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el incora y los ladrones de tierras


VerdadAbierta.com documenta, como nunca antes se había hecho, cómo el Instituto de la Reforma Agraria se prestó para que ‘Jorge 40’ y sus amigotes pudieran legalizar miles de hectáreas de tierras usurpadas.
Colombia. El Incoder ya devolvió 37 predios que había robado ‘Jorge 40’, l departamento del Magdalena, y que luego logró legalizar, cuando posaba de estar abandonando la guerra. La Fiscalía ya está investigando a varios funcionarios del Incora (la entidad de reforma agraria antecesora del Incoder) por la legalización irregular de ese despojo en complicidad con los paramilitares.
VerdadAbierta.com pudo comprobar que no fueron solo 37 los predios que robó el grupo paramilitar. Después de revisar decenas de documentos de la entidad, que consiguió mediante una tutela, pudo documentar que solamente en un año, el 2003, el Incora había revocado 134 títulos a campesinos de 13 municipios de Magdalena, en zonas en donde delinquió el jefe paramilitar. *
Los títulos que revocó se los había otorgado la misma entidad entre los años ochenta y noventa para atender a años de reclamos por la tierra de los campesinos de esa región, a cada campesino le había asignado una unidad agrícola familiar, que en esa zona oscilaba entre las 20 y 30 hectáreas.
Pero después de que los paramilitares se tomaron a sangre y fuego la región, y forzaron a miles de campesinos a desplazarse, la entidad, con el nuevo nombre de Incoder, revocó los títulos de los campesinos desplazados y, en muchos casos, se los re-adjudicó a terceros.
En versión libre ante un fiscal de Justicia y Paz, un paramilitar desmovilizado que hizo parte  de la banda de ‘Jorge 40’, Óscar José Ospino Pacheco alias ‘Tolemaida’, ha confirmado lo que los documentos sugieren: que las AUC consiguieron que el Incoder les legalizara el despojo a los campesinos.
‘Tolemaida’ dijo que otro paramilitar conocido con el alias de ‘Córdoba’ fue quien sirvió de puente entre la gerencia del Incora y ‘Jorge 40’ para legalizar el robo de predios a las familias campesinas, desplazados por los paramilitares a finales de los años noventa.
El otro testigo que está colaborando con la justicia, pero cuyo nombre se mantiene en reserva por seguridad, le dijo a las autoridades que participó en varias reuniones entre ‘40’ y funcionarios del Incora, y en ellas se organizó cómo se revocarían los predios adjudicados a campesinos y cómo se les titularían a los paramilitares.
Los documentos sustentan estas versiones. Entre febrero y marzo de 2003, el Incora revocó la adjudicación de 134 predios, dos en promedio por día, argumentando que los campesinos abandonaron la tierra o incumplieron con el pago de un crédito que les otorgaron quince años atrás. Se aprecia lo exagerado de la cifra, si se tiene en cuenta que entre 1996 y 2002,  es decir, en los siete años anteriores, apenas se habían revocado los títulos de 80 predios.
Las revocatorias de 2003 incluyeron predios con extensiones desde 47 metros cuadrados, equivalentes a una huerta, hasta de 69 hectáreas, una gran hacienda. Estas cancelaciones de títulos ocurrieron en 12 municipios del Magdalena, pero se concentraron sobre todo en cuatro de ellos, justo los que mayor desplazamiento forzado registraron a causa del terror de ‘Jorge 40’.
En su defensa ante la justicia, conocida por VerdadAbierta.com, el entonces gerente del Incora en Magdalena, José Fernando Mercado Polo, aseguró a las autoridades que nunca tuvo conocimiento de desplazamientos forzados de campesinos en la zona, ni mucho menos que ‘Jorge 40’ hubiera asesinado o intimidado a alguien para robarle sus tierras.
Es una versión difícil de creer, después de que, para 2003, todos en esa región llevaban años conociendo reportes de prensa y radio acerca del desplazamiento forzado de campesinos, a quienes se veían llegar todos los días por montones a Santa Marta a levantar barrios enteros de latas y cartones.
Según datos de Acción Social en los 12 municipios del Magdalena donde el Incora revocó predios, al menos 199.746 familias fueron desplazadas entre 2000 y 2009 por grupos armados ilegales. En los mismos municipios, entre 1990 y 2009 fueron asesinadas 9.642 personas.
Fue precisamente en Chivolo, el municipio con el mayor número de campesinos desplazados por la violencia del departamento entre 1997 y 2002, donde más títulos se revocaron. Según los propios registros del Incoder, allí perdieron la propiedad sobre 47 parcelas, particiones de fincas de mayor extensión llamadas El Encanto, Bejuco Prieto y La Palma. El segundo con más anulaciones de títulos fue Ariguaní, donde los campesinos perdieron propiedad sobre 32 parcelas, que en 1980 habían sido parte de fincas más grandes llamadas Pacífico, Melissa, San José y No te canses.
El tercero más afectado fue el municipio de Pivijay, donde el Incora les revocó a los campesinos 24 predios, que antes hacían parte de grandes terrenos llamados Palmarito, Florencia y Santa Bárbara. El cuarto en revocatorias fue Sitionuevo, donde los campesinos perdieron la propiedad sobre12 parcelas que habían sido parte de un predio global llamado La Trinidad. En orden de anulación de títulos, pero en menor escala, otros de los municipios afectados fueron Tenerife, Aracataca, Plato, Ciénaga, Fundación, El Banco, Zona Bananera y Santa Marta.
Revocatorias irregulares
Orlando Yanez, un policía retirado y líder de los campesinos en Chivolo, no pudo ver que el Incoder le devolviera las tierras a los campesinos, murió de un infarto en septiembre 2009. Foto VerdadAbierta.com
Gran parte de las adjudicación de tierras a campesinos pobres se rigió bajo la Ley 160 de 1994 de Reforma Agraria y Desarrollo Rural Campesino que estableció un proceso de selección por puntos. Entregaba parcelas a aquellos campesinos con familia que carecieran de propiedades.
La selección era rigurosa: un comité regional conformado por el gerente regional del Instituto, el jefe jurídico, el procurador agrario, un representante de los campesinos y delegados de las asociaciones de usuarios campesinos, daban fe de la puntación. Si el campesino era seleccionado para la adjudicación, no podía vender su tierra en 15 años.
El comité también vigilaba que los campesinos explotaran sus tierras, que no las abandonaran, las cedieran, arrendaran o vendieran. Y solamente el comité podía autorizar la revocación de títulos.
Por eso llama la atención que en 2003, el comité de adjudicación de Incora en Magdalena revocara tan rápidamente 134 títulos de propiedad, sin siquiera buscar a los campesinos para que explicaran por qué habían abandonado sus propiedades.  En las resoluciones de revocatoria, sólo se menciona que el funcionario del Grupo de Gestión visitó la respectiva zona y encontró que los campesinos habían abandonado la parcela. Y luego, que el Comité de Selección, que se reunió a finales de 2002 y a principios de 2003, recomendó comenzar los trámites de caducidad.
Pero en ninguno de los archivos de estas revocatorias de adjudicaciones de tierras, a los que tuvo acceso VerdadAbierta.com, se hallaron actas de cada decisión administrativa como debería ser. En su defensa, el ex gerente del Incora-Magdalena, Mercado dijo que de cada procedimiento de revocatoria, ellos dejaron constancias escritas. Éstas, sin embargo, han desaparecido misteriosamente y ni siquiera la Fiscalía las ha encontrado.
A pesar de ser los afectados, el Incora tampoco notificó a los campesinos de que se quitarían sus títulos por presunto incumplimiento con las obligaciones de la adjudicación.

Los Nuevos Dueños
El Balcón, una de las casas emblemáticas para los campesinos de la finca La Pola, fue el escenario del despojo de cientos de campesinos de Chivolo. Foto VerdadAbierta.com
Resulta todavía más extraño que después de las revocatorias de adjudicaciones de tierras, éstas volvieran a ser adjudicadas en tiempo récord. Se les titulaban, por lo general, a nuevos campesinos que ya habían invadido las tierras en cuestión. Así quedó consignado en las resoluciones del Incora (ver mapa). Luego se supo, que los nuevos propietarios eran en su mayoría desmovilizados de las Auc o sus familiares, cuando no, testaferros de los propios ex jefes paramilitares.
En menos de cuatro meses, el Incora firmó 137 nuevas adjudicaciones a otros propietarios. Las fechas de revocatorias y nuevas adjudicaciones fueron realizadas el 7, 10, 20 de febrero y el 31 de marzo de 2003. Incora se demoró apenas tres meses en revocar y luego en volver a adjudicar, con una celeridad jamás vista.
En algunos casos, revocó en febrero de 2003 y tituló entre el 21,24 y 25 de abril. Curiosamente, en las revocatorias el Incora no especificaba el número de hectáreas anuladas, mientras que en las nuevas adjudicaciones el Incora les señalaba a los nuevos propietarios que estos predios tenían entre 32 y 33 hectáreas
El Incora también les aplicó a los campesinos despojados la caducidad por mora en los préstamos que habían contraído con la Caja Agraria para pagar el 30 por ciento del valor de sus tierras.
El proceso regular, según un ex gerente del Incora consultado por VerdadAbierta.com, podía demorar entre 6 meses y un año. Además de verificar toda la información, los nuevos parceleros tenían que hacer el trámite para conseguir un crédito correspondiente al 30 por ciento del valor del predio.
‘40’ y sus ladrones
Varias familias de campesinos han regresado a Chivolo pero se han encontrado con que sus fincas fueron tituladas a desmovilizados o sus familiares. También que testaferros de ’Jorge 40’ tiene en su poder los predios y no los quieren devolver.
En 1996, ‘Jorge 40’ y sus hombres, unos 25, llegaron a esta rica zona del centro y sur del Magdalena conocida como las Sabanas del Ariguaní. Los paramilitares la eligieron posiblemente porque aunque está aparentemente aislada, a muy pocos kilómetros al occidente, está el río Magdalena y al oriente, muy cerca, la carretera que comunica a Santa Marta con Bucaramanga. Ambas rutas accesibles para el tráfico de drogas y de armas hacia el mar.
Además porque sus tierras eran particularmente bellas y ricas. En 1997, el grupo de ‘Jorge 40’ empezó a señalar a los campesinos de auxiliadores del Eln. Este grupo guerrillero había llegado a Sabanas de San Ángel intentando penetrar el movimiento campesino que reclamaba tierras al Estado. Incluso hasta llamó a uno de sus frentes, el Manuel Domingo Barros, en honor a un líder campesino en la zona.
Al principio, dicen algunos agricultores que han vivido por décadas en esta zona, el grupo armado acompañó a los labriegos en su lucha, pero después les prohibieron que intentaran la titulación de tierras. Los campesinos se alejaron del Eln, además porque a esa región llevaba a los ganaderos que secuestraba, poniéndolos en grave riesgo.
En 1996, de hecho, Salvatore Mancuso y ‘Jorge 40’, rescataron de las manos del Eln a un ganadero de apellido Botero, miembro de una familia propietaria de grandes fincas en las riberas del río Magdalena, sobre todo en Magangué. Por esos años esos Botero confirmaron una Cooperativa Rural de Seguridad (Convivir), que aunque era legal, muchos en esa región la señalaban de ser instigadora de graves violaciones de los derechos humanos.
Desde ahí, los paramilitares comenzaron a hacerles la vida un infierno a los campesinos de la región. Primero se fueron las familias de muchachos que habían sido reclutados por el Eln. Pero la ola de terror de las Auc no se detuvo.
’Jorge 40’ y sus hombres asesinaron a líderes y campesinos de las veredas La Pola, La Palizua, El Encanto y Bejuco Prieto, todas ubicadas en el municipio de Chivolo. Detrás de estas muertes, aparecieron Neyla Alfredina Soto Ruiz, alias ‘La Sombrerona’; Miguel Castro Gnecco, alias ‘Don Armando’, y el empresario Saúl Severini y Augusto ‘El Tuto’ Castro, hermano de un senador, todos respaldados por ‘Jorge 40’, ofreciéndoles a los campesinos comprarles las tierras a precios irrisorios. Les pagaban lo que querían y si alguien se negaba los amenazaban o asesinaban. En muchos casos, ni siquiera cumplieron con los pagos. Así consta en los testimonios que han dado víctimas y desmovilizados a la justicia.
El 15 de julio del 1997, ’Jorge 40’ ordenó a sus hombres que reunieran a todos los campesinos que vivían en las fincas La Pola, El Encanto y La Palizua, entre otras, en un sitio conocido como El Balcón –que luego convertiría en una base paramilitar- y les dijo que tenían 15 días para desocupar. Un pastor que estaba entre los presentes fue asesinado porque dijo que él había sido enviado a predicar la palabra y que "Dios no le había dicho que se fuera".
Pocos se atrevieron a denunciar. Y por esto solo se supo de la dimensión de la tragedia, después de que en 2006, los 2.215 hombres del Bloque Norte de las Auc que comandaba ‘Jorge 40’ se desmovilizaran en Chimila, Cesar.
Con todo el mundo silenciado o cooptado, ‘Jorge 40’ y sus hombres se apropiaron a punta de bala de cerca de 18 mil hectáreas de los campesinos. Y en 2002, al tiempo que se iniciaban las conversaciones de paz con el gobierno, ‘Jorge 40’ empezó a planear su plan de retiro: legalizar la expropiación violenta de predios a cientos de familias campesinas. Así lo creen en la región porque, según varios testigos entrevistados por VerdadAbierta.com, empezó a adecuar las fincas de los desplazados. Invirtió en un sofisticado acueducto para darles de beber a las reses que se robaba y en mejorar el servicio de energía eléctrica y ponerles televisión satelital.

Un Ángel para los Campesinos
Para fortuna de los campesinos despojados, en 2006 cuando las autoridades hicieron un allanamiento a una finca desde donde solía despachar Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’ en las Sabanas de San Ángel, encontraron documentos que respaldaban su versión de los hechos.
Allí apareció un listado de nombres y cédulas con los títulos "parcelas de Bejuco Prieto a legalizar", "nombres para adjudicar parcelas Toluas y Santa Rosa" y "parcela a legalizar El Encanto".
Esas listas se referían a personas que terminaron siendo despojadas en el centro de Magdalena y sus fincas entregadas a otras, oriundas de Valledupar, Barranquilla, Tierralta, Cereté y Valencia en Córdoba, y de municipios como Ariguaní, Fundación, Pivijay, Pedraza y Monterrubio, en Magdalena.
Varios de los nombres de estas listas de campesinos a despojar, coinciden con los titulares de las escrituras de adjudicación que otorgó el Incora en 2003. Según el testigo que colabora con la Fiscalía, ‘Jorge 40’ quería comprar las tierras pero, como estas estaban tituladas a campesinos, sus títulos debían ser revocados y readjudicados a otros.
Fue entonces, dijo el testigo, que ‘Jorge40’  hizo una lista con los nombres de sus hombres y de sus familiares y se lo pasó al Incora para que anulara los títulos de los campesinos expulsados a la fuerza y les readjudicara a su gente la propiedad de las tierras.
En efecto, así lo ratifican documentos internos del Incoder. Su antecesor el Incora adjudicó en 2003 en Chivolo, fincas a Eberto Enrique Barranco Torregrosa, a Jesús Alberto Toncel Pavón, a Omar Montero Martínez, alias ‘Codazzi’, y a‘24’, jefe del frente Guerreros de Baltazar que delinquía en Pivijay, El Difícil, Plato y San Ángel, hoy prófugo de la justicia.
Por eso un campesino que había sido adjudicatario en 1991 de un predio en El Encanto, encontró que desde el 28 de octubre de 2002 su parcela  ‘Dios verá’ ya no era suya, sino que desde el 10 de febrero de 2003 había sido titulada a Éver Vargas Contreras. Según las autoridades, Vargas Contreras es un desmovilizado del Bloque Norte conocido con el alias de ‘Rafa 50’.
Lo mismo ocurrió con el propietario de la Parcela ‘El Tesoro’, quien descubrió que el desmovilizado del Bloque Norte, Fredys Alfonso Yances, alias ‘El Flaco’ se había quedado con su parcela que le fue adjudicada el 30 de octubre de 2002. El Incora se demoró en titularle la parcela a ‘El Flaco’ solo 15 días.
La historia se repitió con la parcela Palermo. El 30 de febrero de 1991 el Incora le adjudicó el predio a un campesino. Pero el 10 de febrero de 2003 decidió revocársela porque "había abandonado el predio hace 6 años y este es ocupado por el señor Orlando Caballero Cantillo". Caballero Cantillo, señalado por los campesinos desplazados de ser un capataz de ‘Jorge 40’, consiguió que, tan sólo mes y medio después, le adjudicaran la tierra.
El mismo Tovar Pupo reconoció  en agosto de 2007 que muchas de estas fincas habían sido despojadas por sus hombres, y que iba a intentar devolverlas. Pero, luego de la extradición de este ex jefe paramilitar en 2008, hombres armados, quienes además exhiben sus títulos espurios, han impedido que sus verdaderos dueños las recuperen. Les han quemado y tirado al suelo con motosierra, los cambuches improvisados que instalaron a la entrada de sus predios en un intento por hacer valer su derecho.
En otros casos, algunos políticos de la región o antiguos testaferros invadieron predios de campesinos que el Incora no había titulado, pero luego revendieron, lo que hace más difícil la anulación de estos nuevos títulos, porque los actuales propietarios pueden haber comprado de buena fe.

¿Quién Le Responde a Edulfo?
Entre el 25 de octubre de 2002 y el 24de abril de 2003 el comité de adjudicaciones (integrado por el gerente regional de la época, José Fernando Mercado Polo, el secretario general, el jefe jurídico, el procurador regional, los supuestos representantes de las asociaciones de campesinos y de la Anuc en Magdalena) decretaron la nulidad de cientos de títulos con los argumentos de que las tierras habían sido abandonadas y que los campesinos habían dejado de pagar sus deudas con la Caja Agraria.
No se conocen denuncias de posibles irregularidades, por parte de los integrantes del comité.  Ni parece que se hubieran preguntado por qué de repente unos 2.500 campesinos de Chivolo dejaron sus fincas, ni tampoco quiénes eran esos forasteros que habían ocupado esas tierras.
Resulta revelador del terror que había, que ningún campesino aparece oponiéndose a que le quitaran su tierra, pues si lo hubiera hecho hubiera detenido el proceso y no hubiera podido hacerse tan rápido.
Pero el asunto no se quedó solo en2003. Los paramilitares siguieron robando tierras que no necesariamente habían sido ‘incoradas’, u objeto de reforma agraria.
En varios casos conocidos por VerdadAbierta.com los paramilitares robaron tierras a campesinos pagándoles a precios irrisorios y llegaron incluso a negociarlas con el Incoder años después.
Así fue como le ocurrió Eudolfo Escobar de la Cruz quien, junto con su esposa, tenía las finquitas de ‘Canaan’, ‘Vista Hermosa’ y ‘El Caquetá’.  Según se ha animado a denunciar después, a finales de 2001, Augusto ‘Tuto’ Castro, muy amigo de ‘Jorge 40’ y hermano del entonces senador Jorge Castro Pacheco, hoy condenado por la Corte Suprema por parapolítica, les puso precio y fecha de venta a sus fincas. La amenaza, según la denuncia, fue de muerte si no vendía.
El campesino la vendió y se desplazó a otra ciudad de la Costa. Después de la desmovilización paramilitar, fue a una audiencia de Justicia y Paz en Barranquilla, en donde exigió a ‘Jorge 40’ que le devolviera los predios. Allí se enteró que las tres fincas, englobadas en una sola con el nombre de Villa Lorena y su dueño actual, un tercero al que ‘Tuto’ Castro le había vendido, la estaba negociando con el Incoder. Edulfo envió varias cartas al Instituto sin poder frenar la negociación, que se concretó el 9 de abril de 2010.
El reto del nuevo gobierno, que ha puesto en marcha una política dinámica de devolución de predios robados e investigación de los culpables del despojo fuera y dentro del Incoder, es deshacer decenas de casos complejos, como este de Edulfo, para que haya justicia. Los 37 predios que ya devolvió en Chivolo, cumpliendo una orden de la Corte Constitucional, marcan apenas el comienzo de un largo camino.
[Para obtener los documentos del Incoder, VerdadAbierta.com presentó a la entidad un derecho de petición que fue negado en 2010, bajo el gobierno anterior. Entonces, con la asesoría del programa de acceso a la información de la Fundación para la Libertad de Prensa, presentó una tutela y el juez falló a favor. Bajo el nuevo gobierno, el Incoder ha venido entregando los documentos de revocatorias de adjudicaciones de tierras de varios departamentos en el país.]
4 de junio de 2011
28 de marzo de 2011
©verdad abierta

quince políticos asesinados en 2011


A pocos meses de las elecciones regionales y locales, la Misión de Observación Electoral asegura que 23 personas relacionadas con actividades políticas han recibido amenazas.
Colombia. La Misión de Observación Electoral (MOE) denunció en Bogotá que 15 líderes políticos de este país fueron asesinados en lo que va corrido de 2011.
La directora de la MOE, Alejandra Barrios, dijo que también en los primeros cinco meses de este año 23 personas que tienen alguna relación directa con actividades políticas han recibido amenazas.
Otras seis han sido víctimas de atentados perpetrados por desconocidos, mientras que una más ha sido secuestrada.
Barrios aclaró que los móviles de los asesinatos deben ser establecidos por las autoridades competentes aunque las "víctimas tienen en común que han expresado en público y en privado que desarrollarían actividades proselitistas" para las elecciones regionales que se cumplirán en el próximo 30 de octubre.
Aclaró que deben ser esas autoridades las que con sus investigaciones establezcan si los asesinatos, amenazas y secuestros, tuvieron su origen en actividades relacionadas con la política o mediaron otras circunstancias y sus autores.
El último domingo de octubre más de 12 millones de colombianos acudirán a las urnas para escoger gobernadores, diputados departamentales, alcaldes, concejales municipales y miembros de Juntas de Administradoras Locales (JAL).
Barrios detalló que de los 15 asesinatos, 11 se cometieron en mayo y que los tres últimos fueron el 31 de mayo, dos de ellos en Antioquia.
Por departamentos, Valle, es donde se han registrado más asesinatos con cuatro homicidios. Le siguen Antioquia, con tres; Huila, con dos; Putumayo, con dos; mientras que Cesar, Norte de Santander, y Córdoba, tienen uno cada uno. En Bogotá hubo un asesinato.
Según Barrios, la situación generada por los asesinatos y los atentados contra políticos o líderes políticos es, a cinco meses de las elecciones regionales, "una situación delicada para el ejercicio democrático".
En cuanto a las amenazas, Barrios llamó la atención que de los 23 casos, 10 han ocurrido en Arauca, mientras que Cesar y Valle, tienen cuatro y tres casos, respectivamente.
Y de los seis casos de atentados contra políticos, cuatro han sido en Antioquia.
Agregó que también llama la atención que las víctimas son de las más variadas vertientes políticas y "no ocurre como lo que pasó contra los miembros de la Unión Patriótica (UP)", cuyos militantes prácticamente fueron exterminados.
También señaló que en los casos ocurridos en Antioquia, resulta particular que ninguna de las víctimas haya denunciado amenazas sino que "directamente actuaron contra ellos".
Recordó que las dos recientes muertes fueron las de los candidatos a la alcaldía de Campamento y ni "Donai Correa ni Guillermo Roldán", habían pedido protección de las autoridades.
Las campañas políticas no han comenzado oficialmente en Colombia. Incluso, el fin de semana pasado varios partidos políticos apenas adelantaron consultas para elegir a sus candidatos para las elecciones de octubre.
La consulta se celebró en 271 de los más de 1.100 municipios en los que la Registraduría Nacional dispuso de un total de 15.376 mesas.
4 de junio de 2011
3 de junio de 2011
©semana

confesó reunión con jorge 40


Ex gerente de Incora acepta que se reunió con ’Jorge 40’. El ex gerente del Incora en Magdalena, José Fernando Mercado Polo, aceptó que se reunió con Rodrigo Tovar Pupo alias ’Jorge 40’. El paramilitar logró en complicidad con funcionarios del instituto que le titularan miles de hectáreas de campesinos desplazados.
Colombia. El ex funcionario aceptó de esta manera ante un fiscal de la Unidad de Terrorismo los cargos de concierto para delinquir con paramilitares y falsedad en documento público con el que despojaron a cientos campesinos de sus tierras en Chibolo, Pivijay y El Difícil entre otros municipios. Mercado Polo fue capturado de inmediato y recluido en una cárcel de Santa Marta.
Mercado Polo pretende de esta manera acogerse a sentencia anticipada por el proceso que adelanta la Fiscalía por el despojo masivo de tierras por parte de paramilitares y testaferros del ex jefe del Bloque Norte de las Auc, Rodrigo Tovar Pupo alias ’Jorge 40’ que se dio en el Magdalena entre 2002 y 2006.
VerdadAbierta.com pudo comprobar que no fueron solo 37 los predios que robó el grupo paramilitar. Después de revisar decenas de documentos de la entidad, que consiguió mediante una tutela, pudo documentar que solamente en un año, el 2003, el Incora había revocado 134 títulos a campesinos de 13 municipios de Magdalena, en zonas en donde delinquió el jefe paramilitar. *
Los títulos que revocó se los había otorgado la misma entidad entre los años ochenta y noventa para atender a años de reclamos por la tierra de los campesinos de esa región, a cada campesino le había asignado una unidad agrícola familiar, que en esa zona oscilaba entre las 20 y 30 hectáreas.
Pero después de que los paramilitares se tomaron a sangre y fuego la región, y forzaron a miles de campesinos a desplazarse, la entidad, con el nuevo nombre de Incoder, revocó los títulos de los campesinos desplazados y, en muchos casos, se los re-adjudicó a terceros.
En versión libre ante un fiscal de Justicia y Paz, un paramilitar desmovilizado que hizo parte de la banda de ‘Jorge 40’, Óscar José Ospino Pacheco alias ‘Tolemaida’, ha confirmado lo que los documentos sugieren: que las AUC consiguieron que el Incoder les legalizara el despojo a los campesinos.
‘Tolemaida’ dijo que otro paramilitar conocido con el alias de ‘Córdoba’ fue quien sirvió de puente entre la gerencia del Incora y ‘Jorge 40’ para legalizar el robo de predios a las familias campesinas, desplazados por los paramilitares a finales de los años noventa.
El otro testigo que está colaborando con la justicia, pero cuyo nombre se mantiene en reserva por seguridad, le dijo a las autoridades que participó en varias reuniones entre ‘40’ y funcionarios del Incora, y en ellas se organizó cómo se revocarían los predios adjudicados a campesinos y cómo se les titularían a los paramilitares.
Los documentos sustentan estas versiones. Entre febrero y marzo de 2003, el Incora revocó la adjudicación de 134 predios, dos en promedio por día, argumentando que los campesinos abandonaron la tierra o incumplieron con el pago de un crédito que les otorgaron quince años atrás. Se aprecia lo exagerado de la cifra, si se tiene en cuenta que entre 1996 y 2002,  es decir, en los siete años anteriores, apenas se habían revocado los títulos de 80 predios.
Las revocatorias de 2003 incluyeron predios con extensiones desde 47 metros cuadrados, equivalentes a una huerta, hasta de 69 hectáreas, una gran hacienda. Estas cancelaciones de títulos ocurrieron en 12 municipios del Magdalena, pero se concentraron sobre todo en cuatro de ellos, justo los que mayor desplazamiento forzado registraron a causa del terror de ‘Jorge 40’.
En su defensa ante la justicia, conocida por VerdadAbierta.com, el entonces gerente del Incora en Magdalena, José Fernando Mercado Polo, aseguró a las autoridades que nunca tuvo conocimiento de desplazamientos forzados de campesinos en la zona, ni mucho menos que ‘Jorge 40’ hubiera asesinado o intimidado a alguien para robarle sus tierras. Sin embargo, Mercado Polo decidió confesar que si se reunió con ’40’ y de allí salieron las adjudicaciones irregulares a testaferros e incluso desmovilizados del Bloque Norte.
La Fiscalía también capturó en diferentes ciudades de la Costa a Edgar Rafael Navarro Quintero, quien ocupó por encargo la dirección del Incora Magdalena; Carlos Arturo Vásquez Vásquez, fue coordinador del Incora en Fundación y es funcionario del Incoder; Ernesto Martín Gámez Goelkel, coordinador del Incora en Plato (Magdalena); José Eugenio Lozano Andrade, coordinador del Grupo de Propiedad del Incora; y Milleth Antonio Villa Zabaleta, ex concejal de Chibolo, según informó el diario El Espectador.
El 21 de enero de este año, el ente acusador había dictado medida de aseguramiento contra Luz Cenit Curiel, exasesora jurídica; Gómez Goelkel, Vásquez Vásquez y Lozano Andrade.
En el proceso por el despojo de las tierras también están vinculados Carlos Peñaranda Massón, registrador seccional de Plato; Armando Andrade Palacio, notario de Ariguani, y José Norberto  Bedoya Prada, exconcejal de Fundación, también serán llamados a indagatoria.
En enero, la Corte Suprema de Justicia ordenó compulsar copias al fiscal de la Unidad Antiterrorismo para investigar a los funcionarios del Incoder Magdalena que intervinieron en la titulación fraudulenta.
Los 36 predios, ubicados en las veredas El Encanto y Bejuco Prieto, en Chivolo, fueron despojados entre  1997 y 2000 por Rodrigo Tovar Pupo, alias ‘Jorge 40’ a sus primeros dueños.
La expropiación de tierras consistió en que, el Incora declaró los predios en estado de abandono y los transfirió a nombres de ex miembros del Bloque Norte de las Auc y testaferros a ‘Jorge 40’.

Historia del Despojo
En 1997, ’Jorge 40’ se instaló en la finca de La Pola, una de las que fue adjudicada a 72 familias de parceleros en 1991, y de allí orquestaba sus macabros planes de asesinatos y masacres.
Según le contaron a VerdadAbierta.com los propios campesinos, los paramilitares se tomaron el corregimiento de Pueblo Nuevo y en menos de dos años- entre 1996 y 1997- asesinaron a varios de ellos de El Pueblito, San Ángel, Chivolo y La Estrella: a Victor Cantillo Jiménez, José Montenegro Manga, Alonso Martínez, Miguel Avendaño Martínez, Antonio Mendinueta Barrios, Miguel Palencia, Luis Alfonso Fernández de Agua, Alberto Zolar, Laura Acuña, Humberto Noriega, Lorenzo Ariza, Juan Marriaga, Yonis Marriaga, Orlando Buelvas Cervantes, Manuel Pérez, Dionisio Jaraba y Manuel de la Cruz de la Hoz, entre muchos otros.
Estas tierras fueron tituladas a parceleros por el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (Incora, hoy Incoder) en los noventa. Entre 1997 y 2000  se revocaron los títulos por abandono luego de que ‘Jorge 40’ y sus hombres asesinaran a varios de ellos, los desplazaran, y los obligaron a venderle o traspasarle sus títulos a testaferros de los ‘paras’.
El 15 de julio del 1997, ’Jorge 40’ ordenó a sus hombres que reunieran a todos los campesinos que vivían en las fincas La Pola, El Encanto y La Palizua, entre otras, y les dijo que tenían 15 días para desocupar. En esa reunión estaba el profesor Ricardo Barrios quien fue retenido por hombres de ’40’ y apareció asesinado al día siguiente. También asesinaron a José de Jesús Henao, quien tenía propiedades en el predio El Radio y lo acusaron de ser colaborador de la guerrilla. Su objetivo primordial, era ya obvio, no era combatir a la guerrilla, sino hacerse a las mejores tierras de la región.
En un allanamiento del 28 de julio de 2006 la Fiscalía encontró documentos que prueban el despojo de 36 predios en Chivolo, adjudicados por el Incora en 1991 a campesinos sin tierra.
Una vez que los campesinos se atrevieron a denunciar del despojo, el Programa de Tierras de Acción Social documentó el caso y solicitó la protección de los predios robados por los hombres de ’40’. Con estas medidas se inició el trámite para la restitución de los predios en el Tribunal de Justicia y Paz de Barranquilla, en donde inicialmente se negó la devolución de los predios.
Deicy Jaramillo, fiscal 3 de Justicia y Paz, la Procuraduría, el Proyecto de Tierras de Acción Social, la oficina nacional de Incoder y la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Cnrr) apelaron la decisión, que fue juzgada en última instancia por la sala penal de la Corte Suprema de Justicia.
Es la primera vez que la Corte Suprema de Justicia se pronuncia sobre la atribución ilegal de tierras a testaferros de ‘paras’, decisión que abre la posibilidad que miles de hectáreas que campesinos consiguieron a través del Incora y que fueron despojados bajo la figura del abandono vuelvan a sus dueños originales.
El abandono fue una de las formas que los ‘paras’ usaron para robar tierras a los campesinos. Como el Incora les había otorgado los títulos, la ley precisaba que estos no podían ser ni vendidos ni traspasados antes de 15 años. La única forma era declararlos abandonados por sus dueños y reasignarlos.
Los ‘paras’ masacraron, asesinaron, desaparecieron, saquearon y desplazaron para que los funcionarios del Incoder, muchas veces cómplices, vinieran unos meses después a constatar el abandono.
4 de junio de 2011
3 de junio de 2011
©verdad abierta

cae capo de banda de los 40


En Barranquilla fue asesinado el jefe de la banda de los ’40’,  Wildon Javier Daza Mejía, conocido como el ’Gabi Daza’, que había sido liberado por vencimiento de términos.
Colombia. Según informa el diario El Heraldo de Barranquilla, Daza fue acribillado por dos sujetos en el norte de Barranquilla, cuando, al parecer, salía de la casa de un familiar.
El paramilitar había estado preso durante diez meses procesado por los delitos de narcotráfico, sicariato y extorsión como integrante de la ‘Banda de los 40’, pero un juez le dio el beneficio de casa por cárcel. Según fuentes oficiales, un juez penal del Circuito Especializado adjunto de Barranquilla tomó esta decisión, argumentando enfermedad del detenido. Meses después el caso se cayó por vencimiento de términos.
"Medicina Legal certificó que tenía problemas cardiovasculares graves, y ese fue el argumento de la decisión del juez. Sin embargo, existen reportes médicos de la cárcel que señalan que meses atrás Daza Mejía estaba en buenas condiciones", dijo una fuente oficial.
La ‘Banda de los 40’ fue un grupo paramilitar que heredó el imperio de ‘Jorge 40’. Su comandante general era ‘Salomón’ y estaba compuesto por 180 integrantes, de los cuales 24 eran funcionarios públicos. La banda tenía una ‘oficina de cobros’, una cooperativa y una empresa de seguridad privada en la Costa Caribe, además de una sólida estructura militar durante 2006 y 2007 en los departamentos de Magdalena, Atlántico, Bolívar y Sucre.
Alias ‘Gabi Daza’ fue capturado el 4 de octubre de 2009, después de que las autoridades lo incluyeran en la lista de los 20 delincuentes más buscados de la Costa Atlántica. Ya detenido, la Policía le solicitó al Inpec trasladar a ‘Gabi Daza’ a otra cárcel, porque el detenido seguía delinquiendo en la capital del Atlántico.
"Informes de inteligencia indican desde su sitio de reclusión (‘Gabi’) estaría liderando el accionar criminal en la comisión de hechos punibles como la extorsión, tráfico de drogas y homicidios selectivos, al igual que contarían con medios de comunicación, computadores y visitas no autorizadas", señala la Policía de Barranquilla, en un reporte el 11 de noviembre del 2009.
Por esta razón, el integrante de la ‘Banda de los 40’ fue enviado a la cárcel de Cómbita, en Boyacá, desde donde era trasladado con frecuencia a Barranquilla para asistir a las audiencias ante el juez que lo procesaba.
En una de esas diligencias, cuenta una fuente de la cárcel, ’Gabi Daza’ aseguró estar enfermo, por lo que debió ser hospitalizado en un centro médico de la Costa desde el 24 de mayo pasado. Desde ese momento, solicitó a un juez que le levantara la medida.

La Banda de los 40
Este grupo paramilitar quedó al descubierto cuando se capturó a Édgar Ignacio Fierro alias ’don Antonio’, en sus computadores los investigadores encontraron datos sobre la existencia de una organización con una estructura jerarquizada militar, política y financieramente, que había infiltrado organismos de seguridad del Estado, que cobraba comisiones a los contratistas de las entidades públicas territoriales, que extorsionaba a los comerciantes con cuotas mensuales, así como también a empresas bananeras, a transportadores, a los ganaderos, a estaciones de gasolina, a las ARS y a los hospitales.
El Frente de ’Don Antonio’ imponía candidatos a las alcaldías con presiones armadas y financiamiento, asesinaba a quienes condenaba -a su juicio- como ladrones de ganado, drogadictos o ladrones y se enfrentó a otras bandas que pretendieron disputarles el territorio, también extorsionando a la gente ofreciéndole a cambio protección.
El grupo tenía un estricto código interno que establecía la muerte para aquellos miembros de quienes sospechaban se podían torcer o hubieran sido desleales. También perseguían y asesinaban a quienes ellos presumían eran simpatizantes o militantes de los grupos guerrilleros. En el computador de ’Don Antonio’ había información detallada de la comisión de más de 600 homicidios cometidos entre 2003 y diciembre de 2005 en Atlántico y parte del Magdalena.
Pero la historia de los computadores de ’Don Antonio’, no terminó con la revelación de la información que guardaba.
A partir de un análisis que hizo la Fiscalía Quinta de Derechos Humanos y de Derecho Internacional Humanitario, durante los meses siguientes a 2006, y con base en indicios graves de que algunos miembros estaban delinquiendo, el fiscal ordenó el 22 de noviembre de 2006 la interceptación de los abonados telefónicos de varios ex integrantes del Frente José Pablo Díaz y del Bloque Norte.
Fue así como se tuvo la certeza de la existencia de vínculos entre servidores del Estado de diferentes niveles y de diversas entidades, con los miembros de una banda que tenía la misma estructura y división del trabajo a la de los grupos paramilitares que se habían desmovilizado. Los jefes de esa banda sostenían, además, de acuerdo con los registros de ingreso a la penitenciaría de Itagüí, reuniones periódicas con ’Jorge 40’ en la cárcel. Esta situación le permitió a la Fiscalía establecer la existencia de una nueva organización que se hacían llamar las Nuevas Autodefensas del Atlántico y que coordinaba homicidios, secuestros y cobraban extorsiones, entre otros delitos.

El Reagrupamiento
La banda era comandada por Miguel Villarreal Archila, quien se identificaba al interior de la organización con los alias de ’Salomón’, ’Sandra’ y ’El Viejo’. Aunque Villarreal Archila no pertenecía al Frente José Pablo Díaz, era jefe de un grupo que se movía entre Cartagena y Ciénaga, incluidos los cuatros municipios costeros del Atlántico. Su función era cobrar el impuesto a los narcotraficantes que embarcaban la droga por las costas de Bolívar, Atlántico y parte de Magdalena y le entregaba cuentas directamente a ’Jorge 40’ en reuniones mensuales que hacían en la Sierra Nevada.
Al igual que el Frente José Pablo Díaz, la banda --llamada de los 40 por su lealtad a ’Jorge 40’--, tenía una estructura militar y otra financiera. La financiera tenía una subestructura o brazo armado que se llamaba el "kit de cobros" y adicionalmente una "oficina de cobro" autónoma dedicada única y exclusivamente al narcotráfico, al cobro de impuestos de embarque y al recaudo de cuentas en las que obtenían una comisión por cobrarlas.
También tenían una cooperativa, Cocoagro, que según las autoridades de policía judicial era una cooperativa agrícola en la que estaban como inversionistas personas reconocidas de la región. Uno de los mayores accionistas, el mayor Bermejo, terminó suicidándose, y también poseían una empresa de vigilancia privada llamada Seguridad Tayrona, con sede en Santa Marta.
La Banda de los 40 estaba conformada en realidad, según pudo identificar plenamente la policía, por 180 personas. De los cuales 107 pertenecían a la estructura del Atlántico. De estos, 24 eran funcionarios públicos, en particular de las agencias de seguridad del Estado como la Policía Nacional, DAS, CTI, Ejército y Armada Nacional. Estos funcionarios informaban a los miembros de la banda sobre posibles acciones de la fuerza pública contra ellos y a cambio recibían un sueldo.
La Banda delinquía principalmente en Barranquilla y Atlántico. Su estructura en Bolívar y Sucre era más pequeña e inestable, pues en esos departamentos le competía la "Oficina de Cobro de Envigado" que tenía interés en controlar el Golfo de Morrosquillo para el tráfico de drogas. En Cartagena, La Banda de los 40 estaba integrada por 46 personas, de las cuales 17 restantes eran funcionarios de los organismos de seguridad del Estado. En Sucre eran sólo 27, seis de los cuales eran funcionarios de los organismos de seguridad.
Antes de ser extraditado a Estados Unidos a comienzos de octubre de 2008, Archila o alias ’Salomón’ alcanzó a contar ante Justicia y Paz, que ellos pagaban mensualidades en los comandos de policía de los corregimientos y municipios costeros y en algunos CAI de Barranquilla. En el DAS y la Sijin sobornaban a algunos para que les borraran antecedentes y les informaran sobre órdenes de capturas en su contra y en algunos casos para que fabricaran pruebas contra sus enemigos.
La Banda de los 40 llegó a tener una sólida estructura militar durante 2006 y parte de 2007 en los departamentos de Magdalena, Atlántico, Bolívar y Sucre. El comandante general era ’Salomón’, pero tenía como jefe político a Mario Marenco Egea, conocido como el "Gordo", quien había trabajado con Carlos Mario García, alias "Gonzalo" o el "Médico", comandante político de ’don Antonio’. Marenco tuvo injerencia directa en las elecciones de 2007 en Magdalena y Atlántico e ingresaba a La Picota en Bogotá e Itagüí, donde se reunía con los políticos presos y con el ex comandante Rodrigo Tovar.
3 de junio de 2011
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los impuestos del bloque bananero


Los paramilitares que delinquieron en el Urabá se financiaron con aportes de los bananeros, ganaderos y comerciantes, algunos entregados de forma voluntaria y otros, mediante extorsión.
Colombia. La Unidad de Justicia y Paz no sabe a ciencia cierta cuánto dinero recaudó ilegalmente los paramilitares el Urabá. Sin embargo, sabe que se valieron de varias formas de financiación para mantener a sus tropas y cometer delitos a lo largo del territorio.
Así lo aseguró un fiscal durante una audiencia de control de legalidad contra el extraditado alias ‘H.H.’, jefe paramilitar del Bloque Bananero, que cobró impuestos ilegales a bananeros, comerciantes, ganaderos y narcotraficantes entre 1998 y 2004, hasta cuando los 447 paramilitares a su cargo se desmovilizaron en Turbo, en el Urabá antioqueño.
"Alias ‘H.H.’ confesó en una versión libre que no llevaban contabilidad. Que confirmaban cuentas y luego las quemaban. Él y Raúl Emilio Hasbún alias ‘Pedro Bonito’ han contado en versiones libres cómo financiaron sus grupos", dijo la Fiscal ante un magistrado de Justicia y Paz.
La historia de las extorsiones y los impuestos ilegales en el Urabá antioqueño por parte de los paramilitares se remonta a 1998. Antes de ese año, el Bloque Bananero se financió con los recursos directos que enviaba Vicente Castaño, jefe de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), por medio de las oficinas de cobro que tenía en Medellín.
La Fiscalía documentó que esas oficinas estuvieron ubicadas en El Poblado, Belén y Envigado, y que los encargados de manejar la plata eran alias ‘Merchán’ y ‘Lucas’. "Esos dineros se manejaron primero informalmente porque no podían hacer transacciones en bancos. Luego, utilizaron las Convivir (organizaciones de seguridad privada) para canalizar ese dinero", dijo la Fiscalía a partir de las versiones libres de los paramilitares.
En 1998, cuando el Bloque Bananero ya delinquía en el Urabá con el Frente Turbo a cargo de alias ‘H.H.’ y el Frente Arlex Hurtado a cargo de alias ‘Pedro Bonito’, el grupo paramilitar empezó a autofinanciarse cobrando impuestos ilegales. "Alias ‘Pedro Bonito’ ya tenía contactos porque era miembro de la Asociación de Bananeros de Colombia, y tuvo acceso a los listados de productores de banano asociados", explicó la Fiscalía.

Banano y Cocaína
La comercialización del banano, el contrabando y el narcotráfico estuvieron relacionados. En versiones libres, los exjefes paramilitares contaron que todos los barcos que llegaban a los puertos y que transportaban mercancía de contrabando tenían que pagar 600 mil pesos por carga.
En los barcos bananeros los paramilitares buscaron otra forma de financiación, utilizando la técnica de "preñar al barco". Eso significaba camuflar kilos de cocaína en las panzas de los barcos para transportar la droga hacia el centro y norte de América. En una versión libre, alias ‘H.H.’ confesó que pagaban entre $7 y $8 millones de pesos a la Armada Nacional para que apagara los radares y así en este tipo de operativos las lanchas no fueran detectadas.
"Cuando el barco ya estaba cargado en altamar, en la noche los paramilitares enviaban lanchas rápidas con buzos experimentados. Ellos se sumergían y pegaban la droga en la parte inferior del barco. La operación se repetía cuando el barco llegaba a su destino", contó la Fiscalía.
Alias ‘H.H.’ contó que las lanchas rápidas se escondían en un sitio conocido como ‘El Hueco’, en el Golfo de Urabá y que cada barco que zarpaba hacia Panamá podía cargar hasta 6.000 kilos de cocaína. La Fiscalía estimó que cada mes, entre 1998 y 2004, de los puertos del Urabá salieron en promedio  4.000 kilos de cocaína, una carga que le significó millones para el Bloque Bananero.
Cuando el pago por la droga no era dinero, los exjefes paramilitares confesaron que el trueque era por armas. Los paramilitares se refirieron a Carlos Mario Jiménez alias ‘Macaco’, jefe paramilitar del Bloque Central Bolívar, que estuvo integrado por ocho subgrupos paramilitares en el país. "En versiones libres, los paramilitares han contado que ‘Macaco’ cambiaba drogas por armas provenientes de Panamá, Nicaragua, Guatemala y Honduras. Una vez echaron tantos fusiles en una lancha, entre 2.000 y 3.000 armas, que ésta se hundió", dijo la Fiscalía.
Ya en tierra las cosas no era distinta. En algunos casos de forma voluntaria y en otros mediante extorsión, los paramilitares del Bloque Bananero cobraron cuotas mensuales a los dueños de fincas bananeras en el Urabá. En un listado suministrado por alias ‘Pedro Bonito’, que antes de ser paramilitar fue un terrateniente y empresario del banano, aparecen los nombres de los finqueros y de las empresas del banano a las cuales estaban afiliados.
En la tabla, expuesta ante el magistrado de Justicia y Paz, se podía ver que la cuota mínima mensual que cobraban a un finquero era de $1 millón 200 mil pesos y la más alta de $18 millones de pesos al mes. El único que no pagaba era Ramiro Vanoy alias ‘Cuco Vanoy’, el exjefe paramilitar del Bloque Mineros, propietario de La 14, una finca ubicada en la zona de Bajirá.

Impuesto al Pan
"En el Urabá ha sido difícil reconstruir las finanzas del Bloque Bananero. Quienes dieron aportes o pagaron extorsiones no se atreven a contar por miedo a terminar involucrados en un proceso penal. Sin embargo, por las versiones de los paramilitares tenemos algunas pistas de cómo le cobraron al comercio", dijo la Fiscalía.
En listados entregados por los paramilitares, la Fiscalía pudo documentar que el Bloque Bananero cobró impuestos ilegales al comercio incluyendo a las panaderías. En las tablas aparecieron los nombres de negocios de calzados, alimentos, fumigadoras, hoteles, apuestas y prestamistas gota a gota. "A las empresas de bebidas, gaseosas, cerveza y combustibles les dieron un tratamiento especial por su compleja distribución. Por versiones, supimos que a la gaseosa les cobraban $2 millones por mes, y a los de la cerveza $6 millones por mes", indicó la Fiscalía.
Los exjefes paramilitares calcularon que en Nueva Colonia recaudaban $800 mil pesos al mes, en Currulao entre $1 millón y $1 millón 200 mil pesos, en Apartadó entre $24 y $25 millones, y en Chigorodó entre $10 y $11 millones de pesos.
Los cobros incluyeron también a las fincas ganaderas teniendo en cuenta la cantidad de hectáreas. "En el Urabá, los paramilitares cobraron a los ganaderos entre $5.000 y $10.000 pesos por hectárea. Se estima que por mes recaudaban entre $30 y $40 millones, y al año entre $360 y $480 millones de pesos", señaló la Fiscalía.
Con las extorsiones, los exjefes paramilitares del Bloque Bananero confesaron que sostuvieron a la tropa, integrada por grupos rurales y urbanos. En 1996 el costo de la tropa rural fue de $1 mil 940 millones y en 2004 éste ascendió a $2 mil 970 millones. Lo mismo sucedió con el grupo de los urbanos. En 1996 el Bloque gastó en ese grupo $3.300 millones mientras en 2004 éste aumento a $4.270 millones.
"También cobramos peajes. A todo camión que pasara le cobrábamos de a $50.000 pesos. Al que no quería se le retenía y se le dejaba por allá atrás en lo oscuro y lo poníamos a esperar lo que quisiéramos", dijo en versión libre Benito Martínez alias ‘El Caimán’, un paramilitar encargado de supervisar los retenes ilegales el Urabá.
3 de junio de 2011
2 de junio de 2011
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el asesinato de kimy pernía


El 2 de junio de 2001, hombres de Salvatore Mancuso secuestraron y asesinaron al líder embera Kimy Pernía Domico. Diez años después de su desaparición la justicia colombiana no ha establecido los motivos y ni los cómplices de este crimen.
Colombia. En una entrevista del periodista y filósofo francés Bernard Henry Levy a Carlos Castaño en 2001, le preguntó si los atentados a sindicalistas, políticos de izquierda e indígenas eran un asunto arbitrario. El entonces jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia le respondió:
¿Atentados a ciegas nosotros? ¡Jamás!. Siempre hay una razón. Los sindicalistas, por ejemplo. Impiden trabajar a la gente. ¡Por eso los matamos!", a renglón seguido el filósofo francés volvió a la carga: "Bueno, y el jefe de los indígenas del Alto Sinú, ¿a quién le impedía trabajar él, ese pequeño jefe indio que bajó a Tierra Alta?"
Levy le preguntaba por el líder indígena de la comunidad Embera Katío, Kimy Pernía Domicó, quien había desaparecido a manos de hombres de Salvatore Mancuso el 2 de junio de 2001. Castaño le respondió vehemencia: "¡La represa! ¡Impedía el funcionamiento de la represa!".
El 23 de febrero de 2008, el ya desmovilizado jefe paramilitar Salvatore Mancuso, admitió que fue el quien organizó el asesinato y desaparición de Kimy, dijo además que el crimen fue ordenado por Castaño porque supuestamente el líder indígena negoció tierras con su resguardo para la represa de Urrá, pero que los dineros de esa negociación fueron a parar a las Farc.
El cuerpo de Kimy, según Mancuso, fue desenterrado por los paramilitares después de ser asesinado en algún lugar del nudo de Paramillo en Córdoba y arrojado a las aguas del río Sinú. Desde entonces nadie sabe del paradero de su cuerpo, ni mucho menos algún paramilitar ha confesado ante la justicia los motivos del crimen, ni los intereses ni los autores intelectuales del mismo.
Esas han sido las dos únicas alusiones que se han tenido por parte de paramilitares sobre las razones que llevaron a Castaño a dar la orden de acabar con la vida de Kimy, quien días antes de su desaparición había llegado de Canadá en donde estuvo exponiendo ante el parlamento de ese país, las razones por las que su comunidad se oponía a la construcción de la represa de Urrá, en la que participaba una empresa canadiense.

El Manto de Impunidad
El crimen de Kimy no fue el único que padeció la comunidad Embera Katío del alto Sinú, desde la llegada del grupo de Mancuso a Tierralta y sus alrededores, unos 25 líderes de la comunidad indígena fueron asesinados.
Existen varias hipótesis sobre el por qué los grupos armados se ensañaron con esta etnia.  
Los Embera Katío, unos 7 mil, han habitado desde tiempos inmemoriales las riveras del río Sinú y San Jorge en el departamento de Córdoba. Con la decisión a mediados de los noventa de construir la central hidroeléctrica de Urrá, comenzó un conflicto con la comunidad del alto Sinú porque los indígenas alegaban que la represa alteraría su vida, sus costumbres y su forma de alimentación centrada en la pesca.
Los indígenas iniciaron una serie de movilizaciones y acciones legales contra la represa. Coincidencialmente, en esa época, Salvatore Mancuso ya había conformado un grupo paramilitar en la parte baja del Nudo de Paramillo que mantuvo un pulso con los frentes V y 38 de las Farc que azotaba a ganaderos y comerciantes de Córdoba con secuestros y extorsiones, y que tenía el control sobre el cultivo de hoja de coca en la zona.
Pernía era un líder indígena que, junto con Alonso Domicó, mayor que él y el joven Lucindo Domicó, lideró la oposición al Proyecto Hidroeléctrico Urrá. En 1995 organizó el Do Wambura ("Adiós río"), una movilización de mil indígenas desde el Resguardo de Karagabí hasta Lorica, para protestar contra el proyecto y exigir que la empresa dialogara con los nativos. Estuvo presente en la ocupación de la Embajada de Suecia en 1996, llevada a cabo por los Embera para denunciar el incumplimiento de los compromisos de la empresa Urrá tras el Do Wambura.
Participó en la presentación de una acción jurídica de tutela contra la empresa Urrá que fue fallada en favor de los indígenas en 1998. Tras el asesinato de Alonso ese año y de Lucindo en 1999, Kimy debió salir de su región y refugiarse en Bogotá.
Como una tenaza los paramilitares también avanzaron por la zona del Urabá y obligaron a la guerrilla a replegarse a las zonas altas del Paramillo.
En medio de este conflicto armado, los líderes indígenas empezaron a ser objetivo de los grupos paramilitares y guerrilleros, y como consecuencia de esta disputa varios de sus líderes empezaron a ser amenazados y asesinados.
A la par, la comunidad indígena logró que la Corte Constitucional  reconociera los reclamos indígenas ordenando a Urrá compensarlos por los daños a su comunidad.
Sin embargo, el crimen de Pernía como el de los otros líderes asesinados o desaparecidos empezó a deambular por despachos judiciales. "No hay una explicación pública sobre el por qué de la persecución al pueblo indígena", dice Viviana Rodríguez de la Comisión Colombiana de Juristas que lleva este caso.
Marta Domicó, hija de Kimy y quien para la época de la desaparición de su padre tenía 25 años, recuerda que el conflicto armado lo sentían los líderes de su comunidad, que no podían participar en las movilizaciones contra la represa. "Estaban señalando a líderes, tenían un control sobre aquellos que estaban protestando, señalándolos directamente", agrega Marta.
Los indígenas protestaban silenciosamente contra los asesinatos y señalamientos pero cuando desaparecieron a Kimy decidieron ir más allá. "Allí empezamos a denunciar", dice la hija del líder asesinado, con lo que lograron que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos impusiera medidas cautelares al gobierno colombiano para proteger a la comunidad indígena del Alto Sinú.
Sin embargo, y a pesar de tener este tipo de garantías, los Embera Katío sienten que se ha avanzado poco para aclarar los crímenes contra los líderes de su comunidad y que su comunidad, como lo pretendían los violentos, terminó desintegrada.
"Nos debilitaron del liderazgo, no tenemos cómo proteger a nuestras familias. Desistimos de seguir peleando. Nos atemorizaron, y de los compromisos que tenían con el territorio, el medio ambiente, la salud y la educación, ninguno se ha cumplido", dice Marta.
En el balance que hicieron amigos y familiares de Pernía a diez años de su desaparición y muerte, entre ellos miembros de la Comisión Colombiana de Juristas que llevan el caso ante la justicia colombiana y el sistema interamericano de derechos humanos, la impunidad rodea el caso de los Embera Katío y los daños causados son irremediables.
La investigación de la desaparición y muerte de Pernía no ha avanzado en la Fiscalía, según cuentan los abogados de la comunidad, y no hay ninguna persona vinculada al crimen, mientras que en Justicia y Paz la última noticia, y única, que se tiene es la de Salvatore Mancuso quien confesó su participación en el crimen mientras estuvo en el país y no ha vuelto a hablar del tema en sus versiones libres desde Estados Unidos; mientras que algunos de los paramilitares que participaron en el hecho como alias ‘el Paisa’, un jefe urbano de las Auc en Tierralta fue asesinado.
Por este manto de impunidad, la Comisión Colombiana de Jurista intentará impulsar las investigaciones en la justicia colombiana para verificar con los hombres de Mancuso, "lo que había detrás del crimen de Pernía", explica la abogada Rodríguez.

Desintegración
Por otra parte, la situación de los indígenas del alto Sinú parece ser desalentadora. Diez años después de lograr que la Corte Constitucional reconociera sus reclamos contra la represa, los Embera Katío sienten los efectos del conflicto, la pérdida de sus territorios ancestrales y el cambio que ha tenido el río en sus vidas.
Efraín Jaramillo, antropólogo y amigo de Pernía, quien además fue exiliado por amenazas de Carlos Castaño, dice que el fallo de la Corte Constitucional, que obligó a la empresa Urrá S.A. a pagar por 20 años a los Emberá por el impacto de la hidroeléctrica, no ha logrado paliar el daño que se le hizo a esta comunidad.
"En 7 años se cumplen los 20 años, en los que Urrá tiene cancelar un monto determinado de plata a los indígenas y después de que esto pase la gente no sabe que va a hacer. Hoy el pueblo Embera tiene dos resguardos, uno el Karagabi con 100 mil hectáreas y el otro es el Iwagadó con 10 mil hectáreas, todos titulados. Sin embargo, ellos dicen que la inundación es la violación de los derechos humanos, porque la tierra para los indígenas hace parte de un derecho fundamental porque garantiza la sobrevivencia y muchos de ellos no tienen cómo hacerlo", explica Jaramillo.
A lo que agrega que al final con la hidroeléctrica se acabó con el último reducto de agua del Caribe colombiano. "No fue una solución definitiva a las inundaciones de las partes bajas del río Sinú que cada año son más devastadoras", dice Jaramillo quien espera que después de 10 años la investigación sobre el crimen de Pernía no termine en la impunidad.
2 de junio de 2011
1 de junio de 2011
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capturan a robert mendoza


Ex congresista Robert Mendoza capturado por ‘parapolítica’. El ex congresista chocoano Robert Mendoza  fue capturado por sus presuntos vínculos con el Bloque Élmer Cárdenas de las Auc.
Colombia. El político chocoano fue detenido en Medellín por orden de la Corte Suprema de Justicia, que adelanta investigaciones contra dos de sus colegas, los ex congresistas chocoanos  Edgar Ulises Torres y Odín Sánchez por nexos con paramilitares.
Según lo declarado por Freddy Rendón Herrera ‘El Alemán’, Mendoza, tercero en la lista del ex representante Edgar Torres en el 2002, tenia conocimiento sobre los ofrecimientos que Torres presuntamente realizó a testigos llamados a declarar en la corte.
"Usted tenía que haber dicho la verdad; como no dijo la verdad, Robert, no hay problema; yo lo único que le digo, Robert, ya usted dio su declaración y la Corte la analizará. Lo único que yo le pido, Robert, es que no me llame los muchachos para que Édgar Ulises Torres les de dinero", señaló el ex jefe paramilitar durante una de las audiencia.
Mendoza rechazó las acusaciones de ‘El Alemán’ en contra suya.
Durante una de las audiencias que se llevó a cabo en el juicio contra los políticos chocoanos, Mendoza admitió haber coincidido  en reuniones con paramilitares, sin embargó negó cualquier nexo entre los políticos del chocó y el grupo paramilitar liderado por ‘El Alemán.’  
En esa oportunidad, Mendoza, en calidad de testigo, aceptó que estuvo presente en una reunión convocada por ‘El Alemán’ celebrada en Necoclí. En ese momento, relató Mendoza, el ex jefe paramilitar convocó a los políticos del departamento para hablar de las necesidades de la región y para pedirles que cambiaran la forma de hacer política en la zona.
Según Mendoza, con posterioridad a este hecho, visitó a ‘El Alemán’ en la cárcel de Itagui en cuatro oportunidades. Las reuniones se llevaron a cabo según el testigo por iniciativa del ex paramilitar quien lo llamó a su celular previamente para hacerle cada una de las invitaciones.
En esas reuniones, según contó Mendoza, hablaron sobre las declaraciones hechas por ‘El Alemán’ ante la justicia en las que había salpicado a un gran número de políticos de la región. De igual forma, se refirieron a las declaraciones que el propio Mendoza haría en días después ante la Corte Suprema de Justicia como parte del proceso contra Sánchez y Torres.
Robert Mendoza fue tercero en la lista del ex representante Edgar Torres en 2002 y reemplazo de él en el Congreso en 2005.
2 de junio de 2011
31 de mayo de 2011
©el espectador
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capturan a alcalde de pivijay


Por parapolítica
Colombia. Ramón Prieto Jure ha sido elegido dos veces alcalde de Pivijay, una de las regiones en donde delinquió uno de los frentes paramilitares del Bloque Norte.
Una comisión de la Dijin de la Policía capturó el domingo en Pivijay, Magdalena, al alcalde de ese municipio Ramón Prieto Jure, quien se había desmovilizado con el Bloque Norte y ejercía como primera autoridad municipal, pues había sido elegido por segunda vez como alcalde para el periodo 2008 – 2011.
La captura de Prieto Jure fue ordenada por la fiscalía 15 de Terrorismo que hace seguimiento a las denuncias contra terceros por colaboración, militancia o participación en actos relacionados con los paramilitares. El alcalde de Pivijay fue trasladado a la cárcel Rodrigo de Bastidas de Santa Marta, según informó la Fiscalía General de la Nación.
Ramón Prieto Jure no sólo fue un colaborador, fue un militante activo del grupo de Pivijay comandado entre otros por los alias de ‘Esteban’, quien comandó la masacre de Nueva Venecia en el año 2000 y fue remplazado posteriormente por alias ‘Rafael’, dos de los más sanguinarios jefes que delinquieron en el Magdalena.
La detención de ‘Moncho’ Prieto, como lo conocen sus coterráneos, se hizo con base en las versiones libres de Edmundo Guillén Hernández, alias ‘Caballo, quien en una de sus versiones reveló que en las elecciones del año 2000 y 2003,  dijo que los tarjetones para la elección en esos municipios eran marcados por los mismos paramilitares. Se refirió alias ‘Caballo’ en particular a la elección de Ramón Prieto Jure, alcalde de Pivijay, elegido en octubre del año 2007 y quien se desmovilizó con el Bloque Norte.
Prieto Jure había sido elegido alcalde en el año 2000 y según ‘Caballo’, los tarjetones de su elección fueron marcados por los paramilitares, tanto en la zona rural como en la cabecera.
De la misma forma fue elegido Carlos Alfonso Severini, alcalde de Pivijay para el periodo siguiente 2004 – 2007, pero ni Severini ni Prieto habían sido requeridos hasta ahora por la justicia.
En los círculos judiciales de Magdalena, se dice desde el mismo momento de loa desmovilización en el año 2006, que Severini y Prieto eran dos piezas fundamentales de esta que conocían muy bien a la clase política del departamento y eran unos protegidos de los ganaderos y gobernantes del departamento.
Ramón Antonio Prieto, no solo firmó los pactos de Chivolo y Pivijay, sino que se desmovilizó como ’informante’ de las Auc en 2006.
[Foto viene de esta galería.]
1 de junio de 2011
30 de mayo de 2011
©verdad abierta