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sátira que muerde


[A.O. Scott] Y también los zombis.
Nada satisface tanto el apetito de alegoría como una película sobre zombis caníbales. De algún modo, el género, al menos tal como es practicado por sus maestros, tiene la capacidad de iluminar algunos brutales aspectos de la condición humana y sus disfunciones contemporáneas. No hay demasiadas películas recientes que estén a la altura de, por ejemplo, la crítica social emprendida por George Romero en su ciclo de ‘Los muertos vivientes' [Living Dead].
‘28 días después' [28 Days Later] y su nueva secuela, ‘28 semanas después' [28 Weeks Later], dirigida por Juan Carlos Fresnadillo, pueden no jugar en la liga de Romero, pero en sus mejores momentos se acercan a su característica combinación de horror espeluznante, impacto emocional y ácida sátira. Por supuesto hay bastantes mordiscos literales también, ya que las descarriadas criaturas conocidas como los infectados ansían la carne y sangre de sus antiguos vecinos.
Y también su carne y sangre metafóricas. La primera película, ambientada en los primeros días de una pandemia que casi extermina a la población de Gran Bretaña, seguía a una pequeña banda de desconocidos que se reunían y formaban una tribu improvisada. Esta vez, después de que la primera ola del virus pareciera debilitarse, se concentra en las familias y compañeros apartados y puestos unos contra otros por la paranoia, la confusión moral y el interminable conflicto entre el instinto de supervivencia y el sentido del deber. ‘28 semanas más tarde' gira sobre la crisis que sobrevendría en lo que serían sus secuelas.
El DVD de la película de Boyle tiene dos fines alternativos, una ligeramente más cómodo que el otro: La esperanzada conclusión (estrenada originalmente en teatros estadounidenses) resulta ser un delgado hilo, que lleva a una secuela más héctica y lúgubre de Boyle.
El guión (escrito por Rowan Joffe, Fresnadillo, E.L. Lavigne y Jesús Olmo, con Boyle y su frecuente colaborador Alex Garland a mano como productores ejecutivos) empieza con un terrible fracaso. Huyendo de un ataque zombi, Don (un demacrado y apropiadamente ansioso Robert Carlyle) abandona a su mujer, Alice (Catherine McCormack), para entregarse a un horrible y, aparentemente, inevitable destino.
Algunos meses después, es visto en la Zona Verde, un islote de seguridad en Londres controlado por las tropas invasoras estadounidenses dirigidas por el general Stone (Idris Elba). Allá, se reúne con sus hijos Andy (Mackintosh Muggleton) y Tammy (Imogen Poots), que venían de un viaje escolar a España durante el estallido inicial. Les miente sobre el destino de su madre, y su deshonestidad es castigada a su debido tiempo.
Esa escena con los soldados estadounidense patrullando la Zona Verde -¿veis lo que quiero decir con alegoría?- hacen que ‘'28 semanas más tarde' suene pesadamente actual. Pero como en toda buena fábula de ciencia ficción, las analogía que ofrece a la realidad contemporánea son más especulativas que obvias. La benevolencia inicial de la ocupación es bastante clara: un país destruido necesita recuperarse y proteger al resto de la población.
Es sólo cuando las cosas se escapan de las manos que queda en claro la brutalidad inherente de la situación, pero nuevamente aquí la película plantea intratables interrogantes antes que ganarse unos puntos fáciles. Para soldados y supervivientes por igual, sólo hay malas opciones, y hacer lo que parece correcto -salvar de las llamas a una ciudad abierta o rescatar a los niños de las bombas- resulta tener desastrosas consecuencias.
La primera película de Fresnadillo, el thriller en español ‘Intacto', lo mostró como un director con agilidad técnica y una inclinación decididamente filosófica. Aquí se piensa mientras se huye, cuando el derrumbe del orden se extiende en escenas de pánico y caos. Han sido a menudo editadas frenéticamente y apenas iluminadas como para dar miedo, y la mayor cantidad de morbo -los infectados cortados en pedazos por las astas de un helicóptero; cuerpos que explotan en sangre cuando son penetrados por las balas- no es suficiente para aumentar el horror.
El verdadero horror se produce en momentos más tranquilos, cuando unas tomas aéreas exploran los vacíos ecos de Londres, o cuando Tammy y Andy se escapan de la Zona Verde hacia la desolación circundante.
"Londres es mío", exclama Andy, y el claustrofóbico suspense del film es ocasionalmente aliviado por la sensación de aventura. La amenaza de muerte saca a relucir los impulsos más nobles, y los más egoístas. La cobardía de Don contrasta agudamente con el altruismo de algunos soldados norteamericanos: Scarlet (Rose Byrne), una oficial médico; Doyle (Jeremy Renner), un francotirador cuya conciencia se la gana; y, con algo más de reticencia, Flynn (Harold Perrineau), un piloto de helicóptero con fotos de sus hijos pegadas con cinta de pegar sobre las ventanillas.
‘28 semanas más tarde' no es para los débiles de corazón, ni tampoco de estómago. Es tan brutal y casi exhaustivamente aterradora como cualquier película de zombis. Es también refrescantemente inteligente, tanto en sus ideas como en sus técnicas. La última toma produjo un estallido de risas durante la proyección a la que fui yo, una reacción que me pareció tanto un reconocimiento de la astucia de Fresnadillo como una defensa contra su implacable rigor.
De todos modos, me alegró ver que mi vecino se reía, antes que masticarme el cuello. Ese nivel de horror va a tener que esperar por la siguiente secuela.

28 semanas más tarde
Dirección
Juan Carlos Fresnadillo Guión Rowan Joffe, Mr. Fresnadillo, E. L. Lavigne y Jesús Olmo Director de Fotografía Enrique Chediak Montaje Chris Gill Música John Murphy Diseño de Producción Mark Tildesley Producción Enrique López-Lavigne, Andrew Macdonald y Allon Reich Distribución Fox Atomic. Duración: 91 minutos.

Reparto
Robert Carlyle
(Don), Rose Byrne (Scarlet), Jeremy Renner (Doyle), Harold Perrineau (Flynn), Catherine McCormack (Alice), Mackintosh Muggleton (Andy), Imogen Poots (Tammy), Idris Elba (General Stone) y Emily Beecham (Karen).

22 de mayo de 2007
11 de mayo de 2007
©new york times
©traducción mQh
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murió bernard gordon


[Valerie J. Nelson] A los 88 años. Guionista que estuvo en la lista negra y protestó contra Kazan en 1999.
Murió Bernard Gordon, uno de los jóvenes guionistas que fue puesto en lista negra durante la era de McCarthy y cuyo momento de máximo orgullo más tarde en su vida fue la protesta que organizó contra el Oscar honorario que se otorgó al director Elia Kazan. Tenía 88 años.
Gordon, que escribió durante años con un seudónimo (aunque más tarde se reconocieron sus méritos), murió el viernes en su casa en Hollywood Hills después de una larga guerra contra un cáncer a los huesos, dijo su hija, Ellen Gordon.
Cuando en 1999 Kazan subió al escenario para aceptar un Academy Award por los logros de toda una vida dedicada al cine, muchos en la audiencia no aplaudieron. En la calle frente al Pabellón Dorothy Chandler del Centro Musical del condado de Los Angeles, cientos de manifestantes protestaban ruidosamente, levantando pancartas con leyendas como ‘No Lavéis la Lista Negra', como resultado de una campaña que Gordon contribuyó a organizar.
En 1952, Kazan delató a sus colegas como comunistas ante el Comité de Actividades No Americanas de la Cámara. Gordon había sido citado a comparecer ante el comité, pero no fue nunca llamado a declarar. El exiliado guionista se vio obligado a trabajar en el extranjero. Hizo más de veinte películas, incluyendo los guiones de ‘La delgada línea roja' [The Thin Red Line] (1964) y ‘La batalla de las Ardenas' [Battle of the Bulge] (1965).
"Alguna gente muy, muy importante se ha visto afectada por el alcance de la campaña contra Kazan. Ese fue el trabajo de Bernie Gordon, y vivió lo suficiente como para conseguir algún tipo de reivindicación", dijo Patrick McGilligan, co-autor de ‘Tender Comrades', un libro de 1977 sobre la lista negra de Hollywood, que incluye una extensa entrevista con Gordon.
En una entrevista el viernes con The Times, Ellen Gordon leyó el telegrama que citaba a su padre a comparecer a las audiencias y contó que se había ocultado del funcionario que le llevaba la citación. Sus padres le dijeron (Ellen entonces tenía dos años) que no le abriera "la puerta al vendedor de revistas".
Incapaz de encontrar trabajo debido a la lista negra, Gordon se convirtió en "el peor vendedor de plásticos del mundo" en el centro de Los Angeles, dijo en un reportaje del Times en 2000. Su patrón era Ray Marcus, un amigo cuyo nombre usaría como alias en varios guiones. ‘Raymond T. Marcus' fue su crédito original en ‘Los Hellcats de la Armada' [Hellcats of the Navy] (1957), con Ronald Reagn y su esposa Nancy Davis.
A través de un amigo, Gordon conoció al productor de cine Phillip Yordan, que se haría conocido por ofrecer una fachada a los colegas en la lista negra. Gordon se mudó a Francia y luego a España para trabajar con él de 1960 a 1973.
Como escritor y productor, Gordon hizo algunas películas clásicas de ciencia ficción, como ‘El día de los trífidos' [The Day of the Triffids] (1962) y espectáculos de la gran pantalla como ‘El Cid' (1961) y ‘55 días en Pekín' [55 Days at Peking] (1963).
Se sentía especialmente orgulloso de su película ‘Pánico en el transiberiano' [Horror Express] (1973), que tuvo repercusiones de culto, dijo McGilligan.
En los años sesenta Yordan a menudo aparecía en los créditos en lugar de Gordon, escribiendo este los guiones, pero el arreglo permitía de Gordon hiciera películas, y ganara un salario de dos mil dólares al mes.
"Viví bien en España", recordó Gordon en ‘Tender Comrades'. Lo llevó a titular sus memorias como ‘Hollywood Exile, or How I Learned to Love the Blacklist' (2000).
"Es irónico pero es verdad, porque cuando escapé y me fui a Europa, finalmente tuve éxito", dijo Gordon en el reportaje en el Times de 2000.
Pasarían décadas antes de que sus logros fueran reconocidos públicamente como suyos por el Gremio de Escritores de Estados Unidos.
Para 2000, diez créditos de guiones le habían sido restaurados, más que cualquier otro escritor, dijo Dave Robb, un periodista que cubría Hollywood y se convirtió en amigo de Gordon.
"La decisión del gremio se produjo cuarenta años demasiado tarde para mi carrera en Hollywood", dijo Gordon al New York Times en 1997, después de que le reconocieran siete créditos.
"Obviamente estoy enfadado por la manera en que fui tratado por los principales estudios", dijo. "Ellos me pusieron en la lista negra, y no pude encontrar trabajo en esta maldita ciudad".
Gordon nació el 29 de octubre de 1918, en Nueva Bretaña, Connecticut, hijo de Willian y Kitty Gordon, dos inmigrantes rusos. Su padre tenía una ferretería.
Creció en Nueva York donde adquirió una temprana fascinación por el cine. Estudió inglés y cine en el City College de Nueva York, donde sacó su diploma de licenciado en 1937.
Con su amigo de infancia Julian Zimet -con el que colaboraría con Gordon en algunas películas y sería también colocado en lista negra-, fundó en la universidad un grupo de estudio del cine llamado la Film and Sprocket Society, dijo Ellen Gordon.
Cuando llegó a Los Angeles, Gordon tenía dieciséis dólares en el bolsillo y obtuvo un trabajo como lector de manuscritos en la Paramount, cuenta el reportaje de 2000 en el Times.
Miembro activo del Gremio de Lectores de Guiones, fue su presidente y ayudó a conseguir el primer contrato de la organización con los estudios de cine, de acuerdo a ‘Tender Comrades'.
Gordon se incorporó al Partido Comunista a los 22 años, cuando estaba empezando su carrera en Hollywood.
Ciertamente "no fue el camino hacia el éxito", escribió en sus memorias. "Para bien o para mal, la gente estaba ahí [en el partido] porque estaban indignados con los males existentes en el mundo y querían hacer algo para terminar con eso".
En 1946 se casó con Jean Lewin, una activista que llevaba la Hollywood Cantine, un club para militares en tiempos de guerra. Jean murió en 1995.
De 1947 a 1952, Gordon trabajó como guionista independientes, antes de que las oportunidades empezaran a esfumarse.
"Era terriblemente divertido y extremadamente modesto sobre su carrera como guionista", dijo McGilligan. "Sabía que la lista negra le había impedido hacer grandes cosas... Pero podía ser muy divertido cuando hablaba sobre el asunto, aunque nunca perdonó a sus enemigos".
A Gordon le sobrevive su hija Ellen, enfermera titulada del Centro Médico Cedars-Sinai.

valerie.nelson@latimes.com

17 de mayo de 2007
12 de mayo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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el malo de la película


[Manohla Dargis] Una cariñosa aproximación a los malos del cine: gángsteres, asesinos a sueldo, pistoleros.
Lee Marvin cruzó la pantalla como un tiburón a punto de engullirse a alguien. Alto y delgado, con unos hombros que parecían tan anchos como sus caderas y el pelo tan plateado como una bala, parecía haber nacido para la velocidad. Pasaba de un género a otro, destacándose en las películas de gángsteres y vaqueros. El romanticismo no era su fuerte. Te podía hacer reír, a veces inquietamente, pero son sus papeles como malo los que se quedan en tu memoria. Son malos espantosos, a veces seductoramente espantosos, porque sus puñetazos y vueltas de cuchillo parecen propinados, no en el fragor de la violencia, sino en su frialdad.
Marvin hizo gran parte de sus mejores actuaciones en los años sesenta; fue pasado por alto por directores de Nueva York que pudieron haberlo inmortalizado para las generaciones futuras. Murió a los 63 en 1987, de un ataque al corazón. Para el público más joven, especialmente para los que creen que la historia del cine empieza con Steven Spielberg y George Lucas, Marvin puede ser un signo de interrogación ("¿Quién?", me preguntó un joven amigo). No he podido encontrar ninguna caja de DVD con sus películas, aunque aparece en algunas colecciones de John Wayne haciendo papeles secundarios y como contraste cómico. Varios de estos títulos, especialmente el melancólico western de John Ford, ‘El hombre que mató a Liberty Valence' [The Man Who Shot Liberty Valence] (1962), están incluidos en la excelente serie ‘Lee Marvin: The Coolest Lethal Weapon', que se inaugura hoy en el Walter Reade Theater, por gentileza de la Film Society del Lincoln Center.
Es más frío que el frío en la clásica horterada de Don Siegel, de 1964, ‘Código del hampa' [The Killers], donde es un asesino a sueldo intelectualmente curioso, y en el thriller maravillosamente fracturado de John Boorman,‘A quemarropa' [Point Blank], de1967. En ‘Código del hampa', el asesino a sueldo se convierte en detective porque no puede entender por qué una de sus víctimas (John Cassavetes) no huye cuando tiene la oportunidad. (Más tarde, cuando una mujer trata de convencerlo de que no la mate, el asesino a sueldo la dice: "Señora, simplemente no tengo tiempo"). El impresionante reparto incluye a Ronald Reagan, con un merengue de pelo lustroso; Angie Dickinson, como la más guapa de los venenos y el fabuloso Clu Gulager. Marvin, que llegó borracho al primer día del rodaje, se hizo con la película, en todos los sentidos.
La bebida jugó un papel recurrente en Marvin, entre bastidores y en la pantalla: recibió sus ruidosas claves de un verdadero motero llamado Wino Willie en ‘Salvaje' [The Wild One] e infunde verdadero dolor al papel del trágico alcohólico Ira Hayes, uno de los dos portabanderas de Iwo Jima, en el drama televisivo ‘The American', de John Frankenheimer, de 1960. En 1966 recibió el Oscar al mejor actor por sus papeles duales en el agotador y nada gracioso western ‘Cat Ballou, la tigresa del Oeste' [Cat Ballou], incluyendo el de un pistolero tan empapado en alcohol que se emborrachaba hasta su caballo. (Al aceptar la estatuilla, bromeó diciendo que el caballo merecía la mitad de los elogios). Sin embargo, ni su comedia patéticamente anticuada, hecha cuando los borrachos terminales todavía hacían reír, pudo disimular su actuación graciosamente gestual, la manera en que se pasa la película tambaleándose, sin llegar a caer.
Era un espécimen físico notable. Nacido en Nueva York en 1924, hijo de un editor de publicidad y moda, asistió a varias escuelas primarias antes de enrolarse con los marines. En 1944, el año que cumplió veinte, era un francotirador en el frente del Pacífico, donde, en Saipan, una bala le cercenó un nervio. Pasó trece meses recuperándose en un hospital y recibió la medalla del Corazón Púrpura. Décadas más tarde, en la última gran película que hizo -la superproducción de Samuel Fuller sobre la Segunda Guerra Mundial, ‘Uno rojo: división de choque' [The Big Red One] (1980)-, el sargento Marvin dirige a un grupo de jóvenes soldados que tenían más o menos la misma edad que él cuando se metió a la guerra de verdad. En esta actuación, ni la ternura ni el odio parecen fingidos.
Tras su recuperación, estudió para fontanero antes de iniciarse en el teatro. Actuó intermitentemente en Broadway, y frecuentemente en televisión. Su primer éxito en la gran pantalla lo tuvo con un pequeño rol en una película de 1951, ‘You'are in the Navy Now', y pronto empezó a especializarse en depravados. Vale la pena citar en extenso a Bosley Crowther, comentando ‘Salvaje', de 1953, en el New York Times: "Y como el segundo alfa de una manada de lobos, al que Lee Marvin retrata como un glandular psicópata o un drogadicto o algo fantásticamente malo, inyecta a esta película, brevemente, un atisbo de absoluta y desatada monstruosidad, disfrutando del privilegio de intimidar a otros en una sociedad justa". No estoy segura sobre eso de la sociedad justa, dada su población, pero que es fantásticamente malvado, lo es.
La serie de Walter Reade no incluye ‘Salvaje', quizás porque es tan familiar, pero es asombroso ver a Marvin manteniéndose incólume contra la nueva fuerza en el cine: Marlon Brando. Con su lasciva risa y depravados ademanes que le dan el crispante aire de una marioneta sin cuerdas, Marvin, canoso y de voz grave, parece como un tipo práctico y rudo.
Acompañado por su pandilla de matones luciendo sus chaquetas de moteros y bonitas gorras, su boca de peluche sobresaliendo sugerentemente, el guapo Brando casi parece remilgado. En comparación, Marvin se ve sucio en cuerpo y alma; tiene los bordes romos, como todo el mundo.
Su personaje está tratando de hacerlo más fácil en el clásico negro de Fritz Lang, ‘Los sobornados' [The Big Heat], que fue también estrenado en 1953 y, felizmente, es parte de la serie. Esta es la película en la que Marvin da vida brutalmente al novio malvado, arrojando un pote de café hirviendo en la cara de su chica (Gloria Graham), dejándola con terribles cicatrices. Décadas antes, James Cagney había metido un pomelo en la boca del amigo de su novia. En esos días, los canallas del cine alimentaban a los perros con sus presas, pero hay todavía algo espantosamente salvaje en el fervor con que Marvin actúa en esta escena, como si el personaje sintiera placer sexual con su violencia. Parte de esto se debe a Lang, un sádico de la pantalla, pero es Marvin el que aparece con los labios húmedos.
Hay poca blandura y un montón de sombras en uno de sus mejores papeles de canalla, un codicioso pistolero en el magnífico western de Budd Boetticher, ‘Tras la pista de los asesinos' [Seven Men From Now]. La primera en una serie de películas de vaqueros que hizo Boetticher con Randolph Scott, esta película casi perfecta le da a Marvin amplias oportunidades para demostrar lo que puede hacer, sea desmontando a un hombre con su brutal psicología o practicando su desenfundada. Hay vigor en esta personificación, así como un dejo de dandismo, especialmente en el pañuelo verde que lleva al cuello. Marvin lleva pañuelos de seda parecidos en ‘Salvaje' y en ‘Los comancheros' [The Comancheros] (1961), un trabajoso western donde le roba el espectáculo a John Wayne durante los diez minutos en que se manda la parte en la pantalla.
Esos pañuelos son encantadoras florituras. Quizás le gustaba cómo se veía con ellos, o quizás no estaba orgulloso de su cuello. O quizás este rudo profesional, que sobrevivió la Segunda Guerra Mundial y le pagaron generosamente para continuar con la guerra en la gran pantalla, quería mostrar un aspecto de él que no era inmediatamente aparente. Hace girar sus armas con elegancia, sin pestañear siquiera, en el entretenido western de Richard Brooks, ‘Los profesionales' [The Professionals] (1966). En la vida real, Marvin había sido un tipo bueno, con sus párpados caídos y una voz que sonaba como si la hubieran despojado de toda dulzura, parecía destinado a las canalladas.
Lo estaba, ciertamente. Pero sus mejores canallas no eran los tipos repulsivos de historietas, ni los sádicos que matan por la excitación que les produce. Eran por lo general hombres complejos, interesados, temperamentales, sí (mirad la impaciencia con que cruza la escuela de ciegos en ‘Código del hampa'), pero también ágiles y a veces tan divertidos como la arena. En los años setenta, durante una guerra en tribunales infernalmente larga que se arrastró durante casi una década, se hizo más famoso por ser el acusado en la primera prueba legal de la pensión alimenticia (espoloneando la venta de camisetas con el lema ‘Free Lee Marvin') que por cualquiera de sus roles en esa época. Todavía tenía papeles que valían la pena y actuaciones jugosas, incluyendo la ponzoñosa sátira de Michael Ritchie, ‘Carnicería humana' [Prime Cut] (1972) y, por supuesto, Uno rojo: división de choque'. Parece adecuado que, después de treinta años de personajes toscos, pobres diablos, chivatos y payasos, hiciera de héroe.
‘Lee Marvin: The Coolest Lethal Weapon', una completa retrospectiva de la Film Society del Lincoln Center, durará hasta el 24 de mayo en el Walter Reade Theater, 165 West 65th Street, Lincoln Center, 212 496-3809, filmlinc.com

16 de mayo de 2007
11 de mayo de 2007
©new york times
©traducción mQh
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una terrorista suicida


[Stephen Holden] Aprendiendo a sentir empatía con los terroristas suicidas.
Estudiar el agitado estado emocional en la cara de Luisa Williams, la intensa estrella de ojos negros de ‘Day Night Day Night', es recordar la famosa fanfarronada de Norma Desmond: "Entonces teníamos caras".
Durante la mayor parte de sus 94 minutos, este apasionante y minimalista retrato de una terrorista suicida no identificada de 19 años que quiere hacer volar Times Square, se cierne sobre la cara de Williams. Determinación, rabia, incertidumbre, bravuconadas, modestia y pánico son algunos de los sentimientos que pasan por sus rasgos ligeramente salvajes.
La estrella a la que más se parece es Sandra Bernhard, pero en una versión más delicada, menos el aura de torcida maldad y reprimida histeria de Bernhard. Étnicamente indistinta, podría provenir de Oriente Medio, Rusia, el Mediterráneo o América Latina. Cualquiera sean sus ancestros (Williams es una nativa de Nueva York que hace su debut en la pantalla), tiene una cara que nunca olvidarás.
Cuánto de ‘Day Night Day Night' preferirás recordar, sin embargo, es otro asunto. Depende de tu tolerancia de los montajes rebuscados. La película, escrita y dirigida por Julia Loktev, puede ser seria, y ciertamente tiene aplomo. Pero es también exasperantemente, a posta, evasiva. Quiere introducirte en el modo de pensar de una terrorista y jugar al gato y al ratón con tus esperanzas y expectativas. Por momentos, evoca ‘Elefante', de Gus Van Sant, pero vista desde la única perspectiva de los agresores en esa película sobre una matanza como la de Columbine.
Debido que no se presentan detalles ni motivos, ‘Day Not Day Night' es declaradamente apolítica. Pero la deliberada retención de un programa político en una película sobre una terrorista suicida tiene inevitables implicaciones políticas. Mientras más te identificas con el personaje de Williams, más profundamente te implicas en su decisión. Y temprano en la película, esta te hace saber que ella tiene serias dudas. Más de una vez, y en voz alta, este pequeña y malencarada Juana de Arco se pregunta si acaso está haciendo lo que está haciendo por las razones correctas.
El personaje de Williams y la mayoría de la gente en la organización que la está preparando para su misión, habla un perfecto inglés del nordeste de Estados Unidos. La mayoría son hombres anónimos que llevan máscaras negras mientras la instruyen en un miserable cuarto de hotel en Nueva Jersey. Se realiza una limpieza ritual. Se prueban y descartan trajes. Se memoriza una identidad falsa. Finalmente la llevan, con los ojos vendados, desde el hotel hasta una ubicación secreta, donde le amarran una mochila amarilla llena de explosivos a sus espaldas, y se la instruye sobre cómo activar la bomba.
La película se divide en dos partes: preparación y acción. La primera parte, visualmente sin gracia, ambientada en el cuarto de hotel, avanza ominosamente, como un metrónomo acelerado. Las emociones se ahogan a medida que las preparaciones avanzan con una lúgubre deliberación. Una vez que deja a sus colaboradores y entra a Manhattan al Terminal de Buses de la Autoridad Portuaria, se introduce el caos de la ciudad, y es empujada de igual modo que la cámara de mano que la sigue por la calle 42 hasta la Seventh Avenue.
Los colores se intensifican, la cinta sonora es brusca y nerviosa, y estudias las caras de los transeúntes que llenan las calles. La sensación de claustrofobia de la ciudad que se cierra sobre ella es insoportable, como tu aterrada conciencia de que esta gente inocente no tiene ni idea de que están en inminente peligro.
Cuando decide usar un teléfono de pago y se ve obligada a mendigar monedas, compartes su apabullante sensación de estar perdida en la multitud. El momento más dramático, aparte de su misión, es una escena en la que un joven caliente (Richard Morant) trata de seducirla y llega a levantarse la camisa para mostrarle su cuerpo bronceado. Ella trata de ignorarlo, pero él es tan persistente y muestra tal hostilidad, que piensas en él como en una posible amenaza.
Esta escena, en la que ella se ve vulnerable, y, un momento más tarde, cuando ella hace una llamada de cobro revertido a otro país, para hablar con sus padres, suena como una típica y preocupada mamá o papá de clase media, son astutos toques de humanidad, que te engañan lo suficiente como para que te preocupes por ella.
‘Day Night Day Night', como ‘Paraíso ahora' [Paradise Now], la película de 2005 sobre el reclutamiento y adiestramiento de dos terroristas palestinos, te provoca hasta el último segundo. Sus tensiones son manipuladas con tanta destreza que te llegas a dar cuenta de tu identificación con ella, y adquieres conciencia del grado en que quieres que tenga éxito en su misión.
¿No es eso lo hacen la mayoría de las películas? A menos que se desvíen de lo habitual y hagan que desprecies a los protagonistas, tú tiendes a anhelar que tengan éxito, sin importar ni su demencia ni su conducta psicópata. Esa puede ser la lección moral de ‘Day Night Day Night'. Te atrae lo suficiente como para hacerte sentir extrañamente culpable.

15 de mayo de 2007
9 de mayo de 2007
©new york times
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murió nicholas worth


A los 69. Era a menudo el malo de películas B.
Nicholas Worth, 69, un imponente actor de carácter que representaba a menudo a los más siniestros canallas de películas B como ‘Psicópata sexual' [Don't Answer the Phone!] (1980), murió de insuficiencia cardíaca el lunes en el Hospital Valle Presbiteriano de Van Nuys, informó su amigo Jack Stern.
Worth debutó en ‘Qué diablos pasa aquí' [For Pete's Sake] (1966) y apareció en casi noventa películas y producciones de televisión. Participó en ‘La cosa del pantano' [Swamp Thing] (1982), ‘Agárralo como puedas' [The Naked Gun: From the Files of Police Squad!] (1988) y ‘Darkman' (1990). También retrató a un criminal en la película de la ABC, ‘La violación de Richard Beck' (1985).
Nació el 4 de septiembre de 1937 en St. Louis, Mississippi. Sus padres poseían una tienda de muebles. Worth decidió convertirse en actor a los ocho años.
Tras sacar su bachillerato en bellas artes en el Carnegie Institute of Technology, Worth sirvió tres años como paracaidista del ejército en Kentucky.
Después de terminar el servicio en 1965, se mudó a Los Angeles, estudió en la Pasadena Playhouse y actuó en producciones teatrales locales.

12 de mayo de 2007
©los angeles times
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murió curtis harrington


[Dennis McLellan] A los ochenta. Cineasta experimental que se convirtió al horror.
Murió Curtis Harrington, antaño un director experimental reconocido en los años sesenta y setenta como maestro de lo macabro con películas como ‘¿Qué le pasa a Hellen?' [¿Qué la llevó a matar?] [What's the Matter With Helen?] e ‘Impulso criminal' [The Killing Kind]. Tenía ochenta años.
Harrington, que sufrió un derrame en 2005 del que se nunca se recuperó completamente, murió el domingo noche en su casa en Hollywood Hills, dijo su amigo el guionista Robert Mundy.
Conocido originalmente sus cortas películas experimentales en los años cuarenta y cincuenta, Harrington estaba trabajando como productor asociado de Jerry Wald en la 20th Century Fox cuando se tomó algún tiempo para dirigir su primer largometraje, ‘Night Tide', estrenado en 1961.
En lo que un reseñador del New York Times llamaría un "trabajo de una inquietante poesía", la cinta independiente de bajo presupuesto tenía como protagonista a Dennis Hopper, un marino que se enamoraba de una chica que trabajaba en un número de acuario haciendo de sirena. Pero, como decía el slogan publicitario de la película: "¿Era Humana? ¡Un sensual éxtasis se convierte en terrorífico horror!"
La película, que también escribió Harrington, fue el primer papel protagonista de Hopper.
"Le pedí a Dennis que lo hiciera porque él formaba parte del ambiente de vanguardia del sur de California, y me había dicho que admiraba mis películas cortas", dijo Harrington al Sarasota Herald-Tribune en 1998.
En marzo, Harrington y Hopper aparecieron en una proyección de ‘Night Tide' en la American Cinematheque, en el Teatro Egipcio de Hollywood.
"Para mí fue siempre un gran amigo", dijo Hopper sobre Harrington esta semana. Como director, "me permitía toda la libertad que quería; era muy atento. Me caía muy bien. Lo extrañaré".
Entre las películas de Harrington se encuentran ‘La muerte toca a la puerta' [Games] (1967), una película de suspense psicológico con Simone Signoret, James Caan y Katharine Ross; ‘¿Qué le pasa a Hellen?' (1971), una película de horror que protagonizaron Debbie Reynolds y Shelley Winters; ‘Impulso criminal' (1973), una exploración de la mente de un psicópata con Ann Sothern y John Savage; y ‘Ruby' (1977), una película de horror con Piper Laurie y Stuart Whitman.
Harrington, que dirigió episodios de ‘Los ángeles de Charlie' [Charlie's Angels], ‘Dinastía' [Dynasty] y otras series de televisión en los años setenta y ochenta, también dirigió películas de televisión, como ‘Abejas asesinas' [Killer Bees], ‘The Cat Creature' y ‘Los muertos no mueren jamás' [The Dead Don't Die].
Pero aunque la mayor parte de sus logros como director de cine fueron catalogados como películas de horror, "él transcendía el género", dijo el crítico de cine y antiguo escritor del Times, Kevin Thomas.
"Era un verdadero artista", dijo Thomas. "Sus películas tenían una dimensión psicológica y artística que no tienen las películas de horror corrientes. No estaba metido en el suspense y en el horror solamente para matar de susto a las audiencias; eran cosas que tenían que crecer naturalmente de las situaciones y los personajes".
El productor y guionista Dennis Bartok, ex director de programación de la American Cinematheque, dijo que "una de las cosas estupendas de Curtis era que sus películas formaban su propio género".
"Definitivamente tenían elementos de macabro, de horror y de sobrenatural", dijo Bartok. "Pero eran también muy singulares e individualistas, muy misteriosas y elegantes. Eran también muy experimentales: Podías trazar relaciones con todas las películas de vanguardia que había hecho en los años cuarenta y cincuenta".
"Si crees que el director es el autor de un trabajo, ciertamente las películas de Curtis serían un ejemplo por excelencia, porque siempre que miras una película de Curtis, sabes inmediatamente quién la dirigió. Realmente, su firma se puede ver en todas partes".
Aunque las fuentes bibliográficas dicen que Harrington nació el 17 de septiembre de 1928 en Los Angeles, Mundy dijo que Harrington le había contado que en realidad nació en 1926.
Harrington vivía en Beaumont, California, cuando empezó a hacer películas experimentales, cuando era adolescente. Más tarde asistió al Occidental College y la Universidad de California en Los Angeles y sacó su diploma de licenciado de la USC en 1947.
A principios de los años cincuenta, según Bartok, Harrington "realmente contribuyó a redescubrir a James Whale, el director de ‘Frankenstein' y ‘La novia de Frankenstein' [Bride of Frankenstein], en una época en que Whale había sido olvidado por todo el mundo".
Bartok dijo que Harrington "escribió uno de los primeros artículos académicos sobre Whale y se convirtió en su amigo y discípulo. También contribuyó a salvar una de las mejores películas de Whale, ‘El caserón de las sombras' [The Old Dark Home], antes de que se perdiera irremediablemente".
Cuando vivió en París durante un año a principio de los años cincuenta, Harrington escribió una monografía sobre el legendario director Josef von Sternberg, que fue publicado por el British Film Institute.
Conocido por tener lo que Bartok llamó "un malvado sentido del humor", Harrington organizaba a menudo fiestas en su mansión de estilo mediterráneo en Hollywood Hills. "Hizo una fiesta del Día de San Valentín que hizo historia", dijo Bartok.
En 2002, Harrington volvió a hacer películas experimentales con ‘El hundimiento de la casa Usher' [Usher], una película de 38 minutos basada en un cuento de Edgar Allen Poe. La película, en la que Harrington realizó los dos personajes protagonistas de hermana y hermano, ha sido proyectada en varios festivales de cine.
Según Mundy, "producir, dirigir, escribir y actuar en una película profundamente personal a los 75 es un acto heroico".

dennis.mclellan@latimes.com

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un bocado de americana


[A. O. Scott] Servido con una triste sonrisa.
Agobiada por un matrimonio con un hombre que le desagrada, inconvenientemente embarazada con su hijo, oprimida por largas horas de atender mesas para un patrón gruñón, Jenna encuentra consuelo haciendo tartas. Filmadas con la misma ternura con que se hacen, estas creaciones sirven como terapia y como arte. Jenna se divierte poniéndole nombres caprichosos -por ejemplo, la tarta ‘No quiero tener el hijo de Earl'- y combina inverosímiles ingredientes para lograr efectos infaliblemente deliciosos.
Adrienne Shelly, que escribió y dirigió ‘Waitress' (y que hace de colega de Jenna) demuestra dotes de confección similares. La película, su tercero y último largometraje antes de que fuera asesinada en noviembre, funde elementos familiares para producir algo que es a la vez satisfactorio y sorprendente. Parte fábula feminista, parte cuento de hadas romántico, es a veces agria y dulce, encantadora y áspera, como su heroína y como Keri Russell, la valiente, guapa y ágil actriz (quizás todavía mejor conocida como Felicity, por el melodrama de televisión del mismo nombre sobre la madurez), que la representa.
El restaurante de pueblo chico sureño donde trabaja Jenna es un lugar hogareño y cómodo, y si te sientes como si hubieses estado ahí antes se debe probablemente a que recuerdas la película ‘Alicia ya no vive aquí' [Alice Doesn't Live Here Anymore], o la dilatada comedia ‘Alice', que la siguió. Russell no se parece mucho a Ellen Burstyn o Linda Lavin, cuyas Alicias eran madres solteras antes que jóvenes esposas, pero la tímida, nerviosa y no correspondida Dawn, de Shelly, y el pragmatismo de Becky, de Cheryl Hines, se acercan mucho a Vera y Flo, las fiablemente divertidas compinches de Alicia.
El aire descarado de Hines -esperé en vano que dijera ‘¡Bésame las nalgas!'- es un agradable cambio de su serio papel en ‘Curb Your Enthusiasm'. Y su estrafalaria calidez, junto con la traviesa timidez de Shelly, llenan la divertida y cariñosa visión que ofrece la película del lugar de trabajo de la hermandad.
Becky y Dawn tienen sus propios problemas, pero ninguna de ellas cambiaría de lugar con Jenna, cuyo marido Earl (Jeremy Sisto) es la principal fuente de su miseria. Un hombre infantil, amatonado y posesivo, es de temer cuando se enfada y el resto del tiempo, un fastidio. Cuando Jenna le cuenta reluctantemente que está embarazada, le hace prometer que nunca querrá más al bebé que a él, completamente inconsciente de que ella probablemente tiene un par de cordones de zapatos viejos a los que aprecia más que a él.
No es que su inminente maternidad la llene de alegría. Aunque decide inmediatamente continuar con el embarazo -la palabra ‘aborto' ni siquiera es mencionada-, la perspectiva de tener un bebé frustra su proyecto de escape. El consuelo se ofrece con la confección cada vez más frenética de tartas, y también con la compañía de su tocólogo (Nathan Fillion), un recién llegado en la ciudad que posee un porte torpe y amistoso que complementa su propia combinación de franqueza e indecisión.
Su ardiente enamoramiento se convierte pronto en toda una aventura, aunque Jenna conserva una medida de decoro y continúa llamándolo ‘Doctor Pomatter'. Su romance es un raro ejemplo de adulterio en el cine (él es casado también), sin castigo ni excusas, y funciona porque los dos actores son tan terriblemente simpáticos.
Como casi todo lo demás en la pantalla, desde las tartas hasta los uniformes de las camareras y las melodiosas canciones pop del montaje. Andy Griffith se hace notar de vez en vez, como el malhumorado y estúpido dueño del restaurante, y agrega el brillo de un sencillo ítem de americana a una película que ocurre en un reino semimítico cuidadosamente imaginado.
No es que Shelly haya excluido el realismo de su historia, sino más bien que lo ha domado y modelado, encontrando un equilibrio perfecto, difícil de alcanzar, entre el encantamiento y la verosimilitud. La historia, en la que se recompensa la resistencia, y se prohíbe la maldad, es reconfortante sin ser indebidamente sensiblera, gracias a su despreocupada y tolerante honestidad. Si ‘Waitress' fuera más enérgicamente edificante, podría ser declarada una película optimista, pero no lo es. Es simplemente una película que te deja sintiéndote bien.
Excepto, claro, por la sombra del mundo real que cae inevitablemente sobre su brillante superficie. Shelly fue asesinada el año pasado en un apartamento de Manhattan que utilizaba como oficina, después de haber terminado la película y de que esta fuera aceptada por Sundance, pero antes de que pudiera ser vista por el público. Tenía 40 años, había realizado algunas excelentes actuaciones (especialmente en las películas de Hal Hartley, ‘Confía en mí' [Trust] y ‘La increíble verdad' [The Unbelievable Truth] y su florecimiento como directora todavía por delante).
El conocimiento de su absurda y prematura muerte hace que las escenas finales de ‘Waitress' sean especialmente dolorosas de ver, y el sólido y modesto logro de la película podría difícilmente compensar la pérdida. Pero es una película encantadora, conmovedora, y llena de vida.

Waitress
Guión y Dirección Adrienne Shelly Fotografía Matthew Irving Montaje Annette Davey Música Andrew Hollander Diseño de Producción Ramsey Avery Producción Michael Roiff Distribución Fox Searchlight Pictures. Duración: 104 minutos.

Reparto
Keri Russell (Jenna), Nathan Fillion (Dr. Pomatter), Cheryl Hines (Becky), Adrienne Shelly (Dawn), Eddie Jemison (Ogie), Lew Temple (Cal), Jeremy Sisto (Earl) y Andy Griffith (Old Joe).

8 de mayo de 2007
2 de mayo de 2007
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murió gordon scott


[Frederick N. Rasmussen] A los ochenta. Culturista y actor, fue Tarzán en seis películas.
Gordon Scott, conocido por su caracterización del superhombre de la selva, Tarzán, en seis películas, y otros papeles en películas de vaqueros y de gladiadores de espada y sandalias, murió este lunes en el Hospital John Hopkins de Baltimore, debido a complicaciones tras varias operaciones al corazón. Tenía ochenta años.
Durante los últimos cinco años Scott vivió con sus amigos Roger y Betty Thomas, en Baltimore. Betty Thomas dijo que desde octubre pasado la antigua estrella del cine había estado mal de salud y entrando y saliendo de la casa de reposo y varios hospitales.
En los años cincuenta un socorrista de hotel desconocido, Scott logró derrotar a otros doscientos candidatos a Tarzán de todo el mundo que se habían reunido para una audición para el papel, lo que implicó treparse a árboles, zambullirse en una piscina y balancearse de lianas artificiales durante seis horas.
Era un hombre de un impresionante y atlético físico, de un metro 92 y 98 kilos y dotado de unos bíceps de diecinueve pulgadas.
En 1953 firmó un contrato de siete años con el productor Sol Lesser, convirtiéndose en el undécimo Tarzán al remplazar a Lex Barker como el ‘Rey de la Selva', que fue creado por el novelista Edgar Rice Burroughs.
Tras su primera película, ‘Tarzán y la selva escondida' [Tarzan's Hidden Jungle] (1955), Scott se casó con su co-protagonista Vera Miles. La pareja se divorció cuatro años después.
La película fue seguida por ‘Tarzán y el safari perdido' [Tarzan and the Lost Safari] (1957), ‘Tarzán lucha por su vida' [Tarzan's Fight for Life] (1958), ‘Tarzán y los tramperos' [Tarzan and the Trappers] (1958), ‘La gran aventura de Tarzán' [Tarzan's Greatest Adventure] (1959), con Sean Connery y Anthony Quayle, y ‘Tarzán el justiciero' [Tarzan the Magnificent] (1960).
"Fue un Tarzán absolutamente maravilloso, que hizo el papel como un hombre inteligente y simpático, tal como mi abuelo lo había descrito originalmente', dijo Danton Burroughs, de Tarzana. "También produjo una estupenda versión del grito de Tarzán, que no sonaba demasiado falso".
Pero Scott, hastiado de su papel como Tarzán, se mudó a Italia en 1960 y apareció en películas como ‘Hércules' y ‘El héroe del Oeste' [Buffalo Bill, Hero of the Far West].
Su última película, ‘The Tramplers', de 1966 con Joseph Cotten y James Mitchum, fue estrenada en 1968.
Más tarde Scott se ganó la vida asistiendo a espectáculos de autógrafos y congresos sobre cine, viviendo de los derechos de redifusión.
"Siempre fue un gran derrochador y parrandero", dijo Rayfield Werschkull, su hermano. "Tenía una debilidad, y eran las mujeres. Lo perseguían".
En una entrevista hace poco con el semanario Baltimore City Paper, Scott dijo que ser un actor "es una cosa que nunca pensé en hacer, pero una vez que estás en ello, si tienes éxito te echa a perder para todo lo demás. El dinero es fácil, conoces a gente linda. Dios mío, esa es la situación ideal, como un mundo de fantasía. También es la mejor manera de viajar. En primera clase, y conoces un montón de lugares interesantes".
Nacido como Gordon M. Werschkull el 3 de agosto de 1926, en Portland, Oregon, se dedicó desde adolescente al culturismo. Asistió a la Universidad de Oregon durante un año después de la secundaria y se enroló en el ejército en 1944, sirviendo como sargento instructor y policía militar hasta 1947.
Después de la guerra se mudó a Las Vegas, donde se convirtió en socorrista en el Hotel Sahara. Cambió su apellido a Scott después de conseguir el papel de Tarzán.
Se casó al menos tres veces, dijeron sus familiares, y se cree que tuvo al menos tres hijos.
Además de su hermano, le sobreviven dos hermanas, Janice McKeel, de Salem, Oregon, y Betty Lou Hyatt, de Sisters, Oregon.

3 de mayo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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