atrocidades de dictadura argentina
Aunque ahora lo niega, Scilingo detalló partos clandestinos. El ex marino argentino describió el sistema de robo de bebés nacidos en la ESMA en su confesión de 1997 ante el juez Garzón, y que hoy escuchó en Madrid en el quinto día de su juicio por genocidio.
Madrid, España. Sentado frente al tribunal de la Audiencia Nacional, principal instancia penal española, que lo juzga desde el 14 de enero, bebiendo cada tanto agua con azúcar debido a la huelga de hambre que dice cumplir desde el 8 de diciembre o consultando papeles, Adolfo Scilingo escuchó parte de la confesión que el 8 y el 9 de octubre de 1997 hizo al juez español, de la que se retractó poco después y nuevamente esta semana.
En esa confesión, el ex capitán de corbeta afirmaba que durante su paso por la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) entre 1977 y 1978, "estaba enterado de todo" lo que ocurría en ese centro clandestino de detención del régimen militar argentino.
"Yo almorzaba y cenaba con todos en la cámara de oficiales, estuve un año comiendo con ellos", decía Scilingo en aquella confesión grabada, de la cual el jueves se escucharon tres horas.
En esas ocasiones se enteraba de que había nacido un bebé, ejemplificaba Scilingo hace siete años.
Le constaban tres nacimientos: "el de María Marta Vázquez de Ocampo, el de Cecilia Viñas y el de una chica de apellido Fontana", relataba, según la grabación escuchada en la primera sesión de hoy.
El ex marino, que ahora tiene 58 años, explicaba que había "un registro" de bebés nacidos en cautiverio y que "las familias de marinos que quisieran adoptarlos debían conectarse con el grupo de tareas" y en particular al capitán de fragata Jorge "Tigre" Acosta, que era quien llevaba "la voz cantante" en ese asunto.
Aunque también estaban al tanto de los nacimientos el almirante Rubén Chamorro, jefe de la ESMA, el capitán de navío Jorge Vildoza y el entonces comandante en jefe de la Armada, Emilio Massera, añadió.
En la ESMA existía "un plan preconcebido" para que los bebés fueran entregados a familias de la marina con el fin de que "no se contaminaran", explicaba Scilingo, en una confesión en la cual también brindó detalles del funcionamiento de los grupos de tareas, del organigrama de la ESMA, del robo de automóviles de los detenidos y del expolio de sus bienes.
"Le consta que hubo listas y controles de apropiaciones de niños en la ESMA?", le preguntó entonces el juez Garzón a Scilingo. "Sí, hubo registros", respondía el ex militar, encarcelado una primera vez en España entre 1997 y 1998, y a partir de 2001 para evitar el riesgo de que se fugara.
Pero siete años después, Scilingo niega todo aquello.
"Puede ser que haya escuchado de un parto (en la ESMA)", afirmó Scilingo el miércoles, al ser interrogado por los abogados de la acusación, que probablemente el viernes llamarán al estrado al periodista argentino Horacio Verbitsky, autor del libro "El vuelo", sobre los vuelos de la muerte, en los que también dijo participar Scilingo, pero luego lo negó.
Según organismos de derechos humanos, más de 500 niños fueron robados a familias de desaparecidos durante la dictadura argentina, muchos de ellos nacidos en cautiverio. Unos 30 podrían estar viviendo en España, según la organización HIJOS.
Siempre según aquella confesión, Scilingo afirmaba que siendo la ESMA "una organización militar, de cada persona se hacía una ficha con el número de la persona, desde que ingresaba hasta que se iba".
Estas tarjetas, que cifró en "5.500" Y que fueron "microfilmadas en tres rollos", eran manejadas por los miembros de inteligencia de la ESMA, por donde pasaron 5.000 de los 30.000 desaparecidos de la dictadura, según entidades humanitarias.
En esa confesión, el ex marino afirmaba que sabía de la desaparición de la sueca Dagmar Hagelin y de las dos monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, o que asistió a una sesión de tortura.
Scilingo, primer ex represor argentino que es juzgado en presencia en un tribunal extranjero, se enfrenta a 6.626 años de cárcel por delitos de genocidio en concurso con 30 delitos de asesinato, 93 de lesiones, 255 de terrorismo y 286 de torturas.
Partes de la confesión seguían escuchándose en la segunda sesión de hoy, iniciada pasadas las 16H30 locales (15H30 GMT).
Desde el lunes, cuando empezaron los interrogatorios de la acusación, el ex marino insiste en que dijo "tres millones de disparates" por "odio y venganza" hacia Massera. "A partir del momento en que me procesan, decidí decir la verdad" y negar todo lo que había dicho anteriormente, afirmó el ayer.
20 de enero de 2005
©infobae
Madrid, España. Sentado frente al tribunal de la Audiencia Nacional, principal instancia penal española, que lo juzga desde el 14 de enero, bebiendo cada tanto agua con azúcar debido a la huelga de hambre que dice cumplir desde el 8 de diciembre o consultando papeles, Adolfo Scilingo escuchó parte de la confesión que el 8 y el 9 de octubre de 1997 hizo al juez español, de la que se retractó poco después y nuevamente esta semana.En esa confesión, el ex capitán de corbeta afirmaba que durante su paso por la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) entre 1977 y 1978, "estaba enterado de todo" lo que ocurría en ese centro clandestino de detención del régimen militar argentino.
"Yo almorzaba y cenaba con todos en la cámara de oficiales, estuve un año comiendo con ellos", decía Scilingo en aquella confesión grabada, de la cual el jueves se escucharon tres horas.
En esas ocasiones se enteraba de que había nacido un bebé, ejemplificaba Scilingo hace siete años.
Le constaban tres nacimientos: "el de María Marta Vázquez de Ocampo, el de Cecilia Viñas y el de una chica de apellido Fontana", relataba, según la grabación escuchada en la primera sesión de hoy.
El ex marino, que ahora tiene 58 años, explicaba que había "un registro" de bebés nacidos en cautiverio y que "las familias de marinos que quisieran adoptarlos debían conectarse con el grupo de tareas" y en particular al capitán de fragata Jorge "Tigre" Acosta, que era quien llevaba "la voz cantante" en ese asunto.
Aunque también estaban al tanto de los nacimientos el almirante Rubén Chamorro, jefe de la ESMA, el capitán de navío Jorge Vildoza y el entonces comandante en jefe de la Armada, Emilio Massera, añadió.
En la ESMA existía "un plan preconcebido" para que los bebés fueran entregados a familias de la marina con el fin de que "no se contaminaran", explicaba Scilingo, en una confesión en la cual también brindó detalles del funcionamiento de los grupos de tareas, del organigrama de la ESMA, del robo de automóviles de los detenidos y del expolio de sus bienes.
"Le consta que hubo listas y controles de apropiaciones de niños en la ESMA?", le preguntó entonces el juez Garzón a Scilingo. "Sí, hubo registros", respondía el ex militar, encarcelado una primera vez en España entre 1997 y 1998, y a partir de 2001 para evitar el riesgo de que se fugara.
Pero siete años después, Scilingo niega todo aquello.
"Puede ser que haya escuchado de un parto (en la ESMA)", afirmó Scilingo el miércoles, al ser interrogado por los abogados de la acusación, que probablemente el viernes llamarán al estrado al periodista argentino Horacio Verbitsky, autor del libro "El vuelo", sobre los vuelos de la muerte, en los que también dijo participar Scilingo, pero luego lo negó.
Según organismos de derechos humanos, más de 500 niños fueron robados a familias de desaparecidos durante la dictadura argentina, muchos de ellos nacidos en cautiverio. Unos 30 podrían estar viviendo en España, según la organización HIJOS.
Siempre según aquella confesión, Scilingo afirmaba que siendo la ESMA "una organización militar, de cada persona se hacía una ficha con el número de la persona, desde que ingresaba hasta que se iba".
Estas tarjetas, que cifró en "5.500" Y que fueron "microfilmadas en tres rollos", eran manejadas por los miembros de inteligencia de la ESMA, por donde pasaron 5.000 de los 30.000 desaparecidos de la dictadura, según entidades humanitarias.
En esa confesión, el ex marino afirmaba que sabía de la desaparición de la sueca Dagmar Hagelin y de las dos monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, o que asistió a una sesión de tortura.
Scilingo, primer ex represor argentino que es juzgado en presencia en un tribunal extranjero, se enfrenta a 6.626 años de cárcel por delitos de genocidio en concurso con 30 delitos de asesinato, 93 de lesiones, 255 de terrorismo y 286 de torturas.
Partes de la confesión seguían escuchándose en la segunda sesión de hoy, iniciada pasadas las 16H30 locales (15H30 GMT).
Desde el lunes, cuando empezaron los interrogatorios de la acusación, el ex marino insiste en que dijo "tres millones de disparates" por "odio y venganza" hacia Massera. "A partir del momento en que me procesan, decidí decir la verdad" y negar todo lo que había dicho anteriormente, afirmó el ayer.
20 de enero de 2005
©infobae
la campaña electoral iraquí
[Anthony Shadid] Entre esperanzadas pancartas de la campaña electoral en Bagdad, los lemas reflejan ambivalencia.
Bagdad, Iraq. En la calle de Waziriya de Bagdad, los carteles de las campañas están llenos de promesas. "Por un Iraq independiente y libre", promete uno. "Por un Iraq pacífico", dice otro.
Los carteles están pegados en una gris barricada de concreto de un piso de alto gris, que protege de coches-bomba la corte de apelaciones de Iraq. Muestran retratos de líderes religiosos investidos de poder espiritual y políticos que ejercen autoridad, al general iraquí que derrocó a la monarquía del país en un sangriento golpe en 1958 y al descendiente de la familia real que aspira a un trono resucitado.
"Su voto es valioso", declara su cartel. "Déselo a alguien que lo merezca".
Los ánimos al otro lado de la calle en las tiendas de papelería, restaurantes y desvencijados café, separada por un tráfico que no acelera nunca y nunca se detiene sino solamente se arrastra, son mucho más complicados. En el barrio confesionalmente mixto, las emociones son tan embrollados como claros los carteles. Hay temor en torno a la votación, esperanza por el futuro, desdén por los partidos y elasticidad, ese motivo de vida en Bagdad.
En Waziriya los carteles cuentan una historia: lo que ven los partidos políticos de Iraq como los deseos de los votantes. Las conversaciones, unas sobre otras como en un día cualquiera, sugieren otra cosa.
"El pueblo iraquí necesita a alguien fuerte", insistió Hussein Jumaa, un estudiante de 22 años cerca de la Academia de Bellas Artes, terminando un falafel en un restaurante. "No necesitan a alguien que vaya a decir toda la vida, cortésmente: Por favor, señor'".
Jumaa dijo que apoyaba a Ayad Allawi, el primer ministro interino del país, cuya retórica dura y remoto pasado como miembro del represivo Partido Baaz parecen transformarlo en el favorito de los conservadores. Es una tema que repite incansablemente el partido de Allawi en la televisión árabe y en sus carteles, que dicen: "Un liderazgo fuerte y un país pacífico".
Ahmed Hadi, otro estudiante de arte que está con Jumaa, sacude la cabeza. Él apoyaba la lista de candidatos que muchos iraquíes consideran que es apoyada por el gran ayatollah Ali Sistani, el importante líder religioso chií del país.
"Pertenece a la casa de los chiíes", dijo.
Mientras hablaban, Qais Ubaidi, un chofer de microbús, entró al restaurante con un paso impaciente que correspondía con su actitud.
"Mentiras", insistió, cuando le pregunté qué pensaba de los carteles. "Es un proceso engañoso".
Una Campaña Débil
La elección de los 275 miembros del Parlamento, que deberá luego redactar la Constitución, fue convocada para el 30 de enero. En Bagdad, la campaña ya está en camino, aunque la capital está prácticamente bajo sitio, preparándose para una intensificación de la campaña de los insurgentes para interrumpir la votación. En lugar de mítines, hay pequeñas reuniones en locaciones fortificadas -casas, oficinas o sedes de partidos detrás de barricadas y alambre de púa. En lugar de discursos, hay réclames de televisión. Algunos canales están saturados de réclames electorales. En lugar de encontrarse cara a cara con la gente, los candidatos colocan carteles con sus mensajes.
Algunos son simples. En uno de los tablones de concreto, colocados como piezas de dominó en la calle de Waziriya, un panfleto de un candidato independiente, Ahmed Taha, dice humildemente: "Estoy tratando de presentarme a mí mismo".
Otros son más sofisticados.
La Alianza Unida Iraquí, el grupo de la más importante lista chií, ha empapelado partes de Bagdad con mensajes que se inclinan hacia lo moralizador. "Por la virtud social", dice un panfleto. "Para salvaguardar la identidad musulmana de Iraq", dice otro, agraciado con un retrato de Sistani, cuya autoridad entre los chiíes más religiosos es incuestionable.
Esta lista declaradamente chií se basa en la historia de una comunidad reprimida durante mucho tiempo, que sufrió siglos de desposesión a manos de gobernantes sunníes, excluidos por el presidente Saddam Hussein como el último de una larga lista. "Nuestro propósito es recuperar lo que destruyó el criminal régimen baazista", declara un cartel sobre un mapa de Iraq dibujado como una pared agrietada con flores rojas encima. Casi todos los carteles citan versos del Corán. Entre los más populares: "Dios nunca cambiará las condiciones de la gente a menos que la gente cambie ella misma".
"Vote por su seguridad, la distribución de los servicios sociales y contra el desempleo", entona otro cartel de otra coalición, la Unión Popular, respaldada por el venerable Partido Comunista Iraquí. Los carteles del partido, a menudo con los mensajes más eclécticos de Bagdad, prometen "una infancia segura", "fraternidad nacional" y "los derechos de la maternidad y de la infancia".
Ubaidi, el chofer de microbús, se burla de todos ellos sin excepción.
"Son todos ladrones que saben muy bien cómo robar", dijo.
Haciendo el trayecto desde el centro hasta el sur de Bagdad, Ubaidi gana unos seis dólares al día. En otoño pasado hacía 23 dólares. Sus ganancias se estropearon con la escasez de gasolina, que puede durar semanas, que ha quintuplicado los precios del combustible en el mercado negro.
"No hay gas, no hay aceite de cocina, no hay electricidad y no hay gasolina. No hay seguridad y todo el mundo roba", dijo el robusto Ubaidi, como el chirriante casete de un cantante de la región del Golfo Pérsico en la instalación estereo de un restaurante. "Si Saddam fuera candidato, yo lo votaría a él. Todos en Iraq son ladrones, pero Saddam era un buen ladrón. Por lo menos proporcionaba seguridad".
Ubaidi, hijo de una madre chií y un padre sunní, culpó a los partidos políticos de la intensificación de las tensiones confesionales. Importante grupos sunníes han llamado a boicotear las elecciones, y los más militantes entre ellos han amenazado con interrumpirlas.
"Están todos compitiendo por el trono", dijo. "¿Dónde estaban antes?"
No es un sentimiento desconocido hacia los partidos. Muchos de los más prominentes líderes políticos estuvieron en el extranjero durante el régimen de Hussein y a menudo sus raíces son huecas en una sociedad que estuvo efectivamente despolitizada durante los 35 años de régimen baazista. Muchos iraquíes culpan a los antiguos exiliados de la deslucida actuación del gobierno interino y del Consejo de Gobierno anterior. La lista chií usa en sus carteles el retrato de Sistani, no el de sus propios candidatos, y pocos emplean los nombres de los partidos.
"La gente odia a los partidos", declaró Fathi Abed, 40, que tiene una tienda de repuestos de automóvil en la calle de Waziriya, sus estanterías apiladas de focos, espejos retrovisores y cajas metálicas de bayetas.
Cansado de hablar e imperturbable, Abed dijo que votaría, incluso aunque insistió en que el resultado estaba predeterminado.
"Te apuesto", dijo. "Espera hasta después de las elecciones, y verás que el ganador será Ayad Allawi. Él las ganará".
Algunos en Bagdad creen que Estados Unidos quiere que el nuevo Parlamento elija a Allawi, el titular, como primer ministro. Si los americanos lo quieren, se dice en las conversaciones, así ocurrirá. Esto refleja la profunda veta de teorías conspirativas que impregnan la vida de Bagdad en estos días -desde el rumor de que el militante jordano Abu Musab Zarqawi, acusado de algunas de las más espectaculares carnicerías en Iraq, es un invento norteamericano, hasta el rumor expresado por Abed de que los iraquíes que no voten perderán sus raciones de alimento mensuales.
"Quizás no es verdad", dijo, "pero es lo que la gente dice".
Esperando el Caos
Más abajo en la calle de la tienda de Abed hay otros carteles, atestando la entrada a la Academia de Bellas Artes de la ciudad, junto a vendedores ambulantes que venden té en sus endebles tenderetes con techos de cartón y quioscos que venden caramelos y útiles de escritorio a los estudiantes que se arremolinan en la calle.
Algunos de los panfletos son repartidos por la comisión electoral iraquí, instando a los iraquíes a votar "por el futuro de Iraq" o a las mujeres para que participen en la votación "para dar vida a la democracia y la igualdad". Junto a ellos hay carteles del Movimiento Monárquico Constitucional, el grupo realista cuyo líder, Sharif Ali bin Hussein, promete "seguridad, estabilidad, justicia y prosperidad".
A la vuelta de la esquina se encuentra uno de los candidatos del partido monárquico, Muatasim Idris, que trabaja para una firma de ingeniería.
Su campaña, como muchas, es de tono suave: nada de discursos, mítines ni manifestaciones. Extendiendo su mano, Idris, 35, hizo un listado de las amenazas que enfrentaría durante la campaña. Le podían colocar una bomba, robarle el coche, su familia podría ser amenazada. Dijo que el día de las elecciones decenas de familias en su barrio abandonarían sus casas cerca de las escuelas, donde se instalarán los colegios electorales.
"Soy un blanco en movimiento", dijo Idris, con una sonrisa forzada. "Sólo hago campaña entre la gente que confío: familiares y amigos".
"Sabemos que habrá balbala", dijo. Confusión y caos. "No hay modo de evitarlo. Se oye todos los días. La gente tiene miedo. Tienen miedo incluso en sus casas. Pero tenemos que decidir el destino de nuestro país. No podemos abandonarlo".
En su oficina, adornada con una fotografía de la Meca, el santuario más sagrado del islam, y de versos del Corán escritos en un espejo, Idris se reunía con su primo Ali Saleh, 45. En una queja que ya es familiar, dijeron que estaban preocupados por Iraq, que tomaría una generación para que volviera a ser lo que era antes de la llegada de los norteamericanos, antes de la tiranía de Hussein, antes de las guerras y la violencia que ha desordenado sus vidas.
"Iraq tiene una larga historia", dijo Saleh. "Saddam no era algo nuevo. ¿Cuántas generaciones han tenido que vivir de esta manera?" Miró por la ventana de su empresa, la Fábrica Mustafa, los carteles del Partido Monárquico Constitucional y los panfletos del Partido Comunista en una barricada de concreto. "Nuestra generación ha crecido en la violencia. No pueden revolver sus problemas de manera pacífica".
Miembros de una generación más joven estaban en el patio de la Academia de Bellas Artes, ornamentada con estatuas de la dinastía Abbassid de Bagdad, el ambiente de las Mil y una Noches y las historias que dan a Bagdad su nostalgia. Junto a un estudiante que tocaba Hotel California' en una guitarra acústica estaba Muntasir Jalal y su amiga Dalal Mohammed. Jalal es cristiano; Mohammed, sunní.
El voto "es nuestra oportunidad", insistió Jalal.
Mohammed dio vuelta los ojos, luego sacudió su cabeza.
"Yo soy sunní, y los sunníes estamos boicoteando las elecciones", dijo. "Creo que va a causar todavía más problemas".
En una muralla cercana, un cartel con el retrato de Sistani insta a la gente a votar. Al otro lado del patio hay una pancarta: "Así es como empieza un país a decidir su destino..., a través de las urnas".
"No les presto atención", dijo Mohammed. "Soy pesimista. Soy pesimista sobre la vida y sobre todo. Quiero irme de Iraq. Eso sería lo mejor".
Jalal se burló de ella. "Se va a lleva consigo un lanzagranadas". Trató de desviar la conversación. Eran artistas, insistió. "En el arte no hay política", dijo Jalal, tranquilizándola. "Estamos demasiado ocupados pintando".
20 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Los carteles están pegados en una gris barricada de concreto de un piso de alto gris, que protege de coches-bomba la corte de apelaciones de Iraq. Muestran retratos de líderes religiosos investidos de poder espiritual y políticos que ejercen autoridad, al general iraquí que derrocó a la monarquía del país en un sangriento golpe en 1958 y al descendiente de la familia real que aspira a un trono resucitado.
"Su voto es valioso", declara su cartel. "Déselo a alguien que lo merezca".
Los ánimos al otro lado de la calle en las tiendas de papelería, restaurantes y desvencijados café, separada por un tráfico que no acelera nunca y nunca se detiene sino solamente se arrastra, son mucho más complicados. En el barrio confesionalmente mixto, las emociones son tan embrollados como claros los carteles. Hay temor en torno a la votación, esperanza por el futuro, desdén por los partidos y elasticidad, ese motivo de vida en Bagdad.
En Waziriya los carteles cuentan una historia: lo que ven los partidos políticos de Iraq como los deseos de los votantes. Las conversaciones, unas sobre otras como en un día cualquiera, sugieren otra cosa.
"El pueblo iraquí necesita a alguien fuerte", insistió Hussein Jumaa, un estudiante de 22 años cerca de la Academia de Bellas Artes, terminando un falafel en un restaurante. "No necesitan a alguien que vaya a decir toda la vida, cortésmente: Por favor, señor'".
Jumaa dijo que apoyaba a Ayad Allawi, el primer ministro interino del país, cuya retórica dura y remoto pasado como miembro del represivo Partido Baaz parecen transformarlo en el favorito de los conservadores. Es una tema que repite incansablemente el partido de Allawi en la televisión árabe y en sus carteles, que dicen: "Un liderazgo fuerte y un país pacífico".
Ahmed Hadi, otro estudiante de arte que está con Jumaa, sacude la cabeza. Él apoyaba la lista de candidatos que muchos iraquíes consideran que es apoyada por el gran ayatollah Ali Sistani, el importante líder religioso chií del país.
"Pertenece a la casa de los chiíes", dijo.
Mientras hablaban, Qais Ubaidi, un chofer de microbús, entró al restaurante con un paso impaciente que correspondía con su actitud.
"Mentiras", insistió, cuando le pregunté qué pensaba de los carteles. "Es un proceso engañoso".
Una Campaña Débil
La elección de los 275 miembros del Parlamento, que deberá luego redactar la Constitución, fue convocada para el 30 de enero. En Bagdad, la campaña ya está en camino, aunque la capital está prácticamente bajo sitio, preparándose para una intensificación de la campaña de los insurgentes para interrumpir la votación. En lugar de mítines, hay pequeñas reuniones en locaciones fortificadas -casas, oficinas o sedes de partidos detrás de barricadas y alambre de púa. En lugar de discursos, hay réclames de televisión. Algunos canales están saturados de réclames electorales. En lugar de encontrarse cara a cara con la gente, los candidatos colocan carteles con sus mensajes.
Algunos son simples. En uno de los tablones de concreto, colocados como piezas de dominó en la calle de Waziriya, un panfleto de un candidato independiente, Ahmed Taha, dice humildemente: "Estoy tratando de presentarme a mí mismo".
Otros son más sofisticados.
La Alianza Unida Iraquí, el grupo de la más importante lista chií, ha empapelado partes de Bagdad con mensajes que se inclinan hacia lo moralizador. "Por la virtud social", dice un panfleto. "Para salvaguardar la identidad musulmana de Iraq", dice otro, agraciado con un retrato de Sistani, cuya autoridad entre los chiíes más religiosos es incuestionable.
Esta lista declaradamente chií se basa en la historia de una comunidad reprimida durante mucho tiempo, que sufrió siglos de desposesión a manos de gobernantes sunníes, excluidos por el presidente Saddam Hussein como el último de una larga lista. "Nuestro propósito es recuperar lo que destruyó el criminal régimen baazista", declara un cartel sobre un mapa de Iraq dibujado como una pared agrietada con flores rojas encima. Casi todos los carteles citan versos del Corán. Entre los más populares: "Dios nunca cambiará las condiciones de la gente a menos que la gente cambie ella misma".
"Vote por su seguridad, la distribución de los servicios sociales y contra el desempleo", entona otro cartel de otra coalición, la Unión Popular, respaldada por el venerable Partido Comunista Iraquí. Los carteles del partido, a menudo con los mensajes más eclécticos de Bagdad, prometen "una infancia segura", "fraternidad nacional" y "los derechos de la maternidad y de la infancia".
Ubaidi, el chofer de microbús, se burla de todos ellos sin excepción.
"Son todos ladrones que saben muy bien cómo robar", dijo.
Haciendo el trayecto desde el centro hasta el sur de Bagdad, Ubaidi gana unos seis dólares al día. En otoño pasado hacía 23 dólares. Sus ganancias se estropearon con la escasez de gasolina, que puede durar semanas, que ha quintuplicado los precios del combustible en el mercado negro.
"No hay gas, no hay aceite de cocina, no hay electricidad y no hay gasolina. No hay seguridad y todo el mundo roba", dijo el robusto Ubaidi, como el chirriante casete de un cantante de la región del Golfo Pérsico en la instalación estereo de un restaurante. "Si Saddam fuera candidato, yo lo votaría a él. Todos en Iraq son ladrones, pero Saddam era un buen ladrón. Por lo menos proporcionaba seguridad".
Ubaidi, hijo de una madre chií y un padre sunní, culpó a los partidos políticos de la intensificación de las tensiones confesionales. Importante grupos sunníes han llamado a boicotear las elecciones, y los más militantes entre ellos han amenazado con interrumpirlas.
"Están todos compitiendo por el trono", dijo. "¿Dónde estaban antes?"
No es un sentimiento desconocido hacia los partidos. Muchos de los más prominentes líderes políticos estuvieron en el extranjero durante el régimen de Hussein y a menudo sus raíces son huecas en una sociedad que estuvo efectivamente despolitizada durante los 35 años de régimen baazista. Muchos iraquíes culpan a los antiguos exiliados de la deslucida actuación del gobierno interino y del Consejo de Gobierno anterior. La lista chií usa en sus carteles el retrato de Sistani, no el de sus propios candidatos, y pocos emplean los nombres de los partidos.
"La gente odia a los partidos", declaró Fathi Abed, 40, que tiene una tienda de repuestos de automóvil en la calle de Waziriya, sus estanterías apiladas de focos, espejos retrovisores y cajas metálicas de bayetas.
Cansado de hablar e imperturbable, Abed dijo que votaría, incluso aunque insistió en que el resultado estaba predeterminado.
"Te apuesto", dijo. "Espera hasta después de las elecciones, y verás que el ganador será Ayad Allawi. Él las ganará".
Algunos en Bagdad creen que Estados Unidos quiere que el nuevo Parlamento elija a Allawi, el titular, como primer ministro. Si los americanos lo quieren, se dice en las conversaciones, así ocurrirá. Esto refleja la profunda veta de teorías conspirativas que impregnan la vida de Bagdad en estos días -desde el rumor de que el militante jordano Abu Musab Zarqawi, acusado de algunas de las más espectaculares carnicerías en Iraq, es un invento norteamericano, hasta el rumor expresado por Abed de que los iraquíes que no voten perderán sus raciones de alimento mensuales.
"Quizás no es verdad", dijo, "pero es lo que la gente dice".
Esperando el Caos
Más abajo en la calle de la tienda de Abed hay otros carteles, atestando la entrada a la Academia de Bellas Artes de la ciudad, junto a vendedores ambulantes que venden té en sus endebles tenderetes con techos de cartón y quioscos que venden caramelos y útiles de escritorio a los estudiantes que se arremolinan en la calle.
Algunos de los panfletos son repartidos por la comisión electoral iraquí, instando a los iraquíes a votar "por el futuro de Iraq" o a las mujeres para que participen en la votación "para dar vida a la democracia y la igualdad". Junto a ellos hay carteles del Movimiento Monárquico Constitucional, el grupo realista cuyo líder, Sharif Ali bin Hussein, promete "seguridad, estabilidad, justicia y prosperidad".
A la vuelta de la esquina se encuentra uno de los candidatos del partido monárquico, Muatasim Idris, que trabaja para una firma de ingeniería.
Su campaña, como muchas, es de tono suave: nada de discursos, mítines ni manifestaciones. Extendiendo su mano, Idris, 35, hizo un listado de las amenazas que enfrentaría durante la campaña. Le podían colocar una bomba, robarle el coche, su familia podría ser amenazada. Dijo que el día de las elecciones decenas de familias en su barrio abandonarían sus casas cerca de las escuelas, donde se instalarán los colegios electorales.
"Soy un blanco en movimiento", dijo Idris, con una sonrisa forzada. "Sólo hago campaña entre la gente que confío: familiares y amigos".
"Sabemos que habrá balbala", dijo. Confusión y caos. "No hay modo de evitarlo. Se oye todos los días. La gente tiene miedo. Tienen miedo incluso en sus casas. Pero tenemos que decidir el destino de nuestro país. No podemos abandonarlo".
En su oficina, adornada con una fotografía de la Meca, el santuario más sagrado del islam, y de versos del Corán escritos en un espejo, Idris se reunía con su primo Ali Saleh, 45. En una queja que ya es familiar, dijeron que estaban preocupados por Iraq, que tomaría una generación para que volviera a ser lo que era antes de la llegada de los norteamericanos, antes de la tiranía de Hussein, antes de las guerras y la violencia que ha desordenado sus vidas.
"Iraq tiene una larga historia", dijo Saleh. "Saddam no era algo nuevo. ¿Cuántas generaciones han tenido que vivir de esta manera?" Miró por la ventana de su empresa, la Fábrica Mustafa, los carteles del Partido Monárquico Constitucional y los panfletos del Partido Comunista en una barricada de concreto. "Nuestra generación ha crecido en la violencia. No pueden revolver sus problemas de manera pacífica".
Miembros de una generación más joven estaban en el patio de la Academia de Bellas Artes, ornamentada con estatuas de la dinastía Abbassid de Bagdad, el ambiente de las Mil y una Noches y las historias que dan a Bagdad su nostalgia. Junto a un estudiante que tocaba Hotel California' en una guitarra acústica estaba Muntasir Jalal y su amiga Dalal Mohammed. Jalal es cristiano; Mohammed, sunní.
El voto "es nuestra oportunidad", insistió Jalal.
Mohammed dio vuelta los ojos, luego sacudió su cabeza.
"Yo soy sunní, y los sunníes estamos boicoteando las elecciones", dijo. "Creo que va a causar todavía más problemas".
En una muralla cercana, un cartel con el retrato de Sistani insta a la gente a votar. Al otro lado del patio hay una pancarta: "Así es como empieza un país a decidir su destino..., a través de las urnas".
"No les presto atención", dijo Mohammed. "Soy pesimista. Soy pesimista sobre la vida y sobre todo. Quiero irme de Iraq. Eso sería lo mejor".
Jalal se burló de ella. "Se va a lleva consigo un lanzagranadas". Trató de desviar la conversación. Eran artistas, insistió. "En el arte no hay política", dijo Jalal, tranquilizándola. "Estamos demasiado ocupados pintando".
20 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
miles de muertos por recetas erróneas
Anualmente mueren en Holanda cientos de personas debido a recetas de medicamentos que los médicos proporcionan erróneamente, según la Inspección de Sanidad. Miles de personas han recibido medicamentos que dañaron su salud.
La Haya, Holanda. Esta es la conclusión de Inspección en el informe que apareció hoy, Estado de la Atención Sanitaria en el 2004'. Para su investigación, la institución ha hecho uso de los datos de pacientes de 150 médicos de cabecera, que en total tienen unos 500.000 pacientes. También han usado datos de hospitales, universidades, el colegio de aseguradoras y la agencia de investigaciones Prismant.
Sobre todo los niños y los viejos están en grave peligro. A los viejos se les receta frecuentemente medicamentos inapropiados para su edad, o se les prescriben dosis demasiado altas, asegura Inspección de Sanidad. Muchas veces se les recetan demasiados medicamentos distintos, por lo que el riesgo de sufrir los efectos de alguna combinación peligrosa es aún mayor.
Los niños corren un mayor riesgo porque los médicos de cabecera cada vez más les prescriben antidepresivos. Y ello a pesar de que el Colegio para la Evaluación de Medicamentos lo desaconseja, pues se aumenta de este modo el riesgo de suicidio.
A. Cohen, catedrático en Leiden de farmacología clínica, en una reacción a la noticia ha advertido que "debemos evitar establecer una relación directa entre muertos y uso de medicamentos". Según él, "ciertamente los ancianos se encuentran a menudo en un estado de salud muy complejo". El tratamiento es difícil, y las complicaciones (que pueden ser fatales) dependen de muchos más factores que de la prescripción de determinados medicamentos.
También la inspección quiere "colocar en perspectiva"el problema. "Cada año los médicos expiden aproximadamente cien millones de recetas. Sólo sale mal en un pequeño porcentaje de casos", enfatiza el portavoz. "También tenemos en las carreteras miles de muertos al año, pero no por ello uno va a dejar de meterse en un coche".
Sobre las razones de los errores a la hora de prescribir medicamentos no hay nada claro. Pero Inspección tiene la impresión de que los médicos no se someten convenientemente a las directrices sobre prescripción de medicamentos, y a que los farmacéuticos no revisan lo suficientemente el comportamiento prescriptivo de los médicos. Inspección recibe anualmente unas mil denuncias de muertes como consecuencia de errores médicos, pero según el inspector general, H. Kingma, la cantidad es mucho mayor. No hay cifras fiables. En base a estudios internacionales, la Inspección estima que en total mueren al año "miles de personas" debido a errores médicos innecesarios. Una cantidad todavía mayor de pacientes sufre de lesiones incurables debido a lo mismo. También el uso de técnicas médicas cada vez más complejas conduce a riesgos para los pacientes, lo que también ocurre con el a veces deficiente intercambio electrónico de sus datos.
Para saber algo más sobre el origen de los errores médicos Kingma exige "estar abiertos para discutir los errores médicos".
20 de enero de 2005
©nrc-handelsblad
©traducción mQh
Sobre todo los niños y los viejos están en grave peligro. A los viejos se les receta frecuentemente medicamentos inapropiados para su edad, o se les prescriben dosis demasiado altas, asegura Inspección de Sanidad. Muchas veces se les recetan demasiados medicamentos distintos, por lo que el riesgo de sufrir los efectos de alguna combinación peligrosa es aún mayor.
Los niños corren un mayor riesgo porque los médicos de cabecera cada vez más les prescriben antidepresivos. Y ello a pesar de que el Colegio para la Evaluación de Medicamentos lo desaconseja, pues se aumenta de este modo el riesgo de suicidio.
A. Cohen, catedrático en Leiden de farmacología clínica, en una reacción a la noticia ha advertido que "debemos evitar establecer una relación directa entre muertos y uso de medicamentos". Según él, "ciertamente los ancianos se encuentran a menudo en un estado de salud muy complejo". El tratamiento es difícil, y las complicaciones (que pueden ser fatales) dependen de muchos más factores que de la prescripción de determinados medicamentos.
También la inspección quiere "colocar en perspectiva"el problema. "Cada año los médicos expiden aproximadamente cien millones de recetas. Sólo sale mal en un pequeño porcentaje de casos", enfatiza el portavoz. "También tenemos en las carreteras miles de muertos al año, pero no por ello uno va a dejar de meterse en un coche".
Sobre las razones de los errores a la hora de prescribir medicamentos no hay nada claro. Pero Inspección tiene la impresión de que los médicos no se someten convenientemente a las directrices sobre prescripción de medicamentos, y a que los farmacéuticos no revisan lo suficientemente el comportamiento prescriptivo de los médicos. Inspección recibe anualmente unas mil denuncias de muertes como consecuencia de errores médicos, pero según el inspector general, H. Kingma, la cantidad es mucho mayor. No hay cifras fiables. En base a estudios internacionales, la Inspección estima que en total mueren al año "miles de personas" debido a errores médicos innecesarios. Una cantidad todavía mayor de pacientes sufre de lesiones incurables debido a lo mismo. También el uso de técnicas médicas cada vez más complejas conduce a riesgos para los pacientes, lo que también ocurre con el a veces deficiente intercambio electrónico de sus datos.
Para saber algo más sobre el origen de los errores médicos Kingma exige "estar abiertos para discutir los errores médicos".
20 de enero de 2005
©nrc-handelsblad
©traducción mQh
proceso por masacre de tlatelolco
[Kevin Sullivan] México acusará de genocidio a funcionarios por masacre de 1968.
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.
En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
miles de muertos por recetas erróneas
Anualmente mueren en Holanda cientos de personas debido a recetas de medicamentos que los médicos proporcionan erróneamente, según la Inspección de Sanidad. Miles de personas han recibido medicamentos que dañaron su salud.
La Haya, Holanda. Esta es la conclusión de Inspección en el informe que apareció hoy, Estado de la Atención Sanitaria en el 2004'. Para su investigación, la institución ha hecho uso de los datos de pacientes de 150 médicos de cabecera, que en total tienen unos 500.000 pacientes. También han usado datos de hospitales, universidades, el colegio de aseguradoras y la agencia de investigaciones Prismant.
Sobre todo los niños y los viejos están en grave peligro. A los viejos se les receta frecuentemente medicamentos inapropiados para su edad, o se les prescriben dosis demasiado altas, asegura Inspección de Sanidad. Muchas veces se les recetan demasiados medicamentos distintos, por lo que el riesgo de sufrir los efectos de alguna combinación peligrosa es aún mayor.
Los niños corren un mayor riesgo porque los médicos de cabecera cada vez más les prescriben antidepresivos. Y ello a pesar de que el Colegio para la Evaluación de Medicamentos lo desaconseja, pues se aumenta de este modo el riesgo de suicidio.
A. Cohen, catedrático en Leiden de farmacología clínica, en una reacción a la noticia ha advertido que "debemos evitar establecer una relación directa entre muertos y uso de medicamentos". Según él, "ciertamente los ancianos se encuentran a menudo en un estado de salud muy complejo". El tratamiento es difícil, y las complicaciones (que pueden ser fatales) dependen de muchos más factores que de la prescripción de determinados medicamentos.
También la inspección quiere "colocar en perspectiva"el problema. "Cada año los médicos expiden aproximadamente cien millones de recetas. Sólo sale mal en un pequeño porcentaje de casos", enfatiza el portavoz. "También tenemos en las carreteras miles de muertos al año, pero no por ello uno va a dejar de meterse en un coche".
Sobre las razones de los errores a la hora de prescribir medicamentos no hay nada claro. Pero Inspección tiene la impresión de que los médicos no se someten convenientemente a las directrices sobre prescripción de medicamentos, y a que los farmacéuticos no revisan lo suficientemente el comportamiento prescriptivo de los médicos. Inspección recibe anualmente unas mil denuncias de muertes como consecuencia de errores médicos, pero según el inspector general, H. Kingma, la cantidad es mucho mayor. No hay cifras fiables. En base a estudios internacionales, la Inspección estima que en total mueren al año "miles de personas" debido a errores médicos innecesarios. Una cantidad todavía mayor de pacientes sufre de lesiones incurables debido a lo mismo. También el uso de técnicas médicas cada vez más complejas conduce a riesgos para los pacientes, lo que también ocurre con el a veces deficiente intercambio electrónico de sus datos.
Para saber algo más sobre el origen de los errores médicos Kingma exige "estar abiertos para discutir los errores médicos".
20 de enero de 2005
©nrc-handelsblad
©traducción mQh
Sobre todo los niños y los viejos están en grave peligro. A los viejos se les receta frecuentemente medicamentos inapropiados para su edad, o se les prescriben dosis demasiado altas, asegura Inspección de Sanidad. Muchas veces se les recetan demasiados medicamentos distintos, por lo que el riesgo de sufrir los efectos de alguna combinación peligrosa es aún mayor.
Los niños corren un mayor riesgo porque los médicos de cabecera cada vez más les prescriben antidepresivos. Y ello a pesar de que el Colegio para la Evaluación de Medicamentos lo desaconseja, pues se aumenta de este modo el riesgo de suicidio.
A. Cohen, catedrático en Leiden de farmacología clínica, en una reacción a la noticia ha advertido que "debemos evitar establecer una relación directa entre muertos y uso de medicamentos". Según él, "ciertamente los ancianos se encuentran a menudo en un estado de salud muy complejo". El tratamiento es difícil, y las complicaciones (que pueden ser fatales) dependen de muchos más factores que de la prescripción de determinados medicamentos.
También la inspección quiere "colocar en perspectiva"el problema. "Cada año los médicos expiden aproximadamente cien millones de recetas. Sólo sale mal en un pequeño porcentaje de casos", enfatiza el portavoz. "También tenemos en las carreteras miles de muertos al año, pero no por ello uno va a dejar de meterse en un coche".
Sobre las razones de los errores a la hora de prescribir medicamentos no hay nada claro. Pero Inspección tiene la impresión de que los médicos no se someten convenientemente a las directrices sobre prescripción de medicamentos, y a que los farmacéuticos no revisan lo suficientemente el comportamiento prescriptivo de los médicos. Inspección recibe anualmente unas mil denuncias de muertes como consecuencia de errores médicos, pero según el inspector general, H. Kingma, la cantidad es mucho mayor. No hay cifras fiables. En base a estudios internacionales, la Inspección estima que en total mueren al año "miles de personas" debido a errores médicos innecesarios. Una cantidad todavía mayor de pacientes sufre de lesiones incurables debido a lo mismo. También el uso de técnicas médicas cada vez más complejas conduce a riesgos para los pacientes, lo que también ocurre con el a veces deficiente intercambio electrónico de sus datos.
Para saber algo más sobre el origen de los errores médicos Kingma exige "estar abiertos para discutir los errores médicos".
20 de enero de 2005
©nrc-handelsblad
©traducción mQh
murió virgina mayo
Fallece Virginia Mayo, leyenda de Hollywood. A los 84 años murió la actriz que brilló en cintas como Los mejores años de nuestras vidas'. Figura del studio system de los años '40 y '50, su belleza llevó a que se la describiera como "prueba de que Dios existe". El mismo factor, sin embargo, impidió que se valorara su aporte a cintas clave de aquellos años.
Uno de los grandes dramas hollywoodenses de posguerra, Los mejores años de nuestras vidas', la mostró como desencantada esposa de un retornado de la II Guerra. Tres años después fue la mujer de James Cagney, rubia tonta y voluptuosa, en el soberbio thriller freudiano Alma negra' (White Heat, 1949).
Estuvo a la altura de estos papeles, y hay quien dice que el Oscar la ignoró injustamente. Pero su gran belleza -"la prueba de que Dios existe", se decía de ella- nubló la consideración de las dotes actorales de Virginia Mayo, figura insigne del studio system.
Virginia Clara Jones -su verdadero nombre- murió el lunes, a los 84 años, en una casa de reposo de las afueras de Los Angeles. Según informó un amigo de la familia, el deceso fue ocasionado por un paro cardíaco, punto final de la larga neumonía que venía enfrentando.
Al conocerse el fallecimiento, uno de los aspectos que destacaron diarios y agencias fue precisamente la subvaloración de la intérprete en beneficio de la chica sexy.
"Quería ser bailarina"
Hija de un periodista, Virginia nació en Saint Louis, Missouri, en 1920. Su temprano interés en el espectáculo encontró acogida en la academia de talentos de una tía, que la seleccionó para figurar en obras locales.
De ahí saltó a los shows de variedades, con los que hizo sus primeras giras por EE.UU. En uno de ellos nació el nombre por el cual se la recuerda, tomado de un humorista que la acompañaba.
"Quería ser bailarina, pero terminé como actriz", recordaba hace pocos años. El tránsito se produjo a principios de los '40, cuando fue descubierta por Samuel Goldwyn, quien encargó para ella cursos de actuación y de dicción. Con papeles pequeños como el que tuvo en Jack London' (1943) -cuyo protagonista, Michael O'Shea, se convirtió en su esposo-, se la encasilló en géneros como la comedia y el musical, situándosela con frecuencia junto a estrellas como Dana Andrews, George Raft, Burt Lancaster, Kirk Douglas y el mencionado Cagney.
A las órdenes de cineastas como Howard Hawks, Jacques Tourneur, Raoul Walsh y William Wyler, su drama fue el de tantos intérpretes de la era dorada de Hollywood, de la cual fue un producto: con la etiqueta de bella y livianita', el interés en sus servicios decayó hacia fines de los '50.
En décadas posteriores apareció en series de TV como Con temple de acero' y en pequeños papeles en cintas de horror. Le sobreviven una hija y tres nietos.
20 de enero de 2005
©la tercera
Uno de los grandes dramas hollywoodenses de posguerra, Los mejores años de nuestras vidas', la mostró como desencantada esposa de un retornado de la II Guerra. Tres años después fue la mujer de James Cagney, rubia tonta y voluptuosa, en el soberbio thriller freudiano Alma negra' (White Heat, 1949).Estuvo a la altura de estos papeles, y hay quien dice que el Oscar la ignoró injustamente. Pero su gran belleza -"la prueba de que Dios existe", se decía de ella- nubló la consideración de las dotes actorales de Virginia Mayo, figura insigne del studio system.
Virginia Clara Jones -su verdadero nombre- murió el lunes, a los 84 años, en una casa de reposo de las afueras de Los Angeles. Según informó un amigo de la familia, el deceso fue ocasionado por un paro cardíaco, punto final de la larga neumonía que venía enfrentando.
Al conocerse el fallecimiento, uno de los aspectos que destacaron diarios y agencias fue precisamente la subvaloración de la intérprete en beneficio de la chica sexy.
"Quería ser bailarina"
Hija de un periodista, Virginia nació en Saint Louis, Missouri, en 1920. Su temprano interés en el espectáculo encontró acogida en la academia de talentos de una tía, que la seleccionó para figurar en obras locales.
De ahí saltó a los shows de variedades, con los que hizo sus primeras giras por EE.UU. En uno de ellos nació el nombre por el cual se la recuerda, tomado de un humorista que la acompañaba.
"Quería ser bailarina, pero terminé como actriz", recordaba hace pocos años. El tránsito se produjo a principios de los '40, cuando fue descubierta por Samuel Goldwyn, quien encargó para ella cursos de actuación y de dicción. Con papeles pequeños como el que tuvo en Jack London' (1943) -cuyo protagonista, Michael O'Shea, se convirtió en su esposo-, se la encasilló en géneros como la comedia y el musical, situándosela con frecuencia junto a estrellas como Dana Andrews, George Raft, Burt Lancaster, Kirk Douglas y el mencionado Cagney.
A las órdenes de cineastas como Howard Hawks, Jacques Tourneur, Raoul Walsh y William Wyler, su drama fue el de tantos intérpretes de la era dorada de Hollywood, de la cual fue un producto: con la etiqueta de bella y livianita', el interés en sus servicios decayó hacia fines de los '50.
En décadas posteriores apareció en series de TV como Con temple de acero' y en pequeños papeles en cintas de horror. Le sobreviven una hija y tres nietos.
20 de enero de 2005
©la tercera
proceso por masacre de tlatelolco
[Kevin Sullivan] México acusará de genocidio a funcionarios por masacre de 1968.
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.
En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Ciudad de México, México. El fiscal especial que investiga los asesinatos y desapariciones de personas durante la guerra sucia' de México dijo el jueves que presentará cargos por genocidio contra unos 25 ex funcionarios de gobierno y militares en relación con la masacre del 2 de octubre de 1968 de manifestantes en la plaza de Tlatelolco en Ciudad de México.En una entrevista con periodistas extranjeros, Ignacio Carrillo Prieto dijo que en entre esos funcionarios se "puede incluir" a Luis Echeverría, que fue presidente de 1970 a 1976 y ministro del Interior, el segundo cargo más importante del país, durante lo que se llamó la Masacre de Tlatelolco'.
Carrillo Prieto dijo que en los próximos meses acusará de genocidio a 75 ex funcionarios por las desapariciones y asesinatos de alrededor de 500 personas en la campaña del gobierno de represión de estudiantes, activistas por la democracia y otros manifestantes entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta.
La Masacre de Tlatelolco, que se transformó en un poderoso símbolo de los abusos de los gobiernos autoritarios de México, terminó con la vida de numerosos jóvenes activistas justo antes de que México hiciera de anfitrión de los Juegos Olímpicos de 1968.
El gobierno declaró entonces que en la masacre habían muerto 30 personas, pero grupos de derechos humanos y otros dijeron que la cifra era mucho más alta. También dijeron que los asesinatos fueron cometidos por soldados y pistoleros a sueldo del gobierno y que Echeverría estaba implicado por ordenar los asesinatos. El solitario ex presidente, que cumplirá 83 años este mes, ha negado las acusaciones.
Carrillo Prieto, nombrado por el presidente Vicente Fox en enero de 2002, intentó el año pasado acusar a Echeverría y otros 11 ex funcionarios de genocidio por una masacre en 1971 en la que alrededor de 30 estudiantes fueron asesinados en Ciudad de México por fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el juez en ese caso se negó a firmar órdenes de detención, diciendo que la ley de los 30 años de limitación de la acusación de genocidio había expirado. El fiscal general federal, para el que trabaja Carrillo Prieto, ha recurrido esa resolución ante la Corte Suprema, que debe todavía dictar veredicto.
Carrillo Prieto dijo que presentará los nuevos cargos de genocidio independientemente del veredicto de la Corte Suprema. Dijo que en México, a diferencia de Estados Unidos, la resolución de la Corte Suprema sólo sería válida para el caso puntual y no establece un precedente.
Algunos críticos han acusado a Carrillo Prieto de exagerar tratando de acusar a Echeverría y otros de genocidio. Pero el fiscal argumentó que las leyes internacionales definen genocidio como el intento sistemático de eliminar a un grupo étnico, religioso o nacional, y que Echeverría y otros ex funcionarios utilizaron sistemáticamente el poder para tratar de exterminar a los disidentes políticos.
14 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
la campaña electoral iraquí
[Anthony Shadid] Entre esperanzadas pancartas de la campaña electoral en Bagdad, los lemas reflejan ambivalencia.
Bagdad, Iraq. En la calle de Waziriya de Bagdad, los carteles de las campañas están llenos de promesas. "Por un Iraq independiente y libre", promete uno. "Por un Iraq pacífico", dice otro.
Los carteles están pegados en una gris barricada de concreto de un piso de alto gris, que protege de coches-bomba la corte de apelaciones de Iraq. Muestran retratos de líderes religiosos investidos de poder espiritual y políticos que ejercen autoridad, al general iraquí que derrocó a la monarquía del país en un sangriento golpe en 1958 y al descendiente de la familia real que aspira a un trono resucitado.
"Su voto es valioso", declara su cartel. "Déselo a alguien que lo merezca".
Los ánimos al otro lado de la calle en las tiendas de papelería, restaurantes y desvencijados café, separada por un tráfico que no acelera nunca y nunca se detiene sino solamente se arrastra, son mucho más complicados. En el barrio confesionalmente mixto, las emociones son tan embrollados como claros los carteles. Hay temor en torno a la votación, esperanza por el futuro, desdén por los partidos y elasticidad, ese motivo de vida en Bagdad.
En Waziriya los carteles cuentan una historia: lo que ven los partidos políticos de Iraq como los deseos de los votantes. Las conversaciones, unas sobre otras como en un día cualquiera, sugieren otra cosa.
"El pueblo iraquí necesita a alguien fuerte", insistió Hussein Jumaa, un estudiante de 22 años cerca de la Academia de Bellas Artes, terminando un falafel en un restaurante. "No necesitan a alguien que vaya a decir toda la vida, cortésmente: Por favor, señor'".
Jumaa dijo que apoyaba a Ayad Allawi, el primer ministro interino del país, cuya retórica dura y remoto pasado como miembro del represivo Partido Baaz parecen transformarlo en el favorito de los conservadores. Es una tema que repite incansablemente el partido de Allawi en la televisión árabe y en sus carteles, que dicen: "Un liderazgo fuerte y un país pacífico".
Ahmed Hadi, otro estudiante de arte que está con Jumaa, sacude la cabeza. Él apoyaba la lista de candidatos que muchos iraquíes consideran que es apoyada por el gran ayatollah Ali Sistani, el importante líder religioso chií del país.
"Pertenece a la casa de los chiíes", dijo.
Mientras hablaban, Qais Ubaidi, un chofer de microbús, entró al restaurante con un paso impaciente que correspondía con su actitud.
"Mentiras", insistió, cuando le pregunté qué pensaba de los carteles. "Es un proceso engañoso".
Una Campaña Débil
La elección de los 275 miembros del Parlamento, que deberá luego redactar la Constitución, fue convocada para el 30 de enero. En Bagdad, la campaña ya está en camino, aunque la capital está prácticamente bajo sitio, preparándose para una intensificación de la campaña de los insurgentes para interrumpir la votación. En lugar de mítines, hay pequeñas reuniones en locaciones fortificadas -casas, oficinas o sedes de partidos detrás de barricadas y alambre de púa. En lugar de discursos, hay réclames de televisión. Algunos canales están saturados de réclames electorales. En lugar de encontrarse cara a cara con la gente, los candidatos colocan carteles con sus mensajes.
Algunos son simples. En uno de los tablones de concreto, colocados como piezas de dominó en la calle de Waziriya, un panfleto de un candidato independiente, Ahmed Taha, dice humildemente: "Estoy tratando de presentarme a mí mismo".
Otros son más sofisticados.
La Alianza Unida Iraquí, el grupo de la más importante lista chií, ha empapelado partes de Bagdad con mensajes que se inclinan hacia lo moralizador. "Por la virtud social", dice un panfleto. "Para salvaguardar la identidad musulmana de Iraq", dice otro, agraciado con un retrato de Sistani, cuya autoridad entre los chiíes más religiosos es incuestionable.
Esta lista declaradamente chií se basa en la historia de una comunidad reprimida durante mucho tiempo, que sufrió siglos de desposesión a manos de gobernantes sunníes, excluidos por el presidente Saddam Hussein como el último de una larga lista. "Nuestro propósito es recuperar lo que destruyó el criminal régimen baazista", declara un cartel sobre un mapa de Iraq dibujado como una pared agrietada con flores rojas encima. Casi todos los carteles citan versos del Corán. Entre los más populares: "Dios nunca cambiará las condiciones de la gente a menos que la gente cambie ella misma".
"Vote por su seguridad, la distribución de los servicios sociales y contra el desempleo", entona otro cartel de otra coalición, la Unión Popular, respaldada por el venerable Partido Comunista Iraquí. Los carteles del partido, a menudo con los mensajes más eclécticos de Bagdad, prometen "una infancia segura", "fraternidad nacional" y "los derechos de la maternidad y de la infancia".
Ubaidi, el chofer de microbús, se burla de todos ellos sin excepción.
"Son todos ladrones que saben muy bien cómo robar", dijo.
Haciendo el trayecto desde el centro hasta el sur de Bagdad, Ubaidi gana unos seis dólares al día. En otoño pasado hacía 23 dólares. Sus ganancias se estropearon con la escasez de gasolina, que puede durar semanas, que ha quintuplicado los precios del combustible en el mercado negro.
"No hay gas, no hay aceite de cocina, no hay electricidad y no hay gasolina. No hay seguridad y todo el mundo roba", dijo el robusto Ubaidi, como el chirriante casete de un cantante de la región del Golfo Pérsico en la instalación estereo de un restaurante. "Si Saddam fuera candidato, yo lo votaría a él. Todos en Iraq son ladrones, pero Saddam era un buen ladrón. Por lo menos proporcionaba seguridad".
Ubaidi, hijo de una madre chií y un padre sunní, culpó a los partidos políticos de la intensificación de las tensiones confesionales. Importante grupos sunníes han llamado a boicotear las elecciones, y los más militantes entre ellos han amenazado con interrumpirlas.
"Están todos compitiendo por el trono", dijo. "¿Dónde estaban antes?"
No es un sentimiento desconocido hacia los partidos. Muchos de los más prominentes líderes políticos estuvieron en el extranjero durante el régimen de Hussein y a menudo sus raíces son huecas en una sociedad que estuvo efectivamente despolitizada durante los 35 años de régimen baazista. Muchos iraquíes culpan a los antiguos exiliados de la deslucida actuación del gobierno interino y del Consejo de Gobierno anterior. La lista chií usa en sus carteles el retrato de Sistani, no el de sus propios candidatos, y pocos emplean los nombres de los partidos.
"La gente odia a los partidos", declaró Fathi Abed, 40, que tiene una tienda de repuestos de automóvil en la calle de Waziriya, sus estanterías apiladas de focos, espejos retrovisores y cajas metálicas de bayetas.
Cansado de hablar e imperturbable, Abed dijo que votaría, incluso aunque insistió en que el resultado estaba predeterminado.
"Te apuesto", dijo. "Espera hasta después de las elecciones, y verás que el ganador será Ayad Allawi. Él las ganará".
Algunos en Bagdad creen que Estados Unidos quiere que el nuevo Parlamento elija a Allawi, el titular, como primer ministro. Si los americanos lo quieren, se dice en las conversaciones, así ocurrirá. Esto refleja la profunda veta de teorías conspirativas que impregnan la vida de Bagdad en estos días -desde el rumor de que el militante jordano Abu Musab Zarqawi, acusado de algunas de las más espectaculares carnicerías en Iraq, es un invento norteamericano, hasta el rumor expresado por Abed de que los iraquíes que no voten perderán sus raciones de alimento mensuales.
"Quizás no es verdad", dijo, "pero es lo que la gente dice".
Esperando el Caos
Más abajo en la calle de la tienda de Abed hay otros carteles, atestando la entrada a la Academia de Bellas Artes de la ciudad, junto a vendedores ambulantes que venden té en sus endebles tenderetes con techos de cartón y quioscos que venden caramelos y útiles de escritorio a los estudiantes que se arremolinan en la calle.
Algunos de los panfletos son repartidos por la comisión electoral iraquí, instando a los iraquíes a votar "por el futuro de Iraq" o a las mujeres para que participen en la votación "para dar vida a la democracia y la igualdad". Junto a ellos hay carteles del Movimiento Monárquico Constitucional, el grupo realista cuyo líder, Sharif Ali bin Hussein, promete "seguridad, estabilidad, justicia y prosperidad".
A la vuelta de la esquina se encuentra uno de los candidatos del partido monárquico, Muatasim Idris, que trabaja para una firma de ingeniería.
Su campaña, como muchas, es de tono suave: nada de discursos, mítines ni manifestaciones. Extendiendo su mano, Idris, 35, hizo un listado de las amenazas que enfrentaría durante la campaña. Le podían colocar una bomba, robarle el coche, su familia podría ser amenazada. Dijo que el día de las elecciones decenas de familias en su barrio abandonarían sus casas cerca de las escuelas, donde se instalarán los colegios electorales.
"Soy un blanco en movimiento", dijo Idris, con una sonrisa forzada. "Sólo hago campaña entre la gente que confío: familiares y amigos".
"Sabemos que habrá balbala", dijo. Confusión y caos. "No hay modo de evitarlo. Se oye todos los días. La gente tiene miedo. Tienen miedo incluso en sus casas. Pero tenemos que decidir el destino de nuestro país. No podemos abandonarlo".
En su oficina, adornada con una fotografía de la Meca, el santuario más sagrado del islam, y de versos del Corán escritos en un espejo, Idris se reunía con su primo Ali Saleh, 45. En una queja que ya es familiar, dijeron que estaban preocupados por Iraq, que tomaría una generación para que volviera a ser lo que era antes de la llegada de los norteamericanos, antes de la tiranía de Hussein, antes de las guerras y la violencia que ha desordenado sus vidas.
"Iraq tiene una larga historia", dijo Saleh. "Saddam no era algo nuevo. ¿Cuántas generaciones han tenido que vivir de esta manera?" Miró por la ventana de su empresa, la Fábrica Mustafa, los carteles del Partido Monárquico Constitucional y los panfletos del Partido Comunista en una barricada de concreto. "Nuestra generación ha crecido en la violencia. No pueden revolver sus problemas de manera pacífica".
Miembros de una generación más joven estaban en el patio de la Academia de Bellas Artes, ornamentada con estatuas de la dinastía Abbassid de Bagdad, el ambiente de las Mil y una Noches y las historias que dan a Bagdad su nostalgia. Junto a un estudiante que tocaba Hotel California' en una guitarra acústica estaba Muntasir Jalal y su amiga Dalal Mohammed. Jalal es cristiano; Mohammed, sunní.
El voto "es nuestra oportunidad", insistió Jalal.
Mohammed dio vuelta los ojos, luego sacudió su cabeza.
"Yo soy sunní, y los sunníes estamos boicoteando las elecciones", dijo. "Creo que va a causar todavía más problemas".
En una muralla cercana, un cartel con el retrato de Sistani insta a la gente a votar. Al otro lado del patio hay una pancarta: "Así es como empieza un país a decidir su destino..., a través de las urnas".
"No les presto atención", dijo Mohammed. "Soy pesimista. Soy pesimista sobre la vida y sobre todo. Quiero irme de Iraq. Eso sería lo mejor".
Jalal se burló de ella. "Se va a lleva consigo un lanzagranadas". Trató de desviar la conversación. Eran artistas, insistió. "En el arte no hay política", dijo Jalal, tranquilizándola. "Estamos demasiado ocupados pintando".
20 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Los carteles están pegados en una gris barricada de concreto de un piso de alto gris, que protege de coches-bomba la corte de apelaciones de Iraq. Muestran retratos de líderes religiosos investidos de poder espiritual y políticos que ejercen autoridad, al general iraquí que derrocó a la monarquía del país en un sangriento golpe en 1958 y al descendiente de la familia real que aspira a un trono resucitado.
"Su voto es valioso", declara su cartel. "Déselo a alguien que lo merezca".
Los ánimos al otro lado de la calle en las tiendas de papelería, restaurantes y desvencijados café, separada por un tráfico que no acelera nunca y nunca se detiene sino solamente se arrastra, son mucho más complicados. En el barrio confesionalmente mixto, las emociones son tan embrollados como claros los carteles. Hay temor en torno a la votación, esperanza por el futuro, desdén por los partidos y elasticidad, ese motivo de vida en Bagdad.
En Waziriya los carteles cuentan una historia: lo que ven los partidos políticos de Iraq como los deseos de los votantes. Las conversaciones, unas sobre otras como en un día cualquiera, sugieren otra cosa.
"El pueblo iraquí necesita a alguien fuerte", insistió Hussein Jumaa, un estudiante de 22 años cerca de la Academia de Bellas Artes, terminando un falafel en un restaurante. "No necesitan a alguien que vaya a decir toda la vida, cortésmente: Por favor, señor'".
Jumaa dijo que apoyaba a Ayad Allawi, el primer ministro interino del país, cuya retórica dura y remoto pasado como miembro del represivo Partido Baaz parecen transformarlo en el favorito de los conservadores. Es una tema que repite incansablemente el partido de Allawi en la televisión árabe y en sus carteles, que dicen: "Un liderazgo fuerte y un país pacífico".
Ahmed Hadi, otro estudiante de arte que está con Jumaa, sacude la cabeza. Él apoyaba la lista de candidatos que muchos iraquíes consideran que es apoyada por el gran ayatollah Ali Sistani, el importante líder religioso chií del país.
"Pertenece a la casa de los chiíes", dijo.
Mientras hablaban, Qais Ubaidi, un chofer de microbús, entró al restaurante con un paso impaciente que correspondía con su actitud.
"Mentiras", insistió, cuando le pregunté qué pensaba de los carteles. "Es un proceso engañoso".
Una Campaña Débil
La elección de los 275 miembros del Parlamento, que deberá luego redactar la Constitución, fue convocada para el 30 de enero. En Bagdad, la campaña ya está en camino, aunque la capital está prácticamente bajo sitio, preparándose para una intensificación de la campaña de los insurgentes para interrumpir la votación. En lugar de mítines, hay pequeñas reuniones en locaciones fortificadas -casas, oficinas o sedes de partidos detrás de barricadas y alambre de púa. En lugar de discursos, hay réclames de televisión. Algunos canales están saturados de réclames electorales. En lugar de encontrarse cara a cara con la gente, los candidatos colocan carteles con sus mensajes.
Algunos son simples. En uno de los tablones de concreto, colocados como piezas de dominó en la calle de Waziriya, un panfleto de un candidato independiente, Ahmed Taha, dice humildemente: "Estoy tratando de presentarme a mí mismo".
Otros son más sofisticados.
La Alianza Unida Iraquí, el grupo de la más importante lista chií, ha empapelado partes de Bagdad con mensajes que se inclinan hacia lo moralizador. "Por la virtud social", dice un panfleto. "Para salvaguardar la identidad musulmana de Iraq", dice otro, agraciado con un retrato de Sistani, cuya autoridad entre los chiíes más religiosos es incuestionable.
Esta lista declaradamente chií se basa en la historia de una comunidad reprimida durante mucho tiempo, que sufrió siglos de desposesión a manos de gobernantes sunníes, excluidos por el presidente Saddam Hussein como el último de una larga lista. "Nuestro propósito es recuperar lo que destruyó el criminal régimen baazista", declara un cartel sobre un mapa de Iraq dibujado como una pared agrietada con flores rojas encima. Casi todos los carteles citan versos del Corán. Entre los más populares: "Dios nunca cambiará las condiciones de la gente a menos que la gente cambie ella misma".
"Vote por su seguridad, la distribución de los servicios sociales y contra el desempleo", entona otro cartel de otra coalición, la Unión Popular, respaldada por el venerable Partido Comunista Iraquí. Los carteles del partido, a menudo con los mensajes más eclécticos de Bagdad, prometen "una infancia segura", "fraternidad nacional" y "los derechos de la maternidad y de la infancia".
Ubaidi, el chofer de microbús, se burla de todos ellos sin excepción.
"Son todos ladrones que saben muy bien cómo robar", dijo.
Haciendo el trayecto desde el centro hasta el sur de Bagdad, Ubaidi gana unos seis dólares al día. En otoño pasado hacía 23 dólares. Sus ganancias se estropearon con la escasez de gasolina, que puede durar semanas, que ha quintuplicado los precios del combustible en el mercado negro.
"No hay gas, no hay aceite de cocina, no hay electricidad y no hay gasolina. No hay seguridad y todo el mundo roba", dijo el robusto Ubaidi, como el chirriante casete de un cantante de la región del Golfo Pérsico en la instalación estereo de un restaurante. "Si Saddam fuera candidato, yo lo votaría a él. Todos en Iraq son ladrones, pero Saddam era un buen ladrón. Por lo menos proporcionaba seguridad".
Ubaidi, hijo de una madre chií y un padre sunní, culpó a los partidos políticos de la intensificación de las tensiones confesionales. Importante grupos sunníes han llamado a boicotear las elecciones, y los más militantes entre ellos han amenazado con interrumpirlas.
"Están todos compitiendo por el trono", dijo. "¿Dónde estaban antes?"
No es un sentimiento desconocido hacia los partidos. Muchos de los más prominentes líderes políticos estuvieron en el extranjero durante el régimen de Hussein y a menudo sus raíces son huecas en una sociedad que estuvo efectivamente despolitizada durante los 35 años de régimen baazista. Muchos iraquíes culpan a los antiguos exiliados de la deslucida actuación del gobierno interino y del Consejo de Gobierno anterior. La lista chií usa en sus carteles el retrato de Sistani, no el de sus propios candidatos, y pocos emplean los nombres de los partidos.
"La gente odia a los partidos", declaró Fathi Abed, 40, que tiene una tienda de repuestos de automóvil en la calle de Waziriya, sus estanterías apiladas de focos, espejos retrovisores y cajas metálicas de bayetas.
Cansado de hablar e imperturbable, Abed dijo que votaría, incluso aunque insistió en que el resultado estaba predeterminado.
"Te apuesto", dijo. "Espera hasta después de las elecciones, y verás que el ganador será Ayad Allawi. Él las ganará".
Algunos en Bagdad creen que Estados Unidos quiere que el nuevo Parlamento elija a Allawi, el titular, como primer ministro. Si los americanos lo quieren, se dice en las conversaciones, así ocurrirá. Esto refleja la profunda veta de teorías conspirativas que impregnan la vida de Bagdad en estos días -desde el rumor de que el militante jordano Abu Musab Zarqawi, acusado de algunas de las más espectaculares carnicerías en Iraq, es un invento norteamericano, hasta el rumor expresado por Abed de que los iraquíes que no voten perderán sus raciones de alimento mensuales.
"Quizás no es verdad", dijo, "pero es lo que la gente dice".
Esperando el Caos
Más abajo en la calle de la tienda de Abed hay otros carteles, atestando la entrada a la Academia de Bellas Artes de la ciudad, junto a vendedores ambulantes que venden té en sus endebles tenderetes con techos de cartón y quioscos que venden caramelos y útiles de escritorio a los estudiantes que se arremolinan en la calle.
Algunos de los panfletos son repartidos por la comisión electoral iraquí, instando a los iraquíes a votar "por el futuro de Iraq" o a las mujeres para que participen en la votación "para dar vida a la democracia y la igualdad". Junto a ellos hay carteles del Movimiento Monárquico Constitucional, el grupo realista cuyo líder, Sharif Ali bin Hussein, promete "seguridad, estabilidad, justicia y prosperidad".
A la vuelta de la esquina se encuentra uno de los candidatos del partido monárquico, Muatasim Idris, que trabaja para una firma de ingeniería.
Su campaña, como muchas, es de tono suave: nada de discursos, mítines ni manifestaciones. Extendiendo su mano, Idris, 35, hizo un listado de las amenazas que enfrentaría durante la campaña. Le podían colocar una bomba, robarle el coche, su familia podría ser amenazada. Dijo que el día de las elecciones decenas de familias en su barrio abandonarían sus casas cerca de las escuelas, donde se instalarán los colegios electorales.
"Soy un blanco en movimiento", dijo Idris, con una sonrisa forzada. "Sólo hago campaña entre la gente que confío: familiares y amigos".
"Sabemos que habrá balbala", dijo. Confusión y caos. "No hay modo de evitarlo. Se oye todos los días. La gente tiene miedo. Tienen miedo incluso en sus casas. Pero tenemos que decidir el destino de nuestro país. No podemos abandonarlo".
En su oficina, adornada con una fotografía de la Meca, el santuario más sagrado del islam, y de versos del Corán escritos en un espejo, Idris se reunía con su primo Ali Saleh, 45. En una queja que ya es familiar, dijeron que estaban preocupados por Iraq, que tomaría una generación para que volviera a ser lo que era antes de la llegada de los norteamericanos, antes de la tiranía de Hussein, antes de las guerras y la violencia que ha desordenado sus vidas.
"Iraq tiene una larga historia", dijo Saleh. "Saddam no era algo nuevo. ¿Cuántas generaciones han tenido que vivir de esta manera?" Miró por la ventana de su empresa, la Fábrica Mustafa, los carteles del Partido Monárquico Constitucional y los panfletos del Partido Comunista en una barricada de concreto. "Nuestra generación ha crecido en la violencia. No pueden revolver sus problemas de manera pacífica".
Miembros de una generación más joven estaban en el patio de la Academia de Bellas Artes, ornamentada con estatuas de la dinastía Abbassid de Bagdad, el ambiente de las Mil y una Noches y las historias que dan a Bagdad su nostalgia. Junto a un estudiante que tocaba Hotel California' en una guitarra acústica estaba Muntasir Jalal y su amiga Dalal Mohammed. Jalal es cristiano; Mohammed, sunní.
El voto "es nuestra oportunidad", insistió Jalal.
Mohammed dio vuelta los ojos, luego sacudió su cabeza.
"Yo soy sunní, y los sunníes estamos boicoteando las elecciones", dijo. "Creo que va a causar todavía más problemas".
En una muralla cercana, un cartel con el retrato de Sistani insta a la gente a votar. Al otro lado del patio hay una pancarta: "Así es como empieza un país a decidir su destino..., a través de las urnas".
"No les presto atención", dijo Mohammed. "Soy pesimista. Soy pesimista sobre la vida y sobre todo. Quiero irme de Iraq. Eso sería lo mejor".
Jalal se burló de ella. "Se va a lleva consigo un lanzagranadas". Trató de desviar la conversación. Eran artistas, insistió. "En el arte no hay política", dijo Jalal, tranquilizándola. "Estamos demasiado ocupados pintando".
20 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh