Blogia
mQh

literatura

murió hortense calisher


Escritora. A los 97.
Murió en Nueva York la galardonada escritora y ex presidente de PEN conocida por su densa prosa en trabajos como ‘False Entry’ y ‘In Greenwich There Are Many Gravelled Walks’. Tenía 97 años.
Calisher murió el martes en Manhattan por causas naturales, dijo su nieta Katy Spencer. Calisher, autora de más de veinte libros, fue tres veces nominada al Premio Nacional de Literatura [National Book Award] y ganó cinco veces el premio O. Henry para cuentos. Varias obras, especialmente ‘In Greenwich’, han aparecido en antologías.
Como Marcel Proust y Henry James, los escritores con los que era comparada más a menudo, Calisher componía con los espesos y cuánticos ritmos de su mente. Sus frases eran largas, su lenguaje complejo y sus tramas a menudo elusivas. "Sé que en la novela puedes divagar", dijo Calisher a la Associated Press en 1998. "Teníamos una vieja edición de Víctor Hugo y, si no lo has leído recientemente, no tienes ni idea de lo que se desviaba del tema. Pensaba simplemente que podía desviarse en cualquier lugar.
"Éramos una familia habladora, viva. En las cenas, yo me sentaba en un extremo de la mesa, a escuchar. Había anécdotas y no siempre se contaban de modo lineal".
Admirada por Anne Tyler y Cynthia Ozick, entre otros, Calisher no era muy conocida por el público general. Directora del club de teatro de Barnard College durante sus años de estudio, era alta y elegante, de ojos vivaces y oscuros, segura de sí misma y de hablar bien modulado.

Nació en Nueva York en 1911. Su padre era un judío de origen inglés, de Virginia, y su madre una judía inmigrante de Alemania. Lectora desde temprana edad, Calisher no trató de escribir profesionalmente sino hasta fines de los años cuarenta. Después de graduarse en Barnard en 1932, trabajó en el servicio social y como modelo, entre otros oficios. También se casó y tuvo dos hijos, a los que crió.
Pero la escritura la perseguía como una tarea pasada por alto. "Durante los años en que no escribí había una especie de pared de cristal entre yo y el resto del mundo", dijo. "Pero un hombre llamado Edmund Fuller dijo que me enseñaría a escribir, así que me inscribí en su curso. Me dijo que no pensaba que pudiera enseñarme poesía y me preguntó si podía escribir prosa. Escribí una historia que recordaba de cuando llevaba a mi hijo a la guardería, y se la presenté y me dijo: ‘Es publicable’".
Calisher conoció a William Maxwell, John Cheever y otras figuras del New Yorker, y en los años cincuenta recorrió el Lejano Oriente para el Departamento de Estado. En los años ochenta, fue presidente del PEN y de la Academia Americana de Artes y Letras.
Una vez dijo que le gustaba romper moldes, incluso cuando los estaba formando, y su narrativa evolucionó desde ser relativamente directa, como en sus primeros cuentos en la revista New Yorker, a las estructuras altamente complejas de sus obras más extensas. Sus materias iban desde el amor y la familia hasta los viajes espaciales y la política.
"Considero que he tenido una vida bastante plena", dijo Calisher una vez. "Gran parte de la escritura es posterior a los hechos. Cuando escribía al principio, lo hacía sobre mi familia. Pensaba: ‘Bueno, ya no escribiré más, porque eso es todo lo que sé’. Pero resultó no ser así".
Le sobreviven su marido durante cincuenta años, el autor Curtis Harnack. Tuvo un hijo (Peter) de su matrimonio anterior con Heaton Bennet Heffelfinger; y una hija, Bennet, que murió a principio de los setenta, según informó su familia.

24 de enero de 2009
16 de enero de 2009
©los angeles times 
cc traducción mQh
rss

murió hillary waugh


Prolífico escritor de novelas de misterio. A los 88. Escribió cerca de cincuenta libros, algunos con seudónimo. Su novela de 1952, ‘Vestía la última vez’, está en la lista de las cien mejores novelas de misterio de la Asociación de Escritores de Novelas de Misterio de Estados Unidos.
Murió Hillary Waugh, un novelista cuya prolífica carrera introdujo a generaciones de lectores de novelas de misterio a las intrigas de pueblo chico y a procedimientos policíacos enraizados en investigaciones reales. Tenía 88 años.
El hijo de Waugh, Lawrence, confirmó su muerte el sábado. Dijo que Waugh murió el 8 de diciembre en una casa de reposo en Torrington, Connecticut, después de una breve enfermedad.
Se había mudado hace poco para estar cerca de una de sus hijas después de vivir durante décadas en Guilford, Connecticut, donde había sido concejal.
Las decenas de novelas de Waugh -casi cincuenta, incluyendo algunas que escribió con seudónimo- le ganaron un Grand Master Award en 1989, de la Asociación de Escritores de Novelas de Misterio de Estados Unidos.
El honor lo puso en compañía de Stephen King, Mary Higgins Clark, Mickey Spillane, Alfred Hitchcock y Agatha Christie.

Hillary Baldwin Waugh nació el 22 de junio de 1920 en New Haven, Connecticut. Se graduó en la Universidad de Yale en 1942,y sirvió como aviador de la Fuerza Aérea Naval en la Segunda Guerra Mundial .
Waugh dijo que empezó su primera novela de misterio cuando estaba asignado a Panamá, para combatir el tedio de sus horas libres.
Su primera novela, ‘Madame Will Not Dine Tonight’, fue publicada en 1947 y fue la primera de una serie de misterios en los que los personajes utilizaron técnicas policíacas reales para resolverlos.
Esa era una clara desviación del género, en el que un solo detective privado, acumulando hechos y descansando en su ingenio e instinto, emergía con todas las respuestas.
"Estaba aburrido de leer sobre esos superdetectives y una fuerza policial compuesta por una manga de idiotas", dijo Waugh al New York Times en 1990.
"Quería alejarme de esos pulcros cadáveres con perfectos agujeros de bala en la cabeza, y en lugar de eso escribir una historia como realmente ocurrían".
Una de sus primeras novelas, la historia de 1952 ‘Vestía la última vez’ [Last Seen Wearing], ha sido considerada como una de las cien mejores novelas de todos los tiempos por la Asociación de Escritores de Novelas de Misterio de Estados Unidos.
Los intereses de Waugh no se limitaban a la literatura. En 1971 fue elegido concejal por un período de dos años en la lista republicana de Guilford, donde vivió durante décadas.
Utilizaba Connecticut como el telón de fondo de muchas de sus novelas, cambiando ligeramente los nombres de las ciudades, pero disfrutando de la yuxtaposición de la bucólica vida de los pequeños pueblos y el alboroto y sospechas que causan los crímenes cometidos en comunidades cerradas.
Además de su obra en ficción, Waugh escribió en 1990 ‘Hillary Waugh’s Guide to Mysteries and Mystery Writing’. También fue editor de un diario de un pueblo pequeño cerca de Branford, Connecticut, durante un año, y fue durante largo tiempo miembro del directorio de la Asociación de Escritores de Novelas de Misterio.
Tuvo tres hijos -Lawrence, Sandra y Kathryn- con su primera esposa, la ex Diana Taylor, de la que se divorció en 1980. Entre 1883 y 1995 estuvo casado con la escritora de novelas de misterio Shannon OCork.
Hasta que su salud deteriorada lo enviara a una casa de reposo, Waugh vivió en el mismo chalet de Guilford donde pasó los veranos de su infancia y escribió gran parte de sus novelas.

17 de enero de 2009
31 de diciembre de 2008
©los angeles times 
cc traducción mQh
rss

murió donald westlake


Escritor de novelas de misterio. A los 75.
[Jennifer 8. Lee] El miércoles noche murió Donald E. Westlake, un prolífico escritor de novelas de misterio que publicó más de cien libros y cinco guiones escritos con máquinas de escribir durante una carrera de casi cincuenta años. Tenía 75 años.
Westlake colapsó cuando se dirigía a un banquete de Noche Vieja durante sus vacaciones en México, informó su esposa Abigail Westlake.
Dijo que la causa de su muerte fue un paro cardíaco.
Westlake, considerado uno de los escritores de novelas de misterio más exitosos y versátiles de Estados Unidos, fue nominado a un Oscar por un guión, tres premios Edgar y el título de Gran Maestro de la Asociación de Escritores de Novelas de Misterio de Estados Unidos en 1993.
Desde su primera novela ‘Los mercenarios’ [The Mercenaries] fue publicada por Random House en 1960, Westlake ha escrito con su propio nombre y varios seudónimos, entre otros Richard Stark, Tucker Coe, Samuel Holt y Edwin West. Pese a la diversidad de seudónimos, la mayoría de sus libros tenían un rasgo en común: Estaban ambientadas en Ciudad de Nueva York, donde nació.
Westlake usó diferentes nombres en parte para combatir su escepticismo sobre su increíble velocidad para escribir libros, hasta cuatro por años, dijeron sus amigos.
"Al principio, la gente no quería publicar más de un libro por año, por escritor", dijo Susan Richman, su editora en Grand Central Publishing.
Más tarde en su carrera, Westlake se limitó a dos seudónimos, cada uno concentrándose en un personaje principal: Usaba su propio nombre para escribir sobre un cómico delincuente llamado John Dortmunder, y como Richard Stark escribió una serie sobre un antihéroe criminal llamado Parker.
Westlake escribió ocasionalmente sobre otros personajes, como Burke Devore, el reducido ejecutivo convertido en asesino en ‘El hacha’ [The Ax], que el New York Times describió en 1997 como "emblemático de su época como George F. Babbitt y Holden Caulfield y el Capitán John Yossarian lo fueron de las suyas".
Toda la panoplia de los libros de Westlake era un espectáculo para recordar, dicen sus amigos. "Estábamos en su biblioteca, en esta hermosa biblioteca rodeados por cientos y cientos de títulos", dijo Laurence Kirshbaum, su agente, "y me di cuenta de que todos los libros habían sido escritos por Donald Westlake, en inglés y en ediciones extranjeras".
El cinematográfico estilo narrativo de Westlake, junto con sus tramas cuidadosamente elaboradas y escuetos diálogos, se traducían bien en la pantalla. Más de quince de sus libros fueron llevados al cine. Además, escribió varios guiones, incluyendo el de ‘Los timadores’ [The Grifters], que fue nominado a un Academy Award en 1991.
Según sus amigos, Westlake escribía siete días a la semana. Su productividad fue favorecida por una época en que las editoriales publicaban libros a un ritmo implacable. Durante ese tiempo, también escribió literatura erótica, ciencia ficción y novelas de vaqueros.
Westlake se negó a usar ordenadores y tipeaba sus manuscritos en máquinas de escribir manuales. "[Sus textos] llegaban perfectamente mecanografiados", dijo Kirshbaum. "Parecía que los había escrito a mano".
Otto Penzler, amigo de Westlake de toda la vida y dueño de la Mysterious Bookshop en TriBeCa, dijo que "[Westlake] odiaba la idea de la máquina de escribir eléctrica porque, decía, ‘no quiero estar ahí oyendo un murmullo cuando estoy pensando’".
Westlake tenía cuatro o cinco máquinas de escribir y canibalizaba sus partes cuando alguna se estropeaba, ya que su modelo de máquina de escribir ya no se producía, dijeron sus amigos.
"Vivía con el temor de perder su pequeña máquina de escribir portátil", dijo Penzler, que una vez le regaló una máquina de escribir similar que había encontrado en una tienda de segunda mano.

Donald Edwin Westlake nació como hijo de Lillian y Albert Westlake el 12 de julio de 1933, en Brooklyn, y se crió en Yonkers y Albany. Estudió en Nueva York, pero no se graduó. Se casó con Abigail Adams en 1979 y la pareja se estableció en Gallatin, Nueva York. Antes estuvo casado con Nedra Henderson y Sandra Kalb.
Además de su esposa, le sobreviven cuatro hijos -Sean Westlake, Steven Westlake, Paul Westlake y Tod Westlake; dos hijas adoptivas -Adrienne Adams y Katherine Adams; un hijo adotivo -Patrick Adams; una hermana -Virginia VanDermark; y cuatro nietos.
Westlake escribió hasta su muerte. Su próxima novela, ‘Get Real’, saldrá al mercado en abril.

16 de enero de 2009
1 de enero de 2009
©new york times 
cc traducción mQh
rss

murió julius fast


Escritor de ficción y documental. A los 89.
[William Grimes] El martes murió en Kingston, Nueva York, Julius Fast, que fue galardonado con el primer Premio Edgar otorgado por la Asociación de Escritores de Misterio de Estados Unidos y prosiguió escribiendo populares libros sobre el lenguaje corporal, los Beatles y las relaciones humanas. Tenía 89 años.
Su muerte fue confirmada por su hija, Jennifer Fast Gelfand. Vivió en Manhattan hasta que, hace un año y medio, sufrió un derrame.
Fast, hermano menor del novelista Howard Fast, tuvo un éxito instantáneo como escritor de novelas de misterio. ‘Watchful at Night’, su primera novela, fue escrita cuando estaba en el Cuerpo Médico del Ejército durante la Segunda Guerra Mundial. La portada lo identificaba como el Sargento Julius Fast. El libro recibió el premio inaugural Edgar Allan Poe en 1946 a la mejor primera novela de 1945.
Fast publicó luego otras novelas de detective, incluyendo ‘Walk in Shadow’ (1947) y ‘A Model for Murder’ (1956), antes de empezar a escribir sobre psicología popular, salud y relaciones. Su libro más exitoso, ‘Lenguaje corporal’ [Body Language] (1970), en el que analizaba los mensajes inconscientes enviados por el cuerpo humano, inspiró varias secuelas, especialmente ‘El lenguaje del cuerpo: Sexo, poder y agresión’ [The Body Language of Sex, Power and Aggression] (1976), ‘Body Politics’ (1980) y ‘The Body Book’ (1981).

Fast nació en Manhattan en 1919. Después de sacar su grado de licenciado en la Universidad de Nueva York, donde seguía cursos preparatorios en la Facultad de Medicina, pasó tres años en el ejército, que lo destinó a un laboratorio en Boston. Cuando estaba en el ejército, publicó una antología de cuentos de ciencia ficción, ‘Out of This World’ (1944), y luego se dedicó a la literatura policial.
En 1946 se casó con Barbara Sher, también escritora, que le sobrevive, con la que escribió ‘Talking Between the Lines: How We Mean More Than We Say’ (1979). Además de su hija Jennifer, de Shady, Nueva York, también le sobreviven un hijo, Timothy, de Des Moines; otra hija, Melissa Morgan, de Casselberry, Florida; y cinco nietos. Howard Fast murió en 2003.
Para mantener a su familia cada vez más numerosa, Fast trabajó como escritor y editor de varias revistas médicas. Un período en una publicación podiátrica que le proporcionó la materia prima para su ‘You and Your Feet’ (1970), aunque sus amplios intereses también se reflejan en títulos como ‘The Beatles: The Real Story’ (1968), ‘The New Sexual Fulfillment’ (1972) y ‘Weather Language’ (1979).
En 1988 publicó ‘What Should We Do About Davey?’, una novela semi-autobiográfica sobre un adolescente difícil que trabaja en un campamento de niños en Catskills, que se parecía mucho al que poseía un tío de Fast.
Escribió a menudo a pedido de editores para lanzar libros sobre temas oportunos, como los hallazgos de los investigadores de la sexualidad William Masters y Virginia E. Johnson. A apenas meses de la publicación de ‘Human Sexual Response’ en 1966, Fast escribió ‘What You Should Know About Human Sexual Response’. También escribió libros sobre cómo dejar de fumar, sobre cómo podían hombres y mujeres superar sus incompatibilidades y el significado de las nuevas investigaciones sobre los ácidos grasos de Omega 3.
"Julius es un escritor rápido", dijo Tom Dardis, el editor que le encargó el libro sobre los Beatles. "Y eso no es juego de palabras".

1 de enero de 2009
19 de diciembre de 2008
©new york times
cc traducción mQh
rss

copi o la incomodidad


Recuerdan a Copi, uno de los grandes dramaturgos argentinos del siglo pasado.
[Juan Sasturain] Argentina. Son curiosos ciertos destinos. O todos lo son, en realidad. Pero entre tantos, el de algunos artistas –en tanto figuras públicas– resultan muy reveladores de las habituales casualidades, paradojas, equívocos y malentendidos que signan vidas y famas. La acaso obvia cuestión viene al caso, al menos para mí en estos días, al reencontrarme una vez más con la figura de Copi. Buscando rastros de su obra gráfica para una eventual compilación, confirmo un dato perturbador. El único libro de historietas de Copi que se publicó en la Argentina, 'Los pollos no tienen sillas', salió hace exactamente cuarenta años (!), en 1968, con el sello de Jorge Álvarez, la misma editorial pionera que reunió por entonces el primer libro de Mafalda –que luego seguiría De la Flor, hasta llegar a los diez tomos clásicos– y la 'Vida del Che', de Oesterheld y los Breccia. Y a partir de entonces, aunque se ha (lo hemos) publicado en revistas, en libro argentino, nunca más... Y lo mismo –o casi– pasa con el resto de su obra dramática y narrativa. Es algo por lo menos raro, digo yo. Porque era un genio.
Cargaba mucho apellido, Copi. Tal vez por eso no los usó: se llamaba Raúl Natalio Damonte Taborda (o Damonte Botana, mejor) y vale la pena hacer historia con él, acaso o precisamente porque se deshizo, como nadie, de ella.
Copi nació en Buenos Aires en 1939 y murió de sida en París –donde vivió más de 25 años, algo más de la mitad de su vida– a fines de 1987. Era nieto nada menos que de Natalio Botana, el director de Crítica, y de la no menos mítica Salvadora Medina Onrubia, anarquista, agitadora y autora teatral en los años veinte. Fue precisamente esa abuela impar la que lo bautizó, cuando era nene y muy blanquito, Copito de nieve. De ahí lo de Copi, que le quedó. También esa abuela le metió la idea del teatro, de la representación y el disparate, desde muy chico. Y de la soberana anarquía, claro.
El padre de Copi fue también periodista, y de los combativos. Raúl Damonte Taborda se casó con Georgina, la hija de Botana, fue dirigente radical antifascista en los treinta y heredó la dirección de Crítica a la muerte del suegro, en 1941. Ahí, Damonte Taborda se acercó al primer Perón pero después, junto con Crítica, cayó en desgracia con el régimen y terminó exiliándose en Uruguay con familia, el pequeño Copi y todo. Allí escribió el famoso 'Ayer fue San Perón', una diatriba furibunda que circuló clandestinamente. Volvieron a Buenos Aires recién en el ’55 y Damonte Taborda retomó el periodismo político y combativo desde Resistencia Popular, ahora contra el gobierno militar de la Libertadura de Aramburu-Rojas, la vetusta Junta Consultiva, la política económica entreguista, etc. Y fue ahí, en ese diario de batalla de su padre, donde un pendejísimo Copi de algo más de quince años firmó sus primeros, extraños dibujos militantes. No hace mucho Horacio Tarcus –historiador prolijo de la prensa política– los publicó con una muy buena aproximación crítica.
Lo que sigue es más conocido: Copi apareció con sus flores, sus gallinas y su nena de moño inmenso haciendo un humor absurdo, a veces naïf, siempre raro -–era la época de Patoruzú y Rico Tipo, nadie hacía cosas así...– en la primera Tía Vicenta de Landrú, que era el único capaz de dar cabida a la rareza del talento atípico. Luego de un tiempo Copi pasó fugazmente por la fugaz Cuatro Patas de Carlos del Peral, un desgajamiento crítico y radical de la Tía, hasta que en 1962, paquetamente, se fue a París a ver teatro. Tenía 22 años. Y no volvió más.
Ese dato es clave, porque a partir de entonces toda la obra de Copi –las historietas y el humor gráfico, su teatro como autor y actor y su menos divulgada ficción– tuvo en su inmensa mayoría un primer público/lector francés. A nosotros, los argentinos, nos llegó en cuentagotas, tarde y de rebote, habitualmente con los condimentos del módico escándalo de una homosexualidad militante y de la provocadora incorrección política: su estreno de la obra 'Eva Perón', en 1970, hizo que se rasgaran (nos rasgáramos, seamos sinceros) diversas vestiduras nacionales. Era tiempo de prejuicios y quisquillosidades. Copi, saludablemente, se cagaba en todo.
Así, más allá de esa publicación de 'Los pollos no tienen sillas' a fines de los sesenta, volumen en que reunía muchas de las memorables tiras publicadas en Le Nouvel Observateur, muy poco se leyó/vio/editó de Copi en muchos años. Prácticamente nada. Para leerlo en castellano hubo que esperar las ediciones españolas de sus historietas en los setenta y ochenta en Nueva Frontera –'Las viejas putas', 'Mamá ¿por qué yo no tengo banana?'– y las que realizó de su narrativa Anagrama en su primer tramo de la serie Contraseñas, desde fines de los setenta: 'El baile de las locas', 'Las viejas travestis' y 'El uruguayo', 'La vida es un tango', 'Virginia Woolf ataca de nuevo' y 'La internacional argentina'. Claro que esas agallegadas traducciones del francés, como las de Bukoski del inglés, no se digieren con facilidad. Joderse: culpa nuestra.
Por eso es sintomático que, pese a otras aproximaciones, recién el estreno argentino de 'Una visita inesperada' –una obra póstuma– en 1992 y en el San Martín, haya sido un verdadero acontecimiento teatral que permitió revisitar Copi, aproximarse se supone que ya sin prejuicios y salvedades a su obra. Marcos Mayer le dedicó entonces un catálogo y una semblanza inteligente y después, con los años, hubo un libro de Tcherkaski, Daniel Link se ocupó de sus textos y César Aira le dedicó un ensayo sagaz centrado sobre todo en el teatro y los relatos. Ya Copi no era un puto incómodo (sic) sino un escritor extraordinario, literalmente fuera de serie.
Si hay algo pendiente, sin embargo, son las historietas. Sus historias dibujadas han quedado ahí, vistas apenas como un primer ensayo, un esbozo –el dibujo 'primitivo' colabora en esa lectura– de obras teatrales de un acto, escenas en tiempo real. Y en cierta medida lo son, del mismo modo que sus piezas son historietas actuadas... Copi maneja una puesta regular, de perspectiva uniforme, cámara fija –digamos– y un tiempo de lectura –hecho de silencios, pausas y pausitas– propio de la escena. Muchas veces, alguien está ahí quieto, acaso a la espera (y por lo general es la mujer sentada, la gorda emblemática) y entra otro a dialogar. Otras veces son dos enfrentados, enfrascados. Ahí se dispara todo. Tan simplemente maravilloso como eso.
Si se quieren simbolismos, claves, reparto de roles sociales, es fácil, cómodo, empobrecedor. Al principio, cuando sólo la iba a visitar el pollo o pato de a pie, la gorda sentada "era" la burguesía, el poder, la sociedad, lo que se quiera. Copi nunca dijo que sí ni que no. No tenía por qué. Para eso está lo dicho y lo dibujado. Nos basta.
A esta altura de la historia y de la narrativa argentina es evidente que somos muchos los que admiramos a Copi más allá de lo habitual y que (pienso que) es hora de que podamos tenerlo a mano y accesible a un público general para disfrutarlo del mismo modo que disfrutamos –desde hace dos años– sus saludables irrupciones en Fierro.
Ojalá se nos dé.

22 de diciembre de 2008
©página 12
rss

en busca de proust


"[...] Una cosa que vimos en una cierta época, un libro que leímos, no sólo permanece unido para siempre a lo que había en torno nuestro; queda también fielmente unido a lo que nosotros éramos en ese entonces". Recordando a Proust.
[Enrique Medina] Me increpa en la puerta del diario. Además de bella se la adivina de carácter, me acusa: "Es una vergüenza, se ha cumplido un nuevo aniversario de una de las plumas primordiales de la literatura de todos los tiempos y nadie...". Me defiendo, abuso de excusas. Se llama Alejandra Tenaglia y viene de Chabás, me tira su crónica sobre Proust y desaparece. Vuelvo en mí. Hay textura en el papel, sí, ella existe; huelo, sí, ha dejado su rastro en ese escrito:
"Hablar de tiempo perdido parece aludir, casi instintivamente, al tiempo malgastado. Pero el tiempo se pierde tan sólo al suceder. Marcel Proust, a los 35 años, recluido en una habitación revestida de corcho que lo protegía del asma, escribió en busca de su tiempo transcurrido. En páginas repletas de palabras que no dan tregua al lector, nos lleva a Combray (Illiers), Balbec (Cabourg) y París. Las oraciones parecen no tener fin y se cree que, saltando el instante siguiente, siendo vencido el lector por ellas, cerrará finalmente el libro. Pero llegado ese momento, el encanto de la obra va creciendo y, carilla tras carilla, el dolor, la ansiedad, el amor y el hastío ocioso de quienes entran y salen del relato se impone. Proust, con su narrativa, nos ha aprehendido; como ha aprehendido, con su escritura, el tiempo perdido. Nació en París, el 10 de julio de 1871 en el seno de una familia adinerada. Se relacionó con los grupos elegantes de la ciudad y muchos de sus integrantes le servirían de modelo para sus personajes. En 1896 aparece su primera obra: ‘Los placeres y los días’. Entre 1895 y 1899 escribe ‘Jean Santeuil’, novela autobiográfica descubierta y publicada tras su muerte. En 1913 aparece el primer volumen de ‘En busca del tiempo perdido’. ‘Por el camino de Swann’, donde ocurre el famoso episodio de la magdalena mojada en el té por el narrador: ‘... en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior... ¿Dé dónde venía y qué significaba?... Dejo la taza y me vuelvo hacia mi alma. Ella es la que tiene que dar con la verdad... Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tila... ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas de Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té’.
Así incorpora a la literatura la memoria involuntaria. La publicación de este primer volumen fue sufragada por el propio Proust y pasó desapercibido. En 1919 aparece el 2º volumen: ‘A la sombra de las muchachas en flor’. Tiene éxito y gana el prestigioso premio Goncourt. En 1920 es nombrado Caballero de la Legión de Honor, e invitado a escribir en diarios y revistas de renombre. Aparecen ‘El mundo de Guermantes’ (3º vol. 1920) y ‘Sodoma y Gomorra’ (4º Vol. 1921), ambos con excelente acogida. El 18 de noviembre de 1922, a los 51 años, la muerte le arrebata la posibilidad de ver publicada la totalidad de su obra, cuyas últimas tres partes dejó manuscritas, llegando a nosotros gracias a su hermano Robert y a Jacques Riviere: ‘La prisionera’ (1923), ‘Albertina desaparecida’ (1925) y ‘Tiempo recobrado’ (1927), en el cual el narrador se consagra a escribir la novela que el lector, en realidad, acaba de leer. Allí nos dice: ‘La verdadera vida, la vida por fin descubierta e iluminada, la única vida por consiguiente vivida de verdad, es la literatura; esta vida que en un sentido vive en cada hombre del mismo modo que vive en el artista. Pero los hombres no la ven, porque no buscan sacarla a la luz’. Y describe con exquisita simpleza la complejidad de sensaciones y pensamientos que genera la memoria causada por las experiencias vividas: ‘Un nombre leído antaño en un libro contiene entre sus sílabas el viento rápido y el sol brillante que hacía cuando lo leíamos... Más aún, una cosa que vimos en una cierta época, un libro que leímos, no sólo permanece unido para siempre a lo que había en torno nuestro; queda también fielmente unido a lo que nosotros éramos en ese entonces, y ya no puede ser releído sino por la sensibilidad, por la persona que entonces éramos... Si vuelvo a ver una cosa de otro tiempo, surge un joven. Y mi persona de hoy no es más que una cantera abandonada que cree que todo lo que contiene es igual y monótono, pero de donde cada recuerdo saca, como un escultor de Grecia, innumerables esculturas...’. Dotados de una singular observación, los minuciosos análisis que hace Proust de sus personajes, la irrupción en ellos, la opacidad detrás de otros, el recurso de la memoria involuntaria y la sutil evocación, armonizados por su natural talento al asumir la pluma de novelista, confirman la sentencia del Conde de Buffon: el estilo es el hombre. Estilo impar y excelso con el que buscó y recobró el tiempo. Tiempo que atrapó en más de tres mil páginas labradas con su puño, instalándose, cómodo y elegante, en la posteridad".

4 de diciembre de 2008
©página 12 
rss

murió john leonard


Erudito crítico fue un temprano defensor de Toni Morrison y otros escritores. A los 69.
Murió el crítico literario y cultural John Leonard, un temprano defensor de Toni Morrison, Gabriel García Márquez y muchos otros autores, y tan consumido e informado de libros que Kurt Vonnegut lo elogió una vez diciendo que era "el hombre más inteligente que ha existido nunca". Tenía 69 años.
Leonard murió el miércoles noche en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York por complicaciones de un cáncer al pulmón, dijo su hijastra Jen Nessel.
Ex sindicalista y activista de base, Leonard era un decidido liberal cuya carrera empezó en los sesenta en la conservadora National Review y siguió en varias otras publicaciones, incluyendo al New York Times, la New Republic, Nation y el Atlantic Monthly. También fue crítico de televisión para la revista New York, columnista de Newsday y comentarista de ‘Sunday Morning’, del canal CBS News.
Leonard tuvo el más afortunado don de los críticos de estar por delante de su tiempo. Fue el primer crítico que evaluó la literatura de Morrison y el primer crítico estadounidense de peso en escribir sobre García Márquez. Como director literario de la emisora KPFA en Berkeley, Leonard presentó el comentario de Pauline Kael antes de que llegara a ser famosa como crítico de cine del New Yorker. Leonard fue también un temprano defensor de Mary Gordon, Maxine Hong Kingston y otras escritoras.
Sus buenos trabajos fueron apreciados. Cuando en 1993 Morrison viajó a Estocolmo para recibir el Premio Nobel, llevó consigo a Leonard, "una de las experiencias más increíbles de su vida", dijo Nessel.
Studs Terkel, que murió el 31 de octubre, lo describió una vez como "un crítico literario en el sentido más noble del término, de los que no te dicen si un libro es bueno o malo, sino que escribe desde el punto de vista de cómo se debe leer el libro".
Vonnegut, un buen amigo de Leonard, observó una vez: "Cuando empiezo a leer a John Leonard, es como si yo, buscando los lavabos de caballeros, entrara por error a una charla de uno de los hombres más inteligentes que existió nunca".
La literatura era una dulce locura para Leonard, que trataba sus temas como si fuesen amantes que debían ser adoptados y protegidos.
Una vez estimó que para su muerte habría leído trece mil libros. "Trece mil en una vida, casi tantos como los libros nuevos publicados mensualmente en este país".
Algunos de los propios libros de Leonard son ‘Black Conceit’, ‘This Pen for Hire’ y ‘Lonesome Rangers: Homeless Minds, Promised Lands, Fugitive Cultures’.

Leonard nació en Washington D.C. el 25 de febrero de 1939, y fue criado por su madre soltera. Creció en Washington, en Nueva York y en Long Beach. Abandonó la Universidad de Harvard, luego asistió a la Universidad de California en Berkeley y fue contratado por William F. Buckley en la National Review, donde entre otros jóvenes escritores se encontraban Gary Wills y Joan Didion.
"En cierto punto, su trabajo consistió en estudiar la prensa de izquierda", dijo Nessel.
Wills, autor de ‘Lincoln at Gettysburg’ y ganador de un Pulitzer, recordó a Leonard como un "estupendo estilista" y un talento natural en la National Review, donde Buckley elogiaba tanto la calidad como la política.
"Poseía increíbles conocimientos sobre literatura. Siempre sabía sobre todo", dijo Willa el jueves.
Aunque gravemente enfermo, Leonard se aseguró de votar el martes por el senador Barack Obama, pidiendo una silla mientras esperaba en su colegio electoral en el Upper East Side de Manhattan.
"Eso era muy importante para él", dijo Nessel.
Además de Nessel, le sobreviven su madre Ruth Smith, de Lakewood; su segunda esposa Sue Leonard; dos hijos; y tres nietos.

26 de noviembre de 2008
©los angeles times 
cc traducción mQh
rss

murió joe hyams


Columnista de Hollywood y exitoso escritor. A los 85.
[Dennis McLellan] Murió Joe Hyams, ex columnista de Hollywood y exitoso escritor de libros que iban desde biografías, como las de Humphrey Bogart y James Dean, a un popular libro sobre filosofía oriental. Tenía 85 años.
Hyams, un antiguo residente de Los Angeles que se mudó a Penrose, Colorado, hace tres años, murió por una enfermedad de la arteria coronaria el sábado en un hospital de Denver, informó su esposa durante catorce años, Melissa.
Ex jefe de estación de la Costa oeste para el New York Herald Tribune que estuvo casado con la actriz Elke Sommer, Hyams cubría Hollywood como columnista sindicado de 1951 a 1964. Luego siguió llevando la crónica de Hollywood para el Saturday Evening Post, el Ladies’ Home Journal, Redbook y otras revistas durante varios años más.
"Era un entendido en Hollywood", dijo el productor de cine David Permut, un amigo de toda la vida, al Times el martes. "Todos conocían a Joe y él conocía a todo el mundo. Era muy inteligente, un gran tipo".
Autor de más de veinticinco libros, Hyams utilizó su condición de iniciado en muchos de ellos, incluyendo las biografías ‘Bogie’ (1966), ‘Bogart & Bacall: A Love Story’ (1975) y ‘James Dean: Little Boy Lost’ (1992), escrita con su hijo Jay.
El obituario del escritor Joe Hyams en la sección California del miércoles decía que había nacido el 6 de septiembre de 1923. Nació el 6 de junio de 1923.
También escribió las novelas ambientadas en Hollywood, ‘The Pool’ y ‘Murder at the Academy Awards’.
Entre sus otros libros se encuentran ‘Flight of the Avenger: George Bush at War’ (1991) y, con Tom Murton, el libro documental de 1969, ‘Accomplices to the Crime: The Arkansas Prison Scandal’, sobre el que se basó ‘Brubaker’, la película de 1980 con Robert Redford.
Como autor, Hyams también trabajó en los años ochenta con Chuck Norris en el libro de Norris ‘The Secret of Inner Strength: My Story’ y con el hijo del presidente Reagan, Michael, en su ‘Michael Reagan: On the Outside Looking In’.
Además de su reputación como cronista de Hollywood, Hyams también era conocido como un icono en la comunidad de artes marciales.
Hyams, que estudió artes marciales durante más de cincuenta años, escribió el libro de 1979, ‘Zen In the Martial Arts’.
Melissa Hyams dijo que el delgado libro "realmente no gira sobre las artes marciales. Gira sobre la vida y la filosofía, y cómo convertir algo negativo en positivo, cómo calmar una situación manejándola. Es por eso que será recordado".

Hyams nació el 6 de septiembre de 1923, en Cambridge, Massachusetts. Criado en Brookline, Massachusetts, estudiaba en la Universidad de Harvard cuando se enroló en el ejército en 1942. Cuando servía en el Pacífico Sur recibió una medalla Corazón Púrpura y una Estrella de Bronce y más tarde cubrió la guerra como corresponsal de campo para el diario Stars and Stripes.
Después de la guerra sacó sus diplomas de bachiller y maestría en la Universidad de Nueva York y empezó a trabajar para el New York Herald Tribune.
Como escribió Hyams en su autobiografía de 1973 ‘Mislaid in Hollywood’, su carrera cubriendo la capital del cine empezó en 1951 cuando el Herald Tribune lo envió a occidente a escribir un reportaje sobre los inmigrantes ilegales.
Como contó su esposa el martes, Hyams fue dejado en México por el piloto de un pequeño aeroplano y cruzó la frontera con un grupo de inmigrantes ilegales.
Después de terminar la historia, el editor en New York le dijo que le había reservado un cuarto en el Beverly Hills Hotel.
"Tómate un descanso", le dijo, "y si tienes oportunidad de entrevistar a alguna estrella de cine, házlo".
Hyams estaba junto a la piscina del hotel fumando su pipa cuando empezó a conversar con un señor que le preguntó qué estaba haciendo en Los Angeles.
Después de explicar que su editor quería que entrevistara a estrellas de cine, el hombre le dijo: "¿Le gustaría entrevistar a Humphrey Bogart?"
El hombre era el agente de prensa de Bogart y al día siguiente llevó a Hyams a casa de Bogart.
Cuando Hyams entró, el rudo actor estaba detrás del bar.
"¿Qué quieres beber?", le preguntó Bogart.
"Una Coca", le dijo Hyams.
"El bar está abierto", dijo Bogart. "¿Qué va a beber?"
Hyams repitió que quería una Coca.
Mirándolo fijamente, Bogart le dijo: "No confío en un periodista que no bebe, o en un hombre que tiene más pelo en la cabeza que yo".
Con eso, Hyams se metió al bolsillo su bloc y empezó a caminar hacia la puerta.
"¿Qué estás haciendo?", le dijo Bogart.
"Señor Bogart, tengo dos cosas que decirle", dijo Hyams. "Yo no bebo y un recién nacido tiene más pelos que usted en la cabeza".
Bogart le dijo: "Vuelve, chico. Me gusta tu estilo".
Hacia el fin de semana, Melissa Hyams dijo: "Joe ha entrevistado a Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Katharine Hepburn, Spencer Tracy y Frank Sinatra. Y el editor del diario dijo: "No sé qué estás haciendo, pero estás mudando allá".
Durante sus años en Hollywood dijo: "Joe tenía muchas, muchas amistades. Siempre consideró que Bogie era su mentor allá y la persona responsable de darle la oportunidad de llegar a ser lo que fue".
Además de Melissa, su cuarta esposa, a Hyams le sobreviven sus hijos Jay y Chris; sus hijas Beverly Hyams y Dianne Byrne; las hijas adoptivas Charisse Older y Kara Connor; y cinco nietos.

24 de noviembre de 2008
12 de noviembre de 2008
©los angeles times
cc traducción
mQh
rss