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violencia sexual como arma de guerra


La ONG Oxfam presenta este miércoles su informe sobre cómo se ha utilizado la violencia contra las mujeres en el conflicto y recomienda a los gobiernos de la Unión Europea presionar para que se acabe la impunidad.
Colombia. "Era de noche. Llegaron dos hombres armados que vestían prendas militares camufladas y armas. Se identificaron como paramilitares. Se llevaron a mi esposo afuera de la casa y todo del tiempo le apuntaron con el arma. Yo logré calmar a la niña y la arrullé hasta que se durmió. Entonces el hombre me sacó de la habitación y me llevó al corredor para interrogarme y me amenazó con matarme. Me quitó la ropa, me tapó la boca y me violó. Luego me dijo que me vistiera y que "aquí no pasó nada. Las mujeres, al fin y al cabo, son para esto".
Experiencias como ésta, relatada por una mujer del Catatumbo, en Norte de Santander, han sido vividas por muchas mujeres en el largo conflicto colombiano.
Durante todo este tiempo, aunque pocos en el país lo sepan o lo crean, "la violencia sexual es empleada como arma de guerra por todos los grupos armados (fuerzas militares del Estado, paramilitares y grupos guerrilleros)", según dice el informe ‘La violencia sexual en Colombia, un arma de guerra’, presentado este miércoles por la ONG Oxfam Internacional a los gobiernos de la Unión Europea.
Son arma de guerra porque, de acuerdo con aquel estudio, sirven para sembrar terror en las comunidades, como métodos de tortura, control sobre la población, de imponer las conductas que los grupos armados quieren o como venganza o presión para lesionar a los integrantes del bando enemigo.
"El uso de esta violencia, lejos de ser esporádico, se ha convertido en una práctica sistemática y generalizada que ha pasado a formar parte integral del conflicto armado", describe el informe de Oxfam. Y critica que "a pesar de ello, la impunidad que reina en el país frente a este delito ha convertido a la mujer colombiana en víctima oculta de este conflicto".
Precisamente por esa falta de denuncia, no se sabe a ciencia cierta cuántas víctimas de estos delitos hay. Pero sí se conocen impresionantes atrocidades que les están ocurriendo a las mujeres que viven en zonas donde están en combates guerrillas, paramilitares y bandas privadas de narcotraficantes. Incluso también hay casos que involucran a miembros de la Fuerza Pública.

Todos Son Victimarios
La relatora especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra la mujer documentó en regiones en conflicto casos de mujeres que son obligadas por grupos armados a trabajar como prostitutas. Otras son violadas o víctimas de abusos sexuales con objetivos militares, como presionar para obtener información o agredir al enemigo cuando la mujer es pariente o compañera de un integrante del bando adversario o para atemorizar a sus vecinos. Otras mujeres, casi siempre integrantes de algún grupo, son obligadas a usar métodos anticonceptivos contra su voluntad o, incluso, a abortar. Y muchas, simplemente, son violadas para satisfacer a los combatientes, sin ningún objetivo adicional.

Una mujer chocoana relató que se unió a la guerrilla de las Farc cuando tenía 13 años cansada de los malos tratos de su padre. Pensaba que podía ser respetada si portaba un arma. Cuando tenía 19 años, el comandante del grupo guerrillero al que pertenecía se aprovechó de su rango y se la llevó a solas para violarla. Después la golpeó y la mandó a la casa.
Le puso como tarea seducir a un militar del ejército para conseguir información para la guerrilla. Ella lo hizo, pero su comandante no quedó contento porque el soldado era de rango bajo. Entonces fue a buscarla a su casa y empezó a hablarle en malos términos. El padre de la muchacha intervino y el guerrillero lo mató y la amenazó a ella para que no contara nada.

Una mujer de Putumayo cuenta que "a mi hija de 13 años se la llevaron por ocho días. Cuando fui a la Policía, me dijeron que pronto aparecería. La niña logró hacerme una llamada. Lloraba y decía que no podía decirme nada. Me la regresaron en un taxi por la noche. A ella la tuvieron en una casa de prostitución que los paramilitares controlaban. La chica no quiere hablar, tiene como miedo de contar. A otra chica de 14 años le pasó lo mismo. La tuvieron vendada en una casa de citas por 15 días. La amenazaron que la mataban si contaba algo. La chica quedó embarazada y ahora el niño tiene un mes y medio".

También se han documentado denuncias por abusos de militares. "La otra vez llegaron a una casa, al señor lo amarraron, le cogieron a la señora y a una hija y las violaron delante de él y los otros hijos. Ella dice que poner la denuncia y decir que el Ejército hizo eso es como decir que va a buscar el camino a la muerte", contó a la relatora un testigo de los hechos.

Pocas Denuncias
Definitivamente, el temor a denunciar es una constante después de estas agresiones. Según el informe de Oxfam, sólo nueve de cada 100 mujeres víctimas de alguno de estos delitos acuden a las autoridades.
De los pocos hechos que se han denunciado, la Corte Constitucional recopiló 183 testimonios de ataques sexuales cometidos desde 1993 para emitir el Auto 092 de 2008, que ordena proteger a las mujeres víctimas del conflicto. De esos casos, que fueron recopilados por organizaciones civiles, el 58 por ciento fueron cometidos por paramilitares; el 23 por ciento, por integrantes de la fuerza pública, y el 8 por ciento, por guerrillas.
Según Claudia Ramírez, de la organización Sisma Mujer, gracias al proceso de Justicia y Paz las mujeres han denunciado más a los paramilitares. Pero también se conocen muchos casos de hechos parecidos cometidos por las guerrillas.
"Entre los datos que nosotros recogemos y las denuncias que hacemos sin ninguna esperanza de justicia, sólo para beneficio de la memoria, hemos recogido muchas denuncias de violencia por parte de la guerrilla", explica sobre la abismal diferencia entre las cifras de casos de paramilitares y grupos insurgentes.
En su informe, Oxfam concluye que "la persistente ocultación y negación de este delito por parte del Estado colombiano ha permitido perpetuar un entorno de impunidad en el que este tipo de delitos no se investigan, ni se enjuician, ni se castiga a los responsables".
Y es que, de acuerdo con personas que conocen los casos, en el sistema de justicia que tiene el país es muy complicado lograr que se juzguen a los integrantes de grupos armados responsables de estas agresiones contra las mujeres.

Denunciar, una Odisea
Olga Amparo Sánchez, de la Casa de la Mujer, dice que las mujeres pocas veces denuncian porque no saben ante quién tienen que hacerlo. "Empiezan a deambular por cada una de las instituciones y a contarle a cada funcionario su situación y cada funcionario a hacer una interpretación de lo que pasó. Y existe la costumbre de pensar que a las mujeres les suceden este tipo de agresiones por su culpa, por haber estado donde no debían, o, cuando son niñas, porque los padres las entregaron y entonces es como si por eso dejaran de ser víctimas. Esa es una forma de revictimización. La mujer no sólo termina siendo víctima del delito, sino de cada uno de los funcionarios", comenta.
Alejandro Matos, de Oxfam, dijo que cuando por fin encuentran dónde poner sus denuncias, hay mujeres que no reciben la atención más adecuada. "Hay casos de mujeres que tienen que contarle al celador lo que les pasó porque él es quien tiene que decirle hacia dónde tiene que ir". Y explica que fuera de tener que responder preguntas incómodas en los interrogatorios, "tenemos el caso de una mujer que, dando el testimonio en la Fiscalía, se puso a llorar y le dijeron ‘aquí no vino a llorar. Cuente los hechos’".
Además de la evidente falta de preparación de los funcionarios que tienen que recibir los testimonios de estas víctimas, Claudia Ramírez, de Sisma Mujer, dice que está claro que otro obstáculo para denunciar es la poca credibilidad en las instituciones. "En algunas partes del país, tan pronto como la víctima denuncia, se entera el victimario", dice, y agrega que, en ese sentido, falta mucha protección para quien se atreve a ir a dar su testimonio ante los organismos del Estado. A todo esto, suma la falta de justicia. Pocas veces hay condenas para los responsables.
Ramírez, Sánchez y Matos coinciden en que la Fiscalía sí ha hecho algunos esfuerzos para capacitar a su personal sobre cómo atender a estas víctimas y sí ha destinado a algunos funcionarios para que se encarguen de esta labor. Pero, dicen, son capacitaciones esporádicas que "no han ayudado mucho a resolver la situación de las víctimas, pero sí a presentar avances ante la comunidad internacional", de acuerdo con Sánchez.

"Hay Que Presionar"
La ONG Oxfam, que goza de mucha credibilidad en el viejo continente, tuvo en cuenta todas esas situaciones para el informe que está presentando ante los gobiernos europeos, con la recomendación de que actúen para que se acabe esta impunidad. Concluyó que "la suma de todos estos factores ha hecho, por un lado, que este tipo de violencia se haya ‘normalizado’ dentro de la sociedad colombiana y muchas de las mujeres no se consideren víctimas porque no creen o no saben que la violencia sexual sea un delito. Por otro, esta estrategia de invisibilización de la violencia sexual lo que ha logrado es silenciar a la mujer y condenarla al olvido".
Las recomendaciones de Oxfam tienen peso ante las autoridades europeas, tanto que según informó en su momento, el embajador en Colombia, Jonathan Glennie, la decisión del gobierno británico de no enviar a Colombia plata para la lucha contra las drogas sino para la defensa de los derechos humanos se basó en informaciones de Oxfam y otras ONG.
"Ante esta situación la Unión Europea y España, en concreto, deben presionar al Estado colombiano para que ejerza su responsabilidad de proteger a la población civil, ponga fin a esta dramática situación y castigue a los perpetradores", propone Oxfam al final de su informe.

9 de septiembre de 2009
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colombia despenaliza consumo personal


La Corte Suprema de Colombia determina que el consumo de drogas no es un delito.
Bogotá, Colombia. La Corte Suprema de Justicia de Colombia emitió un fallo en el que dictamina que la tenencia y el consumo personal de drogas no es un delito, ratificando así la línea de despenalización fijada en este sentido por la Corte Constitucional en 1994.
El fallo, difundido hoy por Caracol Radio, dice que el consumo de drogas "genera en la persona problemas de adicción y esclavitud que la convierten en un enfermo compulsivo merecedor de recibir tratamientos médicos terapéuticos antes que un castigo, pena o reducción a un establecimiento carcelario".
Los hechos que motivaron la sentencia responden a la detención de un hombre que portaba 1,3 gramos de cocaína, cuya liberación y absolución ordena así el alto tribunal.
En un fallo histórico, la Corte Constitucional de Colombia despenalizó en 1994 la tenencia y consumo de droga, que no puede exceder unos máximos fijados por la ley.
Sin embargo, el Gobierno que preside Álvaro Uribe impulsa actualmente una reforma a la Constitución para penalizar el consumo y tenencia personal de sustancias estupefacientes o psicotrópicas.
La Cámara de Representantes aprobó en junio pasado el proyecto de ley que recoge esa reforma, que está siendo estudiado ahora por una comisión del Senado.
"No le incumbe al derecho penal este tipo de casos, pues se trata de un comportamiento que corresponde al exclusivo ámbito" de la libertad individual, dice la Corte Suprema colombiana en el fallo conocido hoy.
Agrega que "en el ejercicio de sus personales e íntimos derechos el acusado no afectó los ajenos, no produjo daño ni peligro de menoscabo al bien jurídico de la salud pública".
Por ello, la Corte concluye que el comportamiento del acusado "no puede ser objeto de ninguna sanción".
Argentina se sumó a finales de agosto pasado a los países de América Latina que han despenalizado el consumo privado de drogas blandas, también con un histórico fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró la inconstitucionalidad del castigo penal a la tenencia de este tipo de sustancias.
En una decisión no exenta de polémica, la Corte Suprema argentina declaró "inconstitucional" el castigo penal del consumo de marihuana en adultos, condicionado al ámbito privado y sin peligros para terceros, aunque no ordenó la despenalización general del consumo de ésta ni de otras drogas.

9 de septiembre de 2009
©efe
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más detalles sobre conspiración uribista


Un ex funcionario de inteligencia asegura que Colombia conspiró contra Chávez.
Bogotá, Colombia. El gobierno del presidente Álvaro Uribe auspició "toda una conspiración" contra el mandatario venezolano, Hugo Chávez, que incluyó el envío de paramilitares y contemplaba el asesinato de personalidades, aseguró Rafael García, ex jefe de informática del servicio de inteligencia colombiano.
El fiscal general en funciones, Guillermo Mendoza, señaló hoy a la emisora radial RCN que las declaraciones de García "han conducido a numerosas investigaciones, a acusaciones y hasta sentencias condenatorias", pero en "otras ocasiones no se le ha creído".
García dijo en entrevista con el informativo de televisión Noticias Uno que del plan para derrocar y asesinar a Chávez hacían parte el ex director del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) Jorge Noguera, preso por sus presuntos nexos con paramilitares, y el Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
"Hubo toda una conspiración contra el gobierno venezolano, del cual hasta donde yo sé participaron facciones del Bloque Norte y del DAS, y también eran estimuladas por el ex ministro (del Interior) Fernando Londoño", dijo.
El ex funcionario del DAS agregó que en el plan participaron además personas de Venezuela, como ganaderos de la zona fronteriza, e incluso afirmó que Rafael Alonso, hermano de la cantante y actriz cubano-venezolana María Conchita Alonso, recibió en su finca una avanzada de 70 paramilitares que fueron capturados por las autoridades.
Dentro del plan también estaba el "saboteo del aparato productivo de Venezuela" y a raíz de eso "se produce un paro en 2002 que le causa un enorme daño", agregó.
Entre los planes, según García, se "contemplaba asesinar personas representativas con el ánimo de causar zozobra en la sociedad venezolana".
"Muchos explosivos fueron pasados por funcionarios del propio DAS por allá en el puesto fronterizo de Paraguachón en presencia mía, yo lo vi cuando lo pasaron", agregó.
García dijo que para concretar ese plan el ex director del DAS Jorge Noguera creó un grupo y quedó bajo el mando de Jacqueline Sandoval "y como premio a su labor Jorge la nombró primera subdirectora de contrainteligencia y luego directora general operativa".
Los principales objetivos del grupo eran el presidente Chávez, su ex vicepresidente José Vicente Rangel, el ex ministro de Interior Jessi Rodríguez Chacón y el fiscal general Isaías Rodríguez, precisó García.
García ya había hecho denuncias sobre un presunto complot del DAS y los paramilitares contra el gobierno venezolano, pero los detalles y nombres de los involucrados solo los conocía la fiscalía.
Mendoza dijo que a García se "le ha prestado atención en todo lo que ha dicho".
"Casi todos esos hechos han sido investigados o se encuentran en proceso de investigación", afirmó.
Mendoza explicó que el solo testimonio que rinda una persona no puede acogerse simplemente y se deben corroborar algunas circunstancias para aclarar lo dicho.
Las declaraciones de Rafael García han conducido "a corroborar parte de lo que ha dicho y en otras ocasiones no se le ha creído", puntualizó.
La versión de García coincide con la que dio el presidente Chávez en la cumbre de Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) el pasado 28 de agosto en Argentina sobre el supuesto plan urdido en su contra desde Colombia.

8 de septiembre de 2009
©efe 
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uribe conspiró para matar a chávez


Fiscalía investiga declaraciones de ex jefe informático del DAS sobre conspiración contra Chávez. Rafael García dijo nuevamente que el gobierno de Colombia participó en los hechos.
Bogotá, Colombia. El fiscal general en funciones, Guillermo Mendoza, señaló esta mañana a la emisora radial RCN que las declaraciones de García "han conducido a numerosas investigaciones, a acusaciones y hasta a sentencias condenatorias", pero "en otras ocasiones no se le ha creído".
García ya había hecho denuncias sobre un presunto complot del DAS y los paramilitares contra el Gobierno venezolano, pero los detalles y nombres de los involucrados solo los conocía la Fiscalía.
Mendoza explicó que el solo testimonio que rinda una persona no puede acogerse simplemente y se deben corroborar algunas circunstancias para aclarar lo dicho.
Según García,  el gobierno del presidente Álvaro Uribe auspició "toda una conspiración" contra el mandatario venezolano, que incluyó el envío de paramilitares y contemplaba el asesinato de personalidades.
En entrevista con el informativo de televisión Noticias Uno, aseguró que del plan para derrocar y asesinar a Chávez hacían parte el ex director del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) Jorge Noguera, preso por sus presuntos nexos con paramilitares, y el Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). También era estimulado, según él, por el ex ministro (del Interior) Fernando Londoño".
Agregó que en el plan participaron además personas de Venezuela, como ganaderos de la zona fronteriza.

7 de septiembre de 2009
©el tiempo
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confesó que financiaba a paramilitares


Ganadero Gallón Henao acepta que financió paramilitares. El ganadero y caballista Santiago Gallón Henao aceptó ante un Fiscal Especializado de Medellín que en el pasado financió varios bloques paramilitares que operaron en diversas regiones de Antioquia.
Medellín, Colombia. Ante la Fiscalía 29 Especializada de Medellín, Gallón Henao admitió que hizo acuerdos económicos con los comandantes de los bloques Metro de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) y Suroeste, Central Bolívar, Cacique Nutibara y Héroes de Granada a finales de la década de los años 90.
Durante la aceptación de cargos, el ganadero narró que por presiones y amenazas le tuvo que pagar extorsiones a las guerrillas de las Farc y el Eln en los municipios de San Roque y Caracolí, nordeste antioqueño, durante buena parte de los años 90. Luego, cuando llegó a esa subregión del departamento el Bloque Metro de las Accu, liderado por Carlos Mauricio García, alias Doblecero, acordó tributarle a este grupo paramilitar.
Además, admitió que con posterioridad alcanzó acuerdos de pago con Vicente Castaño Gil y Rodrigo Zapata, quienes comandaban el bloque Suroeste de las Auc, que operaba justamente en esa subregión de Antioquia, donde el caballista tenía varias propiedades rurales, en particular en los municipios de Titiribí, Amagá y Angelópolis.
El caballista también admitió ante la Fiscalía 29 Especializada de Medellín que participó en la financiación de los bloques Central Bolívar, Cacique Nutibara y Héroes de Granada, que operaron en las subregiones del Nordeste, Valle del Aburrá y Oriente del departamento.
Gallón Henao fue puesto preso el 10 de julio pasado, cuando se presentó de manera voluntaria ante la Fiscalía General de la Nación para ser escuchado en indagatoria. En ese momento, tenía vigente una orden de captura, la cual se hizo efectiva ese mismo día. El 21 de julio se le resolvió su situación jurídica, consistente en medida de aseguramiento de detención preventiva.
Santiago Gallón Henao, junto con su hermano Pedro David, es un reconocido socio de la Asociación de Caballistas de Antioquia (Asocaba); tuvo en el pasado negocios con empresas familiares del presidente de la República Álvaro Uribe Vélez, siendo una de las transacciones más conocidas la compra de una parte de la hacienda Guacharacas, en San Roque, donde fue asesinado Alberto Uribe, papá del mandatario, el 14 de junio de 1983, al parecer por un comando de las Farc.
Ex integrantes de la llamada Oficina de Envigado cercanos a las Auc y que ahora se encuentran en el exilio aseguran que en predios de la finca El Socorro, de propiedad de Gallón Henao y ubicada entre los municipios de Amagá y Angelópolis, se instaló la primera escuela de entrenamiento que tuvo el bloque Suroeste de las Auc.
A esta sindicación también se sumó el paramilitar Rodrigo Zapata, capturado el 19 de marzo pasado en Bogotá y hombre de confianza de Vicente Castaño Gil. Ante la justicia, aseguró que el caballista fue uno de los financiadores de ese bloque.
Al aceptar el cargo de concierto para delinquir agravado en calidad de financiador de grupos paramilitares, Gallón Henao se acogió a sentencia anticipada y ahora espera que un juez especializado profiera la sentencia respectiva.

7 de septiembre de 2009
©verdad abierta
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colombia, país en duelo


La guerra y la violencia han dejado una cicatriz imborrable en la alma de millones de colombianos. Depresiones profundas, pueblos sin vida, desesperanza. ¿Es posible la reparación psicológica?
Bogotá, Colombia. Como espectros que deambulaban por el pueblo. Así encontró la enfermera Adriana Porras a los habitantes de La Libertad, en Sucre, una tarde de junio de 2004. Silenciosos unos, nerviosos los otros. Sus miradas estaban atormentadas. Había miedo y horror. Culpa. Ese día, en un ataque espontáneo y colectivo de furia, se armaron de palos, varillas, escopetas y se convirtieron en una jauría salvaje que terminó linchando a ’Diomedes’, un paramilitar que pretendía continuar la tarea que había iniciado el ’Oso’ siete años atrás: esclavizar y someter al pueblo. Pero antes de lograrlo, se desató la venganza. Lo lincharon. "Pobre gente de La Libertad, lo que la obligaron a hacer", pensó Porras ese día.
Los paramilitares habían matado a más de 50 personas del pueblo. Violaron a las mujeres. Prohibieron llorar y cantar. Se hicieron dueños de todo lo que la gente tenía, fuera la tierra, una bicicleta, o una olla para cocinar. Todo les pertenecía. La gente enterraba a sus muertos en silencio y sin lágrimas. Castigaban a hombres y mujeres con trabajos forzados. Los obligaban a ir a fiestas y bacanales organizadas a la fuerza. Los humillaron y pisotearon su dignidad ante la mirada impávida e indiferente de las autoridades civiles y militares. Por eso cuando empezó el proceso de Justicia y Paz la gente de La Libertad no quería hablar. "Parecían fantasmas. Estaban heridos en el alma", dice Eduardo Pizarro, presidente de la Comisión Nacional de Reparación. Cuando un grupo de ellos asistió a la versión libre de el ’Oso’, éste no soportó la impresión de verlos de frente. Tuvo que pedir dispensas y salir a vomitar.
Por todo esto, es que la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación escogió este pequeño caserío, y sus gentes, como el proyecto piloto de reparación psicosocial. Un intento por curar las huellas de la guerra, tanto en la parte física del pueblo que está completamente abandonado, como en sus corazones, donde se instalaron el miedo y la desconfianza, especialmente porque las instituciones con frecuencia, actuaron del lado de sus verdugos.
Pero La Libertad es apenas un ejemplo de una comunidad afectada por la violencia. El drama emocional y psicológico que están viviendo hoy miles de personas en el país alcanza una dimensión de problema de salud pública. Colombia es hoy un país en duelo.
Las mujeres y los niños -que suelen ser los sobrevivientes- tienen marcas psicológicas más profundas. Así lo ha detectado Médicos sin Fronteras de España, entidad humanitaria que brinda atención en salud a comunidades en medio del conflicto o desplazadas y que desde 2005 tuvo que abrir en Soacha y Caquetá, un departamento de psicología, pues encontraron que muchas de las enfermedades de la gente provenían del duelo: jaqueca, insomnio, nervios, desesperanza, son los síntomas más frecuentes. Sólo en Soacha entre 2004 y 2008 atendieron más de 3.288 consultas psicológicas, de las cuales un 13 por ciento tenía que ver directamente con el duelo, un 12 por ciento con trastornos del estado de ánimo, y un 10 por ciento con ansiedad. En Caquetá se encontraron, por ejemplo, muchos casos de mujeres afectadas por la depresión y los hombres por la ansiedad. Casi siempre estas son secuelas de la muerte, el desplazamiento o el asedio constante de la guerra. "Pero el mayor reto es el duelo suspendido", dice María Cristóbal, responsable de salud mental de MSF en Caquetá. Esto ocurre cuando hay desaparecidos.

El Cuerpo Es Todo
Para los familiares del desaparecido nunca hay alivio. Eso lo sabe muy bien José Daniel Álvarez. En enero de 1990 su papá fue desaparecido por los paramilitares junto a otros 42 hombres de Pueblo Bello, en el Urabá antioqueño. Se trataba de una retaliación de Fidel Castaño por el robo de 43 cabezas de ganado. Pocos días después fueron exhumados varios cuerpos en la finca Las Tangas. El cuerpo del papá de José Daniel no se encontró, pero sí se hallaron los cadáveres de dos hijos de Don Renato, un campesino de la región. "Él se sumió en una profunda tristeza hasta que un día se le vio afilando su machete. Cuando menos pensaron sus familiares, se lo pasó por la garganta", cuenta José Daniel. Este no fue el único suicidio. Cuatro años después de los hechos, un niño de 11 años se obsesionó con el regreso de su hermano mayor, también desaparecido. Al final el menor se colgó de una cuerda en su casa.
"Los familiares suelen sentir culpa y negación de los hechos", dice Liz Arévalo, directora de la Fundación Vínculos, que actualmente trabaja en el proyecto de recuperación emocional de 450 familiares de estos desaparecidos, en cumplimiento de una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Es la primera vez en 20 años que un sicólogo habla con ellos. Lo que ha encontrado Arévalo es que la gente nunca volvió a hablar del problema, y ahora que lo hacen, lo reviven como si fuera ayer. Igual pasa con víctimas de otras masacres como las de Ituango y La Rochela, que también deben ser reparados, de acuerdo con la Corte.
Por esa necesidad de hablar y de buscar a su padre, José Daniel fundó la organización Familiares Colombia, que busca darles apoyo a las familias de desaparecidos. Otra de las líderes de este grupo es Gladys López, quien todavía habla con voz ahogada y llora, cuando se menciona a su padre, un dirigente agrario del Partido Comunista que hace 24 años fue desaparecido en Puerto Boyacá. Tenía 78 años cuando los paramilitares se lo llevaron metido en un costal.
Sabe bien que nunca habrá la verdad, pues el responsable, el paramilitar Henry Pérez, está muerto. Tampoco el cuerpo pues su padre fue arrojado al río. "Ni aunque le sacaran el agua al Magdalena encontrarían rastro de él," dice. Gladys ha asistido a muchas terapias individuales y familiares, gracias a varias ONG, pero ha tenido momentos de depresión profunda que literalmente la han incapacitado.

Para ellos el cuerpo lo es todo. Por eso ahora acompañan a otras personas que están pasando por lo mismo. Recuerdan especialmente el caso de Domingo Toro, un viejo campesino de 75 años, de Chámeza, Casanare, a quien los paramilitares le desaparecieron un hijo en 2004. Su esposa, según él, murió de pena moral. Dos años después el cuerpo fue exhumado y después de varios meses se logró su identificación. Pero aún así no se lo entregaron, por trabas burocráticas en Medicina Legal. Apenas este año, gracias a la intervención de la Defensoría del Pueblo y de varias ONG, logró que le devolvieran el cuerpo. Cuando al fin enterró a su hijo, don Domingo celebró y hasta mató una mamona. Ahora él piensa que puede morir tranquilo.
El tema del duelo es crítico especialmente por la magnitud de las cifras. Existen 49.000 denuncias por desaparición y judicialmente el universo de víctimas ronda las 200.000 personas.
Pero no sólo las desapariciones, las muertes, las masacres y el desplazamiento han dejado almas en pena. Dos de los crímenes que comete con más frecuencia la guerrilla, las minas y el secuestro, así como las muertes en combate, tienen de luto a miles de familias.
El secuestro es una de las experiencias más difíciles de superar. La sicóloga y filósofa Silvia Diazgranados realizó un estudio del caso de 18 soldados que estuvieron secuestrados tres años, después del ataque a Miraflores (Guaviare). Encontró que se les había roto la confianza básica que todo ser humano tiene en los otros, y que le permite vivir en comunidad. Eso se expresó luego en un apego a sus compañeros de cautiverio y un desapego a sus familias y antiguos amigos. "Cuando las personas son sometidas de manera crónica a actos de crueldad e indiferencia humana, la desconfianza marcará su funcionamiento psicológico", dice en un artículo publicado en la revista de Estudios Sociales de la Universidad de los Andes.
Si bien en algunas instituciones como la Policía, el trabajo de acompañamiento a los ex secuestrados y en general a las familias de los agentes que caen muertos es consistente y serio, en las Fuerzas Militares sí hay una gran falencia. Más allá del trabajo de emergencia que reciben las familias, o el apoyo psicológico que hace parte de la rehabilitación a los mutilados por minas, hay poco. Es el obispado castrense el que lo realiza. Luz Dary Cárdenas, sicóloga, dice que es un apoyo que combina lo religioso con lo espiritual. Apenas 30 familias en promedio asisten a las terapias colectivas en Bogotá, y en pocos casos se brinda apoyo individual. "Muchas familias no superan la sensación de que le entregaron un hijo a la patria y que ésta se los devuelve muerto", dice Cárdenas. Cada año mueren o quedan mutilados más de 500 soldados. Esa es la magnitud del drama.

Desprivatizar el Dolor
Pero a pesar de que hay un país en duelo, los recursos para la atención psicosocial son muy precarios. Según la Asociación Colombiana de Siquiatría, el presupuesto para salud mental equivale al 0,1 por ciento del total de los recursos de la salud. Mientras en países como Uruguay son del 8 por ciento o en Brasil del 2,5 por ciento, Rafael Contreras, de Médicos sin Fronteras, dice que la precariedad es tanta, "que las personas que sufren crisis depresivas sólo tienen derecho a dos citas al siquiatra por el Plan Obligatorio de Salud, lo cual es insuficiente". Además de que no hay presupuesto asignado, la Comisión de Reparación sólo cumple una función de orientación de la política en este tema, pero no ejecuta. Tampoco lo hace la Defensoría del Pueblo. ¿Entonces a quién le toca?
Adicionalmente, hay cuestionamientos al enfoque con el que se está trabajando. "Se trata como un problema clínico y no político y social", dice Carolina Morales, sicóloga de la Comisión Colombiana de Juristas. "Se crea la sensación de que la persona está desajustada o está enferma porque tiene un duelo, cuando en realidad la violencia ha desajustado el entorno de la gente y el sufrimiento es una reacción absolutamente normal en ese contexto".
Por eso muchas organizaciones están trabajando para que haya una política seria para el tema psicológico. Un modelo que quieren emular es el chileno. Durante la transición democrática se creó un programa de atención psicológica a víctimas de tortura y familiares de desaparecidos que hace parte del sistema de salud, a través del cual han sido atendidas más de 130.000 personas. Ellos tienen un criterio clave: desprivatizar el dolor. "Asociar sus experiencias traumáticas al contexto social y político para reformular el significado de los hechos. Si el daño envuelve a la sociedad completa, un nuevo contexto social es un elemento importante para el proceso de curación", dice el Ministerio de Salud de Chile al respecto.
En Colombia algunas organizaciones están intentando ’desprivatizar’ el duelo, como la Asociación de Víctimas Visibles, o la funeraria San Vicente de Paúl, en Medellín, que empezó a promover redes de apoyo entre las víctimas de la violencia cotidiana de la ciudad.
La Alcaldía de Medellín creó hace cinco años un programa de apoyo emocional con 10 sicólogos y varios artistas que han realizado talleres con más de 2.500 personas, que busca ’desprivatizar’ el dolor y tejer redes sociales de duelo. Una de ellas es Elda Nelly Aguirre, quien en menos de una década perdió a su hermano menor, a su esposo y a su hijo de 16 años. Durante los últimos cinco años ha asistido a talleres de duelo y ahora ella reúne en su casa todos los martes a un grupo de 12 víctimas que buscan también aliviar su dolor, simplemente hablando sobre él.
Pero para el duelo no bastan los tratamientos clínicos ni las terapias individuales o grupales. La experiencia internacional demuestra que lo más importante es la reparación simbólica, que necesariamente está vinculada a la transición política y en darles reconocimiento a las víctimas. Y eso también está fallando en Colombia. La Ley de Víctimas, por ejemplo, se cayó en parte por una falta de reconocimiento del gobierno sobre los crímenes cometidos por algunos de sus funcionarios. El proceso de Justicia y Paz también deja a las víctimas relegadas. "En las versiones libres no se revierte la relación de poder de víctima y victimario", dice la abogada Omaira Gómez, de la Comisión Colombiana de Juristas. "Los paramilitares dicen lo que quieren y la gente no tiene opción de controvertir con ellos". La atención psicológica que brinda la Fiscalía a las víctimas que se enfrentan a relatos escalofriantes es apenas de emergencia, si alguien entra en crisis.
Pero lo más importante para que haya verdadera reparación psicológica es que el miedo desaparezca. Sólo si cesa la violencia, la gente puede hacer el duelo tranquilamente, hablar del pasado, y convertir su trauma en memoria. Y eso en Colombia está lejos. Basta con saber que el proyecto piloto de reparación psicosocial de La Libertad, que ya tiene un presupuesto de 150 millones de pesos y un plan diseñado, tuvo que congelarse temporalmente porque los líderes han sido amenazados de muerte.

7 de septiembre de 2009
©semana 
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cae un jefe de las farc


Cae jefe de las Farc que sembró el terror en Landázuri.
Colombia. Once meses tardó la Policía en dar con el paradero de Carlos Iván Peña Orjuela, alias ‘Alberto Chaparro’, presunto jefe del frente 23 de las Farc, a quien se le acusa de ser el responsable del grupo que sembró cientos de minas antipersona en el sur de Santander que causaron 150 víctimas, incluyendo varios niños.
De acuerdo con las investigaciones, ‘Chaparro’ fue sucesor de Pastor Alape en el Estado Mayor del Bloque Magdalena Medio. Hay siete órdenes de captura en contra suya por rebelión, terrorismo, homicidio agravado y extorsión, relacionados con hechos tan graves como el atentado que el 9 de mayo de 2007, en un paraje de Landázuri, Santander, cobró la vida de nueve policías del Escuadrón Móvil de Carabineros y de la Policía departamental que acompañaba a un grupo de erradicadores.
Las autoridades también lo acusan de ser autor material e intelectual de varios ataques a la fuerza pública, así como de múltiples extorsiones a comerciantes de Barbosa, Landázuri y Vélez, en el mismo departamento. También era uno de los 10 guerrilleros más buscados en Boyacá.
Se le señala de ser el responsable de una incursión en el casco urbano de Albania, donde murieron dos agentes y seis más resultaron heridos. Y como integrante de las fuerzas especiales del Bloque Magdalena Medio lideró varias incursiones y atentados de impacto en el noreste de Antioquia y el Sur de Bolívar.
El seguimiento a Peña Orjuela comenzó en octubre del año pasado cuando miembros de inteligencia de la Policía forzaron el desplazamiento del guerrillero desde Landázuri hacia el centro del país. Al cabo de cuatro operaciones y producto de la presión policial, alias ‘Alberto Chaparro’ fue localizado en una vivienda del barrio Los Olivos, en el sector de Chapinero.
"Estaba en Bogotá huyendo de la presión que se ha ejercido por parte de la Fuerza Pública en Santander y visitando algunos familiares. Debo destacar que el seguimiento estuvo acompañado de colaboración y cooperación ciudadana", dijo el general Óscar Naranjo, director de la Policía.
El Gobierno y la Policía Nacional habían ofrecido hasta 500 millones de pesos de recompensa por información que condujera a la captura de ‘Chaparro’.

3 de septiembre de 2009
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condenas por masacre de cajamarca


Cinco militares condenados por la masacre de Cajamarca. Por la muerte de un niño, un bebé y tres adultos hace cinco años en el Tolima, un juez ordenó que cinco de los siete uniformados involucrados en la matanza deberán pasar entre 35 y 40 años en la cárcel.
Bogotá, Colombia. "Estoy convencido de la buena fe del Ejército en esta equivocación. Si se tratara de un ejército violador de los derechos humanos, quienes dispararon contra los campesinos, habrían buscado el ocultamiento, la mentira o la desaparición de los cadáveres". Esas fueron las palabras del presidente Álvaro Uribe aquel 12 de abril del 2004, dos días después de que miembros del batallón de contraguerrillas Pijao, adscrito a la Brigada Sexta del Ejército del Tolima, matara cinco miembros de una familia en una vereda de Cajamarca.
Cinco años después, la justicia no le dio la razón al presidente. El Juzgado Tercero Penal del Circuito de Ibagué condenó a entre 35 y 40 años de cárcel a cinco de los siete militares que tuvieron qué ver con la masacre de un bebé, un niño y tres adultos, todos miembros de una familia en la vereda de Potosí. Fue un lamentable error por la tensión natural que se vive en esta zona, fue lo que dijo desde el ministro de Defensa hasta el Comandante del Ejército de la época.
Pero de acuerdo con el fallo en primera instancia, proferido por el juez Camilo Villarreal de la capital tolimense, los soldados profesionales Noel Briñez Pérez, Jhon Jairo Vizcaya Rodríguez, Albeiro Pérez Duque y Luis Fernando Ramos Martínez deberán pasar 35 años en la cárcel y pagar dos mil salarios mensuales vigentes.
Mientras que el soldado profesional Jhon Jairo Guzmán Gallego, deberá pagar 40 años de prisión por haberle disparado a uno de los sobrevivientes que había quedado levemente herido y estaba pidiendo ayuda. El examen forense determinó que había sido rematado a corta distancia con un tiro de gracia.
Según la versión de los militares, los soldados se encontraban en la vereda en la noche del sábado 10 de abril. Como la guerrilla les había prohibido el paso a los campesinos a esa hora, los soldados dispararon "hacia el ruido" que salía de la espesura del monte.
Sin embargo, quienes estaban allí no eran guerrilleros. Eran Albeiro Mendoza y su esposa Yamile Urueña, los dos de 17 años; su hijo Cristian, de seis meses; César Santana Gutiérrez, de 14 años; y Norberto Mendoza Reyes, de 24 de años, quien fue rematado por el soldado Guzmán, quien le dijo a la Fiscalía que el suboficial que los dirigía rifó quién debía rematar al sobreviviente: "Mi cabo Gómez nos dijo que los muertos no hablaban y que tocaba matarlo".
A pesar de este testimonio, el juez absolvió al cabo tercero José Alejandro Gómez Acevedo y al soldado Jairo Sebastián Quintero Riaño, contra quienes no hubo prueba en su contra.

3 de septiembre de 2009
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