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un nuevo inicio para libia


Pese a que hay motivos para estar optimistas, un inquietante desarrollo son los linchamientos de negros subsaharianos a manos de las milicias rebeldes. Editorial de The New York Times.
Después de 42 años de errática dictadura, no sería realista esperar una transición fluida en los primeros días de la era post-Gadafi. Ha habido escasez de agua y combustible, episodios de venganza popular y luchas de poder entre las fuerzas rebeldes victoriosas. También hay indicios de progreso en los frentes militar, diplomático, económico y político.
Los últimos bastiones del régimen están siendo atacados mientras el coronel Gadafi continúa desaparecido. Gobiernos extranjeros han empezado a liberar miles de millones de dólares de cuentas libias que fueron congeladas durante el conflicto. Se han elaborado planes para convocar a una asamblea constituyente a principios del próximo año. Los técnicos están evaluando los daños causados a los pozos de petróleo y oleoductos que constituyen el 98 por ciento de los recursos anuales del país, aunque restaurar la producción podría demorar meses o incluso más tiempo. Considerando la situación de hace seis meses, existen motivos para ser optimistas.
Sin embargo, el nuevo régimen se enfrenta a numerosos retos. Entre los desarrollos más inquietantes está el brutal trato dado a africanos de piel negra que han sido detenidos por milicianos y las fuerzas de seguridad del nuevo régimen.
La abrumadora mayoría de los africanos subsaharianos que viven en Libia son trabajadores inmigrantes. Dos y medio millones de trabajadores trabajaban en el país antes de la rebelión. Todavía residen allá dos millones. Se cree que el coronel Gadafi contrató a varios miles de africanos para luchar por él en febrero. No está claro cuántos han permanecido a su lado hasta el final. Pero periodistas occidentales en Trípoli no vieron evidencias de mercenarios cuando cayó la ciudad.
Lo que han visto son africanos que han sido detenidos y tratados de manera diferente que los libios que lucharon por el dictador, muchos de los cuales ya están en libertad. Algunos africanos acusados de ser mercenarios fueron linchados después de que los rebeldes capturaran Bengazi en febrero. Para mantener su credibilidad internacional, el gobierno de transición debe liberar a los africanos inocentes y garantizar que los que pelearon por el coronel Gadafi reciban un trato justo.
Todavía queda mucho por hacer en otras áreas. Los milicianos deben ser desarmados o colocados bajo el firme control del gobierno. Las tribus, facciones que representan a diferentes regiones y líderes rebeldes rivales deben reconciliarse y estar representados en el gobierno de transición.
Otros países deberían ayudar con asistencia técnica y dinero hasta que las cuentas libias sean totalmente liberadas y vuelvan a fluir los ingresos por el petróleo. De momento, Qatar y Kuwait han sido generosos, así como Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Países como Alemania y Turquía también han prometido apoyo, pese a que se negaron a participar en los bombardeos aéreos de la OTAN contra las fuerzas del coronel Gadafi.
Los nuevos líderes de Libia pueden estar tentados a desviar los futuros contratos sobre el petróleo libio y otras recompensas económicas hacia los países que más ayudaron en la lucha contra el régimen de Gadafi. Pero deberían resistir esa tentación. La licitación de contratos debería ser abierta y transparente para obtener los mejores beneficios para el pueblo libio. El coronel Gadafi era un maestro en cuanto al uso de la riqueza petrolífera de Libia para forjar alianzas internacionales. Esa es una táctica que sus sucesores no deberían imitar.
[Foto viene del blog iranmonamour.]
10 de septiembre de 2011
9 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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