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derechos humanos

niños esclavos en haití


Cada vez más niños esclavos en Haití tras el terremoto.
Croix-des-Bouquets, Haití. A los 13 años, Magalee conoció solamente el trabajo, sin embargo, cuando la joven haitiana habla de su anterior vida de esclava, sonríe. Antes del sismo, Magalee era una restavek, de los que hay en Haití unos 450.000 y podrían aumentar rápidamente ahora.
"Tenía que trabajar mañana, tarde y noche. Limpiaba, cocinaba, lavaba la ropa. Me levantaba a las cinco todas las mañanas y trabajaba hasta las ocho de la tarde. En la familia todo el mundo me pegaba", cuenta a la AFP.
Los restaveks, "quédate con" en creole, proceden generalmente del último escalón de la escala social haitiana. Y si sus padres los envían a trabajar al servicio de una familia adoptiva en Puerto Príncipe con la conciencia tranquila, es porque éstas les hacen creer en la escolarización de los niños.
Pero en lugar de cuadernos y libros, los restaveks sólo ven escobas, baldes y cepillos. Son reducidos al estado de esclavitud.
"El trabajo era demasiado duro y la familia no era amable, entonces me refugié en la comisaría. Los policías fueron buenos, me enviaron aquí", dice Magalee. Aquí, es el Centro de Apoyo al Desarrollo (CAD) que acoge a los ex niños esclavos.
La sede del CAD, que se encuentra en el centro de Puerto Príncipe fue destruida por el terremoto. Magalee perdió a cinco amigos en la catástrofe, todos ellos ex esclavos.
Por suerte, antes del sismo, la joven fue realojada en la nueva casa del CAD, situada en un campo cerca de Croix-des-Bouquets, a unos kilómetros de Puerto Príncipe. La casa no ha sufrido ningún daño.
"El problema de los restaveks va a empeorar por el terremoto", advierte Gertrude Sejour, de la Fundación Maurice A. Sixto que colabora estrechamente con el CAD.
"La cantidad de restaveks va a ir en aumento después del sismo, porque un gran número de familias van a encontrarse en situaciones muy precarias. El desempleo va a dar un salto", estima Marlene Verdier Mondesir que preside el CAD.
La inmensa mayoría de los restaveks son niñas. En el CAD, son escolarizadas y aprenden actividades que les permitirán encontrar un trabajo más tarde, como la costura.
"Las escuelas son escasas en el campo. Entonces, algunas personas de la ciudad van de pueblo en pueblo explicando a los padres que van a llevar a sus hijos a Puerto Príncipe para escolarizarlos. Pero no es lo que sucede", explica Verdier Mondesir. Una vez en la ciudad, "son golpeados, violados, azotados", cuenta.
"En nuestra cultura, cuando un niño trabaja, es considerado como un esclavo. Se puede hacer con él lo que se quiera, pegarles por ejemplo. Pero es así como se crean bestias", añade Gertrude Sejour.
Para poner fin a esta práctica, Sejour piensa que habría que mejorar la educación y brindar a los niños una perspectiva distinta a la de una vida trabajando en los campos.

17 de febrero de 2010
©mi punto 
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despiden a general insolentado


Cae un general por oponerse al plan de derechos humanos de Lula. Jefe del Departamento General de Personal del Ejército fue despedido por distribuir en internet una carta en la que afirmó que grupo que investigará crímenes de la dictadura sería formado por "fanáticos", llamándolo "Comisión de la Calumnia".
Brasil. La jefa del gabinete y candidata presidencial del oficialismo para las elecciones de octubre, Dilma Rousseff, será la encargada de defender el proyecto más importante del presidente Lula.
El Plan Nacional de Derechos Humanos sigue sacando chispas entre el gobierno brasileño y las Fuerzas Armadas. Ayer las críticas al tema le costaron el despido sumario a un general.
El Plan Nacional de Derechos Humanos, un amplio grupo de iniciativas propuestas por el gobierno tras realizar consultas con la sociedad civil, fue aprobado a fines de diciembre por el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, para quien se ha transformado en un proyecto emblemático con el que quiere cerrar con broche de oro su segundo gobierno este año.
Inmediatamente se llevó elogios de defensores de los derechos humanos, pero fuertes críticas de la Iglesia Católica, la oposición política y, por su puesto, de las Fuerzas Armadas. Y es que el proyecto incluye la conformación de una comisión de la verdad para investigar las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura (1964-1985).
Varios han sido los militares hasta ahora que han criticado el plan, pero el general Maynard Marques de Santa Rosa, jefe del Departamento General de Personal del Ejército, fue más allá. Distribuyó una carta pública en la que afirmó que la comisión sería formada por "fanáticos" y sería apenas "una Comisión de la Calumnia".
Se trata de una referencia a la jefa del gabinete ministerial y candidata presidencial del oficialismo para las elecciones de octubre, Dilma Rousseff (cuyo gabinete coordinó la elaboración del plan), y del ministro de Informaciones, el ex periodista Franklin Martins, dos ex militantes de izquierda que pasaron a la lucha armada en la década de 1970 en su enfrentamiento al régimen militar.
"Pedí al Presidente de la República el despido de Santa Rosa (un general de cuatro estrellas y miembro del alto comando del Ejército) y su puesta a disposición del Ejército. El caso está cerrado", confirmó ayer el ministro de Justicia, Nelson Jobim con tono severo.
El ministro aclaró que el propio comandante del Ejército, general Enzo Martins Peri, confirmó que el escrito que circula en internet es de autoría de Marques de Santa Rosa.
La asesoría de prensa del Ejército aclaró que la nota es una carta personal que el general le envió a un amigo y que no puede ser interpretada como una posición oficial de la institución.
La criticas de los militares obligaron al gobierno brasileño a incluir en las investigaciones de la Comisión de la Verdad eventuales crímenes de las guerrillas opositoras a la dictadura.

Defensa ante el Senado
En tanto, la propia ministra Rousseff tendrá que defender el proyecto en el Senado cuya comisión de Constitución y Justicia del Senado la convocó a declarar.
Los senadores quieren interrogar a Rousseff sobre los detalles del plan.
Además de candidata ungida por el propio Mandatario, los senadores convocaron al presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Gilmar Mendes, para hablar sobre la legalidad de las propuestas contenidas en el plan.
La legalidad del proyecto no sólo ha sido cuestionada por los militares que temen termine por derogar la Ley de Amnistía de 1979, actualmente vigente, sino que la Iglesia denuncia que el plan apoyaría el aborto. Asimismo, sectores del agro creen que impulsa a los sin tierra en detrimento del agronegocio, y medios de prensa consideran que atacará la libertad de expresión.

11 de febrero de 2010
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no se entiende


Que juzguen al juez Garzón por hacer justicia no se entiende. No lo entendemos en América latina.
[Juan Gelman] No, no se entiende. Fuera de España no se entiende qué está pasando en España con el juez Baltasar Garzón. ¿A proceso por su intento de juzgar crímenes de lesa humanidad? ¿Lo castigan por su desvelamiento de la oscura trama de corrupción tejida por personalidades de un partido político? ¿Se judicializa la política española? ¿Se politiza la justicia española?
Conocí al juez Garzón en 1997, cuando, con mi esposa Mara La Madrid, le elevamos una denuncia por el asesinato de mi hijo Marcelo Ariel y la desaparición de mi nuera María Claudia, padres de una niña o un niño nacido en cautiverio del cual supe la existencia por la Secretaría de Estado de El Vaticano. Era el único juez ante quien podíamos hacerlo: no había otro en el mundo dispuesto a escuchar el relato de los crímenes cometidos por la dictadura militar argentina. No había otro juez en el mundo que atendiera las heridas de las víctimas de Pinochet y no hubo otro que decidiera procesarlo.
Lo volvimos a ver en el 2000, esta vez para querellar a los represores de la dictadura uruguaya que asesinaron a mi nuera, le robaron la hija –era una niña, mi nieta, a la que encontré 23 años después de nacida– y desaparecieron los restos de María Claudia. Nos recibió con la misma deferencia y con un rostro que el sufrimiento ajeno le había escrito. Salimos de su despacho con alguna esperanza de justicia, la que esperaban y aún esperan centenares de miles de castigados por la espada en nuestro continente.
No voy a fingir una inocencia que no tengo. En la Argentina habemos jueces que violan el derecho de gentes, el derecho humanitario internacional, los derechos de los agredidos, la moral y la ética más corrientes, movidos tal vez por viejas complicidades. El juez Garzón no pertenece a esa tribu y que lo juzguen por hacer justicia no se entiende. No lo entendemos en América latina. Tampoco en otras partes del mundo.

11 de febrero de 2010
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juez garzón en peligro


El juez convocó a juristas extranjeros para que declaren a su favor. El Tribunal Supremo español se empeña en suspenderlo. Por eso, el magistrado apela a la defensa de Zaffaroni y Freile, entre otros.
[Óscar Guisoni] Madrid, España. Baltasar Garzón eligió jugar la carta internacional para defenderse del intento del Tribunal Supremo español de apartarlo de su juzgado en la Audiencia Nacional y convocó a un grupo de destacados juristas extranjeros para que lo defiendan, entre los que se encuentran Eugenio Raúl Zaffaroni, integrante de la Corte Suprema de Justicia argentina, y Eduardo Freile, autor de las resoluciones contra las leyes de punto final y obediencia debida. Entre los magistrados que el juez madrileño ha citado en su defensa figuran también la ex fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, la italiana Carla del Ponte; el juez chileno Juan Guzmán Tapia, que abrió las causas que permitieron investigar a los responsables de los crímenes cometidos durante la dictadura de Augusto Pinochet; Hugo Relva, coordinador de Justicia de Amnistía Internacional, y Sergio García Ramírez, miembro de la Corte Penal Internacional.
Garzón presentó ayer ante el Tribunal Supremo un recurso contra el auto del juez Luciano Varela en el que se lo acusa de prevaricar en la causa que abrió contra los responsables de los crímenes cometidos por el franquismo, y en su defensa citó a estos reconocidos juristas internacionales, a la vez que convocó a un puñado de jueces españoles, la mayor parte de ellos en ejercicio, que en su momento defendieron su actuación en esta causa que tanta polémica ha levantado en España. Para ello el juez llamó también a sus colegas de la Audiencia Nacional Ricardo Prada, Ramón Sáenz Valcárcel y Clara Bayarri, que ya dictaminaron en su momento las competencias de Garzón para investigar al franquismo. Con este movimiento, Garzón da a entender que está dispuesto a presentar una batalla que trasciende las fronteras españolas, una estrategia acorde con su prestigio a nivel internacional. Y de paso señala una paradoja que en el entorno del juez no se han cansado estos días de hacer notar: ¿cómo es posible que Garzón haya podido investigar los crímenes de dictaduras extranjeras y ahora se lo esté apartando de su juzgado por querer hacer lo mismo con el régimen franquista?
El "caso Garzón", mientras tanto, sigue haciéndose cada día mayor a medida que se acerca el momento en que el Consejo General del Poder Judicial deba resolver si apartarlo o no de su juzgado mientras dure el proceso en su contra. Uno de los actores que ayer intervino en la polémica es la asociación de magistrados progresistas Jueces para la Democracia (JPD), a la que pertenece curiosamente el juez Varela. En un comunicado hecho público por la mañana, JPD considera que Garzón no cometió prevaricación y recuerda que esta causa "se abrió exclusivamente a instancias de asociaciones que podrían calificarse como de extrema derecha, herederas ideológicas del franquismo", haciendo referencia a Falange Española, la célula ultraderechista Manos Limpias y la asociación Libertad e Identidad, promotoras de la querella contra Garzón ante el Supremo. Jueces para la Democracia recuerda además que la causa contra el franquismo fue cerrada a instancias del Supremo, por lo cual "no perjudicó a nadie" y se alarma de que se intente "sentar en el banquillo al único juez de este país que, a instancias de familiares de desaparecidos durante la represión franquista, ha tratado de articular una respuesta procesal penal adecuada a las demandas de aquellos olvidadas durante décadas".
Desde la Fiscalía General del Estado también hizo oír su voz ayer Cándido Conde Pumpido, el máximo responsable del organismo, quien aclaró que "el fiscal se opondrá a la suspensión de Garzón" y, aunque su opinión no es vinculante, se supone que debe ser tenida en cuenta por el Consejo antes de proceder a suspenderlo. Pero las posibilidades de que la opinión de Conde Pumpido sea tenida en cuenta son escasas. En ámbitos judiciales se da por descontado que el CGPJ va a suspender a Garzón, ya que la causa en su contra ha logrado aunar las voluntades de conservadores y progresistas de forma sorprendente. Desde el punto de vista de los conservadores, son fáciles de comprender los motivos: Garzón no sólo ha osado investigar al franquismo, sino que además destapó el "Caso Gürtel", el peor escándalo de corrupción que ha sacudido al PP en los últimos años. Y desde el ámbito progresista no se le perdonan las investigaciones que destaparon la trama de los GAL, una organización paramilitar que creció bajo el amparo del gobierno socialista de Felipe González en los años ochenta con la intención de asesinar a dirigentes del nacionalismo independentista vasco y miembros de la banda terrorista ETA.
De este modo, como afirmó ayer el reconocido analista político Iñaki Gabilondo, Garzón se transformará "en la única persona que será juzgada en España en una causa relacionada con el franquismo, lo que es sin dudas una auténtica vergüenza histórica".

11 de febrero de 2010
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juez garzón podría ser suspendido


El poder judicial español apura el relevo del magistrado por investigar al franquismo. La causa contra el juez fue abierta después de que asociaciones de ultraderecha presentaran una querella acusándolo de prevaricación por haber intentado juzgar los crímenes del franquismo durante la Guerra Civil y la dictadura.
[Óscar Guisoni] Madrid, España. La causa contra el juez Baltasar Garzón, abierta después de que asociaciones de ultraderecha presentaran una querella acusándolo de prevaricación por haber intentado juzgar los crímenes cometidos por el franquismo durante la Guerra Civil y la dictadura, entró esta semana en una fase decisiva. Luego de que el jueves pasado el juez instructor del caso Luciano Varela, perteneciente al Tribunal Supremo, emitiera un auto con claros elementos condenatorios contra el magistrado de la Audiencia Nacional, ahora serán los miembros de este Tribunal los que deban decidir si apoyan el documento, abriendo de este modo las puertas al proceso y la consecuente suspensión de Garzón mientras dure el mismo. La composición del Tribunal, con amplia mayoría conservadora, hace suponer que los días de Garzón al frente de su juzgado en la Audiencia Nacional están contados. Partidos políticos y asociaciones civiles ya han manifestado su descontento con el rumbo que está tomando el proceso.
El auto del juez Varela es, antes que nada, una auténtica pieza de defensa de la Ley de Amnistía que se dictó luego de que finalizara la dictadura del general Francisco Franco tras su muerte, en 1975. La ley, piedra angular de la famosa transición española y hacia la que según Varela, Garzón mostró una "ignorancia inexcusable", tendía un manto de impunidad sobre los crímenes de la dictadura y dejaba sin investigar las atrocidades cometidas por el bando fascista durante la Guerra Civil (1936-39). Según el auto de Varela, Garzón se declaró competente para investigar los crímenes del franquismo haciendo caso omiso de esta ley aún vigente, e interpretando de manera errónea la Ley de la Memoria Histórica aprobada durante el primer gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que establece reparaciones a las víctimas, abre la puerta a la investigación sobre el paradero de las víctimas y las aperturas de fosas donde se hallan los represaliados, pero traza límites muy precisos para impedir justamente que la Justicia haga lo que pretendió hacer Garzón: investigar a los responsables del franquismo.
Baltasar Garzón lleva 22 años frente a su juzgado, en los que tuvo tiempo suficiente para granjearse grandes y poderosos enemigos. A lo largo de todo ese período tuvo que afrontar más de una querella por su labor, pero siempre fueron desestimadas. Hasta que se atrevió a tocar el tabú más importante de la democracia española: los crímenes del franquismo. A los resquemores que despertó su causa contra el general Franco y su entorno en el mundillo conservador se le suman los enconos que se granjeó en el último año luego de haber instruido parte del llamado Caso Gürtel, la mayor trama de corrupción en la que se vio envuelto el Partido Popular desde su fundación.
Los magistrados de la sala de lo Penal del Tribunal Supremo que ahora deben decidir sobre el auto de Varela tienen un claro signo conservador y en algún caso, como recuerda la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, "más de la mitad de los magistrados del Tribunal Supremo juraron los Principios del Movimiento (la organización fascista que sustentaba la dictadura) y fidelidad al general Franco". Uno de esos jueces, que integra la sala que deberá ahora expedirse sobre el auto de Varela, es Adolfo Prego, un hombre que no tuvo ningún empacho en firmar un manifiesto contra la Ley de la Memoria Histórica y que pertenece a una Fundación para la Defensa de la Nación Española, una organización cuyo nombre ya de por sí lo dice todo.
Pero ésta no es la única causa a la que se enfrenta Baltasar Garzón. Otra de las querellas en su contra que ha sido admitida tiene que ver con el hecho de haber recibido de la Universidad de Nueva York honorarios por haber dictado unos seminarios patrocinados por el Banco Santander. Más tarde, Garzón instruyó una causa que implicaba a Emilio Botín, presidente del Banco, y que terminó siendo sobreseído. Según la querella, el magistrado habría actuado aquí dolosamente. Tanto los precedentes legales que existen en España sobre este tipo de casos, como la relación indirecta que hay entre quien financió el seminario y quien lo impartió, al encontrarse la prestigiosa universidad norteamericana de por medio, hacen que esta causa tenga aún menos posibilidades de triunfar, aunque vista la saña con la que se ha abierto la cacería contra el magistrado más internacional que tiene España en ejercicio, todo puede suceder.
En los próximos días la Sala de lo Penal deberá decidir si acepta el recurso presentado por el juez contra el auto de Varela, una medida que en ámbitos judiciales se da por descontada. Con ese aval sobre el auto, Varela habrá conseguido dar el primer paso para abrir el juicio contra Garzón. Después, el Consejo General del Poder Judicial deberá decidir si suspende al juez de manera provisoria mientras dure el proceso, una medida que también se da por descontada teniendo en cuenta casos precedentes. Así las cosas, es muy probable que en los próximos días España permita que cese su actividad uno de los magistrados que más han contribuido a darle prestigio a su sistema judicial, animándose a abrir causas contra dictadores y responsables de violaciones a los derechos humanos en todo el mundo.

10 de febrero de 2010
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shoá, genocidio y justicia


Encuentro de juristas en París sobre la memoria, la educación y la posibilidad de hacer justicia. Fue organizado por el Memorial de la Shoá de París, y la Secretaría de Derechos Humanos y el Ministerio de Justicia argentinos.
[Eduardo Febbro] París, Francia. En este lugar la memoria está viva. Vive en El Muro de los Nombres, donde están grabados los de 76.000 judíos deportados de Francia, entre los cuales había 11.000 niños, durante la Segunda Guerra Mundial. Ese testimonio abre las puertas hacia uno de los momentos más oscuros de la historia de la humanidad: la Solución Final aplicada por la Alemania nazi para exterminar a los judíos de Europa. Este lugar es el Memorial de la Shoá, instalado en el barrio de Le Marais, donde durante dos días se llevó a cabo esta semana un seminario sobre "La Shoá y los genocidios o crímenes contra la humanidad del siglo XX, ¿qué enseñanzas pueden sacar los juristas?"
El evento revistió un carácter particular, ya que dio lugar a una inédita imbricación entre el Memorial de la Shoáh y el Estado Argentino a través de la Secretaría de Derechos Humanos y el Ministerio de Justicia. El seminario contó con la participación de una importante delegación argentina de 23 miembros en la que, además de los representantes de ambas instituciones, estaban los fiscales que protagonizan los procesos contra los responsables de los crímenes cometidos en la Argentina durante la última dictadura militar.
El Memorial de la Shoá en París, el Ministerio de Justicia de la Argentina y la Secretaría de Derechos Humanos habían firmado en abril del año pasado una convención para desarrollar una asociación destinada a rescatar la memoria, a estudiar la Shoá y los genocidios del siglo XX. El seminario que se organizó en París es consecutivo de estas iniciativas que empezaron a plasmarse en diciembre de 2008. Karel Fracapane, responsable de relaciones institucionales e internacionales del Memorial, y Andrea Gualde, directora de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Derechos Humanos de Argentina, elaboraron los temas del seminario en el que participaron historiadores, juristas, politólogos, filósofos y sobrevivientes de los campos de la muerte.
Dos memorias, dos heridas imborrables se cruzaron en el Memorial: la de la Shoá y la de esa otra exterminación de una generación que significó la dictadura. En diálogo con Página/12 en París, Andrea Gualde desarrolló la idea de que "de alguna manera, la dictadura argentina fue tributaria de Auschwitz, la figura del desaparecido de algún modo tiene puntos de contacto con el decreto de Noche y Niebla. Por eso nos pareció que era muy importante trabajar con los jueces que tienen a su cargo la reconstrucción de la verdad, que tienen a su cargo repartir justicia, de una manera que sea reparatoria sobre todo en los casos de crímenes de lesa humanidad". La directora de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Derechos Humanos señaló también que era fundamental, en el caso de la Argentina, resaltar "esa dimensión reparatoria, esa dimensión de descubrir la verdad y de preservar la memoria, que surge como consecuencia de un proceso judicial".
El seminario hizo hincapié en la especificidad de cada hecho histórico, tanto el de la Shoá como la de la dictadura argentina y el terrorismo de Estado. En este contexto, Gualde advirtió los "puntos en común" que se encontraron entre ambos hechos históricos. Esas convergencias se "dan desde distintas perspectivas, desde el lugar de la víctima, desde los procesos de genocidio, desde la elección del enemigo por parte del perpetrador, las distintas etapas para llegar a cometer un genocidio. Los puntos de contacto son innegables. Por eso hay que tener en cuenta estos antecedentes y aprender del legado de la Shoá para poder leer mejor nuestra propia realidad y entender la verdadera dimensión de un proceso de justicia".
Luis Alén, el subsecretario de la Secretaría de Derechos Humanos, comentó a Página/12 una de las frases expresadas por el director del Memorial de la Shoá, Jacques Fredj, cuando dijo "no hay que tener miedo de comparar los genocidios". En este sentido, Luis Alén puso de relieve el hecho de que "una sentencia, además de un fallo judicial que establece responsabilidad y tipifica conductas, es también un relato histórico. Y en ese relato histórico uno puede y debe recurrir a otras disciplinas para decir con todas las letras que lo que pasó en la Argentina también es un genocidio, con otras características que la Shoá, pero con muchos puntos en común y de una extrema gravedad".
El juez Carlos Rosanki explicó a Página/12 los matices que a veces complican la definición misma del genocidio. Rosanki aclaró que "el genocidio argentino se caracteriza de esa manera porque reúne los mismos requisitos que cualquier genocidio. Puede no encuadrar exactamente en la definición de la Convención sobre Genocidio adoptada en 1948, pero a la hora de llamar las cosas por el nombre adecuado, deja de tener trascendencia si proviene de una u otra Convención". El juez destacó que "el desafío que las atrocidades que vive el mundo desde hace siglos le propone a cada integrante de cada país es qué tipo de reacción va a instrumentar para enfrentar esas atrocidades y evitar que vuelvan a suceder y sancionar a los responsables".
La pregunta que queda en el aire es entonces cómo frenar la persistencia del pensamiento del mal, cómo poner término a esa palabra tantas veces escuchada durante el seminario: la atrocidad. Rosanki piensa que la única forma posible es "el derecho como productor de verdad. Si los Tribunales de un país no son capaces desde el derecho, con una visión amplia y en perspectiva, de construir la verdad a partir de lo que sucedió, difícilmente se va a evitar. La Argentina está en el absoluto camino de la construcción de la verdad".
Sin embargo, pese a la Shoá, a la educación, a los relatos históricos, a los testigos y sobrevivientes y a la acción de la Justicia, el principio de atrocidad sigue vigente. El genocidio en Ruanda (1994), la limpieza étnica en la ex Yugoslavia (1992-1995), la eliminación del otro en Kosovo y hasta la ideología que condujo a la Shoá permanecen como pruebas de que la historia se puede volver a repetir, con otro rostro, en cualquier momento. El pensamiento del mal no ha perdido su vigencia. ¿Cuál es entonces el método? ¿La memoria culpable, la venganza, la Justicia implacable, el trabajo histórico en las escuelas?
Para el juez federal Daniel Eduardo Rafecas, "tenemos que tomar conciencia de la cultura profundamente autoritaria que sigue habiendo en el pensamiento del ciudadano común de la Argentina y, por lo tanto, en todos los ámbitos donde se proyecta esa cultura autoritaria, que viene de todo el siglo XX de golpes de Estado y gobiernos fraudulentos y de una elite que miró con fascinación a los movimientos reaccionarios y antiliberales de entreguerras". El juez señaló que es difícil cambiar esa cuestión porque "estamos hablando de procesos culturales. En la Argentina ése cambio comienza en 1983, ése es el punto de inflexión en el que la Argentina empieza muy lentamente a desandar un camino de convicción autoritaria y lo reemplaza por un modelo democrático". Rafecas está convencido de que "la herramienta fundamental para lograr ese cambio cultural es la educación democrática que tiene que partir de la modificación radical de los programas educativos".
Lo que probó este seminario realizado en el Memorial de la Shoá es el límite de la verdad. "La verdad no basta como educación", resalta Rosanki. Eso es lo que, para el juez, prueban los juicios a las juntas. "La verdad es importantísima pero no alcanza, porque es estática. La Justicia es dinámica. Las etapas por las que atraviesa una sociedad que vive atrocidades y que debe construirse comienzan por la verdad, continúan con la justicia y con la reparación, que es el resultado inmediato del derecho bien aplicado, y finalmente con la memoria, que es la síntesis de las etapas anteriores."

7 de febrero de 2010
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la canción del verdugo


Si algo caracterizó al genocidio nazi fue la creación de campos de exterminio donde la muerte tomaba la apariencia de un trabajo tan impersonal y mecánico como el de una fábrica. A la cabeza de estos mataderos de seres humanos, había personas que no necesariamente eran elegidos por ser sádicos o criminales confesos.
[Patricio Lenard] "Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo un abismo, también éste mira dentro de ti". [Nietzsche]
En Treblinka había un reloj que daba la hora dos veces al día. Con sus números y agujas pintados, el reloj marcaba las tres. Siempre. Fue en la navidad de 1942 que Franz Stangl, comandante de ese campo de exterminio nazi, ordenó la construcción de una falsa estación de tren en la que aparecían indicadas conexiones ferroviarias "A Varsovia", "A Bialystock", "A Wolwonice", con horarios y flechas. A menos de un kilómetro de distancia, las cámaras de gas mataban por turnos a los miles de judíos que horas antes habían pasado por ese mismo andén, bajo los insultos y la premura de los SS, sin advertir que la burlesca impuntualidad del reloj marcaba, en realidad, la puntualidad de la muerte.
En Treblinka murió casi un millón de personas, y Franz Stangl –que al final de la guerra había huido a Damasco, antes de trasladarse a Brasil, desde donde fue extraditado en 1968– fue sentenciado en 1970 a cadena perpetua por todos esos crímenes. Cuando el tribunal de Düsseldorf hizo pública la condena, Simon Wiesenthal, que había tenido un papel en su captura, dijo a los periodistas que la condena de Stangl por parte de los alemanes era al menos tan importante como la de Eichmann por parte de los israelíes. Más allá de que Eichmann, artífice de la intrincada logística de deportación de los judíos a los campos de la muerte, fuera uno de los ejemplos más siniestros de eso que Hannah Arendt llamó "asesinos de despacho", y Stangl un genocida cuyo "trabajo" consistía en supervisar el asesinato de las cinco o seis mil personas que llegaban en los trenes cada mañana a Treblinka.
En 1971, la periodista e investigadora austríaca Gitta Sereny entrevistó a Stangl en la cárcel, y las más de setenta horas de conversaciones que ambos mantuvieron son la base de uno de los documentos más estremecedores sobre el horror del genocidio nazi. Retrato de un hombre vinculado íntimamente a ese mal radical, Desde aquella oscuridad es un intento de comprensión del sentido y las razones del comportamiento de los verdugos. Hombres que no eran sádicos, ni forajidos, ni homicidas por naturaleza, sino miembros respetables de una sociedad respetable, y que creían estar abocados a una tarea histórica. "Una gran misión que se realiza una sola vez en dos mil años", como dijo en uno de sus discursos Heinrich Himmler, jefe de las SS y encargado de eso que se dio en llamar la "solución final del problema judío".
La profesión de verdugo Stangl la empezó a aprender bastante tiempo antes de pisar por primera vez un campo. En Austria, de donde era oriundo, se recibió de policía en 1933, y luego de la anexión austríaca en marzo de 1938, y de participar de las acciones que la Gestapo comenzó a realizar para completar un registro de los judíos y sus propiedades, fue ascendido a superintendente de la policía de un instituto especial cuyo cuartel general estaba en Berlín, en el 4 de Tiergartenstrasse. "Había oído en ocasiones que se referían vagamente a ello como T4, pero desconocía cuál era su función específica", dice Stangl en el libro, y en este punto es de fiar porque Tiergartenstrasse 4 era entonces el núcleo de una de las operaciones más secretas del Tercer Reich: la administración de la "eutanasia" a discapacitados físicos y mentales.
Al principio, fue una ley firmada por Adolf Hitler en julio de 1933 que disponía la esterilización (voluntaria o forzada) a fin de prevenir la propagación de eso que la medicina eugenésica, en boga en aquellos años, había dado en llamar lebensunwertes Leben (vida indigna de ser vivida). Luego fueron la prohibición del casamiento y la legalización del aborto en los casos en que uno de los miembros de la pareja padeciera "una enfermedad contagiosa" o "hereditaria" (ceguera o sordera hereditarias, esquizofrenia, epilepsia, malformaciones físicas hereditarias, etc.).
En septiembre de 1939, Hitler firmó otro decreto en el que invocaba la necesidad de "conceder a los enfermos incurables el derecho a una muerte sin dolor", y así daba pie a la construcción de las primeras cámaras de gas en centros en donde, entre diciembre de 1939 y agosto de 1941, murieron alrededor de sesenta mil alemanes, muchos de ellos niños.
Como una manera de administrar la "sanidad pública" y ahorrarle al Estado la manutención de esas "vidas sin valor", el programa de eutanasia además constituyó un entrenamiento formal para los campos de exterminio. Una escuela en la que se formó gran parte del personal que poco después iría a trabajar a Polonia, y en donde Stangl se ocupaba, al principio, de revisar los "certificados de locura" de quienes ingresaban a Schloss Hartheim, uno de los seis centros en los que se gaseaba a los "pacientes". "Se gestionaba como un hospital. Después de llegar, eran examinados de nuevo. Se les tomaba la temperatura y todo eso...", cuenta Stangl con la parquedad que lo caracteriza. Una simple pantomima, ya que los pacientes eran enviados allí para morir sin dilaciones.
Durante un viaje a Hof, cerca de Nuremberg, donde el tren que lo llevaba estaba detenido mientras algunos enfermos mentales eran cargados en camiones, se dice que Hitler experimentó por primera vez un abucheo por parte de una multitud airada. Una muestra de que cada vez más gente estaba poniéndose al corriente de lo que sucedía. Sea cual fuere la razón, el 24 de agosto de 1941 el Führer dio la orden de detener el programa de eutanasia, cuya infraestructura pasó a ser utilizada para gasear a presos políticos que permanecían en los campos.
Se sabe que los planes nazis para la "solución final" fueron tomando forma a medida que evolucionaban los planes para invadir Rusia. Y un habitual malentendido que Sereny despeja es qué diferenciaba los campos de concentración de los campos de exterminio. De estos últimos, sólo había cuatro, todos ellos en Polonia: Chelmno, Belsec, Sobibor y Treblinka ("cinco, si se incluye Birkenau, la sección de exterminio de Auschwitz que, de todos modos, también funcionó parcialmente como campo de trabajo", aclara). Si bien contaban también con cámaras de gas, crematorios y fosas comunes, y en ellos también se ejecutaba a reos, en los campos de concentración había cierta posibilidad de escapar con vida. Mientras que en los campos de exterminio esa posibilidad se reducía tan sólo a quienes eran mantenidos como "judíos de trabajo". No en vano solamente ochenta y dos personas –ningún niño– sobrevivieron a esos cuatro campos, los que fueron oportunamente desmantelados por los nazis para ocultar las evidencias del genocidio.

En la primavera de 1942, Franz Stangl llegó a Polonia. Y en la entrevista que mantuvo con Odilo Globocnik, un general de las SS que estaba al frente de la creación de varios campos en ese país, se le encomendó la misión de construir el campo de Sobibor. La familia de Stangl, compuesta por su mujer y sus dos hijas, no lo había acompañado. Estaba solo. Y cuando arribó a su destino, la obra ya estaba comenzada. Entre los edificios a medio hacer había uno con tres habitaciones, de tres metros por cuatro, "exactamente igual que la cámara de gas de Schloss Hartheim". Un oficial superior con quien había trabajado allí, Christian Wirth, le ordenó que reuniera al personal alemán en una visita que hizo a Sobibor. "Los judíos que no trabajen como se debe serán eliminados. Si a cualquiera de ustedes no les gusta eso, pueden irse. Pero bajo tierra, no por ella", les dijo, mezclando broma con amenaza. De allí Stangl obtuvo una excusa perfecta para lo que luego sería su coartada: la duda, el temor de que lo matarían si él se negaba a seguir cumpliendo su trabajo. Un argumento contra el que la agudeza de Sereny se choca una y otra vez, sin que Stangl pueda terminar de comprender la diferencia que hay entre el consentimiento y la obediencia.
Para ese entonces, Wirth ya había estado al frente de Chelmno y Belsec, un campo mucho mayor en donde los primeros exterminios con gases de motor de cámaras habían empezado en marzo de 1942. Allí Stangl fue un día de visita por orden de Globocnik, y allí se le reveló, en toda su monstruosidad, el verdadero objetivo de los campos. "El olor..., oh, Dios, el olor... Estaba por todas partes. Wirth no estaba en su despacho. Recuerdo que me llevaron ante él... estaba en una colina, junto a las fosas... las fosas... estaban repletas. No puedo contarle; no cientos, miles, miles de cadáveres... Dios mío. Ahí es donde Wirth me dijo... me dijo que eso era para lo que servía Sobibor. Y que me iba a poner oficialmente al cargo."
La fecha en que Sobibor pasó a ser plenamente operativo no está muy clara; fue el 16 o el 18 de mayo. "Lo que sí se sabe –apunta Sereny– es que en los dos primeros meses, el período en que Stangl gestionó el campo, se asesinó allí a unas cien mil personas."
Su posterior traslado a Treblinka, considerado un ascenso (poco después sería postulado a la cruz de hierro como el "mejor comandante de los campos de Polonia"), puso a Stangl al mando de un lugar en donde era necesario resolver ciertos problemas. "Ya hemos mandado a cien mil judíos y no nos ha llegado nada en dinero ni material. Quiero que averigüe qué pasa con todo eso; dónde desaparece", fue la orden que le dio Globocnik. La prueba de que Stangl se puso manos a la obra está en una anécdota de una conversación con un judío. "¿Hablaba alguna vez con las personas que llegaban?", le pregunta Sereny. "¿Hablar? No. Pero recuerdo una ocasión... estaban allí después de llegar, y un judío vino hacia a mí y me dijo que quería presentar una queja. Yo dije que muy bien, claro, que qué pasaba. Dijo que uno de los guardias lituanos (que sólo se empleaban para tareas de transporte) le había prometido que le daría agua si le entregaba su reloj. Pero se había quedado el reloj y no le había dado agua. Y bueno, eso no está bien, ¿verdad? De todos modos, yo no permitía el raterismo. Pregunté allí mismo a los lituanos quién había tomado el reloj, pero nadie dijo nada. Kurt Franz (el segundo de Stangl) me susurró que el hombre implicado podía ser uno de los oficiales lituanos y que no podía avergonzar a un oficial delante de sus hombres. Bien, dije: ‘No me interesa el tipo de uniforme que lleva. Sólo me interesa lo que hay dentro de un hombre’. Ya puede imaginarse que aquello llegó enseguida a Varsovia. Pero lo que es justo, es justo, ¿no? Les hice ponerse a todos en fila y volver sus bolsillos del revés". "¿Enfrente de los prisioneros?", pregunta Sereny. "Sí, ¿qué iba a hacer? Una vez que se ha presentado una queja hay que investigar. Naturalmente, no encontramos el reloj. Quien fuera que se lo quedó se había desembarazado de él."
El sentido de la justicia que expresa Stangl sería un ejemplo más del cinismo negador propio de un genocida si no estuviera sustentado por una escala de valores en la que el raterismo constituía un delito, pero no asesinar a miles de personas por día. Un quiebre de la moral que no se debía a la ignorancia o a la maldad de unos hombres que no llegaron a reconocer unas "verdades" morales, sino más bien a la inadecuación de las "verdades" morales como pautas para juzgar lo que los hombres habían llegado a ser capaces de hacer. De ahí que Adolf Eichmann, durante el proceso que se le siguió en Jerusalén, no se viera conmovido ante la acusación de haber enviado a millones de seres humanos a la muerte, pero sí ante la acusación de un testigo –desechada por el tribunal– según la cual él había matado a palos a un muchacho judío.
Lo mismo sucede con Rudolf Höss, quien entre 1941 y diciembre de 1943 fue comandante del campo de Auschwitz-Birkenau, y a quien Primo Levi califica como "uno de los mayores criminales de la historia" en el prólogo que escribió en 1985 al libro de memorias que Höss redactó en la cárcel mientras esperaba su juicio en Polonia (en 1947 fue sentenciado a muerte y colgado en el campo de Auschwitz).
Höss fue capturado por la policía militar británica el 11 de marzo de 1946, disfrazado de bracero, y los fiscales del juicio de Nuremberg, que por entonces estaba en sus tramos finales, solicitaron que fuera conducido de inmediato a esa ciudad para su interrogatorio. De las numerosas preguntas que le hicieron, la que más indignó a Höss fue la que trataba de saber si él se había quedado con bienes judíos. "No sólo no podía, es que enriquecerme de aquel modo habría ido contra mis principios –contestó–. No habría sido decente."
Ese cinismo que muchas veces es la única forma en que las almas vulgares rozan la honestidad hace que Höss aluda, hacia el final de Yo, comandante de Auschwitz, a las condiciones en las que fue interrogado por la policía británica luego de su arresto. "Mi primer interrogatorio fue ‘contundente’ en el sentido exacto del término. Firmé el acta, pero no sé cuál era su contenido: la mezcla de alcohol y látigo era demasiado sensible, incluso para mí. El látigo era mío; por azar se hallaba en el equipaje de mi mujer. No creo haber golpeado con él a mi caballo y nunca, con toda seguridad, a un preso. Pero el hombre que me interrogaba seguramente pensaba que me pasaba el día golpeando a los prisioneros con el látigo."
A la queja por el maltrato recibido se le superpone una muestra más de esa crueldad que en los campos de la muerte se volvió incapaz de reconocerse a sí misma. Una crueldad que estaba en la base de un método de "trabajo" que se proponía rutinario, impersonal y mecánico, y en el que la situación límite era algo cotidiano. "Si se hace este trabajo, uno se vuelve loco el primer día o se acostumbra", decía un judío sobreviviente del Sonderkommando, cuyos miembros se encargaban de conducir a los prisioneros hasta las cámaras de gas, sacar los cadáveres, comprobar que no hubiera objetos preciosos en sus orificios, arrancarles los dientes de oro y transportarlos a los hornos. Una lógica que concebía a la muerte como un proceso productivo, equiparable a cualquier otro proceso de producción industrial, y que explica que ante la pregunta de si sentía que los judíos fueran seres humanos Stangl responda: "Eran cargamento. Raramente les veía como individuos. Siempre fue una masa inmensa".
Es la participación forzada de los judíos en la maquinaria de exterminio, esa "fraternidad de la abyección" de la que hablaba David Rousset y mediante la cual se buscaba hacer creer que víctima y verdugo eran igualmente innobles, uno de los aspectos del libro de Höss que hacen pensar que, más allá del valor que su testimonio pueda tener, personajes como él no deberían haber tenido la oportunidad de justificarse. Igualmente indignante es que Höss se atribuya la autoría de dos muertes a lo largo del libro (sin contar un tercer asesinato, de índole política, que en 1923 le valió una condena a diez años de cárcel): la de un soldado indio durante la Primera Guerra Mundial, cuando combatió en el mismo regimiento en el que habían servido su abuelo y su padre, y la de un soldado nazi (¡nada menos!), al que descubrió a la vera de un camino ejecutando a un prisionero cuando ya se había dado la orden de evacuar el campo. "Lo interpelé violentamente, preguntándole por qué había matado a aquel desgraciado sobre el que no tenía responsabilidad. Me respondió con una risa insolente y me dijo que eso a mí no me incumbía. Llevaba conmigo el revolver y lo maté. Era un sargento mayor del Ejército del Aire". Treta digna de un burlador que osa definirse a sí mismo como una "inconsciente ruedita en la inmensa máquina del Tercer Reich", y que hasta es capaz de decir que "en Auschwitz no había tiempo para aburrirse".
Pero Höss era humano, después de todo: sabemos que cuando cumplió siete años sus padres le regalaron un pony al que bautizó Hans; que en su familia le auguraban futuro como sacerdote; que se casó y tuvo cinco hijos, y que vivía con su familia en la casa de la comandancia de Auschwitz, en las afueras del campo (¿llegaría hasta allí también el olor a podrido?). Aunque si de algún modo se presenta en su libro es como un "experto" capaz de explicar con lujo de detalles cómo se planifica, construye y administra un lugar que estaba destinado a ser "el mayor campo de exterminio de todos los tiempos", según palabras de Himmler.
Dos puntos oscuros hay, no obstante, en su relato. Dos cuestiones que pasa virtualmente por alto: los experimentos médicos que se realizaban en Auschwitz y las condiciones de extrema desnutrición en las que se encontraban miles de personas por la falta de agua y alimento, y que motivaban la existencia de esos "cadáveres ambulantes" a los que en la jerga del campo se llamaba "musulmanes".
De los experimentos médicos, Höss informa muy escuetamente, minimizando y tergiversando los datos que aporta. "En lo que concierne a las experiencias e investigaciones emprendidas por orden del Reichsführer (Himmler), puedo enumerar las siguientes: Profesor Clauberg: ensayos de esterilización por medio de inyecciones en las trompas que provocaban inflamación y desecación de esos órganos y conducían a la esterilidad sin perjuicio del cuerpo. / Doctor Schumann: esterilización por medio de rayos X. Desconozco los resultados, pero sostengo que muchas muertes fueron ocasionadas por aplicaciones demasiado fuertes. / El doctor Wirths y su hermano: investigaciones sobre el cáncer, por lo que sé inocuas para la salud. / Doctor Mengele: investigaciones sobre mellizos, según parece, puramente teóricas y sin peligro para la salud. / Otros experimentos con inyección de cianuro y metanol practicadas en ‘judíos de transporte’, incapaces de trabajar. No conozco otros experimentos."
La inclusión en la categoría de "experimento" del acto de inyectar cianuro a personas es de por sí notable. Ni hablar de la omisión de que Mengele casi siempre sacrificaba a los gemelos para estudiar "científicamente" sus cuerpos. Si bien la ciencia nazi y la experimentación nazi con los prisioneros no sería una aberración o una inversión total de la ética y de los objetivos de la ciencia occidental, sino uno de sus posibles resultados (tal la provocadora hipótesis de Mario Biagioli, profesor de Historia de la Ciencia de la Universidad de Harvard), el ocultamiento al que Höss somete los horrores que tenían lugar en los laboratorios parece responder a un secretismo que es mezcla de pudor y épater negacionista. Como si existiera un núcleo duro del horror que incluso para aquellos que se asomaron en sus profundidades continuó siendo, en algún sentido, insoportable.
Otro tanto se puede decir de la figura del "musulmán", de la que Giorgio Agamben se ocupa en Lo que queda de Auschwitz. El término parece proceder de la actitud característica de estos deportados, quienes solían estar acurrucados en el suelo con las piernas replegadas, como imitando los movimientos de los árabes cuando rezan. La sed y el hambre que sufrían a lo largo de días los iban derrumbando hasta caer en un estado de apatía total, y al momento de morir pesaban entre veinticinco y treinta kilos y sus órganos podían verse reducidos a la tercera parte de su tamaño normal, según revelaban las autopsias. Epítome de la situación extrema, el musulmán se hallaba en la terrible encrucijada de "seguir siendo o no un ser humano" (la expresión es de Bruno Bettelheim). E incluso, como escribe Levi en Si esto es un hombre, "se duda en llamar muerte a su muerte."
Para Agamben, Auschwitz es el lugar de un experimento en que "el judío se transforma en musulmán y el hombre en no-hombre". Y es así cómo la muerte adquiere un ribete artesanal, porque así también se fabricaban cadáveres en Auschwitz. Höss parece no reparar en ello. Aunque anota cuando el Ministerio de Alimentación prohibió todo suministro de víveres a los niños internados en los campos de concentración, o los casos de canibalismo que, sobre todo entre los prisioneros rusos, "no eran raros en Birkenau".
Stangl, por su parte, sin nombrar a los musulmanes, le dice a Sereny: "Estaban tan débiles; permitían que todo aquello sucediera, que se les hiciera. Eran personas con las que no había nada en común, ni posibilidad de comunicación; así es como nace el desprecio. Nunca pude entender cómo cedían como lo hicieron. Hace poco leí un libro sobre lemmings, ya sabe, roedores... al parecer, cada cinco o seis años, se aventuran hasta el mar y mueren. Me hicieron pensar en Treblinka". (No deja de ser increíblemente irónico que Stangl cuente que, cuando tenía ocho años, su padre murió de desnutrición: "Estaba flaco como un palillo; parecía un espectro, un esqueleto").
Son dos, entonces, las formas de anestesia que predominaban en los campos: la que entrenaba a las SS para que no tuvieran reacción alguna, ni ante su propia muerte ni ante la de los demás, y la insensibilidad abúlica de los musulmanes, esas "cáscaras de hombres". Si bien ambas ponen en cuestión –a su manera– la pertenencia al género humano, los que la padecieron hasta las últimas consecuencias son los mismos para los que la muerte por gas hubiera sido "clemente". Y esto no implica darles cabida a los genocidas nazis cuando pretenden mostrar la técnica del gaseo como un modo de matar "humanitario". Tampoco tratar de ver en dónde había más horror cuando el horror estaba, en realidad, en todas partes.
Una vez Adorno escribió: "Auschwitz empieza cuando uno mira a un matadero y piensa: son sólo animales". Y es esa forma ruin de indiferencia la que vuelve a los monstruos humanos, demasiado humanos.

3 de febrero de 2010
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guantánamo en la mira de garzón


El magistrado considera que tiene jurisdicción sobre el asunto luego de que el gobierno de Estados Unidos se negara a darle una respuesta acerca de si existe alguna investigación abierta en ese país sobre crímenes cometidos en la base militar.
[Óscar Guisoni] Madrid, España. El juez español Baltasar Garzón comenzará a investigar lo sucedido en la prisión norteamericana de Guantánamo luego de que el gobierno de Estados Unidos se negara a darle una respuesta acerca de si existe alguna investigación abierta en ese país sobre las violaciones a los derechos humanos perpetuadas en la base militar. El magistrado considera que tiene jurisdicción sobre el asunto a pesar de la reforma legal llevada a cabo el pasado año por el Parlamento español que limita las actuaciones de la Justicia en causas que involucran a terceros países, ya que entre los detenidos en Guantánamo hubo un ciudadano español y otros tres que, aunque no tienen esa nacionalidad, han estado involucrados en investigaciones abiertas por el propio juez en relación con delitos cometidos en España. La querella, presentada por asociaciones y partidos políticos de izquierda ante su juzgado, acusa a los responsables de la prisión de crímenes de guerra y genocidio, entre otros delitos.
Ahmed Abderraman Hamed es el nombre del ciudadano español que estuvo detenido en Guantánamo, junto al marroquí residente en la península Lahcen Ikasrrien, el ciudadano palestino Jamiel Abdulatif al Banna y el libio Omar Deghayes, todos ellos involucrados en anteriores investigaciones de Baltasar Garzón por su supuesta participación en delitos cometidos en el territorio español, razón por la cual el juez considera "relevante", como exige la nueva legislación sobre justicia universal, que se abra el proceso en los tribunales madrileños, ya que de otro modo estima que se estaría optando "por la impunidad". En su auto el juez recuerda que existen tratados específicos sobre derechos humanos firmados por el país que están por encima de cualquier legislación ad hoc que se haya adoptado en los últimos tiempos con el fin de limitar los alcances de los juicios internacionales que tanto molestan a la diplomacia española que nada puede hacer por detener la acción de sus propios tribunales.
Otro de los elementos interesantes en el dictamen es el que recuerda que el Tribunal Supremo absolvió a Abderraman Hamed de los delitos por los cuales los norteamericanos lo habían recluido en la tenebrosa prisión ubicada en la base militar de Guantánamo denunciando en su momento las irregularidades en las que se realizó su detención "sin cargos y sin garantías y, por tanto, sin control y sin límite".
La noticia se conoce en un momento en el que las relaciones entre Madrid y la Casa Blanca son las mejores de la última década y, a pesar que el gobierno norteamericano no se pronunció todavía sobre la cuestión, es difícil que le resulte simpática una medida como ésta, capaz de recordarle al propio Barack Obama su promesa de cerrar Guantánamo en un año, algo que todavía no cumplió debido a las dificultades para recolocar los prisioneros en otros países y la negativa de los propios tribunales americanos para hacerse cargo de la situación.
Garzón se coloca de este modo otra vez en el candelero internacional justo en un momento en que el magistrado se encuentra bajo proceso por la supuesta comisión del delito de prevaricato en relación con la causa abierta para investigar los crímenes del franquismo. Asociaciones de ultraderecha han logrado en los últimos meses, luego de reiterados fracasos, que se admita su querella contra el juez, al que acusan de actuar con premeditación. El Tribunal Supremo, con reconocida mayoría conservadora, admitió la causa a pesar de las debilidades legales de la presentación realizada por los querellantes, lo que da la pauta de las dificultades que atraviesa la sociedad española a la hora de juzgar su propia historia política violenta.
La reforma legal que puso coto a las facultades de los tribunales españoles para actuar en casos de delitos cometidos fuera de su propio territorio fue promovida por el PSOE en conjunto con los conservadores del Partido Popular y mereció la crítica en su momento de las asociaciones de derechos humanos y de Izquierda Unida, las mismas instituciones que ahora han promovido la causa contra los responsables de Guantánamo.
La fiscalía española había considerado "fraudulenta" la admisión de la querella, un artilugio para tratar de evitar que una causa molesta en Washington cobrara solidez en un momento de idílicas relaciones transoceánicas, pero el juez ha considerado que se dan todos los requisitos para dar comienzo a la causa por lo que es de esperar que en los próximos meses comiencen a emitirse las órdenes de captura internacional contra los responsables de la prisión. En declaraciones a la agencia EFE, uno de los abogados de la acusación, Antonio Segura (ALA), ha expresado doble satisfacción por el hecho de que Garzón vaya a investigar las denuncias poniendo en entredicho la consideración inicial de los fiscales.

31 de enero de 2010
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