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murió franceye


Prolífica poetisa de Santa Monica.
[Claire Noland] Murió Frances Dean Smith, poetisa de Santa Monica conocida como FranceEye, cuyo trabajo se inspiraba en Charles Bukowski, con el que vivió y tuvo un hijo en los años sesenta. Tenía 87 años.
Smith, que había estado viviendo en una residencia en San Rafael, California, murió el 2 de junio en el Hospital General Marin, cerca de Greenbrae, por complicaciones de una cadera rota, informó su hija Marina Bukowski Zavala.
Un personaje aparte a la que llamaban afectuosamente la Bruja Barbuda [Bearded Witch] de Ocean Park -o como se refirió Bukowski a ella, cariñosamente, Old-Snaggle Tooth-, Smith vivió en el barrio de Ocean Park de Santa Monica durante sus últimas décadas.
Su trabajo, con el seudónimo de FrancEyE, fue publicado en revistas de poesía y reunidas en las antologías ‘Snaggletooth in Ocean Park’ (Sacred Beverage Press, 1996), ‘Amber Spider’ (Pearl, 2004), ‘Grandma Stories’ (Conflux Press, 2008) y ‘Call’ (Rose of Sharon Press, 2008).
John Harris, que fundó con el difunto Joseph Hansen el taller de poesía de los miércoles noche en el Beyond Baroque Literary Arts Center en Venice y gestionó la librería Papa Bach, describió la obra de Smith como "aferrada a la tierra y emocional, sin ser sentimental de ninguna manera".
"Era una escritora muy prolífica. Dios mío, escribió un montón de cosas", dijo en una entrevista la semana pasada.
Aunque Smith había estado escribiendo poesía a los tropezones casi toda su vida, llegó a Los Angeles a principio de los años sesenta determinada a reinventarse a sí misma, dejando atrás al hombre del que se divorció y a las cuatro hijas que tuvo durante un matrimonio infeliz.
A los cuarenta, cuando vivía con su madre en Garden Grove, le escribió a Bukowski, el escritor que se estaba haciendo un nombre con escandalosos y crudos trabajos que describían la vida en los márgenes de la urbe. Se conocieron en 1963 e iniciaron una relación, y Smith se mudó a su casa. Su hija nació al año siguiente, y Smith lo dejó tres años después, a la búsqueda de lo que llamó "un ambiente más tranquilo" en el que criar a su hija.
Pero Smith reconoció la influencia de Bukowski en su trabajo, diciendo más tarde que él la alentó a que dedicara su vida y energía a la poesía.
Asistió a los talleres de la Primera Iglesia Unitaria en Los Angeles, y de la librería Brideg en Hollywood y empezó a escribir poemas en grandes cantidades.
Más de noventa de los poemas de Smith de mediados de los años sesenta en el taller unitario -junto con casi setenta poemas de Bukowski- fueron descubiertos en 1994, poco después de que Bukowski muriera de leucemia, en un archivador dorado que había sido dejado en un basurero en una calle de Los Feliz.
Un tasador de la casa de subastas Butterfield & Butterfield calificó los poemas de Smith encontrados en el archivador como "una mirada íntima a su relación a veces tumultuosa".
La mayoría estaban firmados por Frances Bukowski, o fdb -por Frances Dean Bukowski. Más tarde un amigo dijo que el nombre Frances sonaba como plural, por lo que buscaron un apodo y Smith se quedó con FrancEye.
Para 1970 se había mudado a Santa Monica con su hija menor. Trabajó en una serie de trabajos poco satisfactorios, a menudo con dificultades para llegar a fin de mes, pero, como escribió hace unos años, "finalmente empecé a sentir que sabía quién era yo".

Frances Elizabeth Dean nació el 19 de marzo de 1922, en San Rafael. Su padre murió cuando era niña y su familia acogió a su viuda y sus dos hijas en su casa en Lexington, Massachusetts. Se interesó en la poesía y, todavía adolescente, publicó algunos poemas en la revista Scholastic y en la influyente Saturday Review of Literature. Asistió a la Smith College durante dos años, pero abandonó los estudios tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial para incorporarse al Batallón Femenino del Ejército, en el área de Washington, D.C.
En el ejército conoció y se casó con Wray Smith. Después de la guerra estudió en la Universidad George Washington, y obtuvo su licenciatura en filosofía. Ella y su marido tuvieron cuatro hijas, pero fue un matrimonio difícil, dijeron sus hijas al Times. La pareja se divorció en 1960 y pelearon por la custodia de las niñas. Smith se marchó para iniciar una nueva vida en Los Angeles.
Después de asentarse en Ocean Park, se zambulló en los círculos poéticos, participando en talleres y charlas, llegando a menudo en autobús porque prefirió no conducir. Estaba profundamente comprometida con la iglesia socialmente liberal de Ocean Park, una iglesia unida metodista que atrae una feligresía intereclesiástica. También trabajó en la comisión de vivienda del ayuntamiento de Santa Monica.
En su vejez, permitió que unos ralos pelos blancos que le habían empezado a salir en la barbilla, siguieran creciendo, y eso le valió el apodo, entre sus amigos, de la Bruja Barbuda de Ocean Park.
"Creo que lo hizo por una cuestión feminista", dijo su amigo S.A. Griffin, que publicó ‘Call’, la semana pasada. "Así era ella. Eso era lo que hacía su cuerpo, y ella dejó que lo hiciera".
Cuando le empezó a fallar la salud, se mudó a California del Norte para estar más cerca de su hija Marina en Albany.
Además de Marina, la única hija de Bukowski, le sobreviven otras tres hijas -Patricia Vahedi, de San Francisco; Irene Landsman, de Rockville, Maryland; y Sara Jocham, de Silver Spring, Maryland-, así como diez nietos y seis biznietos.

25 de junio de 2009
©21 de junio de 2009
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murió harold norse


Poeta de la generación beat era un faro literario en la comunidad gay.
[Elaine Woo] Murió Harold Norse, poeta de San Francisco asociado a menudo con los beats, que fue mentor y colega de muchos de los grandes talentos de la literatura estadounidense del siglo veinte, como Tennessee Williams, James Baldwin, Allen Ginsberg y Charles Bukowski. Tenía 92 años.
Murió de muerte natural el lunes en una residencia de vivienda asistida en San Francisco, según informó su custodio, el abogado Mark Vermeulen.
Pionero de la poesía escrita en el inglés americano de todos los días, que fue llamado "el mejor poeta de nuestra generación" por William Carlos Williams, Norse no alcanzó nunca el reconocimiento que él y otros pensaban que merecía. Faro literario de la comunidad gay que arriesgó el ostracismo por escribir abiertamente, en los años cuarenta y cincuenta, sobre sus aventuras sexuales, Norse se exilió a sí mismo en Europa durante quince años antes de volver a Estados Unidos y publicar libros como ‘Hotel Nirvana’ (1974), que fue nominado al Premio Nacional de Literatura, ‘Carnivorous Saint’ (1977) y ‘In the Hub of the Fiery Force: Collected Poems’ (2003).
"En la poesía americana, Norse era esencialmente la voz de un emigrante", dijo Lawrence Ferlinghetti, el poeta y librero que publicó un libro con los poemas de Norse a mediados de los setenta. "Era una voz original porque hacía de ventrílocuo de lo que estaban diciendo un montón de otros poetas... En un poema podía sonar como T.S. Eliot..., y en otro como William Burroughs".
La vida de Norse se lee como una historia de la literatura americana moderna. En una lectura en 1939, flirteó con W.H. Auden y se convirtió en su secretario personal, un trabajo que mantuvo hasta que Auden le quitó el novio. Conoció a Ginsberg en el metro de Nueva York en 1944, más de una década antes de que Ginsberg se hiciera famoso internacionalmente con el clásico beat ‘Aullido’ [Howl]. Más tarde, pasó un tiempo con Burroughs, Gregory Corso y Brion Gysin en un albergue de mala muerte en París que se hizo famoso como el Beat Hotel.

Norse nació como hijo ilegítimo el 6 de julio de 1916 en Nueva York y fue criado por su madre después de que su padre desapareciera. Se licenció en Brooklyn College en 1938 y obtuvo una maestría en la Universidad de Nueva York en 1951. Al año siguiente, su mentor, William Carlos Williams, organizó una lectura de Norse en el Museo de Arte Moderno. Su trabajo apareció en prestigiosas publicaciones, como la revista Poetry, Paris Review y Saturday Review.
Preparaba su doctorado cuando, en 1953, se mudó a Italia, donde descubrió al poeta romano del siglo diecinueve, G.G. Belli, y tradujo un tomo de sus obscenos sonetos.
Para entonces, Norse, siguiendo los consejos de Williams, había abandonado el verso tradicional por "mi propio estilo libre", basado en los ritmos del habla cotidiana.
"Fue un increíble pionero en el uso del inglés americano", dijo Gerald Nicosia, poeta y biógrafo de Jack Kerouac, que conoció a Norse durante más de treinta años. "Era un muy buen poeta antes de que surgieran los beats".
En el Beat Hotel, donde Norse vivió de 1959 a 1963, empezó a experimentar con Gysin y Burroughs en lo que llamaron cut-up writing>, un método que consistía en recortar páginas escritas y recomponer al azar los fragmentos para formar un nuevo texto. Escribió ‘Beat Hotel’, una novela breve, en el estilo fragmentado. Burroughs escribió ‘Almuerzo desnudo’ [Naked Lunch], un obsceno y no-lineal clásico de la posguerra.
Norse volvió a Estados Unidos en 1968, estableciéndose durante unos años en Venice, no muy lejos del bungalow de Bukowski en Hollywood. Bukowski, al que la revista Time llamaría más tarde el "laureado de los bajos fondos de Estados Unidos", adoraba a Norse, que devolvió su admiración incluyendo al joven poeta en un tomo de la serie Penguin Modern Poets, del que era editor y que también presentaba su propio trabajo y el de Philip Lamantia, otro poeta beat. La antología de Penguin de 1969 fue la primera introducción importante de Bukowski al mundo literario.
Después de su publicación, Bukowski escribió a Norse: "Siempre que te leo mis cosas, se ponen mejor -tú me enseñas a cruzar los glaciares y a deshacerme de esas putas almidonadas. No me expreso bien, pero tú sabes lo que quiero decir. Maldito seas, Norse, se me acaba de quemar toda una bandeja de patatas fritas mientras ESCRIBÍA sobre ti".
Bukowski, como Ginsberg y otros amigos de Norse, lo eclipsaron en fama. "Yo tenía un gran ego", dijo Norse al San Francisco Weekly en 2000, "pero siempre dije -y era estúpido vivir pensando eso- que no iba a mover un dedo para que me publicaran. Tiene que ser una iniciativa externa a mí. Así que, en cierto modo, yo mismo me enterré".
Se mudó a San Francisco a principio de los años setenta y se convirtió en mentor de escritores más jóvenes, incluyendo al poeta e historiador beat Neeli Cherkovski. En 1977 ayudó a montar una seminal lectura en la Glide Memorial Church, con escritores gay como Ginsberg, Cherkovski y John Rechy que, según dijo Cherkovski, "ayudó a desarrollar la idea de la identidad del poeta gay en San Francisco".
Norse declaraba públicamente su homosexualidad y procesaba sus experiencias -lo que Ferlinghetti describió una vez burlonamente como su "historia horizontal"- en poemas que reflejaban rabia, tristeza y orgullo.

No soy un hombre. Escribo poesía.
No soy un hombre. Medito sobre la paz y el amor.
No soy un hombre. No quiero destruirte.

En 1990 publicó su correspondencia con William Carlos Williams. Pero murió antes de que pudiera reclamar para sí un espacio más grande en el firmamento literario, junto con Ginsberg y Burroughs, que murieron ambos en 1997. En sus últimos años crecía que podía ubicarse nuevamente en el mapa si publicaba su correspondencia de veinte años con Bukowski, que murió en 1994. Esas cartas siguen inéditas.
"Acostumbraba a hablar sobre la suerte de Norse", dijo Cherkovski. "Le dije: ‘Mira, has sobrevivido a todos los demás’".

20 de junio de 2009
13 de junio de 2009
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la secretaria de scott fitzgerald


Años después de ‘Gatsby’, la secretaria de F. Scott Fitzgerald presenció el segundo acto de un autor que no creía en ellos.
[David L. Ulin] Después de todos estos años, Frances Kroll Ring todavía se puede ver, esa tarde en que rellenó un formulario en la Agencia de Empleo Rusty’s, en Hollywood Boulevard, y se dirigió a Encino en su coche para reunirse con un escritor que necesitaba una secretaria.
Era abril de 1939, tenía veintidós años, y era una transplantada del Bronx que sabía escribir a máquina y apuntar dictados. Llevaba poco más de un año en California del Sur, se había venido al oeste para ayudar a su padre, un peletero de Nueva York, a instalar una tienda en Wilshire Boulevard. "Todo el mundo me decía: ‘¿Trabajas en pieles? ¿Y qué estás haciendo en California del Sur?’", recuerda Ring. "Pero él sabía que los estudios usaban pieles. Porque en esa época las actrices se vestían hasta los topes".
A los 92, Ring es un duende: pequeña, inquieta, lleva pantalones negros y zapatos bajos. Su pelo cano es corto, pero no al rape, y cuando ríe, lo que hace a menudo, muestra todos sus dientes. Su casa, en esta apacible mañana en Benedict Canyon, está repleta de libros y recuerdos; un dibujo del autor William Saroyan cuelga de una pared. Sentada a su mesa de comedor, sorbiendo café, recuerda la tarde en que empezó todo.
"En la agencia", recuerda, "me preguntaron si conocía Scott Fitzgerald y yo dije que no estaba segura. Entonces no había oído hablar de él todavía. Había leído a Hemingway, que era del que hablaba todo el mundo". No era improbable. Para 1939, catorce años después del triunfo de ‘El gran Gatsby’ [The Great Gatsby], Fitzgerald había sido esencialmente olvidado, y gran parte de sus escritos se habían agotado. Ahora estaba en Los Angeles trabajando para los estudios cinematográficos, luchando por su mujer, Zelda, que estaba ingresada en Carolina del Norte, y su hija Frances, a la que llamaba Scottie, que estudiaba en un internado en el este. Él era un alcohólico que se estaba recuperando de una crisis nerviosa; no había publicado nada en cuatro años.
Sin embargo, Ring no sabía nada de eso cuando se dirigió "al otro lado de la colina" hacia donde estaba viviendo Fitzgerald. Tampoco sabía que Fitzgerald estaba planeando su propia resurrección literaria con una novela que, según observa el biógrafo A. Scott Berg (con un Pulitzer a su haber), "prometía ser su mejor libro". Era ‘El último magnate’ [The Love of the Last Tycoon], una epopeya hollywoodense en la que Fitzgerald trabajaría, con la asistencia de Ring, durante los últimos veinte meses de su vida. Quedó sin terminar cuando murió en diciembre de 1940, y el libro contribuiría a rehabilitar la reputación de Fitzgerald cuando se publicó en 1941.
"Ella es realmente la última testigo", señala Berg, "junto con Budd Schulberg" (el escritor de 95 años, autor de la clásica novela hollywoodense ‘¿Por qué corre Sammy?’ [What Makes Sammy Run?]) "que vio a Fitzgerald trabajando como escritor. Estuvo en las primeras butacas durante un año y medio". El novelista Steve Erickson la llama "la conexión viva con una cultura americana en la que la literatura y el alfabetismo eran importantes... Ella mantenía encendida la llama literaria en una ciudad que siempre ha tenido más literatura de lo que se reconoce".
Ring ha contado, ocasionalmente, su historia; en 1985 publicó una breve memoria, ‘Against the Current: As I Remember F. Scott Fitzgerald’, que fue llevada al cine como ‘La última batalla’ [Last Call] en 2002. Pero también protege con ahínco el tiempo que pasó con Fitzgerald -"no quería que pensaran que lo estaba explotando"-, sugiere Erickson-, lo que explica por qué son tan pocos los que saben algo sobre esos últimos meses.
Desde el principio, Fitzgerald estaba débil, aunque concentrado. Había regresado recién de un desastroso viaje a Cuba, con Zelda -la última vez que se verían juntos- y se estaba recuperando de la juerga en que se había convertido el viaje. "Estaba en cama", dice Ring sobre su primer encuentro, "y me hizo todo tipo de preguntas. Luego me dio algo de dinero y me pidió que se lo enviara a su hija -y que lo llamara cuando lo hubiera hecho. Esa fue su manera de poner a prueba mi honestidad. Estaba apenas en la cuarentena, pero estaba débil. Era el tipo de persona a la que te gustaría ayudar. Estaba muy pálido y tenía los ojos muy azules, y era encantador".
Hacia el fin de la entrevista, Fitzgerald le pidió a Ring que abriera una gaveta de la cómoda en su dormitorio; "en lugar de camisas o ropa interior o de lo que esperas encontrar en una cómoda, había botellas de gin", escribe en su libro.
No está exactamente claro si Fitzgerald la estaba advirtiendo sobre lo que le esperaba o haciéndole saber lo que estaba tratando de superar. Una posibilidad es que fuera otra prueba, otro indicio de la necesidad de discreción, del tipo de cercanía que exigía trabajar con él. "Me dijo que iba a escribir una novela sobre Hollywood", dice Ring. "Había algo más: ¿Podía confiar en mí? Porque no quería que nadie supiera lo que estaba haciendo".
Al principio, Fitzgerald no podía trabajar. "Todavía no se había organizado", dice Ring. "Escribíamos cartas. Yo tipeaba, yo podía escribir cartas, podía llevar los libros porque yo me ocupaba de los negocios de mi padre. Y al principio, él sólo quería estar sentado y hablar. Estaba en cama la mayor parte del tiempo, y se levantaba para dar vueltas por el cuarto. Hablaba sobre libros, y yo sabía bastante de literatura, lo que le intrigaba, porque un montón de secretarias no son demasiado cultas. En esa época tenían otras funciones, y yo no era ese tipo de chica".
En realidad, Ring se convirtió en una suerte de hija substituta para Fitzgerald, haciéndole compañía, ayudándolo a recuperarse para escribir.
"Lo fascinante", cavila Berg al teléfono, "es que al final hay un Scott Fitzgerald, con su mujer en un manicomio, su hija en un internado en la Costa Este, y se enamora de otra rubia y, de cierto modo, adopta a otra chica llamada Frances -como su hija- y repite la familia. Para mí, eso es pavoroso, espeluznante, casi como un universo paralelo".
La rubia era Sheilah Graham, columnista de sociedad, con la que Fitzgerald empezó una relación en 1937. Finalmente él se mudaría a su apartamento en Laurel Avenue en Hollywood Oeste, pero cuando todavía vivía en Encino, Graham lo visitaba en las tardes. "Empezaba a sacarse las medias", ríe Ring. "Era la señal para que me marchara".
Aunque hubo, admite, "períodos de borracheras", la mayor parte del tiempo se mantuvo estable. "Tenía una hija por la que se sentía completamente responsable", dice. "Pensaba que él era el único miembro sólido de la familia, y lo era".
Esta responsabilidad se manifestaba en una variedad de maneras, empezando con su trabajo en ‘El último magnate’, cuando Fitzgerald se concentraba en la novela, dictaba notas y bosquejos de personajes, delineaba capítulos y escenas. "El libro estaba meticulosamente planeado", dice Ring. "Para cuando empezó a escribir, sabía quiénes eran sus personajes y por qué estaban peleando".
‘El último magnate’ es la historia de Monroe Stahr, un niño maravilla de Hollywood al que Fitzgerald consideraba un alma sensible, incluso artística, en un negocio feroz. La clave, sugiere Ring, era la idea de Fitzgerald de la novela como redención, una manera de hacer uso de todo lo que había observado en Hollywood para describir su degradación ("Odio este lugar como si fuera veneno, y lo odio con un odio sincero", escribió a su agente en 1935) y transformarlo en literatura.
Fitzgerald escribía "en largas hojas de papel", recuerda Ring, "en blocs amarillos. Yo tipeaba en triplicado, y él lo volvía a hacer todo de nuevo". Trabajaba todo el tiempo: en la novela, en varios proyectos de guiones, incluyendo una adaptación de su propia ‘Regreso a Babilonia’ [Babylon Revisited], y en ‘Historias de Pat Hobby’ [Pat Hobby Stories], que escribía para Esquire y fueron publicadas en enero de 1940, a 250 dólares cada una. En su introducción a ‘Historias de Pat Hobby’, recogidas en un libro en 1962, el editor de Esquire, Arnold Gingrich, menciona los numerosos telegramas que envió Fitzgerald pidiendo que le pagaran: "Otra vez el viejo achaque del dinero", escribe el autor. "Tienes que enviarme dinero. Tienes que enviármelo a mi Línea Maginot: el Banco de America, Culver City".
En parte esto tenía que ver con sus obligaciones con su esposa e hija, dispersas en el país como dos satélites distantes. "No podía dedicarse al libro", dice Ring, "porque necesitaba constantemente dinero. Escribía un cuento y luego se dedicaba a escribir durante una semana para un estudio, a veces dos semanas. No podía dejarlo".
Sin embargo, el mero volumen y calidad del trabajo que estaba haciendo dice algo más sobre Fitzgerald, poniendo una lápida al mito de que su talento se había quemado. Más bien, los últimos veinte meses de su vida representaron su resurrección creativa, una refutación de sus propias palabras en las páginas de ‘El último magnate’, de que "no hay segundos actos en la vida en Estados Unidos".
De hecho, prosigue Ring, Fitzgerald estaba ferozmente consciente de su reputación, de la brecha entre el trabajo que estaba haciendo y el modo en que lo habían pasado por alto. "Se molestaba si un editor de Collier al que no respetaba, lo rechazaba", dice. "Se volvía loco. Era esencialmente un hombre gentil, pero se ponía furioso si lo rechazaban. Su fortaleza residía en que nunca se rendía. Un montón de tipos lo habrían dejado todo por menos que eso. Se ponía a beber, pero moderadamente. El trabajo era más importante que la bebida".
Parte de esta dureza, parece, se la transmitió a Ring; cuando ella se ocupó de los detalles cuando Fitzgerald murió de un ataque al corazón a los 44 años el sábado previo a la Navidad de 1940, en el departamento de Graham, donde se había mudado después de tener un primer ataque cardiaco unos meses antes. "Tuve que encargarme", cuenta Ring, "de que el cuerpo fuera embarcado hacia el este, donde se celebraría el funeral. Aquí no conocía a nadie. Sheilah no era una gran ayuda. Estaba histérica. Lo que es muy bizarro es que había apartado setecientos dólares en efectivo, sobre los que me había hablado; la tumba y el ataúd costaron justo algo menos de setecientos dólares. Siempre pensé que tenía que haber llamado para enterarse de los precios, que vivía, en cierto sentido, con la premonición de su muerte".
Entonces, en 1941, se enfrentó al formidable crítico Edmund Wilson, sobre la edición póstuma de ‘El último magnate’, criticando su resumen de los capítulos inconclusos del libro y argumentando que "algunos coloridos hechos sobre su origen harán más memorable a Stahr, aunque gran parte de la novela tenga que irse apagando de forma sumaria".
Esas experiencias le sirvieron a Ring; en los años cuarenta, como lectora del departamento de guiones de la Paramount, fue detenida en Hollywood por participar en un piquete de manifestantes en una polémica huelga de ocho meses decretada por la Conference of Studio Unions.
En la época estaba casada, pero veinticinco años después, tras la muerte de su marido, se reinventó a sí misma como editora de Westways, la revista del Club del Automóvil de California del Sur, que convirtió en un centro neurálgico que publicó a Saroyan, Carey McWilliams y Anaïs Nin.
Oyendo ahora a Ring, es imposible no imaginar a la joven mujer que debe haber sido, como si, tras su muerte, Fitzgerald la hubiera dejado para ser su defensora. Ese sentimiento queda. El vínculo es casi físico, distinto a su modo en el espacio y el tiempo. No es que Ring viva en el pasado -no lo hace-, pero que aquí en la cima del Benedict Canyon, donde el pasado está de algún modo presente, las fronteras son porosas.
La sensación aumenta cuando Ring sube las escaleras al segundo piso donde en una pequeña oficina hay tres primeras ediciones (‘Suave es la noche’ [Tender Is the Night], ‘Toque de diana’ [Taps at Reveille] y ‘El gran Gatsby’), que Fitzgerald le dedicó, así como una Biblia King James que le regaló su padre por haber cortado un abrigo de piel para Scottie al estilo de la época.
Ring coge los libros uno por uno, y lee en voz alta las dedicatorias: "Esta es mi favorita", dice, abriendo ‘Toque de diana’:

Frances Kroll
Tiene alma
(Dice que lo sabe)
Pero cuando la joven Frances
Baila
No lo demuestra.
Desde la calva cabeza
del hombre de la primera fila,
Scott Fitzgerald

‘The Gayieties’
1939

Pero es la Biblia la que proporciona una coda inesperada, introduciendo en la habitación a Fitzgerald mismo, en una carrera casi tridimensional. El libro está en una caja, aunque se ha roto hace tiempo y la mantiene en su lugar una cinta de goma.
Lenta y cuidadosamente, como si estuviera invocando a sus dos padres -físico el uno, figurativo el otro-, Ring abre y saca una carta, escrita a lápiz y metida en un sobre.
Es una nota de agradecimiento:
"Querida señora Kroll, quiero agregar mi gratitud a la de Scottie por el bello corte del abrigo. Es magnífico y estamos felices de tenerlo. No la veo desde hace catorce meses, y me ha deleitado imaginar su rostro cuando lo vio, su sorpresa y placer".
"Fue un gran regalo de Navidad, mucho mejor de lo que yo hubiera sido capaz de regalarle este año...
"Con mis mejores deseos para estas festividades".
Debajo de la firma hay un post scriptum: "El lápiz es el resultado de escribir en cama, en estos momentos".
"Siempre hacía eso", dice Ring, riendo dulcemente. "Agregar esa etiqueta. Llamar la atención sobre su enfermedad. Era hipocondriaco". Se detiene. "Pero esta vez era verdad. No tenía más energía. Era el 14 de diciembre, apenas una semana antes de su muerte".
El silencio invade la habitación. Casi se puede sentir que Fitzgerald está aquí. Las marcas del lápiz en el papel sin pautar se ven tan frágiles, vulnerables incluso, y en ellas se contiene todo contra lo que Fitzgerald tuvo que luchar.
"Estaba muy involucrada con Fitzgerald", dice Ring, volviendo a doblar la carta. "Porque no podías estar con él y no saber lo desesperado que estaba por escribir un buen libro más. Pero ya no podía, y era demasiado bueno para aceptarlo".

16 de junio de 2009
8 de junio de 2009
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la lupara ilustrada


Una fascinante y bizarra historia de literatos excéntricos y policías. De la mano de Juan Forn en Página 12.
[Juan Forn] En marzo de 1925, pocas semanas antes de que Mussolini enviara a Palermo al "Prefecto de Hierro" Cesare Mori a combatir a la mafia, saltó a la escena pública una insólita institución que respondía al nombre de ‘Secolare Accademia Parnaso Canicattinese’. Fundada cuatro años antes, integrada por excéntricos de la región como el barón aeronauta Agostino La Lomia (que se había hecho instalar una cama con dosel en el mausoleo de su familia y allí dormía desnudo) o el abogado Francesco Mataluso (que una vez pidió pericia psiquiátrica para su defendido por el hecho de haberlo elegido a él como su letrado), la Academia habría de convertirse en la entidad más bizarra de la historia de Sicilia. Su estatuto no definía la función exacta de la institución, pero sí se encargaba de explicitar quién podía aspirar a árcade mayor, menor o inexistente. Gustosos árcades menores fueron Luigi Pirandello, Benedetto Croce, el futurista Marinetti, Salvatore Quasimodo y, años más tarde, Leonardo Sciascia y el actor Ben Gazzara. Para ser árcade mayor, en cambio, era indispensable ser desconocido fuera de Canicatti e ignorado dentro. Y de allí se pasaba al estado ideal de inessistente, instancia en la que ya no se tenía "ni obra ni nombre que defender".
El emblema de la Academia era un perro y la leyenda "Este perro es un león" (ya que el taller que les imprimía los diplomas sólo tenía esa imagen "rampante"). No había límite de edad para ingresar y no se requería de la inteligencia como atributo, "razón por la cual se aceptarán mujeres". El "inmenso, inescrutable" patrimonio literario de la Academia (actas, discursos, exhortos) era exclusivamente oral, porque así no corría riesgo de perderse. Ni de olvidarse tampoco, ya que, según el estatuto, sus miembros eran inmortales e infalibles. A un anciano aspirante de ochenta y nueve años se lo sometió a examen para comprobar si era inmortal o estaba inadvertidamente muerto: lo hicieron escuchar durante seis horas marchas fúnebres (si las tarareaba, era señal de que estaba muerto). A esta clase de actividades dedicó la Academia sus primeros cuatro años de existencia. Pero llegó el año 1925 y Mussolini envió a Cesare Mori como jefe de la policía de Palermo, con la orden expresa de destruir a la mafia.
Era procedimiento habitual de la mafia por entonces informar por escrito a sus chantajeados a cuánto ascendía la cuota por protección. En su primer día de trabajo, Mori mostró a la prensa una carta que decía textualmente: "Nosotros, los llamados Bandidos de Gangi, somos los que reclamamos de usted la suma de 6 mil liras. Nosotros somos los que a aquellos que se niegan a satisfacernos por las buenas los hacemos satisfacernos por las nuestras. Aquí va para usted esta palabra de honor de que si dentro de ocho días no recibimos seis mil liras, le costará por lo menos 100 mil liras o su vida se extinguirá en nuestras manos; así que piénselo bien, que si vamos usted, no se salva. Con esas 25 liras que nos mandó, ya se atrevió a destruir nuestra amistad. Si la quiere obtener de nuevo, satisfáganos con seis mil liras. Si pasan ocho días y no paga, mejor ya no salga y ándese con ojo porque estaremos detrás de usted. Es el último aviso, y todos los ultrajes que reciba se los debe achacar a Hermanos Ferrarelli y Nicolò Andaloro". Acto seguido, el "Prefecto de Hierro" ordenó a la ciudadanía que toda carta como ésa debía ser entregada de inmediato a las autoridades. "Si me obedecen, yo les prometo enderezar hasta las patas de los perros", declaró famosamente Mori aquel primer día.
Cosa que tocó el corazón de los miembros de la Academia, ya que uno de los diez puntos del estatuto de la institución decía textualmente: "Poeta, y por consiguiente árcade de esta Academia, es aquel que intente enderezar las patas a los perros". La Academia notificó formalmente a la Prefectura de Palermo que había nombrado "por aclamación" a su jefe miembro honorario de la institución y aprovechaba la oportunidad para enviarle al "Honorable Prefecto" una carta de chantaje recibida días atrás que podría serle de suma utilidad para aprender a diferenciar a la verdadera mafia de los chapuceros de ocasión, y no malgastar sus energías persiguiendo a pobres ignorantes incapaces de hacer realidad sus amenazas. La carta que remitía la Academia decía: "Ilustrísimo Señor, la presente es para agradecerle las 200 liras, aunque no era la suma que nosotros deseábamos. Sentimos mucho no poder satisfacerle por la yegua que le han robado, pues está muerta. En el pasado nos hemos contentado con las 200 liras fijadas por nuestros amigos, pero a partir de ahora le rogamos, como fieles servidores que somos de usted, que se ponga al corriente de su nuevo tributo, que es de 600 liras, siempre que quiera conservar nuestra amistad y vivir sereno y tranquilo. Esperando su pronta respuesta, se despiden con el mayor respeto sus fieles servidores Ferrarelli Gaetano, Ferrarelli Salvatore y Andaloro Nicolò".
Mori fue prefecto de Palermo de 1925 a 1928. Su jornada de mayor gloria fue un día de enero de 1926 en que entró con sus carabineros al pueblo de Gangi, hizo una razzia casa por casa y luego cueva por cueva de los alrededores hasta lograr arrestar a los novecientos treinta miembros de la famosa, terrorífica famiglia Ferrarelli, capangas absolutos de toda la región y conocidos entre sus víctimas como los Bandidos de Gangi (el jefe de la familia, Gaetano Ferrarelli, se ahorcaría al día siguiente en prisión, por la vergüenza de haberse entregado). En sus memorias, tituladas ‘Con la mafia ai ferri corti’, Mori menciona la impecable redacción que tenían las cartas de chantaje que dictaba Gaetano Ferrarelli. Nada dice, en cambio, de la Academia del Parnaso ni de la colaboración prestada en la captura de los Bandidos de Gangi. La única comunicación conocida entre el "Prefecto de Hierro" y la Academia es un fulminante requerimiento policial en el que les decía que los tiempos habían cambiado y que con ciertas cosas no se debía bromear. La Academia remitió entonces una nueva esquela a Mori: en ella rogaban que se les aclarara cuáles eran las cosas sobre las que se podía bromear, y pedían al Señor Prefecto que tuviese la gentileza de detallarlas lo más posible, así se evitaban mutuamente ulteriores malentendidos. Mori ya no contestó, ocupado como estaba con el papelerío judicial de aquellos novecientos treinta arrestos (que alcanzarían la increíble cifra de 11 mil en 1928, momento en que il Duce dio la tarea de Mori por terminada, lo nombró senador y así libró a Sicilia del "Prefecto de Hierro").

12 de junio de 2009
©página 12 
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murió elsie b. washington


Autora de novelas románticas. Pionera de la literatura afro-americana.
Murió el 5 de mayo en Ciudad de Nueva York, por complicaciones de un cáncer y esclerosis múltiple, la pionera autora de novelas románticas,  Elsie B. Washinton, cuyo libro ‘Entwined Destinies’, de 1980, fue la primera novela del género en introducir personajes afro-americanos.
‘Entwined Destinies’, publicada bajo el nombre de pluma Rosalind Welles, fue la única novela de Washington, que trabajó para la revista Newsweek como periodista financiera.
También fue redactora y editora del New York Post y de las revistas Life y Essence.

Washington nació en el Bronx, Nueva York, el 28 de diciembre de 1942. Estudió inglés en el City College de Nueva York.
En una entrevista con el Milwaukee Journal Sentinel hace unos años, Washington dijo que se preparó para escribir su novela leyendo decenas de libros románticos.
"La abordé seriamente", dijo. "Fue la primera novela romántica étnica. Pensaba que sería quizás la única. Así que quería incluir en el libro toda una gama de personajes afro-americanos".
De acuerdo al New York Times, la novela romántica afro-americana es un género floreciente y entre sus autoras se encuentran Sandra Kitt, Beverly Jenkins y Rochelle Alers.

29 de mayo de 2009
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murió mario benedetti


En Uruguay decretaron duelo nacional. Sus restos serán velados hoy en el palacio legislativo de Montevideo. El poeta uruguayo falleció en la tarde de ayer en Montevideo a los 88 años. Fue uno de los poetas más leídos y cantados en el mundo de habla hispana. Sufrió persecución y exilio por sus convicciones. En Argentina fue amenazado de muerte por la Triple A.
[Silvina Friera] Uruguay. "Cuando me entierren / por favor no se olviden / de mi bolígrafo." El poema pertenece a ‘Rincón de haikus’, publicado cuando el gran poeta uruguayo promediaba los 80 y la muerte era una sombra cercana con la que empezaba a dialogar para que no lo sorprendiera, para que no lo aplastara con el peso de su evidencia. Mario Benedetti murió ayer a los 88 años en su casa. Será velado hoy a partir de las 9 de la mañana en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo en Montevideo. En Uruguay se ha decretado duelo nacional. No sólo el Río de la Plata se despide con una infinita congoja de este hombre triste y cordial como un legítimo uruguayo, que supo conjurar el dolor de la finitud y escribió que había que vivir como si fuéramos inmortales. En cientos, miles y millones de almas, sin exagerar, garúa finito. Pocos poetas han sido tan saludablemente plagiados como Benedetti. Sus poemas de amor fueron copiados "clandestinamente" por miles de jóvenes que se atribuyeron la autoría para sorprender a esas muchachas esquivas o para acortar las distancias e iniciar un romance. No le molestaba saber de estos plagios y menos le importaba que sonara cursi. Al contrario: él mismo contaba anécdotas de parejas que le confesaban que se habían conocido, por ejemplo, gracias a ‘Inventario’. Quién no habrá repetido o cantado alguna que otra estrofa de ‘Te quiero’, ‘Por qué cantamos’, ‘Una mujer desnuda y en lo oscuro’ y tantos otros poemas que popularizaron más de cuarenta intérpretes. Su apellido se ha convertido en sinónimo de la poesía hecha canción. La muerte del autor de ‘La tregua’ se prolongó durante tres años. Comenzó en 2006, cuando murió su mujer Luz, con la que vivió toda la vida. Desde entonces, el impulso vital del autor de más de 80 libros de poemas, novelas, relatos, ensayos y teatro, así como de guiones de cine y crónicas de humor, se fue apagando. La voz del fiel compañero se apagó, finalmente, pero quedan sus poemas de amor y de resistencia.
Sería arriesgado y tal vez apresurado afirmar que su obra será inmortal, pero seguramente muchos de sus poemas ya han adquirido ese estatus porque supo anclar sus versos y textos en los puertos que inquietan a la condición humana: el amor, la muerte, el tiempo, la miseria, la injusticia, la soledad, la esperanza. Sencillamente, fue el cómplice de varias generaciones de lectores y de militantes políticos que, como él, fueron amenazados y tuvieron que escapar, como pudieron, de la muerte. Desde comienzos del 2008 la salud de Benedetti se resintió debido a sus problemas intestinales y a una enfermedad respiratoria crónica de larga evolución. Este año estuvo tres veces internado: en enero, durante casi un mes; luego en marzo, y finalmente en mayo. El ganador de tan preciados premios como el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, nació el 14 de septiembre de 1920 como Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó. La costumbre italiana disparatada de adosar tantos nombres –el poeta siempre recordaba que tuvo un tío que tenía los nombres de todos los reyes que reinaban el día en que nació– fue la primera batalla que libró el escritor hasta que logró suprimir los cuatro nombres restantes en todos sus documentos. Después de una quiebra de la farmacia que tuvo su padre, los Benedetti se trasladaron a Montevideo cuando Mario tenía cuatro años. El niño que se entretenía de la mano de Emilio Salgari y Julio Verne comenzó sus estudios primarios en el colegio Alemán, de donde fue retirado por su padre en 1933.
Tuvo una infancia y adolescencia poco amable y llena de privaciones por los problemas económicos. Vivían en un ranchito con techo de chapas de zinc; su madre tuvo que vender la vajilla, los cubiertos y los regalos del casamiento. A los catorce años Mario empezó a trabajar vendiendo repuestos para automóviles en la empresa Will L. Smith. Se ganó la vida de muchas formas –fue vendedor, taquígrafo de una editorial, cadete, oficinista, gerente de una inmobiliaria y periodista, entre otros oficios que ejerció– hasta que pudo vivir de la literatura. A los 18, en 1938, se vino a Buenos Aires a ver si podía torcer la mala racha familiar, mientras su vocación literaria se afirmaba durante sus lecturas en un banco de la plaza San Martín. Siempre recordaba que sus dos primeros libros, ediciones que las había pagado Benedetti, no vendieron ni un ejemplar. Su primer módico éxito –módico porque la tirada era muy limitada– fue ‘Poemas de oficina’ (1956), aunque antes había publicado los poemarios ‘La víspera indeleble’ (1945) y ‘Sólo mientras tanto’ (1950) y los relatos de ‘Esta mañana y otros cuentos’ (1949). Le gustaba definirse como un poeta que además escribía cuentos y novelas. Tenía la mano más habituada al poema, pero los cuentos lo hacían sudar. ‘Montevideanos’ (1959) le llevó dieciocho años terminarlo. "El cuento no admite fallas, se construye palabra por palabra, cada una tiene que tener su rol, y los finales son muy importantes", decía el escritor que en 1945 se integró al equipo del semanario Marcha, hasta 1974, cuando fue clausurado por la dictadura de Juan María Bordaberry.
Hacia fines de los años cuarenta fue miembro del consejo de redacción de Número, una de las revistas literarias más destacadas de la época, y participó en el movimiento contra el Tratado Militar con los Estados Unidos, su primera acción como militante. Sus viajes a Cuba fueron consolidando el despertar de su conciencia política. En 1968 creó y dirigió el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, cargo en el cual se mantendría hasta 1971. Junto a miembros del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, fundó en 1971 el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, una agrupación que pasó a formar parte de la coalición de izquierdas Frente Amplio desde sus orígenes. Ese año publicó ‘Crónica del 71’, compuesto de editoriales políticos publicados en el semanario Marcha en su mayoría, un poema inédito y tres discursos pronunciados durante la campaña del Frente Amplio. Después del golpe de Estado del 27 de junio de 1973 renunció a su cargo de director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República.
Y llegó el exilio; lo arrancaron de cuajo de su ciudad. Primero cruzó el charco y trató de instalarse en Buenos Aires, en 1973. Fue aquí donde inauguró el "llavero de la solidaridad": cuando las cosas comenzaron a ponerse oscuras acudía a ese manojo que le abría la puerta de las casas de cinco o seis amigos. Pero la Triple A le "concedió" un plazo de 48 horas para que se fuera y se dirigió a Perú. La peste del terrorismo de Estado y las amenazas parecían seguirlo. En Lima fue detenido y deportado. Los brazos de Cuba lo acogieron en 1976, pero finalmente, Benedetti recalaría en Madrid, donde estuvo exiliado hasta 1983. Fueron diez largos años los que vivió alejado de su patria y su esposa, quien tuvo que permanecer en Uruguay cuidando de las madres de ambos. En esa década que lo vio luchar contra el terror de los años ’70, la versión cinematográfica de su novela ‘La tregua’, dirigida por Sergio Renán, fue nominada al Oscar en 1974, a la mejor película extranjera (aunque el premio, finalmente, lo obtuvo la película italiana ‘Amarcord’).
Benedetti escribía, lo ha dicho, para esclarecer la mente de un individuo, del ciudadano de a pie. "Las causas en las que creo y que son derrotadas son las que me impulsan, porque gracias a que las defiendo puedo dormir tranquilo. No me siento derrotado en cuanto a mis creencias ideológicas y voy a seguir luchando por ellas. Sin éxito, eso sí", aclaraba el escritor con los pies en la tierra, pero con la mirada siempre enfocada hacia ese horizonte de utopías que abrazó desde joven. "Siempre digo que los tres grandes utópicos que ha dado este mundo son Jesús, Freud y Marx; gracias a ellos la humanidad ha dado pasos positivos. Aunque de cada utopía se realice un diez por ciento, gracias a ese diez por ciento la humanidad ha mejorado un poco. Yo soy un optimista incorregible." Regresó a Uruguay, en marzo de 1983, un poco mejor de lo que se había ido, "más ecuánime, más tolerante, menos radical, pero sin perder mis obsesiones". Fue nombrado miembro del Consejo Editor de la nueva revista Brecha, que sería la continuidad del proyecto de Marcha, interrumpido en 1974. En 1985 Joan Manuel Serrat grabó el disco ‘El Sur también existe’ sobre poemas de Benedetti, contando con su colaboración personal. Con el "desexilio" llegan los reconocimientos en todo el mundo.
Las líneas no alcanzan para repasar la cantidad de títulos que ha publicado, son más de ochenta en todos los géneros que frecuentó. Se destacan, por mencionar un par, las novelas ‘Gracias por el fuego’ (1965), ‘La borra del café’ (1992) y ‘Andamios’ (1996); los poemarios ‘Inventario uno’ (1963), ‘Cuando éramos niños’ (1964), ‘Quemar las naves’ (1969), ‘Letras de emergencia’ (1973), ‘Viento del exilio’ (1981), ‘El amor, las mujeres y la vida’ (1995), ‘La vida ese paréntesis’ (1998) y ‘Adioses y bienvenidas’ (2005) y ‘Testigo de uno mismo’ (2008); los cuentos de ‘La muerte y otras sorpresas’ (1968), ‘Con y sin nostalgia’ (1971), ‘Recuerdos olvidados’ (1988), ‘Buzón de tiempo’ (1999) y ‘El porvenir de mi pasado’ (2003); los ensayos ‘Peripecia y novela’ (1946), ‘El escritor latinoamericano y la revolución posible’ (1974), ‘La realidad y la palabra’ (1991) y ‘Vivir adrede’ (2007); y la obra de teatro ‘Pedro y el capitán’ (1979). En 1999 fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana; en 2001 recibió el I Premio Iberoamericano José Martí; en 2002 fue nombrado Ciudadano Ilustre por la Intendencia de Montevideo; en 2005 obtuvo el Premio Internacional Menéndez Pelayo.
Mario, ese Cupido involuntario que no merece quedar libre de culpa y cargo por la cantidad de parejas que unió, sabía que la vida es un paréntesis entre dos nadas. "Yo soy ateo, no creo en Dios ni nada por el estilo. Hay gente que tiene sus creencias religiosas y tiende a sentir que después de la muerte está el Paraíso, o el Infierno, porque muchos han hecho mérito para ir al Infierno. Yo creo en un dios personal, que es la conciencia", afirmaba el poeta, que trabajaba en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es Biografía para encontrarme. "Muchos de mis poemas son producto de ser hombre de pueblo, y estar cerca del pueblo siempre ha sido una máxima para mí. Lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es que lo que escribo le haya tocado el corazón a esa gente, a ese pueblo, a ese hombre de a pie." Las lágrimas, esta vez, no tienen tregua posible. Y por favor, pensarán muchos ahora que hay que despedirse del compañero, no se olviden del bolígrafo de Mario.

18 de mayo de 2009
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murió peter dennis


Actor se hizo famoso con sus lecturas de ‘Winny de Puh’. Llevó su programa ‘Bother!’ -una exclamación favorita del personaje A.A. Milne- a más de cien salas en Estados Unidos y Europa, incluyendo el Hollywood Bowl y el Palacio de Westminster.
[Valerie J. Nelson] Murió el 18 de abril en su casa en Shadow Hills, el actor británico Peter Dennis, que recorrió su país durante décadas con su programa de lecturas de ‘Winny de Puh’ [Winnie-the-Pooh] y otros clásicos de A.A. Milne, informó su esposa Diane. Tenía 75 años.
Dennis tenía 36 años cuando descubrió a los habitantes del Bosque de los Cien Acres. Una amiga lo llevó entonces a Londres para ver una exposición del ilustrador de Milne, Ernest H. Shepard. Con el celo de un converso, Dennis se dedicó al poco tiempo a representar a Milne ante sus invitados.
Para celebrar el cumpleaños número cincuenta de Pooh en 1976, Dennis ofreció una lectura improvisada tarde por la noche en la Universidad de Cambridge. El salón se llenó.
Así nació su espectáculo ‘Bother!’ -titulado con la exclamación favorita de Puh. Dennis lo presentaría en más de cien salas en Estados Unidos y Europa, incluyendo el Hollywood Bowl y el Palacio de Westminster en Londres.
Además de ‘Winny de Puh’ (1926), Dennis leyó de ‘El rincón de Puh’ [The House at Pooh Corner’ (1928) y de los libros de poesía ‘Cuando éramos muy jóvenes’ [When We Were Very Young] (1924) y ‘Ahora somos seis’ [Now We Are Six] (1926).
Como Milne mismo, el actor se erizaba con la idea de que los libros estaban destinados a un público infantil.
"Puh y sus amigos en el bosque muestran a toda la humanidad", dijo Dennis al Tampa Tribune en 1997.
Cuando el espectáculo debutó en Estados Unidos en el Stage Lee Strasberg en West Hollywood en 1986, el Times lo definió como "encantador y caprichosamente absurdo".
Concentrándose en un rasgo prominente -digamos, los nerviosos gruñidos de Porquete [Piglet] o la floja melancolía de Líyoo [Eeyore]-, Dennis evocaba "asombrosamente" cada uno de los personajes, escribió Sylvie Drake, entonces crítico de teatro del Times, en 1987.
El actor Charlton Heston se convirtió en su amigo después de ver ‘Bother!’ en 1987 en el Coronet Theatre en West Hollywood. Heston se presentó a sí mismo en los camerinos del teatro diciendo: "Soy Tigle [Tigger] y esta es mi esposa, Porquete", recordó Diane Dennis.
"Ahí estaba Moisés, en el espejo", dijo Peter Dennis en el Times el año pasado. "Me envolvió con sus brazos y me dijo que era la primera vez que lo pasaba tan maravillosamente en un teatro".

Peter John Dennis nació el 25 de octubre en 1933, en Dorking, Inglaterra, hijo de Michael Henry Dennis y la ex Violet Frances Lockwood.
Creció en un barrio de clase obrera durante la Segunda Guerra Mundial, en un período que Dennis recordaba como una "infancia sin alegrías" y sin libros. Dejó la escuela a los 14 para trabajar como aprendiz de agrimensor y contador. A los 19 fue reclutado por el servicio militar británico, donde estuvo seis años.
A los 29 vio su primera pieza de teatro, ‘Recordando con ira’ [Look Back in Anger], con Derek Jacobi, y supo que quería convertirse en actor, recordó Dennis más tarde. Renunció inmediatamente como asistente personal en una empresa de acero y empezó a aceptar pequeños roles en un teatro de Birmingham, Inglaterra.
Tres años después se graduó de la Real Academia de Arte Dramático de Londres y empezó a aparecer regularmente en escenarios británicos y en producciones de cine y televisión.
En 1991 Dennis se mudó al área de Los Angeles y trabajó como actor invitado en decenas de series de televisión, incluyendo el episodio final de ‘ER’. También trabajó en las películas ‘Entre copas’ [Sideways] (2004) y ‘Shrek’ (2001).
Cuando presentaba su ‘Bother!’ improvisado, Dennis no sabía nunca cómo llenaría sus noventa minutos de Milne, pero empezaba invariablemente: "Donde quiera que esté, siempre está Puh’.
Tuvo un hijo (Shane) con su primera esposa, de la que se divorció. Shane murió en 1994, sin cumplir todavía los cuarenta, como una víctima arbitraria de una balacera en la calle en St. Louis, dijo Dianne Dennis.
Además de Diane, que fue su esposa durante treinta años, le sobreviven un hermano -Michael, en Inglaterra-, y una hermana -Dorothy Barker, de Nueva Zelanda.

9 de mayo de 2009
29 de abril de 2009
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murió j.g. ballard


Escritor de ciencia ficción. La historia autobiográfica de J.G. Ballard, ‘El Imperio del Sol’, sobre la ocupación japonesa de Shanghai durante la Segunda Guerra Mundial, fue llevada al cine por Steven Spielberg.
"Murió J.G. Ballar, uno de los más inventivos de la nueva ola de escritores de ciencia ficción británicos que emergieron en los años sesenta y mejor conocido por su novela autobiográfica, ‘El Imperio del Sol’ [Empire of the Sun], informó su agente. Tenía 78 años.
Había estado enfermo durante sus últimos años y murió en Londres en la casa de su compañera de toda la vida, su agente, Margaret Hanbury. No mencionó la causa de su muerte. En 2006 le diagnosticaron un cáncer de próstata.
"Sus agudas y visionarias observaciones de la vida contemporánea fueron destiladas en varias brillantes y potentes novelas, que han sido publicadas en todo el mundo y dieron a Ballard el estatus de un escritor de culto", dijo Hanbury.
Escribiendo en el New York Times en 1990, el escritor y crítico Luc Sante observó que "las novelas [de Ballard] son complejas, obsesivas, frecuentemente poéticas y siempre inquietantes crónicas de la rebelión de la naturaleza contra los humanos, de la continuación de la barbarie en el mundo de la eficiencia tecnológica, de la entropía, de la anomia, del fracaso, de la ruina".
Explicando su fascinación con lo que Sante llamó "el lado oscuro de la civilización", Ballard dijo a un diario australiano que "la visión de la humanidad formulada por la Ilustración es un mito.
"Nos lleva a pensar que la mayor parte del tiempo somos criaturas sensatas y racionales, y no es así".
Ballard ha sido admirado en círculos literarios británicos desde principios de los años sesenta.
En una reseña de la novela ‘El mundo sumergido’ [The Drowned World], Kingsley Amis llamó a Ballard "una de las estrellas más brillantes de la narrativa de posguerra". Graham Green dijo que su antología de cuentos, ‘Zona de catástrofe’ [The Disaster Area], era "uno de los mejores libros de ciencia ficción que he leído en mi vida".
Además de ‘El Imperio del Sol’, entre sus notables libros se encuentran ‘Furia feroz’ [Running Wild], ‘El mundo de cristal’ [The Crystal World], ‘Crash’ y ‘Rascacielos’ [High Rise].

James Graham Ballard nació el 15 de noviembre de 1930 en Shanghai, donde su padre dirigía una importante firma textil. Fue encarcelado por las tropas japonesas en 1941 -una experiencia en la que se inspiró para ‘El Imperio del Sol’.
El escritor se mudó a Gran Bretaña en 1946 y estudió medicina en la Universidad de Cambridge. Sirvió como piloto de la Real Fuerza Aérea antes de empezar a trabajar como escritor publicitario.
La obra de Ballard fue a menudo polémica. Su novela de 1973, ‘Crash’, que exploraba temas contenciosos sobre personas que obtienen placer erótico de los accidentes de carretera, fue llamado el libro "incontestablemente más repulsivo que he leído" cuando fue reseñado por el New York Times en 1973. Fue llevado al cine por David Cronenberg en 1996.
Publicado en 1984, ‘El Imperio del Sol’ fue el libro más accesible y, como observó Sante, "el menos típico" de toda su producción. Fue adaptado a la pantalla por el director Steven Spielberg.
El libro cuenta la historia de un niño que sobrevive la ocupación japonesa de Shanghai, detallando su lucha y sus complejas emociones con las fuerzas invasoras.
"No tengo recuerdos desagradables del campo, aunque no diré que era feliz. Recuerdo muchas brutalidades y golpizas casuales que ocurrían, pero al mismo tiempo, nosotros los niños, estábamos jugando todo el tiempo", dijo Ballard sobre su internamiento cuando era niño.
El autor fue un agudo crítico de la política moderna y se burló una vez de la búsqueda de Occidente de "armas casi míticas de destrucción masiva" en Iraq en los preparativos de la invasión norteamericana de 2003.
Ese mismo año, rechazó la condecoración de Comandante del Imperio Británico, afirmando que sus ideas políticas no le permitían aceptar un honor otorgado por un monarca.
Ballard se casó con Helen Matthews en 1954, que murió en 1964. Le sobreviven sus tres hijos.

20 de abril de 2009
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