el precio de una novia
[John Lancaster] Osadas mujeres indias rechazan cada vez más exigencias de parientes políticos.
Sayin, India. Ella llevaba un sari de seda roja. Él, un traje de hombre de negocios de color granate y un turbante dorado con blanco. Frente a varios cientos de invitados, se colocaron guirlandas de rosas y maravillas, luego sellaron su unión dando vueltas siete veces en torno a una fogata de madera de mango mientras un sacerdote hindú salmodiaba oraciones. Todos concordaron en que la boda fue espléndida.
Pero casi tan pronto como se apagaron las llamas, el matrimonio entre Keshav Sharma y su esposa, Pooja Pathak, se derrumbó en medio de feas recriminaciones.
Incluso aunque los Pathak habían pagado una importante dote -incluyendo una motocicleta y unos 700 dólares en rupias-, ni el novio ni su padre lo encontraron suficiente. Amar Sharma, el padre, declaró apenas dos horas después de la ceremonia el mes pasado que ellos no aceptarían a la joven en su casa a menos que llegara con una nueva televisión a colores y un reproductor de videos, de acuerdo a testigos y la policía.
Para Pooja, si no para sus padres, la exigencia rompía el compromiso.
"Si tu padre le dijera que tienes que comer estiércol de vaca, ¿lo comerías?", le gritó al avergonzado novio antes de decirle que se fuera al diablo. El padre y el hijo fueron acusados subsecuentemente de violar las leyes indias contra la dote.
Tales actos de desafío son raros en India, donde la dote y su lúgubre corolario -el asesinato de las jóvenes novias cuyas familias no logran reunir el botín necesario- sigue estando profundamente enraizada. Pero están siendo más frecuentes. El caso de Pooja fue el último en una serie de bien publicitados incidentes en los que las novias han rechazado las exigencias de dote, sugiriendo que algunas jóvenes están perdiendo la paciencia con la milenaria tradición hindú.
El más famoso de esos episodios ocurrió en 2003, cuando Nisha Sharma, una estudiante de informática de Nueva Deli, llamó a la policía a su boda después de que la familia del novio hiciera a última hora una petición de 25.000 en rupias, además del coche y los electrodomésticos que se les había prometido. La atrevida acción de Sharma le ganó la atención y el elogio mundial -entre otras cosas, inspiró un reclame de televisión para un popular producto de belleza- y prontos otras siguieron su ejemplo.
"Hay jóvenes educadas que se están levantando, y que quieren que otra gente sepa lo que están haciendo", dijo Brinda Karat, secretario general de la Asociación Democrática de Mujeres de India. "Casos como estos llaman la atención del público y causan un impacto".
Aunque la dote ha sido ilegal en India desde 1961, la lucha para erradicar la práctica ha ido cuesta arriba. A pesar de la publicidad generada por el caso de Sharma y otras como ella, la policía se muestra reticente a la hora de hacer cargos por dote, y las condenas son extremadamente raras, de acuerdo a Karat y otros expertos (el caso de Sharma está todavía en tribunales). Unas 6.000 son matadas al año -a menudo rociadas con queroseno y quemadas en "accidentes" de cocina montados- o acosadas hasta el suicidio por maridos y parientes políticos enfadados por peticiones de dote incumplidas, según datos del gobierno.
Un estudio de 2002 de la asociación de mujeres concluyó que la costumbre del pago de la novia, tradicionalmente de las castas superiores, se ha hecho dominante en India y se está extendiendo "a través de regiones, castas y comunidades", dijo Karat, que atribuye la tendencia al crecimiento del consumismo de la clase media. El estudio se basó en entrevistas con 10.000 personas en 18 de los 28 estados de India.
Excepto por su desenlace, las penurias de Pooja parecen haber seguido un esquema familiar.
Pequeña y delgada, Pooja, que está cursando su último año en la secundaria, se ve más joven que sus 18 años. Es la mayor de tres hermanos y nativa de Sayin, un pueblo agrícola de unas 200 familias justo en las afueras de la ciudad sagrada hindú de Varanasi -también conocida como Banaras-, a unos 580 kilómetros al sudeste de Nueva Deli, la capital. Su padre, Omkar Pathak, posee una pequeña tienda de areca, un estimulante suave.
Como la mayoría de los padres indios, Pathak y su esposa, Renu, consideraban que era su deber encontrar marido para sus hijas. El verano pasado, tras averiguar con amigos y parientes, encontraron un prometedor candidato en Keshav Sharma, un estudiante de ciencias políticas en la Universidad Hindú, donde su padre trabaja como jardinero.
Las familias acordaron reunirse en un templo, donde Pooja y su futuro marido pudieron hablar en privado durante unos tres minutos. "Yo pensé: Es una buena persona'", contó Pooja, que no volvería a ver a Keshav sino el día de su boda, siete meses más tarde. Además, agregó: "Era guapo".
La dote figuró prominentemente en las negociaciones entre las dos familias, de acuerdo Omkar Pathak. Al principio, dijo, los Sharma pidieron unos 1.200 dólares en rupias, así como una motocicleta Honda, un reloj, un anillo de oro, una televisión a color y un reproductor de video. Finalmente las familias acordaron la suma menor de 700 dólares y una marca más barata de motocicleta, y que la televisión a color y el reproductor de video serían entregados algunos meses después de la boda, dijo Pathak.
"El padre de la chica es un inútil", dijo. "Aunque el padre no cree en la dote, tiene que inclinarse, porque tiene que pensar en la felicidad de su hija".
La noche de la boda, las cosas parecían marchar bien. Luces de colores brillaban sobre el patio de tierra fuera de la modesta casa de los Pathak, y una banda de músicos saludaba la llegada de la procesión del novio. Más tarde, unos 500 invitados cenaron estofado de lentejas y salsa de tamarindo mientras los altavoces resonaban con canciones de Bollywood. Algunos invitados se alargaron en el ritual del fuego, que duró hasta las cuatro de la mañana, cuando la novia volvió a su casa y el novio y su familia se dirigieron a un residencia comunitaria cercana.
Dos horas más tarde, Keshav y su padre volvieron a recoger a Pooja y sus pertenencias, que ella empacó en cuatro maletas en preparación de la mudanza a casa de los Sharma al otro lado de la ciudad. Los padres de la novia sirvieron un desayuno ritual de yogur y confite de melaza. Pero los ánimos se agriaron pronto, dijo Renu Pathak, cuando el viejo Sharma y su hijo dejaron claro que esperaban que se les entregara una televisión y un reproductor de video en ese momento mismo.
Los padres de la novia trataron de conciliar, dijeron ellos y testigos. Juntando las manos en el gesto hindú de sumisión, dijeron que habían dado más de lo que podían y prometieron entregar los artículos adicionales tan pronto como pudieran.
Pero los Sharma no se apaciguaron. "El hijo dijo: No hemos pedido nada grande'", dijo Aparna Dwivedi, que dirige un grupo de bienestar social sin ánimos de lucro que emplea a Pooja como voluntario y había parado esa mañana en la aldea para darle los parabienes. "El padre del novio estaba parado ahí y usaba un lenguaje grosero y ofensivo".
Cuando el padre de la novia quiso subrayar su desesperación arrodillándose para tocar los pies del viejo Sharma, este le dio una patada, según el parte policial.
Pooja, que había estado escuchando desde el tejado, dijo que finalmente había decidido tomar el asunto en sus manos. Todavía con su sari matrimonial, corrió abajo a enfrentarse con su nuevo marido, que trató de culpar a su padre de la situación.
Pero Pooja no lo aceptaría. "Váyase de aquí", dijo que había declarado, amenazando con golpear a Keshav con un zapato. "Yo estaba muy enfadada", dijo. "Les habíamos dado tanto, y ellos todavía seguían con la boca abierta".
La rabia de Pooja tuvo un efecto galvanizador sobre sus padres. Incitados por sus parientes, decidieron que su hija y la dote no eran suficientemente buenas para los Sharma, entonces los dos hombres podían igualmente "tomar el aire en la cárcel", como dijo la madre de Pooja. Omkar Pathak llamó a la policía, que arrestó a los Sharma y los detuvo durante siete noches, después de lo cual fueron dejados en libertad bajo fianza.
En una entrevista reciente, Keshav, 22, dijo que los padres de la novia habían dado la motocicleta y el dinero de propia iniciativa, no como condición del matrimonio, y negó que él o su padre hubiesen insistido en los artículos adicionales. Dijo que todavía estaba perplejo sobre la causa de la discusión. "No sabemos qué pasó", dijo. "Mi padre no es un tipo al que demandarías".
El agente de policía V.K. Singh dijo que varios testigos independientes habían corroborado el relato de Pathak. El viejo Sharma, agregó, reconoció haber hecho las peticiones de dote a última hora cuando Sing habló con él la noche en que fue detenido.
A pesar de los cargos criminales que cuelgan sobre la familia, Keshav y su madre dijeron que seguían teniendo la esperanza de que Pooja se mudara a vivir con ellos. Eso parece poco probable. Por su coraje por hacer frente a la familia, ha sido festejada por grupos de mujeres, honrada por una universidad del estado y le han ofrecido un curso gratuito en un instituto de informática.
Además, dijo Pooja, "no quiero casarme ahora. Quiero terminar mis estudios".
Rama Lakshmi contribuyó a este reportaje.
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Pero casi tan pronto como se apagaron las llamas, el matrimonio entre Keshav Sharma y su esposa, Pooja Pathak, se derrumbó en medio de feas recriminaciones.
Incluso aunque los Pathak habían pagado una importante dote -incluyendo una motocicleta y unos 700 dólares en rupias-, ni el novio ni su padre lo encontraron suficiente. Amar Sharma, el padre, declaró apenas dos horas después de la ceremonia el mes pasado que ellos no aceptarían a la joven en su casa a menos que llegara con una nueva televisión a colores y un reproductor de videos, de acuerdo a testigos y la policía.
Para Pooja, si no para sus padres, la exigencia rompía el compromiso.
"Si tu padre le dijera que tienes que comer estiércol de vaca, ¿lo comerías?", le gritó al avergonzado novio antes de decirle que se fuera al diablo. El padre y el hijo fueron acusados subsecuentemente de violar las leyes indias contra la dote.
Tales actos de desafío son raros en India, donde la dote y su lúgubre corolario -el asesinato de las jóvenes novias cuyas familias no logran reunir el botín necesario- sigue estando profundamente enraizada. Pero están siendo más frecuentes. El caso de Pooja fue el último en una serie de bien publicitados incidentes en los que las novias han rechazado las exigencias de dote, sugiriendo que algunas jóvenes están perdiendo la paciencia con la milenaria tradición hindú.
El más famoso de esos episodios ocurrió en 2003, cuando Nisha Sharma, una estudiante de informática de Nueva Deli, llamó a la policía a su boda después de que la familia del novio hiciera a última hora una petición de 25.000 en rupias, además del coche y los electrodomésticos que se les había prometido. La atrevida acción de Sharma le ganó la atención y el elogio mundial -entre otras cosas, inspiró un reclame de televisión para un popular producto de belleza- y prontos otras siguieron su ejemplo.
"Hay jóvenes educadas que se están levantando, y que quieren que otra gente sepa lo que están haciendo", dijo Brinda Karat, secretario general de la Asociación Democrática de Mujeres de India. "Casos como estos llaman la atención del público y causan un impacto".
Aunque la dote ha sido ilegal en India desde 1961, la lucha para erradicar la práctica ha ido cuesta arriba. A pesar de la publicidad generada por el caso de Sharma y otras como ella, la policía se muestra reticente a la hora de hacer cargos por dote, y las condenas son extremadamente raras, de acuerdo a Karat y otros expertos (el caso de Sharma está todavía en tribunales). Unas 6.000 son matadas al año -a menudo rociadas con queroseno y quemadas en "accidentes" de cocina montados- o acosadas hasta el suicidio por maridos y parientes políticos enfadados por peticiones de dote incumplidas, según datos del gobierno.
Un estudio de 2002 de la asociación de mujeres concluyó que la costumbre del pago de la novia, tradicionalmente de las castas superiores, se ha hecho dominante en India y se está extendiendo "a través de regiones, castas y comunidades", dijo Karat, que atribuye la tendencia al crecimiento del consumismo de la clase media. El estudio se basó en entrevistas con 10.000 personas en 18 de los 28 estados de India.
Excepto por su desenlace, las penurias de Pooja parecen haber seguido un esquema familiar.
Pequeña y delgada, Pooja, que está cursando su último año en la secundaria, se ve más joven que sus 18 años. Es la mayor de tres hermanos y nativa de Sayin, un pueblo agrícola de unas 200 familias justo en las afueras de la ciudad sagrada hindú de Varanasi -también conocida como Banaras-, a unos 580 kilómetros al sudeste de Nueva Deli, la capital. Su padre, Omkar Pathak, posee una pequeña tienda de areca, un estimulante suave.
Como la mayoría de los padres indios, Pathak y su esposa, Renu, consideraban que era su deber encontrar marido para sus hijas. El verano pasado, tras averiguar con amigos y parientes, encontraron un prometedor candidato en Keshav Sharma, un estudiante de ciencias políticas en la Universidad Hindú, donde su padre trabaja como jardinero.
Las familias acordaron reunirse en un templo, donde Pooja y su futuro marido pudieron hablar en privado durante unos tres minutos. "Yo pensé: Es una buena persona'", contó Pooja, que no volvería a ver a Keshav sino el día de su boda, siete meses más tarde. Además, agregó: "Era guapo".
La dote figuró prominentemente en las negociaciones entre las dos familias, de acuerdo Omkar Pathak. Al principio, dijo, los Sharma pidieron unos 1.200 dólares en rupias, así como una motocicleta Honda, un reloj, un anillo de oro, una televisión a color y un reproductor de video. Finalmente las familias acordaron la suma menor de 700 dólares y una marca más barata de motocicleta, y que la televisión a color y el reproductor de video serían entregados algunos meses después de la boda, dijo Pathak.
"El padre de la chica es un inútil", dijo. "Aunque el padre no cree en la dote, tiene que inclinarse, porque tiene que pensar en la felicidad de su hija".
La noche de la boda, las cosas parecían marchar bien. Luces de colores brillaban sobre el patio de tierra fuera de la modesta casa de los Pathak, y una banda de músicos saludaba la llegada de la procesión del novio. Más tarde, unos 500 invitados cenaron estofado de lentejas y salsa de tamarindo mientras los altavoces resonaban con canciones de Bollywood. Algunos invitados se alargaron en el ritual del fuego, que duró hasta las cuatro de la mañana, cuando la novia volvió a su casa y el novio y su familia se dirigieron a un residencia comunitaria cercana.
Dos horas más tarde, Keshav y su padre volvieron a recoger a Pooja y sus pertenencias, que ella empacó en cuatro maletas en preparación de la mudanza a casa de los Sharma al otro lado de la ciudad. Los padres de la novia sirvieron un desayuno ritual de yogur y confite de melaza. Pero los ánimos se agriaron pronto, dijo Renu Pathak, cuando el viejo Sharma y su hijo dejaron claro que esperaban que se les entregara una televisión y un reproductor de video en ese momento mismo.
Los padres de la novia trataron de conciliar, dijeron ellos y testigos. Juntando las manos en el gesto hindú de sumisión, dijeron que habían dado más de lo que podían y prometieron entregar los artículos adicionales tan pronto como pudieran.
Pero los Sharma no se apaciguaron. "El hijo dijo: No hemos pedido nada grande'", dijo Aparna Dwivedi, que dirige un grupo de bienestar social sin ánimos de lucro que emplea a Pooja como voluntario y había parado esa mañana en la aldea para darle los parabienes. "El padre del novio estaba parado ahí y usaba un lenguaje grosero y ofensivo".
Cuando el padre de la novia quiso subrayar su desesperación arrodillándose para tocar los pies del viejo Sharma, este le dio una patada, según el parte policial.
Pooja, que había estado escuchando desde el tejado, dijo que finalmente había decidido tomar el asunto en sus manos. Todavía con su sari matrimonial, corrió abajo a enfrentarse con su nuevo marido, que trató de culpar a su padre de la situación.
Pero Pooja no lo aceptaría. "Váyase de aquí", dijo que había declarado, amenazando con golpear a Keshav con un zapato. "Yo estaba muy enfadada", dijo. "Les habíamos dado tanto, y ellos todavía seguían con la boca abierta".
La rabia de Pooja tuvo un efecto galvanizador sobre sus padres. Incitados por sus parientes, decidieron que su hija y la dote no eran suficientemente buenas para los Sharma, entonces los dos hombres podían igualmente "tomar el aire en la cárcel", como dijo la madre de Pooja. Omkar Pathak llamó a la policía, que arrestó a los Sharma y los detuvo durante siete noches, después de lo cual fueron dejados en libertad bajo fianza.
En una entrevista reciente, Keshav, 22, dijo que los padres de la novia habían dado la motocicleta y el dinero de propia iniciativa, no como condición del matrimonio, y negó que él o su padre hubiesen insistido en los artículos adicionales. Dijo que todavía estaba perplejo sobre la causa de la discusión. "No sabemos qué pasó", dijo. "Mi padre no es un tipo al que demandarías".
El agente de policía V.K. Singh dijo que varios testigos independientes habían corroborado el relato de Pathak. El viejo Sharma, agregó, reconoció haber hecho las peticiones de dote a última hora cuando Sing habló con él la noche en que fue detenido.
A pesar de los cargos criminales que cuelgan sobre la familia, Keshav y su madre dijeron que seguían teniendo la esperanza de que Pooja se mudara a vivir con ellos. Eso parece poco probable. Por su coraje por hacer frente a la familia, ha sido festejada por grupos de mujeres, honrada por una universidad del estado y le han ofrecido un curso gratuito en un instituto de informática.
Además, dijo Pooja, "no quiero casarme ahora. Quiero terminar mis estudios".
Rama Lakshmi contribuyó a este reportaje.
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
el corazón de juanes
[Teresa Wiltz] Heridas de la guerra y semillas de esperanza dan propósito y pasión a la música colombiana.
Se hicieron todos los deberes: Se calentó la garganta, gracias a un inhalador a vapor portátil. Habló con el presidente de la discográfica que vino desde Miami. Saludó a los fans y participó en un programa de encuentra y conoce'. Ahora, en el camerino del DAR Constitution Hall, Juanes tiene escalofríos, las luces se han atenuado, la comilona de frutas y platos de manjares sigue sin tocar. (Su regla: Nada de comida al menos ocho horas antes de actuar). Con la cabeza gacha, las manos en los bolsillos, se apoya contra el umbral de la puerta, contra un retrato del artista como un joven rockero, vestido con una traje de satino negro, una camisa verde-amarillo y sus característicos zapatos de lona. Siempre suavemente, canturrea sus ejercicios vocales, como un pájaro arrullando arriba y abajo de la escala.
En apenas unos minutos, se abrochará la guitarra y dará un paseo por el escenario, saludando con la mano y una sonrisa de lado. Durante dos horas, Juan Esteban Aristizabal -el equivalente colombiano de Bono- se retorcerá en el escenario a medida que se proyectan en las gigantes pantallas, escenas de guerra, desde Vietnam a Colombia. No son para él las coreografiadas maquinaciones de Ricky Martin, ni los meneos de Chayanne contra un fondo de bailarinas ligeras de ropas. El espectáculo es solamente él, su banda y su guitarra. Eso será suficiente para mantener a todo el mundo -barrigudos funcionarios, chicas curvilíneas, adolescentes con el pelo de punta- de pie, cantando con él, los cuerpos rebotando entre las olas rojas, amarillas y azules de la bandera colombiana. (Algunos las hacen ondear, otros las llevan puestas). Las mujeres subirán saltando al escenario, sólo para ser arrastradas abajo, primero las nalgas, por los hombres de la seguridad. Los padres sostendrán a sus tímidas hijitas frente a él. Él las tomará de la mano, haciéndolas girar y girar. La esposa del embajador colombiano (una gran fan) se dejará llevar por la fiebre, y se apretujará contra el borde del escenario, con las manos extendidas, mientras Juanes le canta:
Y es por ti . . .
Que me late mi corazón
Y es por ti . . . .
Que calma mi dolor
Sobre el dolor: Sí, para Juanes (una abreviatura de sus primeros dos nombres), la vida le va marcha arriba: El artista de 32 años acaba de terminar la primera parte de su gira por más de 40 ciudades de Estados Unidos; ganó nueve Grammys Latinos; tiene una relación feliz con su esposa, la actriz Karen Martínez; una hijita, Luna, y otra niña en camino. Ha cantado con Nelly Furtado, agraciado las páginas del último People, enganchó los auspicios de Pepsi y las entradas para sus conciertos se han agotado en casa y en el extranjero. (Divide su tiempo entre Miami y Medellín). En América Latina ya ha alcanzado el prestigio de una superestrella. En Estados Unidos, donde ha vendido cerca de un millón de discos-con un montón de textos en español- su popularidad está aumentando, como prueba el concierto agotado en el Madison Square Garden el 4 de marzo.
"Es uno de los espectáculos pop de más éxito de ventas en Estados Unidos y el mundo", dice Lelia Cobo, jefe de la oficina de Billboard Latino. "Es considerado como un artista estrella, absolutamente".
Juanes dice que no entiende completamente el asunto del rock. Personalmente, es un hombre de hablar suave, casi tímido. En el escenario, es el centro de los focos, sin sucumbir a la bravuconería exagerada.
"¿Por qué yo?", dice, dejándose caer en el sillón de su camerino y encogiéndose de hombros. "Me lo pregunto todo el tiempo. Nunca pensé que sería famoso".
"No soy nada más que otro músico de entre miles de Colombia. Pertenezco a un grupo de músicos que, antes que nada, aman la música y, en segundo lugar, quieren mostrar una visión diferente del mundo".
Estos son buenos, felices tiempos. Pero las épocas no tan felices, la tristeza, dan color a su vida y su arte. No hace mucho tiempo, como lo deja en evidencia la amargura de su primer álbum, Fíjate Bien (2001), era lo único que podía ver: tristeza, rabia, pena. Se había mudado de Colombia a Los Angeles en 1998 y estaba luchando por sobrevivir, extrañando su casa y enrabiado por lo que ocurría allá. Y allá podía pasar cualquier cosa, y a menudo pasa: Un amigo cercano fue matado a balazos en un cabaret. Los rebeldes secuestraron a su primo, exigieron dinero, recogieron el rescate y lo mataron de todos modos. Es, dice Juanes, una "historia demasiado común", apenas una víctima más de la guerra civil de 40 años que empapa de sangre a Colombia.
Sin embargo, dice Juanes, "ahora hay esperanza de que las cosas cambien. Y hay dudas de que cambie".
Y sobre la guerra: Figura prominentemente en la música de Juanes, que une el rock con los juguetones ritmos de la cumbia y el vallenato colombianos, junto con el sigiloso romance del tango y el melódico rapto de los Beatles. Incluso cuando está de cortejo, este es para los cansados de la vida. Su corazón no late solamente por el amor; late como un "cañón de metralleta". Dice que es apolítico (más sobre esto más adelante), pero sus letras giran tanto sobre armas como sobre rosas desde su primer éxito, Fíjate Bien, una canción sobre los peligros de las minas antipersonales, a Qué Pasa, de su último cedé, Mi Sangre. En Qué Pasa, como si fuera un Marvin Gaye latino, se pregunta: "¿Por qué será que hay tanta guerra? ¿Por qué será que hay tanta pena?"
"Mi música tiene que ver con las relaciones humanas, no sólo sobre los amantes, sino sobre el mundo, todo lo que te afecta todos los días", dice Juanes, en español, con el que se siente más cómodo que con el inglés. "Desde el profundo amor que le tengo a mi hija, a la rabia y la desesperación que me provoca la situación... No sólo en mi país, sino en cualquier parte en el mundo.
"La música es modo de descargar lo que te molesta. Y aunque cante sobre las cosas más difíciles, siempre hay optimismo. Hay una luz, hay un espíritu de esperanza".
"Ama a su país, y ha visto cómo era destruido en los últimos 20, 30 y 40 años", dice José Tillán, vicepresidente de Música y Talento para MTV América Latina. "Y le duele. Creo que con su música, quiere pagar al país donde creció".
Colombia ha producido una generosa cuota de talento musical, desde el rock crossover de la bilingüe Shakira a las variaciones de art house y alt-rock de los Aterciopelados al antiguo rey del vallenato y galán de telenovelas, Carlos Vives. Pero es Juanes el que está destinado a captar las mayores audiencias con una música estrictamente en español. Dice Tillán: "Un montón de gente en la industria lo toman como un caso de estudio y dicen: Me gustaría tener a alguien como Juanes en mi discográfica'... Él hace un fabuloso balance entre el arte y el comercio".
Por los hijos de mis hijos y los hijos de tus hijos a Dios le pido
Que mi pueblo no derrame tanta sangre y se levante
mi gente a Dios le pido...
A Dios Le Pido
Crecer en Medellín es conocer la violencia. Para Juanes, crecer en Medellín también significó conocer la música. Aprendió a tocar guitarra a los 7, siguiendo las enseñanzas de su padre (que murió de cáncer cuando Juanes tenía 25) y hermanos. Juntos, improvisaban en casa, tocando boleros, vallenatos, guascas y tangos. Pero sus gustos musicales cambiaron cuando era adolescente. A los 14 había descubierto el heavy metal, en particular Metallica, y con él, la rabia contra el sistema.
Juanes recuerda: "Me rebelé contra todo, contra mi legado, mi familia, para ser un radical del rock". Formó una banda metal y la llamó con el apropiado nombre de Ekhymosis, moratón. Pero después de 11 años de tocar en toda Colombia y grabar siete álbumes, desbandó al grupo. Quería encontrar su propio sonido, uno que expresara la herencia que antes había rechazado.
"Gasté tanto tiempo tratando de sonar como una banda norteamericana", dice, "y ¿para qué?"
Se mudó a Los Angeles para estar en el centro del universo del rock, pero estaba en la ruina y casi no hablaba inglés. Pasaba los días en Borders, sorbiendo café y enseñándose inglés a sí mismo leyendo el diccionario. No tenía dinero para comprarse uno propio, así que marcaba la página con un pedacito de papel para cuando volviera. Cuando no estaba dando vueltas en las librerías, repartía su cinta demo. Esperando.
"Fue una época muy difícil, muy oscura", dice. "Pero me fortaleció".
Fíjate Bien nació de esta experiencia, un álbum suavemente desesperado. En él, pudo refinar su melancolía, gracias a la colaboración del productor argentino, Gustavo Santaolalla, un totem de la escena del rock latino alternativo. Es una colaboración que dura hasta hoy. cuando conoció a Fernán Martínez, un colombiano que fue agente del par padre-hijo de superestrellas españolas, Julio y Enrique Iglesias.
"Juanes era el opuesto de Enrique Iglesias", dice Martínez con una sonrisa. "Era muy humilde".
"Era diferente en todos los sentidos. Y yo pensaba, ¿cómo vamos a lograr que lo toquen las radios latinas en Estados Unidos?"
Juanes no fue un éxito instantáneo. Fíjate Bien no se vendió muy bien -solamente 72.000 copias-, pero los Grammys Latinos de 2001 cambiaron todo eso.
"¡Siete nominaciones!", canta Martínez. "Yo esperaba tres o cuatro. Esos premios fueron nuestra arma más grande. Los usamos como llave para abrir la puerta. Y ahí es cuando su carrera despegó".
De acuerdo a Nielsen Soundcan, Juanes vendió casi un millón de discos en Estados Unidos. (No existe un sistema independiente para trazar las ventas internacionales). Un Día Normal>/i> se transformó en el más popular álbum del top latino de 2003 en Estados Unidos y siguió en el Top 10 más tiempo que cualquier otro álbum latino, ganándole a Juanes seis Grammys Latinos en dos años: álbum del año, disco del año, canción del año, mejor álbum solista de rock , y mejor canción de rock dos años consecutivos. Mi Sangre, que Juanes describe como su trabajo más apasionado, fue publicado en otoño pasado y fue uno del Top 10 de ventas del Billboard de 2004.
Juanes es raro en la música latina, dice Tillán, porque, como Bono, que se reúne con presidentes del mundo y ha sido nominado para el Premio Nobel de la Paz, es capaz de combinar el comentario social con el atractivo de la estrella de rock: Es el chico rockero sensible. Tiene la voz, un rico y seguro barítono, el producto de dos horas diarias de sesiones de práctica. Tiene los dedos, gracias a años de tocar la guitarra. (Es el único artista latino auspiciado por Fender). Y tiene la pinta: tatuajes que adornan sus músculos delgados; intensos ojos verdes mirando desde detrás de unas greñas negras. En el mundo de la música latina, dice Tillán, "hemos de algún modo destilado el talento en algo que atrae a las masas, pero sin contenido. Hay pocos artistas que son capaces de relacionarse con las masas y realmente decir algo".
Gran de parte de ese contenido se concentra en la paz -una paz que ha sido difícil de obtener durante décadas, en las que guerrilleros de izquierda, financiados por una infusión de pasta de los carteles de la droga, luchan contra el gobierno. En Estados Unidos no es usual ver a alguien que es un rebelde del rock, ponerse de lado del presidente. Pero en Colombia, la política tiene más matices, y es mucho más compleja. Juanes, dice Martínez, es amigo del presidente Álvaro Uribe: Fueron juntos a la misma escuela secundaria en Medellín. En el escenario, ha dedicado canciones a soldados y agentes de policía, y en 2003 dio un concierto para reunir fondos para los veteranos lisiados de Colombia, muchos de los cuales volvieron a casa sin brazos o piernas.
"Es apolítico", dice Cobo, de Billboard, nativo de Colombia. "No creo que se de derechas o de izquierdas, pero sí está a favor de la paz... Para todos los que somos de allá, nos entristece que las cosas no estén bien".
Los años han atenuado la rabia, y aunque Juanes dice que "el rock" influirá siempre en su sonido, su música ha evolucionado hacia un formato pop más amistoso. Sin embargo, todavía no ha conocido la pompa de la vida pop.
En una rueda de prensa de 2001, para anunciar sus primeras nominaciones al Grammy Laitno, dice Martínez, Juanes se apareció en zapatos de lona hediondos - y nada que ponerse. Sin tiempo que perder, Martínez metió los zapatos en el lavado y luego lo envió con los pies chapoteando en sus empapados zapatos.
"Lo más simpático de él", dice Martínez, "es que un genio y no lo sabe. Cree que lo que hace es fácil y que lo puede hacer cualquiera".
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
"
En apenas unos minutos, se abrochará la guitarra y dará un paseo por el escenario, saludando con la mano y una sonrisa de lado. Durante dos horas, Juan Esteban Aristizabal -el equivalente colombiano de Bono- se retorcerá en el escenario a medida que se proyectan en las gigantes pantallas, escenas de guerra, desde Vietnam a Colombia. No son para él las coreografiadas maquinaciones de Ricky Martin, ni los meneos de Chayanne contra un fondo de bailarinas ligeras de ropas. El espectáculo es solamente él, su banda y su guitarra. Eso será suficiente para mantener a todo el mundo -barrigudos funcionarios, chicas curvilíneas, adolescentes con el pelo de punta- de pie, cantando con él, los cuerpos rebotando entre las olas rojas, amarillas y azules de la bandera colombiana. (Algunos las hacen ondear, otros las llevan puestas). Las mujeres subirán saltando al escenario, sólo para ser arrastradas abajo, primero las nalgas, por los hombres de la seguridad. Los padres sostendrán a sus tímidas hijitas frente a él. Él las tomará de la mano, haciéndolas girar y girar. La esposa del embajador colombiano (una gran fan) se dejará llevar por la fiebre, y se apretujará contra el borde del escenario, con las manos extendidas, mientras Juanes le canta:
Y es por ti . . .
Que me late mi corazón
Y es por ti . . . .
Que calma mi dolor
Sobre el dolor: Sí, para Juanes (una abreviatura de sus primeros dos nombres), la vida le va marcha arriba: El artista de 32 años acaba de terminar la primera parte de su gira por más de 40 ciudades de Estados Unidos; ganó nueve Grammys Latinos; tiene una relación feliz con su esposa, la actriz Karen Martínez; una hijita, Luna, y otra niña en camino. Ha cantado con Nelly Furtado, agraciado las páginas del último People, enganchó los auspicios de Pepsi y las entradas para sus conciertos se han agotado en casa y en el extranjero. (Divide su tiempo entre Miami y Medellín). En América Latina ya ha alcanzado el prestigio de una superestrella. En Estados Unidos, donde ha vendido cerca de un millón de discos-con un montón de textos en español- su popularidad está aumentando, como prueba el concierto agotado en el Madison Square Garden el 4 de marzo.
"Es uno de los espectáculos pop de más éxito de ventas en Estados Unidos y el mundo", dice Lelia Cobo, jefe de la oficina de Billboard Latino. "Es considerado como un artista estrella, absolutamente".
Juanes dice que no entiende completamente el asunto del rock. Personalmente, es un hombre de hablar suave, casi tímido. En el escenario, es el centro de los focos, sin sucumbir a la bravuconería exagerada.
"¿Por qué yo?", dice, dejándose caer en el sillón de su camerino y encogiéndose de hombros. "Me lo pregunto todo el tiempo. Nunca pensé que sería famoso".
"No soy nada más que otro músico de entre miles de Colombia. Pertenezco a un grupo de músicos que, antes que nada, aman la música y, en segundo lugar, quieren mostrar una visión diferente del mundo".
Estos son buenos, felices tiempos. Pero las épocas no tan felices, la tristeza, dan color a su vida y su arte. No hace mucho tiempo, como lo deja en evidencia la amargura de su primer álbum, Fíjate Bien (2001), era lo único que podía ver: tristeza, rabia, pena. Se había mudado de Colombia a Los Angeles en 1998 y estaba luchando por sobrevivir, extrañando su casa y enrabiado por lo que ocurría allá. Y allá podía pasar cualquier cosa, y a menudo pasa: Un amigo cercano fue matado a balazos en un cabaret. Los rebeldes secuestraron a su primo, exigieron dinero, recogieron el rescate y lo mataron de todos modos. Es, dice Juanes, una "historia demasiado común", apenas una víctima más de la guerra civil de 40 años que empapa de sangre a Colombia.
Sin embargo, dice Juanes, "ahora hay esperanza de que las cosas cambien. Y hay dudas de que cambie".
Y sobre la guerra: Figura prominentemente en la música de Juanes, que une el rock con los juguetones ritmos de la cumbia y el vallenato colombianos, junto con el sigiloso romance del tango y el melódico rapto de los Beatles. Incluso cuando está de cortejo, este es para los cansados de la vida. Su corazón no late solamente por el amor; late como un "cañón de metralleta". Dice que es apolítico (más sobre esto más adelante), pero sus letras giran tanto sobre armas como sobre rosas desde su primer éxito, Fíjate Bien, una canción sobre los peligros de las minas antipersonales, a Qué Pasa, de su último cedé, Mi Sangre. En Qué Pasa, como si fuera un Marvin Gaye latino, se pregunta: "¿Por qué será que hay tanta guerra? ¿Por qué será que hay tanta pena?"
"Mi música tiene que ver con las relaciones humanas, no sólo sobre los amantes, sino sobre el mundo, todo lo que te afecta todos los días", dice Juanes, en español, con el que se siente más cómodo que con el inglés. "Desde el profundo amor que le tengo a mi hija, a la rabia y la desesperación que me provoca la situación... No sólo en mi país, sino en cualquier parte en el mundo.
"La música es modo de descargar lo que te molesta. Y aunque cante sobre las cosas más difíciles, siempre hay optimismo. Hay una luz, hay un espíritu de esperanza".
"Ama a su país, y ha visto cómo era destruido en los últimos 20, 30 y 40 años", dice José Tillán, vicepresidente de Música y Talento para MTV América Latina. "Y le duele. Creo que con su música, quiere pagar al país donde creció".
Colombia ha producido una generosa cuota de talento musical, desde el rock crossover de la bilingüe Shakira a las variaciones de art house y alt-rock de los Aterciopelados al antiguo rey del vallenato y galán de telenovelas, Carlos Vives. Pero es Juanes el que está destinado a captar las mayores audiencias con una música estrictamente en español. Dice Tillán: "Un montón de gente en la industria lo toman como un caso de estudio y dicen: Me gustaría tener a alguien como Juanes en mi discográfica'... Él hace un fabuloso balance entre el arte y el comercio".
Por los hijos de mis hijos y los hijos de tus hijos a Dios le pido
Que mi pueblo no derrame tanta sangre y se levante
mi gente a Dios le pido...
A Dios Le Pido
Crecer en Medellín es conocer la violencia. Para Juanes, crecer en Medellín también significó conocer la música. Aprendió a tocar guitarra a los 7, siguiendo las enseñanzas de su padre (que murió de cáncer cuando Juanes tenía 25) y hermanos. Juntos, improvisaban en casa, tocando boleros, vallenatos, guascas y tangos. Pero sus gustos musicales cambiaron cuando era adolescente. A los 14 había descubierto el heavy metal, en particular Metallica, y con él, la rabia contra el sistema.
Juanes recuerda: "Me rebelé contra todo, contra mi legado, mi familia, para ser un radical del rock". Formó una banda metal y la llamó con el apropiado nombre de Ekhymosis, moratón. Pero después de 11 años de tocar en toda Colombia y grabar siete álbumes, desbandó al grupo. Quería encontrar su propio sonido, uno que expresara la herencia que antes había rechazado.
"Gasté tanto tiempo tratando de sonar como una banda norteamericana", dice, "y ¿para qué?"
Se mudó a Los Angeles para estar en el centro del universo del rock, pero estaba en la ruina y casi no hablaba inglés. Pasaba los días en Borders, sorbiendo café y enseñándose inglés a sí mismo leyendo el diccionario. No tenía dinero para comprarse uno propio, así que marcaba la página con un pedacito de papel para cuando volviera. Cuando no estaba dando vueltas en las librerías, repartía su cinta demo. Esperando.
"Fue una época muy difícil, muy oscura", dice. "Pero me fortaleció".
Fíjate Bien nació de esta experiencia, un álbum suavemente desesperado. En él, pudo refinar su melancolía, gracias a la colaboración del productor argentino, Gustavo Santaolalla, un totem de la escena del rock latino alternativo. Es una colaboración que dura hasta hoy. cuando conoció a Fernán Martínez, un colombiano que fue agente del par padre-hijo de superestrellas españolas, Julio y Enrique Iglesias.
"Juanes era el opuesto de Enrique Iglesias", dice Martínez con una sonrisa. "Era muy humilde".
"Era diferente en todos los sentidos. Y yo pensaba, ¿cómo vamos a lograr que lo toquen las radios latinas en Estados Unidos?"
Juanes no fue un éxito instantáneo. Fíjate Bien no se vendió muy bien -solamente 72.000 copias-, pero los Grammys Latinos de 2001 cambiaron todo eso.
"¡Siete nominaciones!", canta Martínez. "Yo esperaba tres o cuatro. Esos premios fueron nuestra arma más grande. Los usamos como llave para abrir la puerta. Y ahí es cuando su carrera despegó".
De acuerdo a Nielsen Soundcan, Juanes vendió casi un millón de discos en Estados Unidos. (No existe un sistema independiente para trazar las ventas internacionales). Un Día Normal>/i> se transformó en el más popular álbum del top latino de 2003 en Estados Unidos y siguió en el Top 10 más tiempo que cualquier otro álbum latino, ganándole a Juanes seis Grammys Latinos en dos años: álbum del año, disco del año, canción del año, mejor álbum solista de rock , y mejor canción de rock dos años consecutivos. Mi Sangre, que Juanes describe como su trabajo más apasionado, fue publicado en otoño pasado y fue uno del Top 10 de ventas del Billboard de 2004.
Juanes es raro en la música latina, dice Tillán, porque, como Bono, que se reúne con presidentes del mundo y ha sido nominado para el Premio Nobel de la Paz, es capaz de combinar el comentario social con el atractivo de la estrella de rock: Es el chico rockero sensible. Tiene la voz, un rico y seguro barítono, el producto de dos horas diarias de sesiones de práctica. Tiene los dedos, gracias a años de tocar la guitarra. (Es el único artista latino auspiciado por Fender). Y tiene la pinta: tatuajes que adornan sus músculos delgados; intensos ojos verdes mirando desde detrás de unas greñas negras. En el mundo de la música latina, dice Tillán, "hemos de algún modo destilado el talento en algo que atrae a las masas, pero sin contenido. Hay pocos artistas que son capaces de relacionarse con las masas y realmente decir algo".
Gran de parte de ese contenido se concentra en la paz -una paz que ha sido difícil de obtener durante décadas, en las que guerrilleros de izquierda, financiados por una infusión de pasta de los carteles de la droga, luchan contra el gobierno. En Estados Unidos no es usual ver a alguien que es un rebelde del rock, ponerse de lado del presidente. Pero en Colombia, la política tiene más matices, y es mucho más compleja. Juanes, dice Martínez, es amigo del presidente Álvaro Uribe: Fueron juntos a la misma escuela secundaria en Medellín. En el escenario, ha dedicado canciones a soldados y agentes de policía, y en 2003 dio un concierto para reunir fondos para los veteranos lisiados de Colombia, muchos de los cuales volvieron a casa sin brazos o piernas.
"Es apolítico", dice Cobo, de Billboard, nativo de Colombia. "No creo que se de derechas o de izquierdas, pero sí está a favor de la paz... Para todos los que somos de allá, nos entristece que las cosas no estén bien".
Los años han atenuado la rabia, y aunque Juanes dice que "el rock" influirá siempre en su sonido, su música ha evolucionado hacia un formato pop más amistoso. Sin embargo, todavía no ha conocido la pompa de la vida pop.
En una rueda de prensa de 2001, para anunciar sus primeras nominaciones al Grammy Laitno, dice Martínez, Juanes se apareció en zapatos de lona hediondos - y nada que ponerse. Sin tiempo que perder, Martínez metió los zapatos en el lavado y luego lo envió con los pies chapoteando en sus empapados zapatos.
"Lo más simpático de él", dice Martínez, "es que un genio y no lo sabe. Cree que lo que hace es fácil y que lo puede hacer cualquiera".
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
"
sunníes llaman a las armas
[Thanassis Cambanis] Clérigos sunníes llaman a luchar contra chiíes y kurdos. Iraq al borde de la guerra civil.
Bagdad, Iraq. Por primera vez, jeques sunníes están llamando públicamente a sus seguidores a atacar con fuerza a kurdos étnicos y chiíes, una escalada en la retórica que podría exacerbar la violencia general que ya sacude las comunidades étnicas de Iraq.
"Los norteamericanos no son el problema; estamos viviendo bajo la ocupación de kurdos y chiíes, dijo Abdulhalik Adburahman, un líder sunní de la norteña ciudad de Kirkuk, a una asamblea de jefes tribales la semana parada, ante un ensordecedor aplauso. "Es hora de contraatacar".
Llamados similares a la violencia están siendo expresados contra el trasfondo de un alarmante aumento de la violencia étnica de ojo por diente y asesinatos sectarios.
De acuerdo a varios líderes iraquíes, escuadrones de la muerte chiíes matan rutinariamente a sunníes sospechosos de lazos con el Partido Baaz o con la resistencia. Grupos de sunníes atacan en venganza a los chiíes, dijeron líderes políticos sunníes como Adnan Pachachi, sugiriendo que son organizaciones importantes, y no pequeñas células aisladas de vigilantes, las que están detrás de los asesinatos.
Cada vez más términos como "resistencia" y "fuerzas anti-iraquíes", favoritas de los funcionarios estadounidenses aquí, no transmiten gran parte de lo que es la violencia. Políticos iraquíes dicen que la violencia más brutal es realizada por combatientes sunníes con chiíes y kurdos -tanto civiles como los que trabajan para las fuerzas de seguridad respaldadas por el gobierno iraquí.
Los sunníes han ahora empezado a referirse a un frente de resistencia casi exclusivamente sunní, al que llaman "patriotas árabes", que están realizando ataques de venganza contra la coalición chií-kurda que ha desplazado a la camarilla dominante sunní, hacia los márgenes de la política del país.
"Han habido un buen número de asesinatos de gente de la que se sospechaba que trabajaron para el antiguo régimen. Eso ha llevado a asesinatos de venganza", dijo Pachachi, cuya plataforma secular y laica opuesta a la violencia sectaria no logró generar apoyo popular tras las elecciones del 30 de enero. Ahora Pachachi está tratando de posicionarse a sí mismo como una figura unificadora para los grupos sunníes que se sienten excluidos del proceso político.
La semana pasada, los jeques sunníes llamaron abiertamente a los líderes tribales a prestar apoyo político y logístico a los combatientes sunníes trabados en lo que ven como una lucha necesaria para su supervivencia como minoría en Iraq. Los kurdos y chiíes, que juntos constituyen un 80 por ciento de la población de Iraq, temen que esas declaraciones fanáticas -y acciones- puedan provocar un estallido de matanzas étnicas que podrían desgarrar al estado iraquí.
"Nuestra dignidad es humillada todos los días en las áreas más problemáticas", dijo a la asamblea sunní el jeque Amash Awad al-Obeidi, jefe de 17.000 miembros de la tribu en Ramadi, exhortando a sus colegas jefes a concentrarse en la acción, y no en interminables reuniones políticas. "Estamos hundiéndonos en la sangre. Las palabras sobran".
Existe una enorme desconfianza entre los tres principales grupos étnicos -chiíes, kurdos y sunníes-, cada uno de ellos reivindicando cifras de población inverosímilmente altas.
Los jeques sunníes dicen que Irán envió millones de personas a cruzar la frontera haciéndose pasar por chiíes iraquíes para hinchar los totales de votación de los partidos islámicos chiíes durante las elecciones recientes. Los kurdos acusan a los sunníes en el norte de fraude, cometido para privar de derechos a cientos de miles de kurdos ansiosos de deshacerse de décadas de limpieza étnica' durante el régimen de Saddam Hussein, y vuelven a sus casas en lugares inestables, como la disputada ciudad de Kirkuk.
Los sunníes son acusados por kurdos y chiíes de fomentar la violencia en sus áreas y luego boicotear las elecciones, para poder exagerar la cuota de votos que dicen que habrían obtenido.
Todo dicho, la efervescente retórica aumenta la tensión que preocupa a los nacionalistas laicos como Pachachi, que calcula que han muerto miles de iraquíes en la espiral de asesinatos sectarios.
"Estos asuntos se pueden poner muy caóticos", dijo. "Lo peor que puede pasar en este país es tener un conflicto generalizado entre varias sectas. Tenemos que evitarlo cueste lo que cueste".
La mayor parte de la violencia étnica se ha concentrado en tres lugares: el área al sur de Bagdad conocida como el Triángulo de la Muerte', donde los asesinados son en su mayor parte chiíes; Kirkuk, la ciudad refinadora dividida entre kurdos, árabes y turcomanos, y donde los kurdos controlan la seguridad y los árabes los acusan de sembrar el terror; y Mosul, la ciudad norteña dividida entre kurdos y árabes, donde los cadáveres de árabes y kurdos asesinados aparecen en lugares públicos con alarmante regularidad.
Decenas de líderes comunitarios han sido asesinados en Mosul y Kirkuk. Los kurdos son especialmente sensibles frente a acusaciones de represión étnica, porque ellos fueron víctimas de la campaña de Anfal de Hussein en 1988, en la que murieron al menos 100.000 kurdos y fueron desplazados cientos de miles más.
Durante la década de los ochenta, el Partido Baaz desplazó sistemáticamente a los kurdos de Kirkuk con el fin de inclinar el balance étnico de la ciudad a favor de los árabes. Los kurdos ahora sólo apoyarán a un gobierno iraquí que prometa revertir la limpieza étnica' de Kirkuk -un tema explosivo para muchos árabes.
"Los kurdos piden Kirkuk. Más tarde empezarán a pedir Bagdad", dijo el jeque Abu D'ham, un jefe tribal sunní de Kirkuk que teme ser asesinado si se publica su nombre completo. "Fue Saddam Hussein el que dio demasiado a los kurdos, más de lo que merecían".
Más temprano que tarde, dijo, los árabes de la ciudad se rebelarán. "Habrá guerra".
Los sunníes se reunieron en Bagdad la semana pasada, de ciudades asoladas por la guerra como Mosul, Ramadi, Faluya y Samarra, para expresar una fuerte mezcla de rabia anti-norteamericana, rabia étnica y apoyo a la resistencia. Dos veces durante la asamblea, emisarios de los líderes chiíes trataron de hablar, y las dos veces fueron acallados.
"Usted es de una familia chií. ¿Por qué se mete en nuestros asuntos?", le dijo a un chií que trató de dirigirse a la asamblea el hombre en el podio, el jeque Mohammed Mahmoud al-Mudaris, un funcionarios del Partido Islámico Iraquí.
"Estupendo, como usted quiera, sunníes contra chiíes", dijo el chií cuando salía furiosamente del salón de conferencias. "Eso es exactamente lo que quieren los judíos".
Los sunníes también temen que cuando los partidos políticos chiíes se apoderen del gobierno, purgarán de las fuerzas de seguridad a los muchos sunníes que sienten simpatía hacia las tribus y la resistencia -una medida que, advierten, sólo inflamarán más a los sunníes.
Líderes chiíes como Adil Abdel-Mahdi, un importante funcionario del más poderoso partido chií, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq, han alentado esas preocupaciones con promesas de sacar a los infiltrados de la policía y fuerzas armadas iraquíes.
"Toda vez que encontremos una persona corrupta o peligrosa, la sacaremos de ahí. Eso no se ha hecho lo suficientemente", dijo Abdel-Mahdi.
La turbia división chií-sunní pueden involucrar a millones de personas. Todas las principales ciudades de Iraq, desde Basra hasta el sur, Bagdad, y Mosul al norte, tienen considerables poblaciones sunníes, chiíes y kurdas. Esto también se desarrolla contra el telón de fondo de un creciente cisma sunní-chií en todo el mundo árabe.
Desde que la caída del gobierno de Hussein abriera el camino para que la mayoría chií entrara en la política iraquí, en todo el mundo árabe los chiíes han actuado pidiendo más derechos, especialmente en países como Arabia Saudí y Bahrain.
En los últimos dos años, líderes chiíes de Iraq han atacado abiertamente a los gobiernos dirigidos por sunníes que se arrimaron al gobierno de Hussein y ahora guardan silencio sobre las constantes olas de ataques terroristas en Iraq. Jordania e Iraq incluso retiraron sus embajadores respectivos la semana pasada después de que se informara que el terrorista kamikaze que mató a 125 chiíes en febrero era jordano.
"¿Nos matan en Mosul, en Bagdad y en todas partes y nadie dice nada en el mundo árabe?", preguntó en las oraciones del viernes el imán chií de la mezquita de Boratha, en Bagdad, Jalaluddin al-Saghir.
Tras el servicio, un grupo de hombres chiíes discutieron las perspectivas de una guerra étnica más amplia en Iraq.
"Hemos vivido pacíficamente durante muchos años, pero ahora ha empezado el conflicto", dijo Ali al-Dabagh, un ingeniero de 40 años. "Tenemos dirigentes sabios en los dos lados. Están tratando de calmar las cosas, y tenemos la esperanza de que no se descontrolen".
Junto a él, Jalal A'ati Sahaib, 44, taxista, culpó de los asesinatos intestinos a los extranjeros. Pero luego agregó: "Un día, el lado contrario lo dejará. Se cansarán de los asesinatos. Se darán cuenta de la paciencia que tenemos".
Dabagh agregó: "Ojalá que esto no termine en una guerra civil".
Shamil Aziz contribuyó desde Baghdad.
Al autor se puede escribir a: tcambanis@globe.com
29 de marzo de 2005
©boston globe
©traducción mQh
"
Bagdad, Iraq. Por primera vez, jeques sunníes están llamando públicamente a sus seguidores a atacar con fuerza a kurdos étnicos y chiíes, una escalada en la retórica que podría exacerbar la violencia general que ya sacude las comunidades étnicas de Iraq."Los norteamericanos no son el problema; estamos viviendo bajo la ocupación de kurdos y chiíes, dijo Abdulhalik Adburahman, un líder sunní de la norteña ciudad de Kirkuk, a una asamblea de jefes tribales la semana parada, ante un ensordecedor aplauso. "Es hora de contraatacar".
Llamados similares a la violencia están siendo expresados contra el trasfondo de un alarmante aumento de la violencia étnica de ojo por diente y asesinatos sectarios.
De acuerdo a varios líderes iraquíes, escuadrones de la muerte chiíes matan rutinariamente a sunníes sospechosos de lazos con el Partido Baaz o con la resistencia. Grupos de sunníes atacan en venganza a los chiíes, dijeron líderes políticos sunníes como Adnan Pachachi, sugiriendo que son organizaciones importantes, y no pequeñas células aisladas de vigilantes, las que están detrás de los asesinatos.
Cada vez más términos como "resistencia" y "fuerzas anti-iraquíes", favoritas de los funcionarios estadounidenses aquí, no transmiten gran parte de lo que es la violencia. Políticos iraquíes dicen que la violencia más brutal es realizada por combatientes sunníes con chiíes y kurdos -tanto civiles como los que trabajan para las fuerzas de seguridad respaldadas por el gobierno iraquí.
Los sunníes han ahora empezado a referirse a un frente de resistencia casi exclusivamente sunní, al que llaman "patriotas árabes", que están realizando ataques de venganza contra la coalición chií-kurda que ha desplazado a la camarilla dominante sunní, hacia los márgenes de la política del país.
"Han habido un buen número de asesinatos de gente de la que se sospechaba que trabajaron para el antiguo régimen. Eso ha llevado a asesinatos de venganza", dijo Pachachi, cuya plataforma secular y laica opuesta a la violencia sectaria no logró generar apoyo popular tras las elecciones del 30 de enero. Ahora Pachachi está tratando de posicionarse a sí mismo como una figura unificadora para los grupos sunníes que se sienten excluidos del proceso político.
La semana pasada, los jeques sunníes llamaron abiertamente a los líderes tribales a prestar apoyo político y logístico a los combatientes sunníes trabados en lo que ven como una lucha necesaria para su supervivencia como minoría en Iraq. Los kurdos y chiíes, que juntos constituyen un 80 por ciento de la población de Iraq, temen que esas declaraciones fanáticas -y acciones- puedan provocar un estallido de matanzas étnicas que podrían desgarrar al estado iraquí.
"Nuestra dignidad es humillada todos los días en las áreas más problemáticas", dijo a la asamblea sunní el jeque Amash Awad al-Obeidi, jefe de 17.000 miembros de la tribu en Ramadi, exhortando a sus colegas jefes a concentrarse en la acción, y no en interminables reuniones políticas. "Estamos hundiéndonos en la sangre. Las palabras sobran".
Existe una enorme desconfianza entre los tres principales grupos étnicos -chiíes, kurdos y sunníes-, cada uno de ellos reivindicando cifras de población inverosímilmente altas.
Los jeques sunníes dicen que Irán envió millones de personas a cruzar la frontera haciéndose pasar por chiíes iraquíes para hinchar los totales de votación de los partidos islámicos chiíes durante las elecciones recientes. Los kurdos acusan a los sunníes en el norte de fraude, cometido para privar de derechos a cientos de miles de kurdos ansiosos de deshacerse de décadas de limpieza étnica' durante el régimen de Saddam Hussein, y vuelven a sus casas en lugares inestables, como la disputada ciudad de Kirkuk.
Los sunníes son acusados por kurdos y chiíes de fomentar la violencia en sus áreas y luego boicotear las elecciones, para poder exagerar la cuota de votos que dicen que habrían obtenido.
Todo dicho, la efervescente retórica aumenta la tensión que preocupa a los nacionalistas laicos como Pachachi, que calcula que han muerto miles de iraquíes en la espiral de asesinatos sectarios.
"Estos asuntos se pueden poner muy caóticos", dijo. "Lo peor que puede pasar en este país es tener un conflicto generalizado entre varias sectas. Tenemos que evitarlo cueste lo que cueste".
La mayor parte de la violencia étnica se ha concentrado en tres lugares: el área al sur de Bagdad conocida como el Triángulo de la Muerte', donde los asesinados son en su mayor parte chiíes; Kirkuk, la ciudad refinadora dividida entre kurdos, árabes y turcomanos, y donde los kurdos controlan la seguridad y los árabes los acusan de sembrar el terror; y Mosul, la ciudad norteña dividida entre kurdos y árabes, donde los cadáveres de árabes y kurdos asesinados aparecen en lugares públicos con alarmante regularidad.
Decenas de líderes comunitarios han sido asesinados en Mosul y Kirkuk. Los kurdos son especialmente sensibles frente a acusaciones de represión étnica, porque ellos fueron víctimas de la campaña de Anfal de Hussein en 1988, en la que murieron al menos 100.000 kurdos y fueron desplazados cientos de miles más.
Durante la década de los ochenta, el Partido Baaz desplazó sistemáticamente a los kurdos de Kirkuk con el fin de inclinar el balance étnico de la ciudad a favor de los árabes. Los kurdos ahora sólo apoyarán a un gobierno iraquí que prometa revertir la limpieza étnica' de Kirkuk -un tema explosivo para muchos árabes.
"Los kurdos piden Kirkuk. Más tarde empezarán a pedir Bagdad", dijo el jeque Abu D'ham, un jefe tribal sunní de Kirkuk que teme ser asesinado si se publica su nombre completo. "Fue Saddam Hussein el que dio demasiado a los kurdos, más de lo que merecían".
Más temprano que tarde, dijo, los árabes de la ciudad se rebelarán. "Habrá guerra".
Los sunníes se reunieron en Bagdad la semana pasada, de ciudades asoladas por la guerra como Mosul, Ramadi, Faluya y Samarra, para expresar una fuerte mezcla de rabia anti-norteamericana, rabia étnica y apoyo a la resistencia. Dos veces durante la asamblea, emisarios de los líderes chiíes trataron de hablar, y las dos veces fueron acallados.
"Usted es de una familia chií. ¿Por qué se mete en nuestros asuntos?", le dijo a un chií que trató de dirigirse a la asamblea el hombre en el podio, el jeque Mohammed Mahmoud al-Mudaris, un funcionarios del Partido Islámico Iraquí.
"Estupendo, como usted quiera, sunníes contra chiíes", dijo el chií cuando salía furiosamente del salón de conferencias. "Eso es exactamente lo que quieren los judíos".
Los sunníes también temen que cuando los partidos políticos chiíes se apoderen del gobierno, purgarán de las fuerzas de seguridad a los muchos sunníes que sienten simpatía hacia las tribus y la resistencia -una medida que, advierten, sólo inflamarán más a los sunníes.
Líderes chiíes como Adil Abdel-Mahdi, un importante funcionario del más poderoso partido chií, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq, han alentado esas preocupaciones con promesas de sacar a los infiltrados de la policía y fuerzas armadas iraquíes.
"Toda vez que encontremos una persona corrupta o peligrosa, la sacaremos de ahí. Eso no se ha hecho lo suficientemente", dijo Abdel-Mahdi.
La turbia división chií-sunní pueden involucrar a millones de personas. Todas las principales ciudades de Iraq, desde Basra hasta el sur, Bagdad, y Mosul al norte, tienen considerables poblaciones sunníes, chiíes y kurdas. Esto también se desarrolla contra el telón de fondo de un creciente cisma sunní-chií en todo el mundo árabe.
Desde que la caída del gobierno de Hussein abriera el camino para que la mayoría chií entrara en la política iraquí, en todo el mundo árabe los chiíes han actuado pidiendo más derechos, especialmente en países como Arabia Saudí y Bahrain.
En los últimos dos años, líderes chiíes de Iraq han atacado abiertamente a los gobiernos dirigidos por sunníes que se arrimaron al gobierno de Hussein y ahora guardan silencio sobre las constantes olas de ataques terroristas en Iraq. Jordania e Iraq incluso retiraron sus embajadores respectivos la semana pasada después de que se informara que el terrorista kamikaze que mató a 125 chiíes en febrero era jordano.
"¿Nos matan en Mosul, en Bagdad y en todas partes y nadie dice nada en el mundo árabe?", preguntó en las oraciones del viernes el imán chií de la mezquita de Boratha, en Bagdad, Jalaluddin al-Saghir.
Tras el servicio, un grupo de hombres chiíes discutieron las perspectivas de una guerra étnica más amplia en Iraq.
"Hemos vivido pacíficamente durante muchos años, pero ahora ha empezado el conflicto", dijo Ali al-Dabagh, un ingeniero de 40 años. "Tenemos dirigentes sabios en los dos lados. Están tratando de calmar las cosas, y tenemos la esperanza de que no se descontrolen".
Junto a él, Jalal A'ati Sahaib, 44, taxista, culpó de los asesinatos intestinos a los extranjeros. Pero luego agregó: "Un día, el lado contrario lo dejará. Se cansarán de los asesinatos. Se darán cuenta de la paciencia que tenemos".
Dabagh agregó: "Ojalá que esto no termine en una guerra civil".
Shamil Aziz contribuyó desde Baghdad.
Al autor se puede escribir a: tcambanis@globe.com
29 de marzo de 2005
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©traducción mQh
"
prisioneros fantasmas
Documentos del Ejército arrojan luz sobre sobre fantasmas de la CIA'. Sistemático ocultamiento de detenidos.
Importantes funcionarios del ministerio de Defensa describieron la práctica de la CIA de ocultar a detenidos no inscritos en la cárcel de Abu Ghraib como ad hoc y no autorizada, pero una revisión de documentos del Ejército muestra que el programa de prisioneros fantasmas' de la agencia era sistemático y era conocido por tres altos funcionarios de la inteligencia en Iraq.
Investigaciones del Ejército y del Pentágono han reconocido un número limitado de prisioneros fantasmas, pero más de una docena de documentos y declaraciones en la investigación obtenidas por el Washington Post muestran que detenidos no inscritos de la CIA fueron llevados varias veces a la semana a Abu Ghraib a fines de 2003 y que eran ocultados en un pabellón especial de celdas. Soldados de la policía militar idearon un rudimentario sistema para trazar a esos detenidos con un solo dígito de identificación, mientras otros eran apartados sin nombre, sin registrarlos y sin que nadie se hiciera responsable.
Los documentos muestran que el general de más alto rango en Iraq en la época reconoció que su más importante agente de inteligencia estaba al tanto de que la CIA estaba usando las celdas de Abu Ghraib, una política que el general paró abruptamente cuando surgieron preguntas.
Operativos de la CIA empezaron a buscar un lugar central donde colocar a los detenidos capturados durante las misiones secretas en Iraq a mediados de 2003, y una temprana opción fue el Campo Cropper, de máxima seguridad, cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad, donde los agentes de la CIA esperaban depositar a algunos de sus prisioneros sin registrar sus nombres. El teniente coronel Ronald G. Chew, el comandante de la policía militar aquí, dijo más tarde a investigadores que él "se opuso a la práctica" y despidió a los operativos.
En lugar de eso, según los documentos, la CIA optó rápidamente por Abu Ghraib, entonces un recinto polvoriento y destartalado en las afueras de Bagdad, que estaba programado para transformarse en el centro central de detención de Estados Unidos durante la guerra.
De acuerdos a testimonios recogidos por los investigadores de soldados y agentes que trabajaron en la cárcel, una corriente de prisioneros fantasmas empezó a llegar en septiembre de 2003, después de que agentes de la inteligencia militar y la CIA llegaran a un acuerdo que impediría que el Comité Internacional de la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias se enteraran de que existían esos detenidos. Los documentos de la pesquisa muestran que el coronel Thomas M. Pappas y el teniente coronel Steven L. Jordan, los dos más importantes agentes de la inteligencia militar en la cárcel, participaron en reuniones con la CIA sobre cómo manejar a los detenidos de la agencia.
Pappas y Jordan están todavía siendo investigados, y oficiales del Ejército dijeron que creen que una decisión sobre cómo castigarlos se tomará a fines de mes.
La mantención de prisioneros fantasmas fue severamente criticada por investigadores del Ejército que examinaron los abusos en la cárcel, y grupos de derechos humanos condenaron la práctica. La Cruz Roja inspecciona regularmente las cárceles y se supone que tiene acceso a todos los reclusos para cerciorarse de que se protegen sus derechos.
La más reciente revisión del Pentágono sobre los abusos a los detenidos fue dada a conocer este mes por el vice-almirante Albert T. Church, que dijo a los reporteros que su pesquisa encontró 30 casos en que los detenidos fueran mantenidos fuera de los libros, incluyendo a uno que fue detenido en secreto durante 45 días.
De acuerdo a declaraciones de la investigación de algunos soldados, esos detenidos eran dejados en celdas de aislamiento durante semanas sin ser interrogados, eran a veces inscritos bajo nombres falsos y esencialmente hechos desaparecer, y las reglas que se aplicaban a miles de otros detenidos, no se aplicaban a ellos.
El teniente general Ricardo S. Sánchez, el oficial del Ejército de mayor rango en Iraq en esa época, dijo al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado en la primavera pasada que no existía un sistema para mantener a esos detenidos en Abu Ghraib, pero más tarde reconoció dos casos en que eso había ocurrido, incluyendo uno en el que un detenido murió durante su detención y otro que fue mantenido sin ser inscrito a petición del ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld.
En una declaración del 1 de septiembre de 2004, sin embargo, Sánchez dijo que se había enterado después del juicio de que había un "acuerdo entre oficiales del mando" que permitía a los prisioneros fantasmas de "otra agencia del gobierno" OGA, un código para la CIA. Dijo en la declaración que el general de brigada Barbara Fast, su más importante oficial de inteligencia en Iraq, "había sido informada de las celdas asignadas para uso de la "otra agencia del gobierno". "Fast ha sido exculpada de mala conducta en las investigaciones de Abu Ghraib y la última semana asumió el mando del Centro de Inteligencia del Ejército de Estados Unidos en Fort Huachuca, Arizona".
"Ahora sé que no había ningún procedimiento para tratar propiamente y asignar a esos individuos un ISN [número serial de detenidos]", dijo Sánchez, de acuerdo a una transcripción de la declaración obtenida por el Post. "Y cuando nos dimos cuenta, lo solucionamos".
Uno de los incidentes más altamente publicitados en Abu Ghraib fue la muerte de un detenido no registrado de la CIA en una ducha, en noviembre de 2003. Otro caso que, se dice, también llamó la atención de Sánchez, es el de tres saudíes que la CIA introdujo en Abu Ghraib bajo nombres falsos.
En uno de las varias pesquisas del Pentágono sobre los maltratos a prisioneros, el general de división del Ejército, George Fay, informó en agosto pasado que tres empleados de un hospital habían sido detenidos por la CIA. El gobierno saudí pidió a Estados Unidos si tenía a esos empleados en la cárcel, pero le dijeron que no debido a que no habían sido registrados con sus nombres verdaderos.
Una declaración de los investigadores proporcionó más detalles. Darius Khaghani, jefe de las operaciones de interrogatorio bajo el mando de Sánchez, dijo que se había transformado en una "situación muy política". Semanas después, dijo, las peticiones para ubicar a ciudadanos saudíes provinieron de L. Paul Bremer, el embajador de Estados Unidos en Riyad y luego del despacho del ministro de Asuntos Exteriores, Colin L. Powell.
Finalmente, los soldados "sugirieron interrogar a los tres detenidos" que habían sido llevados a la prisión por la CIA, "incluso aunque habían sido ingresados bajo otros nombres", dijo Khaghani. "En poco tiempo, los tres fueron liberados y trasladados a Arabia Saudí en un avión de la CIA y más tarde oí que el jefe de estación fue relevado por este asunto y llamado de vuelta a Washington".
La semana pasada un funcionario de inteligencia rechazó la acusación de que el jefe de estación hubiera sido relevado por esa razón, y dijo que el cambio fue hecho para incorporar a una persona con más experiencia.
Nail Jubeir, portavoz de la embajada saudí en Washington, dijo que cuando los funcionarios saudíes hacían infructuosas peticiones para localizar a los tres hombres, enfatizaron que se trataba de trabajadores humanitarios que estaban ayudando a la coalición. "Es siempre preocupante que se detenga a ciudadanos bajo nombres falsos", dijo Jubeir. "Tomó tiempo obtener su liberación".
Los documentos de la investigación mostraron que varios soldados y contratistas civiles informaron haber visto a prisioneros fantasmas y que estaban confundidos acerca de su condición y las reglas que debían aplicárseles.
Luke Olander, un analista civil de la inteligencia, dijo: "Teníamos informes de inteligencia sobre un detenido en particular y el informe mostraba que no lo teníamos en nuestra instalación, pero estaba ahí". El especialista John Harold Ketzer, un interrogador, dijo que los fantasmas eran "prohibidos a los interrogadores del Ejército", y que "algunos detenidos OGA han esperado meses antes de que los interrogadores del OGA los interrogaran, violando el límite de aislamiento de 30 días".
El capitán Carolyn Wood, agente militar de inteligencia a cargo de los interrogatorios en Abu Ghraub, dijo a los investigadores que ella fue uno de los pocos que objetó que la CIA usara su instalación para "hacer pasar la noche" a prisioneros no ingresados y que había mostrado su "desaprobación" a Pappas y Jordan. "Pero no se me tomó en cuenta", dijo, y los prisioneros fantasmas continuaron llegando hasta su partida el 4 de diciembre de 2003.
El jefe oficial técnico John D. Graham, miembro del 519 Batallón de Inteligencia Militar, dijo a los investigadores que "la OGA [CIA] tenía lo que llamamos detenidos fantasmas que estaban escondidos' u ocultos en nuestra instalación", y agregó que él también se opuso a la práctica.
Jordan, en su declaración ante los investigadores, dijo que había un memorándum de entendimiento entre su unidad y la OGA' para organizar la retención de detenidos llevados por la CIA y el Destacamento Especial 1-21, una unidad secreta de Operaciones Especiales. Dijo que ellos "dejaban encargado a un detenido dos o tres veces a la semana".
Pappas dijo a los investigadores que él inicialmente "tenía preocupaciones sobre el acuerdo" y preguntó al coronel Steven Boltz, entonces el segundo oficial de inteligencia militar en rango en Iraq, si continuarían recibiendo a prisioneros fantasmas. "Nos traían prisioneros sin notificarnos".
24 de marzo de 2005
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
"
Investigaciones del Ejército y del Pentágono han reconocido un número limitado de prisioneros fantasmas, pero más de una docena de documentos y declaraciones en la investigación obtenidas por el Washington Post muestran que detenidos no inscritos de la CIA fueron llevados varias veces a la semana a Abu Ghraib a fines de 2003 y que eran ocultados en un pabellón especial de celdas. Soldados de la policía militar idearon un rudimentario sistema para trazar a esos detenidos con un solo dígito de identificación, mientras otros eran apartados sin nombre, sin registrarlos y sin que nadie se hiciera responsable.
Los documentos muestran que el general de más alto rango en Iraq en la época reconoció que su más importante agente de inteligencia estaba al tanto de que la CIA estaba usando las celdas de Abu Ghraib, una política que el general paró abruptamente cuando surgieron preguntas.
Operativos de la CIA empezaron a buscar un lugar central donde colocar a los detenidos capturados durante las misiones secretas en Iraq a mediados de 2003, y una temprana opción fue el Campo Cropper, de máxima seguridad, cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad, donde los agentes de la CIA esperaban depositar a algunos de sus prisioneros sin registrar sus nombres. El teniente coronel Ronald G. Chew, el comandante de la policía militar aquí, dijo más tarde a investigadores que él "se opuso a la práctica" y despidió a los operativos.
En lugar de eso, según los documentos, la CIA optó rápidamente por Abu Ghraib, entonces un recinto polvoriento y destartalado en las afueras de Bagdad, que estaba programado para transformarse en el centro central de detención de Estados Unidos durante la guerra.
De acuerdos a testimonios recogidos por los investigadores de soldados y agentes que trabajaron en la cárcel, una corriente de prisioneros fantasmas empezó a llegar en septiembre de 2003, después de que agentes de la inteligencia militar y la CIA llegaran a un acuerdo que impediría que el Comité Internacional de la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias se enteraran de que existían esos detenidos. Los documentos de la pesquisa muestran que el coronel Thomas M. Pappas y el teniente coronel Steven L. Jordan, los dos más importantes agentes de la inteligencia militar en la cárcel, participaron en reuniones con la CIA sobre cómo manejar a los detenidos de la agencia.
Pappas y Jordan están todavía siendo investigados, y oficiales del Ejército dijeron que creen que una decisión sobre cómo castigarlos se tomará a fines de mes.
La mantención de prisioneros fantasmas fue severamente criticada por investigadores del Ejército que examinaron los abusos en la cárcel, y grupos de derechos humanos condenaron la práctica. La Cruz Roja inspecciona regularmente las cárceles y se supone que tiene acceso a todos los reclusos para cerciorarse de que se protegen sus derechos.
La más reciente revisión del Pentágono sobre los abusos a los detenidos fue dada a conocer este mes por el vice-almirante Albert T. Church, que dijo a los reporteros que su pesquisa encontró 30 casos en que los detenidos fueran mantenidos fuera de los libros, incluyendo a uno que fue detenido en secreto durante 45 días.
De acuerdo a declaraciones de la investigación de algunos soldados, esos detenidos eran dejados en celdas de aislamiento durante semanas sin ser interrogados, eran a veces inscritos bajo nombres falsos y esencialmente hechos desaparecer, y las reglas que se aplicaban a miles de otros detenidos, no se aplicaban a ellos.
El teniente general Ricardo S. Sánchez, el oficial del Ejército de mayor rango en Iraq en esa época, dijo al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado en la primavera pasada que no existía un sistema para mantener a esos detenidos en Abu Ghraib, pero más tarde reconoció dos casos en que eso había ocurrido, incluyendo uno en el que un detenido murió durante su detención y otro que fue mantenido sin ser inscrito a petición del ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld.
En una declaración del 1 de septiembre de 2004, sin embargo, Sánchez dijo que se había enterado después del juicio de que había un "acuerdo entre oficiales del mando" que permitía a los prisioneros fantasmas de "otra agencia del gobierno" OGA, un código para la CIA. Dijo en la declaración que el general de brigada Barbara Fast, su más importante oficial de inteligencia en Iraq, "había sido informada de las celdas asignadas para uso de la "otra agencia del gobierno". "Fast ha sido exculpada de mala conducta en las investigaciones de Abu Ghraib y la última semana asumió el mando del Centro de Inteligencia del Ejército de Estados Unidos en Fort Huachuca, Arizona".
"Ahora sé que no había ningún procedimiento para tratar propiamente y asignar a esos individuos un ISN [número serial de detenidos]", dijo Sánchez, de acuerdo a una transcripción de la declaración obtenida por el Post. "Y cuando nos dimos cuenta, lo solucionamos".
Uno de los incidentes más altamente publicitados en Abu Ghraib fue la muerte de un detenido no registrado de la CIA en una ducha, en noviembre de 2003. Otro caso que, se dice, también llamó la atención de Sánchez, es el de tres saudíes que la CIA introdujo en Abu Ghraib bajo nombres falsos.
En uno de las varias pesquisas del Pentágono sobre los maltratos a prisioneros, el general de división del Ejército, George Fay, informó en agosto pasado que tres empleados de un hospital habían sido detenidos por la CIA. El gobierno saudí pidió a Estados Unidos si tenía a esos empleados en la cárcel, pero le dijeron que no debido a que no habían sido registrados con sus nombres verdaderos.
Una declaración de los investigadores proporcionó más detalles. Darius Khaghani, jefe de las operaciones de interrogatorio bajo el mando de Sánchez, dijo que se había transformado en una "situación muy política". Semanas después, dijo, las peticiones para ubicar a ciudadanos saudíes provinieron de L. Paul Bremer, el embajador de Estados Unidos en Riyad y luego del despacho del ministro de Asuntos Exteriores, Colin L. Powell.
Finalmente, los soldados "sugirieron interrogar a los tres detenidos" que habían sido llevados a la prisión por la CIA, "incluso aunque habían sido ingresados bajo otros nombres", dijo Khaghani. "En poco tiempo, los tres fueron liberados y trasladados a Arabia Saudí en un avión de la CIA y más tarde oí que el jefe de estación fue relevado por este asunto y llamado de vuelta a Washington".
La semana pasada un funcionario de inteligencia rechazó la acusación de que el jefe de estación hubiera sido relevado por esa razón, y dijo que el cambio fue hecho para incorporar a una persona con más experiencia.
Nail Jubeir, portavoz de la embajada saudí en Washington, dijo que cuando los funcionarios saudíes hacían infructuosas peticiones para localizar a los tres hombres, enfatizaron que se trataba de trabajadores humanitarios que estaban ayudando a la coalición. "Es siempre preocupante que se detenga a ciudadanos bajo nombres falsos", dijo Jubeir. "Tomó tiempo obtener su liberación".
Los documentos de la investigación mostraron que varios soldados y contratistas civiles informaron haber visto a prisioneros fantasmas y que estaban confundidos acerca de su condición y las reglas que debían aplicárseles.
Luke Olander, un analista civil de la inteligencia, dijo: "Teníamos informes de inteligencia sobre un detenido en particular y el informe mostraba que no lo teníamos en nuestra instalación, pero estaba ahí". El especialista John Harold Ketzer, un interrogador, dijo que los fantasmas eran "prohibidos a los interrogadores del Ejército", y que "algunos detenidos OGA han esperado meses antes de que los interrogadores del OGA los interrogaran, violando el límite de aislamiento de 30 días".
El capitán Carolyn Wood, agente militar de inteligencia a cargo de los interrogatorios en Abu Ghraub, dijo a los investigadores que ella fue uno de los pocos que objetó que la CIA usara su instalación para "hacer pasar la noche" a prisioneros no ingresados y que había mostrado su "desaprobación" a Pappas y Jordan. "Pero no se me tomó en cuenta", dijo, y los prisioneros fantasmas continuaron llegando hasta su partida el 4 de diciembre de 2003.
El jefe oficial técnico John D. Graham, miembro del 519 Batallón de Inteligencia Militar, dijo a los investigadores que "la OGA [CIA] tenía lo que llamamos detenidos fantasmas que estaban escondidos' u ocultos en nuestra instalación", y agregó que él también se opuso a la práctica.
Jordan, en su declaración ante los investigadores, dijo que había un memorándum de entendimiento entre su unidad y la OGA' para organizar la retención de detenidos llevados por la CIA y el Destacamento Especial 1-21, una unidad secreta de Operaciones Especiales. Dijo que ellos "dejaban encargado a un detenido dos o tres veces a la semana".
Pappas dijo a los investigadores que él inicialmente "tenía preocupaciones sobre el acuerdo" y preguntó al coronel Steven Boltz, entonces el segundo oficial de inteligencia militar en rango en Iraq, si continuarían recibiendo a prisioneros fantasmas. "Nos traían prisioneros sin notificarnos".
24 de marzo de 2005
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
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el precio de una novia
[John Lancaster] Osadas mujeres indias rechazan cada vez más exigencias de parientes políticos.
Sayin, India. Ella llevaba un sari de seda roja. Él, un traje de hombre de negocios de color granate y un turbante dorado con blanco. Frente a varios cientos de invitados, se colocaron guirlandas de rosas y maravillas, luego sellaron su unión dando vueltas siete veces en torno a una fogata de madera de mango mientras un sacerdote hindú salmodiaba oraciones. Todos concordaron en que la boda fue espléndida.
Pero casi tan pronto como se apagaron las llamas, el matrimonio entre Keshav Sharma y su esposa, Pooja Pathak, se derrumbó en medio de feas recriminaciones.
Incluso aunque los Pathak habían pagado una importante dote -incluyendo una motocicleta y unos 700 dólares en rupias-, ni el novio ni su padre lo encontraron suficiente. Amar Sharma, el padre, declaró apenas dos horas después de la ceremonia el mes pasado que ellos no aceptarían a la joven en su casa a menos que llegara con una nueva televisión a colores y un reproductor de videos, de acuerdo a testigos y la policía.
Para Pooja, si no para sus padres, la exigencia rompía el compromiso.
"Si tu padre le dijera que tienes que comer estiércol de vaca, ¿lo comerías?", le gritó al avergonzado novio antes de decirle que se fuera al diablo. El padre y el hijo fueron acusados subsecuentemente de violar las leyes indias contra la dote.
Tales actos de desafío son raros en India, donde la dote y su lúgubre corolario -el asesinato de las jóvenes novias cuyas familias no logran reunir el botín necesario- sigue estando profundamente enraizada. Pero están siendo más frecuentes. El caso de Pooja fue el último en una serie de bien publicitados incidentes en los que las novias han rechazado las exigencias de dote, sugiriendo que algunas jóvenes están perdiendo la paciencia con la milenaria tradición hindú.
El más famoso de esos episodios ocurrió en 2003, cuando Nisha Sharma, una estudiante de informática de Nueva Deli, llamó a la policía a su boda después de que la familia del novio hiciera a última hora una petición de 25.000 en rupias, además del coche y los electrodomésticos que se les había prometido. La atrevida acción de Sharma le ganó la atención y el elogio mundial -entre otras cosas, inspiró un reclame de televisión para un popular producto de belleza- y prontos otras siguieron su ejemplo.
"Hay jóvenes educadas que se están levantando, y que quieren que otra gente sepa lo que están haciendo", dijo Brinda Karat, secretario general de la Asociación Democrática de Mujeres de India. "Casos como estos llaman la atención del público y causan un impacto".
Aunque la dote ha sido ilegal en India desde 1961, la lucha para erradicar la práctica ha ido cuesta arriba. A pesar de la publicidad generada por el caso de Sharma y otras como ella, la policía se muestra reticente a la hora de hacer cargos por dote, y las condenas son extremadamente raras, de acuerdo a Karat y otros expertos (el caso de Sharma está todavía en tribunales). Unas 6.000 son matadas al año -a menudo rociadas con queroseno y quemadas en "accidentes" de cocina montados- o acosadas hasta el suicidio por maridos y parientes políticos enfadados por peticiones de dote incumplidas, según datos del gobierno.
Un estudio de 2002 de la asociación de mujeres concluyó que la costumbre del pago de la novia, tradicionalmente de las castas superiores, se ha hecho dominante en India y se está extendiendo "a través de regiones, castas y comunidades", dijo Karat, que atribuye la tendencia al crecimiento del consumismo de la clase media. El estudio se basó en entrevistas con 10.000 personas en 18 de los 28 estados de India.
Excepto por su desenlace, las penurias de Pooja parecen haber seguido un esquema familiar.
Pequeña y delgada, Pooja, que está cursando su último año en la secundaria, se ve más joven que sus 18 años. Es la mayor de tres hermanos y nativa de Sayin, un pueblo agrícola de unas 200 familias justo en las afueras de la ciudad sagrada hindú de Varanasi -también conocida como Banaras-, a unos 580 kilómetros al sudeste de Nueva Deli, la capital. Su padre, Omkar Pathak, posee una pequeña tienda de areca, un estimulante suave.
Como la mayoría de los padres indios, Pathak y su esposa, Renu, consideraban que era su deber encontrar marido para sus hijas. El verano pasado, tras averiguar con amigos y parientes, encontraron un prometedor candidato en Keshav Sharma, un estudiante de ciencias políticas en la Universidad Hindú, donde su padre trabaja como jardinero.
Las familias acordaron reunirse en un templo, donde Pooja y su futuro marido pudieron hablar en privado durante unos tres minutos. "Yo pensé: Es una buena persona'", contó Pooja, que no volvería a ver a Keshav sino el día de su boda, siete meses más tarde. Además, agregó: "Era guapo".
La dote figuró prominentemente en las negociaciones entre las dos familias, de acuerdo Omkar Pathak. Al principio, dijo, los Sharma pidieron unos 1.200 dólares en rupias, así como una motocicleta Honda, un reloj, un anillo de oro, una televisión a color y un reproductor de video. Finalmente las familias acordaron la suma menor de 700 dólares y una marca más barata de motocicleta, y que la televisión a color y el reproductor de video serían entregados algunos meses después de la boda, dijo Pathak.
"El padre de la chica es un inútil", dijo. "Aunque el padre no cree en la dote, tiene que inclinarse, porque tiene que pensar en la felicidad de su hija".
La noche de la boda, las cosas parecían marchar bien. Luces de colores brillaban sobre el patio de tierra fuera de la modesta casa de los Pathak, y una banda de músicos saludaba la llegada de la procesión del novio. Más tarde, unos 500 invitados cenaron estofado de lentejas y salsa de tamarindo mientras los altavoces resonaban con canciones de Bollywood. Algunos invitados se alargaron en el ritual del fuego, que duró hasta las cuatro de la mañana, cuando la novia volvió a su casa y el novio y su familia se dirigieron a un residencia comunitaria cercana.
Dos horas más tarde, Keshav y su padre volvieron a recoger a Pooja y sus pertenencias, que ella empacó en cuatro maletas en preparación de la mudanza a casa de los Sharma al otro lado de la ciudad. Los padres de la novia sirvieron un desayuno ritual de yogur y confite de melaza. Pero los ánimos se agriaron pronto, dijo Renu Pathak, cuando el viejo Sharma y su hijo dejaron claro que esperaban que se les entregara una televisión y un reproductor de video en ese momento mismo.
Los padres de la novia trataron de conciliar, dijeron ellos y testigos. Juntando las manos en el gesto hindú de sumisión, dijeron que habían dado más de lo que podían y prometieron entregar los artículos adicionales tan pronto como pudieran.
Pero los Sharma no se apaciguaron. "El hijo dijo: No hemos pedido nada grande'", dijo Aparna Dwivedi, que dirige un grupo de bienestar social sin ánimos de lucro que emplea a Pooja como voluntario y había parado esa mañana en la aldea para darle los parabienes. "El padre del novio estaba parado ahí y usaba un lenguaje grosero y ofensivo".
Cuando el padre de la novia quiso subrayar su desesperación arrodillándose para tocar los pies del viejo Sharma, este le dio una patada, según el parte policial.
Pooja, que había estado escuchando desde el tejado, dijo que finalmente había decidido tomar el asunto en sus manos. Todavía con su sari matrimonial, corrió abajo a enfrentarse con su nuevo marido, que trató de culpar a su padre de la situación.
Pero Pooja no lo aceptaría. "Váyase de aquí", dijo que había declarado, amenazando con golpear a Keshav con un zapato. "Yo estaba muy enfadada", dijo. "Les habíamos dado tanto, y ellos todavía seguían con la boca abierta".
La rabia de Pooja tuvo un efecto galvanizador sobre sus padres. Incitados por sus parientes, decidieron que su hija y la dote no eran suficientemente buenas para los Sharma, entonces los dos hombres podían igualmente "tomar el aire en la cárcel", como dijo la madre de Pooja. Omkar Pathak llamó a la policía, que arrestó a los Sharma y los detuvo durante siete noches, después de lo cual fueron dejados en libertad bajo fianza.
En una entrevista reciente, Keshav, 22, dijo que los padres de la novia habían dado la motocicleta y el dinero de propia iniciativa, no como condición del matrimonio, y negó que él o su padre hubiesen insistido en los artículos adicionales. Dijo que todavía estaba perplejo sobre la causa de la discusión. "No sabemos qué pasó", dijo. "Mi padre no es un tipo al que demandarías".
El agente de policía V.K. Singh dijo que varios testigos independientes habían corroborado el relato de Pathak. El viejo Sharma, agregó, reconoció haber hecho las peticiones de dote a última hora cuando Sing habló con él la noche en que fue detenido.
A pesar de los cargos criminales que cuelgan sobre la familia, Keshav y su madre dijeron que seguían teniendo la esperanza de que Pooja se mudara a vivir con ellos. Eso parece poco probable. Por su coraje por hacer frente a la familia, ha sido festejada por grupos de mujeres, honrada por una universidad del estado y le han ofrecido un curso gratuito en un instituto de informática.
Además, dijo Pooja, "no quiero casarme ahora. Quiero terminar mis estudios".
Rama Lakshmi contribuyó a este reportaje.
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Pero casi tan pronto como se apagaron las llamas, el matrimonio entre Keshav Sharma y su esposa, Pooja Pathak, se derrumbó en medio de feas recriminaciones.
Incluso aunque los Pathak habían pagado una importante dote -incluyendo una motocicleta y unos 700 dólares en rupias-, ni el novio ni su padre lo encontraron suficiente. Amar Sharma, el padre, declaró apenas dos horas después de la ceremonia el mes pasado que ellos no aceptarían a la joven en su casa a menos que llegara con una nueva televisión a colores y un reproductor de videos, de acuerdo a testigos y la policía.
Para Pooja, si no para sus padres, la exigencia rompía el compromiso.
"Si tu padre le dijera que tienes que comer estiércol de vaca, ¿lo comerías?", le gritó al avergonzado novio antes de decirle que se fuera al diablo. El padre y el hijo fueron acusados subsecuentemente de violar las leyes indias contra la dote.
Tales actos de desafío son raros en India, donde la dote y su lúgubre corolario -el asesinato de las jóvenes novias cuyas familias no logran reunir el botín necesario- sigue estando profundamente enraizada. Pero están siendo más frecuentes. El caso de Pooja fue el último en una serie de bien publicitados incidentes en los que las novias han rechazado las exigencias de dote, sugiriendo que algunas jóvenes están perdiendo la paciencia con la milenaria tradición hindú.
El más famoso de esos episodios ocurrió en 2003, cuando Nisha Sharma, una estudiante de informática de Nueva Deli, llamó a la policía a su boda después de que la familia del novio hiciera a última hora una petición de 25.000 en rupias, además del coche y los electrodomésticos que se les había prometido. La atrevida acción de Sharma le ganó la atención y el elogio mundial -entre otras cosas, inspiró un reclame de televisión para un popular producto de belleza- y prontos otras siguieron su ejemplo.
"Hay jóvenes educadas que se están levantando, y que quieren que otra gente sepa lo que están haciendo", dijo Brinda Karat, secretario general de la Asociación Democrática de Mujeres de India. "Casos como estos llaman la atención del público y causan un impacto".
Aunque la dote ha sido ilegal en India desde 1961, la lucha para erradicar la práctica ha ido cuesta arriba. A pesar de la publicidad generada por el caso de Sharma y otras como ella, la policía se muestra reticente a la hora de hacer cargos por dote, y las condenas son extremadamente raras, de acuerdo a Karat y otros expertos (el caso de Sharma está todavía en tribunales). Unas 6.000 son matadas al año -a menudo rociadas con queroseno y quemadas en "accidentes" de cocina montados- o acosadas hasta el suicidio por maridos y parientes políticos enfadados por peticiones de dote incumplidas, según datos del gobierno.
Un estudio de 2002 de la asociación de mujeres concluyó que la costumbre del pago de la novia, tradicionalmente de las castas superiores, se ha hecho dominante en India y se está extendiendo "a través de regiones, castas y comunidades", dijo Karat, que atribuye la tendencia al crecimiento del consumismo de la clase media. El estudio se basó en entrevistas con 10.000 personas en 18 de los 28 estados de India.
Excepto por su desenlace, las penurias de Pooja parecen haber seguido un esquema familiar.
Pequeña y delgada, Pooja, que está cursando su último año en la secundaria, se ve más joven que sus 18 años. Es la mayor de tres hermanos y nativa de Sayin, un pueblo agrícola de unas 200 familias justo en las afueras de la ciudad sagrada hindú de Varanasi -también conocida como Banaras-, a unos 580 kilómetros al sudeste de Nueva Deli, la capital. Su padre, Omkar Pathak, posee una pequeña tienda de areca, un estimulante suave.
Como la mayoría de los padres indios, Pathak y su esposa, Renu, consideraban que era su deber encontrar marido para sus hijas. El verano pasado, tras averiguar con amigos y parientes, encontraron un prometedor candidato en Keshav Sharma, un estudiante de ciencias políticas en la Universidad Hindú, donde su padre trabaja como jardinero.
Las familias acordaron reunirse en un templo, donde Pooja y su futuro marido pudieron hablar en privado durante unos tres minutos. "Yo pensé: Es una buena persona'", contó Pooja, que no volvería a ver a Keshav sino el día de su boda, siete meses más tarde. Además, agregó: "Era guapo".
La dote figuró prominentemente en las negociaciones entre las dos familias, de acuerdo Omkar Pathak. Al principio, dijo, los Sharma pidieron unos 1.200 dólares en rupias, así como una motocicleta Honda, un reloj, un anillo de oro, una televisión a color y un reproductor de video. Finalmente las familias acordaron la suma menor de 700 dólares y una marca más barata de motocicleta, y que la televisión a color y el reproductor de video serían entregados algunos meses después de la boda, dijo Pathak.
"El padre de la chica es un inútil", dijo. "Aunque el padre no cree en la dote, tiene que inclinarse, porque tiene que pensar en la felicidad de su hija".
La noche de la boda, las cosas parecían marchar bien. Luces de colores brillaban sobre el patio de tierra fuera de la modesta casa de los Pathak, y una banda de músicos saludaba la llegada de la procesión del novio. Más tarde, unos 500 invitados cenaron estofado de lentejas y salsa de tamarindo mientras los altavoces resonaban con canciones de Bollywood. Algunos invitados se alargaron en el ritual del fuego, que duró hasta las cuatro de la mañana, cuando la novia volvió a su casa y el novio y su familia se dirigieron a un residencia comunitaria cercana.
Dos horas más tarde, Keshav y su padre volvieron a recoger a Pooja y sus pertenencias, que ella empacó en cuatro maletas en preparación de la mudanza a casa de los Sharma al otro lado de la ciudad. Los padres de la novia sirvieron un desayuno ritual de yogur y confite de melaza. Pero los ánimos se agriaron pronto, dijo Renu Pathak, cuando el viejo Sharma y su hijo dejaron claro que esperaban que se les entregara una televisión y un reproductor de video en ese momento mismo.
Los padres de la novia trataron de conciliar, dijeron ellos y testigos. Juntando las manos en el gesto hindú de sumisión, dijeron que habían dado más de lo que podían y prometieron entregar los artículos adicionales tan pronto como pudieran.
Pero los Sharma no se apaciguaron. "El hijo dijo: No hemos pedido nada grande'", dijo Aparna Dwivedi, que dirige un grupo de bienestar social sin ánimos de lucro que emplea a Pooja como voluntario y había parado esa mañana en la aldea para darle los parabienes. "El padre del novio estaba parado ahí y usaba un lenguaje grosero y ofensivo".
Cuando el padre de la novia quiso subrayar su desesperación arrodillándose para tocar los pies del viejo Sharma, este le dio una patada, según el parte policial.
Pooja, que había estado escuchando desde el tejado, dijo que finalmente había decidido tomar el asunto en sus manos. Todavía con su sari matrimonial, corrió abajo a enfrentarse con su nuevo marido, que trató de culpar a su padre de la situación.
Pero Pooja no lo aceptaría. "Váyase de aquí", dijo que había declarado, amenazando con golpear a Keshav con un zapato. "Yo estaba muy enfadada", dijo. "Les habíamos dado tanto, y ellos todavía seguían con la boca abierta".
La rabia de Pooja tuvo un efecto galvanizador sobre sus padres. Incitados por sus parientes, decidieron que su hija y la dote no eran suficientemente buenas para los Sharma, entonces los dos hombres podían igualmente "tomar el aire en la cárcel", como dijo la madre de Pooja. Omkar Pathak llamó a la policía, que arrestó a los Sharma y los detuvo durante siete noches, después de lo cual fueron dejados en libertad bajo fianza.
En una entrevista reciente, Keshav, 22, dijo que los padres de la novia habían dado la motocicleta y el dinero de propia iniciativa, no como condición del matrimonio, y negó que él o su padre hubiesen insistido en los artículos adicionales. Dijo que todavía estaba perplejo sobre la causa de la discusión. "No sabemos qué pasó", dijo. "Mi padre no es un tipo al que demandarías".
El agente de policía V.K. Singh dijo que varios testigos independientes habían corroborado el relato de Pathak. El viejo Sharma, agregó, reconoció haber hecho las peticiones de dote a última hora cuando Sing habló con él la noche en que fue detenido.
A pesar de los cargos criminales que cuelgan sobre la familia, Keshav y su madre dijeron que seguían teniendo la esperanza de que Pooja se mudara a vivir con ellos. Eso parece poco probable. Por su coraje por hacer frente a la familia, ha sido festejada por grupos de mujeres, honrada por una universidad del estado y le han ofrecido un curso gratuito en un instituto de informática.
Además, dijo Pooja, "no quiero casarme ahora. Quiero terminar mis estudios".
Rama Lakshmi contribuyó a este reportaje.
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
prisioneros fantasmas
Documentos del Ejército arrojan luz sobre sobre fantasmas de la CIA'. Sistemático ocultamiento de detenidos.
Importantes funcionarios del ministerio de Defensa describieron la práctica de la CIA de ocultar a detenidos no inscritos en la cárcel de Abu Ghraib como ad hoc y no autorizada, pero una revisión de documentos del Ejército muestra que el programa de prisioneros fantasmas' de la agencia era sistemático y era conocido por tres altos funcionarios de la inteligencia en Iraq.
Investigaciones del Ejército y del Pentágono han reconocido un número limitado de prisioneros fantasmas, pero más de una docena de documentos y declaraciones en la investigación obtenidas por el Washington Post muestran que detenidos no inscritos de la CIA fueron llevados varias veces a la semana a Abu Ghraib a fines de 2003 y que eran ocultados en un pabellón especial de celdas. Soldados de la policía militar idearon un rudimentario sistema para trazar a esos detenidos con un solo dígito de identificación, mientras otros eran apartados sin nombre, sin registrarlos y sin que nadie se hiciera responsable.
Los documentos muestran que el general de más alto rango en Iraq en la época reconoció que su más importante agente de inteligencia estaba al tanto de que la CIA estaba usando las celdas de Abu Ghraib, una política que el general paró abruptamente cuando surgieron preguntas.
Operativos de la CIA empezaron a buscar un lugar central donde colocar a los detenidos capturados durante las misiones secretas en Iraq a mediados de 2003, y una temprana opción fue el Campo Cropper, de máxima seguridad, cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad, donde los agentes de la CIA esperaban depositar a algunos de sus prisioneros sin registrar sus nombres. El teniente coronel Ronald G. Chew, el comandante de la policía militar aquí, dijo más tarde a investigadores que él "se opuso a la práctica" y despidió a los operativos.
En lugar de eso, según los documentos, la CIA optó rápidamente por Abu Ghraib, entonces un recinto polvoriento y destartalado en las afueras de Bagdad, que estaba programado para transformarse en el centro central de detención de Estados Unidos durante la guerra.
De acuerdos a testimonios recogidos por los investigadores de soldados y agentes que trabajaron en la cárcel, una corriente de prisioneros fantasmas empezó a llegar en septiembre de 2003, después de que agentes de la inteligencia militar y la CIA llegaran a un acuerdo que impediría que el Comité Internacional de la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias se enteraran de que existían esos detenidos. Los documentos de la pesquisa muestran que el coronel Thomas M. Pappas y el teniente coronel Steven L. Jordan, los dos más importantes agentes de la inteligencia militar en la cárcel, participaron en reuniones con la CIA sobre cómo manejar a los detenidos de la agencia.
Pappas y Jordan están todavía siendo investigados, y oficiales del Ejército dijeron que creen que una decisión sobre cómo castigarlos se tomará a fines de mes.
La mantención de prisioneros fantasmas fue severamente criticada por investigadores del Ejército que examinaron los abusos en la cárcel, y grupos de derechos humanos condenaron la práctica. La Cruz Roja inspecciona regularmente las cárceles y se supone que tiene acceso a todos los reclusos para cerciorarse de que se protegen sus derechos.
La más reciente revisión del Pentágono sobre los abusos a los detenidos fue dada a conocer este mes por el vice-almirante Albert T. Church, que dijo a los reporteros que su pesquisa encontró 30 casos en que los detenidos fueran mantenidos fuera de los libros, incluyendo a uno que fue detenido en secreto durante 45 días.
De acuerdo a declaraciones de la investigación de algunos soldados, esos detenidos eran dejados en celdas de aislamiento durante semanas sin ser interrogados, eran a veces inscritos bajo nombres falsos y esencialmente hechos desaparecer, y las reglas que se aplicaban a miles de otros detenidos, no se aplicaban a ellos.
El teniente general Ricardo S. Sánchez, el oficial del Ejército de mayor rango en Iraq en esa época, dijo al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado en la primavera pasada que no existía un sistema para mantener a esos detenidos en Abu Ghraib, pero más tarde reconoció dos casos en que eso había ocurrido, incluyendo uno en el que un detenido murió durante su detención y otro que fue mantenido sin ser inscrito a petición del ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld.
En una declaración del 1 de septiembre de 2004, sin embargo, Sánchez dijo que se había enterado después del juicio de que había un "acuerdo entre oficiales del mando" que permitía a los prisioneros fantasmas de "otra agencia del gobierno" OGA, un código para la CIA. Dijo en la declaración que el general de brigada Barbara Fast, su más importante oficial de inteligencia en Iraq, "había sido informada de las celdas asignadas para uso de la "otra agencia del gobierno". "Fast ha sido exculpada de mala conducta en las investigaciones de Abu Ghraib y la última semana asumió el mando del Centro de Inteligencia del Ejército de Estados Unidos en Fort Huachuca, Arizona".
"Ahora sé que no había ningún procedimiento para tratar propiamente y asignar a esos individuos un ISN [número serial de detenidos]", dijo Sánchez, de acuerdo a una transcripción de la declaración obtenida por el Post. "Y cuando nos dimos cuenta, lo solucionamos".
Uno de los incidentes más altamente publicitados en Abu Ghraib fue la muerte de un detenido no registrado de la CIA en una ducha, en noviembre de 2003. Otro caso que, se dice, también llamó la atención de Sánchez, es el de tres saudíes que la CIA introdujo en Abu Ghraib bajo nombres falsos.
En uno de las varias pesquisas del Pentágono sobre los maltratos a prisioneros, el general de división del Ejército, George Fay, informó en agosto pasado que tres empleados de un hospital habían sido detenidos por la CIA. El gobierno saudí pidió a Estados Unidos si tenía a esos empleados en la cárcel, pero le dijeron que no debido a que no habían sido registrados con sus nombres verdaderos.
Una declaración de los investigadores proporcionó más detalles. Darius Khaghani, jefe de las operaciones de interrogatorio bajo el mando de Sánchez, dijo que se había transformado en una "situación muy política". Semanas después, dijo, las peticiones para ubicar a ciudadanos saudíes provinieron de L. Paul Bremer, el embajador de Estados Unidos en Riyad y luego del despacho del ministro de Asuntos Exteriores, Colin L. Powell.
Finalmente, los soldados "sugirieron interrogar a los tres detenidos" que habían sido llevados a la prisión por la CIA, "incluso aunque habían sido ingresados bajo otros nombres", dijo Khaghani. "En poco tiempo, los tres fueron liberados y trasladados a Arabia Saudí en un avión de la CIA y más tarde oí que el jefe de estación fue relevado por este asunto y llamado de vuelta a Washington".
La semana pasada un funcionario de inteligencia rechazó la acusación de que el jefe de estación hubiera sido relevado por esa razón, y dijo que el cambio fue hecho para incorporar a una persona con más experiencia.
Nail Jubeir, portavoz de la embajada saudí en Washington, dijo que cuando los funcionarios saudíes hacían infructuosas peticiones para localizar a los tres hombres, enfatizaron que se trataba de trabajadores humanitarios que estaban ayudando a la coalición. "Es siempre preocupante que se detenga a ciudadanos bajo nombres falsos", dijo Jubeir. "Tomó tiempo obtener su liberación".
Los documentos de la investigación mostraron que varios soldados y contratistas civiles informaron haber visto a prisioneros fantasmas y que estaban confundidos acerca de su condición y las reglas que debían aplicárseles.
Luke Olander, un analista civil de la inteligencia, dijo: "Teníamos informes de inteligencia sobre un detenido en particular y el informe mostraba que no lo teníamos en nuestra instalación, pero estaba ahí". El especialista John Harold Ketzer, un interrogador, dijo que los fantasmas eran "prohibidos a los interrogadores del Ejército", y que "algunos detenidos OGA han esperado meses antes de que los interrogadores del OGA los interrogaran, violando el límite de aislamiento de 30 días".
El capitán Carolyn Wood, agente militar de inteligencia a cargo de los interrogatorios en Abu Ghraub, dijo a los investigadores que ella fue uno de los pocos que objetó que la CIA usara su instalación para "hacer pasar la noche" a prisioneros no ingresados y que había mostrado su "desaprobación" a Pappas y Jordan. "Pero no se me tomó en cuenta", dijo, y los prisioneros fantasmas continuaron llegando hasta su partida el 4 de diciembre de 2003.
El jefe oficial técnico John D. Graham, miembro del 519 Batallón de Inteligencia Militar, dijo a los investigadores que "la OGA [CIA] tenía lo que llamamos detenidos fantasmas que estaban escondidos' u ocultos en nuestra instalación", y agregó que él también se opuso a la práctica.
Jordan, en su declaración ante los investigadores, dijo que había un memorándum de entendimiento entre su unidad y la OGA' para organizar la retención de detenidos llevados por la CIA y el Destacamento Especial 1-21, una unidad secreta de Operaciones Especiales. Dijo que ellos "dejaban encargado a un detenido dos o tres veces a la semana".
Pappas dijo a los investigadores que él inicialmente "tenía preocupaciones sobre el acuerdo" y preguntó al coronel Steven Boltz, entonces el segundo oficial de inteligencia militar en rango en Iraq, si continuarían recibiendo a prisioneros fantasmas. "Nos traían prisioneros sin notificarnos".
24 de marzo de 2005
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
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Investigaciones del Ejército y del Pentágono han reconocido un número limitado de prisioneros fantasmas, pero más de una docena de documentos y declaraciones en la investigación obtenidas por el Washington Post muestran que detenidos no inscritos de la CIA fueron llevados varias veces a la semana a Abu Ghraib a fines de 2003 y que eran ocultados en un pabellón especial de celdas. Soldados de la policía militar idearon un rudimentario sistema para trazar a esos detenidos con un solo dígito de identificación, mientras otros eran apartados sin nombre, sin registrarlos y sin que nadie se hiciera responsable.
Los documentos muestran que el general de más alto rango en Iraq en la época reconoció que su más importante agente de inteligencia estaba al tanto de que la CIA estaba usando las celdas de Abu Ghraib, una política que el general paró abruptamente cuando surgieron preguntas.
Operativos de la CIA empezaron a buscar un lugar central donde colocar a los detenidos capturados durante las misiones secretas en Iraq a mediados de 2003, y una temprana opción fue el Campo Cropper, de máxima seguridad, cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad, donde los agentes de la CIA esperaban depositar a algunos de sus prisioneros sin registrar sus nombres. El teniente coronel Ronald G. Chew, el comandante de la policía militar aquí, dijo más tarde a investigadores que él "se opuso a la práctica" y despidió a los operativos.
En lugar de eso, según los documentos, la CIA optó rápidamente por Abu Ghraib, entonces un recinto polvoriento y destartalado en las afueras de Bagdad, que estaba programado para transformarse en el centro central de detención de Estados Unidos durante la guerra.
De acuerdos a testimonios recogidos por los investigadores de soldados y agentes que trabajaron en la cárcel, una corriente de prisioneros fantasmas empezó a llegar en septiembre de 2003, después de que agentes de la inteligencia militar y la CIA llegaran a un acuerdo que impediría que el Comité Internacional de la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias se enteraran de que existían esos detenidos. Los documentos de la pesquisa muestran que el coronel Thomas M. Pappas y el teniente coronel Steven L. Jordan, los dos más importantes agentes de la inteligencia militar en la cárcel, participaron en reuniones con la CIA sobre cómo manejar a los detenidos de la agencia.
Pappas y Jordan están todavía siendo investigados, y oficiales del Ejército dijeron que creen que una decisión sobre cómo castigarlos se tomará a fines de mes.
La mantención de prisioneros fantasmas fue severamente criticada por investigadores del Ejército que examinaron los abusos en la cárcel, y grupos de derechos humanos condenaron la práctica. La Cruz Roja inspecciona regularmente las cárceles y se supone que tiene acceso a todos los reclusos para cerciorarse de que se protegen sus derechos.
La más reciente revisión del Pentágono sobre los abusos a los detenidos fue dada a conocer este mes por el vice-almirante Albert T. Church, que dijo a los reporteros que su pesquisa encontró 30 casos en que los detenidos fueran mantenidos fuera de los libros, incluyendo a uno que fue detenido en secreto durante 45 días.
De acuerdo a declaraciones de la investigación de algunos soldados, esos detenidos eran dejados en celdas de aislamiento durante semanas sin ser interrogados, eran a veces inscritos bajo nombres falsos y esencialmente hechos desaparecer, y las reglas que se aplicaban a miles de otros detenidos, no se aplicaban a ellos.
El teniente general Ricardo S. Sánchez, el oficial del Ejército de mayor rango en Iraq en esa época, dijo al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado en la primavera pasada que no existía un sistema para mantener a esos detenidos en Abu Ghraib, pero más tarde reconoció dos casos en que eso había ocurrido, incluyendo uno en el que un detenido murió durante su detención y otro que fue mantenido sin ser inscrito a petición del ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld.
En una declaración del 1 de septiembre de 2004, sin embargo, Sánchez dijo que se había enterado después del juicio de que había un "acuerdo entre oficiales del mando" que permitía a los prisioneros fantasmas de "otra agencia del gobierno" OGA, un código para la CIA. Dijo en la declaración que el general de brigada Barbara Fast, su más importante oficial de inteligencia en Iraq, "había sido informada de las celdas asignadas para uso de la "otra agencia del gobierno". "Fast ha sido exculpada de mala conducta en las investigaciones de Abu Ghraib y la última semana asumió el mando del Centro de Inteligencia del Ejército de Estados Unidos en Fort Huachuca, Arizona".
"Ahora sé que no había ningún procedimiento para tratar propiamente y asignar a esos individuos un ISN [número serial de detenidos]", dijo Sánchez, de acuerdo a una transcripción de la declaración obtenida por el Post. "Y cuando nos dimos cuenta, lo solucionamos".
Uno de los incidentes más altamente publicitados en Abu Ghraib fue la muerte de un detenido no registrado de la CIA en una ducha, en noviembre de 2003. Otro caso que, se dice, también llamó la atención de Sánchez, es el de tres saudíes que la CIA introdujo en Abu Ghraib bajo nombres falsos.
En uno de las varias pesquisas del Pentágono sobre los maltratos a prisioneros, el general de división del Ejército, George Fay, informó en agosto pasado que tres empleados de un hospital habían sido detenidos por la CIA. El gobierno saudí pidió a Estados Unidos si tenía a esos empleados en la cárcel, pero le dijeron que no debido a que no habían sido registrados con sus nombres verdaderos.
Una declaración de los investigadores proporcionó más detalles. Darius Khaghani, jefe de las operaciones de interrogatorio bajo el mando de Sánchez, dijo que se había transformado en una "situación muy política". Semanas después, dijo, las peticiones para ubicar a ciudadanos saudíes provinieron de L. Paul Bremer, el embajador de Estados Unidos en Riyad y luego del despacho del ministro de Asuntos Exteriores, Colin L. Powell.
Finalmente, los soldados "sugirieron interrogar a los tres detenidos" que habían sido llevados a la prisión por la CIA, "incluso aunque habían sido ingresados bajo otros nombres", dijo Khaghani. "En poco tiempo, los tres fueron liberados y trasladados a Arabia Saudí en un avión de la CIA y más tarde oí que el jefe de estación fue relevado por este asunto y llamado de vuelta a Washington".
La semana pasada un funcionario de inteligencia rechazó la acusación de que el jefe de estación hubiera sido relevado por esa razón, y dijo que el cambio fue hecho para incorporar a una persona con más experiencia.
Nail Jubeir, portavoz de la embajada saudí en Washington, dijo que cuando los funcionarios saudíes hacían infructuosas peticiones para localizar a los tres hombres, enfatizaron que se trataba de trabajadores humanitarios que estaban ayudando a la coalición. "Es siempre preocupante que se detenga a ciudadanos bajo nombres falsos", dijo Jubeir. "Tomó tiempo obtener su liberación".
Los documentos de la investigación mostraron que varios soldados y contratistas civiles informaron haber visto a prisioneros fantasmas y que estaban confundidos acerca de su condición y las reglas que debían aplicárseles.
Luke Olander, un analista civil de la inteligencia, dijo: "Teníamos informes de inteligencia sobre un detenido en particular y el informe mostraba que no lo teníamos en nuestra instalación, pero estaba ahí". El especialista John Harold Ketzer, un interrogador, dijo que los fantasmas eran "prohibidos a los interrogadores del Ejército", y que "algunos detenidos OGA han esperado meses antes de que los interrogadores del OGA los interrogaran, violando el límite de aislamiento de 30 días".
El capitán Carolyn Wood, agente militar de inteligencia a cargo de los interrogatorios en Abu Ghraub, dijo a los investigadores que ella fue uno de los pocos que objetó que la CIA usara su instalación para "hacer pasar la noche" a prisioneros no ingresados y que había mostrado su "desaprobación" a Pappas y Jordan. "Pero no se me tomó en cuenta", dijo, y los prisioneros fantasmas continuaron llegando hasta su partida el 4 de diciembre de 2003.
El jefe oficial técnico John D. Graham, miembro del 519 Batallón de Inteligencia Militar, dijo a los investigadores que "la OGA [CIA] tenía lo que llamamos detenidos fantasmas que estaban escondidos' u ocultos en nuestra instalación", y agregó que él también se opuso a la práctica.
Jordan, en su declaración ante los investigadores, dijo que había un memorándum de entendimiento entre su unidad y la OGA' para organizar la retención de detenidos llevados por la CIA y el Destacamento Especial 1-21, una unidad secreta de Operaciones Especiales. Dijo que ellos "dejaban encargado a un detenido dos o tres veces a la semana".
Pappas dijo a los investigadores que él inicialmente "tenía preocupaciones sobre el acuerdo" y preguntó al coronel Steven Boltz, entonces el segundo oficial de inteligencia militar en rango en Iraq, si continuarían recibiendo a prisioneros fantasmas. "Nos traían prisioneros sin notificarnos".
24 de marzo de 2005
29 de marzo de 2005
©washington post
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el corazón de juanes
[Teresa Wiltz] Heridas de la guerra y semillas de esperanza dan propósito y pasión a la música colombiana.
Se hicieron todos los deberes: Se calentó la garganta, gracias a un inhalador a vapor portátil. Habló con el presidente de la discográfica que vino desde Miami. Saludó a los fans y participó en un programa de encuentra y conoce'. Ahora, en el camerino del DAR Constitution Hall, Juanes tiene escalofríos, las luces se han atenuado, la comilona de frutas y platos de manjares sigue sin tocar. (Su regla: Nada de comida al menos ocho horas antes de actuar). Con la cabeza gacha, las manos en los bolsillos, se apoya contra el umbral de la puerta, contra un retrato del artista como un joven rockero, vestido con una traje de satino negro, una camisa verde-amarillo y sus característicos zapatos de lona. Siempre suavemente, canturrea sus ejercicios vocales, como un pájaro arrullando arriba y abajo de la escala.
En apenas unos minutos, se abrochará la guitarra y dará un paseo por el escenario, saludando con la mano y una sonrisa de lado. Durante dos horas, Juan Esteban Aristizabal -el equivalente colombiano de Bono- se retorcerá en el escenario a medida que se proyectan en las gigantes pantallas, escenas de guerra, desde Vietnam a Colombia. No son para él las coreografiadas maquinaciones de Ricky Martin, ni los meneos de Chayanne contra un fondo de bailarinas ligeras de ropas. El espectáculo es solamente él, su banda y su guitarra. Eso será suficiente para mantener a todo el mundo -barrigudos funcionarios, chicas curvilíneas, adolescentes con el pelo de punta- de pie, cantando con él, los cuerpos rebotando entre las olas rojas, amarillas y azules de la bandera colombiana. (Algunos las hacen ondear, otros las llevan puestas). Las mujeres subirán saltando al escenario, sólo para ser arrastradas abajo, primero las nalgas, por los hombres de la seguridad. Los padres sostendrán a sus tímidas hijitas frente a él. Él las tomará de la mano, haciéndolas girar y girar. La esposa del embajador colombiano (una gran fan) se dejará llevar por la fiebre, y se apretujará contra el borde del escenario, con las manos extendidas, mientras Juanes le canta:
Y es por ti . . .
Que me late mi corazón
Y es por ti . . . .
Que calma mi dolor
Sobre el dolor: Sí, para Juanes (una abreviatura de sus primeros dos nombres), la vida le va marcha arriba: El artista de 32 años acaba de terminar la primera parte de su gira por más de 40 ciudades de Estados Unidos; ganó nueve Grammys Latinos; tiene una relación feliz con su esposa, la actriz Karen Martínez; una hijita, Luna, y otra niña en camino. Ha cantado con Nelly Furtado, agraciado las páginas del último People, enganchó los auspicios de Pepsi y las entradas para sus conciertos se han agotado en casa y en el extranjero. (Divide su tiempo entre Miami y Medellín). En América Latina ya ha alcanzado el prestigio de una superestrella. En Estados Unidos, donde ha vendido cerca de un millón de discos-con un montón de textos en español- su popularidad está aumentando, como prueba el concierto agotado en el Madison Square Garden el 4 de marzo.
"Es uno de los espectáculos pop de más éxito de ventas en Estados Unidos y el mundo", dice Lelia Cobo, jefe de la oficina de Billboard Latino. "Es considerado como un artista estrella, absolutamente".
Juanes dice que no entiende completamente el asunto del rock. Personalmente, es un hombre de hablar suave, casi tímido. En el escenario, es el centro de los focos, sin sucumbir a la bravuconería exagerada.
"¿Por qué yo?", dice, dejándose caer en el sillón de su camerino y encogiéndose de hombros. "Me lo pregunto todo el tiempo. Nunca pensé que sería famoso".
"No soy nada más que otro músico de entre miles de Colombia. Pertenezco a un grupo de músicos que, antes que nada, aman la música y, en segundo lugar, quieren mostrar una visión diferente del mundo".
Estos son buenos, felices tiempos. Pero las épocas no tan felices, la tristeza, dan color a su vida y su arte. No hace mucho tiempo, como lo deja en evidencia la amargura de su primer álbum, Fíjate Bien (2001), era lo único que podía ver: tristeza, rabia, pena. Se había mudado de Colombia a Los Angeles en 1998 y estaba luchando por sobrevivir, extrañando su casa y enrabiado por lo que ocurría allá. Y allá podía pasar cualquier cosa, y a menudo pasa: Un amigo cercano fue matado a balazos en un cabaret. Los rebeldes secuestraron a su primo, exigieron dinero, recogieron el rescate y lo mataron de todos modos. Es, dice Juanes, una "historia demasiado común", apenas una víctima más de la guerra civil de 40 años que empapa de sangre a Colombia.
Sin embargo, dice Juanes, "ahora hay esperanza de que las cosas cambien. Y hay dudas de que cambie".
Y sobre la guerra: Figura prominentemente en la música de Juanes, que une el rock con los juguetones ritmos de la cumbia y el vallenato colombianos, junto con el sigiloso romance del tango y el melódico rapto de los Beatles. Incluso cuando está de cortejo, este es para los cansados de la vida. Su corazón no late solamente por el amor; late como un "cañón de metralleta". Dice que es apolítico (más sobre esto más adelante), pero sus letras giran tanto sobre armas como sobre rosas desde su primer éxito, Fíjate Bien, una canción sobre los peligros de las minas antipersonales, a Qué Pasa, de su último cedé, Mi Sangre. En Qué Pasa, como si fuera un Marvin Gaye latino, se pregunta: "¿Por qué será que hay tanta guerra? ¿Por qué será que hay tanta pena?"
"Mi música tiene que ver con las relaciones humanas, no sólo sobre los amantes, sino sobre el mundo, todo lo que te afecta todos los días", dice Juanes, en español, con el que se siente más cómodo que con el inglés. "Desde el profundo amor que le tengo a mi hija, a la rabia y la desesperación que me provoca la situación... No sólo en mi país, sino en cualquier parte en el mundo.
"La música es modo de descargar lo que te molesta. Y aunque cante sobre las cosas más difíciles, siempre hay optimismo. Hay una luz, hay un espíritu de esperanza".
"Ama a su país, y ha visto cómo era destruido en los últimos 20, 30 y 40 años", dice José Tillán, vicepresidente de Música y Talento para MTV América Latina. "Y le duele. Creo que con su música, quiere pagar al país donde creció".
Colombia ha producido una generosa cuota de talento musical, desde el rock crossover de la bilingüe Shakira a las variaciones de art house y alt-rock de los Aterciopelados al antiguo rey del vallenato y galán de telenovelas, Carlos Vives. Pero es Juanes el que está destinado a captar las mayores audiencias con una música estrictamente en español. Dice Tillán: "Un montón de gente en la industria lo toman como un caso de estudio y dicen: Me gustaría tener a alguien como Juanes en mi discográfica'... Él hace un fabuloso balance entre el arte y el comercio".
Por los hijos de mis hijos y los hijos de tus hijos a Dios le pido
Que mi pueblo no derrame tanta sangre y se levante
mi gente a Dios le pido...
A Dios Le Pido
Crecer en Medellín es conocer la violencia. Para Juanes, crecer en Medellín también significó conocer la música. Aprendió a tocar guitarra a los 7, siguiendo las enseñanzas de su padre (que murió de cáncer cuando Juanes tenía 25) y hermanos. Juntos, improvisaban en casa, tocando boleros, vallenatos, guascas y tangos. Pero sus gustos musicales cambiaron cuando era adolescente. A los 14 había descubierto el heavy metal, en particular Metallica, y con él, la rabia contra el sistema.
Juanes recuerda: "Me rebelé contra todo, contra mi legado, mi familia, para ser un radical del rock". Formó una banda metal y la llamó con el apropiado nombre de Ekhymosis, moratón. Pero después de 11 años de tocar en toda Colombia y grabar siete álbumes, desbandó al grupo. Quería encontrar su propio sonido, uno que expresara la herencia que antes había rechazado.
"Gasté tanto tiempo tratando de sonar como una banda norteamericana", dice, "y ¿para qué?"
Se mudó a Los Angeles para estar en el centro del universo del rock, pero estaba en la ruina y casi no hablaba inglés. Pasaba los días en Borders, sorbiendo café y enseñándose inglés a sí mismo leyendo el diccionario. No tenía dinero para comprarse uno propio, así que marcaba la página con un pedacito de papel para cuando volviera. Cuando no estaba dando vueltas en las librerías, repartía su cinta demo. Esperando.
"Fue una época muy difícil, muy oscura", dice. "Pero me fortaleció".
Fíjate Bien nació de esta experiencia, un álbum suavemente desesperado. En él, pudo refinar su melancolía, gracias a la colaboración del productor argentino, Gustavo Santaolalla, un totem de la escena del rock latino alternativo. Es una colaboración que dura hasta hoy. cuando conoció a Fernán Martínez, un colombiano que fue agente del par padre-hijo de superestrellas españolas, Julio y Enrique Iglesias.
"Juanes era el opuesto de Enrique Iglesias", dice Martínez con una sonrisa. "Era muy humilde".
"Era diferente en todos los sentidos. Y yo pensaba, ¿cómo vamos a lograr que lo toquen las radios latinas en Estados Unidos?"
Juanes no fue un éxito instantáneo. Fíjate Bien no se vendió muy bien -solamente 72.000 copias-, pero los Grammys Latinos de 2001 cambiaron todo eso.
"¡Siete nominaciones!", canta Martínez. "Yo esperaba tres o cuatro. Esos premios fueron nuestra arma más grande. Los usamos como llave para abrir la puerta. Y ahí es cuando su carrera despegó".
De acuerdo a Nielsen Soundcan, Juanes vendió casi un millón de discos en Estados Unidos. (No existe un sistema independiente para trazar las ventas internacionales). Un Día Normal>/i> se transformó en el más popular álbum del top latino de 2003 en Estados Unidos y siguió en el Top 10 más tiempo que cualquier otro álbum latino, ganándole a Juanes seis Grammys Latinos en dos años: álbum del año, disco del año, canción del año, mejor álbum solista de rock , y mejor canción de rock dos años consecutivos. Mi Sangre, que Juanes describe como su trabajo más apasionado, fue publicado en otoño pasado y fue uno del Top 10 de ventas del Billboard de 2004.
Juanes es raro en la música latina, dice Tillán, porque, como Bono, que se reúne con presidentes del mundo y ha sido nominado para el Premio Nobel de la Paz, es capaz de combinar el comentario social con el atractivo de la estrella de rock: Es el chico rockero sensible. Tiene la voz, un rico y seguro barítono, el producto de dos horas diarias de sesiones de práctica. Tiene los dedos, gracias a años de tocar la guitarra. (Es el único artista latino auspiciado por Fender). Y tiene la pinta: tatuajes que adornan sus músculos delgados; intensos ojos verdes mirando desde detrás de unas greñas negras. En el mundo de la música latina, dice Tillán, "hemos de algún modo destilado el talento en algo que atrae a las masas, pero sin contenido. Hay pocos artistas que son capaces de relacionarse con las masas y realmente decir algo".
Gran de parte de ese contenido se concentra en la paz -una paz que ha sido difícil de obtener durante décadas, en las que guerrilleros de izquierda, financiados por una infusión de pasta de los carteles de la droga, luchan contra el gobierno. En Estados Unidos no es usual ver a alguien que es un rebelde del rock, ponerse de lado del presidente. Pero en Colombia, la política tiene más matices, y es mucho más compleja. Juanes, dice Martínez, es amigo del presidente Álvaro Uribe: Fueron juntos a la misma escuela secundaria en Medellín. En el escenario, ha dedicado canciones a soldados y agentes de policía, y en 2003 dio un concierto para reunir fondos para los veteranos lisiados de Colombia, muchos de los cuales volvieron a casa sin brazos o piernas.
"Es apolítico", dice Cobo, de Billboard, nativo de Colombia. "No creo que se de derechas o de izquierdas, pero sí está a favor de la paz... Para todos los que somos de allá, nos entristece que las cosas no estén bien".
Los años han atenuado la rabia, y aunque Juanes dice que "el rock" influirá siempre en su sonido, su música ha evolucionado hacia un formato pop más amistoso. Sin embargo, todavía no ha conocido la pompa de la vida pop.
En una rueda de prensa de 2001, para anunciar sus primeras nominaciones al Grammy Laitno, dice Martínez, Juanes se apareció en zapatos de lona hediondos - y nada que ponerse. Sin tiempo que perder, Martínez metió los zapatos en el lavado y luego lo envió con los pies chapoteando en sus empapados zapatos.
"Lo más simpático de él", dice Martínez, "es que un genio y no lo sabe. Cree que lo que hace es fácil y que lo puede hacer cualquiera".
29 de marzo de 2005
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En apenas unos minutos, se abrochará la guitarra y dará un paseo por el escenario, saludando con la mano y una sonrisa de lado. Durante dos horas, Juan Esteban Aristizabal -el equivalente colombiano de Bono- se retorcerá en el escenario a medida que se proyectan en las gigantes pantallas, escenas de guerra, desde Vietnam a Colombia. No son para él las coreografiadas maquinaciones de Ricky Martin, ni los meneos de Chayanne contra un fondo de bailarinas ligeras de ropas. El espectáculo es solamente él, su banda y su guitarra. Eso será suficiente para mantener a todo el mundo -barrigudos funcionarios, chicas curvilíneas, adolescentes con el pelo de punta- de pie, cantando con él, los cuerpos rebotando entre las olas rojas, amarillas y azules de la bandera colombiana. (Algunos las hacen ondear, otros las llevan puestas). Las mujeres subirán saltando al escenario, sólo para ser arrastradas abajo, primero las nalgas, por los hombres de la seguridad. Los padres sostendrán a sus tímidas hijitas frente a él. Él las tomará de la mano, haciéndolas girar y girar. La esposa del embajador colombiano (una gran fan) se dejará llevar por la fiebre, y se apretujará contra el borde del escenario, con las manos extendidas, mientras Juanes le canta:
Y es por ti . . .
Que me late mi corazón
Y es por ti . . . .
Que calma mi dolor
Sobre el dolor: Sí, para Juanes (una abreviatura de sus primeros dos nombres), la vida le va marcha arriba: El artista de 32 años acaba de terminar la primera parte de su gira por más de 40 ciudades de Estados Unidos; ganó nueve Grammys Latinos; tiene una relación feliz con su esposa, la actriz Karen Martínez; una hijita, Luna, y otra niña en camino. Ha cantado con Nelly Furtado, agraciado las páginas del último People, enganchó los auspicios de Pepsi y las entradas para sus conciertos se han agotado en casa y en el extranjero. (Divide su tiempo entre Miami y Medellín). En América Latina ya ha alcanzado el prestigio de una superestrella. En Estados Unidos, donde ha vendido cerca de un millón de discos-con un montón de textos en español- su popularidad está aumentando, como prueba el concierto agotado en el Madison Square Garden el 4 de marzo.
"Es uno de los espectáculos pop de más éxito de ventas en Estados Unidos y el mundo", dice Lelia Cobo, jefe de la oficina de Billboard Latino. "Es considerado como un artista estrella, absolutamente".
Juanes dice que no entiende completamente el asunto del rock. Personalmente, es un hombre de hablar suave, casi tímido. En el escenario, es el centro de los focos, sin sucumbir a la bravuconería exagerada.
"¿Por qué yo?", dice, dejándose caer en el sillón de su camerino y encogiéndose de hombros. "Me lo pregunto todo el tiempo. Nunca pensé que sería famoso".
"No soy nada más que otro músico de entre miles de Colombia. Pertenezco a un grupo de músicos que, antes que nada, aman la música y, en segundo lugar, quieren mostrar una visión diferente del mundo".
Estos son buenos, felices tiempos. Pero las épocas no tan felices, la tristeza, dan color a su vida y su arte. No hace mucho tiempo, como lo deja en evidencia la amargura de su primer álbum, Fíjate Bien (2001), era lo único que podía ver: tristeza, rabia, pena. Se había mudado de Colombia a Los Angeles en 1998 y estaba luchando por sobrevivir, extrañando su casa y enrabiado por lo que ocurría allá. Y allá podía pasar cualquier cosa, y a menudo pasa: Un amigo cercano fue matado a balazos en un cabaret. Los rebeldes secuestraron a su primo, exigieron dinero, recogieron el rescate y lo mataron de todos modos. Es, dice Juanes, una "historia demasiado común", apenas una víctima más de la guerra civil de 40 años que empapa de sangre a Colombia.
Sin embargo, dice Juanes, "ahora hay esperanza de que las cosas cambien. Y hay dudas de que cambie".
Y sobre la guerra: Figura prominentemente en la música de Juanes, que une el rock con los juguetones ritmos de la cumbia y el vallenato colombianos, junto con el sigiloso romance del tango y el melódico rapto de los Beatles. Incluso cuando está de cortejo, este es para los cansados de la vida. Su corazón no late solamente por el amor; late como un "cañón de metralleta". Dice que es apolítico (más sobre esto más adelante), pero sus letras giran tanto sobre armas como sobre rosas desde su primer éxito, Fíjate Bien, una canción sobre los peligros de las minas antipersonales, a Qué Pasa, de su último cedé, Mi Sangre. En Qué Pasa, como si fuera un Marvin Gaye latino, se pregunta: "¿Por qué será que hay tanta guerra? ¿Por qué será que hay tanta pena?"
"Mi música tiene que ver con las relaciones humanas, no sólo sobre los amantes, sino sobre el mundo, todo lo que te afecta todos los días", dice Juanes, en español, con el que se siente más cómodo que con el inglés. "Desde el profundo amor que le tengo a mi hija, a la rabia y la desesperación que me provoca la situación... No sólo en mi país, sino en cualquier parte en el mundo.
"La música es modo de descargar lo que te molesta. Y aunque cante sobre las cosas más difíciles, siempre hay optimismo. Hay una luz, hay un espíritu de esperanza".
"Ama a su país, y ha visto cómo era destruido en los últimos 20, 30 y 40 años", dice José Tillán, vicepresidente de Música y Talento para MTV América Latina. "Y le duele. Creo que con su música, quiere pagar al país donde creció".
Colombia ha producido una generosa cuota de talento musical, desde el rock crossover de la bilingüe Shakira a las variaciones de art house y alt-rock de los Aterciopelados al antiguo rey del vallenato y galán de telenovelas, Carlos Vives. Pero es Juanes el que está destinado a captar las mayores audiencias con una música estrictamente en español. Dice Tillán: "Un montón de gente en la industria lo toman como un caso de estudio y dicen: Me gustaría tener a alguien como Juanes en mi discográfica'... Él hace un fabuloso balance entre el arte y el comercio".
Por los hijos de mis hijos y los hijos de tus hijos a Dios le pido
Que mi pueblo no derrame tanta sangre y se levante
mi gente a Dios le pido...
A Dios Le Pido
Crecer en Medellín es conocer la violencia. Para Juanes, crecer en Medellín también significó conocer la música. Aprendió a tocar guitarra a los 7, siguiendo las enseñanzas de su padre (que murió de cáncer cuando Juanes tenía 25) y hermanos. Juntos, improvisaban en casa, tocando boleros, vallenatos, guascas y tangos. Pero sus gustos musicales cambiaron cuando era adolescente. A los 14 había descubierto el heavy metal, en particular Metallica, y con él, la rabia contra el sistema.
Juanes recuerda: "Me rebelé contra todo, contra mi legado, mi familia, para ser un radical del rock". Formó una banda metal y la llamó con el apropiado nombre de Ekhymosis, moratón. Pero después de 11 años de tocar en toda Colombia y grabar siete álbumes, desbandó al grupo. Quería encontrar su propio sonido, uno que expresara la herencia que antes había rechazado.
"Gasté tanto tiempo tratando de sonar como una banda norteamericana", dice, "y ¿para qué?"
Se mudó a Los Angeles para estar en el centro del universo del rock, pero estaba en la ruina y casi no hablaba inglés. Pasaba los días en Borders, sorbiendo café y enseñándose inglés a sí mismo leyendo el diccionario. No tenía dinero para comprarse uno propio, así que marcaba la página con un pedacito de papel para cuando volviera. Cuando no estaba dando vueltas en las librerías, repartía su cinta demo. Esperando.
"Fue una época muy difícil, muy oscura", dice. "Pero me fortaleció".
Fíjate Bien nació de esta experiencia, un álbum suavemente desesperado. En él, pudo refinar su melancolía, gracias a la colaboración del productor argentino, Gustavo Santaolalla, un totem de la escena del rock latino alternativo. Es una colaboración que dura hasta hoy. cuando conoció a Fernán Martínez, un colombiano que fue agente del par padre-hijo de superestrellas españolas, Julio y Enrique Iglesias.
"Juanes era el opuesto de Enrique Iglesias", dice Martínez con una sonrisa. "Era muy humilde".
"Era diferente en todos los sentidos. Y yo pensaba, ¿cómo vamos a lograr que lo toquen las radios latinas en Estados Unidos?"
Juanes no fue un éxito instantáneo. Fíjate Bien no se vendió muy bien -solamente 72.000 copias-, pero los Grammys Latinos de 2001 cambiaron todo eso.
"¡Siete nominaciones!", canta Martínez. "Yo esperaba tres o cuatro. Esos premios fueron nuestra arma más grande. Los usamos como llave para abrir la puerta. Y ahí es cuando su carrera despegó".
De acuerdo a Nielsen Soundcan, Juanes vendió casi un millón de discos en Estados Unidos. (No existe un sistema independiente para trazar las ventas internacionales). Un Día Normal>/i> se transformó en el más popular álbum del top latino de 2003 en Estados Unidos y siguió en el Top 10 más tiempo que cualquier otro álbum latino, ganándole a Juanes seis Grammys Latinos en dos años: álbum del año, disco del año, canción del año, mejor álbum solista de rock , y mejor canción de rock dos años consecutivos. Mi Sangre, que Juanes describe como su trabajo más apasionado, fue publicado en otoño pasado y fue uno del Top 10 de ventas del Billboard de 2004.
Juanes es raro en la música latina, dice Tillán, porque, como Bono, que se reúne con presidentes del mundo y ha sido nominado para el Premio Nobel de la Paz, es capaz de combinar el comentario social con el atractivo de la estrella de rock: Es el chico rockero sensible. Tiene la voz, un rico y seguro barítono, el producto de dos horas diarias de sesiones de práctica. Tiene los dedos, gracias a años de tocar la guitarra. (Es el único artista latino auspiciado por Fender). Y tiene la pinta: tatuajes que adornan sus músculos delgados; intensos ojos verdes mirando desde detrás de unas greñas negras. En el mundo de la música latina, dice Tillán, "hemos de algún modo destilado el talento en algo que atrae a las masas, pero sin contenido. Hay pocos artistas que son capaces de relacionarse con las masas y realmente decir algo".
Gran de parte de ese contenido se concentra en la paz -una paz que ha sido difícil de obtener durante décadas, en las que guerrilleros de izquierda, financiados por una infusión de pasta de los carteles de la droga, luchan contra el gobierno. En Estados Unidos no es usual ver a alguien que es un rebelde del rock, ponerse de lado del presidente. Pero en Colombia, la política tiene más matices, y es mucho más compleja. Juanes, dice Martínez, es amigo del presidente Álvaro Uribe: Fueron juntos a la misma escuela secundaria en Medellín. En el escenario, ha dedicado canciones a soldados y agentes de policía, y en 2003 dio un concierto para reunir fondos para los veteranos lisiados de Colombia, muchos de los cuales volvieron a casa sin brazos o piernas.
"Es apolítico", dice Cobo, de Billboard, nativo de Colombia. "No creo que se de derechas o de izquierdas, pero sí está a favor de la paz... Para todos los que somos de allá, nos entristece que las cosas no estén bien".
Los años han atenuado la rabia, y aunque Juanes dice que "el rock" influirá siempre en su sonido, su música ha evolucionado hacia un formato pop más amistoso. Sin embargo, todavía no ha conocido la pompa de la vida pop.
En una rueda de prensa de 2001, para anunciar sus primeras nominaciones al Grammy Laitno, dice Martínez, Juanes se apareció en zapatos de lona hediondos - y nada que ponerse. Sin tiempo que perder, Martínez metió los zapatos en el lavado y luego lo envió con los pies chapoteando en sus empapados zapatos.
"Lo más simpático de él", dice Martínez, "es que un genio y no lo sabe. Cree que lo que hace es fácil y que lo puede hacer cualquiera".
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
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prisioneros fantasmas
Documentos del Ejército arrojan luz sobre sobre fantasmas de la CIA'. Sistemático ocultamiento de detenidos.
Importantes funcionarios del ministerio de Defensa describieron la práctica de la CIA de ocultar a detenidos no inscritos en la cárcel de Abu Ghraib como ad hoc y no autorizada, pero una revisión de documentos del Ejército muestra que el programa de prisioneros fantasmas' de la agencia era sistemático y era conocido por tres altos funcionarios de la inteligencia en Iraq.
Investigaciones del Ejército y del Pentágono han reconocido un número limitado de prisioneros fantasmas, pero más de una docena de documentos y declaraciones en la investigación obtenidas por el Washington Post muestran que detenidos no inscritos de la CIA fueron llevados varias veces a la semana a Abu Ghraib a fines de 2003 y que eran ocultados en un pabellón especial de celdas. Soldados de la policía militar idearon un rudimentario sistema para trazar a esos detenidos con un solo dígito de identificación, mientras otros eran apartados sin nombre, sin registrarlos y sin que nadie se hiciera responsable.
Los documentos muestran que el general de más alto rango en Iraq en la época reconoció que su más importante agente de inteligencia estaba al tanto de que la CIA estaba usando las celdas de Abu Ghraib, una política que el general paró abruptamente cuando surgieron preguntas.
Operativos de la CIA empezaron a buscar un lugar central donde colocar a los detenidos capturados durante las misiones secretas en Iraq a mediados de 2003, y una temprana opción fue el Campo Cropper, de máxima seguridad, cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad, donde los agentes de la CIA esperaban depositar a algunos de sus prisioneros sin registrar sus nombres. El teniente coronel Ronald G. Chew, el comandante de la policía militar aquí, dijo más tarde a investigadores que él "se opuso a la práctica" y despidió a los operativos.
En lugar de eso, según los documentos, la CIA optó rápidamente por Abu Ghraib, entonces un recinto polvoriento y destartalado en las afueras de Bagdad, que estaba programado para transformarse en el centro central de detención de Estados Unidos durante la guerra.
De acuerdos a testimonios recogidos por los investigadores de soldados y agentes que trabajaron en la cárcel, una corriente de prisioneros fantasmas empezó a llegar en septiembre de 2003, después de que agentes de la inteligencia militar y la CIA llegaran a un acuerdo que impediría que el Comité Internacional de la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias se enteraran de que existían esos detenidos. Los documentos de la pesquisa muestran que el coronel Thomas M. Pappas y el teniente coronel Steven L. Jordan, los dos más importantes agentes de la inteligencia militar en la cárcel, participaron en reuniones con la CIA sobre cómo manejar a los detenidos de la agencia.
Pappas y Jordan están todavía siendo investigados, y oficiales del Ejército dijeron que creen que una decisión sobre cómo castigarlos se tomará a fines de mes.
La mantención de prisioneros fantasmas fue severamente criticada por investigadores del Ejército que examinaron los abusos en la cárcel, y grupos de derechos humanos condenaron la práctica. La Cruz Roja inspecciona regularmente las cárceles y se supone que tiene acceso a todos los reclusos para cerciorarse de que se protegen sus derechos.
La más reciente revisión del Pentágono sobre los abusos a los detenidos fue dada a conocer este mes por el vice-almirante Albert T. Church, que dijo a los reporteros que su pesquisa encontró 30 casos en que los detenidos fueran mantenidos fuera de los libros, incluyendo a uno que fue detenido en secreto durante 45 días.
De acuerdo a declaraciones de la investigación de algunos soldados, esos detenidos eran dejados en celdas de aislamiento durante semanas sin ser interrogados, eran a veces inscritos bajo nombres falsos y esencialmente hechos desaparecer, y las reglas que se aplicaban a miles de otros detenidos, no se aplicaban a ellos.
El teniente general Ricardo S. Sánchez, el oficial del Ejército de mayor rango en Iraq en esa época, dijo al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado en la primavera pasada que no existía un sistema para mantener a esos detenidos en Abu Ghraib, pero más tarde reconoció dos casos en que eso había ocurrido, incluyendo uno en el que un detenido murió durante su detención y otro que fue mantenido sin ser inscrito a petición del ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld.
En una declaración del 1 de septiembre de 2004, sin embargo, Sánchez dijo que se había enterado después del juicio de que había un "acuerdo entre oficiales del mando" que permitía a los prisioneros fantasmas de "otra agencia del gobierno" OGA, un código para la CIA. Dijo en la declaración que el general de brigada Barbara Fast, su más importante oficial de inteligencia en Iraq, "había sido informada de las celdas asignadas para uso de la "otra agencia del gobierno". "Fast ha sido exculpada de mala conducta en las investigaciones de Abu Ghraib y la última semana asumió el mando del Centro de Inteligencia del Ejército de Estados Unidos en Fort Huachuca, Arizona".
"Ahora sé que no había ningún procedimiento para tratar propiamente y asignar a esos individuos un ISN [número serial de detenidos]", dijo Sánchez, de acuerdo a una transcripción de la declaración obtenida por el Post. "Y cuando nos dimos cuenta, lo solucionamos".
Uno de los incidentes más altamente publicitados en Abu Ghraib fue la muerte de un detenido no registrado de la CIA en una ducha, en noviembre de 2003. Otro caso que, se dice, también llamó la atención de Sánchez, es el de tres saudíes que la CIA introdujo en Abu Ghraib bajo nombres falsos.
En uno de las varias pesquisas del Pentágono sobre los maltratos a prisioneros, el general de división del Ejército, George Fay, informó en agosto pasado que tres empleados de un hospital habían sido detenidos por la CIA. El gobierno saudí pidió a Estados Unidos si tenía a esos empleados en la cárcel, pero le dijeron que no debido a que no habían sido registrados con sus nombres verdaderos.
Una declaración de los investigadores proporcionó más detalles. Darius Khaghani, jefe de las operaciones de interrogatorio bajo el mando de Sánchez, dijo que se había transformado en una "situación muy política". Semanas después, dijo, las peticiones para ubicar a ciudadanos saudíes provinieron de L. Paul Bremer, el embajador de Estados Unidos en Riyad y luego del despacho del ministro de Asuntos Exteriores, Colin L. Powell.
Finalmente, los soldados "sugirieron interrogar a los tres detenidos" que habían sido llevados a la prisión por la CIA, "incluso aunque habían sido ingresados bajo otros nombres", dijo Khaghani. "En poco tiempo, los tres fueron liberados y trasladados a Arabia Saudí en un avión de la CIA y más tarde oí que el jefe de estación fue relevado por este asunto y llamado de vuelta a Washington".
La semana pasada un funcionario de inteligencia rechazó la acusación de que el jefe de estación hubiera sido relevado por esa razón, y dijo que el cambio fue hecho para incorporar a una persona con más experiencia.
Nail Jubeir, portavoz de la embajada saudí en Washington, dijo que cuando los funcionarios saudíes hacían infructuosas peticiones para localizar a los tres hombres, enfatizaron que se trataba de trabajadores humanitarios que estaban ayudando a la coalición. "Es siempre preocupante que se detenga a ciudadanos bajo nombres falsos", dijo Jubeir. "Tomó tiempo obtener su liberación".
Los documentos de la investigación mostraron que varios soldados y contratistas civiles informaron haber visto a prisioneros fantasmas y que estaban confundidos acerca de su condición y las reglas que debían aplicárseles.
Luke Olander, un analista civil de la inteligencia, dijo: "Teníamos informes de inteligencia sobre un detenido en particular y el informe mostraba que no lo teníamos en nuestra instalación, pero estaba ahí". El especialista John Harold Ketzer, un interrogador, dijo que los fantasmas eran "prohibidos a los interrogadores del Ejército", y que "algunos detenidos OGA han esperado meses antes de que los interrogadores del OGA los interrogaran, violando el límite de aislamiento de 30 días".
El capitán Carolyn Wood, agente militar de inteligencia a cargo de los interrogatorios en Abu Ghraub, dijo a los investigadores que ella fue uno de los pocos que objetó que la CIA usara su instalación para "hacer pasar la noche" a prisioneros no ingresados y que había mostrado su "desaprobación" a Pappas y Jordan. "Pero no se me tomó en cuenta", dijo, y los prisioneros fantasmas continuaron llegando hasta su partida el 4 de diciembre de 2003.
El jefe oficial técnico John D. Graham, miembro del 519 Batallón de Inteligencia Militar, dijo a los investigadores que "la OGA [CIA] tenía lo que llamamos detenidos fantasmas que estaban escondidos' u ocultos en nuestra instalación", y agregó que él también se opuso a la práctica.
Jordan, en su declaración ante los investigadores, dijo que había un memorándum de entendimiento entre su unidad y la OGA' para organizar la retención de detenidos llevados por la CIA y el Destacamento Especial 1-21, una unidad secreta de Operaciones Especiales. Dijo que ellos "dejaban encargado a un detenido dos o tres veces a la semana".
Pappas dijo a los investigadores que él inicialmente "tenía preocupaciones sobre el acuerdo" y preguntó al coronel Steven Boltz, entonces el segundo oficial de inteligencia militar en rango en Iraq, si continuarían recibiendo a prisioneros fantasmas. "Nos traían prisioneros sin notificarnos".
24 de marzo de 2005
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
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Investigaciones del Ejército y del Pentágono han reconocido un número limitado de prisioneros fantasmas, pero más de una docena de documentos y declaraciones en la investigación obtenidas por el Washington Post muestran que detenidos no inscritos de la CIA fueron llevados varias veces a la semana a Abu Ghraib a fines de 2003 y que eran ocultados en un pabellón especial de celdas. Soldados de la policía militar idearon un rudimentario sistema para trazar a esos detenidos con un solo dígito de identificación, mientras otros eran apartados sin nombre, sin registrarlos y sin que nadie se hiciera responsable.
Los documentos muestran que el general de más alto rango en Iraq en la época reconoció que su más importante agente de inteligencia estaba al tanto de que la CIA estaba usando las celdas de Abu Ghraib, una política que el general paró abruptamente cuando surgieron preguntas.
Operativos de la CIA empezaron a buscar un lugar central donde colocar a los detenidos capturados durante las misiones secretas en Iraq a mediados de 2003, y una temprana opción fue el Campo Cropper, de máxima seguridad, cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad, donde los agentes de la CIA esperaban depositar a algunos de sus prisioneros sin registrar sus nombres. El teniente coronel Ronald G. Chew, el comandante de la policía militar aquí, dijo más tarde a investigadores que él "se opuso a la práctica" y despidió a los operativos.
En lugar de eso, según los documentos, la CIA optó rápidamente por Abu Ghraib, entonces un recinto polvoriento y destartalado en las afueras de Bagdad, que estaba programado para transformarse en el centro central de detención de Estados Unidos durante la guerra.
De acuerdos a testimonios recogidos por los investigadores de soldados y agentes que trabajaron en la cárcel, una corriente de prisioneros fantasmas empezó a llegar en septiembre de 2003, después de que agentes de la inteligencia militar y la CIA llegaran a un acuerdo que impediría que el Comité Internacional de la Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias se enteraran de que existían esos detenidos. Los documentos de la pesquisa muestran que el coronel Thomas M. Pappas y el teniente coronel Steven L. Jordan, los dos más importantes agentes de la inteligencia militar en la cárcel, participaron en reuniones con la CIA sobre cómo manejar a los detenidos de la agencia.
Pappas y Jordan están todavía siendo investigados, y oficiales del Ejército dijeron que creen que una decisión sobre cómo castigarlos se tomará a fines de mes.
La mantención de prisioneros fantasmas fue severamente criticada por investigadores del Ejército que examinaron los abusos en la cárcel, y grupos de derechos humanos condenaron la práctica. La Cruz Roja inspecciona regularmente las cárceles y se supone que tiene acceso a todos los reclusos para cerciorarse de que se protegen sus derechos.
La más reciente revisión del Pentágono sobre los abusos a los detenidos fue dada a conocer este mes por el vice-almirante Albert T. Church, que dijo a los reporteros que su pesquisa encontró 30 casos en que los detenidos fueran mantenidos fuera de los libros, incluyendo a uno que fue detenido en secreto durante 45 días.
De acuerdo a declaraciones de la investigación de algunos soldados, esos detenidos eran dejados en celdas de aislamiento durante semanas sin ser interrogados, eran a veces inscritos bajo nombres falsos y esencialmente hechos desaparecer, y las reglas que se aplicaban a miles de otros detenidos, no se aplicaban a ellos.
El teniente general Ricardo S. Sánchez, el oficial del Ejército de mayor rango en Iraq en esa época, dijo al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado en la primavera pasada que no existía un sistema para mantener a esos detenidos en Abu Ghraib, pero más tarde reconoció dos casos en que eso había ocurrido, incluyendo uno en el que un detenido murió durante su detención y otro que fue mantenido sin ser inscrito a petición del ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld.
En una declaración del 1 de septiembre de 2004, sin embargo, Sánchez dijo que se había enterado después del juicio de que había un "acuerdo entre oficiales del mando" que permitía a los prisioneros fantasmas de "otra agencia del gobierno" OGA, un código para la CIA. Dijo en la declaración que el general de brigada Barbara Fast, su más importante oficial de inteligencia en Iraq, "había sido informada de las celdas asignadas para uso de la "otra agencia del gobierno". "Fast ha sido exculpada de mala conducta en las investigaciones de Abu Ghraib y la última semana asumió el mando del Centro de Inteligencia del Ejército de Estados Unidos en Fort Huachuca, Arizona".
"Ahora sé que no había ningún procedimiento para tratar propiamente y asignar a esos individuos un ISN [número serial de detenidos]", dijo Sánchez, de acuerdo a una transcripción de la declaración obtenida por el Post. "Y cuando nos dimos cuenta, lo solucionamos".
Uno de los incidentes más altamente publicitados en Abu Ghraib fue la muerte de un detenido no registrado de la CIA en una ducha, en noviembre de 2003. Otro caso que, se dice, también llamó la atención de Sánchez, es el de tres saudíes que la CIA introdujo en Abu Ghraib bajo nombres falsos.
En uno de las varias pesquisas del Pentágono sobre los maltratos a prisioneros, el general de división del Ejército, George Fay, informó en agosto pasado que tres empleados de un hospital habían sido detenidos por la CIA. El gobierno saudí pidió a Estados Unidos si tenía a esos empleados en la cárcel, pero le dijeron que no debido a que no habían sido registrados con sus nombres verdaderos.
Una declaración de los investigadores proporcionó más detalles. Darius Khaghani, jefe de las operaciones de interrogatorio bajo el mando de Sánchez, dijo que se había transformado en una "situación muy política". Semanas después, dijo, las peticiones para ubicar a ciudadanos saudíes provinieron de L. Paul Bremer, el embajador de Estados Unidos en Riyad y luego del despacho del ministro de Asuntos Exteriores, Colin L. Powell.
Finalmente, los soldados "sugirieron interrogar a los tres detenidos" que habían sido llevados a la prisión por la CIA, "incluso aunque habían sido ingresados bajo otros nombres", dijo Khaghani. "En poco tiempo, los tres fueron liberados y trasladados a Arabia Saudí en un avión de la CIA y más tarde oí que el jefe de estación fue relevado por este asunto y llamado de vuelta a Washington".
La semana pasada un funcionario de inteligencia rechazó la acusación de que el jefe de estación hubiera sido relevado por esa razón, y dijo que el cambio fue hecho para incorporar a una persona con más experiencia.
Nail Jubeir, portavoz de la embajada saudí en Washington, dijo que cuando los funcionarios saudíes hacían infructuosas peticiones para localizar a los tres hombres, enfatizaron que se trataba de trabajadores humanitarios que estaban ayudando a la coalición. "Es siempre preocupante que se detenga a ciudadanos bajo nombres falsos", dijo Jubeir. "Tomó tiempo obtener su liberación".
Los documentos de la investigación mostraron que varios soldados y contratistas civiles informaron haber visto a prisioneros fantasmas y que estaban confundidos acerca de su condición y las reglas que debían aplicárseles.
Luke Olander, un analista civil de la inteligencia, dijo: "Teníamos informes de inteligencia sobre un detenido en particular y el informe mostraba que no lo teníamos en nuestra instalación, pero estaba ahí". El especialista John Harold Ketzer, un interrogador, dijo que los fantasmas eran "prohibidos a los interrogadores del Ejército", y que "algunos detenidos OGA han esperado meses antes de que los interrogadores del OGA los interrogaran, violando el límite de aislamiento de 30 días".
El capitán Carolyn Wood, agente militar de inteligencia a cargo de los interrogatorios en Abu Ghraub, dijo a los investigadores que ella fue uno de los pocos que objetó que la CIA usara su instalación para "hacer pasar la noche" a prisioneros no ingresados y que había mostrado su "desaprobación" a Pappas y Jordan. "Pero no se me tomó en cuenta", dijo, y los prisioneros fantasmas continuaron llegando hasta su partida el 4 de diciembre de 2003.
El jefe oficial técnico John D. Graham, miembro del 519 Batallón de Inteligencia Militar, dijo a los investigadores que "la OGA [CIA] tenía lo que llamamos detenidos fantasmas que estaban escondidos' u ocultos en nuestra instalación", y agregó que él también se opuso a la práctica.
Jordan, en su declaración ante los investigadores, dijo que había un memorándum de entendimiento entre su unidad y la OGA' para organizar la retención de detenidos llevados por la CIA y el Destacamento Especial 1-21, una unidad secreta de Operaciones Especiales. Dijo que ellos "dejaban encargado a un detenido dos o tres veces a la semana".
Pappas dijo a los investigadores que él inicialmente "tenía preocupaciones sobre el acuerdo" y preguntó al coronel Steven Boltz, entonces el segundo oficial de inteligencia militar en rango en Iraq, si continuarían recibiendo a prisioneros fantasmas. "Nos traían prisioneros sin notificarnos".
24 de marzo de 2005
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
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