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víctor carranza fue paramilitar


Alias ‘El Alemán’, el exjefe paramilitar del Bloque Élmer Cárdenas reiteró que el zar de las esmeraldas financió a grupos paramilitares.
Colombia. Freddy Rendón Herrera alias ‘El Alemán’, exjefe paramilitar del Bloque Élmer Cárdenas, reiteró ante un magistrado que el esmeraldero Víctor Carranza fue integrante de las autodefensas y pagó ‘servicios de seguridad’ a grupos paramilitares a cargo de la Casa Castaño.
El señalamiento del ‘Alemán’ no es una novedad de no ser porque lo dijo durante una audiencia de control de legalidad, un paso más adelante en el proceso judicial de Justicia y Paz. En 2009, en una entrevista publicada en VerdadAbierta.com el exjefe paramilitar contó cómo llegó a dirigir un grupo paramilitar por solicitud del empresario de las esmeraldas.
"Carlos Castaño me dice: Alemancito, mire cómo entrar a Pauna y Maripí, que allá le ayudan los mineros. Yo llegué a las zonas rurales de esos municipios con un grupo de entre 30 y 40 hombres. Eso fue una solicitud que le hizo Víctor Carranza a Carlos Castaño", contó el exjefe paramilitar durante la audiencia que reanudó el lunes 30 de mayo de 2011.
Según el relato de alias ‘El Alemán’, primero se reunió con un familiar de Carranza y luego con el esmeraldero para cuadrar cómo financiarían al grupo. Los paramilitares comenzaron a delinquir en las veredas con el pretexto de "brindarle seguridad" a Carranza y a otros siete mineros que tenían sus fortunas en Muzo, en el municipio donde explotaban las minas y cercano a Maripí y Pauna.
"Nuestra ubicación era entre Santander y Cundinamarca, cruzando por Boyacá. Desde ahí se veía Florián (municipio de Santander) y el río Minero. En esta zona las milicias estaban realizando secuestros. El objetivo era neutralizar a esas guerrillas. Luego empezamos a erradicar la coca que había en la zona y esos nos trajo problemas con los líderes mineros de la zona. Le dijeron al comandante alias ‘Julio’ que se estaban metiendo en actividades que no les importaba", dijo el exjefe paramilitar durante la audiencia.
‘El Alemán’ dijo que para evitar problemas le entregó el grupo paramilitar y parte de las armas a alias ‘El Águila’. "En esta zona era fácil comprar armas por la cercanía con Bogotá. Compramos muchas. Cuando entregué el grupo nos íbamos a llevar un cargamento de armas para el Urabá pero la Policía nos lo decomisó  en un puesto de control en San Jerónimo, en Antioquia", dijo.
El exjefe paramilitar del Bloque Élmer Cárdenas aseguró que Carranza "era un miembro antiguo de las autodefensas del Magdalena Medio".
Cuando el magistrado de Justicia y Paz le preguntó que por qué Carranza lo había ‘contratado’ a él y no a su propio grupo de autodefensas, alias ‘El Alemán’ contestó que creía que era por proteger a sus hombres. "Yo creo que Carranza dejó a su grupo para su seguridad. A él de pronto no le interesaba poner a sus hombres a combatir. Por eso, llamó a Castaño, su amigo", indicó el exjefe paramilitar.

Las ‘Salpicadas’ contra Carranza
En enero 2011, Víctor Carranza fue citado a versión libre por la Unidad Antiterrorismo, después de que varios exjefes paramilitares aseguraron que el zar de las esmeraldas había financiado grupos de las Auc en varias zonas del país.
Así como el exjefe paramilitar del Bloque Élmer Cárdenas se refirió al grupo en Boyacá, los exjefes paramilitares Daniel Rendón Herrera alias ‘Don Mario’ (hermano del ‘Alemán’), Elkin Casarrubia alias ‘El Cura’ y Dúmar de Jesús Guerrero alias ‘Carecuchillo’, exparamilitares del Bloque Centauros, señalaron que Carranza conformó ‘Los Carranceros’, el grupo paramilitar que en Justicia y Paz se conoce como Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada (Acmv), y cuyo jefe fue José Baldomero Linares alias ‘Guillermo Torres’.
Según los exparamilitares del Bloque Centauros, Carranza presuntamente apoyó a los paramilitares que cometieron las masacres de Mapiripán y Caño Jabón en 1997, las primeras incursiones que realizaron ‘Los Urabeños’ para delinquir en el Meta, donde se calcula fueron asesinadas 80 personas.
En versiones libres, alias ‘El Cura’ contó que durante los combates recibieron apoyo de una avioneta blanca que apodaron ‘La Rebeca’ y que, según dijo, era propiedad de Carranza. En otra masacre que cometieron, conocida como La Picota, ‘El Cura’ dijo que los paramilitares se refugiaron en la finca Brasil, ubicada en Puerto Gaitán, y que ésta era también de propiedad del esmeraldero.
Carranza es considerado el principal comerciante de esmeraldas en el país. En 1998 estuvo detenido por los delitos de enriquecimiento ilícito y conformación de grupos paramilitares, y en 2001 salió de la cárcel absuelto por el Tribunal de Bogotá de todos los cargos. Con el proceso de Justicia y Paz, su nombre ha aparecido de nuevo ante los tribunales.
31 de mayo de 2011
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ablandando justicia y paz


¿Conspiración para ablandar Justicia y Paz? El jefe político del Frente Resistencia Tayrona de las Autodefensas, alias ‘El Canoso’, dijo en la investigación a Javier Cáceres que se hicieron pactos con congresistas para que Justicia y Paz fuera menos dura con los desmovilizados.
Colombia. Tras el llamado a juicio al ex presidente del Congreso Javier Cáceres en abril pasado, la Corte Suprema de Justicia está evaluando varios testimonios de desmovilizados y testigos que aseguraron a los investigadores del Alto Tribunal que hubo acuerdos entre congresistas y ponen en entredicho el trámite de la Ley de Justicia y Paz, según revela el diario El Tiempo.
Entre los testimonios está el de José Del Carmen Gélvez Albarracín alias ‘El Canoso’, desmovilizado del Bloque Norte de las Auc, quien aseguró que se realizaron tres reuniones entre ‘paras’ y congresistas para hablar sobre los alcances de la futura Ley de Justicia y Paz.
Tal y como reposa en el expediente de Cáceres, se habla de tres supuestas reuniones, una en los restaurantes del Hotel Tequendama en Bogotá y otras dos en el parque de la 93, también en Bogotá.
Según ‘El Canoso’, a ellas asistieron Javier Cáceres, Miguel De la Espriella, Álvaro ‘El Gordo’ García, Julio Manzúr y Zulema Jattin. En estas reuniones, según el desmovilizado, se habló de por qué no negociar una ley de perdón y olvido y se plantearon algunas alternativas como penas cumplibles en colonias agrícolas.
De igual forma, El ‘Canoso’ aseguró que tanto él como Carlos Mario García alias ‘Gonzalo’, el prófugo jefe político del frente José Pablo Díaz del Bloque Norte, fueron al Congreso más de una vez entre segundo semestre de 2004 y primer semestre de 2005, fecha de trámite de la Ley de Justicia y Paz. Algunos ex congresistas de la época parecen confirmar la vista de los ‘paras’ al Congreso.
El desmovilizado, postulado a la Ley de Justicia y Paz, aseguró que ‘Jorge 40’ les ordenó hacer un acercamiento con "los amigos de las autodefensas en el Congreso". Por tal razón, presuntamente los desmovilizados hicieron algunos contactos iniciales con Cáceres y con el ex representante condenado por parapolítica, Miguel de la Espriella.
Respecto a su apoyo a Cáceres, ‘El Canoso’ aseguró que por intermedio de ‘Gonzalo’ supo que para las elecciones a Congreso de 2006 Javier Cáceres recibió votos en su zona de influencia. Al parecer,  la Corte verificó la votación de Cáceres en Soledad (Atlántico), municipio donde ‘Gonzalo’ tenía mando y consideró que la votación del ex congresista sí pudo haberse acrecentado por influencia de las AUC, razón más para llamarlo a juicio.  
 
Adicional a esto, la Corte consideró también varias pruebas obtenidas de los computadores del ex jefe paramilitar alias ‘Don Antonio’ en los que también se menciona a Cáceres y su posible incidencia en la Ley de Justicia y Paz.
El Alto Tribunal establece en la resolución de acusación contra Cáceres que hay "pruebas directas que vinculan a Javier Cáceres en el cumplimiento de actividades parlamentarias orientadas a beneficiar los intereses de la organización armada ilegal en un momento histórico en el que la sociedad colombiana buscaba fórmulas de reconciliación".

Los Testimonios en contra de Cáceres
A principios de julio de 2010, en el juicio contra el ex congresista Miguel Ángel Rangel el desmovilizado jefe paramilitar Uber Enrique Banquéz, alias ‘Juancho Dique’, relató ante los magistrados de la Corte Suprema de Justicia los detalles de una presunta reunión que tuvo con el senador Cáceres en Yanguma, un corregimiento al norte de Bolívar.
Según ‘Dique’, que fue uno de los jefes del Bloque Héroes de los Montes de María, el senador de Cambio Radical presuntamente le pidió que respetara la actividad política de varios líderes de la región que estaba respaldando. ‘Dique’ aceptó y como contraprestación le ofreció al senador hacer parte del movimiento político impulsado por los paramilitares en Bolívar.
"Yo te respeto la vida de los líderes, pero te invito a hacer parte de nuestro proyecto", dijo el desmovilizado al describir el acuerdo que, dice, se suscitó entre los dos y que le generó réditos políticos  a esas personas por quienes supuestamente bogó Cáceres.
Añadió que durante el encuentro dialogaron acerca de la desmovilización y que pactaron nuevas reuniones que no se pudieron llevar a cabo por la llegada del proceso de paz con el Gobierno Nacional. El ex jefe paramilitar aseguró que a partir de esa reunión se programaron nuevas reuniones que supuestamente definirían la adhesión de Cáceres al movimiento, sin embargo, con el inicio del proceso de desmovilización, estos encuentros finalmente nunca se realizaron.
"Primero discutimos sobre el proceso de negociación de Ralito. Llegamos al acuerdo de respetarle a los líderes y cuadramos otras reuniones. Yo le dije (a Cáceres) te respeto pero a cambio te invito a nuestro proyecto", explicó el ex paramilitar.
Sobre las elecciones a Congreso de 2006, ‘Dique’ aseguró que la elección de Cáceres al Senado fue presuntamente influenciada por los paramilitares puesto que líderes políticos de la región apoyados por las autodefensas terminaron, según él, dando un presunto apoyo a la campaña de Cáceres al Senado.
"Sí unos líderes que tuvieron relaciones con las autodefensas se fueron con Cáceres, en esa votación (la de Cáceres) hubo votos de las autodefensas", aseguró ‘Dique’ a los magistrados de la Corte Suprema.
Javier Cáceres empezó su carrera política junto al Partido Liberal en Cartagena. En 1998 llegó por primera vez al Senado, fue reelegido en 2002, cuando fue uno de los fundadores del Polo Democrático y llegó de nuevo al Senado en 2006, con el partido Cambio Radical. En julio de 2009 llegó a la presidencia del Senado.
Además de ‘Juancho Dique’, otros desmovilizados de estructuras paramilitares que operaron en los Montes de María y en la zona urbana de Cartagena han salpicado al senador Cáceres en sus versiones libres, entre ellos, Sergio Córdoba Ávila alias ‘101’ o ‘Caracortada’, Alexis Mancilla García alias ‘Zambrano’, Emiro Correa alias ‘Convivir’ y Eugenio José Reyes Regiño alias ‘Geño’.
Estos dos últimos aseguraron que ‘Juancho Dique’ se reunió en varia oportunidades con congresistas, candidatos a alcaldías y gobernaciones de la región en una finca ubicada en jurisdicción de Turbana, cerca de Cartagena, entre ellos, el senador Javier Cáceres.
En versiones libres rendidas a finales de 2007, alias ‘Zambrano’ (hombre de confianza de ‘Juancho Dique’)  aseguró que los paramilitares apoyaron la campaña al Congreso de Cáceres para el año 2002 y que el ex congresista se reunió en varias oportunidades con ellos.  En esa oportunidad, ‘Zambrano’ aseguró  "De igual manera contribuimos con los votos del señor Javier Cáceres, que estaba en ese tiempo aspirando al Senado. Estuvo (Cáceres) en reuniones con el comandante directo mío, alías Juancho (Dique) y alias Roger, en Casaloma y en Calamar (Bolívar)".
‘Juancho Dique’ dijo haberse reunido con el hoy presidente del Congreso de la República, el senador Javier Cáceres, para establecer un acuerdo y conminarlo a hacer parte de su propósito de integrar las estructuras de poder político del país.
Dique también dijo que las autodefensas se reunieron con varios dirigentes para consolidar su proyecto socio político, entre los que también se cuenta a William Montes, Vicente Blel, Alfonso López Cossio y Libardo Simanca.
Agregó que en 2003 apoyaron decididamente la candidatura de López Cossio a la Gobernación de Bolívar y que fue por orden del ex comandante del Bloque Norte Salvatore Mancuso que entregaron su respaldo posterior a la aspiración de Libardo Simanca a ese alto cargo de dirección regional.
31 de mayo de 2011
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un paso histórico


Santos se juega su puesto en la historia con la ambiciosa ley de víctimas. Es un sueño muy difícil de cumplir, pero el solo hecho de tratar cambiará la dinámica del conflicto interno.
Colombia. Así como la crueldad de una guerra se puede medir en la cantidad de personas que la sufren, el grado de humanidad a la que llega una sociedad se puede medir en su generosidad con las víctimas. Por eso, así como el conflicto en Colombia ha dejado tras de sí una estela de sangre, especialmente en el campo, la ley de víctimas que acaba de aprobar el Congreso es una señal del proceso de maduración de la democracia colombiana y de que la agenda del país avanza en el sentido correcto.
Desde septiembre del año pasado, el presidente Juan Manuel Santos puso de presente el valor histórico de esta ley, cuando radicó el proyecto. "Si esta ley se aprueba, habrá valido la pena ser presidente", dijo. Y esta semana, tanto él como los congresistas que se empeñaron en sacarla adelante, especialmente Juan Fernando Cristo, Guillermo Rivera, Roy Barreras, Iván Cepeda y Armando Benedetti, dejaron una huella en la historia del conflicto colombiano. A simple vista resulta paradójico que Juan Manuel Santos haya convertido a las víctimas en el corazón de su proyecto político. Santos proviene de una burguesía urbana capitalina y las víctimas son en su mayoría campesinos pobres, despojados de tierras en zonas periféricas del país. Santos tampoco había sido un abanderado de las causas de los desposeídos, sino un representante del establecimiento y casi un símbolo del statu quo. Más aún, en los últimos años de su carrera política se había alineado con una derecha conservadora del país, en cabeza de Álvaro Uribe Vélez, que encarna los intereses de sectores latifundistas y simboliza la mano dura contra los violentos.
Al jugarse todo por esta ley, Santos retoma la agenda liberal que el país ha visto truncada en tantas ocasiones. Se inscribe en la tradición de ’La revolución en marcha’, de Alfonso López Pumarejo, y del programa reformista de Carlos Lleras Restrepo, que buscaron resolver los conflictos del país con iniciativas de inclusión social y desarrollo, más que en la visión que privilegia la estrategia militar como el adalid para pacificar los territorios.
Al retomar banderas liberales, Santos fortalece el centro político, se aleja ideológicamente del expresidente Uribe y, luego de ganarle el pulso en el Congreso, le da un golpe político mortal a la doctrina uribista más ortodoxa. La importancia de esta ley ha sido reconocida como histórica por sectores tan disímiles como los que representan José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, y Gustavo Gallón, director de la Comisión Colombiana de Juristas, coincidencia que revela el grado de consenso que hay tras ella.
Al final del debate, las dos posiciones más extremas del espectro ideológico han terminado coincidiendo en contra de la ley: los sectores más radicales del Polo Democrático, que la consideran mezquina, y los sectores del uribismo purasangre, que la consideran una traición a la seguridad democrática. Pero la mayoría del país, así como la comunidad internacional, han encontrado que la ley, aunque lejos de ser perfecta, es un gran avance para detener la espiral de violencia. Tanto que posiblemente Santos la sancione durante la visita que hará en junio al país el secretario de la Organización de Naciones Unidas, Ban ki-Moon.
La ley de víctimas le apunta al corazón del conflicto en dos aspectos. El primero, reconoce el sufrimiento humano en la guerra, que es un deber ético inaplazable y que redunda en una mayor legitimidad del Estado. Y en segundo lugar, ubica la tierra como el eje principal de la reparación, lo que significa reconocer que allí, en la tierra, está el centro de gravedad del conflicto armado que ha vivido Colombia durante el último medio siglo. Los dos millones de hectáreas de tierras usurpadas a sangre y plomo se convirtieron en un botín de guerra y en una fuente de poder político local; y los cuatro millones de hectáreas abandonadas por el conflicto, en un catalizador de la pobreza y en un obstáculo para modernizar al país.
La ley es también una manera de incluir en el proyecto de nación a ciudadanos y comunidades que por décadas han vivido en la periferia del poder y del progreso, en una especie de lejano oeste donde ha imperado la ley del más fuerte. En ese sentido, su aplicación es una oportunidad para que el Estado vaya allí a donde nunca ha hecho presencia y para recuperar de manos de las mafias las instituciones que han sido capturadas por ellas.
Si se mira la experiencia internacional, además, se podrá comprender que la ley de víctimas que acaba de aprobar el Congreso es una de las más ambiciosas del mundo. Tanto en el número de víctimas que pretende reparar -cerca de cuatro millones- como en las implicaciones institucionales que tendrá y el hecho de que se trate de aplicar cuando aún persiste el conflicto.
Pero reconocer el carácter histórico de la ley y su profundo significado político no quiere decir que su aplicación vaya a ser fácil. Todo lo contrario, los retos que se vislumbran son inmensos y sus alcances, limitados.
Para empezar, la ley de víctimas no es una reforma agraria, como piensan algunos. La restitución de tierras, las garantías para el retorno de los desplazados al campo y la legalización de la histórica informalidad de los títulos de propiedad, si se logran, transformarán el campo en algo distinto al teatro de guerra que ha sido hasta ahora. Pero eso no quiere decir que profundos problemas como la desigualdad en la distribución de la tierra o su productividad estén resueltos.
Por otro lado, hay que considerar que el mapa de la restitución de la tierra coincide con el de la violencia política y criminal, ensañada especialmente contra las personas que reclaman sus parcelas. Basta ver la cantidad de líderes asesinados en los últimos años en Urabá, Córdoba y Montes de María. Mientras el gobierno no logre mayores éxitos en su ofensiva contra las bandas criminales (bacrim) y sus redes políticas, la implementación de la ley estará amenazada, como lo ha estado todo el proceso de reparación en los años recientes.
Porque si bien en muchas regiones la gente está retornando y la economía y la inversión empiezan a florecer, en otras subsisten poderes ilegales de facto que tienen subyugada a la autoridad y sobornadas a las instituciones regionales. En muchísimos casos, la tierra está en manos de testaferros de narcotraficantes o paramilitares que ni con la Ley de Justicia y Paz ha sido posible detener. Más que ajustes, en muchos municipios se van a requerir verdaderos remezones políticos si se quiere que la ley sea una realidad más allá de la nobleza del papel.
El costo de la reparación es otro desafío. La ley está condicionada a la viabilidad fiscal, la cual depende en buena medida de la voluntad política del gobierno. Pero existen contingencias inesperadas que pueden poner en juego esa voluntad. Un buen ejemplo es que el propio Santos ha tenido que enfrentar una emergencia invernal, con ribetes de catástrofe, y sacrificar otras de sus prioridades para atender a los damnificados.
No obstante lo costosa que puede resultar, la ley de víctimas apenas cumple con los mínimos exigidos. No reparar significaría en el largo plazo un costo económico mayor dado que la reparación se haría por vía judicial o administrativa, arrastrando consigo un gran desgaste institucional y de legitimidad para los próximos gobiernos.
En un país que cada día amanece con un nuevo escándalo de corrupción peor que el del día anterior, el desafío es que todo este sistema de reparación se construya con estándares de transparencia. La participación de las víctimas en todas las instancias es crucial y que se involucren tanto las organizaciones de la sociedad civil y la comunidad internacional como veedores del proceso.
Colombia es un país que suele pensar que las leyes lo resuelven todo. Por eso no se puede caer en la tentación de creer que con la ley de víctimas se ha llegado a la meta. Por el contrario, la carrera de obstáculos apenas comienza, y el primero de todos es la magnitud de las expectativas que se han creado.
Pero si por un momento si se deja de lado la dosis necesaria de escepticismo sobre lo que se viene en la aplicación de la ley, la sociedad colombiana tiene un instrumento que puede cambiar la visión de la guerra al poner a las víctimas como protagonistas del posconflicto. Pero no va a ser nada fácil y el camino estará colmado de frustraciones. De quienes esperaban mucho de ella y de quienes no quieren que nada cambie. Pero más allá de su impacto limitado y de la rabia y la frustración que se sentirán en muchos sectores, es un gran paso hacia la reconciliación del país. Más allá de si esta ley es un punto de ruptura o no, o de su verdadero poder transformador, Juan Manuel Santos se puede abrir un lugar en la historia de Colombia solo por haberlo intentado.
30 de mayo de 2011
29 de mayo de 2011
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con licencia para despojar


La Superintendencia de Notariado, con pruebas en mano, ha hecho una impresionante radiografía de cómo les quitaron las tierras a los campesinos en los Montes de María. La sorpresa es que, más que a sangre y fuego, se las robaron en oficinas públicas a punta de trampa y corrupción.
Colombia. Hasta ahora, las historias de cómo han despojado a los campesinos de sus tierras en Colombia se han circunscrito al relato de personajes particulares que han sido desplazados y cuentan lo que ha sido su tragedia. Nunca antes en el país se había hecho un ejercicio como el que acaba de terminar la Superintendencia de Notariado y Registro para mirar con un lente más abierto cómo fue que en ciertas regiones se dio el fenómeno masivo de usurpación de tierras.
El informe, conocido por SEMANA, hace un análisis detallado de cómo los campesinos perdieron sus fincas en los Montes de María, una fértil región ubicada entre los departamentos de Sucre y Bolívar. El reporte documenta todo tipo de triquiñuelas y deja claro cómo en la consolidación de este despojo desempeñaron un papel clave funcionarios regionales del Incoder y algunos notarios y empleados de las oficinas de Registro Público.
Las transacciones de tierras cuestionadas corresponden a más de 37.000 hectáreas con un valor comercial que hoy supera los 200.000 millones de pesos. Gracias a los hallazgos se prevé una veintena de capturas en los próximos días, entre ellas a algunos alcaldes.
El resultado hoy es que una región que se caracterizaba por cantidad de minifundios promovidos por el Estado se ha transformado en una zona de latifundios y terratenientes en un claro proceso de contrarreforma agraria.

Así Lo Hicieron
Para los investigadores de la Superintendencia es claro que ha habido lo que llaman tres ’generaciones’ o momentos de transacciones irregulares. El primero se dio entre 2006 y 2008, cuando se estaba dando punto final al grueso de las desmovilizaciones de los paramilitares. Según el estudio, fueron tres personas las protagonistas de esta etapa y habrían aprovechado que los raizales aún estaban temerosos de regresar a sus parcelas. Al fin y al cabo esa región a finales de los años noventa fue escenario de al menos 56 masacres perpetradas por los paras, como la de El Salado, donde torturaron públicamente a 70 personas antes de asesinarlas, o la de Chengue, donde mataron a una veintena de campesinos a garrote.
Estos compradores, de quienes se reserva el nombre mientras se surten las investigaciones penales, se aprovecharon además de las deudas que tenían todavía muchos de los campesinos con el Estado, pues el 40 por ciento de los predios que se compraron masivamente y que son ahora objeto de investigación habían sido entregados a los cultivadores en programas de reforma agraria.
Con esta información en mano, los compradores les ofrecieron pagar sus deudas y, como fórmula de ’rescate’, les compraron sus tierras por un valor muy inferior al que realmente costaba la propiedad.
La segunda etapa, a partir de 2008, fue la concentración de estos títulos en empresas, algunas de ellas de papel, que fueron sumando las pequeñas parcelas en grandes globos de tierra. En las pesquisas preliminares han encontrado, por ejemplo, que el domicilio de algunas coincide con locales vacíos en la ciudad de Medellín.
La tercera generación de transacciones irregulares se dio cuando ya las grandes propiedades se vendieron a precios comerciales a reputadas empresas nacionales, las cuales, en los últimos años, vienen desarrollando proyectos masivos de reforestación y de explotación lechera. Estos últimos alegan que son terceros compradores de buena fe y que en los estudios que hicieron de la tradición de los inmuebles no tenían cómo identificar las irregularidades que hoy se denuncian.
En sí mismas, estas transacciones podrían no tener nada de irregular en el comercio de tierras. La pregunta es si puede haber algún cuestionamiento ético en aprovecharse comercialmente de la necesidad de los campesinos de escapar de la violencia. O si simplemente, como dirán otros, les ayudaron con su compra a zafarse de un problema.
Hay que tener en cuenta que, aún con la desmovilización de los paras, persistía la presión de la guerrilla, que en esta zona era comandada por alias ’Martín Caballero’, quien murió en combates con el Ejército en 2007. Es decir que antes de esta fecha los precios de la tierra claramente estaban afectados por la inseguridad.
De ahí la importancia de este informe, pues revela que en realidad lo que hubo para esas fechas en Montes de María fue un masivo registro de propiedades, procedimiento para el cual falsificaron y suplantaron resoluciones de adjudicación de bienes que rápidamente eran comercializados. Es tan burdo el montaje que en algunos casos aparecen hasta resoluciones supuestamente emitidas por el Incora cuando esta entidad ya no existía. Así mismo, la Superintendencia detectó inexplicables adjudicaciones de fincas a empresas, como el caso de una sociedad en Cartagena, cuando estos programas están destinados solo para campesinos pobres. También son llamativos los tiempos de las transacciones y el repentino encarecimiento de los predios. Por ejemplo, una finca en San Onofre adjudicada hace una década solo aparece registrada en 2010. En ese momento su avalúo era de 43 millones de pesos. Once días después fue vendida a uno de estos particulares en 60 millones, y este, en tan solo 20 días, la escrituró por 469 millones de pesos a una compañía nacional.
Pero quizás lo más sorprendente de lo que viene sucediendo en esta región es que a pesar de que desde 2004 se han dictado 16 medidas de protección colectiva sobre 3.128 fincas, una buena porción de la zona rural de los Montes de María, los traficantes de tierras han logrado hacer de las suyas para burlarse de estas medidas y seguir comercializando las tierras sin restricción. Estas disposiciones normalmente son decretos o resoluciones que cuando se emiten congelan la posibilidad de que un inmueble sea vendido a menos que tenga autorización expresa de su propietario y que esta sea revisada por los Comités Locales de Protección a los Desplazados, en los que participan los más altos funcionarios locales o departamentales, según sea el caso. Estas medidas de protección se incluyen como una anotación en el historial del inmueble en las oficinas de Registro. Sin embargo, hubo funcionarios que no lo hicieron de forma inmediata, y entretanto las tierras fueron objeto de múltiples transacciones. Esto sucedió en al menos 137 casos, principalmente en el Carmen de Bolívar.
También han identificado casos en San Juan de Nepomuceno en los que aparecen las actas de autorización de los mencionados Comités para que se venda la tierra, con fecha posterior a la de la escritura, lo cual es imposible si se tiene en cuenta que para los notarios estas actas son un prerrequisito para proceder a dar buena fe de que la negociación se hizo de manera transparente. Han identificado además actas en las que solo aparece el alcalde de turno aprobando la transferencia, sin que los demás miembros de los Comités se hayan enterado. En otros casos, ni siquiera se adjuntó acta alguna que validara la transacción.
El informe está repleto de otras fórmulas ingeniosas para quedarse con las tierras. Tomaban una finca, la subdividían y a los nuevos predios les asignaban nuevos números de registro inmobiliario que, por supuesto, no estaban afectados por las medidas de protección, y con esa libertad procedían a vender. Buena parte de esas negociaciones irregulares ahora están en manos de patrimonios autónomos, que son una especie de cuentas que se abren en fiduciarias, lo que ha despertado mucha inquietud, pues de esta manera se esconderían los verdaderos propietarios de las tierras. Además, hay dudas de si es legal escriturar bienes a nombre de esos patrimonios.
La nueva ley de víctimas. buscará desenredar esta maraña jurídica que se creó sobre la propiedad luego de la intervención de avivatos con complicidad de funcionarios, notarios y registradores. De acuerdo con las estadísticas de Acción Social, se calcula que más de 120.000 personas fueron desplazadas de la región de los Montes de María entre 2000 y 2009. Muchos de ellos ahora se sentirán confiados de volver a reclamar lo propio. Al ser cada predio un caso tan diferente, es muy buen comienzo que la propia Superintendencia esté liderando la elaboración de un primer gran inventario detallado de lo que pasó. Pero solo es el punto de partida del inmenso reto que esta entidad tiene por delante.
29 de mayo de 2011
28 de mayo de 2011
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identifican a 10 mil nn


Identifican restos de 9.968 personas que figuraban como NN. En cinco meses, el Instituto Nacional de Medicina Legal y la Registraduría Nacional del Estado Civil, establecieron la identidad de esas personas, 440 habían sido reportados como desaparecidos.
Colombia. Esos resultados se lograron por un convenio que hizo el Ministerio del Interior y Justicia, para coordinar las acciones investigativas de funcionarios del Minisiterio, de Medicina Legal y de la Registraduría Nacional. La tarea de esas dos instituciones estales las llevaron a digitalizar y cotejar 22.689 registros dactilares de personas muertas no identificadas.
Las huellas digitales fueron contrastadas con los cerca de 740 millones de huellas que la Registraduría tiene almacenadas en sus bases de datos, las cuales fueron obtenidas de las cédulas de ciudadanía y tarjetas de identidad que ha emitido.
Del total de 22.689 huellas dactilares por identificar, las autoridades no pudieron establecer la identidad de 12.724. Algunas de la razones por las que no pudieron hacerlo son que las huellas dactilares del fallecido no estaban bien tomadas, que la tarjeta necrodactilar estaba deteriorada o que los difuntos no tenían documentos de identidad.
Respecto a las huellas dactilares que no pudieron ser identificadas, la Registraduría presume que alrededor de 4.210 corresponden a menores de edad.
Por otro lado, Medicina Legal iniciará a buscar por los diferentes cementerios del país a las 440 personas que fueron identificadas y se encontraban en el Registro Nacional de Desaparecidos.
La página web del Ministerio del Interior recogió algunas declaraciones del jefe de esa cartera, Germán Vargas Lleras, quien dijo que frente a esas cifras "y ante el dolor mucho más grande que los números no pueden reflejar, su identificación debe ser una prioridad del Estado colombiano, y sobre la importancia de ello tiene que sensibilizarse la opinión pública".
El representante de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos,  Christian Salazar, resaltó estos resultados. "Nadie sabía que habían avanzado tanto y tan rápido. Me parece formidable y el Gobierno hace un giro tan fuerte en una atención a las víctimas con la ley de Víctimas, y con esta voluntad de esclarecer lo que pasó. Creo que Colombia está por muy buen camino", señaló.
El Ministerio del Interior explicó que el objetivo de este convenio, que tiene vigencia hasta octubre de este año, es el "de aunar esfuerzos para el procesamiento de las necrodactilias existentes en la Registraduría Nacional, mediante la consulta con el Sistema Automático de Identificación de Huellas Digitales (AFIS), con el fin de lograr la identificación de personas fallecidas y cruzar las identificaciones positivas con los reportes de personas desaparecidas ingresadas al Registro Nacional de Desaparecidos".
A pesar de esclarecer la identidad de los fallecidos que figuraban como NN, la investigación realizada por Medicina Legal y la Registraduría Nacional no permite esclarecer si estas personas fueron víctimas del conflicto armado interno.
Para saber cómo es el proceso de atención a los familiares de personas desaparecidas, consulte este artículo del Ministerio del Interior y Justicia.
27 de mayo de 2011
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condenan a alias pablo por masacre


El exjefe paramilitar fue condenado por el asesinato de líderes indígenas en La Guajira.
Colombia. Arnulfo Sánchez González alias ‘Pablo’ fue condenado a 26 años de prisión por el asesinato de un grupo de mujeres indígenas de la etnia Wayúu, ocurrido entre el 18 y 20 de abril de 2004.
Así lo decidió el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Riohacha, que encontró responsable al exjefe paramilitar del Frente Resistencia Tayrona del Bloque Norte, de los delitos de homicidio agravado, concierto para delinquir agravado, hurto calificado y agravado, desaparición forzada, tentativa de homicidio, tortura y desplazamiento forzado.
Alias ‘Pablo’ fue quien ordenó y dirigió el asesinato de las indígenas Margot Ballesteros Epinayú, Rosa Fince Uriana, Rubén Epinayú, Diana Fince Uriana y a Reina Fince Pushaina, en los corregimientos de Bahía Portete y Bahía Honda, en la Guajira. Tras la masacre, los habitantes de esos pueblos salieron desplazados.
El exjefe paramilitar fue capturado en noviembre de 2010 y desde entonces está preso en La Picota. Por no haberse desmovilizado, es juzgado por la justicia ordinaria.

La Masacre
A pesar de que el Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación en 2010 hizo ya una primera reconstrucción detallada de la masacre de Bahía Portete en la Alta Guajira, ocurrida entre el 18 y el 20 de abril de 2004,  aún quedan muchas verdades por contar de este horripilante crimen que dejó tres muertos, al menos dos desaparecidas (aunque el número exacto es aún desconocido),  y varios heridos.
¿Qué exactamente condujo la masacre y las consecuencias que tuvo para los miembros de la comunidad wayúu, un pueblo que representa una quinta parte de la población indígena total de Colombia y el 48 por ciento de la población guajira?
La masacre puso al descubierto la ineficacia estatal para detener el avance paramilitar en estos territorios habitados por indígenas, aún cuando estos grupos estaban supuestamente comprometidos en un cese de hostilidades. Y también permitió ver cómo algunos miembros de la misma comunidad wayúu se aliaron con los paramilitares, sin que por ello lograran detener la ola de cruda violencia que aplastó a su pueblo, y en especial a sus mujeres.

Los Antecedentes
Desde mucho tiempo antes de que llegaran los paramilitares a la alta Guajira, ya distintos clanes wayúu se disputaban el control y el usufructo del puerto naturalmente profundo en Bahía Portete, aislado del mundanal ruido y resguardado, ideal para contrabandear sin ser percibido por autoridad alguna.
Para la década de los 60 el señor Simón Barros Epieyu, conocido como ‘Simón Bala’ (‘bala’ no por su relación con las armas, sino como una forma de pronunciar su apellido), era quien manejaba el puerto de Portete, en nombre de su comunidad.
Cuando murió en 1984, su hijo, José María Barros Ipuana, conocido como ‘Chema Bala’, heredó este mando. A partir de esa época y coincidiendo con la etapa de la bonanza de la producción de marihuana en la región, Portete floreció y era la fuente de riqueza del norte de La Guajira. Y, tal como lo relata el informe del Grupo de Memoria Histórica, la pelea por el control del puerto, y de la tajada que dejaban los tráficos ilegales que por allí pasaban, entre otras cuestiones, terminó enfrentando a ‘Chema Bala’ y su familia con otras familias guajiras de tradición, los Fince Epinayú, los Uriana Fince y los Ballesteros Epinayú.
Las tensiones llevaron al cierre temporal del puerto desde mediados hasta fines de los noventa. Después los paramilitares irían a aprovecharse de estas pugnas internas para dividir y reinar.
Cuando los ‘paras’ de Mancuso y de ‘Jorge 40’ llegaron a la media y alta Guajira en 2001, los jefes tradicionales del contrabando y del narcotráfico local hicieron su cálculo sobre cómo podrían resistir la arremetida y mantener su poder y su negocio. Algunos concluyeron que era mejor aliarse con ellos, intentando ser sus iguales; otros, incluyendo varios jefes wayúu, se les subordinaron y creyeron hacerse un espacio prestándoles servicios. Pero otros más, orgullosos indígenas wayúu que no se habían dejado someter ni por los colonizadores españoles, se les resistieron.
Así ese pueblo indígena aportó víctimas y victimarios a la cruenta expansión paramilitar que se les vino encima. La gente corriente tuvo que sobrevivir como pudo "respirando el mismo aire de los paramilitares", como le dijo una mujer wayúu, habitante de la alta Guajira, a VerdadAbierta.com.

Los Detonantes de la Masacre
Hay dos fuentes que documentan la masacre: el registro judicial que juiciosamente han realizado los investigadores y fiscales de Justicia y Paz y de la justicia ordinaria; y la gente que vivió la tragedia. Ambas miradas son válidas y necesarias.
Según la Fiscalía antes de la masacre, entre enero de 2003 y marzo de 2004, fueron asesinadas por lo menos catorce personas en la región. Fueron muertes hiladas entre sí, que fueron apretando el nudo de violencias que estalló el siguiente abril.
En marzo de 2003 el hermano de ‘Chema Bala’, Nicolás Barros Ballestero fue con su sobrino, Arturo Epinayu, al municipio de Uribia a denunciar que había paramilitares en su región de Portete. Apenas regresaron los mataron.
No pasó un mes, cuando el 26 de abril de 2003 hombres del Frente Contrainsurgente Wayúu -FCW (el eufemístico nombre que se pusieron los paramilitares para vestir de ropaje político su lucha por el control del negocio del narcotráfico y demás lucrativos contrabandos)  asesinaron a los policías investigadores Luis Eduardo Perdomo Cotes y a Wilson Antonio Barbosa Rinco, en un estadero que tenía la familia Fince por Puerto Nuevo. Meses después, a fines de ese año,  la justicia llamó a declarar a Rolando Ever Fince, Alberto Ever Fince y Gregoria Delfina Mieles Medina, como testigos de los asesinatos. Cuando regresaron a su negocio, el primer día de 2004 fueron asesinados por desconocidos. Hoy se cree que fueron miembros de las Auc.
Luego de estos homicidios, y días antes de la masacre de Portete, varios integrantes de la comunidad wayúu emboscaron a hombres armados del FCW y, según varias fuentes consultadas por VerdadAbierta.com, les robaron unos kilos de cocaína que llevaban. Estas fuentes y la Fiscalía coinciden en que en la emboscada fueron asesinados todos los paramilitares, y que no quedó rastro, pues los incineraron ahí mismo donde los mataron. Aseguran los investigadores judiciales que este episodio fue el que causó la masacre de Portete que se extendió desde 18 hasta el 20 de abril de 2004.
Y que los paramilitares se ensañaron contra las mujeres wayúu, porque sabían que en una sociedad matriarcal ellas era la fortaleza; acabarlas sería la peor venganza.

Las Versiones de la Masacre
La causa madre de la horripilante masacre que subyace a cualquier detonante específico fue, por supuesto, la violenta arremetida de los paramilitares comandados por ‘Jorge 40’ en la alta y media Guajira con la ambición de dominar unos puertos ideales para todo tipo de tráfico ilegal. A lo cual también ayudó la inoperancia de las autoridades civiles y militares de la región. No obstante, las tesis difieren sobre los detalles específicos. Una que sostienen varias fuentes consultadas por VerdadAbierta.com es que ‘Chema Bala’, aliado con los ‘paras’, quiso dar la batalla final con los Fince Epinayú para asegurarse Portete de una vez por todas. La segunda, también avalada por fuentes creíbles, es que fue la venganza del FCW contra los Fince porque atestiguaron ante la justicia en contra de ellos por la muerte de los policías, y habían emboscado a sus hombres.
En su investigación, el Grupo de Memoria Histórica estableció que la masacre fue planeada y coordinada por ‘Jorge 40’ y por Arnulfo Sánchez alias ‘Pablo’, jefe del FCW en la alta Guajira,  en compañía de ‘Chema Bala’. Un día antes de la masacre, un sargento del Batallón Cartagena a quien llamaban ‘Felipe’ transportó a los paramilitares desde Carraipía hasta la alta Guajira en dos carros y pasaron, sin problema, varios retenes. El informe cuenta que  el 18 de abril entre 40 y 50 paramilitares, distribuidos en cinco camionetas y una moto, llegaron a Portete a las siete de la mañana.
La Fiscalía encontró en sus investigaciones que fueron 40 los hombres que llegaron a Portete, y que venían con el mandato explícito de encontrar a los hombres de la familia Fince y como no los hallaron torturaron a mujeres y niños, y como no consiguieron que hablaran mataron a unas mujeres.
Los testimonios recogidos por el informe del Grupo de Memoria es similar. Aseguran que los paramilitares llegaron con lista en mano identificando a miembros de algunas familias como los Fince Uriana, los Fince Epinayú, los Cuadrado Fince y los Ballesteros Epinayú. "Durante el recorrido, los victimarios entran a las casas de quienes tenían en sus listas y eran reconocidos por las mujeres (que los acompañaban) y los informantes locales" explica el informe. Sacaron de sus casas a Margoth Fince Epinayú, a Rosa Cecilia Fince y a Rubén Epinayu y las torturaron y asesinaron.
Otras tres mujeres que se llevaron, al Diana Fince Uriana, Reina Fince Pushaina y una tercera que  no ha sido identificada, nunca más aparecieron.  Las investigaciones judiciales dieron cuenta de los mismos tres muertos (con nombres ligeramente cambiados) y de las dos desaparecidas. Reportó además tres heridos, Moyo Perez Uriana, Lilia Epinayu y Tito Aguilar Epinayu.
Los paramilitares cortaron las cabezas de las matronas wayúu, sin importar su edad y el respeto que tenían en su comunidad, y las clavaron en estacas a las puertas de los ranchos.
La masacre causó tal terror  que la gente de la ranchería salió despavorida. La Fiscalía determinó que únicamente por la masacre se desplazaron 350 personas. Pero un reporte de la Defensoría del Pueblo pudo identificar a 888 personas en situación de desplazamiento de la comunidad wayúu viviendo temporalmente en Maicao, Uribia y Maracaibo en Venezuela, a raíz de la arremetida paramilitar. Las violaciones a los derechos de estos pueblos indígenas no pararon con la masacre.  Los líderes de Portete las han denunciado por seis años consecutivos, y los han amenazado por ello.

Desmovilizados Contradictorios
En la versión libre realizada el 15 de 12 del 2009 el postulado José Gregorio Alvarez Andrade alias ‘Pedro’ confesó:
"La masacre de la alta Guajira en la que tuve participación en el mes de abril de 2004, murieron aproximadamente 5 o 6 personas indígenas wayúu.  Esto fue en Bahía Portete y Puerto Nuevo en la alta Guajira. En el tiempo que estuve en Carreipia el comandante ‘Lucho’ nos reunió en la finca Los Perujano donde nos informa que íbamos a quedar a cargo del comandante ‘Pablo’ (quien siguió delinquiendo en esa zona y en noviembre de 2010 fue capturado en Bogotá). No le conozco el nombre. Participaron alias ‘Lucho’, ‘Pablo’, un sargento del ejército del batallón Cartagena de alias ‘Felipe’ y el chofer de apellido Hernández.  Nos trasladaron de Carreipia a la alta Guajira como a las 4 de la tarde; íbamos de camuflado y yo llevaba el armamento y los camuflados, armamento largo y corto. Nos fuimos en una camioneta del  Ejército y los demás muchachos se fueron en carros de pasajero. Llegamos a una ranchería de propiedad del señor José María Chemas Barros, conocido como alias ‘Chema Bala’. ‘Chema Bala’ estaba en Venezuela pero él tenía conocimiento que el grupo estaba en la finca. Ahí nos reunimos con el comandante ‘Pablo’ o ‘07’.  Él tenía aproximadamente 20 hombres y todos estaban ahí.  Estaba alias ‘Sinaí’, ‘El Diablo’, ‘Moña’, y yo que fui comandando, el grupo mío de 12 hombres. En esa época el comandante del Ejército era el capitán Restrepo, pero no sé si tenía conocimiento de estos hechos. Con el señor ‘Pablo’ me reuní como a las 8 de la noche y nos dijo lo que se iba a hacer, que era contrarrestar el accionar de unos paisanos que les decían "Los Cococonitos" porque al parecer estos indígenas le habían hecho una emboscada a las Auc y les habían matado a 2 muchachos.  Nosotros comenzamos el operativo como a las 5 de la mañana metiéndonos en las rancherías donde pensábamos que podían estar estas personas, porque no los teníamos ubicados con exactitud. Había un indígena que era el traductor entre el comandante ‘Pablo’ y los indígenas. Este indígena pertenecía a las autodefensas. En total íbamos como 40 miembros del grupo entre uniformados y de civiles, todos al mando del comandante ‘Pablo’.  Llevábamos 5 carros. Llegamos como a cinco o seis rancherías y entrabamos a la fuerza, incluso se quemaron chozas y hubo gente desplazada.  Se golpeaba a las personas y se torturaban.  Las personas que asesinamos se encontraron en varias rancherías. Terminamos el operativo como a las 3 de la tarde cuando se metió una patrulla de antinarcóticos, pero ya teníamos a varios retenidos".
Sin embargo, dos años antes el propio ‘Jorge 40’ había dado otra versión.  Afirmó que ‘Chema Bala’ no pertenecía a las Auc y que sólo lo conocía como un miembro de las familias que tenían control del puerto. En dicha versión del 8 de noviembre de 2007 ‘Jorge 40’ aseguró, sin pestañear, que la masacre se trató de "una operación militar" en contra del grupo armado organizado de los hermanos Vicente Gutiérrez Epinayu y Silverio Fince Epinayu, ya que dicho grupo había secuestrado a un ciudadano libanés que fue finalmente rescatado por las autodefensas. Esta última afirmación nunca pudo ser comprobada por la Fiscalía.
En octubre de 2004 ‘Chema Bala’ fue  capturado en Venezuela y entregado a las autoridades colombianas. En su proceso de judicialización pidió ser juzgado por la tradición wayúu. Su petición fue negada. No quiso acogerse a Justicia y Paz, pues siempre sostuvo que nunca perteneció a las Auc. En 2008 ‘Chema Bala’ fue condenado a 40 años de prisión junto con su sobrino Adrian Agustín Bernier Barros. En mayo de 2008,  fue extraditado y en julio de 2009 fue condenado por una Corte Federal de Estados Unidos a 20 años de prisión. Hoy cumple su pena en Oakdale Federal Correctional Complex (FCC) en Louisiana.
 Alias ‘Pablo’ fue capturado el 13 de noviembre de 2010 en Bogotá y enfrenta una investigación por su autoría en la masacre.

Preguntas Pendientes
Este abominable crimen y la ruta de su esclarecimiento aún tienen preguntas pendientes. Poco se sabe de las investigaciones sobre los miembros del Batallón Cartagena, que supuestamente participaron en la masacre, según coinciden varias de las versiones. Sí existen, sin embargo, investigaciones abiertas de la Procuraduría sobre algunos de sus miembros por quejas allí presentadas.
Tampoco se conoce qué poderes políticos locales pudieron ser responsables de permitir el cruento avance paramilitar, y por qué guardaron silencio aún cuando su pueblo estaba siendo masacrado.
Es de esperar que el recientemente capturado ‘Pablo’ contribuya a esclarecer esta masacre, y revele qué hilos de poder se movieron esos años en la puja por el control del tráfico ilegal de drogas, de armas, cigarrillos, licores y demás en esos años. También podría su testimonio, si dice la verdad, ayudar a esclarecer de una vez por todas, si ‘Chema Bala’ no fue miembro de las Auc, como lo ha asegurado, o si por el contrario como estableció la justicia sí lo fue y supo de la masacre de Portete.
También al pueblo wayúu le falta hacer el juicio que no ha realizado para determinar cuáles miembros de sus clanes pudieron haber traicionado a su pueblo sin importarles que los ‘paras’ hubieran cometido este terrible crimen que quiso doblegarle el espíritu a toda la comunidad. Sería un paso importante para que estos crímenes no se vuelvan a repetir.
27 de mayo de 2011
25 de mayo de 2011
©verdad abierta

don mario acepta condena por asesinato


De personero de El Castillo.
[Colombis] Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’ fue condenado por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Villavicencio a 15 años y nueve meses de prisión, por el asesinato de un personero de El Castillo, Meta.
Los hechos investigados ocurrieron el 1 de noviembre de 2002, cuando hombres armados interceptaron a Mario Castro Bueno, personero de El Castillo (Meta), lo bajaron de un vehículo de servicio público que iba de la población de Medellín del Ariari a la de El Dorado, lo ataron y lo ultimaron con arma blanca.
Rendón Herrera, ex jefe del ‘Bloque Centauros’ de las autodefensas junto al extinto José Miguel Arroyave, alias ‘Arcángel’, cumplió en noviembre de 2010 la diligencia de formulación de cargos para sentencia anticipada; ’Don Mario’ está en la cárcel La Picota de Bogotá desde su captura en abril de 2009.
27 de mayo de 2011
25 de mayo de 2011
©verdad abierta

condenan al pájaro por masacre en codazzi


El Juzgado Penal del Circuito Especializado de Descongestión Adjunto de Valledupar, sentenció al ex paramilitar Hernán De Jesús Fontalvo Sánchez, alias ‘El Pájaro’, a la pena de 28 años y tres meses de cárcel, por el secuestro y posterior asesinato de un grupo de personas en el municipio de Codazzi.
Colombia. El desmovilizado fue hallado responsable en calidad de coautor de delitos de homicidio agravado y secuestro extorsivo, por los hechos ocurridos el 23 de septiembre de 1996, en el municipio de Agustín Codazzi, cuando un grupo de hombres pertenecientes a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, al mando de Salvatore Mancuso, irrumpieron violentamente en la población.
En esa incursión armada  fueron retenidas 11 personas, y el asesinato de otra personas que no estuvo en el grupo de secuestrados, y que fue muerta en el operativo militar cuyo objetivo principal era hacer saber a los habitantes de la población sobre la presencia de las AUC en la zona.
Posteriormente, el 30 de enero de 1997, fueron dejados en libertad dos de los secuestrados quienes fueron rescatados por la Cruz Roja, en una zona comprendida entre los departamentos de Antioquia y Córdoba.
Sin embargo, de los otros cautivos solo se tuvo noticias mediante investigaciones de Policía Judicial y la confesión de este crimen que hicieron otros coautores de la incursión armada ante los fiscales de Justicia y Paz, quienes confirmación que estos habían sido asesinado.
27 de mayo de 2011
26 de mayo de 2011
©verdad abierta