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ex jefe del das condenado a 25 años


Jorge Noguera, condenado a 25 años de cárcel. Así lo decidió la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, que halló responsable al exdirector del DAS de cuatro delitos, entre ellos el homicidio del profesor Alfredo Correa De Andreis.
Colombia. La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia condenó a 25 años de cárcel a Jorge Noguera Cotes, director del DAS entre los años 2002 y 2006, al hallarlo responsable de los delitos de concierto para delinquir agravado, el homicidio del profesor Alfredo Correa De Andreis, la destrucción, supresión u ocultamiento de documento público y la revelación de asunto sometido a secreto.
La condena impuesta también incluye una multa por valor de 6.510 salarios mínimos y la inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones públicas por el término de veinte años. Además, Noguera deberá pagar indemnizaciones por 300 salarios mínimos a familiaries de Correa De Andreis.
El alto tribunal absolvió al exfuncionario de los cargos formulados por los homicidios agravados de Zully Codina Pérez y Fernando Pisciotti Vanstrhalen, y del delito de abuso de autoridad.
El expresidente Álvaro Uribe Vélez reaccionó desde su cuenta en Twitter y ofreció una disculpa condicionada.
Tras dirigir el DAS, Noguera fue nombrado cónsul en Milán (Italia). El exjefe de informática del DAS Rafael García lo acusó de haber puesto el organismo a disposición de las autodefensas.
Por esta razón, en noviembre del 2007 fue destituido e inhabilitado por la Procuraduría para ocupar cargos públicos durante 18 años, tras hallarlo culpable de colaboración con paramilitares e incremento injustificado de su patrimonio y el de terceros con dineros públicos.
En febrero del 2007, la Fiscalía emitió una orden de captura en su contra por los delitos de concierto para delinquir y homicidio agravado. Noguera había sido puesto en libertad y recapturado, en el mismo proceso.
El 11 de junio del 2008, la Corte Suprema de Justicia anuló el caso, pues el fiscal Mario Iguarán delegó el proceso y, según la ley, este era de su exclusiva competencia. Sin embargo, el proceso se reanudó, y este miércoles, se conoció el veredicto.
 
Noguera, el "Buen Muchacho" de Uribe
Jorge Noguera fue el único funcionario del gobierno del presidente Álvaro Uribe que tuvo que renunciar dos veces. Dejó la dirección del DAS en medio de un escándalo de corrupción e infiltración de paramilitares y narcotraficantes en el principal organismo de inteligencia del Estado. Su nombramiento como cónsul en Milán le permitió dejar atrás la creciente tormenta. Pero la distancia no fue suficiente para evadir el coletazo de sus polémicas actuaciones durante los tres años que estuvo al frente del DAS.
Su placentera estada en Europa fue rápidamente sacudida con el testimonio de su amigo y hombre de confianza Rafael García: lo acusaba de tener vínculos estrechos con ’Jorge 40’ y Hernán Giraldo, los dos más poderosos jefes paramilitares del norte del país. Su permanencia en el consulado se volvió insostenible. Sin embargo, el presidente lo defendió a capa y espada. A pesar de que Uribe puso la mano en el fuego por él, la gravedad de la situación lo obligó a regresar al país.
Con lujo de detalles, García le dijo a la Fiscalía que Noguera había puesto al DAS al servicio de ’Jorge 40’ y Hernán Giraldo desde el inicio de su gestión en el 2002. Describió varios encuentros clandestinos del director del DAS con esos jefes paramilitares -la Procuraduría confirmó por lo menos 10- y visitas de personas cercanas a las AUC a la sede principal en Paloquemao para obtener información confidencial. En la medida en que la Fiscalía corroboraba los hechos relatados por García, la credibilidad del testigo fue en aumento.
A esa verificación se sumaron dos episodios que les dieron aún más peso probatorio. Primero, ante la Corte Suprema, García confesó ser miembro del Bloque Norte de las autodefensas de ’Jorge 40’ desde hace varios años y que Noguera sabía de estas relaciones non sanctas antes de nombrarlo en un cargo clave en el principal organismo de inteligencia del Estado. Y segundo, García ratificó todas estas acusaciones en un cara a cara con su antiguo jefe, en la Fiscalía.
Pero este testimonio es apenas uno de los pilares del expediente que tiene tras las rejas a Jorge Noguera. Sigifredo Puentes, un curtido detective del DAS, le contó a la Fiscalía que Noguera había filtrado información a Hernán Giraldo, viejo jefe paramilitar en la Sierra Nevada, sobre una operación de la unidad de lavado de activos en su contra. El exdetective agregó que Noguera paró, recién posesionado, una investigación sobre narcotráfico que involucraba a familiares y amigos. Puentes fue relevado de su cargo y obligado a renunciar. No fue el único que perdió su puesto por denunciar las irregularidades en el DAS.
Rodolfo Benítez, ex jefe de la oficina de protección de la entidad, no sólo confirmó la versión de Puentes sobre Giraldo, sino que agregó detalles sobre lo que denominó "el matrimonio García-Noguera". Benítez describió cómo García vino a su oficina para preguntarle sobre el operativo. A partir de allí, Benítez empezó a denunciar los atropellos, la corrupción y los abusos de poder de Noguera y su círculo íntimo. Fue trasladado a Chocó, una decisión que lo motivó a retirarse de la institución después de 16 años de servicio.
Noguera tampoco pudo explicar de manera convincente sus vínculos con José Gélvez Albarracín, alias el ’Canoso’, jefe político del frente Resistencia Tayrona de Hernán Giraldo. En una entrevista con SEMANA, en febrero del 2006, Gélvez habló de cómo colaboró en la primera campaña presidencial de Uribe en Magdalena, la cual era dirigida por Noguera. La Fiscalía encontró que esta relación se mantuvo durante la administración de Noguera en el DAS. No fue la única amistad que generó preguntas a los investigadores.
 
El Origen de Todo
Ante la gravedad de los hechos, muchos se preguntan por qué un político tan hábil como el presidente Uribe nombró a Jorge Noguera en un cargo de tanta confianza y tan crítico para la seguridad nacional. Según Uribe, conoció a Noguera durante su primera campaña a la Presidencia, cuando tuvo la oportunidad de hospedarse en su casa y compartir con su familia. Le pareció un buen muchacho y un profesional con futuro.
Noguera luego sería designado director de la campaña de Uribe en Magdalena, el único departamento de la costa donde triunfó en el 2002. En agosto, y a pesar de no tener experiencia alguna en asuntos de seguridad e inteligencia, Noguera asumió como director del DAS.
La gestión de Noguera se caracterizó por graves errores que mostraban su inexperiencia y sus deseos de figurar. En agosto del 2004, se atravesó a una operación conjunta de las policías de Colombia y Ecuador que buscaba capturar a ’Raúl Reyes’. Fracasó y generó de paso gran desconfianza en los organismos de inteligencia internacionales. A pesar de la embarrada y el malestar que causó entre los altos mandos y en el Ministerio de Defensa, Uribe lo dejó en el cargo. No fue la primera ni la última ocasión en que el presidente lo protegió.
El caso más sonado fue precisamente el de Rafael García, quien fue removido del cargo en enero del 2005 por borrar antecedentes de narcotraficantes y paramilitares. A pesar del escándalo, Noguera salió bien librado. García fue condenado por este hecho, pero dijo que obedecía órdenes de Noguera.
16 de septiembre de 2011
14 de septiembre de 2011
©semana

condenan a palmicultores por despojo


Condenan a dos palmicultores por desplazamiento forzado en Chocó.
Colombia. Luis Alberto Flórez Pérez, miembro de una asociación de palmicultores, e Iván Patiño Patiño, representante legal de una empresa palmicultora, fueron condenados por desplazamiento forzado en el Chocó.
El despojo se dio en las cuencas de los ríos Cacarica, Salaquí y Truandó en jurisdicción del municipio de Ríosucio, Chocó, entre 1997 y 2000. Foto Semana
En el proceso que se adelanta por los ataques realizados por grupos armados al margen de la ley en contra de pobladores de las cuencas de los ríos Cacarica, Salaquí y Truandó en jurisdicción del municipio de Ríosucio, Chocó, entre 1997 y 2000 cuando se inició el cultivo de palma y la práctica de la ganadería extensiva, los palmicultores Luis Alberto Flórez Pérez e Iván Patiño Patiño fueron condenados por su complicidad en el desplazamiento forzado que afectaron a la comunidad de las cuencas del Curbaradó y Jiguamiandó.
Flórez Pérez, quien hipotecó predios para obtener cuantiosos créditos, aceptó su responsabilidad únicamente por el delito de concierto para delinquir, mientras que Patiño Patiño reconoció haber incurrido en concierto para delinquir, desplazamiento forzado en calidad de cómplice, e invasión de áreas de especial importancia ecológica.
El Juzgado Penal Especializado del Circuito Adjunto de Quibdó los condenó a a cuatro años y dos meses y cinco años y dos meses de prisión, y a una multa de 1.800 salarios mínimos legales mensuales vigentes y 2.160 salarios mínimos legales mensuales vigentes respectivamente.
Flórez Pérez se encuentra preso en la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá y Patiño Patiño está privado de la libertad en la cárcel de Itagüí, Antioquia.
14 de septiembre de 2011
30 de agosto
©fiscalía
vía verdad abierta


minobras paralelo en oriente antioqueño


Las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio reemplazaron al Estado y en varios años intervinieron áreas rurales llevando soluciones concretas. Historia de un ‘paraestado’.
Colombia. Construcción, pavimentación y mantenimiento de vías, viviendas de interés social, escuelas, hogares de la tercera edad, estadio y hasta plaza de toros hacen parte del inventario suministrado por Luis Eduardo Zuluaga Arcila, alias ‘MacGuiver’, quien fue comandante del Frente José Luis Zuluaga, de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM), a la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz.
Las obras las hizo este frente paramilitar en las poblaciones de Sonsón, San Francisco y Argelia, en el Oriente Antioqueño entre 1998 y 2006, y según documentos conocidos por VerdadAbierta.com, implicaron inversiones por 6.630 millones de pesos.
El ex jefe paramilitar, recluido en la cárcel La Picota, de Bogotá, ha dicho en diversas ocasiones que si bien estuvo al frente de una organización militar antisubversiva, también adelantó acciones políticas y sociales a través de las cuales, según él, protegía derechos y representaba intereses de sectores desatendidos por el Estado.
"Si bien es cierto que en el accionar armado se debían tomar decisiones difíciles de comprender para poder defender la honra, bienes y a los ciudadanos del común, también entendíamos que era de suma prelación e importancia apoyar con las dificultades de orden social que padecían algunas de las comunidades a las que el grupo en si defendía y apoyaba, en vista que el Estado no estaba presente", explicó alias ‘MacGuiver’, sin que hasta el momento haya explicado de dónde sacó los recursos para adelantar las obras.
De acuerdo con la argumentación del ex jefe paramilitar, el Estado no le había dado vivienda digna a las comunidades, ni había construido vías de acceso a sus parcelas que facilitaran la entrada y salida de insumos agrícolas y cosechas. Al hacer una valoración de las obras de infraestructura, se destacan justamente las inversiones en la construcción, mantenimiento y pavimentación de carreteras secundarias y terciarias, que suman 3.430 millones de pesos.
Una de las obras más conocidas en el Oriente antioqueño es la carretera que une al municipio de San Francisco con la autopista Medellín – Bogotá en el sitio La Mañosa. La carretera, de 8,8 kilómetros, fue construida entre octubre de 2005 y junio de 2007, y contó con todos los permisos ambientales y visitas técnicas de la Corporación Autónoma Regional de las cuencas de los ríos Negro Y Nare (Cornare). En ella, según alias ‘MacGuiver’, se invirtieron 1.920 millones de pesos.
Pero no fue la única carretera. A ella se le suman cinco más cuyo aspecto más relevante fue lograr la interconexión vial entre varias veredas del corregimiento La Danta, jurisdicción del municipio de Sonsón y con salida al Magdalena Medio, así como con diversas veredas y corregimientos de los municipios vecinos de Argelia y San Francisco. En total, construyó cinco vías terciarias.
La primera de ellas, que tiene una longitud de 38 kilómetros, une el caserío de La Danta con el poblado del corregimiento Guadualito, en Argelia, y su construcción tuvo un costo de 620 millones de pesos; la segunda, de 11 kilómetros de longitud, va de la vereda La Mesa al río Samaná, atravesando la vereda San Rafael, y que requirió una inversión de 85 millones de pesos; la tercera, enlaza a través de 7 kilómetros a la vereda La Hermosa, del corregimiento San Miguel, de Sonsón, con la vereda Pocitos, corregimiento Aquitana, del municipio de San Francisco, en la que se invirtieron 70 millones de pesos; la cuarta vía une las veredas El Remanso y Piedras Blancas del corregimiento La Danta, son 10 kilómetros cuya construcción costó 60 millones de pesos; la quinta carretera, de 16 kilómetros de longitud y 160 millones de pesos de inversión, va de la vereda San Antonio a la vereda Caño Seco, también en zona del corregimiento La Danta.
Además de la construcción de vías, el Frente José Luis Zuluaga invirtió varios cientos de millones de pesos en el mantenimiento, arreglo y pavimentación de varias vías que conectaban varias veredas de corregimiento La Danta. En total, se responsabilizaron de cuatro carreteras terciarias entre los años 1998 y 2006 a las cuales les hacían intervenciones preventivas cada semestre. Se trata de las vías de las parcelas California-Vereda San Antonio-San Juan-Patio Bonito; autopista Medellín-Bogotá – vereda Alta Vista, acceso al corregimiento Aquitania del municipio de San Francisco; la carretera que de la autopista Medellín-Bogotá conduce al corregimiento La Danta; y la vía entre los corregimientos La Danta y San Miguel, del municipio de Sonsón. Por último consignaron como obra del frente paramilitar la pavimentación de las principales calles del caserío de La Danta en asfalto frío.
Las obras viales realizadas por este grupo paramilitar de las ACMM pusieron en el centro del proyecto vial al corregimiento La Danta, un fortín de alias ‘MacGuiver’, dada su cercanía al Magdalena Medio. Conocedores de esta subregión explican que las zonas intervenidas no sólo beneficiaron a los campesinos, sino a narcotraficantes, dado que esta región ha tenido una tradición histórica de cultivos de hoja de coca y laboratorios de procesamiento.
Además, hay quienes hacen consideraciones de índole militar. "Las carreteras son perjudiciales para la guerrilla, pues por ellas penetra más fácil el Ejército", dijo un especialista en estos temas y también conocedor de la zona que pidió la reserva de la fuente. Y es que resulta que aquellas vías que traspasaron las fronteras de Sonsón y llegaron a regiones de los municipios de San Francisco y Argelia, tocaban territorios históricos de las guerrillas del Eln y las Farc, facilitando no sólo el acceso de las fuerzas paramilitares, sino las del Ejército.
Pero el Frente José Luis Zuluaga de las ACMM no sólo se dedicó a la construcción y mantenimiento de carreteras. En su intención de ganar adeptos a su causa y de fortalecer su control para-estatal en el corregimiento La Danta, construyó en varias veredas 90 viviendas de interés social, en las que invirtió 1.950 millones de pesos. Se beneficiaron campesinos de las veredas San Antonio, Piedras Blancas y del caserío del corregimiento.
Adicional a ello, invirtieron recursos en la construcción de una escuela primara, una placa polideportiva y la adecuación de un terreno comunitario para desarrollar actividades agrícolas para los pobladores de la vereda Piedras Blancas; también construyeron una escuela en la vereda El Porvenir e hicieron obras de mejoramiento de la institución educativa de la vereda La Quiebra, del municipio de San Francisco. Así mismo, se adecuó la Casa del Abuelo del corregimiento La Danta.
Tres obras más reportadas a la Fiscalía llaman la atención: la primera de ellas es la construcción del centro de salud del corregimiento, en el que se invirtieron 750 millones de pesos, de los cuales el frente paramilitar puso 330 millones. Los 420 millones restantes los colocó la comunidad a través de actividades sociales como bingos, actividades deportivas y fiestas culturas, así como a través de peticiones por parte de la junta administradora local a la empresa privada. "No es un secreto para nadie que los paramilitares construyeron ese centro de salud", dijo una persona conocedora en Sonsón, en cuya jurisdicción está el corregimiento La Danta.
Las dos obras restantes reportadas como construidas por orden de alias ‘MacGuiver’ son una plaza de toros, en la que se invirtieron 65 millones de pesos, y un estadio con pista atlética, graderías, parqueaderos e iluminación, que le significó a los paramilitares una inversión de 720 millones de pesos.
Su posición estratégica lo hizo atractivo para los grupos armados ilegales. En él hicieron presencia comandos de las guerrillas de las Farc y el Eln, pero después de 1994, cuando llegó allí el Frente José Luis Zuluaga de las ACMM, la relación de poder cambió y los paramilitares hicieron de este caserío su santuario, y se convirtieron en un Estado paralelo que combinó "los proyectos sociales" con mecanismos de terror que acabaron con la vida de cientos de personas que de alguna u otra forma se le atravesaron en sus negocios o sus planes de dominio. Su justificación era que estaban matando guerrilleros.
13 de septiembre de 2011
5 de septiembre de 2011
cc verdad abierta

para quién es el cortijo


El Cortijo: ¿para las víctimas o para el papá de Mancuso? Una finca a nombre de Salvatore Mancuso está en disputa. El papá del ex jefe paramilitar asegura que es suya, mientras la Fiscalía exige que sea para reparar a las víctimas. La Corte decidirá.
Colombia. La Corte Suprema será quien tenga la última palabra sobre El Cortijo, una finca ubicada en Córdoba que tiene dos reclamantes: Salvatore Mancuso D’Angiolela, el papá del ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso Gómez; y la Subunidad de Bienes de Justicia y Paz, la unidad especializada de la Fiscalía que investiga los bienes de los paramilitares para reparar a las víctimas.
La disputa por El Cortijo data desde hace cinco años, pero volvió a los estrados judiciales en agosto de 2011. Después de pasar por varias instancias y cuando la Fiscalía esperaba un fallo a favor, una magistrada de Justicia y Paz en Bucaramanga los sorprendió con la decisión. Después de escuchar a las partes, le dio la razón al papá de Mancuso y anuló la medida de protección que había sobre El Cortijo. La Fiscalía apeló y el caso quedó de nuevo en suspenso mientras la Corte, que es máxima autoridad, tome una decisión.
VerdadAbierta.com cuenta paso a paso cómo una finca que era para Reforma Agraria, con destino a campesinos sin tierra, terminó a nombre del ex jefe paramilitar del Bloque Catatumbo que, según registros de Justicia y Paz, dejó 70.000 víctimas en el nororiente del país. También cuáles han sido las reclamaciones sobre el predio y cuáles son los argumentos de las partes.

La Permuta
El 22 de abril de 1983 el Instituto Colombiano de Reforma Agraria, Incora, le adjudicó El Cortijo 1 Parcela 2 a un campesino que no tenía tierra. A cambio de recibir el título, el campesino se comprometía a explotar la tierra durante 15 años y a pagarle al Estado durante este mismo tiempo un crédito como precio simbólico por esa tierra que le adjudicaron.
La parcela tiene 13,75 hectáreas y está ubicada en la vereda Los Pericos, en zona rural de Montería en la vía que comunica a la capital de Córdoba con el municipio de Planeta Rica. Según lo documentó la Fiscalía, el campesino no pudo pagar el crédito y en lugar de llegar a un acuerdo con el Estado accedió a una permuta que le ofreció Salvatore Mancuso D’Angiolela. "El señor se enamoró de El Cortijo y le propuso al campesino que le diera esa finca a cambio de un terreno y unas bestias en otra zona", dijo un investigador que estudió el caso.
Sin embargo, como lo establece la Reforma Agraria, el campesino no podía hacer un trueque de la finca y por eso el 31 de enero de 1986, pese a que Mancuso padre ya vivía en el predio, el Incora emitió una resolución de caducidad administrativa. Es decir, anuló la adjudicación de 1983 y el predio pasó a ser bien fiscal o de la Nación.
"Pero el señor Mancuso D’Angiolela seguía insistiendo en el predio y le pidió al Incora que se lo adjudicara. Sin embargo, uno de los requisitos para ser beneficiario de Reforma Agraria es tener nacionalidad colombiana, y el señor es italiano. Todo indica que el señor buscó a un hijo que sí tenía la nacionalidad y que era técnico agrario", contó el investigador.
Así el 11 de junio de 1991 el Incora le adjudicó El Cortijo a Salvatore Mancuso Gómez, quien para entonces tenía 27 años y había estudiado administración agropecuaria. Mancuso ingresó a la ilegalidad a finales de la década de 1990 cuando se volvió cómplice de los hermanos Carlos y Vicente Castaño que, como su familia, tenían tierras ganaderas en Córdoba. La Casa Castaño lo encargó del ala militar de las Auc y de combatir el Eln en el Catatumbo, el Nudo de Paramillo y el Sur de Bolívar.
A finales de 1997 un fiscal de la Unidad de Derechos Humanos de Cúcuta emitió una orden de captura contra Mancuso, por los crímenes ocurridos en la región. El 31 de diciembre de 1997 Mancuso comenzó el trámite para transferirle El Cortijo a su padre y lo hizo ante la Notaría 1 de Montería. Sin embargo, el ex jefe paramilitar ni la familia nunca registraron esa escritura en la Oficina de Instrumentos Públicos, como lo estipula la Ley para que la propiedad quedara en firme. Desde 1991, entonces, el predio sigue siendo de Mancuso hijo.

Mancuso en Justicia y Paz
El 10 de diciembre de 2004 Salvatore Mancuso participó en la desmovilización del grupo paramilitar que delinquió desde 1999 en el Catatumbo, una rica región con relieve montañoso y selvático al nororiente del país, donde los paramilitares asesinaron a 5.700 personas y desplazaron a otras 40.000, según el estudio ‘Tantas vidas arrebatadas’ de la Fundación Progresar.
Antes de ser extraditado a Estados Unidos por cargos de narcotráfico, el 17 de mayo de 2007 Salvatore Mancuso confesó ante un fiscal de Justicia y Paz los bienes, adquiridos legal e ilegalmente, que estaban bajo su nombre. Ese día ofreció para reparar a las víctimas por lo menos 20 propiedades, entre ellas una isla, pero hizo claridad en que no ofrecía El Cortijo. "Está con mi nombre pero no es mío", dijo en la audiencia.
Ese día Mancuso anunció que sobre El Cortijo cursaba un proceso de pertenencia, es decir, que alguien lo estaba reclamando. Ese alguien era su padre, quien el 26 de enero de 2007 lo había demandado. El tipo de demanda que presentó el padre de Mancuso argumentaba ‘prescripción adquisitiva de dominio’, es decir, que debían declararlo dueño del predio porque llevaba viviendo allí los 20 años que estipula la Ley.
El 8 de marzo de 2007 Mancuso hijo fue notificado de la demanda y el 12 de junio del mismo año, en una respuesta favorable hacia su padre, dijo que pese a que su nombre aparecía en los papeles de la finca, en Montería sabían que su papá era el propietario. Para que la justicia corroborara eso, el ex jefe paramilitar solicitó que se practicaran varias pruebas para que la justicia tuviera certeza sobre lo que solicitaba la demanda. La justicia no practicó las pruebas señalando que esta petición debía ser personal y Mancuso estaba preso.
En junio de 2007, una vez el ex jefe paramilitar mencionó el listado de propiedades a su nombre, un magistrado de Justicia y Paz decretó una medida cautelar de embargo sobre estos bienes, entre ellos, El Cortijo. En otras palabras, los bienes de Mancuso fueron protegidos y embargados para entregarlos al Fondo de Reparación de Víctimas.

‘Ping-pong Judicial’
Pese a la medida cautelar y el embargo, el papá de Mancuso siguió insistiendo. Con base en la demanda que había presentado en junio de 2007, en la que argumentaba posesión por 20 años, solicitó al Juzgado Segundo Civil del Circuito de Montería que lo declarara propietario. El 16 de febrero de 2010 un juez de ese circuito le dio la razón y profirió sentencia a su favor sin tener en cuenta que el predio estaba protegido.
Con la sentencia a favor Mancuso padre aún no podía registrar El Cortijo como suyo. Para registrarlo en la Oficina de Instrumentos Públicos, necesitaba que a la finca le levantaran la medida de protección y el embargo. Así el caso volvió a los tribunales en Barranquilla, donde se llevan los juicios de los paramilitares que delinquieron en la Costa Atlántica y el nororiente del país, y en abril de 2010 un magistrado negó que se levantara la medida cautelar.
Mancuso padre apeló esta decisión y el caso pasó a la Corte Suprema. En octubre de 2010 el Alto Tribunal consideró que el magistrado no estudió la pretensión del padre de Mancuso y se limitó a "fallar conforme a la Ley" pero desconociendo lo que la Ley establece respecto a la participación de terceros en el proceso de Justicia y Paz, en este caso, el padre de Mancuso.
La Corte devolvió el proceso nuevamente al magistrado, señalando que debía escuchar los argumentos y recibir las pruebas. Tras la descentralización de la Unidad de Justicia y Paz y el nombramiento de magistrados especializados en otras ciudades del país, el caso fue presentado en los Tribunales de Santander donde ahora se lleva el juicio contra Mancuso.
En agosto de 2011 la magistrada de Justicia y Paz en esa ciudad escuchó a las partes y en su decisión levantó la medida de protección que había sobre la finca. La Subunidad de Bienes de la Fiscalía apeló la decisión y de nuevo, el caso fue llevado a la Corte Suprema. Eso significa que El Cortijo seguirá en manos del Fondo de Reparación de las Víctimas y no podrá ser negociado.

Los Argumentos
En los alegatos presentados ante las diferentes instancias judiciales, Mancuso padre argumenta que tiene posesión desde 1986 cuando negoció la tierra con el campesino beneficiario de El Cortijo. Que no pudo tener el título porque el Incora le dijo que era extranjero y que por eso acudió a su hijo que tenía estudios en agronomía y administraba la finca de su esposa.
Mancuso padre hace cuentas y asegura que en su caso sí funciona la prescripción adquisitiva de dominio, es decir, que se le debe declarar dueño porque la Ley otorga dominio cuando alguien acredita 20 años de posesión. En sus cálculos, teniendo en cuenta que presentó la demanda en 2007, hay precisamente 20 años contando desde 1986 cuando negoció con el campesino.
En la versión libre, Salvatore Mancuso explicó que incluyó a El Cortijo en el listado de sus bienes porque no quería ocultar nada pero insistió, como lo hizo en respuesta a la demanda, que su padre era el dueño real de la finca.
Pero otros son los argumentos de la Subunidad de Bienes de Justicia y Paz. Para la Fiscalía, el "Incora actuó de forma irregular" cuando autorizó que Mancuso Gómez transfiriera el dominio de la finca El Cortijo a su padre sin haberla explotado durante 15 años, como lo estipula la Ley.
Además considera que Mancuso padre no tiene derecho a la propiedad por "prescripción adquisitiva de dominio" porque ésta solo se acredita cuando la posesión es ininterrumpida durante 20 años. Y según constan los documentos del Incora, Mancuso padre no fue poseedor legal entre 1986 y 1991, porque durante ese período el Incora emitió una resolución de caducidad y el bien pasó a ser de propiedad de la Nación. Solo hasta 1991, con la nueva adjudicación, el predio tuvo un nuevo propietario que es Mancuso hijo.
Según las cuentas de la Fiscalía, si Mancuso padre interpuso una demanda en 2007 y argumenta posesión desde 1986 no lo puede hacer. Porque en realidad solo puede acreditar 16 años (entre 1991, fecha de la adjudicación a su hijo, y 2007 fecha de la demanda).
A partir de esto, la Fiscalía solicitó una compulsa de copias para investigar al Juez Segundo del Circuito de Montería, por considerar que actuó de forma irregular al proferir sentencia a favor de Mancuso padre sin que éste cumpliera los requisitos de Ley. Es decir, los 20 años de posesión.
Después de cinco años en los estrados judiciales, la Corte será quien determine si El Cortijo terminará en las manos del padre de Mancuso o de las víctimas del conflicto armado.
13 de septiembre de 2011
5 de septiembre de 2011
cc verdad abierta

persiguen a activistas en segovia


La persecución contra defensores de DDHH en Segovia. Dos líderes del Comité de DD.HH de esta población de Antioquia cuentan cómo tanto miembros de la fuerza pública, como paramilitares persiguieron con saña a su organización hasta silenciarla.
Colombia. Más de veinte años después, los pocos sobrevivientes que dejó el exterminio contra el Comité de Derechos Humanos de Segovia aún temen regresar.  Sienten que la sangrienta persecución desatada en su contra durante la década del noventa aún no ha terminado.
"No regresamos porque no tenemos seguridad de ninguna naturaleza", afirma Teresa, quien se exilió con José*. Ellos son activistas del Comité de Derechos Humanos de la población en el Nordeste antioqueño. Miembros de la fuerza pública, en complicidad con sicarios y paramilitares, acosaron con asesinatos y atentados permanentes a esta organización entre los años 1999 y 2000. Ellos coinciden en que como tienen denuncias directas contra oficiales, no se sienten seguros de regresar a su pueblo. Allí ya no están los paramilitares de antes, con sus campamentos, pero como dice uno de estos activistas "hay una prolongación de esos poderes que sigue asesinando".
El Comité fue estigmatizado como guerrillero, y por eso muchos de sus integrantes fueron asesinados, desaparecidos y otros se vieron obligados a abandonar sus familias y huir de la región. Teresa y José,  dos de esos sobrevivientes, todavía con  muchas prevenciones, se atrevieron a narrar lo ocurrido.
"El Comité de Derechos Humanos de Segovia nació después de la masacre del 11 de noviembre de 1988", cuenta Teresa. Este dejó a 43 personas muertas y a 53 más heridas. Fue perpetrada por paramilitares del MRN (Muerte a Revolucionarios del Nordeste) al mando de Fidel Castaño y apoyada por miembros del Ejército y la Policía. Actualmente la justicia investiga si el ex congresista y ex diputado por el partido Liberal César Pérez García, quien se encuentra en prisión, fue autor intelectual de ese crimen.
"Luego de la masacre, la represión contra la población fue muy dura. La Unión Patriótica tenía mucho respaldo en la zona, no sólo en Segovia, también en Remedios y Zaragoza –continúa Teresa –. Por esa razón, cualquier poblador de esos municipios era considerado guerrillero. Al pasar por un retén militar no podíamos decir que éramos de esos municipios. Si la cédula era de alguno de esos lugares era un indicio de que se pertenecía a la UP. Eso fue una estigmatización muy fuerte".
Esa situación llevó a Estelia Manjarres, una monja de la comunidad de las Hermanas Carmelitas, a convocar a un grupo de profesores, dirigentes sociales, líderes sindicales, trabajadores comunitarios, comerciantes y funcionarios públicos a trabajar por la defensa de los derechos humanos de Segovia.
"La hermana Estelia vivía muy preocupada por los problemas de pobreza, exclusión y miseria que vivía Segovia, a pesar de ser un pueblo rico en oro y  donde circulaba mucho dinero. Pero también le inquietaba el conflicto armado, entonces nos invitó a conformar el Comité de Derechos Humanos", relata José.
Inicialmente, el Comité acompañó a las comunidades campesinas más vulnerables. Entre los años 1989 y 1990, los activistas se concentraron en ese tipo de actividades. "Éramos muy asistencialistas –agrega José— pero de la noche a la mañana, y sin mayores explicaciones, la comunidad Carmelita trasladó a la hermana Estelia, entonces entramos en un receso mientras nos reorganizábamos".
Del receso, que duró cerca de seis meses, los sacó una serie de asesinatos cometidos en la zona de tolerancia de Segovia. Para esa época, varios docentes comenzaron a liderar el Comité. "Lo reactivamos cinco personas con una visión menos asistencialista, y más de denuncia. Empezamos también a recibir asesoría y capacitación de algunas organizaciones no gubernamentales de Medellín y Bogotá", dice José.
En 1990 llegó a la zona la primera brigada móvil del Ejército, y a finales de 1991, llegó la segunda. Ambas tenían la tarea de vigilar las obras de construcción del Oleoducto de Colombia, que atravesaba varios municipios del Nordeste y del Bajo Cauca, y perseguir a los altos mandos del Eln quienes, según ellos suponían, transitaban por esas zonas hacia el Magdalena Medio. Los batallones Bomboná, Contraguerrilla 47 Héroes de Tacines y Palagua, así con el Comando Operativo 9, apoyaron sus labores.
Durante el desarrollo de las obras del oleoducto la guerrilla hostigó el Ejército. Esto llevó a los militares a detener arbitrariamente a los líderes campesinos. "A muchos de ellos se les aisló y se les impidió que fueran asistidos por abogados", dice José.
Teresa cuenta que las comunidades, en especial los niños, le tenían pavor al Ejército. "De hecho, cuando la tropa entraba a las veredas, las comunidades de inmediato se desplazaban al casco urbano y solo regresaban cuando los soldados salían de ellas. De ese tamaño era el miedo".
Según los registros del Comité, se presentaron violaciones de mujeres, golpizas, destrucción de las juntas de acción comunal por encarcelamiento, asesinato y desaparición de dirigentes comunales acusados de guerrilleros. "Esas circunstancias nos llevaron a dedicarnos a la denuncia. En respuesta, los oficiales de esa brigada comenzaron a cuestionar nuestro trabajo", asegura Teresa.
A comienzos de la década del noventa la situación en el Nordeste antioqueño era de constante agitación. Las distintas organizaciones sociales convocaban a paros cívicos, movilizaciones y foros de deliberación pública sobre la situación de derechos humanos. En esos movimientos participaban por igual campesinos, indígenas de la etnia Embera-Chamí y simpatizantes de la UP, que reclamaban del Estado mayor atención sobre un territorio que concentra grandes yacimientos de oro.
"Nosotros, desde el Comité, acompañábamos todas esas iniciativas –afirma Teresa –y por eso los de las fuerza pública comenzaron a señalarnos. Decían que nos tenían que quitar de encima porque no los íbamos a dejar trabajar. Esos eran los comentarios que hacían los militares. Y había mucha vigilancia sobre todos nosotros".
El año de 1992 es recordado por los sobrevivientes del Comité por dos circunstancias paradójicas: de un lado, es el año en que la Alcaldía de Segovia les reconoce su existencia como organización ciudadana defensora de derechos humanos; de otro, es el año en el que surgieron las Autodefensas del Nordeste Antioqueño (ANA), una organización armada ilegal. La ANA aterrorizaba a todo el mundo presumiendo que tenía apoyo del Ejército, de la Policía, de las compañías mineras de la región y del MAS (Muerte de Secuestradores) del Magdalena Medio. "La idea era intimidar a todos simpatizantes de la UP y a los que hacían parte de los movimientos sociales", dice José.
Pese a esas circunstancias tan adversas, el Comité de Derechos Humanos de Segovia no detuvo sus labores. "Repartíamos las denuncias concretas en documentos y pequeños boletines en todo el pueblo", añade el defensor de derechos humanos.  
La persistencia en esos trabajos los llevó a buscar alternativas subregionales para darle mayor peso al trabajo que venían haciendo en Segovia. Fue así como se realizó en 1993 el Primer Foro por los Derechos Humanos del Nordeste Antioqueño en el municipio de Remedios.
Según Teresa y José fue todo un éxito. "Concluimos que era fundamental constituir el Comité de Derechos Humanos del Nordeste y Bajo Cauca –dice Teresa—. Se determinó que la sede sería Remedios y sus coordinadores serían Vicente Peña Pacheco, Personero de esa localidad, y Jesús Ramiro Zapata, educador de Segovia. De allí salimos fortalecidos".
La decisión de los activistas de derechos humanos de regionalizar el Comité produjo, según ellos, una reacción airada por parte de la fuerza pública. "Ese año comenzaron a hacernos inteligencia y a involucrarnos en procesos judiciales como insurgentes. Nos pusieron alias y muchos estábamos en listas. En ellas estaban el Alcalde de Segovia, una juez de familia y varias personalidades del pueblo, todos sindicados de pertenecer a las Farc y al Eln", asegura Teresa.
A la par de las persecuciones de la Fuerza Pública contra los integrantes del Comité, surgió un grupo que reemplazó a ANA. Se trató de ‘Fuerza del Pueblo en Acción’. Apareció en mayo de 1993 en Segovia con grafitis, pero no duró mucho tiempo. Se les sindica de algunos crímenes, pero ninguno contra defensores de derechos humanos.
Los años siguientes se convirtieron en una pesadilla para el Comité. En 1994 arreciaron las amenazas y las detenciones contra sus integrantes, circulaban listas donde estaban incluidas sus directivas. "Todo eso fue orquestado por un capitán de la Policía llamado Juan Vargas –sostiene Teresa–. Él murió varios años después cuando se había integrado a grupos paramilitares".
En mayo de 1994 se pasó de las intimidaciones a los hechos: asesinaron al primer integrante del Comité, Andrés Posada, un líder sindical minero de la Frontino Gold Mines. Los directivos del Comité salieron huyendo a Bogotá y a Medellín.
Pero no sólo los activistas de Segovia estaban siendo sometidos a esa presión. El hostigamiento a las personas que se vinculaban a los movimientos sociales en el Nordeste también se estaba dando en el municipio de Amalfi, cuna de los hermanos Castaño Gil, fundadores de las Autodefensas Campesinas de Córdoba de y Urabá (Accu).
"Allí también la emprendieron de manera selectiva contra todo aquel que perteneciera a los movimientos sociales. Muchos, temerosos, se volaron por potreros, y fueron a dar a Remedios y Vegachí. De ahí se fueron hacia Medellín", relata José y luego explica que  comenzaron a perseguir a los activistas de El Bagre y Zaragoza. "Estaban haciendo una tenaza contra Segovia y Remedios".
No obstante esa situación, el Comité por los Derechos Humanos del Nordeste y Bajo Cauca decidió hacer en junio de 1994 el segundo foro y seleccionaron a El Bagre como sitio de encuentro. Lo llamaron "Por Vida, Paz y Dignidad". De acuerdo con José, hacerlo allí fue un error.
"Ese municipio estaba bajo control armado del paramilitarismo. Éramos conscientes de ello. Ese paramilitarismo venía de Caucasia. La gente fue con mucho temor de denunciar. Allí vimos las debilidades del Comité y aceptamos que no funcionó", admite este activista. "Para finales de 1994, no había Comité subregional, así como tampoco movimientos sociales en Amalfi, El Bagre y Zaragoza. Los derrotaron con la intimidación, las amenazas y los asesinatos".
Pero en Segovia querían persistir en la defensa de los derechos humanos y continuaron en su labor de denunciar los atropellos militares y policiales y de grupos armados ilegales contra las comunidades campesinas. Con ese ánimo iniciaron el año 1995, pero muy rápido fueron entendiendo que las circunstancias empeorarían. Ese año se presentaron los primeros crímenes en Remedios.
De acuerdo con José, en julio de 1995 hizo aparición en Segovia el grupo ‘Muerte a Comunistas y Guerrilleros’ (Macogue), una organización paramilitar que venía operando desde años atrás en diversas regiones del país y que se atribuyó el asesinato del senador Manuel Cepeda Vargas, ocurrido el 10 de agosto de 1994 en Bogotá.
El primero en recibir amenazas directas de Macogue fue el sacerdote Jorge Mira. Según los activistas entrevistados, el mensaje era claro: "En el cementerio iban a faltar tumbas y en el hospital camas para toda la gente que tendrían que recibir". Esas intimidaciones se concretaron el 22 de abril de 1996, cuando un comando paramilitar irrumpió en las calles de los barrios El Tigrito y La Paz, de Segovia, y asesinó a 15 personas, desapareció a dos más y dejó otras 15 heridas.
En esa ocasión, las investigaciones contra los autores materiales condujeron a la vinculación al proceso penal del capitán del Ejército Rodrigo Cañas Forero, adscrito al Batallón Bomboná. De acuerdo con diversos testigos, el oficial facilitó el transporte del grupo armado desde el aeropuerto de Otú, en Remedios. El capitán Cañas fue capturado en Medellín el 7 de mayo de 1996. Inicialmente fue absuelto por un Juez Regional de Medellín, pero el fallo fue apelado y el 30 de junio de 1999 fue condenado a 50 años de prisión por el Tribunal Nacional.
Después de esta masacre, el 10 de mayo de 1996, el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez declaró a Segovia y Remedios como Zona Especial de Orden Público. "A finales de 1996 corría el rumor en Segovia de que un nuevo grupo paramilitar empezaría a operar desde el 20 de diciembre de ese año y que tenía en la mira a muchos activistas de derechos humanos –narra José—. Pero realmente empezó a operar en Segovia el 2 de enero de 1997".
Tanto José como Teresa recuerdan que dos días antes, el 31 de diciembre de 1996, el gobernador Uribe Vélez estuvo en la sede del Batallón Bomboná durante buena parte de la tarde. Cerca de esa guarnición militar estaba el barrio El Tigrito, donde se había ubicado el campamento del nuevo grupo paramilitar, el Grupo de Autodefensas del Nordeste (GAN), cuyo logo era una escoba.
El primer homicidio cometido por el GAN fue el de Isaías Gil, un campesino de la vereda Platanares, quien hacía parte del Comité. También asesinaron a los activistas Jaime Ortiz Londoño, Nazareno Rivera, Margarita Guzmán Restrepo y Luis Alberto Lopera Múnera. Se calcula que entre enero y septiembre, cuando fue desmantelado ese grupo, perpetraron 247 homicidios contra pobladores de Segovia y Remedios. "Muchos de los asesinados tenían una característica en común: habían sido detenidos por los militares en el pasado", explica José.
Esta cantidad de homicidios del GAN preocupó a las autoridades regionales y nacionales, así como a las organizaciones defensoras de derechos humanos y exigieron resultados concretos contra los homicidas. "Lo que se dio fue un montaje para desmantelarlo, afirma José. Según él, reclutaron a unos jóvenes días antes y los hicieron aparecer como los autores de los asesinatos. "A quienes realmente participaron en los asesinatos no los cogieron y huyeron,  pero lo que supimos después es que fueron asesinados de manera selectiva en Medellín", dice José.
Asegura este activista que los integrantes de ANA, Macogue y GAN eran sicarios de bandas de delincuentes de Medellín, y algunos ex guerrilleros y ex policías, todos prestándole un servicio clandestino a la fuerza Pública.
En 1998, una cierta calma se comenzó a vivir en Segovia. Los líderes desplazados retornaron, entre ellos, Jesús Ramiro Zapata. Pero ya no tenían la misma fuerza con la que habían iniciado en 1989. Estaban golpeados por las muertes de sus amigos y aún se sentía la presión, pues seguían vinculados a procesos penales.
Esa relativa tranquilidad se rompió a comienzos del año 2000, cuando llegó a la subregión del Nordeste antioqueño el Bloque Metro de las ACCU, liderado por Carlos Mauricio García Fernández, alias ‘Doblecero’, que buscaba ampliar su radio de terror a buena parte de esa zona minera. Se inició entonces otra fase de exterminio. Jesús Ramiro Zapata fue asesinado el 3 de mayo.
Fue la primera acción de las ACCU y el último crimen contra Comité de Derechos Humanos de Segovia. "En una reunión que tuvieron los educadores con los paramilitares una de las docentes se atrevió a pedir una explicación de ese asesinato y el jefe paramilitar de la zona, un ex guerrillero identificado como Cesar Alberto Restrepo, le dijo que sólo cumplía órdenes", cuenta José.
A partir de ese momento, el Comité se quedó con unos cuantos integrantes, todos ellos escondidos en Medellín. "Los que se quedaron en Segovia, sindicalistas, maestros y defensores de derechos humanos,  tuvieron que hablar con los hombres del Bloque Metro y en esas reuniones, les advertían que se tenían que quedar "quietos" y así lo hicieron", reconoce José.  
El exterminio fue de tal magnitud que sus efectos se sienten aún hoy. Quienes sobrevivieron no se atreven a regresar.
"No tenemos seguridad de ninguna naturaleza, no confiamos en la fuerza pública, y tampoco hay condiciones ni en Segovia, ni en Remedios, ni en el Nordeste, para desarrollar un trabajo de derechos humanos, de reorganización del tejido social. Todo fue exterminado, todas las expresiones del movimiento social fueron aniquiladas", asegura José.
"Siempre se ha dicho que la masacre de 1988 fue una retaliación contra la UP –dice Teresa—. Eso tiene algo de cierto, pero no del todo. Lo que se vislumbró desde 1983, con los primeros ataques a la población civil, fue una estrategia política y militar para favorecer el control económico de la región. Todo se concentró en la minería".
José agrega que en otras regiones del departamento la violencia paramilitar se dio y se detuvo, pero, según él, en el Nordeste continúa, entre otras razones por la existencia de un filón aurífero que comienza en el municipio de Yolombó, Antioquia, y va a morir en la Serranía de San Lucas, Sur de Bolívar. "En la región hay una reserva aurífera para muchos años y por eso creemos que todo ese exterminio que vivimos le abrió paso a los capitales extranjeros. En los socavones está la explicación a la aniquilación del movimiento social del Nordeste antioqueño", concluye José.
[* Nombres cambiados por sugerencia de las personas entrevistadas.]
13 de septiembre de 2011
5 de septiembre de 2011
cc verdad abierta

guerra de los herederos de las auc


La guerra de los herederos de las AUC en el Bajo Cauca. No alcanzaron los paramilitares a desmovilizarse en esta región antioqueña, cuando ya algunos de sus integrantes se rearmaron y el terror volvió a ser el amo del territorio.
Colombia. "La desmovilización no sirvió para nada", afirma Felipe*, un administrador de fincas del municipio de Cáceres, en el Bajo Cauca antioqueño, refiriéndose al proceso de dejación de armas de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). "El 90 por ciento de los desmovilizados que conozco regresaron a la guerra y mire cómo nos tienen, de trasteo, porque aquí no se puede vivir".
Felipe habla mientras su esposa Gloria* termina de empacar los pocos bártulos que quedaron por fuera de cajas y costales. Al día siguiente abandonaron el pueblo y se trasladaron a Tarazá, donde viven sus hijos. Se van por las amenazas que han recibido desde que reclamaron unas tierras que les expropiaron hombres del Bloque Central Bolívar de las Auc en 2000. También porque no han podido ver a sus hijos, pues los grupos armados ilegales prohíben los viajes frecuentes entre un municipio y otro en esta zona de Antioquia. Quienes los hacen son considerados sospechosos.
Para salir de Cáceres, Felipe tuvo que hablar con el jefe urbano de ‘los Rastrojos’, quien tiene la potestad de permitir o no la salida de los pobladores. También tuvo que conversar a un jefe de ‘Las Águilas Negras’ en Tarazá, para que lo dejaran llegar sin ningún problema. Ambos grupos están enfrentados desde hace varios años y cada cual controla de manera estricta los territorios que domina.
"Así están las cosas en el Bajo Cauca –se lamenta el labriego. Estamos en una tierra donde las leyes son las del más fuerte y la del silencio. Aquí vivimos rodeados de unas bandas emergentes que tienen todo el poder".
¿Pero quiénes tienen tanto poder y han aterrado los últimos tres años a Felipe, a su esposa y a más de 250 mil habitantes que tiene el Bajo Cauca antioqueño? Se trata de aquellos hombres armados que se quedaron en los territorios conquistados a sangre y fuego por los paramilitares de antaño, y heredaron sus prácticas de terror, sus negocios, su injerencia en gobiernos locales y sus armas. Con esa herencia de sangre han vuelto a reclutar a muchos desmovilizados de las viejas estructuras de las Auc que se habían comprometido a dejar las armas bajo los acuerdos con el Gobierno Nacional firmados en julio de 2003.
Desde 1998 los bloques paramilitares Mineros y Central Bolívar asolaron esta subregión antioqueña, y de manera paralela, persiguieron a las guerrillas y consolidaron sus estrategias de narcotráfico. También tuvieron influencia en el Bajo Cauca antioqueño, el ‘Bloque Héroes de Tolová’, el ‘Frente Mojana’ y la llamada ‘Casa Castaño’.
La presencia de esa fuerza paramilitar se debía a cuatro razones: combatir a las guerrillas del Epl, las Farc y el Eln que extorsionaban y secuestraban; hacerse a una tajada de los ricos negocios de la zona: oro, ganadería, madera, y por supuesto, al más lucrativo de todos, el de la producción de coca. En esa zona, cuando llegaron las Auc, había extensos cultivos de hoja de coca, profusión de entables para preparar clorhidrato de cocaína y facilidades de exportación ilegal del alucinógeno por su cercanía al mar Caribe. Crecieron gracias a la crónica debilidad institucional, a la complicidad de actores locales y al terror a sus armas.
Una vez desmovilizadas las Auc, proceso finalizado en agosto del 2006, comenzó la disputa entre aquellos que no aceptaron desmovilizarse y que decidieron reorganizarse para mantener buena parte de las estructuras criminales y continuar con el control de recursos naturales, políticos, militares y estratégicos que tenían. Estos tenían base en la explotación minera, la compra-venta de minas de oro, el narcotráfico, la extorsión, el despojo de tierras, el cobro de vacunas, el contrabando de gasolina y los retenes en las carreteras veredales.
Quienes conocen la región dicen que la nueva guerra se inició en enero de 2008: "Para esa época comenzaron a enfrentarse dos grupos, la banda de ‘Don Mario’ y un grupo que organizó alias ‘Sebastián’, un ex integrante del ‘Bloque Central Bolívar’", dijo un periodista que ha recorrido el Bajo Cauca.
Ambas organizaciones estaban lideradas por dos de los herederos de las Auc. De un lado, alias ‘Don Mario’, cuyo nombre real es Daniel Rendón Herrera, hermano de Fredy (‘El Alemán’), quien comandó el ‘Bloque Élmer Cárdenas’ en el Urabá. Una vez esta estructura abandonó las armas, en agosto de 2006, Rendón montó una fuerza ilegal no sólo para copar los espacios que dejó su hermano, sino para expandirse hacia buena parte de Antioquia y el norte del país.
En Caucasia ha cogido fuerza la versión no confirmada oficialmente según la cual alias ‘Don Mario’ le "compró" el monopolio de los negocios criminales en parte de la zona del Bajo Cauca y del sur de Córdoba a Eder Pedraza Peña, alias ‘Ramón Mojana’, quien comandó el Frente Mojana de las Auc.
Las huestes de alias ‘Don Mario’ llegaron al Bajo Cauca procedentes del norte de Urabá antioqueño, donde gestó su proyecto de expansión criminal. Conocidos inicialmente como ‘Los Traquetos’, esta organización armada ilegal pasó a llamarse ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’, para luego conocerse como ‘Los Urabeños’, quienes actúan en alianza con otras estructuras conocidas como ‘Águilas Negras’ y ‘Renacer’ en diversas regiones del país.
Su enemigo fue alias ‘Sebastián’, cuyo nombre real es Ángel de Jesús Pachecho Chancí, forjado en las filas del ‘Bloque Central Bolívar’, que creó y comandó Carlos Mario Jiménez, alias ‘Macaco’. Sabía dónde quedaron las caletas de armas, municiones y conocía los negocios ilegales y se dedicó a rearmar un grupo que continuara con el dominio en los territorios dejados por sus antiguos compañeros de armas y a ampliar su radio de acción para controlar áreas estratégicas para el tráfico de drogas y la explotación minera.
"Ellos lideran unos grupos que se disputan dos corredores esenciales para el narcotráfico", explica el periodista consultado. "De un lado, la ruta que va de Caucasia hacia el Sur de Bolívar atravesando El Bagre, Zaragoza y Segovia; del otro, la que lleva al Nudo del Paramillo, y por allí hacia el sur de Córdoba". Mientras que por la primera se llega al río Magdalena, desde donde se puede acceder a los puertos marítimos de los departamentos de Atlántico y Magdalena; por la segunda se llega a los puertos de Sucre y Córdoba sobre el mar. Ambas rutas son clave para la exportación de cocaína a los mercados internacionales.
"Cuando estos dos grupos comenzaron la guerra, se decía que eso era un problema entre ellos y la gente desestimó el asunto, pero esa confrontación creció y aparecieron nuevos grupos", explica el periodista. Llegaron a la subregión ‘Los Paisas’, un brazo armado de la llamada ‘Oficina de Envigado’ de la facción que domina Maximiliano Bonilla Orozco, alias ‘Valenciano’, otro de los herederos de las Auc; ‘Los Rastrojos’, que fueran el brazo armado de un jefe del narcotráfico en el Valle; y una disidencia del Bloque Mineros conocida como ‘Águilas Negras’, que comanda Rafael Álvarez Pineda, alias ‘Chepe’, un ex paramilitar que estuvo al lado de Ramiro ‘Cuco’ Vanoy, quien fue el jefe de las Auc en el municipio de Tarazá y buena parte de la zona cordillerana del Bajo Cauca.
De acuerdo con defensores de derechos humanos que solicitaron la reserva del nombre, la confluencia de grupos armados ilegales en una zona relativamente pequeña derivó en que unos se aliaran con otros, pero también se recrudecieron las batallas entre otros. "Alias ‘Sebastián’ se unió a ‘Los Rastrojos’ y a ‘Los Paisas’. A la banda de ‘Don Mario’, que ahora se conoce como ‘Los Urabeños’, se aliaron los ex integrantes del bloque Mineros, quienes se conocen como ‘Águilas Negras’". Las autoridades calculan que podría haber por lo menos mil hombres en armas.
Las primeras alertas institucionales al respecto las dio la Defensoría del Pueblo. En dos informes de riesgo de 2007 y 2008 describió lo que se venía incubando en esa subregión de Antioquia.
De acuerdo con el Informe de Riesgo N. 023-07, "tras el proceso de desmovilización del Bloque Mineros y del Bloque Central Bolívar grupos armados ilegales que se conformaron con posterioridad a la desmovilización de las autodefensas, entre las que se encuentran las autodenominadas ‘Águilas Negras’, están relevando el poder hegemónico de las autodefensas del Bajo Cauca Antioqueño, haciendo uso sistemático de las mismas prácticas intimidatorias del paramilitarismo, que irrumpen violentamente en la cotidianidad de las veredas y corregimientos de Cáceres regulando la vida económica, política y social. Es posible que no se tenga que hablar de nuevas estructuras sino de un reciclaje o de una nueva versión de las mismas que ya actuaron allí".
Al año siguiente, en un segundo informe de riesgo, el N. 016-08, la Defensoría analizó la situación de los municipios de Briceño y Valdivia, en el Norte, y de Tarazá, en el Bajo Cauca, y alertó sobre "reductos no desmovilizados de las Auc, miembros desmovilizados del Bloque Minero y Bloque Central Bolívar y narcotraficantes, que conformaron grupos armados ilegales pos desmovilización de las Auc con el objeto de consolidar lo adquirido, representado en grandes extensiones de tierra, apropiación del recurso minero y control sobre actividades del narcotráfico".
Documentos de análisis realizados en 2009 para la Presidencia de la República definieron estos nuevos grupos como "fuerzas más o menos estructuradas de antiguos integrantes de organizaciones armadas ilegales y algunos grupos emergentes, y están presentes en toda la zona. Tienen diversos modos de operación, que incluyen servicios permanentes o temporales de control territorial y de rutas, asesinatos por contrato o ejecución de acciones delictivas por iniciativa propia. Con frecuencia protagonizan enfrentamientos por el control de negocios ilícitos y el dominio territorial".
Tales análisis coinciden con lo consignado en el II Informe Nacional de Desmovilización, Desarme y Reinserción de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), en el que se confirma la presencia de grupos rearmados en el Bajo Cauca antioqueño: "Si bien se desarticularon las estructuras de las Auc, perviven con particular fuerza expresiones residuales del paramilitarismo y diversos grupos armados ilegales y bandas mafiosas y delincuenciales, por lo regular estrechamente ligados al narcotráfico".
Esta guerra ha tenido diversos impactos, uno de ellos es el económico. Felipe tiene claro el problema: "Afortunadamente estaba pagando arriendo, porque donde la casa fuera propia sería un problema". Y para sustentar las consecuencias que ha tenido la confrontación expone dos ejemplos: "Hace seis años me ofreció un señor una casa en Caucasia por 120 millones de pesos y sabe por cuánto me la volvió a ofrecer hace dos meses, por 40 millones. En Tarazá, propiedades de 100 millones de pesos las están dejando a 15 millones. Y no hay quién las compre".
Lo que relata este administrador de fincas lo refrendan los comerciantes de todo tipo de negocios, quienes también han salido perjudicados. Uno de ellos señala que "muchos cerraron sus locales y se fueron, no aguantaron el ritmo de las extorsiones y las amenazas. Los que nos quedamos tratamos de aguantar, pero es difícil, hay mucha presión. Y nadie quiere invertir en Caucasia".
Basta visitar en la noche la llamada zona rosa de Caucasia, en la avenida Pajonal, para apreciar el impacto de la guerra. Allí se concentran discotecas, bares y restaurantes que antes del 2008 vivían una época de esplendor económico derivado del narcotráfico. "Pero desde enero de ese año, la situación cambió radicalmente. La afluencia de público se fue reduciendo y muchos negocios tuvieron que cerrar", dice un administrador. Esa situación también se vive en los municipios de Tarazá, Cáceres y Nechí.
Este comerciante indica que todo se debe al miedo generalizado de la gente. Y es que existen motivos de peso para sentir zozobra: durante el 2010 se registraron más de 70 atentados con granadas de fragmentación y explosivos en Caucasia y Tarazá. "Se lanzaron contra negocios donde se presumía que había integrantes de una u otra banda. Además, contra casas de familia", precisa el periodista, quien fue víctima de uno de esos ataques por sus constantes denuncias.
Los homicidios en esa subregión antioqueña 2008 y 2010 se han mantenido en niveles muy superiores a los de años atrás. Según la Dirección Seccional de Salud de Antioquia, en el 2007, antes de iniciada la confrontación, se presentaron 121 asesinatos en los seis municipios del Bajo Cauca; en el 2008, esa cifra se incrementó a 232. Desde el 2009 han comenzado a disminuir los homicidios, de 220 ese año a 200 en 2010.
Pero la guerra desatada en el Bajo Cauca hace parte de las disputas que los herederos de las Auc han librado en diversas regiones del departamento, incluido el Valle de Aburrá. Voceros de una organización no gubernamental que trabaja en Caucasia promoviendo la defensa de los derechos humanos han advertido desde el año pasado las conexiones criminales de esta ciudad con la capital antioqueña.
"Muchos de los sicarios que actúan en el Bajo Cauca vienen de Medellín. Allá los entrenan y los envían a trabajar en nuestros pueblos –afirma uno de los directivos de esta organización. Varios de esos jóvenes se regresan a la ciudad luego de hacer ‘el trabajo’, pero otros se quedan y se incorporan a las organizaciones de uno u otro grupo. Es un reclutamiento constante".
Al Bajo Cauca llevan a los que se "destacan" en las calles de Medellín. "A quienes son muy buenos acá los ascienden y los llevan a Caucasia a trabajar allá", afirma una fuente de los integrantes de bandas de la ciudad que han sido cooptadas por alias ‘Valenciano’, quien fue cercano al ex paramilitar y confeso narcotraficante Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’.
Alias ‘Valenciano’ tiene sus intereses en el Bajo Cauca. Su intención es fortalecer las rutas del narcotráfico hacia la costa norte que antes tenía alias ‘Don Berna’. Pero, para lograrlo y, además, para soportar las arremetidas de la gente de alias ‘Don Mario’ y los ex integrantes del Bloque Mineros, ha hecho alianzas con ‘Los Rastrojos’. "De ahí que necesite gente con experiencia", dijo un joven, quien pidió no ser identificado.
Para contrarrestar la criminalidad en el Bajo Cauca, la Presidencia de la República creó la Comisión Interinstitucional contra las Bandas y Redes Criminales, mediante el Decreto 2374 del 1° de julio del 2010, que inicialmente operará por un año y que permite "la creación de jueces de garantías con competencia regional y nacional, se designan funcionarios con competencia nacional por parte de la Fiscalía, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, la Policía Judicial y DAS, y se autorizan los ajustes presupuestales y apoyos logísticos necesarios para su funcionamiento".
De acuerdo con el Secretario de Gobierno de Antioquia, Andrés Julián Rendón Cardona, la estrategia es la adecuada porque "promueve el trabajo interinstitucional de los organismos de seguridad y de justicia, el cual, creemos firmemente, ayudará a dar solución al problema de seguridad del Bajo Cauca antioqueño".
No obstante, la estrategia parece ser insuficiente. Al respecto, la Defensoría del Pueblo llamó la atención en su Informe de Riesgo N. 023-07: "El escalonamiento del conflicto armado, el narcotráfico, la escasa inversión social y productiva y la pobreza en que se encuentran sumidos los pobladores específicamente los del sector rural, son factores constitutivos de un ambiente social explosivo, cuya única forma de control no puede ni debe ser exclusivamente el fortalecimiento de la fuerza militar del Estado en la región, sino que ello debe comprometer a un conjunto de instituciones estatales que brinden una respuesta integral en materia social, económica y humanitaria".
Para atacar los problemas sociales, la Gobernación de Antioquia creó el Centro de Coordinación Regional para el Bajo Cauca como estrategia de consolidación de la seguridad, a través de los cuales se impulsan planes integrales de convivencia y seguridad ciudadana, así como proyectos de sustitución de cultivos de hoja de coca.
Pero Felipe no cree mucho en estas acciones institucionales. "El Bajo Cauca tiene un atraso de 40 años –dice—. Es una zona minera y ganadera, pero con muy poca ayuda. Faltan programas agrarios y los que traen no los enseñan bien. Mucha gente ha perdido con el cacao porque no lo ha sabido cultivar. ¿Entonces qué pasa? Llegan los señores narcotraficantes y ofrecen plata para trabajar en ilegalidades y la gente acepta porque nadie se deja morir de hambre".
Otro aspecto de la institucionalidad que le preocupa a Felipe es la relación de la Policía con los grupos criminales. Según él, hay sectores permeados por la ilegalidad: "A los policías les pagan un sobresueldo. Y se lo digo consciente de lo que le estoy diciendo. Llevo diez años viviendo en Cáceres y he tenido algunos policías muy confidenciales. Uno de ellos me decía que quién no va a querer un sobresueldo. Varios de ellos cuidan a los señores que están por ahí".
Al igual que este administrador de fincas, pocos en la población los que confían en las autoridades. Incluso el documento preparado por analistas para la Presidencia de la República reconoció que la "protección policial tiene debilidades", entre otras razones por "desconfianza de los ciudadanos".
Felipe y su mujer saben muy bien quién heredó el poder de las Auc. "No fue el Estado, de eso estoy seguro", afirma el hombre. Por eso tuvieron que pedirle permiso a uno de los jefes urbanos de ‘Los Rastrojos’ para que los deje trastearse hacia Tarazá, donde otro comandante los autorizó a llegar. Esas son las lamentables herencias que deja la guerra en el Bajo Cauca.
(*) Nombre cambiado por razones de seguridad.
13 de septiembre de 2011
7 de septiembre de 2011
cc verdad abierta

cómo se implantaron los paras en urabá


Cómo se tejió la filigrana del poder ‘para’ en Urabá. Con discurso, organización y fusiles, el Bloque Élmer Cárdenas, construyó su poder y consiguió que casi toda la representación política de esta región entre Antioquia y Chocó fuese suya.
Colombia. Las juntas de acción comunal y las veedurías ciudadanas fueron la base para adelantar el proyecto político del Bloque Élmer Cárdenas (BEC) de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) en el norte del Urabá antioqueño.
Según coincidieron diversas versiones de los ex paramilitares de este bloque a la justicia, la estrategia, liderada por Fredy Rendón Herrera, alias ‘El Alemán’ entre 2001 y 2006, consistió en formar políticamente a pobladores sencillos de las áreas rurales y urbanas para que luego se convirtieran en líderes comunitarios y aspiraran a diversos cargos de elección popular. El movimiento, con el grandilocuente nombre de Urabá Grande, Unido y en Paz, tuvo gran éxito y consiguió curules en Concejos Municipales, Alcaldías, la Cámara de Representantes y el Senado.
La gesta paramilitar no sólo fue de adoctrinamiento político. El poder que no conseguían con sus discursos y su organización partidista, lo construyeron a base de terror. Su avance "militar" fue sobre todo contra la población civil, y todo aquél que ellos dictaminaban que tenía vínculos con la guerrilla, y que muchas veces eran personas que se les atravesaron en su proyecto de dominio absoluto del Urabá. Dejaron miles de víctimas, asesinaron a decenas de sindicalistas y líderes sociales y provocaron el desplazamiento forzado de decenas de familias para despojarlas de sus tierras.
"Nosotros nos metíamos al proceso de elección. A algunos asesorábamos como candidatos propios de nosotros y a otros, en general, porque teníamos la duda de quién ganaba o no las elecciones. Hablábamos con todos para tener el control después de las elecciones y todos quedaban comprometidos. Quisieran o no quisieran, tenían que ir a nuestras reuniones o no podían aspirar a un puesto público", reconoció Hermes Andrés Rebolledo Valeta, alias ‘El Escamoso’, ante una fiscal de la Unidad Nacional contra el Terrorismo, en una diligencia realizada el 8 de abril de 2010 en Montería.
Rebolledo Valeta tenía el cargo de "promotor de desarrollo social" en el BEC y como tal, cumplía tareas políticas y sociales con las comunidades asentadas en sus zonas de influencia. En cada municipio donde tenían presencia armada había un promotor.
Según alias ‘El Escamoso’, los promotores de desarrollo social tenían tres funciones centrales: "promover el buen nombre de la organización, romper el hielo entre la parte política social, concejales, alcaldes y presidentes de juntas de acción comunal con la comandancia del bloque, y la conformación de escuelas de líderes comunales. Muchos de los que entraron en el proceso de nosotros fueron aspirantes a corporaciones públicas".
Humberto León Atehortúa Salinas, desmovilizado del BEC y quien trabajó como secretario de alias ‘El Alemán’, le explicó a la Fiscalía el 7 de abril de este año el origen de los promotores de desarrollo social. Según este ex paramilitar, se crearon por recomendación de Carmenza Betancur, una líder del municipio de Arboletes, idea que fue clave para la creación de Urabá Grande, Unido y en Paz.
"Los promotores de desarrollo social acercaban a la comunidad con las autodefensas. Sus funciones abarcaban la realización de trabajos comunitarios, creación y capacitación de juntas de acción comunal, de los comités de conciliación de las comunidades; así como generación y motivación de convites de trabajo para mejorar puentes, carreteras, salones comunales", dijo el ex paramilitar.
Atehortúa Salinas agregó que también apoyaban proyectos productivos, en los que contaban con la participación de los ganaderos de la región. "Ellos nos prestaban las tierras para hacer sembrados comunitarios. Los recursos eran destinados a las necesidades de la comunidad, como electrificación, acueducto, arreglo de vías, capacitación a los diferentes líderes que aspiraban a ser presidentes de las juntas de acciones comunales, veedurías corregimentales y concejales, así como a la elaboración y promoción de proyectos productivos".
Los vínculos de los promotores de desarrollo social con el BEC no eran desconocidos para las comunidades, pues éstos se presentaban como integrantes de la estructura social de la organización y en determinados casos acudían a reuniones acompañados de los comandantes paramilitares. "No usábamos armamento, pero sí radio de comunicaciones, siempre vestíamos de civil. En las reuniones se empleaba la bandera del Bloque", precisó el ex integrante del BEC.
El llamado movimiento Urabá Grande, Unido y en Paz fue la extensión de una idea que tuvo el jefe paramilitar Carlos Castaño Gil a finales de la década del noventa. Así lo reveló Atehortúa Salinas: "Los procesos sociales en las AUC iniciaron en la Casa Castaño con un movimiento llamado Clamor Campesino Caribe. Entre 1999 y 2000 fueron invitados varios líderes del Elmer Cárdenas de esa época con el fin de conocer esa propuesta".
De ese proyecto, que adelantaba Castaño Gil en varias zonas del departamento de Córdoba, alias ‘El Alemán’ tomó el modelo y se lo llevó a su área de influencia. Inicialmente a través del movimiento Poder Popular Campesino, que creó en 2000 y desarrolló en los municipios del norte del Urabá antioqueño. Según Atehortúa Salinas, se buscaba "acercar la masa campesina con las autodefensas, llevando a los campesinos a que participaran activamente en los diferentes escenarios de participación democrática y partidista".
Para lograr esa articulación, el BEC capacitó a varios de sus integrantes en temas relacionados con la creación de las juntas de acción comunal y de veedurías ciudadanas, así como con asuntos sobre presupuestos municipales y demás aspectos de la administración pública. Los promotores de desarrollo social se dedicaron a difundir esa tarea entre las comunidades.
Con sus gente ya bastante formada y reconocida por las comunidades, comenzaron a listarse para ganar las elecciones del 29 de octubre de 2000. Querían elegir a la mayoría de concejales, alcaldes y diputados afines a su proyecto para el periodo 2001 – 2003. De acuerdo con alias ‘El Alemán’ había representantes de varios partidos: Conservador, Cambio Radical, Equipo Colombia, Esperanza, Paz y Libertad: "Yo me reuní en algunas oportunidades con algunos candidatos invitados por varios líderes de las comunidades".
Para promover las distintas campañas se acudió a las organizaciones comunitarias capacitadas por los paramilitares. En ellas no sólo se trabajó el tema de selección de candidatos a los concejos municipales, sino la promoción de aspirantes a las alcaldías. Para simular una contienda electoral democrática, se impuso la idea de presentar dos candidatos por municipio.
Así lo explicó alias ‘El Alemán’ a la Fiscalía: "había un candidato al que le apostábamos con todo, decíamos este va a ser la persona indicada como administrador de ese municipio y en muchos casos nos sentábamos con él y lo apoyábamos. A las comunidades las apoyábamos con reses para hacer su comida en las reuniones, con dinero para contratar el transporte para el día de las elecciones, para pagar propaganda y cosas de esas".
Pero el proceso electoral no fue tan exitoso como habían planeado, con todo y que tenían el poder disuasivo de los fusiles respaldando su gestión política. Eligieron sí concejales y alcaldes afines al BEC, pero su lista a la Asamblea Departamental naufragó. Ésta la encabezaba Jorge Pinzón Arango, un reconocido ganadero de Necoclí y ex director de Indeportes Antioquia entre 1974 y 1978, seguido por Campo Elías Delgado y Carlos Mario Jiménez.
Nació luego otra iniciativa, conocida como Proyecto Político Regional del Urabá, en la que participaron el Bloque Bananero, comandado por Ever Velosa, alias ‘HH’, y el Frente Arlex Hurtado, cuyo jefe era Raúl Hasbún.
A la postre quedaron tres organizaciones que se dividieron el trabajo político en Urabá por regiones: una coordinaba los municipios cordobeses de Canalete, Los Córdobas, Puerto Escondido Moñitos y San Bernardo del Viento, todos ellos ubicados en la margen izquierda del río Sinú, por ello se conoce como ‘Marizco’; otra llamada del Darién Chocoano, que comprendió los municipios de Vigía del Fuerte, Riosucio, Unguía y Acandí; y por último, la del Urabá Grande, Unida y en Paz, que integró los municipios de Mutatá, Chigorodó, Carepa, Apartadó, Turbo, Necoclí, San Juan de Urabá y Arboletes.
Una vez realizadas las elecciones de octubre de 2001, el BEC mantuvo un estricto control de los elegidos a concejos y alcaldías en sus zonas de influencia. "Por ejemplo, en el norte de Urabá teníamos relación con todos los concejales. Se reunían con el comandante ‘Alemán’ o los promotores de desarrollo social para gestionar un proyecto o para evaluar la gestión de los concejales ante el Concejo municipal. De igual forma, se hacía un seguimiento a cada uno de los jefes de despacho de las alcaldías, lo que se llaman secretarios", reconoció Atehortúa Salinas.
Según alias ‘El Alemán’, ese control impuesto a los funcionarios no significaba que "les tenían que entregar la administración municipal". Según este ex jefe paramilitar, de lo que se trataba era de apoyarlos "para que pudieran llevar desarrollo a las comunidades".
Los resultados políticos regionales llevaron a la comandancia de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) a convocar una reunión a mediados de noviembre del 2001 para diseñar la estrategia para las elecciones legislativas del 10 de marzo de 2002, que les garantizara una presencia efectiva en el Congreso de la República. El encuentro, realizado en la finca La 21, en Necoclí. Allí se tomó la decisión de hacer listas regionales, siguiendo una propuesta de Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’, comandante del Bloque Norte de las AUC.
La idea fue apoyada por alias ‘El Alemán’, quien ya tenía una estructura política establecida con su proyecto Urabá Grande, Unida y en Paz. Encargaron de la coordinación al ex candidato a la Asamblea Jorge Pinzón Arango, quien tenía que ayudar a los líderes comunitarios a escoger a los candidatos del proyecto paramilitar a la Cámara de Representantes.
Una vez convocadas las comunidades, se escogieron a cuatro aspirantes. Por los municipios del norte de Urabá se seleccionó a Manuel Darío Ávila Peralta; por Apartadó, Jesús Enrique Doval; en el municipio de Turbo escogieron a Etanislao Ortiz, ex alcalde; y en representación de Carepa, Chigorodó y Mutatá quedó Cesar Augusto Andrade.
Una vez definidos los aspirantes a la Cámara de Representantes, se realizó una reunión entre la junta directiva del proyecto, los candidatos y la comandancia del BEC con el fin de discutir dos aspectos centrales de la campaña: el periodo de permanencia de los Representantes en caso de alcanzar una curul y la búsqueda del aval para respaldar esas candidaturas. Sobre lo primero se estableció que fuera de un año para cada uno de los representantes. En cuanto al aval, tocaron varias puertas y la única que los aceptó fue Cambio Radical, quien tenía como cabeza de lista para el Senado a Rubén Darío Quintero. Todos resultaron elegidos.
De esta manera el BEC experimentó un proceso electoral apalancado en las organizaciones comunitarias que había formado en sus zonas de influencia y una vez se convocó nuevamente a elecciones regionales, programadas para el 28 de octubre de 2003, se renovó la maquinaria electoral paramilitar y de nuevo el proyecto político funcionó para los municipios de su zona de influencia, en los cuales se nombraron concejales y alcaldes afines al BEC para el periodo 2004 – 2007.
Para las elecciones legislativas del 2006 decidieron apoyar de manera irrestricta al candidato al Senado Rubén Darío Quintero, esta vez aportando incluso recursos económicos. Según alias ‘El Alemán’, la organización paramilitar le entregó 200 millones de pesos para la financiación de su campaña. Para la Cámara de Representantes apoyaron a los candidatos Guillermo Cerén Villorina de Cambio Radical, Alberto Jiménez de Alas Equipo Colombia,; y Ángela Machado Arias de la U, todos ellos líderes de la región de Urabá.
"La comandancia del BEC participó activamente para lograr que el proyecto regional sacara un solo candidato. Al no lograr obtener un solo aspirante para la Cámara de Representantes se decidió apoyar a Guillermo Cerén Villorina y a Alberto Jiménez", explicó el ex comandante del BEC. Según el ex jefe paramilitar, la decisión se tomó en una reunión celebrada en Necoclí, en la que participaron más de 300 personas.
Adicionalmente, la comandancia del BEC tomó la decisión de apoyar la candidatura de Ángela Machado Arias. "En la financiación de este proceso político participó el Bloque Elmer Cárdenas. Como era del municipio de Necoclí, muchos de los líderes que nosotros apoyamos la apoyaron a ella. Yo directamente no le entregué recursos, se los entregamos a los líderes", le dijo alias ‘El Alemán’ a la Fiscalía.
No obstante el apoyo económico y miliar del BEC en sus zonas de influencia, ninguno de los tres candidatos a la Cámara de Representantes obtuvo los votos necesarios para ganar una curul en esa corporación legislativa para el periodo 2006 – 2010.
Lo que se vino después, con las confesiones de los paramilitares en diversas instancias judiciales, tanto bajo la Ley de Justicia y Paz como en la justicia ordinaria, fue una investigación penal que terminó procesando a por lo menos treinta políticos locales y regionales, los cuales se encuentran hoy purgando condenas en las cárceles colombianas. Sin embargo, a juzgar por lo narrado por los ex integrantes del BEC, todavía no están todos los que se beneficiaron con este proyecto político-militar en el Urabá.
13 de septiembre de 2011
5 de septiembre de 2011
cc verdad abierta

tierra prometida en la bellacruz


La lucha por la tierra. Desplazados están reclamando predios baldíos en la Hacienda Bellacruz, pero allí se desarrolla un proyecto agroindustrial que lidera Germán Efromovich. Investigación especial de VerdadAbierta.com
Colombia. Antes de entrar a revisar los predios en la vieja Hacienda Bellacruz en el sur del Cesar -que hoy se llama La Gloria y está tapizada de un joven sembradío de palma aceitera- los funcionarios del Incoder averiguaron si era seguro y les dijeron que no había problema. Acompañados por un funcionario de la Alcaldía de Pelaya, y explicando sus motivos a los guardias que custodiaban la finca, realizaron su inspección. El ambiente era tenso porque ha corrido la voz en la región de que la entidad va a recuperar unos baldíos y no se sabe bien donde están. Los resultados de la diligencia del Incoder son aún secretos, hasta tanto la entidad no inicie un proceso formal.
Lo que está allí en ciernes no es poca cosa. De un lado, un grupo de 64 familias campesinas, víctimas del conflicto armado, a quienes el Estado les reconoció el derecho a tierras en esa zona desde hace más de una década, pero les ha quedado mal. Del otro, un grupo empresarial encabezado por el renombrado empresario dueño de Avianca, Germán Efromovich, dueños de La Gloria desde 2009, y promotores de un gran proyecto de producción de palma aceitera que tendrá una inversión de 160 millones de dólares y que busca sacar de la depresión económica a esa golpeada zona.
Los campesinos habían ocupado el predio María Isidra por allá en los ochenta, un baldío adentro de Bellacruz y comenzaron a trabajarlo. Le pidieron al Instituto de la Reforma Agraria de la época que les titulara este y otros baldíos que sumaban 1.500 hectáreas en la misma finca, pero este no accedió a su petición. El Incora prefirió comprarle otros terrenos a los dueños de la hacienda, la familia del ex ministro Carlos Arturo Marulanda, a 339 pesos la hectárea, (equivalentes a unos 400 dólares de 1995, cuando se realizó la compra). Esos los predios comprados se llamaban San Antonio, Santa Helena, Los Cacaos y San Carlos y sumaban 2.060 hectáreas. Con la convicción de que en cuestión de semanas ya serían propietarios de esos predios, algunos campesinos se fueron a vivir a uno de ellos. Pero pasaron los días y los títulos no les salían. Después se vino la debacle: ‘Juancho Prada’ y sus paramilitares, en complicidad con Francisco Alberto Marulanda (hermano del ministro Carlos Arturo condenado a 18 años de cárcel en 2003) sacaron a varios campesinos corriendo de allí y ya no pudieron seguir sus gestiones ante el Incora.
"Los paramilitares se instalaron en Rompedero, uno de los cuatro predios del lote San Carlos que era para titulación y en la casa principal de la hacienda", dijo un campesino de la zona que pidió la reserva de su nombre por motivos de seguridad. "Quemaron nuestros ranchos y violaron a algunas mujeres. Los Marulanda los llamaban Los Angelitos, pues decían que Dios se los había enviado para recuperarle la tierra prometida. Los paramilitares comenzaron a cobrarle ‘vacunas’ a los campesinos de a 8.000 pesos por hectárea y 1.000 pesos por gallina o cerdo. Las familias salimos para diferentes ciudades y muchos no pusieron la declaración de desplazamiento por miedo. Somos más de 3.000 desplazados si se tiene en cuenta que había 600 familias".
Los ‘paras’ se desmovilizaron en 2006, y en octubre de 2010, el nuevo gobierno Santos convirtió la restitución y titulación de tierras para víctimas del conflicto armado en su política central. Algunos campesinos que habían huido y otros que se habían quedado se llenaron de valor para volver a averiguar por los títulos que no habían podido formalizar de las tierras que el Incora había comprado para ellos. Formaron la Asociación Colombiana Horizonte de Desplazados, Asocol, y comenzaron los trámites.
Enviaron cartas a la Oficina de Derechos Humanos de la Vicepresidencia de la República, la Procuraduría General de la Nación y el Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural, Incoder, que por competencia asumió el caso. El 25 de abril de 2011 el Incoder reconfirmó la existencia de los baldíos dentro de la antigua Bellacruz y ordenó a la Subgerencia de Tierras Rurales que los recuperara. Y un mes después en una reunión en Bogotá, les dijo que su caso sería prioritario.
Asocol encontró que de las 64 familias que representa, el Incora solo les había titulado a 21, y a algunas de ellas en parcelas de menos de 35 hectáreas, que es la Unidad Agrícola Familiar mínima que se ha debido adjudicar en esa región, según la ley. Los otros predios comprados por el Incora habían sido titulados a otras personas, algunos a campesinos pobres como ellos, otros a personas ajenas, como al hijo de Poncho Zuleta, el cantante.
Viendo que los predios que el Incora les había prometido una década atrás ya estaban ocupados, y habiendo constatado que dos resoluciones del Incora, ahora Incoder, les confirmaban que aún quedaban baldíos en la finca, los campesinos le propusieron al Estado que volviera a la idea original y les adjudicara los 1.500 hectáreas de baldíos adentro de la antigua Hacienda Bellacruz. Era la solución más fácil: les daría nuevas tierras baldías (incluyendo el predio María Isidra donde algunos se habían asentado años atrás) y nadie saldría perjudicado.
Pero no resultó tan fácil. Los predios, que según los campesinos y las resoluciones del Incora de 1996 y de 2011 eran baldíos, estaban ya ocupados por un gran sembradío de palma aceitera.
El proyecto agroindustrial que se desarrolla en los viejos predios de la hacienda Bellacruz, como lo confirmó VerdadAbierta.com, pertenece a la firma La Dolce Vista y su accionista mayoritario es Germán Efromovich con el fondo de inversión de capital de riesgo (hedge fund) Elliott de Nueva York , cuya cabeza es el reputado hombre de finanzas Paul Singer.
La Dolce Vista compró las empresas de la familia Marulanda que eran dueñas de la Hacienda la Bellacruz en 2008, por entonces una finca de 5.833 hectáreas que ellos rebautizaron como Hacienda La Gloria. Pagaron por ella, según dijeron los directivos de la empresa a VerdadAbierta.com, 22 millones de dólares, es decir a 3.771 dólares la hectárea. En pesos colombianos, casi 8 millones de pesos la hectárea. En el estudio de títulos que realizaron para comprar esas tierras, explicaron que no encontraron que hubiera allí baldíos, ni menos que hubiera reclamaciones de campesinos sobre esas tierras.
En entrevista con VerdadAbierta.com, el mismo Efromovich respondió que está seguro del due dilligence que hizo su empresa. "Si le muestro la cuenta de los abogados, quédense tranquilos. A no ser que las instituciones (del Estado) hayan sido mentirosas. Los títulos de las tierras no tienen ningún gravamen o problema. Tenemos toda la documentación. Tanto, que el propio Estado nos aprueba una zona franca ahí y el banco con garantía de la tierra nos presta una plata. Hicimos la tarea como inversionistas y ciudadanos. Se hizo todo lo que se tenía que hacer", dijo el enérgico empresario que recuperó Avianca de la bancarrota, y que aunque es de nacionalidad brasileña, hoy orgulloso, muestra que también tiene cédula de ciudadanía colombiana.
¿Pudieron haberles metido los Marulanda gato por liebre y en la hacienda que les vendió a estos empresarios había predios que no eran suyos sino baldíos de la Nación y encima no les contó que podía había reclamos de campesinos sobre esos predios?
Durante varias semanas VerdadAbierta.com buscó las escrituras públicas de la hacienda original y de la nueva, examinó las cartas oficiales, revisó los certificados de constitución de las empresas involucradas y mapeó los linderos de los predios originales de la Bellacruz, los que Marulanda vendió al Incora, los baldíos descritos en las resoluciones del Incora, y los que compró La Dolce Vista sobre los planos catastrales del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, para entender qué había pasado con las tierras que reclaman las 64 familias campesinas. A continuación explica lo que encontró.

Tras la Pista de los Baldíos
El 30 de diciembre de 1997 la familia Marulanda registró una subdivisión, que se conoce jurídicamente como ‘desengloble’, de la Hacienda Bellacruz en la Notaría 1 de Cartagena. Para esa época, a la hacienda le quedaban poco menos de 6.000 hectáreas, pues, como se dijo, había vendido al Incora otras dos mil hectáreas para que se las titulara a los campesinos.
El terror paramilitar de la siguiente década, como se dijo, congeló los trámites. En 2007 la familia Marulanda hizo un levantamiento topográfico de la Bellacruz. Es decir, en un mapa dibujó las casi 6.000 hectáreas de su extensión y el 13 de diciembre en la Notaría 7 de Bogotá englobó los predios que había subdividido diez años atrás. En la diligencia anexó el mapa.
El englobe estaba compuesto por siete lotes colindantes a los que llamó Solo Bloque y uno más llamado Bodega La María. A todos los predios, que estaban en el municipio de La Gloria, los registró con un solo folio de matrícula el 27 de diciembre de 2007 en la Oficina de Instrumentos Públicos de Aguachica, Cesar. Hasta este momento, la tierra seguía llamándose Hacienda Bellacruz.
En 2008 La Dolce Vista Estate Inc. compró a los Marulanda, sus firmas M.R. Inversiones Ltda. y Frigorífico La Gloria S.A., que tenían propiedad sobre la Hacienda Bellacruz. Esta empresa, registrada en Panamá, había sido creada en febrero de 2006. En su directorio aparecen Jan Veldwijk (ya fallecido), Jhon R. Hager, Andrés Londoño, Daniel Andrés Peláez y Carlos Murgas Guerrero.
Los primeros, según explicaron los funcionarios de la empresa en Bogotá, son representantes del fondo Elliot y de Efromovich, los segundos, Londoño y Peláez aportaron sus fincas al oeste de Bellacruz, al otro lado del río Magdalena, en el municipio de Regidor en el departamento de Bolívar. Carlos Murgas, presidente honorario de la federación de palmeros Fedepalma, y uno de los empresarios más grandes de esta agroindustria en Colombia, es el otro socio minoritario.
Ya habiéndole comprado la finca a Marulanda en 2008, La Dolce Vista creó una sucursal en Colombia el 25 de febrero de 2009 y para ello, absorbió las sociedades San Lucas S.A. y Palmeras Río Azul, dueñas de las dos haciendas que cultivan palma aceitera en el sur de Bolívar, y que precisamente Londoño y Peláez aportaron a la sociedad. La Dolce Vista Colombia está integrada por los mismos socios de la sociedad matriz registrada en Panamá.
Unos meses después todas las antiguas empresas de los Marulanda quedaron en manos de La Dolce Vista, representadas por el abogado de la compañía, Mario Restrepo Torres.
El 22 de septiembre de 2009, La Dolce Vista registró la finca que le compró a Marulanda (el lote independiente y los otros siete lotes englobados) como la Hacienda La Gloria, con una extensión de 5.833 hectáreas.
Es en esta finca de La Gloria y sus vecinas en el sur de Bolívar es donde La Dolce Vista está desarrollando un proyecto agroindustrial ambicioso. "Ya tenemos sembradas 5.000 hectáreas y estamos en el plan de sembrar las otras 2.000", dijo el gerente de La Dolce Vista, Ramiro de Francisco Reyes a VerdadAbierta.com. "Estamos construyendo una planta extractora, que empezará a operar en mayo de 2012 con una producción inicial de 30 toneladas por hora. En un plazo de cinco años queremos que sea una de las plantas extractoras de aceite más grandes del país, con una producción de 90 toneladas por hora".
Para cumplir con esa meta, De Francisco explicó que La Dolce Vista creó en febrero de 2010 la firma Extractora La Gloria S.A.S. y empezó a gestionar ante el gobierno de Álvaro Uribe la aprobación de una zona franca para producir y exportar el aceite con las ventajas que da esta condición legal. En abril pasado, el Ministerio de Industria y Comercio del gobierno Santos le dio el visto bueno. Esta es una de las siete zonas francas permanentes autorizadas por el gobierno para este tipo de producción agroindustrial.
En su entrevista con VerdadAbierta.com, Efromovich explicó que como empresario le apuesta a la producción de alimentos y de energía, dos cosas que van a escasear en el mundo. Por eso invirtió en el sur del Cesar. Además de desarrollar la planta extractora de aceita de palma, explicó que más adelante también desarrollará en la Hacienda La Gloria una refinería para producir biocombustible. "El plan de negocios está por etapas, debe ir hasta una refinería, en un proyecto de US150 a 160 millones de dólares", dijo.

¿Palma en Tierras de la Nación?
La gran pregunta es si este proyecto de desarrollo para la zona, cuyo epicentro es la vieja Hacienda Bellacruz, está asentado en parte de los terrenos que el Incora declaró como de la Nación.
Desde 1994, el Incora dijo tras una visita realizada a la Hacienda Bellacruz que la familia Marulanda no pudo acreditar títulos de los predios Potosí, Caño Negro, Los Bajos, San Simón, Venecia, María Isidra y San Miguel, que suman 1.500 hectáreas de tierra. Marulanda apeló y en 1996 el Incora dijo que esa tierra era la Nación y en 2011 ratificó que eran baldíos.
VerdadAbierta.com encontró el mapa de los lotes de la Hacienda La Gloria anexo a la escritura que la familia Marulanda registró en diciembre de 2007, cuando englobó los ocho lotes que integraban La Bellacruz para luego venderle a La Dolce Vista.
En 1994, cuando hubo una inspección a la hacienda para determinar cuál era la propiedad de la familia Marulanda, los peritos no anexaron ningún mapa. Y pese a la declaratoria de baldíos en dos resoluciones, ni el Incora ni luego cuando se volvió Incoder, registró estos predios como propiedad de la Nación en la Oficina de Instrumentos Públicos. Por tanto, ninguno de los siete nombres de los predios baldíos aparece en el registro nacional de baldíos del Igac.
Sin embargo, en la resolución en la que declara que Marulanda no pudo acreditar propiedad sobre esa tierra, hay una descripción detallada de los linderos de esos siete predios baldíos. Y allí aparecen referencias como la Quebrada Simaña, que está adentro de la Hacienda La Gloria. Con apoyo de expertos y con la información de los mismos campesinos que están reclamando la tierra, VerdadAbierta.com hizo un mapeo aproximado de dónde quedan estos baldíos. Y encontró que esas 1.500 hectáreas de baldíos no están unidas entre sí, sino que son predios sueltos, ubicados en los lotes 2, 3 y 4, tres de los ocho terrenos englobados por Marulanda para vender.
Con la primera visita técnica a los predios baldíos de junio pasado, según dijo en oficio del pasado 11 de agosto la Subunidad de Tierras, el Incoder está terminando de recopilar la información para comenzar con un proceso de recuperación de los baldíos, que incluye notificar a todas las personas y empresas que pudieran ser afectadas. Según el Incoder, la recuperación tardará nueve meses. Según explicó el pasado 5 de septiembre, Juan Manuel Ospina, director de la entidad, a este medio, luego de que "clarifiquen cuál es la ubicación exacta de los baldíos, procederán a adjudicárselos a los campesinos".
La Dolce Vista le dijo a VerdadAbierta.com que hasta el 29 de agosto no había sido informada sobre la existencia de un proceso de recuperación, ni notificada de que en sus predios se hubiera llevado a cabo una visita técnica.
 
"Del Infierno a La Gloria"
VerdadAbierta.com les preguntó a los empresarios si conocían la historia de Bellacruz y la tierra que iban a terminar comprando, y respondieron que sabían del desplazamiento y de las violaciones que se habían cometido allí y, precisamente por eso querían convertir a esta zona golpeada por la violencia en un territorio de desarrollo.
Efromovich dijo que la tierra no tenía la culpa. "Quien violó los derechos humanos que pague. Que lo juzguen. La tierra no violó los derechos humanos. Fue un individuo y por eso existe lo judicial, para que lo juzguen y pague su cuenta", dijo.
"Esto es lo que llamo del infierno a la Gloria", dijo Ramiro de Francisco, y explicó que ya han empleado a 600 personas de esa golpeada zona y que a mediados de 2012, cuando empiece a funcionar la planta extractora aspiran a llegar a los 1.000 empleos. Además están generando 800 trabajos indirectos pues todo lo están contratando localmente, y planean comprar gran parte de la producción a campesinos, que con su respaldo, se dedique a sembrar palma. La idea es promover una clase media campesina empresarial que prospere también en forma independiente.
De Francisco dijo que ya contrataron a una firma que les ayude a organizar a los campesinos para que se asocien y firmen un acuerdo con La Dolce Vista para que cultiven palma y les vendan el fruto. "Estamos haciendo alianzas con los agricultores. Hay dos colectivos de campesinos. Uno, es el de los parceleros del Caño Alonso y otro es el de Los Cacaos", dijo el gerente de la empresa.
Efromovich le contó a este medio que compró La Bellacruz por referencia de Andrés Londoño, un agrónomo que tenía dos fincas de palma en el sur de Bolívar. "Londoño me dijo, Germán, hay una finca cerquita de ahí, gigantesca, creo que se puede comprar. Nadie la quiere, dicen que es una tierra maldita… Entonces yo le digo: déjame mirar y en una ida a Nueva York me encuentro con John (Hager, ejecutivo del Elliott Hedge Fund). Y empezamos a hacer un plan de negocios", dijo Efromovich.
El empresario se refirió a la familia Marulanda y aseguró que por los antecedentes no hizo sociedad con esa familia.

Los Interrogantes
Por el pasado trágico de la hacienda y lo que sucede actualmente con esa tierra, el caso de la antigua Hacienda Bellacruz resulta emblemático para la política de restitución de tierras que en la que se ha embarcado el gobierno.
Baldíos que nunca se incluyeron en el censo de baldíos de la Nación, tierras propias que nunca el Estado registró oficialmente, oídos sordos al clamor de campesinos sin tierra durante años, oficinas de registro y notariado que certificaban sin revisar, funcionarios desprolijos que han cometido errores… todo eso lleva a que hoy desenredar los entuertos de tierras en Colombia, con todo y Ley de Tierras, sea muy difícil.
En el caso de La Bellacruz, el Estado ha hecho mal las cosas por muchos años, y así, en lugar de titularles a las familias campesinas los baldíos que reclamaron desde el principio, le compró a Marulanda dos mil hectáreas de su tierra a un alto costo para el erario y, con sospechosa lentitud y sesgo, demoró años en titularles sólo a unos de los reclamantes.
El Estado, además, ratificó su decisión de declarar siete predios dentro de Bellacruz como baldíos, pero nunca pidió cédula catastral en el Agustín Codazzi, como ha debido hacer, y por lo tanto tampoco los registró ante la Oficina de Instrumentos Públicos como propiedad de la Nación. Por eso cuando los empresarios compraron la finca, no encontraron banderas rojas que les indicaran que allí podía haber predios enredados.
La Dolce Vista pone en duda que la resolución del Incora confirme que Marulanda no pudo acreditar los títulos de los siete predios signifique que no eran de él. La abogada de la empresa Ana María Botero le dijo a VerdadAbierta.com: "Todos los predios tienen titulación a 70 años. Todos los predios que dice el Incoder que les faltan títulos suficientes (para acreditar la propiedad) no es que no tengan, es porque no acreditaron títulos antes de 1917. En todos los casos la familia Marulanda compró, ellos compraron, no fue que cambiaron linderos, pagaron un precio por ellos".
Tampoco se entiende cómo los Marulanda consiguieron registrar la subdivisión de la Bellacruz, desenglobar y englobar los lotes, en distintas notarías y oficinas de registro, sin que ninguna autoridad los obligara a aclarar y dejar registrada también la anotación que había originalmente en la matrícula de la Bellacruz y que indicaba que desde 1990 había predios en cuestión.
Incluso la abogada Botero, le presentó a VerdadAbierta.com una copia de una carta que le envió el Incoder a La Dolce Vista en julio de este año, certificando que sobre La Hacienda La Gloria no hay pendientes reclamaciones ni actuaciones de su competencia. "…Le informamos que revisando los archivos y la base de datos de proceso agrarios, encontramos que esta dependencia no adelanta ningún proceso de clarificación, extinción de dominio, recuperación o deslinde del predio en mención", señaló el Incoder. ¿Cómo el Incoder no se fijó en que esta Hacienda se llamaba antes La Bellacruz, y sobre esta, sí estaba adelantando un proceso de recuperación de baldíos?
También quedan los interrogantes por el lado de los empresarios. "Revisamos todos los títulos y no aparece ninguno de los mapas que ustedes mencionan… Hicimos una revisión de las resoluciones (del Incora e Incoder) y esos linderos no están dentro de lo que compramos… Revisamos todo lo que puede existir. Para hacer una inversión de US160 millones de dólares uno revisa dónde es que va invertir", dijo la abogada Botero.
Sin embargo, ¿por qué cuando fueron a comprar los lotes que hoy integran la Hacienda La Gloria no encontraron que estos fueron inscritos en una escritura en 2007 y que este documento, a su vez, hace referencia al folio de matrícula original de la Bellacruz que advierte que los predios estaban en proceso de clarificación desde 1990? ¿Por qué no ahondaron para tener certeza de que no había campesinos con reclamaciones allí, cuando se sabía que había habido allí desplazamientos forzados? ¿Por qué desde que los campesinos de Asocol empezaron su brega en octubre de 2010, los ejecutivos de La Dolce Vista nunca se han reunido con ellos para escuchar su versión?
Visto a la luz del artículo 77 de la nueva Ley de Víctimas, surgen otras preguntas sobre el caso. Este describe las situaciones por las que una acción -como comprar tierras- puede considerarse ilícita, y una de éstas es cuando en la tierra hubo actos de violencia generalizados, desplazamiento y graves violaciones de derechos humanos que causaron el despojo o abandono. ¿Cabe esta presunción en la antigua Bellacruz, cuando ha sido de público conocimiento que allí fueron desplazados, según registros de prensa, al menos 600 campesinos con violencia, fueron asesinados líderes que reclamaban tierras e incluso hay sospechas de que hay fosas comunes con víctimas enterradas allí? ¿Cabe, cuando hay además, varias pruebas de que al menos uno de los Marulanda, la familia vendedora, fue condenado a 22 años de prisión por violencia paramilitar?
Si nadie quería esa tierra maldita, ¿significa eso que compraron barato? Los empresarios aseguran enfáticamente que no, que ese es el precio normal de la tierra allí.
¿Pero también cabe la pregunta que se hacen los empresarios frente a la seguridad jurídica: es aplicable esta norma de la nueva Ley de Víctimas, cuando los empresarios cumplieron todo lo que les exigía la ley y el Estado oficialmente en todo los registros les dijo que no había problemas con esa tierra?

La Decisión
Así, si en el caso de La Hacienda La Gloria, el Estado confirma que, como lo encontró VerdadAbierta.com, los baldíos están sembrados con palma, dentro de los terrenos que La Dolce Vista le compró a los Marulanda, ¿qué va hacer? ¿Los recupera y se los entrega a los campesinos?, ¿significa esto que tendrá que reconocerles mejoras a los empresarios que pueden valer más que la tierra? ¿o más bien, les comprará a los campesinos parcelas cerca a la hacienda o en otra zona cercana? ¿liderará un acuerdo entre empresarios y campesinos para que estos últimos recuperen su tierra, adentro de la finca pero sigan con el cultivo de la palma para no entorpecer el desarrollo de un proyecto que podrá traer prosperidad a una región deprimida y golpeada por la violencia?
VerdadAbierta.com le preguntó a Germán Efromovich qué pensaba sobre la reclamación que están haciendo los campesinos, que aclaran que no tienen nada en contra de la empresa sino con el Estado que les ha incumplido.
"En la historia está. El Estado les tiene que dar las tierras y el empresario les enseña a plantar, les financia las semillas y les garantiza la compra de la producción a un precio justo. Esa es mi opinión. Yo no tengo la fórmula matemática. Pero el Estado tiene que hacer su parte y el empresario la suya. Ahora, el empresario invierte pero no puede decir que va a comprar 10.000 hectáreas para hacer una reforma agraria", dijo Efromovich.
Si el Incoder confirmara la existencia de baldíos dentro de la Hacienda La Gloria, Efromovich dijo que el Estado debe asumir la responsabilidad. "El Estado me tiene que responder un documento que me dio", dijo el empresario.
Efromovich dijo que en casos donde por respuesta del Estado no se informó al empresario que había problema sobre la tierra donde está invirtiendo, el Gobierno debe darles tierras a las víctimas en zonas aledañas o en otras tierras, y que el empresario se comprometa a hacer alianzas productivas con ellos.
Los campesinos creen que su petición sobre los baldíos es legítima porque siguen sin tierra. "Esta es una lucha justa", dijo uno de los integrantes de Asocol. "Lo que queremos es tierra para vivir y trabajar. Llevamos años tratando de demostrarle al gobierno que tenemos la razón. Buscamos los títulos que estaban extraviados por nuestros medios. Tenemos pilas de papeles y de carpetas que hemos aportado como pruebas. No queremos desplazar a nadie. No tenemos nada en contra de la empresa. Queremos que nos den la unidad agrícola familiar".
El director Juan Manuel Ospina le dijo a VerdadAbierta.com, lo que él consideraría podría ser una salida:"Si se llega a probar que hay tierras baldías adentro de La Gloria, el asunto sería poder llegar a un acuerdo entre empresas y campesinos para que, una vez se restituya la tierra a estos últimos, se pueda desarrollar allí un esquema viable de alianzas productivas", dijo Juan Manuel Ospina.
Quizás del enredo, pueda salir una restitución ejemplar, en la que ambos empresarios y campesinos cedan, y a la vez consigan, sus propósitos; los unos de montar una empresa exitosa en el campo colombiano, y los otros, de hacer que, después de tantas mentiras del Estado de tantas lágrimas, por fin les restituyan la tierra prometida.
13 de septiembre de 2011
7 de septiembre de 2011
cc verdad abierta