algo habrán hecho
19 de mayo de 2010
En algunos momentos, irrumpe una ideología estúpida que se apacigua a sí misma diciéndose que en realidad las víctimas o tienen la culpa o se lo merecen.
[Eva Giberti] Desde los perpetradores originales, en libertad cuando se esperaba su inmediata detención, hasta los vecinos observadores, que también son perpetradores periféricos, la propuesta es doble: por una parte, "aquí no pasó nada malo, no se mató a nadie" y por otra "lo que pasó era algo habitual, todo el pueblo conocía esos videos, porque hay varios".
Los medios de comunicación se ocuparon de difundir los contenidos del Código Penal, y los márgenes de edad para ser víctima de un delito, así como la importancia del número de agresores cuando son "más de dos". Se trata de informaciones cotidianas: hoy sabemos, aun sin haber leído el expediente, que una muchachita de catorce años fue violada por tres sujetos y filmada mientras no podía escapar de la situación.
Que quede claro que la imposición del denominado sexo oral, la fellatio o felación de los latinos, constituye violación para quien está obligada u obligado a asumirla sin alternativa. Y sin duda se instala como una forma de tortura. De la que disfrutan quienes la ejercen como forma privilegiada del abuso de poder.
También sabemos que un corrillo de vecinos, según se dice inspirados por los familiares de los perpetradores, se organizó en defensa de estos denominados muchachos que "no habían hecho nada malo" porque la "chica", o sea la víctima, "estaba habituada a estas situaciones", más aún, por ser algo "ligerita", "rapidita". O sea, no se le escapa a nadie que la tentativa se dirige a exculpar a los muchachos de buena familia porque, en todo caso, a esa chica le pasó lo que le pasó porque "en algo andaría", o mejor "en algo andaba". Que se sintetiza en aquel famoso "algo habrán hecho" que definió el perfil cómplice de los ciudadanos y ciudadanas adheridos al terrorismo de Estado.
¿O pretenderemos suponer que el terrorismo de Estado entre nosotros se mantuvo durante diez años solamente gracias a Martínez de Hoz y merced a las Fuerzas Armadas y a las fuerzas de seguridad? No fue así. Entre quienes lo sostuvieron estaban aquellos que decían "algo habrán hecho" para referirse a aquellas víctimas.
Un canal sólido y sutil comunica los pensamientos, negaciones, puntos ciegos y goces en el imaginar que alguien está siendo o ha sido ferozmente victimizado por sujetos a los que se elige como representantes de la verdad y con los cuales es posible identificarse; porque son los que han hecho algo que se admira: portarse como torturadores, capaces, además, de proveer de entretenimiento a una comunidad: para eso filmaron el video, para entretenerse y entretener. Violar a una muchacha entre varios, semejante las becerradas del Medioevo y filmarla para distribuir las imágenes entre la comunidad desborda el delito del violar y lo perfecciona con el narcisismo de quienes se miraron a sí mismos aportándose el placer de un tríptico de falos compartidos.
Los comentarios propios del desconcierto popular ante un corrillo que en una ciudad enarbolaba carteles vivando a los buenos muchachos, falsamente acusados por quienes defienden a quien algo habrá hecho para que la violen, condujo a la conclusión inevitable: "¡esta sociedad está enferma!".
Lo plantearon antes de que se supiera que en Olavarría varias mujeres denunciaban a su ginecólogo por prácticas sexuales ajenas al ejercicio de su profesión, llevadas a cabo, justamente, en momentos de ese ejercicio. Otro agrupamiento portaba carteles en defensa del ginecólogo, seguramente victimizado por una coalición de mujeres confabuladas con intención de perjudicarlo. Este agrupamiento, igual que en la otra ciudad, había salido en defensa del supuesto violador.
Si lo verosímil de la historia mantuviera la fuerza probatoria de lo que se deberá probar, si bien los testimonios de las mujeres deberían alcanzar, sólo repetiría lo que innumerables mujeres han padecido en situaciones semejantes, con un agravante: el juramento hipocrático aniquilado, el principio sagrado de la medicina: "primero no dañar".
Ahora tendrían que afirmar que la sociedad está muy enferma. Y así sucesivamente. Y digo sucesivamente porque la historia de General Villegas postergó el análisis de la familia que violaba, mediante sus distintos miembros, a una niña, luego adolescente de 16 años. Víctima que –según informaciones no confirmadas– habría sido repudiada por sus conocidos por "buchona", por haber contado lo que le sucedía. Y ahora hay una familia deshecha. Debido a su denuncia. Situación conocida perfectamente por aquellas víctimas que denuncian y luego son sancionadas por quienes las rodean, y aun padecen exclusiones sociales por haber hablado de lo que no se habla.
La identificación con el agresor, con el victimario, el delincuente sexual es un hecho común, frecuente; es el efecto de posicionarse en el lugar del triunfador, del ganador, ya que asumir la posición de la víctima es penoso y humillante. Y el lugar del poder es deseable, el lugar de aquel que puede exhibirse y ser admirado como transgresor de la ley, sin ser considerado un delincuente, como lo explican los carteles que se exhiben en dos ciudades de nuestro país.
Para que se levanten esos carteles es preciso que la disfunción moral –por llamar de algún modo al fenómeno–, es decir los límites de las reflexiones éticas han sido saturados o no adquiridos. Es necesario renegar del lugar de las víctimas, despreciarlas e incorporar un saber impregnado por la violencia como valor inestimable. Cualquier violencia y, entre ellas, las que se derraman sobre las mujeres han sido privilegiadas.
Denominé perpetradores periféricos a quienes comenzaron a mostrarse y a poner al descubierto los canales que los comunican, exhibiendo aquello que piensan y los define ante los medios de comunicación, que es el primer aliado que buscaron, fracasando momentáneamente en el intento.
Aplicaron la propuesta exhibicionista de los otros perpetradores pero en gran escala, con vista al exterior. Una panorámica que demuestra que existen, porque sin que les importe la sanción social, están fanatizados por su convicción que les permite creer en la lógica de sus razonamientos. Lo interesante del fenómeno es que no aparece un ocultamiento de ese modo de pensar ni vergüenza por ser socialmente criticados.
Se comienza a reconocer el latido de lo que se suponía y deseaba superado y acabado, después del Nunca Más. No hace falta que estos pensadores periféricos aporten ideaciones políticas ni ideologías reconocibles; les alcanza con decir: "Aquí estamos y nos vamos a hacer valer. No nos importa el Código Penal, ni ningún otro código como no sea el mío que proclama a quienes yo quiero y admiro como los mejores, aunque está demostrado lo contrario. Y todos los demás (estaba claro en los diálogos con los periodistas) son imbéciles por creer que aquí hay una víctima", si se trata de la muchachita.
Alguien podría objetarme que la semejanza entre los unos, de General Villegas –no toda la población– y los otros del terrorismo de Estado –no toda la población– es demasiado elemental.
Es posible, no obstante elude el comodín de la sociedad que no sabemos si puede pensarse como enferma, pero sí capaz de gestar una mutación moral: defender y exhibir lo que hace años no había quién se atreviese a agitar públicamente. Aunque centenares lo pensaran de ese modo y procedieran, jurídicamente, absolviendo al violador.
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Durante años, los conservadores en España se erizaban toda vez que su juez más famoso, Baltasar Garzón, empujaba los límites del derecho internacional contra el ex dictador chileno, general Augusto Pinochet, y contra violadores de los derechos humanos en otros países, pero eran incapaces de pararlo. Cuando el juez estrella español se interesó en las atrocidades de la Guerra Civil española, sin embargo, unieron fuerzas con sus numerosos enemigos y fueron a por él, acusándolo de abrir viejas heridas y de violar la ley de amnistía del país de 1977. La semana pasada, un juez del Tribunal Supremo decidió llevarlo a juicio, y el Consejo General del Poder Judicial votó en una sesión extraordinaria la suspensión de Garzón.
[Osvaldo Bayer] Una vez más sostenemos que en la Historia finalmente triunfa siempre la Ética. Aunque pasen siglos. Recuerdo cuando hace años comenzamos los jueves al anochecer, junto al monumento al general Julio Argentino Roca, demostrando que, documento tras documento, los argentinos honrábamos a un genocida, a un racista y a quien había restablecido la esclavitud en la Argentina, en 1879, esclavitud a la cual nuestra increíblemente progresista Asamblea del Año XIII había eliminado adelantándose en décadas a Estados Unidos y a Brasil. Pues bien, aquella iniciación se ve culminada ahora por el primer congreso nacional del movimiento "Desmonumentar a Roca, que se llevará a cabo el sábado próximo, 22 de mayo, día del Cabildo Abierto, y el domingo 23, en la ciudad bonaerense de Junín, al cual concurrirán delegaciones de todo el país de docentes, estudiantes, trabajadores, miembros de instituciones culturales, representantes de los pueblos originarios y todos los que quieran participar. Los actos serán públicos y culminarán con música del cada vez más joven conjunto Arbolito.
[Horacio Verbitsky] Hace doce años, cuando el juez Baltasar Garzón ordenó el arresto en Londres de Augusto Pinochet para juzgarlo por los crímenes que el dictador chileno cometió en Chile contra ciudadanos chilenos, se intentó desacreditar al juez que abrió esos procesos de jurisdicción universal a pedido del fiscal Carlos Castresana. En la Argentina, los gobiernos de Carlos Menem y Fernando De la Rúa le negaron la extradición de 140 jefes militares que había pedido. Los law lords británicos concedieron la extradición de Pinochet pero el gobierno laborista de Tony Blair prefirió enviarlo a Chile. Le bastó pisar Pudahuel para dejar de fingir demencia y agitar su bastón como estoque triunfal. Quienes en España se oponían a la actividad de Garzón dijeron que ponía en peligro las relaciones con lo que allí se denomina Iberoamérica. Por el contrario, desde Colón en adelante nunca la imagen española había sido mejor en América, gracias a Garzón. No se sentían en riesgo los pueblos sino los intereses empresariales españoles en la región, que temían represalias por parte de los gobernantes que garantizaban la impunidad. Es imposible exagerar la importancia del proceso que Garzón puso en marcha, como hecho político dinamizador de las democracias sudamericanas y como acontecimiento jurídico, en las huellas de Nuremberg pero no con el respaldo los tanques de un Ejército vencedor luego de una guerra mundial, sino apenas del derecho y de la ética. La actividad de Garzón y su favorable eco popular estimuló a los jueces argentinos a declarar nulas las leyes de impunidad y a los jueces chilenos a reinterpretar la ley de amnistía de modo de procesar a los desaparecedores. Por eso la decisión del Consejo español del Poder Judicial de suspender a Garzón y someterlo a juicio acusado de hacer en su país lo mismo que antes hizo por los nuestros resulta incomprensible. La idea de que prevaricó al desconocer una ley de amnistía es un disparate jurídico. También en Sudamérica las había y en todos lados chocaban con marcos normativos de jerarquía superior, como le recordó a España el Tribunal Europeo y a la Argentina y Chile la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Los mismos jueces que admitieron reabrir los procesos cuando se trataba de sudacas lo objetan si afecta a españoles. Transmiten así un mensaje despectivo, similar al que todo el mundo le reprochaba a George W. Bush cuando decía que la ley soy yo y el que se opone es porque no entiende. Para colmo esto ocurre al mismo tiempo que José Luis Rodríguez Zapatero practica la Gran De la Rúa y decide ahorrar sobre la papilla de los bebés y el salario de los empleados públicos. Ahora sí que las relaciones de España con nuestros países entran en zona de turbulencia, justo en vísperas de la cumbre de Madrid entre jefes de Estado de América Latina y el Caribe y de la Unión Europea y en la quincena en que comienzan a celebrarse los bicentenarios de la independencia. El Reino de España se parece así a la peor republiqueta.
[Gabriel Puricelli] Munido de una sentencia judicial en lugar de una pistola y al grito de "¡Fuera Garzón!" en lugar de "¡Al suelo todo el mundo!", el franquismo irrumpe de nuevo en el centro de la escena pública española para demarcar los límites precisos de una transición a la democracia que tantas veces se pintó como modélica. Una demanda presentada nada menos que por una organización ("de fachada", hubiera adjetivado la jerga anticomunista) falangista, detonó una de las tantas bombas sin explotar que quedaron de la Guerra Civil, en el corazón mismo del Poder Judicial.
[Óscar Guisoni] En su libro ‘Adolfo Suárez, ambición y destino’ (Debate, 2009), el periodista Gregorio Morán cuenta cómo el franquismo residual supo atar los cabos a la muerte del dictador para evitar que el poder se le escurriera de las manos, abriendo las puertas a la llamada "transición española", un proceso considerado en su momento modélico y que a la luz de algunos acontecimientos recientes, como la cacería judicial a Baltasar Garzón, comienza a ser visto como el camino inconcluso hacia una democracia bajo control.
[Martín Granovsky] Cuando Daniel Rafecas le dijo que "en un día muy difícil para el juez, la Argentina está con usted", Baltasar Garzón le contestó: "No sigas por ahí que me voy a emocionar". Rafecas es el juez federal argentino que lleva la megacausa por violaciones a los derechos humanos en el área del Primer Cuerpo de Ejército, con sede en Buenos Aires y radio extendido al conurbano.
El presidente Obama ha calificado de "mal orientada" la ley y prometió mantenerse alerta. Pero cuando la segregación racial encuentra un punto de apoyo en alguno de los cincuenta estados, el presidente tiene que hacer algo más que ofrecer críticas mesuradas. Debería actuar. Aquí sigue un listado de las cosas más urgentes: