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las injusticias de mapiripán


VerdadAbierta.com estuvo en el pueblo del Meta, sinónimo de muerte y tragedia. En este especial recuerda la masacre que sucedió hace 12 años, por qué se dio, cómo se extendió, y sobre lo poco que se ha hecho por los sobrevivientes.
Colombia. El 14 de julio de 1997 Mapiripán era un pueblo de mil habitantes a orillas del río Guaviare que vivió la muerte. Cerca de 120 hombres encapuchados y vestidos con uniformes de camuflaje del ejército irrumpieron en el casco urbano, se apoderaron del lugar, secuestraron por cinco días a sus habitantes y mataron uno a uno a 60 personas que hacían parte de su arbitrario listado de "sapos de la guerrilla". La mayoría de los asesinados fueron arrojados al Río Guaviare y permanecen desaparecidos.
"Nos dimos cuenta que no era la Fuerza Pública por los grafitis que decían Auc de Urabá", le contó una mujer que vivió en el pueblo a VerdadAbierta.com. Los paramilitares no se fueron nunca del todo de este caserío triste en el extremo sur del Meta. Sufrió otra toma paramilitar 2002 y ha habido otras varias matanzas en la zona del Alto y Bajo Ariari. 
Mapiripán fue y sigue siendo un punto estratégico a donde confluye la base de coca de extensos cultivos de producción cocalera y de donde sale la droga para los mercados en Brasil.
VerdadAbierta.com estuvo en Mapiripán y vio la gran presencia militar. Sin embargo, la gente aún se siente desprotegida, pues hay demasiados paramilitares en la zona y nadie parece estarlos persiguiendo. De los 2.500 habitantes que huyeron cuando la masacre, muy pocos han regresado, y viven en diferentes barriadas urbanas del país. La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por acción y omisión en la masacre, pero nadie ha sido aún reparado. Algunos oficiales del Ejército, entre ellos el general  Jaime Humberto Uscátegui, fueron condenados por su complicidad en el asesinato masivo.

10 de febrero de 2010
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agarrón de uribe con académicos


Claudia López, Natalia Springer y José Fernando Isaza cuestionaron la legitimidad de su gobierno, la idea de recompensar a estudiantes que ayuden a la fuerza pública y la representación uribista en el Congreso.
Colombia. Un intenso debate este miércoles en la universidad Jorge Tadeo Lozano puso contra la pared al presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, quien recibió duros cuestionamientos de respetados opinadores como la politóloga Claudia López; la decana Natalia Springer y el rector de la universidad José Fernando Isaza.
El primero en irse contra Urbe fue éste último. "El Estado de opinión ha permitido, por ejemplo, que Fidel Castro estuviera 50 años (en el poder). Saddam Hussein fue también elegido bajo el Estado de opinión. Y el Estado de Opinión, cuando se pregunta: ’a quién preferís, a Jesús o a Barrabás’, prefirió a Barrabás", aseguró Isaza, haciendo clara referencia a las alusiones del presidente sobre su decisión de aspirar a un tercer período.
A esta voz, el presidente Uribe respondió: "a mí me parece que las comparaciones que usted ha hecho, señor rector, no se compadecen con este tipo de foros (...) eso no lo permiten nuestros opresores", dijo.
Claudia López, ex columnista del diario El Tiempo, le increpó al presidente su autoridad moral ya que la mayoría de congresistas uribistas están en la cárcel o investigados por parapolítica.
"Se necesitó que llegara este gobierno para que los crímenes se investigaran y los nexos con el terrorismo y el narcotráfico se develaran", le respondió Uribe. En el mismo sentido lo hizo Springer, quien dijo que no es ilegal que el hermano del ministro del Interior y de Justicia esté en la cárcel por nexos con el narcotráfico, "pero sí es ilegítimo".

7 de febrero de 2010
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testimonio salpica a general montoya


La declaración de tres coroneles implican al general en retiro Mario Montoya, hoy embajador en República Dominicana, en el diseño de la operación Fénix, que culminó con la masacre de ocho personas en la Comunidad de Paz de San José de Apartado entre el 21 y 22 de febrero de 2005, a manos de paramilitares del Bloque Héroes de Tolová.
Colombia. Las declaraciones se conocieron durante la reanudación de las audiencias de juzgamiento de los diez militares acusados de participar en la masacre. Y se realizaran hasta mañana en el Juzgado Segundo Especializado de Antioquia.
El abogado de las víctimas, Jorge Molano, interrogó al capitán Guillermo Gordillo sobre la posibilidad de que el general Mario Montoya, para ese momento comandante de la Primera División del Ejército, fuera uno de los diseñadores de la Operación Fenix, y quién ordenó utilizar guías para ingresar a la Comunidad de Paz. Todo con base en las declaraciones dadas a la Fiscalía en el 2009 por los coroneles Nestor Iván Duque, Orlando Espinosa, y Castro, todos miembros de la Brigada XVII. El general Guillermo Gordillo respondió que sí conocían de la ingerencia que los comandantes de División tenían sobre las operaciones.
El capitán Gordillo, quien confesó su participación en el crimen y se acogió a sentencia anticipada, aceptando que la Brigada XVII y el bloque Héroes de Tolová patrullaban de manera conjunta para ejecutar crímenes de lesa humanidad, se reafirmó en las declaraciones dadas a la fiscalía en el 2008.
José Joel Vargas, alias "pirulo" y Adriano de José Cano Arteaga alias "Melaza", ex paramilitares también declararon en el proceso y confirmaron en la audiencia que trabajaron de la mano del Ejército Nacional y que, junto con las tropas estatales, cometieron la masacre.
Estas declaraciones ratifican las pruebas que ya tiene el juzgado para condenar a los militares.
La operación Fénix fue diseñada en febrero de 2005 después de que un oficial y 18 soldados murieran en un cerco tendido por las Farc, en la vereda El Porroso, de Mutatá. Se trató de una emboscada de la guerrilla y todos los altos oficiales de la Brigada estaban adoloridos y humillados por este golpe. La operación consistía en una acción envolvente de varios batallones sobre el cañón del río Mulatos, donde se sabía tenían su guarida guerrilleros de los frentes 5 y 58 de las Farc.
Entre el 21 y el 22 de febrero de 2005, un comando de por lo menos 60 paramilitares pertenecientes al bloque Héroes de Tolová, que comandó Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ’Don Berna’, protegidos por miembros adscritos a la Brigada XVII del Ejército, asesinaron a Luis Eduardo Guerra, Sandra Milena Muñoz, Alejandro Pérez, Bellanira Areiza, Alfonso Bolívar Tuberquia, Deiner Andrés Guerra (11 años); Natalia Tuberquia (5 años), y Santiago Tuberquia, (21 meses). La masacre que conmovió al país ocurrió en las veredas La Resbalosa y Mulatos Medio, en el Urabá antioqueño.
Los militares vinculados penalmente por estos crímenes fueron el coronel Orlando Espinoza Beltrán, el mayor José Fernando Castaño López, el teniente Alejandro Jaramillo Giraldo, el sargento Ángel María Padilla Petro, el cabo primero Sabaraín Cruz Reina, el subteniente Jorge Humberto Milanes Vega, el sargento Henry Agudelo Guasmayan Ortega, el cabo tercero Ricardo Bastidas Candia, el subteniente Edgar García Estupiñan y el sargento Darío Brango Agamez.
La probabilidad de que este proceso termine en impunidad por vencimiento de términos fue denunciada el 21 de enero por Jorge Molano y Gloria Cuartas, actores populares en este proceso y defensores de las víctimas de la masacre. Por esos días empezaba el escándalo de los militares involucrados en las ejecuciones extrajudiciales de Soacha, que quedaron libres por vencimiento de términos.
La audiencia tuvo casi dos meses de retraso debido al extravío de 9 cuadernos del expediente de la oficina de apoyo de Medellín que servirían de pruebas para las audiencias previstas para los días 14, 15 y 16 de diciembre de 2009. Este hecho fue denunciado como una estrategia de la defensa de los militares para dilatar el proceso.
El expediente contenía la declaración de José Vaca Florez, Robert Darío Gómez alias ‘JL’ Francisco Javier Galindo Martínez y Edinson Camilo Martinez; las indagatorias del teniente coronel Néstor Iván Duque, del coronel Acosta Celi y del coronel Fernando Carrazco. Además, el testimonio de Hevert Veloza, conocido como ‘H.H’, quien denunció el pago de testigos que se hicieran pasar como miembros de las Farc para que desviaran el curso de las investigaciones.
Los cuadernos aparecieron un día después, pero no hacían parte de las pruebas del caso. Esta fue la principal razón para posponer la audiencia para el 4 y 5 de febrero del presente año.
A pesar del poco tiempo que queda, Molano está seguro de que las pruebas que tiene en poder el juzgado son contundentes para condenar a los militares por los delitos de concierto para delinquir, homicidio en persona protegida y actos de barbarie.
La solicitud dirigida al Consejo Superior de la Judicatura pedía, entre otras cosas, que se designara a un juez de descongestión de despacho para que durante estos 13 días que restan, la juez encargada pueda concentrarse exclusivamente en este caso. Hasta hoy no han recibido respuesta.

7 de febrero de 2010
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una masacre que no prescribirá


En el juicio contra diez militares acusados de participar en la masacre de ocho personas de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, cometida en febrero de 2005 en el Urabá antioqueño, no habrá vencimiento de términos y, por el contrario, se le imprimirá celeridad para concluir esta fase de juzgamiento.
Colombia. Los familiares de las víctimas no olvidan a sus seres queridos y luchan porque se imparta justicia.

- Llevar guías ’paras’ fue práctica recurrente de la Brigada XVII en Urabá
Así lo acordaron la Juez Segunda Especializada de Antioquia, los abogados de los militares, el representante de las víctimas, así como el fiscal del caso y el funcionario de la Procuraduría General de la Nación, tras una reunión realizada en la sede del Edificio de la Justicia en Medellín.

Jorge Molano, representante de las familias de las víctimas del múltiple crimen, declaró que "se ha tenido una conversación con los distintos sujetos procesales y se ha hecho una manifestación en el sentido de que no habrá ningún vencimiento de términos. Sobre esa base también se ha planteado imprimirle celeridad al juicio".
Con esta decisión se despejan los temores que se tenían sobre la posibilidad de que este proceso se sumara a otros en los cuales se han visto involucrados militares en la comisión de crímenes contra personas protegidas y que por decisiones de los jueces, alegando vencimiento de términos, han quedado en libertad.
José Joaquín Cristancho, abogado de dos de los diez militares procesados, compartió el acuerdo y explicó que no hay riesgo de que los uniformados queden en libertad: "una vez iniciada la audiencia de juicio no hay lugar a que se decrete la libertad de los procesados".
Desde el 9 de enero del año pasado fueron llamados a juicio el mayor José Fernando Castaño López, el teniente coronel Orlando Espinosa Beltrán, el teniente Alejandro Jaramillo Giraldo, el sargento Ángel María Padilla Petro, el cabo primero Sabaraín Cruz Reina, el subteniente Jorge Humberto Milanes Vega, el sargento Henry Agudelo Guasmayan Ortega, el cabo tercero Ricardo Bastidas Candia, el subteniente Edgar García Estupiñan y el sargento Darío Brango Agamez. A todos ellos se les juzga, en calidad de coautores, por los delitos de homicidio en persona protegida, actos de barbarie y concierto para delinquir.
Los hechos investigados tienen que ver con la masacre ocurrida entre el 21 y el 22 de febrero de 2005 en zona rural de Apartadó, Urabá antioqueño en la que un comando de paramilitares del bloque Héroes de Tolová, bajo el mando de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘don Berna’ y presuntamente protegidos por militares de la XVII Brigada del Ejército, fueron asesinados Luis Eduardo Guerra, Sandra Milena Muñoz, Alejandro Pérez, Bellanira Areiza, Alfonso Bolívar Tuberquia, Deiner Andrés Guerra, de 11 años; Natalia Tuberquia, de 5 años, y Santiago Tuberquia, de apenas 21 meses de nacido.
El acuerdo se logró momentos antes de cancelar el segundo día de audiencias del juicio pues los tres paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) que habían sido citados como testigos, y que están recluidos en cárceles de Atlántico y Córdoba, no fueron trasladados a tiempo por las autoridades del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) a esta ciudad, sin que se conocieran las razones de ello.
Con respecto al motivo de la suspensión de la audiencia, el abogado de las víctimas se mostró contrariado: "Desafortunadamente el Inpec no trasladó a los testigos que debían declarar en el día de hoy. No sabemos las razones que tuvo para no trasladarlos, pese a que la Juez había enviado las notificaciones con la debida anticipación". Las audiencias de juzgamiento fueron reprogramadas para los días 16, 17 y 19 de marzo próximos.
Trascendió también que la juez del caso tomó la decisión de que las próximas audiencias se lleven a puerta cerrada, permitiendo solamente el ingreso de los militares juzgados, sus abogados, el fiscal, el representante de la Procuraduría General de la Nación, el apoderado de las familias de las víctimas y delegados de entidades internacionales. Ni la prensa ni el público en general serán admitidos.
Dos razones fueron expuestas para justificar estas restricciones: de un lado, la seguridad de quienes están interviniendo en las audiencias de juzgamiento y, de otro, evitar la especulación sobre lo que vienen declarando las personas citadas como testigos.
"Es que ayer (jueves) se nombró en la audiencia a un General de la República y se le quiso vincular a la investigación, pero no tuvo mayor trascendencia dentro del proceso ni la va a tener", dijo la juez.
El abogado se refiere a la lectura de unas declaraciones que hizo ayer el representante de las familias de las víctimas de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó entregadas por el ex coronel Néstor Iván Duque López a la Fiscalía el 9 de septiembre de 2009 en las que afirma que altos mandos de la Brigada XVII de Ejército se reunieron con el Comandante de la Primera División del Ejército, el entonces general Mario Montoya, para realizar un análisis de lo ocurrido en la vereda El Porroso, de Mutatá, el 9 de febrero de 2005, donde perdieron la vida un oficial y 18 soldados en una emboscada preparada por las Farc.
Según ese testimonio, Montoya participó en el diseño de la Operación Fénix, a la cual le dio el visto bueno y le ordenó a los mandos de la Brigada que "tenían que llevar guías", quienes posteriormente fueron identificados como paramilitares del bloque Héroes de Tolová.
Sobre ese tema, el teniente coronel Orlando Espinosa, uno de los oficiales procesados que asumió la vocería de sus compañeros, decidió hablar ante los medios de comunicación y salió en defensa de Montoya: "Simplemente fue Comandante de División y como Comandante de División fue a una unidad subalterna, que era la Brigada XVII, y supervigiló una orden de operaciones que iba encaminada a proteger la integridad de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó con la operación Fénix contra los frente 5 y 58 de las Farc".
Agregó este oficial, hoy detenido, que "están tratando de subir de nivel una actuación de un individuo, pero no fue una conciliación de un mando militar para ir a masacrar unos niños, eso no es verdad".
Preguntado sobre la presencia de guías paramilitares durante la Operación Fénix, ejecutada entre el 15 y el 21 de enero en una amplia zona selvática del Urabá antioqueño, Espinosa Beltrán se mostró extrañado, dijo no saber nada del asunto y, a su vez, preguntó: "¿Cuántos golpes se les han dado a las estructuras guerrilleras? ¿Quién entregó a Raúl Reyes? Son los informantes los que nos dan esas informaciones para poder obtener éxitos".
Hablando en nombre propio y de los demás militares procesados, Espinosa reiteró que son inocentes: "todos los colombianos estamos esperando que se haga justicia verdadera. Yo espero mi absolución porque soy inocente, como la esperan todos los que estamos implicados en este proceso".
Por lo pronto, se espera que con los acuerdos de celeridad logrados se establezca si en el múltiple crimen perpetrado contra los integrantes de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó hubo o no participación de estos diez militares adscritos a la Brigada XVII y de otros altos oficiales que han sido nombrados por algunos testigos, pero que aún no han sido vinculados a este proceso.

6 de febrero de 2010
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hrw puso el dedo en la llaga


Según Human Rights Watch, las ’Águilas Negras’ hacen presencia en algunas regiones del país.
El proceso de desmovilización de 37 grupos de las Auc que adelantó el gobierno entre 2003 y 2007 ha sido y es calificado por el presidente Uribe y miembros de su gobierno como exitoso porque llevó a que más de 30.000 combatientes dejaran las armas  y se comprometieran a entrar en programas de reinserción e integración en la vida civil. Sin embargo, la organización Human Rights Watch, HRW, no piensa lo mismo y el informe ‘Herederos de los paramilitares’ que hizo público esta semana, producto de dos años de investigación y seguimiento al proceso, llega a conclusiones que no precisamente coinciden con las del gobierno. Según el informe de 126 páginas que fue presentado por el director de la ONG, José Miguel Vivanco, en la desmovilización de las Auc hubo fraude, estructuras completas de esa organización siguen activas, las llamadas ’Águilas Negras’ existen, los sucesores de los paramilitares han tenido un impacto brutal en la crisis humanitaria y de derechos humanos, y existe tolerancia de miembros de la fuerza pública, cuando no alianzas, con las nuevas bandas criminales. Según HRW, en julio de 2009 estos grupos tenían presencia en por lo menos 173 municipios de 24 departamentos, y están dedicados a reclutar adolescentes y desmovilizados para "montar una sofisticada organización a nivel nacional".
"Una cuestión especialmente preocupante es que muchos de los testigos con quienes hablamos, señalaron que en varias regiones sectores de las fuerzas de seguridad son tolerantes con los grupos que sucedieron a las Auc", afirmó Vivanco, quien agregó que esos grupos están cometiendo graves y generalizados abusos contra civiles (masacres, ejecuciones, violaciones sexuales, amenazas, extorsión...) y "han atacado y amenazado en reiteradas oportunidades a defensores de derechos humanos, sindicalistas, personas desplazadas, entre ellas afrocolombianos que luchan por recuperar sus tierras, víctimas de las Auc que buscan justicia y miembros de comunidades locales que no aceptan sus órdenes".
La situación es especialmente grave pero aun así, según HRW, el gobierno no ha tomado medidas contundentes y efectivas. "No ha destinado recursos suficientes a las unidades de policía encargadas de combatir a estos grupos, ni al grupo de fiscales responsables de investigarlos -señala el informe-. No ha hecho prácticamente nada por investigar ni prevenir posibles vínculos entre los grupos sucesores y los agentes del Estado o las fuerzas de seguridad pública. Y aún no ha adoptado medidas específicas para proteger a los civiles frente a esta nueva amenaza".  Para completar el cuadro clínico, HRW sostiene que el gobierno se ha mostrado renuente a asignar fondos suficientes y en forma oportuna al Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo, y que en ocasiones organismos del Estado han denegado asistencia a civiles desplazados por esos grupos.
En resumen, el informe de HRW no deja bien parado al gobierno al que señala de ser tolerante con funcionarios y miembros de la fuerza pública que por acción u omisión son cómplices de los grupos sucesores de las Auc.
Las conclusiones de HRW no son muy distintas a las de varios analistas e investigaciones recientes de ONG y centros de investigación nacionales, que coinciden en la apreciación de que el paramilitarismo no es cosa del pasado y que los nuevos grupos criminales han ocupado los espacios que dejaron los bloques de las Auc que se desmovilizaron, y empiezan a repetirse situaciones de violencia y desplazamiento similares a las del pasado.
"El paramilitarismo no se acabó e independiente de cómo se denominen sus sucesores están generando graves problemas humanitarios -asegura el ex consejero de Paz Carlos Eduardo Jaramillo-. El crecimiento de esas organizaciones es evidente y es, por  ejemplo, la razón del desborde de la violencia en las ciudades, y el mismo gobierno está preocupado por ello". Por su parte, el ex canciller Augusto Ramírez, miembro de la Comisión Nacional de Conciliación, sostiene: "El problema se le salió de las manos al gobierno desde el momento mismo de la desmovilización, la  negociación con las Auc  fue deficiente y se hizo a una velocidad excesiva. Los resultados están hoy a la vista".
El gobierno no reconoce que existan sucesores del paramilitarismo y a los nuevos grupos los llama Bacrin o bandas criminales emergentes al servicio del narcotráfico, entre los cuales la policía identifica ocho grupos principales: ’los Urabeños’, ’los Rastrojos, ’el Erpac’, ’los Paisas’, ’los Machos’, ’Nueva generación’, ’el Magdalena Medio’ y ’Renacer’, a quienes según ellos han combatido hasta la saciedad.
Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia, discrepa de las conclusiones del informe al que califica de sesgado. Está de acuerdo con el concepto según el cual hay herederos de los paramilitares y asegura que las Auc, como se conocieron en el pasado, no volverán a existir. "Las nuevas bandas no son contrainsurgentes que se enfrentan a la guerrilla y disputan la población -dice Rangel-, sino que incluso están aliadas con la guerrilla por el negocio del narcotráfico".
Y en cuanto a que el gobierno no ha hecho gran cosa para combatir esos grupos, Rangel asegura que la apreciación es injusta. "El gobierno está haciendo un esfuerzo por capturarlos y recientemente las Fuerzas Militares establecieron una especie de bloque de búsqueda para ubicarlos".
El alto consejero para la Reintegración, Frank Pearl,  por su parte considera que hay una política desde el gobierno para combatir estas estructuras. "Este gobierno no ha sido permisivo nunca ni con la guerrilla ni con las bandas criminales a quienes las Fuerzas Militares han combatido con determinación -dice-. Aunque los resultados no son perfectos hay muchísimos avances. La muestra es que este es un país más seguro, con menos desplazamiento, con menos víctimas".

5 de febrero de 2010
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madres de ejecutados recurrirán a cpi


Familiares de víctimas de ejecuciones extrajudiciales llevarán su caso a la CPI. Ana Cecilia Arenas, hermana de Mario Alexánder, desaparecido y asesinado por miembros del Ejército que lo presentaron como guerrillero muerto en combate.
Colombia. El 26 de enero, mientras el Ministerio de Defensa realizaba una jornada con lechona, payasos y rifas para los 46 uniformados procesados por las ejecuciones extrajudiciales de 16 jóvenes de Soacha  que habían quedado en libertad por vencimiento de términos, sus madres y hermanas recibían en sus hogares panfletos, correos electrónicos y llamadas con amenazas de muerte. "Cállense viejas lloronas o las vamos a matar", decían los mensajes. Han recibido 11 amenazas de muerte y pese a ello carecen de protección por parte del Estado. Al dolor y la frustración por la ausencia de justicia, ahora se suma el temor por sus vidas. Están solas y temen salir a la calle para protestar y exigir sus derechos. "Esas amenazas  me dieron mucho miedo y lloradera -dice Ana Cecilia, hermana de Mario Alexánder Arenas, desaparecido en enero de 2008 y presentado por el Ejército como guerrillero siete meses después-. Pero más tristeza me dio la lechona que les prepararon a los militares para celebrar su libertad... Es el mundo al revés: ellos festejan y a nosotras nos amenazan".
Algunas están enfermas por el estrés y la depresión, como la madre de Mario Alexánder, Cecilia Garzón, de 79 años, quien sufrió un infarto y permanece encerrada en su casa sumida en el silencio y la oración. Pero su hija Ana Cecilia no descansa, no cede, no da tregua a su aspiración de que algún día se resuelva el caso de su hermano y se conozca a los responsables. Trabaja lavando ropa en casas de familia y cada centavo que ahorra lo destina para presentarse en la Fiscalía o donde sea necesario para reclamar por el caso de su hermano.
"Las mujeres de Soacha no perdemos la fe en que haya justicia -dice-. Necesitamos limpiar los nombres de nuestros hermanos e hijos porque si no condenan a los responsables la gente pensará que eran guerrilleros como  los mostraron en un principio". Y agrega: "Mi hermano no era un santo porque le gustaba el traguito, pero igual era trabajador. ¿Por qué lo mataron?".
La familia Arenas y las otras familias de Soacha cuyos muchachos fueron víctimas de ejecuciones extrajudiciales, enviaron una carta a la Corte Penal Internacional para pedirle atención sobre lo que está pasando. "Como tristemente aquí no hay justicia para nosotros y los jueces no están actuando, nos toca buscar ayuda en el exterior -dice Ana Cecilia-. No sabemos si eso será en dos o 10 años pero queremos dejar constancia de que hicimos todo lo posible". Lo dice porque desde hace año y medio no sabe en qué estado está el caso de su hermano porque los fiscales encargados han perdido el expediente tres veces.

Más grave aún es que les han recomendado guardar silencio y abstenerse de acudir a denunciar en los medios de comunicación. "La Fiscalía nos ha dicho varias veces que no hablemos -cuenta la hermana de Mario Alexánder-. Que no sacamos nada con hablar por televisión, que eso no nos va  ayudar en los procesos, ni en las audiencias, ni en nada". Y para completar el desesperanzador panorama, la Fiscalía ha desestimado las amenazas. "Nos dicen que son un invento, que no es cierto y que tenemos que aprender a  ’no dar  papaya’ " , asegura Ana Cecilia.

¿Hasta Cuándo?
Una situación semejante vive Jacqueline, hermana de Jaime Castillo,  desaparecido el 12 de agosto de 2008. "No he tenido la primera audiencia ante un juez -asegura-. La única respuesta del fiscal 72 de Cúcuta es que tiene mucho trabajo y que no ha podido avanzar". Y añade: "Estamos muy tristes porque hay pruebas muy grandes que demuestran que los militares  mataron a todas estas personas inocentes".
Por su parte, Ana Páez, madre de Eduardo Garzón, padre de tres hijos,   desaparecido el 4 de febrero de 2008 y encontrado muerto seis meses después en Cimitarra, Santander, sostiene que su muchacho era muy trabajador, educado en un colegio militar y que al momento de su muerte estudiaba Hotelería y Turismo. "Antes de que lo desaparecieran trabajaba conmigo como administrador de un casino en las instalaciones de la Policía de Carreteras -cuenta la madre-. Tenía 32 años. ¿Cómo les digo a mis tres nietos qué pasó con su papá? Mientras no se descubra a los responsables va a quedar un manto de duda sobre si era o no un delincuente".
Con un nudo en la garganta, conteniendo la rabia que siente, Ana se desahoga: "Siento desesperanza, tristeza, mucho estrés, no creo en la Justicia colombiana, aquí no hay nada. Queremos la verdad, queremos que así como un día ensuciaron el nombre de nuestros hijos, también salgan limpios en los medios de comunicación ante todo el mundo".

5 de febrero de 2010
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dos militares más a juicio por ejecuciones


Llaman a juicio a dos militares por ’falsos positivos’ en Casanare. La fiscalía dictó resolución de acusación contra el mayor Gustavo Enrique Soto Bustamante y el teniente Fabio Arturo Puentes Porras por la muerte de tres jóvenes en Aguazul.
Colombia. El ente investigador señaló que fueron presentados como guerrilleros del Eln muertos en combate, pero la investigación arrojó que fueron bajados de un bus en la ruta Yopal (Casanare) - Sogamoso (Boyacá) el 30 de marzo del 2007.
"Durante el supuesto enfrentamiento armado las tropas regulares dispararon más de 250 proyectiles de fusil y emplearon ocho granadas de fragmentación. Sin embargo, los dictámenes de los expertos concluyeron que los cadáveres no presentaban heridas por esquirlas y que los disparos fueron hechos a corta distancia", señaló la Fiscalía.
Ante eso, el mayor Soto, quien para la época fuera el comandante del Gaula de Casanare, fue acusado de los delitos de secuestro simple agravado, porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, porte ilegal de arma de uso privativo de las Fuerzas Armadas, falsedad ideológica en documento público, fraude procesal y peculado por apropiación.
En el caso del teniente Puentes Porras, que también integró el Gaula de Casanare, responderá como presunto coautor de homicidio agravado, en concurso con secuestro simple agravado, doble porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, porte ilegal de arma de uso privativo de las Fuerzas Armadas, falsedad ideológica en documento público y fraude procesal.

5 de febrero de 2010
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guías paramilitares en urabá


En el juicio a militares por la masacre de San José de Apartadó se dijo que miembros de las Auc sirvieron de guías en operaciones militares contrainsurgentes y que el  general retirado Mario Montoya dio la orden de llevarlos. No es la primera vez que se le atribuye la práctica irregular a esta brigada militar.
Colombia. Altos mandos militares de la Brigada XVII recurrieron de manera frecuente a guías paramilitares para que guiaran a sus tropas en operaciones contrainsurgentes desarrolladas entre 1995 y 2005 en el Urabá antioqueño. Varios testimonios provenientes de diversos procesos judiciales han coincidido en revelar esta práctica. Y ahora, en el juicio que se desarrolla esta semana contra diez militares acusados de participar en una masacre del 21 y 22 de febrero de 2005 en la zona rural de Apartadó, Urabá antioqueño, se conocieron nuevos testimonios de ex oficiales militares que describieron en detalle cómo se usaron guías paramilitares para orientar a las tropas en una operación militar.
Esta vez, señalaron directamente al general Mario Montoya, hoy embajador de Colombia ante República Dominicana, pues dijeron que fue él quien dio la orden de llevar estos guías pertenecientes a un frente paramilitar.
Esta masacre en Apartadó fue especialmente brutal ya que  incluyó a tres niños.  Así, además de  Luis Eduardo Guerra, Sandra Milena Muñoz, Alejandro Pérez, Bellanira Areiza y Alfonso Bolívar Tuberquia, resultaron asesinados Deiner Andrés Guerra, de 11 años, Natalia Tuberquia, de 5 años, y Santiago Tuberquia, de apenas 21 meses de nacido. Todos pertenecían a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó.
Durante la audiencia de juzgamiento, el abogado representante de las víctimas, Jorge Molano, hizo referencia a  varias indagatorias realizadas en septiembre de 2009, en las cuales oficiales que entonces estaban en la Brigada XVII dijeron que, por orden del general Mario Montoya, se utilizaron este tipo de guías en la Operación Fénix. Explicaron que esta operación se había planeado para atacar a los frentes 5 y 58 de las Farc, pero que, finalmente, se perpetró contra los habitantes de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, a quienes se les sindicó de integrar esa organización guerrillera.
El abogado Rodríguez citó una declaración del ex coronel Néstor Iván Duque López, quien le dijo a la Fiscalía el 9 de septiembre de 2009, que altos mandos de la Brigada XVII de Ejército se reunieron con Montoya, en ese entonces Comandante de la Primera División del Ejército, para realizar un análisis de lo ocurrido en la vereda El Porroso, de Mutatá, el 9 de febrero de 2005, donde perdieron la vida un oficial y 18 soldados en una emboscada preparada por las Farc.
En reacción a ese ataque, según declaró Duque, se diseñó la Operación Fénix, con la participación y el visto bueno del general Montoya, quien además le ordenó a los mandos de la Brigada que "tenían que llevar guías".
Y efectivamente se llevaron guías. Así lo refrendó durante la audiencia el ex capitán Guillermo Gordillo, quien se acogió a sentencia anticipada en octubre de 2008 al aceptar su responsabilidad en estos hechos: "esta operación llevaba dos guías civiles, alias ‘Ratón’ y alias ‘Jonás’, contratados por el B-2 de la Brigada XVII". El ex oficial le dijo que el teniente coronel Fernando Castro era quien había contratado a estos dos paramilitares del bloque Héroes de Tolová de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).
La explicación de Gordillo coincidió con una anterior del teniente (r) Jorge Humberto Milanés Vega, en las audiencias de juzgamiento de este caso que se vienen realizando en el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Medellín. Milanés identificó a los dos guías como paramilitares de las Auc, quienes estaban bajo el mando de Diego Fernando Murillo Bejarano, alías ‘don Berna’, extraditado a Estados Unidos en mayo del 2008 y condenado por la justicia estadounidense a 31 años de prisión por delitos asociados al narcotráfico.
El ex capitán Gordillo también ratificó que el 15 de enero de 2005, cuando se inició la Operación Fénix, ambos paramilitares fueron llevados a la zona de Nuevo Antioquia por el mayor José Fernando Castaño López, quien estaba coordinando los movimientos de las tropas de la Brigada XVII hacia los cerros conocidos como Bogotá y La Cooperativa, donde se presumía que estaban los guerrilleros de las Farc.
Junto a Castaño López están siendo procesados el teniente coronel Orlando Espinosa Beltrán, el teniente Alejandro Jaramillo Giraldo, el sargento Ángel María Padilla Petro, el cabo primero Sabaraín Cruz Reina, el subteniente Jorge Humberto Milanes Vega, el sargento Henry Agudelo Guasmayan Ortega, el cabo tercero Ricardo Bastidas Candia, el subteniente Edgar García Estupiñan y el sargento Darío Brango Agamez.
Otra de las irregularidades advertidas por el ex capitán Gordillo Sánchez es que a pesar de que se incluían guías civiles en las operaciones militares a zonas rurales del Urabá antioqueño, de ello no quedaba constancia por escrito. "Ninguna orden de operaciones incluye la orden de llevar guías civiles a terreno", precisó Gordillo Sánchez
Pero, a juzgar por lo que ha sido revelado en otros procesos judiciales, esta guarnición militar ya había utilizado paramilitares activos como guías en distintas operaciones contra la guerrilla.
Un ejemplo de ello lo representa la Operación Génesis, adelantada desde el 24 febrero de 1997 contra las Farc en una vasta zona del Urabá chocoano y en la que participaron doce guías que, según declaraciones de un  ex jefe paramilitar, a su vez, integraban las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu). La orden de poner a disposición estos hombres ante los mandos de la Brigada XVII la dio  el jefe paramilitar Carlos Castaño Gil. Para esa época, el comandante de la Brigada XVII era el general Rito Alejo del Río, hoy detenido, acusado de estar involucrado en las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el desarrollo de esa operación.
De ello dio datos el ex jefe paramilitar Fredy Rendón Herrera, alias ‘El Alemán’ durante una audiencia de versión libre rendida ante un Fiscal la Unidad de Justicia y Paz celebrada en diciembre de 2009. De acuerdo con este ex jefe del bloque Élmer Cárdenas, la necesidad de los guías fue expresada durante una reunión entre el entonces Jefe de Inteligencia de la Brigada XVII, coronel Jorge Eliécer Plazas Acevedo, y los paramilitares Carlos Ardila, alias ‘Carlos Correa’, Élmer Cárdenas y Fredy Rendón Herrera, alias ‘El Alemán’.
En ese encuentro, el oficial les explicó detalles de las operaciones que realizarían, por tierra y aire, los batallones Fuerzas Especiales 1 y Contraguerrillas 35, y que atacarían facciones de las Farc asentadas en los caños Salaquí, Cacarica y Truandó: "Allí nos habló de los guías y posteriormente recibimos la orden de Carlos Castaño de proveerlos", explicó ’El Alemán’. La misión de reclutar los guías le fue encomendada a un experimentado paramilitar llamado Julio Cesar Arce Graciano, alias ‘ZC’. Seleccionó once hombres y con ellos se presentó a la sede de la Brigada XVII, con sede en Carepa, Antioquia, y se puso a las órdenes del coronel Plazas Acevedo, quien se hacía llamar ‘Don Diego’. Fue desvinculado del Ejército en agosto de 1999 y hoy es prófugo de la justicia.
Pero no solo se empleaban guías paramilitares para ese tipo de operaciones de gran envergadura; también los había para operaciones menores. Ricardo López Lora, alias ‘La marrana’, un desertor del 5 Frente de las Farc quien se integró en 1995 al bloque Bananero de la Accu, declaró que él vivía en la Brigada XVII, y cumplía funciones de informante. Está preso desde enero de 1998, sindicado de múltiples homicidios y secuestro, y ha sido postulado a la Ley de Justicia y Paz.
Otro caso es el de Gerardo Antonio Palacio, un desmovilizado de la guerrilla del Eln, quien fue detenido el 15 de agosto de 1995 junto a doce hombres más en el corregimiento Río Grande del municipio de Apartadó en momentos en que transportaban armas y uniformes de uso privativo de las Fuerzas Militares con destino a las Accu. Al dar los datos personales, durante la diligencia de indagatoria en esa época, dijo que vivía en el batallón Voltígeros de Carepa.
Al proceso penal abierto por esa captura compareció el capitán Sergio Enrique Pérez García, quien sostuvo que era usual que en algunas operaciones militares estuvieran acompañados por personas civiles: "en la unidad se realizan algunas operaciones con personal que se ofrece como guías, porque poseen información valiosa para operaciones".
Para el abogado de la víctimas de San José de Apartadó, con la audiencia de juzgamiento de este jueves se profundizó en la verdad sobre la masacre de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, y se empezaron a ver con mayor claridad los distintos niveles de responsabilidad. "Se va precisando que este crimen también involucra a mandos de la Brigada y de la Primera División del Ejército".
Este jurista lanzó críticas contra el despacho del Fiscal General de la Nación, pues según él, está en mora de abrir una investigación y ordenar la captura del general retirado Mario Montoya: "Lo que se le debe preguntar al Fiscal es: ¿por qué si esas pruebas están en su despacho, hasta el momento no se ha tomado esa decisión?".
La audiencia de juzgamiento continuará en Medellín este viernes y se espera que se cierren alegatos antes del 17 de febrero, porque en esta fecha se cumplirá un año de la etapa de juicio, por lo que se corre el riesgo de que los abogados de los diez militares acudan a la figura de vencimiento de términos, lo que llevaría a ponerlos en libertad.

5 de febrero de 2010
©semana
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