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impunidad en el caso jaír murillo


Líder de desplazados de Buenaventura. El 17 de junio de 2010, fue asesinado Jair Murillo, un líder de desplazados de Buenaventura y hasta la fecha no se sabe quienes fueron los autores de este crimen. Video de la Coordinación Regional del Pacífico Colombiano.
Colombia. Jair Murillo, líder de población desplazada y representante de la Fundación Integral Desplazados Pacífico Nariñense (Fidpan), fue asesinado el 17 de junio de 2010 en la ciudad de Buenaventura.  Por temor a represalias no se ha indagado sobre su asesinato ni se ha logrado poner en pie de nuevo la Fidpan. Jair tenía treinta años y lo mataron el día del cumpleaños de su hijo.
A un año de su muerte los pobladores del Barrio Lleras, al que pertenecía, lo recuerdan en la ‘Capilla de la Memoria’ lugar donde reúnen fotos y datos de desaparecidos o asesinados. Nativos afirman que en Buenaventura ha habido más de 5.000 asesinatos en los últimos diez años.
24 de agosto de 2011
23 de agosto de 2011
©verdad abierta

ayuda mal usada en colombia


Ayuda estadounidense implicada en abusos de poder en Colombia,
[Karen DeYoung y Claudia J. Duque] El gobierno de Obama menciona a menudo la floreciente democracia de Colombia como prueba de que la ayuda, el conocimiento y el compromiso estadounidenses pueden revertir un estado potencialmente fallido y sitiado por el terrorismo.
Financiada por Estados Unidos, la campaña anti-subversiva del país contra una organización marxista revolucionaria -y la coordinación civil y militar que hay detrás de ella-, es considerada tan exitosa que se ha convertido en modelo de estrategia para Afganistán.
Pero las nuevas revelaciones sobre los prolongados escándalos políticos ocurridos durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe, un estrecho aliado de Estados Unidos, durante los ocho años de su mandato, implican a la ayuda norteamericana, y posiblemente a funcionarios estadounidenses, en mayúsculos abusos de poder y acciones ilegales del gobierno colombiano bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo y el tráfico de drogas.
Fondos, equipos y adiestramiento estadounidenses, proporcionados a unidades de elite del servicio de inteligencia colombiano durante la última década para ayudar a aplastar a organizaciones de narcotraficantes, fueron utilizados en operaciones de espionaje y desprestigio contra jueces de la Corte Suprema, opositores políticos de Uribe y grupos de la sociedad civil, de acuerdo a documentos policiales obtenidos por el Washington Post y entrevistas con fiscales y antiguos funcionarios de la inteligencia colombiana.
Las revelaciones son parte de una investigación ampliada del fiscal general de Colombia sobre el Departamento de Seguridad Administrativa, o DAS. Seis ex altos funcionarios de inteligencia han confesado la comisión de delitos, y más de una docena de operativos de la agencia están siendo juzgados. Varios de los más estrechos asesores de Uribe están siendo investigados, junto con Uribe, que es investigado por una comisión parlamentaria especial.
Funcionarios estadounidenses han negado haber sabido o haber estado implicados en actos ilegales cometidos por el DAS y los fiscales colombianos no han denunciado ninguna intervención estadounidense. Pero la historia de lo que hizo el DAS con gran parte de la ayuda estadounidense que recibió es un cuento con moraleja sobre las consecuencias no intencionadas. Como en Afganistán y otros países en los que Estados Unidos está concentrado intensamente en ganar aliados contra el terrorismo, algunos receptores de ayuda en Colombia la desviaron claramente para apuntalar sus propias agendas políticas.
Durante más de una década, bajo tres gobiernos, Colombia ha sido el aliado más estrecho de Washington en América Latina y el más grande receptor de ayuda militar y económica: seis mil millones de dólares durante la presidencia de Uribe de 2002 a 2010. El total anual se descendido ligeramente durante el gobierno de Obama, a algo más de quinientos millones de dólares en ayudas combinadas este año.
Aunque se lograron avances importantes en la lucha contra rebeldes y narcotraficantes, ex altos funcionarios de inteligencia dicen que con Uribe el DAS enfatizó los objetivos políticos por sobre los revolucionarios y los barones de la droga. El firme flujo de nuevas revelaciones ha continuado manchando la reputación de Colombia, incluso en momentos en que el gobierno dirigido por el sucesor de Uribe y ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, ha prometido este otoño reemplazar al DAS por una nueva agencia de inteligencia.
Los fiscales dicen que el gobierno de Uribe quería "neutralizar" a la Corte Suprema debido a que sus jueces de instrucción estaban desenmascarando los lazos entre aliados del presidente en el Congreso colombiano y grupos paramilitares dedicados al tráfico de drogas.
Basando la acusación en miles de páginas de documentos del DAS y en el testimonio de nueve ex funcionarios del DAS, los fiscales dicen que la agencia fue instruida por la oficina de la presidencia para escudriñar las cuentas bancarias de los magistrados, seguir a sus familias, interceptar los teléfonos de sus oficinas y analizar sus fallos judiciales.
"Todas las actividades montadas contra nosotros -seguimientos, interceptación de teléfonos- tenían un fin central: intimidarnos", dijo Iván Velasquez, el magistrado que dirige la investigación y principal objetivo de la vigilancia del DAS.
Gustavo Sierra, el ex jefe de análisis del DAS hoy encarcelado, que revisaba los informes de inteligencia que eran enviados a la presidencia, dijo que investigar a la corte "fue un objetivo prioritario" para el DAS de Uribe.
"Rara vez ordenaron algo contra narcotraficantes o guerrilleros", contó Sierra en una entrevista.

Recursos y Guías
Algunos de los acusados o que están siendo investigados describieron la importancia de los recursos y guías de la inteligencia estadounidense, y dicen que ellos informaban regularmente a los oficiales de enlace de la embajada sobre sus actividades de inteligencia. "Nos organizábamos por medio de la embajada estadounidense", dijo William Romero, que dirigía la red de informantes del DAS y supervisó la infiltración de la Corte Suprema. Como muchos de los altos funcionarios del DAS en la cárcel o imputados, Romero recibió entrenamiento de la CIA. Algunos recibieron becas para completar estudios sobre inteligencia en universidades estadounidenses.
Romero, que aceptó un convenio declaratorio con la fiscalía a cambio de su cooperación, dijo en una entrevista que las unidades del DAS dependían de los ordenadores, equipos de interceptación telefónica, cámaras y sistemas de interceptación de teléfonos móviles, así como dinero para pagar el alquiler de casas de seguridad y caja chica para gasolina -proporcionados por Estados Unidos. "Podríamos haber actuado" sin la ayuda estadounidense, dijo, "pero no con la misma efectividad."
La unidad que dependía de la ayuda de la CIA, según el testimonio de ex funcionarios del DAS, era el Grupo de Observaciones Nacionales e Internacionales.
Instalado para descubrir los lazos entre operativos extranjeros y guerrillas colombianas, desvió su atención hacia la Corte Suprema después de que los magistrados empezaran a investigar al primo del presidente, el entonces senador Mario Uribe, dijo un ex director, Germán Ospina, en una declaración ante los fiscales. Las órdenes vinieron "de la presidencia; querían resultados inmediatos", contó Ospina a los fiscales.
Otra unidad que operó durante ocho meses en 2005, el Grupo para Analizar Medios y Organizaciones Terroristas, reunió expedientes sobre dirigentes sindicales, allanó clandestinamente sus oficinas y filmó en video a sindicalistas. Estados Unidos proporcionó los equipos y decenas de miles de dólares, de acuerdo a un informe interno del DAS, y los miembros de la unidad se reunían regularmente con un funcionario de la embajada al que recordaban como "Chris Sullivan."
"Cuando estábamos avanzando en algunas actividades, podíamos ir a ver cómo estábamos avanzando", dijo durante una audiencia José Gabriel Jiménez, ex analista de la unidad.
La CIA se negó a comentar tanto sobre las acusaciones específicas como sobre la descripción de su relación con el DAS que proporcionaron funcionarios colombianos. "La CIA se metió en un montón de cosas, con un montón de tipos. Eso no significa que los dichos sobre la agencia sean otra cosa que eso", dijo un funcionario de la inteligencia estadounidense, que habló a condición de conservar su anonimato.
Mientras que las primeras revelaciones del DAS emergieron en los medios colombianos durante el verano de 2009, el entonces embajador William Brownfield convocó a una reunión ampliada y preguntó cuál de las agencias de Estados Unidos representadas estaban trabajando con el DAS -de acuerdo a un cable secreto dado a conocer por WikiLeaks. Representantes de ocho agencias izaron la mano -incluyendo a la CIA, el Servicio de Control de Drogas (DEA), el FBI y el Servicio de Impuestos Internos. Todas las agencias, informó Brownfield en el cable del 9 de septiembre, "reafirmaron que no sabían nada ni tenían ninguna conexión con actividades ilegales y accedieron a continuar reduciendo su exposición a la agencia."
Brownfield, en reuniones posteriores con Uribe y otros funcionarios, instaron al gobierno a dar la cara frente a las revelaciones y advirtió que estas podrían comprometer la asociación entre Colombia y Estados Unidos.
"Si estallaba otro escándalo en el DAS, nuestro Plan B era terminar toda asociación con el DAS. Inmediatamente", informó Brownfield que contó a Francisco Santos, el vicepresidente de Uribe, y el director del DAS, Felipe Muñoz, el 16 de septiembre de 2009.
Sin embargo, la relación continuó durante siete meses adicionales. En abril de 2010, Brownfield anunció que los fondos estadounidenses destinados previamente al DAS serían ahora enviados a la policía nacional de Colombia. Hoy el DAS, fundado hace cincuenta y un años, con seis mil empleados, múltiples roles y un presupuesto anual de doscientos veinte millones de dólares, todavía cojea. Pero Muñoz ha sido investigado, así como otros cuatro ex directores del DAS.
Uribe, a través de su abogado, Jaime Granados, rechazó una petición de entrevista. Pero el ex presidente ha negado que él supervisara actividades ilegales y dijo que funcionarios de su gobierno estaban siendo perseguidos políticamente. Cuatro de sus principales asesores están siendo investigados, y su jefe de gabinete, Bernardo Moreno, está preso y esperando juicio por conspiración y otros cargos.

Años de Problemas
Entrevistas con ex funcionarios estadounidenses y evidencias que surgieron durante la investigación del DAS, muestran que la agencia lleva años cometiendo una diversidad de delitos graves y mostrando una inclinación por las acciones ilegales que no es ajena a funcionarios diplomáticos.
El primer director del DAS durante la presidencia de Uribe, Jorge Noguera -al que la embajada norteamericana consideraba en 2005 "un tecnócrata pro-Estados Unidos y honesto" y lo recomendaba a la Interpol para América Latina, de acuerdo a cables de WikiLeaks-, está siendo enjuiciado y acusado de haber ayudado a asesinos a sueldo para matar a sindicalistas. El año pasado, los fiscales acusaron a otro director del DAS de haber participado en la conspiración para asesinar, en 1989, al candidato presidencial más popular, Luis Carlos Galán.
Myles Frechette, embajador estadounidense ante Colombia de 1994 a 1997, dijo que incluso durante su periodo los funcionarios estadounidenses creían que las unidades del DAS estaban manchadas por la corrupción y asociadas a narcotraficantes. Pero dijo que la embajada necesitaba un socio para adquirir datos de inteligencia sobre narcotraficantes y guerrillas.
"Toda la gente que trabajó conmigo en la embajada, me dijeron: ‘En el DAS realmente no se puede confiar’", dijo Frechette, agregando que piensa que el DAS presenta algunas de las características de una organización criminal.
Varios diplomáticos estadounidenses destinados a la embajada en los últimos años dijeron que no sabían nada de la inteligencia estadounidense y que las agencias policiales estuvieron implicadas en los chanchullos del DAS, pero todos dijeron que no les sorprendería.
"Había preocupación sobre algunas actividades, pero también la necesidad, en aras de los intereses de Estados Unidos, de conservar la relación", dijo un diplomático que habló a condición de guardar su identidad. "Estoy razonablemente confiado en que nuestro apoyo fue correcto."
[Duque es un periodista independiente con sede en Bogotá, Colombia. El corresponsal Juan Forero, también en Bogotá, contribuyó a este artículo.]
23 de agosto de 2011
20 de agosto de 2011
©washington post
cc traducción c. lísperguer

empresa privada y desplazamiento


La empresa privada frente al desplazamiento: luces y sombras.
Colombia. Una investigación señala la responsabilidad de algunas empresas en el desplazamiento forzado, pero a la vez hace énfasis en los esfuerzos por prevención y mitigación. El estudio se realizó durante un año y se concentró en Antioquia y Nariño, departamentos críticos.
El estudio encontró que "efectivamente hay vínculos que relacionan al sector empresarial con el desplazamiento forzado interno, tanto en zonas de expulsión como en zonas de recepción", pero agrega que no son evidentes ni generalizables.
Las conclusiones plantean tres formas de relación: una negativa, en la que el sector privado resulta involucrado en la generación de desplazamiento, y dos positivas, en las que las empresas participan en su prevención o mitigación a través de proyectos comunitarios. Estas últimas se enmarcan en la responsabilidad social y cumplen un importante papel "de cara a la construcción y el fortalecimiento de su licencia social para operar".
En la presentación del estudio se recalcó que el desplazamiento forzado sigue siendo un grave problema para el país. Colombia es la segunda nación en el mundo con más refugiados internos, con aproximadamente cuatro millones de personas en dicha situación.
De otra parte, se señaló que si bien existen iniciativas desarrolladas por el sector privado en prevención y mitigación del desplazamiento forzado, estas siguen siendo poco visibles y resultan escasas frente a las dimensiones del fenómeno. Por esta razón se resaltó la experiencia de tres casos exitosos, ubicados en El Salado (Sucre), Medellín y Santa Marta.

La Investigación
La Fundación Ideas para la Paz (FIP) y la Universidad de los Andes fueron las entidades encargadas del informe, que buscó analizar el sector empresarial y su relación con el desplazamiento forzado interno en Colombia. El estudio contó con el apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Su elaboración estuvo dirigida por Angelika Rettberg, del Programa de Investigación sobre Conflicto Armado y Construcción de Paz de la Universidad de los Andes, y de Ángela Rivas, de la FIP. La recopilación de información se realizó entre diciembre del 2009 y diciembre del 2010, y se concentró en los departamentos de Antioquia y Nariño.
Estos departamentos comparten altos niveles de desplazamiento forzado, pero con características diferentes. En Antioquia es una problemática que viene de muchos años atrás y está vinculada a la expansión paramilitar. Mientras en Nariño es un fenómeno más reciente y está relacionado con la disputa territorial de los diferentes actores del conflicto.
 
Casos de Generación de Desplazamiento
La investigación enuncia tres casos concretos de empresas judicializadas por su vinculación en la generación de desplazamiento forzado: Chiquita Brands, Dole y las empresas palmeras de Urabá.
Chiquita Brands es una empresa bananera estadounidense acusada de casos de "asesinato, tortura, masacres y secuestros" en la región de Urabá. La empresa pagó 25 millones de dólares a la justicia estadounidense como multa por haber patrocinado grupos paramilitares.
Dole Food Company, otra compañía frutera estadounidense, enfrenta acusaciones por "estimular, financiar y colaborar directamente con las actividades de grupos paramilitares en la zona bananera de Magdalena y La Guajira entre 1997 y 2007, donde se registraron cerca de 300.000 personas desplazadas".
El tercer caso lo constituyen algunas empresas palmeras de la región de Urabá, donde al menos nueve compañías estuvieron estrechamente vinculadas al paramilitarismo, en especial en Jiguamiandó y Curbaradó (Chocó), donde se usurparon las tierras de varias comunidades afrodescendientes.

Búsqueda de Responsabilidad Social Empresarial
En contraste, el estudio documentó tres casos significativos de participación empresarial en programas de mitigación del desplazamiento forzado: el proyecto de reconstrucción de El Salado, de la Fundación Semana; el programa "Energía para el Retorno", de las Empresas Públicas de Medellín, y el Programa de Desarrollo Sostenible para Población Desplazada de Santa Marta, de Fundaunibán.
"Existe un enorme potencial por explorar y desarrollar en relación con la generación de alternativas que desde el sector empresarial contribuyan a resolver situaciones ligadas al desplazamiento", afirmó Ángela Rivas, coautora del estudio. Para ella, el conocimiento del problema por parte de las empresas desarrollará su capacidad de contribuir a la superación del desplazamiento forzado interno y a la construcción de paz.
En el foro de presentación se señaló que "las empresas deben aumentar su participación y acción en la solución del desplazamiento forzado en Colombia". En ese sentido, se requiere de mayor comprensión por parte de los empresarios del contexto colombiano y de su deber de respetar los derechos humanos y contribuir a su vigencia, sin desconocer que la principal responsabilidad recae en manos del Estado.
La investigación invita a que las empresas tomen conciencia sobre la situación del desplazamiento forzado y los demás fenómenos derivados del conflicto armado como primer paso hacia la búsqueda de soluciones mancomunadas. En ese sentido, si la inversión extranjera se sigue promoviendo en el país, se requerirá de mayor compromiso empresarial para el cumplimiento de los derechos humanos.
21 de agosto de 2011
18 de agosto de 2011
©semana
vía verdad abierta

el gran despojo de tierras en el meta


Hasta ahora empieza a conocerse la magnitud del robo de tierras en este departamento, con el tercer número de solicitudes de protección para fincas en riesgo, que supera las 6.600. El despojo fue de la mano con el desplazamiento de 125 mil personas en trece años.
Colombia. Decenas de testimonios de los campesinos y reportes de las entidades humanitarias y sociales oficiales revelan el lado oscuro de la reciente prosperidad agroindustrial del Llano. Meta es el tercer departamento del país con mayor número de tierras despojadas o abandonadas. Según datos de Acción Social, entre 1997 y agosto de 2010 de este departamento salieron desplazadas 126.151 personas agrupadas en 31.431 familias.
Un informe regional de la Comisión Nacional de Reparación, Cnrr, advierte que los campesinos han presentado 3.316 solicitudes de protección de tierras, un mecanismo que evita que sus parcelas sean vendidas a terceros. En este tipo de peticiones, a Meta solo lo superan Antioquia, con 6.653 solicitudes de protección y Bolívar, con 4.057 peticiones.
Según la Cnrr, los municipios de donde han salido más personas desplazadas del Meta son aquellos donde precisamente figura el mayor número de peticiones de protección de tierras. Son los casos de Vista Hermosa, donde más de 26.000 personas salieron desplazadas y 692 campesinos pidieron protección de sus fincas. Allí, según datos de Acción Social, hubo un año en particular cuando el desplazamiento forzado creció súbitamente, pues pasó de 1.571 desplazamientos en 2005 a 4.779 en 2006 (ver tabla). En Puerto Rico, que comparte con Mapiripán, el segundo lugar del departamento donde hubo más campesinos desplazados, tuvo 13.000 desplazamientos. Allí hubo 453 solicitudes para proteger la tierra de robos ilegales (ver tabla). En ese municipio también el desplazamiento se disparó entre 2005 y 2006, que pasó de 644 desplazamientos a 3.966. En Mapiripán hubo 460 solicitudes de protección de tierras por campesinos que querían para evitar que se las robaran.
El aumento del desplazamiento forzado en el Meta a partir 2006, en 18 de los 29 municipios coincidió con la sostenida ofensiva militar que lanzó el ejército contra la guerrilla, luego de que en 2002 se rompieran las conversaciones de paz que habían tenido lugar precisamente en una zona de distensión que abarcaba los municipios de Vista Hermosa y Puerto Rico.
A partir de 2008, cuando el Estado retomó el control militar de esos territorios, éstos han sido piloto del Proyecto Plan de Consolidación de La Macarena (Pcim). Como su nombre lo indica, este plan gubernamental busca consolidar la presencia del Estado de manera más integral y permanente, e impedir que la guerrilla regrese.
Un informe del Observatorio del Territorio de la Universidad de Los Llanos de marzo de 2011, advierte que entre 2003 y 2007 los dos municipios, Vista Hermosa y Puerto Rico, ocuparon el segundo y tercer puesto en el país con más casos de víctimas de minas antipersonal. Según el Programa Presidencial para la Acción Integral contra las Minas Antipersonal, Meta es el segundo departamento con más víctimas, con 917 casos registrados entre 1990 y abril de 2011.
Mapiripán fue otro de los municipios que encabezan las cifras de víctimas del conflicto armado en Colombia. Este fue el lugar elegido por los paramilitares para entrar a los Llanos Orientales en 1998. En versión libre, Elkin Casarrubia alias ‘El Cura’ contó que el 4 de mayo de ese año dirigió un grupo de 200 hombres, provenientes del Urabá, para tomarse Caño Jabón, corregimiento de Mapiripán. Ese año, entre el 15 y el 20 de julio, asesinaron a 22 personas, según confesaron en las diligencias de Justicia y Paz. Esta masacre se conoce como la primera de Mapiripán.
Luego, los paramilitares instalaron su base en San Martín, un municipio en el corazón del departamento, desde donde delinquieron con el grupo paramilitar que bautizaron como Bloque Centauros y que luego se llamó Héroes de los Llanos y del Guaviare.
VerdadAbierta.com viajó a los Llanos y encontró que hubo despojos en todo el departamento. Hasta el momento, ante la Comisión Nacional de Reparación seccional Meta los campesinos han hecho apenas 60 solicitudes de restitución de tierras, que suman 39.267 hectáreas. Sin embargo, las cifras de desplazamiento y despojo confirman los peores temores de las organizaciones sociales y de víctimas, que el despojo en el Meta ha sido enorme, y que el temor no ha dejado a la gran mayoría de campesinos desterrados, exigir que se les devuelva su tierra.
17 de agosto de 2011
12 de agosto de 2011
©verdad abierta

acusan a memín por secuestro y homicidio


Un fiscal formuló cargos a alias ’Memín’ por los delitos de secuestro, extorsión y homicidio, quien se acogerá a sentencia anticipada.
Colombia. Un fiscal especializado de Medellín formuló cargos con fines de sentencia anticipada a Luis Arnulfo Tuberquia, alias Memín, ex jefe del Bloque Noroccidente Antioqueño de las autodefensas, por los delitos de concierto para delinquir agravado en concurso con secuestro extorsivo agravado, secuestro simple agravado y homicidio agravado.
La investigación está relacionada con el plagio de la señora Aura Rosa Hernández Avendaño, perpetrado por miembros del mencionado grupo ilegal armado el 19 de diciembre de 2003, en la vereda Las Azules del municipio de Santa Fe de Antioquia. La víctima fue bajada de un bus y permaneció en cautiverio hasta el 9 de enero de 2004, cuando fue asesinada por orden del entonces cabecilla paramilitar.
La Fiscalía estableció que la señora Hernández Avendaño fue asesinada porque su hijo Luis Fernando Urrego, señalado como auxiliador de la guerrilla, no se canjeó por su progenitora. El 25 de abril de 2004 la misma fracción paramilitar retuvo por cuatro días a otra hija de la víctima, identificada como Celina María Urrego Hernández.
El proceso pasó al despacho de un juez especializado de Antioquia, quien validará el acuerdo e impondrá la respectiva sentencia. Por los mismos hechos y delitos ya tiene medida de aseguramiento intramuro Félix Alberto Villa Valderrama, alias Cero Dos. Los procesados están presos en cárceles de Boyacá y Medellín.
17 de agosto de 2011
16 de agosto de 2011
©fiscalía
vía verdad abierta

qué decidió la corte sobre don antonio


La Corte Suprema ratificó los cargos por 100 asesinatos cometidos por alias ‘Don Antonio’, jefe del ‘Frente José Pablo Díaz’ y confirmó que en algunos casos la desaparición forzada puede terminar juzgándose como homicidio.
Colombia. La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia declaró legales los cargos imputados por la Fiscalía a Edgar Ignacio Fierro Flores, alias ‘Don Antonio’ ex jefe del ‘Frente José Pablo Díaz’ y a Andrés Mauricio Torres León, alias ‘Z1’ o ‘Jesucristo’, desmovilizado del ‘Frente Mártires del Cesar’, ambos ex integrantes del Bloque Norte de las Auc.
Esta es la primera vez que la Sala Penal de la Corte acepta la legalización de un caso en el que se involucran más de 100 homicidios y más de 1000 víctimas directas e indirectas, localizadas a lo largo de la región norte del país, desbastada por el accionar del Bloque Norte de las Auc.
El fallo de la Corte se da luego de que Procuraduría y los abogados de las víctimas apelaran la decisión del Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Bogotá que declaró legales los cargos imputados por la Fiscalía a ambos desmovilizados.
La Corte resolvió que los crímenes por los que están siendo juzgados los desmovilizados pueden tipificarse como crímenes de lesa humanidad y como crímenes de guerra. Además dentro de la decisión, también se estableció la posibilidad de que el juzgamiento por un caso de desaparición forzada finalice en homicidio y se definió la denominada ‘limpieza social’ como un homicidio selectivo.
Sobre los bienes del Bloque Norte, que se encuentran en proceso de extinción de dominio en la justicia ordinaria y no en el proceso de Justicia y Paz, la Corte consideró que las víctimas serán igualmente reparadas por los procesos que se desarrollan en la justicia ordinaria, aún estando en Justicia y paz.
Finalmente, y frente a la petición de las víctimas y del Ministerio Público que pretendía el juzgamiento de los paramilitares por el delito de porte ilegal de armas, la Corte negó la consideración argumentando que el delito del porte de armas es considerado como parte de un conjunto amplio de conductas delictivas de un grupo armado ilegal.

Sobre el Concepto de Crimen de ‘Lesa Humanidad’ y ‘Crimen de Guerra’
Según la decisión de la Corte, los crímenes reconocidos por los desmovilizados tienen doble condición como crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Por lo tanto, en la decisión, se resolvió que independiente de la connotación de ‘crimen de guerra’, los habitantes de las regiones en donde el paramilitarismo ejerció influencia, fueron víctimas de graves violaciones, que como lo califican los estándares del Derechos Internacional Humanitario (DIH), por su naturaleza afectan a toda la población civil y a la comunidad internacional en general y son considerados crímenes de lesa humanidad.
Aunque, el código penal colombiano no incluye conductas de lesa humanidad, la tipificación de los delitos no es excluyente y la Corte señala que no hay duda de que las graves conductas de los paramilitares , más allá de la tipificación de crímenes de guerra o infracciones graves al DIH deben enmarcarse dentro del contexto de crímenes de lesa humanidad , pues "el ataque perpetrado contra la población civil adquirió tales dimensiones de generalidad y sistematicidad que alteró de manera significativa el orden mínimo de civilidad, implicando el desconocimiento del orden mínimo de principios fundentes del orden social imperante".

¿Cómo la Desaparición Forzada Finaliza en Homicidio?
Sobre la relación entre el homicidio y la desaparición forzada, la Corte ratificó que es viable que la investigación y juzgamiento de un caso de desaparición forzada termine en homicidio.
En ese sentido la Corte estipuló que luego de que un desmovilizado suministre información veraz sobre la suerte del desaparecido su caso puede juzgarse como un asesinato.
Según la Corte, "El delito del homicidio no requiere la existencia física de un cadáver, si no la certeza sobre la muerte, lo cual, en algunos casos ha sido demostrado en las versiones de los desmovilizados. Por tanto es viable que las desapariciones concurran en homicidio".

La ‘Limpieza Social’ Sí Es una Conducta Aplicable al Conflicto Armado
Aunque para el caso de ‘Don Antonio’, la Procuraduría insistió en la necesidad de que en la imputación hecha por la Fiscalía se profundizara en los casos de homicidios en personas protegidas, pues no consideró que existía un nexo entre estos hechos y la limpieza social como móvil de acto, el Alto Tribunal le halló la razón a la Fiscalía y dispuso válida la definición de los casos de homicidio en persona protegida como "acciones de limpieza social".
En su resolución la Corte, señala que es evidente que la limpieza social tiene un vínculo directo con el conflicto armado y que es posible que la conducta sea incluida dentro de los hechos cometidos por los desmovilizados.

Sobre los Derechos de las Víctimas y la Reparación de los Daños Causados a las Víctimas.
En cuanto a los cuestionamientos sobre la exclusión de los bienes que no entraron al proceso por encontrarse en instancias de la justicia ordinaria, la decisión del Alto Tribunal estimó que no afectan el derecho a la reparación de las víctimas, pues los procesos en los que se encuentran son legítimos y cuentan con un incidente de reparación efectivo para cada caso.
La queja de la Procuraduría, estaba encaminada con respecto a bienes que debían ser utilizados para la reparación de las víctimas del Bloque Norte, y que estaban siendo llevados en procesos de extinción de dominio en instancias de la justicia ordinaria y no de forma paralela con justicia y paz.
Sin embargo, ante estos hechos, la Corte, aparte de considerar que la reparación también era efectiva para las víctimas en la justicia ordinaria, argumentó que en el proceso de Justicia y Paz, la víctima tiene participación activa, lo que contribuye al cumplimiento de sus derechos y no los vulnera.

Sobre el Concierto para Delinquir y el Porte Ilegal de Armas
Para la Corte, la conducta del porte ilegal de armas no puede constituirse por sí solo, en un delito individual pues está ligado indiscutiblemente al delito de concierto para delinquir. La Corte precisó que la condición del desmovilizado por haber pertenecido o conformado un grupo armado ilegal en desarrollo de un conflicto armado, incluye por sí sola la conducta del porte ilegal de armas.
Según la Corte, el porte ilegal de armas, constituye una actuación que se considera parte de un conjunto más amplio de delitos dentro del concierto para delinquir, por esta razón, no puede ser cargado de manera independiente al porte ilegal de armas.

El Caso de `Don Antonio’
En versiones libres realizadas entre abril del 2007 y octubre del 2008, alias ‘Don Antonio’, aceptó su responsabilidad en múltiples crímenes durante su accionar como comandante de frente del Bloque Norte de las Auc.
Después de finalizadas las versiones libre, la fiscalía responsabilizó a ‘Don Antonio’ de 137 casos de desplazamiento forzado, con 570 víctimas directas, 86 homicidios, con un total de 133 víctimas directas, 9 extorsiones, 7 amenazas, 5 extorsiones, 3 robos, 1 reclutamiento de menores, una violación, una tortura, un secuestro, un daño a bien ajeno, porte ilegal de armas y concierto para delinquir.

El Caso de ‘Z 1’
En versiones realizadas entre febrero de 2008 y noviembre de 2009, alias ‘Z 1’, aceptó su responsabilidad en varios delitos cometidos durante su militancia de más de un año en el frente `Mártires del Cesar’ del Bloque norte de las Auc.
Durante las diligencias en Justicia y Paz, ‘Z 1’ acepto su responsabilidad en 8 homicidios, 2 desapariciones forzadas, un secuestro extorsivo, un secuestro simple, dos casos de desplazamiento forzado, hurto, porte ilegal de armas y perturbación a la posesión.
Durante las diligencias en Justicia y Paz, al Bloque Norte de las Auc, se le atribuyeron 15.700 homicidios, la desaparición de 2.100 personas, el desplazamiento de 81.700 personas y de lo cual resultó un registro de 111.000 víctimas.
17 de agosto de 2011
16 de agosto de 2011
©verdad abierta

ola de crímenes en antioquia


Indígenas en crisis humanitaria por ola de crímenes en Antioquia.
Colombia. La declaratoria de emergencia fue hecha por la Organización Indígena de Antioquia (OIA) para llamar la atención del gobierno por la serie de crímenes contra los indígenas. En lo corrido del año 16 han sido asesinados en Antioquia por las bandas criminales y las guerrillas.
"Nosotros nos queremos morir de viejos", dice Iván Meléndez Santacruz, un indígena de la etnia Tule y consejero de la política de salud de la Organización Indígena de Antioquia (OIA) en medio de una multitud de nativos que participan en Medellín en una minga por la vida.
"Queremos morirnos de viejos", repite el indígena Tule. "Por ello pedimos que nos respeten nuestra autonomía, nuestra gobernabilidad, nuestros derechos".
Y es que las palabras de Meléndez tienen un dejo de reclamo porque se expresan justo cuando la OIA acaba de declarar la emergencia humanitaria en sus áreas de influencia para enfrentar los crímenes que se están perpetrando contra sus dirigentes y contrarrestar las violaciones a los derechos humanos y las infracciones al Derecho Internacional Humanitario que se cometen en contra de las comunidades.
Según Mariano Guerra, asesor jurídico para asuntos de derechos humanos y DIH de la OIA, la declaratoria de emergencia humanitaria se sustenta en los 16 homicidios perpetrados contra sus líderes entre los meses de febrero y julio de este años en las subregiones del Bajo Cauca, Urabá y Suroeste de Antioquia por grupos armados ilegales.
"Los Rastrojos nos han asesinado doce indígenas del pueblo Senú en el Bajo Cauca; en Urabá, la guerrilla nos ha asesinado a un líder Embera Katío y los paramilitares dos más; y en el Suroeste también fue asesinado un Embera Katío por paramilitares", describe Guerra, quien no duda en calificar la situación como una tragedia humanitaria.
Frente a esta crisis, dice el jurista, la OIA está haciendo un llamado urgente al Gobierno nacional para que se tomen medidas eficaces para proteger a los líderes indígenas y a sus comunidades, pero no se han quedado quietos. Parte de la estrategia para afrontar la situación fue declarar la emergencia humanitaria, que incluye a 30.120 indígenas de las etnias Kuna, Tule, Zenú y Embera, distribuidos en 167 comunidades que conforman 46 resguardos en 32 municipios de Antioquia.
"La emergencia humanitaria nos permite adoptar varios mecanismos, entre ellos adelantar proceso de denuncia nacional e internacional e interlocutar directamente con todos los actores armados, llámese guerrillas, llámese paramilitares", explica Guerra.
William Carupia, de la etnia Embera y presidente de la OIA, complementa la explicación del asesor jurídico: "nos declaramos en emergencia humanitaria para alertar sobre la situación de los pueblos indígenas en Antioquia y para que el gobierno nacional nos dé garantías y soluciones, pero no solo con el incremento de la Fuerza Pública. La seguridad pasa por asuntos como la producción de alimentos, la educación y salud. Sobre eso es que debemos discutir".
Una de las estrategias de alerta es la realización en Medellín de la Minga por la vida de los pueblos indígenas de Antioquia, que reúne a por lo menos mil nativos provenientes de los 32 municipios del departamento donde tienen sus resguardos. Aida Suárez, de la etnia Zenú y consejera de Gobierno de la OIA, explica que a través de este encuentro regional se quiere "expresar la preocupación que tenemos los indígenas por las frecuentes violaciones de derechos humanos contra nuestra dirigencia y nuestras comunidades".
Para esta consejera, los 16 indígenas asesinados durante el 2011 es "una cuota muy alta que hemos colocado en todo este proceso organizativo para defender nuestro territorio, nuestra educación, nuestra salud".
Suárez resalta que dentro de las comunidades atacadas, las mujeres están siendo directamente afectadas: "primero, porque sus hijos son reclutados por uno u otro bando; segundo, porque quedan viudas y deben enfrentarse todos los días al sostenimiento de un hogar; y tercero, porque se sienten amenazadas y amedrentadas por los grupos armados".
Buena parte de la explicación a los asesinatos de indígenas de este último año obedece a la resistencia de gobernadores y líderes nativos que oponen para evitar que en sus territorios ancestrales se siembre hoja de coca, fenómeno que se ha venido incrementando en las subregiones del Bajo Cauca y Urabá, donde han muerto 15 de los 16 indígenas reportados como asesinados.
"En este momento hay una presión de los grupos armados ilegales, tanto la guerrilla como los paramilitares, para que los indígenas permitan que en sus territorios se siembre hoja de coca", reconoce Meléndez.
La Consejera de Gobierno de la OIA también admite el problema: "el cultivo de hoja de coca es, hoy, una de nuestras grandes dificultades, últimamente nos ha venido atropellando y ha sido uno de los motivos de disputa en nuestro territorio". El asunto se complica, según esta consejera, porque en ello se están reclutando jóvenes de las comunidades.
Al respecto, Gerardo Jumí, de la etnia Embera, exsenador de la República y actualmente Asesor del Programa Presidencial para Pueblos Indígenas, reconoce que hay denuncias de reclutamiento forzado de jóvenes indígenas, a quienes los narcotraficantes los obligan a trabajar en varios oficios: "cultivar hoja de coca, raspachines y cargueros". Según el excongresista, por esos vínculos varios indígenas han sido capturados y procesados judicialmente.
"Es muy grave lo que ocurre en Antioquia, no sólo por la cantidad de asesinatos, sino por las graves violaciones a los derechos humanos y las infracciones que se cometen contra el Derecho Internacional Humanitario. Por eso tiene toda validez la protesta indígena y son justos los reclamos de una protección de sus derechos fundamentales", afirma Jumí.
Meléndez, por su parte, reitera el llamado que promueve la Minga por la vida: "estamos diciendo no a la militarización, no a la presencia de grupos armados, legales o ilegales, en nuestros territorios". A su juicio, la presencia de organizaciones criminales en sus resguardos, así como del Ejército, "trae consecuencias, persecuciones y amenazas para todos nosotros".
La situación que describe este consejero se vio reflejada el pasado mes de enero, cuando el Ejército bombardeó territorios indígenas del Alto Guayabal, zona de resguardo entre los municipios de Murindó (Antioquia) y Carmen del Darién (Chocó), tras evaluar que en la zona había campamentos de la guerrilla de las Farc. En el operativo murió un bebé de 20 días de nacido y le causó lesiones a cinco indígenas, dos de los cuales quedaron con lesiones de por vida.
 Para intentar resolver parte del problema, el Presidente de la OIA le propondrá al Gobierno Nacional la adopción de programas de erradicación manual de la hoja de coca en los territorios indígenas. "Nosotros no permitimos que hagan fumigaciones aéreas porque nos envenenarían el territorio y acaban con los recursos naturales. Lo que sí permitimos es la erradicación manual, pero coordinada con nuestras autoridades y complementada con nuestro conocimiento tradicional".
Con medidas como la declaratoria de la emergencia humanitaria y la iniciativa de la erradicación manual de la hoja de coca, los directivos de la OIA esperan abrir un diálogo directo con el Vicepresidente de la República, Angelino Garzón, y concertar salidas eficaces a la crisis de las comunidades indígenas en Antioquia y les permita, como insiste Meléndez, morirse de viejos.
17 de agosto de 2011
16 de agosto de 2011
©verdad abierta

treinta años luchando por el ariari


En el Alto Ariari 700 familias fueron desterradas por los grupos armados ilegales. Esta es la historia de cómo pasaron de ser poseedores de las tierras más ricas del Meta a vivir temerosos, amenazados, en un lote que compraron con su dinero y declararon zona humanitaria.
Colombia. A las seis de la tarde del 12 de agosto de 2003 las balas silenciaron a Reinaldo Perdomo. Era el líder de la Comunidad Civil de Vida y Paz, Civipaz, un grupo de 700 familias campesinas del Meta que desde 1980 exige titulación de tierras así como protección para vivir y trabajar en ellas.
Pese al asesinato de Perdomo y de por lo menos otros 260 campesinos de la región, la comunidad ha resistido a 30 años de combates entre la guerrilla y los paramilitares, atropellos del Ejército y un Estado que no los ha protegido para regresar a sus fincas. "Es escalofriante ver a las familias que están resistiendo allá. En cualquier momento puede haber otro desplazamiento. Nadie los acompaña en su intento por recuperar sus fincas", dijo un campesino a VerdadAbierta.com
Su historia comenzó después de la violencia bipartidista de 1950, cuando muchos campesinos huyeron del odio entre conservadores y liberales y colonizaron tierras baldías en el noroccidente de Meta. La zona, conocida como el Alto Ariari, es un conjunto de municipios bañados por los ríos Ariari, Guape y La Cal, de tierras muy fértiles. La fortuna de tener las tierras más ricas de la región los puso en la mira de los grupos ilegales.
"Todo era tranquilidad hasta que llegaron los paramilitares. Se hicieron pasar primero como ‘mano negra’ y luego instalaron una base en El Dorado. También pusieron retenes desde San Martín hasta Cubarral donde desaparecieron gente. Luego vinieron las masacres y las persecuciones a los líderes", dijo otro campesino que también pidió la reserva de su nombre por razones de seguridad.
Por orden de los hermanos Carlos y Vicente Castaño, 200 paramilitares provenientes del Urabá aterrizaron en el Meta a finales de la década de los noventa y se instalaron en San Martín, en el corazón del departamento, al mando de Manuel de Jesús Pirabán alias ‘Pirata’. El ex paramilitar comenzó a delinquir en Castilla Nueva, San Carlos de Guaroa, Puerto Lleras y Mapiripán hasta conformar el Bloque Centauros, que en 2004 ya tenía presencia en todo el territorio y pasó a llamarse ‘Héroes de los Llanos’. El terror comenzó con el exterminio de los militantes de la Unión Patriótica, UP.
El Alto Ariari fue una de las zonas donde más se persiguió a la Unión Patriótica (el partido político que había surgido de acuerdos de paz entre gobierno y las Farc en los ochenta y que subsistió aún después de que los diálogos fracasaran). "Los paramilitares empezaron a asesinar a los líderes y miembros de las Juntas de Acción Comunal, JAC. Uno de esos hechos fue la masacre de Caño Sibao", dijo una campesina de la región. La mujer se refirió a la masacre ocurrida el 3 de junio de 1992 y por la cual ya fue condenado alias ‘Pirata’ a 30 años de prisión en la justicia ordinaria. Ese día fueron asesinados cinco militantes de la UP, entre ellos, María Mercedes Méndez y William Campo, la alcaldesa saliente, y el recién alcalde electo de El Castillo.

La Persecución
Aunque entre 1986 y 1988 los paramilitares consiguieron asesinar a 300 integrantes la UP en el Meta, no lograron desaparecer a la comunidad del Ariari que tuvo que resistir los señalamientos de ser presunta colaboradora de la guerrilla. Durante la siguiente década, el conflicto se agudizó, cuando Andrés Pastrana creó la zona de distensión en La Uribe, Mesetas, La Macarena y Vista Hermosa, municipios colindantes con el Ariari, para negociar con las Farc.
Tras el fallido proceso de paz, el gobierno puso en marcha la Operación Conquista para recuperar los territorios donde se concentró la guerrilla y fueron sembradas miles de hectáreas de coca. A partir de 2002, las organizaciones de derechos humanos comenzaron a denunciar los excesos de miembros del Batallón XXI Vargas, estacionado en Granada. Argumentaron que con el pretexto de combatir a la guerrilla, en realidad perseguían a sindicalistas y líderes comunales y agrarios de la región.
Varios paramilitares desmovilizados respaldan su tesis. En versión libre en mayo de 2010, Luis Arlex Arango alias ‘Chatarro’ aseguró que los paramilitares hicieron alianzas con militares de ese batallón para asesinar a personas, fueran civiles o de la propia tropa, para presentarlos como resultados en combates. El ex jefe paramilitar del Frente Hernán Troncoso, que delinquía en el occidente de Meta, aseguró que en ese pacto estuvieron involucrados por lo menos 200 militares.
"En enero de 2002 una patrulla de la Fuerza de Despliegue Rápido, Fudra, entró a La Floresta, vereda de El Castillo y asesinó a Eyder Quiguanás. Obligaron a la familia a llevar el cadáver hasta un punto donde llegó un helicóptero. A Eyder lo presentaron como guerrillero muerto en combate y el cuerpo nunca apareció", contó a VerdadAbierta.com un campesino de la región.
En febrero de 2002 el Bloque Centauros cambió de dueño. Según lo ha documentado la Fiscalía, Vicente Castaño le vendió la franquicia de este grupo al narcotraficante Miguel Arroyave alias ‘El Arcángel’, conocido en la región como el Señor de las Aguas por comercializar los insumos para el procesamiento de la coca. ‘El Arcángel’ nombró como jefe de finanzas al narcotraficante Daniel Rendón Herrera alias ‘Don Mario’, que en versiones libres de Justicia y Paz confesó que a su llegada a los Llanos creó el ‘Frente Ariari’.
Mientras los paramilitares se expandían, los campesinos luchaban por no abandonar sus fincas. El temor aumentó el 1 de noviembre de 2001 tras el asesinato de Mario Castro Bueno, el personero de El Castillo que llevaba el caso de la desaparición de Quiguanás. "Mario era un hombre querido por los campesinos del Alto Ariari. Cuando Eyder fue asesinado fue hasta La Floresta, habló con la familia y puso la denuncia. Después del asesinato, misteriosamente se desaparecieron las pruebas que había en su despacho", advirtió un informe de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’ reconoció el crimen y fue condenado por la justicia ordinaria a 15 años de prisión.
"El Ejército saqueaba las fincas, se llevaba las cosas de valor y mataba a los animales. Por miedo, la gente se desplazó a Villavicencio y se ubicó en los barrios La Nora, Covisan, Morichal, Rodeo, Pinilla, La Reliquia y Porfía. Nos fuimos organizando con ayuda de la Comisión Intereclesial. Luego, nació la Comunidad Civil de Vida y Paz en representación de todas las familias víctimas del Alto Ariari", dijo un integrante de la organización.
Reinaldo Perdomo era el líder y había viajado a Cacarica, Chocó, para conocer cómo los campesinos de esa región se habían organizado para exigir la titulación de tierras. "El 12 de agosto de 2003 mataron a Reinaldo. Volvió el miedo y dejamos de reunirnos durante dos meses. No se podía vivir en tranquilidad porque cada rato había allanamientos, si uno iba a reclamar alguna ayuda a la Red de Solidad Social de una vez salía amenazado. Nombramos otro representante, y en las fincas quedaron algunas familias resistiendo", dijo una víctima.
Pero la lucha de algunos de ellos también fue silenciada. Lucero Henao y su hijo Yamid Daniel fueron de las pocas familias que se quedaron en el Ariari. En febrero de 2004 fueron asesinados, acusados de ser presuntos colaboradores de la guerrilla. Henao era defensora de derechos humanos, había trabajado en el Sindicato Agrario del Meta Sintragrim y fue militante del Partido Comunista y la Unión Patriótica. Era la Presidenta de la Junta de Acción Comunal en el Ariari.
En una versión libre, alias ‘Julián’, ex jefe del ‘Frente Ariari’, confesó que el asesinato de la líder respondió a los señalamientos que hizo Euser Rondón, ex alcalde de El Dorado (2001-2003) y ex candidato a la Gobernación del Meta (2004-2007), que luego fue asesinado. "Euser era muy amigo de ‘Don Mario’ y de don Miguel (Arroyave). Él era el consejero de los ‘paras’ y señaló a varios líderes de ser cuotas de las Farc. Él tenía mucho rencor hacia la guerrilla porque ese grupo le había asesinado al suegro", contó el exjefe paramilitar en la Fiscalía.

El Regreso en ‘Fuego Cruzado’
Pasaron dos años del asesinato de varios de los líderes y la comunidad decidió regresar en febrero de 2005 al Alto Ariari para recuperar las fincas. Organizó una comitiva de 35 familias, que viajó desde Villavicencio hasta el caserío de Puerto Esperanza, en El Castillo, para instalarse en un lote que por colecta y con ayuda internacional compraron en la vereda El Encanto.
"Ese día salimos en cinco buses. Íbamos gritando, cantando, muy felices. La Policía dijo que nos escoltaba y les dijimos que no. En tres años no nos habían garantizado protección y permitir ese acompañamiento nos exponía. A 20 minutos del Ariari nos salieron los paramilitares. Nosotros les dijimos que éramos población civil, que nos dejaran pasar. En la vereda las familias que estaban resistiendo nos recibieron con pancartas", contó un campesino que participó del regreso.
En El Encanto los campesinos levantaron sus casas con lona y bautizaron el sitio como Zona Humanitaria para evitar la incursión de grupos armados. Sin embargo, estaban en medio de un fuego cruzado donde guerrilleros y paramilitares realizaban combates a plena luz del día. "La guerrilla lanzaba cilindros desde el filo de la montaña y los paramilitares respondían con ráfagas desde la planicie", dijo una víctima de la zona.
La guerra convirtió a Puerto Esperanza, el pueblo a donde la Comunidad había comprado su lote, se convirtió en un pueblo fantasma. El internado de mujeres y la caseta sindical fueron destruidas durante los combates. De a poco, los campesinos que se instalaron en El Encanto empezaron a tener problemas para abastecerse de alimentos porque los paramilitares controlaban el ingreso de comida a la región.
"Además de que nos cobraban ‘vacuna’, había restricción sobre la alimentación. Solo dejaban entrar una panela por semana, dos o tres libras de arroz y una libra de manteca. ¿Cómo hacía uno para mantener a una familia donde había ocho hijos?", dijo una campesina de la vereda.

Sin Finca y con Deudas
Desde 2005 las familias del Alto Ariari han intentado regresar por sus propios medios a las fincas. Sin embargo, han encontrado lotes inundados por el rastrojo, sin linderos porque las cercas fueron destruidas y sin cultivos porque las tierras fueron dispuestas para la ganadería.
"Cuando volvimos vimos todo era un solo potrero, con ganado que los paramilitares habían traído de San Martín, Granada y Villavicencio. Nos llevamos también la sorpresa de que muchos de nosotros estábamos endeudados. La Alcaldía de El Castillo nos está cobrando los impuestos prediales desde 2002, sabiendo que nosotros fuimos desplazados. La empresa de energía hizo lo mismo, y en muchas de las casas no hay transformadores ni contadores porque los paramilitares se los robaron", dijo un campesino de la región. En una versión libre, alias ‘Don Mario’ confesó que desde 2002 hasta la desmovilización robó por lo menos 42.000 cabezas de ganado en la zona.
En el Alto Ariari los campesinos no alcanzaron a ser beneficiarios de la Reforma Agraria que se dio en algunas zonas del país a finales de la década de los ochenta. El proceso apenas comenzaba cuando los campesinos tuvieron que salir desplazados en 2002 para proteger sus vidas. Para entonces, eran poseedores de la tierra, tenían cartas-ventas o escrituras, pero no un documento que legalmente los declarara propietarios. "Aunque hubo desmovilización, los paramilitares siguen en la zona. De pronto no se apoderaron como tal de las fincas, pero el miedo de regresar es terrible porque no hay garantías", dijo una víctima.
En la actualidad, así como hace seis años cuando las 35 familias se atrevieron a regresar, la mayoría de los campesinos vive en la Zona Humanitaria y de día sale a trabajar en las fincas donde deberían vivir. Sin embargo, no se quedan allí por el miedo.
Las amenazas continuaron. Según un comunicado de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, el 13 de septiembre de 2010 una campesina recibió tres llamadas en las que un sujeto la señaló a ella y a otro campesino de ser colabores de la guerrilla. Luego, le dijo que se fueran de la región. "Ustedes son los chismosos y sapos de Puerto Esperanza. No se les haga raro cuando lleguemos a hacer limpieza. Los vamos a matar si no desocupan", les dijo. Un año antes, en febrero de 2009, fue desaparecida Alba Nelly Murillo, presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda La Esmeralda, en El Castillo.
La Comisión también denunció los asesinatos de Nilson Ramírez, ocurrido el 7 de mayo en El Castillo, y de Nelson Murillo Taborda el 9 de septiembre de ese mismo año en Lejanías. "Según versiones de un testigo, los asesinos de Nelson se identificaron como paramilitares y después de perpetrar el crimen huyeron en una moto hacia El Castillo", indicó la Comisión en la denuncia.
Las 700 familias campesinas le exigen al Estado que escuchen sus peticiones de hace 30 años. Que les den garantías para retornar y que les titulen las tierras a los campesinos que no tienen parcela para cultivar plátano, yuca, fríjol, maíz y caña. "Necesitamos condiciones para volver. En la región siguen habiendo grupos armados. Para recuperar la tierra no podemos solos. Necesitamos al Estado que no estuvo ahí cuando nos desplazaron", clamó un campesino.
17 de agosto de 2011
16 de agosto de 2011
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