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opinión

sabían y ayudaron un poquito


La Casa Blanca conocía desde hacía meses el golpe que se preparaba en Honduras, aunque ahora los voceros del Departamento de Estado finjan una inocencia sorprendida.
[Juan Gelman] El actual embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens, lo sabe muy bien: el 12 de septiembre de 2008 llegó al país centroamericano y, nueve días después, el ahora golpista general Romeo Vásquez declaraba por la emisora HRN que lo habían buscado "para botar del gobierno al presidente Manuel Zelaya Rosales" (www.proceso.hn, 21-9-08). Agregó: "Somos una institución seria y respetuosa, por lo que respetamos al Señor Presidente como nuestro Comandante General y nos subordinamos como manda la Ley". Igualito que Pinochet antes de alzarse contra Salvador Allende. Cualquier semejanza es apenas obra de la realidad.

El 2 de junio de este año, Hillary Clinton acudió a Honduras para participar en una reunión de la OEA. Entrevistó a Zelaya y le manifestó su disconformidad con el referéndum que el mandatario planeaba llevar a cabo simultáneamente con las próximas elecciones presidenciales. Funcionarios norteamericanos señalaron que "no creían que ese plebiscito fuera constitucional" (The New York Times, 30-6-09). Seis días antes del golpe, el diario hondureño La Prensa informaba que el embajador Llorens se había reunido con políticos influyentes y jefes militares "para buscar una solución a la crisis" causada por el referéndum (www.laprensahn.com, 22-6-09). La "solución" encontrada es notoria.

Es difícil suponer que los mandos militares de Honduras, armados por el Pentágono y formados en la Escuela de las Américas, que a tantos dictadores latinoamericanos les enseñó cómo hacerlo, se hayan movido sin el acuerdo de sus mentores. Por lo demás, los golpistas no ocultaron las razones de su acto: Zelaya se estaba acercando demasiado al "comunista" de Chávez, el venezolano más odiado por la Casa Blanca: en julio de 2008, bajo su mandato, Honduras adhirió a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), el nuevo "eje del mal" en América latina. Demasiado, ¿verdad?

Demasiado, sí, porque Honduras es territorio estratégico para el Pentágono, que desde la base de Soto Cano, donde se estacionan efectivos de la fuerza aérea y de la infantería estadounidenses, no sólo domina América Central: este verdadero enclave es fundamental en el esquema militar de EE.UU. para una región rica en recursos naturales. Aunque nunca tocó los intereses de las corporaciones extranjeras ni de los dueños locales del poder económico, Zelaya constituía un peligro de "desestabilización". Cabe señalar que el referéndum sobre la convocatoria o no de una Asamblea Constituyente que podría permitir la reelección de Zelaya no era vinculante. Nadie se molestó en Washington por la reforma constitucional que permitió en Colombia la reelección de Alvaro Uribe, gran aliado de EE.UU., que ni siquiera fue plebiscitada. Es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Los golpistas hondureños son impresentables. El general Romero Vásquez Velásquez, echado por Zelaya, de regreso con el golpe y autor del secuestro y expulsión del presidente, fue alojado en la penitenciaría nacional en 1993 junto con otros diez miembros de una banda acusada de robar 200 automóviles de lujo (www.elheraldo.hn, 2-2-93). Era entonces mayor del ejército; como general, se dedica a robar un gobierno elegido en las urnas. Otro impresentable es el ministro consejero Billy Joya, que no hace honor a su apellido (o sí, según se mire): fue jefe de la división táctica del batallón B3-16, el escuadrón de la muerte hondureño que torturó y "desapareció" a numerosas personas en los años ’80. El "Licenciado Arrazola" –uno de sus alias– es un experto en la materia: estudió los métodos de las dictaduras argentina y chilena (www.michelcollon.info, 7-7-09). Son antecedentes conocidos, pese a lo cual, o por eso mismo, fue elegido para formar parte del régimen golpista, tan democrático pues.

La represión en Honduras continúa. El jueves de la semana que pasó fue detenido el padre de Isis Obeid Murillo, el joven de 19 años asesinado por el ejército en el aeropuerto de Tegucigalpa: tuvo la peregrina idea de exigir públicamente justicia para su hijo (www.wsws.org, 11-7-09). Los salvadores de la democracia expulsaron a periodistas de Associated Press, desaparecieron de la pantalla al Canal 21 y efectivos armados ocuparon el canal 36 (Miami Herald, 1-7-09). Es la concepción de la libertad de prensa que caracteriza a los golpistas.

La Casa Blanca sigue blanda con lo que calificó de "acto ilegal". Hillary se niega a llamarlo "golpe de Estado" porque eso implicaría automáticamente el cese de la ayuda económica y militar estadounidense a Honduras. Las conversaciones sobre un arreglo pacífico que tienen lugar en Costa Rica, en las que el presidente Oscar Arias actúa de mediador a pedido de Obama, son una farsa. Pero tienen un costado importante: entrañan un reconocimiento oficioso del régimen impuesto. Arias ya anunció que tratará de "presidente" tanto al golpista Micheletti como al mandatario elegido en las urnas y depuesto. Esto sí que es ecuanimidad.

16 de julio de 2009
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presión sobre honduras


El fracaso de la restitución del presidente legítimo al poder podría significar para el resto de América Latina que los viejos días en que se resolvían problemas con golpes de estado están de vuelta.
De facto, interinamente o nombrado por el Congreso, no importa cómo se le llame, Roberto Micheletti no es presidente de Honduras. El presidente es Manuel Zelaya y, guste o no, es el hombre que fue derrocado el 28 de junio por un golpe cívico-militar y que debe volver a Tegucigalpa a terminar los últimos meses de su mandato. Sobre este punto están todos de acuerdo: Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, el presidente de Venezuela Hugo Chávez y el presidente Obama. La cuestión es cómo llevarlo hasta allá contra la implacable oposición de las elites políticas.
El gobierno de Obama tenía razón en dejar que América Latina tomara la delantera en la resolución de la crisis hondureña, primero a través de la OEA y, después del fracaso del retorno de Zelaya, con la mediación del presidente de Costa Rica y laureado del Premio Nobel de la Paz, Óscar Arias. Pero las conversaciones se rompieron después de dos días de impasse y Zelaya ha amenazado con volver -una decisión que podría poner en peligro su vida y la de otros. Es hora de que Estados Unidos muestre más músculo a la clase política hondureña.
Obama ha dicho claramente que sacar a Zelaya del país por fuerza militar era ilegal, y que Estados Unidos ha puesto ‘en pausa’ decenas de millones de dólares en ayudas. Venezuela ha interrumpido los envíos de petróleo y la OEA ha suspendido a Honduras, pero nada de eso ha terminado con el empate. Micheletti y compañía parecen creer que si pueden aguantar las dificultades hasta las elecciones de noviembre, que se les perdonará todo. Pero no es así. El gobierno de Obama tiene que dejar en claro ahora que las elecciones realizadas en estas condiciones no serán consideradas legítimas y que ese plan sólo prolongará los problemas de Honduras. Entretanto, Estados Unidos debería considerar imponer sanciones a los individuos implicados en el golpe, como la cancelación de sus visas y el congelamiento de sus cuentas bancarias. También podría seguir el ejemplo de la Unión Europea y retirar a su embajador.
Las negociaciones son la única solución y todos esperamos que América Latina apoye a Arias para que Zelaya vuelva a la presidencia. Zelaya debería renunciar a su propuesta de convocar a un referéndum para reformar la Constitución y a la idea [si la tuviera] de extender los términos del mandato presidencial, a cambio de la renuncia de Micheletti. Las dos partes, parece, van a necesitar la garantía de una amnistía. Si eso es el coste de una solución negociada, que lo sea. No volver al orden constitucional enviaría al resto de América Latina la señal de que una vez más los problemas políticos pueden ser resueltos con un anticuado golpe de estado. Y para Honduras significaría un prolongado conflicto social, la erosión de la legitimidad de las instituciones oficiales y, muy posiblemente, la exigencia de una asamblea constituyente del tipo que las elites esperaban evitar con un golpe.

16 de julio de 2009
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qué puede hacer obama en honduras


Lo que Obama puede hacer.
[Atilio A. Boron] Ante la impasse que se registra en Honduras, son muchas las voces que se alzan para denunciar las flaquezas de la respuesta de la Casa Blanca ante el golpe de Estado, que oscila entre un reconocimiento verbal de Manuel Zelaya como único presidente legítimo y, contradictoriamente, la subrepticia convalidación del golpe al encomendarle a un obediente portavoz del imperio, Oscar Arias, que actúe como "mediador" en el conflicto. A estas alturas es evidente que la categórica condena al golpe formulada por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, rompió con una deplorable tradición de esa organización y, seguramente que por eso mismo, provocó que Washington lo sacara rápidamente de escena sustituyéndolo por el dócil presidente costarricense.
Ante estas críticas, los defensores de Obama dicen que Estados Unidos no puede hacer más de lo que está haciendo, y que una intervención militar para reponer al presidente constitucional en su cargo sería absolutamente inaceptable. Al plantear las cosas en esos términos la Casa Blanca se lava las manos y favorece, aunque sea de modo indirecto, la postura de los golpistas. El problema para Obama es que si Estados Unidos persiste en esta actitud y el golpe logra consolidarse, toda su retórica de un "nuevo comienzo" en las relaciones hemisféricas quedaría irreparablemente dañada y las ilusiones que nutrió su elección se disiparían para siempre, y no sólo en América latina. Además, la consolidación de los golpistas demostraría que el ocupante de la Casa Blanca no controla al aparato estatal estadounidense y que sus supuestos subordinados, sobre todo en la CIA y el Pentágono, pueden sostener una política que contraría expresamente las directivas del primer mandatario sin que esto les ocasione ningún problema. No hace falta argumentar demasiado para comprender la gravedad de esta situación: si en la superpotencia del sistema imperialista asoman dudas acerca de la supremacía de la Casa Blanca sobre sus FF.AA. y los servicios de inteligencia, el resultado no puede ser otro que una intensificación de la anarquía del sistema internacional y la proliferación de múltiples formas de violencia.
Si se excluye la "carta militar" (que por otra parte nadie aceptaría en la región), ¿significa eso que Obana no tiene más alternativa que proseguir navegando en la ambigüedad? Nada de eso: tiene otras alternativas a su disposición, muchísimo más efectivas que una "mediación" de Oscar Arias. Aprovechando la larga experiencia adquirida durante casi medio siglo de criminal bloqueo a Cuba, Washington podría tomar algunas medidas parecidas, las que provocarían el inmediato derrumbe de los gorilas hondureños. Por ejemplo, podría llevar a la práctica lo que George W. Bush amenazó hacer en vísperas de la elección presidencial del 2004 en El Salvador cuando Chafik Handal encabezaba cómodamente las preferencias electorales: impedir las remesas de los inmigrantes salvadoreños a su país de origen y advertir a las empresas estadounidenses que preparasen un plan de contingencia para abandonar el país en caso de un triunfo del candidato del FMLN. Bastó que se hiciera ese anuncio para que el pánico se apoderara de la población y el candidato de la conservadora Arena arrasara en las urnas. Si la Casa Blanca hiciera lo mismo y comenzara sin más dilaciones a entorpecer burocráticamente las remesas de los inmigrantes hondureños en Estados Unidos y a advertir a sus empresas que tienen que elaborar planes de rápida salida de Honduras, Micheletti y su banda durarían lo que un suspiro.
Si a eso se le agregasen otras medidas como el retiro del embajador estadounidense en Tegucigalpa; la suspensión, aunque sea temporaria, de las actividades de la Fuerza de Tarea Conjunto Bravo que Estados Unidos mantiene en la Base Aérea Coronel Soto Cano; la efectiva interrupción de toda forma de ayuda económica o militar y, por último, un mensaje de la Casa Blanca a sus socios europeos solicitándoles que se solidaricen con estas medidas los días de los golpistas estarían contados. Pero, ¿tendrá Obama la valentía necesaria para impulsar esta alternativa? ¿O ya está resignado a ser un simple mascarón de proa de la alianza reaccionaria que vivió su época de gloria durante los años de George W. Bush?

14 de julio de 2009
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neogolpismo


El golpe de estado en Honduras. Una columna de Página 12.

[Juan Gabriel Tokatlian] El golpe de Estado convencional –la usurpación ilegal, violenta, preconcebida y repentina del poder por parte de un grupo liderado por los militares y compuesto por las fuerzas armadas y sectores sociales de apoyo– fue una nota central de la política latinoamericana y del Tercer Mundo durante el siglo XX. El fin de la Guerra Fría, la ola democratizadora de los años noventa, el avance de la globalización, la gradual reducción de las disputas fronterizas entre países, la creciente interdependencia mundial y las promesas de la integración económica regional parecieron presagiar el ocaso del golpismo en la periferia. Sin embargo, el espectro golpista sigue intacto. Desde 2000 a la fecha se han llevado a cabo 24 golpes de Estado, unos exitosos y otros fallidos, en Africa, Asia y América latina y el Caribe. Los dos últimos, en 2009, se han producido en Madagascar y Honduras.
Con el tiempo, se fue gestando un neogolpismo: a diferencia del golpe de Estado tradicional, el "nuevo golpismo" está encabezado más abiertamente por civiles y cuenta con el apoyo tácito (pasivo) o la complicidad explícita (activa) de las Fuerzas Armadas, pretende violar la constitución del Estado con una violencia menos ostensible, intenta preservar una semblanza institucional mínima (por ejemplo, con el Congreso en funcionamiento y/o la Corte Suprema temporalmente intacta), no siempre involucra a una gran potencia (por ejemplo, Estados Unidos) y aspira más a resolver un impasse social o político potencialmente ruinoso que a fundar un orden novedoso.
En Latinoamérica ha existido una suerte de "aprendizaje" en materia de golpismo. Por ejemplo, los que se efectuaron en Ecuador –contra Abdalá Bucaram en 1997 y Jamil Mahuad en 2000– fueron ganando en efectividad y sofisticación, al punto de que los "putchs" cívico-militares fueron, a regañadientes, tolerados y aceptados en la región. No existió una virulencia desproporcionada y las sucesiones presidenciales se encargaron de darles visos de cuasi constitucionalidad. Washington y Brasilia (en especial, en el caso de Mahuad) no cuestionaron seriamente lo ocurrido y el Grupo de Río y la Organización de Estados Americanos se desentendieron.
Tiempo después, en 2002, se produjo la fracasada remoción forzada de Hugo Chávez en Venezuela. La región –particularmente Argentina, Brasil y Chile– reaccionó de inmediato, repudiando lo ocurrido y definiendo lo sucedido con el calificativo de golpe de Estado. La Casa Blanca no deploró el golpe; más aún lo justificó (lo mismo hicieron España, Colombia y el Fondo Monetario Internacional). La administración del presidente George W. Bush actuó como si se tratase de un "golpe benévolo"; es decir, le dio la bienvenida al intento de derrocamiento de un gobierno electo democráticamente, ya que los golpistas actuaban en consonancia con las preferencias ideológicas de Estados Unidos. La coalición cívico-militar venezolana terminó consumando un golpe ortodoxo y autoritario que, no obstante, resultó fallido: el detenido Hugo Chávez retornó a la presidencia.
Dos años más tarde, en 2004, se produjo la salida forzada de Jean-Bertrand Aristide en Haití. Tal como en Venezuela, en el ejemplo haitiano los golpistas insistieron en que Aristide fue el que provocó, con su comportamiento, la crisis institucional que lo llevó a su remoción del gobierno: de ese modo se justificó la destitución del presidente. De hecho, se producía –al igual que en el caso de Chávez pero esta vez con éxito– una inversión de valores, pues se terminó responsabilizando a la víctima en lugar del victimario. La coalición golpista y Washington aprendieron de un error previo en el caso venezolano: en vez de detener temporalmente a Aristide, el embajador de Estados Unidos puso al depuesto mandatario haitiano en un avión y lo envío a República Centroafricana; donde se había producido un golpe de Estado exitoso en 2002 y el golpista François Bozizé hizo redactar una nueva Constitución y resultó electo presidente en 2003.
Así llegamos al primer golpe de Estado exitoso en Centroamérica en el siglo XXI: el 28 de junio fue derrocado el presidente de Honduras, Manuel Zelaya. El presidente del Congreso, Roberto Micheletti, asumió como mandatario de facto. Los militares irrumpieron en la residencia oficial de Zelaya, lo detuvieron y lo trasladaron a Costa Rica. Los golpistas de la poderosa coalición cívico-militar aprendieron las lecciones de Venezuela y Haití: preservando el funcionamiento del Legislativo y del Judicial, expulsaron del país al mandatario constitucional. Sin embargo, en esta oportunidad el rechazo y repudio general fueron elocuentes. Todo el hemisferio, sus organizaciones políticas, las Naciones Unidas, la Unión Europea, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, ONG de derechos humanos y gobiernos de diversa orientación ideológica se manifestaron masiva y unánimemente contra el golpe de Estado.
La coincidencia de voces fuertemente críticas es muy alentadora. Sin embargo, si el golpe resulta victorioso –y esto significa que Zelaya no es restituido siquiera temporalmente en la presidencia– entonces la tentación del neogolpismo regional crecerá. Los golpistas entonces habrán aprendido una nueva lección: deponer y ejecutar el mandatario en el gobierno, simular que la crisis era de tal envergadura que no había otra opción que remover al Ejecutivo, mantener formalmente las instituciones y esperar hasta que las políticas antigolpe de la comunidad internacional resulten improductivas.
El caso de Honduras es muy trascendental: el futuro de la democracia en América latina está en juego. Y eso lo saben todos, en Washington, en Caracas y en Buenos Aires.

El autor es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella y miembro del Club Político Argentino.

13 de julio de 2009
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dijo lo que nadie se atreve a decir


Por que el discurso de Obama fue histórico.
[Sergio Kiernan] Cuesta pensar en un presidente de cualquier nacionalidad que pueda dar un discurso como el que dio ayer Barack Obama ante el Parlamento de Ghana. Es que un presidente visitante es, por definición, un extranjero medio que obligado a portarse como en casa ajena. Y es por eso que no se critica, que los presidentes se limitan a destacar los lazos que existan, como hizo en España el hijo de españoles Raúl Alfonsín. Nostalgias, pedidos de ayuda, recuerdos. Nada de durezas o señalamientos.
Pero Obama es hijo de una nacionalidad dolorosa. Barack, el hijo del emigrante keniano, se para delante de un Parlamento africano y no se limita a la nostalgia. Lo que dijo ayer este presidente de Estados Unidos es algo que en Africa todos dicen sentados en el bar, pero nadie admite en la tribuna. Obama fue como un hermano porque fue crítico y les pidió a sus hermanos que se hicieran cargo de qué parte del desastre es culpa suya: "Tenemos que empezar por la simple premisa de que el futuro de Africa depende de los africanos. Digo esto conociendo muy bien el trágico pasado que tuvo esta parte del mundo. Es que yo tengo la sangre de Africa en mí y en mi familia..., la historia de mi propia familia abarca las tragedias y los triunfos de la historia africana".
"Algunos de ustedes deben saber que mi abuelo era cocinero de los ingleses en Kenia y que aunque era un respetado anciano de su tribu, sus patrones le decían ‘chico’... El colonialismo no fue para él apenas la creación de fronteras antinaturales o injusticias económicas, era algo que se vivía personalmente, día a día, año a año. Mi padre creció cuidando cabras en una aldea ínfima, a una distancia imposible de las universidades norteamericanas donde un día iba a estudiar. El se hizo hombre en un momento de extraordinaria promesa para Africa. Las luchas de la generación de su padre darían vida a nuevas naciones, comenzando aquí mismo en Ghana..."
"En muchos lugares, las esperanzas de la generación de mi padre dejaron lugar al cinismo, hasta a la desesperanza. Es fácil señalar y culpar a otros por los problemas. Cierto, el mapa colonial que no tiene sentido ayuda a crear conflictos. Occidente muchas veces se aproximó a Africa como un patrón o como un donante, no como un socio. Pero Occidente no es responsable por la destrucción de la economía de Zimbabwe en los últimos diez años, o por las guerras donde se reclutan niños por la fuerza como soldados. En vida de mi padre, el tribalismo, el clientelismo y el nepotismo de una Kenia ya independiente arruinaron su carrera por muchos años, y sabemos que ese tipo de corrupción es un hecho cotidiano para demasiada gente..."
"Para realizar las promesas, tenemos que admitir una verdad fundamental que ustedes ya vieron en Ghana: que el desarrollo depende del buen gobierno. Que es el ingrediente que viene faltando en demasiados lugares. Que es el factor de cambio que puede liberar el potencial de Africa. Y que es una responsabilidad que sólo puede ser tomada por africanos..."
"Los gobiernos que respetan la voluntad de sus pueblos, que gobiernan por consenso y no por coerción son más prósperos, más estables y más exitosos que los gobiernos represivos. Y se trata de algo más que de tener elecciones. También se trata de lo que ocurre entre elecciones. La represión puede tomar muchas formas y en muchas naciones, también entre las que tienen elecciones, hay problemas que condenan a los pueblos al hambre. Ningún país puede crear riqueza si sus líderes explotan la economía para enriquecerse. O si la policía puede ser comprada por los narcos. Ninguna empresa va a invertir en un país donde el gobierno le exige pagar el 20 por ciento, o donde el administrador de puertos es corrupto. Nadie quiere vivir en una sociedad donde el imperio de la ley cede ante la brutalidad y la coima. Eso no es una democracia, es una tiranía, aunque cada tanto tengan elecciones. Es hora de que termine este tipo de gobierno..."
"A lo largo de Africa vemos innúmeros ejemplos de pueblos que toman el control de sus vidas e introducen cambios desde abajo. En Kenia, la sociedad civil y los empresarios se unieron para sofocar la violencia postelectoral. En Sudáfrica, casi 80 por ciento de la población votó en las últimas elecciones, que fue la cuarta desde el fin del apartheid. Y en Zimbabwe, la Red de Apoyo Electoral desafió una represión brutal para sostener que el voto es un derecho sagrado. La historia está del lado de estos valientes africanos, no de los que dan golpes o cambian la Constitución para seguir en el poder. Africa no necesita caudillos, necesita instituciones..."
"Y aquí hay algo que ustedes necesitan recordar: el mundo será como ustedes lo hagan. Ustedes tienen el poder de pedir cuentas a sus líderes y de construir instituciones que sirvan al pueblo. Ustedes pueden servir a sus comunidades y canalizar sus energías para crear riqueza y conectarse con el mundo. Pueden vencer las enfermedades y terminar guerras, y pueden crear cambios desde abajo. Se puede, porque en este momento la historia se está moviendo."

12 de julio de 2009
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una giornata particolare


Juan Gelman sobre la concentración de las tropas norteamericanas fueras de las ciudades.
[Juan Gelman] Fue una suerte de carnaval: el 29 de junio –un día antes de que venciera el plazo para que las tropas estadounidenses se retiraran de las ciudades iraquíes luego de invadirlas y ocuparlas durante seis años y tres meses– la gente llenó las calles de Bagdad, bailó, se oyeron gritos de alegría, música de cuernos, aplausos a los vehículos del ejército y la policía locales que pasaban adornados con cintas, globos, flores de plástico y las nuevas banderas del país (The Wa-shington Post, 30-6-09). El primer ministro, Nouri al-Maliki, declaró el 30 de junio Día de la Soberanía Nacional y no ocultaba su entusiasmo por lo que calificó de "gran victoria". Una victoria muy curiosa: el mismo 30, un atentado terrorista causó la muerte de 34 civiles en Kirkuk, y un ataque de la insurgencia, la de cuatro militares norteamericanos en el sur de la capital.
Se ignora además el sentido que la Casa Blanca y el Pentágono dan a la maniobra de una retirada militar. En cualquier caso, ésta es muy rara: miles de efectivos de EE.UU. seguirán estacionados en Basora, Bagdad y Mosul, aunque de manera más discreta, y otros rodearán a las dos últimas. El caso de Bagdad es especial: para que 3000 soldados estadounidenses sigan apostados en la base Falcon, ubicada claramente en la capital, los comandantes decidieron que está fuera de sus límites (The Christian Science Monitor, 19-5-09). El plano de la ciudad no se dio por enterado.
La fecha del término completo de la retirada es diciembre del 2011: así se establece en el acuerdo EE.UU./Irak sobre el estatuto de las tropas invasoras (SOFA, por sus siglas en inglés). Quién sabe: el general Ray Odierno, comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, señaló que los militares ocupantes son hoy 131.000 y se reducirán a 120.000 en diciembre de este año, "pero esto puede cambiar, porque dispongo de cierta flexibilidad según cómo vayan las cosas sobre el terreno" (www.stripes.com, 1-7-09). Con razón el ministro del Interior iraquí Jawad al-Bolani no comparte el optimismo de su jefe Maliki: "El 30 de junio no es un hito histórico que los filósofos de la política puedan celebrar, es el comienzo de un capítulo muy incierto del autogobierno y la democracia de Irak".
La retirada del país es, por ahora, un hecho nominal. La salida de las ciudades –incompleta– es un gesto de Washington destinado a dar la imagen de que muy pronto no habrá tropas ocupantes, pero el general Odierno informó que 50.000 soldados se quedarán hasta septiembre del 2010 (AP, 18-6-09). EE.UU. necesita tranquilizar a los iraquíes: según las encuestas más recientes, el 73 por ciento de la población quiere a todos fuera (Irak Index, Brookings Instituton, julio de 2009). Sólo que los términos del SOFA son tan maleables que nadie puede asegurar que el 31 de diciembre del 2011 será para Irak un día vacío de soldados extranjeros.
Bagdad ha dispuesto que el 30 de julio próximo se realice un plebiscito sobre el SOFA que, en caso de contar con una aprobación mayoritaria, legitimaría la prolongada presencia de fuerzas ocupantes ya prevista. Si fuera rechazado, esas fuerzas se verían obligadas a abandonar Irak de inmediato y el gobierno de Obama está maniobrando para que el referéndum no se lleve a cabo, una postura que contradice su declarada voluntad democrática (The New York Times, 10-6-09). El gobierno iraquí insiste en su celebración y ha destinado para ello una partida de 99 millones de dólares, aunque hay presiones para que el gabinete lo aplace.
Por lo demás, las fuerzas estadounidenses han entregado a Irak más de 60 bases urbanas, pero están ampliando otras en zonas rurales y construyendo nuevas para albergar a los soldados que se desplazan de las ciudades (Army Times, 22-6-09). La única novedad introducida por esta retirada es que los efectivos duermen en las afueras y a la mañana regresan a las calles de Bagdad o de Mosul. Casi una práctica de oficina.
Un vacío notable del SOFA es que no contempla la situación y el porvenir de un verdadero ejército privado: al 11 de marzo de este año había 132.610 "contratados" en Irak, según el informe más reciente del Pentágono (www.acq.osd.mil/log, mayo 2009). Ganan de 20 a 30 mil dólares mensuales, van armados, combaten, ametrallan vehículos civiles y a civiles, gozan de amplia impunidad, se encargan de tareas peligrosas y sufren más bajas que el ejército estadounidense.
La relación entre el número de militares y el de mercenarios fue respectivamente de 60 a 1 en la primera Guerra del Golfo. En Irak es prácticamente de 1 a 1, aunque sería mucho mayor de acuerdo con las estadísticas que dio a conocer Gary J. Motsek, subsecretario asistente del Ministerio de Defensa (www.tru thout.org, 5-6-09): con Obama de comandante supremo de las fuerzas armadas, la cantidad de "contratados" aumentó un 23 por ciento en el segundo trimestre de este año. ¿Será ésa una manera de combatir el desempleo, como prometió en su campaña electoral?

12 de julio de 2009
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honduras en la cuerda floja


El país es altamente dependiente de los préstamos internacionales. Expertos pronostican que la situación económica, de por sí mala, empeorará con el aislamiento del país centroamericano. Los más afectados serán los programas de salud, de seguridad alimentaria y de desempleo.
Al interior de Honduras, la dictadura parece tener todo controlado. Los medios de comunicación están censurados, las garantías constitucionales fueron suspendidas y la represión encuentra vía libre por las calles. Sin embargo, ni los militares pueden evitar tener un talón de Aquiles: la economía. "Honduras cuenta con suficientes recursos para soportar los próximos seis meses", aseguró ayer la ministra de Finanzas del gobierno de facto, Gabriela Núñez. Pero, a la luz de los bloqueos que se suceden sobre el país centroamericano por parte de la comunidad internacional desde el golpe de Estado, los pronósticos de la ministra podrían resultar demasiado optimistas. "Honduras no sería capaz de mantenerse por sí sola. Es un país altamente dependiente, cuyo presupuesto depende en un 30 por ciento de los préstamos de los organismos de crédito internacionales", precisó Martín Barahona, ex presidente del Colegio de Economistas de Honduras. "Los programas de salud, de seguridad alimentaria y de desempleo serán, sin dudas, los más afectados", agregó.
Y es que, por estos días, las puertas de las instituciones multilaterales de crédito no se encuentran precisamente abiertas para Honduras. En los últimos días, tanto el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como el Banco Mundial (BM) y el Banco Centroamericano anunciaron el congelamiento de créditos por algo más de 300 millones de dólares. En un país cuyo presupuesto anual apenas ronda los dos mil millones de dólares y donde el 60 por ciento de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza, las presentes cifras cobran otra dimensión.
La economía hondureña, por lo demás, se basa fundamentalmente en las divisas que generan el café, el banano, las maquilas (fábricas de ensamblaje) y el azúcar, que encuentran más del 60 por ciento de su mercado externo en los Estados Unidos. Pero incluso éste, debido al quiebre del orden democrático, podría cerrarse, ya que Washington anunció que podría suspender de un momento a otro las preferencias arancelarias de las que se benefician los productos de este país hasta tanto no se restituya al presidente Manuel Zelaya, además de eliminar buena parte de los programas de cooperación bilateral.
"El gobierno de Estados Unidos realiza una revisión total de todos sus programas de asistencia. Además de la cooperación militar, hemos interrumpido todas las actividades relacionadas con apoyo a los ministerios del gobierno de Honduras, así como programas de desarrollo por 170 millones de dólares previstos para 2009", señaló un comunicado emitido ayer por la embajada estadounidense en Tegucigalpa. "La inversión estadounidense en este país es de 800 millones de dólares anuales, y es lo que sostiene el crecimiento", explicó Barahona. La Unión Europea (UE), a su turno, no quiso quedarse atrás y ya anunció que Honduras podría quedar afuera del acuerdo de asociación que el bloque negocia con Centroamérica.
Si a todo ello le sumamos que desde que el mandatario Zelaya fue expulsado de la Casa de Gobierno a punta de fusil, Venezuela anunció la suspensión del envío de petróleo en el marco del acuerdo Petrocaribe, convenio que le permitía a Honduras recibir crudo abundante y barato, cuando no prácticamente subsidiado, el panorama se complica aún más.
Pero, más allá de cualquier adversidad económica que pueda incluso jugarle en contra, la burguesía local, por ahora, se mantiene firme junto a los golpistas. Ayer, tanto la Cámara de la Industria como la de Comercio, dos de las corporaciones más poderosas del país, emitieron sendos comunicados de apoyo al régimen, señalando que Zelaya había sido removido mediante una "sucesión constitucional" y que la vida de los hondureños debía "volver a la normalidad".
Pero según le dijo a Página/12 vía telefónica Reina Centeno, maestra de escuela en Tegucigalpa, la vida cotidiana está lejos de seguir su curso habitual. "Ahorita están empezando a faltar cosas. La gente se desespera y compra de todo en el mercado. El combustible se está racionando. El gobierno dice que está todo normal, pero la realidad es otra cosa", señaló. "Sabemos que vamos a sufrir, mucho más que ahora. Estamos acostumbrados, pero lo peor todavía no llegó", afirmó la maestra.

Informe Martín Suaya

10 de julio de 2009
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xiomara para presidente


Xiomara Castro, la esposa de Zelaya, encabezó una movilización. La primera dama de Honduras salió de la clandestinidad y desafió la orden de detención. El presidente de la Corte Suprema sugirió una amnistía política tanto para el mandatario derrocado como para otros actores involucrados.
[María Laura Carpineta] En medio de la bronca, el dolor y la frustración, ayer nació una líder política en Honduras. Xiomara Castro, la esposa del presidente derrocado Manuel Zelaya, caminó junto con miles de manifestantes, desafiando a los policías, militares y la orden de detención que se rumorea existe en su contra. Hasta el golpe de Estado, la contadora de 49 años cumplía las tareas obligadas de una primera dama, no más. Era una cruzada contra el sida y promocionaba programas sociales para ayudar a madres solteras y fomentar la agricultura familiar; pero era una extraña de la puja política y, aun más, de la lucha de los movimientos populares. "Después de la muerte del muchacho que fue asesinado el domingo, hablé con su familia para reconfortarlos y en realidad fueron ellos los que me dieron aliento a mí: si hay gente saliendo a las calles, yo no puedo dejar de salir", explicó a los medios internacionales, antes de perderse entre abrazos y saludos de hombres y mujeres que gritaban el nombre de su esposo.
Después de un lunes de duelo y miedo, los opositores a la dictadura que gobierna Honduras desde hace diez días volvieron a salir en masa a las calles. "La movilización no fue tan grande como el domingo, naturalmente, pero había muchísima gente. Lo importante es seguir en la calle, eso es lo único que nos garantiza nuestra seguridad", le dijo a este diario Carlos Reyes, líder del sindicato de la industria de bebidas, una de las organizaciones que organiza y encabeza la resistencia popular. Según relató el dirigente sindical, la primera dama los llamó el lunes a la tarde y les pidió una reunión. "Vino a la sede del sindicato y nos dijo que no podía seguir escondida mientras hondureños morían defendiendo el gobierno de su esposo. Nos pidió permiso para participar de la movilización de hoy (por ayer)", contó Reyes.
A pesar de haber sido una figura secundaria y poco ligada a las organizaciones de base, la aparición de Castro reavivó las esperanzas de los zelayistas que se animaron a volver a marchar ayer. "Esta semana es decisiva, no resisten una semana más", gritó, envalentonado por la emoción generalizada, el líder campesino Rafael Alegría. Además de la presión y el aislamiento internacional, el gobierno de facto enfrenta una huelga nacional de educación, la paralización casi total de la industria de la agricultura y la interrupción parcial del transporte público en algunas regiones del país.
Para terminar de levantar la moral, la primera dama, que optó por usar un sombrero cowboy crema muy parecido al que su esposo convirtió en una marca personal, anunció un nuevo operativo retorno. "Mel puede regresar entre miércoles y jueves a pesar del peligro que pueda correr su vida", aseguró la primera dama y la ovación fue total. Era la noticia que todos los zelayistas querían escuchar. Castro no dio detalles sobre cómo será la vuelta ni ahondó en los preparativos.
La noticia sorprendió incluso a las organizaciones sociales y sindicales. Sus dirigentes ayer reconocían a regañadientes y bajo anonimato que no sabían nada sobre un nuevo plan para traer de vuelta al presidente Zelaya. El drama y la represión brutal del domingo pasado les habían demostrado que el régimen de facto no se dejaba intimidar por el repudio y los reclamos internacionales. En medio de esa incertidumbre –una costumbre por estos días en el pequeño país centroamericano–, los hondureños se enteraron de que Zelaya había aceptado sentarse a hablar mañana en Costa Rica con el hombre que había usurpado su sillón presidencial, Roberto Micheletti.
La confirmación de la reunión inmediatamente le dio aire a la dictadura para desplegar sobre la mesa sus ofertas. "Una posibilidad podría ser una amnistía política tanto para don José Manuel Zelaya Rosales como para otros actores involucrados", sugirió el presidente de la Corte Suprema, Jorge Alberto Rivera, antes de llegar a Washington, en donde intentará convencer al Departamento de Estado y a la OEA de la "legalidad" del golpe de Estado. La amnistía podría estar acompañada de un adelantamiento de las elecciones generales de noviembre, una idea esbozada en varias ocasiones por el presidente de facto, Micheletti.
Es un misterio qué estará dispuesto a poner sobre la mesa Zelaya en Costa Rica, pero ayer en las calles de Tegucigalpa miles de hondureños estaban convencidos de que no renunciará a sus últimos meses en el poder. "Las elecciones anticipadas no sirven de nada. La Constitución establece la fecha de toma de mando y eso no se va a poder cambiar. Nos hablan de amnistía, de unidad nacional; para nosotros no son opciones", aseguró, irritado, el líder sindical Carlos Reyes.
Unas horas antes, frente a una multitud revitalizada, la primera dama le había marcado la cancha a su esposo: "Todo es negociable, menos la restitución del presidente en el cargo".

8 de julio de 2009
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