muerte sin honores
[David Zucchino] Para las familias de los contratistas que trabajan en la guerra encargada de Iraq, no hay cartas presidenciales ni salvas de 21 disparos, sólo consternación y pena.
Rosharon, Tejas, Estados Unidos. Cuando los parroquianos del Johnson's Market Bar and Grill se enteraron de que su amigo Allan Smith había muerto en Iraq, le rindieron tributo jugando a los dardos y bebiendo cerveza, dos de los pasatiempos favoritos de Smith.
"Allan lo hubiese aprobado", dijo Pat Johnson, el dueño, que se complació cuando en el funeral se mostró un video de Smith luchando con un oso de circo, e inmovilizándolo.
En otro suburbio de Houston, Dona Davis había recibido un email de su marido Leslie pocas horas antes de que le dijeran que había muerto en el mismo atentado suicida en el que murió Smith el 21 de diciembre. Entonces comenzó a preparar lo que llamó un "funeral patriota".
"Mi marido amaba a su país", dijo Davis. "Una de las últimas cosas que me dijo fue: Estamos haciendo algo bueno aquí'".
Leslie Wayne Davis y Allan Keith Smith no eran soldados. Eran contratistas civiles, parte de un ejército de mecánicos, carpinteros y electricistas que apoyan la misión militar norteamericana en Iraq. Empleados de Halliburton Co., murieron junto a dos de sus colegas y 14 soldados en un comedor militar en Mosul.
Estados Unidos nunca ha estado antes en una guerra como esta, donde el enemigo está en todas partes y en ninguna, donde los civiles tienen tareas que antes realizaban los soldados y donde abuelos de edad mediana mueren junto a soldados de infantería de 19 años. Esta es la primera guerra por encargo del país, donde los civiles proporcionan los dos pilares del ejército en la logística y los aprovisionamientos.
Es una guerra sin frente, donde los civiles comparten los riesgos y el peso del combate. La gente muere en las más prosaicas de las circunstancias: durmiendo, yendo al trabajo, almorzando.
A diferencia de los soldados y marines que mueren en acción, los contratistas que mueren en Iraq tienden a morir anónimamente, y se los menciona sólo al pasar. Un diario local publicó un reportaje sobre Davis y Smith, proporcionando algunos detalles biográficos mínimos.
Pero sus muertes no son menos trágicas, y los mismos estertores de pena y dolor que sacuden las familias de los militares, sacuden a las familias de los civiles.
A diferencia de las familias de los militares, las familias de los contratistas no han tenido años para endurecerse con la posibilidad de la muerte en combate. Sus seres queridos no llevan rifles ni pesadas ametralladoras. Son civiles que hacen sus trabajos, y cada muerte repentina y violenta causa conmoción, sin importar cuántos contratistas mueren en el caos de Iraq.
El Pentágono y los órganos de prensa llevan una lista meticulosa de los soldados y marines caídos. Los diarios locales publican historias detalladas y obituarios elogiando sus servicios y valor. Los muertos reciben funerales militares con guardias de honor, salvas 21 disparos y ceremonias con banderas. Sus familias reciben cartas del presidente Bush.
Ninguna organización lleva una lista oficial de los contratistas muertos, de acuerdo a Stan Soloway, del Consejo de Servicios Profesionales, un grupo profesional entre cuyos miembros hay contratistas militares. Dijo que el grupo representa a 30.000 contratistas en Iraq, de un total de contratistas dos o tres veces mayor.
Soloway calcula que desde marzo han muerto en Iraq entre 200 y 250 contratistas. Las bajas no oficiales según informes de prensa que lleva el Conteo de Bajas de la Coalición en Iraq, un grupo de investigación privado, llegan a 202, entre las que hay 72 norteamericanos.
Halliburton, con 40.000 empleados y contratistas en Oriente Medio, dice que 63 de sus trabajadores han muerto en Iraq -más que los de las otras empresas, de acuerdo a Soloway.
Los militares norteamericanos, con 150.000 tropas en Iraq, han sufrido 1.356 bajas.
Las principales causas de muerte de los contratistas, listadas en la página web del Conteo de Bajas, son los ataques contra convoyes y emboscadas en carretera (48), ejecuciones realizadas por secuestradores (29), bombas improvisadas en la calle (18) y atentados suicidas con bomba y coches-bomba (25), incluyendo a Smith y Davis.
El Pentágono proporciona funerales con honores militares completos en cementerios de las fuerzas armadas para los militares muertos en Iraq. Las familias de los contratistas se encargan de sus propios funerales.
Después de que los militares enviaran los restos de Smith y Davis a la Base Aérea de Dover en Delaware, después de que los empleados de Halliburton escoltaran los cuerpos de vuelta a casa en Tejas, y después de que representantes de Halliburton pasaran dos horas con los seres queridos de los dos hombres muertos, las familias se quedan a hacer el resto.
Dona Davis tomó el anillo de bodas de su marido y la remplazó por el suyo propio, enterrándolo con él. Se aseguró de que su funeral incluyera un video de Leslie hablando en el reciente funeral de su hermano, donde dice que su hermano había "ido a un lugar mejor en el cielo". Ella cree que Leslie está allá ahora.
Los amigos de Smith pegaron un blanco de dardos a su ataúd. Rieron con el video de la lucha con el oso y lloraron cuando sonó la canción favorita de Smith, Silver Wings', de Merle Haggard. Hubo sollozos cuando se mostró una instantánea de Smith sosteniendo a su nieto recién nacido en el hospital.
Tanto Smith, 45, como Davis, 53, eran abuelos. Tenían el doble de edad que la mayoría de los soldados que almorzaban ese día en el comedor donde murieron. El soldado típico es soltero, terminó hace pocos años la escuela secundaria y tiene pocas deudas o compromisos. El contratista típico es un hombre de edad mediana, casado o divorciado, y persigue un salario grandioso.
Los amigos de Smith dicen que se marchó a trabajar para Halliburton en Iraq como capataz para ganar dinero y dar una mejor vida a sus dos hijas y a su nieto de cuatro meses, y para comprarle un coche a una de sus hijas. La familia de Davis dice que él se marchó por sentido del deber, a trabajar como controlador de calidad, con la esperanza de que Halliburton lo integrara a su plantilla permanente en el extranjero de modo que él y su esposa pudieran viajar por el mundo.
Hombres como Davis y Smith, con toda una vida de habilidades adquiridas y experiencia, son muy pedidos en una época en que unas fuerzas armadas reducidas se han volcado hacia los civiles para que hagan trabajos que antes hacían los soldados. Halliburton, una compañía de servicios de energía basada en Houston, ha estado entre los principales contratistas privados en Iraq, principalmente a través de su filial de ingeniería, la KBR.
Cuando se presentó la oportunidad de trabajar para la compañía en Iraq, Smith y Davis se aferraron a ella, a pesar de las súplicas de la familia y amigos de que no corrieran ese riesgo.
Lo Tengo Todo Bajo Control
Smith era un hombre fuerte con cara de pan y una personalidad despreocupada. Su vida se centraba en sus hijas, Brandy, 21, y Savanah, 18, y en su nieto, Koda. Era un parroquiano del Johnson's Bar, un bar que se ciñe a un estrecho camino condal que pasa por pastizales ganaderos y torres de perforación de petróleo en Rosharon en la punta sur de Houston.
Smith se ganaba la vida con una firma de servicios de jardinería. Vivía en una caravana a menos de un kilómetro y medio de Johnson y era socio, y un amigo de toda la vida, de una taberna llamada Hoot N Annie's.
Miranda Selvera, 29, que trabajaba para Smith como camarera, contó que había convencido a su marido de no ir a Iraq, pero no había podido convencer a Smith.
"Sólo sonrió y me dijo que quería una vida mejor para él y sus hijos", dijo.
Terry Alabama' Hartley, que jugó a los dardos con Smith durante más de una década, dijo que le había dicho la noche antes de que se marchara, en octubre: "Man, no necesitas ir allá". Hartley dijo que Smith "me tomó por el cuello y me dijo: Chico, lo tengo todo bajo control'".
La hija de Smith, Brandy Wilkison, vive en su caravana, adonde llegaron dos consejeros de Halliburton la tarde del 21 de diciembre a entregarle la noticia de la muerte de su padre.
Dijo que su padre pensaba volver en primavera para una breve visita para ver a su hermana, Savanah, que se graduaba de la secundaria y para el nacimiento del primer hijo de Savanah, que debía nacer en junio.
"Luego se volvería a marchar y terminaría el año, para volver a casa y criar a sus nietos", dijo Brandy. Le dijo que su salario "era más que suficiente" y "mucho mejor que cortar el césped".
Ella siente ahora la pérdida. "Era valiente. Yo dependía mucho de él, y ahora ya no está y me siento como perdida".
Cuando él se marchó a Iraq, dijo, Smith le pasó la firma de jardinería al novio de Brandy. "Vamos a mantener el nombre -Allan's Lawn Service", dijo.
Smith estaba preocupado de los ataques con mortero en la base de Mosul donde vivía, dijo su novia, Ellen Hanley. Le dijo que un mortero había impactado en una bodega cercana. "Pero no le tenía miedo a nadie", dijo Hanley.
El día antes de que muriera Smith, Hanley se operó de un cáncer. "Entonces me llegaron las noticias de Allen, y eso era más de lo que podía soportar", dijo.
La muerte de Smith ha dejado un hueco en Rosharon, una diminuta comunidad donde se conoce todo el mundo y la mayoría de la gente trabaja en la construcción de casas o en el petróleo. Todos reconocieron su camioneta Dodge beige, con la que iba al bar de Johnson o a comer al restaurante Chili.
Selvera dijo que su hijo de cuatro años todavía sonreía y saludaba cuando veía pasar la camioneta de Smith, que conduce ahora su hija.
"Entonces grita: ¡Llegó Allan!", dijo Selvera. "Y yo tengo que contarle: No, no es él'".
Cerca del Cielo
A 80 kilómetros, en Magnolia, en los suburbios del norte de Houston, Dona Davis trató de convencer a su marido de no ir a Iraq en junio pasado. Sigue pensando sobre el tiempo que pasó hace tres décadas cuando estuvo de servicio en las lanchas patrulleras de la Marina en Vietnam, y de cómo temía que alguien llamara a la puerta.
Cuando eso ocurrió el 21 de diciembre, no había un oficial militar en la puerta sino dos representantes de Halliburton. "Estoy completamente perdida", dijo al enterarse. Se puso histérica, llorando y gritando, dijo.
Finalmente encontró consuelo en lo que le había dicho su marido cuando ella trató de mantenerlo en casa. "Me dijo: Dona, estoy tan cerca del cielo en Iraq que en Houston'", dijo.
Leslie Davis, conocida como Bub', era un hombre religioso, un ex diácono que enseñaba el catecismo y rezaba antes de la comida. Apoyó al misión norteamericana en Iraq, dijo su viuda. Daba caramelos a los niños iraquíes hasta que los militares, preocupados de la seguridad de la base, construyeron una muralla que se lo impidió.
Dona dijo que su marido ganaba más o menos el mismos dinero con Halliburton que en sus trabajos previos como auditor de compañías petrolíferas norteamericanas.
"No me hablaba de los peligros, y eso lo hacía aposta", dijo. "Bromeaba sobre el hecho de que debía almorzar con el chaleco antibalas puesto. Si los habían atacado con morteros, me diría: Los chicos pasaron una noche bulliciosa'".
Leslie y Dona, con 35 años de matrimonio, intercambiaban emails todas las noches -los de Leslie decorados con banderas de Estados Unidos y de Tejas- y hablaban por teléfono casi todos los días. Él le hablaba a menudo del miedo y de la ansiedad que veía en los ojos de los jóvenes soldados. Leslie tenía 19 años cuando Vietnam, y Dona cree que estaba reviviendo su juventud en una zona de combate lejos de casa.
Después de un fatal atentado con coche-bomba en Mosul, dijo Dona, Leslie que contó que se había encontrado con un turbado y joven soldado que había sobrevivido.
"Dijo que quiso abrazar a ese joven, pero no lo hizo porque no quiso hacerlo frente a otros soldados", dijo. "Y entonces me contó que hubiese preferido morir él antes que esos chicos".
El día que murió, la familia estaba preparando una cena para las vísperas de Navidad. El novio de la hija de los Davis, Angie, 35, quería pedirla en matrimonio esa noche. La cena fue cancelada.
"Sabes", dijo Angie, limpiándose las lágrimas que mancharon su maquillaje, "lo primero que habría hecho es escribirle un email a mi papá, para contárselo. Lo habría hecho muy feliz".
A pesar de los peligros, dijo, su padre se marchó a Iraq "porque era allá donde lo necesitaba Dios".
Para Dona, que empezó a salir con Leslie cuando estaban los dos en el noveno, su muerte la ha destrozado. La pareja quería trabajar para Halliburton y viajar por el mundo antes de volver a ver crecer a sus nietos. Leslie había planeado tomar libre en marzo para reunirse con Dona en Roma.
"Es difícil imaginarse la vida sin él", dijo.
Ese día en Mosul Davis no quería almorzar, dijo Dona, pero sus colegas lo convencieron. Uno de ellos, Dennis Barcelona, le dijo a Dona que él trató de salvar a Leslie cuando este yacía sangrando de una herida en su muslo cerca de su ingle. Barcelona dijo que uso una camisa para hacer un torniquete, pero fue incapaz de parar el derrame.
Para su cumpleaños en noviembre, Leslie le envío a Dona una esterilla de oraciones que había hecho hacer en Iraq. Bordados en el reverso estaban los nombres y las edades de los cuatro hijos de la pareja y sus 11 nietos.
Dona pensó que era típico de su marido hacérselo todo más difícil tratando de recordar las edades y no solamente las fechas de nacimiento. Él había tenido que calcular la edad de todos, redondeándolos para arriba o para abajo. Las edades que escogió correspondían precisamente a las edades de sus hijos y nietos el día en que murió.
"Fue casi como una premonición", dijo Angie.
En el funeral de Leslie cientos de personas se agolpearon en la capilla, entre ellos los dos representantes de Halliburton. Se colocaron monitores en el exterior para los que quedaron fuera.
"La gente se acercaba a él. Le encantaba a todo el mundo", dijo Angie. "Si tú trabajabas un día para mi padre, te hacías amigo de él para toda la vida".
Había un águila y una bandera americana en el ataúd. Debido a que Davis era un veterano, dos marinos de la Marina estaban presentes para prestar sus respetos al ataúd, tocar a silencio y ofrecer a Dona una bandera norteamericana plegada.
Pocos días después, en la salita de su casa de estilo rancho, donde las ventanas dan a varias hectáreas de ondulados prados de magnolia, Dona y Angie no lloraban como cuando la despedida final.
"Ese funeral fue una celebración de su vida", dijo Dona.
Después de toda las turbulencias en Iraq, dijo Angie, su padre estaba finalmente en paz.
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"Allan lo hubiese aprobado", dijo Pat Johnson, el dueño, que se complació cuando en el funeral se mostró un video de Smith luchando con un oso de circo, e inmovilizándolo.
En otro suburbio de Houston, Dona Davis había recibido un email de su marido Leslie pocas horas antes de que le dijeran que había muerto en el mismo atentado suicida en el que murió Smith el 21 de diciembre. Entonces comenzó a preparar lo que llamó un "funeral patriota".
"Mi marido amaba a su país", dijo Davis. "Una de las últimas cosas que me dijo fue: Estamos haciendo algo bueno aquí'".
Leslie Wayne Davis y Allan Keith Smith no eran soldados. Eran contratistas civiles, parte de un ejército de mecánicos, carpinteros y electricistas que apoyan la misión militar norteamericana en Iraq. Empleados de Halliburton Co., murieron junto a dos de sus colegas y 14 soldados en un comedor militar en Mosul.
Estados Unidos nunca ha estado antes en una guerra como esta, donde el enemigo está en todas partes y en ninguna, donde los civiles tienen tareas que antes realizaban los soldados y donde abuelos de edad mediana mueren junto a soldados de infantería de 19 años. Esta es la primera guerra por encargo del país, donde los civiles proporcionan los dos pilares del ejército en la logística y los aprovisionamientos.
Es una guerra sin frente, donde los civiles comparten los riesgos y el peso del combate. La gente muere en las más prosaicas de las circunstancias: durmiendo, yendo al trabajo, almorzando.
A diferencia de los soldados y marines que mueren en acción, los contratistas que mueren en Iraq tienden a morir anónimamente, y se los menciona sólo al pasar. Un diario local publicó un reportaje sobre Davis y Smith, proporcionando algunos detalles biográficos mínimos.
Pero sus muertes no son menos trágicas, y los mismos estertores de pena y dolor que sacuden las familias de los militares, sacuden a las familias de los civiles.
A diferencia de las familias de los militares, las familias de los contratistas no han tenido años para endurecerse con la posibilidad de la muerte en combate. Sus seres queridos no llevan rifles ni pesadas ametralladoras. Son civiles que hacen sus trabajos, y cada muerte repentina y violenta causa conmoción, sin importar cuántos contratistas mueren en el caos de Iraq.
El Pentágono y los órganos de prensa llevan una lista meticulosa de los soldados y marines caídos. Los diarios locales publican historias detalladas y obituarios elogiando sus servicios y valor. Los muertos reciben funerales militares con guardias de honor, salvas 21 disparos y ceremonias con banderas. Sus familias reciben cartas del presidente Bush.
Ninguna organización lleva una lista oficial de los contratistas muertos, de acuerdo a Stan Soloway, del Consejo de Servicios Profesionales, un grupo profesional entre cuyos miembros hay contratistas militares. Dijo que el grupo representa a 30.000 contratistas en Iraq, de un total de contratistas dos o tres veces mayor.
Soloway calcula que desde marzo han muerto en Iraq entre 200 y 250 contratistas. Las bajas no oficiales según informes de prensa que lleva el Conteo de Bajas de la Coalición en Iraq, un grupo de investigación privado, llegan a 202, entre las que hay 72 norteamericanos.
Halliburton, con 40.000 empleados y contratistas en Oriente Medio, dice que 63 de sus trabajadores han muerto en Iraq -más que los de las otras empresas, de acuerdo a Soloway.
Los militares norteamericanos, con 150.000 tropas en Iraq, han sufrido 1.356 bajas.
Las principales causas de muerte de los contratistas, listadas en la página web del Conteo de Bajas, son los ataques contra convoyes y emboscadas en carretera (48), ejecuciones realizadas por secuestradores (29), bombas improvisadas en la calle (18) y atentados suicidas con bomba y coches-bomba (25), incluyendo a Smith y Davis.
El Pentágono proporciona funerales con honores militares completos en cementerios de las fuerzas armadas para los militares muertos en Iraq. Las familias de los contratistas se encargan de sus propios funerales.
Después de que los militares enviaran los restos de Smith y Davis a la Base Aérea de Dover en Delaware, después de que los empleados de Halliburton escoltaran los cuerpos de vuelta a casa en Tejas, y después de que representantes de Halliburton pasaran dos horas con los seres queridos de los dos hombres muertos, las familias se quedan a hacer el resto.
Dona Davis tomó el anillo de bodas de su marido y la remplazó por el suyo propio, enterrándolo con él. Se aseguró de que su funeral incluyera un video de Leslie hablando en el reciente funeral de su hermano, donde dice que su hermano había "ido a un lugar mejor en el cielo". Ella cree que Leslie está allá ahora.
Los amigos de Smith pegaron un blanco de dardos a su ataúd. Rieron con el video de la lucha con el oso y lloraron cuando sonó la canción favorita de Smith, Silver Wings', de Merle Haggard. Hubo sollozos cuando se mostró una instantánea de Smith sosteniendo a su nieto recién nacido en el hospital.
Tanto Smith, 45, como Davis, 53, eran abuelos. Tenían el doble de edad que la mayoría de los soldados que almorzaban ese día en el comedor donde murieron. El soldado típico es soltero, terminó hace pocos años la escuela secundaria y tiene pocas deudas o compromisos. El contratista típico es un hombre de edad mediana, casado o divorciado, y persigue un salario grandioso.
Los amigos de Smith dicen que se marchó a trabajar para Halliburton en Iraq como capataz para ganar dinero y dar una mejor vida a sus dos hijas y a su nieto de cuatro meses, y para comprarle un coche a una de sus hijas. La familia de Davis dice que él se marchó por sentido del deber, a trabajar como controlador de calidad, con la esperanza de que Halliburton lo integrara a su plantilla permanente en el extranjero de modo que él y su esposa pudieran viajar por el mundo.
Hombres como Davis y Smith, con toda una vida de habilidades adquiridas y experiencia, son muy pedidos en una época en que unas fuerzas armadas reducidas se han volcado hacia los civiles para que hagan trabajos que antes hacían los soldados. Halliburton, una compañía de servicios de energía basada en Houston, ha estado entre los principales contratistas privados en Iraq, principalmente a través de su filial de ingeniería, la KBR.
Cuando se presentó la oportunidad de trabajar para la compañía en Iraq, Smith y Davis se aferraron a ella, a pesar de las súplicas de la familia y amigos de que no corrieran ese riesgo.
Lo Tengo Todo Bajo Control
Smith era un hombre fuerte con cara de pan y una personalidad despreocupada. Su vida se centraba en sus hijas, Brandy, 21, y Savanah, 18, y en su nieto, Koda. Era un parroquiano del Johnson's Bar, un bar que se ciñe a un estrecho camino condal que pasa por pastizales ganaderos y torres de perforación de petróleo en Rosharon en la punta sur de Houston.
Smith se ganaba la vida con una firma de servicios de jardinería. Vivía en una caravana a menos de un kilómetro y medio de Johnson y era socio, y un amigo de toda la vida, de una taberna llamada Hoot N Annie's.
Miranda Selvera, 29, que trabajaba para Smith como camarera, contó que había convencido a su marido de no ir a Iraq, pero no había podido convencer a Smith.
"Sólo sonrió y me dijo que quería una vida mejor para él y sus hijos", dijo.
Terry Alabama' Hartley, que jugó a los dardos con Smith durante más de una década, dijo que le había dicho la noche antes de que se marchara, en octubre: "Man, no necesitas ir allá". Hartley dijo que Smith "me tomó por el cuello y me dijo: Chico, lo tengo todo bajo control'".
La hija de Smith, Brandy Wilkison, vive en su caravana, adonde llegaron dos consejeros de Halliburton la tarde del 21 de diciembre a entregarle la noticia de la muerte de su padre.
Dijo que su padre pensaba volver en primavera para una breve visita para ver a su hermana, Savanah, que se graduaba de la secundaria y para el nacimiento del primer hijo de Savanah, que debía nacer en junio.
"Luego se volvería a marchar y terminaría el año, para volver a casa y criar a sus nietos", dijo Brandy. Le dijo que su salario "era más que suficiente" y "mucho mejor que cortar el césped".
Ella siente ahora la pérdida. "Era valiente. Yo dependía mucho de él, y ahora ya no está y me siento como perdida".
Cuando él se marchó a Iraq, dijo, Smith le pasó la firma de jardinería al novio de Brandy. "Vamos a mantener el nombre -Allan's Lawn Service", dijo.
Smith estaba preocupado de los ataques con mortero en la base de Mosul donde vivía, dijo su novia, Ellen Hanley. Le dijo que un mortero había impactado en una bodega cercana. "Pero no le tenía miedo a nadie", dijo Hanley.
El día antes de que muriera Smith, Hanley se operó de un cáncer. "Entonces me llegaron las noticias de Allen, y eso era más de lo que podía soportar", dijo.
La muerte de Smith ha dejado un hueco en Rosharon, una diminuta comunidad donde se conoce todo el mundo y la mayoría de la gente trabaja en la construcción de casas o en el petróleo. Todos reconocieron su camioneta Dodge beige, con la que iba al bar de Johnson o a comer al restaurante Chili.
Selvera dijo que su hijo de cuatro años todavía sonreía y saludaba cuando veía pasar la camioneta de Smith, que conduce ahora su hija.
"Entonces grita: ¡Llegó Allan!", dijo Selvera. "Y yo tengo que contarle: No, no es él'".
Cerca del Cielo
A 80 kilómetros, en Magnolia, en los suburbios del norte de Houston, Dona Davis trató de convencer a su marido de no ir a Iraq en junio pasado. Sigue pensando sobre el tiempo que pasó hace tres décadas cuando estuvo de servicio en las lanchas patrulleras de la Marina en Vietnam, y de cómo temía que alguien llamara a la puerta.
Cuando eso ocurrió el 21 de diciembre, no había un oficial militar en la puerta sino dos representantes de Halliburton. "Estoy completamente perdida", dijo al enterarse. Se puso histérica, llorando y gritando, dijo.
Finalmente encontró consuelo en lo que le había dicho su marido cuando ella trató de mantenerlo en casa. "Me dijo: Dona, estoy tan cerca del cielo en Iraq que en Houston'", dijo.
Leslie Davis, conocida como Bub', era un hombre religioso, un ex diácono que enseñaba el catecismo y rezaba antes de la comida. Apoyó al misión norteamericana en Iraq, dijo su viuda. Daba caramelos a los niños iraquíes hasta que los militares, preocupados de la seguridad de la base, construyeron una muralla que se lo impidió.
Dona dijo que su marido ganaba más o menos el mismos dinero con Halliburton que en sus trabajos previos como auditor de compañías petrolíferas norteamericanas.
"No me hablaba de los peligros, y eso lo hacía aposta", dijo. "Bromeaba sobre el hecho de que debía almorzar con el chaleco antibalas puesto. Si los habían atacado con morteros, me diría: Los chicos pasaron una noche bulliciosa'".
Leslie y Dona, con 35 años de matrimonio, intercambiaban emails todas las noches -los de Leslie decorados con banderas de Estados Unidos y de Tejas- y hablaban por teléfono casi todos los días. Él le hablaba a menudo del miedo y de la ansiedad que veía en los ojos de los jóvenes soldados. Leslie tenía 19 años cuando Vietnam, y Dona cree que estaba reviviendo su juventud en una zona de combate lejos de casa.
Después de un fatal atentado con coche-bomba en Mosul, dijo Dona, Leslie que contó que se había encontrado con un turbado y joven soldado que había sobrevivido.
"Dijo que quiso abrazar a ese joven, pero no lo hizo porque no quiso hacerlo frente a otros soldados", dijo. "Y entonces me contó que hubiese preferido morir él antes que esos chicos".
El día que murió, la familia estaba preparando una cena para las vísperas de Navidad. El novio de la hija de los Davis, Angie, 35, quería pedirla en matrimonio esa noche. La cena fue cancelada.
"Sabes", dijo Angie, limpiándose las lágrimas que mancharon su maquillaje, "lo primero que habría hecho es escribirle un email a mi papá, para contárselo. Lo habría hecho muy feliz".
A pesar de los peligros, dijo, su padre se marchó a Iraq "porque era allá donde lo necesitaba Dios".
Para Dona, que empezó a salir con Leslie cuando estaban los dos en el noveno, su muerte la ha destrozado. La pareja quería trabajar para Halliburton y viajar por el mundo antes de volver a ver crecer a sus nietos. Leslie había planeado tomar libre en marzo para reunirse con Dona en Roma.
"Es difícil imaginarse la vida sin él", dijo.
Ese día en Mosul Davis no quería almorzar, dijo Dona, pero sus colegas lo convencieron. Uno de ellos, Dennis Barcelona, le dijo a Dona que él trató de salvar a Leslie cuando este yacía sangrando de una herida en su muslo cerca de su ingle. Barcelona dijo que uso una camisa para hacer un torniquete, pero fue incapaz de parar el derrame.
Para su cumpleaños en noviembre, Leslie le envío a Dona una esterilla de oraciones que había hecho hacer en Iraq. Bordados en el reverso estaban los nombres y las edades de los cuatro hijos de la pareja y sus 11 nietos.
Dona pensó que era típico de su marido hacérselo todo más difícil tratando de recordar las edades y no solamente las fechas de nacimiento. Él había tenido que calcular la edad de todos, redondeándolos para arriba o para abajo. Las edades que escogió correspondían precisamente a las edades de sus hijos y nietos el día en que murió.
"Fue casi como una premonición", dijo Angie.
En el funeral de Leslie cientos de personas se agolpearon en la capilla, entre ellos los dos representantes de Halliburton. Se colocaron monitores en el exterior para los que quedaron fuera.
"La gente se acercaba a él. Le encantaba a todo el mundo", dijo Angie. "Si tú trabajabas un día para mi padre, te hacías amigo de él para toda la vida".
Había un águila y una bandera americana en el ataúd. Debido a que Davis era un veterano, dos marinos de la Marina estaban presentes para prestar sus respetos al ataúd, tocar a silencio y ofrecer a Dona una bandera norteamericana plegada.
Pocos días después, en la salita de su casa de estilo rancho, donde las ventanas dan a varias hectáreas de ondulados prados de magnolia, Dona y Angie no lloraban como cuando la despedida final.
"Ese funeral fue una celebración de su vida", dijo Dona.
Después de toda las turbulencias en Iraq, dijo Angie, su padre estaba finalmente en paz.
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
muerte sin honores
[David Zucchino] Para las familias de los contratistas que trabajan en la guerra encargada de Iraq, no hay cartas presidenciales ni salvas de 21 disparos, sólo consternación y pena.
Rosharon, Tejas, Estados Unidos. Cuando los parroquianos del Johnson's Market Bar and Grill se enteraron de que su amigo Allan Smith había muerto en Iraq, le rindieron tributo jugando a los dardos y bebiendo cerveza, dos de los pasatiempos favoritos de Smith.
"Allan lo hubiese aprobado", dijo Pat Johnson, el dueño, que se complació cuando en el funeral se mostró un video de Smith luchando con un oso de circo, e inmovilizándolo.
En otro suburbio de Houston, Dona Davis había recibido un email de su marido Leslie pocas horas antes de que le dijeran que había muerto en el mismo atentado suicida en el que murió Smith el 21 de diciembre. Entonces comenzó a preparar lo que llamó un "funeral patriota".
"Mi marido amaba a su país", dijo Davis. "Una de las últimas cosas que me dijo fue: Estamos haciendo algo bueno aquí'".
Leslie Wayne Davis y Allan Keith Smith no eran soldados. Eran contratistas civiles, parte de un ejército de mecánicos, carpinteros y electricistas que apoyan la misión militar norteamericana en Iraq. Empleados de Halliburton Co., murieron junto a dos de sus colegas y 14 soldados en un comedor militar en Mosul.
Estados Unidos nunca ha estado antes en una guerra como esta, donde el enemigo está en todas partes y en ninguna, donde los civiles tienen tareas que antes realizaban los soldados y donde abuelos de edad mediana mueren junto a soldados de infantería de 19 años. Esta es la primera guerra por encargo del país, donde los civiles proporcionan los dos pilares del ejército en la logística y los aprovisionamientos.
Es una guerra sin frente, donde los civiles comparten los riesgos y el peso del combate. La gente muere en las más prosaicas de las circunstancias: durmiendo, yendo al trabajo, almorzando.
A diferencia de los soldados y marines que mueren en acción, los contratistas que mueren en Iraq tienden a morir anónimamente, y se los menciona sólo al pasar. Un diario local publicó un reportaje sobre Davis y Smith, proporcionando algunos detalles biográficos mínimos.
Pero sus muertes no son menos trágicas, y los mismos estertores de pena y dolor que sacuden las familias de los militares, sacuden a las familias de los civiles.
A diferencia de las familias de los militares, las familias de los contratistas no han tenido años para endurecerse con la posibilidad de la muerte en combate. Sus seres queridos no llevan rifles ni pesadas ametralladoras. Son civiles que hacen sus trabajos, y cada muerte repentina y violenta causa conmoción, sin importar cuántos contratistas mueren en el caos de Iraq.
El Pentágono y los órganos de prensa llevan una lista meticulosa de los soldados y marines caídos. Los diarios locales publican historias detalladas y obituarios elogiando sus servicios y valor. Los muertos reciben funerales militares con guardias de honor, salvas 21 disparos y ceremonias con banderas. Sus familias reciben cartas del presidente Bush.
Ninguna organización lleva una lista oficial de los contratistas muertos, de acuerdo a Stan Soloway, del Consejo de Servicios Profesionales, un grupo profesional entre cuyos miembros hay contratistas militares. Dijo que el grupo representa a 30.000 contratistas en Iraq, de un total de contratistas dos o tres veces mayor.
Soloway calcula que desde marzo han muerto en Iraq entre 200 y 250 contratistas. Las bajas no oficiales según informes de prensa que lleva el Conteo de Bajas de la Coalición en Iraq, un grupo de investigación privado, llegan a 202, entre las que hay 72 norteamericanos.
Halliburton, con 40.000 empleados y contratistas en Oriente Medio, dice que 63 de sus trabajadores han muerto en Iraq -más que los de las otras empresas, de acuerdo a Soloway.
Los militares norteamericanos, con 150.000 tropas en Iraq, han sufrido 1.356 bajas.
Las principales causas de muerte de los contratistas, listadas en la página web del Conteo de Bajas, son los ataques contra convoyes y emboscadas en carretera (48), ejecuciones realizadas por secuestradores (29), bombas improvisadas en la calle (18) y atentados suicidas con bomba y coches-bomba (25), incluyendo a Smith y Davis.
El Pentágono proporciona funerales con honores militares completos en cementerios de las fuerzas armadas para los militares muertos en Iraq. Las familias de los contratistas se encargan de sus propios funerales.
Después de que los militares enviaran los restos de Smith y Davis a la Base Aérea de Dover en Delaware, después de que los empleados de Halliburton escoltaran los cuerpos de vuelta a casa en Tejas, y después de que representantes de Halliburton pasaran dos horas con los seres queridos de los dos hombres muertos, las familias se quedan a hacer el resto.
Dona Davis tomó el anillo de bodas de su marido y la remplazó por el suyo propio, enterrándolo con él. Se aseguró de que su funeral incluyera un video de Leslie hablando en el reciente funeral de su hermano, donde dice que su hermano había "ido a un lugar mejor en el cielo". Ella cree que Leslie está allá ahora.
Los amigos de Smith pegaron un blanco de dardos a su ataúd. Rieron con el video de la lucha con el oso y lloraron cuando sonó la canción favorita de Smith, Silver Wings', de Merle Haggard. Hubo sollozos cuando se mostró una instantánea de Smith sosteniendo a su nieto recién nacido en el hospital.
Tanto Smith, 45, como Davis, 53, eran abuelos. Tenían el doble de edad que la mayoría de los soldados que almorzaban ese día en el comedor donde murieron. El soldado típico es soltero, terminó hace pocos años la escuela secundaria y tiene pocas deudas o compromisos. El contratista típico es un hombre de edad mediana, casado o divorciado, y persigue un salario grandioso.
Los amigos de Smith dicen que se marchó a trabajar para Halliburton en Iraq como capataz para ganar dinero y dar una mejor vida a sus dos hijas y a su nieto de cuatro meses, y para comprarle un coche a una de sus hijas. La familia de Davis dice que él se marchó por sentido del deber, a trabajar como controlador de calidad, con la esperanza de que Halliburton lo integrara a su plantilla permanente en el extranjero de modo que él y su esposa pudieran viajar por el mundo.
Hombres como Davis y Smith, con toda una vida de habilidades adquiridas y experiencia, son muy pedidos en una época en que unas fuerzas armadas reducidas se han volcado hacia los civiles para que hagan trabajos que antes hacían los soldados. Halliburton, una compañía de servicios de energía basada en Houston, ha estado entre los principales contratistas privados en Iraq, principalmente a través de su filial de ingeniería, la KBR.
Cuando se presentó la oportunidad de trabajar para la compañía en Iraq, Smith y Davis se aferraron a ella, a pesar de las súplicas de la familia y amigos de que no corrieran ese riesgo.
Lo Tengo Todo Bajo Control
Smith era un hombre fuerte con cara de pan y una personalidad despreocupada. Su vida se centraba en sus hijas, Brandy, 21, y Savanah, 18, y en su nieto, Koda. Era un parroquiano del Johnson's Bar, un bar que se ciñe a un estrecho camino condal que pasa por pastizales ganaderos y torres de perforación de petróleo en Rosharon en la punta sur de Houston.
Smith se ganaba la vida con una firma de servicios de jardinería. Vivía en una caravana a menos de un kilómetro y medio de Johnson y era socio, y un amigo de toda la vida, de una taberna llamada Hoot N Annie's.
Miranda Selvera, 29, que trabajaba para Smith como camarera, contó que había convencido a su marido de no ir a Iraq, pero no había podido convencer a Smith.
"Sólo sonrió y me dijo que quería una vida mejor para él y sus hijos", dijo.
Terry Alabama' Hartley, que jugó a los dardos con Smith durante más de una década, dijo que le había dicho la noche antes de que se marchara, en octubre: "Man, no necesitas ir allá". Hartley dijo que Smith "me tomó por el cuello y me dijo: Chico, lo tengo todo bajo control'".
La hija de Smith, Brandy Wilkison, vive en su caravana, adonde llegaron dos consejeros de Halliburton la tarde del 21 de diciembre a entregarle la noticia de la muerte de su padre.
Dijo que su padre pensaba volver en primavera para una breve visita para ver a su hermana, Savanah, que se graduaba de la secundaria y para el nacimiento del primer hijo de Savanah, que debía nacer en junio.
"Luego se volvería a marchar y terminaría el año, para volver a casa y criar a sus nietos", dijo Brandy. Le dijo que su salario "era más que suficiente" y "mucho mejor que cortar el césped".
Ella siente ahora la pérdida. "Era valiente. Yo dependía mucho de él, y ahora ya no está y me siento como perdida".
Cuando él se marchó a Iraq, dijo, Smith le pasó la firma de jardinería al novio de Brandy. "Vamos a mantener el nombre -Allan's Lawn Service", dijo.
Smith estaba preocupado de los ataques con mortero en la base de Mosul donde vivía, dijo su novia, Ellen Hanley. Le dijo que un mortero había impactado en una bodega cercana. "Pero no le tenía miedo a nadie", dijo Hanley.
El día antes de que muriera Smith, Hanley se operó de un cáncer. "Entonces me llegaron las noticias de Allen, y eso era más de lo que podía soportar", dijo.
La muerte de Smith ha dejado un hueco en Rosharon, una diminuta comunidad donde se conoce todo el mundo y la mayoría de la gente trabaja en la construcción de casas o en el petróleo. Todos reconocieron su camioneta Dodge beige, con la que iba al bar de Johnson o a comer al restaurante Chili.
Selvera dijo que su hijo de cuatro años todavía sonreía y saludaba cuando veía pasar la camioneta de Smith, que conduce ahora su hija.
"Entonces grita: ¡Llegó Allan!", dijo Selvera. "Y yo tengo que contarle: No, no es él'".
Cerca del Cielo
A 80 kilómetros, en Magnolia, en los suburbios del norte de Houston, Dona Davis trató de convencer a su marido de no ir a Iraq en junio pasado. Sigue pensando sobre el tiempo que pasó hace tres décadas cuando estuvo de servicio en las lanchas patrulleras de la Marina en Vietnam, y de cómo temía que alguien llamara a la puerta.
Cuando eso ocurrió el 21 de diciembre, no había un oficial militar en la puerta sino dos representantes de Halliburton. "Estoy completamente perdida", dijo al enterarse. Se puso histérica, llorando y gritando, dijo.
Finalmente encontró consuelo en lo que le había dicho su marido cuando ella trató de mantenerlo en casa. "Me dijo: Dona, estoy tan cerca del cielo en Iraq que en Houston'", dijo.
Leslie Davis, conocida como Bub', era un hombre religioso, un ex diácono que enseñaba el catecismo y rezaba antes de la comida. Apoyó al misión norteamericana en Iraq, dijo su viuda. Daba caramelos a los niños iraquíes hasta que los militares, preocupados de la seguridad de la base, construyeron una muralla que se lo impidió.
Dona dijo que su marido ganaba más o menos el mismos dinero con Halliburton que en sus trabajos previos como auditor de compañías petrolíferas norteamericanas.
"No me hablaba de los peligros, y eso lo hacía aposta", dijo. "Bromeaba sobre el hecho de que debía almorzar con el chaleco antibalas puesto. Si los habían atacado con morteros, me diría: Los chicos pasaron una noche bulliciosa'".
Leslie y Dona, con 35 años de matrimonio, intercambiaban emails todas las noches -los de Leslie decorados con banderas de Estados Unidos y de Tejas- y hablaban por teléfono casi todos los días. Él le hablaba a menudo del miedo y de la ansiedad que veía en los ojos de los jóvenes soldados. Leslie tenía 19 años cuando Vietnam, y Dona cree que estaba reviviendo su juventud en una zona de combate lejos de casa.
Después de un fatal atentado con coche-bomba en Mosul, dijo Dona, Leslie que contó que se había encontrado con un turbado y joven soldado que había sobrevivido.
"Dijo que quiso abrazar a ese joven, pero no lo hizo porque no quiso hacerlo frente a otros soldados", dijo. "Y entonces me contó que hubiese preferido morir él antes que esos chicos".
El día que murió, la familia estaba preparando una cena para las vísperas de Navidad. El novio de la hija de los Davis, Angie, 35, quería pedirla en matrimonio esa noche. La cena fue cancelada.
"Sabes", dijo Angie, limpiándose las lágrimas que mancharon su maquillaje, "lo primero que habría hecho es escribirle un email a mi papá, para contárselo. Lo habría hecho muy feliz".
A pesar de los peligros, dijo, su padre se marchó a Iraq "porque era allá donde lo necesitaba Dios".
Para Dona, que empezó a salir con Leslie cuando estaban los dos en el noveno, su muerte la ha destrozado. La pareja quería trabajar para Halliburton y viajar por el mundo antes de volver a ver crecer a sus nietos. Leslie había planeado tomar libre en marzo para reunirse con Dona en Roma.
"Es difícil imaginarse la vida sin él", dijo.
Ese día en Mosul Davis no quería almorzar, dijo Dona, pero sus colegas lo convencieron. Uno de ellos, Dennis Barcelona, le dijo a Dona que él trató de salvar a Leslie cuando este yacía sangrando de una herida en su muslo cerca de su ingle. Barcelona dijo que uso una camisa para hacer un torniquete, pero fue incapaz de parar el derrame.
Para su cumpleaños en noviembre, Leslie le envío a Dona una esterilla de oraciones que había hecho hacer en Iraq. Bordados en el reverso estaban los nombres y las edades de los cuatro hijos de la pareja y sus 11 nietos.
Dona pensó que era típico de su marido hacérselo todo más difícil tratando de recordar las edades y no solamente las fechas de nacimiento. Él había tenido que calcular la edad de todos, redondeándolos para arriba o para abajo. Las edades que escogió correspondían precisamente a las edades de sus hijos y nietos el día en que murió.
"Fue casi como una premonición", dijo Angie.
En el funeral de Leslie cientos de personas se agolpearon en la capilla, entre ellos los dos representantes de Halliburton. Se colocaron monitores en el exterior para los que quedaron fuera.
"La gente se acercaba a él. Le encantaba a todo el mundo", dijo Angie. "Si tú trabajabas un día para mi padre, te hacías amigo de él para toda la vida".
Había un águila y una bandera americana en el ataúd. Debido a que Davis era un veterano, dos marinos de la Marina estaban presentes para prestar sus respetos al ataúd, tocar a silencio y ofrecer a Dona una bandera norteamericana plegada.
Pocos días después, en la salita de su casa de estilo rancho, donde las ventanas dan a varias hectáreas de ondulados prados de magnolia, Dona y Angie no lloraban como cuando la despedida final.
"Ese funeral fue una celebración de su vida", dijo Dona.
Después de toda las turbulencias en Iraq, dijo Angie, su padre estaba finalmente en paz.
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"Allan lo hubiese aprobado", dijo Pat Johnson, el dueño, que se complació cuando en el funeral se mostró un video de Smith luchando con un oso de circo, e inmovilizándolo.
En otro suburbio de Houston, Dona Davis había recibido un email de su marido Leslie pocas horas antes de que le dijeran que había muerto en el mismo atentado suicida en el que murió Smith el 21 de diciembre. Entonces comenzó a preparar lo que llamó un "funeral patriota".
"Mi marido amaba a su país", dijo Davis. "Una de las últimas cosas que me dijo fue: Estamos haciendo algo bueno aquí'".
Leslie Wayne Davis y Allan Keith Smith no eran soldados. Eran contratistas civiles, parte de un ejército de mecánicos, carpinteros y electricistas que apoyan la misión militar norteamericana en Iraq. Empleados de Halliburton Co., murieron junto a dos de sus colegas y 14 soldados en un comedor militar en Mosul.
Estados Unidos nunca ha estado antes en una guerra como esta, donde el enemigo está en todas partes y en ninguna, donde los civiles tienen tareas que antes realizaban los soldados y donde abuelos de edad mediana mueren junto a soldados de infantería de 19 años. Esta es la primera guerra por encargo del país, donde los civiles proporcionan los dos pilares del ejército en la logística y los aprovisionamientos.
Es una guerra sin frente, donde los civiles comparten los riesgos y el peso del combate. La gente muere en las más prosaicas de las circunstancias: durmiendo, yendo al trabajo, almorzando.
A diferencia de los soldados y marines que mueren en acción, los contratistas que mueren en Iraq tienden a morir anónimamente, y se los menciona sólo al pasar. Un diario local publicó un reportaje sobre Davis y Smith, proporcionando algunos detalles biográficos mínimos.
Pero sus muertes no son menos trágicas, y los mismos estertores de pena y dolor que sacuden las familias de los militares, sacuden a las familias de los civiles.
A diferencia de las familias de los militares, las familias de los contratistas no han tenido años para endurecerse con la posibilidad de la muerte en combate. Sus seres queridos no llevan rifles ni pesadas ametralladoras. Son civiles que hacen sus trabajos, y cada muerte repentina y violenta causa conmoción, sin importar cuántos contratistas mueren en el caos de Iraq.
El Pentágono y los órganos de prensa llevan una lista meticulosa de los soldados y marines caídos. Los diarios locales publican historias detalladas y obituarios elogiando sus servicios y valor. Los muertos reciben funerales militares con guardias de honor, salvas 21 disparos y ceremonias con banderas. Sus familias reciben cartas del presidente Bush.
Ninguna organización lleva una lista oficial de los contratistas muertos, de acuerdo a Stan Soloway, del Consejo de Servicios Profesionales, un grupo profesional entre cuyos miembros hay contratistas militares. Dijo que el grupo representa a 30.000 contratistas en Iraq, de un total de contratistas dos o tres veces mayor.
Soloway calcula que desde marzo han muerto en Iraq entre 200 y 250 contratistas. Las bajas no oficiales según informes de prensa que lleva el Conteo de Bajas de la Coalición en Iraq, un grupo de investigación privado, llegan a 202, entre las que hay 72 norteamericanos.
Halliburton, con 40.000 empleados y contratistas en Oriente Medio, dice que 63 de sus trabajadores han muerto en Iraq -más que los de las otras empresas, de acuerdo a Soloway.
Los militares norteamericanos, con 150.000 tropas en Iraq, han sufrido 1.356 bajas.
Las principales causas de muerte de los contratistas, listadas en la página web del Conteo de Bajas, son los ataques contra convoyes y emboscadas en carretera (48), ejecuciones realizadas por secuestradores (29), bombas improvisadas en la calle (18) y atentados suicidas con bomba y coches-bomba (25), incluyendo a Smith y Davis.
El Pentágono proporciona funerales con honores militares completos en cementerios de las fuerzas armadas para los militares muertos en Iraq. Las familias de los contratistas se encargan de sus propios funerales.
Después de que los militares enviaran los restos de Smith y Davis a la Base Aérea de Dover en Delaware, después de que los empleados de Halliburton escoltaran los cuerpos de vuelta a casa en Tejas, y después de que representantes de Halliburton pasaran dos horas con los seres queridos de los dos hombres muertos, las familias se quedan a hacer el resto.
Dona Davis tomó el anillo de bodas de su marido y la remplazó por el suyo propio, enterrándolo con él. Se aseguró de que su funeral incluyera un video de Leslie hablando en el reciente funeral de su hermano, donde dice que su hermano había "ido a un lugar mejor en el cielo". Ella cree que Leslie está allá ahora.
Los amigos de Smith pegaron un blanco de dardos a su ataúd. Rieron con el video de la lucha con el oso y lloraron cuando sonó la canción favorita de Smith, Silver Wings', de Merle Haggard. Hubo sollozos cuando se mostró una instantánea de Smith sosteniendo a su nieto recién nacido en el hospital.
Tanto Smith, 45, como Davis, 53, eran abuelos. Tenían el doble de edad que la mayoría de los soldados que almorzaban ese día en el comedor donde murieron. El soldado típico es soltero, terminó hace pocos años la escuela secundaria y tiene pocas deudas o compromisos. El contratista típico es un hombre de edad mediana, casado o divorciado, y persigue un salario grandioso.
Los amigos de Smith dicen que se marchó a trabajar para Halliburton en Iraq como capataz para ganar dinero y dar una mejor vida a sus dos hijas y a su nieto de cuatro meses, y para comprarle un coche a una de sus hijas. La familia de Davis dice que él se marchó por sentido del deber, a trabajar como controlador de calidad, con la esperanza de que Halliburton lo integrara a su plantilla permanente en el extranjero de modo que él y su esposa pudieran viajar por el mundo.
Hombres como Davis y Smith, con toda una vida de habilidades adquiridas y experiencia, son muy pedidos en una época en que unas fuerzas armadas reducidas se han volcado hacia los civiles para que hagan trabajos que antes hacían los soldados. Halliburton, una compañía de servicios de energía basada en Houston, ha estado entre los principales contratistas privados en Iraq, principalmente a través de su filial de ingeniería, la KBR.
Cuando se presentó la oportunidad de trabajar para la compañía en Iraq, Smith y Davis se aferraron a ella, a pesar de las súplicas de la familia y amigos de que no corrieran ese riesgo.
Lo Tengo Todo Bajo Control
Smith era un hombre fuerte con cara de pan y una personalidad despreocupada. Su vida se centraba en sus hijas, Brandy, 21, y Savanah, 18, y en su nieto, Koda. Era un parroquiano del Johnson's Bar, un bar que se ciñe a un estrecho camino condal que pasa por pastizales ganaderos y torres de perforación de petróleo en Rosharon en la punta sur de Houston.
Smith se ganaba la vida con una firma de servicios de jardinería. Vivía en una caravana a menos de un kilómetro y medio de Johnson y era socio, y un amigo de toda la vida, de una taberna llamada Hoot N Annie's.
Miranda Selvera, 29, que trabajaba para Smith como camarera, contó que había convencido a su marido de no ir a Iraq, pero no había podido convencer a Smith.
"Sólo sonrió y me dijo que quería una vida mejor para él y sus hijos", dijo.
Terry Alabama' Hartley, que jugó a los dardos con Smith durante más de una década, dijo que le había dicho la noche antes de que se marchara, en octubre: "Man, no necesitas ir allá". Hartley dijo que Smith "me tomó por el cuello y me dijo: Chico, lo tengo todo bajo control'".
La hija de Smith, Brandy Wilkison, vive en su caravana, adonde llegaron dos consejeros de Halliburton la tarde del 21 de diciembre a entregarle la noticia de la muerte de su padre.
Dijo que su padre pensaba volver en primavera para una breve visita para ver a su hermana, Savanah, que se graduaba de la secundaria y para el nacimiento del primer hijo de Savanah, que debía nacer en junio.
"Luego se volvería a marchar y terminaría el año, para volver a casa y criar a sus nietos", dijo Brandy. Le dijo que su salario "era más que suficiente" y "mucho mejor que cortar el césped".
Ella siente ahora la pérdida. "Era valiente. Yo dependía mucho de él, y ahora ya no está y me siento como perdida".
Cuando él se marchó a Iraq, dijo, Smith le pasó la firma de jardinería al novio de Brandy. "Vamos a mantener el nombre -Allan's Lawn Service", dijo.
Smith estaba preocupado de los ataques con mortero en la base de Mosul donde vivía, dijo su novia, Ellen Hanley. Le dijo que un mortero había impactado en una bodega cercana. "Pero no le tenía miedo a nadie", dijo Hanley.
El día antes de que muriera Smith, Hanley se operó de un cáncer. "Entonces me llegaron las noticias de Allen, y eso era más de lo que podía soportar", dijo.
La muerte de Smith ha dejado un hueco en Rosharon, una diminuta comunidad donde se conoce todo el mundo y la mayoría de la gente trabaja en la construcción de casas o en el petróleo. Todos reconocieron su camioneta Dodge beige, con la que iba al bar de Johnson o a comer al restaurante Chili.
Selvera dijo que su hijo de cuatro años todavía sonreía y saludaba cuando veía pasar la camioneta de Smith, que conduce ahora su hija.
"Entonces grita: ¡Llegó Allan!", dijo Selvera. "Y yo tengo que contarle: No, no es él'".
Cerca del Cielo
A 80 kilómetros, en Magnolia, en los suburbios del norte de Houston, Dona Davis trató de convencer a su marido de no ir a Iraq en junio pasado. Sigue pensando sobre el tiempo que pasó hace tres décadas cuando estuvo de servicio en las lanchas patrulleras de la Marina en Vietnam, y de cómo temía que alguien llamara a la puerta.
Cuando eso ocurrió el 21 de diciembre, no había un oficial militar en la puerta sino dos representantes de Halliburton. "Estoy completamente perdida", dijo al enterarse. Se puso histérica, llorando y gritando, dijo.
Finalmente encontró consuelo en lo que le había dicho su marido cuando ella trató de mantenerlo en casa. "Me dijo: Dona, estoy tan cerca del cielo en Iraq que en Houston'", dijo.
Leslie Davis, conocida como Bub', era un hombre religioso, un ex diácono que enseñaba el catecismo y rezaba antes de la comida. Apoyó al misión norteamericana en Iraq, dijo su viuda. Daba caramelos a los niños iraquíes hasta que los militares, preocupados de la seguridad de la base, construyeron una muralla que se lo impidió.
Dona dijo que su marido ganaba más o menos el mismos dinero con Halliburton que en sus trabajos previos como auditor de compañías petrolíferas norteamericanas.
"No me hablaba de los peligros, y eso lo hacía aposta", dijo. "Bromeaba sobre el hecho de que debía almorzar con el chaleco antibalas puesto. Si los habían atacado con morteros, me diría: Los chicos pasaron una noche bulliciosa'".
Leslie y Dona, con 35 años de matrimonio, intercambiaban emails todas las noches -los de Leslie decorados con banderas de Estados Unidos y de Tejas- y hablaban por teléfono casi todos los días. Él le hablaba a menudo del miedo y de la ansiedad que veía en los ojos de los jóvenes soldados. Leslie tenía 19 años cuando Vietnam, y Dona cree que estaba reviviendo su juventud en una zona de combate lejos de casa.
Después de un fatal atentado con coche-bomba en Mosul, dijo Dona, Leslie que contó que se había encontrado con un turbado y joven soldado que había sobrevivido.
"Dijo que quiso abrazar a ese joven, pero no lo hizo porque no quiso hacerlo frente a otros soldados", dijo. "Y entonces me contó que hubiese preferido morir él antes que esos chicos".
El día que murió, la familia estaba preparando una cena para las vísperas de Navidad. El novio de la hija de los Davis, Angie, 35, quería pedirla en matrimonio esa noche. La cena fue cancelada.
"Sabes", dijo Angie, limpiándose las lágrimas que mancharon su maquillaje, "lo primero que habría hecho es escribirle un email a mi papá, para contárselo. Lo habría hecho muy feliz".
A pesar de los peligros, dijo, su padre se marchó a Iraq "porque era allá donde lo necesitaba Dios".
Para Dona, que empezó a salir con Leslie cuando estaban los dos en el noveno, su muerte la ha destrozado. La pareja quería trabajar para Halliburton y viajar por el mundo antes de volver a ver crecer a sus nietos. Leslie había planeado tomar libre en marzo para reunirse con Dona en Roma.
"Es difícil imaginarse la vida sin él", dijo.
Ese día en Mosul Davis no quería almorzar, dijo Dona, pero sus colegas lo convencieron. Uno de ellos, Dennis Barcelona, le dijo a Dona que él trató de salvar a Leslie cuando este yacía sangrando de una herida en su muslo cerca de su ingle. Barcelona dijo que uso una camisa para hacer un torniquete, pero fue incapaz de parar el derrame.
Para su cumpleaños en noviembre, Leslie le envío a Dona una esterilla de oraciones que había hecho hacer en Iraq. Bordados en el reverso estaban los nombres y las edades de los cuatro hijos de la pareja y sus 11 nietos.
Dona pensó que era típico de su marido hacérselo todo más difícil tratando de recordar las edades y no solamente las fechas de nacimiento. Él había tenido que calcular la edad de todos, redondeándolos para arriba o para abajo. Las edades que escogió correspondían precisamente a las edades de sus hijos y nietos el día en que murió.
"Fue casi como una premonición", dijo Angie.
En el funeral de Leslie cientos de personas se agolpearon en la capilla, entre ellos los dos representantes de Halliburton. Se colocaron monitores en el exterior para los que quedaron fuera.
"La gente se acercaba a él. Le encantaba a todo el mundo", dijo Angie. "Si tú trabajabas un día para mi padre, te hacías amigo de él para toda la vida".
Había un águila y una bandera americana en el ataúd. Debido a que Davis era un veterano, dos marinos de la Marina estaban presentes para prestar sus respetos al ataúd, tocar a silencio y ofrecer a Dona una bandera norteamericana plegada.
Pocos días después, en la salita de su casa de estilo rancho, donde las ventanas dan a varias hectáreas de ondulados prados de magnolia, Dona y Angie no lloraban como cuando la despedida final.
"Ese funeral fue una celebración de su vida", dijo Dona.
Después de toda las turbulencias en Iraq, dijo Angie, su padre estaba finalmente en paz.
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
coalición chií no quiere asustar
[Doug Struck y Bassam Sebti] Algunos dicen que la coalición implantará un gobierno al estilo iraní.
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos.
"Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos."Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
diez años de cárcel por torturas
El soldado estadounidense Charles Graner fue sentenciado este sábado por un tribunal militar a 10 años de cárcel y baja deshonrosa del ejército estadounidense por golpear y torturar prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Ghraib.
Fort Hood, Estados Unidos. El jurado integrado por 10 miembros entregó la sentencia un día después de declararlo culpable en el caso de torturas que escandalizó al mundo y empañó la reputación de las tropas estadounidenses en Iraq.
El soldado de 36 años era considerado el cabecilla de los abusos que incluyeron golpizas a prisioneros, apilarlos desnudos y forzarlos a masturbarse en público.
Horas antes de la sentencia de la corte marcial realizada en la base Fort Hood del Ejército estadounidense en Tejas (sur), el soldado había expresado remordimiento por primera vez.
"Hice lo que hice. Mucho de ello estaba mal, mucho de ello era criminal", dijo Graner.
"No lo disfruté", agregó el militar, en su primera y única declaración ante los miembros del jurado.
Graner argumentó que obedecía órdenes para "ablandar" a los prisioneros para los interrogatorios, pero la fiscalía lo retrató como un "depravado" que castigaba y humillaba a los detenidos sin motivo.
El policía militar explicó que inicialmente se negó a tratar a los prisioneros de forma "irregular" pero luego cedió a las órdenes de los servicios de inteligencia militar.
"No estábamos tratando a los prisioneros como se suponía que debíamos hacerlo, así que me quejé", afirmó.
Agregó que sus superiores, entre ellos algunos oficiales, le dijeron que debía "seguir las órdenes" del personal de inteligencia militar.
En ese momento pensó que sus acciones eran legales -continuó- pero luego se dio cuenta de que no era así. De todos modos, "probablemente conozco la Convención de Ginebra (contra la tortura) mejor que nadie en mi compañía", presumió.
Graner contó que cada prisionero tenía un "controlador", a menudo el soldado de inteligencia militar encargado de interrogarlo.
"La mayoría de las cosas improvisadas eran hechas por los interrogadores civiles, pero también parte de la locura provenía de muchos de los soldados, que eran los controladores militares", agregó.
A la pregunta de por qué aparecía sonriente en algunas de las fotos de detenidos desnudos tomadas por los soldados en la prisión, el policía militar respondió: "estoy sonriendo ahora; es una sonrisa nerviosa".
Graner tomó muchas de las fotos y aparece en otras, sonriendo mientras mira a prisioneros desnudos y atados, o colocando su pie en posición de patear a prisioneros con las cabezas cubiertas y tirados en el piso.
El abogado de Graner, Guy Womack, insistió en que su cliente es un chivo expiatorio y afirmó que los oficiales que le dieron las órdenes son quienes deberían ser juzgados.
Ningún oficial militar fue acusado en el caso, y la defensa no logró llevar hasta ahora a ninguno al estrado como testigo.
Graner fue el quinto soldado estadounidense sentenciado por las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib, y otros tres esperan a ser juzgados.
El viernes, luego que los diez miembros del jurado dieran su veredicto, los familiares de Graner presentaron un dramático pedido de clemencia y la madre del soldado dijo que su hijo "no es el monstruo que pretenden que sea".
16 de enero de 2005
©univisión
Fort Hood, Estados Unidos. El jurado integrado por 10 miembros entregó la sentencia un día después de declararlo culpable en el caso de torturas que escandalizó al mundo y empañó la reputación de las tropas estadounidenses en Iraq.El soldado de 36 años era considerado el cabecilla de los abusos que incluyeron golpizas a prisioneros, apilarlos desnudos y forzarlos a masturbarse en público.
Horas antes de la sentencia de la corte marcial realizada en la base Fort Hood del Ejército estadounidense en Tejas (sur), el soldado había expresado remordimiento por primera vez.
"Hice lo que hice. Mucho de ello estaba mal, mucho de ello era criminal", dijo Graner.
"No lo disfruté", agregó el militar, en su primera y única declaración ante los miembros del jurado.
Graner argumentó que obedecía órdenes para "ablandar" a los prisioneros para los interrogatorios, pero la fiscalía lo retrató como un "depravado" que castigaba y humillaba a los detenidos sin motivo.
El policía militar explicó que inicialmente se negó a tratar a los prisioneros de forma "irregular" pero luego cedió a las órdenes de los servicios de inteligencia militar.
"No estábamos tratando a los prisioneros como se suponía que debíamos hacerlo, así que me quejé", afirmó.
Agregó que sus superiores, entre ellos algunos oficiales, le dijeron que debía "seguir las órdenes" del personal de inteligencia militar.
En ese momento pensó que sus acciones eran legales -continuó- pero luego se dio cuenta de que no era así. De todos modos, "probablemente conozco la Convención de Ginebra (contra la tortura) mejor que nadie en mi compañía", presumió.
Graner contó que cada prisionero tenía un "controlador", a menudo el soldado de inteligencia militar encargado de interrogarlo.
"La mayoría de las cosas improvisadas eran hechas por los interrogadores civiles, pero también parte de la locura provenía de muchos de los soldados, que eran los controladores militares", agregó.
A la pregunta de por qué aparecía sonriente en algunas de las fotos de detenidos desnudos tomadas por los soldados en la prisión, el policía militar respondió: "estoy sonriendo ahora; es una sonrisa nerviosa".
Graner tomó muchas de las fotos y aparece en otras, sonriendo mientras mira a prisioneros desnudos y atados, o colocando su pie en posición de patear a prisioneros con las cabezas cubiertas y tirados en el piso.
El abogado de Graner, Guy Womack, insistió en que su cliente es un chivo expiatorio y afirmó que los oficiales que le dieron las órdenes son quienes deberían ser juzgados.
Ningún oficial militar fue acusado en el caso, y la defensa no logró llevar hasta ahora a ninguno al estrado como testigo.
Graner fue el quinto soldado estadounidense sentenciado por las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib, y otros tres esperan a ser juzgados.
El viernes, luego que los diez miembros del jurado dieran su veredicto, los familiares de Graner presentaron un dramático pedido de clemencia y la madre del soldado dijo que su hijo "no es el monstruo que pretenden que sea".
16 de enero de 2005
©univisión
coalición chií no quiere asustar
[Doug Struck y Bassam Sebti] Algunos dicen que la coalición implantará un gobierno al estilo iraní.
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos.
"Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos."Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh