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opinión

terminemos con la sopa de tiburón


Las poblaciones de tiburones están disminuyendo. California puede ayudar aprobando la prohibición de la aleta de tiburón. Editorial de Los Angeles Times.
La pérdida de una tradición cultural es lamentable, pero la pérdida de una especie es trágica y el trastorno del equilibrio medioambiental de los océanos podría ser catastrófico. Es por eso que un proyecto de ley en California, que prohíbe la posesión y venta de aletas de tiburón, debe ser rescatado de los archivos de la Comisión de Asignaciones del Senado el jueves y ser aprobado por los senadores.
Las poblaciones de tiburón están disminuyendo y cerca de un tercio de las especies de tiburón están en peligro de extinción. Contribuye a esta situación la práctica de la pesca del tiburón en operaciones de pesca de gran envergadura en las que se corta a los tiburones sus preciadas aletas, usadas para la exclusiva sopa de aleta de tiburón, y se arroja el resto del pez al océano, para que muera allí. En el pasado, la onerosa sopa no estaba al alcance de todo el mundo, sino solamente de las familias chinas más ricas, pero la emergencia de la clase media china hizo subir la demanda hasta el punto de que se calcula que setenta millones de tiburones son matados al año solamente por sus aletas.
Algunos chino-estadounidenses se oponen vehementemente al proyecto, diciendo que sería el fin de una tradición de siglos de antigüedad: la de servir sopa de aleta de tiburón en las bodas. Un cuenco de esta sopa es un símbolo de prestigio que cuesta cerca de cien dólares. Otros apoyan incondicionalmente el proyecto -uno de los patrocinadores es el representante demócrata Paul Fong (Sunnyvale), que es de origen chino-, señalando que hay muchos modos de homenajear a los invitados de una boda con delicias prestigiosas.
Pese a las afirmaciones de sus detractores, el proyecto no es discriminatorio. La tradición merece respeto, pero a veces las costumbres deben acatar imperativos medioambientales, que en este caso es permitir que las poblaciones de tiburón vuelvan a niveles más sanos. La carne de ballena fue consumida históricamente por Japón, pero es ilegal vender esta carne en este país. En Hong Kong, en un importante centro comercial de aletas de tiburón, una encuesta a principios de año constató que sólo cerca del viente por ciento de los habitantes creen que sería inaceptable omitir la sopa en las bodas.
Como importantes depredadores del océano, los tiburones ayudan a mantener el equilibrio del ecosistema marino. Producen relativamente pocas crías y demoran en madurar; sus poblaciones no se recuperan rápidamente. La práctica de cercenar las aletas del tiburón ya es ilegal en aguas territoriales de Estados Unidos, la Unión Europea y muchos otros países, pero es común en aguas internacionales. Obviamente, una prohibición a nivel de estado no pondrá fin a la pesca de tiburones, pero haría una importante diferencia. Fuera de China, California es el mercado más grande del mundo para aletas de tiburón.
El proyecto AB 376 se ha inspirado en la prohibición en Hawai que se convirtió en ley el año pasado; Oregon y Washington aprobaron prohibiciones este año. Los líderes de la legislatura en California, durante largo tiempo a la vanguardia en el fomento del medio ambiente marino, no deberían perder esta oportunidad de proteger los océanos.
19 de septiembre de 2011
25 de agosto de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

impunidad en rusia


Cinco años después de que la periodista rusa Anna Politkovskaya fuera brutalmente acribillada, todavía no hay nadie condenado por su asesinato. Editorial del NYT.
En 2009, la fiscalía estropeó feamente el juicio del presunto centinela, del chofer que facilitó la fuga y otro participante. Todos fueron absueltos, y la Corte Suprema rusa ordenó un nuevo juicio. En junio, la policía arrestó a un hombre del que dicen que fue el pistolero y, el mes pasado, el ex director del departamento de asuntos internos de Moscú fue acusado de entregar datos de la vigilancia y el arma utilizada en el asesinato. Esperamos que el poder judicial haga su trabajo, pero no estamos optimistas. Entretanto, el cerebro o cerebros del asesinato siguen prófugos.
Desgraciadamente, esta es la norma en Rusia donde, desde 1992, los periodistas asesinados suman 52. Dieciocho de esos casos no han sido todavía resueltos. Otros numerosos periodistas han sido golpeados, acosados, amenazados o encarcelados después de denunciar delitos cometidos por hombres de negocios, funcionarios de gobierno y jefes militares.
Politkovskaya era conocida por sus recios reportajes sobre violaciones a los derechos humanos en Chechenia. Su último artículo, publicado después de su muerte, describía la tortura de civiles a manos de tropas leales al líder checheno respaldado por el Kremlin. Novaya Gazeta, el raro diario ruso independiente donde trabajaba, sigue publicando osados reportajes.
En la época de su asesinato, Vladimir Putin -ahora primer ministro, entonces presidente- desechó sus reportajes como "insignificantes" y dijo que nadie que trabajada como  "funcionario" podría posiblemente haber organizado ese asesinato que, dijo, fue cometido para "crear una ola de sentimientos anti-rusos." Para muchos rusos, eso sonó como una orden superior para que policías, jueces o fiscales no acusaran a nadie en el poder.
Cinco años después, la incapacidad de encontrar a sus asesinos es un vergonzoso recordatorio de la debilidad de la democracia rusa y la corrupción de su sistema político. Nadie lo olvidará.
18 de septiembre de 2011
13 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

sellar la frontera no soluciona nada


Cuando los candidatos presidenciales republicanos piensan en la inmigración sólo se les ocurre sellar las fronteras. Editorial del NYT.
Estados Unidos es el hogar de once millones de inmigrantes ilegales. Los indocumentados tienen trabajo, tienen hijos, pagan impuestos, usan servicios públicos, y viven a menudo con temor. ¿Qué hacer con ellos? Es una pregunta difícil, y que en las dos últimas décadas los candidatos republicanos hicieron todo lo posible por evitar.
A diferencia de Ronald Reagan, ninguno de esos republicanos favorece la "amnistía" y la comprehensiva solución del presidente George W. Bush -control más estricto y legalización, con multas- no ha llevado a ninguna parte. La respuesta del presidente Obama es la reforma comprehensiva, lo que quiere decir que ningún republicano se atreve a apoyarla.
Interrogados sobre los inmigrantes ilegales, los candidatos se conformaron con la respuesta que suena más simple: sellar las fronteras. ¿Qué hacer con los inmigrantes que ya están aquí? La misma respuesta: sellar la frontera. Esta fue tanto una no-respuesta como un llamado a destinar miles de millones al gasto público, lo que resulta muy extraño de oír en boca de políticos que también están decididos a reducir drásticamente incluso los servicios públicos más básicos en cuanto tengan la oportunidad. El llamado a cerrar las fronteras no sólo no es ninguna solución, sino además tergiversa de manera cínica lo que está pasando en el terreno. Describe de manera errónea la región fronteriza como un lugar peligroso cuando las ciudades fronterizas estadounidenses se encuentran entre las más seguras del país. También ignora el hecho de que los presidentes Bush y Obama ya han gastado años y miles de millones de dólares en el muro fronterizo, en más agentes para la Patrulla Fronteriza y tropas para la Guardia Nacional, más aviones de espionaje, incluso más sensores sísmicos.
En cuanto a gastar miles de millones de dólares más para contener la "invasión", la verdad es que las entradas ilegales están en su punto más bajo en décadas, debido al muro y al terrible estado de la economía.
Estábamos esperando que Mitt Romney, de Massachusetts; Rick Perry, de Texas; y Jon Huntsman, de Utah, ofrecieran al menos algunas soluciones sensibles, ya que tuvieron que enfrentarse a la realidad de la inmigración en sus años como gobernadores. Pero está claro que la realidad no está en la agenda.
Romney ha entrado y salido de prácticamente todas las posiciones posibles sobre la inmigración. Respaldó el llamado del presidente Bush a crear una ruta hacia la ciudadanía, pero cuando los senadores  John McCain y Edward Kennedy presentaron un proyecto de ley para hacer precisamente eso, se opuso. Como gobernador, bloqueó la matrícula de residentes para estudiantes indocumentados. Ahora se opone a la "amnistía", rechaza el "acuerdo especial" sobre la legalización y apoya construir un muro, "tecnológicamente."
Perry sostiene que levantar un muro a lo largo de los dos mil kilómetros que tiene la frontera de Texas es demasiado caro. En lugar de eso, prefiere más tropas y más aviones espía. Huntsman, que en el pasado apoyó la reforma comprehensiva y otorgar licencias de conducir a los indocumentados, calificó el escepticismo de Perry sobre el muro como "prácticamente una opinión traicionera."
Perry también fue atacado por firmar un proyecto de ley para otorgar matrículas de residente a los indocumentados. "Estoy orgulloso de que tengamos a esas personas que son miembros contribuyentes de nuestra sociedad, antes que decirles: "Ahora vivirán con el subsidio de desempleo", explicó.  Lo abuchearon.
Pero incluso esta afirmación de un viejo ideal estadounidense -el de los inmigrantes como miembros contribuyentes de la sociedad- fue sólo un lejano eco de la anterior moderación de Perry. En 2001, dijo al Dallas Morning News que le "intrigaba" y estaba "abierto" a la reforma comprehensiva del presidente Bush. Un plan de legalización, dijo entonces, era mejor que "los inmigrantes ilegales vivan con miedo de la ley y temerosos de acercarse a los servicios públicos básicos." Esa es la definición de una política de inmigración sensible y pro-estadounidense. Hoy, es también una herejía republicana.
17 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

eua tiene 46.2 millones de pobres


Las últimas estadísticas entregan un panorama devastador para Estados Unidos: 46.2 millones de personas (de un total de 308 millones) viven en la pobreza. (NYT)
Las últimas cifras de la Oficina del Censo muestran los devastadores costes de la recesión y por qué poner a trabajar de nuevo a los estadounidenses debe ser la principal prioridad de Washington.
La oficina informó el martes que el número de personas que viven en la pobreza aumentó con 2.6 millones de personas entre 2009 y 2010, para llegar a 46.2 millones. Eso equivale al escandaloso porcentaje del 15.1 por ciento, el más alto desde 1993.
La clase media también está sufriendo. El año pasado, el ingreso de una familia estadounidense típica cayó en un 2.3 por ciento a 49 mil 445 dólares -la tercera baja anual consecutiva-, rematando una década perdida de ingresos estancados. El ingreso medio familiar anual cayó a su nivel más bajo desde 1996 -tres mil 800 dólares menos que en su punto álgido en 1999.
Las cifras sobre la pobreza son todavía más sombrías para las minorías. De acuerdo a la oficina, el 26.6 por ciento de las familias hispanas y el 27.4 por ciento de las familias negras estaban el año pasado por debajo de la línea de la pobreza, en comparación con el trece por ciento de las familias blancas. Casi un tercio de las familias encabezadas por una madre soltera estaba por debajo de la línea de la pobreza, mientras que el 22 por ciento de los niños vivían en la pobreza.
Los niveles de pobreza son incluso los peores en la historia. El gobierno considera que una familia de cuatro miembros es pobre si en 2010 ganaba menos de 22 mil 314 dólares -cerca del 30 por ciento del ingreso familiar medio. La línea de pobreza original, introducida en los años sesenta, consistía en casi un 50 por ciento de ingresos medios. Usando esa fórmula, el 22 por ciento de los estadounidenses son ahora pobres, casi el mismo porcentaje que hace medio siglo.
Estas cifras deberían empujar a Washington a tratar la verdadera crisis económica. El déficit también debe ser tratado. Pero ahora mismo el problema es que hay muy poco trabajo, no que el gobierno esté gastando mucho. En realidad, los programas de la red de seguridad -tan a menudo ridiculizada por los republicanos- es todo lo que hay para impedir que millones de personas caigan en la más completa desesperación. Los cupones de alimentación ayudaron a alimentar en 2010 a 40 millones de familias estadounidenses, 50 por ciento más que en 2007. Cortar esos gastos ahora sólo dejaría a más personas sin trabajo y empujaría a más familias por debajo de la línea de pobreza.
Demoró demasiado, pero ahora el presidente Obama está tomando la iniciativa. Sus nuevas propuestas para extender el seguro de desempleo para millones de personas, invertir en obras públicas y dar incentivos a los empleadores que contraten a más personal debería resultar en más empleos y ayudar a los desempleados a llegar a fin de mes. Los republicanos en el Congreso, como era previsible, se están quejando de los costes y de los mayores impuestos que deberían pagar los más ricos.
Con 14 millones de estadounidenses en el paro y 46 millones viviendo en la pobreza, el verdadero coste humano de una política de obstrucción e inacción es innegable e inexcusable.
17 de septiembre de 2011
13 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

resistir o caer juntos


Para salvar al euro los presidentes europeos deben poner más dinero sobre la mesa, y desprenderse de viejas ideas. Editorial de The New York Times.
Los presidentes europeos han empezado al fin a acercarse, vacilante y reluctantemente, a la única solución realista de la deuda del continente y la crisis bancaria: refinanciar la deuda fiscal impagable y acudir en ayuda de los bancos en dificultades. Si su unión política y monetaria debe sobrevivir, sus miembros deben empezar a actuar más como una unión y menos como una colección de celosos estados soberanos.
A menos que convenzan rápidamente a los mercados bursátiles y de bonos de que están verdaderamente dispuestos a resistir juntos, Europa corre el riesgo de entrar en una espiral de desastres, incluyendo una bancarrota griega y la quiebra de uno o más bancos debilitados por la deuda. Si las cosas se ponen suficientemente mal, la zona euro podría fracturarse, y eso podría conducir a la fractura de toda la Unión Europea.
Estados Unidos no libraría ileso. El derrumbe en Europa podría socavar la confianza en los mercados globales y reducir la demanda de las exportaciones estadounidenses cuando Washington está luchando por evitar una segunda recesión.
El presidente Obama y sus asesores deben seguir haciendo declaraciones públicas optimistas para evitar que los mercados sigan asustándose. Pero esperamos que el secretario de Hacienda, Timothy Geithner -que viaja por segunda vez a Europa en menos de una semana- sea franco en las reuniones a puertas cerradas en cuanto a que no hay tiempo que perder.
Lo que se necesita con suma urgencia es una demostración de que Europa prestará todo lo que sea necesario a los países deudores y a los bancos debilitados que se encuentran excluidos de los mercados crediticios privados. Ese se suponía que debía ser el trabajo de un nuevo y reforzado fondo de rescate, pero todos los diecisiete países de la zona euro deben todavía aprobarlo formalmente. De momento, los préstamos deben seguir proviniendo del Banco Central Europeo.
Los políticos alemanes, felices de embolsarse los numerosos beneficios que deriva Alemania de una Europa económicamente unida, están objetando los crecientes costes. Con Grecia hundiéndose, el pánico extendiéndose y los bancos -incluyendo los alemanes- sacudidos por las pérdidas de una política de préstamos descuidada en el pasado, es demasiado tarde para eso. Si la canciller Angela Merkel dice la verdad cuando declara que debemos apoyar al euro, debe hacer frente a estas críticas.
Europa también necesita repensar sus exigencias de una austeridad punitiva como precio de los préstamos de rescate. Atenas debe recortar su burocracia, mejorar la recaudación de impuestos y liberalizar sus mercados laborales. Pero Grecia no podrá nunca subsanar su deuda si su economía sigue encogiéndose.
Lo que ayudaría ahora mucho más sería que Alemania, el centro neurálgico de la economía europea, redujera temporalmente los impuestos. Eso aumentaría la demanda interna y las importaciones, incluyendo las de Grecia y otros países endeudados que necesitan encontrar nuevos mercados. Pero temiendo los fantasmas de la inflación en el pasado más que la propagación de su depresión actual, Alemania se resiste.
Una solución duradera también exigirá reestructurar las deudas impagables rebajando las tasas de interés y extendiendo los vencimientos. Los bonos comunes europeos, que aprovechan las tasas de interés más bajas disponibles para Europa como un todo, deberían ser parte de la estrategia.
Eso es más unidad europea de lo que los ricos países de Europa del Norte quieren. Pero la verdad es que nada menos podrá sacar a Europa del embrollo.
17 de septiembre de 2011
15 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

ser negro en la libia rebelde


Fuerzas rebeldes han llevado a cabo campañas racistas contra libios negros y africanos subsaharianos desde que empezó la rebelión. Las nuevas autoridades libias han hecho poco o nada por detener las masacres.
[Leila Fadel] Trípoli, Libia. Vivienne miró a través de los barrotes de su celda en una cárcel de Trípoli donde las autoridades rebeldes la han mantenido durante cinco días. Es una más de un grupo de noventa inmigrantes nigerianos que fueron detenidos durante la batalla final aquí el mes pasado contra las tropas de Muamar Gadafi, acusada de posesión de armas y de matar a libios.
Vivienne dice que su único delito es su piel negra.
"Piensan que porque somos negros, estamos peleando por Gadafi", dijo esta semana, temerosa de decir cómo se llama. "Nos estábamos escondiendo. Teníamos miedo. Se oían tiros y estallidos de bombas." A su alrededor, otras mujeres -peluqueras, criadas, una embarazada- contaron la misma historia.
Desde que empezara la rebelión contra el gobierno de cuarenta y dos años de Gadafi en febrero pasado, muchos libios de piel oscura y africanos sub-saharianos temen por sus vidas. Han sido arrestados y asesinados, dicen, debido a la creencia de que están coludidos en el autocrático gobernante, que es acusado de utilizar a mercenarios africanos extranjeros para abatir a sus opositores y contaba con los libios negros como sus partidarios más incondicionales.
 De acuerdo a Refugees International, se calcula que más de un millón y medio de africanos sub-saharianos trabajan en Libia, un país de seis y medio millones de habitantes, la mayoría de ellos como jornaleros en trabajos mal pagados. La Organización Internacional para las Migraciones informó que ha evacuado de la capital a cerca de mil cuatrocientos inmigrantes y que otros ochocientos se han refugiado en el puerto pesquero de Janzour, al oeste de la ciudad.

Expulsados de Sus Casas
En un campamento improvisado en el puerto, los inmigrantes duermen envueltos en sábanas debajo de destartaladas embarcaciones y cocinan con fogatas en ollas de aluminio. Algunos dijeron que fueron sacados de sus casas a punta de pistola. Otros dijeron que huyeron cuando perdieron a parientes o se enteraron de que algunos amigos habían sido asesinados. Sin dinero, dicen, no quieren volver a casa, aunque creen que tampoco no se pueden quedar en Libia.
Peter Bouckaert, director de emergencias de Human Rights Watch, dijo que en la capital se cometieron actos violentos contra africanos sub-saharianos y libios negros durante toda la rebelión, y agregó que su organización había confirmado que Gadafi había usado a mercenarios extranjeros. Agregó que la persecución continuaba.
"Se trata de una violencia racista contra toda la gente de piel oscura", dijo Bouckaert. "En Trípoli, la situación de los africanos es muy grave."
Terminar con el racismo que alcanzó un punto crítico durante la rebelión es uno de los grandes retos a los que se enfrentan las nuevas autoridades rebeldes libias en momentos en que busca reemplazar al represivo régimen de Gadafi por una democracia transparente y responsable.
El rebelde Consejo Nacional de Transición ha llamado a la moderación y a poner fin a los ataques por venganza, pero mientras lucha por hacerse con el control del país, no ha hecho demasiado para poner freno a la persecución racial.
El viernes noche, tropas leales a la nueva autoridad libia lanzaron ofensivas militares contra dos de los últimos bastiones de Gadafi, de acuerdo a combatientes cuyos familiares estaban participando en el asalto. Los combates estallaron en las afueras de Sirte, a 480 kilómetros al este de Trípoli, y los combatientes entraron a la ciudad de Bani Walid, a 154 kilómetros al sudeste de la capital, donde se cree que se esconden tres hijos de Gadafi. Las ofensivas empezaron un día antes de que terminara el plazo impuesto por los rebeldes para que se entregaran las ciudades.
Entretanto, en Janzour las familias de inmigrantes duermen sobre colchones infectados de chinches. Antes de que las organizaciones de ayuda humanitaria empezaran a distribuir agua fresca y ayuda médica, bebían el agua del mar donde se aseaban. Las mujeres viven con miedo a ser violadas.
"Tienen que ser trasladadas a algún lugar donde estén seguras", dijo en Trípoli Niklas Bergstrans, el encargado de comunicaciones de Médicos sin Fronteras. "Es desalentador. No hemos visto ninguna acción concreta de parte del Consejo Nacional de Transición ni de otras organizaciones internacionales."
El viernes, Edobar Igwe, 27, estaba sentado a la sombra de una lancha pesquera. Lleva más de un mes durmiendo en el campamento de Janzour, después de llegar ahí huyendo de Misurata, a 210 kilómetros al este de Trípoli, cuando hombres armados llegaron a su casa y mataron a su novia, dijo.
Los habitantes de Misurata se muestran particularmente vengativos con los libios negros e inmigrantes africanos debido al uso como base, por parte de Gadafi, de la vecina ciudad predominantemente negra de Tawargha durante la larga batalla por la ciudad esta primavera. Muchas de sus mujeres, dicen, fueron violadas por vecinos de Tawargha y fuerzas gadafistas. Ahora Tawargha está abandonada. Los misuratanos dicen que si sus habitantes volvieran, serían probablemente golpeados o asesinados.
Igwe huyó hacia la capital y se ocultó hasta que oyó que Janzour era "un lugar seguro para los negros." Albañil nigeriano, llegó a Libia hace tres años, buscando trabajo.
"No me puedo quedar, y no puedo volver porque no tengo dinero", dijo. "Los rebeldes me robaron siete mil dólares. Nos atacan con armas de fuego si nos ven en la calle. Debido a la guerra, piensan que somos los que vinieron a pelear contra ellos. Pero yo no tengo armas."

En la Cárcel
Encarcelada en Trípoli, Aisha Mohammed tiraba los barrotes de su celda. Ella y otras diez mujeres -de Chad, Mali y Nigeria, países donde se dice que Gadafi contrataba mercenarios- fueron detenidas por su propia protección, dijeron los combatientes rebeldes. De los 323 detenidos que hay allí, 188 son inmigrantes africanos, retenidos aparte por temor a que puedan portar enfermedades infecciosas, dijeron los gendarmes.
"Nos tratan como animales. Tú te tapas la nariz cuando traes la comida", le gritó Mohammed al gendarme. "No somos animales. Sólo queremos volver a casa."
La peluquera dijo que fue detenida cuando se dirigía a una tienda y lleva dieciocho días en la cárcel.
Mohammed al Dhamoudi, el alcaide de la cárcel, desechó las acusaciones de las mujeres de que eran maltratadas, mostrando la clínica y las provisiones de alimentos. "Aquí las tratamos bien, y si no hicieron nada, las dejaremos marcharse", dijo. "Las enviaremos a sus países de origen, si Dios quiere."
Las autoridades todavía tienen que instalar un sistema judicial para procesar a los detenidos, aunque ahora necesitan órdenes de detención.
"Lo que realmente falta es un proceso judicial que distinga de manera inmediata, rápida, con una investigación imparcial y un juicio, entre las personas desafortunadas que fueron detenidas debido al color de su piel o a su condición y las que cometieron atrocidades", dijo Salah Barghani, abogado de derechos humanos que trabaja con los detenidos. "Más del cincuenta por ciento de estas personas deberían ser liberadas. No pueden ser todos mercenarios."
15 de septiembre de 2011
9 de septiembre de 2011
©washington post
cc traducción c. lísperguer

a 75 años de la guerra civil española


Los sueños, el hambre y la guerra.
[Jack Fuchs] Los 75 años que han pasado desde el inicio de la Guerra Civil Española me hacen reflexionar, aunque se mezclan en mi mente los recuerdos de lo vivido en aquella época en que era adolescente, mi mirada de entonces con mis vivencias unos años después, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, y lo que sugiere el mundo en el que vivimos hoy. A mediados de los años ’30, yo vivía lejos de España, en mi Polonia natal, pero los acontecimientos me conmocionaban.
Yo siempre percibí la Guerra Civil Española como una especie de antesala de la guerra mundial. Allí, el ejército alemán probó sus nuevas armas y prestó ayuda al que, en un futuro no muy lejano, sería el dictador de España Francisco Franco. Ante tales movimientos, ningún país (excepto la Italia de Mussolini, con un régimen fascista como el que intentaba instalar Franco) intervino en la Guerra Civil Española por miedo a la declaración de una nueva guerra por parte de Alemania.
En las Brigadas Internacionales que lucharon apoyando a los republicanos españoles se congregaron hombres de 54 nacionalidades distintas. La nacionalidad más numerosa era la francesa, con una cifra cercana a los 10.000 hombres, buena parte de ellos de la zona de París. La mayoría no eran soldados, sino trabajadores reclutados por los partidos comunistas voluntariamente o veteranos de la Primera Guerra Mundial. Entre las demás, estaban también los norteamericanos, integrando la llamada Brigada Abraham Lincoln. Se trataba de una organización de voluntarios que se integraron a unidades de las Brigadas Internacionales, en apoyo de la República Española. Gran parte de sus integrantes eran miembros del Partido Comunista de los Estados Unidos o de otras organizaciones obreras socialistas. La Unión Internacional y la URSS enviaron asimismo hombres a luchar contra el franquismo. La diferencia era que estos últimos eran mandados oficialmente por el gobierno central.
En aquellos tiempos, yo tenía 14 años y vendía estampillas en Lodz para ayudar a los republicanos en su lucha. Para nosotros, con nuestra formación socialista, en mi caso pertenecía al Bund (Partido Socialdemócrata judío de Polonia), el gobierno republicano representaba claramente a la clase obrera y luchaba por la justicia social, por un mundo en paz, de fraternidad entre los hombres. Era lo que habíamos aprendido: debíamos ayudar al gobierno que representaba la lucha contra el fascismo de Franco, Mussolini y de Hitler.
En esos años, más precisamente en 1939, mientras Alemania firmaba el pacto Ribbentrop-Molotov, una paz artificial que todos sabían duraría poco, muchos jóvenes judíos de hogares muy practicantes decidían ir de Polonia a luchar a España en apoyo de los republicanos, cosa completamente incomprensible para sus padres y abuelos, para quienes, por otra parte, España constituía un territorio prohibido para los judíos a partir de la Inquisición en 1492. El gobierno polaco no permitió la salida de aquellos que deseaban ir a luchar a España, pero, a pesar de ello, muchos viajaron clandestinamente.
En los mismos años, sucedían matanzas terribles en la entonces URSS. Numerosos comunistas que habían escapado de Polonia cuando allí se prohibió la existencia de su partido habían sido recibidos con todos los honores en Moscú. Luego de un par de años, fueron juzgados, declarados espías y finalmente asesinados. Todo ello ocurría mientras también se producían los enfrentamientos y los miles de muertos en España.
En 1941, luego de la invasión de Rusia a Polonia, y con Alemania ocupando la otra mitad del país, dos líderes del partido socialista Bund son ejecutados por los rusos, acusados de haber sido espías nazis.
Todos los recuerdos me brotan, desordenados. Fechas, hechos, vivencias que bombardean mi cabeza ya anciana. En todo este caos encuentro un hilo conductor: la crueldad del hombre, su ensañamiento con él mismo. Ello no me tranquiliza. Todo lo contrario, me confunde cada día más. Trato de entender las diferencias entre las revoluciones, las guerras civiles. Sé que hay personas que se dedican a clasificar los hechos históricos, a ponerles nombres a los distintos conflictos humanos. Esa tarea se las dejo a ellos. Yo me resisto a creer que se pueden explicar las guerras, las matanzas y las crueldades. Las justificaciones siempre me incomodaron.
Empiezo a darme cuenta, a los 87 años, de que lo que extraño de mi infancia y mis primeros años de adolescencia es el sueño de un mundo sin guerras, un mundo de libertad, sin fronteras, sin hambre. Todo eso se esfumó y contemplo cómo nuestra civilización, mientras sigue avanzando científica y tecnológicamente, no ha podido resolver problemas básicos como el hambre y las guerras. Me asusta afirmar que, después de la Segunda Guerra Mundial, casi nada cambió. Las muertes en guerras civiles, revoluciones y conflictos entre países no cesaron. Los nacionalismos y los distintos tipos de discriminación se multiplican, brotan, y, ante ello, la humanidad no parece sorprenderse. Siempre excusas para matar, siempre guerras dentro de otras guerras, "justificadas" por los hombres en nombre de ideologías.
Cada vez hay más fronteras. Cada vez hay más conflictos. Todo parece demostrarme que mi sueño adolescente se apagó.
[El autor es escritor y pedagogo. Sobreviviente de Auschwitz.]
14 de septiembre de 2011
©página 12

el estado palestino


El único modo de impedir la votación en Naciones Unidas es presentar una mejor solución. Editorial de The New York Times.
Una votación en Naciones Unidas sobre la incorporación de Palestina podría ser un desastre. Sin embargo, pese al poco tiempo que queda para que se reúna la Asamblea General de Naciones Unidas, Estados Unidos, Israel y Europa no han mostrado suficiente sentido de urgencia, ni audacia, para tratar de encontrar una solución de compromiso. La necesidad de acción es incluso más apremiante después de que, en los últimos días, estallaran alarmantes tensiones entre Israel y dos importantes actores regionales: Egipto y Turquía.
La semana pasada, Estados Unidos hizo un desganado esfuerzo para que los palestinos renunciaran a la votación a cambio de nuevas conversaciones de paz. El tono no convenció. El presidente palestino, Mahmoud Abbas, dijo que los estadounidenses no hicieron ninguna propuesta concreta. "Para ser franco, llegaron demasiado tarde", dijo. Su frustración es comprensible. Desde que asumiera el presidente Obama, las únicas negociaciones directas entre el primer ministro Benjamin Netanyahu, de Israel, y Abbas, en septiembre de 2010, duraron apenas dos semanas.
Las dos partes comparten la culpa con Obama y los líderes árabes, aunque la mayor responsabilidad recae sobre Netanyahu, que ha usado cualquier excusa para torpedear los esfuerzos de paz. Pero la mejor ruta hacia el reconocimiento de un estado palestino siguen siendo las negociaciones.
Estados Unidos y sus asociados del Cuarteto (la Unión Europea, Naciones Unidas y Rusia) deberían poner un mapa y un acuerdo sobre la mesa, con un cronograma para concluir las negociaciones y una votación formal sobre el estado palestino en Naciones Unidas. El aspecto básico: un estado palestino basado en sus fronteras previas a 1967 con canjes de tierras acordados mutuamente y garantías para la seguridad de Israel. El Consejo de Seguridad y la Liga Árabe deben apoyar cualquier plan con todas sus fuerzas.
Para que los palestinos sean admitidos plenamente en Naciones Unidas, deben contar con la aprobación del Consejo de Seguridad. El gobierno ha declarado que vetará toda resolución en ese sentido, asegurando así un mayor aislamiento de Israel y del propio Washington. Si el Consejo de Seguridad no aprueba la admisión, los palestinos han dicho que solicitarán a la Asamblea General la condición de observador mejorado como estado no miembro. Incluso la más modesta votación de la Asamblea General, que los palestinos ganarán con toda certeza, les allanará el camino para incorporarse a decenas de organismos y convenios y fortalecerá su capacidad de iniciar acusaciones contra Israel en el Tribunal Penal Internacional. Pero Israel seguirá controlando territorios palestinos, lo que provocará su descontento después de la euforia inicial.
El Congreso ha amenazado con cortar su ayuda de millones de dólares a la Autoridad Palestina si insiste en una votación en Naciones Unidas. En lugar de amenazar a los palestinos, el Congreso debería presionar a Netanyahu para que vuelva a la mesa de negociaciones.
Israel ha dicho que cortará millones de dólares en transferencias de remesas a la autoridad. Esas medidas contraproducentes podrían provocar la caída de los líderes palestinos más moderados, dar mayor poder a Hamas y hacer trizas la vital cooperación en seguridad entre Israel y la autoridad.
Es asombroso que a esta altura del partido, Estados Unidos y Europa siguen divididos sobre algunos aspectos de la propuesta de negociaciones de paz, como la exigencia de Israel de que se lo reconozca como un estado judío.
Obama en particular necesita mostrar un liderazgo más firme presionando a Netanyahu y Abbas para que reanuden las negociaciones. Si se llega a votar en Naciones Unidas, Washington y sus aliados tendrán que limitar los daños, lo que incluirá continuar el financiamiento de la Autoridad Palestina.
[La foto proviene de marxism.org]
14 de septiembre de 2011
11 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer