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desapariciones en norte de santander


Una década de desapariciones forzadas en Norte de Santander. La investigación ’Tantas vidas arrebatadas’ realizada por la Fundación Progresar revela cómo entre 2000 y 2009, los grupos ilegales armados fueron responsables de la desaparición de casi mil personas en Norte de Santander.
Colombia. Esto revela el estudio ‘Tantas vidas arrebatadas’, realizado por la Fundación Progresar, líder de derechos humanos en esa región del país, que documenta la desaparición forzada en este departamento durante los últimos 20 años y que realiza recomendaciones al gobierno para buscar soluciones a esta tragedia.  
Según la investigación, entre 2000 y 2009 en Norte de Santander fueron denunciados 947 casos de desaparición, de los cuales 345 fueron mediante la modalidad forzada. Es decir, cada año en promedio fueron desaparecidos unas 100 personas.
Pese a que la mayoría de estos casos se registraron justo después de la desmovilización del Bloque Catatumbo de las Auc el 10 de diciembre de 2004, el estudio advierte que el año pasado fueron reportadas otras 21 desapariciones y que el delito de la desaparición es aún recurrente en siete municipios del departamento, principalmente, en Cúcuta, Villa del Rosario, Ocaña y Tibú.
La investigación atribuye esta situación al rearme de los grupos paramilitares, bandas al servicio del narcotráfico y otros grupos dedicados a las actividades ilícitas. "En Villa del Rosario y Cúcuta ni siquiera ha llegado a disminuirse la práctica de la desaparición forzada de personas, por lo que puede afirmarse que a mediados de 2010 una cantidad importante de casos permanecen aún en completo desconocimiento de las autoridades y de la opinión pública", señala la investigación.

El Horror Paramilitar
Norte de Santander fue azotado por los paramilitares, cuando Vicente y Carlos Castaño crearon en 1999 el Bloque Catatumbo para perseguir al Comando Central del Eln pero sobre todo, para controlar los cultivos ilícitos de la región. El bloque luego fue comandado por Salvatore Mancuso que ordenó cientos de asesinatos y desplazamientos. Según el estudio, entre ese año y 2004, los grupos armados ilegales cometieron 5.700 homicidios y desplazaron a 40.000 personas en el departamento.
Durante cinco años los paramilitares cometieron al menos 60 masacres en la zona, entre otro lugares en La Gabarra y en Tibú. De muchas de las víctimas no se tiene rastro porque fueron mutiladas y luego arrojadas a los ríos Catatumbo, río de Oro, río Tarra o al río Zulia. "Esta práctica tenía como objetivo borrar toda posibilidad de encontrar rastros o huellas de los crímenes cometidos. Un habitante de la región dijo a los investigadores "que si se drenara el río Catatumbo, se encontrarían en su fondo cientos, miles de muertos".
Por eso, la cifra de desaparecidos es incierta así como la de cementerios clandestinos. La Fundación Progresar asegura que ha obtenido información sobre 39 posibles fosas en 11 de los 40 municipios del departamento. Por su parte, la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía ha encontrado 117 cadáveres en 110 fosas, y ha identificado y entregado 10 cuerpos a los familiares de los desaparecidos.
En su último capítulo, el estudio hace un llamado al gobierno regional y nacional, así como a la Defensoría y la Fiscalía, para que se oriente a las víctimas y se cumpla la Ley de Justicia Paz. El estudio puede leerse completo haciendo clic aquí.
10 de septiembre de 2010
9 de septiembre de 2010
©verdad abierta
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no hay indicios de fosa


Asombroso desarrollo: comisión ONU no encuentra huellas de la fosa común denunciada, pero reconoce cientos de víctimas no identificadas de las fuerzas armadas.
Colombia. La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos realizó la observación y el análisis de la situación del municipio de La Macarena, Meta, ante las graves denuncias sobre la existencia de una posible "fosa común" que podría albergar hasta 2.000 cuerpos.
Aunque la Oficina no encontró indicios de la existencia de dicha fosa, sí constató la presencia de por lo menos 446 personas inhumadas individualmente en el cementerio de La Macarena sin identificar, y que fueron reportadas como muertas en combate por la fuerza pública, desde 2002.
Para la Oficina es preocupante la falta de controles efectivos y registros adecuados frente a los reportes de personas muertas en combate, lo que plantea interrogantes sobre las circunstancias de su muerte. Por lo que advierte sobre la urgencia de resolver estos interrogantes, teniendo en cuenta los indicios sobre posibles casos de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones en La Macarena y municipios aledaños.
Además, considera que es necesario comparar la información sobre las personas enterradas como no identificadas en el cementerio de La Macarena con los datos de las por lo menos 588 personas registradas como desaparecidas por la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas en la zona, entre 2002 y 2010.
9 de septiembre de 2010
7 de septiembre de 2010
©semana
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piden aprobar convención de ddhh


ONU pide al Congreso aprobar convención de desaparición forzada. La Convención contra la Desaparición Forzada fue negociada durante tres años por representantes de 60 países miembros de la ONU y organizaciones no gubernamentales.
Colombia. La ONU le pidió al Congeso ratificar la adhesión del país a la Convención de Desaparición Forzada, pero con una adición que le permita a las víctimas ir directamente a Naciones Unidas para exponer sus casos en ese foro.
La petición la hizo el director de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH), Christian Salazar, al presidente del Congreso de Colombia, Armando Benedetti, en una fecha que no se precisa.
"Sería excelente si el Congreso aprobara pronto o ratificara la convención de Naciones Unidas contra la desaparición forzada con una declaración especial que pueda permitir a las víctimas colombianas ir directamente a Ginebra, a las Naciones Unidas, para traer sus casos, porque la impunidad que rodea la desaparición forzada en el país, todavía es muy alta", dijo Salazar.
Para el representante de OACNUDH en Colombia, siempre debe primar la justicia nacional, pero como ésta ha sido en este tema un "poco lenta" es importante que el Estado y el Congreso, "como representantes del pueblo, abra todos los canales para que las víctimas de la desaparición forzada puedan reclamar justicia".
El pasado 31 de agosto la presidenta de la comisión de paz del Senado de Colombia, la congresista Piedad Córdoba, y varias organizaciones humanitarias entregaron al Gobierno más de 10.000 firmas que recolectaron para que se ratifique una convención internacional sobre la desaparición forzada.
Desde 2002 en Colombia está tipificado en el Código Penal el delito de desaparición forzada, aunque no se ha ratificado esa convención internacional.
En el caso de Colombia la ratificación está pendiente de que el Congreso gestione y apruebe el proyecto de ley que debe incorporar la Convención Internacional a la legislación nacional, y dicha iniciativa fue presentada al Parlamento en abril de 2009 por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
La Convención contra la Desaparición Forzada fue negociada durante tres años por representantes de 60 países miembros de la ONU y organizaciones no gubernamentales.
El Consejo de Derechos Humanos de la ONU la aprobó por consenso en junio de 2006, y seis meses más tarde fue votada de manera favorable y unánime por la 61 Asamblea General de Naciones Unidas.
9 de septiembre de 2010
©semana
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matan a contador de mancuso


Asesinan al contador de Salvatore Mancuso. El hombre que le llevaba las cuentas al ex jefe de los Bloques Norte, Catatumbo y Córdoba fue asesinado en Bogotá. En estos días debía entregar lista de testaferros del capo de ultraderecha.
Colombia. La persona que llevaba las cuentas y los bienes del ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso fue asesinado en Bogotá, cuando conducía su carro por una zona cercana al búnker de la Fiscalía General de la Nación.
Según la emisora La F.M., se trata de Manuel Bernal, quien conocía de las propiedades que tenía Mancuso cuando era comandante de los Bloques Norte, Catatumbo y Córdoba durante más de una década.
La emisora citando fuentes extra oficiales le confirmaron que Bernal estaba a pocos días de entregar el listado de bienes de Mancuso y tenía la misión de ubicar a los testaferros del ex jefe paramilitar para que los entregaran. De esta forma, podía comenzar el proceso para reparar a las víctimas de acuerdo con la Ley de Justicia y Paz.
Según la F.M, Bernal ya había logrado contactar a una docena de testaferros para que se acercaran a la Fiscalía y comenzaran un proceso de principio de oportunidad colaborando con la entrega de bienes, y contando cómo los habían adquirido de parte de los grupos paramilitares.
Investigadores de la Fiscalía citados por la F.M, señalaron que Mancuso dejó en poder de terceros al menos cinco millones de dólares en propiedades como haciendas ganaderas, fincas y apartamentos ubicados en Antioquia, Córdoba y la Costa Atlántica. El ex jefe paramilitar había dicho desde Estados Unidos, donde se encuentra recluido, que estaba dispuesto a entregar esos bienes para reparar a las víctimas.
Personas consultadas por la emisora La F.M.. aseguran que el crimen de Bernal resulta preocupante, porque consideran que puede ser una advertencia por parte de grupos criminales que no están interesados en devolver estos bienes.
Hace diez días varios jefes paramilitares desmovilizados le enviaron una carta a la Organización de Estados Americanos (OEA) donde advertían de amenazas contra ellos y sus familias.
9 de septiembre de 2010
8 de septiembre de 2010
©la f.m.
©verdad abierta
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tragedia de la desaparición


Verdadabierta viene de publicar un indispensable multimedia sobre la desaparición. Muestra "cómo es el proceso de búsqueda de las personas desaparecidas y el panorama de las fosas en el país".
[Yvonne Rodríguez] Colombia. Con apenas 13 años, Norlaba Camargo fue raptada y desaparecida en Cundinamarca en la Navidad de 2000. En los registros de la fiscalía, este es el cuerpo número 1.000 exhumado, identificado y entregado a sus familiares.
En la noche del lunes 30 de agosto, Pablo Antonio Camargo, un campesino de 65 años que vive  en Quebradanegra, Cundinamarca, entró en silencio, acompañado por su hermano y su hija Francy de 35, a una sala de la Fiscalía en la carrera 30 con calle 13 en Bogotá. Ahí, sobre una mesa pequeña  estaba la caja de madera.
La fiscal que los recibió les dijo con rigor legal: "Están en su derecho de ver o no los restos".
Los tres se miraron y don Pablo pidió que abrieran la caja.
Una médica forense desdobló con cuidado las prendas que pertenecieron al cadáver que se había encontrado en una fosa común: la camisa blanca estampada con figuras azules,  el brasier marrón, las medias negras, los tenis sencillos y un jean que, con el paso de los años, se convirtió en un fibra que parece musgo. Todo había sido lavado y clasificado para su identificación.
Don Pablo reconoció la ropa de su hija Noralba Camargo, desaparecida cuando tenía 13 años, en víspera de la Navidad 2000.
"Cuéntenos, cómo murió", le pidió Francy a la fiscal, apenas sosteniendo el llanto. La funcionaria sacó un cráneo y con su dedo apuntó a un agujero ubicado en el hueso occipital. "¿O sea que le dispararon?", corrobora la hermana mayor de la niña desaparecida. La forense sólo asintió.
"Pasaban y pasaban los meses y no sabíamos si era ella o no. Vivíamos esperando la llamada. Fue tormentoso", dijo después Francy.  
Con dos puntillas la médica legista selló el osario de madera. En unos días se la hará llegar a la  familia Camargo para que pueda darle debida sepultura a Noralba. No es, sin embargo, el final de su historia. Aun les falta encontrar a otro hijo de don Pablo, también secuestrado y desaparecido.

Una Corta Vida
A Noralba, por cariño su familia le decía María Moñona. Con ese apodo, sus tíos buscaban alborotarle el genio y disfrutar cuando les respondía un "no me importa" haciendo muecas y frunciendo los hombros. Ella seguía recogiendo su cabello con el particular moño, vistiendo jeans y delineando muy bien sus cejas porque siempre quería lucir bonita.
Era la menor de la casa y la única hija del segundo matrimonio de Pablo Antonio Camargo con Guillermina Tivaquira Estrada. Creció entre adultos y nunca jugó con muñecas porque desde pequeña ayudó en las labores del campo, atajando ganado y sembrando yuca, plátano y caña, con lo que se sostenía su familia en Quebradanegra.
Este municipio, a tres horas por carretera al occidente de Bogotá, fue desde 2000 hasta 2004, una zona roja, al igual que los otros 14 municipios de la Provincia de Gualivá. Grupos paramilitares (Autodefensas de Cundinamarca, Frente Celestino Mantilla de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio y el Bloque Héroes de Gualivá)  y las Farc (frentes 22 y 42 y las columnas móviles  ‘Manuela Beltrán’ y ‘Esteban Ramírez’)  se disputaban el control del robo de gasolina de un poliducto de Ecopetrol.
Imperaba la ley del silencio en Gualivá. La gente vivía con el Cristo en la boca, esperando a ver a qué horas llegaban  los ‘paras’, alias ‘El Águila’, ‘Pájaro’ y ‘Jairo’, o los guerrilleros de alias ‘Giovanny’ y de ‘Hugo’ a llevarse a alguien de la familia.
Hasta los 11 años Noralba se crió en una finca junto a su papá y a sus abuelos paternos. Hasta que su madre se la llevó a la vereda Santa Bárbara, de donde a los dos años huyeron porque paramilitares desplazaron a toda la población de esa zona. Entonces Noralba se fue a vivir con su madrina a la vereda Aguafría, en el mismo municipio.
El 24 de diciembre de 2000 fue la última vez que la vieron; la última Navidad que pasó con ellos en casa de una de sus hermanas en Villeta. Desde entonces empezaron a buscarla. Supieron pronto que había sido raptada por un grupo paramilitar, pero no se explicaban por qué. Era sólo una niña que ayudaba con las labores del campo.
A los pocos meses, José Raúl Camargo, medio hermano de Noralba, también fue desaparecido y al año, otro de los Camargo, Fabián, fue sacado a la fuerza de la casa de su padre. "Vaya por su ropa. Se va con nosotros si no quiere que le pase lo mismo que a su hermana", le gritaron los ‘paras’ cuando vinieron por él.

La Confesión
El miedo paralizó a toda la familia. Ninguno se atrevió a preguntar demasiado por el paradero de Noralba, ni de sus hermanos.
En 2005, cuando vino el proceso de Justicia y Paz, los pocos miembros de las autodefensas de esa región que se desmovilizaron, comenzaron a contar en sus versiones libres sus atrocidades. Las víctimas, como la familia Camargo, iban a las audiencias con la esperanza de saber qué les había pasado a sus desaparecidos. Al fin, un grupo de cinco paramilitares confesó ante la Fiscalía haber sido los responsables de haber raptado a Noralba y contaron a cuál fosa común la habían arrojado.  
"El proceso fue muy largo. Tardamos dos años para que nos confesaran el crimen y la ubicación exacta de la fosa. Fueron meses de entrevistas y de versiones libres", cuenta un investigador del equipo de exhumaciones de la Fiscalía que llevó el caso.
Éver Vera Moya alias ‘Mi Sangre’, ‘Fudra’ o ‘Panadero’, José Julián Ordóñez alias ‘Pata de Bala’ y Juan José Meneses alias ‘Cucaracho’ aceptaron ante la justicia ordinaria que participaron en el asesinato de Noralba. También lo hicieron en versiones libres de Justicia y Paz, Alveiro Delgado alias ‘Maravilla’ y Dorancé Murillo Bohórquez alias ‘Jairo Chiquito’.
Todos eran integrantes del Bloque Héroes de Gualivá, un grupo paramilitar disidente del Bloque Central Bolívar (BCB), que se instaló en 2001 al occidente de Cundinamarca bajo el mando de alias ‘Jairo Chiquito’. No se quisieron desmovilizar.
Hasta 2004, cuando el comandante fue capturado, el Bloque dominó en los municipios y veredas de Nocaima, Nimaima, Bagazal, Villeta, Sasaima, Santa Ana, Santa Inés; La Peña, Útica, La Magdalena, Quebradanegra, Tobía Chica y Tobía Baja.
En sus versiones, los paramilitares contaron que desaparecieron a la niña por orden de alias ‘Cucaracho’, el jefe militar encargado de la zona La Magdalena. En la insólita confesión, señalaron a la pequeña de haber auxiliado a la guerrilla cuando ésta quiso asesinar al comandante ‘Jairo Chiquito’.
Según otro investigador, fue alias ‘Mi Sangre’ quien finalmente llevó al equipo científico hasta la zona.  "Fuimos tres veces. Primero hicimos unos pozos de inspección en la zona, pero no encontramos nada. La segunda vez utilizamos retroexcavadora y después de seis paladas, nada. A la tercera visita nos adentramos en el terreno, teniendo en cuenta que con el paso de los años éste había cedido. Ahí fue cuando hallamos el cuerpo", recuerda el perito.
Después de varios intentos, de pasar un riachuelo, la Fiscalía exhumó el cadáver el 9 de septiembre de 2009. El cuerpo fue extraído de una fosa ubicada en la vereda Santa Lucía a 15 minutos de La Magdalena, una inspección de policía ubicada entre los municipios de Quebradanegra y Villeta.

"Es Su Hermana"
La Fiscalía llamó a los Camargo y le pidieron al viejo Pablo Antonio que se hiciera una prueba de ADN. Técnicos del CTI fueron al pueblo y le sacaron la sangre.
Después compararon las muestras con las de los huesos encontrados en la fosa de La Magdalena, y en mayo pasado, un investigador le informó a Francy Camargo: "Las pruebas que le hicieron a su papá salieron positivas. Es su hermana Noralba". La llamada del investigador le confirmaba a Francy que el ADN de don Pablo Antonio coincidía en un 99.9 por ciento compatible con los restos exhumados.
Por fin confirmaron con certeza que Noralba había sido asesinada. Tomó otros tres años hasta que, el pasado 30 de agosto, pudieran recuperar sus restos para darle cristiana sepultura.
El tío Jorge Agustín, Francy y don Pablo Antonio viajaron a las tres de la mañana a Bogotá, y junto a otras 10 familias provenientes de Cundinamarca, Boyacá, Meta y Guaviare, participaron de la jornada de apoyo sicológico que organizó la Fiscalía antes de entregarles los restos de sus seres queridos que estaban desaparecidos.
Durante la ceremonia de bendición de restos,  el jefe de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, Luis González dijo que no sabían cuántos más restos quedaban por recuperar, pero que sabían ya de la existencia de más de 9.000 cadáveres.
En los registros de la Fiscalía, el caso de Noralba Camargo Estrada es el cuerpo número 1.000 exhumado, identificado y entregado a sus familiares después de una larga investigación. Desde que la Fiscalía realizó la primera exhumación de Justicia y Paz el 29 de marzo de 2006, el organismo investigador ha encontrado 3.410 cuerpos arrojados en 2.822 fosas en todo el país.
En la entrevista con VerdadAbierta.com, Francy ya no pude contener más el llanto. Piensa en su hermano José Raúl,  desaparecido en Albán, seis meses después de su hermana. Dice que espera que nunca suene el teléfono para recibir otra llamada como la que atendió en mayo pasado. "Para nosotros él está vivo. Y estará vivo hasta que tengamos noticia".
La familia Camargo regresó a Quebradanegra a enterrar a Noralba. El tío Rogelio es el sepulturero del pueblo y fue el encargado de abrirle un espacio a su sobrina. Sobre el cemento fresco no dice nada, ni siquiera el día de su muerte. Ese dato sólo lo saben los ‘paramilitares’ que la asesinaron.

Total de Fosas y Cuerpos Encontrados
El pasado 30 y 31 de agosto se hizo la entrega de 11 cuerpos entre los cuales está el número mil. La fiscalía ha exhumado 3.410 cadáveres en 27 departamentos de todo el país. Este es el panorama nacional de las fosas comunes y las historias de los últimos once casos entregados por la justicia a sus familiares.

Conrado Antonio Montoya Bermúdez, 59 años
Lugar de la desaparición: Mapiripán, Meta
Fecha de la desaparición: 14 de marzo de 2004
Autor de la desaparición: paramilitares del Bloque Centauros
Después de ser víctima del desplazamiento junto a su familia, Conrado Antonio Montoya se quedó solo cuidando una finca en Mapiripán, Meta. El 22 de febrero de 2004 los paramilitares fueron hasta allí y se lo llevaron amarrado junto a otras seis personas. Montoya fue asesinado y su cuerpo fue arrojado cerca de un lugar conocido como Caño Arenas. Sin embargo, para esa época nadie pudo recuperar el cuerpo por miedo. Hasta hace dos años, la Fiscalía pudo exhumar los restos.
 
Delfín Mahecha Mahecha, 35 años
Lugar de la desaparición: Inspección Santa Teresa, vereda La Esperanza, Boyacá
Fecha de la desaparición: 13 de febrero de 2003
Autor de la desaparición: autodefensas del Casanare, comandadas por alias ‘Martín Llanos’
Una noche tres hombres armados se lo llevaron, lo mataron y lo enterraron. Uno de sus familiares pudo encontrar el lugar donde mataron a Mahecha, lo sacó y guardó su cuerpo en el cementerio. La Fiscalía luego puedo realizar la exhumación e identificar el cuerpo.

Diego Eliécer Vargas Murcia, 18 años
Lugar de la desaparición: Inspección San Juan de Río Seco, Cundinamarca
Fecha de la desaparición: 18 de mayo de 2001
Autor de la desaparición: Farc
El 18 de mayo de 2001 Diego Eliécer Vargas recibió una llamada y salió de San Juan de Río Seco. Inicialmente la familia pensó que había viajado a Bogotá, porque él nunca avisaba cuando iba a la capital. Sin embargo, con el paso de los días la familia perdió su rastro.

Édgar Enrique Riaño Lizalde, 28 años
Lugar de la desaparición: Puerto Espino, San José del Guaviare
Año de la desaparición: 5 de junio de 2003
Autor de la desaparición: paramilitares del Bloque Centauros
El joven recibió una llamada el 5 de junio de 2003 en la que le informaban que los paramilitares alias ‘Cuchillo’ y el ‘Loco Barrera’ lo estaban buscando para matarlo. Riaño Lizalde no se fue de Puerto Espino, argumentando que "no le debía nada a nadie". Aunque la familia sabía dónde se encontraba el cuerpo, para la época no pudieron recuperarlo por amenazas.

Jorge Enrique Triana Galindo, 23 años
Lugar de la desaparición: La Palma, Cundinamarca
Fecha de la desaparición: 25 de enero de 2001
Autor de la desaparición: autodefensas del Bloque Cundinamarca
La última vez que la familia supo de Jorge Enrique Triana fue cuando tomó un bus para visitar a su abuela en la vereda Minipi de Quijano, en el municipio de La Palma. Con el paso de los meses, a la familia le informaron que lo habían asesinado y arrojado a una fosa.

José Florentín Aguirre Plaza, 39 años
Lugar de la desaparición: Páez, Boyacá
Fecha de la desaparición: 24 de febrero de 1991
Autor de la desaparición: paramilitares
Entre el 23 y 24 de agosto de febrero de 1991 un grupo de paramilitares que se hacían llamar ‘Los Macetos’ entraron a un caserío en el municipio de Páez y asesinaron a varias personas. Las familias recuperaron los cadáveres y los enterraron en un cementerio comunal. La Fiscalía luego pudo realizar la exhumación e identificar el cuerpo.

José Isidro Cano Ramírez, 24 años
Lugar de la desaparición: vereda La Colina, municipio El Retorno, Guaviare
Fecha de la desaparición: 15 de junio de 2003
Autor de la desaparición: paramilitares
A las seis de la mañana  un grupo paramilitar ordenó reunir a toda la población de la vereda La Colina y le solicitó a cada uno de los habitantes sus identificaciones. En ese momento José Isidro Cano no tenía sus documentos, pero los mandó traer con alguien. De regreso, esa persona le informó a Cano que su tienda había sido destruida. El joven le reclamó el hecho a los ‘paras’, que lo amarraron y se lo llevaron para matarlo. Aunque la familia conocía el lugar donde había sido arrojado, no pudo desenterrarlo por miedo a represalias.

Nelson Ávila Pena, 23 años
Lugar de la desaparición: Campo Hermoso, Boyacá
Fecha de la desaparición: 9 de agosto de 1986
Autor de la desaparición: grupos al margen de la Ley
El joven se había ido para la finca Leticia, ubicada en la vereda Puerto Triunfo. Cuando regresaba a caballo en compañía de un amigo, un grupo armado se lo llevó y luego lo asesinó. La familia supo que el cuerpo fue dejado a un costado de la válvula del oleoducto en la vereda Yoteguengue, y al parecer lo habían asesinado por no dejarse reclutar.

Néstor Samuel Moreno Gómez, 24 años
Lugar de la desaparición: Albán, Cundinamarca
Fecha de la desaparición: 6 de agosto de 2002
Autor de la desaparición: paramilitares
La última vez que la familia supo de Néstor Samuel Moreno fue cuando salió un día de la vereda El Entable. Desde el año 2002 sus familiares le habían perdido el rastro.

Noralba Camargo Estrada, 13 años
Lugar de la desaparición: vereda Aguafría, municipio Quebradanegra, Cundinamarca
Fecha de la desaparición: 1 de enero de 2001
Autor de la desaparición: paramilitares del Bloque Héroes de Gualivá
La familia perdió el rastro de la niña el 24 de diciembre de 2000, cuando después de pasar la Navidad en Villeta regresó al municipio de Quebradanegra. En sus versiones, cinco paramilitares del Bloque Héroes de Gualivá aceptaron su asesinato porque al parecer la pequeña había auxiliado a la guerrilla en un enfrentamiento en el que buscaban asesinar al comandante ‘Jairo Chiquito’.

Oswaldo Rodríguez, 49 años
Lugar de la desaparición: vereda La Victoria, municipio El Colegio, Cundinamarca
Fecha de la desaparición: 2 de abril de 2000
Autor de la desaparición: Farc
El 2 de abril de 2002 Oswaldo Rodríguez habló con sus hijas y a las 9 de la mañana salió de su casa. Cuando se dirigía de Mesitas del Colegio al corregimiento La Victoria, en ese mismo municipio, cuando fue interceptado por dos hombres armados y se lo llevaron. Desde ese día su familia no supo nada de Rodríguez.
9 de septiembre de 2010
6 de septiembre de 2010
©verdad abierta
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quieren absolver a carlos garcía


Procuraduría pide absolver al ex congresista Carlos García por parapolítica. Un delegado del Ministerio Público le pidió a la Corte Suprema de Justicia absolver al ex congresista por considerar que no hay pruebas suficientes de sus nexos con el Bloque Tolima de las AUC.
Colombia. El delegado de la Procuraduría Jesús Billavona Barajas solicitó a los magistrados de la Corte Suprema proferir sentencia absolutoria en el caso que se adelanta en contra del ex senador tolimense, Carlos García, por sus presuntos vínculos con grupos paramilitares que operaron en el departamento de Tolima.
Según el procurador delegado, los testimonios de los desmovilizados del Bloque Tolima de las AUC en contra  del ex senador son "inconsistentes" y no ofrecen certeza sobre los nexos del político con el grupo paramilitar.
En audiencia celebrada a principios de julio de este año, desmovilizados del Bloque Tolima dieron detalles de una reunión del ex presidente del partido de la U con un jefe de las Auc. También contaron que las Auc recibían dinero de diez alcaldías de Tolima.
Ricardo Soria Ortiz, ex jefe financiero y militar del Bloque Tolima de las Auc, ratificó sus señalamientos sobre los vínculos entre el grupo paramilitar y varios alcaldes del departamento de Tolima. El desmovilizado se refirió también a una reunión de los paramilitares con el ex senador Carlos García y a los supuestos nexos del Bloque con la fuerza pública.
Soria Ortiz es uno de los testigos centrales en el caso contra Carlos García. Durante la audiencia, el desmovilizado ratificó declaraciones en las que afirmó haber sido testigo de una reunión entre el comandante del bloque alias ‘Elías’ y el ex congresista hacia finales de 2001 en la vereda La Chamba.
Sobre la reunión de La Chamba, en el municipio de El Guamo, el desmovilizado aseguró que al encuentro asistió tanto García como ‘Elías’ y discutieron sobre proyectos económicos del departamento. Según el ex paramilitar, la idea del Bloque Tolima era gestionar macro proyectos en el departamento con políticos de la zona para aumentar el nivel de regalías que llegaban a las alcaldías que eran controladas por ellos.   
En la misma audiencia, otros dos desmovilizados del Bloque Tolima de las AUC, José Albeiro García alias ‘Germán o Teniente’ y Edwin Carvajal Rojas, declararon igualmente sobre la  presunta reunión entre el ex congresista García y el ex jefe paramilitar ‘Elías’. Mientras el primero aseguró haber sido testigo de la llegada de García a la reunión en El Guamo, el segundo aseguró que sólo escuchó otros ’paras’ hablar sobre el encuentro con el ex congresista.
Soria aseguró que hasta antes de su captura en mayo de 2002, el Bloque Tolima obtuvo recursos de diez alcaldías del Tolima. Los municipios en mención fueron San Luís, Guamo, Valle San Juan, Saldaña, Purificación, Natagaima, Coyaima, Ataco, Chaparral, Río blanco y Ortega.
Según el desmovilizado, esas alcaldías proporcionaban apoyo económico al bloque a través de pagos mensuales y anuales. Mientras algunas de esas alcaldías hacían  aportes cada mes de hasta tres millones, otras alcaldías como la de Purificación  aportaban periódicamente  60 millones de pesos, "incluso al año llegaban a aportar 1200 millones de pesos al grupo" aseguró el desmovilizado.
"Esos eran los municipios bajo mi mando y de quienes recibíamos recursos. Directamente esas eran las alcaldías que aportaban al Bloque Tolima de las AUC", señaló.
Aunque no dio muchos detalles, Soria explicó que esos aportes habían sido acordados previamente con los alcaldes a través de una reunión celebrada en el municipio de San Luis. "Se habló del presupuesto de las alcaldías y de qué parte de ese presupuesto iba para apoyar al Bloque Tolima. Allá se adquirieron unos compromisos de cuanto se iba a pasar al Bloque" agregó Soria.
 El ex paramilitar aseguró que en el caso de las alcaldías, el Bloque Tolima definía quien podía hacer campaña a la alcaldía y quién no. "El comandante del bloque, alias ‘Elías’, siempre dijo que quien quería hacer política tenía que pedirle permiso a él".

El Caso contra García Orjuela
García, quien fue presidente del partido de la U y ex presidente del Congreso, renunció a su cargo a principio de 2009 para ser investigado por el ente acusador.
De acuerdo con declaraciones rendidas por varios paramilitares recluidos en la cárcel de Picaleña, en Ibagué, el congresista se reunió con miembros del bloque Tolima, con quienes al parecer hizo alianzas políticas para las elecciones del 2002. En esos comicios, García Orjuela logró 30.662 votos.  A principio de 2009, en entrevista para NoticiasUno, el ex paramilitar Ricardo Soria Ortiz, principal testigo de la Corte Suprema en contra de García Orjuela, aclaró algunos interrogantes que existían frente a su testimonio.
Desde la cárcel de Picaleña, el ex paramilitar del Bloque Tolima, afirmó haber sido testigo del encuentro entre un vocero de Carlos Castaño y el ex senador García. De igual forma, reveló algunos detalles sobre las relaciones de su grupo con el ex congresista Jaime Yépez, investigado también por parapolítica.
El ex paramilitar ratificó sus señalamientos en contra de García Orjuela, negando que lo hayan extorsionado o le hayan pagado, razones por las cuales la Procuraduría estaba cuestionando su testimonio. De acuerdo con NoticiasUno, el paramilitar aseguró: "Eso es mentiras, él sabe que se reunió con las Autodefensas Unidas de Colombia, que él quiera tapar eso es otra cosa´
Soria Ortiz, ex financista del Bloque Tolima, aseguró que la reunión en la cual escoltaba al ex jefe de ese bloque, conocido con el alias de ‘Elias’, se produjo en la vereda La Chamba del municipio del Guamo, y en ella había un enviado de Carlos Castaño conocido con el alias de ‘Político’. "Él sabe que se reunió con el comandante Elías y Político irá a contar la verdad, mientras no haya amenazas, él va a contar la verdad..." afirmó Soria Ortiz.
La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia había dictado medida de aseguramiento contra el senador por el delito de concierto para delinquir agravado y fue capturado en Santa Marta el 25 de julio de 2008.
El ex congresista actualmente se encuentra detenido.  
9 de septiembre de 2010
8 de septiembre de 2010
©el espectador
©verdad abierta
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auc controlaban hospital de valledupar


Según ‘101’, Auc controlaban contratación en el hospital de Valledupar.
Colombia. En audiencia pública realizada ayer en Valledupar, Adolfo Enrique Guevara Cantillo, alias ‘101’, ex paramilitar del Bloque Norte de las Autodefensas, aseguró que Ángel Maya Daza, quien fue gerente del hospital Rosario Pumarejo de López de Valledupar, le presentaba a él una relación para que decidiera las contrataciones que realizaría la entidad de salud.
"El señor Ángel Maya me presentaba la lista y yo le autorizaba con quién contratar y con quién no contratar", dijo el ex paramilitar, también conocido con el alias de ‘Alejandro’ y que tomó el mando del frente Mártires del Valle de Upar, tras la muerte de su comandante David Hernández Rojas, alias ‘39’, el 26 de octubre de 2004.
Ya en declaraciones anteriores, alias ‘101’ se había referido a los presuntos vínculos de Maya Daza con la estructura armada, que comandó en el Cesar, Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’, hoy preso en una cárcel de Estados Unidos.
Ayer, Guevara Cantillo también salpicó a Edinson Valle Martínez, quien trabajaba en el área de mantenimiento de equipos del Hospital y quien -según la versión- le dijo "que el Hospital estaba a mi disposición, como había sido con 39". Añadió que Ángel Maya "nos presentaba la contratación para que nosotros decidiéramos cómo ejecutarla y con quién contratarla".
La diligencia, realizada en el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Descongestión Adjunto de Valledupar, fue suspendida antes del medio día de ayer, debido a la ausencia de dos testigos, uno de los cuales se encuentra detenido en la cárcel Modelo, de Barranquilla.

En la Picota
Ángel Maya Daza fue privado de la libertad en mayo de 2008 y recluido en la cárcel La Picota de Bogotá. Ante la Justicia, Maya Daza, conocido como ‘El Kiry’, aceptó que a finales de 2005, época en que era gerente del Hospital Rosario Pumarejo, utilizó ambulancias de este centro asistencial para trasladar paramilitares del Bloque Norte y transportarles armas y pertrechos.
Ángel Maya enfrenta cargos por los delitos de perfidia y concierto para delinquir agravado.
9 de septiembre de 2010
7 de septiembre de 2010
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restitución en sierra nevada


Justicia y Paz devolvió 223 hectáreas en San Pedro de la Sierra a 24 familias campesinas, quienes habían sido beneficiarios del Incora, pero que guerrilla y  paramilitares habían desplazado en dos ocasiones, y en la última, habían entregado sus casas a los gnósticos.
Colombia. Si las autoridades logran que esta restitución sea exitosa, será buen augurio para la devolución masiva de tierras que ha anunciado el nuevo gobierno.
El pasado primero de septiembre terminaron diez años de desplazamiento y estigmatización para 24 familias campesinas pertenecientes a una cooperativa agrícola que fueron tres veces expulsadas de dos fincas que el Incora les adjudicó en 1998.
En 2001 los expulsaron de su tierra los guerrilleros, quienes decían que la cooperativa había sido constituida por una familia de ‘paracos’.  Dos años después los paramilitares los acusaron de ser colaboradores de la subversión y les quitaron la tierra. Y tres años más tarde, cuando las autodefensas se desmovilizaron y ellos volvieron pensando que podían recuperarlas, encontraron sus fincas invadidas por miembros de una comunidad Gnóstica, quienes la habían ocupado desde junio de 2004, con autorización de los paramilitares.
El jueves dos de septiembre, tras 48 horas de diligencia judicial, la coordinadora de la Unidad de Fiscalías de Justicia y Paz, Zeneida López Cuadrado, Fiscal 9a delegada ante el Tribunal Superior de Barranquilla, restituyó de manera provisional las fincas La Paz y San Carlos, en las veredas Guaimaro y Camagual en el corregimiento San Pedro de la Sierra, en Ciénaga, Magdalena, a la Cooperativa Agrícola San Carlos, Cooagrosac Ltda. La medida cautelar de devolución de las tierras fue ordenada por la magistrada de Control de Garantías del Tribunal de Justicia y Paz de Barranquilla, Zoraida Chalela Romano, a petición de la fiscal López en audiencia celebrada el 1 de julio pasado. En la devolución de las fincas estuvo presente la Procuraduría, la Defensora del Pueblo del Magdalena, los defensores públicos de las víctimas, los investigadores criminalísticos de justicia y paz del CTI, una delegada del Ministerio del Interior, la coordinadora de la CNRR regional Barranquilla, observadores de la Mapp-OEA y del Consejo Noruego para Refugiados, una delegada del ICBF, un escuadrón del ESMAD de la Policía y otro grupo del Batallón de Alta Montaña del Ejército, adscrito a la Segunda Brigada en Santa Marta.
Ambas fincas cafeteras, que suman más 200 hectáreas, habían sido de propiedad de la sociedad Inversiones Fernández De Castro, familia que se vio obligada a venderlas al Incora en  1997 por las amenazas de la guerrilla. En la región extorsionaban y secuestraban los frentes 17 de diciembre del Eln y el 19 de las Farc. La cooperativa beneficiaria de la adjudicación, fue constituida por 34 familias campesinas, mayoritariamente oriundos de San Vicente de Chucurí, quienes recuerdan haber llegado adolescentes a la región (1986), huyéndole a la violencia en Santander. De los beneficiarios originales hoy sólo quedan 24 familias y, de estas, 13 estuvieron en la restitución de las fincas. Algunos están en Santa Marta, tres de ellos fueron asesinados y otros desaparecieron. La Fiscalía espera que otras 11 familias, cuando superen el miedo y la incertidumbre que han vivido, puedan volver.
En 1999 y 2000 cosecharon café, pero en 2001, el comandante guerrillero que había en la zona le dijo al representante de Cooagrosac, Pedro Antonio Padilla Montero, que la cooperativa se tenía que disolver porque había sido constituida con el respaldo de la familia Fernández De Castro a quienes la guerrilla calificaba como ‘paracos’. Padilla le dijo que ellos no podían disolver la cooperativa y prefirió dejar la tierra ante las amenazas de los guerrilleros.
A finales de 2002 y comienzos de 2003 el Ejército ingresó en la zona propinándole bajas a los dos frentes guerrilleros, diezmándolos y obligándolos a replegarse hacia la parte más alta de La Sierra. Detrás del Ejército entró el Bloque Norte de las autodefensas, que había unificado el mando en cabeza de alias ‘Jorge 40’ después de una guerra de tres meses con las Autodefensas de Magdalena y La Guajira comandadas por Hernán Giraldo. En septiembre del mismo año, José Daniel Mora López, alias ‘101’ o ‘Guerrero’, subalterno del exjefe paramilitar Hernán Giraldo Serna, entregó a Edgar Arenas Márquez, del Movimiento Gnóstico, las dos fincas que el Incora había adjudicado originariamente a la Cooperativa Agropecuaria San Carlos, según lo  declaró el mismo Arenas en 2006 a funcionarios de Incoder que realizaron una inspección. Además de las dos fincas restituidas el pasado jueves 2 de septiembre, otras tres fincas, La Dilia, La Sevillana y San Isidro, se encuentran en la misma situación, bajo una posesión ilegal del movimiento gnóstico, y  también son reclamadas por sus propietario. Otra más, La India, ya fue recuperada por los beneficiarios del Incora.
Pedro Padilla y Gustavo Sanabria, representante legal y presidente de la junta directiva respectivamente de Coograosac, intentaron recuperar la tierra, pero los Gnósticos le decían que ellos estaban ahí por orden de los paramilitares y que no iban a devolverlas. A pesar de amenazas reiteradas contra su vida y la de sus familias, Padilla y Sanabria no abandonaron la región, alquilaron tierras, se dedicaron también al mototaxismo, se mantuvieron unidas en un templo cristiano y continuaron luchando por la tierra que el Incora les había adjudicado. Iniciaron un proceso reivindicatorio ante el Juzgado Civil de Ciénaga, pero el juez, a pesar de que reconoció que eran los dueños de las fincas, no falló a su favor porque la demanda era contra otros ocupantes. Se encontraban a diario con los Gnósticos, quienes, según Padilla y Sanabria, los amenazaban y acusaban de entrar a las fincas a coger mango, cacao y plátano. ‘Los que debíamos estar bravos somos nosotros, los dueños de la tierra’, dice Edgar Oses, otro miembro de la cooperativa.

La Fiscalía Escucha a las Víctimas en la Finca San Carlos
Al desmovilizarse los grupos paramilitares, los miembros de la cooperativa creyeron que era el momento de regresar, pero los Gnósticos se negaban a devolver las tierras y amenazaban con mover sus influencias en Acción Social a través de Eduardo Rincón,  principal directivo de esta comunidad gnóstica dueño de tres fincas en la región, y quien, según dicen en San Pedro de la Sierra, tenía influencias en los organismos de seguridad y respaldo político. Coincidencialmente un buen número de miembros de los gnósticos son originarios de Pensilvania, Caldas, de donde es oriundo el anterior director de Acción Social, Luis Alfonso Hoyos.
Ante la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía en Barranquilla, los ex jefes paramilitares Hernán Giraldo Serna y Norberto Quiroga, ambos extraditados, confirmaron en sus versiones libres que los Gnósticos estaban ocupando esas tierras con el respaldo de los paramilitares. Hernán Giraldo dijo en una de sus versiones que la finca pertenecía a la cooperativa y que los gnósticos estaban ahí de manera provisional, y pidió que entregaran las tierras a sus legítimos dueños. Posteriormente, José Daniel Mora López, conocido con los alias de ‘101’, ‘Guerrero’ o ‘66’, quien ejercía control sobre las veredas de Camagual y Guaimaro, en el corregimiento de San Pedro de la Sierra, confirmó que él expulsó a los miembros de la cooperativa y entregó la finca al representante de los Gnósticos, sociedad religiosa que pagaba anualmente a las autodefensas 35 millones de pesos por usufructuar la propiedad. Llamó también a que les fueran devueltas a sus verdaderos dueños porque no les pertenecían.

La Diligencia
La Fiscalía organizó la diligencia con la asistencia de todas las instituciones con el fin de garantizar el debido proceso. En  representación de Acción Social no fue nadie, a pesar de haber sido notificados oportunamente como todas las demás. Desde el comienzo el ambiente fue tenso y había temor de que hubiera resistencia física. La primera finca acordada para iniciar la diligencia fue San Carlos, de 153 hectáreas, a 993 metros de altura. En la primera casa, conocida como La Palomera, se encontraba el señor Saúl Castañeda, de 67 años, y su esposa o compañera, Blanca Mery Carvajal. Allí se les notificó de la diligencia que se iba a iniciar en la casa principal de la finca, distante a unos 500 metros.
También se hizo presente Oscar Iván Giraldo Arbeláez, quien sin acreditar ningún título de propiedad o posesión del bien, se identificó como miembro de la sociedad Gnóstica y con un teléfono celular filmaba a la fiscal Zeneida López, quien le advirtió sobre su irrespetuosa conducta. A pesar de su actitud desafiante, la fiscal le notificó de qué se trataba la diligencia y lo puso en conocimiento de la decisión de la magistrada de Justicia y Paz.
En la casa principal de la finca San Carlos,  la Fiscalía encontró a Carmenza Jiménez Beltrán y dos hijas, quien dijo vivir desde hace dos meses en el inmueble con una hija de 18 años, un varón de 12, no presente, y una niña de 9 años. Se le notificó a las personas encontradas en la finca que por decisión judicial la finca sería devuelta a los propietarios, los miembros de Cooagrosac Ltda. La diligencia comenzó pasado el mediodía en medio de un torrencial aguacero. En desarrollo de la misma llegó Fabián Ramírez García, quien se identificó como estudiante de la Gnosis y trabajador de la finca, pero dijo no vivir allí. Ramírez se acercó a la Defensora del Pueblo del Magdalena, Liceth Peñaranda, para pedirle que hablara con su abogado, Iván Darío Guerra Niebles, quien se encontraba al teléfono, pero la defensora le dijo que no podía hacerlo pues la diligencia había comenzado y cualquier pronunciamiento sólo podía hacerlo ante las partes presentes.
La Fiscalía ordenó a un topógrafo identificar el inmueble por sus coordenadas mientras los investigadores y asistentes judiciales inspeccionaban la casa y las demás instalaciones. Encontraron una construcción en estado de deterioro, la maquinaria para despulpar café desarmada y cubierta por la maleza, dos habitaciones, una cocina, comedor y un zarzo destruido, las albercas del beneficiadero llenas de maleza y sucias, muestra de que allí no se realizaba ninguna actividad productiva. Había adentro de la casa otras bodegas con carbón, listones de madera, un abrevadero semidestruido, otra habitación con varios colchones podridos. En resumen, la casa principal de la finca San Carlos, y otra adicional para cinco familias de trabajadores, donde antes podía haber hasta 65 trabajadores recogiendo café, se encuentra semidestruida y sin condiciones para ser habitada, informaron los peritos judiciales. La finca contaba con una turbina Pelton movida hidráulicamente la cual generaba energía para hacer funcionar la despulpadora y dar luz. Los cultivos de café fueron descritos como "unas rastrojeras", también abandonados.
Los ocupantes del predio, queriendo hacer oposición a la diligencia, sólo manifestaban inconformidad porque decían que se estaba entregando la finca a miembros del Frente 19 de las Farc, que ellos necesitaban quedarse allí para poder dar seguridad y que no volviera la guerrilla. Pedían consideración con los adultos mayores y la madre cabeza de familia con dos menores, quien según ellos no tenían adonde ir. Pero que eran estudiantes de la gnosis,  movimiento que, según manifestaron ellos, tenía otras fincas en la región. La delegada del ICBF intervino para manifestar a la madre cabeza de familia y a los adultos mayores, que esa institución podía acoger a los menores y a los adultos brindándoles atención mientras resolvían su situación definitiva. Los estudiantes de la Gnosis dijeron que habían sido atropellados por la guerrilla y los paramilitares los habían obligado a ocupar las fincas.
El primer día de audiencia terminó pasadas las siete de la noche, pero la entrega del bien se aplazó para la mañana del día siguiente pues seguía lloviendo y la oscuridad impedía el desarrollo de la diligencia. Cuando terminaba la tarde otros miembros de la comunidad gnóstica se hicieron presentes, pero tampoco acreditaron ninguna calidad de poseedores o propietarios y por tanto, también les fue rechazada la oposición que pretendieron hacer a la devolución. Hace cuatro años, ante funcionarios del Incoder, Edgar Arenas había dicho que ´tenían la necesidad de vivir en estas fincas por seguridad y porque necesitan el agua de estas fincas para llevarla hasta las fincas Santa Cruz, El Santuario y Las Camelias’, de propiedad de Eduardo Rincón, la cabeza visible de los Gnósticos, según ellos mismos han dicho.

La Fiscal Escribe Su Decisión
A las nueve de la mañana, al reanudarse la audiencia, asistió Iván Darío Guerra Mieles,   quien se presentó como abogado de quienes decían vivir en las fincas, pero tampoco hizo oposición jurídica,  se limitó a reclamar falta de notificación y protección para los adultos mayores y los menores de edad. Sin embargo, y ante la propuesta del ICBF de acoger a los adultos y a los menores, todos rechazaron la oferta. La fiscal le explicó que se trataba de una medida provisional de restablecimiento del derecho, que se resolvería de manera definitiva ante  la sala de conocimiento del Tribunal de Justicia y Paz, y que contra las decisiones cabían los recursos de ley.
Pasadas las doce del día, cuando terminó la diligencia, la fiscal entregó formal y materialmente la finca a Pedro Antonio Padilla, representante legal de la cooperativa y autorizó el ingreso de sus miembros a la casa. Los gnósticos recogieron sus enseres, los cuales fueron llevados La Reserva, una de las fincas de Eduardo Rincón el líder del movimiento.
En horas de la tarde se inició la segunda diligencia en la Finca La Paz, con una extensión de 70 hectáreas, en donde se encontraban en calidad de residentes Edgar Ricardo Bohórquez y José Ignacio Chávez, de 54 y 56 años respectivamente, quienes dijeron ser estudiantes de la Gnosis. También fueron representados por el abogado Barros Mieles, quien dijo que se oponía a la devolución del bien a los socios de la cooperativa, pero por infundada, le fue rechazada por la Fiscalía. A las seis de la tarde del pasado jueves terminó el peregrinaje de una decena de familias desplazadas que, durante una década, buscó por medios legales el restablecimiento de sus derechos sobre una propiedad entregada por una institución del Estado a ellos, la cual fue usurpada durante siete años por los gnósticos, que de manera ilegal las tenían en su poder.
 
Los Que Volvieron
El jueves 2 de septiembre, trece de las veinticuatro familias que aún pertenecen a la cooperativa, esperaban con ansiedad volver a entrar a las fincas que el Incora les había adjudicado. Estuvieron presentes en la devolución Padilla Montero y sus ocho hijos;  Sanabria Arias, su esposa y sus siete hijos; Crisóstomo Oses Sánchez, su esposa y dos hijos; Marco Antonio Oses Ardila, su esposa y cinco hijos; Edgar Oses, quien se había regresado a San Vicente de Chucurí, regresó solo, su esposa y sus tres hijos no pudieron venir ayer; Ana Victoria Beltrán, era viuda y madre de tres hijos cuando la obligaron a desplazarse, se fue para San Vicente donde quedaron su nuevo esposo y sus hijos; Esminda del Rosario Mendoza, tenía diez hijos cuando asesinaron a su esposo, hoy le quedan ocho. Todos esperaban con emoción, pero también con temor, la devolución de las tierras.
A Roque de Jesús Suárez Quintero, miembro de la cooperativa Agrosac, le pegaron cinco tiros el 20 de mayo de 2001 en Ciénaga y lo mataron. Su esposa, Esminda del Rosario Mendoza, se tuvo que ir con sus ochos hijos para la casa de una amiga. A su esposo lo asesinó un grupo de paramilitares comandados por José Gregorio Mangonez Lugo, alias ‘Carlos Tijeras’, ellos le dijeron que "si se portaba bien podía quedarse en la zona". Eso se lo dijo un Gnóstico de nombre Juan. Portarse bien, dice Esminda, "era no denunciar". Cuando quedó viuda, el hijo menor tenía tres años y el mayor tenía once. A pesar de eso, Acción Social no le reconoció su calidad de víctima viviendo en condición de desplazamiento.
Crisóstomo Oses vivía en La Palomera cuando un día llegó José Daniel Mora López, alias ‘101’, que es el mismo ‘Guerrero’, y le dijo que se fuera. Allí vivía con su esposa y un hijo de un año. El otro nació en desplazamiento en la Jolonura, una vereda a orillas de la carretera, donde trabaja una tierra arrendada. Había llegado en 1984 a la región procedente de San Vicente de Chucurí y durante muchos años trabajó con Inversiones Fernández De Castro, los anteriores propietarios. Inicialmente trabajó recogiendo café, pero no le rendía y lo pusieron de patiero, o sea a lavar y a pesar el café, para después echarlo a la pila y despulparlo. Al regresar y ver lo que hay, sólo atina a decir que da tristeza el estado de ruina en que se encuentran las instalaciones de la finca, pues cuando ellos la recibieron estaba en funcionamiento la compleja maquinaria despulpadora de café, la cual era movida por un sistema hidráulico.
Edgar Oses, quien se regresó a San Vicente de Chucurí desplazado de la Sierra, retornó el mismo día de la devolución de la finca, dice: "En ese entonces aquí no había ley, no había policía, la guerrilla se había tomado a San Pedro de la Sierra; la guerrilla era la policía en todas las veredas.  Nosotros damos gracias porque estamos vivos hasta ahora, pero no les podemos decir nada, los bravos son ellos. Los veíamos en las tierras que nos había entregado el Incora y no sabíamos por qué. La cosecha de café daba anualmente 380 millones de pesos, pero ahora lo que hay es rastrojo. Uno se pregunta, como campesino claro, para qué querían esta tierra si no la trabajaron y la dejaron acabar. Uno tiene que sembrar para que se vea el fruto. Si ellos tuvieran esto mejor de lo que lo teníamos nosotros, creo que ni la hubiéramos reclamado".
El jueves, Oses regresó a La Palomera, a la casa en la que vivió casi cuatro años antes de que los paramilitares le ordenaran que se fuera. "Ellos nos pidieron colaboración primero, pero nosotros les dijimos que la ley ilegal estaba en contra de la ley legal, entonces comenzaron a tratarnos de sapos", dijo.
Desde la finca La Paz, vereda de Camagual, corregimiento de San Pedro de la Sierra, a un poco más de mil metros sobre el nivel del mar, se puede apreciar la zona bananera, la inmensidad de la Ciénaga Grande y la delgada línea de costa que separa a la ciénaga del mar Caribe. Es como un abanico de mano de varios colores que tiene al sur, como borde, el río Magdalena. Desde esa altura se ve Río Frío, Pueblo Viejo, Tasajera, Santa Rosalía, el Parque isla de Salamanca y se puede sentir el crujir del tren carbonero con sus 175 vagones de 35 toneladas cada uno a su paso para los puertos de Ciénaga y Santa Marta.
Allá abajo, en la Zona Bananera, la temperatura baja y sube entre los 29 y los 35 grados. En La Paz y San Carlos, por el contrario, durante el día puede oscilar entre 20 y 25 grados y de noche desciende a 16 grados. Llueve, desde hace dos meses no ha dejado de llover. Por la mañana hay un sereno constante y desde las 12 hasta las tres de la tarde el agua es torrencial. De la parte alta de la Sierra Nevada bajan centenares de cascadas de aguas cristalinas y mientras en la llanura abundan el banano, los mangos y la guayaba, arriba se siente aroma de café y cacao. Allá arriba, se pueden tocar las nubes; están tan cerca del cielo que se respira agua.
En medio de esa abundancia de riquezas naturales han transcurrido 30 años de guerras y masacres. Si alguien pregunta cuántos muertos hubo, o cuántas familias se tuvieron que desplazar para conservar sus vidas, la respuesta no es fácil. Ante la unidad  de Justicia y Paz de Barranquilla, se han presentado familiares de las víctimas del Bloque Resistencia Tayrona para reportar 3.339 homicidios y 1.012 desapariciones forzadas, personas asesinadas por los paramilitares  entre 1990 y 2005, pero todavía hay muchos casos de personas desaparecidas y de otras que no han sido reportadas.
El único problema en esta bellísima tierra, es la falta de autoridades que hagan respetar la ley. Peor aún, la autoridad y la ley durante años, las últimas tres décadas, fueron la guerrilla y los paramilitares, llegando muchos a creer que la ley había dejado de existir.
Muchos creen que las cosas no se quedarán así, pero a los Gnósticos no los quieren en San Pedro de la Sierra. Las familias que vieron aplazada la posesión y propiedad de sus tierras, regresaron con la ilusión de cosechar café y echar raíces, pero tienen miedo. La Fiscalía, la defensoría del pueblo y la fuerza pública adquirieron el compromiso de hacerle seguimiento a esta primera restitución, pues como dice un miembro de la cooperativa, "si nos dejan solos, somos carne de cañón". Ahora, cuando el gobierno nacional se ha propuesto restituir las tierras despojadas a los campesinos en todo el país, las autoridades tienen el desafío de no dejar fracasar esta. Porque si sucumbiera la primera, las perspectivas de que las demás salgan adelante serían muy escasas.
9 de septiembre de 2010
©verdad abierta
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