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conflicto afecta nuevas zonas


Christophe Beney, director del CICR, habla sobre cómo la crisis humanitaria del país se ha ido desplazando a nuevos territorios y la indiferencia de los colombianos frente a dramas como la desaparición.
Colombia. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) está dedicado hace más de cuatro décadas a la labor humanitaria en Colombia. En los últimos tres años se ha reforzado su equipo en Colombia, al punto que hoy son 60 delegados internacionales y 300 colombianos. Pero sus énfasis y su ubicación están cambiando. Próximamente cerrará las oficinas de Barranquilla y Cúcuta y abrirá una en Quibdó y otra en Ocaña. Acaban de cerrar la de Apartadó y de abrir varias en el Pacífico y las zonas de frontera con Ecuador y Venezuela. La razón es que algunas regiones cuentan ya con mayor acompañamiento del Estado, mientras otras siguen en el centro del huracán de la violencia. Sobre esta transformación del conflicto habló el director de la delegación en Colombia, Christophe Beney, con SEMANA.

¿A qué se deben los cambios geográficos que hará el CICR?
Los conflictos evolucionan. En ciertas zonas del país la intensidad del conflicto es más baja. Pero hay que reconocer que el conflicto se ha movido a regiones que hace 10 años no estaban afectadas. Nos dimos cuenta que tenemos que hacer mayor presencia en zonas como el Pacífico y las fronterizas que son de más difícil acceso para el Estado y otras organizaciones y que el CICR por la calidad de sus contactos con los actores armados, puede atender.

¿Estamos en el mismo punto que hace 10 años en el tema humanitario?
No es del caso comparar. Pero la situación es delicada. Estamos hablando, entre otros, de tres millones de desplazados según cifras oficiales, de 40.000 desaparecidos y de miles de personas víctimas de minas antipersonales o de restos explosivos de guerra.

¿Sigue siendo igual el desplazamiento?
Reconocemos la capacidad de Acción Social para darles atención a los desplazados. Pero queremos insistir en que esa capacidad debe mejorar en el desplazamiento individual, el que llega gota a gota a las ciudades, y que el CICR atiende. Consideramos que hemos llegado a un punto de inflexión y que el Estado debe asumir esa responsabilidad. Así nosotros nos concentramos en casos de desplazamiento masivo en zonas que viven intensamente el conflicto.

Usted mencionó una cifra de 40.000 desaparecidos...
Es una cifra de la fiscalía. Tenemos mucha preocupación en este tema. Con todo respeto por las familias de los detenidos por las Farc, quienes han merecido todo nuestro apoyo, respeto y solidaridad, pero estamos hablando de 23 familias. En el caso de los desaparecidos estamos hablando de 40.000 familias.

Pero 40.000 es una cifra escandalosa ¿cómo explica que no haya una movilización en el país alrededor de este tema?
Porque no se han legitimado a estas víctimas. El CICR está aquí para contribuir a eso, a legitimarlas. Porque las únicas víctimas legitimadas por los medios de comunicación son los detenidos por las Farc. Los civiles de las zonas conflictivas no existen porque no hay imágenes de ellos. En el caso de los desaparecidos el gran esfuerzo que hace la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía tiene un objetivo sobre todo judicial. Pero este un tema donde tenemos muchas preocupaciones.

¿Cómo cuales?
Tenemos la impresión de que en Colombia hay una excesiva dependencia de los análisis genéticos para devolver los restos, a pesar de que existe una ley que dice que hay muchas maneras de identificar de manera fehaciente y eficiente los restos, como las cartas dentales y otro tipo de pruebas. La genética es útil, pero es muy costosa y debe ser el último recurso. Es importante que quienes integran la comisión nacional de búsqueda tengan mayor capacidad de decisión.

Ustedes también están trabajando en el tema de minas...
Nos preocupa la distancia que hay entre las políticas que se han diseñado y lo que se aplica en la práctica. En el terreno hemos encontrado muchos problemas por ejemplo en la ruta de atención a los civiles que son afectados por estos explosivos.

Acaban de conocerse las pruebas de sobrevivencia de 10 secuestrados por las Farc ¿Cómo van sus gestiones para lograr la liberación?
Para el CICR es muy importante contar con la confianza de las partes. Pero hoy en día el tema es político y aunque el CICR sigue con atención lo que está pasando no ve un valor agregado para implicarse en este momento. De todas maneras, el CICR esta siempre dispuesto a ofrecer sus buenos oficios.

¿Qué opina de las imágenes que vimos, de las cadenas?
Seguimos pidiendo acceso a estas personas detenidas para valorar las condiciones de su detención y tratamiento, pero el CICR nunca opina sobre imágenes de este tipo que no dimensionan la realidad que a diario viven estas personas.

24 de septiembre de 2009
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dos senadores pierden su curul


El Consejo de Estado anuló la elección de los congresistas tras el reconteo de votos de las elecciones de 2006, luego de que fueran anulados más de 30 mil sufragios. Fraude electoral con paramilitares.
Bogotá, Colombia. Los senadores Manuel Enrique Rosero, del partido de la U, y Samuel Arrieta, de Convergencia Ciudadana perdieron su curul obtenida en las elecciones de 2006, luego de que el Consejo de Estado recontara los votos de esas elecciones.
El Consejo de Estado ya había anulado más de 30 mil votos, de 600 mesas, luego de que comprobara inconsistencias en los sufragios. Al volver a contar los votos la elección de los dos congresistas fue anulada al comprobar que no alcanzaron el número de votos necesario para obtener la curul.
La anulación de la elección de 2006 se debió a una denuncia instaurada por el entonces Procurador Edgardo Maya, quien denunció que por lo menos en 6 mil 500 mesas de votación hubo influencia de grupos ilegales al momento de los comicios.
"Hubo fraude electoral e inconsistencias en el diligenciamiento de los formularios electorales en las elecciones para Senado de la República realizadas el 12 de marzo del 2006", reza la demanda que instauró Maya.
La decisión de quitar las curules a los congresistas no afecta la preservación de la curul del partido Convergencia Ciudadana, es decir la que hasta ahora ocupaba Arrieta, pues quien obtuvo la mayoría de votos en su lugar es Jesús Arenas del mismo partido.
No así ocurrirá con el Partido de la U que sí pierde la representación, pues quien obtuvo la mayor votación, tras el reconteo, fue del Polo Democrático.

24 de septiembre de 2009
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eua y la masacre de el salado


Documentos estadounidenses desclasificados revelan que la Embajada en Bogotá no hizo mucho cuando supo que la Fuerza Pública colombiana no evitó la masacre y sólo capturó a 11 de los 450 paramilitares responsables. El Plan Colombia estaba en juego.
[Michael Evans] Colombia. La Comisión de Memoria Histórica, encargada de escribir la historia del conflicto armado colombiano construyó un relato, que ha debido hacerse hace tiempo, sobre una de las más horrendas e indiscriminadas atrocidades en la historia colombiana, la de El Salado.
La cuestión del papel exacto que desempeñaron miembros de la Fuerza Pública en la masacre de El Salado de febrero de 2000 ocupa una parte pequeña, pero crucial, de la investigación presentada este martes en Bogotá y que fue realizada por la Comisión de Memoria Histórica.
Este grupo independiente encargado por la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación de escribir la historia del conflicto armado colombiano construyó un relato, que ha debido hacerse hace tiempo, sobre una de las más horrendas e indiscriminadas atrocidades en la historia colombianas. Su trabajo es también una urticante acusación a la cultura de impunidad que ha evitado que sean investigados y debidamente juzgados los miembros de las fuerzas de seguridad colombiana apostados entonces en esa región y que pudieron estar involucrados.
Las muertes se desarrollaron en cinco días fatales, durante los cuales cientos de paramilitares, principalmente del Bloque Norte de las Auc, descendieron sobre El Salado y otros pueblos de la región, dejando tras de sí una estela de tortura, destrucción y asesinatos.
Pero mientras los paramilitares que cometieron la masacre fueron identificados hace tiempo, el papel preciso que desempeñaron en esta los militares nunca ha sido determinado de manera definitiva. Sin embargo, y a pesar de que tuvieron un acceso muy limitado a los archivos militares, el informe de la Comisión establece enérgicamente la responsabilidad del Estado colombiano en la masacre:

"La masacre de El Salado cuestiona no sólo la omisión sino la acción del Estado. Omisión con el desarrollo de los hechos porque no se puede entender cómo la fuerza pública no pudo prevenir ni neutralizar la acción paramilitar. Una masacre que duró cinco días y que contó con la presencia de 450 paramilitares, de los cuales solo fueron capturados 15 una semana después de que acabó la masacre".

Para Estados Unidos, la posible participación de miembros de la Fuerza Pública colombiana en los crímenes de los paramilitares era el meollo de la cuestión. El Plan Colombia, que proponía un aumento masivo de la ayuda estadounidense a los militares colombianos, apenas arrancaba y éste venía condicionado a que el gobierno colombiano demostrara que la Fuerza Pública había roto los viejos lazos que pudiera tener con las fuerzas paramilitares.
Documentos estadounidenses desclasificados sobre la época revelan, sin embargo, que las exigencias a los militares colombianos eran mínimas. Así por ejemplo, la Embajada de Estados Unidos en Bogotá vio como un factor positivo el hecho de que las fuerzas de seguridad hubiesen capturado apenas a 11 de los 450 hombres del paramilitarismo involucrados en lo que caracterizó como "una orgía indiscriminada de violencia ebria". En su primer informe sobre El Salado, que envió a Washington unos días después de la matanza, la Embajada bajo Curtis Kamman, dijo que era "la primera vez que esa entidad recordaba que los militares, en este caso la Armada, persiguieran a los paramilitares con algún vigor después de las atrocidades". Los capturados del caso de El Salado, al parecer, era una historia de éxito militar, y la Embajada tuvo muy poco más qué decir por los siguientes cinco meses.
Estados Unidos no ha debido sorprenderse demasiado con las denuncias de que miembros de la Fuerza Pública estuvieran involucrados en El Salado. En el año anterior, funcionarios estadounidenses con frecuencia habían expresado dudas sobre la voluntad de los militares de combatir las fuerzas paramilitares.

• En una reunión de enero de 1999 organizada por las Fuerzas Armadas colombianas con representantes de ONG y a la que fue personal de la Embajada, el subcomandante del Ejército, general Néstor Ramírez, dijo que "no era asunto del Ejército perseguir paramilitares" pues eran "criminales comunes apolíticos" que "no amenazaban el orden constitucional mediante acciones subversivas". Lea el documento.

• Otro reporte de 1999 de fuentes militares de Estados Unidos encontró que las Fuerzas Armadas colombianas "no perseguían activamente a los grupos paramilitares porque los veían como aliados de la lucha contra las guerrillas, su enemigo común". Lea el documento.

• Estados Unidos también estaba muy consciente del  "síndrome del conteo de bajas" (body count) que incentivaba las violaciones a los derechos humanos entre las fuerzas de seguridad colombianas. Informes de inteligencia de los noventa describían acciones de "escuadrones de la muerte" por parte de las Fuerzas Armadas. Un coronel del Ejército colombiano dijo a Estados Unidos que el énfasis en conseguir muertes del enemigo "tiende a incentivar las violaciones a los derechos humanos porque hace que soldados bien intencionados busquen cumplir con su cuota de muertos del enemigo para impresionar a sus superiores". Y también dijo que este síndrome lleva a una aproximación "caballeresca, o por lo menos pasiva, cuando se trata de permitirle a los paramilitares servir de adláteres… (al Ejército colombiano) que contribuyen a causarle bajas a la guerrilla". Lea artículo de Semana.com sobre la vieja práctica de presentar falsos positivos.

• Evidencias de participación de militares en las masacres de La Gabarra dejó escaso margen de duda de que había oficiales militares que veían a las fuerzas paramilitares como aliadas de la lucha contra las guerrillas. El coronel del Ejército Víctor Hugo Matamoros, responsable de la región alrededor de La Gabarra dijo a personal de la Embajada que él no perseguía a paramilitares en su área de operaciones. En otra ocasión, la oficina de la Vicepresidencia colombiana dijo a la Embajada que tropas del Ejército colombiano "se habían puesto brazaletes de las AUC" y habían participado en una de las masacres.

Patrones similares emergieron unas semanas después de la masacre de El Salado. En marzo de 2000, fuentes militares estadounidenses informaron sobre los movimientos de la Fuerza Pública colombiana en los días de las matanzas. Enterrado en los detalles, en un Reporte de Información de inteligencia, basado en una fuente no identificada, hay un párrafo corto que indica que "muchos de los paramilitares capturados vestían uniformes de los militares colombianos". Esto, dijo la fuente, sugería que "muchos de los paramilitares son ex militares, o que obtenían sus uniformes de militares o ex militares".
Pero aparentemente no fue sino hasta julio, cuando el diario The New York Times publicó una detallada investigación de la presunta complicidad de militares en la masacre, que la Embajada empezó a tomarse en serio las denuncias. Entre otras cosas, el artículo del Times encontró que fuerzas de la Policía y la Armada colombianas había dejado el pueblo antes de las matanzas y empezaron a montar bloqueos de los caminos para evitar que la ayuda humanitaria llegara. Y de todas maneras no hicieron nada para detener la carnicería paramilitar. Aún así, un memorando del Departamento de Estado elaborado para responder preguntas de la prensa sobre el caso, de nuevo destacaba la captura de los 11 paramilitares como evidencia de que las fuerzas de seguridad habían perseguido a los perpetradores.

"(Una fuente) cree que es probable que el Ejército supo por informes de inteligencia que los paramilitares estaban en el área, pero se fueron antes de la masacre. Entonces los paramilitares entraron en camiones desde Magdalena, fueron a Ovejas y después siguieron a El Salado…"

La fuente también consideró que los militares "capturaron a los 11 paramilitares por suerte", y añadió que "los militares fueron atacados en la finca La Esmeralda y luego procedieron a detener a los once paramilitares, después de ganarles". La nueva información, aparentemente, cambió la visión de las cosas. Ahora para la Embajada la cuestión no era de si los militares habían estado involucrados o no, sino hasta qué grado lo estuvieron.
Las sospechas de la Embajada de Estados Unidos sobre el papel de los militares en El Salado son también evidentes en un cable de agosto de 2000 sobre un informe que había dado a la Embajada el coronel Carlos Sánchez García de la Primera Brigada de Infantería de la Armada. Sánchez defendió las acciones de su unidad, diciendo, entre otras cosas, que los recursos militares eran escasos y que "no tuvieron conocimiento alguno sobre un ataque en El Salado o en sus alrededores".
Una versión del cable desclasificada en 2001 presenta la explicación del coronel Sánchez por sí sola, sin más análisis. Sin embargo, una versión más completa de este mismo documento desclasificado en 2008, incluye porciones que no habían sido reveladas y que cuestionan la credibilidad del coronel Sánchez:

"Comentario: El coronel Sánchez dijo que su propósito era presentarle a la Embajada con la versión de la Brigada sobre los hechos alrededor de El Salado y disputar las acusaciones hechas en el artículo de julio 14 de The New York Times. Porque el coronel Sánchez fue enviado con este propósito, su informe debe ser tomado con distancia".

La Embajada también dudó de la afirmación de Sánchez de que su unidad no tenía conocimiento de la incursión paramilitar:

"Es difícil de creer que el pueblo de El Salado no había sido sujeto de amenazas de un ataque antes de la masacre, considerando que el pueblo está situado en un área de gran conflicto".

A la postre, la cuestión de la posible culpabilidad de los militares en El Salado vino a girar en torno al comandante de Sánchez, el general Rodrigo Quiñonez Cárdenas, un oficial perseguido a lo largo de su carrera por denuncias de presuntos nexos con abusos a los derechos humanos,  tráfico de drogas y complicidad con los paramilitares.
En 1994, Quiñones, fue investigado por los asesinatos de más de 50 sindicalistas, periodistas, políticos, defensores de derechos humanos y otras personas en Barrancabermeja, por entonces considerada un bastión de la guerrilla. Fue exonerado por un tribunal militar.
Quiñones no era precisamente un extraño para Estados Unidos. Como director de inteligencia de la Armada a comienzos de los noventa, Quiñones estuvo en frecuente contacto con oficiales estadounidenses, incluyendo una reunión con el Director de Inteligencia de la Armada de Estados Unidos en 1993.
Un esquema biográfico de Quiñones realizado por militares estadounidenses en 1992 describía numerosos detalles sobre sus hábitos personales: "Le gusta leer", "Dientes-Sí/Naturales", y anotaba que participaba en "entrenamiento desconocido" en la base del Cuerpo de Marines de Estados Unidos en Quantico, Virgina.
Con relación a El Salado, Quiñones ha sostenido siempre que él estaba en Bogotá durante las matanzas y que por tanto no fue responsable de las acciones de la Brigada en ese momento. Por su firme coartada, Quiñones fue solo sancionado por El Salado, lo que lleva a los investigadores de la Comisión de Memoria Histórica a lamentar que no se hayan investigado otras pistas. Se preguntan: ¿Por qué no se miró la información que tuvo a disposición la Brigada en los momentos antes del ataque?

"Si bien es cierto que se encontraba en Bogotá cuando empezó la incursión paramilitar, hacia el día 15 de febrero, y en ese sentido la responsabilidad de las decisiones operacionales en terreno estaban en el Coronel Sánchez García, también es cierto que como Comandante de la Primera Brigada de la Infantería de Marina, el Contraalmirante Quiñones Cárdenas debía conocer de la información que, según la Procuraduría, arribó, en los meses anteriores, a la Primera Brigada sobre las Autodefensas y sobre el riesgo de la población establecida en los Montes de María. Información que, de acuerdo con la evaluación de la Procuraduría, debió haber servido para prevenir la incursión paramilitar, y no solo para contrarrestarla cuando ya se estaba produciendo".

¿Por qué tampoco la investigación judicial indagó sobre la actuación de Quiñones cuando regresó de Bogotá en febrero 18?
El entonces Coronel Quiñones Cárdenas regresó, de Bogotá a su base, el 18 de febrero y era razonable indagar, por tanto, no sólo por su actuación antes y durante la incursión paramilitar, sino también por su actuación después de la incursión.
En todo caso, Quiñones fue ascendido a almirante después de El Salado, y no fue sino hasta 2001, después de las acusaciones de que podía estar involucrado en otro ataque paramilitar, que la Embajada finalmente aumentó su presión sobre este oficial. Son pocos y muy censurados los documentos de la Embajada sobre la masacre de Chengue en agosto de 2001, pero los registros conocidos dejan escasas dudas de que para 2002, la Embajada solicitó que se le revocara la visa al almirante Quiñones y estaba lista para cortar lazos con él.
En abril de 2002 la Embajada pidió que se le quitara la visa pero no por su posible responsabilidad en asesinatos o masacres paramilitares. Más bien fue que el Departamento de Estado usó la única evidencia que estaba dispuesta a presentar: "información indicando que él había recibido pagos de narcotraficantes", añadiendo así otra más a la larga lista de denuncias contra Quiñones.
La cancelación de su visa terminó la carrera del almirante, un hecho confirmado por la ministra de Defensa de entonces Marta Lucía Ramírez cuando éste anunció su renuncia "voluntaria". Y aunque realmente nunca la justicia civil lo ha investigado exhaustivamente por las muertes de Barrancabermeja, o por su supuesto rol en las masacres de El Salado o de Chengue, parece claro que el solo número de denuncias en su contra a lo largo de su carrera finalmente forzaron su salida.
Cuando informó sobre su renuncia a Washington, la Embajada anotó que aunque "era problemático establecer la culpa de Quiñones en un caso particular, pero un patrón inequívoco de denuncias similares lo ha seguido casi a todos los lugares donde ha sido comandante de campo".
El debate real sobre El Salado no es sobre sus autores o su magnitud, sino sobre la cultura de la impunidad que ha evitado una investigación honesta sobre los miembros de la Fuerza Pública que tuvieron nexos con esta masacre. Y a pesar de la importancia de la nueva investigación de la Comisión para la preservación de la memoria histórica, la historia estará incompleta mientras que los militares le nieguen al grupo investigador acceso a sus registros sobre el caso. También Estado Unidos ha sido reacio a desclasificar muchos de sus registros clave sobre la masacre de El Salado. Reiteradas peticiones sobre reportes citados en los documentos presentados aquí han sido bloqueadas por el Pentágono y otras agencias.
Sin acceso a estos archivos, puede que nunca sepamos exactamente qué sabía Estados Unidos sobre la complicidad de militares en la masacre de El Salado o si la masacre tuvo algún impacto en el desarrollo del paquete de ayuda que entonces se estaba dando a las fuerzas de seguridad colombianas. Tampoco sabremos si la tibia respuesta del gobierno de Estados Unidos al caso fue debido a una simple negligencia, a análisis pobres o a un esfuerzo activo para ayudar a encubrir el papel que desempeñaron los militares en la masacres de El Salado.

El autor es investigador de los National Security Archives].

24 de septiembre de 2009
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a 20 años condenan a don antonio


El ex jefe del Frente José Pablo Díaz de las Auc, Edgar Ignacio Fierro Flórez, alias ‘Don Antonio’, fue condenado a 20 años de prisión por el asesinato del abogado Jorge Enrique Palacios Salas.
Colombia. Luego de que el ex paramilitar se acogiera a sentencia anticipada, el Juzgado Séptimo Penal de Barranquilla lo condenó por los delitos de homicidio agravado y tentativa de homicidio en calidad de determinador.
El abogado Palacios fue asesinado el 20 de enero de 2006 en Barranquilla por varios paramilitares, y en ese incidente también resultó herida su esposa Liliana Karina Gómez Segura.
‘Don Antonio’, quien estuvo bajo órdenes de ’Jorge 40’, ex jefe del Bloque Norte de las Auc, actualmente se encuentra detenido en la cárcel modelo de Barranquilla, y es conocido porque en un computador suyo, la Fiscalía encontró información sobre vínculos de políticos con paramilitares.
Este ex capitán del Ejército llegó a las Auc en marzo de 2003 luego de ser destituido por haber hecho un allanamiento ilegal. Un día tomó una chiva hacia al municipio de La Meza en el piedemonte de la Sierra Nevada, y se le presentó a un viejo conocido, el ex mayor del Ejército, David Hernández, alias ’39’.
El grupo de ‘Don Antonio’ se hizo sentir. En los municipios de Repelón, Malambo, Soledad, Sabanalarga y Barranquilla, en un fin de semana caían asesinados un promedio de 15 personas. Al principio parecían crímenes sin conexión. Pero con el tiempo quedó claro que era una estrategia de una organización criminal: las víctimas iban desde ladronzuelos o viciosos de barrio, hasta líderes comunitarios, académicos, sindicalistas, comerciantes y ganaderos.
’Don Antonio’ se ganó la confianza de ’Jorge 40’, muy rápido y le encomendó la expansión en nuevos territorios en tiempos cuando se suponía estaban en pleno desmonte y el proceso de negociación en Santafe de Ralito ya estaba avanzando.
Así, con sólo 28 años, Fierro pasó de ser un intendente que hacía informes sobre actos de indisciplina en las filas de un frente en el Cesar, a ser el que mandaba en un frente que recaudaba millones en extorsiones y colaboraciones económicas de empresarios, contratistas, ganaderos y hasta de narcotraficantes.
Fue capturado por agentes del CTI de la fiscalía el 11 de marzo a las 5:30 de la tarde en el conjunto residencial Villa Canaria, cerca del aeropuerto de Santa Marta.

24 de septiembre de 2009
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por delitos de lesa humanidad


Por delitos de lesa humanidad podrán ser juzgados políticos investigados por nexos con paramilitares.
Colombia. La Sala Penal de la Corte Suprema convirtió en jurisprudencia la propuesta hecha la semana anterior por cuatro magistrados, en la condena al senador Ricardo Elcure por parapolítica.
En ella se considera que quienes se aliaron con una estructura criminal deben responder por los crímenes que se les atribuye a los jefes de esos grupos.
La tesis fue acogida por unanimidad al resolver una apelación a los cargos que le formuló la Fiscalía a Giancarlo Gutiérrez, desmovilizado juzgado en el marco de la Ley de Justicia y Paz.
La nueva jurisprudencia establece que en los delitos de lesa humanidad se debe aplicar el concepto de "aparatos de poder o de guerra", contemplados en los convenios de Ginebra. Ese principio establece que son autores de crímenes atroces todos los que tuvieron que ver con ese estado de guerra", explicó el presidente de la Corte, el magistrado Augusto Ibáñez
"En adelante, a todas las personas que estén involucradas en delitos de lesa humanidad y que tuvieron que ver con el patrocinio de los hechos juzgados se les aplicará esta providencia", aseguró.
En el caso de los parapolíticos, que son juzgados hasta ahora por concierto para delinquir agravado, ese delito sería la base de otras imputaciones, como el homicidio en persona protegida, la desaparición, la tortura y cualquier otro delito de lesa humanidad que haya cometido el grupo con el que tuvieron relación.
En la sentencia, los magistrados también instan al Gobierno para que "se convoque una comisión de la verdad para cada uno de los casos que se están tramitando", dijo Ibáñez. La propuesta, según la Corte, busca entregar a la sociedad un contexto histórico de los casos que se están juzgando, para contar con una verdad de lo sucedido.

22 de septiembre de 2009
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comisión de la verdad en colombia


Corte Suprema pide creación de Comisión para la Verdad paramilitar. En una providencia la Corte recomendó establecer una comisión de la verdad para los crímenes de los paramilitares al decretar la nulidad de los cargos formulados en contra de un paramilitar desmovilizado.
Colombia. Aunque la recomendación de la Corte no es de obligatorio cumplimiento, el mecanismo actuaría de manera paralela a ley de Justicia y Paz y se recomienda para establecer una verdad histórica sobre los crímenes de los paramilitares. Según el presidente de la Corte Suprema, Augusto Ibáñez, de esta manera Colombia se ceñiría a los pactos internacionales que ha firmado para el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario, en casos de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra.
Las comisiones de la verdad se han establecido en Chile, Argentina, Perú o Guatemala y han sido constituidas por organizaciones de víctimas, representantes del Estado e investigadores sociales.
Según el alto tribunal es necesario convocar a los tres poderes y a las organizaciones civiles que han hecho parte en el proceso de Justicia y Paz.
La providencia de la Corte surgió al decretar la nulidad de los cargos formulados en contra del paramilitar desmovilizado del Bloque Calima, Gian Carlos Gutiérrez Suárez. Para la Corte, si bien el proceso de Justicia y Paz puede servir para establecer una verdad judicial y determinar quién fue el culpable de asesinatos, desplazamientos y desapariciones, las versiones libres no han logrado hasta el momento establecer una verdad histórica.
El caso que sirvió para sentar esta nueva jurisprudencia es el de un desmovilizado de las Auc que delinquió en los municipios de El Tambo y El Bordo en el Cauca, cuyo proceso de imputación parcial de cargos había sido demandado ante un Tribunal de Justicia y Paz después de confesar sus crímenes en versión libre.
Según los defensores de las víctimas de Gian Carlos Gutiérrez, que asesinó la sindicalista Carmen Opungo en septiembre de 2001, el paramilitar no estaba realmente comprometido con esclarecer los crímenes en los que había participado."La versión de Gutiérrez era que sólo seguía órdenes. Aceptaba su participación en los crímenes pero no añadía mucho más y así no se puede establecer la verdad" declararon los abogados de las víctimas.
Para Luis González, coordinador de Justicia y Paz de la Fiscalía, convocar a una Comisión de la Verdad para los crímenes de paramilitares es compatible con el proceso judicial. "Debe contemplarse una comisión, no es incompatible, está dentro de los instrumentos para lograr la paz del país", a lo que agregó que ésta ayudaría a resolver los crímenes de los paramilitares. "En otros países no se ha exigido lo que se ha hecho en Colombia, vincular a todos los actores para aplicar justicia."

Delitos de Lesa Humanidad
La providencia de la Corte también establece que los congresistas vinculados con grupos paramilitares serán juzgados como coautores de delitos de lesa humanidad y, eventualmente, de narcotráfico.
Según declaró el presidente de la Corte, Augusto Ibáñez, se decidió "aplicar al proceso de Justicia y Paz un estándar internacional a los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra. También hay que adoptar una postura sobre los aparatos de guerra siguiendo estos estándares. La postura además insta el gobierno para que en el concepto sociológico e histórico se convoque una comisión de la verdad".
El concepto de "aparato militar" de las autodefensas incluye, según la Corte, paramilitares desmovilizados pero también todo aquel que por acción, complicidad o omisión colaboró con los paramilitares.
Así los parapolíticos y los empresarios que colaboraron con los ‘paras’ ya no sólo serían juzgados por concierto para delinquir sino que podrían ser acusados de homicidio, desplazamiento, desaparición forzada e incluso narcotráfico. Ibáñez admitió que los congresistas que establecieron alianzas con grupos armados ilegales se harían responsables de varios de los delitos cometidos por tales organizaciones en el marco de la consolidación de su aparato delictivo.
"Si el aparato de guerra se lucra por el narcotráfico, obviamente, los vinculados a la parapolítica podrían ser juzgados por ese delito", sostuvo Ibañez.
Ibañez añadió que "esta providencia se va aplicar a toda persona que se encuentre dentro del marco específico del aparato de guerra. Es decir la aquiescencia, la determinación, la conveniencia y toda persona que tuvo relación con el aparato de guerra".

22 de septiembre de 2009
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inconsistencias del das


Con pruebas técnicas, el DAS busca demostrar que las grabaciones ilegales denunciadas por SEMANA el pasado 29 de agosto, no las hizo la entidad. Vea por qué las explicaciones no son consistentes.
Colombia. Las primeras conclusiones del grupo especial que el DAS conformó para investigar lo que sucedió con las interceptaciones ilegales que este organismo hizo hace unos meses determinaron que estas ‘chuzadas’ no se hicieron ni por personal del DAS, ni con equipos inventariados del organismo.
La revista SEMANA, en su edición 1426 del 29 de agosto, publicó en el artículo "Increíble...siguen chuzando" algunas grabaciones que comprometían al organismo de inteligencia: "seguimientos con detectives activos o retirados, utilización de vehículos con fachada de taxi y de empresas de telecomunicaciones, y el uso de equipos de interceptación que no están en los inventarios oficiales hacen parte de los métodos utilizados", dice el artículo.
Según dijo hoy el director del DAS, Felipe Muñoz, esto no es cierto y basó sus explicaciones en el peritaje que hizo el Área de Acústica Forense del Grupo de Criminalística del DAS.

Argumento 1: la buena calidad no es del DAS
 "Las grabaciones publicadas por el medio de comunicación son de excelente calidad y los equipos móviles de monitoreo con los que cuenta el DAS no permiten obtener una calidad auditiva perceptual óptima", dijo Muñoz en un comunicado.
Si bien es cierto que hay aparatos en el DAS que no graban bien, hay otros que sí lo hacen. De esto tiene amplia prueba la Fiscalía que tiene en sus expedientes del caso DAS, grabaciones nítidas de interceptaciones ilegales hechas por equipos del DAS.

Argumento 2: La grabaciones no se pueden sacar de los equipos
La segunda conclusión de los investigadores es que "las grabaciones realizadas desde los equipos móviles de monitoreo del DAS no se pueden abrir o reproducir en computadores convencionales, sino exclusivamente en el mismo equipo debido a que poseen una encriptación específica".
La conclusión es apresurada o ingenua si se piensa que por más codificada que esté la información, ésta puede ser copiada, por ejemplo, grabando a través de los parlantes o audífonos de los equipos de interceptación.

Argumento 3: el DAS no graba en .mp3
Por otro lado, el organismo de seguridad consultó a Sergei Koval, quien ha sido contratista del DAS. Él concluye que las grabaciones publicadas por SEMANA no se realizaron desde las salas de la entidad porque los formatos dados a conocer no son iguales a los de las salas del organismo.
Puede que los formatos de grabación de las maquinas de interceptación sea sólo uno, sin embargo, un audio que es grabado por ejemplo en formato wav, puede fácilmente ser convertido a mp3, mp4 o wma, o viceversa. En la web abundan los convertidores gratuitos.

Argumento 4: Los carros ’gemelos’ no los pueden mover
Y por último, sobre los vehículos que el DAS ‘gemelió’ para utilizarlo en labores de inteligencia haciendolo pasar como el carro de una empresa de servicio celular, el director del Departamento dice que tiene la certificación de Colvista, la empresa proveedora de estos vehículos al DAS, según la cual se "afirma que los equipos (el carro que aparece en las fotos de SEMANA) que según los medios fueron escondidos en la escuela Aquimindia, no pueden ser movidos y/o utilizados por funcionarios del DAS, como quiera que están en proceso de verificación y no han sido entregados a la entidad".
Tal vez eso sea cierto, sin embargo, si es así, aún queda la pregunta que no ha podido ser respondida de por qué esos vehículos se encontraban dentro de la escuela Aquimindia.
Además de la debilidad aparente de muchos de los argumentos que exhibe el DAS para justificar por qué las grabaciones no se hicieron con sus equipos o su gente, se suma un elemento adicional: el informe sobre las irregularidades en el DAS lo elaboraron los mismos miembros del Departamento Administrativo de Seguridad.

22 de septiembre de 2009
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uribe anuncia fin del das


¿Se acaba el DAS? El jueves pasado el presidente Álvaro Uribe anunció el cierre del DAS. Al día siguiente el director de ese organismo, Felipe Muñoz, dijo en una rueda de prensa que esta semana presentará al Congreso un proyecto de ley que permita crear una nueva agencia de inteligencia.
Colombia. Al caer la noche del viernes pasado el director del Departamento Administrativo de Seguridad -DAS-, Felipe Muñoz, convocó de urgencia una rueda de prensa en el Palacio de Nariño. Los periodistas pensaban que la razón de la convocatoria era dar algunas explicaciones sobre los avances de las investigaciones relacionadas con el escándalo de interceptaciones y seguimientos ilegales que han sacudido a esa entidad durante los últimos ocho meses. Estaban equivocados. El funcionario anunció que el DAS tal y como lo han conocido los colombianos durante más de medio siglo desaparecerá. Muñoz explicó que esta semana se presentará ante el Congreso un proyecto de ley para que le otorgue facultades extraordinarias al Presidente de la República con el fin de liquidar esa entidad y dar paso a la creación de un nuevo servicio de inteligencia para el país.
En la conferencia de prensa explicó que varias de las funciones que viene desempeñando ese organismo pasarán a manos de la Policía Nacional, entre las cuales estarían la Interpol y los servicios de protección. Las labores y los funcionarios que desarrollaban funciones de policía judicial serán asumidos por el CTI de la Fiscalía y la Dijín de la Policía. Muñoz explicó que como parte de la reubicación laboral de los 6.500 empleados del DAS también se harían alianzas con el Sena y la Superintendencia de Vigilancia para garantizar el trabajo de un alto porcentaje de integrantes del organismo de seguridad. Finalmente dijo que la nueva agencia que será creada estará encargada solamente de labores de inteligencia y contrainteligencia estratégica para el Estado. El anuncio de la desaparición del DAS ocurrió menos de 24 horas después que el presidente Álvaro Uribe hizo un sorpresivo anuncio.
El jueves, durante una conferencia en el Gimnasio Moderno en el norte de Bogotá, el mandatario dijo que: "ya soy partidario de eliminar la institución y dejar una pequeña entidad prestando unos servicios migratorios, de inteligencia, que puede ser manejada por la Policía", Las palabras de Uribe causaron desconcierto en varios sectores ya que fue la primera vez, en sus casi siete años de gobierno, que contempla la posibilidad de cerrar ese organismo de inteligencia que tiene más de 50 años de historia. Nunca, ni siquiera durante los graves escándalos que sacudieron al DAS por la infiltración del paramilitarismo en la administración de Jorge Noguera, el Presidente había contemplado la idea de clausurar esa entidad. Aunque de las palabras a los hechos hay mucho trecho, el anuncio en sí reveló el grado de preocupación por parte del gobierno sobre un problema que, aunque lleva varios lustros, ha revivido con fuerza a raíz de las denuncias que desde febrero pasado ha hecho SEMANA sobre seguimientos e interceptaciones ilegales a magistrados, periodistas, políticos de oposición y ONG, entre otros.
El anuncio de Uribe ocurrió una semana después de un fuerte comunicado del Departamento de Estado de Estados Unidos en el que calificó de "alarmante e inaceptable" el tema de las interceptaciones y de que el influyente diario estadounidense The New York Times también publicó un artículo en el mismo sentido. Esas, entre muchas otras voces de reclamo de la comunidad internacional por lo que ocurre en el DAS, se sumaron a las denuncias internas y a los problemas estructurales que tiene ese organismo de inteligencia y han llevado al presidente Uribe a anunciar el cierre de la entidad como una forma de buscarle una salida a una ’papa caliente’ que puede volver a estallar,
No es la primera vez que se tratan de hacer reformas profundas al DAS. De hecho ese organismo puede ser una de las entidades sobre la cual hay más estudios, diagnósticos y análisis sobre las razones de sus crisis. Sin embargo, todas las propuestas de los notables y demás comisionados que han hecho recomendaciones han terminado en letra muerta o engavetados.
"Los niveles de penetración hacen que el DAS, en lugar de proteger, sea un enorme boquete en la seguridad del Estado. La tentación es siempre cambiar las cabezas para recuperar legitimidad, pero esas soluciones corren el riesgo de convertirse en soluciones de vitrina que no hacen más que prolongar la agonía. En un contexto como este, no es extraño que cada tanto tiempo salga a la luz pública un escándalo de grandes proporciones. El asunto no es simplemente cambiar de dirección o de estructura. Hay problemas que no se resolverán con una mejor gerencia. Más que una reingeniería, posiblemente se necesite hacer borrón y cuenta nueva". Si bien lo anterior se ajusta en gran parte a la situación actual del DAS, la realidad es que se trata de un fragmento de un juicioso análisis realizado hace más de tres años, en marzo de 2006, por la Fundación Ideas para la Paz, dirigida en ese entonces por el actual viceministro de Defensa, Sergio Jaramillo. Como éste fueron varios los diagnósticos que se han hecho en los últimos años sobre el DAS, pero había sido poca la voluntad de los últimos gobiernos para tomar cartas en el asunto.
El anuncio de la semana anterior por parte del Presidente, y la confirmación del director de esa entidad, parecerían indicar que finalmente se ha empezado a tomar cartas en el asunto. Lo importante, sin embargo, es que esta vez las cosas no sólo queden en comunicados de prensa que se olvidan con el paso del tiempo. Hoy, al igual que en la época del hoy ex director Jorge Noguera, diversos sectores reclaman nuevamente no sólo cambios en el DAS efectivamente se produzcan, sino que exigen a la justicia que se conozcan los verdaderos responsables de los seguimientos, interceptaciones y otras actividades ilegales. No es una tarea fácil, pero es un desafío impostergable.

21 de septiembre de 2009
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