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opinión

si assange es un espía, yo también lo soy


El trabajo y misión de un periodista es exponer las mentiras y sus consecuencias. Julian Assange ha mostrado que no se necesita ser periodista para hacerlo. Eso no lo convierte en espía.
[Mark Lee Hunter] ¿Es el fundador de Wikileaks un espía? Eso es lo que dice Sarah Palin. Pero eso me convierte en espía también. Soy periodista. Y lo que Julian Assange está haciendo es una forma de periodismo: Está publicando noticias.
Si usted es como la mayor parte de la gente, usted creerá que los periodistas son mentirosos y lacayos, difunden "noticias" que son apenas creíbles y se inclinan para beneficiar a los grandes intereses que mueven a los medios (eso es lo que las encuestas del Pew Center nos dicen). Esta vez, la clase política se está quejando porque un sitio web y sus aliados en la prensa están publicando información que es absolutamente creíble. ¿Se ha convertido en un delito publicar la verdad?
Seamos claros en un punto técnico clave: No necesitas ser espía para acceder a dicha información. A veces mirar cosas que no son secretas te dice dónde buscar lo que es secreto (así es como los espías verdaderos trabajan habitualmente). A veces la información es simplemente dejada ahí, por error, desde donde alguien la toma. Y, muy a menudo, alguien te la entrega.
Nadie parece estar haciéndose la pregunta, pero es central en medio de esta tormenta: ¿Por qué habría alguien –especialmente alguien que trabaja, digamos, para el gobierno o un gran banco– hacer algo así? ¿Por qué entregaría los secretos de las instituciones para las que trabaja?
Hay dos grandes razones por las que la gente habla: amor propio ("¡Sí, podemos!") y dolor ("No, no podemos"). De las dos, el dolor es por lejos el mayor motivador. Uno le diría al doctor cosas que no podría contarle ni a su mejor amigo. Y alguna gente en nuestros gobiernos sabe cosas que pueden hacerte enfermar de sólo pensar en ellas.
¿Por qué contar esas cosas a un periodista? Porque cuando sabes un oscuro secreto, te come por dentro. La única forma de sentirte mejor es contarle a alguien y la mejor cura es contárselo a alguien que puede contárselo al mundo. El sueño es que decir la verdad pondrá fin a ese oscuro secreto y podremos volver a hacer nuestro trabajo como si creyéramos en él.
Este es el verdadero secreto que Wikileaks tan increíblemente nos trajo a la vista: Algunas personas en nuestros propios gobiernos están tan asqueadas de lo que tienen que saber, ver y hacer para mantener sus trabajos, que necesitan contárselo a alguien. Quieren que ciertas formas de hacer negocios se terminen y no creen que haya otros medios que puedan ser efectivos.
Pero, ¿por qué acuden a Wikileaks en vez de ir a un periódico en primer lugar? Porque perdieron la confianza en los medios. No hace mucho tiempo, cuando la gente estaba alarmada por algo que veía pasar, acudía a los periodistas. Ahora la gente confía tan poco en nosotros que entrega las noticias que importan a un sitio web. El éxito de Wikileaks es un terrible mensaje para la industria de los medios.
Pero sería aún peor para el periodismo si Wikileaks no existiera, porque está demostrando que si hacemos nuestro trabajo como se supone que debemos hacerlo, y escuchamos lo que la gente quiere decirnos, podemos de hecho hacer mucho más difícil que ciertas cosas continúen, cosas que no debieran ocurrir nunca, en primer lugar.
¿Haríamos ese trabajo aún si pudieran presentarnos cargos por espionaje? Lo dudo. Y esa es sin duda una de las fuerzas que mueven la controversia sobre Wikileaks. Si se pueden presentar cargos para marcar a Assange, también se puede hacer para marcar a cualquier periodista que publique noticias similares.
En mi mente no hay duda de que a un buen número de personas que reclama la cabeza de Assange le encantaría que los medios también se largaran o que funcionaran como siervos dóciles del poder. Por supuesto una sociedad puede existir sin medios que fiscalicen y de hecho muchas lo hacen. Pero esos suelen ser lugares horribles para vivir, excepto para los dueños de todo.
Si el gobierno tiene secretos, dejemos que trate de guardarlos. Cualquier adulto entiende que manejar una organización puede requerir que sus líderes mientan de vez en cuando. Pero el trabajo y la misión de los periodistas es exponer esas mentiras y sus consecuencias. Julian Assange ha demostrado que no se necesita ser periodista para hacerlo. Y eso no lo convierte en espía.
Acosando a Assange y criminalizando a quienes le filtran la información le harán más daño a la democracia que lo que un grupo de hackers podría hacer. No necesitas ser un espía para entender ese secreto. La gente que clama por la sangre de Assange son los arquitectos y aliados de políticas desastrosas que están siendo rechazadas incluso dentro de los gobiernos. Están tratando de esconder su fracaso y Wikileaks es la prueba de que fallaron. Esto no debe ser silenciado y los periodistas debieran ser los primeros en saberlo.
[El autor es profesor adjunto e investigador senior en el INSEAD Social Innovation Centre. Es autor de ‘Story-Based Inquiry: A Manual for Investigative Journalists’ (UNESCO 2009) y miembro fundador de la Red Global de Periodismo de Investigación. Esta columna fue publicada originalmente por openDemocracy.]
10 de diciembre de 2010
9 de diciembre de 2010
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wikileaks y los diplomáticos


El oficio de la diplomacia es a menudo descuidado y cuando las comunicaciones privadas se hacen públicas también puede ser altamente bochornoso. Editorial de The New York Times.
Pero lo que nos ha impactado, y reconfortado, sobre el último alijo de documentos clasificados publicados por WikiLeaks, fue la ausencia de toda intriga real. Después de años de revelaciones sobre los abusos del gobierno de Bush -incluyendo el uso de la tortura y el secuestro-, gran parte del tejemaneje diplomático del gobierno de Obama es apropiado y, a veces, derechamente hábil.
El mejor ejemplo de esto es su manejo de Irán. Como muestran los cables, el gobierno ha estado bajo presión tanto de Israel como de estados árabes para que ataque preventivamente y destruya el programa nuclear de Teherán. El gobierno ha resistido inteligentemente, mientras se mueve para imponer sanciones más severas a Irán.
El Times y otros órganos de prensa ya han informado sobre esto. Lo que agregan los cables es chisporroteo: La advertencia del ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, de que el mundo tiene apenas seis a ocho meses para impedir que Irán construya armas nucleares; la súplica ante Washington del Rey Abdulá de Arabia Saudí de "cortar la cabeza de la serpiente"; la advertencia del rey de Bahrain de que el peligro de permitir que Irán continúe su programa nuclear es "más grande que el peligro de detenerlo".
Los israelíes dan la alarma todo el tiempo. La mayoría de los líderes árabes no lo hace nunca. Si creen que Irán representa una amenaza mayor, deberían contárselo a sus propia gente y trabajar mucho más arduamente para obligar a Irán a abandonar su programa.
Los cables también entregan datos sobre cómo actuó el gobierno de Obama para imponer sanciones contra Irán. Para ganarse el apoyo de China, consiguió que Arabia Saudí prometiera a Pekín un suministro estable de petróleo. Para ganarse el de Rusia, reemplazó el plan de defensa con misiles de la era de Bush por otro que es igual de efectivo pero que Moscú considera menos amenazante.
El gobierno se puede sentir incómodo sobre las revelaciones de sus tejemanejes para tratar de que otros gobiernos aceptaran prisioneros de Bahía Guantánamo, Cuba. A Slovenia se le dijo que aceptar un prisionero era el precio de un encuentro con el presidente Obama. Nos gustaría que la Casa Blanca hubiese empleado el mismo celo e imaginación en sus intentos por lograr que el Congreso cerrará la prisión.
Nos reconforta enterarnos que Washington ha estado tratando de convencer a Pakistán de que retire el combustible nuclear de un reactor de modo que no pueda ser utilizado como un arma terrorista. Y que Estados Unidos y Corea del Sur están discutiendo prudentemente sobre cómo manejar el potencial colapso de Corea del Norte. Desconcertantemente, no hay ninguna señal de que Washington o Seúl supieran de la planta de enriquecimiento de uranio anunciada recientemente por Corea del Norte.
Definitivamente, el gobierno de Obama debería sentirse avergonzado por su decisión de continuar la política del gobierno de Bush instruyendo a diplomáticos estadounidenses a recopilar datos personales -incluyendo los números de tarjetas de crédito y los de viajeros frecuentes- de funcionarios extranjeros. Esa decisión oblitera peligrosamente la distinción entre diplomáticos y espías. Esto es mejor dejarlo en manos de espías.
Hay razones legítimas para mantener en secreto muchas conversaciones diplomáticas. Las últimas revelaciones de WikiLeaks causarán momentos incómodos, por lo menos porque contienen francas opiniones sobre presidentes de otros países del mundo. La afirmación de la secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, de que las filtraciones amenazan la seguridad nacional, es exagerada. Los documentos son valiosos porque ilustran la política estadounidense de un modo que los estadounidenses y otros merecen ver.
5 de diciembre de 2010
29 de noviembre de 2010
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soberbia e hipocresía en la casa blanca


La siempre interesante columna de Juan Gelman en Página 12. Sobre las revelaciones de wikileaks.
[Juan Gelman] La reacción más bien destemplada de la Casa Blanca ante la difusión de los documentos filtrados por Wikileaks oscila entre la soberbia más cruda y la hipocresía no menos. Robert Gates, el jefe del Pentágono, señaló que EE.UU. no tiene amigos, sólo países que lo respetan, le temen o lo apoyan por mera conveniencia y les restó toda importancia. A los países y a los documentos. Si son inofensivos, habrá que lamentar los afanes que Hillary Clinton desplegó para atenuar su impacto entre sus colegas en la reunión cumbre de la Organización para la Seguridad y Colaboración en Europa (OSCE) que acaba de finalizar en Kazajstán.
Una foto muestra a la número uno de la diplomacia estadounidense estrechando la mano de Berlusconi después de asegurarle que no había aliado más importante para Washington que Roma. Los dos sonríen. Después de todo, el primer ministro italiano se mostró divertido, tal vez halagado, por la referencia a sus fiestitas con menores de edad. Putin, en cambio, se irritó, algunos gobernantes se apresuraron a decir que el hecho no dañaba sus relaciones con EE.UU. y otros prefirieron el silencio. Como se acostumbra decir, la procesión va por dentro.
Se prohibió al personal del Departamento de Estado consultar el sitio de Wikileaks (The Christian Science Monitor, 1-12-10) y el secretario de prensa de la Casa Blanca, Robert Gibbs, subrayó que Hillary Clinton nunca había ordenado a sus funcionarios que espiaran en las Naciones Unidas (AP, 1-12-10). Quizás se trate de un caso de miopía aguda.
Gibbs no debe haber leído bien el memo secreto con la firma de la secretaria en el que imparte, entre otras, las siguientes instrucciones: conseguir los números de las tarjetas de crédito y de viajero frecuente, el correo electrónico, los pases de los diplomáticos de otros países –-incluidos el secretario general, Ban Ki-moon y los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU– y aun sus datos biométricos. Que incluyen, según especifica una directiva del 31 de julio de 2009 enviada a las embajadas de 33 países, las huellas digitales, las fotos del pasaporte y el escaneo del iris de los espiados (www.spiegel.de, 11-28-10). Se ha dicho que los documentos difundidos por Wikileaks son el producto de un robo. Es verdad. Y se sabe: el que roba a un ladrón...
Julian Assange, el director de Wikileaks, figura ya en la lista de los más buscados por Interpol y suceden otras cosas curiosas. Legisladores republicanos lo acusan de traicionar a EE.UU., aunque nació en Australia. El predicador bautista Mike Huckabee, ex gobernador de Arkansas y tercero en la lista de candidatos a la presidencia por el Partido Republicano, pidió la ejecución de quienes filtraron los documentos. Acompañó el pedido de este hombre de Dios, entre otros, Tom Flanagan, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Calgary y ex asesor del primer ministro canadiense Stephen Harper. Flanagan precisó un par de métodos para asesinarlo: "Contratar (a un sicario) o tal vez emplear una avión no tripulado" (www.cbc.ca, 1-11-12). Por qué no.
Si las afirmaciones de Robert Gates son ciertas –haciendo a un lado su desdeñosa connotación– los documentos filtrados poco dañarían las relaciones de EE.UU. con sus aliados, con la excepción quizás de Turquía. Pero sin duda socavan las posibilidades de Obama de lograr un segundo mandato. El mandatario estadounidense no fatigó su apoyo a un gobierno honesto y de absoluta transparencia –el suyo– y el ser consecuente con esa promesa lo llevaría a tomar decisiones extremas: no aceptar la responsabilidad del contenido de los documentos lo obligaría a despedir y aun procesar a muchos funcionarios del Departamento de Estado que él mismo designó. La alternativa es de hierro y parece improbable que Obama proceda a tal limpieza para evitar las acusaciones de debilidad que sus competidores le enrostrarían.
Farhan Haq, uno de los voceros de Ban Ki-moon, calificó de ilegal la directiva de espiar al secretario general de Naciones Unidas y se estima que éste pedirá aclaraciones a la Casa Blanca. Haq recordó en conferencia de prensa que, en virtud de la Convención sobre los privilegios e inmunidades de la ONU de 1946, el intento de apropiarse de los datos precisados en la directiva de Hillary Clinton es un delito grave para el derecho internacional (www.guardian.co.uk, 29-11-10). Se estima que esta declaración no movió un solo pelo de la cabellera de Gates. Debe haber agitado mucho la de Hillary.
El vocero del Departamento de Estado, P. J. Crowley, admitió el jueves que la filtración hacía más dura la vida de los diplomáticos estadounidenses (www.voanews.com, 2-12-10). Explicó que su jefa se la pasó telefoneando a mandatarios de China, Alemania, Francia, Gran Bretaña y otros países para lamentar la filtración. También llamó a Buenos Aires y conversó cordialmente unos 20 minutos con Cristina Fernández de Kirchner. Meses antes estaba muy preocupada por la salud mental de la Presidenta argentina.
5 de diciembre de 2010
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hurtado escapó, pero de uribe


María del Pilar Hurtado y la cerradura del círculo. La visita que antes de huir le hiciera la ex directora del DAS a su ex ’chuzado’ Daniel Coronell despierta algo más que curiosidad.
[Jorge Gómez Pinilla] Colombia. Le cabe toda la razón a María del Pilar Hurtado cuando afirma que ella no pidió asilo a Panamá porque se creyera una perseguida política, sino para garantizar su seguridad personal. Es en el fondo el mismo motivo por el cual el tribunal de Estrasburgo negó la extradición de Yair Klein a Colombia: porque aquí no está asegurada su supervivencia física.
Un país cuyas fuerzas oscuras han estado en capacidad de asesinar a Luis Carlos Galán en una plaza atiborrada de gente, a Carlos Pizarro en un avión en pleno vuelo, a Álvaro Gómez Hurtado frente a la universidad donde dictaba clases y a Jaime Garzón a menos de 500 metros del ministerio de Defensa, difícilmente estaría en condiciones (es lo que piensan afuera) de certificar que dos personas poseedoras de tan valiosa información puedan dormir y comer -sobre todo comer- tranquilos en el encierro de una celda.
En cualquiera de los dos casos, aquel que pereciera por atentado o porque ‘accidentalmente’ se cayera el helicóptero que lo traslada, se ganaría el más acertado de los epitafios: "sabía demasiado". En el caso que nos ocupa, así fuera cierto que el propio Álvaro Uribe le ayudó a obtener el asilo en Panamá, aún no se ha contemplado la posibilidad de que la Hurtado no huyó tanto por evadir la justicia, como por escapársele a él. O mejor, a lo que él representa.
Ello explicaría en parte la presencia coincidente (sí, qué coincidencia ¿no?) de Uribe en Panamá entre el miércoles 24 y el viernes 26 de noviembre, quizá prestándole solidaria compañía en plan de fortalecerle la moral, para que calle ahora y calle para siempre. Es por ello que la visita que antes de huir le hiciera la ex directora del DAS a su ex ‘chuzado’ Daniel Coronell despierta algo más que curiosidad, pues mostraría un estado emocional en trance de eventual claudicación, considerando que su visita significa haberle puesto la cara -en acto de expiación, si se quiere- al mismo personaje que antes escuchaba de manera clandestina.
No se descarta entonces la hipótesis de que María del Pilar posee la prueba reina de las ‘chuzadas’, y en este contexto cobra especial interés dilucidar cómo un mando medio del sector público pudo ser catapultado a la dirección de la mismísima central de inteligencia de la Presidencia de la República en un tiempo récord. Estamos hablando de una abogada de los Andes especializada en Negociación y Relaciones Internacionales, nombrada secretaria general del Ministerio de Defensa en noviembre de 2003 por Jorge Alberto Uribe, donde según lasillavacia.com se convirtió en "la persona de confianza de un ministro de la entraña del Presidente". Allí estuvo hasta septiembre de 2005, y en marzo de 2006 pasó a ocupar la subdirección del DAS durante la administración de Andrés Peñate, a quien reemplazó después de que él renunció porque "el sueldo no le alcanzaba para mantener su estilo de vida".
Ya Uribe se había visto obligado a desprenderse de Jorge Noguera, de quien nunca se retractó de llamarlo "un buen muchacho" ni de haberlo ubicado en un cargo tan cercano a su trono. Luego del fugaz paso de Peñate, necesitaba (de nuevo) a alguien de su entera confianza, que no le fuera a renunciar cuando se enterara de minucias, como por ejemplo del poquito sueldo que le pagaban.
Es entonces cuando Uribe se inclina por María del Pilar Hurtado, a quien asciende a directora del DAS el 23 de agosto de 2007. Pero ella –a su vez- sólo le dura hasta el 23 de octubre de 2008, un año y dos meses exactos, cuando le renuncia (en acto que la ennoblece) en reconocimiento a la responsabilidad política que le cabía ante una denuncia de Gustavo Petro, quien mostró en el Congreso un documento en el que se daban órdenes internas para relacionarlo con un supuesto complot contra el gobierno.
No dudamos en sospechar que para una mujer acostumbrada desde la secretaría general del ministerio de Defensa a hacer cumplir la norma en complejas contrataciones, su renuncia debió haberle representado un verdadero alivio, en la medida en que las revelaciones conocidas dejan ver que, o se vio impelida -por no decir obligada- desde la Casa de Nariño a coordinar la "empresa criminal" de espionaje, o dio las órdenes por su propia cuenta.
Si hubiera ocurrido lo segundo, o sea que todo fue a espaldas de la Presidencia, la Hurtado habría sido el chivo expiatorio ideal para disipar la tormenta, descargando sobre ella toda la carga de la prueba. Pero ocurrió lo contrario, que fue el propio ex Presidente de Colombia quien acudió a su buen amigo y aliado Ricardo Martinelli para cobijarla de la justicia, y no contento con ello se manifestó a favor de que los demás acusados salieran también a buscar asilo internacional, y por primera vez dio pie para que su sucesor Juan Manuel Santos dejara de cuidarle la espalda y lo contradijera públicamente: "nadie puede sostener ante un tercer país que aquí no hay garantías".
Quizá la situación no dé todavía para pensar que a Álvaro Uribe se le está cerrando el círculo, pero esas tímidas infidencias que María del Pilar Hurtado le soltó a Daniel Coronell ("un asilo no es posible sin contactos", "al DAS le correspondía proteger la figura presidencial") darían para pensar, en el más optimista de los escenarios, que un día de estos reventará su conciencia y... cantará.
A no ser, claro está, que la revienten antes.
29 de noviembre de 2010
©semana
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revolución educacional de la derecha


Una muy interesante columna de Carlos Peña, en El Mercurio.
La reforma educacional propuesta por el gobierno tiene virtudes —los cambios al estatuto docente o el fortalecimiento de los directores son dos de ellas— pero también tiene vacíos severos.
Y como las ideologías se conocen mejor por lo que ignoran que por lo que declaran, esos vacíos revelan lo que de veras piensa la derecha en materia educacional.
Desde luego, el proyecto del gobierno elude un hecho obvio: el sistema escolar chileno está perfectamente diseñado para reproducir, con estricta fidelidad, la estructura de clases del país. En Chile hay grupos de escuelas ordenados deliberadamente por clases sociales. Los más pobres van a escuelas municipales o particulares subvencionadas; los de clases medias bajas a escuelas con financiamiento compartido; los hijos de las minorías con más ingresos a colegios particulares pagados. Para cada tipo de escuela —municipal, particular subvencionada, con financiamiento compartido, particular pagada— corresponde un tipo de familia seleccionado por nivel de ingreso.
Esa estructura —una rareza en la experiencia comparada— permanece incólume.
¿Por qué algo así se deja inmóvil? La razón es obvia: el sentido común de la derecha ve en la distribución por clases el resultado natural del esfuerzo personal y no la consecuencia de una estructura de distribución que favorece a una minoría. Siendo así ¿qué tiene de malo —piensa la derecha— dejar que la escuela transmita las ventajas familiares a los hijos?
La reforma también guarda silencio acerca de la educación pública.
Chile siempre ha tenido un sistema escolar de provisión mixta: en él enseñan entidades estatales y otras privadas de variada índole. Se trata de un rasgo valioso que se ajusta bien a la pluralidad de una sociedad democrática.
Hoy día, sin embargo, ese carácter mixto está en peligro: la educación municipalizada principia a cerrar escuelas, las familias migran al sistema particular subvencionado y a poco andar los proveedores privados anegarán la oferta. Y así, transitaremos de un sistema mixto a uno predominantemente privado.
La reforma de la que presumió Piñera también calla acerca de eso y elude fortalecer a esas escuelas que debieran ser el paradigma del sistema ¿Por qué? Es obvio, para la cultura de la derecha es preferible que las escuelas sean privadas: ellas son el brazo cultural de la familia y no, en cambio, el lugar donde se expresan los ideales de la comunidad política.
La reforma tampoco dice nada acerca de la educación preescolar.
La educación en la primera infancia —que significa sacar a los niños temprano del seno de la familia para incorporarlos a una institución educativa— permite disminuir las diferencias de cuna, libera a las mujeres de la división sexual del trabajo y estimula se incorporen al mercado laboral.
¿Por qué, a pesar de esas obvias ventajas, la reforma nada dijo acerca de ella?
De nuevo la explicación es ideológica.
Para un amplio sector de la derecha, la división sexual de roles es una cosa natural que no debe ser transgredida y la experiencia familiar es intrínsecamente mejor que cualquier otra experiencia. El estímulo a la educación preescolar contradice ese prejuicio y de ahí entonces su disposición a omitirla.
En fin, se encuentran los liceos de excelencia a los que la derecha abraza con fervor casi religioso.
Se trata de colegios en los que se permite seleccionar por rendimiento, agrupando así a los alumnos de mejor desempeño previo. Una vez efectuada la selección, se proveerá a esos establecimientos de mayores medios y recursos: se dará a los que tienen y se quitará a los que no tienen ¿A quién se le puede ocurrir que semejante mecanismo —que selecciona a los niños marcando tempranamente el destino de los que quedan fuera— puede ser justo y meritocrático?
A la derecha se le ocurre.
Ella piensa que todas las ventajas de la vida —desde el capital cultural al económico— son fruto del desempeño personal, un resultado de la voluntad y no de hechos sociales que haya que corregir.
Y a la realización de ese ideal lo llama revolución.
28 de noviembre de 2010
©el mercurio
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solución equivocada en méxico


El gobierno de Obama hace bien en considerar un aumento del financiamiento, pero militarizar todavía más la lucha contra los carteles de la droga es erróneo. Sería más razonable que Estados Unidos se preocupara de la escandalosa corrupción.
[John M. Ackerman] La secretario de Estado Hillary Rodham Clinton cometió el miércoles pasado un peligroso error cuando llamó "subversivos" a los carteles de la droga mexicanos y sugirió revivir el Plan Colombia del presidente Clinton para enfrentar el problema. Ese programa instaló bases militares estadounidenses en Colombia y canalizó miles de millones de dólares por concepto de ayuda militar para combatir la subversión de izquierda que se financia con el tráfico de drogas. Lo último que necesita Estados Unidos ahora es un nuevo atolladero al sur del Río Grande.
México no se parece a Colombia. Colombia debía hacer frente a una organización revolucionaria empecinada en derrocar al gobierno. En contraste, los narcotraficantes colombianos son hombres de negocios que, podemos asumir, están interesados sobre todo en aumentar sus ganancias. Al final, prefieren usar "plata", o sobornos, en lugar de "plomo", o balas. Aunque toman decisiones rápidas sobre el asesinato y la decapitación de miembros de organizaciones rivales, prefieren de lejos a un agente de policía, soldado o mayor dócil vivo que uno muerto. Es por eso que funcionarios de gobierno constituyen apenas un pequeño porcentaje de las muertes: sólo cerca de tres mil, de 28 mil víctimas, de acuerdo a cifras oficiales.
El despliegue de tropas de combate estadounidenses en territorio mexicano también podría parecer y sentirse como una invasión extranjera. No sería la primera vez que Estados Unidos cruce la frontera. Entre 1846 y 1848, Estados Unidos conquistó un tercio del territorio mexicano. En 1914, Estados Unidos ocupó la estratégica ciudad portuaria de Veracruz. En 1917, cuando se redactaba la moderna Constitución mexicana, tropas estadounidenses cruzaron la frontera en un fallido intento de atrapar a Pancho Villa.
Por eso, el pueblo mexicano desconfía mucho más que los colombianos de cualquier tipo de relación militar con Estados Unidos. Este es particularmente el caso este año, cuando México celebra el bicentenario de su independencia de España y el tema de la soberanía está en el centro del debate público.
El Plan Colombia fue muy problemático. Más de cuatro mil millones de ayuda militar y la construcción de bases militares estadounidenses redujeron la violencia. Sin embargo, la cocaína colombiana todavía fluye libremente hacia el mercado estadounidense y es una de las fuentes de ingreso más importantes para los carteles mexicanos.
El apoyo militar estadounidense en Colombia también condujo a un fuerte aumento de las violaciones a los derechos humanos y numerosas ‘desapariciones’ de ciudadanos, con un costo considerable para el tejido social del país. Informes de organizaciones no-gubernamentales y de la prensa han constatado que gran parte de la ayuda fue canalizada hacia organizaciones paramilitares y que la presencia de Estados Unidos envalentonó a los militares colombianos para actuar con impunidad.
El gobierno de Obama hace bien en considerar un aumento para el financiamiento mexicano. La secretaria de Estado Clinton también hace bien en exigir más "voluntad política" al sur de la frontera. La decisión de la última semana, de suspender 26 millones de dólares de ayuda a México por la situación de los derechos humanos, es un respiro. Declaraciones recientes de altos funcionarios de gobierno de Estados Unidos sobre la corrupción en México también representan un bienvenido rompimiento con el pasado.
Pero incrementar la militarización no es la solución. Como dijo al Times Alonzo R. Pena, subdirector del Servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos, la semana pasada: "Donar al gobierno mexicano doce helicópteros Black Hawk nuevos para combatir a los señores de la droga no tiene ningún valor si los funcionarios avisan a los carteles antes de que los aparatos se acerquen". México debe enfrentar resueltamente el problema de la corrupción.
Hay indicios de que se está avanzando en este frente. La semana pasada el gobierno anunció que había despedido al diez por ciento de la fuerza de policía federal porque los agentes no habían aprobado sus exámenes de "control de confianza", que incluyen un detector de mentiras y tests de drogas. Otro cinco por ciento está siendo investigado y también podrían ser despedidos.
Además, el reciente aumento de los ataques directos contra funcionarios públicos puede ser una triste indicación de que en realidad algo se está logrando con el intento de México de purgar el gobierno. Nueve presidentes municipales, un candidato a gobernador y numerosos jefes de policía han sido asesinados en los últimos meses. Aunque es siempre posible que los funcionarios hayan sido asesinados porque favorecían a una banda por sobre las otras, al menos en algunos casos las organizaciones respondieron a la campaña contra la corrupción.
Pero es simplemente ingenuo pensar que los exámenes de control de confianza y unos pocos héroes del gobierno harán el trabajo. México debe implementar potentes soluciones institucionales que cambien la ecuación de incentivo para los funcionarios de gobierno. En lo específico, se debería crear una nueva comisión contra la corrupción, completamente independiente y bien financiada, que trabaje estrechamente con la sociedad civil para controlar, investigar y capturar a funcionarios públicos corruptos. Hoy, México no tiene nada que se acerque siquiera a una institución semejante.
Otra decisión estratégica sería financiar y apoyar agresivamente al periodismo investigativo independiente y a los medios alternativos, que han jugado un importante papel en exigir responsabilidad al gobierno. El periodismo se ha convertido en una profesión de alto riesgo en México. Los dos carteles y el gobierno han hecho todo lo posible por suprimir la verdad sobre la corrupción.
Desgraciadamente, ni las agencias contra la corrupción ni el apoyo a periodistas han formado parte del nuevo énfasis en programas sociales, los que hace algunos meses el gobierno de Obama sugirió como posibles receptores de financiamiento futuro en México. Bajo la influencia del gobierno de Calderón, gran parte de las conversaciones han girado sobre iniciativas más "blandas", como educación en drogas, renovación urbana, becas escolares y programas de desarrollo de la comunidad. Todo esto es bueno, pero no atacarán las raíces del presente fracaso en el intento de contener a los carteles de la droga en México.
Es hora de que Estados Unidos modifique su política de drogas en México. En lugar de echar más dinero al hoyo negro de los helicópteros de combate, bases militares o programas de desarrollo social, Estados Unidos podría hacer una importante contribución a la paz en Norteamérica ayudando a combatir resueltamente la corrupción y apoyando la libertad de expresión.
[El autor es profesor en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y columnista del diario La Jornada y de la revista Proceso].
johnackerman.blogspot.com
13 de noviembre de 2010
10 de septiembre de 2010
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lo que me dijo maría del pilar


Coronell, columnista de la revista Semana, fue una de las personas perseguidas y espiadas por el DAS de Uribe. Revela aquí por qué la ex directora del DAS pidió asilo en Panamá.
[Daniel Coronell] Hace unas semanas recibí por BlackBerry un mensaje inesperado. Era la ex directora del DAS María del Pilar Hurtado: "Daniel. Quiero tomarme un cafecito con ud. ¿Me invita?" Pasaron varios minutos antes de que me animara a contestar. Para la fecha de esa comunicación ya Martha Leal, ex directora de Operaciones, y Fernando Tabares, ex director de Inteligencia del DAS, habían confesado que mi familia y yo fuimos blanco de seguimientos ilegales por orden del gobierno. Por eso la solicitud resultaba tan extraña. Sin embargo, hice de tripas corazón y tecleé: "El sábado a las 12 en ’Noticias Uno’".
Ella me explicó que no quería dar una entrevista por consejo de su abogado y agregó: "Pero sí quisiera hablar de esto con sumercé". Algo debió notar en el tono de mis respuestas porque agregó: "Está molesto conmigo, ¿cierto?". Cuando se lo confirmé, replicó: "Lo entiendo. Por eso quiero hablar con usded. Sobre todo por lo que usted me ha brindado creyendo en mí. Gracias por oírme a pesar de lo que está pensando".
El sábado siguiente María del Pilar llegó a mi oficina. La oí sin interrumpirla por cerca de dos horas. Aseguró muchas cosas, unas cuantas eran ciertas, otras no; y todas mostraban la desesperación de una persona que se sentía abandonada.
Recuerdo perfectamente que hizo dos afirmaciones que me llamaron la atención. La primera surgió cuando le pregunté por la creación de una compañía con su apoderado, Jaime Cabrera. El 29 de diciembre pasado, ellos registraron una empresa llamada Cabrera & Hurtado Asociados SAS. Ella respondió que ante su situación económica le había pedido ayuda al entonces presidente Álvaro Uribe y este le dio instrucciones a su secretario jurídico para "llenarla de contratos", según sus palabras.
Me aseguró que Edmundo del Castillo se había saltado la orden presidencial y que, por tal razón, las únicas entidades que le habían dado los prometidos contratos eran la Superintendencia de Servicios Públicos y la Unidad de Parques Nacionales de Colombia. Y eso -según ella- porque las directoras eran amigas suyas.
También afirmó que había tenido una tensa conversación telefónica con Álvaro Uribe cuando él señaló que al "pobre Bernardo" lo querían enredar con el tema de las "chuzadas". María del Pilar asegura que le reclamó a su ex jefe porque él pensaba en todos menos en ella, a lo cual Uribe respondió que ya era hora de que pensara en pedir asilo político.
Interrumpí la narración de María del Pilar y le pregunté si era Uribe directamente la persona que había sugerido la figura del asilo, y ella me lo confirmó y añadió que si escogía esa opción, esperaba que el ex mandatario la ayudara con sus contactos a obtener ese asilo, así como Bernardo Moreno había contado con el apoyo del Partido Popular, de José María Aznar, y de varias organizaciones de la derecha ibérica para explorar esa posibilidad en España.
Cuando terminó, le pregunté por qué no consideraba la posibilidad de contarle a la justicia todo lo que sabía del DAS, y ella aseguró que ya lo había contado todo. Le insistí en que podía decir de dónde habían venido las órdenes, y guardó silencio.
Unos días después supe que el ex ministro Óscar Iván Zuluaga le había hecho una larga visita a María del Pilar en la oficina de la calle 77, que figura como dirección oficial de Cabrera y Hurtado Asociados.
El pasado fin de semana, una fuente me confirmó que ella estaba en Panamá. Recordé inmediatamente el tema del asilo y le escribí preguntándole por la razón de su viaje. Me contestó: "Atendiendo un cliente e intentando pescar otros dos. Lo noto muy dateado. Daniel, ¿me tiene chuzada?"
También recordé la estrecha amistad de Uribe con el presidente panameño, Ricardo Martinelli, así como los negocios y las frecuentes visitas a ese país de los hijos del ex presidente.
21 de noviembre de 2010
20 de noviembre de 2010
©semana
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sobre la nueva derecha


Una interesante columna en El Mercurio sobre la nueva derecha.
[Luis Larraín] El ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, fue al parecer el primero en usar el término Nueva Derecha para referirse a la identidad de quienes nos gobiernan. Y ello ha provocado reacciones. La UDI prefiere hablar de nueva mayoría social.
Hinzpeter ha aclarado que él lo plantea como una tesis más que como una propuesta, y vale la aclaración, porque en esta etapa es preferible hablar de una tesis, que constata, más que de una propuesta, que puede asociarse a proyectos políticos personales.
El nombre no es lo importante, pero es sano discutir sobre esto, porque ayuda a perfilar la identidad de la centroderecha que gobierna y permite pensar en proyectarla. Si no se hace y no hay reelección, que sería impresentable, ¿cómo se posiciona entonces la centroderecha frente a la ciudadanía el año 2014?
Es cierto que hay hoy día una nueva sensibilidad en la derecha. Es capaz de abrirse a nuevos temas, de tomar en cuenta las opiniones de sectores más amplios de la ciudadanía, y eso es bueno. Pero, cuidado, esto no significa que esta nueva derecha tenga que hacer suyas las soluciones de la izquierda.
Vamos a los ejemplos que se han dado para caracterizar a la nueva derecha. En Barrancones se advirtió en el Presidente una nueva sensibilidad hacia los temas del medio ambiente, lo que puede ser positivo, pero la solución fue mala, porque representó una elusión institucional, algo muy distinto al concepto de rule of law, que es consustancial a la derecha. En la decisión de aumentar los impuestos para financiar la reconstrucción se demostró una sensibilidad mayor hacia la distribución del ingreso, pero se entregó la señal de que el Estado administra mejor los recursos que el sector privado.
La nueva derecha tiene que ir más allá de una asimilación a la izquierda, por una cuestión muy simple: si aboga por las ideas de ésta, finalmente la gente preferirá el original.
Conminados entonces a dotar de contenido a la nueva derecha, pueden ser útiles las reflexiones del intelectual francés Guy Sorman. Él propone tres elementos diferenciadores para la nueva derecha: el primero, ser realista, por contraste a la utopía socialista; el segundo, tener creatividad en las soluciones sociales; el tercero, respetar el principio de la responsabilidad personal como único valor en el ámbito de la política.
Ser realista significa aceptar que las personas se mueven por incentivos, y por ello una economía de mercado es la única solución realmente disponible. Pero significa también aceptar que la gente valora vivir en una sociedad en que todas las personas acceden a niveles de vida dignos, de modo que hay que ayudar a quienes no pueden lograrlo por sus propios medios.
Creatividad en las soluciones sociales significa buscar políticas que ayuden a los sectores más desposeídos, pero que al mismo tiempo no destruyan los incentivos a trabajar ni la responsabilidad personal, diferenciándose así del estado de bienestar que hace agua hoy en el mundo desarrollado. El ingreso ético familiar es justamente una solución que se enmarca en esta definición.
Y por último, y esto puede ser discutible, el único valor que deben reconocer las políticas públicas es fomentar y respetar la responsabilidad personal.
Y es que quizás el punto de encuentro entre una derecha conservadora y una liberal está en respetar la tradición, en cuanto ella es la síntesis de lo que las personas han decidido valorar en el pasado y por ello merece consideración. Pero junto con respetar esa tradición y no buscar su remoción per se, estar dispuestos a aceptar cambios en los valores de las personas, siendo el límite a esos cambios el respeto y fomento de la responsabilidad personal, verdadero punto de encuentro entre una tradición conservadora de raíz cristiana y una auténtica vocación libertaria.
Es positivo que la nueva derecha escuche más a la gente. Pero además de escuchar a la gente hay que empoderarla, hacerla protagonista de su progreso, y no transformar al Estado en la solución de todos sus problemas. Eso ya es otra cosa, no nueva derecha.
14 de noviembre de 2010
©el mercurio
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