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condena por masacre de caño jabón


Un juzgado de Villavicencio condenó a  casi 17 años de cárcel a Humberto Antonio Aguilar, alias ‘Drácula’, un ex integrante del grupo paramilitar los ‘Urabeños’ que masacraron en 1998  a más de 20 campesinos en un corregimiento del Meta.
Colombia. Al menos 150 paramilitares de los ’Urabeños, hombres de Vicente y Carlos Castaño, se tomaron el 4 de mayo de 1998 el corregimiento de Caño Jabón (Meta) y masacraron a más de 20 campesinos.
Humberto Antonio Aguilar, conocido en los Llanos Orientales como alias ‘Drácula’, tendrá que purgar en la cárcel 16 años y ocho meses  por participar en la masacre de Caño Jabón perpetrada el 4 de mayo de 1998.
Así lo determinó el Juzgado Cuarto Penal del Circuito Especializado de Villavicencio, después de imputarle los delitos de homicidio agravado, terrorismo y concierto para delinquir agravado, y de otorgarle una rebaja en la mitad de la pena por colaborar con la justicia.
El juez indicó que ‘Drácula’ fue señalado por Elkin Casarrubia, alias ‘El Cura’, de prestar apoyo en los alrededores del corregimiento de Caño Jabón, en jurisdicción de Mapiripán (Meta), donde se cometió la masacre.
Con ésta, es ya la segunda condena en relación con esta masacre, después de que en marzo pasado otro juez condenara a 22 años de prisión a alias ‘El Cura’, segundo al mando de los bloques Calima y Bananero de las Auc y procesado además por las masacres de Mapiripán y El Naya.
Los detalles sobre la masacre han sido narrados y reconocidos por varios paramilitares. En entrevista con VerdadAbierta.com, Luis Miguel Hidalgo, alias ‘Ratón’, dijo haber participado como vigilante de la masacre. En versiones libres, también confesaron Edilson Cifuentes alias ‘Richard’, Dúmar de Jesús Guerrero alias ‘Carecuchillo’, Manuel de Jesús Pirabán alias ‘Pirata’ y Daniel Rendón Herrera alias ‘Don Mario’, quienes además explicaron cómo los ‘Urabeños’ realizaron masacres en el Meta, Casanare y Guaviare.

Cómo Fue la Masacre de Caño Jabón
Un año después de haber llegado a los Llanos Orientales, los hombres de Carlos y Vicente Castaño, conocidos como los ‘Urabeños’,  irrumpieron en el corregimiento de Caño Jabón, jurisdicción de Mapiripán (Meta), y asesinaron a más de 20 campesinos.
Según ‘Pirata’, la orden  de tomarse esta población provino de Vicente Castaño a través de alias ‘Raúl’, y para ello reunieron a 150 paramilitares en Cachama (Meta) y los transportaron en varias volquetas, carros y camionetas hasta Caño Jabón.
‘Pirata’, quien mandaba sobre los Llanos desde hacía una década, contó que en el recorrido las autodefensas asesinaron a por lo menos seis campesinos, señalados de ser supuestos colaboradores de la guerrilla. Ya en Caño Jabón, su grupo secuestró a varias personas, las llevó a la bomba de gasolina donde las acribilló y luego le prendieron fuego al combustible almacenado.
Mientras tanto otro grupo, entre los que estaba ‘Carecuchillo’, ocupó el puerto fluvial y dispararon indiscriminadamente sobre los pobladores que estaban huyendo de la arremetida. Las autodefensas también dinamitaron una avioneta, destruyeron el puerto y la pista del aeropuerto, para estar seguros de que nadie pudiera salir de ahí.
Después de cuatro horas de muerte, los ‘paras’ abandonaron el pueblo. Aún no se sabe a cuantos asesinaron. ‘Carecuchillo’ dijo en versión que fue un promedio de 27 muertos; ‘Pirata’ señaló que podían ser 31. En registros de la época, se habló de 18.  ‘Ratón’ había dicho que las autodefensas cometieron estos hechos señalando a Caño Jabón de ser un pueblo guerrillero.
El dominio de Caño Jabón era estratégico para controlar la salida de la pasta de coca, y lo que estaba en disputa era quién controlaba ese corredor.
8 de septiembre de 2010
7 de septiembre de 2010
©verdad abierta
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la fosa de la macarena


Guerra sucia en Colombia. La Macarena, enorme fosa para opositores. El ejército tiraba cuerpos al cementerio, ya fueran de guerrilleros o líderes sociales. Admite la fiscalía general que se reportaron 210 mil desaparecidos en 2006-2009.
Colombia. Meta, Colombia. Los habitantes de La Macarena –un caserío aislado de los Llanos Orientales al que se llega sólo en avioneta o canoa por el río Guayabero– se acostumbraron a llevar en silencio una contabilidad luctuosa. Cuando un helicóptero del ejército aparecía haciendo maniobras de descenso al pie de la base militar local con uno o varios bultos colgados de la cabina, sabían que su cementerio municipal recibiría un nuevo cuerpo sin identificar. Un "NN" más. Nomen nescio, nombre desconocido.
Ninguna autoridad cumplió jamás con los mínimos requisitos legales para la inhumación. Los militares de las brigadas móviles de la Fuerza de Despliegue Rápido tiraban su carga y se retiraban. El ejército registraba cada cuerpo como una baja enemiga, un terrorista menos. Un trofeo de guerra, a final de cuentas. Referido como un guerrillero muerto en combate, rendiría alguna ganancia monetaria, méritos para un día de descanso más, puntos para un ascenso. En el argot castrense les llaman "falsos positivos".
Pero la gente de La Macarena –que tiene sólo dos calles pavimentadas, que goza de electricidad un par de horas cada tarde con una planta de luz que suele descomponerse, que cuenta con dos billares y varios bares para esparcimiento de los soldados de la base– nunca tomó como cierto que se tratara de guerrilleros muertos en combate.
"Algunos sí serían guerrilleros muertos. Pero no todos. Aquí todos sabían de demasiados campesinos, líderes comunitarios, defensores de derechos humanos o representantes gremiales, a veces mujeres o niños que morían en los retenes o parajes solitarios, abatidos por soldados o paramilitares", asegura el abogado Edinson Cuéllar, del Comité Sociojurídico Orlando Fals Borda, con ocho años de trabajo como defensor de víctimas de la violencia en la zona.
Muchos cuerpos de civiles ejecutados nunca se recuperaron, escamoteados dentro de los inexpugnables cercos militares. Desaparecidos.

El Libro del Sepulturero
El sepulturero Jesús Antonio Hernández hacía, a su leal saber y entender, las "autopsias". Anotaba en un cuaderno la fecha, el número de serie y año por cada "paquete" recibido. Y luego procedía a cavar, una tras otra, en orden aleatorio, las fosas. No siempre hubo tiempo para sepulturas individuales. En el pueblo se contaban y regaban historias lúgubres. Se sabía que a veces eran tantos los cuerpos que se necesitaba maquinaria pesada para cavar los hoyos donde arrojaban bolsas negras por docenas.
Después Jesús marcaba cada sitio con una tablita de madera con números negros: serie y año. El registro empieza en 2004. Con los años los enterramientos se fueron agregando, apretando. El anexo del panteón, una franja de tierra que bordea el pie de la meseta donde se asienta la base de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega, creció con el conflicto armado; secuela inevitable de la violencia desmedida que se ejerció sobre la población civil durante los años del uribismo.
El libro del sepulturero se hizo cada día más grueso. Hoy es una pieza importante en el expediente de la querella judicial presentada ante la procuraduría de Colombia. Y el sepulturero, como testigo clave del caso, es ahora blanco de quienes buscan la impunidad.
Hace algunas semanas Llano 7 Días, el diario de Villavicencio, capital departamental, reportaba que el único empleado del cementerio municipal había sufrido un atentado y que su casa había sido ametrallada. Imposible acercarse a hablar con él. Dos militares de la base se han instalado en su domicilio como inquilinos. Don Jesús ya no habla con nadie.
En julio del año pasado, Llano destapó quizá involuntariamente el escándalo de la fosa común cuando publicó que el alcalde de La Macarena, Eliécer Vargas, solicitaba 6 millones de pesos (poco más de 3 mil dólares) para comprar bolsas e implementos para las necropsias del cementerio. Para justificar el gasto extraordinario en una comunidad tan pequeña, reconocía que el panteón albergaba más de 2 mil cadáveres trasladados durante los últimos años desde los municipios vecinos: La Uribe, San Vicente del Caguán, San José del Guaviare, Vista Hermosa y Mesetas, escenarios de intensas confrontaciones entre el ejército y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
A raíz de las investigaciones que han hecho el Colectivo Sociojurídico y la Coordinadora de Derechos Humanos del Bajo Ariari, se ha comprobado que es "la fosa clandestina más grande de América Latina, hasta ahora".
Aunque en rigor no es clandestina. Los militares nunca pretendieron ocultarla. Basta con que los soldados del cuartel se asomen a sus torretas de vigilancia y miren hacia abajo para abarcar los cientos de montículos de las tumbas sin nombre ni cruz. Y según los cálculos de las organizaciones humanitarias, quizá tampoco sea el tiradero de cadáveres más grande en Colombia, país que se ha desangrado durante las cuatro décadas recientes por los sucesivos conflictos armados.
La fiscalía general admite que entre 2006 y 2009 se reportaron 210 mil desaparecidos en el contexto del conflicto armado. Menos de 2 mil 500 han sido encontrados en fosas como ésta. Pero hay indicios de al menos 4 mil sitios donde se presume hay entierros ilegales, de los cuales sólo se investiga una docena.

Del Despeje a la Retoma, un Teatro de Guerra Interminable
El municipio de La Macarena, semiselvático y situado al pie de una pequeña serranía del mismo nombre, que se desprende de las dos cordilleras andinas que cruzan Colombia, fue colonizado por campesinos desplazados de la guerra civil de los años 50. Era primordialmente región agrícola y ganadera. Nunca se formalizó la escritura de tierras en favor de sus agricultores.
Según documenta la revista Noche y niebla, del Banco de Datos sobre Violencia y Derechos Humanos, en los años 80 llegó el paramilitarismo a los Llanos Orientales como una "franquicia" del grupo Muerte a Secuestradores (MAS), promovido por finqueros como Alberto Uribe Sierra, padre del ex presidente Álvaro Uribe. El cacique esmeraldero Víctor Carranza, El Patrón, se hizo de la plaza y mediante el despojo de tierras amplió la frontera de las plantaciones de coca hacia estas llanuras.
Estas bandas, además de controlar el narcotráfico, participaron activamente en la campaña de exterminio de la Unión Patriótica (4 mil militantes asesinados, además de toda su dirigencia, sus candidatos y toda su bancada legislativa), que había abierto una ventana para el abandono de la vía armada y la incorporación de las FARC a la vida política.
Fue la llamada "década del genocidio" (1985-1995). Ya para entonces las bandas dispersas de paramilitares actuaban federadas en las Autodefensas Unidas de Colombia.
A finales de los 90, La Macarena formó parte de la llamada "zona de despeje" ordenada en 1999 por el entonces presidente Andrés Pastrana para facilitar los diálogos de San Vicente del Caguán con las FARC. Fue una extensión de 42 mil kilómetros, que incluyó los municipios de La Uribe, Mesetas y Vista Hermosa en el Meta y por San Vicente en el departamento vecino del Caquetá.
En ese periodo la guerrilla concentró efectivos, intensificó el reclutamiento de nuevos milicianos entre el campesinado y afianzó su control en la zona apoyando las organizaciones sindicales y comunales.
Al fracasar la mesa de diálogo, Pastrana ordenó la ofensiva con la primera fase del Plan Colombia, que en pocos años multiplicó por 10 la capacidad de fuego de las fuerzas armadas. Ya con Uribe en la presidencia, con la idea de desalojar a las FARC, se intensificó la militarización de la zona con la fuerza de tarea conjunta Omega y la cuarta división del ejército. La participación de asesores del Pentágono desde la base de Apiay, en Villavicencio (capital del Meta), también se profundizó. Luego vinieron el Plan Victoria y el Plan Patriota, este último el mayor operativo militar en la historia del país. Estas avanzadas del ejército "nunca limitaron en lo más mínimo su simbiosis con el paramilitarismo y, por tanto, con el narcotráfico", apunta en su libro ‘Colombia Feroz’ el periodista español José Manuel Martín Medem.
Y ahora está en curso el Plan Consolidación. Hoy en la antigua zona de despeje están asentados casi 20 mil elementos del ejército. Los frentes guerrilleros que comanda El Mono Jojoy se han replegado a su retaguardia aunque permanecen en la zona, reconvertidos en "interfrentes" o comandos conjuntos de área (Revista Arcanos, de la Corporación Nuevo ArcoIris).
Según los abogados y defensores del Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda y el Comité de Derechos Humanos del Alto Ariari, que desde hace una década mantienen presencia en los caseríos representando a las víctimas, nunca antes se violaron los derechos de las personas en forma tan inhumana como en los ocho años recientes, pese a los antecedentes violentos de la región. Y como en el resto del país, violencia, despojos y pobreza han expulsado a más de la mitad de los pobladores de caseríos hacia las orillas de las ciudades cercanas, a la mendicidad.
Con la llamada recuperación del gobierno, la frontera de la coca también se extendió, pese a los programas de erradicación.
Según un documento elaborado por los investigadores de Verdad Abierta: Gustavo Duncan y Alejandro Reyes, por encargo del gobierno de Holanda (que coopera con Estados Unidos en el Plan de Consolidación Integral de La Macarena, con un costo de 200 millones de dólares), "luego de la expulsión de la guerrilla se observa en la zona un incremento de la actividad de narcotraficantes" y la expansión de los dominios de dos bandas paramilitares emergentes, las de Pedro Guerrero, Cuchillo, y Daniel Barrera, El Loco, "compradores" de tierras mediante amenazas y asesinatos.
Estos asesores sostienen que pese a la superioridad militar del ejército en la zona, el Plan Consolidación no ha logrado erradicar "las condiciones sociales que hicieron funcional la inserción de las guerrillas". Continúan "la precariedad de los derechos de ciudadanía, la ausencia de justicia para resolver conflictos y la existencia de economías ilícitas".

Tierra Arrasada
El 22 de julio pasado, cuando faltaban dos semanas para el fin de la presidencia de Álvaro Uribe, unas 500 personas, entre ellas parlamentarios colombianos y europeos, observadores de derechos humanos, líderes sociales y familiares de ejecutados y desaparecidos de la región central de Meta, Caquetá y Guaviare, se reunieron en La Macarena para realizar una audiencia pública durante tres días, por iniciativa de la senadora Gloria Inés Ramírez, de Polo Democrático.
Unos llegaron en avioneta desde la capital. Otros a pie, por veredas; en canoa, por el río Guayabero, o por las brechas en camionetas de doble tracción. Se congregaron en la cancha de deportes y durante tres días le pusieron palabras a la violencia y el sufrimiento que han padecido desde que el ejército colombiano, con asesoría militar estadounidense, empezó a aplicar aquí el Plan Colombia para derrotar a la guerrilla, sólidamente implantada en esta región central.
"La Macarena nos fue presentada a los colombianos como el laboratorio más exitoso de la seguridad democrática –dice el senador Iván Cepeda, fundador del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado–, como una zona plenamente recuperada y consolidada por el Estado. Ahora tenemos claro que aquí no hubo recuperación del territorio sino arrasamiento".
En tres días se registraron en video 15 horas de testimonios. Hechos horrendos narrados por los sobrevivientes. Como el relato de Fernando Landino sobre el asesinato de su madre: la mujer había ido con el hijo y tres amigos a pasear a Caño Canoas. Llevaban gallina para el almuerzo. Después de comer, los chicos se alejaron a pescar. Cuando oyeron disparos corrieron a donde habían dejado a la madre. El lugar estaba lleno de soldados de la brigada móvil tres. Pensaron que la mujer que lavaba trastes a la orilla del río era guerrillera y sin más la mataron.
O el testimonio de las desapariciones de dos campesinos, Jesús Reyes y John Jairo Ruiz, secuestrados por soldados en el pueblo El Palmar. Luego de mucha búsqueda encontraron sus fotos en el cementerio de Granada. "Les habían tusado la orejita y los testículos, la lengua se las dejaron de corbata y los muslos como carne para asar", dice el amigo.
Así, el padre de Gerardo Borda, a quien le arrebataron al hijo en la comunidad Candilejas para ir a dejar el cuerpo en Mansitas; la muerte del presidente de la junta comunal de Puente Nuevo, José Vicente, a quien unos militares le pidieron de favor que los llevara en su canoa y en el camino lo mataron. Maestros, promotores de salud, dirigentes campesinos, líderes comunales, familias enteras encontraron un final similar. "Así pasen muchos años, nunca vamos a olvidar que nuestros compañeros ya no están aquí", decía un hombre viejo que nombró a media docena de dirigentes comunales desaparecidos entre 2004 y 2008.
"Habíamos oído de nuestros padres los cuentos de los años de La Violencia (así se le llama al periodo de la guerra entre conservadores y liberales que se desató después del bogotazo, que se zanjó con un pacto en el que por décadas las dos fuerzas dominantes se alternaron el poder). Pero nunca creímos que lo íbamos a ver con nuestros propios ojos, a vivir en nuestras carnes", decía otro más joven, en su turno ante el micrófono.
Muchos de estos asesinatos de civiles fueron presentados como "guerrilleros muertos sin serlo", explica Edinson Cuéllar. Mediante gestiones, el Colectivo Orlando Fals ya logró identificar a cinco de estos falsos positivos entre los "NN" de La Macarena. Y trabaja en cerca de 49 casos más.
En los testimonios de las víctimas son reportados como responsables de la mayoría de las desapariciones las brigadas móviles de la Fuerza Omega, que en esos años peinaban la zona intensamente buscando al comandante del Bloque Oriental de las FARC, Jorge Briceño, El Mono Jojoy.

"Los Muertos Tienen Su Manera de Hacerse Oír"
Cuando concluyó la audiencia pública, el 22 de julio pasado, familiares de las víctimas y testigos de sus narraciones tomaron unas pequeñas cruces blancas y marcharon juntos por la vereda que conduce al cementerio. Todo el pueblo se sumó a la columna que caminaba entre dos hileras de soldados amenazantes con las ametralladoras caladas. A la entrada del cementerio hay un arco de mampostería. En lo alto se lee: "Aquí se terminan las vanidades de este mundo."
Un cerco policiaco impidió que la marcha avanzara hasta el fondo del camposanto, donde están los montículos de tierra de los "NN". Una vez más se les negó el derecho a una cruz y una bendición sacerdotal en sus sepulturas anónimas.
En la entrada del panteón el jesuita Javier Giraldo, fundador de la Comisión Eclesial de Justicia y Paz y una de las voces más reconocidas –y amenazadas– en la causa de los derechos humanos, pronunció una metáfora que merece llegar a oídos del nuevo presidente Juan Manuel Santos.
Se refiere a una novela que el gran cronopio argentino Julio Cortázar nunca se atrevió a escribir. Trata de una pasmosa ciudad de rascacielos que se construyó sobre un cementerio. Pese a su belleza arquitectónica y sus asombrosos adelantos tecnológicos, al poco tiempo sus habitantes perdieron el sueño y cayeron en un extraño estado de desasosiego. "Hasta que entendieron que los muertos tienen su propia forma de hacerse entender y de demostrar que la felicidad construida sobre la muerte y el silencio es una falsa felicidad".
Entonces los manifestantes sembraron sus cruces blancas en los lindes del panteón. Y ahí siguen, esperando.
8 de septiembre de 2010
©la jornada
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protestan por despido de fiscal


Abogados de derechos humanos enviaron al Fiscal General, Guillermo Mendoza, un documento en el que le piden explicaciones por la salida de la fiscal Ángela María Buitrago.
Colombia. Abogados de derechos humanos enviaron al Fiscal General, Guillermo Mendoza, un documento en el que le piden explicaciones por la salida de la fiscal Ángela María Buitrago, quien hace cinco años se dio a la tarea de investigar qué pasó con un grupo de al menos 11 civiles que al parecer salió vivo del Palacio de Justicia, pero que después nunca apareció.
Buitrago era fiscal delegada ante la Corte Suprema desde 2005 y, según la Fiscalía, tenía 186 expedientes en su despacho.
Mendoza ha insistido en que si bien Buitrago se destacó en algunos procesos, como el del Palacio de Justicia, estaba retrasada en tomar decisiones en casos como las que la Fiscalía sigue en contra de gobernadores regionales por distintos cargos, la mayoría por corrupción.
Tras un lustro de pesquisas, Buitrago logró el procesamiento de cuatro generales retirados del ejército y la condena a 30 años de cárcel del coronel Alfonso Plazas, uno de los oficiales que encabezó la sangrienta retoma que provocó la muerte de más de 100 personas, entre ellas todos los guerrilleros del Movimiento 19 de Abril (M-19) que asaltaron la sede judicial en el centro de Bogotá y 11 de los 24 magistrados de la Corte Suprema.
Los activistas le pidieron a Mendoza que explique por qué argumentó ante la prensa que la salida de Buitrago obedeció a que, con contadas excepciones, casi todos los expedientes adscritos a su oficina estaban represados.
Jorge Molano, abogado de las familias de los desaparecidos del Palacio de Justicia, manifestó que si faltó celeridad en otros casos fue porque la hoy ex funcionaria dedicó gran parte de su tiempo "a acelerar procesos mucho más importantes y relacionados con temas de derechos humanos".
Pero el tema de la supuesta ineficacia de Buitrago no parece estar del todo clara, como lo adujo Mendoza.
Aunque Buitrago sólo atina a decir que su salida obedeció a un tema discrecional del Fiscal, lo cierto es que en las horas previas a su adiós a la Fiscalía tomó dos decisiones de gran peso político y judicial.
Buitrago vinculó formalmente a un proceso penal a tres generales retirados del ejército por la "desaparición forzada" de un magistrado durante la retoma del Palacio de Justicia, y citó a rendir testimonio al ex vicepresidente de la República Francisco Santos y al ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria porque habrían incurrido en calumnia e injuria al señalar a un grupo de sindicalistas como proclive a la guerrilla.
"La verdad sería mucho más duro y grave para mí pensar que tuvo alguna relación" su salida con las decisiones que tomó la semana pasada, dijo en entrevista telefónica Buitrago, quien por su arrojo a la hora de tomar decisiones judiciales se ganó el apelativo de la ’Fiscal de Hierro’.
8 de septiembre de 2010
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acusan a ex comandante colombiano


El general Mario Montoya, ex comandante del Ejército de Colombia, nuevamente fue acusado en el proceso judicial por la muerte de 25 personas en Ecuador, como parte del proceso en el que también está involucrado el presidente colombiano Juan Manuel Santos.
Ecuador / Colombia. En declaraciones a la AP, el defensor de oficio de Montoya, Wálter Lombeida, señaló que "el general Montoya fue vinculado nuevamente al juicio porque a criterio de la Fiscalía existen suficientes indicios de participación en el ataque y la muerte de las 25 personas ... ya que el general era comandante del Ejército colombiano en esa época".
Destacó que a más de ello, la fiscalía pidió el viernes la prisión preventiva, en una audiencia cumplida el viernes en la ciudad de Lago Agrio, 180 kilómetros al este de Quito y a 12 kilómetros de la frontera con Colombia.
Añadió que "argumenté que no se considere el pedido de prisión preventiva, tomando en cuenta el principio de equidad procesal, y el juez (Daniel Méndez) negó la prisión preventiva porque el resto de procesados no tienen prisión preventiva".
La vinculación al proceso significa que es uno de los sindicados.
Tanto Montoya, como el ex comandante de las Fuerzas Militares Colombianas, general Freddy Padilla, el director de la Policía de Colombia, general Óscar Naranjo y el propio Santos, ya habían sido acusados en este proceso, pero en abril el juez anuló parte del juicio aduciendo fallas procesales, en referencia a que los acusados no fueron notificados por la justicia ecuatoriana.
Los cuatro acusados, progresivamente han sido vinculados nuevamente, aunque Colombia rechaza ese juicio aduciendo que las cortes ecuatorianas no tienen competencia y que el ataque fue responsabilidad del Estado colombiano.
8 de septiembre de 2010
7 de septiembre de 2010
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semana gana premio de periodismo


Recibió el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación por el trabajo ’Espionaje e interceptaciones ilegales en el DAS’, que reveló seguimientos sin orden judicial a magistrados, políticos de oposición y periodistas.
Colombia. La Revista SEMANA ganó el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación, otorgado en Buenos Aires (Argentina) en el marco de la Segunda Conferencia Latinoamericana de esa especialidad de prensa.
El galardón, que cada año entrega Transparencia Internacional y el Instituto Prensa y Sociedad de Perú, fue concedido al trabajo ‘Espionaje e interceptaciones ilegales en el DAS’, que reveló los seguimientos ilegales que desde este organismo de inteligencia se le hicieron a políticos de oposición, magistrados y periodistas.
El premio destaca el trabajo de los periodistas Alejandro Santos (director de SEMANA), Ricardo Calderón, Alfonso Cuéllar, Luz María Sierra y Carlos Eduardo Huertas, cuya investigación "tuvo un fuerte impacto porque el DAS dependía de la Presidencia colombiana y llevó a que la Fiscalía y la Procuración abrieran actuaciones para encontrar a los responsables", apuntaron en un comunicado los organizadores del concurso.
Los periodistas galardonados "aún siguen de cerca el caso", agregaron.
El jurado entregó el segundo premio a la investigación ’El caso Sarney’, de los periodistas Rosa Costa, Leandro Colón y Rodrigo Rangel, del diario brasileño O Estado de Sao Paulo, "que reveló una maraña de corrupción y nepotismo instrumentada por José Sarney", ex mandatario de Brasil y actual presidente del Senado de ese país.
El tercer lugar del concurso fue concedido al salvadoreño Óscar Martínez, de la web ElFaro.net, por la serie de reportajes ’En el camino’, que reúne "un completo informe sobre las mafias que lucran con los indocumentados que intentan cruzar la frontera mexicana hacia Estados Unidos", indicó la nota.
Este año optaron al Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación 230 trabajos procedentes de toda la región que fueron analizados por un jurado formado por los periodistas Tina Rosenberg (EE.UU.), Giannina Segnini (Costa Rica), Gustavo Gorriti (Perú), Marcelo Beraba (Brasil) y Gerardo Reyes (Colombia).
La Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación es auspiciada por la Fundación Ford y el Open Society Institute y tiene como anfitrión al Foro de la Prensa Argentina (Fopea).
8 de septiembre de 2010
5 de septiembre de 2010
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cae hermano de ex procurador


Jaime Blanco Maya deberá rendir indagatoria por su presunta responsabilidad en el asesinato de dos sindicalistas de la multinacional Drummond.
Colombia. Miembros del CTI de la Fiscalía capturaron a un hermano del ex procurador general de la Nación, Edgardo Maya, por su presunta responsabilidad en el asesinato de dos sindicalistas de la multinacional Drummond.
Jaime Blanco Maya deberá rendir indagatoria por su presunta responsabilidad en el asesinato de Valmore Locarno Rodríguez y Víctor Hugo Orcasita Amaya, ocurrida en 2001.
Blanco Maya era contratista del restaurante de la Drummond y fue detenido por orden de un fiscal de Derechos Humanos y DIH que lo investiga como supuesto determinador de los delitos de concierto para delinquir y homicidio agravado.
El asesinato de los dos sindicalistas ocurrió el 12 de marzo de 2001, cuando los dos trabajadores, presidente y vicepresidente de Sintramienergética, respectivamente, fueron interceptados por paramilitares en la localidad de Bosconia, Cesar.
Locarno fue asesinado en el sitio, mientras que Orcasita desapareció, pero luego fue hallado su cadáver.
Por este delito ya fue sentenciado a 30 años de cárcel Óscar José Ospino Pacheco, alias ’Tolemaida’, cabecilla de autodefensas de esa región.
Alias ’Tolemaida’ fue capturado a finales de diciembre del año pasado en el estado venezolano de Táchira, deportado a Colombia y actualmente está preso en la cárcel La Picota de Bogotá.
7 de septiembre de 2010
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amenazan a testigo


Empleada de la cafetería de la Corte Suprema de Justicia, en peligro. El presidente de la Corte, Jaime Arrubla Paucar, aseguró que una de las mujeres mencionadas en la confesión de Alba Luz Flórez Gélvez, la denominada ‘Mata Hari’, recibió amenazas de muerte.
Colombia. Dos días después de que se conociera la confesión de Alba Luz Flórez Gélvez, la denominada ‘Mata Hari’, pieza clave en el engranaje que permitió el espionaje ilegal adelantado contra los miembros de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, por parte de miembros del DAS, una de las mujeres mencionadas corre peligro.
Se trata de una de las empleadas de la cafetería de la Corte Suprema de Justicia, quien aceptó su responsabilidad en el espionaje contra el alto tribunal, y quien según el presidente de la Corte, Jaime Arrubla, habría sido interceptada por hombres armados en la mañana de este lunes.
"(...) Una de las involucradas fue interceptada por una moto, amenazada por varios sujetos con armas, afortunadamente esa situación se abortó y ella pudo zafarse de allí", aseguró el Magistrado Arrubla a Caracol Radio.
Así mismo señaló que la denuncia ya fue interpuesta ante la Fiscalía.
7 de septiembre de 2010
6 de septiembre de 2010
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ex rector condenado a 35 años


Condenan ex rector de Unicórdoba a 35 años de cárcel por homicidio de profesor. Víctor Hugo Hernández Pérez fue sentenciado por el asesinato en complicidad con los ‘paras’ del profesor de la Universidad de Córdoba, Hugo Iguarán Cotes.
Colombia. Un juzgado de Bogotá sentenció a Víctor Hugo Hernández Pérez, quien fuera rector de la Universidad de Córdoba (Unicor) en 2000, a 35 años de prisión por su participación en el asesinato del profesor de ese centro educativo, Hugo Iguarán Cotes el 10 de septiembre de 2000 y por concierto para delinquir con paramilitares. El ex rector Hernández es prófugo de la justicia.
Por este caso, el tribunal condenó además a 35 años al ex paramilitar Víctor Alfonso Rojas Valencia, alias ‘Jawi’, recluido en La Picota de Bogotá, quién también es investigado por el asesinato de Yolanda Izquierdo, líder de víctimas en Córdoba.
El crimen ocurrió luego de que Iguarán se presentó a las elecciones a la rectoría de Unicor, cargo al que también aspiraba Hernández. Iguarán, un ex militante de izquierda que llevaba trabajando 24 años en la universidad, había sido citado por Hernández a su residencia, cuando irrumpieron seis hombres armados que lo abalearon en el patio de la casa.
Pocos meses antes, cuando aún era candidato a la rectoría de Unicor, Iguarán sufrió un atentado en el que casi pierde el brazo derecho. Según reportaron varios medios en la época, Iguarán, un ingeniero agrónomo, representaba amplios sectores de la comunidad estudiantil y había denunciado irregularidades en el manejo financiero de la Universidad y la infiltración de grupos armados en el alma máter.
"El nombre de Hugo Iguarán era un problema para las intenciones de los paramilitares de tomarse a Unicor y decidieron sacarlo del camino", precisó una fuente cercana al proceso estudiantil a El Tiempo.
En una versión libre de noviembre de 2008, Salvatore Mancuso dijo que para comienzos de 2000 en la Universidad de Córdoba ordenaron asesinatos de profesores y estudiantes por el solo hecho de pertenecer a sindicatos y agremiaciones sociales.
Uno de los pasos para tomarse la universidad fue intervenir a favor de la elección de Víctor Hugo Hernández como rector, después de pactar con él una serie de metas como el saneamiento fiscal de la Universidad.
Mancuso explicó que se reunió con los miembros del Consejo Superior, entre los que se encontraba el nuevo rector Hernández y representantes de los sindicatos de la ’U’. "No obligamos a nadie, el que aceptara era porque accedía a cumplir con los compromisos impuestos por las Auc", resaltó el paramilitar.
El investigador Hugo Paternina Espinosa señaló en un artículo que durante la administración de Víctor Hugo Hernández la violencia contra miembro de la comunidad universitaria se recrudeció. Dijo que los paramilitares actuaban como estudiantes encubiertos, varios estudiantes y profesores fueron asesinados y muchos otros fueron amenazados y tuvieron que desplazarse.
Unos meses de su elección, Hernández tuvo que renunciar a su puesto, al parecer por desacuerdos y presiones de las autodefensas. Lo reemplazó Claudio Sánchez, quien también es investigado por sus presuntos vínculos con los ‘paras’ de Mancuso.
Por el asesinato de Hugo Iguarán Cotes también está detenida Rosalba Negrete Flórez, ex directora del CTI de la Fiscalía en Montería, que según Salvatore Mancuso también tenía nexos con las Auc.
7 de septiembre de 2010
©verdad abierta
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