Blogia
mQh

columna de lísperguer

la barbarie de la doctrina obama


columna de lísperguer
Obama y Sarkozy tratan de asesinar a familias de funcionarios libios.

Ya forma parte de la llamada doctrina Obama el asesinato de las familias de los gobernantes hostiles y la ejecución sumaria de acusados de terrorismo. La matanza desde el aire de más de mil manifestantes, según denunciaron los rebeldes, y que originó el ataque de EUA, no ocurrió nunca, según constató una comisión del Parlamento europeo en Trípoli. Gadafi no ha atacado nunca sistemáticamente a la población civil, como se desprende de las bajas reportadas: en Misurata en 2 meses de guerra se cuentan 257 bajas y 949 heridos; de estos, sólo 22 son mujeres. Si los ataques fueran contra civiles, la mitad de las víctimas serían mujeres (según Alan J. Kuperman en mQh). AI viene de denunciar las atrocidades cometidas por los rebeldes, como el descuartizamiento y ahorcamiento de negros subsaharianos por motivos racistas. Esta es una guerra que sólo justifica la codicia del francés y la barbarie que representa Obama. Ojalá terminen ambos como dicta su doctrina.
lísperguer

el patibulario capitalismo chileno


columna de lísperguer
Escándalo de La Polar traspasa fronteras.

Y no es solamente La Polar. CONAFE, empresa que ofrece energía eléctrica entre Coquimbo y la 5a Región, acaba de repactar automáticamente las deudas de sus clientes sin ninguna consulta previa. Además, esta empresa incurre con demasiado frecuencia en sospechosos errores, que incluyen cobros inexplicables y deudas inexistentes, que obligarían a sus clientes rurales a viajar a ciudades a pedir explicaciones, lo que resulta más oneroso que tolerar los abusos. BancoEstado también tiene prácticas sospechosas, como no informar a los clientes cuando reciben del extranjero montos superiores a mil dólares, por lo que tampoco los depositan en las cuentas debidas, embolsándose el dinero de clientes que no reclaman (porque obviamente no saben que han recibido transferencias). Además, el banco ingresa transferencias bajo nombres ficticios, por lo que descubrir el dolo es muy difícil. Este es el ridículo y patibulario capitalismo chileno, con el presidente como su mejor ejemplo.

No digo esto último necesariamente como insulto. Creo que el pasado delictivo del presidente Piñera, que fundó su fortuna estafando al Banco de Talca en los años ochenta (en 240 millones de dólares), que fue condenado y librado de cumplir una pena de prisión de tres años gracias a Pinochet, que ordenó absolverlo a la Corte Suprema (según confesó la señora Madariaga, ministra de Justicia de la dictadura, poco antes de morir), alienta a empresarios e inversionistas a cometer delitos similares, en la creencia, o en la certeza, de que se saldrán con la suya y que no pagarán las consecuencias. Por eso necesitamos penas más severas de prisión a firme y necesitamos que los delitos económicos, como fraude y corrupción, sean imprescriptibles y que sus autores sean inhabilitados o impedidos de trabajar en el ramo en cuestión de por vida o según determinen tribunales.
lísperguer

muerte de indigente retrata a chile


columna de lísperguer
Anciano indigente muere a la puerta de hospicio que le negó su ingreso.

La muerte de este anciano indigente a las puertas de la Fundación Las Rosas, que se ocuparía precisamente de socorrer a personas en esa condición, es un gravísimo caso de denegación de auxilio y debe ser investigado exhaustivamente. La subdirectora de la fundación (Margarita Cadenas) niega (cuando fue entrevistada por ChileVisión) que el anciano les haya pedido ayuda. Pero otros testigos acusan que no lo dejaron entrar. Y otros testigos dicen que los carabineros que se aproximaron al lugar tampoco le prestaron la ayuda que necesitaba. Alguien está mintiendo y es urgente que las autoridades aclaren este caso. Algo huele mal en esa fundación. ¿No le dejaron entrar porque llevaba su colchón? ¿Llegó demasiado tarde? ¿Violó algún protocolo que la subdirectora considera más valioso que la vida misma? Esta fundación vive de nuestro dinero, cuando redondeamos la cuenta en el supermercado Santa Isabel. Mientras no se aclare, deberíamos dejar de permitirlo.

También indigna la versión que entregó ChileVisión en su noticiario, afirmando que "hay personas que ni siquiera alcanzan a tocar el timbre", aceptando sin más la versión de la fundación y desdeñando los testimonios de testigos. Un ejemplo más del deficiente nivel de nuestros periodistas.

¿Sabíais que el año pasado murieron en Chile, de frío en la calle, 150 personas? Esta extrema vulnerabilidad es consentida. La permite la sociedad, la permite el estado, la permite el gobierno, la permiten los partidos políticos, la clase política. Son seres humanos que sobran. En Colombia los asesinan y los visten de guerrilleros para presentarlos como bajas del enemigo. Por cada víctima reciben los soldados 2 mil dólares. Acá en Chile simplemente los dejan morir de frío en el invierno. Les sale más económico. Y en los telediarios nos reímos a carcajada batiente de las víctimas del neoliberalismo. En Canal 13 el indigente muerto no alcanzó a llegar a tocar el timbre, de frío que tenía, porque estaba entumecido, según dijo la presentadora. Y, mirando las imágenes del cadáver, agregó, con sus gritos habituales: "Así que no se olviden de abrigarse, porque hará mucho frío". No vaya a ser cosa que nos pase lo mismo. No hay palabras para describir la indecencia de estos engendros. A quién le quedan ganas de gritar Viva Chile.
lísperguer

catolicismo y causa animalista


columna de lísperguer
Activista animalista acusa al catolicismo de ser soporte de la explotación animal.

Encuentro terriblemente enervante y odioso que Alejandra Cassino, de CEFU (la Coalición por el Control Ético de la Fauna Urbana), describa la tradición católica como una que define a los animales y a la naturaleza como creados para "el usufructo del hombre". Esto no tiene nada que ver con el catolicismo. Concuerdo con Pepa García que señala que Cassino confunde la tradición católica con la bíblica. En lo que se refiere a la causa animalista, la activista prefiere ignorar que San Francisco de Asís es uno de los grandes precursores de la lucha por los derechos animales y que inspira a decenas de organizaciones animalistas de base que llevan su nombre. En realidad, los grupos católicos de base forman la espina dorsal del movimiento por los derechos animales en Chile. Le hace un flaco favor a la causa al referirse de manera ofensiva a la tradición católica, a la que además describe de manera sesgada, como pilar de la explotación animal. Quizá convenga que sepa que los católicos no se inspiran en el Viejo Testamento y que, en general, el catolicismo se basa más en tendencias históricas iniciadas por filósofos y santos (como Francisco de Asís) que en textos sagrados. Debería saber, además, que los católicos se encuentran a la vanguardia en la lucha por los derechos animales y que, entre otras cosas, se han reunido en Estados Unidos, hace unos años y con otras filosofías (musulmana, judía, budista), para iniciar un movimiento de defensa de los animales, pidiendo a los fieles que dejen de comer carne y fomenten la piedad como fundamento de un nuevo tipo de relación con los animales. No es muy relevante que los amigos de los animales seamos católicos, budistas o anarquistas, pero es decepcionante que se ataque a los católicos de manera tan injusta.
lísperguer

delitos económicos deben ser imprescriptibles


columna de lísperguer
Ministro de Hacienda dice que caso de cobros abusivos de La Polar es un caso puntual.

La repactación automática y abusiva de deudas es una práctica que parece habitual en el retail, aparte de otras prácticas que son derechamente delictivas. En la 5a Región, CONAFE ha repactado en 2011 automáticamente a sus clientes presuntamente morosos sin ninguna negociación previa. También incurre esta empresa en otro tipo de delitos, como los frecuentísimos errores de facturación que obligan a los clientes a gastar tiempo y dinero en deudas inexistentes, cobros ilegales (como el cobro fijo de recapitalización) y otros cobros dudosos. En realidad sospecho que esta empresa toma en cuenta el hecho de que muchos de sus clientes en la 5a viven en localidades rurales, los que muchas veces no protestan, porque es más barato tolerar los abusos que viajar a una ciudad a reclamar. Sernac también debiera ocuparse de este tipo de abusos (llamados errores) en la facturación. Estos delitos económicos, como igualmente la corrupción funcionaria, debiesen ser imprescriptibles.
lísperguer

la ciencia del milagro


Un análisis científico de la acción divina. El milagro de la ciencia y la ciencia del milagro.
[Matias Alinovi] Hay en Roma una comisión de peritos que se quiere científica. ¿En qué sentido lo es? Podemos reconocer tres razones diversas en esa aspiración. En principio suele estar integrada por médicos. Los médicos, ¿son científicos? En un libro de Isaac Asimov cuya referencia perdí, leí alguna vez que, de todas las ciencias, la física era la que más había avanzado, y la medicina la que menos. La afirmación prueba que aun en el criterio escalonado del divulgador ruso-norteamericano, una comisión de médicos puede aspirar a ser una comisión científica. La comisión que nos ocupa quiere, además, que su palabra valga por un veredicto académico, y ése es el segundo sentido en que debemos considerar su pretensión: su razón de ser es gestionar un dictamen científico. Pero en tercer lugar, y es lo que aquí nos interesa, cada vez que establece los límites de lo inaudito, nuestra comisión legisla sobre una extraordinaria categoría epistémica: el milagro.
¿Qué es un milagro? De acuerdo con Voltaire, la violación de leyes inviolables, es decir, una mera contradicción en los términos, un oxímoron, una invención de la lengua sin contrapartida empírica. De acuerdo con la Congregación para la Causa de los Santos –la institución vaticana que estudia milagros, martirios y virtudes, y propone los ejemplos de santidad–, es un hecho que no puede ser explicado por causas naturales.
Es bien sabido que convertirse en santo supone atravesar las distintas etapas de un proceso laborioso inspirado en lo jurídico. Ese proceso tiene fases preliminares que pueden instruirse fuera de Roma. Pero en la segunda etapa, la decisiva, la causa es acogida en el Vaticano, y es allí donde el candidato podrá ascender, o no, los dos últimos escalones: la beatificación y la canonización. Alcanzar la beatitud implica sin embargo iniciar un proceso suplementario por el que debe comprobarse que Dios ha operado un milagro por intercesión del candidato. Una vez beatificado, para acceder a la canonización se exige un nuevo milagro comprobado, ejecutado por la intercesión del ahora beato.
En conclusión, todo santo cuenta en su haber con, al menos, dos milagros comprobados (a excepción de los mártires, de quienes no nos ocupamos aquí). Durante el proceso, los milagros presuntos son estudiados por una comisión de peritos –usualmente integrada por médicos si el milagro implica curación– y luego discutidos en un congreso especial de teólogos. Pero es nuestra comisión la que, en definitiva, examina los aspectos científicos de la operación milagrosa.
La mayoría de los milagros que examina la comisión es de naturaleza médica. En el devenir de la historia del milagro, los prodigios empíricos, las manipulaciones aparatosas de la realidad inanimada, han cedido terreno ante las curaciones milagrosas. Sabemos, sin embargo, que es posible, y hasta deseable, que la comisión investigue milagros de otro tipo: en un mensaje reciente al prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Benedicto XVI recordaba que de acuerdo con una tradición inveterada de la Iglesia, el milagro siempre debe ser físico, "pues no basta con un milagro moral".
¿Cuál fue el último milagro empírico, no médico, aprobado por la comisión? Una multiplicación de arroz. En el mes de enero de 1949, el fraile Juan Macías dio de comer en Badajoz, España, a una multitud hambrienta con tres tazas de arroz, que al ser arrojadas al agua hirviendo se multiplicaron indeciblemente. Una salvedad: Juan Macías había muerto trescientos años antes, en Perú, y el prodigio se verificó a través de la sola mención de su nombre por parte de la cocinera. A través de ese milagro comprobado, Macías accedió a la canonización.

Boyle, Hobbes y la Máquina de Vacío
La filosofía experimental que concibió primero el inglés Robert Boyle –la que sigue sustentado nuestras prácticas científicas– establece que los hechos pueden servir como fundamento del conocimiento en la medida en que no sean vistos como productos humanos. Es decir, la ciencia está basada en hechos naturales, y los hechos naturales son necesarios porque no suponen agencia humana. Todo lo que supone agencia humana es contingente: podría no haber sido como es. En cambio, el hecho natural, al estar definido como aquello que no admite agencia humana, puede, y debe, ser considerado como necesario. Para los detractores de Boyle, sin embargo, la contradicción de su filosofía estribaba en el experimento.
Porque Boyle producía los hechos experimentales que sustentaban su conocimiento a través de una máquina: la máquina de vacío. Pero si aspiraba a que esos hechos fueran fundamento de su conocimiento debía garantizar que fueran necesarios, es decir, que no admitían agencia humana alguna. Ahora bien, si esos hechos eran producidos por una máquina fabricada por los hombres, la agencia humana, ¿no se colaba de algún modo a través de la máquina, alterando así el supuesto básico de la filosofía de Boyle? Esa era la objeción de Thomas Hobbes a las prácticas experimentales de Boyle. Hobbes no creía que la máquina pudiera producir hechos –eventos sin agencia humana– simplemente porque era un producto humano. En consecuencia, siempre consideró como viciada de nulidad la actividad de Boyle: la ciencia experimental era una práctica extraviada. Por su parte, Boyle vivió preocupado por mostrar que en la máquina no se colaba el aire, que no había ningún descuido, que estaba bien sellada, es decir, que en la producción de los hechos no se filtraba inadvertidamente la agencia humana.
La analogía con los milagros estaría establecida en estos términos: nuestra comisión vaticana de peritos, que establece qué es un milagro y qué no lo es, es una máquina productora de hechos de fe. Los milagros podrían ser considerados como hechos de fe en la medida en que la comisión querría que los consideráramos como hechos sin agencia humana –la intercesión no sería agencia– y por lo tanto como necesarios. En un documental extraordinario sobre el Santo Sudario que periódicamente se repite por el canal de televisión Santa María, Amílcar Funes, un físico egresado del Instituto Balseiro, sostiene que Dios, cuando hace milagros, no altera las leyes de la física. Simplemente acelera, estimula o inhibe procesos naturales. Funes expresa así el supuesto epistemológico básico de nuestra comisión de peritos. La pregunta es: ¿por qué Funes y la comisión eligen pensar así?

La Ley del Milagro
Si decimos que un milagro no supone la alteración de las leyes de la naturaleza, el milagro solamente puede estribar en la aparición milagrosa del evento. Dios hace aparecer inopinadamente una luz –estimula una emisión inopinada de fotones, digamos– que en cuanto aparece en el mundo obedece las leyes de la física: se desplaza a una cierta velocidad, se difracta, se refleja. De paso imprime la imagen de un cadáver sobre una tela. Lo milagroso estribaría entonces en la irrupción de la voluntad divina en el mundo. De modo que ahora podríamos preguntarnos: ¿tiene sentido decir que una irrupción es milagrosa? En otros términos, una intervención divina, ¿es siempre una intervención a costa de la cadena causal? ¿Implica siempre una ruptura de esa cadena? Podría creerse que no. En algún sentido, la física podría considerar que el hombre es un milagro, puesto que no tiene cómo explicar la irrupción de la vida. Establecer las leyes de la naturaleza no supone un determinismo definitivo sobre todo lo que ocurrirá. Supone un determinismo, si se quiere, sobre el modo en que las cosas ocurrirán. No es lo mismo. ¿O sí?
Habría, entonces, una explicación para la posición epistemológica de Funes y de nuestra comisión: que Dios respete las leyes naturales al ejecutar un prodigio es el único camino para reconocer que algo es un milagro, en términos científicos. Es decir, al estudiar el Santo Sudario se podrá establecer, digamos, que allí se proyectó una luz de una determinada potencia –que podrá estimarse–, que imprimió una imagen precisa. Lo que al mismo tiempo permitirá sugerir que la utilización de una luz de esas características era impensable en ese momento, en ese lugar. En definitiva, se podrá explicar científicamente la impresión y establecer las características de la fuente de esa luz, para conjeturar que, al no ser plausible que una fuente semejante haya existido allí, lo que se ha verificado en la ocurrencia es una intervención divina en el mundo. El milagro estriba sólo en la irrupción, pero debe ser posible remontar la cadena causal para reconocerlo.
Dios no altera las leyes de la física, porque sólo así nos permite reconocer sus milagros. Los hechos prodigiosos deben poder explicarse. Si no, seríamos incapaces de apreciar lo extraordinario de su causa. En una curación milagrosa, la comisión podrá establecer, por ejemplo, que una alteración de las proteínas curó al enfermo. Podrá explicar de qué manera se verificó la curación. Ahora bien, ¿cómo pudo ocurrir que se alteraran las proteínas? La respuesta está sugerida en la explicación: intervención divina. No entender el mecanismo natural equivaldría a perder la pista divina para reconocer el milagro.
Pero entonces emerge una nueva interpretación para la aseveración de Funes: los milagros no alteran las leyes de la física porque son creados por el hombre. El respeto por las leyes naturales identificaría una agencia humana, más que una divina. Una agencia humana que identifica el milagro, cuando no hay dolo, y una agencia humana que lo fragua, cuando lo hay. Los milagros no alterarían las leyes naturales porque serían hechos de este mundo, reconocidos por hombres de este mundo. Nótese, sin embargo, que el milagro no es una mera ilusión, como podría ser la magia, simplemente porque supone un mensaje. Para que haya milagro debemos creer que alguien está diciéndonos algo, presuponer que hay anuncio. Si todo hecho es un hecho natural, el mundo es mudo. El milagro, sin embargo, suele interpelar a gente sin mayores recursos epistemológicos. Cuando los apóstoles ven caminar a Jesús sobre las aguas, se sorprenden milagrosamente, pero no se interrogan sobre cómo es posible el hecho, o si es o no un hecho natural. Es decir, la ocurrencia del milagro clausura la pregunta. Salvo para Tomás, y para nuestra comisión, que debe dictaminar a través del examen que allí ocurrió un milagro. Así, la comisión parece violar un presupuesto básico del milagro, que sería el de no examinarlo epistémicamente. El milagro sólo nos interpela desde el no examen epistémico. El milagro es sin por qué. La pregunta es entonces: ¿por qué existe la comisión? Y la respuesta es política: se trata de dar la batalla de la opinión pública.

El Testimonio de Hume
David Hume tiene un argumento que no ataca la producción milagrosa sino su testimonio, aunque una cosa depende naturalmente de la otra, puesto que no hay milagro si no hay testimonio del hecho milagroso. ¿En qué consiste el argumento de Hume? El filósofo se pregunta cuándo es razonable creer en los milagros. ¿Cuándo es razonable creer en el testimonio de hechos extraordinarios? Es decir, examina la cuestión del testimonio epistémico. De acuerdo con Hume, sería imposible obtener un testimonio que nos convenciera epistémicamente de que se ha producido un milagro. Un milagro exige un testimonio, pero ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a no ser que la naturaleza del testimonio sea más milagrosa que el hecho. En sus ‘Diálogos sobre religión natural’, dice Hume: "Cuando alguien me dice que vio resucitar a un muerto, inmediatamente me pregunto qué es más probable: que esta persona engañe o sea engañada, o que el hecho que narra haya podido ocurrir realmente". Cuando alguien nos dice que ha ocurrido un milagro, la experiencia, a su vez, nos dice que lo más probable es que no haya ocurrido, porque mientras lo milagroso ocurre raramente, la mentira es más o menos corriente. En conclusión, aunque metafísicamente la intervención divina podría ocurrir –la divinidad podría permitir que alguien resucitara, digamos–, puesto que nuestra experiencia es la única fuente para saber si el hecho ocurrió realmente, deberíamos contar con un testimonio aún más milagroso que el hecho mismo. Un testimonio con el que nunca damos.
17 de junio de 2011
11 de junio de 2011
©página 12

obama, criminal y cazador de autógrafos


columna de lísperguer
Obama viaja a Puerto Rico a tomarse foto con Marc Anthony. Pese a ligereza, Obama sigue matando en Libia.

Mientras, sus aviones continúan bombardeando objetivos civiles en Trípoli con la esperanza de golpear a la familia de Gadafi y ya ha causado la muerte de más de 700 civiles libios. No sólo ha definido Obama como legítimo el ataque contra familiares de presidentes hostiles (ya ha matado a un hijo y tres nietos de Gadafi), lo que es un evidente acto de barbarie, sino justifica además los terribles asesinatos, descuartizamientos, ahorcamientos y otras atrocidades que cometen a diario rebeldes libios contra civiles desarmados, especialmente contra gente de piel oscura. Los videos en que se muestran estos actos, filmados muchos de ellos por los propios rebeldes, han sido retirados todos de YouTube. Ayer presentaron representantes republicanos y demócratas una acusación constitucional contra Obama por meter a su país en una guerra sin previa consulta con el Congreso. Donde quiera que vaya, Obama es una persona no grata.
lísperguer

la mitad de parlamentarios no son elegidos


columna de lísperguer
Gobierno reprocha a oposición preferencia por temas de reformas políticas.

No veo ese abismo entre lo que interesa a los políticos y lo que interesa a los chilenos, como se expresó tan inopinadamente la señora Baer. De hecho, muchos de los males sociales que sufrimos los chilenos se originan en situaciones esencialmente políticas, como la asfixiante falta de democracia que supone, a nivel parlamentario, el sistema electoral binominal, que implica que los ciudadanos elegimos sólo a la mitad de los representantes, siendo la otra mitad nombrada por los partidos políticos cuyo funcionamiento tampoco es exactamente democrático. El binominal debe ser derechamente eliminado. Los partidos deben ser democratizados. Si el Parlamento representara a los chilenos, por ejemplo, es probable que el propio binominal y leyes aberrantes como la antiterrorista serían pesadillas del pasado. No lo son porque senadores y diputados no elegidos por la ciudadanía se oponen a ello. Hoy, el binominal es un obstáculo para la democracia y desarrollo del país y fomenta la corrupción.
lísperguer