culpable torturador de iraq
Posible condena a 15 años de reclusión por maltratar a prisioneros iraquíes. La corte declara culpable de tortura al soldado estadounidense Charles Graner. En Bagdad, otro militar de EU fue sentenciado a un año de cárcel por rematar a un joven.
Fort Hood, Estados Unidos. El soldado estadunidense Charles Graner fue encontrado culpable este viernes de nueve de 10 cargos de abuso contra prisioneros iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib, Iraq, por una corte marcial, la cual podría condenarlo a 15 años de prisión.
Asimismo, en Bagdad un tribunal militar estadunidense condenó a un año de prisión al sargento Cárdenas Alban, al encontrarlo culpable de rematar con el "tiro de gracia" a un iraquí herido en agosto de 2004 en Ciudad Sadr.
Alban y otros dos soldados, uno de los cuales ya fue condenado por el hecho, se enfrentaron contra un grupo de jóvenes, quienes, supusieron, pretendían colocar minas. En el tiroteo murieron varios iraquíes y otros resultaron heridos. Uno fue rematado por Alban de un tiro en la nuca.
En Tejas, el jurado militar declaró culpable de todos los cargos a Graner, de 36 años, pero optó por reducir uno. Se le acusó de "asalto contra un prisionero" en lugar de "usar fuerza que pudiera causar la muerte o lesiones de gravedad" a un detenido.
Muchas acusaciones fueron documentadas con fotografías que conmocionaron al mundo y fueron divulgadas el año pasado, y otras hasta ahora desconocidas.
La defensa del soldado argumentó que éste siguió órdenes de sus superiores para "golpear suavemente" a los prisioneros antes de los interrogatorios. No todos los testigos de la defensa respaldaron esa postura, pues sus declaraciones fueron contradictorias en cuanto a si hubo órdenes claras de soldados de mayor rango, quienes habrían alentado y tolerado los abusos.
A su vez, la fiscalía acusó al militar de tortura y humillación contra prisioneros para divertirse, así como de instigar los abusos en la prisión de Abu Ghraib.
El jurado también tomó como evidencia correos electrónicos que contienen fotos de torturas acompañadas de textos que Graner envió a familiares, incluídos hijos y amigos. Una muestra a un prisionero sangrando y gritando. Debajo de la imagen Graner escribió: "Otra noche de trabajo aburrido".
También se presentó como prueba contra el acusado una fotografía que lo muestra sonriente junto a otro guardia, posando frente a prisioneros desnudos en humillantes posiciones sexuales.
El capitán Chris Graveline, abogado de la acusación, aseguró que esta imagen demuestra que el acusado usó un "perverso humor sexual" para "humillar a los prisioneros para propio regocijo".
Esto destruyó la defensa del abogado Guy Womack, quien aseguró que es válido atar por el cuello a los prisioneros, pues ello facilita sacar de sus celdas "a los más peligrosos".
Graveline ridiculizó los argumentos de la defensa, de que la captura del derrocado presidente iraquí, Saddam Hussein, se logró gracias a la práctica de los soldados de "ablandar" a los prisioneros, alegando que éstos eran, casi en su totalidad, delincuentes comunes.
Para enfatizar el punto, el abogado mostró la fotografía de una prostituta presa semidesnuda, y preguntó: "¿Pudo haber sido ella la que nos dio a Hussein?"
Los cargos contra Graner incluyen maltrato, conspiración para maltratar, violencia, indecencia y negligencia en el cumplimiento del deber. Por este escándalo cuatro soldados ya fueron sentenciados a penas que van de la expulsión deshonrosa del ejército a ocho años de prisión. Otros dos serán juzgados en los próximos meses.
15 de enero de 2005
©la jornada
Fort Hood, Estados Unidos. El soldado estadunidense Charles Graner fue encontrado culpable este viernes de nueve de 10 cargos de abuso contra prisioneros iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib, Iraq, por una corte marcial, la cual podría condenarlo a 15 años de prisión. Asimismo, en Bagdad un tribunal militar estadunidense condenó a un año de prisión al sargento Cárdenas Alban, al encontrarlo culpable de rematar con el "tiro de gracia" a un iraquí herido en agosto de 2004 en Ciudad Sadr.
Alban y otros dos soldados, uno de los cuales ya fue condenado por el hecho, se enfrentaron contra un grupo de jóvenes, quienes, supusieron, pretendían colocar minas. En el tiroteo murieron varios iraquíes y otros resultaron heridos. Uno fue rematado por Alban de un tiro en la nuca.
En Tejas, el jurado militar declaró culpable de todos los cargos a Graner, de 36 años, pero optó por reducir uno. Se le acusó de "asalto contra un prisionero" en lugar de "usar fuerza que pudiera causar la muerte o lesiones de gravedad" a un detenido.
Muchas acusaciones fueron documentadas con fotografías que conmocionaron al mundo y fueron divulgadas el año pasado, y otras hasta ahora desconocidas.
La defensa del soldado argumentó que éste siguió órdenes de sus superiores para "golpear suavemente" a los prisioneros antes de los interrogatorios. No todos los testigos de la defensa respaldaron esa postura, pues sus declaraciones fueron contradictorias en cuanto a si hubo órdenes claras de soldados de mayor rango, quienes habrían alentado y tolerado los abusos.
A su vez, la fiscalía acusó al militar de tortura y humillación contra prisioneros para divertirse, así como de instigar los abusos en la prisión de Abu Ghraib.
El jurado también tomó como evidencia correos electrónicos que contienen fotos de torturas acompañadas de textos que Graner envió a familiares, incluídos hijos y amigos. Una muestra a un prisionero sangrando y gritando. Debajo de la imagen Graner escribió: "Otra noche de trabajo aburrido".
También se presentó como prueba contra el acusado una fotografía que lo muestra sonriente junto a otro guardia, posando frente a prisioneros desnudos en humillantes posiciones sexuales.
El capitán Chris Graveline, abogado de la acusación, aseguró que esta imagen demuestra que el acusado usó un "perverso humor sexual" para "humillar a los prisioneros para propio regocijo".
Esto destruyó la defensa del abogado Guy Womack, quien aseguró que es válido atar por el cuello a los prisioneros, pues ello facilita sacar de sus celdas "a los más peligrosos".
Graveline ridiculizó los argumentos de la defensa, de que la captura del derrocado presidente iraquí, Saddam Hussein, se logró gracias a la práctica de los soldados de "ablandar" a los prisioneros, alegando que éstos eran, casi en su totalidad, delincuentes comunes.
Para enfatizar el punto, el abogado mostró la fotografía de una prostituta presa semidesnuda, y preguntó: "¿Pudo haber sido ella la que nos dio a Hussein?"
Los cargos contra Graner incluyen maltrato, conspiración para maltratar, violencia, indecencia y negligencia en el cumplimiento del deber. Por este escándalo cuatro soldados ya fueron sentenciados a penas que van de la expulsión deshonrosa del ejército a ocho años de prisión. Otros dos serán juzgados en los próximos meses.
15 de enero de 2005
©la jornada
don quijote habla con el lector
Obra fundadora de la literatura moderna, Don Quijote, de cuya primera publicación se cumplen 400 años el 16 de enero, es un clásico entre los clásicos porque su universalidad hace que siga siendo una obra actual, que siga dialogando con el lector del siglo XXI.
París, Francia. Los especialistas son unánimes: si se excluye la Biblia, no hay libro que tenga más presencia en la vida de todos los días.
Para todo el mundo, en todos los idiomas, "el Quijote evoca algo y se recuerda alguno de sus episodios, como el de los molinos de viento". Y todo el mundo entiende lo que significa comportarse de manera quijotesca o ser un Sancho Panza o la Dulcinea de alguien, dice en entrevista con la AFP Agustín Redondo, catedrático emérito de la Universidad de París y presidente de la asociación internacional de hispanistas.
Aún más ¿Quién tiene una estatuilla con la imagen de Edipo, un cenicero con la de Orlando el Furioso o una jabonera con la de Lady Macbeth? ¿Alguien ha visto a Ana Karenina en azulejos de baño, o sujetapapeles con los hermanos Karamazov?
"¿Cuántas de estas figuras de la literatura reconoceríamos a primera vista sin que nos dijeran de quién se trata?", plantea José Manuel Martín Morán, profesor de la Universidad de Piamonte en Milán, que participó esta semana en París en un coloquio sobre la obra de Miguel de Cervantes.
A Don Quijote se lo puede ver en todo tipo de objetos y se lo identifica inmediatamente.
¿Cómo se explica esa universalidad, esa presencia en la imaginería popular y el hecho de que El Quijote sigue siendo uno de los libros más leídos del mundo?
"El Quijote es hoy un texto con el cual todos podemos dialogar. Un texto escrito en el siglo XVII, pero que contesta a una serie de preocupaciones de la época actual, que se amolda a los códigos culturales que nosotros tenemos", responde Redondo.
Están en él problemas de total actualidad, como "la lectura y la censura, lo que significa el buen gobierno y la justicia y la cuestión de la alteridad y la convivencia", problema candente en nuestros países de fuerte inmigración.
Don Quijote es la primera novela moderna "porque rompe con todos los cánones y es al mismo tiempo un crisol en el que todos los géneros anteriores vienen a remodelarse, es un proceso muy complejo de intertextualidad", explica Redondo.
En la literatura actual, su influencia sigue siendo grande. En toda la literatura latinoamericana, de Gabriel García Márquez a Carlos Fuentes, pasando por Augusto Roa Bastos. En la literatura española, basta citar a Francisco Ayala. "Son casos llamativos de compenetración con la obra de Cervantes", dice Redondo.
Pero no sólo en el mundo hispánico.
"En la literatura francesa, alguien que ha hecho una lectura muy profunda del Quijote es Gustave Flauvert ¿Qué es Madame Bovary? Es una especie de Quijote femenino, vive, transporta a la realidad, lo que los libros le proporcionan. Claro que no lucha de la misma manera pero, como en la obra de Cervantes, se trata de la proyección de la literatura en la vida, y eso es lo que le da la fuerza vital para poder ir más allá", sostiene.
Y es que El Quijote abre nuevas perspectivas literarias, el problema de autoría y las relaciones entre literatura y vida se plantean en él de otra manera. Hay además una autonomía de los personajes que se salen de su propio marco para juzgar sus propias aventuras.
"Es un texto en el cual se mezclan la literatura y la vida, y que permite ir más alla de lo que son nuestras contigencias habituales cotidianas, lanzando la imaginación hacia otros dominios y liberándonos de todo lo que nos impone la vida real. Permite soñar. Soñar con otra vida, con otras posibilidades, con otros mundos, ver la realidad de otra manera, plantearse un sinfín de problemas: ¿Qué es lo que nos empuja, lo que nos hace ir adelante, cómo se pueden compaginar la libertad, la justicia, lo que llamamos los ideales?", explica el cervantista francés.
Don Quijote y Sancho Panza constituyen un complejo mítico que va mucho más allá de España y de Europa, que es universal y atemporal.
Sus imágenes remiten a la esencia humana. Cada uno de nosotros tiene algo de Sancho Panza, práctico y prosaico, pero también cada uno de nosotros proyecta en la imagen del Ingenioso Hidalgo esa parte de imaginación, de ideal, de utopía o de sueño, sin la cual la vida sería imposible.
15 de enero de 2005
©mi punto
París, Francia. Los especialistas son unánimes: si se excluye la Biblia, no hay libro que tenga más presencia en la vida de todos los días. Para todo el mundo, en todos los idiomas, "el Quijote evoca algo y se recuerda alguno de sus episodios, como el de los molinos de viento". Y todo el mundo entiende lo que significa comportarse de manera quijotesca o ser un Sancho Panza o la Dulcinea de alguien, dice en entrevista con la AFP Agustín Redondo, catedrático emérito de la Universidad de París y presidente de la asociación internacional de hispanistas.
Aún más ¿Quién tiene una estatuilla con la imagen de Edipo, un cenicero con la de Orlando el Furioso o una jabonera con la de Lady Macbeth? ¿Alguien ha visto a Ana Karenina en azulejos de baño, o sujetapapeles con los hermanos Karamazov?
"¿Cuántas de estas figuras de la literatura reconoceríamos a primera vista sin que nos dijeran de quién se trata?", plantea José Manuel Martín Morán, profesor de la Universidad de Piamonte en Milán, que participó esta semana en París en un coloquio sobre la obra de Miguel de Cervantes.
A Don Quijote se lo puede ver en todo tipo de objetos y se lo identifica inmediatamente.
¿Cómo se explica esa universalidad, esa presencia en la imaginería popular y el hecho de que El Quijote sigue siendo uno de los libros más leídos del mundo?
"El Quijote es hoy un texto con el cual todos podemos dialogar. Un texto escrito en el siglo XVII, pero que contesta a una serie de preocupaciones de la época actual, que se amolda a los códigos culturales que nosotros tenemos", responde Redondo.
Están en él problemas de total actualidad, como "la lectura y la censura, lo que significa el buen gobierno y la justicia y la cuestión de la alteridad y la convivencia", problema candente en nuestros países de fuerte inmigración.
Don Quijote es la primera novela moderna "porque rompe con todos los cánones y es al mismo tiempo un crisol en el que todos los géneros anteriores vienen a remodelarse, es un proceso muy complejo de intertextualidad", explica Redondo.
En la literatura actual, su influencia sigue siendo grande. En toda la literatura latinoamericana, de Gabriel García Márquez a Carlos Fuentes, pasando por Augusto Roa Bastos. En la literatura española, basta citar a Francisco Ayala. "Son casos llamativos de compenetración con la obra de Cervantes", dice Redondo.
Pero no sólo en el mundo hispánico.
"En la literatura francesa, alguien que ha hecho una lectura muy profunda del Quijote es Gustave Flauvert ¿Qué es Madame Bovary? Es una especie de Quijote femenino, vive, transporta a la realidad, lo que los libros le proporcionan. Claro que no lucha de la misma manera pero, como en la obra de Cervantes, se trata de la proyección de la literatura en la vida, y eso es lo que le da la fuerza vital para poder ir más allá", sostiene.
Y es que El Quijote abre nuevas perspectivas literarias, el problema de autoría y las relaciones entre literatura y vida se plantean en él de otra manera. Hay además una autonomía de los personajes que se salen de su propio marco para juzgar sus propias aventuras.
"Es un texto en el cual se mezclan la literatura y la vida, y que permite ir más alla de lo que son nuestras contigencias habituales cotidianas, lanzando la imaginación hacia otros dominios y liberándonos de todo lo que nos impone la vida real. Permite soñar. Soñar con otra vida, con otras posibilidades, con otros mundos, ver la realidad de otra manera, plantearse un sinfín de problemas: ¿Qué es lo que nos empuja, lo que nos hace ir adelante, cómo se pueden compaginar la libertad, la justicia, lo que llamamos los ideales?", explica el cervantista francés.
Don Quijote y Sancho Panza constituyen un complejo mítico que va mucho más allá de España y de Europa, que es universal y atemporal.
Sus imágenes remiten a la esencia humana. Cada uno de nosotros tiene algo de Sancho Panza, práctico y prosaico, pero también cada uno de nosotros proyecta en la imagen del Ingenioso Hidalgo esa parte de imaginación, de ideal, de utopía o de sueño, sin la cual la vida sería imposible.
15 de enero de 2005
©mi punto
soldado mató a cinco compañeros
Un soldado, en aparente estado de perturbación mental, dio muerte a tiros a cinco de sus compañeros en los dormitorios de un batallón en Pasto, la principal ciudad de la frontera suroccidental con el Ecuador, informó el Ministro de Defensa, Jorge Alberto Uribe.
Colombia. Igualmente otros cuatro militares resultaron heridos como consecuencia del ataque del soldado que vació el cargador de su fusil de dotación.
"En el Batallón Boyacá de Pasto, alrededor de las cuatro de la mañana un soldado que estaba de guardia, en un acto de locura, empezó a disparar contra sus compañeros", dijo Uribe.
"Con dolor en el alma tengo que registrar la muerte de estos cinco muchachos, de estos cinco compañeros", agregó el ministro en reportaje con radio Caracol.
Dijo que al parecer el soldado, que fue detenido, cayó víctima de las intensas presiones materiales y sicológicos que conlleva el combate a los grupos armados al margen de la ley.
"Son circunstancias tan difíciles las que tiene que vivir un soldado o un policía en las condiciones del país. Están sometidos a presiones sicológicas muy grandes por la acción de los grupos criminales", comentó.
Este es el segundo episodio con víctimas entre las fuerzas militares que se registra en el Departamento de Nariño en menos de 24 horas.
En la madrugada del jueves un helicóptero Black Hawk se precipitó a tierra en una zona boscosa cercana a Tumaco, puerto sobre el Pacífico y 20 soldados murieron.
La aeronave hacía parte de una flotilla de ocho helicópteros que adelantaba una operación contra la guerrilla y el narcotráfico. Súbitamente se incendió y cayó a tierra, según un vídeo presentado por el Ministerio de Defensa.
"Este es un accidente muy doloroso, claramente es un accidente de origen meteorológico", dijo el Ministro de Defensa, quien anunció que ya fueron recuperados los cadáveres de las víctimas y su sepelio se hará el sábado.
15 de enero de 2005
©univisión
Colombia. Igualmente otros cuatro militares resultaron heridos como consecuencia del ataque del soldado que vació el cargador de su fusil de dotación."En el Batallón Boyacá de Pasto, alrededor de las cuatro de la mañana un soldado que estaba de guardia, en un acto de locura, empezó a disparar contra sus compañeros", dijo Uribe.
"Con dolor en el alma tengo que registrar la muerte de estos cinco muchachos, de estos cinco compañeros", agregó el ministro en reportaje con radio Caracol.
Dijo que al parecer el soldado, que fue detenido, cayó víctima de las intensas presiones materiales y sicológicos que conlleva el combate a los grupos armados al margen de la ley.
"Son circunstancias tan difíciles las que tiene que vivir un soldado o un policía en las condiciones del país. Están sometidos a presiones sicológicas muy grandes por la acción de los grupos criminales", comentó.
Este es el segundo episodio con víctimas entre las fuerzas militares que se registra en el Departamento de Nariño en menos de 24 horas.
En la madrugada del jueves un helicóptero Black Hawk se precipitó a tierra en una zona boscosa cercana a Tumaco, puerto sobre el Pacífico y 20 soldados murieron.
La aeronave hacía parte de una flotilla de ocho helicópteros que adelantaba una operación contra la guerrilla y el narcotráfico. Súbitamente se incendió y cayó a tierra, según un vídeo presentado por el Ministerio de Defensa.
"Este es un accidente muy doloroso, claramente es un accidente de origen meteorológico", dijo el Ministro de Defensa, quien anunció que ya fueron recuperados los cadáveres de las víctimas y su sepelio se hará el sábado.
15 de enero de 2005
©univisión
no volverá a violar a mi hija
[Eric Rich] Mujer liberada tras asesinato de su marido narra toda una vida de maltratos. Violó a su hijastra, cuyo hijo se criará ahora sin su padre.
Laura Rogers recuerda que metió la mano debajo de la cama donde dormía su marido, y cogió la escopeta. Había estado despierta toda la noche.
Recuerda que llevó la escopeta calibre 20 a la salida, donde había estado sin mirar televisión durante horas. Lo abrió y deslizó un proyectil en su recámara. De vuelta en el dormitorio, miró a su marido, Walter Rogers, 43, durmiendo al lado derecho.
El sol no había salido todavía.
Laura Rogers no recuerda haber sostenido el arma a menos de 30 centímetros de la cara de su marido, apuntándole al ojo izquierdo. No recuerda haber jalado el gatillo.
"Recuerdo el sonido del disparo, y que corrí, y dije: ¿Qué he hecho?'", dijo en una entrevista esta semana.
Seis meses después de matar a su marido, Laura Rogers, 36, fue dejada en libertad del Centro de Detención del condado de Anne Arundel.
Fue acusada de homicidio en primer grado, un crimen castigado con cadena perpetua en prisión, pero ella se confesó culpable de homicidio involuntario. El juez del tribunal de distrito Paul A. Hackner la sentenció a diez años de prisión, el máximo para ese delito, pero suspendió toda la pena, excepto los 198 días que había pasado en prisión desde su detención. Hackner dijo que lo había convencido un diagnóstico de que ella sufría el síndrome de las esposas maltratadas. Y calificó a su marido, la víctima, de "un horrible ser humano".
La fiscalía no se opuso al veredicto. Este era un caso de asesinato que los fiscales no se atreven a presentar ante un jurado.
Es una vieja historia: una esposa que se dice maltratada mata al hombre que la atormentaba. Laura Rogers no es de ninguna manera la primera mujer que pone fin a años de supuestos abusos jalando un gatillo en la noche. Pero rara vez el sistema judicial acepta que la culpa es del marido. Rara vez excusa el sistema un homicidio y envía a la esposa a casa.
Pero este caso no era como otros.
En primer lugar, había que pensar en el bienestar psicológico de una niña de 17 años.
Y había un video.
Un horrible video.
Una Muerte en la Familia
Laura Rogers describió el asesinato y las circunstancias que lo rodearon en una entrevista, al día siguiente de salir de la prisión. Habló sentada a una mesa de conferencia en el despacho de su abogado, Clarke F. Ahlers, con las manos apretadas.
Tiene el pelo castaño y liso y lleva el corte de pelo de las reclusas; llevaba pantalones de gimnasia azules y un jersey azul con un corazón rojo en el pecho. En su muñeca derecha luce un tatuaje de una rosa púrpura. Habla casi siempre monótonamente, aunque en una ocasión rompió a llorar, cuando recontaba su vida y su relación con Walter Rogers antes de coger la escopeta.
"Tan pronto como disparé, la coloqué en el suelo", dijo, hablando de la escopeta que disparó esa mañana temprano el último sábado de abril.
El estallido despertó a su hija, entonces de 16, y a su hijo menor, hijos de un matrimonio anterior. Rogers dijo que los volvió rápidamente a poner en la cama, diciéndoles que no sabía lo que había pasado.
Luego llamó a la policía y les pidió que se acercaran a su recluido apartamento, en la parte de atrás de un edificio de oficinas en una calle sin salida en un parque industrial de Laurel, al oeste del condado de Anne Arundel.
La primera patrulla de agentes llegó pensando que se trataba de un suicidio, dijeron Rogers y Ahlers, una idea que ella no trató de desmentir. Pero los detectives se mostraron escépticos casi desde el principio.
Dos días después, en un aparente esfuerzo de proteger a su madre, Laura Rogers, la hija de 16, se confesó culpable. Sin embargo, los detectives se dieron cuenta de que la chica no podía haberlo hecho: No sabía cómo cargar la escopeta. Le dijeron a Laura Rogers lo que había dicho la chica, y Rogers admitió rápidamente que ella había jalado el gatillo.
Dijo que "tomar una vida es algo con lo que tendré que vivir el resto de mi vida". Pero dijo que se sentía como si "respirara de nuevo" por primera vez en años. Dijo que entendía que para entender su situación -el "terror y el miedo" de ella y su familia- había que entender que no tenía alternativa.
Buenos Tiempos Que Se Estropearon
Conoció a Walter Rogers hace 12 años en un concierto de Clint Black en el Merriweather Post Pavilion en Columbia. Los dos habían estado casados antes. Ella lo encontró guapo, agradable, un hombre de familia que la aceptaba con sus dos hijos.
"Siempre decía que había sido amor a primera vista", dijo Laura Rogers. "Yo nunca le creí. Yo había tenido ya un mal matrimonio, así que estaba muy escéptica. Pero él supo cómo seducirme".
Siete meses después comenzaron a vivir juntos en casa de los padres de ella. Él le propuso matrimonio, arrodillándose en una Pizza Hut. Se casaron menos de dos años después de haberse conocido.
"Fue maravilloso, al comienzo", dijo ella. "Nos llevábamos muy bien. Me trató maravillosamente hasta el tercer año de matrimonio".
"Pero los últimos seis años he vivido aterrorizada".
Dijo que él se había transformado en un abusador con la manía de querer controlarlo todo. La familia se mudó una docena de veces en diez años, limitando su capacidad de conocer otra gente. No le dejaba tener amigos ni la dejaba trabajar.
"Pasé por un montón de cambios emocionales, estando con él", dijo. "Quiero decir, físicamente, sí, también me pegaba. No pasó muchas veces, pero, sí, también me pegó. Un montón de veces, pero el maltrato emocional deja cicatrices profundas".
Dijo que creía que no podía marcharse. "Yo sabía que él nunca me dejaría, y si yo me marchaba, él sabría encontrarme", dijo. "Yo vivía con miedo de que nos maltratara, a mí y a mis hijos".
En 2000, su hija se quejó de que Walter Rogers le había pasado la mano por su pecho. La policía de Mississipi, donde estaban viviendo, investigó la acusación. Walter Rogers fue acusado formalmente. Pero el caso fue desechado.
Luego, en mayo de 2003, su hija contó a funcionarios de la escuela de Anne Arundel que su padrastro estaba abusando sexualmente de ella. Los detectives visitaron a los Rogers en casa ese mismo día. A pesar de los maltratos que Laura Rogers misma estaba sufriendo, no imaginaba en esa época que su marido estuviera abusando de su hija.
"Walter era muy convincente", dijo. "Me convenció a mí, a las asistentes sociales, a la policía. Convenció a todo el mundo de que él no había hecho nada y, básicamente, que era un santo".
Tan convincente fue que la chica fue acusada de presentar una denuncia falsa. Fue condenada por el tribunal juvenil del condado de Anne Arundel.
En una entrevista con las autoridades, Walter Rogers lloró y dijo que su hijastra lo había acusado falsamente. Dijo que había mentido antes sobre lo mismo, en Mississippi, y dijo que su "mundo se estaba derrumbando. Los problemas de salud, simplemente el día a día... Yo no hice nada".
La condena de la chica adolescente finalmente fue anulada. Para entonces, las pruebas de sus denuncias eran irrefutables.
Un Arma y un Motivo
El 23 de abril mientras secaba la ropa en una centrífuga en una lavandería, Laura Rogers entró a un Wal-Mart no muy lejos de su casa y compró la escopeta. Dijo que su marido la había enviado a comprarla, diciendo que estaba preocupado por los robos en su aislado vecindario.
Su hija de 16 tenía siete meses de embarazo entonces. Laura Rogers dijo que creía que el padre era un niño de la escuela.
Hacia las nueve de la noche, la chica le contó a su madre donde hallar pruebas de que los abusos sexuales de su padrastro eran verdad. Había un video, dijo, en el armario de Walter Rogers. Le dijo que mirara detrás de su colección de la revista Playboy.
La familia estaba preparando un viaje a Carolina del Norte. Esa noche, cuando Walter Rogers, un jornalero, estaba guardando sus herramientas en el patio y preparando el viaje, Laura Rogers sacó el video. Lo puso en su cámara de video en su dormitorio y miró hasta que no aguantó más en la pequeña pantalla de la cámara.
Las imágenes mostraban a Walter Rogers teniendo relaciones sexuales con la niña. Laura Rogers dijo que cuando estaba mirando se quedó paralizada. "No sé qué pasó", recordó. "Creo que me metí en mi caparazón".
Pero dijo que ella lo sabía. "Cuando vi el video, pensé que él nunca volvería a tocar a mi hija. En ese momento tuve la certeza de que él lo estaba haciendo, que ahora no podría convencerme de que no era así".
Su hija, se dio cuenta entonces, había estado contando la verdad. Y su marido había violado repetidas veces a su hija, había mentido sobre el asunto, había hecho procesar a la niña y seguía abusando de ella. Cuando sacó el video, recordó, Walter Rogers entraba a casa. Él le dijo que se asegurara que llevar lo suficiente para el viaje de la semana.
Laura Rogers dijo que se sentía disgustada, pero no le dijo nada.
"Está bien", le dijo.
Horas más tarde, cuando el sol estaba por salir, se acercó a la puerta del dormitorio. La abrió y, con la luz que entraba de la salita, sacó la escopeta de debajo de la cama.
Caso Cerrado
EL martes el juez Hackner dijo en el tribunal que un diagnóstico de síndrome de esposa maltratada imponía la liberación de Laura Rogers. Pero él tomó esa decisión sólo después de haber visto en su despacho el video, y después de oír al abogado Ahlers describir a Walter Rogers como "una persona que sacaba un placer enfermizo y sádico en atormentar a otra gente".
Los fiscales dijeron que habían aceptado el acuerdo en parte para evitar que la hija de Laura Rogers, ahora de 17, pasara por la dura prueba de tener que declarar sobre los abusos de que fue víctima. Su hijo, un niño, nació en el verano y fue entregado en adopción. Análisis de DNA probaron que el padre era Walter Rogers.
La cárcel abrió sus puertas a las seis de la tarde del martes y Laura Rogers salió convertida en una mujer libre. Pensando más tarde en lo que había visto en la diminuta pantalla de la cámara, dijo que había hecho lo que tenía que hacer.
"Cuando vi a este hombre violando a mi hija, pensé que no podía dejar que eso siguiera pasando", dijo. "Yo no podía cambiar el pasado. Pero sí podía cambiar el futuro".
12 de noviembre de 2004
15 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Recuerda que llevó la escopeta calibre 20 a la salida, donde había estado sin mirar televisión durante horas. Lo abrió y deslizó un proyectil en su recámara. De vuelta en el dormitorio, miró a su marido, Walter Rogers, 43, durmiendo al lado derecho.
El sol no había salido todavía.
Laura Rogers no recuerda haber sostenido el arma a menos de 30 centímetros de la cara de su marido, apuntándole al ojo izquierdo. No recuerda haber jalado el gatillo.
"Recuerdo el sonido del disparo, y que corrí, y dije: ¿Qué he hecho?'", dijo en una entrevista esta semana.
Seis meses después de matar a su marido, Laura Rogers, 36, fue dejada en libertad del Centro de Detención del condado de Anne Arundel.
Fue acusada de homicidio en primer grado, un crimen castigado con cadena perpetua en prisión, pero ella se confesó culpable de homicidio involuntario. El juez del tribunal de distrito Paul A. Hackner la sentenció a diez años de prisión, el máximo para ese delito, pero suspendió toda la pena, excepto los 198 días que había pasado en prisión desde su detención. Hackner dijo que lo había convencido un diagnóstico de que ella sufría el síndrome de las esposas maltratadas. Y calificó a su marido, la víctima, de "un horrible ser humano".
La fiscalía no se opuso al veredicto. Este era un caso de asesinato que los fiscales no se atreven a presentar ante un jurado.
Es una vieja historia: una esposa que se dice maltratada mata al hombre que la atormentaba. Laura Rogers no es de ninguna manera la primera mujer que pone fin a años de supuestos abusos jalando un gatillo en la noche. Pero rara vez el sistema judicial acepta que la culpa es del marido. Rara vez excusa el sistema un homicidio y envía a la esposa a casa.
Pero este caso no era como otros.
En primer lugar, había que pensar en el bienestar psicológico de una niña de 17 años.
Y había un video.
Un horrible video.
Una Muerte en la Familia
Laura Rogers describió el asesinato y las circunstancias que lo rodearon en una entrevista, al día siguiente de salir de la prisión. Habló sentada a una mesa de conferencia en el despacho de su abogado, Clarke F. Ahlers, con las manos apretadas.
Tiene el pelo castaño y liso y lleva el corte de pelo de las reclusas; llevaba pantalones de gimnasia azules y un jersey azul con un corazón rojo en el pecho. En su muñeca derecha luce un tatuaje de una rosa púrpura. Habla casi siempre monótonamente, aunque en una ocasión rompió a llorar, cuando recontaba su vida y su relación con Walter Rogers antes de coger la escopeta.
"Tan pronto como disparé, la coloqué en el suelo", dijo, hablando de la escopeta que disparó esa mañana temprano el último sábado de abril.
El estallido despertó a su hija, entonces de 16, y a su hijo menor, hijos de un matrimonio anterior. Rogers dijo que los volvió rápidamente a poner en la cama, diciéndoles que no sabía lo que había pasado.
Luego llamó a la policía y les pidió que se acercaran a su recluido apartamento, en la parte de atrás de un edificio de oficinas en una calle sin salida en un parque industrial de Laurel, al oeste del condado de Anne Arundel.
La primera patrulla de agentes llegó pensando que se trataba de un suicidio, dijeron Rogers y Ahlers, una idea que ella no trató de desmentir. Pero los detectives se mostraron escépticos casi desde el principio.
Dos días después, en un aparente esfuerzo de proteger a su madre, Laura Rogers, la hija de 16, se confesó culpable. Sin embargo, los detectives se dieron cuenta de que la chica no podía haberlo hecho: No sabía cómo cargar la escopeta. Le dijeron a Laura Rogers lo que había dicho la chica, y Rogers admitió rápidamente que ella había jalado el gatillo.
Dijo que "tomar una vida es algo con lo que tendré que vivir el resto de mi vida". Pero dijo que se sentía como si "respirara de nuevo" por primera vez en años. Dijo que entendía que para entender su situación -el "terror y el miedo" de ella y su familia- había que entender que no tenía alternativa.
Buenos Tiempos Que Se Estropearon
Conoció a Walter Rogers hace 12 años en un concierto de Clint Black en el Merriweather Post Pavilion en Columbia. Los dos habían estado casados antes. Ella lo encontró guapo, agradable, un hombre de familia que la aceptaba con sus dos hijos.
"Siempre decía que había sido amor a primera vista", dijo Laura Rogers. "Yo nunca le creí. Yo había tenido ya un mal matrimonio, así que estaba muy escéptica. Pero él supo cómo seducirme".
Siete meses después comenzaron a vivir juntos en casa de los padres de ella. Él le propuso matrimonio, arrodillándose en una Pizza Hut. Se casaron menos de dos años después de haberse conocido.
"Fue maravilloso, al comienzo", dijo ella. "Nos llevábamos muy bien. Me trató maravillosamente hasta el tercer año de matrimonio".
"Pero los últimos seis años he vivido aterrorizada".
Dijo que él se había transformado en un abusador con la manía de querer controlarlo todo. La familia se mudó una docena de veces en diez años, limitando su capacidad de conocer otra gente. No le dejaba tener amigos ni la dejaba trabajar.
"Pasé por un montón de cambios emocionales, estando con él", dijo. "Quiero decir, físicamente, sí, también me pegaba. No pasó muchas veces, pero, sí, también me pegó. Un montón de veces, pero el maltrato emocional deja cicatrices profundas".
Dijo que creía que no podía marcharse. "Yo sabía que él nunca me dejaría, y si yo me marchaba, él sabría encontrarme", dijo. "Yo vivía con miedo de que nos maltratara, a mí y a mis hijos".
En 2000, su hija se quejó de que Walter Rogers le había pasado la mano por su pecho. La policía de Mississipi, donde estaban viviendo, investigó la acusación. Walter Rogers fue acusado formalmente. Pero el caso fue desechado.
Luego, en mayo de 2003, su hija contó a funcionarios de la escuela de Anne Arundel que su padrastro estaba abusando sexualmente de ella. Los detectives visitaron a los Rogers en casa ese mismo día. A pesar de los maltratos que Laura Rogers misma estaba sufriendo, no imaginaba en esa época que su marido estuviera abusando de su hija.
"Walter era muy convincente", dijo. "Me convenció a mí, a las asistentes sociales, a la policía. Convenció a todo el mundo de que él no había hecho nada y, básicamente, que era un santo".
Tan convincente fue que la chica fue acusada de presentar una denuncia falsa. Fue condenada por el tribunal juvenil del condado de Anne Arundel.
En una entrevista con las autoridades, Walter Rogers lloró y dijo que su hijastra lo había acusado falsamente. Dijo que había mentido antes sobre lo mismo, en Mississippi, y dijo que su "mundo se estaba derrumbando. Los problemas de salud, simplemente el día a día... Yo no hice nada".
La condena de la chica adolescente finalmente fue anulada. Para entonces, las pruebas de sus denuncias eran irrefutables.
Un Arma y un Motivo
El 23 de abril mientras secaba la ropa en una centrífuga en una lavandería, Laura Rogers entró a un Wal-Mart no muy lejos de su casa y compró la escopeta. Dijo que su marido la había enviado a comprarla, diciendo que estaba preocupado por los robos en su aislado vecindario.
Su hija de 16 tenía siete meses de embarazo entonces. Laura Rogers dijo que creía que el padre era un niño de la escuela.
Hacia las nueve de la noche, la chica le contó a su madre donde hallar pruebas de que los abusos sexuales de su padrastro eran verdad. Había un video, dijo, en el armario de Walter Rogers. Le dijo que mirara detrás de su colección de la revista Playboy.
La familia estaba preparando un viaje a Carolina del Norte. Esa noche, cuando Walter Rogers, un jornalero, estaba guardando sus herramientas en el patio y preparando el viaje, Laura Rogers sacó el video. Lo puso en su cámara de video en su dormitorio y miró hasta que no aguantó más en la pequeña pantalla de la cámara.
Las imágenes mostraban a Walter Rogers teniendo relaciones sexuales con la niña. Laura Rogers dijo que cuando estaba mirando se quedó paralizada. "No sé qué pasó", recordó. "Creo que me metí en mi caparazón".
Pero dijo que ella lo sabía. "Cuando vi el video, pensé que él nunca volvería a tocar a mi hija. En ese momento tuve la certeza de que él lo estaba haciendo, que ahora no podría convencerme de que no era así".
Su hija, se dio cuenta entonces, había estado contando la verdad. Y su marido había violado repetidas veces a su hija, había mentido sobre el asunto, había hecho procesar a la niña y seguía abusando de ella. Cuando sacó el video, recordó, Walter Rogers entraba a casa. Él le dijo que se asegurara que llevar lo suficiente para el viaje de la semana.
Laura Rogers dijo que se sentía disgustada, pero no le dijo nada.
"Está bien", le dijo.
Horas más tarde, cuando el sol estaba por salir, se acercó a la puerta del dormitorio. La abrió y, con la luz que entraba de la salita, sacó la escopeta de debajo de la cama.
Caso Cerrado
EL martes el juez Hackner dijo en el tribunal que un diagnóstico de síndrome de esposa maltratada imponía la liberación de Laura Rogers. Pero él tomó esa decisión sólo después de haber visto en su despacho el video, y después de oír al abogado Ahlers describir a Walter Rogers como "una persona que sacaba un placer enfermizo y sádico en atormentar a otra gente".
Los fiscales dijeron que habían aceptado el acuerdo en parte para evitar que la hija de Laura Rogers, ahora de 17, pasara por la dura prueba de tener que declarar sobre los abusos de que fue víctima. Su hijo, un niño, nació en el verano y fue entregado en adopción. Análisis de DNA probaron que el padre era Walter Rogers.
La cárcel abrió sus puertas a las seis de la tarde del martes y Laura Rogers salió convertida en una mujer libre. Pensando más tarde en lo que había visto en la diminuta pantalla de la cámara, dijo que había hecho lo que tenía que hacer.
"Cuando vi a este hombre violando a mi hija, pensé que no podía dejar que eso siguiera pasando", dijo. "Yo no podía cambiar el pasado. Pero sí podía cambiar el futuro".
12 de noviembre de 2004
15 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
no volverá a violar a mi hija
[Eric Rich] Mujer liberada tras asesinato de su marido narra toda una vida de maltratos. Violó a su hijastra, cuyo hijo se criará ahora sin su padre.
Laura Rogers recuerda que metió la mano debajo de la cama donde dormía su marido, y cogió la escopeta. Había estado despierta toda la noche.
Recuerda que llevó la escopeta calibre 20 a la salida, donde había estado sin mirar televisión durante horas. Lo abrió y deslizó un proyectil en su recámara. De vuelta en el dormitorio, miró a su marido, Walter Rogers, 43, durmiendo al lado derecho.
El sol no había salido todavía.
Laura Rogers no recuerda haber sostenido el arma a menos de 30 centímetros de la cara de su marido, apuntándole al ojo izquierdo. No recuerda haber jalado el gatillo.
"Recuerdo el sonido del disparo, y que corrí, y dije: ¿Qué he hecho?'", dijo en una entrevista esta semana.
Seis meses después de matar a su marido, Laura Rogers, 36, fue dejada en libertad del Centro de Detención del condado de Anne Arundel.
Fue acusada de homicidio en primer grado, un crimen castigado con cadena perpetua en prisión, pero ella se confesó culpable de homicidio involuntario. El juez del tribunal de distrito Paul A. Hackner la sentenció a diez años de prisión, el máximo para ese delito, pero suspendió toda la pena, excepto los 198 días que había pasado en prisión desde su detención. Hackner dijo que lo había convencido un diagnóstico de que ella sufría el síndrome de las esposas maltratadas. Y calificó a su marido, la víctima, de "un horrible ser humano".
La fiscalía no se opuso al veredicto. Este era un caso de asesinato que los fiscales no se atreven a presentar ante un jurado.
Es una vieja historia: una esposa que se dice maltratada mata al hombre que la atormentaba. Laura Rogers no es de ninguna manera la primera mujer que pone fin a años de supuestos abusos jalando un gatillo en la noche. Pero rara vez el sistema judicial acepta que la culpa es del marido. Rara vez excusa el sistema un homicidio y envía a la esposa a casa.
Pero este caso no era como otros.
En primer lugar, había que pensar en el bienestar psicológico de una niña de 17 años.
Y había un video.
Un horrible video.
Una Muerte en la Familia
Laura Rogers describió el asesinato y las circunstancias que lo rodearon en una entrevista, al día siguiente de salir de la prisión. Habló sentada a una mesa de conferencia en el despacho de su abogado, Clarke F. Ahlers, con las manos apretadas.
Tiene el pelo castaño y liso y lleva el corte de pelo de las reclusas; llevaba pantalones de gimnasia azules y un jersey azul con un corazón rojo en el pecho. En su muñeca derecha luce un tatuaje de una rosa púrpura. Habla casi siempre monótonamente, aunque en una ocasión rompió a llorar, cuando recontaba su vida y su relación con Walter Rogers antes de coger la escopeta.
"Tan pronto como disparé, la coloqué en el suelo", dijo, hablando de la escopeta que disparó esa mañana temprano el último sábado de abril.
El estallido despertó a su hija, entonces de 16, y a su hijo menor, hijos de un matrimonio anterior. Rogers dijo que los volvió rápidamente a poner en la cama, diciéndoles que no sabía lo que había pasado.
Luego llamó a la policía y les pidió que se acercaran a su recluido apartamento, en la parte de atrás de un edificio de oficinas en una calle sin salida en un parque industrial de Laurel, al oeste del condado de Anne Arundel.
La primera patrulla de agentes llegó pensando que se trataba de un suicidio, dijeron Rogers y Ahlers, una idea que ella no trató de desmentir. Pero los detectives se mostraron escépticos casi desde el principio.
Dos días después, en un aparente esfuerzo de proteger a su madre, Laura Rogers, la hija de 16, se confesó culpable. Sin embargo, los detectives se dieron cuenta de que la chica no podía haberlo hecho: No sabía cómo cargar la escopeta. Le dijeron a Laura Rogers lo que había dicho la chica, y Rogers admitió rápidamente que ella había jalado el gatillo.
Dijo que "tomar una vida es algo con lo que tendré que vivir el resto de mi vida". Pero dijo que se sentía como si "respirara de nuevo" por primera vez en años. Dijo que entendía que para entender su situación -el "terror y el miedo" de ella y su familia- había que entender que no tenía alternativa.
Buenos Tiempos Que Se Estropearon
Conoció a Walter Rogers hace 12 años en un concierto de Clint Black en el Merriweather Post Pavilion en Columbia. Los dos habían estado casados antes. Ella lo encontró guapo, agradable, un hombre de familia que la aceptaba con sus dos hijos.
"Siempre decía que había sido amor a primera vista", dijo Laura Rogers. "Yo nunca le creí. Yo había tenido ya un mal matrimonio, así que estaba muy escéptica. Pero él supo cómo seducirme".
Siete meses después comenzaron a vivir juntos en casa de los padres de ella. Él le propuso matrimonio, arrodillándose en una Pizza Hut. Se casaron menos de dos años después de haberse conocido.
"Fue maravilloso, al comienzo", dijo ella. "Nos llevábamos muy bien. Me trató maravillosamente hasta el tercer año de matrimonio".
"Pero los últimos seis años he vivido aterrorizada".
Dijo que él se había transformado en un abusador con la manía de querer controlarlo todo. La familia se mudó una docena de veces en diez años, limitando su capacidad de conocer otra gente. No le dejaba tener amigos ni la dejaba trabajar.
"Pasé por un montón de cambios emocionales, estando con él", dijo. "Quiero decir, físicamente, sí, también me pegaba. No pasó muchas veces, pero, sí, también me pegó. Un montón de veces, pero el maltrato emocional deja cicatrices profundas".
Dijo que creía que no podía marcharse. "Yo sabía que él nunca me dejaría, y si yo me marchaba, él sabría encontrarme", dijo. "Yo vivía con miedo de que nos maltratara, a mí y a mis hijos".
En 2000, su hija se quejó de que Walter Rogers le había pasado la mano por su pecho. La policía de Mississipi, donde estaban viviendo, investigó la acusación. Walter Rogers fue acusado formalmente. Pero el caso fue desechado.
Luego, en mayo de 2003, su hija contó a funcionarios de la escuela de Anne Arundel que su padrastro estaba abusando sexualmente de ella. Los detectives visitaron a los Rogers en casa ese mismo día. A pesar de los maltratos que Laura Rogers misma estaba sufriendo, no imaginaba en esa época que su marido estuviera abusando de su hija.
"Walter era muy convincente", dijo. "Me convenció a mí, a las asistentes sociales, a la policía. Convenció a todo el mundo de que él no había hecho nada y, básicamente, que era un santo".
Tan convincente fue que la chica fue acusada de presentar una denuncia falsa. Fue condenada por el tribunal juvenil del condado de Anne Arundel.
En una entrevista con las autoridades, Walter Rogers lloró y dijo que su hijastra lo había acusado falsamente. Dijo que había mentido antes sobre lo mismo, en Mississippi, y dijo que su "mundo se estaba derrumbando. Los problemas de salud, simplemente el día a día... Yo no hice nada".
La condena de la chica adolescente finalmente fue anulada. Para entonces, las pruebas de sus denuncias eran irrefutables.
Un Arma y un Motivo
El 23 de abril mientras secaba la ropa en una centrífuga en una lavandería, Laura Rogers entró a un Wal-Mart no muy lejos de su casa y compró la escopeta. Dijo que su marido la había enviado a comprarla, diciendo que estaba preocupado por los robos en su aislado vecindario.
Su hija de 16 tenía siete meses de embarazo entonces. Laura Rogers dijo que creía que el padre era un niño de la escuela.
Hacia las nueve de la noche, la chica le contó a su madre donde hallar pruebas de que los abusos sexuales de su padrastro eran verdad. Había un video, dijo, en el armario de Walter Rogers. Le dijo que mirara detrás de su colección de la revista Playboy.
La familia estaba preparando un viaje a Carolina del Norte. Esa noche, cuando Walter Rogers, un jornalero, estaba guardando sus herramientas en el patio y preparando el viaje, Laura Rogers sacó el video. Lo puso en su cámara de video en su dormitorio y miró hasta que no aguantó más en la pequeña pantalla de la cámara.
Las imágenes mostraban a Walter Rogers teniendo relaciones sexuales con la niña. Laura Rogers dijo que cuando estaba mirando se quedó paralizada. "No sé qué pasó", recordó. "Creo que me metí en mi caparazón".
Pero dijo que ella lo sabía. "Cuando vi el video, pensé que él nunca volvería a tocar a mi hija. En ese momento tuve la certeza de que él lo estaba haciendo, que ahora no podría convencerme de que no era así".
Su hija, se dio cuenta entonces, había estado contando la verdad. Y su marido había violado repetidas veces a su hija, había mentido sobre el asunto, había hecho procesar a la niña y seguía abusando de ella. Cuando sacó el video, recordó, Walter Rogers entraba a casa. Él le dijo que se asegurara que llevar lo suficiente para el viaje de la semana.
Laura Rogers dijo que se sentía disgustada, pero no le dijo nada.
"Está bien", le dijo.
Horas más tarde, cuando el sol estaba por salir, se acercó a la puerta del dormitorio. La abrió y, con la luz que entraba de la salita, sacó la escopeta de debajo de la cama.
Caso Cerrado
EL martes el juez Hackner dijo en el tribunal que un diagnóstico de síndrome de esposa maltratada imponía la liberación de Laura Rogers. Pero él tomó esa decisión sólo después de haber visto en su despacho el video, y después de oír al abogado Ahlers describir a Walter Rogers como "una persona que sacaba un placer enfermizo y sádico en atormentar a otra gente".
Los fiscales dijeron que habían aceptado el acuerdo en parte para evitar que la hija de Laura Rogers, ahora de 17, pasara por la dura prueba de tener que declarar sobre los abusos de que fue víctima. Su hijo, un niño, nació en el verano y fue entregado en adopción. Análisis de DNA probaron que el padre era Walter Rogers.
La cárcel abrió sus puertas a las seis de la tarde del martes y Laura Rogers salió convertida en una mujer libre. Pensando más tarde en lo que había visto en la diminuta pantalla de la cámara, dijo que había hecho lo que tenía que hacer.
"Cuando vi a este hombre violando a mi hija, pensé que no podía dejar que eso siguiera pasando", dijo. "Yo no podía cambiar el pasado. Pero sí podía cambiar el futuro".
12 de noviembre de 2004
15 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Recuerda que llevó la escopeta calibre 20 a la salida, donde había estado sin mirar televisión durante horas. Lo abrió y deslizó un proyectil en su recámara. De vuelta en el dormitorio, miró a su marido, Walter Rogers, 43, durmiendo al lado derecho.
El sol no había salido todavía.
Laura Rogers no recuerda haber sostenido el arma a menos de 30 centímetros de la cara de su marido, apuntándole al ojo izquierdo. No recuerda haber jalado el gatillo.
"Recuerdo el sonido del disparo, y que corrí, y dije: ¿Qué he hecho?'", dijo en una entrevista esta semana.
Seis meses después de matar a su marido, Laura Rogers, 36, fue dejada en libertad del Centro de Detención del condado de Anne Arundel.
Fue acusada de homicidio en primer grado, un crimen castigado con cadena perpetua en prisión, pero ella se confesó culpable de homicidio involuntario. El juez del tribunal de distrito Paul A. Hackner la sentenció a diez años de prisión, el máximo para ese delito, pero suspendió toda la pena, excepto los 198 días que había pasado en prisión desde su detención. Hackner dijo que lo había convencido un diagnóstico de que ella sufría el síndrome de las esposas maltratadas. Y calificó a su marido, la víctima, de "un horrible ser humano".
La fiscalía no se opuso al veredicto. Este era un caso de asesinato que los fiscales no se atreven a presentar ante un jurado.
Es una vieja historia: una esposa que se dice maltratada mata al hombre que la atormentaba. Laura Rogers no es de ninguna manera la primera mujer que pone fin a años de supuestos abusos jalando un gatillo en la noche. Pero rara vez el sistema judicial acepta que la culpa es del marido. Rara vez excusa el sistema un homicidio y envía a la esposa a casa.
Pero este caso no era como otros.
En primer lugar, había que pensar en el bienestar psicológico de una niña de 17 años.
Y había un video.
Un horrible video.
Una Muerte en la Familia
Laura Rogers describió el asesinato y las circunstancias que lo rodearon en una entrevista, al día siguiente de salir de la prisión. Habló sentada a una mesa de conferencia en el despacho de su abogado, Clarke F. Ahlers, con las manos apretadas.
Tiene el pelo castaño y liso y lleva el corte de pelo de las reclusas; llevaba pantalones de gimnasia azules y un jersey azul con un corazón rojo en el pecho. En su muñeca derecha luce un tatuaje de una rosa púrpura. Habla casi siempre monótonamente, aunque en una ocasión rompió a llorar, cuando recontaba su vida y su relación con Walter Rogers antes de coger la escopeta.
"Tan pronto como disparé, la coloqué en el suelo", dijo, hablando de la escopeta que disparó esa mañana temprano el último sábado de abril.
El estallido despertó a su hija, entonces de 16, y a su hijo menor, hijos de un matrimonio anterior. Rogers dijo que los volvió rápidamente a poner en la cama, diciéndoles que no sabía lo que había pasado.
Luego llamó a la policía y les pidió que se acercaran a su recluido apartamento, en la parte de atrás de un edificio de oficinas en una calle sin salida en un parque industrial de Laurel, al oeste del condado de Anne Arundel.
La primera patrulla de agentes llegó pensando que se trataba de un suicidio, dijeron Rogers y Ahlers, una idea que ella no trató de desmentir. Pero los detectives se mostraron escépticos casi desde el principio.
Dos días después, en un aparente esfuerzo de proteger a su madre, Laura Rogers, la hija de 16, se confesó culpable. Sin embargo, los detectives se dieron cuenta de que la chica no podía haberlo hecho: No sabía cómo cargar la escopeta. Le dijeron a Laura Rogers lo que había dicho la chica, y Rogers admitió rápidamente que ella había jalado el gatillo.
Dijo que "tomar una vida es algo con lo que tendré que vivir el resto de mi vida". Pero dijo que se sentía como si "respirara de nuevo" por primera vez en años. Dijo que entendía que para entender su situación -el "terror y el miedo" de ella y su familia- había que entender que no tenía alternativa.
Buenos Tiempos Que Se Estropearon
Conoció a Walter Rogers hace 12 años en un concierto de Clint Black en el Merriweather Post Pavilion en Columbia. Los dos habían estado casados antes. Ella lo encontró guapo, agradable, un hombre de familia que la aceptaba con sus dos hijos.
"Siempre decía que había sido amor a primera vista", dijo Laura Rogers. "Yo nunca le creí. Yo había tenido ya un mal matrimonio, así que estaba muy escéptica. Pero él supo cómo seducirme".
Siete meses después comenzaron a vivir juntos en casa de los padres de ella. Él le propuso matrimonio, arrodillándose en una Pizza Hut. Se casaron menos de dos años después de haberse conocido.
"Fue maravilloso, al comienzo", dijo ella. "Nos llevábamos muy bien. Me trató maravillosamente hasta el tercer año de matrimonio".
"Pero los últimos seis años he vivido aterrorizada".
Dijo que él se había transformado en un abusador con la manía de querer controlarlo todo. La familia se mudó una docena de veces en diez años, limitando su capacidad de conocer otra gente. No le dejaba tener amigos ni la dejaba trabajar.
"Pasé por un montón de cambios emocionales, estando con él", dijo. "Quiero decir, físicamente, sí, también me pegaba. No pasó muchas veces, pero, sí, también me pegó. Un montón de veces, pero el maltrato emocional deja cicatrices profundas".
Dijo que creía que no podía marcharse. "Yo sabía que él nunca me dejaría, y si yo me marchaba, él sabría encontrarme", dijo. "Yo vivía con miedo de que nos maltratara, a mí y a mis hijos".
En 2000, su hija se quejó de que Walter Rogers le había pasado la mano por su pecho. La policía de Mississipi, donde estaban viviendo, investigó la acusación. Walter Rogers fue acusado formalmente. Pero el caso fue desechado.
Luego, en mayo de 2003, su hija contó a funcionarios de la escuela de Anne Arundel que su padrastro estaba abusando sexualmente de ella. Los detectives visitaron a los Rogers en casa ese mismo día. A pesar de los maltratos que Laura Rogers misma estaba sufriendo, no imaginaba en esa época que su marido estuviera abusando de su hija.
"Walter era muy convincente", dijo. "Me convenció a mí, a las asistentes sociales, a la policía. Convenció a todo el mundo de que él no había hecho nada y, básicamente, que era un santo".
Tan convincente fue que la chica fue acusada de presentar una denuncia falsa. Fue condenada por el tribunal juvenil del condado de Anne Arundel.
En una entrevista con las autoridades, Walter Rogers lloró y dijo que su hijastra lo había acusado falsamente. Dijo que había mentido antes sobre lo mismo, en Mississippi, y dijo que su "mundo se estaba derrumbando. Los problemas de salud, simplemente el día a día... Yo no hice nada".
La condena de la chica adolescente finalmente fue anulada. Para entonces, las pruebas de sus denuncias eran irrefutables.
Un Arma y un Motivo
El 23 de abril mientras secaba la ropa en una centrífuga en una lavandería, Laura Rogers entró a un Wal-Mart no muy lejos de su casa y compró la escopeta. Dijo que su marido la había enviado a comprarla, diciendo que estaba preocupado por los robos en su aislado vecindario.
Su hija de 16 tenía siete meses de embarazo entonces. Laura Rogers dijo que creía que el padre era un niño de la escuela.
Hacia las nueve de la noche, la chica le contó a su madre donde hallar pruebas de que los abusos sexuales de su padrastro eran verdad. Había un video, dijo, en el armario de Walter Rogers. Le dijo que mirara detrás de su colección de la revista Playboy.
La familia estaba preparando un viaje a Carolina del Norte. Esa noche, cuando Walter Rogers, un jornalero, estaba guardando sus herramientas en el patio y preparando el viaje, Laura Rogers sacó el video. Lo puso en su cámara de video en su dormitorio y miró hasta que no aguantó más en la pequeña pantalla de la cámara.
Las imágenes mostraban a Walter Rogers teniendo relaciones sexuales con la niña. Laura Rogers dijo que cuando estaba mirando se quedó paralizada. "No sé qué pasó", recordó. "Creo que me metí en mi caparazón".
Pero dijo que ella lo sabía. "Cuando vi el video, pensé que él nunca volvería a tocar a mi hija. En ese momento tuve la certeza de que él lo estaba haciendo, que ahora no podría convencerme de que no era así".
Su hija, se dio cuenta entonces, había estado contando la verdad. Y su marido había violado repetidas veces a su hija, había mentido sobre el asunto, había hecho procesar a la niña y seguía abusando de ella. Cuando sacó el video, recordó, Walter Rogers entraba a casa. Él le dijo que se asegurara que llevar lo suficiente para el viaje de la semana.
Laura Rogers dijo que se sentía disgustada, pero no le dijo nada.
"Está bien", le dijo.
Horas más tarde, cuando el sol estaba por salir, se acercó a la puerta del dormitorio. La abrió y, con la luz que entraba de la salita, sacó la escopeta de debajo de la cama.
Caso Cerrado
EL martes el juez Hackner dijo en el tribunal que un diagnóstico de síndrome de esposa maltratada imponía la liberación de Laura Rogers. Pero él tomó esa decisión sólo después de haber visto en su despacho el video, y después de oír al abogado Ahlers describir a Walter Rogers como "una persona que sacaba un placer enfermizo y sádico en atormentar a otra gente".
Los fiscales dijeron que habían aceptado el acuerdo en parte para evitar que la hija de Laura Rogers, ahora de 17, pasara por la dura prueba de tener que declarar sobre los abusos de que fue víctima. Su hijo, un niño, nació en el verano y fue entregado en adopción. Análisis de DNA probaron que el padre era Walter Rogers.
La cárcel abrió sus puertas a las seis de la tarde del martes y Laura Rogers salió convertida en una mujer libre. Pensando más tarde en lo que había visto en la diminuta pantalla de la cámara, dijo que había hecho lo que tenía que hacer.
"Cuando vi a este hombre violando a mi hija, pensé que no podía dejar que eso siguiera pasando", dijo. "Yo no podía cambiar el pasado. Pero sí podía cambiar el futuro".
12 de noviembre de 2004
15 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
venezuela rompe con colombia
La relación entre Colombia y Venezuela quedó fracturada tras la decisión del presidente Hugo Chávez de suspender todo negocio bilateral y retirar a su embajador hasta tanto su homólogo Álvaro Uribe no se disculpe por el caso Granda.
Bogotá, Colombia. El gobierno colombiano reaccionó mediante un comunicado en que señala que no ha violado el territorio venezolano, y en que justifica las acciones que le permitieron la captura del guerrillero de las FARC Rodrigo Granda, oficialmente capturado en Cúcuta el 13 de diciembre, pero que previamente fue secuestrado en Caracas, según señala Venezuela.
Desde hace varios días las declaraciones se fueron escalando, con acusaciones cada vez más fuertes de Venezuela en el sentido de que Colombia violó su soberanía, mientras Bogotá admitió que pagó una recompensa para facilitar la captura de Granda, considerado el canciller de las FARC.
El embajador Carlos Rodolfo Santiago no regresará "hasta que el gobierno colombiano rectifique y pida disculpas. Al mismo tiempo he ordenado paralizar todo negocio con Colombia; lamentablemente se paraliza el gasoducto transcaribeño hasta que no sea reivindicada la soberanía violada de Venezuela, me veo obligado a tomar esta decisión", dijo Chávez.
El gasoducto de 177 km es un proyecto binacional ya acordado por ambos gobiernos.
"Le invito a rectificar, le invito a que su gobierno rectifique", le dice Chávez a Uribe, en la declaración divulgada en Caracas.
"Han cometido en Colombia un grave error y deben rectificar en vez de estar buscando argucias que peor hacen quedar a su gobierno. No puede ser, es injustificable desde todo punto de vista que altos funcionarios del gobierno colombiano estén instigando a funcionarios venezolanos al delito".
El gobierno de Bogotá contestó con un comunicado de 9 puntos, que no puede ser considerado como una disculpa o una rectificación, en que señala que "la Policía de Colombia ha explicado de manera clara y contundente que no ha violado la soberanía de Venezuela".
Colombia justifica la política de recompensas como "un instrumento legítimo" e indicó que las "Naciones Unidas prohíben a los países miembros albergar terroristas de manera 'activa o pasiva'", en una tácita alusión al hecho de que Granda vivía en Venezuela de tiempo atrás.
En el comunicado el gobierno "reitera su propósito de tener constructivas relaciones con el gobierno y el pueblo de Venezuela".
"También propondremos nuevamente al gobierno de Venezuela la creación o activación de un mecanismo binacional para examinar los hechos que los gobiernos estimen conveniente", señala.
En Colombia, dirigentes políticos y económicos, además de analistas, consideraron la situación como preocupante, aunque algunos de ellos calificaron de exagerada la reacción de Chávez.
El analista independiente Alejo Vargas señaló que "dudo mucho que el gobierno venezolano quede satisfecho con esta respuesta" aunque consideró que con ella se le baja a la confrontación.
El analista independiente Alfredo Rangel, experto en temas de seguridad, indicó a la AFP que "este es el peor momento de las relaciones entre Colombia y Venezuela en los últimos años".
También señaló que la reacción de Chávez "es absolutamente consistente con la valoración que hicieron en Venezuela de este caso: que fue una violación de la soberanía".
El analista independiente Pedro Medellín dijo que "uno entiende la reacción de Chávez porque el gobierno colombiano quería pasar de agache frente al hecho. Colombia debió proceder a pedir excusas".
Para el congresista Manuel Ramiro Velásquez, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, "este es el momento propicio para que el gobierno Chávez le explique a la comunidad internacional por qué sigue permitiendo que alzados en armas en Colombia sigan deambulando por su territorio".
Para el senador de izquierda Antonio Navarro, lo que ocurre "es gravísimo. Me parece muy desafortunada la postura del gobierno venezolano, que nos debe una explicación sobre la presencia de guerrilleros en su país".
Navarro consideró que la posición del "gobierno colombiano también es muy desafortunada porque invita a infringir la ley pues ambas constituciones prohíben recibir recompensas de gobierno extranjeros".
No se sabe aún cuál es el alcance de la declaración de Chávez, sin embargo, la situación en las fronteras y aduanas es normal.
15 de enero de 2005
©univisión
Bogotá, Colombia. El gobierno colombiano reaccionó mediante un comunicado en que señala que no ha violado el territorio venezolano, y en que justifica las acciones que le permitieron la captura del guerrillero de las FARC Rodrigo Granda, oficialmente capturado en Cúcuta el 13 de diciembre, pero que previamente fue secuestrado en Caracas, según señala Venezuela.Desde hace varios días las declaraciones se fueron escalando, con acusaciones cada vez más fuertes de Venezuela en el sentido de que Colombia violó su soberanía, mientras Bogotá admitió que pagó una recompensa para facilitar la captura de Granda, considerado el canciller de las FARC.
El embajador Carlos Rodolfo Santiago no regresará "hasta que el gobierno colombiano rectifique y pida disculpas. Al mismo tiempo he ordenado paralizar todo negocio con Colombia; lamentablemente se paraliza el gasoducto transcaribeño hasta que no sea reivindicada la soberanía violada de Venezuela, me veo obligado a tomar esta decisión", dijo Chávez.
El gasoducto de 177 km es un proyecto binacional ya acordado por ambos gobiernos.
"Le invito a rectificar, le invito a que su gobierno rectifique", le dice Chávez a Uribe, en la declaración divulgada en Caracas.
"Han cometido en Colombia un grave error y deben rectificar en vez de estar buscando argucias que peor hacen quedar a su gobierno. No puede ser, es injustificable desde todo punto de vista que altos funcionarios del gobierno colombiano estén instigando a funcionarios venezolanos al delito".
El gobierno de Bogotá contestó con un comunicado de 9 puntos, que no puede ser considerado como una disculpa o una rectificación, en que señala que "la Policía de Colombia ha explicado de manera clara y contundente que no ha violado la soberanía de Venezuela".
Colombia justifica la política de recompensas como "un instrumento legítimo" e indicó que las "Naciones Unidas prohíben a los países miembros albergar terroristas de manera 'activa o pasiva'", en una tácita alusión al hecho de que Granda vivía en Venezuela de tiempo atrás.
En el comunicado el gobierno "reitera su propósito de tener constructivas relaciones con el gobierno y el pueblo de Venezuela".
"También propondremos nuevamente al gobierno de Venezuela la creación o activación de un mecanismo binacional para examinar los hechos que los gobiernos estimen conveniente", señala.
En Colombia, dirigentes políticos y económicos, además de analistas, consideraron la situación como preocupante, aunque algunos de ellos calificaron de exagerada la reacción de Chávez.
El analista independiente Alejo Vargas señaló que "dudo mucho que el gobierno venezolano quede satisfecho con esta respuesta" aunque consideró que con ella se le baja a la confrontación.
El analista independiente Alfredo Rangel, experto en temas de seguridad, indicó a la AFP que "este es el peor momento de las relaciones entre Colombia y Venezuela en los últimos años".
También señaló que la reacción de Chávez "es absolutamente consistente con la valoración que hicieron en Venezuela de este caso: que fue una violación de la soberanía".
El analista independiente Pedro Medellín dijo que "uno entiende la reacción de Chávez porque el gobierno colombiano quería pasar de agache frente al hecho. Colombia debió proceder a pedir excusas".
Para el congresista Manuel Ramiro Velásquez, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, "este es el momento propicio para que el gobierno Chávez le explique a la comunidad internacional por qué sigue permitiendo que alzados en armas en Colombia sigan deambulando por su territorio".
Para el senador de izquierda Antonio Navarro, lo que ocurre "es gravísimo. Me parece muy desafortunada la postura del gobierno venezolano, que nos debe una explicación sobre la presencia de guerrilleros en su país".
Navarro consideró que la posición del "gobierno colombiano también es muy desafortunada porque invita a infringir la ley pues ambas constituciones prohíben recibir recompensas de gobierno extranjeros".
No se sabe aún cuál es el alcance de la declaración de Chávez, sin embargo, la situación en las fronteras y aduanas es normal.
15 de enero de 2005
©univisión
venezuela rompe con colombia
La relación entre Colombia y Venezuela quedó fracturada tras la decisión del presidente Hugo Chávez de suspender todo negocio bilateral y retirar a su embajador hasta tanto su homólogo Álvaro Uribe no se disculpe por el caso Granda.
Bogotá, Colombia. El gobierno colombiano reaccionó mediante un comunicado en que señala que no ha violado el territorio venezolano, y en que justifica las acciones que le permitieron la captura del guerrillero de las FARC Rodrigo Granda, oficialmente capturado en Cúcuta el 13 de diciembre, pero que previamente fue secuestrado en Caracas, según señala Venezuela.
Desde hace varios días las declaraciones se fueron escalando, con acusaciones cada vez más fuertes de Venezuela en el sentido de que Colombia violó su soberanía, mientras Bogotá admitió que pagó una recompensa para facilitar la captura de Granda, considerado el canciller de las FARC.
El embajador Carlos Rodolfo Santiago no regresará "hasta que el gobierno colombiano rectifique y pida disculpas. Al mismo tiempo he ordenado paralizar todo negocio con Colombia; lamentablemente se paraliza el gasoducto transcaribeño hasta que no sea reivindicada la soberanía violada de Venezuela, me veo obligado a tomar esta decisión", dijo Chávez.
El gasoducto de 177 km es un proyecto binacional ya acordado por ambos gobiernos.
"Le invito a rectificar, le invito a que su gobierno rectifique", le dice Chávez a Uribe, en la declaración divulgada en Caracas.
"Han cometido en Colombia un grave error y deben rectificar en vez de estar buscando argucias que peor hacen quedar a su gobierno. No puede ser, es injustificable desde todo punto de vista que altos funcionarios del gobierno colombiano estén instigando a funcionarios venezolanos al delito".
El gobierno de Bogotá contestó con un comunicado de 9 puntos, que no puede ser considerado como una disculpa o una rectificación, en que señala que "la Policía de Colombia ha explicado de manera clara y contundente que no ha violado la soberanía de Venezuela".
Colombia justifica la política de recompensas como "un instrumento legítimo" e indicó que las "Naciones Unidas prohíben a los países miembros albergar terroristas de manera 'activa o pasiva'", en una tácita alusión al hecho de que Granda vivía en Venezuela de tiempo atrás.
En el comunicado el gobierno "reitera su propósito de tener constructivas relaciones con el gobierno y el pueblo de Venezuela".
"También propondremos nuevamente al gobierno de Venezuela la creación o activación de un mecanismo binacional para examinar los hechos que los gobiernos estimen conveniente", señala.
En Colombia, dirigentes políticos y económicos, además de analistas, consideraron la situación como preocupante, aunque algunos de ellos calificaron de exagerada la reacción de Chávez.
El analista independiente Alejo Vargas señaló que "dudo mucho que el gobierno venezolano quede satisfecho con esta respuesta" aunque consideró que con ella se le baja a la confrontación.
El analista independiente Alfredo Rangel, experto en temas de seguridad, indicó a la AFP que "este es el peor momento de las relaciones entre Colombia y Venezuela en los últimos años".
También señaló que la reacción de Chávez "es absolutamente consistente con la valoración que hicieron en Venezuela de este caso: que fue una violación de la soberanía".
El analista independiente Pedro Medellín dijo que "uno entiende la reacción de Chávez porque el gobierno colombiano quería pasar de agache frente al hecho. Colombia debió proceder a pedir excusas".
Para el congresista Manuel Ramiro Velásquez, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, "este es el momento propicio para que el gobierno Chávez le explique a la comunidad internacional por qué sigue permitiendo que alzados en armas en Colombia sigan deambulando por su territorio".
Para el senador de izquierda Antonio Navarro, lo que ocurre "es gravísimo. Me parece muy desafortunada la postura del gobierno venezolano, que nos debe una explicación sobre la presencia de guerrilleros en su país".
Navarro consideró que la posición del "gobierno colombiano también es muy desafortunada porque invita a infringir la ley pues ambas constituciones prohíben recibir recompensas de gobierno extranjeros".
No se sabe aún cuál es el alcance de la declaración de Chávez, sin embargo, la situación en las fronteras y aduanas es normal.
15 de enero de 2005
©univisión
Bogotá, Colombia. El gobierno colombiano reaccionó mediante un comunicado en que señala que no ha violado el territorio venezolano, y en que justifica las acciones que le permitieron la captura del guerrillero de las FARC Rodrigo Granda, oficialmente capturado en Cúcuta el 13 de diciembre, pero que previamente fue secuestrado en Caracas, según señala Venezuela.Desde hace varios días las declaraciones se fueron escalando, con acusaciones cada vez más fuertes de Venezuela en el sentido de que Colombia violó su soberanía, mientras Bogotá admitió que pagó una recompensa para facilitar la captura de Granda, considerado el canciller de las FARC.
El embajador Carlos Rodolfo Santiago no regresará "hasta que el gobierno colombiano rectifique y pida disculpas. Al mismo tiempo he ordenado paralizar todo negocio con Colombia; lamentablemente se paraliza el gasoducto transcaribeño hasta que no sea reivindicada la soberanía violada de Venezuela, me veo obligado a tomar esta decisión", dijo Chávez.
El gasoducto de 177 km es un proyecto binacional ya acordado por ambos gobiernos.
"Le invito a rectificar, le invito a que su gobierno rectifique", le dice Chávez a Uribe, en la declaración divulgada en Caracas.
"Han cometido en Colombia un grave error y deben rectificar en vez de estar buscando argucias que peor hacen quedar a su gobierno. No puede ser, es injustificable desde todo punto de vista que altos funcionarios del gobierno colombiano estén instigando a funcionarios venezolanos al delito".
El gobierno de Bogotá contestó con un comunicado de 9 puntos, que no puede ser considerado como una disculpa o una rectificación, en que señala que "la Policía de Colombia ha explicado de manera clara y contundente que no ha violado la soberanía de Venezuela".
Colombia justifica la política de recompensas como "un instrumento legítimo" e indicó que las "Naciones Unidas prohíben a los países miembros albergar terroristas de manera 'activa o pasiva'", en una tácita alusión al hecho de que Granda vivía en Venezuela de tiempo atrás.
En el comunicado el gobierno "reitera su propósito de tener constructivas relaciones con el gobierno y el pueblo de Venezuela".
"También propondremos nuevamente al gobierno de Venezuela la creación o activación de un mecanismo binacional para examinar los hechos que los gobiernos estimen conveniente", señala.
En Colombia, dirigentes políticos y económicos, además de analistas, consideraron la situación como preocupante, aunque algunos de ellos calificaron de exagerada la reacción de Chávez.
El analista independiente Alejo Vargas señaló que "dudo mucho que el gobierno venezolano quede satisfecho con esta respuesta" aunque consideró que con ella se le baja a la confrontación.
El analista independiente Alfredo Rangel, experto en temas de seguridad, indicó a la AFP que "este es el peor momento de las relaciones entre Colombia y Venezuela en los últimos años".
También señaló que la reacción de Chávez "es absolutamente consistente con la valoración que hicieron en Venezuela de este caso: que fue una violación de la soberanía".
El analista independiente Pedro Medellín dijo que "uno entiende la reacción de Chávez porque el gobierno colombiano quería pasar de agache frente al hecho. Colombia debió proceder a pedir excusas".
Para el congresista Manuel Ramiro Velásquez, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, "este es el momento propicio para que el gobierno Chávez le explique a la comunidad internacional por qué sigue permitiendo que alzados en armas en Colombia sigan deambulando por su territorio".
Para el senador de izquierda Antonio Navarro, lo que ocurre "es gravísimo. Me parece muy desafortunada la postura del gobierno venezolano, que nos debe una explicación sobre la presencia de guerrilleros en su país".
Navarro consideró que la posición del "gobierno colombiano también es muy desafortunada porque invita a infringir la ley pues ambas constituciones prohíben recibir recompensas de gobierno extranjeros".
No se sabe aún cuál es el alcance de la declaración de Chávez, sin embargo, la situación en las fronteras y aduanas es normal.
15 de enero de 2005
©univisión