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opinión

asamblea popular sobre ética


Debatir la historia en asamblea. Sobre el cambio de nombre de una calle.
[Osvaldo Bayer] Argentina. Morón. Asistí a una asamblea popular que trató algo fundamental pero no importante. (No importante para la gente de bien.) Convocados por el Concejo Deliberante de la ciudad, los vecinos discutieron el cambio de nombre de la calle Ataliva Roca, de Castelar. Una discusión que duró varias horas y donde entró a tallar algo fundamental en la vida humana: la Ética. Sí, una asamblea popular del Gran Buenos Aires discutiendo sobre la Ética en la historia.
Ataliva Roca, el hermano de Julio Argentino Roca. Lo hizo célebre Domingo Faustino Sarmiento, quien inventó para el idioma argentino el verbo atalivar. Decía Sarmiento como quien recita un proverbio: "El presidente Roca hace negocios y su hermano ‘ataliva’". Quería decir cobra la coima. Después del genocidio de los pueblos originarios, comenzará el afiebrado negociado de la tierra pública. La preferida será la Sociedad Rural Argentina, la misma de la actualidad. Su presidente de aquel entonces (1879), el estanciero José María Martínez de Hoz, recibirá del gobierno argentino 2.500.000 hectáreas. Sí, lo repetimos una vez más porque ésa es la verdadera historia argentina. Un poder familiar que se mantuvo durante un siglo ya que ese Martínez de Hoz era el bisabuelo directo del "murciélago" Martínez de Hoz que manejó la economía del país mientras "desaparecían" los díscolos que querían terminar con un poder de siempre pese a los parches históricos que hacían mantener esperanzas y cantitos.
Sí, los Roca, el Julio Argentino y el Ataliva, repartieron 41.000.000 de hectáreas conquistadas "para el progreso" por el Ejército nacional con el Remington importado de Estados Unidos. Ocho tiros del fusil a repetición para liquidar a los "salvajes, los bárbaros", en beneficio de los "civilizados". El pensamiento de los hombres de Mayo convertido con el Remington en estancias para los nuevos dueños del país. Y la tierra se repartió entre los dirigentes de la Sociedad Rural (fíjese el lector cómo el poder de la tierra se ha mantenido a través de más de un siglo en los mismos apellidos, todos apellidos de las comisiones directivas de la Sociedad Rural en sus distintas épocas): Amadeo, Leloir, Temperley, Atucha, Ramos Mejía, Llavallol, Unzué, Miguens, Terrero, Arana, Casares, Señorans, Martín y Omar, Real de Azúa.
Sarmiento, en su artículo de El Censor, del 18.XII.1885, denunciará el gran negociado de los hermanos Roca con la tierra pública. Dice Sarmiento que la Campaña del Desierto "fue un pretexto para levantar un empréstito enajenando la tierra fiscal a razón de 400 nacionales la legua, a cuya operación, la Nación ha perdido 250 millones de pesos oro ganados por los Atalivas, Goyos y otras estrellas del cielo del presidente Roca. Pero si se puede explicar, aun cuando no se justifique, esta medida antieconómica y ruinosa para el Estado, por la famosa Campaña del Desierto, después de que ésta se realizó sin batallas ni pérdidas de ningún género para el gobierno, no hay razón, no hay motivo alguno para que tal empréstito continúe hoy abierto... para los amigos del general Roca, máxime cuando la suscripción se cerró hace ya mucho tiempo. Es necesario llamar a cuentas al presidente y a sus cómplices en estos fraudes inauditos. ¿En virtud de qué ley, el general Roca, clandestinamente, sigue enajenando la tierra pública a razón de 400 nacionales la legua que vale 3000? El presidente Roca, haciendo caso omiso de la ley, cada tantos días remite por camadas a las oficinas del crédito público órdenes directas, sin expedientes, ni tramitaciones inútiles para que suscriba a los agraciados, que son siempre los mismos, centenares de leguas. Allí están los libros del Crédito Público que cantan y en voz alta para todo el que quiera hacer la denuncia al fiscal. Al paso que vamos, dentro de poco no nos quedará un palmo de tierra en condiciones de dar al inmigrante y nos vemos obligados a expropiar lo que necesitamos, por el doble del valor, a los Atalivas". Hasta ahí, Sarmiento.
Sí, tal cual. Por ejemplo, las colonias santafesinas de los inmigrantes les fueron compradas a Ataliva Roca. Es decir, Julio Argentino le daba las tierras fiscales a su hermano Ataliva y éste las vendía por supuesto con la ganancia esperada. Todo fue un gran negociado. El mismo Sarmiento lo repitió varias veces (textual): "Quieren que el Estado, quieren que nosotros que no tenemos una vaca, contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a los Unzué, a los Pereyra Iraola, a los Luro y a todos los millonarios que pasan su vida mirando cómo paren las vacas".
Los apellidos de siempre. Y más todavía, Sarmiento dirá también en El Censor: "El Ejército no ha servido durante la administración de Roca sino para avasallar las libertades públicas. Ataliva Roca, su hermano, es el proveedor de hace muchos años de los enormes ejércitos y de la armada, a más de las expediciones, guarniciones que se hacen en plena paz". Y más adelante: "Póngase una cruz negra en el mapa de República, en cada uno de los puntos ocupados militarmente por un miembro de la familia Roca, ligados entre sí por los tentáculos viscosos de Ataliva, y saltará a la vista si el Ejército tiene otra misión en ese momento que la de asegurar el mando y la disipación de los caudales públicos a la familia Roca-Juárez Celman".
Para eso se asesinó a miles de los pueblos originarios y se esclavizó a hombres, mujeres y niños. Y qué servilismo a los Roca demostraron todos los gobernantes que siguieron después. El poder de la tierra dominó. Nadie revisó ese período. Por eso, fue respirar aire nuevo este último jueves en Morón. Los vecinos, sí, los vecinos, en asamblea pública comenzaron a analizar la historia y a promover el cambio del nombre de la calle Ataliva Roca. La asamblea fue presidida por el titular del Concejo Deliberante de Morón, doctor Enrique Louteiro. Y así se aprobaba el pedido de los vecinos Jorge Borelli y Juan Mosca. De Castelar. Juan Mosca es, además, presidente de la Sociedad de Fomento de ese barrio de Morón. Todo se inició en una contratapa de este autor en Página/12, por la cual fui invitado a la banca abierta de la sesión del 25 de octubre del 2007, donde planteé la vergüenza societaria que significaba para Morón tener una calle con el nombre de Ataliva Roca, cuyo único mérito era el de haber sido hermano del general Roca y dedicarse a "atalivar". Durante una hora me dediqué a demostrar con documentos científicamente históricos el negociado que significó la Campaña del Desierto, además del genocidio. El único mérito que tuvo Ataliva Roca en Castelar fue poseer una propiedad en esa localidad. Una de las tantas posesiones de Ataliva en todo el país. En la asamblea del jueves, la directora del Instituto y Archivo Histórico de Morón confirmó que "no encontramos razón para homenajear a este personaje que no realizó ninguna obra beneficiosa para la comunidad que lo haga merecedor de semejante distinción". En ese momento se leyó un saludo de la Sociedad de Escritores de La Pampa, que felicitaba a la asamblea por la iniciativa. No olvidemos que una localidad de esa provincia también se llama Ataliva Roca. Luego hablaron los vecinos. Fue emocionante escuchar la sabiduría popular que volcaron. Uno de ellos propuso el nombre de Túpac Amaru, el increíble libertador que murió en el más cruel de los tormentos que registra la historia de la perversión humana, llevado a cabo por los españoles con el apoyo de los obispos y del rey católico de España, como se lo designaba oficialmente. Otro vecino propuso el nombre de un poeta popular de Castelar, escritor de muchos libros al calor del ambiente barrial, otro propuso a Favaloro, una vecina de la calle Ataliva Roca propuso el nombre de Micaela Bastidas, la mujer de Túpac Amaru, la compañera fiel de ese rebelde, a quien primero los verdugos hispanos le cortaron la lengua y luego le cortaron la cabeza, acto que tuvo que ser presenciado por su propio marido encadenado y por el hijo de ambos, de apenas 14 años de edad. Occidentales y cristianos los verdugos. Otra vecina de esa calle propuso el nombre de una Madre de Plaza de Mayo, de ahí, justo del barrio, que salió a la calle valientemente para luchar por la vida de su hijo desaparecido. Luego, un vecino propuso el nombre de Félix Luna. Por último, por supuesto, no faltó la provocación. Un hombre entró repentinamente a la asamblea y con voz altisonante dijo: "Yo estoy a favor de Ataliva Roca porque a mí, él no me hizo nada malo". Claro, pensé, para él le vendría bien el nombre de Jorge Rafael Videla porque tampoco justo a él, no le habrá hecho "nada malo", sino todo lo contrario. Argumentos típicos de aquellos hombres y mujeres del espectáculo que han reclamado últimamente más represión. La violencia de arriba para encubrir la violencia del sistema. Para los Roca todo el mal venía de los "salvajes, los bárbaros", como decía él acerca de los pueblos originarios a los cuales San Martín llamaba siempre "nuestros paisanos los indios" y a quienes Manuel Belgrano, en 1810, les reconoció todos los derechos de los que gozaban los demás habitantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Los principios libertarios de Mayo transformados luego por la avidez de los que querían poder y propiedades.
Pero la asamblea siguió funcionando y, por supuesto, se habló del dolor que puede significar el cambio de una calle que se llamaba así ya en la niñez de uno, pero todo eso debe ser superado por la Ética. Porque, con el mismo criterio, los alemanes continuarían llamando a las principales calles de sus ciudades con el nombre de Adolf Hitler y los españoles seguirían teniendo los monumentos al detestable y mísero Francisco Franco, pero fueron capaces de voltearlos.
Todo un ejemplo la asamblea de Morón. Ahora tendrá que tratar el tema el propio Concejo Deliberante. Sus miembros tienen la palabra. Ojalá sea un paso adelante en nuestra historia. Y se siga su ejemplo. No dejar la historia a los Mariano Grondona o a los Rolando Hanglin que todos los días lanzan sus versiones falsas desde las columnas del diario conservador de siempre.
No olvidemos jamás a la Ética, con mayúscula.

21 de noviembre de 2009
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del heroísmo a la heroína


Durante el periodo talibán la producción de opio se redujo en un 90 por ciento. Con la invasión norteamericana de 2001, el área destinada a la producción de la adormidera aumentó de 8 mil a 123 mil hectáreas.
[Juan Gelman] Es notorio que las tropas estadounidenses que combatieron en Vietnam no les hacían asco a las drogas. Menos ahora en Afganistán. Es la primera vez que ocupan un país productor de opio, padre de la heroína, y de ella se sirven para uso personal y no solamente: el paquetito que se puede comprar por 30 dólares a pocos pasos de la base aérea norteamericana de Bagram, al norte del país, rinde centenares de dólares en las calles de Nueva York. Lo comprobó el periodista independiente Shaun McCanna cuando filmaba un documental in situ (www.salon.com, 7-8-09). Después de todo, Afganistán es el origen del 93 por ciento de la heroína que se produce en el mundo. Era: tanta producción abarató el artículo y los campesinos afganos han reducido algo su cultivo.
No siempre fue así. A mediados de los ’70 no había adormideras opiáceas en Afganistán ni en Pakistán. Todo cambió con la invasión soviética en 1979: el entonces presidente Jimmy Carter dio luz verde a la operación encubierta de la CIA destinada a financiar y armar a la resistencia afgana. En las zonas que iban liberando, los mujaidines ordenaban a los campesinos que cultivaran opio para pagar el "impuesto revolucionario" y se instalaron laboratorios de elaboración de heroína en la frontera afgano-paquistaní protegidos por la CIA y el servicio de espionaje de Pakistán. Resultado: el fiscal general estadounidense William French Smith declaraba en 1981, apenas dos años después, que de allí provenía el 60 por ciento de la heroína que se consumía en EE.UU. (sonic.net, agosto-septiembre de 1997). Qué rapidez. No comparable, sin embargo, a la que se observa desde la ocupación de Afganistán.
El gobierno talibán, curiosamente, había reducido en un 90 por ciento el área cultivada con la adormidera. Desde el 2001, año de la invasión, las tierras sembradas se multiplicaron por 15: pasaron de 8000 hectáreas a 123.000 en el 2009 (Afganistán Opium Survey 2009, Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, septiembre 2009). Los ingresos generados por el tráfico de la droga afgana son considerables. "El comercio de los opiáceos afganos proporciona una gran parte de los ingresos a escala mundial de los narcóticos, cuyo monto estimado por las Naciones Unidas es de 400 a 500 mil millones de dólares anuales", señaló el especialista Miguel Chossudovsky (www.globalresearch.ca, 12-7-04). Hoy, tal vez más. Son de imaginar los intereses comerciales y financieros, legales e ilegales, que manejan este botín.
Chossudovsky señala que, si se toma en cuenta que el narcotráfico ocupa el tercer lugar, después del petróleo y de la venta de armas, en cuanto a las ganancias que arroja la comercialización de productos a nivel mundial, los poderosos grupos de negocios aliados al crimen organizado compiten por el control estratégico de las rutas de la heroína, no menos importantes que las petroleras y las armamentistas. ¿Habrá sido éste otro incentivo que alimentó la invasión y ocupación de Afganistán? Los talibán se están tomando la revancha: venden heroína barata a las tropas estadounidenses, desgastadas por las misiones de combate y, sin embargo, con bastantes horas libres por día en las que hay que entretenerse. ¿Con heroína? Por qué no.
McCanna compró heroína una docena de veces con absoluta libertad mientras realizaba su documental sobre la muerte en circunstancias sospechosas del soldado John Torres, que había escrito a su familia acerca de los problemas de drogadicción en la base aérea de Bagram. Aunque un portavoz de la base, el mayor de ejército Chris Belcher, había emitido un comunicado en el que indicaba que "son escasos los informes sobre el uso de drogas o de alcohol (entre los efectivos norteamericanos) que recibe la policía militar", McCanna no pudo hablar con tres veteranos que recibían tratamiento por drogadicción, como se le había prometido. Los únicos datos oficiales del Departamento de asuntos relativos a los veteranos mostraban que no existían –o eran pocos– los casos de consumo de heroína por las tropas estadounidenses en Afganistán. Quién sabe.
El general de cuatro estrellas (R) Barry McCaffrey, zar de las drogas bajo la férula de Bill Clinton, confesó no hace mucho que el uso de drogas entre las filas de ocupantes norteamericanos se había duplicado en los últimos cuatro años. Si se aumentara el número de efectivos trasladados de Irak a Afganistán, agregó, muchos más "meterían la nariz (en la heroína) y les va a gustar" (www.thedailybeast.com, 4-11-09). Si Obama decide finalmente destinar 40.000 militares más a una guerra que ya dura ocho años, los estará exponiendo a la muerte por droga o plomo. Pero se sabe que a la Casa Blanca poco le importa ese detalle, empeñada, como está, en "la lucha por la libertad y la democracia" en todo el mundo.

9 de noviembre de 2009
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conclusiones sobre honduras


Aunque la crisis hondureña está lejos de resolverse, no es demasiado pronto para sacar algunas conclusiones.
[Santiago O’Donnell] La situación es más o menos así: el martes pasado los representantes de la OEA habían tirado la toalla porque no conseguían que el dictador Micheletti diera un paso al costado. Al día siguiente llegó una comitiva estadounidense encabezada por el subsecretario de Estado Thomas Shannon y en menos de un día logró un acuerdo casi milagroso que todo el mundo festejó. Según el acuerdo, el Congreso debía "decidir" la restitución del presidente legítimo, Manuel Zelaya, que sigue exiliado en la embajada brasileña en Tegucigalpa. Claro, ningún acuerdo puede ordenarle a un Congreso soberano lo que tiene que votar. Por eso, en lo formal, la decisión quedaba en manos del Congreso. Era obvio que si el Congreso no votaba la restitución, el acuerdo se caía. Eso fue lo que pasó. Zelaya no consiguió los votos necesarios, algo previsible, dado que ese mismo Congreso había avalado el golpe hace menos de cuatro meses. En lo formal, en el cuidado lenguaje diplomático que se había utilizado para no ofender a los usurpadores, el acuerdo sólo exigía la formación de un gobierno de "unidad nacional". Entonces el dictador Roberto Micheletti se agrandó y anteayer anunció su nuevo gabinete de "unidad nacional" sin la participación de los zelayistas. Mientras tanto, el presidente daba por muerto el diálogo, Brasil movilizaba la enésima condena regional al golpe y llamada a la restitución de Zelaya, esta vez en el ámbito del Grupo Río, y Estados Unidos daba señales de "hasta acá llegué" y se mostraba dispuesto a aceptar el resultado de las elecciones programadas para dentro de tres semanas, con lo cual terminaría de legitimar el golpe. Descartada la ingenuidad de Shannon, es dable pensar que Clinton engañó a Zelaya, no tanto porque quisiera perjudicarlo, sino porque quería terminar la crisis de la manera más rápida y menos costosa.
¿Qué sacamos en limpio de todo esto? Primero resulta evidente que durante la presidencia de Bush se ha producido una notoria pérdida de poder e influencia de Estados Unidos en Latinoamérica. Está claro que el gobierno de Obama no promovió ni apoyó el golpe. Por el contrario, desconoció y sancionó al gobierno golpista y acompañó todas las condenas y pedidos de restitución que surgieron de los foros internacionales. Es la primera vez que Washington no apoya un golpe de la derecha en la región, y más allá de cierta tibieza y ambigüedad en su respuesta, es difícil negar que hubo un cambio de actitud.
Durante más de 30 años la política de Estados Unidos hacia la región estuvo signada por la lógica de la Guerra Fría y centrada en el enfrentamiento con Cuba y los conflictos en Centroamérica, lo cual dio lugar a la generación de una burocracia reaccionaria y conservadora en las oficinas regionales del Pentágono y el Departamento de Estado, ni hablar de la CIA y otras bellezas. Entonces por más que Obama piense diferente, la región está llena de esos burócratas siempre dispuestos a alentar y cobijar golpistas como Micheletti. Pasado el primer año de gobierno de Obama, esos sectores conservadores no exentos de racismo están haciendo sentir su presión en varios frentes.
En ese contexto, Honduras se ha convertido en un dolor de cabeza para el presidente norteamericano, que no obstante apostó fuerte al mandar a la gremialista combativa Hilda Solis, el miembro más progresista de su gabinete, a hacer cumplir el acuerdo de Tegucigalpa. Pero el acuerdo se cayó igual por la intransigencia del dictador, la complicidad tácita del Departamento de Estado y la falta de apoyo en el Congreso para la restitución de presidente legítimo.
Dada la pérdida de poder de Washington y el surgimiento de nuevos actores, como el bloque Unasur, la OEA de Insulza o el mismo Brasil, potencia emergente, Obama decidió que ahora son los latinoamericanos quienes deben resolver sus propios problemas y apoyó la política de Clinton de lavarse las manos.
Entonces, una primera conclusión podría ser que así como el apoyo de una potencia hegemónica es fundamental para el éxito de un golpe de Estado, en la ausencia de una potencia hegemónica es muy difícil revertir un golpe, por más que suceda en un país supuestamente débil. El gobierno de Obama podrá estar a favor de la vuelta de Zelaya más allá de la desconfianza que le genere su alineamiento con el chavismo –de hecho, el viernes el Departamento de Estado emitió un comunicado que dice "creemos que Zelaya debe ser restituido"–, pero Washington ya no tiene ni el poder ni la voluntad de imponer sus políticas unilateralmente en la región.
Otra conclusión podría ser que, a la hora de la verdad, organismos multilaterales como la OEA, el Grupo Río y la Unasur parecen estar dibujados. Así como existe un organismo con poder coercitivo para tratar problemas de seguridad, que es el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, no existe un organismo semejante para la defensa de la democracia. Lo más parecido es la Carta Democrática de la OEA, que como máxima sanción sugiere un rompimiento de relaciones diplomáticas, instrumento que ha demostrado ser insuficiente aun en el caso de un país pequeño y dependiente como es Honduras.
Una tercera conclusión podría ser que en Honduras se ha estrenado con éxito evidente una nueva modalidad de golpe de Estado, la del golpe correctivo. Esto es, un golpe a plazo fijo para encarrilar un proceso político que derive en elecciones. O sea, el dictador ya no aspira a entronizarse en el poder, sino simplemente a despojar de sus atributos al enemigo político que ocupa la presidencia y a dictar las reglas de juego para una salida a través de un proceso electoral, con el nivel de exclusión necesario para evitar el retorno del presidente derrocado. Se trata de un modalidad peligrosa por la pátina de "continuidad constitucional" con que lo disfraza y porque los tiempos juegan en contra del presidente derrocado, haciendo más difícil su vuelta. Así, a medida que avanza el proceso, los potenciales participantes en las elecciones, movidos por sus ambiciones políticas, terminan sirviendo de agentes legitimadores de lo actuado por la dictadura.
Una cuarta conclusión podría ser que Brasil ha emergido de esta crisis como una actor regional de indudable peso, pero sus movimientos tácticos han sido confusos, por lo que nadie sabe bien a qué juega. Desde hace un tiempo a esta parte, y especialmente desde la asunción de Obama, la actitud de Brasilia es oscilante. Hay momentos en que se constituye en polo alternativo a Washington, en otros se constituye en polo complementario para ayudar a gestionar los intereses de Estados Unidos en la región. Un día apoya a Estados Unidos en la Organización Mundial de Comercio, rompiendo el bloque de países desarrollados, otro día recibe al presidente iraní con todos los honores. Un día les compra armas a los franceses para defender la Amazonia de la presencia militar norteamericana en Colombia, otro día se reparte con Washington el mercado mundial de biocombustibles. "No queda claro si son autonomistas o complementarios", apunta un veterano diplomático latinoamericano con asiento en Washington.
Una quinta conclusión podría ser que, en la coyuntura actual, los principales actores del conflicto han llegado a la conclusión de que convalidar el golpe es el mal menor. Estados Unidos parece haber decidido que no le conviene que el conflicto se estire indefinidamente, desnudando su debilidad. Los países latinoamericanos parecen haber decidido que no les conviene romper lanzas con Obama para salvar a Honduras porque estarían fortaleciendo a los sectores de derecha que hoy acosan al presidente negro. Esto incluye a los gobiernos moderados, pero también al denominado bloque bolivariano. La clase política hondureña parece haber decidido que no le conviene que Honduras sea el campo de batalla de un conflicto internacional y también apuesta a una salida rápida por la vía de las elecciones. Y Zelaya parece haber decidido que no le conviene asumir el rol de líder revolucionario que no siente y se muestra dispuesto a aceptar todos los condicionamientos que le imponen con tal de recuperar parte del poder que le usurparon, aunque éste se haya reducido a un reconocimiento simbólico de la comunidad internacional.
Una última conclusión, quizá la más preocupante, podría ser que los efectos del golpe hondureño ya se hacen sentir en la región. La situación en Paraguay es por lo menos preocupante. El gobierno de Fernando Lugo se ha visto jaqueado en los últimos días por una confabulación de militares desleales, guerrilleros truchos, un vice que imita a Cobos y una constelación de corporaciones económicas y mediáticas que se salen de la vaina por frenar en seco la expansión del modelo populista-progresista en la región. Con un vice traidor como Yoyo Franco, que garantizaría la "continuidad constitucional" con un pronto llamado a elecciones ante la eventual remoción de Lugo, el modelo de golpe correctivo made in Honduras encaja a la perfección con las aspiraciones de la derecha golpista, que ya no se esconde, sino que recorre la región con simposios y seminarios, en busca de nuevas oportunidades.

9 de noviembre de 2009
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un héroe llamado simón radowitzky


Ajustició al coronel Falcón, responsable de numerosos asesinatos en actos represivos.
[Osvaldo Bayer] El próximo lunes 9 se cumplirán cien años de un suceso que conmocionó a Buenos Aires. Un joven ruso, de 18 años, había hecho volar por el aire con una bomba nada menos que al todopoderoso jefe de policía de Buenos Aires, coronel Ramón L. Falcón. El ejecutor era un anarquista llamado Simón Radowitzky y con su acción quiso vengar a sus compañeros asesinados el 1º de mayo de ese 1909, en la represión encabezada por el militar contra la manifestación de los obreros que recordaban las figuras de los cinco anarquistas condenados a muerte por la Justicia de Estados Unidos, por su lucha a favor de las ocho horas de trabajo. Un muchacho recién salido de la adolescencia, nacido en Rusia, y "además judío", como señalaban las crónicas de nuestros diarios, se atrevía contra quien aparecía como el hombre de más poder en todo el país.
El coronel Falcón había sido el mejor oficial del general Roca en el exterminio de los pueblos originarios en la denominada Campaña del Desierto. Además, había llegado a la fama en aquella Argentina conservadora como el represor de las huelgas de conventillos, llevadas a cabo por las mujeres inmigrantes que se negaban a pagar los aumentos constantes del alquiler por parte de los propietarios. El coronel Falcón demostró su hombría de bien y su título de coronel entrando a palo limpio en esos palomares de la miseria y del hacinamiento que eran los miserables domicilios de 140 habitantes por conventillo, que poseían un solo excusado como se llamaba a los retretes de aquel tiempo. Ya como Roca lo había llevado a cabo el 1º de mayo de 1904, Falcón imitó a su jefe ese Día del Trabajador y atacó a los setenta mil obreros que llenaban la Plaza Lorea. Las crónicas dirán luego que quedaron "36 charcos de sangre". Fue un ataque feroz de total cobardía porque, sin aviso previo, el militar ordenó a la fusilería de la policía abrir fuego contra las columnas obreras. Pero los anarquistas no eran hombres de arrugar y guardar silencio. Desde ese momento dijeron que el tirano iba a pagar con su vida tamaña cobardía. Y fue así como ese joven ruso, Simón, se ofreció a no dejar impune el crimen del poder. Le arrojó la bomba a la salida de un acto en el cementerio de la Recoleta y tanto el coronel como su secretario fallecieron por efectos del explosivo. Cómo lloraron los diarios al dar la noticia, en especial La Nación. Había sido muerto uno de los pilares del sistema.
La historia continuará con el destino de Simón. Lo apresarán. Le iniciarán juicio y lo condenarán a muerte, aunque él siempre sostuvo que era menor de edad. Para esos menores de edad y para las mujeres no había pena de muerte. Lo demostrará con una partida de nacimiento llegada de Rusia y será condenado a prisión perpetua. Como no tuvo éxito una huida preparada por sus compañeros anarquistas fue trasladado a Ushuaia, la Siberia argentina, donde todo preso iba indefectiblemente a morir. Más todavía, que cuando llegaba el aniversario de su atentado contra Falcón, se lo condenaba a estar una semana en un calabozo al aire libre, sin calefacción. Pero el "ruso" Simón se fue convirtiendo en el alma del presidio. El siempre daba un paso al frente en la protesta cuando a algún otro preso se lo castigaba o se cometían injusticias en el trato general. Fue durante toda su estada el verdadero "delegado" defensor de esos presos comunes. Y políticos. Por eso mismo se lo sometía a un tratamiento de terror. Pero el "ángel de Ushuaia", como se lo llamaba, no daba su brazo a torcer sin temor a las represalias de los guardiacárceles. Los que lean ‘La casa de los muertos’ o ‘El sepulcro de los vivos’, del gran escritor Fedor Dostoievsky, que describe las cárceles de Siberia, y sufren con los padecimientos de los condenados, no sospechan que en territorio argentino existió un lugar exactamente igual construido por Roca, de donde son muy pocos los que salieron con vida o retornaron a la sociedad con sus facultades mentales normales.
Los anarquistas de todo el país siempre lo recordaron a Simón y lucharon en grandes jornadas de manifestaciones por su libertad. E intentaron un operativo como sólo los anarquistas sabían prepararlos. Lograron liberarlo y embarcarlo en un pequeño velero rumbo a Chile pero, cerca de Punta Arenas, guardias chilenos lo sorprenden y lo entregan nuevamente a las autoridades argentinas. La venganza será tremenda: Simón será encerrado durante más de dos años en una celda, aislado, sin ver la luz del sol y sólo a media ración. Pero en los círculos obreros y políticos, Simón gana cada vez más popularidad. Las calles de Buenos Aires y de otras ciudades tendrán pintadas con "Libertad a Simón" y su retrato aparece en las ediciones de todas las publicaciones libertarias.
Mientras tanto, le envían dinero que se recauda en las fábricas. Pero Simón no lo aprovecha para su persona sino que lo reparte entre los enfermos del penal y la compra de libros para la escasa biblioteca de la cárcel. Los pedidos de indulto para el preso le llueven al presidente Yrigoyen, quien finalmente se lo otorgará en el 13 de abril de 1930. Simón había padecido veintiún años de prisión. Pero la reacción de los militares y de la prensa es muy grande contra la decisión del primer mandatario. De manera que el preso es traído por un barco de la marina de guerra hasta el Río de la Plata. Allí es obligado a trasladarse al buque de la carrera que une a Buenos Aires con Montevideo y de esa manera es expulsado del país hacia Uruguay.
Allí, en la otra orilla, es recibido por manifestaciones obreras que le dan lugar en sus sedes y lo saludan como al mejor compañero. Al quedar libre, Simón recuerda a sus compañeros presos en Ushuaia y dirá: "La separación de mis compañeros de infortunio fue muy dolorosa". Comenzará a trabajar días después como mecánico y más tarde se prestará a ser mensajero entre los anarquistas del Uruguay y de Brasil. Hasta que se acaba la democracia en la Banda Oriental y comienza la dictadura de Terra, quien ordena su detención. El anarquista es confinado en la isla de Flores. Allí las condiciones son pésimas. Debe dormir en un sótano. Permanecerá más de tres años en esas condiciones hasta que sus compañeros de ideas logran su libertad. Pero al llegar a Montevideo es apresado nuevamente y llevado a la cárcel. Hasta que, liberado de nuevo, decide marchar a España donde ha estallado la guerra civil con el levantamiento de los militares de Franco contra la República. Allá Simón formará parte de los grupos que lucharán contra los militares alzados. Pero no usará armas, oficiará de transportador de alimentos para las tropas del frente, principalmente para los soldados que están en trincheras. Hasta que llega la derrota del pueblo y Simón será uno de los tantos que marchará a Francia a refugiarse y de allí podrá embarcarse hacia México.
En México pedirá trabajar en una fábrica de juguetes para niños. Así transcurrirán los últimos dieciséis años de su vida entre el trabajo y las charlas y conferencias que daba a sus compañeros de ideas. Siempre sostuvo, hasta el fin, que la gran revolución humana sólo la podía hacer el socialismo libertario, hasta lograr la paz eterna y la igualdad entre los pueblos.
En la Argentina, los dueños del poder siempre trataron de ignorar esta figura que parecía salida de una novela de Dostoievsky. El que había alzado la mano para eliminar a un tirano y que en su vida posterior se comportó como un ser de bondad extrema y de espíritu de solidaridad con los que sufren. En la década del sesenta publiqué un estudio sobre este ser humano que titulé: ‘Simón Radowitzky, ¿mártir o asesino?’, en la revista Todo es Historia, que dirigía Félix Luna, fallecido hace unas horas. Siempre le agradeceré a Falucho Luna ese gesto, de permitirme publicar en sus páginas investigaciones sobre los héroes libertarios que actuaron en nuestro país en las primeras décadas del siglo pasado.

9 de noviembre de 2009
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la foto robada


Ahora recuerdo muchas anécdotas pero no puedo recordar cómo nos conocimos.
[Juan Schjaer] Argentina.  Miguel Molfino, el tío de Martín Amarilla Molfino, fue detenido durante los primeros meses de 1979, mientras su mujer estaba embarazada de su quinta hija. El día que recibió la primera foto después del parto le contestó "la foto te fijó en la felicidad/menos mal". Nunca olvidaré esos dos versos porque yo, que había tenido el privilegio de ser detenido a los 18 años, no había tenido tiempo de tener hijos y suponía que la condición de ser padre debía multiplicar la angustia del encierro.
Nos hicimos amigos a través de la literatura. Gracias a Miguel conocí a Dylan Thomas, de quien podíamos recitar largos poemas completos, "porque mantenían viva la memoria". Competíamos. Siempre ganaba él. Era un poco mayor que yo, se había casado, tenía cinco hijos y parecía que no le temía al futuro. Anteayer, minutos antes del encuentro con Martín, le pregunté por teléfono cómo se sentía. Me contestó que "estoy como los musulmanes, preguntándome si Martín nos aceptará o nos negará tres veces como indica el Corán", tomándose como siempre una licencia literaria, y litúrgica, claro.
Me cuesta imaginar la felicidad de las primeras fotos con Martín, por pudor. Por pudor, y porque no puedo olvidarme nunca jamás de que, un día de 1980, durante una requisa a nuestra celda en la cárcel de La Plata le quitaron todas sus fotos familiares, entre otras, la de su madre Noemí Gianotti de Molfino, "total, no la vas a ver nunca más".
A raíz del secuestro de su hija Marcela y de su marido, los padres de Martín, Noemí se había incorporado a las Madres de Plaza de Mayo y se había adelantado a una visita de Jorge Videla a Perú para denunciar la violación a los derechos humanos en el país. No recuerdo cuántos días pasaron desde el robo de las fotos familiares hasta que supimos que Noemí había sido secuestrada en Lima, delante de su hijo Gustavo, ni cuántos más hasta que supimos que había aparecido muerta en un hotel de Madrid. Sí recuerdo el estupor, el silencio, la incredulidad y la rabia que nos embargó.
Ahora, mientras escribo, no puedo disociar aquella rabia de la alegría que transmitía Miguel el sábado pasado, después de recibir la convocatoria de las Abuelas, quienes le pedían a la familia Amarilla Molfino que viajara a Buenos Aires para conocer a Martín. Ya se sabe que Martín tiene el lóbulo de las orejas igual que sus hermanos biológicos, y que es hincha de Boca, datos tan importantes como el ADN. Su condición de "doble desaparecido", porque su familia biológica ignoraba su existencia, amplifica la alegría del encuentro. No sé si en la foto cabrán los 30 integrantes de la nueva familia de Martín, pero estoy seguro de que, si se toma con un gran angular, entrarán todos y quedarán fijados en aquella felicidad que con tanto empeño nos quisieron arrebatar. Ahora soy yo quien se tomará una licencia. Dylan Thomas diría que no degradaría la humanidad de tu llegada, Martín, con una verdad grave. Yo tampoco.

7 de noviembre de 2009
4 de noviembre de 2009
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hora de traer las tropas a casa


El objetivo de la invasión de Afganistán ya se cumplió. Ahora hay que traer las tropas a casa.
[Eugene Robinson] Barack Obama no quería ser un ‘presidente de guerra’, pero eso es lo que la historia lo obliga a ser. El país y el mundo tienen suerte de que no posea la mentalidad despiadada y colérica de George W. Bush. Pero Afganistán no presenta el tipo de ‘opciones falsas’ que Obama, por naturaleza, normalmente rechaza. Las opciones son reales y espantosas y ninguna reformulación o reinterpretación las hará desaparecer.
Los trágicos sucesos del lunes -catorce estadounidenses murieron en un accidente de helicóptero en Afganistán- nos hacen recordar las decisiones que debe tomar Obama. Al menos parece reconocer que no puede quedarse impávido ante la situación.
Pero parece como si Obama quisiera desilusionar tanto a halcones como a palomas -y, sí, estoy usando el lenguaje de la era de Vietnam conscientemente. El debate sobre si nos quedamos o marchamos está destinado a hacerse más agresivo y más apasionado a medida que suban las bajas estadounidenses.
Una persona que no tiene nada que decir en ese debate es Dick Cheney, que contribuyó a meternos en este cenagal. Desviándose de Afganistán prematuramente para lanzar una invasión por opción, innecesaria y mal inspirada de Iraq, Bush y Cheney se las ingeniaron para transformar una guerra que estábamos ganando en dos guerras en las que corríamos el peligro de perder.
Que Cheney acuse a Obama de estar "titubeando" sobre si mandar más tropas a Afganistán cuando él y Bush ignoraron las peticiones de tropas de comandantes estadounidenses durante la mayor parte del año, es obsceno. Que Cheney se queje de que Obama simplemente debería aceptar el análisis en profundidad del gobierno de Bush, antes que realizar su propio y cuidadoso estudio, es un chiste de mal gusto.
Dicho esto, ahora la guerra de Obama es la de Afganistán. Y sus considerables éxitos en el logro de su ambiciosa agenda doméstica no le enseñan nada sobre cómo proceder.
Su método básico ha sido evitar llamar la atención sobre posiciones mutuamente excluyentes. Busca maneras de reformular los problemas de modo que lo que era previamente una proposición de uno u otro, pueda transformarse en un escenario para ambos. Sobre el seguro médico, por ejemplo, se propuso proporcionar cobertura universal y control de costos a largo plazo. La legislación que es probable que se adopte no favorecerá completamente a ninguna de las dos, pero nos dará algo de cada una, y Obama, dividiendo la diferencia, se las ha arreglado para acercarnos a una significativa, aunque imperfecta reforma del seguro médico.
Pero las decisiones sobre Afganistán son realmente del tipo una cosa o la otra. Obama puede decidir por una estrategia contrainsurgente o por una estrategia antiterrorista. Puede optar por una o la otra -o ambas. Si prefiere la contrainsurgencia, ha enviado ya suficientes tropas como para que esa estrategia tenga éxito. Si no quiere enviar todas esas tropas, tiene que optar por el antiterrorismo o hacer algo diferente.
El general Stanley McChrystal, el comandante estadounidense en Afganistán que diseñó la estrategia contrainsurgente, está pidiendo cuarenta mil o más tropas adicionales. Obama tiene razón en examinar los cálculos del general, pero no adoptar un camino intermedio y aprobar, digamos, veinte mil soldados, lo que no tendría ningún sentido. Eso sólo pondría a más estadounidenses en peligro, sin dar a McChrystal los recursos que dice que necesita. Este juego se ha estado jugando desde hace ocho años. Es hora de subir o doblar.
Obama ha pedido a miembros de su equipo de seguridad nacional que lean ‘Lessons in Disaster’, de Gordon Goldstein. El libro gira sobre McGeorge Bundy, uno de los arquitectos de la Guerra de Vietnam, y su remordimiento más tarde en la vida por haber ayudado a empujar al país hacia una guerra costosa e imposible de ganar. Sin embargo, no está claro que Obama esté preparado para aprender la lección central del libro.
Obama está ante una disyuntiva clave: se queda o se marcha. Si ratifica la estrategia contrainsurgente y aprueba un aumento de tropas, está comprometiendo a Estados Unidos hasta el fin del proyecto. Los asesores dicen que los objetivos del presidente de "arreglar" Afganistán son realistas, aunque modestos. Para mí, sin embargo, toda la empresa me parece poco realista y falta de modestia.
Invadimos Afganistán para asegurarnos de que el país no fuera usado nunca más para lanzar ataques contra Estados Unidos. Esa misión ya se cumplió y nuestro único objetivo debería ser cerciorarnos de que siga así -independientemente de si el país lo gobierna Hamid Karzai o el Talibán. La campaña contrainsurgente que Obama está contemplando parece un paso hacia el despeñadero. No importa si ese paso es indeciso o atrevido.
A veces un ‘presidente de guerra’ tiene que tomar la decisión de empezar a traer las tropas a casa. Eso es lo que debe hacer Obama.

3 de noviembre de 2009
27 de octubre de 2009
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ley antiterrorista contra mapuches


El error de aplicar la Ley Antiterrorista contra los mapuches. El pueblo mapuche no será intimidado por la aplicación de leyes abusivas. Más vale destinar el grueso del esfuerzo a reparar las injusticias.
[Raúl Sohr] La Ley Antiterrorista, invocada una vez más por el gobierno para combatir la violencia en la Araucanía, fue concebida bajo un régimen dictatorial. Ésta es una ley deliberadamente vaga y confusa. El propósito de esta ambigüedad es permitir la mayor discrecionalidad a quienes la aplican. El calificativo de terrorista se aplica cuando "el delito se cometa con la finalidad de producir en la población o en parte de ella el temor justificado de ser víctima de delitos". Resulta, entonces, difícil apreciar su diferencia de la delincuencia pura y simple.
En un plano más operativo se señala que constituye un acto terrorista "colocar, lanzar o disparar bombas o artefactos explosivos o incendiarios de cualquier tipo, que afecten o puedan afectar la integridad física de personas o causar daño". Con dicha definición es posible enjuiciar por terrorismo a varios movimientos sociales que se han visto involucrados en enfrentamientos violentos, como por ejemplo los estudiantes encapuchados que lanzan molotov, los trabajadores tercerizados que incendian autobuses, los pescadores artesanales que levantan barricadas y queman bienes públicos.
En todo el mundo hay protestas violentas. Ellas ocurren en forma regular en las grandes cumbres de los mandatarios de los países ricos, en su variedad de encuentros G (G-7, G-8 e incluso G-20). Las imágenes muestran a jóvenes con rostros velados por bufandas, pasamontañas o kefias que lanzan artefactos incendiarios de "cualquier tipo", que pueden afectar la integridad física de personas o causar daño.
Los hechores que transgreden la ley reciben las sanciones establecidas. Pero no se les aplica la draconiana legislación reservada para el terrorismo, considerado como una de las mayores amenazas contra la sociedad. Sería aberrante aplicar la misma legislación a jóvenes que protestan contra las falencias del sistema y a terroristas suicidas que detonan bombas sin miramientos por cientos de vidas inocentes. Un sistema democrático debe distinguir entre la protesta social, aun si emplea métodos violentos, y un movimiento empeñado en la aplicación del método terrorista.
La mayoría de los chilenos admite que las raíces de las reivindicaciones del pueblo mapuche son profundas. La deuda histórica del Estado con sus primeros pobladores no ha sido ni remotamente pagada. En Australia, Canadá y otros países, diversos gobiernos han pedido perdón por los abusos cometidos. Ese día también llegará y cuanto antes mejor. Dicho sea de pasada, las autoridades dicen que es una pequeña minoría de mapuches la que se moviliza detrás de los actos violentos. Ello puede ser así en un estricto sentido de militancia. Pero también es claro que muchos mapuches que no participan en acciones políticas consideran a los caídos como mártires de su causa.
En estricto rigor son mapuches los que han muerto acribillados, no carabineros o agricultores. Son los indios los que reciben las palizas, ellos son víctimas de secuestros e intimidaciones que incluso alcanzan a menores. Pero es a ellos a quienes se acusa como únicos responsables del conflicto de la Araucanía.
El Estado chileno tiene una infinita batería de leyes y recursos para mantener el orden. Aplicar la Ley Antiterrorista, que en forma automática triplica las penas, representa un acto discriminatorio que sólo agravará el conflicto. Ante las luchas sociales no es el monto de la represión, sino su eficacia la que marca la diferencia. Un conflicto que se arrastra por siglos no se resolverá en algunos meses o años. El pueblo mapuche no será intimidado por la aplicación de leyes abusivas. Más vale destinar el grueso del esfuerzo a reparar las injusticias. Frente a la violencia sólo cabe aplicar la ley vigente para todos los habitantes de este país.

19 de octubre de 2009
©la nación 
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la iglesia episcopal y los homosexuales


El apoyo que presta la Iglesia Episcopal a homosexuales y lesbianas llega mucho más allá de la religión y toca también a la sociedad. Un editorial de Los Angeles Times.

Con un poco más de dos millones de miembros, la Iglesia Episcopal de Estados Unidos está lejos de ser la denominación cristiana más grande del país. Pero sus recientes pronunciamientos a favor de obispos abiertamente homosexuales y la bendición de la iglesia de las parejas del mismo sexo tendrán repercusiones más allá de la iglesia, más allá del cristianismo e incluso más allá de la religión. Entre todos los temas teológicos que suscita, la aceptación de los homosexuales y lesbianas en el altar refleja -y afecta- la campaña por la igualdad en la sociedad en general.
Reuniéndose el mes pasado en Anaheim, la Convención General de la denominación aprobó dos resoluciones que ensancharán la división entre la rama estadounidenses del anglicanismo y muchas de las otras 43 iglesias en todo el mundo que trazan sus raíces a la Iglesia de Inglaterra. Una resolución llama a una "respuesta pastoral renovada de esta iglesia y a un proceso abierto para la consideración de recursos teológicos y litúrgicos para la bendición de las relaciones del mismo género". Otra afirma que Dios ha llamado a los homosexuales y lesbianas a "ejercer cualquier ministerio ordenado en la Iglesia Episcopal".
En una carta al Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, la Obispo Presidente, Katharine Jefferts Schori, calificó la resolución sobre la ordenación como "más descriptiva que prescriptiva" y dijo que no repudiaba un llamado de la iglesia estadounidense a los obispos, en 2006, a "mostrar comedimiento no consintiendo la consagración de ningún candidato al episcopado cuyo modo de vida presente un reto a la iglesia más amplia y conduzca a tensiones sobre la comunión". Dio garantías similares sobre la resolución sobre la bendición de las uniones de mismo sexo.
Pero los últimos pronunciamientos de la iglesia estadounidense inflamarán todavía más el furor que estalló después de la consagración en 2003 del Obispo de Nueva Hampshire, V. Gene Robinson, un sacerdote abiertamente homosexual con una relación declarada. Después de las últimas votaciones en la iglesia estadounidense, Williams habló de una Comunión Anglicana de dos rutas, en la que la iglesia mundial tendría relaciones más holgadas con las iglesias regionales que siguen su propio camino en asuntos como la ordenación de sacerdotes abiertamente homosexuales.
En realidad, los episcopales ya han visto una amarga separación entre la iglesia nacional y los obispos y fieles que se han alineado con iglesias en África y América del Sur que tienen visiones más conservadoras (y en algunos casos, más burdas) de la sexualidad humana.
Se podrían desechar la fisuras en la Comunión Anglicana como un asunto puramente interno que gira sobre temas ideológicos de poca importancia para no-anglicanos o no-cristianos, tales como si la política de la iglesia hacia la homosexualidad debería ser guiada por la aparente falta de interés de Jesús en el tema o las condenas de la homosexualidad en el Antiguo Testamento y en los escritos de San Pablo. ¿Por qué deberían los no-creyentes preocuparse por esta disputa más de lo que se preocupan por otros abstrusos debates entre cristianos sobre la estructura de la iglesia, la predestinación o sobre si la Biblia debería entenderse literalmente?
No es romper el muro de la separación entre la iglesia y el estado observar que las ideas que evolucionan en un grupo, independientemente de sus aspectos teológicos, a menudo corren paralelas a las ideas sobre la moral y las creencias en la sociedad más amplia. Consideremos la igualdad de las mujeres. Sería idiota alegar que la decisión de la Iglesia Episcopal de 1976 sobre la ordenación de mujeres como sacerdotes, que alejó a los anglicanos de otros países así como a la Iglesia Católica Romana, no estuvo relacionada con los avances de las mujeres en Estados Unidos en ambientes laicos.
En una sociedad que ha aceptado a las mujeres como jueces, ejecutivos y presidentes de universidades, la ausencia de mujeres en el altar parecerá a los hombres y mujeres en las bancas como cada vez más incongruente. La influencia se ejerce de las dos maneras: Una niña que ve a una mujer presidiendo los ritos más sagrados de su fe se preguntará por qué todavía existe resistencia a la plena participación de su género en actividades mundanas. Es menos probable que un devoto adolescente homosexual que es confirmado como obispo homosexual dude de sus méritos cuando se enfrente a la intolerancia y al acoso en la escuela.
Esto no quiere decir que las organizaciones religiosas estén obligadas a adoptar todas y cada una de las innovaciones en la sociedad en general, y obviamente muchas no lo hacen. Al apoyar el matrimonio civil de parejas homosexuales, este diario ha señalado que la legislación que permite estas uniones no pone en peligro los derechos de las iglesias para definir el matrimonio religioso. Son tan libres para limitar el matrimonio sacramental a parejas heterosexuales como la Iglesia Católica Romana para restringir el sacerdocio a los hombres, pese a las leyes civiles que prohíben la discriminación sexual en el empleo.
Mientras la Primera Enmienda siga en la Constitución, las organizaciones religiosas podrán definir su teología y su culto como quieran, excluyendo del púlpito no solamente a las mujeres y los homosexuales sino también a miembros de minorías raciales. Aunque puede asumir formas repugnantes, esa libertad es una de las glorias de este país.

Sin embargo, no es sorprendente que la controversia en la Comunión Anglicana haya fascinado a observadores cuya sombra no ha cruzado nunca el umbral de una iglesia. No es solamente la disputa sobre la homosexualidad la que influye e informa debates similares en los países desarrollados, incluyendo Gran Bretaña y Estados Unidos. La controversia también tiene una dimensión global.
En Nigeria, por ejemplo, los anglicanos se ven a sí mismos como compitiendo por almas con los musulmanes, que aborrecen la homosexualidad. Como lo dijo un académico nigeriano: "La homosexualidad no está en nuestra cultura. Puede que se la permita en Occidente, pero aquí perderías a los feligreses".
Posiciones similares han complicado los intentos de gobiernos occidentales -incluyendo a Estados Unidos y Afganistán- de promover la igualdad de las mujeres. Como con la homofobia, las posturas arcaicas hacia las mujeres pueden estar enraizadas tanto en la cultura como en las Escrituras.
Las zancadas dadas por la Iglesia Episcopal son pues especialmente importantes, y especialmente encomiables, porque se dan contra un telón de fondo de resistencia tanto cultural como religiosa. Los partidarios de la Proposición 8 no son los únicos que encubren los prejuicios con piedad.

16 de octubre de 2009
2 de agosto de 2009
©los angeles times
©traducción mQh
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