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literatura

murió belva plain


Escribió más de veinte novelas de gran éxito.
Murió Belva Plain, que escribió más de veinte exitosas novelas en el curso de una carrera literaria que se extendió durante varias décadas. Tenía 95 años.
Plain falleció durmiendo el martes pasado en su casa en Nueva Jersey, informó su hija Barbara. No mencionó la causa de su muerte.
Plain, conocida por sus épicas novelas familiares, nunca tuvo un ordenador y escribía normalmente en un bloc de notas amarillo. Había escrito algunos cuentos breves para revistas de mujeres, pero empezó recién a escribir novelas cuando se convirtió en abuela.
"El asunto es que entiendes lo que es la vida a medio camino", le contó al Times en 1978. "Miras a tus nietos, recuerdas a tus abuelos, y entiendes que hay una continuidad general de la familia. Es una experiencia muy conmovedora".
Su primera novela, ‘Siempre verde’ [Evergreen], fue publicada en 1978. Gira sobre la saga de una niña que cambia la desesperada miseria del campo polaco por los populosos bajos fondos de Nueva York, donde se debate entre el amor y las ambiciones de dos hombres. Fue convertida en mini-serie y proyectada por NBC en 1985.
"Mis abuelos llegaron de Alemania en 1875. ‘Siempre verde’ está ambientada en el siglo diecinueve por dos razones: era más dramático -Alemania era relativamente tranquila en los años setenta del siglo diecinueve", contó al Washington Post en 1980. "Y, además, yo quería que mi heroína viviera en el presente, y 1875 era demasiado remoto.
"De modo que no se trata de mi familia, aunque tuvo relevancia para ella y para toda la experiencia americana... Es siempre la misma historia de la gente que se marcha a la tierra prometida".
Poco antes de su muerte, Plain redondeó la continuación de ‘Siempre verde’, que será publicada en febrero. Previamente, Plain había revisado algunos de los personajes de ‘Siempre verde’ para otras tres novelas: ‘La copa dorada’ [The Golden Cup], ‘El tapiz rasgado’ [Tapestry] y ‘La cosecha’ [Harvest].
Se han imprimido más de 28 millones de ejemplares de los libros de Plain.

Plain nació el 9 de octubre de 1915 en Nueva York. Era hija única, escribía poesía durante su adolescencia y se licenció en Historia en el Barnard College.
En un banquete algunos años más tarde conoció a Irving Plain, que se convirtió en un prominente oftalmólogo de Newark. Se casaron en 1939. Él murió en 1982.
"Las historias de Belva conquistaron el corazón y la vida de millones de lectores durante décadas", dijo Shauna Summers, editora de Ballantine Bantam Dell, Random House, que publicaba a Plain.
La sobreviven tres hijos, seis nietos y tres biznietos.
2 de noviembre de 2010
18 de octubre de 2010
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la grabación en la literatura


En general se piensa a Rodolfo Walsh y a Manuel Puig en los antípodas de la literatura argentina. Sin embargo, los dos compartieron durante los años ’70 una curiosidad inédita por los alcances que el uso de una tecnología novedosa como el grabador podía tener en la literatura.
[María Moreno] Argentina. Así, poco después de que Walsh lo utilizara en ‘¿Quién mató a Rosendo?’ y enseñara a usarlo durante la gestación de ‘Semanario Villero’, Puig armaría ‘Sangre de amor correspondido’ con la voz de un obrero al que entrevistó en Río. La posibilidad de acceder a esas desgrabaciones de Puig, hasta ahora inéditas, llevó a María Moreno a reflexionar sobre el sueño de ambos escritores de dar a luz una nueva literatura, permitiendo a sus personajes convertirse en autores. Un asunto que, en tiempos de cámaras, periodistas y noteros entrevistando a presos, villeros y víctimas del terrorismo de Estado, sigue teniendo una poderosa actualidad.

"Para voz no hay como la mía" es un juego de palabras de alusión sexual que bien podría ser el slogan-síntoma del campo cultural de la Argentina de los años ’60 y ’70. Según un psicoanálisis al paso, en el mismo momento en que se ponía en cuestión la noción de autor y era preciso luchar contra la prepotencia del referente como denunciaba panfletariamente la revista Literal, y se estrenaba la crítica estructuralista, el factor voz como retorno de lo reprimido se abrió paso en la última temporada de la crítica. La voz reinó en el emergente género historia de vida (‘Biografía de un cimarrón’, sobre el testimonio de un esclavo afrocubano y ‘La canción de Rachel’, sobre una vedette del teatro habanero, ‘La Alhambra’ del cubano Miguel Barnet, ‘Los hijos de Sánchez’ de Oscar Lewis –esos Pérez García a la latina y abajo–, los registros periodísticos de Julio Ardiles Gray en la revista Primera Plana que iban de la prostituta Ruth Mary al cantante Miguel de Molina). La voz proliferó en los consultorios psi quizá como nunca en décadas posteriores para ser secuestrada por la clínica de casos, hizo cruzas de distinto orden en los personajes literarios (la primera persona de la Nanina de Germán García había sido liberada por el Henry Miller de los Trópicos, la de Miguel Briante en ‘King Kong’ por un Faulkner pasado por Borges, la de Luis Gusman en ‘El frasquito’ era serie B y tango canción) y, hacia fines de los ’70, como el reflejo de un espejo negro, en los campos de concentración, su sometimiento trágico se tradujo en violencia sin pasar por la escritura.
Para ese escenario en décadas, Manuel Puig y Rodolfo Walsh fueron algo menos y por lo tanto algo más que "esos diez" con que ranqueaba Manuel Mujica Lainez, más bien esos dos que escribiendo daban que hablar y escribiendo hacían hablar. Se ha especulado en serio, en zapada teórica y al tuntún sobre el impacto de la informática en todos los rincones hasta alcanzar el arte y la literatura, pero mucho menos de un artilugio técnico que, estrella nazi, comenzó a difundirse a mediados de los ’60, salvo excepciones precursoras: el grabador. Pesados Geloso de los analistas sedentarios, Grundig con teclado de periodistas rigurosos, Philips para amateurs sin problemas de columna. Walsh y Puig lo usaron, menos como garantía de una fidelidad al testigo o al referente que como un robot ficcionalizador recargable y de infinitas posibilidades.

La Cinta de Walsh
Rodolfo Walsh es ese escritor argentino a quien se considera un precursor de la no ficción. El no trabajaba en la tensión entre ficción y realidad, entre hechos narrados con las prerrogativas de la ficción o sobre ficciones referidas a materiales reales, o en híbridos perfectos que operaran de diversos modos, según si el lector tenía o no el código o quería usarlo, sino con textos que fueran capaces de liquidar esas cuestiones de fronteras, al intervenir en lo real, haciendo de la escritura un acto, al darle la posibilidad de modificar las condiciones de aquello que denunciaba. Su originalidad última radicó en concebir una literatura que con los únicos elementos de la compaginación y el corte del testimonio, el documento y la historia de vida, tuviera todas las perfecciones de la ficción.
Es probable que la popularización del grabador como "testigo técnico" y superación del cuaderno de notas incidiera en la manera en que Walsh tomaba testimonio, como debe haber incidido en la proliferación de los registros que se realizaron durante los ’60 y ’70 en diferentes disciplinas. Su misión de denunciante hizo que realizara sus grabaciones con especial atención a los hechos incriminadores. En sus notas de investigación recopiladas por Daniel Link en ‘El violento oficio de escribir’, que la taxonomía de época ordenaba bajo las categorías de "informe especial", "vida cotidiana" o "vida moderna" indiscernibles de sus libros emblemáticos por su sedimento político, y en las que él decía hacer algo que era pero no era periodismo, los registros se concentran en datos que la jerga de prensa llama "de color", giros lingüísticos, novelas familiares, anécdotas para el archivo de una picaresca popular federal. En ‘¿Quién mató a Rosendo?’ se habilitan, contrariamente a Operación Masacre, las voces de los testigos, que hacen progresar el relato desde la condición de lumpen a la de militante: se trata de una conciencia en peripecias, es decir, se trata todavía de testimonios ejemplares. En cambio, en notas como ‘La isla de los resucitados’, sobre un leprosario correntino, todavía Walsh, aunque más atento al matiz, selecciona y compagina de acuerdo con clasificaciones y esquemas de conflicto funcionales a la denuncia, así fragmenta y titula: ‘Alcaraz: el desprecio’, ‘Isabel: El amor’, ‘Vallejo: La soledad’. Pero su desaparición interrumpió una aventura que, en medio de la angustia por establecer y experimentar parámetros de una novela no burguesa, lo estaba llevando a prestar atención al grabador como instrumento cuyos usos podrían ser subversivos: Walsh siempre había pensado la categoría "cronista popular" como una figura independiente de la del militante y del periodista "amigo". Si en su obra como investigador tomaba testimonio, en la Agencia Ancla (Agencia Clandestina de Noticias, dependiente de la organización Montoneros) empieza a vislumbrar una colaboración activa en la que está latente el pase del cronista informante al cronista redactor y editor, pase que daría cuenta en potencia de una suerte de autoformación política individual, pero para una tarea colectiva. Mientras tomaba testimonio a los hermanos Villaflor (importantes cuadros gremiales independientes de la burocracia sindical), para ‘¿Quién mató a Rosendo?’ empezó a entender –según el relato de su mujer, Lilia Ferreyra– que "dar voz a los que no la tienen" es también una apropiación, poniéndolo sobre una pista que le exigía revisar su práctica: la posible delegación del grabador.
Durante una entrevista que le hizo Ricardo Piglia, Walsh fue bien explícito en la idea "de que el testimonio y la denuncia son categorías artísticas por lo menos equivalentes y merecedoras de los mismos trabajos y esfuerzos que se le dedican a la ficción. En un futuro tal vez se inviertan los términos: que lo que realmente se aprecie en cuanto a arte sea la elaboración del testimonio o del documento que, como todo el mundo sabe, admite cualquier grado de perfección. Evidentemente en el montaje, la compaginación, la selección en el trabajo de investigación, se abren inmensas posibilidades artísticas".
Cuando preparaba el ‘Semanario Villero’, Rodolfo Walsh comenzó a transmitir el uso del grabador, el arte del montaje y de la edición a quienes serían autores y protagonistas.

Las Cintas de Puig
Manuel Puig fue ese escritor al que la crítica se tentaría de pensar como en los antípodas de Rodolfo Walsh y muy pocas veces trabaja sobre los aspectos que su obra tiene de denuncia. Su uso de diversos géneros menores y la puesta en escena de personajes que hablan en primera persona sin el nexo autorizado de un narrador han hecho exclamar a escritores de la talla de Juan Carlos Onetti: "Yo sé cómo hablan los personajes de Puig, pero no sé cómo escribe Puig". Es extraño que, en un cierto sentido, Puig realizara el proyecto de Walsh, aunque se detuviera en el momento de pasar el grabador, en el sentido de jaquear la autoría especializada.
Manuel Puig utilizó notas, luego grabador, en principio de manera convencional, para poder conservar y consultar información y capturar ciertos tonos. Es en ‘Sangre de amor correspondido’ en donde quedó capturado en una cinta que no venía de Hollywood al utilizar una serie de grabaciones, exacerbando al máximo la exclusión de un narrador omnisciente.
El entrevistado fue un obrero empleado temporariamente en su casa de Río, casi analfabeto y con un "complejo paterno" con el que Puig dice haberse identificado. Fue por la generosidad de Carlos Puig, hermano de Manuel, que accedí a algunas de esas desgrabaciones. Su lectura es sorprendente. No sólo Puig parece realizar la utopía de Walsh en cuanto a una literatura en donde sólo la selección, el montaje y la compaginación de un testimonio "abren infinitas posibilidades artísticas", sino que su mayor intervención es durante la grabación, a través de preguntas que interrumpen una y otra vez el giro del relato para exigir que éste se detenga en los detalles, forzándolos por sistemática inducción. Como si Puig se propusiera extraer la escritura del relato oral en directo, cada pregunta permite la emergencia de lo que aún no es texto, frase por frase.
Puig pasa el relato –ahora nos enteramos– de llamémosle X al de Josemar en tercera persona y arma un efecto de transposición de voces flanqueadas de guiones. No realiza un excesivo montaje sino que utiliza la repetición como resonancia poética, ya que el ordenamiento, del que hay muchas notas previas sobre los temas a tocar, durante las grabaciones –como un guión estrictísimo para una improvisación–, está determinado por el de las preguntas. La selección del narrador oral, punto clave del sistema Walsh, es importante igualmente para Puig, la de alguien que, como él le dice a Kathleen Wheaton en una entrevista para The Paris Review, posee "sus propias cualidades musicales y pictóricas".
Puig no sólo jaquea las jerarquías del saber al permitir a su testigo tomar la palabra y pasarla a la escritura sin demasiadas correcciones (las correcciones que pude ver son de tipeo y las desgrabaciones han sido realizadas por profesionales) sino que en el mismo acto de escuchar y grabar se hace enseñar la lengua por X, ya que en el momento de las entrevistas hacía poco que había llegado a Río y no conocía muy bien el portugués.
Existen diferentes éticas del uso de personajes reales. La plusvalía extraída de las musas parlanchinas es un tema político que excede las características personales del mediador: en la película Capote y en la biografía de Gerald Clarke (en castellano por Ediciones B) se sugiere que Capote espera, si no desea, las ejecuciones de sus narradores porque de otro modo podrían dar su propia versión de los hechos, diferente a la de ‘A sangre fría’. Pero, ¿cuál sería la propia versión? Según diversas fuentes, Perry Smith quería ser un escritor y un cantautor, pero fue su transferencia con Capote la que le hizo comprender que era su propia experiencia de vida el capital literario: esa experiencia no era independiente de las preguntas, las expectativas transmitidas a través del diálogo y, sobre todo, la tasación de Capote.
¿Fue expropiado X al quedar anónimo en Josemar, o protegido? Manuel Puig entendió que había un conflicto cuando decidió compartir con él y por contrato las ganancias de ‘Sangre de amor correspondido’, pero X prefirió una suma fija; luego reclamó más dinero, afirmando que la novela lo había perjudicado e incluso había recibido amenazas de muerte. Quizá no era mero oportunismo sino un modo de hacer saber que entendía la radicalidad del procedimiento y su precaria resolución jurídica. Por otra parte, y según contó el mismo Puig, X –alentado por el valor de su material y tal vez apremiado por la insistencia de las preguntas– se puso a adornar, a inventar, es decir, se puso en autor y no en mero trabajador por contrato que trata de cumplir expectativas ajenas.
Si en el reproche de Perry Smith a Truman Capote clamaba una frustrada vocación de escritor, es probable que X no deseara llevar más allá su capacidad narrativa (como la ‘Jesusa Palancares’ de Elena Poniatowska, a quien sólo le interesó de su libro compartido ‘Hasta no verte Jesús mío’ la imagen religiosa de tapa), ya que para él era un medio y no un fin: el "verso" para conseguir muchachas. Pero los que dan testimonio, incluso los que lo hacen como víctimas del terrorismo de Estado y son solicitados con insistencia, no siempre justiciera, fuera de los tribunales –por periodistas, cronistas, autores de no ficción devenidos "fiolos de intensidad"–, advierten que, en un tiempo que pone en duda la experiencia, son despertados por otros al valor de sus relatos "fuertes" y apropiables. ¿Qué sucedería si se pasara el grabador, es decir, si se socializara un procedimiento que va mucho más allá de la técnica? ¿Si se jaqueara el par experto-objeto y se hiciera rodar un casete entre pares (la palabra es muy blanda, toda transferencia genera poder y ni hablar de la escritura)? ¿Si se volviera al autor-escucha? ¿Si se lo liberara de esos espacios tutelados/privados de ciudadanía, gerenciados por la política partidaria o reciclados por la cultura progresista en productos de exotismo pop (cárceles, villas, organizaciones de piqueteros, cartoneros, etc.), y se dejara el grabador a aquellos que, para la ciudad posmoderna, siguen teniendo un nombre de injuria, "los negros", amenazantes ágrafos, "leídos" y no "lectores"?
En Rodolfo Walsh y Manuel Puig había un proyecto común involuntario de hacerse soportes de voces heterogéneas, una jugada para que ‘El Otro’ mítico dejara de ser objeto de estudio antropológico, diagnóstico psi o pintoresquismo literario y se deshiciera de la tutoría paternalista del médium letrado para montar unas ficciones de las que no se podría saber nada anterior a una práctica, tal vez, venidera.
No se trataría, claro, de casos testigo de la verdad sobre el pueblo, ni de documentos carnales del museo de la revolución, ni de campos parlantes para los especialistas (los científicos de la entrevista ignoran cuánto el otro, imaginado por ellos como inocente, puede detectar en sus preguntas presurizadas y su fashion justiciero, la lengua de un deseo caníbal), ni encuestables, ni edificantes. Tal vez, sí, autores de una fresca maldad e inutilidad como la mejor literatura, en nuevas tensiones y desafíos de una proliferación aún sin cartillas.
Leer a Walsh con Puig es seguir haciendo pintadas contra el pensamiento bipolar que sigue separando, si se permite la expresión senil, vanguardias artísticas y vanguardias políticas. ¿Acaso Puig, por entre sus archivos de estrellas y sus bordados del diálogo, no estaba hablando siempre de política? ¿No había en los disfraces conspirativos de Walsh –el profesor de inglés, el jardinero, el detective–, en sus mapas y diagramas para la reconstrucción de los hechos, un espíritu definitivamente pop? Los dos tenían un oído absoluto para una música, un estilo y unos matices que se fugaban hipnóticos por sobre la voluntad de sentido de los "subalternos". Los dos estaban tanteando un procedimiento cuyo límite era el remilgado locutor literario que ordena desde arriba las figuras con una voz a lo Marcos Mundstock para unas ‘Noches cultas’ a lo Telecataplum: es decir, un enemigo. ¡Panasonic al poder!
26 de octubre de 2010
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murió antonina pirozhkova


Viuda del escritor ruso Isaac Babel.
[Valerie J. Nelson] Murió Antonina Pirozhkova, viuda del gigante literario ruso Isaac Babel, escribió unas bien recibidas memorias que permitieron echar una rara mirada a los últimos años del escritor que fue perseguido en los años treinta. Tenía 101 años.
Pirozhkova falleció el 12 de septiembre, de causas naturales, en su casa en Sarasota, Florida, informó su nieto Andrei Malaev-Babel.
Hasta que se publicara su libro ‘At His Side: The Last Years of Isaac Babel’ en inglés en 1996, era quizás más famoso por las circunstancias de su muerte que por los logros de su vida. Arrestado por la policía secreta rusa durante una de las campañas de terror de Josef Stalin contra los intelectuales, Babel fue ejecutado en 1940. Tenía 45 años.
Antes de su encarcelamiento, el escritor judío tuvo la buena suerte de pasar sus últimos siete años con Pirozhkova, "cuya versión de la detención y desaparición de Babel es conmovedora debido a que muestra a Babel tan fantásticamente vivo", escribió Richard Lourie en el New York Times en 1996.
Los "tiernos recuerdos" lo volvieron a la vida "como no hubiéramos podido conocerlo como un bromista, un mimo, un hombre de ilimitable imaginación", dijo la emisora Buffalo News, de Nueva York, en 1996.
"El dolor de la pérdida nunca me abandona", escribió Pirozhkova casi al final de sus memorias, en las que cuenta que la pareja esperaba tomados de la mano mientras los agentes destrozaban su casa buscando documentos. Nunca se volvió a casar.
En el libro apenas si se mencionan sus logros. Era ingeniera civil y ayudó a diseñar el palaciego metro de Moscú y trabajó en intimidantes proyectos en la región montañosa del Caúcaso.
A los veintitrés conoció a Babel, de 38, que ya era un famoso escritor de cuentos, en una recepción del partido. Babel la cortejó durante dos años y vivieron juntos como pareja de hecho durante cinco años, hasta su detención en 1939, contó su nieto.
Babel no se divorció nunca de su primera esposa, que vivía en París, con su hija. También tuvo un hijo con una mujer en Rusia con la que tuvo una larga relación. En 1937, Babel y Pirozhkova tuvieron una hija, Lidiya, que estudiaría arquitectura.

Nacida en un pueblo siberiano el 1 de julio de 1909, Pirozhkova estudió en lo que hoy es la Universidad Politécnica de Tomsk. En 1930 recibió su licenciatura en ingeniería y trabajó en ese campo hasta 1965.
Durante quince años después de la detención de Babel, trató de saber qué había ocurrido con él. En 1954 le informaron oficialmente de su muerte, el mismo año en que fue pronunciado ‘rehabilitado’ a los ojos del régimen soviético.
En los años ochenta, Pirozhkova supervisó la publicación del ‘Diario de 1920’, de Babel, y en 1990 editó una antología definitiva de su obra, en dos tomos.
Cuando constató que la reputación de su marido había sido restaurada adecuadamente, se mudó con su hija a Silver Spring, Maryland, en 1996, para vivir con su nieto. La extensa familia se asentó en Florida en 2005.
Poco antes de su muerte, Pirozhkova había terminado de escribir un tomo de memorias sobre su vida, que su nieto dijo que quiere publicar.
Al final de sus ochenta, compartió sus "reglas" para tener una vida larga y feliz. Había que comer menos y tener "buen carácter".
Además de su nieta y nieto, a Pirozhkova la sobrevive un biznieto.
6 de octubre de 2010
23 de septiembre de 2010
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murió judith merkle riley


Profesora y autora de novelas históricas.
[Dennis McLellan] Falleció Judith Merkle Riley, conocida profesora de gobierno en el Claremont McKenna College y autora de novelas históricas que fueron éxitos de venta en todo el mundo. Tenía 68 años.
La causa de su muerte el 12 de septiembre en su casa en Claremont, informó su hija Elizabeth Riley, fue un cáncer de ovario.
Riley, que enseñaba con su nombre de soltera, se incorporó al departamento de gobierno del Claremont McKenna y la facultad de la Claremont Graduate School en 1982.
Enseñaba organización y administración, administración pública y comparada, ideologías políticas y políticas públicas y de salud. En 1985 se convirtió en la primera mujer en obtener una posición permanente en el departamento de gobierno de esta universidad, que fue fundada como el Claremont Men’s College y se convirtió en mixto en 1976.
"Judith era una narradora, maestra y colega fantástica, con profundos conocimientos en ciencias sociales sobre las diferentes manera en que grupos de personas manejan sus vidas, con una especial inclinación hacia lo diferente, lo escandaloso, lo dramático y lo divertido", dijo Ward Elliott, colega y amigo de toda la vida, en un obituario en la página web de la universidad.
"Tenía un agudo y malvado sentido del humor, y una alegría y ánimo que mantuvo hasta el final", dijo.
Como autora, Riley escribió seis novelas históricas, que fueron publicadas entre 1989 y 1999.
‘Una mujer en la tormenta’ [A Vision of Light], ‘En busca del neón verde’ [In Pursuit of the Green Lion] y ‘El diablo de agua’ [The Water Devil] formaban una trilogía ambientada en la Inglaterra medieval del siglo catorce. ‘El oráculo de cristal’ [The Oracle Glass] estaba ambientada en el París del siglo diecisiete, ‘El jardín de la serpiente’ [The Serpent Garden] en Francia e Inglaterra en el siglo dieciséis. Y su última novela, ‘El don de los deseos’ [The Master of All Desires], estaba ambientada en la Francia del siglo dieciséis.
"Si todas las crónicas de la vida mundana fueron hechas con tanto drama, gracia e ingenio, el mundo estaría lleno de estudiantes de historia", escribió Betty Lukas en 1989 en su reseña de ‘Una mujer en la tormenta’, la primera novela de Riley.
"Las maravillosas y entretenidas novelas históricas están marcadas por su profunda comprensión de la vida y de la condición humana", dijo en un e-mail Jean Naggar, agente literaria de toda la vida de Riley. "Su increíble talento como narradora reposaba sobre sus implacables pesquisas, su rigor intelectual y su estilo satírico".
Sus protagonistas, dijo Naggar, "son mujeres y estaba profundamente inmersa en los conflictos que modelaban las vidas de mujeres fuertes de la Edad Media hasta las cortes francesas del Renacimiento. Sus personajes emergen de la página con el vigor, el coraje y la calidez que eran parte de Judith misma".

Riley, que nació el 14 de enero de 1942 en Brunswick, Maine, estudió ciencias políticas en la Universidad de California en Berkeley en 1962. En 1964 fue una de las primeras mujeres en recibir una licenciatura en estudios regionales soviéticos de la Universidad de Harvard y luego incorporada en un equipo para trabajar como analista de inteligencia para la Armada.
Se doctoró en ciencias políticas en la Universidad de California en Berkeley en 1974, donde enseñó en el departamento de ciencias políticas de 1967 a 1971. De 1971 a 1982 enseñó en la Universidad de Oregon, donde fue directora del Centro de Estudios Rusos y de Europa del Este [Russian and East European Studies Center] en su último año.
Riley también escribió el libro ampliamente elogiado, ‘Management and Ideology: The Legacy of the International Scientific Management Movement’, de 1981.
Además de su hija, la sobreviven su hijo Marlow; dos hermanos -Ralph y Ted Merkle; y dos nietos.
4 de octubre de 2010
23 de septiembre de 2010
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murió george hitchcock


Poeta y editor de la revista literaria ‘kayak’. Fundó ‘kayak’ en 1964 y llamó rápidamente la atención como bastión de la vanguardia literaria. Ofrecía un foro para escritores como Robert Bly, Raymond Carver, W.S. Merwin y Anne Sexton.
[Elaine Woo] Murió el viernes en su casa en Eugene, Oregon, George Hitchcock, poeta, pintor y profesor emérito de la Universidad de California en Santa Cruz cuyo iconoclasta punto de vista como editor de la revista literaria ‘kayak’ ayudó a liberar a la poesía estadounidense de las ortodoxias de mediados del siglo veinte y proporcionó un temprano foro para distinguidos escritores como Robert Bly, Raymond Carver y Philip Levine. Tenía 96 años.
Su muerte concluye una larga enfermedad, dijo el poeta Robert McDowell, ex alumno y amigo de toda la vida.
Hitchcock fundó ‘kayak’ en 1964 para contrarrestar el "tibio eclecticismo" que creía que limitaba a muchas revistas literarias de la época. Con sus estrafalarias ilustraciones y preferencia por los poetas surrealistas, la revista se hizo rápidamente un hueco como el bastión de la vanguardia literaria, donde escritores más formales -maestros de mediados de siglo, como Robert Lowell y Richard Wilbur- no eran bienvenidos.
"George era parte de esa ruptura en este casi neoclásico dique había paralizado a la poesía estadounidense. Yo diría que ‘kayak’ hizo retornar la poesía estadounidense a su mayor fortaleza, que se deriva de Whitman -para hacerla escandalosa y, si fuera necesario, reprensible", dijo Levine, que ganó el Premio Pulitzer de poesía en 1995, dos décadas después de que Hitchcock publicara lo que se convirtió en el poema más famoso de Levine, ‘They Feed They Lion’.
Bly criticó los primeros diez números de ‘kayak’ en un ensayo de 1967, afirmando que "incluye demasiado material nebuloso", pero también dijo que era una revista "valiosa, y muy querida" debido a las nuevas voces que promocionaba. ‘Kayak’, escribió, "sería muy extrañada si sufriera una filtración y se hundiera".
Hitchcock, ex actor, no era muy conocido por sus propias poemas, aunque publicó más de una docena de libros. Declamaba poesía con pasión dramática y, a diferencia de muchos otros poetas, estaba dispuesto a compartir el haz de los focos. Levine, que recordaba su sorpresa cuando Hitchcock, sin avisarle, lo recordó en una lectura en Fresno en 1965 para decir que su generosidad era extraordinaria y provenía del deseo de "crear una suerte de comunidad de poetas en lugares remotos o una estética fuera de lo común y quizás incluso una política fuera de lo común".
Hitchcock enseñó literatura en la Universidad de California en Santa Cruz de 1970 a 1989. En 2002, creó el Hitchcock Poetry Fund, que distribuye veinte mil dólares al año para apoyar una variedad de programas, incluyendo poetas visitantes, revistas de poesía y conferencias. También fundó el equipo ganador del campus en la National Slam Poetry Competition de 2004, realizada en St. Louis.

Hitchcock nació el 2 de junio de 1914 en Hood River, Oregon. Su padre trabajaba en la industria maderera; su madre llegó a ser periodista de una agencia de noticias internacional después de que el matrimonio terminara en divorcio. Hitchcock se licenció en inglés en la Universidad de Oregon en 1935 y se interesó en el periodismo, trabajando primero para un diario de Eugene y más tarde para revistas de izquierda, incluyendo el People’s Daily World. Durante la Segunda Guerra Mundial ayudó a construir buques de guerra y sirvió en la Marina Mercante. Más tarde organizó a los trabajadores de la industria láctea, enseñó filosofía en la California Labor School y era un activo socialista.
Sus opiniones políticas lo hicieron aterrizar ante una subcomisión del Comité de Actividades Antiestadounidenses de la Cámara en 1957. Durante la audiencia televisada llamó la atención por su descarada respuesta a una pregunta sobre su ocupación, que en ese momento era la de paisajista. "Mi profesión",dijo, "es la jardinería. Trabajo clandestinamente [underground work; bajo tierra, con la tierra; juego de palabras] con las plantas".
A mediados de los años cincuenta también empezó a escribir obras de teatro y a actuar. Consiguió varios papeles importantes en las producciones del Actor’s Workshop y del Oregon Shakespeare Festival.
A fines de los cincuenta conoció a Kenneth Rexroth, un personaje central en el movimiento renacentista de San Francisco, que introdujo a Hitchcock a la poesía contemporánea. Hitchcock se convirtió en el co-editor de la San Francisco Review, una revista literaria, en 1958, pero la abandonó en 1963.
Al año siguiente lanzó ‘kayak’ y se instaló a sí mismo como editor único, o, según describía su función a veces, como "dictador". El nombre de la revista -la palabra denotaba, como escribía en todos los números, "una pequeña embarcación impermeable dirigida por un solo remero"- reflejaba la filosofía de un editor que se había desesperado con el enfoque colectivista en la selección de misiones literarias.
‘Kayak’ floreció durante veinte años. Introdujo a la poesía a escritores como Kathleen Fraser, Margaret Atwood, Charles Simic, Mark Doty y Mark Jarman. Pronto, poetas conocidos, entre ellos W.S. Merwin, Hayden Carruth y Anne Sexton, también empezaron a aparecer en sus páginas.
Que te rechazara Hitchcock un poema era un evento inusualmente memorable por la forma que adoptaba. La carta de rechazo de Hitchcock llevaba un solo renglón, diciendo normalmente que el texto enviado no era "lo que necesitamos para esta temporada". Acompañando el fulminante texto había uno de sus doce grabados favoritos del siglo diecinueve, escogido por su efecto aterrador o irónico. Usualmente mostraba a un hombre en posiciones bajo extrema coacción -en el suelo con un lobo atacándole la garganta, cayendo por un hoyo en el hielo, o enfrentando a un verdugo blandiendo un hacha.
Las misivas "terminaban decorando paredes de cuarto de baño, vestíbulos, cocinas, escritorios. Eran expuestas sobre la mesa en sesiones de terapia. Provocaban lúgubres e histéricas risas, amenazas y lágrimas", escribió McDowell, que fue estudiante de Hitchcock a principios de los años setenta y publicó más tarde ‘One-Man Boat: The George Hitchcock Reader’ (2003), en un ensayo hace algunos años.
"Era buena para reír", dijo Hitchcock una vez sobre una de las cartas, "pese a que algunos se sintieron terriblemente insultados. Pero a los que se sentían terriblemente insultados, tampoco querrías tenerlos en tu revista".
Le sobrevive su compañera durante 38 años, Marjorie Simon; un hijo, Stephen; y dos nietos.
16 de septiembre de 2010
2 de septiembre de 2010
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murió thomas guinzburg


Uno de los fundadores de la revista Paris Review.
Murió el miércoles en Nueva York, Thomas Guinzburg, que ayudó a fundar Paris Review, la célebre revista literaria, y fue más tarde director de la editorial Viking Press. La causa fueron complicaciones de una operación al corazón, informó su pareja de toda la vida, Victoria Anstead. Tenía 84 años.
Egresado de Yale y veterano de la Segunda Guerra Mundial, Guinzburg ayudó a lanzar la Paris Review en 1953 con su legendario fundador George Plimpton, que fue durante casi cinco décadas director de la revista hasta su muerte en 2003.
Como una de las principales publicaciones para la narrativa y poesía estadounidenses, la Paris Review ha publicado trabajos de algunas de las grandes estrellas de la literatura, entre ellas Philip Roth, Jack Kerouac y V.S. Naipaul.
Guinzburg fue el primer editor jefe de la revista. Llegó a ser presidente de su consejo directivo.
Empezó con la Viking Press, la editorial fundada en 1954 por su padre, Harold Guinzburg, y finalmente se convirtió en su presidente. Dejó la compañía en 1978.
En sus últimos años, Guinzburg volcó su atención a la filantropía. Ayudó a formar un grupo de donantes llamado el Dream Team en la Society of Memorial Sloan-Kettering Cancer Center en Nueva York, que otorga deseos a pacientes de cáncer adultos -en gran parte como lo que hace por los niños la Make-A-Wish Foundation. Como patrocinador de la fundación I Have a Dream, ayudó a cubrir los costes de matrículas escolares para estudiantes de familias de bajos ingresos.
12 de septiembre de 2010
11 de septiembre de 2010
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manucho fetiche


El monóculo ha quedado para siempre como el icono de Manucho, y Manucho, como un icono de la homosexualidad de toda una época entendida en clave del arte por el arte, de rancia aristocracia con permiso para travesuras, de ambigüedad. A cien años de su nacimiento, una lectura de sus propios fetiches va recogiendo las pistas que él mismo dejó para la posteridad.
[Claudio Zeiger] Argentina. Según el relato de uno de sus biógrafos (Jorge Cruz, en ‘Genio y figura de Mujica Lainez’), cada 11 de septiembre, fecha del cumpleaños de Manucho, su departamento de la calle O’Higgins en el barrio de Belgrano (antes de irse a vivir a las sierras de Córdoba) abría sus puertas de par en par desde la tarde hasta la madrugada y un verdadero enjambre bullicioso, snob y, sobre todo, festivo, lo invadía para la celebración. "Sin abandonar su aire de aristocrática distancia, Manucho improvisa ademanes ceremoniosos, besamanos; exagera su júbilo de anfitrión; representa un juego que lo divierte. ¿Qué detalle de su atuendo resalta esta vez? ¿El chaleco, la corbata, los anillos? Los luce con humor, con desenvoltura", escribió el biógrafo.
Y así, a cien años de su nacimiento, Manucho quedará para siempre enmarcado entre el monóculo, los anillos, los brazaletes y tantos otros objetos que su goloso afán de coleccionista acumuló en sus mansiones y en sus novelas. Esa forma de vivir rodeado de objetos fetiche, van haciendo del propio escritor y su emblemático nombre, un fetiche privilegiado y un icono ambulante.
Perteneció a un tiempo y una franja de escritores a los que se les adjudicaba un refinamiento y una riqueza que podía ser verdadera o no tanto, pero esa era la imagen que el público había decidido tener de ellos. Pertenecieron a una época gloriosa de la novela argentina, Silvina Bullrich, Beatriz Guido y Manuel Mujica Lainez fueron sus principales animadores: construyeron figuras públicas de escritores que no escatimaban dosis de actuación y exhibicionismo.
En el reparto, a Manucho se le adjudicó el status de dandy excéntrico, el hombre mirado y narrado por un perro de pedigree que piensa, naturalmente, como un aristócrata y se llama Cecil; un hombre naturalmente asociado a la riqueza y al arte enjoyado.
Si el icono es un signo que guarda una relación de semejanza con aquello que representa, entonces el monóculo es el gran icono de Manucho y Manucho es un icono gay más allá de su sexualidad y, en parte, hasta de su literatura. Siempre importó lo externo, las máscaras y los disfraces, los velos y los fetiches para hablar de lo que verdaderamente lo conmovía: la belleza. En Mujica Lainez, la homosexualidad no es tanto una cuestión de deseo sino de belleza, de estética percepción. Una cuestión de mirada, de observación. Al monóculo sagaz no se le iba a escapar detalle.
La literatura argentina no tendrá su Tadzio pero sí tuvo su Sergio, su Gustavo y su Lucio San Silvestre, su hada Melusina, su duque de Bomarzo. A su manera velada y recargada, a la manera de su tiempo y de su rango, Manucho escribió muchas páginas que transportaban sin escalas al sexo entre personas del mismo sexo, sobre todo varones, y en ‘La casa’, en un juego camp no muy advertido en su momento, utiliza la voz de una mujer vieja, revieja –la casa misma– que lo libera a lo largo de más de doscientas páginas. En ‘El gran teatro’ sitúa una escena de audacia sexual entre primos (no concretada, hay que decirlo) en un palco del Teatro Colón, el mismo que se reabrió hace poco en medio de una ceremonia un poco grasa ¿viste?
A pesar de todo, de eso no se hablaba públicamente. Esa visibilidad escandalosamente invisible o –casi lo mismo– esa invisibilidad escandalosamente visible marcó la figura y la literatura de Mujica Lainez. Un poco a la manera de el Thomas Mann de ‘La muerte en Venecia’ o el Mishima de ‘Confesiones de una máscara’, todo está dicho y nada está dicho del todo. Cuerpo y palabra, carne y alma aparecen escindidos y lo inocultable se oculta de una manera tan retorcida como frívola, detrás de afeites y mascaritas de carnaval: son las no confesiones de una máscara. Por eso, el icono, semejanza y no reflejo estricto, cobra vigor y es tan altamente apreciable en el caso de Manucho.
La aristocracia ayuda, vaya si ayuda; de eso se trata. Una manera de ser y de estar en el mundo. Un cosmopolita tan extremadamente snob como austero; gran trabajador de la pluma, escritor profesional de la primera a la última página. Una persona capaz de dar la vida por una broma, una frase ingeniosa, un poema rimado y satírico. A la manera de Oscar Wilde. Ingenio y decadentismo. Y también, con ese enorme caudal de fiesta y goce vicario. La aristocracia, la pertenencia a una clase y una vida de placeres, viajes y objetos de arte, signaron una forma de entender la belleza, el amor y también la homosexualidad que entendió básicamente como trato entre hombres y muchachos.
Mujica Lainez nunca rompió ese tejido espeso de maquillaje y mascaradas en su literatura, salvo, quizás, en Sergio, donde la belleza se terminará tramando con la violencia. Pero eso sucede como en un advenimiento final y como una suerte de castigo a la ambigüedad infinita del personaje. No altera en demasía la concepción más inalterable del Manucho escritor. La elegancia y el velo por encima de todo.
Manucho, escritor aristócrata y novelero, barroco y humorístico, brilla casi solo en la literatura argentina del siglo XX. Logró estar en ese sitial sin mucho esfuerzo, y sin esfuerzo aparente redondeó esa figura macerada con el tiempo, con anillos, monóculo y brazalete. El resto son anécdotas picantes, murmullos y chismes proustianos de fiestas cortesanas. Y desde luego, unos cuantos libros que a pesar de presagios y desatenciones, resistieron el paso del tiempo –gran enemigo de la belleza– mucho mejor de lo que podía suponerse.
11 de septiembre de 2010
©página 12
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murió jackson gillis


Guionista de televisión.
Murió en Moscow, Idaho, el 19 de agosto, el guionista que escribía para series de televisión, como ‘Lassie’ y ‘Columbo’, de neumonía, informó su hija Candida.
Gillis escribió múltiples episodios de varias series de televisión durante su prolongada carrera, entre ellas ‘Lassie’, de 1954 a 1960; ‘Las aventuras de Superman’ [Adventures of Superman], de 1953 a 1955; ‘Perry Mason’, de 1956 a 1960;  ‘Perdidos en el espacio’ [Lost in Space], de 1965 a 1968; ‘Tarzan’, de 1967 a 1968; ‘Misión: Imposible’, de 1970 a 1972; y ‘Columbo’, de 1971 a 1992.
También escribió ‘Las aventuras de Spin y Marty’ [The Adventures of Spin and Marty] y ‘The Hardy Boys: El misterio del tesoro de Applegate’ [The Hardy Boys: The Mystery of the Applegate Treasure], que eran seriales en el programa de ‘El club de Mickey Mouse’ [Mickey Mouse Club].

Jackson Clark Gillis nació el 21 de agosto de 1916 en Kalama, Washington. Su familia se mudó a California cuando él era adolescente y estudió en la Escuela Secundaria Sacramento. Estudió en la Cal State Fresno y egresó de Stanford en 1938, con una licenciatura en inglés.
Gillis se casó en 1941 con la actriz Patricia Cassidy, a la que conoció en el Barter Theatre en Virginia. Ella murió en 2003.
Se enroló en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial como oficial de inteligencia en el frente del Pacífico.
Su carrera como escritor empezó en radio, trabajando para series como ‘The Whistler’ y ‘Let George Do It’. Gillis también escribió las novelas de detectives ‘The Killers of Starfish’ y ‘Chain Saw’.
11 de septiembre de 2010
31 de agosto de 2010
©los angeles times
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