado frecuentemente en el centro del drama y está jugándose su prestigio en su capacidad para restaurar la paz.
Funcionarios estadounidenses, incluyendo a Thomas Shannon, el principal diplomático estadounidense para América Latina, y Hugo Llorens, el embajador norteamericano en Honduras, pasaron el fin de semana en conversaciones con Arias, representantes de los dos lados y otros líderes regionales, dijo Crowley.
Dijo que Clinton dejó en claro que Estados Unidos estaba dispuesto a utilizar su enorme influencia en Honduras si el gobierno de Micheletti no accede.
De momento el gobierno ha suspendido 18.5 millones de dólares en ayuda para Honduras, pero también podría congelar 180 millones adicionales en ayuda al desarrollo. Estados Unidos tiene también una enorme influencia a través del comercio, debido a que el setenta por ciento de las exportaciones hondureñas tienen por destino Estados Unidos.
En otro signo de la creciente presión internacional sobre el gobierno interino, la Unión Europea anunció que suspendería 90 millones de dólares en ayudas. La medida es otra advertencia sobre el aislamiento internacional del gobierno de Micheletti, que no ha sido reconocido por ningún país.
Zelaya ha amenazado con volver al país, con o sin un acuerdo político. Las conversaciones están de momento suspendidas por tres días para dar a Arias tiempo para elaborar una nueva propuesta.
Zelaya había tratado de realizar un referéndum no vinculante sobre la reforma de la Constitución. El referéndum fue declarado ilegal. Fue derrocado por la elite hondureña temerosa de que estuviera tratando de cambiar la Constitución para poder ser reelegido. En Honduras, los presidente están limitados a servir por un solo término.
Llorens, que ha estado trabajando entre bastidores para restituir a Zelaya en el poder, se reunió el jueves con líderes empresariales, la mayoría de los cuales apoyó el golpe. Llorens advirtió que el gobierno de Micheletti no será reconocido nunca y que Honduras corre el riesgo de recibir más sanciones si no se encuentra una solución, dijo un participante.
"Pidió no bloquear un acuerdo", dijo un empresario que asistió a la reunión y accedió a comentarla a condición de que no se revele su identidad. "Su tono fue muy firme".
Pero los empresarios respondieron que no se puede fiar en Zelaya. Las posibles sanciones podrían incluir la cancelación de visas para hondureños, que sería un duro castigo para los hondureños ricos que valoran su capacidad de viajar a Estados Unidos.
Lejos de buscar un compromiso, sin embargo, los gobernantes de facto de Honduras se afirmaban todavía más en su posición. Enrique Ortez, que sirvió brevemente como el nuevo ministro de relaciones exteriores del gobierno de facto, dijo que Llorens podría ser declarado persona non grata.
Micheletti habló el lunes en una reunión en el palacio presidencial de unas ciento cincuenta personas, representando a organizaciones empresariales y comunitarias. Adolfo Facuse, uno de los hombres de negocios más ricos de Honduras, prometió ayudar a pagar las cuentas del gobierno si Honduras pierde dinero a causa de las sanciones.
Micheletti confirmó que había hablado con Clinton, y dijo que le había pedido que enviara a Honduras a un enviado de confianza para tener una imagen "real" de lo que estaba pasando.
"Hemos tratado de explicar qué estaba pasando aquí antes del 28 de junio", dijo, "pero todo el mundo prefiere concentrarse en el 28 de junio".

Charles McDermid en Bangkok, Tailandia, contribuyó a este reportaje.

22 de julio de 2009
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censura y amenazas en honduras


Los medios grandes, que apoyan al gobierno de facto, mantienen la censura. El Comité de Familiares Desaparecidos de Honduras denuncia medio centenar de casos contra la prensa, que incluyen amenazas, persecuciones, cierres de medios y hasta el asesinato de un periodista.
[Ángel Berlanga] Honduras. Isis Obed Murillo era un desconocido para el mundo hasta que lo mataron de un balazo.Era uno entre los miles de manifestantes que el domingo 5 de julio fueron hasta el aeropuerto de Tocontín para apoyar el fallido retorno de Manuel Zelaya a Honduras, tras su destitución del mandato democrático que había obtenido en las elecciones de 2005. José David Murillo, el padre de Isis, declaró que a su hijo lo mató un francotirador que disparó sólo una vez; a poco de señalar que detrás de la represión está Billy Joya, el ex oficial de inteligencia acusado por violaciones a los derechos humanos en los ’80 y actual asesor del presidente de facto Roberto Micheletti, fue detenido en una celda de aislamiento. Hay una foto que acerca apenas, un poco, el horror de este asesinato: los compañeros de Isis lo cargan por los brazos y se ve cómo, de su cabeza, chorrea la sangre. El diario pro golpista La Prensa publicó la imagen con un retoque: borró la sangre. Las dos fotos, comparadas, fueron mostradas inicialmente en el blog Honduras resiste (resistenciamorazan.blogspot.com) y son una síntesis implacable del manejo de la información por estos días en Honduras: versión oficial de los medios afines y silenciamiento o amenaza para quienes no se encolumnen con el gobierno cívico-militar en una escalada que incluye bombas, censuras, cierre de emisoras, persecuciones y hasta el asesinato del periodista Gabriel Fino Noriega, según señala el Comité de Familiares Desaparecidos en Honduras, Cofadeh.
A Noriega le dieron siete balazos en la tarde del 3 de julio, cuando salía de Radio Estelar, en San Juan Pueblo. La policía aseveró enseguida que el móvil no había sido político, pero la Cofadeh señala que en los últimos días "divulgaba información sobre los marchas en contra del golpe de Estado" y, también, de quienes apoyaban a Micheletti. Noriega difundía, además, datos sobre las masacres vinculadas con el narcotráfico que vienen ocurriendo en el litoral atlántico. La Cofadeh reúne medio centenar de casos de periodistas que sufrieron detenciones arbitrarias, asistieron a cierres de emisoras e incautación de equipos y/o fueron amenazados de muerte. En Honduras, hoy parece no alcanzar la equidistancia: alineamiento con el gobierno de facto o persecución. A Alexander Gómez Mejía, de Radio Progreso, el ejército le quitó el equipo en San Pedro Sula; a Orlando Anderson, del canal de televisión La Cumbre de Bonito Oriental, un grupo de militares lo amenazó mientras cubría una manifestación y tuvo que abandonar su ciudad; en la ciudad de Tocoa, el teniente coronel Tercero, al frente de la Base Naval de Puerto Castillo, decomisó equipos, cerró emisoras y amenazó a los periodistas Nahum Palacios, Carlos Lara, Wilfredo Paz y Rigoberto Mendoza. A Johnny Lagos, director del semanario El Libertador, lo hostigan judicialmente, le cortaron los servicios de luz y le plantaron vigilancia.
En la madrugada del golpe, los militares tomaron Radio Globo, en Tegucigalpa, y agredieron a tres periodistas y a tres técnicos. Seis días más tarde explotó una bomba en la puerta de la galería comercial en la que funcionan el Canal 11 y el diario Tiempo: la Cofadeh señala que, ese día, se había publicado una entrevista con la primera dama Xiomara Castro de Zelaya en la que acusaba al general Romeo Vázquez de haberlos traicionado. El Canal 8, creado por Zelaya para romper el cerco informativo impuesto por quienes manejan los grandes medios en Honduras, fue intervenido por los militares y dejó de emitir desde el derrocamiento. Hay casos de emisoras tiroteadas, destrozadas, militarizadas, cerradas. Y de programas censurados, como el que conduce la periodista Daysi Flores, del Centro de Derechos de Mujeres, sacada del aire cuando se disponía a hablar sobre el golpe con sus invitados. El caso de los periodistas de Telesur deportados tuvo alguna repercusión en la prensa internacional, pero al resto de las situaciones casi no se les ha dado relevancia y evidencian, en conjunto, la sistematización de silenciamiento del proceso.
Los principales diarios y las emisoras de radio y televisión de Honduras están en manos de unas pocas familias que son propietarias además de una infinidad de empresas y están vinculados con los dos partidos tradicionales, el Nacional y el Liberal (a este último pertenecía el descarriado Zelaya). El modo en el que "informa" la prensa por estos días es alucinante: el pueblo hondureño quiere paz y reconciliación; las marchas de apoyo al gobierno de Micheletti son mansas y democráticas; a Zelaya lo enchastran con violaciones a la Constitución, corrupción y futuros juicios; en Miami y Los Angeles hay festejos por "la sucesión"; los maestros, trabajadores de hospitales y otros huelguistas son repudiados; la población y la economía son afectadas por la protesta vía toma de carreteras; la esperanza de la selección de fútbol para clasificar al Mundial; la bendición de la Iglesia local; el "diálogo constructivo" con Oscar Arias en Costa Rica; la amenaza de masacres que prepara Chávez y la amenaza de invasión de Ortega desde Nicaragua. Del rechazo internacional al golpe, poco y nada; del millar de detenciones tras la supresión de las garantías constitucionales, tampoco. Y de las agresiones y amenazas a los colegas, menos. En la madrugada del golpe fue detenido el caricaturista Allan McDonald, que publicaba en El Heraldo: no informaron sobre lo ocurrido y, además, dejaron de publicar sus trabajos.
"Burro, asno, cara de facineroso, tonto, tramposo, ¡golpista!" El repertorio de adjetivos es autoría de Jaime Bayly: los usó para calificar al presidente Manuel Zelaya a dos días del golpe. Bayly estaba contento con el derrocamiento y también con la posibilidad de desplegar, sobre esta movida de vanguardia continental en la toma del poder, ese cinismo tan funcional a la "libertad de prensa" que ejerce por las noches en Mega Tevé, desde Miami. A Bayly, como aquí a Mariano Grondona, Jorge Asís, Joaquín Morales Solá o Mirtha Legrand, le pareció absurdo que los presidentes Hugo Chávez, Rafael Correa y Cristina Kirchner fueran algo más allá del rechazo a lo ocurrido y se reunieran de inmediato con Zelaya, como si no hubiera toda una historia de vasos comunicantes en la materia entre los países de Latinoamérica. A estos intelectuales les preocupa la no renovación de licencias de algunos medios en Venezuela o el proyecto de radiodifusión en la Argentina, pero no parecen demasiado atormentados por lo que ocurre con el periodismo, la libertad para su ejercicio, en la Honduras secuestrada desde el 28 de junio.

20 de julio de 2009
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micheletti preparó el golpe


Se filtra carta que demuestra que Micheletti presionó a las Fuerzas Armadas para ejecutar el golpe.
Honduras. El actual presidente de facto de Honduras, Roberto Micheletti, emitió una carta dos días antes del golpe de estado a Romeo Vázquez Velázquez, jefe de las Fuerzas Armadas, recordándole la "misión a realizar el 28 de junio".
Más adelante, en la misma carta, habla de que los "hondureños que quieren cambiar nuestra constitución no merecen estar en este país".
En la carta que está fechada el día 26 de junio, dos días antes del golpe de estado, se puede ver el sello del Congreso Nacional y la firma del actual presidente.
La carta enviada desde el congreso por Roberto Micheletti no es el único documento que se les ha filtrado a los golpistas. También llegó a nuestra redacción un documento de la Cámara de Comercio e Industria de Tegucigalpa fechada el viernes 26 de junio del 2009 y firmada por su presidenta Aline Flores, donde pide colaboración económica a los empresarios para llevar a cabo la que según ellos es "una estrategia comunicacional y cívica". Las colaboraciones económica están separadas por categorías y van desde los 1,000.00  hasta los 3,000.00 dólares.
Micheletti, que hasta hace unos días decía que no existía marcha atrás en el golpe de estado, a día de hoy rebaja sus exigencias y abre la puerta a su posible abandono del poder siempre y cuando no regrese Manuel Zelaya a la presidencia.

20 de julio de 2009
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un criminal en el gabinete de micheletti


La increíble historia del torturador hondureño que reapareció tras el golpe. En 1982 Billy Joya encabezó un operativo en Tegucigalpa en el que fueron detenidos, secuestrados y torturados seis jóvenes estudiantes de la Universidad Nacional de Honduras. Hoy es ministro asesor del gobierno golpista.
[Ángel Berlanga] El ex capitán del ejército hondureño Billy Joya es uno de esos oficiales formateados por y para la CIA y sus dictaduras latinoamericanas, tan siniestras como funcionales: becado en Chile en los ’70 por Augusto Pinochet, vinculado con el represor argentino Guillermo Suárez Mason como instructor para el montaje del Batallón de Inteligencia B3-16, ideólogo del escuadrón de la muerte que operó en Honduras en los ’80, asociado en esa misma década con el por entonces embajador en Tegucigalpa, John Negroponte, ex jefe de la CIA en Vietnam y cerebro en el montaje de la contra nicaragüense. En los ’90, a Joya le cayeron encima los juicios y las acusaciones por violaciones a los derechos humanos, asesinatos, secuestros y torturas y entonces se refugió en España, donde también se le inició un proceso.
¿Cómo un agujero negro se convierte en estrella? Bueno, con la oscuridad de un golpe de Estado. Así es como Billy Joya brilla, ahora, como ministro asesor del mandatario de facto Roberto Micheletti, nombrado por el Congreso el 28 de junio pasado, en un trámite tan burdo que incluyó la inolvidable lectura de una carta trucha "de renuncia" de Manuel Zelaya. Ese día iba a realizarse una encuesta para sondear la predisposición popular a una reforma constitucional, pero en la madrugada un grupo de militares encapuchados entraron a tiros en la residencia presidencial, secuestraron a Zelaya y lo deportaron a Costa Rica.
Como se vio aquí con otros represores, a Billy Fernando Joya Améndola le gustaba usar un alias: en la clandestinidad se hacía llamar "Licenciado Arrazola". Fue jefe de la división táctica Batallón B3-16, el escuadrón de la muerte que operaba en tándem con la Dirección Nacional de Investigaciones, brazo represor del ejército. Entre 1984 y 1991 coordinó tareas con los "consejeros norteamericanos" y los "asesores argentinos", en plena guerra sucia. Algo antes, en 1982, mientras era todavía subteniente, encabezó un operativo en Tegucigalpa en el que fueron detenidos, secuestrados y torturados seis jóvenes estudiantes de la Universidad Nacional de Honduras. También está acusado por una decena de asesinatos.
En octubre de 1995 un juzgado hondureño ordenó la captura de Joya y otros oficiales del ejército por el caso de los estudiantes torturados. El represor se fugó. Unos meses después, tras breve paso por Colombia, estaba refugiado en Sevilla, España. La orden de detención fue consecuencia de la denuncia hecha por la Fiscalía Especial de Derechos Humanos, que presentó un informe pormenorizado de lo ocurrido en la madrugada del 27 de abril de 1982 y los días siguientes. Joya encabezó un operativo mediante el cual, sin orden legal, irrumpió junto a una veintena de efectivos en la casa del subprocurador general de la República, Rafael Rivera Torres, que estaba esa noche acompañado por sus dos hijas y otros cuatro estudiantes. Sin explicarles por qué los detenían, fueron conducidos a una comisaría. A Rivera Torres lo llevaron de vuelta a su casa, de la que decomisaron "piezas de convicción": libros. Los jóvenes fueron incomunicados y llevados a una cárcel clandestina que funcionaba en la finca de un general, donde los torturaron: golpes, hambre, amenazas de violación, simulacros de fusilamiento. Allí, contaron los muchachos después, vieron otros detenidos. Vejaciones patente Pinochet, Suárez Mason, Negroponte. A los ocho días, cuatro de los estudiantes fueron liberados tras la prototípica amenaza de que no contaran qué había pasado; a otros dos los blanquearon y los acusaron de atentar contra la seguridad y el Estado. Terminaron absueltos.
Cuando lo ubicaron en España, ejercía como catequista en el colegio San José, de los Sagrados Corazones de Sevilla. Tenía un buen pasar: vivía en uno de los barrios más caros de la ciudad. Las organizaciones de derechos humanos intentaron enjuiciarlo por delitos de lesa humanidad, en el marco de los principios de jurisdicción universal. Enrique Santiago, el abogado que patrocinó en España a uno de los jóvenes torturados, explicó hace tres días a Radio Mundial que "fue sometido a un procedimiento de extradición a Honduras, donde nunca rindió cuentas ante la Justicia por los graves crímenes que había cometido", porque las autoridades locales "facilitaron la absoluta impunidad".
Si no fuera por sus antecedentes criminales y por la dramática situación del país, las apariciones de Billy Joya en la televisión hondureña, por estos días, podrían verse como documentos de la National Geographic transmitiendo en vivo al cavernícola. Hay una que es para coleccionar y ver en YouTube: es la "entrevista" que le hizo el "periodista" Edgardo Melgar, que para empezar lo presentó como "analista nacional e internacional". Se ve que Joya todavía no se percató de cómo es visto Pinochet desde el presente, porque llevó, como para hacer un paralelo con el gobierno de Zelaya, un informe de 1974 hecho por la OEA –cómplice de la dictadura por entonces– en el que justificaba el golpe a Allende en vista de su búsqueda de representación de los sectores populares. Esto es: en la lógica de Joya, lo que pasó con Allende gracias a Pinochet es similar a lo que pasó con Zelaya gracias a Micheletti.
Allende, explicó Joya, fue instituido legalmente, pero luego, entre 1970 y 1973, "entró en una ruta de descomposición social" que sirve para empadronar lo que ocurre hoy en Venezuela y, también, "lo que estaba planteado como estrategia para ser implantado aquí, en Honduras". Pregunta Melgar Grondona: "¿Usted me quiere decir que detrás del discurso del ex presidente Zelaya a favor de los pobres, de la equidad, de la justicia social, de la participación ciudadana, de encuestas, había algo escondido?". Claro, hombre: Joya asegura que estaba en plan la táctica marxista-leninista de ganar tiempo con una "coexistencia pacífica" destinada a simpatizar con los sectores populares, a convencer a los pobres de que sus desgracias son responsabilidad de los ricos y a corromper a las fuerzas armadas para neutralizarlas o para volverlas a su favor. Los planes diabólicos de Zelaya sólo eran conocidos por una o dos personas de su confianza. Y Zelaya les vendió el alma a los comunistas Hugo Chávez y los hermanos Castro. "En este informe el presidente Allende dice ‘soy marxista’ –sigue Joya–. ‘No soy el presidente de todos, soy el presidente del partido de la Unidad Popular.’ En forma confusa y velada, el ex presidente Zelaya, para sorpresa nacional, anuncia con la firma del ALBA que su gobierno hacía un giro a la izquierda. En ese momento deja de ser presidente de todos los hondureños. Porque podemos haber personas independientes, de centro, o de derecha, y cuando él anuncia que su gobierno gira a la izquierda, está diciendo ‘yo ya no gobierno para todos’." Y luego: "En el discurso inaugural del 5 de noviembre de 1970, Allende anuncia la vía hacia el socialismo a través de la estrategia de la coexistencia pacífica. Y esto es lo que se ha aplicado aquí durante estos tres años y medio".

–¿Usted quiere decirme que en Honduras íbamos hacia el comunismo? –preguntó Grondona.

–Eso es lo que existe, realmente. Es la lucha de clases de los enunciados marxistas-leninistas –respondió Joya.

Lo que pasaba en Chile en ese período, subraya Joya, es lo que ha pasado en Honduras en estos años. ¿Y qué es capaz de hacer un personaje de este calibre en un contexto como el de hoy? ¿Los métodos de Pinochet? A la deportación de Zelaya, las detenciones durante el toque de queda, la represión en la que murió el joven Isis Obed Murillo –Rigoberta Menchú informó que los muertos como consecuencia de la asonada son al menos cinco– y el férreo control de prensa puertas adentro de Honduras se sumó, ayer, la noticia del asesinato de dos dirigentes del partido de izquierda Unificación Democrática, Roger Bados y Ramón García. No hay, hasta el momento, mayores datos sobre estos crímenes.
En la denuncia presentada contra Joya por la Fiscalía en 1995 se pedía la investigación de 150 casos de personas desaparecidas entre 1981 y 1984 con un patrón de acción. "Las víctimas eran generalmente personas consideradas por las autoridades hondureñas como peligrosas para la seguridad del Estado –se informaba allí–. Además, usualmente las víctimas habían estado sometidas a vigilancia y seguimiento por períodos más o menos prolongados."

18 de julio de 2009
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