tropas dañan babilonia
Tropas norteamericanas han dañado Babilonia, según el Museo Británico.
Londres, Reino Unido. Tropas norteamericanas que utilizan como base la antigua ciudad iraquí de Babilonia han causado daños y contaminado artefactos que datan de miles de años en uno de los más importantes sitios arqueológicos del mundo, declaró el sábado el Museo Británico.
Por ejemplo, vehículos militares aplastaron un camino de adoquines de 2.600 años de antigüedad, y los fragmentos arqueológicos, incluyendo adoquines quebrados con el sello del Rey Nabucodonosor II, quedaron desparramados por el sitio, dice un informe del museo. Los dragones de la Puerta de Ishtar fueron desfigurados por fisuras y hendiduras cuando alguien trató de despojarlos de sus ladrillos decorativos, dice el informe.
John Curtis, curador del departamento del Lejano Oriente del Museo Británico, que fue invitado por los iraquíes a estudiar el sitio, dijo en el informe: "Es lo mismo que establecer un campamento militar en los alrededores de la Gran Pirámide de Egipto, o en torno a Stonehenge en Gran Bretaña".
Reconoció que al principio la presencia norteamericana protegió el sitio de los saqueadores. Pero obras posteriores -incluyendo el cubrimiento de extensas áreas con grava para instalar estacionamientos y pistas de aterrizaje de helicópteros- fueron perjudiciales, dijo.
En una entrevista el sábado con Television News de la Associated Pres, el ministro iraquí de Cultura, Mufid al-Jazairi, dijo: "Pensaba que la ciudad arqueológica de Babilonia había sufrido daños, pero no sé exactamente qué tanto es el daño".
Las ruinas de Babilonia han sido ocupadas desde los primeros días de la invasión por los marines norteamericanos y, más recientemente, por soldados polacos y de otros países. Babilonia se encuentra a 80 kilómetros al sur de Bagdad.
Un portavoz militar polaco en Iraq, el teniente coronel Artur Domansky, dijo que las tropas estaban colaborando con las autoridades iraquíes en sus esfuerzos por proteger el sitio. "He pedido a nuestros arqueólogos que preparen una respuesta específica a las acusaciones, pero tengo que darle tiempo", dijo.
Los principales sitios de la ciudad -la Puerta de Ishtar, las ruinas de Babilonia y el Palacio de Nabucodonosor- se encuentran en un área apartada del perímetro del campamento, y son administrados por funcionarios iraquíes como un parque arqueológico pagado.
Militares norteamericanos dicen que todas las obras en el terreno han sido paralizadas y que están considerando reubicar a las tropas para proteger las ruinas.
El teniente coronel Steven Boylan, un portavoz militar norteamericano, dijo que todas las obras de ingeniería eran discutidas con el director del museo de Babilonia. "Un arqueólogo estudió todos los proyectos de construcción para medir su impacto sobre las ruinas históricas", dijo.
16 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Londres, Reino Unido. Tropas norteamericanas que utilizan como base la antigua ciudad iraquí de Babilonia han causado daños y contaminado artefactos que datan de miles de años en uno de los más importantes sitios arqueológicos del mundo, declaró el sábado el Museo Británico.Por ejemplo, vehículos militares aplastaron un camino de adoquines de 2.600 años de antigüedad, y los fragmentos arqueológicos, incluyendo adoquines quebrados con el sello del Rey Nabucodonosor II, quedaron desparramados por el sitio, dice un informe del museo. Los dragones de la Puerta de Ishtar fueron desfigurados por fisuras y hendiduras cuando alguien trató de despojarlos de sus ladrillos decorativos, dice el informe.
John Curtis, curador del departamento del Lejano Oriente del Museo Británico, que fue invitado por los iraquíes a estudiar el sitio, dijo en el informe: "Es lo mismo que establecer un campamento militar en los alrededores de la Gran Pirámide de Egipto, o en torno a Stonehenge en Gran Bretaña".
Reconoció que al principio la presencia norteamericana protegió el sitio de los saqueadores. Pero obras posteriores -incluyendo el cubrimiento de extensas áreas con grava para instalar estacionamientos y pistas de aterrizaje de helicópteros- fueron perjudiciales, dijo.
En una entrevista el sábado con Television News de la Associated Pres, el ministro iraquí de Cultura, Mufid al-Jazairi, dijo: "Pensaba que la ciudad arqueológica de Babilonia había sufrido daños, pero no sé exactamente qué tanto es el daño".
Las ruinas de Babilonia han sido ocupadas desde los primeros días de la invasión por los marines norteamericanos y, más recientemente, por soldados polacos y de otros países. Babilonia se encuentra a 80 kilómetros al sur de Bagdad.
Un portavoz militar polaco en Iraq, el teniente coronel Artur Domansky, dijo que las tropas estaban colaborando con las autoridades iraquíes en sus esfuerzos por proteger el sitio. "He pedido a nuestros arqueólogos que preparen una respuesta específica a las acusaciones, pero tengo que darle tiempo", dijo.
Los principales sitios de la ciudad -la Puerta de Ishtar, las ruinas de Babilonia y el Palacio de Nabucodonosor- se encuentran en un área apartada del perímetro del campamento, y son administrados por funcionarios iraquíes como un parque arqueológico pagado.
Militares norteamericanos dicen que todas las obras en el terreno han sido paralizadas y que están considerando reubicar a las tropas para proteger las ruinas.
El teniente coronel Steven Boylan, un portavoz militar norteamericano, dijo que todas las obras de ingeniería eran discutidas con el director del museo de Babilonia. "Un arqueólogo estudió todos los proyectos de construcción para medir su impacto sobre las ruinas históricas", dijo.
16 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
candomblé gana fieles
[Michael Astor] Religión brasileña prohibida en el pasado tiene cada vez más seguidores. Esclavos africanos llevaron a Brasil sus propias religiones, como el candomblé, que incluye sacrificios animales.
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.
El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
victoria de las elecciones en café
[Anthony Shadid] En la intersección del nuevo y del viejo Iraq, lo que importa es la votación misma.
Bagdad, Iraq. En Shahbandar, un célebre café de Bagdad cuyo nombre evoca un tiempo (el pasado) y un ambiente (el intelectual), tres hombres se sentaron a fumar cigarrillos y a matar el tiempo bebiendo un azucarado té el jueves y debatieron sobre lo que significan las elecciones venideras para un país golpeado por tres décadas de tiranía, guerra y amargas desilusiones.
"Ir a votar es una victoria para el pueblo iraquí", dijo Ali Danif, 45, escritor.
"Las elecciones son más importantes que los candidatos", insistió Jamal Karim, su locuaz amigo.
Para no quedarse atrás, un sonriente Suheil Yassin intervino diciendo: "Mi deseo es morir en la puerta de uno de los locales de votación", una expresión que era deliberadamente dramática. "Quiero ser el mártir de las urnas".
Las primeras elecciones competitivas de Iraq en décadas son un asunto torpemente contenido. La violencia acecha ominosamente el proceso, que terminará con la elección de un nuevo parlamento el 30 de enero. Los nombres de los candidatos no han sido publicados, por temor a que sean asesinados. Las manifestaciones son pocas, los carteles son a menudo despegados y casi nadie conoce algún programa electoral, mucho menos sus candidatos.
Pero en Shahbandar, un café de más un siglo que ha sido durante largo tiempo el corazón intelectual de esta fatigada ciudad, donde hombres con desgastadas chaquetas de traje y jerseyes se reúnen a debatir en pequeños círculos, hay un marcado optimismo sobre lo que significan las elecciones para la gente que anhela un cambio decisivo después de casi dos años de ocupación. Para muchos de los hombres reunidos aquí, sentados debajo de retratos de la historia de Bagdad, las elecciones son más importantes que los candidatos.
"Sin elecciones, habrá tiranía", dijo Kadhim Hassan, 37, escritor.
La luz al fin de la mañana bañaba el atiborrado café con un suave brillo y Hassan estaba sentado en una angosta banca de madera. Calificó la votación de "momento histórico", luego su cara adquirió una expresión adusta. "La guerra y los desastres", dijo, sacudiendo la cabeza -para eso son buenos los iraquíes.
"Ahora la mayoría de la gente cree que están viviendo en la oscuridad", dijo Hassan. "Es hora de salir a la luz".
Shahbandar, con su tejado abovedado y sus paredes de ladrillos, es un artefacto de lo que alguien podría llamar una época más civilizada de Bagdad, antes de que las conversaciones giraran sobre los secuestros que se han transformado en una epidemia, antes de las frustraciones con la electricidad que aún no mejora, antes de las quejas sobre las colas en las gasolineras que se extienden por kilómetros y duran ya más de un mes.
Viejas pipas de agua están ordenadas en hileras, junto con samovares y jarras de bronce acumulando polvo. Afuera está la conejera de librerías a lo largo de la calle de Mutanabi, llamada según un sabio del siglo 10, cuyas palabras todavía son recitadas de memoria por casi todos los árabes. En la esquina está la Qushla, la sede en Bagdad del gobierno otomano, que cayó en la Primera Guerra Mundial. Fue en esa época que el café fue renovado y llamado oficialmente con el nombre de sus antiguos dueños, quienes comenzaron a atraer a los hombres de letras de la ciudad.
Shahbandar no tiene mesas de backgammon, naipes ni dominós, el equipaje de la mayoría de los cafés árabes. En su lugar hay conversaciones -un buen montón-, especialmente al mediodía, cuando el espacio en los sofás es limitado y las colillas de cigarrillos se apilan en el suelo.
"No me convencen las elecciones", declara Abdel-Rahman Abbas, 60, ex empleado municipal con un cuidado mostacho y una chaqueta deportiva azul. "Los americanos pueden hacer lo que quieran, y ya tomaron una decisión".
Abbas estaba preocupado. Compartía el cinismo de muchos sobre los más importantes partidos políticos iraquíes, la mayoría de los cuales operaban en el exilio durante el régimen de Saddam Hussein. Dijo que pensaba que las elecciones sólo intensificarían las divisiones sectarias que, a pesar de las provocaciones, todavía no habían estallado. Y expresó una nostalgia evocada a menudo: En su mente, la monarquía que cayó en 1958 sería un gobierno tan bueno como cualquiera.
"No es más que un juego", dijo.
Pero Abbas es una voz solitaria. No es que los otros pensaran que las elecciones serán pacíficas; pocos son los que no predicen la violencia. Pero muchos de los escritores, críticos literarios e intelectuales parecían estar diciendo que el precio valía la pena de pagar.
Para los más entusiastas en Shahbandar, el ambiente recordaba otros momentos críticos en Bagdad desde la invasión norteamericana de marzo de 2003: El optimismo aumentaba en cada momento decisivo, anunciado como un nuevo comienzo, incluso si resultaba ser de corta duración.
"Si hubieran hecho las elecciones primero, no tendríamos la situación que tenemos ahora", dijo Heidar Mohammed, 37, vendedor de libros. "Si hubiera habido elecciones, la gente habría aceptado al gobierno desde el principio".
Un barbudo con una abultada mochila distribuyó octavillas entre los parroquianos. Una decía: "Hacia un Iraq democrático, unido y justo". Detrás de él había un vendedor de diarios pregonando sus mercaderías: "¡Lea el diario! ¡150 dinares!" Uno de los titulares anunciaba los daños causados el miércoles por la explosión de tres coches-bomba en Mosul, la tercera ciudad del país.
"Un país no progresa sin hacer sacrificios", dijo Mohammed.
Mencionó la guerra de Irán-Iraq y la batalla de 1988 para recuperar la península de Faw en el Golfo Pérsico. Murieron miles, dijo, "en nombre de la locura de Saddam. Si perdemos 100 o 200 personas como mártires de las elecciones, el sacrificio valdrá la pena".
"Es el precio que tenemos que pagar", agregó Mohammed Thamer, poeta. "No tenemos alternativa, no hay solución".
Junto a la puerta del café, chocan el pasado y el futuro de Iraq. En las paredes adentro hay fotografías de la historia de Iraq: el equipo de lucha con los torsos desnudos de 1936, la corte del Rey Faisal después de la Primera Guerra Mundial, el funeral del Rey Ghazi en 1939. Afuera, los carteles de la campaña electoral con promesas como: "Elecciones son seguridad y estabilidad". "Iraq primero", dice otro.
Danif, Karim y Yassin, amigos que se reúnen todos los jueves en el café, sonrieron cuando hablaron sobre la votación. Como otros, saben poco de los candidatos, los partidos o sus programas. Pero celebran lo que significan las elecciones.
"En política no confío en nadie", dijo Karim, 48. "Sólo confío en el pueblo iraquí".
Yassin sorbió de su té, luego habló
"Con las elecciones", dijo, "se pasarán las páginas del régimen totalitario y nunca volverán a ser abiertas".
La embajada norteamericana ha hecho esfuerzos por limitar su participación pública en las elecciones, y los militares norteamericanos, que desplegarán sus 150.000 tropas durante las elecciones, se mantendrán alejados de los colegios electorales. Dado el nivel de descontento y escepticismo sobre Estados Unidos en Iraq, puede ser la mejor manera de asegurar la legitimidad de las elecciones.
"A veces cuando los norteamericanos dicen Buenos días', nos ponemos desconfiados", dijo Yassin, crítico literario.
Pero no había nada de la furiosa indignación sobre la ocupación mostrada a menudo en lugares como Ciudad Sáder, leal al clérigo militante chií, o en barrios predominantemente sunníes, como Adhamiyah. En lugar de eso, los tres hombres dijeron que esperarían.
"Terminará, tarde o temprano", dijo Yassin. "Lo dice la historia".
En las paredes hay fotografías de una ocupación anterior: la entrada en Bagdad en 1917 del general de división británico Stanley Maude a la cabeza del ejército que había derrotado a los otomanos, el pontón que construyó en el Tigris, un puesto militar británico de 1923. Maude murió en la guerra; Iraq no alcanzó la independencia sino en 1932.
"Los norteamericanos se marcharán", dijo Karim. "Se marcharán como otros que ocuparon Iraq, tarde o temprano".
Entretanto, los tres hombres dijeron que tenían esperanzas.
"Tengo optimismo, mil por ciento", exclamó Danif.
Karim asintió. "Yo soy dos veces más optimista", dijo.
Yassin sonrió. "Soy optimista, pero sé que habría obstáculos y dificultades". Asintió con los otros y dijo: "Es sólo el principio".
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
"Ir a votar es una victoria para el pueblo iraquí", dijo Ali Danif, 45, escritor.
"Las elecciones son más importantes que los candidatos", insistió Jamal Karim, su locuaz amigo.
Para no quedarse atrás, un sonriente Suheil Yassin intervino diciendo: "Mi deseo es morir en la puerta de uno de los locales de votación", una expresión que era deliberadamente dramática. "Quiero ser el mártir de las urnas".
Las primeras elecciones competitivas de Iraq en décadas son un asunto torpemente contenido. La violencia acecha ominosamente el proceso, que terminará con la elección de un nuevo parlamento el 30 de enero. Los nombres de los candidatos no han sido publicados, por temor a que sean asesinados. Las manifestaciones son pocas, los carteles son a menudo despegados y casi nadie conoce algún programa electoral, mucho menos sus candidatos.
Pero en Shahbandar, un café de más un siglo que ha sido durante largo tiempo el corazón intelectual de esta fatigada ciudad, donde hombres con desgastadas chaquetas de traje y jerseyes se reúnen a debatir en pequeños círculos, hay un marcado optimismo sobre lo que significan las elecciones para la gente que anhela un cambio decisivo después de casi dos años de ocupación. Para muchos de los hombres reunidos aquí, sentados debajo de retratos de la historia de Bagdad, las elecciones son más importantes que los candidatos.
"Sin elecciones, habrá tiranía", dijo Kadhim Hassan, 37, escritor.
La luz al fin de la mañana bañaba el atiborrado café con un suave brillo y Hassan estaba sentado en una angosta banca de madera. Calificó la votación de "momento histórico", luego su cara adquirió una expresión adusta. "La guerra y los desastres", dijo, sacudiendo la cabeza -para eso son buenos los iraquíes.
"Ahora la mayoría de la gente cree que están viviendo en la oscuridad", dijo Hassan. "Es hora de salir a la luz".
Shahbandar, con su tejado abovedado y sus paredes de ladrillos, es un artefacto de lo que alguien podría llamar una época más civilizada de Bagdad, antes de que las conversaciones giraran sobre los secuestros que se han transformado en una epidemia, antes de las frustraciones con la electricidad que aún no mejora, antes de las quejas sobre las colas en las gasolineras que se extienden por kilómetros y duran ya más de un mes.
Viejas pipas de agua están ordenadas en hileras, junto con samovares y jarras de bronce acumulando polvo. Afuera está la conejera de librerías a lo largo de la calle de Mutanabi, llamada según un sabio del siglo 10, cuyas palabras todavía son recitadas de memoria por casi todos los árabes. En la esquina está la Qushla, la sede en Bagdad del gobierno otomano, que cayó en la Primera Guerra Mundial. Fue en esa época que el café fue renovado y llamado oficialmente con el nombre de sus antiguos dueños, quienes comenzaron a atraer a los hombres de letras de la ciudad.
Shahbandar no tiene mesas de backgammon, naipes ni dominós, el equipaje de la mayoría de los cafés árabes. En su lugar hay conversaciones -un buen montón-, especialmente al mediodía, cuando el espacio en los sofás es limitado y las colillas de cigarrillos se apilan en el suelo.
"No me convencen las elecciones", declara Abdel-Rahman Abbas, 60, ex empleado municipal con un cuidado mostacho y una chaqueta deportiva azul. "Los americanos pueden hacer lo que quieran, y ya tomaron una decisión".
Abbas estaba preocupado. Compartía el cinismo de muchos sobre los más importantes partidos políticos iraquíes, la mayoría de los cuales operaban en el exilio durante el régimen de Saddam Hussein. Dijo que pensaba que las elecciones sólo intensificarían las divisiones sectarias que, a pesar de las provocaciones, todavía no habían estallado. Y expresó una nostalgia evocada a menudo: En su mente, la monarquía que cayó en 1958 sería un gobierno tan bueno como cualquiera.
"No es más que un juego", dijo.
Pero Abbas es una voz solitaria. No es que los otros pensaran que las elecciones serán pacíficas; pocos son los que no predicen la violencia. Pero muchos de los escritores, críticos literarios e intelectuales parecían estar diciendo que el precio valía la pena de pagar.
Para los más entusiastas en Shahbandar, el ambiente recordaba otros momentos críticos en Bagdad desde la invasión norteamericana de marzo de 2003: El optimismo aumentaba en cada momento decisivo, anunciado como un nuevo comienzo, incluso si resultaba ser de corta duración.
"Si hubieran hecho las elecciones primero, no tendríamos la situación que tenemos ahora", dijo Heidar Mohammed, 37, vendedor de libros. "Si hubiera habido elecciones, la gente habría aceptado al gobierno desde el principio".
Un barbudo con una abultada mochila distribuyó octavillas entre los parroquianos. Una decía: "Hacia un Iraq democrático, unido y justo". Detrás de él había un vendedor de diarios pregonando sus mercaderías: "¡Lea el diario! ¡150 dinares!" Uno de los titulares anunciaba los daños causados el miércoles por la explosión de tres coches-bomba en Mosul, la tercera ciudad del país.
"Un país no progresa sin hacer sacrificios", dijo Mohammed.
Mencionó la guerra de Irán-Iraq y la batalla de 1988 para recuperar la península de Faw en el Golfo Pérsico. Murieron miles, dijo, "en nombre de la locura de Saddam. Si perdemos 100 o 200 personas como mártires de las elecciones, el sacrificio valdrá la pena".
"Es el precio que tenemos que pagar", agregó Mohammed Thamer, poeta. "No tenemos alternativa, no hay solución".
Junto a la puerta del café, chocan el pasado y el futuro de Iraq. En las paredes adentro hay fotografías de la historia de Iraq: el equipo de lucha con los torsos desnudos de 1936, la corte del Rey Faisal después de la Primera Guerra Mundial, el funeral del Rey Ghazi en 1939. Afuera, los carteles de la campaña electoral con promesas como: "Elecciones son seguridad y estabilidad". "Iraq primero", dice otro.
Danif, Karim y Yassin, amigos que se reúnen todos los jueves en el café, sonrieron cuando hablaron sobre la votación. Como otros, saben poco de los candidatos, los partidos o sus programas. Pero celebran lo que significan las elecciones.
"En política no confío en nadie", dijo Karim, 48. "Sólo confío en el pueblo iraquí".
Yassin sorbió de su té, luego habló
"Con las elecciones", dijo, "se pasarán las páginas del régimen totalitario y nunca volverán a ser abiertas".
La embajada norteamericana ha hecho esfuerzos por limitar su participación pública en las elecciones, y los militares norteamericanos, que desplegarán sus 150.000 tropas durante las elecciones, se mantendrán alejados de los colegios electorales. Dado el nivel de descontento y escepticismo sobre Estados Unidos en Iraq, puede ser la mejor manera de asegurar la legitimidad de las elecciones.
"A veces cuando los norteamericanos dicen Buenos días', nos ponemos desconfiados", dijo Yassin, crítico literario.
Pero no había nada de la furiosa indignación sobre la ocupación mostrada a menudo en lugares como Ciudad Sáder, leal al clérigo militante chií, o en barrios predominantemente sunníes, como Adhamiyah. En lugar de eso, los tres hombres dijeron que esperarían.
"Terminará, tarde o temprano", dijo Yassin. "Lo dice la historia".
En las paredes hay fotografías de una ocupación anterior: la entrada en Bagdad en 1917 del general de división británico Stanley Maude a la cabeza del ejército que había derrotado a los otomanos, el pontón que construyó en el Tigris, un puesto militar británico de 1923. Maude murió en la guerra; Iraq no alcanzó la independencia sino en 1932.
"Los norteamericanos se marcharán", dijo Karim. "Se marcharán como otros que ocuparon Iraq, tarde o temprano".
Entretanto, los tres hombres dijeron que tenían esperanzas.
"Tengo optimismo, mil por ciento", exclamó Danif.
Karim asintió. "Yo soy dos veces más optimista", dijo.
Yassin sonrió. "Soy optimista, pero sé que habría obstáculos y dificultades". Asintió con los otros y dijo: "Es sólo el principio".
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
candomblé gana fieles
[Michael Astor] Religión brasileña prohibida en el pasado tiene cada vez más seguidores. Esclavos africanos llevaron a Brasil sus propias religiones, como el candomblé, que incluye sacrificios animales.
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.
El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
venezuela rompe con colombia
La relación entre Colombia y Venezuela quedó fracturada tras la decisión del presidente Hugo Chávez de suspender todo negocio bilateral y retirar a su embajador hasta tanto su homólogo Álvaro Uribe no se disculpe por el caso Granda.
Bogotá, Colombia. El gobierno colombiano reaccionó mediante un comunicado en que señala que no ha violado el territorio venezolano, y en que justifica las acciones que le permitieron la captura del guerrillero de las FARC Rodrigo Granda, oficialmente capturado en Cúcuta el 13 de diciembre, pero que previamente fue secuestrado en Caracas, según señala Venezuela.
Desde hace varios días las declaraciones se fueron escalando, con acusaciones cada vez más fuertes de Venezuela en el sentido de que Colombia violó su soberanía, mientras Bogotá admitió que pagó una recompensa para facilitar la captura de Granda, considerado el canciller de las FARC.
El embajador Carlos Rodolfo Santiago no regresará "hasta que el gobierno colombiano rectifique y pida disculpas. Al mismo tiempo he ordenado paralizar todo negocio con Colombia; lamentablemente se paraliza el gasoducto transcaribeño hasta que no sea reivindicada la soberanía violada de Venezuela, me veo obligado a tomar esta decisión", dijo Chávez.
El gasoducto de 177 km es un proyecto binacional ya acordado por ambos gobiernos.
"Le invito a rectificar, le invito a que su gobierno rectifique", le dice Chávez a Uribe, en la declaración divulgada en Caracas.
"Han cometido en Colombia un grave error y deben rectificar en vez de estar buscando argucias que peor hacen quedar a su gobierno. No puede ser, es injustificable desde todo punto de vista que altos funcionarios del gobierno colombiano estén instigando a funcionarios venezolanos al delito".
El gobierno de Bogotá contestó con un comunicado de 9 puntos, que no puede ser considerado como una disculpa o una rectificación, en que señala que "la Policía de Colombia ha explicado de manera clara y contundente que no ha violado la soberanía de Venezuela".
Colombia justifica la política de recompensas como "un instrumento legítimo" e indicó que las "Naciones Unidas prohíben a los países miembros albergar terroristas de manera 'activa o pasiva'", en una tácita alusión al hecho de que Granda vivía en Venezuela de tiempo atrás.
En el comunicado el gobierno "reitera su propósito de tener constructivas relaciones con el gobierno y el pueblo de Venezuela".
"También propondremos nuevamente al gobierno de Venezuela la creación o activación de un mecanismo binacional para examinar los hechos que los gobiernos estimen conveniente", señala.
En Colombia, dirigentes políticos y económicos, además de analistas, consideraron la situación como preocupante, aunque algunos de ellos calificaron de exagerada la reacción de Chávez.
El analista independiente Alejo Vargas señaló que "dudo mucho que el gobierno venezolano quede satisfecho con esta respuesta" aunque consideró que con ella se le baja a la confrontación.
El analista independiente Alfredo Rangel, experto en temas de seguridad, indicó a la AFP que "este es el peor momento de las relaciones entre Colombia y Venezuela en los últimos años".
También señaló que la reacción de Chávez "es absolutamente consistente con la valoración que hicieron en Venezuela de este caso: que fue una violación de la soberanía".
El analista independiente Pedro Medellín dijo que "uno entiende la reacción de Chávez porque el gobierno colombiano quería pasar de agache frente al hecho. Colombia debió proceder a pedir excusas".
Para el congresista Manuel Ramiro Velásquez, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, "este es el momento propicio para que el gobierno Chávez le explique a la comunidad internacional por qué sigue permitiendo que alzados en armas en Colombia sigan deambulando por su territorio".
Para el senador de izquierda Antonio Navarro, lo que ocurre "es gravísimo. Me parece muy desafortunada la postura del gobierno venezolano, que nos debe una explicación sobre la presencia de guerrilleros en su país".
Navarro consideró que la posición del "gobierno colombiano también es muy desafortunada porque invita a infringir la ley pues ambas constituciones prohíben recibir recompensas de gobierno extranjeros".
No se sabe aún cuál es el alcance de la declaración de Chávez, sin embargo, la situación en las fronteras y aduanas es normal.
15 de enero de 2005
©univisión
Bogotá, Colombia. El gobierno colombiano reaccionó mediante un comunicado en que señala que no ha violado el territorio venezolano, y en que justifica las acciones que le permitieron la captura del guerrillero de las FARC Rodrigo Granda, oficialmente capturado en Cúcuta el 13 de diciembre, pero que previamente fue secuestrado en Caracas, según señala Venezuela.Desde hace varios días las declaraciones se fueron escalando, con acusaciones cada vez más fuertes de Venezuela en el sentido de que Colombia violó su soberanía, mientras Bogotá admitió que pagó una recompensa para facilitar la captura de Granda, considerado el canciller de las FARC.
El embajador Carlos Rodolfo Santiago no regresará "hasta que el gobierno colombiano rectifique y pida disculpas. Al mismo tiempo he ordenado paralizar todo negocio con Colombia; lamentablemente se paraliza el gasoducto transcaribeño hasta que no sea reivindicada la soberanía violada de Venezuela, me veo obligado a tomar esta decisión", dijo Chávez.
El gasoducto de 177 km es un proyecto binacional ya acordado por ambos gobiernos.
"Le invito a rectificar, le invito a que su gobierno rectifique", le dice Chávez a Uribe, en la declaración divulgada en Caracas.
"Han cometido en Colombia un grave error y deben rectificar en vez de estar buscando argucias que peor hacen quedar a su gobierno. No puede ser, es injustificable desde todo punto de vista que altos funcionarios del gobierno colombiano estén instigando a funcionarios venezolanos al delito".
El gobierno de Bogotá contestó con un comunicado de 9 puntos, que no puede ser considerado como una disculpa o una rectificación, en que señala que "la Policía de Colombia ha explicado de manera clara y contundente que no ha violado la soberanía de Venezuela".
Colombia justifica la política de recompensas como "un instrumento legítimo" e indicó que las "Naciones Unidas prohíben a los países miembros albergar terroristas de manera 'activa o pasiva'", en una tácita alusión al hecho de que Granda vivía en Venezuela de tiempo atrás.
En el comunicado el gobierno "reitera su propósito de tener constructivas relaciones con el gobierno y el pueblo de Venezuela".
"También propondremos nuevamente al gobierno de Venezuela la creación o activación de un mecanismo binacional para examinar los hechos que los gobiernos estimen conveniente", señala.
En Colombia, dirigentes políticos y económicos, además de analistas, consideraron la situación como preocupante, aunque algunos de ellos calificaron de exagerada la reacción de Chávez.
El analista independiente Alejo Vargas señaló que "dudo mucho que el gobierno venezolano quede satisfecho con esta respuesta" aunque consideró que con ella se le baja a la confrontación.
El analista independiente Alfredo Rangel, experto en temas de seguridad, indicó a la AFP que "este es el peor momento de las relaciones entre Colombia y Venezuela en los últimos años".
También señaló que la reacción de Chávez "es absolutamente consistente con la valoración que hicieron en Venezuela de este caso: que fue una violación de la soberanía".
El analista independiente Pedro Medellín dijo que "uno entiende la reacción de Chávez porque el gobierno colombiano quería pasar de agache frente al hecho. Colombia debió proceder a pedir excusas".
Para el congresista Manuel Ramiro Velásquez, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, "este es el momento propicio para que el gobierno Chávez le explique a la comunidad internacional por qué sigue permitiendo que alzados en armas en Colombia sigan deambulando por su territorio".
Para el senador de izquierda Antonio Navarro, lo que ocurre "es gravísimo. Me parece muy desafortunada la postura del gobierno venezolano, que nos debe una explicación sobre la presencia de guerrilleros en su país".
Navarro consideró que la posición del "gobierno colombiano también es muy desafortunada porque invita a infringir la ley pues ambas constituciones prohíben recibir recompensas de gobierno extranjeros".
No se sabe aún cuál es el alcance de la declaración de Chávez, sin embargo, la situación en las fronteras y aduanas es normal.
15 de enero de 2005
©univisión
no volverá a violar a mi hija
[Eric Rich] Mujer liberada tras asesinato de su marido narra toda una vida de maltratos. Violó a su hijastra, cuyo hijo se criará ahora sin su padre.
Laura Rogers recuerda que metió la mano debajo de la cama donde dormía su marido, y cogió la escopeta. Había estado despierta toda la noche.
Recuerda que llevó la escopeta calibre 20 a la salida, donde había estado sin mirar televisión durante horas. Lo abrió y deslizó un proyectil en su recámara. De vuelta en el dormitorio, miró a su marido, Walter Rogers, 43, durmiendo al lado derecho.
El sol no había salido todavía.
Laura Rogers no recuerda haber sostenido el arma a menos de 30 centímetros de la cara de su marido, apuntándole al ojo izquierdo. No recuerda haber jalado el gatillo.
"Recuerdo el sonido del disparo, y que corrí, y dije: ¿Qué he hecho?'", dijo en una entrevista esta semana.
Seis meses después de matar a su marido, Laura Rogers, 36, fue dejada en libertad del Centro de Detención del condado de Anne Arundel.
Fue acusada de homicidio en primer grado, un crimen castigado con cadena perpetua en prisión, pero ella se confesó culpable de homicidio involuntario. El juez del tribunal de distrito Paul A. Hackner la sentenció a diez años de prisión, el máximo para ese delito, pero suspendió toda la pena, excepto los 198 días que había pasado en prisión desde su detención. Hackner dijo que lo había convencido un diagnóstico de que ella sufría el síndrome de las esposas maltratadas. Y calificó a su marido, la víctima, de "un horrible ser humano".
La fiscalía no se opuso al veredicto. Este era un caso de asesinato que los fiscales no se atreven a presentar ante un jurado.
Es una vieja historia: una esposa que se dice maltratada mata al hombre que la atormentaba. Laura Rogers no es de ninguna manera la primera mujer que pone fin a años de supuestos abusos jalando un gatillo en la noche. Pero rara vez el sistema judicial acepta que la culpa es del marido. Rara vez excusa el sistema un homicidio y envía a la esposa a casa.
Pero este caso no era como otros.
En primer lugar, había que pensar en el bienestar psicológico de una niña de 17 años.
Y había un video.
Un horrible video.
Una Muerte en la Familia
Laura Rogers describió el asesinato y las circunstancias que lo rodearon en una entrevista, al día siguiente de salir de la prisión. Habló sentada a una mesa de conferencia en el despacho de su abogado, Clarke F. Ahlers, con las manos apretadas.
Tiene el pelo castaño y liso y lleva el corte de pelo de las reclusas; llevaba pantalones de gimnasia azules y un jersey azul con un corazón rojo en el pecho. En su muñeca derecha luce un tatuaje de una rosa púrpura. Habla casi siempre monótonamente, aunque en una ocasión rompió a llorar, cuando recontaba su vida y su relación con Walter Rogers antes de coger la escopeta.
"Tan pronto como disparé, la coloqué en el suelo", dijo, hablando de la escopeta que disparó esa mañana temprano el último sábado de abril.
El estallido despertó a su hija, entonces de 16, y a su hijo menor, hijos de un matrimonio anterior. Rogers dijo que los volvió rápidamente a poner en la cama, diciéndoles que no sabía lo que había pasado.
Luego llamó a la policía y les pidió que se acercaran a su recluido apartamento, en la parte de atrás de un edificio de oficinas en una calle sin salida en un parque industrial de Laurel, al oeste del condado de Anne Arundel.
La primera patrulla de agentes llegó pensando que se trataba de un suicidio, dijeron Rogers y Ahlers, una idea que ella no trató de desmentir. Pero los detectives se mostraron escépticos casi desde el principio.
Dos días después, en un aparente esfuerzo de proteger a su madre, Laura Rogers, la hija de 16, se confesó culpable. Sin embargo, los detectives se dieron cuenta de que la chica no podía haberlo hecho: No sabía cómo cargar la escopeta. Le dijeron a Laura Rogers lo que había dicho la chica, y Rogers admitió rápidamente que ella había jalado el gatillo.
Dijo que "tomar una vida es algo con lo que tendré que vivir el resto de mi vida". Pero dijo que se sentía como si "respirara de nuevo" por primera vez en años. Dijo que entendía que para entender su situación -el "terror y el miedo" de ella y su familia- había que entender que no tenía alternativa.
Buenos Tiempos Que Se Estropearon
Conoció a Walter Rogers hace 12 años en un concierto de Clint Black en el Merriweather Post Pavilion en Columbia. Los dos habían estado casados antes. Ella lo encontró guapo, agradable, un hombre de familia que la aceptaba con sus dos hijos.
"Siempre decía que había sido amor a primera vista", dijo Laura Rogers. "Yo nunca le creí. Yo había tenido ya un mal matrimonio, así que estaba muy escéptica. Pero él supo cómo seducirme".
Siete meses después comenzaron a vivir juntos en casa de los padres de ella. Él le propuso matrimonio, arrodillándose en una Pizza Hut. Se casaron menos de dos años después de haberse conocido.
"Fue maravilloso, al comienzo", dijo ella. "Nos llevábamos muy bien. Me trató maravillosamente hasta el tercer año de matrimonio".
"Pero los últimos seis años he vivido aterrorizada".
Dijo que él se había transformado en un abusador con la manía de querer controlarlo todo. La familia se mudó una docena de veces en diez años, limitando su capacidad de conocer otra gente. No le dejaba tener amigos ni la dejaba trabajar.
"Pasé por un montón de cambios emocionales, estando con él", dijo. "Quiero decir, físicamente, sí, también me pegaba. No pasó muchas veces, pero, sí, también me pegó. Un montón de veces, pero el maltrato emocional deja cicatrices profundas".
Dijo que creía que no podía marcharse. "Yo sabía que él nunca me dejaría, y si yo me marchaba, él sabría encontrarme", dijo. "Yo vivía con miedo de que nos maltratara, a mí y a mis hijos".
En 2000, su hija se quejó de que Walter Rogers le había pasado la mano por su pecho. La policía de Mississipi, donde estaban viviendo, investigó la acusación. Walter Rogers fue acusado formalmente. Pero el caso fue desechado.
Luego, en mayo de 2003, su hija contó a funcionarios de la escuela de Anne Arundel que su padrastro estaba abusando sexualmente de ella. Los detectives visitaron a los Rogers en casa ese mismo día. A pesar de los maltratos que Laura Rogers misma estaba sufriendo, no imaginaba en esa época que su marido estuviera abusando de su hija.
"Walter era muy convincente", dijo. "Me convenció a mí, a las asistentes sociales, a la policía. Convenció a todo el mundo de que él no había hecho nada y, básicamente, que era un santo".
Tan convincente fue que la chica fue acusada de presentar una denuncia falsa. Fue condenada por el tribunal juvenil del condado de Anne Arundel.
En una entrevista con las autoridades, Walter Rogers lloró y dijo que su hijastra lo había acusado falsamente. Dijo que había mentido antes sobre lo mismo, en Mississippi, y dijo que su "mundo se estaba derrumbando. Los problemas de salud, simplemente el día a día... Yo no hice nada".
La condena de la chica adolescente finalmente fue anulada. Para entonces, las pruebas de sus denuncias eran irrefutables.
Un Arma y un Motivo
El 23 de abril mientras secaba la ropa en una centrífuga en una lavandería, Laura Rogers entró a un Wal-Mart no muy lejos de su casa y compró la escopeta. Dijo que su marido la había enviado a comprarla, diciendo que estaba preocupado por los robos en su aislado vecindario.
Su hija de 16 tenía siete meses de embarazo entonces. Laura Rogers dijo que creía que el padre era un niño de la escuela.
Hacia las nueve de la noche, la chica le contó a su madre donde hallar pruebas de que los abusos sexuales de su padrastro eran verdad. Había un video, dijo, en el armario de Walter Rogers. Le dijo que mirara detrás de su colección de la revista Playboy.
La familia estaba preparando un viaje a Carolina del Norte. Esa noche, cuando Walter Rogers, un jornalero, estaba guardando sus herramientas en el patio y preparando el viaje, Laura Rogers sacó el video. Lo puso en su cámara de video en su dormitorio y miró hasta que no aguantó más en la pequeña pantalla de la cámara.
Las imágenes mostraban a Walter Rogers teniendo relaciones sexuales con la niña. Laura Rogers dijo que cuando estaba mirando se quedó paralizada. "No sé qué pasó", recordó. "Creo que me metí en mi caparazón".
Pero dijo que ella lo sabía. "Cuando vi el video, pensé que él nunca volvería a tocar a mi hija. En ese momento tuve la certeza de que él lo estaba haciendo, que ahora no podría convencerme de que no era así".
Su hija, se dio cuenta entonces, había estado contando la verdad. Y su marido había violado repetidas veces a su hija, había mentido sobre el asunto, había hecho procesar a la niña y seguía abusando de ella. Cuando sacó el video, recordó, Walter Rogers entraba a casa. Él le dijo que se asegurara que llevar lo suficiente para el viaje de la semana.
Laura Rogers dijo que se sentía disgustada, pero no le dijo nada.
"Está bien", le dijo.
Horas más tarde, cuando el sol estaba por salir, se acercó a la puerta del dormitorio. La abrió y, con la luz que entraba de la salita, sacó la escopeta de debajo de la cama.
Caso Cerrado
EL martes el juez Hackner dijo en el tribunal que un diagnóstico de síndrome de esposa maltratada imponía la liberación de Laura Rogers. Pero él tomó esa decisión sólo después de haber visto en su despacho el video, y después de oír al abogado Ahlers describir a Walter Rogers como "una persona que sacaba un placer enfermizo y sádico en atormentar a otra gente".
Los fiscales dijeron que habían aceptado el acuerdo en parte para evitar que la hija de Laura Rogers, ahora de 17, pasara por la dura prueba de tener que declarar sobre los abusos de que fue víctima. Su hijo, un niño, nació en el verano y fue entregado en adopción. Análisis de DNA probaron que el padre era Walter Rogers.
La cárcel abrió sus puertas a las seis de la tarde del martes y Laura Rogers salió convertida en una mujer libre. Pensando más tarde en lo que había visto en la diminuta pantalla de la cámara, dijo que había hecho lo que tenía que hacer.
"Cuando vi a este hombre violando a mi hija, pensé que no podía dejar que eso siguiera pasando", dijo. "Yo no podía cambiar el pasado. Pero sí podía cambiar el futuro".
12 de noviembre de 2004
15 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Recuerda que llevó la escopeta calibre 20 a la salida, donde había estado sin mirar televisión durante horas. Lo abrió y deslizó un proyectil en su recámara. De vuelta en el dormitorio, miró a su marido, Walter Rogers, 43, durmiendo al lado derecho.
El sol no había salido todavía.
Laura Rogers no recuerda haber sostenido el arma a menos de 30 centímetros de la cara de su marido, apuntándole al ojo izquierdo. No recuerda haber jalado el gatillo.
"Recuerdo el sonido del disparo, y que corrí, y dije: ¿Qué he hecho?'", dijo en una entrevista esta semana.
Seis meses después de matar a su marido, Laura Rogers, 36, fue dejada en libertad del Centro de Detención del condado de Anne Arundel.
Fue acusada de homicidio en primer grado, un crimen castigado con cadena perpetua en prisión, pero ella se confesó culpable de homicidio involuntario. El juez del tribunal de distrito Paul A. Hackner la sentenció a diez años de prisión, el máximo para ese delito, pero suspendió toda la pena, excepto los 198 días que había pasado en prisión desde su detención. Hackner dijo que lo había convencido un diagnóstico de que ella sufría el síndrome de las esposas maltratadas. Y calificó a su marido, la víctima, de "un horrible ser humano".
La fiscalía no se opuso al veredicto. Este era un caso de asesinato que los fiscales no se atreven a presentar ante un jurado.
Es una vieja historia: una esposa que se dice maltratada mata al hombre que la atormentaba. Laura Rogers no es de ninguna manera la primera mujer que pone fin a años de supuestos abusos jalando un gatillo en la noche. Pero rara vez el sistema judicial acepta que la culpa es del marido. Rara vez excusa el sistema un homicidio y envía a la esposa a casa.
Pero este caso no era como otros.
En primer lugar, había que pensar en el bienestar psicológico de una niña de 17 años.
Y había un video.
Un horrible video.
Una Muerte en la Familia
Laura Rogers describió el asesinato y las circunstancias que lo rodearon en una entrevista, al día siguiente de salir de la prisión. Habló sentada a una mesa de conferencia en el despacho de su abogado, Clarke F. Ahlers, con las manos apretadas.
Tiene el pelo castaño y liso y lleva el corte de pelo de las reclusas; llevaba pantalones de gimnasia azules y un jersey azul con un corazón rojo en el pecho. En su muñeca derecha luce un tatuaje de una rosa púrpura. Habla casi siempre monótonamente, aunque en una ocasión rompió a llorar, cuando recontaba su vida y su relación con Walter Rogers antes de coger la escopeta.
"Tan pronto como disparé, la coloqué en el suelo", dijo, hablando de la escopeta que disparó esa mañana temprano el último sábado de abril.
El estallido despertó a su hija, entonces de 16, y a su hijo menor, hijos de un matrimonio anterior. Rogers dijo que los volvió rápidamente a poner en la cama, diciéndoles que no sabía lo que había pasado.
Luego llamó a la policía y les pidió que se acercaran a su recluido apartamento, en la parte de atrás de un edificio de oficinas en una calle sin salida en un parque industrial de Laurel, al oeste del condado de Anne Arundel.
La primera patrulla de agentes llegó pensando que se trataba de un suicidio, dijeron Rogers y Ahlers, una idea que ella no trató de desmentir. Pero los detectives se mostraron escépticos casi desde el principio.
Dos días después, en un aparente esfuerzo de proteger a su madre, Laura Rogers, la hija de 16, se confesó culpable. Sin embargo, los detectives se dieron cuenta de que la chica no podía haberlo hecho: No sabía cómo cargar la escopeta. Le dijeron a Laura Rogers lo que había dicho la chica, y Rogers admitió rápidamente que ella había jalado el gatillo.
Dijo que "tomar una vida es algo con lo que tendré que vivir el resto de mi vida". Pero dijo que se sentía como si "respirara de nuevo" por primera vez en años. Dijo que entendía que para entender su situación -el "terror y el miedo" de ella y su familia- había que entender que no tenía alternativa.
Buenos Tiempos Que Se Estropearon
Conoció a Walter Rogers hace 12 años en un concierto de Clint Black en el Merriweather Post Pavilion en Columbia. Los dos habían estado casados antes. Ella lo encontró guapo, agradable, un hombre de familia que la aceptaba con sus dos hijos.
"Siempre decía que había sido amor a primera vista", dijo Laura Rogers. "Yo nunca le creí. Yo había tenido ya un mal matrimonio, así que estaba muy escéptica. Pero él supo cómo seducirme".
Siete meses después comenzaron a vivir juntos en casa de los padres de ella. Él le propuso matrimonio, arrodillándose en una Pizza Hut. Se casaron menos de dos años después de haberse conocido.
"Fue maravilloso, al comienzo", dijo ella. "Nos llevábamos muy bien. Me trató maravillosamente hasta el tercer año de matrimonio".
"Pero los últimos seis años he vivido aterrorizada".
Dijo que él se había transformado en un abusador con la manía de querer controlarlo todo. La familia se mudó una docena de veces en diez años, limitando su capacidad de conocer otra gente. No le dejaba tener amigos ni la dejaba trabajar.
"Pasé por un montón de cambios emocionales, estando con él", dijo. "Quiero decir, físicamente, sí, también me pegaba. No pasó muchas veces, pero, sí, también me pegó. Un montón de veces, pero el maltrato emocional deja cicatrices profundas".
Dijo que creía que no podía marcharse. "Yo sabía que él nunca me dejaría, y si yo me marchaba, él sabría encontrarme", dijo. "Yo vivía con miedo de que nos maltratara, a mí y a mis hijos".
En 2000, su hija se quejó de que Walter Rogers le había pasado la mano por su pecho. La policía de Mississipi, donde estaban viviendo, investigó la acusación. Walter Rogers fue acusado formalmente. Pero el caso fue desechado.
Luego, en mayo de 2003, su hija contó a funcionarios de la escuela de Anne Arundel que su padrastro estaba abusando sexualmente de ella. Los detectives visitaron a los Rogers en casa ese mismo día. A pesar de los maltratos que Laura Rogers misma estaba sufriendo, no imaginaba en esa época que su marido estuviera abusando de su hija.
"Walter era muy convincente", dijo. "Me convenció a mí, a las asistentes sociales, a la policía. Convenció a todo el mundo de que él no había hecho nada y, básicamente, que era un santo".
Tan convincente fue que la chica fue acusada de presentar una denuncia falsa. Fue condenada por el tribunal juvenil del condado de Anne Arundel.
En una entrevista con las autoridades, Walter Rogers lloró y dijo que su hijastra lo había acusado falsamente. Dijo que había mentido antes sobre lo mismo, en Mississippi, y dijo que su "mundo se estaba derrumbando. Los problemas de salud, simplemente el día a día... Yo no hice nada".
La condena de la chica adolescente finalmente fue anulada. Para entonces, las pruebas de sus denuncias eran irrefutables.
Un Arma y un Motivo
El 23 de abril mientras secaba la ropa en una centrífuga en una lavandería, Laura Rogers entró a un Wal-Mart no muy lejos de su casa y compró la escopeta. Dijo que su marido la había enviado a comprarla, diciendo que estaba preocupado por los robos en su aislado vecindario.
Su hija de 16 tenía siete meses de embarazo entonces. Laura Rogers dijo que creía que el padre era un niño de la escuela.
Hacia las nueve de la noche, la chica le contó a su madre donde hallar pruebas de que los abusos sexuales de su padrastro eran verdad. Había un video, dijo, en el armario de Walter Rogers. Le dijo que mirara detrás de su colección de la revista Playboy.
La familia estaba preparando un viaje a Carolina del Norte. Esa noche, cuando Walter Rogers, un jornalero, estaba guardando sus herramientas en el patio y preparando el viaje, Laura Rogers sacó el video. Lo puso en su cámara de video en su dormitorio y miró hasta que no aguantó más en la pequeña pantalla de la cámara.
Las imágenes mostraban a Walter Rogers teniendo relaciones sexuales con la niña. Laura Rogers dijo que cuando estaba mirando se quedó paralizada. "No sé qué pasó", recordó. "Creo que me metí en mi caparazón".
Pero dijo que ella lo sabía. "Cuando vi el video, pensé que él nunca volvería a tocar a mi hija. En ese momento tuve la certeza de que él lo estaba haciendo, que ahora no podría convencerme de que no era así".
Su hija, se dio cuenta entonces, había estado contando la verdad. Y su marido había violado repetidas veces a su hija, había mentido sobre el asunto, había hecho procesar a la niña y seguía abusando de ella. Cuando sacó el video, recordó, Walter Rogers entraba a casa. Él le dijo que se asegurara que llevar lo suficiente para el viaje de la semana.
Laura Rogers dijo que se sentía disgustada, pero no le dijo nada.
"Está bien", le dijo.
Horas más tarde, cuando el sol estaba por salir, se acercó a la puerta del dormitorio. La abrió y, con la luz que entraba de la salita, sacó la escopeta de debajo de la cama.
Caso Cerrado
EL martes el juez Hackner dijo en el tribunal que un diagnóstico de síndrome de esposa maltratada imponía la liberación de Laura Rogers. Pero él tomó esa decisión sólo después de haber visto en su despacho el video, y después de oír al abogado Ahlers describir a Walter Rogers como "una persona que sacaba un placer enfermizo y sádico en atormentar a otra gente".
Los fiscales dijeron que habían aceptado el acuerdo en parte para evitar que la hija de Laura Rogers, ahora de 17, pasara por la dura prueba de tener que declarar sobre los abusos de que fue víctima. Su hijo, un niño, nació en el verano y fue entregado en adopción. Análisis de DNA probaron que el padre era Walter Rogers.
La cárcel abrió sus puertas a las seis de la tarde del martes y Laura Rogers salió convertida en una mujer libre. Pensando más tarde en lo que había visto en la diminuta pantalla de la cámara, dijo que había hecho lo que tenía que hacer.
"Cuando vi a este hombre violando a mi hija, pensé que no podía dejar que eso siguiera pasando", dijo. "Yo no podía cambiar el pasado. Pero sí podía cambiar el futuro".
12 de noviembre de 2004
15 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh