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historia

multa por negar el holocausto


Williamson deberá pagar 12 mil euros en Alemania. Un tribunal alemán impuso una multa de 12.000 euros al obispo católico ultraortodoxo, Richard Williamson, por haber negado públicamente el Holocausto, algo que en Alemania es delito.
Alemania. Un vocero dijo que Williamson -expulsado este año de Argentina- tiene dos semanas para contestar el fallo condenatorio por incitación al odio, que fue impuesto ayer por un tribunal de la ciudad de Ratisbona a pedido de la Fiscalía del estado de Baviera.
Si el obispo no contesta en este plazo, deberá presentarse ante el juez para una audiencia, dijo este vocero, citado por la agencia de noticias Europa Press.
El fallo se dictó el mismo día en que funcionarios del Vaticano iniciaron conversaciones con la congregación cismática ultra tradicionalista a la que pertenece Wiliamson, la Fraternidad San Pío X (FSSPX).
El papa Benedicto XVI causó gran malestar entre los judíos en enero pasado cuando decidió levantar la excomunión que pesaba sobre Williamson y otros tres obispos del FSSPX por haber sido ordenados por la congregación sin autorización de la Santa Sede.
Casi al mismo tiempo en que el Joseph Ratzinger levantaba su excomunión, Williamson negaba que los nazis hubieran matado a judíos en cámaras de gas, durante una entrevista con un canal de TV sueco que se realizó en Alemania.
En Alemania, negar el Holocausto es un delito punible con hasta cinco años de cárcel, y un fiscal anunció en febrero pasado que iniciaba una investigación por la entrevista.
La FSSPX se opone a la evolución de la Iglesia Católica de los últimos 40 años, y rechaza en particular las decisiones del Concilio Vaticano Segundo de dejar de llamar a los judíos "asesinos de Cristo" y de buscar un acercamiento a otros credos.
Williamson dice que los nazis mataron a no más de 300.000 judíos y que no usaron cámaras de gas, cuando la historia demostró que fueron 6 millones los asesinados en campos de concentración.
El obispo vivió en Argentina como rector de un seminario bonaerense entre 2003 y febrero de 2009, cuando abandonó el país expulsado por negar el Holocausto.
Las conversaciones lanzadas ayer, explicaron, buscan limar asperezas entre el Vaticano y la FSSPX, y continuarán a intervalos regulares.

28 de octubre de 2009
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espía no se arrepintió


Memorias de espía británico no ofrecen excusas.
[John F. Burns] Cambridge, Inglaterra. El jueves, después de conservarlo sellado en un contenedor de acero durante veinticinco años, la Biblioteca Británica hizo público un libro de memorias de treinta mil palabras en el que Anthony Blunt, uno de los más renombrados historiadores británicos del siglo veinte, describe su espionaje para la Unión Soviética, empezando a mediados de los años treinta, como "el mayor error de mi vida".
Las memorias no ofrecen demasiadas informaciones sobre los detalles del espionaje de Blunt -sobre lo que dijo poco en público antes de su muerte en 1983. Su principal interés, de acuerdo a historiadores, reside en la versión de Blunt sobre su reclutamiento de otro espía soviético, Guy Burgess, cuando estudiaban ambos en la Universidad de Cambridge en los años treinta, y en la exposición de sus motivos y sentimientos, incluyendo su desilusión del marxismo y la Unión Soviética después de la Segunda Guerra Mundial.
El tomo de memorias, que Blunt presentó como testamento a familiares y amigos, fue entregado a la biblioteca por el albacea testamentario de Blunt, John Golding, a condición de que se mantuviese en secreto durante veinticinco años. Frances Harris, la directora de manuscritos históricos modernos de la biblioteca, dijo a la BBC el jueves que su existencia estuvo tan celosamente guardada que incluso ella sólo lo leyó últimamente.
El tono de lamento en las memorias por el precio que Blunt tuvo que pagar personalmente por traicionar a su país, acoplado con la ausencia de cualquier disculpa a los que sufrieron como resultado de sus acciones, incluyendo a agentes secretos que trabajaban para Gran Bretaña cuya identidad fue delatada a los rusos durante la Segunda Guerra Mundial, contribuyó a las duras críticas que, el jueves, recibió la publicación de parte de historiadores y comentaristas británicos.
En entrevistas antes de su muerte a la edad de 75 años, Blunt rechazó sugerencias de que debía ofrecer disculpas a los que había traicionado, diciendo, de hecho, que su interpretación personal de la moral colocaba la lealtad hacia sus amigos, incluyendo a colegas espías, por encima de todo lo demás, incluyendo el amor que, más tarde en su vida, diría que sentía por Gran Bretaña y su modo de vida.
Después de que agencias de inteligencia británicas desenmascararan a Blunt a mediados de los años sesenta como el "cuarto hombre" de una organización de espionaje soviética que incluía a Burgess, Donald Maclean y H.A.R. Philby, que era conocido como Kim, le garantizaron inmunidad -y durante los siguientes quince años, en el subentendido de que su traición no sería expuesta públicamente- a cambio de que cooperara con la inteligencia británica. Perdió su fachada en 1979 cuando fue expuesto públicamente como espía por la primera ministro Margaret Thatcher.
Al describir su reclutamiento para la NKVD, predecesora de la KGB, cuando Blunt era tutor y Burgess estudiaba en el Trinity College en 1935 y 1936, Blunt dice en sus memorias que en esa época en Cambridge abundaban los simpatizantes marxistas. "Enfrentado al advenimiento al poder de Hitler y más tarde a la Guerra Civil Española", dijo, se dio cuenta de que "la torre de marfil ya no proporcionaba un refugio seguro".
Describe que fue presionado intensamente por Burgess -descrito en historias de ese periodo como un tipo egoísta, bebedor y pretencioso, aunque en el libro de memorias es "una persona extraordinariamente convincente"- para que se uniera a él en la inteligencia soviética. "El ambiente en Cambridge era tan intenso, el entusiasmo por la lucha antifascista era tan grande, que cometí el mayor error de mi vida", escribió.
La memoria también revele que Blunt contempló suicidarse cuando se enteró, en los años setenta, que había sido descubierto. La declaración de Thatcher sobre sus actividades como espía condujo a su despido como Inspector de las Pinturas de la Reina -curador de la colección de arte de la Casa Real- y a la pérdida del título de Caballero que le había sido conferido por sus servicios a la monarquía. Era conocido entre estudiosos del arte como un experto en el pintor francés Nicolás Poussin, un clásico del siglo diecisiete.
Pero incluso en su discusión del suicidio, dicen los que han leído las memorias, Blunt parece haber pensado primero en sí mismo, y en sus amigos y parientes, y no en la gente a la que traicionó. "Mucha gente dirá que esa habría sido una ‘salida honorable’", escribió. Pero dijo que había decidido que el suicidio era una "solución cobarde" porque dejaría a aquellos cercanos a él a cargo de tratar su exposición como espía, y con el sentimiento de pérdida por su muerte.
También, dijo, quería terminar su trabajo en varios proyectos en historia del arte.
La memoria describe el cambio de las convicciones políticas de Blunt después de la Segunda Guerra Mundial, cuando, como agente del M15, el servicio de inteligencia nacional británico, entregó los nombres de agentes británicos a sus enlaces soviéticos. Pero incluso entonces, dijo, no pudo librarse de sus jefes soviéticos debido a su lealtad hacia otros espías británicos, incluyendo a Burgess y Maclean -el que, como diplomático en Washington, había estado implicado en los años cuarenta y principios de los cincuenta en la entrega de secretos atómicos de Occidente a Moscú.
"De hecho, el marxismo y Rusia me habían desilusionado" escribió Blunt. "Lo que quería personalmente era no saber nada más de mis amigos rusos y volver a mi vida académica normal. Por supuesto, no eran tan simple, porque estaba el hecho de que yo estaba al tanto de las continuas actividades de Guy, Donald y Kim. "Finalmente los tres escaparon hacia la Unión Soviética, poniendo en movimiento la cadena de acontecimientos que terminó con la exposición de Blunt.
Christopher Andrew, historiador de Cambridge especializado en asuntos de inteligencia, dice que la memoria refleja la incapacidad de Blunt de reconocer el daño que causó espiando para Stalin. "Lo que nunca pudo aceptar después fue que, en realidad, se había puesto al servicio de uno de los hombres más malvados de la historia europea", dijo Andrew a la BBC. "Él simplemente lo describe como un ‘error’".

27 de octubre de 2009
23 de julio de 2009
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murió nicolae plesita


Despiadado jefe de la policía secreta rumana. En los años ochenta, ganó notoriedad por sus tratos con el terrorista Carlos el Chacal, al que refugió después del atentado con bomba contra la Radio Europa Libre en Munich, Alemania.
Murió el general Nicolae Plesita, fanático comunista y despiadado jefe de la policía secreta Securitate, que concedió refugio en Rumanía al terrorista Carlos el Chacal y fue juzgado por el atentado con bomba contra Radio Europa Libre.
Tenía 80 años.
Plesita murió el lunes en el hospital del Servicio de Inteligencia de Rumanía en Bucarest, donde estaba siendo tratado por varias enfermedades, incluyendo diabetes, informaron las agencias de noticias Agerpress y Mediafax, basándose en informaciones de familiares.
Plesita dirigió el servicio de contraespionaje de Securitate de 1980 a 1984. Ganó notoriedad por sus contactos con el terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, mejor conocido como Carlos el Chacal.
Ramírez fue contratado por la Securitate por orden de Nicolae Ceausescu para asesinar a disidentes rumanos en Francia y el atentado con bomba contra las oficinas de Radio Europa Libre en Munich, Alemania, en 1981.
Nueve personas resultaron heridas en el ataque contra la emisora, que transmitía para la Europa del Este comunista.
En 1998 Plesita contó a los fiscales que Caeusescu le ordenó buscar un refugio temporal para Ramírez en Rumanía, después del atentado. Ceausescu le vendía a Ramírez armas y explosivos y le permitía producir pasaportes y licencias de conducir falsas, informaron medios rumanos.
Después de la revuelta anticomunista de 1989, Plesita fue sometido a juicio en Rumanía por su complicidad en el atentado contra Radio Europa Libre.
El juicio fue interrumpido en varias oportunidades, y finalmente, a principios de año, fue declarado inocente.
En la Rumanía post-comunista, Plesita continuó llamando la atención con sus revelaciones del periodo comunista y no mostró remordimiento por haber aplastado a la oposición anticomunista.
Las apariciones públicas de Plesita y sus maneras sosegadas fueron aceptadas en la Rumanía post-comunista en parte porque muchos antiguos funcionarios de Securitate todavía ocupaban posiciones claves en la política y los negocios.

Nacido el 16 de abril de 1929 en Curtea de Arges, Rumanía, Plesita fue reclutado por Securitate cuando era adolescente y ascendió en su carrera después de que colaborara en la erradicación de los últimos vestigios de la resistencia anticomunista en las montañas de Transilvania a fines de los años cincuenta.
En 1977 ayudó a reprimir a los mineros del carbón en huelga en el Valle del Jiu, que eran considerados una amenaza para Ceausescu.
Después de esto fue ascendido a la dirección del contraespionaje.

23 de octubre de 2009
2 de octubre de 2009
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murió marek edelman


Murió Marek Edelman, el último sobreviviente de la aniquilada revuelta del gueto de Varsovia. Llamó a la tolerancia en cada uno de los aniversarios de la insurrección de 1943, la primera gran revuelta judía contra los nazis. Después de la Segunda Guerra Mundial fue cardiólogo y luchó contra el comunismo en Polonia.
Murió el viernes en Varsovia, Marek Edelman, el último líder sobreviviente de la fatídica revuelta del gueto de Varsovia contra los nazis en 1943. Tenía 90 años.
Edelman murió por causas naturales en casa de su amiga Paula Sawicka, donde vivió los últimos dos años. "Murió en casa, con sus amigos, con sus familiares", dijo Sawicka.
La mayor parte de su vida adulta la dedicó Edelman a la defensa de la vida, la dignidad y la libertad humanas. Luchó contra los nazis en la trágica revuelta del gueto de Varsovia y más tarde en la rebelión de Varsovia. Y luego durante décadas luchó contra el comunismo en Polonia.
Su heroísmo le ganó su ingreso en la Legión de Honor francesa y la más alta distinción civil de Polonia, la Orden del Águila Blanca.
Uno de los pocos sobrevivientes después de tres semanas de lucha desigual en el gueto de Varsovia, se sentía obligado a preservar la memoria de los héroes caídos en esa primera rebelión judía a gran escala contra los nazis. Cada año, con ocasión del aniversario de la rebelión, llamaba a la tolerancia.
"El hombre es malo; por naturaleza, el hombre es una bestia", dijo, y por eso la gente "debe ser educada desde la infancia, desde el jardín infantil, en que no debe haber odio".
También se sintió obligado a llamar repetidas veces al mundo por más libertad y paz, incluso cuando hubiera que conquistarlas en una guerra.
"Cuando no puedas defender la libertad con medios pacíficos, tienes que usar las armas para luchar contra el nazismo, las dictaduras, el chauvinismo", dijo Edelman el año pasado.

Edelman nació el 1 de enero de 1919 en Homel, que estaba entonces en el este de Polonia y es ahora Belarus. Pronto su familia se mudó a Varsovia.
Cuando los nazis invadieron Polonia el 1 de septiembre de 1939, Edelman era miembro de Bund, una organización socialista judía que más tarde organizó acciones de la resistencia contra la ocupación alemana.
Los alemanes instalaron el gueto de Varsovia en noviembre de 1940, hacinando a más de cuatrocientos mil judíos de la ciudad y de toda Polonia en condiciones inhumanas. Al cabo de un año, casi la mitad de la gente había muerto por enfermedad o hambre.
Los planes de la resistencia fueron puestos en práctica el 19 de abril de 1943, cuando los nazis avanzaron para liquidar el gueto matando o enviando a los restantes sesenta mil habitantes a los campos de exterminio en Trebinka, Majdanek y Sobibor, todos en Polonia.
Pero ese abril las bien entrenadas tropas alemanas encontraron una resistencia inesperadamente feroz de unos cientos de jóvenes civiles judíos, mal armados, determinados a morir luchando antes que en la cámara de gas.
"Nadie creía que fuera a salvarse", dijo Edelman. "Sabíamos que la lucha estaba condenada, pero mostramos al mundo que había resistencia contra los nazis, que deberías morir luchando contra los nazis".
Los combatientes del gueto infligieron pesadas pérdidas a los alemanes, pero finalmente sucumbieron. Tras el fracaso de la rebelión, más de 55 mil personas fueron asesinadas o deportadas a los campos de concentración nazis.
Los líderes de la rebelión fueron detenidos en un búnker y, al no ver posibilidades de escapar, se suicidaron todos el 8 de mayo de 1943.
Los nazis arrasaron el gueto calle por calle como parte de su "solución final" en la que mataron a más de seis millones de personas en un intento por exterminar a los judíos de Europa.
Edelman no estaba en el búnker. Con un pequeño grupo de sobrevivientes, pasó por las alcantarillas al lado ario de Varsovia, donde encontraron lugares donde ocultarse y ayudar a coordinar a los grupos de combatientes judíos en los bosques de las cercanías.
La mortal contienda "valía la pena... incluso al precio de la vida del combatiente", dijo más tarde. "De todos modos, nada los salvaría".
En agosto y septiembre de 1944, Edelman luchó en la Rebelión de Varsovia, otra aplastada revuelta para liberar de alemanes a la capital antes de la llegada del Ejército Rojo.
Después de la guerra, Edelman ejerció como cardiólogo en la ciudad central de Lodz. Se unió a los grupos de oposición y al movimiento pro libertad Solidaridad, y fue internado por ley marcial del 13 de diciembre de 1981 contra Solidaridad.
Al final, el movimiento Solidaridad provocó el derrocamiento de los comunistas del poder en Polonia en 1989.
La esposa de Edelman, Alina Margolis-Edelman, trabajó como enfermera en el gueto de Varsovia, y después de la guerra ejerció como pediatra. Con su hijo Aleksander y su hija Ana, dejó Polonia para marcharse a Francia después de las purgas antisemitas patrocinadas por los comunistas en 1968. Murió en París el 23 de marzo de 2008.
Pero Edelman no quiso abandonar Polonia. "Cuando eres responsable de la vida de sesenta mil personas, no te marchas y los olvidas", dijo.
Le sobrevive su hijo, y una hija y dos nietos.

13 de octubre de 2009
3 de octubre de 2009
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los lorca y los restos del poeta


La fosa podría abrirse en dos o tres semanas.
España. Los familiares de Federico García Lorca parecen haberse salido de la negativa absoluta. Los herederos del poeta español insistieron en que el gobierno de la región de Andalucía "no abra" la fosa que supuestamente contiene el cuerpo de Lorca. Sin embargo, señalaron que "si finalmente se autoriza la exhumación solicitada nos reservamos el derecho para solicitar la identificación de los restos y disponer de los mismos". La fosa podría abrirse en el plazo de dos o tres semanas, según una fuente gubernamental. La familia del escritor se manifestó sobre los restos y abrió la puerta a la identificación de los mismos, pero dejó claro antes que lo hace sin que haya quedado resuelto si se atiende su principal reclamo: es decir, que los restos de Lorca no sean "removidos" y que descansen tras el proceso donde están ahora, en el mismo paraje, el barranco de Víznar, donde lo acompañan otros "cientos" o "miles" de víctimas.
Los Lorca siempre se han negado a que se exhumen los restos del poeta, que fue fusilado en agosto de 1936, un mes después del inicio de la Guerra Civil Española (1936-1939), por las tropas franquistas. Su cuerpo se cree que está enterrado junto a los del maestro de escuela Dióscoro Galindo y los toreros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas. Los familiares alegan que "tan sólo los descendientes de una" de las cuatro personas supuestamente enterradas en una fosa que se cree en las inmediaciones de Alfacar, cerca de la ciudad de Granada (sur) han solicitado la apertura de la fosa para recuperar el cadáver. La familia estima que Lorca "ha llegado a ser emblema de todas las víctimas justamente por haber corrido una suerte común", por lo que quiere "no singularizarlo ni apartarlo de las otras víctimas de la represión en Granada".
En octubre de 2008, el juez español Baltasar Garzón inició una investigación sobre la suerte de más de 114.000 desaparecidos durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo (1939-1975) y autorizó la apertura de 25 fosas comunes donde se cree están enterradas víctimas del bando perdedor, entre ellas Lorca. Un mes después trasladó la investigación a los juzgados donde están las fosas que había autorizado a abrir. A finales de mayo, una jueza de Granada se negó a encargarse de la investigación y apertura de la fosa, y en julio, el gobierno regional de Andalucía decidió tomar la iniciativa y responder al pedido de apertura de la fosa de la familia del profesor Dióscoro Galindo. La exhumación se convertiría en el gesto simbólico más importante dado por España para resarcir a las víctimas de la Guerra Civil Española y la posterior dictadura de Francisco Franco.

7 de octubre de 2009
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murió robert mcnamara


Ex ministro de Defensa, fue el arquitecto de la Guerra de Vietnam. Más tarde dijo que había tomado decisiones incorrectas.
[Stephen Braun] Murió el lunes el ex ministro de Defensa, Robert S. McNamara, el arquitecto de la fatídica escalada de tropas estadounidenses durante la Guerra de Vietnam, que pasó sus últimos años repudiando públicamente sus decisiones como "erróneas, terriblemente equivocadas". Tenía 93 años.
McNamara falleció en su casa en Washington después de un período de mala salud, dijo a la Associated Press su esposa, Diana.
Ex presidente de la Ford Motor Co., que dirigió durante siete años el ministerio de Defensa en las administraciones de John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson, McNamara fue el prominente responsable de la masiva concentración de fuerzas estadounidenses en Vietnam entre 1964 y 1968.
En la cúspide de su influencia y durante décadas después, McNamara personificó tanto la temprana promesa y los cada vez peores descriterios que empujaron al país contra una distante guerra en el sudeste asiático.
Maestro de los análisis estadísticos, McNamara blandía montañas de hechos y cifras para sustentar su defensa del despliegue de asesores militares y luego tropas terrestres en una ‘guerra limitada’ para frenar el avance de las fuerzas de la comunista Vietnam del Norte y guerrillas del Viet Cong en Vietnam del Sur.
Para cuando McNamara dejó su cargo en 1968, 535 militares estadounidenses habían sido presionados a servir, muriendo casi treinta mil en una guerra cada vez más cruenta. En diez años de conflicto, murieron más de 58 mil estadounidenses y tres millones de vietnamitas de los dos lados. McNamara fue el infatigable animador, viajando a zonas de combate más de cuarenta veces durante dos gobiernos. Sus dudas privadas crecieron a medida que lo hacían las bajas estadounidenses, renunciado finalmente al gobierno. Pero guardó su desazón durante casi tres décadas antes de hacerla pública en una revaluación cuidadosamente reflexionada de sus decisiones en tiempos de guerra -captadas en el documental ‘La niebla de la guerra’ [The Fog of War], que ganó un Oscar en 2004- que aplacaron a algunos críticos, y enardeció a otros.
Era una dinámica, dedicada, cerebral y tenaz figura de Washington, cuyo sello característico eran sus gafas de montura metálica y el pelo cuidadosamente engominado y partido al medio, con el aspecto de un maestro estirado. Atlético y esbelto y poseedor de una desbordante energía, McNamara superaba a Kennedy y Johnson con su inagotable optimismo, sin igual capacidad de administración y destreza burocrática que lo hacía destacar e intimidaba a sus rivales.
McNamara era un coloso de la sala de reunión, equipado con una memoria de acero y un arte con los números que dominaba las reuniones de gabinete y las audiencias parlamentarias. Desde temprano un deslumbrado senador republicano, Barry Goldwater Jr., lo llamó "uno de los mejores secretarios que he tenido, una máquina IBM con piernas". Posteriormente Goldwater modificó su visión, repitiendo a generales veteranos que pensaban que McNamara era "un desastre individual".
Durante un clásico encuentro en 1961, McNamara absorbió una compleja presentación de una hora sobre disuasión nuclear de un experto del RAND Institute, miró 54 detalladas diapositivas y decidió rápidamente modificar la política del gobierno de Eisenhower de apuntar con armas atómicas a ciudades rusas, para orientarlas hacia instalaciones militares. Sin debate, su doctrina puso en movimiento la política de ‘contrapeso’ que gobernaría la estrategia militar estadounidense durante los siguientes cuarenta años, escribió la biógrafa Deborah Shapley.
Pero la genialidad con los números de McNamara tenía un lado oscuro. Los críticos lo acusaron de engañar a sus clientes presidenciales y a la opinión pública estadounidense manipulando las estadísticas -desde el conteo de las bajas en el campo de batalla hasta estimaciones que minimizaban el nivel de tropas enemigas- y presentando un retrato falsamente optimista de las sombrías perspectivas de la guerra.
"McNamara era leal con sus jefes, no con la verdad. Les mentía. Obligaba a mentir a los que estaban por debajo de él. Lo hizo con Kennedy y con Johnson y sólo fue cuando vio el fracaso de la guerra que no supo qué hacer", dijo el difunto escritor David Halberstam, que denunció a McNamara como un "idiota" en ‘The Best and The Brightest’, su épica versión sobre los altos oficiales que empujaron a Estados Unidos a intervenir en Vietnam.
McNamara fue el arquetipo de una nueva camada de especialistas en administración, en auge en Washington durante los años sesenta. Se rodeó de un grupo de analistas que fueron conocidos como sus ‘genios’ y jugaron un papel prominente en la redacción de los clasificados ‘Los papeles del Pentágono’ [Pentagon Papers], una exhaustiva historia de Estados Unidos en Vietnam, que McNamara encargó en secreto en 1967.
Rebozando confianza en sí mismo, McNamara transformó el ministerio de Defensa en un gigantesco feudo cívico-militar. Entre sus creaciones destacan la Agencia de Inteligencia de Defensa y la Agencia de Suministros de Defensa, predecesora de la gigantesca Agencia de Logística de Defensa.
Pero fue Vietnam lo que lo definió, desde su asertiva dirección de los primeros contingentes de asesores de Boinas Verdes enviados por el gobierno de Kennedy a Vietnam del Sur en 1961, hasta sus escrúpulos entre bastidores que llevaron a que Lyndon Johnson lo remplazara como ministro de Defensa.
Cuando el senador Wayne Morse (demócrata de Oregon), que se oponía a la guerra, dijo en 1965 que la guerra de Vietnam se había transformado en la guerra de McNamara -una sardónica referencia a la canción de Bing Crosby de los años cuarenta, ‘McNamara’s Band’-, el ministro de Defensa lo tomó imperturbable como un cumplido. "No me molesta que la llamen la Guerra de McNamara", dijo a un periodista. "De hecho, me enorgullece estar asociado a ella".
Pero en 1968, después de oponerse a una mayor escalada e instado a un congelamiento de los niveles de tropa, McNamara fue sacado discretamente por Johnson, que lo nombró presidente del Banco Mundial, una posición que mantuvo durante trece años hasta su jubilación en 1981.
McNamara se guardó para sí mismo sus confusiones durante casi tres décadas, pero finalmente las hizo públicas en un libro de memorias que explica metódicamente muchas de sus incuestionados subentendidos e históricas decisiones.
Su ‘In Retrospect: The Tragedy and Lessons of Vietnam’, cuestionó los temores de la teoría del dominó de que una pérdida en Vietnam del Sur conduciría a una sucesión de victorias comunistas en todas partes en el sudeste asiático. McNamara concedía que él y otros personeros de gobierno habían juzgado mal el apoyo popular del Frente de Liberación Nacional de Ho Chi Minh y sobrestimado los límites del alcance militar de Estados Unidos.
"Mi objetivo no es justificar errores ni fijar responsabilidades, sino identificar los errores cometidos", escribió.
Pero su meticuloso lenguaje y deseo de contar sin admitir un error no tomaron en cuenta el enorme poder emocional que la guerra todavía ejercía sobre la psique americana. En una gira de charlas limitada, McNamara fue confrontado por amargados veteranos de Vietnam y familiares de los caídos.
Mantuvo un firme control de sus pensamientos privados, pero su angustiada expresión lo delataba. Parecía "un fantasma de todo lo que había pasado en su país en apenas una generación", escribió Paul Hendrickson en un devastador retrato de McNamara viejo.
McNamara intentó por última vez salvar su reputación aceptando una serie de entrevistas filmadas con el director Errol Morris que resultó en ‘La niebla de la guerra’.
Cuando Morris preguntó por qué no había hablado sobre sus dudas cuando la guerra estaba todavía siendo librada, McNamara se mantuvo firme. "Esas son preguntas que me ponen en aprietos", dijo. "Un montón de gente no entiende bien la guerra, no me entienden bien a mí. Un montón de gente cree que yo soy un hijo de puta".

Robert Strange McNamara nació el 9 de junio de 1916, en San Francisco. Un alumno sobresaliente, McNamara también era un disciplinado atleta en Eagle Scout, que hacía excursiones y corría. Más tarde se interesó en el alpinismo y durante sus años en el gabinete, escaló el Matterhorn, en Suiza, de 4.200 metros.
Después de estudiar en la Universidad de California en Berkeley, entró en la Facultad de Administración de Empresas de Harvard en 1937, donde destacó en administración y técnicas de contabilidad. Trabajó en la facultad en Harvard, donde también se casó con Margaret Craig, una amiga de la antigua zona de la Bahía.
Se presentó como voluntario para la Armada después del ataque japonés contra Pearl Arbor en 1941, pero fue rechazado por su mala visión. Pero el dominio de las estadísticas de McNamara lo hicieron muy útil para la guerra. En 1943 fue nombrado capitán temporal de una comisión que intentaba mejorar la precisión de los bombarderos de larga distancia B-29 que arrojaron toneladas de bombas sobre ciudades japonesas.
Después de la guerra, McNamara contempló volver a Harvard, pero cuando él y su esposa fueron golpeados brevemente por ataques de polio, aceptó una oferta mejor pagada de la Ford Motor Company. McNamara se unió a un grupo de jóvenes ayudantes contratados por el presidente Henry Ford II para dotar a la firma de análisis estadísticos, enseñar el uso riguroso de cifras para medir tendencias y mejorar sistemas.
Tras empezar como encargando de planificación, introdujo una nueva línea de coches de bajo coste que permitió que la compañía invirtiera sus ganancias en sus anticuadas fábricas. Mejoró la eficiencia y fue un temprano proponente de los coches compactos. Ante el gran fiasco de Ford con Edsel en 1958, lanzado en su época, McNamara decidió rápidamente paralizar la producción y reducir las pérdidas. Ascendió rápidamente en los rangos superiores de Ford y fue el primer presidente que provino de fuera de la familia Ford en 1960.
Su puesto en Ford duró poco. Un demócrata que se movía en los círculos pesadamente republicanos de Detroit, el nombre de McNamara llegó al comité de campaña del presidente electo Kennedy. Respaldado por dirigentes de los sindicatos de fabricantes de coches, McNamara viajó a Washington, donde Kennedy, impresionado inmediatamente, le ofreció el ministerio de Defensa, o el de Hacienda. McNamara eligió Defensa.
Vietnam fue angustiante desde el principio. El presidente saliente Dwight D. Eisenhower había advertido a Kennedy sobre Vietnam y Kennedy respondió ordenando que McNamara y sus generales diseñaran una estrategia militar para apuntalar el corrupto y tambaleante régimen de Ngo Dinh Diem de Vietnam del Sur, que murió en un golpe el 2 de noviembre de 1963.
Fijaron primero un cauteloso curso de ayuda limitada, enviando 400 Boinas Verdes a adiestrar tropas de Vietnam del Sur. El contingente fue la vanguardia de una fuerza que había crecido a diecisiete mil soldados cuando Kennedy fue asesinado tres semanas después de Diem. Pero en reuniones internas, McNamara exigió reforzar la presencia de Estados Unidos de doscientas mil tropas.
McNamara estaba convencido de que "las piezas de dominó caerán si perdemos Vietnam’, dijo, mirando ese tiempo con pesar en una serie de entrevistas en Berkeley en 1996. "Era ciertamente la opinión tradicional en círculos de la diplomacia... Creo que estábamos equivocados, y ciertamente juzgamos mal".
Las preocupaciones por Vietnam fueron pronto opacadas por una serie de preocupaciones de relaciones internacionales más urgente. Un mes antes de que las primeras Fuerzas Especiales llegaran a Vietnam del Sur, el gobierno de Kennedy dio luz verde a un grupo de exiliados cubanos para montar un intento de derrocamiento del dictador cubano, Fidel Castro. Los mal aprovisionados insurgentes fueron saludados con el desastre de Bahía Cochinos.
McNamara aconsejó a Kennedy proseguir con los planes de la invasión secreta, que estaba en el proyecto de Eisenhower. McNamara dijo más tarde que esa decisión era la fuente de su pesar, un claro "error en la época".
Un año después, McNamara jugó un papel central en la arriesgada política del gobierno de Kennedy durante la crisis de los misiles cubanos. Estados Unidos amenazó con un bloqueo y usó la diplomacia privada para intimidar y persuadir al presidente ruso Nikita Khrushchev para que sacara las armas nucleares ofensivas de Cuba. McNamara se complacía por su papel en el resultado, diciendo que la posición "demostraba la disponibilidad de nuestras fuerzas armadas para responder ante emergencias".
Al mismo tiempo, McNamara presidía lo que era entonces la más grande concentración de tropas en tiempos de paz en la historia de Estados Unidos, precipitando el despliegue de misiles balísticos intercontinentales y nuevas armas atómicas tácticas. McNamara peleó con los generales de Kennedy por sus vetos a los sistemas de armamento y sus esfuerzos por imponer análisis de sistema en la jerarquía militar. Pero a medida que Estados Unidos extendía su estancia en Vietnam, McNamara aumentaba sus advertencias de que se necesitan tropas terrestres.
El asesinato de Kennedy en Dallas el 22 de noviembre de 1963 conmovió profundamente a McNamara. Se había convertido en un íntimo de los círculos sociales de Kennedy y el hermano del presidente asesinado, Robert, le pidió que lo acompañara a recibir el ataúd de JFK cuando este llegara por avión a Washington. A instancias de Kennedy, McNamara también eligió un lugar aislado en el Cementerio Nacional de Arlington donde fue sepultado el presidente.
Lyndon Johnson, sucedor de Kennedy, mantuvo a McNamara en su equipo, y pronto se impresionó tan bien como Kennedy. "McNamara es el tipo más inteligente que conozco", dijo Johnson a su mentor en el Senado, Richard Russell, en mayo de 1964, en una conversación telefónica.
La situación en Vietnam se estaba deteriorando con los crecientes éxitos de las guerrillas del Viet Cong. En marzo, McNamara volvió de una gira por Vietnam instando a Johnson a aumentar la ayuda militar para apuntalar al decaído ejército de Vietnam del Sur.
En agosto de 1964 una serie de escaramuzas entre navíos estadounidenses y norvietnamitas en el Golfo de Tonkín dio a McNamara y sus generales un cheque en blanco para ampliar la guerra. El episodio espoloneó un voto casi unánime del Congreso autorizando a Jonhson a desplegar tropas terrestres. Años más tarde los historiadores todavía discuten sobre si los ataques fueron tan serios como se dijo inicialmente y si justificaban una mayor escalada de la guerra.
McNamara insistió en que los ataques de los norvietnamitas eran reales y suficientemente alarmantes como para provocar una severa reacción. Su única duda, según dijo años después, era el vínculo entre las escaramuzas y la votación en el Congreso. "Fracasamos en cuanto a llevar al Congreso y al pueblo estadounidenses a una discusión franca y abierta en la que se considerasen las ventajas y desventajas", escribió en sus memorias sobre Vietnam.
Pero internamente, McNamara dirigía a los halcones para oponerse a ese debate. Cuando el subsecretario de Estado George Ball trató de presentar un histórico memorando a Johnson oponiéndose a una mayor escalada de la guerra, McNamara se defendió. "Implicó que yo había sido imprudente al llevar esas dudas al papel", recordó Ball en 1964. Peor, dijo Ball, McNamara estuvo de acuerdo con él en privado y luego "me quemó vivo" cuando se reunieron con Jonhson.
Para 1965, cuando las fuerzas estadounidenses en Vietnam del Sur superaron el medio millón, McNamara aconsejó a Johnson, privadamente, que Estados Unidos había llegado a una encrucijada en el camino y tenía que decidir si continuar con la guerra o retirarse. Sin embargo, en público McNamara seguía siendo públicamente optimista, lanzando una campaña de ataques aéreos contra ciudades e instalaciones de Vietnam del Norte.
A medida que se atascaba el esfuerzo bélico y las bajas golpeaban en casa desde las grandes ciudades hasta pueblos del corazón agrícola, el Congreso se puso impaciente. Había cada vez más preguntas de demócratas que estaban contra la guerra, e incluso de republicanos como el representante de Wisconsin, Melvin Laird, que más tarde ocuparía la posición de McNamara en el Congreso y las fuerzas armadas", recordó Laird.
Para el otoño de 1966, en privado, McNamara se estaba derrumbando. Ahora estaba "visiblemente angustiado" cuando hablaba sobre la guerra, dijo Anthony Lake, un funcionario del servicio diplomático en la época que más tarde fue asesor de Seguridad Interior del presidente Bill Clinton.
"Aunque era conocido como el maestro de los análisis abstractos y cuantitativos, para muchos más consciente que muchos de sus colegas de que las estadísticas representaban vidas humanas", recordó Lake. "Y en términos del progreso de la guerra, las cifras no hacían sentido".
En 1967, sin la autorización de Johnson, McNamara, en privado, encargó a un equipo de analistas un informe sobre los orígenes de la intervención de Estados Unidos en Vietnam. El estudio incluyó tres docenas de investigadores, que tomaron dieciocho meses en concluirlo, pero el informe de siete mil páginas fue un secreto hasta que el analista Daniel Ellsberg filtrara fragmentos del estudio, al New York Times en 1971. Un intento del presidente Richard Nixon de impedir la publicación del informe en el Times y en el Washington Post fue desechado por la Corte Suprema de Estados Unidos.
Cuando Johnson se enteró del proyecto a mediados de 1967, sospechó que Mcnamara pensaba utilizar los resultados para ayudar a la campaña presidencial del senador Robert Kennedy. Consciente de que sus días como ministro de Defensa estaban contados, McNamara empezó a dejar que se conociera su interés en alguna vacante en el Banco Mundial. Después de meses de silencio, Johnson anunció repentinamente la nominación de McNamara al cargo y para marzo de 1968, McNamara había dejado el gobierno.
McNamara hizo una prominente figura como el quinto presidente del Banco Mundial, colaborando con los países ricos para subir la ayuda a un Tercer Mundo miserable. Pero no decía nada sobre la guerra que ahora dividía a la nación.
Las divisiones desgarraron incluso su familia. Su esposa, la creadora de ‘Reading is Fundamental’, el programa de alfabetización infantil más importante del país, en privado se oponía a la guerra. También se oponía el hijo de McNamara, Craig, que participó activamente en el movimiento contra la guerra de California.
Incluso después de que renunciara al Banco Mundial en 1981, la guerra lo seguía jalando. Fue un testigo reluctante en el comentado juicio por calumnias en 1984, entablado por el general en retiro William Westmoreland contra el canal CBS. La red había acusado a Westmoreland de reducir deliberadamente los cálculos sobre las tropas del Viet Cong durante la guerra.
Finalmente, en 1995, McNamara, finalmente decidió hablar. Escribió ‘In Retrospect’ para estudiar los errores que él y otros altos funcionarios cometieron y sacar las lecciones para futuras autoridades. Pero algunos estadounidenses que todavía sufrían las heridas psíquicas de la guerra, estaban menos dispuestos a perdonar y olvidar. Durante una presentación en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de Harvard, como parte de una gira política, McNamara fue confrontado por John Hurley, un veterano de Vietnam que más tarde sería un asesor de la campaña presidencial del senador John Kerry en 2004. "Señor, tengo que decirle, y no hay modo de decirlo más amable, su libro y su presencia son una obscenidad", le dijo Hurley a McNamara.
Cuando Hurley presionó a McNamara a explicarle por qué no dijo nada sobre sus dudas durante la guerra, McNamara sugirió que leyera el libro. Cuando Hurley insistió, McNamara estalló: "Cállese", gritó McNamara, y luego volvió a defender un viejo alegato que había sostenido cuarenta años antes.
"Nunca entendió, nunca pareció interesarse sobre el costo humano del año", dijo más tarde Hurley. "Para él, Vietnam era solamente un problema de políticas, cifras estériles que debían ser manejadas".
Era muy parecido a la misma despiadada apología que hizo McNamara ante las cámaras durante una presentación de ‘La niebla de la guerra’. Morris hizo preguntas difíciles, que rara vez se planteaban. Cuando Morris preguntó, con delicadeza, si se "sentía de algún modo responsable de la guerra", McNamara reaccionó: "No quiero seguir adelante con esta discusión".
Críticos de McNamara de toda la vida, como Halnerstam, desdeñaron la película como "la versión de una fuente". Morris respondió que la película trató de retratar a un hombre atormentado que había contribuido a iniciar una guerra atormentada.
"Todos cometemos errores", dice McNamara en algún momento en la película. "No conozco a ninguna comandante militar honesto que diga que no ha cometido nunca un error. Hay un dicho maravilloso: ‘La niebla de la guerra’. Y lo que quiere decir ‘La niebla de la guerra’ [The Fog of War] es que la guerra es tan compleja que está más allá de la capacidad de la mente humana para comprender todas las variables. Nuestro juicio, nuestra sensación no son los adecuados".
Le sobreviven su segunda esposa, la ex Diana Masieri Byfield, y sus tres hijos con su primera esposa, Margaret, que murió en 1981: Craig, de Winters, California, y Margaret Pastor y Kathleen McNamara, ambos de Washington, D.C.

19 de julio de 2009
6 de julio de 2009
©los angeles times
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kremlin quiere legislar sobre el pasado


Historia rusa 2.0. Un proyecto de ley convertirá la comparación del gobierno soviético con los nazis, en un delito. Temen manipulación del pasado ruso.
[Fred Weir] Moscú, Rusia. Un amargo chiste de la época soviética dice que Rusia es el único país del mundo que tiene un pasado imprevisible.
La broma ha vuelto en los últimos días, después de que el Kremlin anunciara la creación de una comisión especial de veintiocho miembros encargada de examinar y combatir ejemplos de "revisionismo histórico" que dañen la imagen de Rusia.
La comisión, que no tiene atribuciones jurídicas, está presidida por el primer ministro del gobierno del presidente Dmitry Medvedev, Sergei Naryshkin, e incluye a historiadores y legisladores, funcionarios de gobierno, el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas y miembros del servicio de seguridad FSB.
Pero una ley análoga, redactada por el partido oficialista Rusia Unida y que será introducida al Senado dentro de poco, determina multas y penas de prisión de hasta cinco años para cualquiera que sea hallado culpable de "negar las decisiones del Tribunal de Nuremberg".
Esta es una reacción frente a un creciente cuerpo de historiografía en los antiguos países soviéticos y de Europa del Este que describe los largos años de dominio soviético como similar en naturaleza con la ocupación nazi, y sugiere que para esos países la liberación llegó solamente cuando se derrumbó la Unión Soviética. Incluso más irritante para los rusos son lo que ven como intentos, en algunos países, como Ucrania y Latvia, de "rehabilitar" a ciudadanos que llevaron uniformes alemanes durante la Segunda Guerra Mundial para luchar contra el Ejército Rojo.
"Es hora de que estudiemos qué está pasando aquí y decidir qué tipo de documentos necesitamos encontrar y publicar para contrarrestar estas nuevas interpretaciones", dice Natalya Narochnitskaya, historiadora, ex diputada de la Duma y miembro de la nueva comisión. "Si un país no es capaz de mantener una visión unida en la interpretación de su propio pasado, no será incapaz de formular sus intereses nacionales".
Narochnitskaya insiste en que la competencia de la comisión es estudiar el problema y hacer recomendaciones, no imponer una línea de partido al estilo de la era soviética. "Todos los países conocen este problema de equilibrio y necesitan encontrar su propio camino entre la humillación y la autocrítica normal", dice.
Los críticos están alarmados por lo que ven como un flagrante retroceso a los métodos soviéticos de control intelectual.
"No puedes luchar contra las falsificaciones de la historia creando comisiones burocráticas", dice Sergei Solovyov, editor de Scepsis, una revista trimestral rusa que persigue promover el debate intercultural. "Una de dos: será completamente inútil o se convertirá en una herramienta de supresión de personas con puntos de vista diferentes".

Visión Diferente
El Kremlin ha reaccionado con indignación ante lo que ve como intentos de "revisar" los resultados de la Segunda Guerra Mundial en algunos países soviéticos y de Europa del Este.
La anulación de los memoriales de guerra del Ejército Rojo en Polonia y los países bálticos ha provocado la ira del Kremlin, así como las marchas callejeras de veteranos de las SS de Latvia, la ley lituana que prohíbe el despliegue público de símbolos soviéticos y la persecución en Estonia de un condecorado veterano de guerra soviético, Arnold Meri, por cargos de genocidio por su presunta participación en las deportaciones de posguerra de estonianos a Siberia. (Meri murió hace dos meses, antes del término de su juicio).
Otro punto de irritación ha sido el elogio público del presidente ucraniano Viktor Yushchenko del Ejército Insurgente Ucraniano, que libró una guerra de guerrillas contra la Unión Soviética con el respaldo de la CIA durante casi diez años después de la Segunda Guerra Mundial, así como los esfuerzos ucranianos oficiales de convencer a otros gobiernos del mundo para que clasifiquen como un acto de "genocidio" la hambruna colectiva provocada por la colectivización agraria de principios de los años treinta, que terminó con la vida de millones de campesinos soviéticos y conocida en Ucrania como el ‘Holodomor’.
En su blog iniciado hace poco, Medvedev se quejaba recientemente de que "esos intentos [de revisión de la historia] son cada vez más hostiles, más malignos, y más agresivos... Nos encontramos en una situación en la que tenemos que defender la verdad histórica y demostrar una vez más hechos que no hace mucho parecían claros. Pero es necesario hacerlo".

Historia de la Guerra
Una encuesta pública realizada el mes pasado por la agencia estatal VTsIOM constató que casi dos tercios de los rusos concuerdan en que los intentos de "negar la victoria soviética en la Gran Guerra Patriótica" deberían ser penalizados, refiriéndose a la Segunda Guerra Mundial tal como la conocen los rusos. Muchos viejos historiadores rusos parecen concordar en que la comisión, y su objetivo de luchar contra el revisionismo es algo bueno.
"Teníamos que haberlo hecho hace un tiempo", dice el general Makhmut Gareyev, héroe de la guerra y presidente de la oficial Academia de Ciencias Militares en Moscú. "No se pueden tolerar las falsificaciones históricas, particularmente la Segunda Guerra Mundial. Una vez que los órganos del estado tomen esa decisión, posiblemente se podrán corregir algunas cosas en el futuro cercano".
Roy Medvedev, historiador disidente del período soviético, dijo a la radio independiente Ekho Moskvi, que la comisión no es una idea objetable en principio, si se limita a revisar la historia y a abrir los archivos. Pero agregó: "He protestado fuertemente contra cualquier medida para perseguir judicialmente la falsificación porque equivaldría a restaurar las prácticas soviéticas... Sería muy malo si se prohibiera la publicación de teorías e investigaciones divergentes".

A la Búsqueda de un Pasado Estable
La propia identidad nacional rusa ha estado cambiando desde el derrumbe de la Unión Soviética, junto con su ideología y su imperio multiétnico. Los primeros años post-soviéticos estuvieron marcados por una dura autocrítica y extendida desmoralización pública. Vladimir Putin llegó al poder hace una década en medio de un contragolpe patriótico que buscaba erradicar ese penetrante sentimiento de humillación nacional recuperando el orgullo en Rusia y reconociendo los logros positivos de los años soviéticos.
Algunos ideólogos ultranacionalistas, como Alexander Dugin, que dirige el influyente Movimiento Eurasiático Internacional, sugiere que la creación de un mito nacional unirá a los rusos en un objetivo válido.
"Deberíamos poner límites a la libertad de expresión para crear un consenso nacional y conservarlo para las generaciones futuras", dice Dugin. "Para tener un mito que nos proporcione un punto de referencia estable para la sociedad es necesario definir nuestro devenir histórico, que no sea falso".
Pero los críticos se han quejado desde hace tiempo de que el inconveniente de la aproximación positiva de la era de Putin a la historia rusa incluye una tendencia a minimizar una plétora de crímenes, incluyendo las masacres ordenadas por el servicio de seguridad NKVD de José Stalin.
"No creo que comisión sea siquiera legal. Nuestra Constitución prohíbe el establecimiento de una ideología de estado e impone el pluralismo ideológico en Rusia", dice Vladimir Ryzhkov, ex diputado independiente de la Duma. "Puedes debatir sobre la historia, pero los que están en el poder no deberían imponer su propia interpretación. Durante siglos nuestra historia ha sido escrita y rescrita por zares y comisarios. Así que esta nueva comisión sólo puede provocar dudas y protestas".

18 de junio de 2009
21 de mayo de 2009
©christian science monitor 
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las cartas a donna reed


Querida Donna: Una chica de calendario tan chévere que guardaba las cartas de los soldados. Llegó a poseer cientos de cartas de soldados encandilados por las estrellas. Sus hijos las encontraron en una caja de zapatos.
[Larry Rohter] "Ha pasado un buen tiempo desde que vimos a una mujer por última vez, así que le estamos escribiendo con la esperanza de que nos pueda ayudar a salir de nuestra situación", se lamentaba el cabo Frank J. Gizych en una carta enviada desde las neblinosas Islas Aleutas.
"Como sabemos que es imposible ver a una mujer en persona, le agradeceríamos mucho si pudiera enviarnos una foto de usted".
Era julio de 1944 y Estados Unidos estaba en guerra. Desde cuarteles y campos de batalla en Europa y en las islas del Pacífico, soldados, marinos y aviadores estaban enviando avalanchas de cartas a sus actrices favoritas en Hollywood, pidiendo fotos de chicas de calendario y comentando sobre la vida en el frente.
Casi toda esa correspondencia, que los estudios respondían normalmente enviando brillantes fotos de la estrella en alguna postura sensual, se ha perdido. Pero la actriz Donna Reed, más tarde famosa por sus papeles en ‘Qué bello es vivir’ [It’s a Wonderful Life], de Mary Bailey, y la ama de casa de clase media Donna Stone en ‘The Donna Reed Show’, y que ganó un Oscar por ‘De aquí a la eternidad’ [From Here to Eternity], guardó parte de la correspondencia. Después de casi 65 años de permanecer guardadas en una caja de zapatos en un viejo baúl en el garaje de su casa en Beverly Hills, California, las cartas fueron finalmente leídas y hechas públicas por los hijos de la actriz. Reed murió en 1986 a los 64 años.
"Mamá nunca las mencionó", dijo Mary Owen, 52, la más joven de los cuatro. Agregó: "No tenía ni tenía de lo importante que era como símbolo para esos tipos".
Las fuerzas armadas estadounidenses fomentaban el fenómeno de las chicas de calendario como un modo de mantener la moral de los soldados lejos de casa. La mayor parte de las chicas eran estrellas establecidas y conocidas por su sensualidad, como en particular Betty Grable, con sus cabellos rubios recogidos arriba, en traje de baño y fotografiada por detrás, mirando la cámara con una sonrisa. Había otras: imágenes de Rita Hayworth, Ann Sheridan, Hedy Lamarr y Dorothy Lamour también adornaban armarios, paredes de las barracas y los morros de aviones militares.
Pero "Donna Reed probablemente es la que más se acercó a la novia, esposa y madre arquetípicas", dijo Jay Fultz, autor de la biografía ‘In Search of Donna Reed’, de 1998. Debido a que también era algo más joven, recién graduada de sus papeles de ingenua y por ello más cercana en edad al soldado promedio, le escribían a menudo como si fuera una hermana o la vecina, confiándole momentos de nostalgia, soledad, privaciones y ansiedad.

Reed conservó 341 cartas, algunas mecanografiadas, aunque muchas escritas con la elegante caligrafía cursiva del método Palmer, que hoy se ve rara vez. Tomadas en conjunto, las cartas ofrecen una franca mirada de una época pasada, una época en que seis endurecidos sargentos de la infantería de marina podían escribir "pensamos que estás crecidita" y no lo decían en un tono irónico.
"Los chicos de nuestro equipo", escribió el sargento William F. Love el 18 de agosto de 1944, desde las selvas de Nueva Guinea, "pensamos que eres la típica chica americana, alguien por la que queremos volver a casa". El 28 de marzo de 1944, el sargento John C. Dale, de Tennessee, artillero de un B-17, le dijo a Reed, entonces de veintitrés, que quería que fuera la chica por la que estaba peleando".
El cabo Bob Bowie escribió que ver a Reed en ‘La comedia humana’ [The Human Comedy] le hizo anhelar volver a casa en Los Angeles y "ver a mi mamá". Agregó: "No sé cómo habría afectado a los otros; aquí no discutimos nunca nuestros sentimientos".
Las cartas han sido catalogadas por Owen. Vive en Nueva York ciudad y trabajó en Bear Stearns hasta su colapso el año pasado. En los meses siguientes abrió la caja de zapatos y empezó a hojear las cartas a su madre, algunas de las cuales venían acompañadas de garabatos, caricaturas y fotos de los escritores.
Leer las cartas "me hicieron sentir realmente orgullosa", dijo Owen, que puso las cartas a disposición del New York Times. "En casa trató de ser una mamá, no una celebridad, así que nunca hablaba demasiado sobre su carrera como actriz ni de su papel en la guerra".
Reed, que nació como Donnabelle Mullenger, se crió en una granja cerca de Denison, Iowa. Un número desproporcionado de las cartas que conservó fueron escritas por militares de su estado natal, incluyendo uno que la conocía de niña.
"A veces me gustaría estar allá con la vieja pandilla", escribió Gordon Clausen desde el U.S.S. Simpson el 18 de abril de 1945. "De vez en vez me siento en la cubierta y miro la luna, preguntándome qué estarán haciendo nuestros viejos amigos".
A posteriori algunas cartas son excepcionalmente emotivas. Escribiendo desde África del Norte el 12 de abril de 1943, el teniente Norman P. Klinker, un hombre de veinticuatro años que servía en el 91 Batallón de Artillería del ejército, trató de transmitir parte de las peculiares emociones y ambiente de combate.
"Le digo una cosa: la vida en el campo de batalla es ligeramente diferente de la versión en el cine", escribió. Es "dura y sangrienta y sucia", explicó, "una vida bastante interesante y despiadada al mismo tiempo", pero sin "ese sentimiento sombrío y preocupado que es tan común en las películas de guerra".
El 6 de enero de 1944 el teniente Klinker murió en combate en Italia, según muestran documentos oficiales de Estados Unidos, durante el asalto al Monte Porchia, entre Nápoles y Roma. Una historia oficial de la batalla indica que su unidad formaba parte de un destacamento "organizado a fines de año con el objetivo de tomar el objetivo ‘suicida’". Encontró una "fanática resistencia" y "fuego de artillería y morteros de una precisión tan devastadora que las tropas se vieron obligadas a retroceder".

En su mayor parte, los escritores de cartas que sobrevivieron la guerra han muerto. Pero un pequeño número de sus corresponsales vive todavía y recuerdan vívidamente sus contactos con ella.
A los 84, Edward Skvarna está jubilado en Covina, California. Pero en 1943 había terminado recién la secundaria en un pueblo maderero cerca de Pittsburgh, se había enrolado en la Fuerza Aérea del Ejército y estaba siguiendo adiestramiento en Kansas para ser un artillero de B-29 cuando conoció a Reed en una cantina de U.S.O. y le pidió un baile.
"Nunca había bailado con una celebridad, así que me sentía extasiado, inclusive privilegiado de conocerla", recordó Skvarna en una conferencia telefónica este mes. "Pero sentía que ella era como una chica de mi pueblo. Ella era de una comunidad más pequeña, y éramos más o menos de la misma edad, así que sentía que era una persona con la que podía hablar".
Enviado a Asia, Skvarna mantuvo una esporádica correspondencia con ella mientras hacía vuelos de reconocimiento. El 7 de mayo de 1945, desde Marianas, escribió que había recibido una carta suya que lo hizo "dar tumbos de alegría" y que había visitado el palacio de un rajá en India; también le envió fotos de sí mismo y le pidió una instantánea suya a cambio.
"Me sorprende que haya conservado tantas de esas cartas", dijo Skvarna. "Te dice algo sobre el tipo de persona que era".
Es difícil imaginar cómo impactaron esas cartas a Reed. "Sabía que tenía sus ideas sobre el país y participaba como una ciudadana preocupada", dijo Owen. Pero, agregó, su madre no hablaba sobre esas cartas. En 1942 Reed se quejó con una corresponsal de que "mi contribución para ganar la guerra no ha sido muy importante" y "me gustaría hacer algo más".
Sin embargo, más tarde en su vida Reed se convirtió en una ardiente activista antibélica. Durante la Guerra de Vietnam fue copresidente de la organización de 285 miembros llamada Another Mother for Peace y trabajó para el senador Eugene McCarthy en la candidatura presidencial de 1968. En su biografía, Fultz la cita diciendo que "esperaba con ansiedad la época en que ya no se podría enviar a chicos de diecinueve años a luchar las guerras de los viejos".

28 de mayo de 2009
24 de mayo de 2009
©new york times
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