Blogia
mQh

opinión

gadafi es el siguiente


Tras el asesinato de bin Laden, el siguiente en la lista negra de Obama es el coronel Gadafi.
[Pepe Escobar] Empecemos invocando a Dante, un símbolo cultural occidental: "Abandonad toda esperanza los que entráis aquí", porque al derecho internacional tal como lo conocemos le han dado una puñalada mortal en su corazón. El nuevo darwinismo sociopolítico implica el neo-colonialismo humanitario, asesinatos selectivos -ejecuciones extrajudiciales- y bombardeos desde aviones no tripulados, ejecutados todos en nombre de una remozada carga del hombre blanco.
En el torbellino de mentiras e hipocresía que rodea el asesinato de Osama bin Laden, el hecho clave más relevante para la justicia es cómo un hombre desarmado, con el nombre en clave de "Gerónimo", fue capturado vivo y luego ejecutado sumariamente frente a una de sus hijas después de una rápida invasión de un país en teoría soberano.
En cuanto a la empantanada guerra emprendida por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Libia, el hecho es que la opinión pública occidental fue alimentada con un ataque militar contra un país soberano que no ha violado ninguno de los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Se trata de un lobo -el neo-colonialismo- disfrazado de oveja -la guerra humanitaria.
En el centro del asunto está el concepto mismo del derecho internacional, adoptado por todas las naciones "civilizadas", así como qué constituye una guerra justa. Sin embargo, para las elites occidentales gobernantes esto es apenas un detalle; no ha habido ningún debate de alto nivel sobre las implicaciones de una guerra de la OTAN justificada por Naciones Unidas, cuyo fin último, y no formulado, es el cambio de gobierno en Libia.

Darwinismo de Gatillo Rápido
La sucia operación en África del Norte se revela a sí misma como incluso más sucia cuando se demuestra que la guerra contra Libia fue conceptualizada inicialmente por dudosos intereses franceses; que Arabia Saudí entregó un voto falso de la Liga Árabe a favor de Estados Unidos porque quiere deshacerse de Muamar Gadafi y al mismo tiempo tener la mano libre para aplastar las protestas en pro de la democracia en Bahrain; que Libia ofrece la posibilidad perfecta para que el Africom del Pentágono tenga una base en África; que un grupo de nada respetables rebeldes secuestraron las protestas legítimas, con desertores de Gadafi, yihadistas asociados a al Qaeda y exiliados reclutados por la CIA, como el general Khalifa Hifter, que ha vivido en Virginia durante los últimos veinte años.
Las cosas se han puesto todavía más sucias cuando el 19 de marzo las elites financieras de Washington, Londres y París autorizaron al Banco Central de Bengasi a tener su propia política monetaria, aunque dictada por Occidente, a diferencia del banco nacional libio, completamente independiente y estatal, en Trípoli. Gadafi quería deshacerse tanto del dólar estadounidense como del euro, un cambio hacia el dinar de oro como la moneda común africana, y muchos gobiernos ya lo habían aceptado.
La guerra contra Libia ha sido explicada globalmente con el eslogan R2P -Responsabilidad de Proteger-, un ‘nuevo’ concepto del imperialismo humanitario que fue blandido con deleite por tres porristas de Amazon: la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton; la embajadora norteamericana ante Naciones Unidas, Susan Rice; y la asesora presidencial Samantha Power.
Varios países del mundo en desarrollo -la verdadera comunidad internacional, y no esa ficción en las páginas de los diarios tradicionales de Occidente- lo vieron como lo que es: el fin del concepto de soberanía nacional, como en la ingeniosa reformulación que oblitera el Artículo 2, Sección 1 original de la Carta de las Naciones Unidas sobre el principio de la igualdad entre estados soberanos.
Constataron que los que deciden sobre la R2P son exclusivamente Washington y un puñado de capitales europeas. Constataron que Libia ha sido bombardeada por la OTAN -pero no Bahrain, ni Yemen ni Siria. Constataron que los que deciden no hicieron ningún esfuerzo en absoluto para negociar una tregua en Libia -desdeñando los planes de Turquía y la Unión Africana (AU).
Y, por supuesto, Moscú y Pekín descubrieron que podrían invocar la R2P en caso de disturbios en el Tíbet y en Xinjiang, y el siguiente paso podría ser enviar tropas de la OTAN a territorio chino. Lo mismo se aplica al caso de Chechenia, con el adicional factor de hipocresía occidental, pues los chechenos han sido armados por la OTAN durante años, a través de redes asociadas a al Qaeda en Asia Central y el Caúcaso.
A largo plazo, incluso los políticos sudamericanos pueden invocar la R2P para solicitar una intervención ‘humanitaria’ de la OTAN en Venezuela o Bolivia.
Este es pues el nuevo significado del derecho internacional: Washington, vía Africom o la OTAN, interviene cuando quiere, con o sin una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, amparándose en la R2P y el resto del mundo guarda silencio sobre los daños colaterales para bombardear a un gobierno mientras niega al mismo tiempo que su objetivo es un cambio de régimen y no ayudar a los refugiados en pateras que ya se encuentran en el Mediterráneo.
En cuanto a por qué Gadafi recibe patadas mientras los califas de Bahrain, Saleh en Yemen y Bashar al-Assad en Siria siguen gobernando inmutables, la respuesta es simple: no eres un dictador malvado si eres uno de "nuestros" cabrones, vale decir, si aceptas "nuestras" reglas. Los "independientes" como Gadafi están fritos. Ayuda mucho tener una base militar norteamericana clave en tu país -lo mismo califas que la Quinta Flota estadounidense.
Si los califas no fueran lacayos de Estados Unidos y no hubiera una base militar norteamericana, Washington no tendría problemas en explicar una intervención a favor de los manifestantes pacíficos, en gran parte chiíes, a favor de la democracia contra una tenebrosa tiranía sunní que necesita a la Casa de Saud para reprimir a su propio pueblo.
Luego también están los aspectos leguleyos. Imaginen llevar a juicio a Gadafi. ¿Dónde se realizaría: en una corte marcial o en un tribunal civil? ¿Tal vez un juicio amañado, como el de Saddam Hussein, o quizás ofrecerle un juicio con los todos los medios civilizados para que se defienda a sí mismo? ¿Y cómo juzgar delitos contra la humanidad más allá de una duda razonable? ¿Cómo utilizar testimonios obtenidos bajo tortura, perdón, "interrogatorio mejorado"? ¿Y por cuánto tiempo? ¿Años? ¿Y cuántos testigos? ¿Miles?
Es mucho más fácil resolver todo esto con un hacha, o una bala en la cabeza, y llamarlo "justicia".
[Pepe Escobar ha publicado ‘Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War’ (Nimble Books, 2007) y ‘Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge’. Su nuevo libro, recién publicado, es ‘Obama does Globalistan’ (Nimble Books, 2009).
Se le puede escribir a pepeasia@yahoo.com].
[Imagen viene de este blog.]
15 de mayo de 2011
©asia times online
©information clearighouse
cc traducción mQh

la ley del colt


Quizás haya que recordar que a las armas las carga el diablo. Las víctimas lo saben, pero ellas no están en condiciones de opinar.
[Pablo Capanna] Cumpliendo con un ritual que ya parece haberse integrado al folklore estadounidense y empieza a ser imitado en otros países, el año 2011 se inició con una matanza. Un loco, no tan suelto, regó de balas a una multitud y logró que Arizona se apuntara para el Guinness en la categoría Asesino Masivo, esta vez con un peculiar matiz político.
Todos los pasos previos se habían cumplido; el crimen se había anunciado con videos de YouTube y en los más delirantes blogs, pero nadie le había dado importancia. Era como para creer que el injustamente criticado Michael Moore tenía razón.
Disparando a mansalva en el patio de un supermercado donde se estaba realizando un encuentro político del Partido Demócrata, el asesino mató a tres personas e hirió a unas cuantas más. Pero no llegó a cumplir su objetivo de ultimar a la legisladora Gabrielle Giffords, a quien no le perdonaba que le hubiera ganado una banca al frente derechista Tea Party.
El derrotado candidato del Tea Party era Jesse Kelly, un marine veterano del Golfo. En sus afiches de campaña aparecía con un inconfundible look Rambo, que se resaltaba con el slogan "¡Ponga un combatiente en el Congreso!" Pero hasta sus electores consideraron que el militante criminal se había excedido un poco.
Paradójicamente, la diputada Giffords tampoco defendía los principios del Mahatma Gandhi. Estaba entre quienes habían votado refuerzos presupuestarios para la campaña de Irak y apoyaba la libre portación de armas para defensa propia, al estilo de la Asociación del Rifle.
Los secuaces de Charlton Heston no son los únicos que se amparan en una lectura fundamentalista de la segunda enmienda de la Constitución. A lo sumo están dispuestos a admitir que las armas se vendan con una leyenda del tipo: "Esta ametralladora puede hacer daño. Usela con cuidado".
Al parecer, hay muchos estadounidenses que tienden a ver al mundo como un saloon, donde las disputas se resuelven a los tiros. Son los que están convencidos de que una buena Magnum es el mejor respaldo para sus derechos individuales, y hasta que es una garantía de igualdad. Se amparan en el refrán "Dios hizo a los hombres, pero el revólver del coronel Samuel Colt los hizo iguales", el día que acabó con guapos y forzudos. Piensan que el Old Equalizer es un recurso eficaz "para combatir la inseguridad", en lugar de agravarla, como uno tendería a pensar.
Descubrimos que una organización de Chicago llamada Concealed Carry Inc., que curiosamente es dirigida por un señor llamado John Birch, sortea un revólver por mes (con curso de tiro incluido) para que el ciudadano que resulte agraciado pueda defenderse de los maleantes.
No es difícil encontrar ecos de estas actitudes en la literatura popular, que a menudo se escribe para halagar a un mercado políticamente cambiante, pero siempre sensible al miedo. A veces son algo más que ecos, y casi parecen líneas editoriales. Por cierto, no sólo se los encuentra en el policial sino hasta en la ciencia ficción, un género que podría llegar a creerse alejado de la política.

Veteranos al Poder
El candidato del Tea Party que le disputaba la banca a la diputada Giffords cultivaba una imagen de hombre valiente y decidido. Su aptitud para legislar parecía medirse por la cantidad de bajas que había provocado al enemigo. Con eso no hacía más que enancarse en el mito de la autoridad que supuestamente confieren las cicatrices de guerra. Entre los mentores de ese mito había estado Robert A. Heinlein (1907-1988), uno de los escritores de ciencia ficción más exitosos de todos los tiempos.
Heinlein era un ingeniero que había hecho una corta carrera política en la izquierda, junto a Upton Sinclair. Luego de pasar unos años en la Marina, se había dedicado a escribir, y con el andar del tiempo se había vuelto un referente de la derecha más dura. El asesino Charles Manson le había hecho un flaco favor al proclamar que su fuente de inspiración era ‘Forastero en tierra extraña’, una fantasía transgresora de Heinlein.
En ‘Tropas del espacio’ (1959), una novela que algunos califican de "polémica" y otros prefieren llamar "fascista", Heinlein imaginaba un mundo en estado de guerra permanente, donde todo está militarizado. Puesto que el poder ha sido puesto en manos de los veteranos, la guerra se hace necesaria para garantizar el suministro de ex combatientes. Cualquier parecido con la visión de Mussolini y sus fasci di combattimento no es casual.
El contexto es el de una guerra galáctica contra una raza de insectos inteligentes a los que se llama "bichos", con lo cual su exterminio no pasa de ser una simple fumigación. En esas circunstancias el mejor gobierno es el de los hombres de acción, fogueados en el combate. Ellos son los únicos que tienen derecho a votar, porque han recibido la mejor educación, el entrenamiento militar de supervivencia.
Los "infantes móviles" de Heinlein, enfundados en sus armaduras, parecían prefigurar a esos monigotes blancos que una década más tarde defenderían al Imperio en ‘La Guerra de las Galaxias’. Esos soldados acorazados, que son unos chicos inocentones en la feria del pueblo, pero se vuelven genocidas cuando están en misión de venganza, parecerían reflejar cierta fascinación por el añejo militarismo latinoamericano. Entre ellos abundan nombres como Flores, Rojas, Ibáñez, Silva o Cunha. Uno de los campos donde se entrenan se llama "San Martín" y sus naves ostentan nombres tan sorprendentes como el del jefe apache Gerónimo, el zulú Chaka y el nicaragüense Augusto César Sandino.
El protagonista es un argentino que responde al nombre de Rico, como el célebre comando. Ha jurado vengar a sus padres el mismo día en que esos bichos pusilánimes y jactanciosos arrasaron Buenos Aires.
Con todo, entre las tropas espaciales no hay machismo ni discriminación racial. Hombres y mujeres, negros y blancos (y eventualmente gays y héteros) son iguales después de que una sádica disciplina y la moral "científica" del adiestramiento los ha convertido en máquinas de matar.
Desde su aparición, la novela generó amores y odios. Sus defensores insisten en que no es belicista y que sólo hay que verla como un gran relato de acción. Lo cual no es cierto, porque la acción es escasa y más de dos tercios tratan de la teoría y práctica de la disciplina cuartelera. Aseguran que es una parodia, aunque se hace difícil creerlo. Lo mismo dicen de la película que le dedicó Verhoeven en 1997. Aquí se la conoció como ‘Invasión’: un título que confunde aún más las cosas, porque para el caso los únicos invasores somos nosotros.
Paródica o no, el hecho es que la novela nunca dejó de provocar debates, y muchos parecen habérsela tomado tan en serio como Charles Manson se tomó a ‘Forastero en tierra extraña’. Cuando se publicó, autores como James Blish, Gordon Dickson o John Sladek recogieron el desafío e intentaron neutralizar el fascismo con humor. Quienes mejor lo lograron fueron Harry Harrison con ‘Bill, héroe galáctico’ (1965), y Joe Haldeman con ‘La guerra interminable’ (1974).
Mucha agua corrió bajo los puentes, y tras no pocas inundaciones los criterios cambiaron y la novela dejó de provocar rechazo. Si ‘Tropas del espacio’ indignaba a algunos lectores en los años ’70, hoy parece que la indiferencia hubiera triunfado. Todos parecen aceptar sin discusión que se trata de una parodia posmoderna, aunque al autor no le hubiera gustado escucharlo.
Hace años, un crítico de izquierda como H. Bruce Franklin ponía a Heinlein como ejemplo de las virtudes y las taras de la ciencia ficción. Pero después de la dinastía Bush y del 11-S, la paranoia y el chauvinismo parecen haber ganado la partida.
El crítico Eric S. Raymond, en ‘Una historia política de la ciencia ficción’ (2007), no duda en proclamar que lo único que vale en el género es la hard sf que creó Heinlein: lo demás no existe o es un experimento literario. En un gesto de remozado macartismo, Raymond no deja de mencionar que los mejores autores del grupo Futurians eran en realidad comunistas a sueldo de Moscú. Si a veces nos quejamos de pertenecer a una sociedad intolerante, pensemos que no estamos solos. Y ni siquiera somos demasiado originales.

Armas para Mi Gente
Heinlein puede ser lectura apropiada para muchos militantes del Tea Party y no pocos miembros de las milicias armadas, que se preparan para defender a la raza blanca del caos que vendrá. Esta última es otra idea que Heinlein expuso, de manera nada paródica por cierto.
Pero hay otro autor de ciencia ficción que puso la portación de armas en el centro de una serie de ficciones que se hicieron clásicas, aunque son pocos quienes las leen hoy.
Aquí nos vemos obligados a desmentir a Michael Moore (que parece argentino a la hora de criticar a sus compatriotas), porque el escritor en cuestión es canadiense.
Hablamos de A. E. van Vogt (1912-2000), un prolífico autor que junto a Heinlein y Asimov estuvo en la primera línea de los escritores promovidos por el editor Campbell. Hubo un tiempo en que Campbell se entusiasmó con la "dianética" de L. R. Hubbard, la parodia del psicoanálisis que sirvió de base a esa Iglesia de la Cienciología que hoy triunfa en Hollywood. Van Vogt lo siguió y en 1950 dejó de escribir para dedicarse a la predicación. Tras unos años de silencio volvió al ruedo, pero nunca recuperó la fama que le habían dado sus historias de Slan y de No-A. Aquéllos eran relatos ambiciosos, grandilocuentes y generalmente confusos, donde todos los baches se tapaban con la solemne afirmación de que eran historias regidas por una lógica no-aristotélica, o que sus personajes se comportan como superhombres.
De este orden era la saga de las ‘Tiendas de armas’, desarrollada en las novelas ‘Las armerías de Isher’ (1951) y ‘Los fabricantes de armas’ (1947). Los cuentos que le habían dado origen databan todos de la época de la guerra, pero no había ningún indicio que permitiera notarlo.
El clima era el de la space opera: una historia de acción, seudociencia y aventura sin mayores pretensiones, en el contexto de un imperio galáctico del más remoto futuro.
El gobierno imperial es decadente y corrupto, pero todavía conserva el poder y la impunidad para cometer injusticias. Frente a él actúa, a la manera de Robin Hood, una misteriosa corporación de armeros que vende armas a sus víctimas y hasta ofrece un sistema alternativo de justicia. Las tiendas de armas suelen materializarse en algún lugar público cuando más se las necesita, y ostentan un letrero luminoso que dice: "El derecho a comprar armas es el derecho a ser libre".
Las armas que ofrecen tienen poderes casi mágicos, pero se venden con la condición de que sólo sean usadas en defensa propia. La red de tiendas, que se burla del poder imperial, ha sido creada por un hombre que se ha vuelto inmortal tras desplazarse entre el remoto pasado y el lejano futuro, y cumple el papel de un árbitro del poder.
Para darle un toque realista a la historia, la corporación de armeros también se ha corrompido y aspira a conquistar el poder, pero el precario equilibrio de fuerzas garantiza que ni ella ni el imperio se excedan demasiado. De paso es un buen escenario para tejer movidas aventuras.
El mundo de las armerías es mucho más ingenuo que el de Heinlein, y el papel que en él desempeñan sus armas por lo general no pasa de la intimidación. No sabemos si ésta era la intención del autor, pero el hecho es que nadie lo objetó como a Heinlein. Sin embargo, con el tiempo parece haberse incorporado a la ley del Colt. El slogan "el derecho a poseer armas es el derecho a ser libre" suele ser invocado por los partidarios de la Asociación Nacional del Rifle. Recientemente, algunos círculos anarquistas aplaudieron la aparición de Wikileaks y sus escraches informáticos, comparándola con las armerías de Van Vogt.
Quizás haya que recordar que a las armas las carga el diablo. Las víctimas lo saben, pero ellas no están en condiciones de opinar.
12 de mayo de 2011
7 de mayo de 2011
©página 12


el asesinato de osama bin laden


La propia opinión pública de Estados Unidos, después de la euforia inicial, terminará criticando los métodos que, lejos de proteger a los ciudadanos, terminan multiplicando los sentimientos de odio y venganza contra ellos.
Los que se ocupan de estos temas conocen que, el 11 de septiembre de 2001, nuestro pueblo se solidarizó con el de Estados Unidos y brindó la modesta cooperación que en el campo de la salud podíamos ofrecer a las victimas del brutal atentado a las Torres Gemelas de Nueva York.
Ofrecimos también de inmediato las pistas aéreas de nuestro país para los aviones norteamericanos que no tuvieran dónde aterrizar, dado el caos reinante en las primeras horas después de aquel golpe.
Es conocida la posición histórica de la Revolución Cubana que se opuso siempre a las acciones que pusieran en peligro la vida de civiles.
Partidarios decididos de la lucha armada contra la tiranía batistiana; éramos, en cambio, opuestos por principios a todo acto terrorista que condujera a la muerte de personas inocentes. Tal conducta, mantenida a lo largo de más de medio siglo, nos otorga el derecho a expresar un punto de vista sobre el delicado tema.
En acto público masivo efectuado en la Ciudad Deportiva expresé aquel día la convicción de que el terrorismo internacional jamás se resolvería mediante la violencia y la guerra.
Fue por cierto, durante años, amigo de Estados Unidos que lo entrenó militarmente, y adversario de la URSS y del socialismo, pero cualquiera que fuesen los actos atribuidos a Bin Laden, el asesinato de un ser humano desarmado y rodeado de familiares constituye un hecho aborrecible. Aparentemente eso es lo que hizo el gobierno de la nación más poderosa que existió nunca.
El discurso elaborado con esmero por Obama para anunciar la muerte de Bin Laden afirma: "…sabemos que las peores imágenes son aquellas que fueron invisibles para el mundo. El asiento vacío en la mesa. Los niños que se vieron forzados a crecer sin su madre o su padre. Los padres que nunca volverán a sentir el abrazo de un hijo. Cerca de 3 000 ciudadanos se marcharon lejos de nosotros, dejando un enorme agujero en nuestros corazones."
Ese párrafo encierra una dramática verdad, pero no puede impedir que las personas honestas recuerden las guerras injustas desatadas por Estados Unidos en Iraq y Afganistán, a los cientos de miles de niños que se vieron forzados a crecer sin su madre o su padre y a los padres que nunca volverían a sentir el abrazo de un hijo.
Millones de ciudadanos se marcharon lejos de sus pueblos en Iraq, Afganistán, Vietnam, Laos, Cambodia, Cuba y otros muchos países del mundo.
De la mente de cientos de millones de personas no se han borrado tampoco las horribles imágenes de seres humanos que en Guantánamo, territorio ocupado de Cuba, desfilan silenciosamente sometidos durante meses e incluso años a insufribles y enloquecedoras torturas; son personas secuestradas y transportadas a cárceles secretas con la complicidad hipócrita de sociedades supuestamente civilizadas.
Obama no tiene forma de ocultar que Osama fue ejecutado en presencia de sus hijos y esposas, ahora en poder de las autoridades de Pakistán, un país musulmán de casi 200 millones de habitantes, cuyas leyes han sido violadas, su dignidad nacional ofendida, y sus tradiciones religiosas ultrajadas.
¿Cómo impedirá ahora que las mujeres y los hijos de la persona ejecutada sin Ley ni juicio expliquen lo ocurrido, y las imágenes sean transmitidas al mundo?
El 28 de enero de 2002, el periodista de la CBS Dan Rather, difundió por esa emisora de televisión que el 10 de septiembre de 2001, un día antes de los atentados al World Trade Center y al Pentágono, Osama Bin Laden fue sometido a una diálisis del riñón en un hospital militar de Pakistán. No estaba en condiciones de ocultarse y protegerse en profundas cavernas.
Asesinarlo y enviarlo a las profundidades del mar demuestra temor e inseguridad, lo convierten en un personaje mucho más peligroso.
La propia opinión pública de Estados Unidos, después de la euforia inicial, terminará criticando los métodos que, lejos de proteger a los ciudadanos, terminan multiplicando los sentimientos de odio y venganza contra ellos.
6 de mayo de 2011
5 de mayo de 2011
©cuba debate

la segunda muerte de bin laden


Esta es la segunda vez que se anuncia la muerte de Osama bin Laden.
[Juan Gelman] La velocidad con la que Osama bin Laden fue sepultado en el mar y cierto escepticismo por las afirmaciones de gobiernos de EE.UU. que han mentido mucho para justificar sus guerras, alimentan las teorías conspirativas en torno de su desaparición. Altos funcionarios estadounidenses insistieron en que el rápido destino del cadáver guardaba una consonancia absoluta con las prácticas islámicas (2-5-11). Líderes de la fe mahometana señalaron, en cambio, que la tradición había sido violada de manera humillante: sólo se arroja al mar a quien fallece en una nave, y el que no debe ser enterrado con la cabeza hacia La Meca (AP, 2-5-11). Es la ley.
Otra cuestión que levanta suspicacia es el tema de la foto del rostro del terrorista finado. No faltan diarios europeos, como The Guardian, que han publicado artículos en los que se afirma que la única conocida hasta el momento de escribirse estas líneas fue trucada. Funcionarios de la Casa Blanca, por su parte, declararon que se han tomado muestras de ADN del cadáver y que hay "virtualmente un ciento por ciento de coincidencia" con las de familiares de Osama (2-5-11). Se debe de haber descubierto un método ultramoderno para llevar a cabo la prueba en menos de 24 horas y el descreimiento persiste. Los Angeles Times reproduce lo que Cindy Seehan, madre de un soldado muerto en Irak y convertida luego en activista por la paz, asentó en su página de Facebook: "Lo siento, pero si usted cree en la nueva muerte de OBL, usted es un estúpido".
La incredulidad no es, claro, general, como se ha visto a través de la cámara fija instalada en la Casa Blanca después de que el presidente Obama anunciara el éxito de la operación comando, pero se recuerdan algunos hechos curiosos. La CNN reveló que el día anterior al atentado del 11/9 Osama estaba en diálisis en un hospital paquistaní y meses después la misma cadena informaba que "las fuentes creen que los guardaespaldas de Bin Laden fueron capturados en febrero (del 2002), es probable que el hombre más buscado del mundo esté muerto" (23-7-02).
A esta versión le dio peso el propio Musharraf, entonces dictador de Pakistán, quien subrayó que el terrorista había importado dos máquinas de diálisis de Afganistán y que muy posiblemente había muerto de una afección renal (21-1-02). Nadie ha confirmado la primera aseveración, pero Bin Laden fue hombre de la CIA contra la invasión soviética de Afganistán y es difícil suponer que la Agencia no conociera su paradero en uno y otro caso. Dada la infiltración en Al Qaida de los servicios de seguridad de EE.UU., es igualmente difícil que no supiera de la construcción de la verdadera fortaleza donde Bin Laden fue muerto: se encuentra en Abbottabad, a dos horas de Islamabad, capital de Pakistán, y muy cerca de la Academia Militar paquistaní.
Hay fuentes más entendidas en la materia. Dale Watson, jefe de la unidad antiterrorista del FBI, dijo en el curso de una conferencia que impartió a sus agentes en el 2002: "¿Está vivo o muerto (Bin Laden)? No estoy seguro de la respuesta... Personalmente pienso que probablemente ya no está entre nosotros, pero no tengo pruebas" (17-7-02). El ex funcionario de la CIA Robert Baer fue categórico seis años después: "¡Claro que está muerto!", exclamó por la Radio Pública Nacional (2-10-08). Si así fuere, la invasión de Afganistán carecería de justificación, así como la guerra de Irak: nunca se encontraron las armas de destrucción masiva que Hussein supuestamente poseía.
¿Y por qué EE.UU mantendría la leyenda de Osama vivo? ¿Para continuar la guerra en su busca? Llama la atención que ningún portavoz de Al Qaida haya dado cuenta del deceso. ¿Para erigir una ficción aglutinadora de los terroristas? Lo cierto es que Obama se ve frente a una disyuntiva: si Osama murió, ¿para qué seguir en Afganistán y/o bombardear Pakistán? Hillary Clinton proclamó que la guerra continuará (2-5-11), entonces, ¿por qué Barack anuncia la muerte del jefe de Al Qaida precisamente ahora? Las especulaciones también abundan alrededor del tema.
Algunas son benignamente inmediatas: la popularidad del mandatario estadounidense está en declive y lo que calificó de "triunfo antiterrorista" seguramente la incrementará. Una primera encuesta del Pew Research Center y el Washington Post así lo muestra, sólo que el avance es "rápido pero limitado" (3-5-11): su índice de aprobación pasó de 47 por ciento en abril a 56 al día siguiente de la muerte de Osama; el 72 por ciento de los encuestados se declara "aliviado"; el 60, "orgulloso"; el 58 "feliz"; apenas el 16 por ciento "con miedo". Sin embargo, la crisis económica y el desempleo castigan fuerte y una encuesta de CNN encontró que el 51 por ciento de los votantes registrados se pronunciará "probable o definitivamente" contra Obama en las presidenciales del 2012 y sólo el 46 a favor.
Otras interpretaciones del gesto de la Casa Blanca son más densas: anunciar seguras represalias de Al Qaida serviría para que continuara el flujo de ganancias al complejo militar-industrial y para recortar aún más las libertades civiles en EE.UU. Así lo piensa el Dr. Paul Craig Roberts, ex subsecretario del Tesoro con Ronald Reagan y ex columnista del Wall Street Journal y del Business Week (2-5-11). Considera que la muerte de Osama "es útil".
6 de mayo de 2011
5 de mayo de 2011
©página 12

nobel sin escrúpulos


Barack Obama acaba de decir que después de la muerte de Osama Bin Laden el mundo es un lugar más seguro para vivir. Se equivoca de medio a medio.
[Atilio A. Boron] Un signo más de los muchos que ilustran la profunda crisis moral de la "civilización occidental y cristiana" que Estados Unidos dice representar lo ofrece la noticia del asesinato de Osama bin Laden. Más allá del rechazo que nos provocaban el personaje y sus métodos de lucha, la naturaleza de la operación que terminó con su muerte es un acto de incalificable barbarie perpetrado bajo las órdenes directas de un personaje que con sus conductas cotidianas deshonra al Nobel de la Paz.
En la truculenta operación escenificada en las afueras de Islamabad hay múltiples interrogantes; la tendencia del gobierno de los Estados Unidos a desinformar a la opinión pública torna aún más sospechoso este operativo. Una Casa Blanca víctima de una enfermiza compulsión a mentir nos obliga a tomar con pinzas cada una de sus afirmaciones. ¿Era Bin Laden o no? ¿Por qué no pensar que la víctima podría haber sido cualquier otro? ¿Dónde están las fotos, las pruebas de que el occiso era el buscado? Si se le practicó un ADN, ¿cómo se obtuvo, dónde están los resultados y quiénes fueron los testigos? ¿Por qué no se lo presentó ante la consideración pública, como se hiciera, sin ir más lejos, con los restos del Comandante Ernesto ‘Che’ Guevara? Si, como se asegura, Osama se ocultaba en una mansión convertida en una verdadera fortaleza, ¿cómo es posible que en un combate que se extendió por espacio de cuarenta minutos los integrantes del comando norteamericano regresaran a su base sin recibir siquiera un rasguño? ¿Tan poca puntería tenían los defensores del fugitivo más buscado del mundo, de quien se decía que poseía un arsenal de mortíferas armas de última generación? ¿Quiénes estaban con él? Según la Casa Blanca, el comando dio muerte a Bin Laden, a su hijo, a otros dos hombres de su custodia y a una mujer que, aseguran, fue ultimada al ser utilizada como un escudo humano por uno de los terroristas. También se dijo que otras dos personas más habían sido heridas en el combate. ¿Dónde están, qué se va a hacer con ellas? ¿Serán llevados a juicio, se les tomará declaración para arrojar luz sobre lo ocurrido, hablarán en una conferencia de prensa para narrar lo acontecido?
No deja también de llamar la atención lo oportuna que ha sido la muerte de Bin Laden. Cuando el incendio de la reseca pradera del mundo árabe desestabiliza un área de crucial importancia para la estrategia de dominación imperial, la noticia del asesinato de Bin Laden reinstala a Al Qaida en el centro del escenario. Si hay algo que a estas alturas es una verdad incontrovertible es que esas revueltas no responden a ninguna motivación religiosa. Sus causas, sus sujetos y sus formas de lucha son eminentemente seculares y en ninguna de ellas –desde Túnez hasta Egipto, pasando por Libia, Bahrein, Yemen, Siria y Jordania– el protagonismo recayó sobre la Hermandad Musulmana o en Al Qaida. El problema es el capitalismo y los devastadores efectos de las políticas neoliberales y los regímenes despóticos que aquél instaló en esos países y no las herejías de los "infieles" de Occidente. El fundamentalismo islámico, ausente como protagonista de las grandes movilizaciones del mundo árabe, aparece ahora en la primera plana de todos los diarios del mundo y su líder como un mártir del Islam asesinado a sangre fría por la soldadesca del líder de Occidente.
Hay un detalle para nada anecdótico que torna aún más inmoral la bravata norteamericana: pocas horas después de ser abatido, el cadáver del presunto Bin Laden fue arrojado al mar. La mentirosa declaración de la Casa Blanca dice que sus restos recibieron sepultura respetando las tradiciones y los ritos islámicos, pero no es así. Los ritos fúnebres del Islam establecen que se debe lavar el cadáver, vestirlo con una mortaja, proceder a una ceremonia religiosa que incluye oraciones y honras fúnebres para luego recién proceder al entierro del difunto. Además se especifica que el cadáver debe ser depositado directamente en la tierra, recostado sobre su lado derecho y con la cara dirigida hacia La Meca. En realidad, lo que se hizo fue abatir y "desaparecer" a una persona, presuntamente Bin Laden, siguiendo una práctica siniestra utilizada sobre todo por la dictadura genocida que asoló a la Argentina entre 1976 y 1983.
Acto inmoral que no sólo ofende las creencias musulmanas sino a una milenaria tradición cultural de Occidente, anterior inclusive al cristianismo. Como lo atestigua magistralmente Sófocles en Antígona, privar a un difunto de su sepultura enciende las más enconadas pasiones. Esas que hoy deben estar incendiando a las células del fundamentalismo islámico, deseosas de escarmentar a los infieles que ultrajaron el cuerpo y la memoria de su líder. Barack Obama acaba de decir que después de la muerte de Osama Bin Laden el mundo es un lugar más seguro para vivir. Se equivoca de medio a medio.
4 de mayo de 2011
3 de mayo de 2011
©página 12

otan quiere eliminar a familia gadafi


La muerte del hijo de Gadafi, ¿tiro por la culata? La muerte de Saif al Arab Gadafi es una probable consecuencia de las tácticas cada vez más agresivas de la OTAN. Potencias occidentales buscan matar "accidentalmente" a familia del coronel Gadafi. Probable ruptura en Consejo de Seguridad.

[Shashank Joshi] Libia. El asesinato en un ataque aéreo del hijo del líder libio es un grave error estratégico: militarmente insignificante pero diplomáticamente desastroso.
Hacia finales de abril, los países de la OTAN implementaron varias novedades operativas. Tres de ellos, Francia, Italia y Reino Unido, infiltraron asesores militares entre los rebeldes del este del país.
Otro, EE.UU., puso en liza los aviones no tripulados.
Y lo más importante: los ataques aéreos comenzaron a dirigirse contra los centros de mando, control, comunicaciones y redes de inteligencia (lo que el la jerga militar en inglés se conoce como C3I).
El complejo Bab al Aziziya incluye instalaciones de las tres clases y se supone que su desarticulación desorientará a los soldados del régimen en el frente, interrumpirá la comunicación de Trípoli con los comandantes en el terreno y sembrara la confusión en las filas leales a Gadafi.
Pero, ¿fue el ataque un intento de asesinato? Matar a un jefe de Estado es una acción ilegal en el marco del Derecho Internacional y también prohibido por varios decretos presidenciales de EE.UU.
Por otra parte, tratar de matar a la cadena de mando del enemigo es algo que está envuelto en una serie de ambigüedades jurídicas.
Dada la naturaleza personalista del régimen libio y de la autorización de la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para usar "todos los medios necesarios", se podría discutir si ampara acabar con la vida del coronel Muamar Gadafi o algunos miembros de su familia, como el hijo que comanda una brigada militar de elite. Incluso si eso supone poner en riesgo al entorno no combatiente.
Legalmente, sin embargo, no equivale a legitimidad ni prudencia. Este ataque, y la muerte de Saif al Arab, produjo pocos resultados en lo militar y el mayor de los costos diplomáticos y simbólicos para la OTAN.
 
Valiosa Propaganda
Saif al Arab, al contrario que sus hermanos, no era un comandante militar ni un propagandista. Su muerte deja el aroma del ataque de EE.UU. en 1986 contra las mismas instalaciones.
En aquella ocasión, falleció una joven que luego Gadafi alegó que era su hija adoptiva. Luego los escombros dejados por las bombas se erigieron en símbolos del desafío.
El valor propagandístico de tales muertes no intencionales puede llegar a ser enorme.
En 1991, en la Guerra del Golfo, aviones estadounidenses lanzaron dos bombas contra lo que creían era un búnker que servía como centro de control operativo, pero era en realidad un refugio de civiles.
El resultado fue de 315 muertos, incluidos 130 niños. Gadafi, como antes que él Sadam Husein, aprovechará cada oportunidad para explotar estos errores de las potencias occidentales de cara a tratar que parezcan ataques deliberados.
Pero además, ya no estamos ante una guerra convencional en la que es crucial la dirección de arriba a abajo. Las fuerzas de Gadafi, tanto en la ciudad sitiada de Misrata como en el este, se han adaptado a la presencia del poderío aéreo de la OTAN y están usado cada vez más tácticas heterodoxas.
No necesitan un flujo de órdenes detalladas llegadas desde Trípoli, sin lo que están en disposición de causar enormes daños a los civiles [rebeldes].
La OTAN está comprensiblemente frustrada por el rendimiento decreciente de los ataques aéreos que ya han destruido la mayoría de los objetivos accesibles.
Pero matar a los comandantes e interrumpir las comunicaciones es mucho menos importante que la tarea clave de acabar con el armamento pesado, como tanques y artillería.
 
¿Y Matar a Gadafi?
 ¿Y si el ataque hubiera matado a Gadafi hubiera sido un éxito militar? Uno de los mayores errores de la Guerra de Irak fue asumir que, con la salida de Sadam Husein, el aparato del Estado podía simplemente transferirse a unos nuevos dueños.
La muerte de Gadafi podría venir seguida por la sucesión en favor de su hijo Saif al Islam, mientras sus partidarios cierran filas y continúan la lucha con la misma intensidad.
Podría ser peligroso y una visión cortoplacista incluso matarlo como una solución inmediata.
Tal vez, la demostración al régimen de que no hay nada seguro y de que sólo la capitulación les daría seguridad. ¿Esto justifica el riesgo?
No hay duda de que junto al objetivo militar de cortar las redes de comando y control, la OTAN buscaba un efecto psicológico consciente de la posibilidad de un "asesinato accidental".
 
Cambio de Equilibrio
El problema es que cuál será el camino que tomaría este efecto no está claro. El dramático impacto visual del ataque y de la muerte de quienes no estaban directamente ligados a la política y el liderazgo militar, sólo endurecerá la oposición a la intervención de China y Rusia, entre otros.
Más consecuentemente, enfadará a algunos de los miembros de la alianza, como Alemania y Turquía, e inflamará la opinión pública árabe y africana.
Podría incluso llegar a dejar a Francia y el Reino Unido tener que soportar toda la carga militar, con una limitada asistencia de la una administración estadounidense ansiosa para que el peso de la guerra recaiga en los europeos.
La estrategia general del coronel Gadafi nunca fue buscar la victoria en una guerra convencional, sino inducir bajas simbólicas que llevaran a abrir una brecha entre los más comprometidos y los más reticentes dentro de la OTAN, y derribar así los pilares políticos en que se apoyó la intervención.
Hasta el momento, la coalición ha buscado, con razón, comprar la longevidad de la coalición al precio de la intensidad de la campaña. Si este equilibrio continúa cambiando hacia lo segudndo, la OTAN corre el riesgo de facilitarle el juego al régimen.
[El autor pertenece al Royal United Service Institute (RUSI), centro de estudios sobre defensa con sede en Londres. También es doctorando en Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard.]
3 de mayo de 2011
©semana

la ética siempre triunfa


Nadie quiere que al lado de Piazzolla esté el monumento a ese coronel asesino de obreros. Sería un insulto a la memoria del músico.
[Osvaldo Bayer] Argentina. Estos últimos días han servido para ratificar aquello tan sabio de que finalmente la Ética triunfa en la Historia. La eliminación del nombre del atroz coronel Falcón de la Escuela de Cadetes de la Policía, y del de otros policías conocidos delincuentes contra los derechos humanos básicos de otros institutos policiales, es un paso delante de nuestra democracia. Todos nombres impuestos por dictaduras y aceptados servilmente por los gobiernos que le siguieron. Basta recordar que el coronel Ramón Falcón –el mejor oficial de Roca en el genocidio de los pueblos originarios llamada Campaña del Desierto– fue quien ordenó la masacre de Plaza Lorea del 1º de Mayo, el Día de los Trabajadores, de 1909. Y están sus declaraciones ante la prensa justificando que dio la orden de abrir el fuego contra las columnas obreras que recordaban a los Mártires de Chicago –aquellos luchadores increíbles por las jornadas de las ocho horas de trabajo– "porque los obreros en vez de llevar la bandera azul y blanca llevaban la bandera roja". Qué delito para el señor coronel argentino. Lo que hay que saber es que en aquellos años la bandera roja era la bandera del gremialismo. Pero para el bestia uniformado eso ya era un delito. Lo más increíble fue que su nombre se exhibió hasta hace pocos días como patronímico de la Escuela de Cadetes de la Policía, lo que nos dice qué ejemplo tenían esos cadetes en cuanto a la ética de la vida.
Pero el señor coronel asesino de obreros y de pobladores originarios de estas tierras todavía tiene un monumento en las calles Callao y Libertador, de esta Capital. Justo el lugar donde se ha dispuesto que se levante el monumento al gran Astor Piazzolla. Algo muy merecido porque este músico fue un genio que revolucionó el tango. Todos aplaudimos esta resolución porque ésos son los modelos que merecen estar en el bronce. También los músicos, los poetas, los científicos, los maestros y todos aquellos de mano abierta que lucharon por un mundo con niños sin hambre y familias con techo. Y no siempre los uniformados, como acostumbramos. Y lo bueno del monumento al gran Astor es que tendrá nada menos que esta leyenda:

"Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao
No ves que va la luna rodando por Callao;
Que un corso de astronautas y niños, con un vals,
Me baila alrededor...¡Bailá! ¡Vení! ¿Volá!"

La letra de Horacio Ferrer, que alguna vez cantamos todos.
Pero ahora viene lo más importante. Nadie quiere que al lado de Piazzolla esté el monumento a ese coronel asesino de obreros. Sería un insulto a la memoria del músico. Así como se tuvo el coraje civil de quitarles el nombre a instalaciones policiales de enseñanza, de la misma manera habría que mandar ese bronce a una fundición para que con ese metal se haga en un barrio bien proletario un monumento a los obreros asesinados aquel 1º de mayo de 1909. De otra manera sería manchar el arte tan profundo de ese músico genial poniéndolo al lado de un fusilador del pueblo. Nos gustaría que el gremio de los músicos diera varios conciertos en ese lugar como protesta ante la presencia del coronel manchado de sangre al lado de ese músico que comprendió tan profundamente la música de Buenos Aires. Entonces sí que vamos a ir a gritar allí: "¡Viva la música, mueran las balas!".
Y ya está naciendo una conciencia popular de revisar la historia y no aceptar lo que siempre dictaron los dueños del poder económico y político. Por ejemplo esto: en Belén, Catamarca, sí justo allí, los pobladores han comenzado a apoyar un proyecto de cambiar el nombre del asesino Julio Argentino Roca por el del poeta local Luis Franco. Un poeta con todo el sabor de esas regiones de cielos tan azules y montañas que nos observan.
Eso, podríamos decir, es amar la vida.
Y de Catamarca a Quilmes: allí se acaba de publicar el proyecto de ordenanza municipal para cambiarle el nombre a la avenida 12 de Octubre por el de avenida Pueblos Originarios. Luego de explicarse los fundamentos jurídicos, culturales e históricos se añade que el nombre de 12 de Octubre es "un homenaje a una fecha que inauguró el genocidio étnico y cultural más importante de la historia de la humanidad, y luce obsoleto y dañino respecto a los pueblos originarios. Que, por el contrario, se considera oportuno reparar a las naciones que son nuestros orígenes desde su incorporación a la nomenclatura pública municipal".
Es un justo pedido porque los españoles no llegaron al nuevo continente para traer paz, cultura y libertad. Todo lo contrario: los pueblos originarios fueron sometidos a las formas más brutales de esclavitud, como la mita, el yanaconazgo y la encomienda. Lo dice Manuel Belgrano en su proclama a los pueblos originarios en la que les dice: "He venido a restituirles los derechos de libertad, propiedad y seguridad, de que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente a las rapiñas de los (españoles) que han gobernado". Y como a los conquistadores europeos no les bastaba la esclavitud de los originarios, trajeron miles de esclavos africanos bajo el yugo del látigo y el arcabuz. Por eso es lamentable que, en vez de tener a un héroe de nuestra independencia frente a la Casa Rosada, tengamos nada menos que a Colón. En vez de estar allí un gaucho de nuestra independencia o el abrazo de nuestros dos grandes libertadores: San Martín y Bolívar. Es exactamente lo mismo cuando vemos las mejores calles arboladas de Belgrano con el nombre de los virreyes españoles mientras el gran héroe libertario Túpac Amaru tiene una callecita de pocas cuadras.
Y en eso tiene razón Demián Konfino cuando propone que el continente americano no lleve el nombre por Américo Vespucio –uno de los tantos "descubridores"– sino que debería llamarse Tupacamaria, en nombre del hombre que quiso liberar estas tierras de sus esclavizadores y por eso fue condenado a la más horrible de las muertes cometidas por los seres humanos. Occidentales y cristianos.
Pero el ser humano no se rinde. Lo demuestran los trabajadores de Luz y Fuerza de Córdoba, quienes ante la quita del nombre de Agustín Tosco a la avenida de circunvalación de la capital cordobesa por las autoridades se pusieron a preparar una pieza teatral-musical en honor a ese inolvidable dirigente gremial en la cual trabajan 80 músicos, cantantes y coreutas. La letra de las canciones las escribió el secretario del sindicato, la música es de quien dirige el taller musical del gremio. Esta forma artística será tal vez la mejor forma de recordar a ese luchador infatigable que fue Tosco y el mejor homenaje a su memoria.
Y otro triunfo también, en la Feria del Libro. En estas contratapas escribimos que el ministro Torres, de la provincia de La Pampa, había prohibido la presentación de los libros ‘Pampa Libre’, de Jorge Etchenique, y las poesías de ese poeta grande del sur que se llama Edgar Morisoli, en una obra de Ana S. Galván. Pues bien, la Casa de Santa Cruz, a cargo de Mario Metaza, anunció que ellos estaban dispuestos a que, en su stand se presentaran esos dos libros tan representativos de la cultura pampeana. Eso se llama decir un rotundo no a toda censura que creíamos terminada con la caída de la dictadura militar. Mientras tanto, esos libros serán presentados en la editorial Acercándonos, el 6 de mayo, a las 17 horas, en el stand 138, pasillo 1, del pabellón Azul.
Triunfos de la democracia. Triunfos de los que piensan en la libertad y la solidaridad. Como fue la fiesta en Azul, en la escuela 503, cuando allí se cambió el nombre del genocida Julio Argentino Roca por el hermoso apodo de Arbolito, el ranquel que vengó a sus hermanos ranqueles. Fue algo inolvidable, como tocar el cielo con las manos, una fiesta con la alegría espontánea de los alumnos, la nobleza de sus docentes, el apoyo del propio intendente y el pueblo, puro pueblo. Sí, fue como si todos los perseguidos de nuestra historia, lo repito, pudieran tocar el cielo con las manos.
Pero todo esto no tendría valor si no se soluciona el problema de los Qom que acampan en la 9 de Julio y la Avenida de Mayo: los nombres de nuestros días de Libertad. No se puede ignorar su situación. Nos está mirando el mundo. Los responsables tienen que pensar que si no se hace justicia, esto pasará a la historia nuestra. Vuelvo a repetir: la Ética siempre triunfa. No se puede ignorar el drama de estos legítimos hijos de la tierra.
[La foto viene del blog calandolapiedra.]
1 de mayo de 2011
©página 12

la verdad sobre la cría intensiva


Las granjas de cría intensiva. Las fábricas de animales. La bio-industria. Editorial de The New York Times.
El cliente de un supermercado que compra hamburguesas, huevos o leche tiene todos los motivos, y todo el derecho, a preguntarse cómo se producen estos productos. La respuesta, en la agricultura industrial, es "a puertas cerradas", y así es como la industria quiere que siga siendo. En al menos tres estados -Iowa, Florida y Minnesota- está ganado terreno el proyecto de ley que convertiría en ilegales las investigaciones sobre las granjas de cría intensiva, especialmente filmar y tomar fotografías. La ley tiene un solo objetivo: ocultar las condiciones en que funcionan las granjas de cría intensiva, a un público que está empezando a pensar seriamente sobre los derechos animales y la manera en que se produce el alimento.
Esos proyectos comparten algunos elementos. Su definición de agricultura es excesivamente amplia; incluyen, por ejemplo, a las fábricas de perros. Tratan a los investigadores encubiertos y denunciantes como si fuesen ‘agro-terroristas’, decididos a dañar al ganado o destruir las instalaciones. También les gustaría penalizar la difusión de información sobre la producción agrícola. Y son apoyados por los pesos pesados de la agricultura industrial: Monsanto, el Farm Bureau, las agrupaciones que representan a los productores de cerdos, de productos lácteos, y ganaderos, así como de pollos, soya y maíz.
La exposición del funcionamiento de la industria ganadera ha sido tema de investigaciones encubiertas desde los días de Upton Sinclair. Casi todos las mejoras importantes en el bienestar de los animales de granja, así como de extraordinarias mejoras en la seguridad alimentaria, se han producido porque alguien descubrió y denunció las condiciones en que viven y mueren. La cría intensiva confina a los animales en espacios muy hacinados, antinaturales y a menudo en condiciones poco higiénicas. Tenemos que saber más sobre lo que pasa detrás de esas puertas cerradas, no menos.
28 de abril de 2011
16 de abril de 2011
©new york times
cc traducción mQh