Blogia
mQh

cine

el mocito de contreras


El filme ‘El mocito’ retrata a un hombre atrapado por su pasado: Jorgelino Vergara. De 1971 a 1984 presenció torturas y operativos del organismo.
[Rodrigo González] Jorgelino Vergara habla poco y cuando lo hace suele fanfarronear. Tiene algo de caricatura de sí mismo y de personaje de película. No posee domicilio conocido y en el sur de Chile sus moradas son casuchas que encuentra en los pueblos donde trabaja de jornalero o como agricultor improvisado. Vino del sur del país hace casi 40 años y a él retornó con el espíritu herido. Su conciencia es una cámara fotográfica del horror con algunas de las imágenes más devastadoras del Chile post 73.
Cuando hace tres años los realizadores Marcela Said y Jean de Certeau comenzaron a entrevistar a Jorgelino Vergara, entendieron que su personalidad inescrutable no les serviría para construir un documental lleno de datos. En rigor, este ex mozo del general Manuel Contreras ya había hecho el trabajo duro de identificar a 74 ex agentes de la Dina ante la justicia, relatando con lujo de detalles las sesiones de tortura que presenciaba desde la doméstica posición del hombre que sirve el café o el sándwich a los victimarios. Para la cámara y el micrófono de Said y De Certeau, Vergara reservó sobre todo su perfil más habitual y silvestre: el de quien habla del tema cuando se le da la gana, calla cuando lo estima y, a la larga, va revelando más con sus silencios.
El documental ‘El mocito’ de Marcela Said y Jean de Certeau fue seleccionado en el 61º Festival de Cine de Berlín, que va desde el 10 al 20 de febrero. Se trata del único largometraje chileno presente en el encuentro y se mostrará en cinco funciones desde el próximo domingo 13.
Los realizadores han intentado ubicar al protagonista de su filme, pero como es habitual con Vergara, su paradero suele cambiar con tanta rapidez como su número de teléfono.
"Perdimos la cuenta de la cantidad de celulares que ha tenido desde que lo comenzamos a entrevistar. Dice que se le pierden. No sabemos si es verdad. Ahora está otra vez inubicable. Sólo queríamos decirle que la película iba a participar en el Festival de Berlín", explica la co-realizadora Marcela Said.

Registrando al Opuesto
En el año 2001 Marcela Said debutó en la dirección con ‘I love Pinochet’, un documental que registraba el fervor y la ira de los partidarios del ex general Pinochet durante su encarcelamiento en Londres. La película llamó la atención por acceder a un universo poco conocido por la mayoría de los chilenos. ‘I love Pinochet’ era un registro novedoso de los pinochetistas más diversos: pobres y ricos, poblacionales y del barrio alto, violentos y tranquilos.
Cinco años después, y junto al francés Jean de Certeau, estrena ‘Opus Dei’ (2006), indagación sobre algunos representantes y miembros de esta conservadora prelatura en Chile. Poco después de su estreno, Said comenzó a investigar los casos de algunos ex agentes de los organismos represores durante el régimen militar. "Nos ayudó la Brigada de Derechos Humanos de Investigaciones y un día dimos con Jorgelino", explica la directora. "La idea no era buscar sicópatas. Este hombre en cambio está lleno de culpas y remordimientos", agrega De Certeau.
La doble condición de víctima y victimario de Vergara también era llamativa. "Estaba con bastante miedo. La policía le pidió declarar en el 2007 y había dado los nombres de los agentes de la Dina. Dice que recibía amenazas de muerte. Yo, en cambio, le dije que la película podía terminar siendo una protección para él. Después de todo, ya había hablado", dice Said.
La empatía mutua posibilitó una cinta que sus autores definen como un retrato humano, sin pretensiones de reportaje. "No quisimos mostrar un caso particular de violación de derechos humanos. La intención es que la película pueda ser vista, por ejemplo, por un tipo que participó en Irak y que encuentre puntos en común con Jorgelino. La misma culpa, el mismo horror", añade la directora.

Militar Frustrado
Huérfano de padre y madre, Jorgelino Vergara llegó a Santiago a los 14 años proveniente de Rauco, en la Séptima Región. El azar le hizo encontrar un trabajo como mozo en la casa del general Manuel Contreras, jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia (Dina) entre 1973 y 1977. El militar lo incorporó a la institución en calidad de sirviente y ahí le prometieron de todo. Pasó a la CNI, sucesora de la Dina. Entusiasmado con hacer carrera castrense cumplió funciones de mozo hasta 1984. Ese año, a Vergara lo echaron de la institución.
No escaló ni un peldaño en el escalafón. Seguía siendo un mozo y se sintió engañado. A cambio, tuvo que tragarse las escenas más brutales de torturas y asesinatos, entre ellas las de 13 dirigentes del Partido Comunista en el cuartel de calle Simón Bolívar. Todo, en medio de servir el café, los tragos y la comida.
A diferencia del personal de la Dina, que iba a los cuarteles como quien marca tarjeta en la oficina, Jorgelino Vergara vivió en centros de detención. Respiró el mismo aire que los detenidos y más de una vez tuvo la oportunidad de hacerse amigo de algún prisionero.
Según les contó a Said y De Certeau, hizo buenas migas con Víctor Díaz, jefe del PC clandestino en 1976 y padre de Viviana Díaz, dirigenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. Cuenta Vergara que el 24 de diciembre, en Nochebuena, estaba solo en el cuartel e invitó a Díaz a comer en el casino. Pocas semanas después tuvo que cargar con el cadáver del dirigente envuelto en una bolsa plástica. Su cuerpo terminó en el fondo del mar atado a un pedazo de riel.
Para propósitos del documental, los realizadores intentaron reunir a Viviana Díaz con Jorgelino Vergara. "Ella no quiso y es entendible. Pero sí logramos juntarlo con otra familiar, cuyo nombre nos reservamos porque es parte del desenlace de la cinta", dice Said.

Un Sobreviviente
A pesar de cargar con un pasado de frustraciones y horror, Vergara se jacta de ser un tipo fuerte. Practica con regularidad con el linchaco que conserva desde sus años militares y repite a la cámara: "Soy un sobreviviente".
En el sur de Chile asiste a procesiones dedicadas a la Virgen del Carmen y a fiestas evangélicas. Pareciera querer exorcizar sus culpas en cualquier manifestación cristiana. Su estilo frugal de vivir y su buen estado físico sólo se ven menoscabados cuando bebe en exceso.
Una pequeña borrachera le provocó justamente uno de sus momentos cruciales frente a la cámara. "Nunca lloro ni me he quebrado. ¿Saben por qué? Porque los militares me enseñaron a no llorar", afirma con la voz quebrada y los ojos lagrimeantes. "A uno lo impulsaban a ser el más malo. Como una competencia. Y mientras más malo, mejor", comenta.
En otro de los pasajes donde relata sus experiencias se defiende: "No soy un asesino. No es justo que me digan eso". Y luego larga con angustia: "Pero vi cómo trabajaban ellos, vi cómo mataban sin ningún tipo de escrúpulos".
Las escenas más feroces presenciadas por Jorgelino Vergara se remiten precisamente a la matanza en el cuartel Simón Bolívar, donde los militantes comunistas fueron golpeados a palos, quemados con soplete y luego envenenados con cianuro. Tras ser testigo de esto, Vergara se repite a sí mismo la siguiente expresión: "Lo único que quiero es tener descanso mental y poder dormir tranquilo".
Abandonado por su mujer poco después de revelar los nombres de los agentes en el 2007, Jorgelino Vergara se reencuentra de vez en cuando con su hija. Juntos se los ve pasear por algunos humildes parques de entretenciones de pueblitos del sur, practicando tiro al blanco. El mocito de Manuel Contreras dice que no participó en torturas, pero sus años dentro de la institución le sirvieron para aprender a manejar armas.
En la película, un sobrino comparte el mate con él. Dice: "Lo que pasa es que llegó solo y pobre a Santiago. No tenía a nadie y era un cabro. No lo culpo que se haya metido a trabajar donde pudiera, incluso con gente que hacía cosas tan malas". Luego mira a Jorgelino y dice con una mueca casi burlona: "Claro que yo no lo habría hecho nunca". El mocito baja la mirada y calla.
[La foto viene de trinchera de la imagen.]
14 de febrero de 2011
6 de febrero de 2011
©la tercera
rss

filme sobre el mocito de contreras


Filme sobre mozo de torturadores chilenos se estrenó en Berlín.
Berlín, Alemania. La directora chilena Marcela Said presentó hoy en la Berlinale su documental ‘El mocito’, sobre la vida de Jorgelino Vergara, uno de los principales testigos que ha declarado contra los militares que torturaron y asesinaron durante el régimen de Augusto Pinochet.
El largometraje, de 70 minutos, tuvo su estreno mundial en la muestra cinematográfica alemana, dentro de la sección "Forum", en la que se incluyen también otras cuatro producciones de jóvenes talentos de Argentina, Brasil y Colombia.
El filme, rodado con sinceridad y cercanía, sin artificios, muestra los escombros físicos y psicológicos a los que ha quedado reducida la vida de Jorgelino Vergara, un chileno que de adolescente asistió a las torturas sistemáticas y asesinatos de la brigada de exterminio Lautaro de la policía secreta chilena (DINA) en el cuartel Simón Bolívar.
Vergara, que ingresó como mozo ayudante en estas instalaciones militares, describe con detalle cómo servía el desayuno a los presos, hacinados en celdas, y cómo llevaba café a los militares mientras estos forzaban a confesar a los detenidos con electrodos.
El hombre sufre el terrible drama de haberse situado involuntariamente demasiado cerca de los torturadores como para ser tratado de víctima y, en consecuencia, indemnizado, a pesar de que la experiencia le traumatizó y cambió su vida.
Así, pese a haber sido abandonado por su mujer al descubrirse su pasado y a duras penas sobrevivir en una cabaña, Vergara se embarca en la odisea legal de denunciar a los responsables de los crímenes contra los derechos humanos en la dictadura pinochetista.
Said muestra a un Vergara humano, locuaz cuando se dirige sin reparos a la cámara y que muestra sin tapujos su humilde día a día en la actualidad, lo que incluye abluciones en un río y la captura de cangrejos y conejos para comer.
No obstante, el documental juega constantemente con las ambigüedades, empezando por la condición de héroe o villano del propio protagonista, que mantiene un discurso zigzagueante que raya a momentos en la contradicción y la incoherencia.
Con ‘El mocito’, la directora chilena sigue en la línea esbozada en sus dos anteriores trabajos, en los que empleando también la técnica documental abordó asuntos de cariz polémico como la dictadura de Pinochet y la organización católica Opus Dei.
Las otras películas latinoamericanas en la sección ‘Forum’ de la 61 edición de la Berlinale son las argentina ‘Ocio’ y ‘Ausente’, de Juan Villegas y Marco Berger, respectivamente; ‘Karen llora en un bus’, del colombiano Gabriel Rojas; y la brasileña ‘Os residentes’, de Tiago Mata Machado.
La nutrida participación de América Latina en este festival internacional de cine está encabezada por la mexicana ‘El premio’, de la directora argentina Paula Markovitch y por ‘Un mundo misterioso’, del argentino Rodrigo Moreno, ambas incluidas en la sección oficial de la Berlinale y, por tanto, con opción a Oso.
14 de febrero de 2011
©la nación
rss

wood sobre violeta parra


El realizador chileno Andrés Wood habla de su película sobre Violeta Parra. El director de ‘Machuca’, una de las primeras películas sobre la dictadura militar chilena, está filmando ‘Violeta se fue a los cielos’, basada en el libro homónimo de Ángel Parra, hijo de la artista. "Todo queda corto con Violeta", reconoce Wood.
[María Daniela Yaccar] Si se es optimista en razones místicas, el alma de Violeta Parra debería haber encontrado su sitio "adentro de una amapola o dentro de un pajarito". La anduvo buscando, durante siete años, el cineasta trasandino Andrés Wood, y parece que finalmente la encontró. El opta por la modestia: insiste en lo "inabarcable" de la cantautora chilena, pero la suya tendrá el mérito de ser la primera película de ficción que intente acercarse a su vida. En rodaje por estos momentos, se titula ‘Violeta se fue a los cielos’ y está basada en el libro homónimo de Ángel Parra, hijo de la artista. El estreno está previsto entre mayo y septiembre. Se filmó mayormente en Chile, durante casi dos meses. También una semana en París. Tentaba darse una vuelta por el estudio porteño Makka, ubicado en Inclán al 2500, donde el rodaje llegará a su fin, para ver qué forma va tomando el alma de Violeta.
Es lunes, primer día de filmación en Buenos Aires. Y sí, la atmósfera está nerviosa. El calor abruma y a Beatriz, una extra, no le quedó otra que usar peluca. Es que su cabello colorado y corto no daba con lo que el film necesitaba a su paso por la Argentina: unos cincuenta extras haciendo de espectadores capturados por el espíritu de Parra en un programa televisivo de la década del ’60. Rodeada de peinados naturales, Beatriz repite "no puedo más" y sufre toda vez que el aire se apaga para iniciar una toma. Son las tres de la tarde y las cosas comenzaron bastante antes, entre las 6 y las 7 de la mañana, por eso se entiende que algunos extras cabeceen en la espera y abran sus ojos de repente, acordándose de que tendrán que aplaudir, "reírse grande" –así se los pide el director– y quedarse anestesiados al escuchar a Parra (la chilena Francisca Gavilán) entonando ‘Arauco tiene una pena’.
Según le cuenta Wood a esta cronista al final del día de trabajo, a Parra "la trataron muy bien" en este país. Además de ofrecer conciertos, expuso sus obras como artista plástica y fue invitada a la televisión en tres oportunidades. "Desarrollé una entrevista que tenía ganas de que fuera en un lugar donde se la apreciara de una manera menos cercana. Estamos tomándonos una libertad: la entrevista que funcionó fue en 1962, dicen que para Canal 13. Lo trasladamos al ’65", explica. Al conductor del programa televisivo lo encarna Luis Machín. Además, hay otra actriz argentina involucrada en el proyecto (una coproducción de Maíz Producciones, de Argentina, y Andrés Wood Producciones, de Chile): la joven Vanesa González, que interpreta a una modelo que hace publicidades en vivo.
"Ahora ella va a recitar las décimas para una hija muerta. Ustedes van a estar pendientes de ella. Después, algunos se van a emocionar", indica Wood a la platea, antes de que su Violeta aparezca en escena para recitar unos versos. En sus rasgos, Francisca Gavilán se parece mucho a la folklorista. La forma de los ojos y la de la boca; una imagen impregnada de un halo de tranquilidad. Una vez en su camarín, le dirá a este diario que se le parece "desde siempre, desde chica", mientras Lupe, la asistente, le quita las extensiones. En el film hay tres Violetas, pues se retratan distintos momentos de la vida de la artista. Pero Pancha puede jactarse de ser la principal. "Para mí es muy importante, ha sido un premio. Quería quedar cuando hice el casting, quería ser yo." Es que con la música de Violeta, que escuchaban sus padres, esta actriz de 35 años creció.
Francisca está exhausta pero concede un último esfuerzo para contar cómo compuso su personaje. Su trabajo excedió lo actoral. "Fue un proceso muy largo porque estoy desde enero con clases de guitarra y de charango. Me costó mucho porque soy zurda. Fue conocer la mano", se explaya. Sus profesores fueron una folklorista chilena amiga de Violeta y Ángel Parra, con quienes aprovechó para conversar y obtener la información que luego llevaría al cuerpo. "Pero no sé explicar cómo es ese proceso –sostiene–. Es tan raro... uno se cuestiona mucho cómo lo va a llevar, y en el fondo es como comer, como tomar agüita. Lo que me sirvió fue cantarla mucho. Me da el tono, su manera de moverse. Si la canto estoy ya preparada para actuarla."
Tuvo suerte, Francisca, en ser la primera en liberarse. Más tarde, cuando el día de trabajo ha concluido para el equipo –quedan todavía seis más–, en el pasillo de Makka se acumulan los extras. Ellos están ansiosos por despojarse de las ropas sesentosas que mañana volverán a calzarse, ellas pasan primero por los baños para deshacerse del peinado tirante. El pasillo parece el de un boliche superpoblado. "Mirá si voy a hacer esta cola para cambiarme. Me tomo un cafecito y listo", le cuenta una morocha a esta cronista. Beatriz por fin se saca la peluca y respira aliviada. Mientras los extras lo saludan, el director de ’Machuca’ (2004), una de las primeras películas chilenas que aludió a la dictadura militar de su país, se sienta unos minutos a conversar con Página/12.

¿Qué aspectos de la vida de Violeta Parra retrata la película?
El libro de Ángel es el andamiaje. Evidentemente todo queda corto con Violeta. Uno piensa que llegó a algo y no, tenía cuatro alternativas más. Abre una puerta y se abre otra. Decidimos fragmentar la historia, contar episodios: la entrevista, su proceso de recopilación del folklore y su mundo interior. Su música, su plástica, su vida misma constituyen un material muy noble de esculpir. Puede ser duro, difícil, que no les guste a muchos, inabarcable en una película, pero es un privilegio. Hay episodios de su infancia, su madurez, sus amores, su obra, y ese último momento en que ella construye la carpa, con el sueño de hacer una universidad del folklore. Ahí es donde muere.

Las biografías dicen que estaba desilusionada con el trato del público chileno.
Fue reconocida pero no como se lo merecía. Se impuso tareas titánicas que efectivamente eran difíciles de cumplir. Por ejemplo, esta carpa quedaba en un lugar alejado, no había locomoción ni buses. Entonces sentía que no tenía el apoyo que tenía que tener. Pero es muy complejo decir qué la lleva a matarse. No me atrevo a tener una razón particular de su muerte. Decepciones de amor, la sensación del no reconocimiento, del cansancio; cosas que les pasan a los grandes artistas, esa sensación de no llegar. Para ellos, la vida es mucho más que una canción. Quería lograr la perfección, pese a que voló muy alto.

¿Conversó mucho con Ángel Parra para llevar a cabo el film?
Sí. Me contó anécdotas y más que eso. Aportó un libro, ni más ni menos. Y un acompañar la película hasta ahora. Es una película muy colectiva y a la vez muy personal.

¿Qué imágenes buscó en París? ¿Y qué lo trajo a Buenos Aires?
París fue un lugar importante para Violeta por muchas razones. Como suele ocurrir, en vida fue tomada en cuenta más afuera que adentro. Y también porque desarrolla parte de su trabajo plástico de forma muy interesante. Tuvo una exposición emblemática en el Museo de Arte Decorativo del Louvre. Tengo entendido que es la única artista chilena que ha hecho eso. Era una artista completa, especial, genuina y propia, y a la vez muy universal. Finalmente, llegué a Buenos Aires pensando que acá podía haber imágenes en movimiento de Violeta. En Chile no había casi nada. Pero acá tampoco tenían.

¿Qué piensa de eso?
En Chile no existía la capacidad de grabación, a no ser que fuera hecho en fílmico. Pero además, cuando se empezó a grabar, se reciclaba o se botaba. La desidia y el desorden hacen que uno vaya perdiendo memoria. Para nosotros es fuerte: perdemos memoria patrimonial por los terremotos o porque los archivos importantes fueron quemados por los militares.

Usted era muy chico cuando murió Violeta. ¿Qué significó ella para las generaciones posteriores?
Tenía un año cuando ella murió, en 1967. Dejó un gran legado que es tomado por muchos músicos, particularmente por su hijo y por Víctor Jara. Acá también. Hay todo un sueño de ella que se quiebra con las dictaduras militares. Nuestros partidos de izquierda la encontraron muy avanzada. Sus canciones, algunas muy políticas, pasan a ser muy modernas, incluso hoy. Ella habla de los mineros: con todo lo que vivimos el año pasado, esa canción parece escrita para eso. También habla del conflicto mapuche. Sin ser un ente que vivía para la política, era muy política. Violeta está presente en muchas generaciones y me interesa ayudar a extender ese contacto.

Por la relevancia de Violeta, esta película podría repetir el éxito de ‘Machuca’: una buena respuesta a nivel internacional, ¿no?
No sé. Es tan difícil el tema de las expectativas con las pobres películas, hay tantos factores externos que deciden eso. Por ahora, me haría feliz que mucha gente la vea. A esta altura estamos gozando los procesos. Me gustaría que haya curiosidad por Violeta.

Hasta el momento se viene abocando a realidades bien próximas, propias de su país.
Por ahora sí. Aquí hicimos un cambio, porque hemos hecho películas de personas anónimas, relacionadas con contextos. Hoy estamos con una persona que, sin ser una heroína, es un personaje.

¿Y cómo abordaron su aspecto de "persona"? ¿Por ejemplo, su carácter?
Leyendo sus entrevistas y escuchándola por radio vi que era muy elocuente y pícara. Pasaba del humor a la tristeza. En la escena que filmamos acá el público está conectado con una décima, declamando. Por eso era tan importante elegir a la actriz: si uno toma la decisión equivocada ahí no hay forma de levantar la película. Me encantó el casting de Francisca. No sólo a mí, al equipo entero. Y más la actitud frente al trabajo. Se estuvo preparando largamente. Son tantas las variables de una película, que tener sólida a la actriz principal es muy agradable.

¿Por qué le gusta tanto abordar el pasado?
Me encanta, aunque puedo entender una película que no tenga ese primer objetivo. La gracia del cine es que cumple beneficios públicos, más allá de la película misma. Uno es la memoria, sin dudas. Me interesa un cine político, en el sentido más amplio de la palabra: hablar de mi país y la sociedad. Machuca fue la primera película en tocar la dictadura militar. Había mucho pudor para tocar el tema, una autocensura de los realizadores y una sensación de que a la gente no le interesaba. Hacer cine es muy complicado en todas partes, y más sabiendo que a la gente no le interesa. En sociedades pequeñas y con mucho por desarrollar como la chilena, hacer una película que toque a la gente es importante. Machuca fue importante. Ahora es parte de la enseñanza en muchos colegios. En Francia también. Y yo nunca pretendí hacer eso. Seguramente, como Violeta volvió al currículum escolar, se va a ver esta película.
4 de febrero de 2011
30 de enero de 2011
©página 12
rss

murió georgia carroll kyser


Modelo, actriz, cantante.
Murió el viernes en Chapell Hill, Carolina del Norte, Georgia Carroll Kyser, modelo de pasarela en los años treinta y cuarenta que se convirtió en actriz y cantante en la big band de su marido Kay Kyser. Tenía 91 años.
No se reveló la causa de su muerte.

Nacida el 18 de noviembre de 1919 en Blooming Grove, Texas, Georgia Carroll empezó a cantar, bailar y actuar cuando era niña. Fue modelo de pasarela a media jornada en los grandes almacenes Neiman Marcus en Dallas y posó, a los dieciséis, para la estatua de ‘The Spirit of the Centennial’ para la Exposición del Centenario de Texas de 1936 en los parques de atracciones de Dallas.
Al año siguiente, firmó con la agencia de modelaje John Robert Powers en Nueva York y pronto estaba posando para la cubierta de Redbook. Apareció en las portadas de Vogue, Cosmopolitan, Ladies’ Home Journal y otras revistas y fue fotografiada por Edward Steichen y Horst P. Horst.
Se mudó a Hollywood en 1941 y fue contratada por Warner Bros.
Dos años después se convirtió en la vocalista de Kay Kyser, el director de banda, para un programa radial llamado ‘The Kollege of Musical Knowledge’. Apareció en catorce películas, incluyendo ‘Around the World’ y ‘Carolina Blues’ con Kay Kyser.
En 1944, durante una pausa de los espectáculos de USO para divertir a las tropas, la pareja se casó en Las Vegas.
Al cabo de unos años, Georgia abandonó el mundo del espectáculo para dedicarse a su familia, y Kay dejó su programa de televisión semanal. Se mudaron de Beverly Hills a Chapel Hill, donde Kay se convirtió en un seguidor de la Ciencia Cristiana y Georgia en ama de casa.
También se interesó en la conservación histórica y en la defensa del arte. Estudió  arte en 1970 en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Algunos años después participó en la fundación de la Chapel Hill Preservation Society.
En 1982 su marido fue nombrado presidente de las Iglesias de la Ciencia Cristiana en todo el mundo. Murió en 1985. Le sobreviven, entre otros, dos hijas y cinco nietos.
1 de febrero de 2011
20 de enero de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh
rss


murió paul picerni


Prolífico actor de carácter.
Murió el 12 de enero, tras un ataque al corazón, en su casa en la comunidad Antelope Valley, Llano, el prolífico actor Paul Picerni, que fue una de las estrellas de la serie de televisión ‘Los intocables’ [The Untouchables] y estuvo en el reparto de la película de horror de 1953, ‘La casa de cera’ [House of Wax], informó su hija Maria. Atkinson-Bates. Fue declarado muerto en el Centro Médico Regional Palmdale. Tenía 88 años.

Picerni fue el agente Lee Hobson, colega de Eliot Ness (Robert Stack). La serie ‘Los intocables’ fue emitida por ABC de 1959 a 1963. Picerni se incorporó al reparto en la segunda temporada.
Fue una presencia familiar en televisión, con apariciones en series como ‘Kojak’, ‘Barnaby Jones’, ‘Mannix’ y ‘Perry Mason’ y tuvo papeles desde mediados de los años cuarenta.

Picerni nació el 1 de diciembre de 1922 en Corona, Nueva York. Fue artillero durante la Segunda Guerra Mundial y se licenció en bellas artes en la Universidad de Loyola en Los Angeles en 1950, después de haber actuado en varias producciones universitarias.
‘La casa de cera’, con Vincent Price en el papel protagónico, fue el primer largometraje en tres dimensiones de un estudio importante, contó el guionista Tom Weaver, que colaboró con Picerni en el libro ‘Steps to Stardom: My Story’, de 2007. Picerni fue Scott Andrews, un joven escultor que era el novio de Sue Allen (Phyllis Kirk).
Entre otras películas de Picerni se encuentran ‘Camino de la venganza’ [The Scalphunters] en 1968 y ‘Aeropuerto’ [Airport] en 1970. Picerni fue el maestro de ceremonias de medio tiempo en los partidos de Los Angeles Rams en el Coliseo durante treinta años.
1 de febrero de 2011
18 de enero de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh
rss


murió susannah york


La actriz alcanzó la fama en los años sesenta.
[Keith Thursby] Murió el sábado, de cáncer, en el Royal Marsden Hospital de Londres, la actriz británica Susannah York, comunicó su hijo el actor Orlando Wells a la Associated Press. Tenía 72 años.
York trabajó en cine, en teatro y en televisión, pero es quizá mejor conocida por una serie de películas, entre las cuales ‘Tom Jones’, de 1963, y ‘Un hombre para la eternidad’ [A Man for All Seasons; Un hombre de dos reinos], de 1966.
"Era una talentosísima actriz que maduró en un periodo particularmente fructífero en el cine y en el teatro británicos", dijo al Times el crítico de cine Leonard Maltin. "Poseía una gran sensibilidad y versatilidad".
‘Baile de ilusiones’ [They Shoot Horses, Don’t They?; Danzad, danzad, malditos], es la historia de unos concursantes en una maratón de baile. Charles Champlin, jefe de espectáculos del Times en la época, se refirió a la película como "una versión sombría e implacable" de la vida durante los momentos más duros de la Gran Depresión.
York fue nominada como mejor actriz secundaria por su retrato de Alice, una desesperada imitación de una estrella del cine de la época: Jean Harlow. El reparto de la película incluía a Jane Fonda, que fue nominada como mejor actriz, y Gig Young, que fue nominado como mejor actor secundario.
En su libro ‘The New Biographical Dictionary of Film’, el autor David Thompson llamó a York "la rosa inglesa de un jardín más salvaje" que otras actrices británicas.
Después de todo, se hizo famosa durante los tumultuosos años sesenta. Olga Craig, en el Sunday Telegraph de Londres en 2001, dijo que la "despampanante belleza" de York era, "con Julie Christie y Sarah Miles, uno de los rostros más representativos" de los años sesenta.

Nació como Susannah Yolande Fletcher el 9 de enero de 1939. Su madre se casó en segundas nupcias y la familia se trasladó de Inglaterra a Escocia. Después de estudiar en el Academia Real de las Artes Dramátricas consiguió su primer papel importante en la película ‘Whisky y gloria’ [Tunes of Glory], de 1960, con Alec Guinness y John Mills.
Entre sus otros roles durante la década, se encuentra su retrato de una lesbiana en el drama ‘El asesinato de la hermana George’ [The Killing of Sister George], de 1968.
"Al principio me horrorizaba ser clasificada como muy correcta, muy recatada", dijo al Sunday Telegraph. "Me horrorizaba la idea de que la gente pensara que era aburrida. Pero la verdad es que era un poco rebelde".
En 1972 York fue reconocida como mejor actriz en el Festival de Cine de Cannes por su papel en la película policial ‘Imágenes’ [Images]. Maltin dijo que el papel de York como una mujer atormentada había sido un "gran logro de colaboración" con el director Robert Altman. En ‘Superman’ (1978), fue por primera vez la madre del héroe, con Marlon Brando como el padre de Superman.
También escribió dos libros de cuentos para niños.
Su trabajo en el teatro incluyó su espectáculo unipersonal, ‘The Loves of Shakespeare’s Women’, que ofreció en varias ciudades estadounidenses, incluyendo Los Angeles, en 2005.
"Como joven actriz, me rebelaba contra la atención que prestaban a mi apariencia", contó York al Sunday Telegraph en 2001. "Quería ser reconocida por mi talento. En realidad, realmente nunca vi a nadie especialmente bella mirándome de vuelta en el espejo".
Además de su hijo, la sobreviven su hija Sasha y dos nietos, de acuerdo a informes en la prensa británica. Se había divorciado de Michael Wells.
23 de enero de 2011
17 de enero de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh
rss


murió del reisman


Guionista de televisión.
Murió el sábado en su casa en Toluca Lake, de un ataque al corazón, después de una breve enfermedad, el guionista de televisión Del Reisman, que fue presidente de la Asociación de Guionistas de Estados Unidos, informó la asociación (WGA).
Reisman era guionista, productor y editor. Empezó a trabajar como guionista en las series antológicas ‘Matinee Theater’ y ‘Playhouse 90’ en los años cincuenta. Trabajó estrechamente Rod Serling, creador de la serie antológica original de ‘Dimensión desconocida’ [Twilight Zone; En los límites de la realidad], en los años sesenta y trabajó en una larga lista de series como ‘Los intocables’ [The Untouchables], ‘The Lieutenant’, ‘La caldera del diablo’ [Peyton Place], ‘Las calles de San Francisco’ [The Streets of San Francisco], ‘El hombre nuclear’ [The Six Million Dollar Man; El hombre de los seis millones de dólares], ‘Flamingo Road’ y ‘Lobo del aire’ [Airwolf].
Fue presidente de la Asociación de Guionistas de Estados Unidos-Oeste de 1991 a 1993, vicepresidente de 1987 a 1991 y miembro de la junta directiva de 1979 a 1987. Fue presidente de una gran cantidad de comisiones de la asociación.

Reisman nació el 13 de abril de 1924 y creció en Los Angeles. Estudió inglés y periodismo en la Universidad de California en Berkeley. Fue cabo artillero de un B-17 de las Fuerzas Aéreas del Ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial en Europa.
En los últimos años Reisman dictó cursos para escribir guiones en el Instituto Americano del Cine y fue miembro de la dirección de la National Film Preservation de la Biblioteca del Congreso.
22 de enero de 2011
14 de enero de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh
rss


murió john dye


Actor, conocido por ‘Tocados por un ángel’.
John Dye, actor mejor conocido por su papel como Andrew en la prolongada serie de televisión de CBS-TV, ‘Tocados por un ángel’ [Touched by an Angel], fue encontrado muerto el lunes en su casa en San Francisco, confirmó la oficina del forense de San Francisco. Su hermano Jerre dijo al diario Commercial Appeal, de Menfis, Tennessee, confirmó que Dye falleció de un ataque al corazón.
Dye se convirtió en una presencia regular en ‘Tocados por un ángel’ en 1995, para su segunda temporada, y trabajó con Roma Downey y Della Reese como mensajeros divinos enviados para ayudar a los humanos durante tiempos difíciles. El personaje de Dye era, al principio, sobre todo un ángel de la muerte.
"Cuando me ves con mi traje blanco y empiezo a resplandecer, sabes que alguien ha muerto", bromeó Dye en una entrevista con el Commercial Appeal de 1999.
Pero a medida que la serie, que terminó en 2003, evolucionaba, el guapo y compasivo Andrew asumió los deberes de un angelical asistente social.
"Me gusta el papel porque la muerte no es algo sobre lo que hablamos mucho en Estados Unidos", escribió Dye en una compilación de guiones de ‘Tocados por un ángel’ de 1997. "Como país, encontramos difícil lamentar o llorar un deceso, considerando las lágrimas como un signo de debilidad. Debido a eso, Andrew es más bien un personaje ruidoso, que nos ayuda a enfrentar algo que preferimos ignorar".
Dye también apareció en la secuela de ‘La tierra prometida’ y trabajó regularmente en series de televisión como ‘Hotel Malibu’, ‘Jack’s Place’ y ‘Camino del infierno’ [Tour of Duty].

Nacido el 31 de enero de 1963 en Amory, Mississippi, asistió a la Universidad Nacional de Mississippi y estudió derecho en lo que es ahora la Universidad de Menfis, antes de mudarse al teatro. Dejó la universidad para dedicarse a su carrera actoral, pero más tarde volvió a terminar sus estudios.
20 de enero de 2011
14 de enero de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh
rss