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rebelión femenina en un pueblo indio


[Mark Stevenson] Pueblos indios aferrados a sus costumbres no admiten el voto femenino. Menos que las mujeres postulen a cargos públicos.
Santa María de Quiegolani, México. Las mujeres en esta aldea india ubicada en lo más alto de las montañas cubiertas de pinos de Oaxaca se levantan todos los días a las cuatro de la mañana para recoger leña, moler maíz, preparar la comida del día, ocuparse de los niños y limpiar la casa.
Pero no pueden votar en las elecciones locales, porque -dicen los hombres-, las mujeres no trabajan lo suficiente.
Fue aquí, en una aldea que ha luchado durante siglos para conservar sus tradiciones zapotecas, que Eufrosina Cruz, 27, decidió ser la primera mujer que postula a la función de alcalde, pese al hecho de que las mujeres no pueden asistir a las asambleas del pueblo, y mucho menos ser candidatas.
El consejo municipal enteramente masculino rompió las papeletas a su favor en las elecciones del 4 de noviembre, diciendo que como mujer, ella no era ‘ciudadana' del pueblo. "Así es la costumbre aquí, que sólo votan los ciudadanos, no las mujeres", dijo Valeriano López, el alcalde del pueblo.
Antes que dar su brazo a torcer, Cruz ha lanzado el primer desafío serio a nivel nacional de las formas indias tradicionales de gobierno, conocidas como ‘usos y costumbres', que recibieron un completo reconocimiento legal en México hace seis años en respuesta a los movimientos por los derechos indígenas que sacuden toda América Latina.
"Para mí, es como ‘abusos y costumbres'", dijo Cruz cuando presentó su queja en diciembre ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos. "Estoy exigiendo que nosotras, las mujeres de las montañas, tengamos derecho a decidir sobre nuestras vidas, a votar y a ser elegidas, porque la Constitución dice que tenemos esos derechos".
López reconoció que los votos de Cruz fueron anulados, pero dijo que sólo eran ocho papeletas de las cien votadas en este pueblo de caminos en gran parte de tierra de unas 1.500 personas.
Cruz dice que estaba ganando y quiere que se anulen las elecciones y se vuelvan a realizar, esta vez con el voto femenino.
Pero los líderes masculinos se niegan a ceder. "Señor, aquí vivimos la vida de otra manera que en la ciudad. Aquí las mujeres se dedican a su casa, y los hombres trabajan en el campo", dijo al periodista Apolonio Mendoza, secretario del consejo municipal exclusivamente masculino.
Cruz ha recibido apoyo de algunos hombres mayores, que de acuerdo a las normas de la aldea pierden sus derechos políticos cuando cumplen sesenta. Algunos jóvenes dicen que el sistema debe cambiar y que las mujeres deben tener derecho a voto.
En una reunión hace poco de varias decenas de partidarios de Cruz, la mayoría de ellos sin derecho a voto, mujeres vestidas con sus tradicionales chales grises dijeron que se les negó el acceso a programas de ayuda del gobierno porque no iban acompañadas por un hombre.
Martina Cruz Moreno, 19, dijo que cuando su madre viuda pidió al gobierno materiales de construcción para mejorar el suelo de tierra de su casa de madera con tejado de hojalata, las autoridades del pueblo le dijeron que se buscara un marido.
Como mujer, Eufrosina Cruz no sólo no puede ser alcaldesa, sino tampoco participar en los ‘trabajos comunitarios' que es un requisito para que los hombres del pueblo se conviertan en ‘ciudadanos'. Esas tareas incluyen reparar caminos, arrear ganado, barrer las calles y cultivar.
"Me gustaría ver a los hombres haciendo tortillas, día tras día, y que luego me digan que eso no es trabajo", dijo Cruz, describiendo el aseo de la casa, el lavado, la cocina y la molienda del maíz, el amasado para hacer el pan, y la recolección de leña para calentar los hornos de arcilla y ladrillo en el que cocina la mayoría de las mujeres.
Durante los importantes festivales del pueblo, se espera que las mujeres cocinen para todos los hombres invitados. Pero en lugar de unirse a ellos en la mesa, dice Cruz, son relegadas a esteras de paja en el suelo. Las ropas hay que lavarlas a mano, y aunque la mayoría de las casas tiene agua potable, a menudo sólo cuentan con un caño.
Cruz decidió escapar de esa vida después de que su padre diera a su hermana de doce en matrimonio a un hombre mayor. La hermana tuvo su primer hijo a los treces, y desde entonces ha tenido siete hijos más.
Cruz tenía once "y entonces ni siquiera sabía lo que era un autobús".
Viajó a la ciudad más cercana para matricularse en una escuela, vivió con parientes y se mantuvo con trabajos ocasionales, para egresar finalmente con un diploma universitario en contabilidad.
Es soltera y en una cultura pueblerina donde la mayoría de las mujeres llevan falsas, ella usa pantalones. Debido a que en su pueblo no hay trabajos formales para mujeres, trabaja como directora de una escuela en una ciudad cercana, y vuelve a Quiegolani la mayoría de los fines de semana. Eso, dicen las autoridades, la descalifica para postular a la alcaldía, porque no es una residente de tiempo completo. Pero el hombre que ganó las elecciones también trabaja fuera del pueblo, y hay dudas sobre cuánto tiempo en realidad pasa en el pueblo.
Cruz considera que el problema de la residencia es sólo un pretexto, observando que las autoridades también han prohibido a mujeres candidatas y en realidad cualquiera con un diploma universitario. Dijo que ella ha acatado las reglas impuestas por los usos y costumbres tanto como se lo permitieron, cumpliendo meticulosamente con los deberes de bajo nivel con que se mide la dedicación a la gente a su pueblo. Acarreó a la Virgen por todo el pueblo en una procesión religiosa durante cuatro años, y ha ayudado a fundar y organizar otras festividades.
Cruz cree que su petición de que se anulen las elecciones es sólida -después de todo, la Constitución mexicana establece que hombres y mujeres tienen derecho a voto. Fue primero al consejo electoral del estado de Oaxaca, luego a la legislatura del estado. Después de que ambos aprobaran la elección, llevó el caso a una comisión en Ciudad de México.
"No estoy pidiendo nada para mí. Lo que estoy pidiendo es a nombre de las mujeres indias, de modo que las leyes no permitan nunca más la discriminación política", escribió Cruz a los miembros de la comisión, que pueden tomar meses en investigar el caso, y que podrían recomendar que las autoridades del estado protejan el derecho a voto y a cargos políticos de las mujeres. Dice que si es necesario irá todavía más arriba, a las autoridades electorales federales.
En México, muchas reglas de gobiernos locales datan de antes de la conquista española y no fueron reconocidas legalmente sino cuando se implementó la reforma de los derechos indígenas en 2001 como consecuencia de la rebelión zapatista en Chiapas.
La ley establece que los pueblos indios pueden "aplicar sus propios sistemas normativos siempre que respeten los principios generales de la Constitución y los derechos individuales, los derechos humanos, y en particular la dignidad y el bienestar de las mujeres".
A pesar de esta protección específica, casi un cuarto de los pueblos indios funcionan bajo la ley que no permite que las mujeres voten, colocando así en un dilema a los grupos de derechos humanos: La mayoría de ellos apoyaron activamente el reconocimiento de los sistemas de gobierno indios, y por eso sólo unos pocos han hecho suya la causa de las mujeres.
Ahora Cruz viaja sola de una oficina de gobierno a otra, llevando siempre consigo una brazada de calas. "Hay un montón de estas flores en el pueblo. Aunque no la reguemos demasiado, florece", dijo. "Es un símbolo de las mujeres indias".
"El congreso aprobó la elección por pura holgazanería, para evitar revuelos en el pueblo, para no provocar un conflicto", dijo Perla Woolrich, legisladora del estado de Oaxaca que apoyó la causa de Cruz. "En el pasado, los usos y costumbres representaban algo positivo, pero ahora violan los derechos constitucionales de la gente. Los usos y costumbres tienen que ser revisados para eliminar las prácticas que violan esos derechos".
Cruz dice que ella no está contra las costumbres en su pueblo. Prefiere el bipartidismo a la rivalidad de los partidos políticos, porque estimula a las comunidades indígenas a permanecer unidas y favorece su supervivencia.
"Hay cosas realmente bellas en los usos y costumbres, si se aplicaran como debe ser", dijo.
"Pero desgraciadamente allá en las montañas nadie nos escucha", dice. "Si no se hace nada, de aquí a cien años las cosas seguirán igual en Quiegolani".

8 de febrero de 2008
29 de enero de 2008
©fwdailynews
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desarman a policía mexicana


[Héctor Tobar] En tres ciudades de México. Tropas mexicanas removieron del servicio y revisaron a agentes de ciudades fronterizas a la búsqueda de evidencias que pudieran relacionarlos con carteles de la droga.
Ciudad de México, México. El martes la policía local fue suspendida de sus funciones en las ciudades fronterizas de Nuevo Laredo, Matamoros y Reynosa cuando tropas del ejército desarmaron a los agentes y les revisaron a la búsqueda de evidencias que pudieran relacionarlos con narcotraficantes.
En Nuevo Laredo, los soldados rodearon el cuartel de la policía a las ocho de la mañana y ordenaron a los agentes permanecer dentro. En enero pasado, tropas federales realizaron una operación similar en Tijuana al iniciarse la ofensiva contra los carteles de la droga mexicanos y sus aliados en la policía.
Durante los primeros catorce meses de su gobierno, el presidente Felipe Calderón ha enviado tropas federales a al menos media docena de estados, incluyendo Michoacán en el sur y Veracruz en el Golfo. Calderón ha prometido quebrar el poder los traficantes, que ejercen una amplia influencia sobre las autoridades locales e intimidan a la prensa local.
Al menos dos organizaciones de narcotraficantes están peleando por el control de Nuevo Laredo y sus pasos fronterizos, una lucrativa fuente de ingresos para contrabandistas. El presidente Vicente Fox, el predecesor de Calderón, ya envió tropas del ejército allá en 2005.
Pero la violencia continúa. Varios observadores en Nuevo Laredo dicen que es un secreto a voces que muchos agentes de policía colaboran con los traficantes.
En una entrevista con el diario español El País, el procurador general Eduardo Medina Mora reconoció que las purgas del gobierno de Calderón de las policías federal, del estado y local eran sólo el comienzo.
"Hay fuerzas policiales municipales que han colapsado y que funcionan más como personal de apoyo al crimen organizado que como custodios de la seguridad pública", dijo Medina Mora.
La semana pasada, la policía federal arrestó a once hombres en Nuevo Laredo, incluyendo a cuatro agentes de policía, de los que se dijo que eran operativos del llamado cartel del Golfo.
El martes, los agentes de policía de turno fueron conminados a permanecer en sus comisarías y ninguno de ellos salió a patrullar la ciudad, de acuerdo a informes de prensa. Unos trescientos soldados de la unidad de elite del ejército, el Grupo Aerotransportado de Fuerzas Especiales, instalaron puestos de control en toda la ciudad.
"Esta es una acción que se está realizando con la completa cooperación del alcalde", dijo Alberto Rodríguez, portavoz del ayuntamiento de Nuevo Laredo.
Oficiales mexicanos dijeron que el ejército patrullará la ciudad con la asistencia de policías del estado y federales, pero se negó a entregar más informaciones.
En Matamoros, seiscientos agentes fueron obligados a permanecer en sus comisarías y fueron interrogados por autoridades federales, según informes de prensa.
Una operación similar se llevó a cabo el año pasado en Tijuana. Duró tres semanas. Se enviaron a la ciudad más de 3.500 soldados y agentes federales. Muchos agentes patrullaron sin armas, y algunos fueron vistos con tirachinas mientras esperan la devolución de sus armas.
En los meses que han pasado desde entonces, la violencia relacionada con el tráfico de drogas y el crimen organizado ha continuado como antes.
Al menos diecisiete personas fueron asesinadas la semana pasada en esta ciudad fronteriza, incluyendo a tres agentes de policía, uno de los cuales fue atacado cuando se encontraba con su mujer y dos hijas.
Agentes federales han dicho en privado que muchos de sus tiroteos más recientes han implicado a operativos del cartel del Golfo, que tiene su base de operaciones en el estado de Tamaulipas, que incluye a Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros. El cartel ha sido el más agresivo en sus intentos por conquistar territorio a sus rivales.
Tropas de fuerzas especiales del ejército confiscaron el martes dos docenas de rifles de asalto en un ‘casa de seguridad' de Reynosa que se dice pertenecía al cartel del Golfo y su pandilla de asesinos a sueldo, los Zetas.
Un día antes, agentes federales arrestaron a Alfredo Beltrán Leyva, presunto cabecilla del llamado cartel de Sinaloa, también conocido como el cartel del Pacífico. Y el martes las tropas arrestaron a once hombres sospechosos de ser asesinos a sueldo vinculados con Beltrán Leyva, en dos mansiones en el borde sur de Ciudad de México.
Los operativos del cartel fueron formados en los salones de las dos casas. Agentes federales antinarcóticos mostraron a los hombres a periodistas locales, junto con un pequeño arsenal de las armas requisadas, entre las cuales había ametralladoras y granadas.

hector.tobar@latimes.com

Cecilia Sánchez contribuyó a este reportaje.

28 de enero de 2008
23 de enero de 2008
©los angeles times
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masacre de chiapas, 10 años después


[Marc Lacey] Diez años después, la masacre de Chiapas todavía persigue a México.
Acteal, México. Hace diez años un grupo de pistoleros se arrastró colina abajo hasta llegar al centro de esta mísera aldea india en el estado de Chiapas. Para cuando huyeron horas después, los atacantes dejaron el suelo sembrado de cartuchos de balas y 45 cadáveres de hombres inocentes, entre ellos veintiuna mujeres y quince niños.
Desde la masacre de Acteal, el 22 de diciembre de 1997, se ha arrestado y condenado a decenas de personas. Pero el caso sigue tan envuelto en el misterio como el pueblo mismo, que se sitúa tan alto en las montañas que a veces las nubes se quedan a ras de suelo y la lujuriosa vegetación desaparece en la neblina.
El entones presidente Ernesto Zedillo, reaccionando ante la indignación internacional por los asesinatos, ordenó una agresiva investigación. Lo que descubrieron los fiscales no era bonito: Aunque funcionarios y agentes de policía del gobierno local no empuñaron las armas ese día, habían permitido que ocurriera la masacre y manipulado después la escena del crimen.
Los asesinos eran miembros del entonces gobernante Partido Revolucionario Institucional, PRI. Las víctimas eran católicos que habían formado un grupo llamado Las Abejas, que simpatizaban con los rebeldes zapatistas que se habían rebelado abiertamente en Chiapas.
Todos los implicados eran indios tzotziles pobres, muchos de ellos familiares del grupo atacante.
Una década después de la masacre, los tzotziles viven juntos, pero divididos. En un grupo, el de los que apoyaba al PRI, muchos de los hombres fueron enviados a la cárcel por los asesinatos. Los otros, los del grupo Abejas, viven más abajo en el camino, e insisten en que hay más asesinos que están libres.
Entretanto, los tribunales mexicanos tratan de manejar lo que se ha convertido en uno de los casos más largos y complejos del país. Una docena de jueces han estado involucrados en los juicios y ahora deben ocuparse de las apelaciones a las sentencias.
Hace un año, el consultorio jurídico de interés público Centro de Estudios e Investigaciones Económicas de Ciudad de México empezó a defender a los condenados por haber participado en la masacre. Los abogados dicen que han descubierto que la indignación sobre lo que ocurrió ese día a esos inocentes ha provocado más abusos. Describieron un intento de detener a todo el mundo, lo que significó enviar a gente inocente a la cárcel. "El caso de Acteal deja al descubierto los problemas del sistema de justicia criminal de México", dijo Javier Angulo, que enseña derecho constitucional en el centro y dirige un equipo de estudiantes que están representando a los acusados de Acteal. "Resolvimos el problema de la masacre de Actral creando otros problemas y arrestando a gente que no hizo nada en absoluto".
El caso es ideal, dice Angulo, para mostrar a los estudiantes de derecho que todo acusado tiene derecho a ser tratado con justicia, aunque exista una gran consternación pública por algún crimen en particular.
"Este es el caso más complicado de México", dijo en Tuxla Gutiérrez, la capital del estado de Chiapas, cuando se preparaba para recurrir las sentencias de algunos de los hombres. "Es posible que en diez años más todavía estemos hablando sobre qué pasó realmente en Acteal".
Los detalles del caso han sido exagerados y mitificados de numerosas maneras, dijo. La cantidad de asesinos, que calculó en nueve, ha crecido hasta hablarse de cientos en las estimaciones de algunas personas. Testigos que en sus primeras declaraciones no identificaron a ningún agresor, dieron más tarde a las autoridades listas detalladas con los nombres de los que dispararon. La primera versión del ataque, de que las víctimas de Acteal fueron masacradas mientras rezaban en la iglesia, ha sido exagerada para dar a este acto espeluznante una resonancia todavía más siniestra, dijo.
Los defensores de las personas que murieron en Acteal expresan furia hacia los que se atreven a defender a los acusados. "Cuentan tantas mentiras", dijo Diego Pérez Jiménez, presidente del grupo Abejas, que está pidiendo al gobierno reparaciones económicas para las familias de los asesinados. "Esos tipos en la cárcel son asesinos, y hay más asesinos libres. Esa es la verdad".
Una cosa está clara, y es que el largo proceso judicial no ha contribuido en nada a aliviar la tensión en las montañas.
Estela Luna Vásquez, 39, cuyo marido fue condenado a 36 años de prisión por su participación en la masacre, insiste en que él estaba en casa con ella la tarde del 22 de diciembre, cuando oyó la balacera más abajo en el camino.
Dice que trata de contener su odio hacia los que acusaron a su marido, incluyendo a un primo de ella que apoya a los zapatistas. "Nos quieren meter a todos en la cárcel", dijo, hablando a través de un intérprete tzotzil.
Hace poco mientras hablaba, sus dos hijas adolescentes se movían por la cocina preparando tortillas de maíz en un fogón. "Nunca dejaré que mis hijas se casen con ellos", dijo sobre los indios tzotziles que viven más abajo en el camino. "Les digo: ‘Ellos metieron a tu padre en la cárcel. ¿Cómo podrías enamorarte de uno de ellos?"
En la prisión de máxima seguridad de Cintalapa, el alcaide, Fernando Estrada Reyna, negó el acceso a un visitante que quería hablar con los reos de Acteal sin un permiso escrito del gobernador.
"Este es un caso delicado", dijo. "No podemos dejarle entrar. Me costaría la cabeza. No se contentarán con dejarme sin trabajo. Si lo dejo entrar, me meterán preso en esta misma cárcel".
Pero no podía impedir que un reo pidiera una llamada.
Agustín Gómez Pérez, sentenciado a 36 años por su participación en la masacre de Acteal, insistió en un teléfono de la cárcel que el juez que se ocupó de su caso había ignorado su coartada y lo consideró culpable desde el principio. Su caso es uno de los que sus abogados defensores están recurriendo.
"Es muy triste lo que pasó en Acteal", dijo, agregando que se había enterado de muchos de los detalles por otros convictos que habían confesado. "Pero no participé en eso. No maté a nadie. Y llevo diez años aquí pagando por los pecados de otros".
Pero las palabras de un sobreviviente del ataque son espantosas.
"Nada mitiga el dolor, aunque hayan pasado diez años", dijo hace poco al diario El Universal Catarina Méndez, que recibió siete impactos de bala en la mascare. "Unos malos dirigentes organizaron eso. Para el bien de todos, necesitamos justicia y verdad".

16 de enero de 2008
23 de diciembre de 2007
©new york times
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caníbal apareció colgado en su celda


El 'poeta caníbal' mexicano aparece ahorcado en su celda.
Ciudad de México. José Luis Calva, conocido como el 'poeta caníbal' por haber estrangulado a su novia y presuntamente comerse partes de su cuerpo, fue hallado este martes ahorcado en la celda de la prisión de la ciudad de México donde estaba recluido desde octubre pasado por ese homicidio.
El mexicano José Luis Calva, apodado por la prensa como el poeta caníbal, es fotografiado dentro de una celda durante una vista celebrada el 29 de
José luis calva
'Alrededor de las 07H30 (13H40 GMT) cuando se estaba revisando la lista matutina se percató el custodio de que José Luis Calva estaba colgado dentro de su celda, aparentemente atado de su propio cinturón y además encerrado por dentro con su candado', reveló el subsecretario de Gobierno del Distrito Federal, Juan José García.
'Estaba ya sin signos vitales (...) Todo indica que fue un suicidio', añadió en entrevista con la emisora Formato 21 el funcionario, quien explicó que se ha ordenado una investigación sobre las circunstancias del fallecimiento para confirmar si se trató efectivamente de un suicidio.
Juana Mendoza, que se presentó como novia de Calva, afirmó que no se trató de un suicidio ya que, según dijo, el caníbal le había contado que otros presos le habían amenazado con matarlo si no les daba dinero.
Calva, de 40 años, estaba en prisión preventiva en el Reclusorio Oriente capitalino en espera de juicio tras ser detenido el 8 de octubre por los policías que investigaban la desaparición de su novia, cuyo cuerpo fue encontrado descuartizado en su casa.
En el refrigerador había una mano, una pierna y la piel de un brazo, mientras que en una sartén había restos de carne humana y en la basura un antebrazo de la víctima cocinado.
Aunque él aseguró que la mató en un arrebato durante una discusión y que la estaba cocinando para dársela de comer a los perros y deshacerse así del cadáver, la fiscalía sospecha que cometió antropofagia ya que en la mesa encontraron el plato, los cubiertos y los aderezos dispuestos para su degustación.
El 'poeta caníbal', llamado así porque seducía a las mujeres con poemas y además tenía escritos propios sobre canibalismo, también es sospechoso de haber matado a una antigua novia cuyo cuerpo fue hallado descuartizado en 2004 y de al menos otra mujer, una prostituta que fue descubierta troceada cerca de la casa de Calva.
Se enfrentaba a una larga pena, ya que además de que se encontró el cuerpo de su última víctima en su casa, un antiguo amante (Calva había mantenido también relaciones homosexuales) confesó haberlo ayudado en 2004 a deshacerse del cadáver de su novia de entonces.
La policía también investiga su probable responsabilidad en otros crímenes de mujeres no resueltos desde 2001, cuando consideran que la fuga de su pareja sentimental y madre de dos de sus hijas con su socio detonó su adicción a las drogas y al alcohol.
Según el perfil que realizó la psicóloga de la fiscalía de la Ciudad de México Patricia Payán, Calva tenía una compleja personalidad, una mezcla entre los personajes cinematográficos Norman Bates, de 'Psicosis', que asesinaba a las mujeres rechazadas por su madre, y Hannibal Lecter, de 'El silencio de los inocentes', quien se comía a sus víctimas.
El acusado estaba obsesionado con su madre y a 'todas las mujeres que él conocía se las llevaba a su mamá', pero ' cuando a la señora no le parecía bien la relación, él la terminaba', explicó Payán en octubre.
El pasado sábado, Reforma publicó una entrevista con Calva en la que comentó que estaba escribiendo su nueva novela, 'Caníbal: el poeta seductor', aunque aseguró que estaba inspirado más en lo que se había escrito sobre él que en la realidad.
'Simplemente quiero demostrar que no soy el monstruo que se me ha dibujado; soy una persona que cometió un error, que está arrepentida y que tiene el deseo de seguir viviendo, no importa si voy a quedar 50 años aquí encerrado', dijo en la entrevista publicada tres días antes de su muerte.

9 de enero de 2008
11 de diciembre de 2007
©terra
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quién está matando a los cantantes 2


[Manuel Roig-Franzia]El salvaje silenciamiento de los músicos mexicanos. Asesinatos llevan la impronta de los sicarios de los carteles de la droga.
Morelia, México. Sergio Gómez entró a la ciudad en su enorme y bramante todoterrenos, seguido por su séquito, con su traje planchado y botas de vaquero de fantasía.
Todo en torno a él decía que era una superestrella. Tenía fans fuera de las fronteras, una sonrisa traviesa que volvía locas a las mujeres y una estrella en el paseo de la fama en Las Vegas. Más de veinte mil fans llegaron en tropel al aparcadero del estadio de fútbol de esta ciudad colonial para bailar y oírlo cantar baaldas románticas del género grupero de Durango, respaldado por un insistente tantarán.
Después del espectáculo, en la madrugada del 2 de diciembre, Sergio Gómez fue secuestrado. La policía encontró su cuerpo al día siguiente. Había sido golpeado y estrangulado. Su cara -que ilustró las carátulas de sus discos y hacía sonrojar a las adolescentes- estaba desfigurada por las huellas de quemaduras.
Sergio Gómez, 34, fue el último de una serie de músicos populares que han sido asesinados el año pasado en México. Casi todos ellos mostraban los signos de haber sido ultimados por asesinos a sueldo de los carteles de la droga, que son responsables de las cuatro mil muertes en el país en los últimos dos años.
Pero el salvaje asesinato de Sergio Gómez -uno de los cantantes más populares de México, un artista cuya banda K-Paz de la Sierra era pagada a cien mil dólares por presentación, dos veces la tarifa de otras bandas populares- fue diferente. Provocó una reacción en cadena sin precedentes: al menos media docena de bandas cancelaron sus giras. Bandas populares como Patrulla 81, de Durango, que cancelaron cuatro actuaciones importantes, están aterradas de venir a Morela y Michoacán, el estado adyacente.
"Todo esto es muy siniestro para nosotros", dijo José Ángel Medina, vocalista de Patrulla 81, en una entrevista. "Estamos muy preocupados. Muy asustados".
Entre los conocedores de la industria musical, la muerte de Sergio Gómez y los asesinatos anteriores, están también obligando a una discreta revaluación de la influencia de los barones de la droga en el negocio. Todo el mundo en la industria musical mexicana sabe, aunque no el público en general, que los carteles de la droga financian la carrera de algunos jóvenes músicos para luego blanquear dinero a través de las ventas no controladas de billetes, de acuerdo a fuentes de la industria, músicos y agencias policiales.
Nadie ha sugerido que Sergio Gómez haya estado respaldado con dinero sucio. Pero las evidentes marcas de asesinos profesionales en su asesinato han sido un catalizador para que la industria musical se cuestione sobre los riesgos de relacionarse social o profesionalmente con traficantes de drogas.
"Los narcos están metidos en este negocio", dijo Lucio Tzin Tzun, que ha sido promotor de conciertos durante veinte años, en una entrevista. "Controlan todo. Son como una mafia".

Benefactores Peligrosos
El matrimonio entre la música y los bajos fondos no es nada nuevo. En Estados Unidos, Frank Sinatra fue criticado durante largo tiempo por estar demasiado cerca de la mafia y, más recientemente, los raperos gangsta han sido acusados a menudo de celebrar la violencia contra la policía.
En México, la celebración musical de personajes de la contracultura está en el ADN del país. Todavía se rinde homenaje a Pancho Villa en la música -que era un bandolero convertido en revolucionario- como un héroe del pueblo. Los nuevos héroes bandidos son los traficantes de drogas, celebrados en canciones conocidas como narcocorridos y escritas por artistas que son "esencialmente poetas de la corte del mundo de las drogas", dijo Elijah Wald, autor del libro ‘Narcocorrido: Un Viaje Dentro de la Musica de Drogas, Armas, y Guerrilleros' [Narcocorrido: A Journey Into the Music of Drugs, Guns and Guerrillas].
"Se trata de ser como Pancho Villa", dijo Wald en una entrevista.
La existencia del género del narcocorrido convierte el asesinato de Gómez en algo todavía más misterioso. Sergio Gómez, que lanzó su carrera musical en Chicago, se hizo famoso cantando baladas románticas y canciones horteras, como la clásica ‘Jambalaya', influida por Nueva Orleans. Él no cantaba sobre narcotraficantes. Sergio Gómez ciertamente no era Valentín Elizalde, el cantante mexicano asesinado en noviembre de 2006 después de que su narcocorrido ‘A mis enemigos', una canción en la que se burlaba del barón de la droga Osiel Cárdemas, se convirtiera en una sensación en la red.
Se aprecia una clara línea entre las letras de Elizalde y su destino. Pero esos lazos musicales de Sergio Gómez con su muerte, no existen.
Pero Wald dice que la creencia popular de que sólo los cantantes de narocorridos se asocian con barones de la droga no podría estar más lejos de la verdad. A veces los músicos deben dar conciertos privados para los barones de la droga y tocar lo que ellos quieran oír mientras tengan ganas, con sus amigos, de seguir escuchándolos.
"El señor de la droga le puede pedir que cante canciones de José Alfredo Jiménez -un popular cantante melódico- tanto como narcocorridos", dijo Wald.

Negocios y Consecuencias
El nexo entre traficantes de drogas y músicos se establece a menudo en pequeños pueblos montañeses. Jóvenes músicos tienen pocas fuentes de ingreso para lanzar sus carreras. Hay escaso financiamiento público de los géneros musicales populares, que las elites dominantes desdeñan como ‘basura de las clases bajas', según Wald.
Los traficantes de drogas son a menudo las únicas personas ricas en los pueblos montañeses de estados como Sinaloa, un semillero de actividades de los carteles. En las situaciones más extremas, el músico se puede convertir casi en un siervo de sus patrocinadores de la mafia.
"Existen los que se dedican a cantar para esta gente", dijo en una entrevista Alfredo Ramírez Corral, vocalista de Los Creadores del Pasito Duraguense. Pero Corral, cuyo grupo canceló en diciembre una presentación en Michoacán, se mostró reticente a criticar a los músicos que trabajan para los narcotraficantes, diciendo que "cada uno hace lo que hace para ganarse la vida".
Los traficantes se sienten atraídos por los espectáculos musicales porque proporcionan un modo fácil de blanquear dinero. Hay otras opciones fáciles, pero ninguna es tan prestigiosa culturalmente. Es el glamour del mundo de la música lo que lo hace irresistible para narcotraficantes, dijo Rolando Coro, un conocido pinchadiscos de Radio La Tremenda de Morelia.
"Los narcotraficantes vienen a los bailes y piden whiskey caro, no sólo un vaso, sino toda una botella", dijo Coro. "Van siempre rodeados de mujeres guapas. Para ellos es divertido".
Las bandas que hacen tratos con los narcotraficantes consiguen considerable ventaja sobre sus competidores. Tzin Tzun, el promotor, los reconoce fácilmente.
"Llegan al pueblo con los equipos más caros, equipos de Alemania, cosas que cuestan miles de dólares", dijo. "Pero nadie ha oído hablar de esos tíos. Ayer estaban en el rancho, hoy están en las carteleras".
Pero el apoyo de un narcotraficantes tiene sus condiciones. Los traficantes esperan un alto porcentaje de las ganancias -a veces el veinte por ciento, o más- y reaccionan violentamente si no obtienen lo que creen que se les debe, dicen personas de la industria de la música. Sin embargo, las bandas corren el riesgo.
"Las bandas empiezan a ganar popularidad y a veces se quieren quedar con más dinero", dijo Tzin Tzun.
Los narcotraficantes pueden esperar que los músicos acudan de inmediato a sus llamados. Pero los líderes de las bandas, especialmente los que logran importantes éxitos comerciales, a veces se cansan de tener que modificar sus programas para acomodarse a los deseos de sus patrocinadores.
"Imagina que un capo te ha apoyado desde que eras niño", dice Wald. "Ahora su hija está de cumpleaños y tú prefieres la actuación en Morelia, donde ganas cien mil dólares".
Las consecuencias de esas intransigencias pueden ser fatales, dicen personas de la industria.
La proximidad con los narcotraficantes también puede conducir a otros embrollos peligrosos. Fuentes de la industria de la música han teorizado que algunos de los cantantes asesinados el año pasado pueden haber estado metidos en relaciones románticas con las mujeres y amantes de los peces gordos de la droga, o simplemente los jefes de los carteles pueden sentir celos de los bien parecidos músicos.
"Faldas", dice Coro. "Es por eso que hablan tanto de eso. Músicos persiguiendo faldas".

Una Semana de Lágrimas
El acceso de violencia contra los músicos en el estado de Michoacán empezó hace un año, casi al mismo tiempo que el presidente mexicano Felipe Calderón, nativo de Michoacán, lanzaba aquí una ofensiva militar contra los carteles de la droga. El 14 de diciembre, tres días después de la llegada de más de seiscientos soldados y agentes de la policía federal, Javier Morales Gómez, líder de la popular banda Los Implacables del Norte, fue asesinado a balazos en Michoacán. Sergio Gómez -no está relacionado con Javier Morales Gómez- había cantado narcocorridos con títulos como ‘Contrato con la muerte'.
Dos meses después, cuatro miembros de la Banda Fugaz fueron asesinados a balazos en el centro de Puruarán, después de un concierto. Un quinto miembro de la banda sobrevivió el ataque.
Entonces pareció volver la calma. En la primavera, verano y otoño no murió nadie en Michoacán. Sergio Gómez, que creció en Michoacán, debía presentarse en un gran espectáculo en diciembre y los billetes se vendieron rápidamente. La decisión de tocar en Michoacán sorprendió aquí a muchos. Coro dijo que el año anterior Sergio Gómez había cancelado un concierto en medio de rumores de que había ofendido a un violento narcotraficante.
Cuando Sergio Gómez estaba preparando su aparición, la industria de la música fue sacudida por las noticias que venían del extremo norte de México. Los peores seis días de la reciente historia de la música mexicana estaban por empezar.
El viernes 30 de noviembre, Zayda Peña, 28, cantante de Zayda y Los Culpables, recibió un disparo en la nuca en Matamoros, al otro lado de la frontera de Brownsville, Texas. Fue llevada a toda prisa al hospital. Pero un asesino a sueldo entró a su cuarto el 1 de diciembre, y le disparó una bala en el corazón. Murió instantáneamente.
Esa noche, Sergio Gómez se acercó al micrófono en Morelia, casi ochocientos kilómetros al sur. Horas después de su actuación, a eso de las tres de la mañana del 2 de diciembre, fue secuestrado. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente.
No parece haber una conexión entre el asesinato de Sergio Gómez y el de Peña. Sin embargo, la violencia no había terminado. Pocos días después, encontraron el cuerpo de José Luis Aquino, trompetista de la banda Los Conde en Oaxaca, al sur del país. Tenía las manos y pies atados y su cabeza cubierta por una bolsa de plástico.
Debería haber sido una semana alegre para el candente mundo musical mexicano, en lugar de una semana de lágrimas y misas fúnebres. Las nominaciones al Grammy debían anunciarse el jueves 6 de diciembre y se pensaba que las bandas mexicanas lo harían bien.
Las nominaciones transcurrieron como se pensaba. Cuando se anunció la categoría Álbum de Banda, la lista estaba repleta de la realeza musical mexicana. Pero también fue un recordatorio de la violencia que atormenta al país.
Uno de los cinco nominados, el cantante Lupillo Rivera, había sobrevivido después de que su todoterrenos recibiera siete impactos de bala en diciembre de 2006. Otros dos nominados, Elizalde y Sergio Gómez -que fue nominado con su banda- estaban muertos.

3 de enero de 2008
26 de diciembre de 2008
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quién está matando a los cantantes


[James C. McKinley Jr.] Canciones de amor y muerte silenciadas por asesinatos.
Morelia, México. Las estrellas de la música country de México están siendo asesinadas a un ritmo alarmante -trece en los últimos dieciocho meses, tres en diciembre- en una tendencia que ha ido de la mano con el aumento de la violencia entre bandas de narcotraficantes.
Ninguno de esos casos ha sido resuelto. Todos llevan la huella de las ejecuciones en el bajo mundo mexicano, provocando escalofríos entre las filas de otros músicos gruperos, que cantan con ritmo de country sobre el amor, la violencia y las drogas en el México moderno.
Uno de los ataques más impresionantes fue el secuestro de Sergio Gómez, fundador y vocalista de K-Paz de la Sierra, que fue sorprendido cuando salía de un concierto en su estado natal de Michoacán la mañana del 2 de diciembre.
Su cuerpo fue encontrado al día siguiente en un camino rural en las afueras de la ciudad, la capital del estado. Había sido golpeado, torturado con un encendedor, luego estrangulado con una cuerda de plástico, dijeron funcionarios policiales. Tenía 34 años y acababa de ser nominado para un Grammy Award.
"No entendemos cómo pudo ocurrir esto", dijo su tío Froylán Gómez en una entrevista. "Nunca le hizo daño a nadie".
Los motivos de los asesinatos siguen siendo materia de especulación, y no se han encontrado evidencias que los vinculen a un solo asesino. En algunos casos, los músicos parecían tener lazos con personajes del crimen organizado, convirtiéndolos en potenciales blancos en ataques de represalia de bandas rivales.
Otros han compuesto baladas conocidas como narcocorridos, cantando las glorias del oscuro mundo de los narcotraficantes y asesinos a sueldo, que pueden haber ofendido a otros narcos y sicarios. Y en otros casos, a medida que crecía la fama de los músicos, pueden haberse embrollado involuntariamente con criminales.
"Algunas veces hay una relación directa entre los músicos y los narcotraficantes", dijo Miguel Olmos, musicólogo del Colegio de la Frontera Norte de Tijuana. "Pero también hay un montón de crímenes pasionales. Es decir, el músico establece algún tipo de relación sentimental con gente que está relacionada con esta cultura de la violencia y del tráfico de drogas, y de algún modo eso se descontrola. Siempre tocan algún nervio de algún narcotraficante".
En el caso de Gómez, que era conocido por sus conmovedoras canciones de amor, los fiscales están investigando si acaso tenía vínculos con el crimen organizado. De momento, sin embargo, la investigación sobre su secuestro ha sido un pantano de versiones contradictorias, testigos desaparecidos y pistas falsas.
Los detectives todavía tienen que interrogar a dos empresarios que estaban con Gómez cuando fue secuestrado, ni tampoco han entrevistado a otros miembros de su grupo. "Esperamos localizar a esa gente", dijo María Elena Cornejo Chávez, la vice-procuradora del estado de Michoacán. "Para nosotros es muy complicado, porque todos ellos salieron del estado".
Los asesinatos han sido especialmente brutales. El jueves, José Luis Aquino, 33, un trompetista de Los Conde, fue golpeado hasta la muerte en el estado de Oaxaca, y encontrado con una bolsa de plástico sobre su cabeza y con las manos y pies atados.
El 1 de diciembre, Zayda Peña, la vocalista pelinegra de Zayda y los Culpables, fue atacada a balazos en un cuarto de hotel en Matamoros, en el estado de Tamaulipas. Sobrevivió el ataque, pero los asesinos la siguieron hasta el hospital y terminaron el trabajo con dos balas más cuando yacía en cama. Tenía 28 años.
"Estamos consternados, porque es una cosa espantosa que en una semana maten a tres miembros del movimiento grupero", dijo a periodistas José Ángel Medina, líder del grupo Patrulla después de los últimos asesinatos. "Tenemos miedo porque estamos sobreexpuestos, y esto podría continuar. No sabemos quién será el próximo".
Han atacado a grupos enteros. El 9 de junio cuatro miembros de Los Padrinos de la Sierra fueron matados a balazos en el estado de Durango. El 19 de febrero, asesinos armados de ametralladoras atacaron a los miembros de Tecno Banda Fugaz en Puruarán, una ciudad en Michoacán, matando a cuatro y dejando un herido.
El número de bajas en 2006 fue igualmente lúgubre. El 9 de agosto tres miembros de Explosión Norteña, un grupo que se dedicaba a entonar canciones sobre narcotraficantes, fueron atacados con armas de fuego y gravemente heridos en sus oficinas en Tijuana, al otro lado de la frontera con San Diego.
El 25 de noviembre de ese año se produjo el asesinato del cantante Valentín Elizalde, 25, junto con su agente y chofer, poco después de un espectáculo en la ciudad fronteriza de Reynosa, Tamaulipas, al otro lado de McAllen, Texas. Su coche recibió el impacto de más de sesenta tiros de una AK-47.
Un mes después, Javier Morales Gómez, miembro de Los Implacables del Norte, fue matado a balazos en Huetano, Michoacán.
Todas las víctimas tocaban en varios géneros de grupero, la música country mexicana que se distingue por el repetitivo ritmo de sus instrumentos de bronce y sensibleras letras, narrando a menudo historias de amor no correspondido, mala suerte, bandidos famosos o sus equivalentes modernos, los señores de la droga.
Algunos eran conocidos especialmente por sus narcocorridos. Uno de los éxitos de Peña, por ejemplo, fue ‘Tiro de gracia', una referencia a las ejecuciones gangsteriles. Elizalde era también conocido por sus baladas sobre bandidos y barones de la droga.
Sin embargo, Gómez, de K-Paz de la Sierra, era diferente. Sus grandes éxitos eran canciones de amor como ‘Mi credo' y ‘Volveré'. Su banda tocaba el estilo bailable de Durango, caracterizado por la prominencia de los bronces y un ritmo de marcha super rápido. Como otras bandas gruperas, los miembros de la banda llevaban trajes y sombreros de vaqueros idénticos.
Las noticias sobre su muerte provocaron que algunos músicos cancelaran sus conciertos en Michoacán. Otros dijeron que los asesinatos los hicieron reconsiderar sus presentaciones en público.
"Esos asesinatos fueron muy crueles y eso nos pone tensos", dijo Jorge Medina, un cantante de La Arrolladora Banda, en una entrevista por televisión.
Detectives de Michoacán dicen que Gómez salió de un estadio en Morelia después de su concierto a eso de las tres y media de la mañana, un domingo. Lo acompañaban su chofer y dos ejecutivos de la industria discográfica, Javier Rivera y Víctor Hugo Sánchez. Conducían un sedán, dijo la policía. Los otros siete músicos de la banda y dos hermanos de Gómez les seguían en otros coches.
Poco tiempo después un miembro del grupo llamó a la policía federal e informó que Gómez y los dos hombres de negocios habían sido secuestrados por hombres armados a unos cinco kilómetros en las afueras de Morelia, en la autopista hacia Salamanca. La policía federal informó a la policía del estado, dijeron las autoridades.
No está claro qué ocurrió después. La policía del estado sostiene que cuando ellos llegaron al lugar, agentes federales les dijeron que habían interrogado a los dos hombres de negocios y determinaron que el secuestro era falsa alarma, dijo Cornejo, la vice-procuradora del estado. Un portavoz del despacho del ministro federal en Morelia, Miguel Ángel Hernández, confirmó esa versión.
Sin embargo, Gómez fue torturado hasta la muerte entre las cuatro y media y once de la mañana del 2 de diciembre en un lugar desconocido, determinó la autopsia. Había sido golpeado salvajemente en la cabeza y pecho. Sus muslos y genitales habían sido quemados. Murió estrangulado.
En Ciudad Hidalgo, una pequeña agrícola en un valle a unos cien kilómetros al este de Morelia, la gente recuerda a Gómez con cariño. Creció allá como hijo de un cantante de la localidad que nunca tuvo éxito, en una casa modesta en un barrio pobre. Cuando era adolescente se casó con una chica de un rancho cercano, vivió en casa de sus padres, tuvo su primer hijo y empezó a trabajar como ebanista.
La familia se mudó a Chicago durante la crisis económica de mediados de los años noventa, donde Gómez hizo trabajos meniales, tuvo dos hijos más y problemas con las autoridades de inmigración. Finalmente encontró trabajo como sonidista de una banda, Montéz de Durango.
En 2003 él y otros tres músicos de ese grupo formado K-Paz de la Sierra. Su carrera despegó. La banda grabó cuatro álbumes de enorme éxito y tocaban en estadios y salas de concierto en México.
También visitaba Ciudad Hidalgo todos los años y dio miles de dólares para ampliar la escuela primaria donde estudió de niño. Nunca se dio aires con sus amigos, dijeron sus vecinos. "Siempre se comportó muy bien", dijo un conocido, que pidió no ser identificado por temor a los narcotraficantes. "No era snob".
Su mujer, Felicita, dijo a periodistas que parecía tranquilo durante los días previos a su muerte y nunca mencionó ninguna amenaza. "Nunca lo vi nervioso ni esperando que ocurriera algo malo", dijo.
Froylán Gómez dijo que su sobrino nunca cantó sobre narcotraficantes ni usaba drogas. "Este hombre tampoco fumaba ni bebía", dijo. "No podemos entender qué ocurrió. Toda la familia exige justicia. Queremos saber quién es el autor de este crimen".

1 de enero de 2008
18 de diciembre de 2007
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méxico en ruta hacia la tiranía


[Gerardo Albarrán de Alba] Media sanción a una polémica reforma judicial.
México, D.F. Pese a las advertencias de que el presidente Felipe Calderón convertirá a México en un Estado policíaco, la Cámara de Diputados aprobó una reforma al sistema judicial que permitirá el allanamiento de domicilios sin mandato de un juez, detenciones sin orden de aprehensión, intervención de comunicaciones y el arraigo hasta por 40 días de cualquier persona detenida como simple sospechosa. Las nuevas atribuciones incluyen en la Constitución "regímenes de excepción que vulnerarán las garantías y tratados internacionales en materia de protección a la dignidad de las personas", alertó el diputado perredista Humberto Zazueta, cuya bancada se sumó mayoritariamente a los votos del oficialista PAN y del PRI, que la aprobaron en bloque.
La única buena noticia fue que, a última hora, la reforma eliminó un párrafo que equiparaba las movilizaciones sociales de protesta con el crimen organizado. Pero esto no contuvo las críticas. Hasta el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), José Luis Soberanes, consideró que la aprobación de esta reforma significa un retroceso, aunque expresó su esperanza de que la Cámara de Senadores, que aún debe ratificar las reformas, corrija una serie de disposiciones que no preservan las garantías individuales de los mexicanos.
Las declaraciones de Soberanes resaltaron no sólo por su condición de ombudsman nacional, sino porque las hizo en la residencia oficial de Los Pinos justo después de que el presidente Calderón defendiera su propuesta de reforma al entregar el Premio Nacional de Derechos Humanos a un abogado invidente. Ahí, Calderón dijo que su gobierno no tolerará el combate al crimen violando la ley y se comprometió a actualizar las normas sobre derechos humanos para impedir que las "lagunas" o deficiencias de la ley permitan violaciones, establecer un programa en la materia, priorizar la atención de grupos vulnerables y promover campañas por el respeto a las garantías individuales. "Todo abuso será castigado", dijo horas antes de que su reforma fuera aprobada.
Sin embargo, el Consejo Consultivo de la CNDH cuestionó que la nueva legislación inscriba el arraigo en la Constitución; se ponga en peligro la inviolabilidad del domicilio, al permitir la entrada de la policía sin orden judicial, y se "rebaje" el derecho al respeto de las comunicaciones privadas, al darles valor probatorio en un juicio penal. Al igual que Soberanes, los integrantes del órgano de consulta de la CNDH consideraron que se trata de un "retroceso en la tutela de los derechos fundamentales de los mexicanos".
La parte más celebrada de esta reforma, la instauración de los juicios orales, que deberá traducirse en una justicia más transparente y expedita, fue criticada por jueces y magistrados federales en materia penal. De 20 impartidores de justicia especializados en procesos penales federales y de apelaciones, consultados por el diario La Jornada, 12 se manifestaron totalmente en contra de los juicios orales, cinco dijeron que a corto plazo serían inviables y sólo tres consideraron que serían el remedio para agilizar los procesos y garantizar un mejor sistema de justicia. El consenso entre ellos es que resultan mucho más urgentes la capacitación de los policías, fiscales, abogados y jueces, como el fortalecimiento de las instituciones de procuración e impartición de justicia y de la concentración de las fiscalías en la recopilación de la evidencia.

14 de diciembre de 2007
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asesinan a cantantes gruperos


[Héctor Tobar] Un popular cantante fue estrangulado; otra fue asesinada a balazos en un hospital. En dieciocho meses, han muerto asesinados nueve cantantes gruperos.
Ciudad de México. Las autoridades hallaron el lunes el cuerpo estrangulado de un popular cantante grupero, apenas dos días después del asesinato de otra cantante grupera en su cama en el hospital.
Sergio Gómez, vocalista del grupo K-Paz de la Sierra, había sido secuestrado en Michoacán, un estado al sur del país, el sábado noche y se lo dio por desaparecido durante los dos días que tomó a la policía en encontrar su cuerpo. Zayda Peña fue asesinada el sábado en su cama en un hospital en la ciudad fronteriza de Matamoros, horas después de haber sobrevivido un atentado previo.
Al menos otros siete cantantes del género grupero, una forma musical folclórica que mezcla ritmos norteños y tropicales, han sido asesinados en los últimos dieciocho meses. Algunos grupos en ese género cantan canciones relacionadas con el tráfico de drogas, pero Gómez y Peña eran mejor conocidos como cantantes de baladas románticas.
Peña, 28, encabezaba el grupo Zyda y Los Culpables. Le dispararon primero el viernes noche en un hotel de Matamoros, junto a otras dos personas: un amigo y el gerente del hotel. Los otros murieron en la escena del crimen.
Con una herida de bala en la espalda, Peña fue trasladada a un hospital. Allá fue operada y luego transferida a una habitación en la unidad de cuidados intensivos. Su asesino entró a la habitación y le disparó dos veces en la cara, terminando de rematarla.
Gómez acababa de actuar con su grupo en Morelia, la capital de Michoacán, cuando desapareció. El día anterior había recibido llamadas telefónicas donde le advertían que no se apareciera por el concierto, de acuerdo a boletines de prensa. Gómez redobló su seguridad y actuó de todos modos.
Terminado el concierto, Gómez fue secuestrado con dos hombres de negocios que fueron posteriormente liberados.
La elite comercial, política y cultural de México ha sido durante largo tiempo blanco de secuestradores, principalmente con fines económicos. Entre los más notorios se encuentra el secuestro en 2002 de dos hermanas de la actriz Thalia: Las dos fueron liberadas después de pagar rescate. En 2005, el entrenador de fútbol Rubén Omar Romano fue secuestrado, pero liberado por la policía. Y recién el mes pasado, varios senadores federales recibieron llamadas telefónicas en las que les dijeron que algunos familiares habían sido secuestrados.
El cuerpo de Gómez fue encontrado en una autopista a unos diez kilómetros de Morelia, dijeron el lunes las autoridades. Había sido estrangulado, y tenía varias huellas de quemaduras en su cuerpo. Su familia y asociados no recibieron aparentemente ninguna llamada pidiendo rescate.
Las autoridades no han determinado todavía el motivo del asesinato de Peña.
Uno de sus más grandes éxitos fue la canción ‘Tiro de gracia'. Algunos órganos de prensa sugirieron el lunes que la canción se refería a una ejecución, aunque su letra sólo describe una relación fracasada.
Sin embargo, la manera pública de la muerte de Peña -reminiscente de muchos otros asesinatos en los últimos años- sugiere que el crimen organizado puede estar implicado.
El asesinato más notorio de un músico, atribuido al crimen organizado, fue el de Valentín Elizalde, conocido como el Gallo Dorado, en Reynosa en noviembre de 2006. Elizalde cantaba narcocorridos que eran a menudo interpretados como himnos por el Cartel de Sinaloa y su cabecilla Joaquín el Chapo Guzmán.
Trigo Figueroa, un cantante, también fue asesinado poco después de un concierto en Reynosa, en agosto de 2006. En diciembre de 2006, Javier Morales Gómez, de la banda de Los Implacables del Norte, fue asesinado a balazos en un parque de Michoacán.
Y en febrero, un grupo de pistoleros mataron a balazos a cuatro miembros del grupo musical Banda Fugaz después de que actuaran en Michoacán.

hector.tobar@latimes.com
Cecilia Sánchez contribuyó a este reportaje.

9 de diciembre de 2007
4 de diciembre de 2007
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