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opinión

derecho al anonimato


En noviembre, la Corte Suprema oirá los alegatos en un caso que podría redefinir el alcance de la noción de privacidad en una época de crecientes y omnipresentes tecnologías de vigilancia, como los dispositivos GPS y el software de reconocimiento facial.
[Jeffrey Rosen] El caso, Estados Unidos contra Jones, gira sobre un dispositivo GPS que la policía, sin una orden judicial válida, instaló en el coche de un sospechoso de tráfico de drogas en Washington D.C. Seguidamente la policía rastreó sus desplazamientos durante un mes y utilizó la información para un juicio en que fue condenado por conspiración para vender cocaína. La pregunta que debe responder la corte es si este procedimiento violó o no la Cuarta Enmienda de la Constitución, que prohíbe los registros e incautaciones irrazonables de nuestras "personas, casas, documentos y enseres."
Es imperativo que la corte lo crea así. De otro modo los estadounidenses ya no podrán contar con el mismo grado de anonimato en espacios públicos de que han gozado legítimamente desde la época de la fundación del país.
Dos cortes de apelaciones federales han defendido el uso de dispositivos GPS sin orden judicial en casos similares, argumentando que cuando estamos en lugares públicos no podemos esperar que se resguarde nuestra privacidad y que las tecnologías de seguimiento sólo hacen más fácil y efectiva las labores de vigilancia pública.
Pero en un visionario escrito de agosto de 2010, el juez Douglas H. Ginsburg, de la Corte de Apelaciones del Distrito del Circuito de Columbia rechazó el alegato. Ninguna persona razonable -argumentó- espera que sus desplazamientos en espacios públicos sean rastreados veinticuatro horas al día, siete días a la semana, y por eso tenemos el derecho a esperar que se resguarde nuestra privacidad en todos nuestros desplazamientos públicos.
"A diferencia de los desplazamientos de uno en un solo día", escribió el juez Ginsburg, "el total de nuestros desplazamientos en el transcurso de un mes en realidad no están expuestos al público porque la probabilidad de que alguien observe todos esos desplazamientos es igual a cero."
El juez Ginsburg se dio cuenta de que, en la práctica, la vigilancia total durante un mes es imposible sin tecnologías modernas como el dispositivo GPS, y por ello es cualitativamente diferente de la vigilancia pública tecnológicamente más limitada que la Corte Suprema ha defendido en el pasado (como usar un beeper para ayudar a la policía a seguir a un coche durante un trayecto de 160 kilómetros).
El caso en la Corte Suprema es una apelación contra la opinión del juez Ginsburg. Si la corte rechaza su lógica y toma partido por los que sostienen que no debemos esperar que se resguarde la privacidad de nuestros desplazamientos en espacios públicos, es probable que la vigilancia se amplíe y transforme radicalmente nuestra experiencia tanto de los espacios públicos como de los virtuales.
Porque lo que está en juego en el caso en la Corte Suprema es más que simplemente el futuro de los seguimientos con GPS: también existe la vigilancia online. Facebook, por ejemplo, anunció en junio que implementaría una tecnología de reconocimiento facial que escanea las fotos en su base de datos y sugiere automáticamente identificaciones que asocian cada rostro con un nombre. (Después de la conmoción pública, Facebook dijo que los usuarios podrían optar por no utilizar el sistema de reconocimiento.) Con la ayuda de este tipo de clasificación de fotos, funcionarios policiales podrían subir una foto a Facebook, digamos de un manifestante antiguerra anónimo, e identificarlo.
También existe el fantasma de la vigilancia por video. En 2008, en un congreso de Google sobre el futuro de la ley y la tecnología, Andrew McLaughlin, entonces director de políticas públicas en Google, dijo que en algunos años agencias públicas y compañías privadas pedirán a Google subir transmisiones en vivo de cámaras de vigilancia públicas y privadas de todo el mundo. Si las transmisiones fueran conectadas y archivadas, cualquiera con un buscador sería capaz de pulsar sobre la imagen de alguien en cualquier calle vigilada y seguirlo en sus desplazamientos.
Para conservar nuestro derecho a algún grado de anonimato en público no podemos confiar solamente en los tribunales. Felizmente, quince estados han implementado leyes que imponen sanciones penales y civiles por el uso de dispositivos de seguimiento electrónico y restringen su uso sin una orden judicial. Y, en junio, el senador demócrata Ron Wyden, de Oregón, y el representante republicano Jason Chaffetz, de Utah, presentaron un proyecto de Ley de Privacidad y Vigilancia Geolocal, que ofrecerá protección federal contra la vigilancia pública.
La ley requerirá que el gobierno obtenga una orden judicial antes de adquirir información geolocalizada sobre un ciudadano estadounidense o un extranjero que reside legalmente en el país; impondrá sanciones penales por el uso secreto de dispositivos electrónicos para trazar los desplazamientos de alguien y prohibirá que los proveedores de servicios comerciales compartan información geolocal sobre sus clientes sin el consentimiento previo de estos -una restricción necesaria en momentos en que las compañías privadas recurren crecientemente al rastro de celulares.
Es alentador que tanto demócratas como republicanos en el Congreso se unan para defender las expectativas de resguardo del anonimato en espacios públicos que los estadounidenses han dado por sentado durante tanto tiempo. Pronto, jueces liberales y conservadores de la Corte Suprema tendrán la oportunidad de enfrentarse al mismo reto.
Si no están a la altura de las circunstancias, nuestra vida pública podría transformarse de maneras que sólo podemos empezar a imaginar.
[El autor es profesor de derecho en la Universidad George Washington y compilador de un libro de próxima aparición, ‘Constitution 3.0: Freedom and Technological Change.’]
13 de septiembre de 2011
12 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

qué dirá juan gelman


El escritor y columnista de Página 12 rechaza indemnización monetaria por el asesinato de su nuera María Claudia García de Gelman y el robo de su nieta Macarena Gelman García, y exige reparación moral.
[Juan Gelman] Es la pregunta de un editorial que el diario El País de Uruguay publicó el sábado 10 pasado. "Cuando la Comisión de Derechos Humanos de la OEA –dice– condenó a Uruguay a pagar una indemnización a la familia Gelman, el escritor y ex guerrillero Juan Gelman proclamó que sus acciones ante ese foro no perseguían la obtención de dinero sino una reparación moral." Cita las declaraciones que el secretario de la Presidencia uruguaya, Alberto Brescia, había anunciado al diario el día anterior: "El gobierno uruguayo, en cumplimiento del fallo de la OEA, le pagará a la familia Gelman medio millón de dólares" y finaliza así: "¿Qué tendrá para decirnos Juan Gelman, constante crítico de los gobiernos uruguayos posdictadura?". Pues lo siguiente.
El párrafo 286 del dictamen señala: "Los representantes (de los demandantes, nota JG) comunicaron que el señor Juan Gelman manifestó su decisión de ser excluido como beneficiario de reparaciones referidas a indemnizaciones compensatorias, razón por la cual el Tribunal se abstiene de hacer cualquier determinación en ese sentido". El editorialista del diario uruguayo El País no puede, o no quiere, leer el fallo completo.
Y luego: "La Corte ha desarrollado en su jurisprudencia el concepto de daño material y los supuestos en que corresponde indemnizarlo" (párr. 290). En consecuencia, fijó "una cantidad, en equidad, por conceptos de daños materiales" (párr. 296), y destacó asimismo el daño inmaterial perpetrado (párr. 296). Cita en ese párrafo la sentencia dictada en el Caso de los "Niños de la Calle (Villagrán, Morales y otros) Vs. Guatemala" que precisa: el daño inmaterial comprende "tanto los sufrimientos y las aflicciones causados a las víctimas directas y a sus allegados, el menoscabo de valores muy significativos para las personas, así como las alteraciones de carácter no pecuniario en las condiciones de existencia de la víctima o su familia". El editorialista del diario uruguayo El País no puede, o no quiere, leer la jurisprudencia establecida.
Por último: según El País del viernes, el secretario Alberto Brescia "sostuvo que pretende separar este punto del fallo de la CIDH de otros aspectos que consideró ‘más de fondo y más simbólicos’, entre los que mencionó un acto público que se realizará este año y en el que los tres poderes del Estado harán un reconocimiento de la responsabilidad por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura". El editorialista de El País no puede, o no quiere, leer cuáles son esas compensaciones morales, "de fondo, simbólicas" y mucho más importantes que, por el asesinato de mi nuera María Claudia García de Gelman y el robo de mi nieta Macarena Gelman García, el fallo de la Corte Interamericana detalla.
Esto se explica. El editorialista de El País uruguayo se limita a obedecer a la línea política del diario, un siempre acérrimo defensor de los secuestradores, asesinos, torturadores y ladrones de bebés que prohijó la dictadura en Uruguay. Y no puede, o no quiere, leer: "Los representantes (de los demandantes, nota de JG) comunicaron que el señor Juan Gelman manifestó su decisión de ser excluido como beneficiario de reparaciones referidas a indemnizaciones compensatorias, razón por la cual el Tribunal se abstiene de hacer cualquier determinación en ese sentido". Se repite por las dudas. A lo mejor, con suerte, el editorialista del diario uruguayo El País esta vez lo lee.
13 de septiembre de 2011
12 de septiembre de 2011
©página 12

fantasías fiscales europeas


Los europeos deben apartarse de las políticas austeras que están causando la recesión, no aliviándola. Deben estimular la demanda en las economías más fuertes, como Alemania, y posponer las políticas de austeridad en las más frágiles.
Los presidentes de Europa creen que pueden evitar el desastre económico sin emprender acciones de verdad. Siguen pretendiendo que no tendrán que pedir a los contribuyentes que ayuden a reforzar sus bancos frágiles, que dosis cada vez más grandes de austeridad permitirán que economías débiles como la griega paguen sus deudas, y que Europa puede continuar cosechando los beneficios de la unión sin las responsabilidades compartidas de una mayor unión fiscal.
Nadie más cree en esto. No lo creen los mercados crediticios, que han subido las tasas de interés sobre la deuda soberana. No lo cree el Fondo Monetario Internacional, que ha advertido en repetidas ocasiones que los principales bancos están descapitalizados. Y no lo cree la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que la semana pasada pronosticó un crecimiento negativo en el próximo trimestre para Alemania, Francia e Italia, las tres economías más importantes de la zona del euro.
El temor inmediato es que uno o más importantes bancos europeos puedan quebrar. La confianza está cayendo en picado debido a que tienen cuantiosas obligaciones griegas, españolas e italianas. Una quiebra bancaria importante también podría dañar a la economía estadounidense, lo que ayuda a explicar los urgentes llamados de Washington la semana pasada de que Europa proponga una estrategia de recuperación y crecimiento. El secretario de Hacienda, Timothy Geithner, se reunió con los ministros de economía europeos para hablar sobre cuál podría ser esa estrategia. Pero de momento la canciller Angela Merkel (Alemania), el presidente Nicolás Sarkozy (Francia) y el primer ministro Silvio Berlusconi (Italia) no han mostrado el liderazgo político que se necesita para forjar una solución de largo plazo.
Entretanto, el mundo real persiste en inmiscuirse en las fantasías políticas europeas. La sana apariencia de los balances de bancos importantes desaparece cuando se tienen en cuenta los futuros saneamientos y las moras parciales. Se debe apartar capital para esta contingencia, y gran parte de este tiene que provenir de fondos públicos. A cambio, los gobiernos deben exigir participación en los beneficios futuros y regulaciones más estrictas.
Países como Italia y España ya encuentran imposible financiar su deuda sin compras de emergencia del Banco Central Europeo, que es la única solución a corto plazo. Emitir bonos europeos puede ser un paso en la buena dirección ya que Europa como un todo puede tomar prestado mucho más barato que sus países deudores.
Más importante, los presidentes europeos deben apartarse de las políticas austeras que están causando la recesión, no aliviándola. Deben estimular la demanda en las economías más fuertes, como Alemania, y posponer las políticas de austeridad en las más frágiles. Una razón por la que Grecia continúa fracasando en cuanto a lograr sus objetivos de déficit es que la recesión está reduciendo los ingresos fiscales casi tan rápidamente como el gobierno rebaja drásticamente el gasto. Ahora Italia, cuyas tasas de crecimiento la han situado detrás de Europa durante una década, está siendo obligada a ingerir el mismo y pésimo remedio.
Impulsar el crecimiento exige no solamente políticas monetarias y fiscales más fáciles, sino una continua presión para reformar los mercados laborales y la privatización de compañías públicas ineficientes. También exigirá una coordinación más centralizada de la política fiscal para los diecisiete países de la zona del euro. Sin embargo, la mayoría de ellos todavía le dan largas a la necesidad de implementar las modestas reformas que sus presidentes acordaron introducir en julio.
No hay tiempo que perder. La deuda y el colapso del sistema bancario en Europa este otoño podría fracturar el euro y empujar al planeta hacia una nueva recesión.
12 de septiembre de 2011
10 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

pérdida y esperanza


Pero desde entonces Estados Unidos no ha aprendido más. Basados en pretextos falsos, fuimos empujados a una guerra infundada que ha significado enormes costes en vidas y en dinero. Editorial de The New York Times.
Es doloroso y desconcertante mirar hacia atrás ese día, el abismo que se abrió después de que se derrumbara la segunda torre, cuando no sabíamos nada, excepto que todo estaba en llamas, que un número incalculable de vidas se había perdido y que Lower Manhattan estaba respirando a duras penas en una nube de lo que parecían ser cenizas de Pompeya. Los terribles acontecimientos de esa mañana marcaron una frontera entre uno y otro reino, una frontera que ninguno de nosotros hubiese querido que se cruzara. Todo cambió -eso nos parecía.
Tratamos casi inmediatamente de entender cómo la mañana del 11 de septiembre de 2001 cambiaría nuestro futuro. Diez años después, todavía estamos tratando de entender, mirando hacia atrás y hacia adelante. Simplemente recordar y entristecerse no es suficiente.
Al principio sólo había consternación, tristeza y temor. Pero la noche del día después había algo asombroso en el aire. ¿Lo recordáis? Era un enorme y sincero deseo de cambiar. La gente quería significar más, quería ser llamada a hacer más por el país y la comunidad -más de lo que la vida de todos los días exige, hacer que este absurdo horror significara algo. También había un anhelo público, el deseo de ser absorbido en una obra mayor, reinventar las posibilidades en nuestra vida como país. Había coraje y unidad en las calles de la ciudad y en todo el país, porque todos fuimos testigos de ese punto de inflexión.
Pero desde entonces Estados Unidos no ha aprendido más. Basados en pretextos falsos, fuimos empujados a una guerra infundada que ha significado enormes costes en vidas y en dinero. Nuestra vida cívica ha sido manchada por el aumento de una xenofobia que traiciona nuestros mejores ideales. Mientras nos preparábamos para la guerra, permitimos el debilitamiento de nuestras libertades civiles que son el fundamento de nuestra cultura.
En los días posteriores al 11 de septiembre de 2001, parecía que estábamos en el momento crítico de muchos futuros posibles. Había tanto esperanza como tristeza, tanto amor como indignación, y un poderoso sentimiento de resistencia. Todavía estamos en ese momento con muchos futuros posibles, que son provocados no por lo que nos hicieron esos terroristas en esos cuatro aviones de pasajeros, sino por lo que hemos hecho nosotros en los diez años que han pasado desde entonces. Lamentablemente, como país hemos hecho un mejor trabajo viviendo con nuestros temores que nutriendo el espíritu de comunidad que surgió en esos días.
Todavía estamos aprendiendo de esos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, y, en realidad, diez años es un periodo breve para evaluar las consecuencias de esos atentados. Quizás con el tiempo podremos entender que lo que ocurrió ese día reside en el surgimiento de la compasión y la esperanza que acompañó la consternación y el luto de ese día de septiembre.
11 de septiembre de 2011
10 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

los ricos quieren pagar más impuestos


Algunas de las personas más ricas del planeta están pidiendo que se cobre impuestos más altos a los ricos. Parecen reconocer que el peso de la  desaceleración no puede recaer solamente en los pobres y la clase media. Editorial de The New York Times.
Después de que, el mes pasado, el inversionista multimillonario Warren Buffett instara al Congreso a elevar los impuestos a los millonarios, el llamado se repitió en Europa. Dieciséis de los individuos más ricos de Francia instaron al gobierno a subir sus impuestos. El magnate de la Fórmula Una italiana, Luca di Montezemolo, respaldó públicamente la idea de Buffett "por razones de justicia y solidaridad." Desde 2009, cerca de cincuenta de las personas más ricas de Alemania han estado proponiendo impuestos más altos para los más ricos.
La sugerencia la motiva, sin duda, el afán de justicia: que los muy ricos, que han sobrevivido bastante bien la crisis financiera, deberían contribuir más a las menguadas arcas públicas para reducir los recortes presupuestarios que perjudican a los más vulnerables.
Pero el altruismo no explica completamente por qué los miembros de la elite global de repente se muestran preocupados por prevenir los pronunciados recortes de presupuesto que serán inevitables si los gobiernos no recaudan más dinero. También los mueve lo que algunos podrían llamar un interés propio ilustrado.
Sus murallas pueden ser altas, pero los ricos viven en el mismo mundo que los pobres y la clase media, que han sido golpeados por el desempleo y los recortes en los programas sociales. Cuando en Berlín ardían los Mercedes-Benz y estallaban disturbios en las calles de Londres, los ricos lo estaban viendo por televisión.
Esos países arriesgan más que el malestar social. La austeridad ya está socavando el crecimiento económico a ambos lados del Atlántico. Los recortes en los fondos para la educación, infraestructura y otras necesidades básicas debilitarán durante generaciones la competitividad futura y pondrán en peligro el desempeño económico de los países industrializados.
Históricamente los estadounidenses han estado menos inclinados que los europeos a las explosiones de indignación social, pese a sufrir más pobreza que la mayoría de las otras democracias prósperas. Pero con una tasa de desempleo por encima del nueve por ciento, tasas de pobreza cada vez mayores e ingresos familiares reducidos, la postura anti-impuestos y a favor de los recortes que se ha apoderado de los representantes republicanos deshilachará nuestro tejido social y dilapidará también aquí el capital humano.
Buffett vive en el otro extremo del espectro de los ingresos, en el que el uno por ciento de los contribuyentes estadounidenses -unas 750 mil familias- se embolsan más del veinte por ciento del ingreso nacional. No sorprende que los ricos ilustrados piensen que pagar más impuestos sea una inversión sabia. Los republicanos en el Congreso deben convencerse de esa verdad.
11 de septiembre de 2011
9 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

un nuevo inicio para libia


Pese a que hay motivos para estar optimistas, un inquietante desarrollo son los linchamientos de negros subsaharianos a manos de las milicias rebeldes. Editorial de The New York Times.
Después de 42 años de errática dictadura, no sería realista esperar una transición fluida en los primeros días de la era post-Gadafi. Ha habido escasez de agua y combustible, episodios de venganza popular y luchas de poder entre las fuerzas rebeldes victoriosas. También hay indicios de progreso en los frentes militar, diplomático, económico y político.
Los últimos bastiones del régimen están siendo atacados mientras el coronel Gadafi continúa desaparecido. Gobiernos extranjeros han empezado a liberar miles de millones de dólares de cuentas libias que fueron congeladas durante el conflicto. Se han elaborado planes para convocar a una asamblea constituyente a principios del próximo año. Los técnicos están evaluando los daños causados a los pozos de petróleo y oleoductos que constituyen el 98 por ciento de los recursos anuales del país, aunque restaurar la producción podría demorar meses o incluso más tiempo. Considerando la situación de hace seis meses, existen motivos para ser optimistas.
Sin embargo, el nuevo régimen se enfrenta a numerosos retos. Entre los desarrollos más inquietantes está el brutal trato dado a africanos de piel negra que han sido detenidos por milicianos y las fuerzas de seguridad del nuevo régimen.
La abrumadora mayoría de los africanos subsaharianos que viven en Libia son trabajadores inmigrantes. Dos y medio millones de trabajadores trabajaban en el país antes de la rebelión. Todavía residen allá dos millones. Se cree que el coronel Gadafi contrató a varios miles de africanos para luchar por él en febrero. No está claro cuántos han permanecido a su lado hasta el final. Pero periodistas occidentales en Trípoli no vieron evidencias de mercenarios cuando cayó la ciudad.
Lo que han visto son africanos que han sido detenidos y tratados de manera diferente que los libios que lucharon por el dictador, muchos de los cuales ya están en libertad. Algunos africanos acusados de ser mercenarios fueron linchados después de que los rebeldes capturaran Bengazi en febrero. Para mantener su credibilidad internacional, el gobierno de transición debe liberar a los africanos inocentes y garantizar que los que pelearon por el coronel Gadafi reciban un trato justo.
Todavía queda mucho por hacer en otras áreas. Los milicianos deben ser desarmados o colocados bajo el firme control del gobierno. Las tribus, facciones que representan a diferentes regiones y líderes rebeldes rivales deben reconciliarse y estar representados en el gobierno de transición.
Otros países deberían ayudar con asistencia técnica y dinero hasta que las cuentas libias sean totalmente liberadas y vuelvan a fluir los ingresos por el petróleo. De momento, Qatar y Kuwait han sido generosos, así como Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Países como Alemania y Turquía también han prometido apoyo, pese a que se negaron a participar en los bombardeos aéreos de la OTAN contra las fuerzas del coronel Gadafi.
Los nuevos líderes de Libia pueden estar tentados a desviar los futuros contratos sobre el petróleo libio y otras recompensas económicas hacia los países que más ayudaron en la lucha contra el régimen de Gadafi. Pero deberían resistir esa tentación. La licitación de contratos debería ser abierta y transparente para obtener los mejores beneficios para el pueblo libio. El coronel Gadafi era un maestro en cuanto al uso de la riqueza petrolífera de Libia para forjar alianzas internacionales. Esa es una táctica que sus sucesores no deberían imitar.
[Foto viene del blog iranmonamour.]
10 de septiembre de 2011
9 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

paseos en elefante son cosas del pasado


Los paseos en elefante son una tradición de la Feria del Condado de Los Angeles, pero es una tradición que la feria debería abandonar, tanto en interés de los animales como del público. Editorial de LAT. (En la foto, Rosie, durante una pausa.)
La Feria del Condado de Los Angeles está llena de tradiciones, desde su noria hasta sus fritanguerías. Pero los paseos en elefante son una tradición de la que la feria podría pasar.
La Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos, la organización de bienestar animal más influyente del país, está contra ellos, diciendo que los elefantes son adiestrados para realizar paseos y otras actividades artísticas o recreativas normalmente mediante el uso de la pica y la picana eléctrica. La Asociación de Zoológicos y Acuarios "aconseja vehementemente" a sus organizaciones miembro que cesen los paseos por motivos de seguridad.
Los elefantes en la feria son facilitados por Perris, proveedores de Have Trunk Will Travel, de California, miembro que goza de buena reputación en la asociación. Pero sus fundadores, Kari y Gary Johnson, están tan acostumbrados a las polémicas como sus elefantes. Empleados de la organización People for the Ethical Treatment of Animals, que pidieron a la feria que cancelara los paseos, hicieron circular un video de Animal Defenders International que presuntamente muestra a domadores de Have Trunk Will Travel utilizando picas y picanas eléctricas para obligar a actuar a los elefantes.
En una declaración, los Johnson dijeron que el video fue hecho hace seis años y que había sido manipulado. "Defendemos nuestros cuidados y métodos de adiestramiento", dice la declaración. Kari Johnson confirmó que los domadores usan las picas -"el extremo puntudo es para alejarlos, el extremo curvo para jalarlos hacia ti". Pero defendió los cuidados que brinda su compañía a sus seis elefantes asiáticos, diciendo que eran bien tratados y vivían en un rancho de cuarenta mil metros cuadrados y observando que el proveedor participa en la investigación y conservación de especies en peligro de extinción.
Lo que es más, la compañía ha facilitado elefantes asiáticos a la feria de vez en vez durante veinte años sin incidentes ni evidencias de tratos inhumanos en el terreno, de acuerdo a la portavoz de la feria, Leslie Galerne-Smith.
En nuestra opinión, el video no es relevante aquí. Los zoológicos, incluyendo el Zoológico de Los Angeles, gastan millones de dólares en la creación de elaborados hábitats para los elefantes, que son los mamíferos terrestres más grandes del mundo. Algunos zoológicos han revaluado si sus instalaciones pueden adaptarse suficientemente a las necesidades de los paquidermos. Algunos están implementando una política que prácticamente impide el contacto no protegido entre elefantes y cuidadores, que es considerada más humana y segura para todos. En momentos en que el control de los elefantes cautivos se concentra crecientemente en la conservación y en el bienestar de los animales, transportar a personas en sus lomos está fuera de lugar.
Las organizaciones de bienestar animal, el proveedor de elefantes y los funcionarios de la feria dicen todos que están profundamente preocupados de la conservación de los elefantes. Si eso es verdad, debería haber un modo que permita que la gente -incluyendo a los visitantes de la feria- tenga la posibilidad de ver y aprender sobre estas majestuosas criaturas sin tener que montarse en ellas.
9 de septiembre de 2011
7 de septiembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

la tercerización de refugios animales


Servicios Animales es un servicio básico de la ciudad, y Los Angeles lo brinda razonablemente bien. Pero los recursos son tales que un refugio no abrirá sus puertas a menos a un operador privado se encargue de ello. Editorial de Los Angeles Times.
California, Estados Unidos. Mientras el dinero aflige los recursos de la ciudad, funcionarios de Los Angeles han estado participando en una permanente e importante discusión: ¿Cuáles son las responsabilidades que el ayuntamiento maneja mejor él mismo? ¿Y cuáles son las que el ayuntamiento puede y debería encargar a terceros? Algunas son obvias: el ayuntamiento debe administrar su propio departamento de policía, por ejemplo. Pero otras responsabilidades no son tan obvias.
La última en ser sometida a escrutinio es la gestión de los refugios animales. Hay seis en toda la ciudad que están abiertos al público y que aceptan y dan en adopción a miles de animales perdidos y no deseados. Es el séptimo refugio -en el área del Northeast Valley en Mission Hills- el que está siendo el niño problemático de la ciudad. Construido para ser un refugio totalmente operacional, no ha estado nunca abierto al público. En los tres años que han pasado desde que inició sus operaciones ha albergado a animales enfermos y perros retenidos por razones jurídicas -implicados en casos judiciales.
A principios de año, el ayuntamiento envió una ‘Petición de Información’ buscando a un contratista sin fines de lucro que gestionara el recinto. De acuerdo a funcionarios del ayuntamiento, la respetada organización nacional Best Friends Animal Society fue la única que respondió. El funcionario administrativo de la ciudad, así como funcionarios del Departamento de Servicios Animales de Los Angeles, recomendaron que la organización fuera elegida.
En el contexto de urgencia del ayuntamiento para discernir entre sus competencias básicas y sus operaciones más dispensables, esta propuesta es engañosa. Servicios Animales es un servicio básico del ayuntamiento y Los Angeles lo lleva razonablemente bien, lo que habla a favor de mantener la operación como parte del gobierno de la ciudad. Pero los recursos son tales que este refugio no abrirá sus puertas al público a menos que un operador privado se encargue del servicio.
La idea ha sido criticada por los que dicen que Best Friends fue elegida de manera poco transparente y sin gran participación de la comunidad. Los partidarios de la idea, incluyendo a la directora general de L.A. Animal Services, Brenda Barnette, alegan que el acuerdo representa la mejor posibilidad, que es también la más eficiente desde el punto de vista de los costes, para que el refugio de Mission Hills abra sus puertas al público por primera vez. Barnette y otros funcionarios calculan que si el ayuntamiento administra él mismo el refugio, costaría unos 3.3 millones de dólares al año.
Esa es una razón suficiente para intentarlo. Se espera que el Consejo del Ayuntamiento vote el martes y el acuerdo propuesto por Best Friends ofrece una oportunidad para que el ayuntamiento experimente con un nuevo modelo de asociación pública-privada para entregar un servicio que la ciudad realiza bien pero que, en estos tiempos difíciles, podría necesitar encargarlo a terceros. Si el consejo aprueba el acuerdo, lo que se espera que ocurra, debería comprometer al ayuntamiento a evaluar el éxito de esta aproximación y determinar su aplicabilidad futura. Si el acuerdo funciona a satisfacción del ayuntamiento, podría señalar la ruta para futuras oportunidades de cooperaciones semejantes; si no, el ayuntamiento debe estar preparado para olvidarlo.
9 de septiembre de 2011
16 de agosto de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer