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opinión

presidente tóxico


Bases militares demuestran propósitos expansionistas, especialmente en el territorio amazónico.
[Atilio A. Boron] ¿Qué pretende Uribe con su frenética gira por América? Nada menos que vender una iniciativa tóxica, para utilizar el lenguaje impuesto por la crisis capitalista: justificar la escalada de la ofensiva militar del imperio con el propósito de revertir los cambios que en los últimos años alteraron la fisonomía sociopolítica de la región. Ante esta desconcertante realidad, la táctica de la Casa Blanca ha sido abandonar la retórica belicista de Bush y ensayar un discurso igualitarista y respetuoso de la soberanía de los países del área, pero desplegando nuevas bases militares, manteniendo la Cuarta Flota y fortaleciendo sin pausa al Comando Sur.
En este sentido, Barack Obama, a quien los perpetuamente desorientados ‘progres’ europeos y latinoamericanos continúan confundiendo con Malcolm X, está siguiendo al pie de la letra los consejos de Theodore Roosevelt, el padre de la gran expansión imperialista norteamericana en el Caribe y Centroamérica, cuando dijera "speak softly and carry a big stick", es decir, "habla bajito pero lleva un gran garrote". Roosevelt fue un maestro consumado en aplicar esa máxima a la hora de construir el canal de Panamá y lograr, con la infame Enmienda Platt, la práctica anexión de Cuba a los Estados Unidos. Con su política de remilitarización forzada de la política exterior hacia América latina y el Caribe Obama se interna por el camino trazado por su predecesor.
La justificación que Uribe esgrime en apoyo de su decisión de conceder a las fuerzas armadas de Estados Unidos siete bases militares es que de esa manera se amplía la cooperación con el país del Norte para librar un eficaz combate contra el narcotráfico y el terrorismo. Excusa insostenible a la luz de la experiencia: según una agencia especializada de las Naciones Unidas los dos países donde más creció la producción y exportación de amapola y coca son Afganistán y Colombia, ambos bajo una suerte de ocupación militar norteamericana. Y si algo enseña la historia del último medio siglo de Colombia es la incapacidad para resolver el desafío planteado por las FARC por la vía militar. Pese a ello el general Freddy Padilla de León –quien gusta decir que morir en combate "es un honor sublime"– anunció días pasados en Bogotá que las siete bases estarían localizadas en Larandia y en Apiay (ambas en el Oriente colombiano); en Tolemaida y en Palanquero (en el centro de Colombia); en Malambo (sobre el Atlántico, en la costa norte); en Cartagena, sobre el Caribe colombiano y la séptima en un lugar aún no determinado de la costa del Pacífico. El Congreso de Estados Unidos ya aprobó la suma de 46 millones de dólares para instalar su personal y sus equipos bélicos y de monitoreo en estas nuevas bases con el objeto de reemplazar las instalaciones que tenía en Manta. En la actualidad ya hay en Colombia 800 hombres de las fuerzas armadas de Estados Unidos y 600 "contratistas civiles" (en realidad, mercenarios) pero los analistas coinciden en señalar que la cifra real es mucho más elevada que la oficialmente reconocida.
No hace falta ser un experto militar para comprobar que con la entrega de estas bases Venezuela queda completamente rodeada, sometida al acoso permanente de las tropas del imperio estacionadas en Colombia, amén de las nativas y los ‘paramilitares’. A ello habría que agregar el apoyo que aportan en esta ofensiva en contra de la Revolución Bolivariana las bases norteamericanas en Aruba, Curaçao y Guantánamo; la de Palmerolas, en Honduras; y la Cuarta Flota que dispone de suficientes recursos para patrullar efectivamente todo el litoral venezolano. Pero no sólo Chávez está amenazado: también Correa y Evo Morales quedan en la mira del imperio si se tiene en cuenta que Alan García en Perú arde en deseos de ofrecer ‘una prueba de amor’ al ocupante de la Casa Blanca otorgándole facilidades para sus tropas. En Paraguay, Estados Unidos se aseguró el control de la estratégica base de Mariscal Estigarribia –situada a menos de cien kilómetros de la frontera con Bolivia– y que cuenta con una de las pistas de aviación más extensas y resistentes de Sudamérica, apta para recibir los gigantescos aviones de transporte de tanques, aviones y armamento pesado de todo tipo que utiliza el Pentágono. También en ese país dispone de una enorme base en Pedro Juan Caballero, ¡localizada a 200 metros de la frontera con Brasil!, pero según Washington pertenece a la DEA y tiene como finalidad luchar contra el narcotráfico. La amenaza que representa esta expansión sin precedentes del poder militar norteamericano en Sudamérica no pasó desapercibida para Brasil, que sabe de las ambiciones que Estados Unidos guarda en relación a la Amazonía, región que puertas adentro los estrategas imperiales consideran como un territorio vacío, de libre acceso, y que será ocupado por quien tecnológicamente tenga la capacidad de hacerlo.
Ante estas amenazas los países sudamericanos tienen que reaccionar con mucha firmeza, exigiéndole a Estados Unidos archivar sus planes belicistas en Colombia, desmilitarizar América Latina y el Caribe y desactivar la Cuarta Flota. La retórica ‘dialoguista’ de Obama es incongruente con la existencia de semejantes amenazas, y si quiere lograr un mínimo de credibilidad internacional debería ya mismo dar instrucciones para dar marcha atrás con estas iniciativas. Por su parte, los gobiernos de la región nucleados en la Unasur y el Consejo Sudamericano de Defensa deberían hacer oídos sordos ante las falacias de Uribe y pasar del plano de la retórica y la indignación moral al más concreto de la política, impulsando algunos gestos bien efectivos: por ejemplo, ordenando el inmediato retiro de las misiones militares y los uniformados estacionados en nuestros países mientras no se reviertan aquellas políticas. De ese modo el mensaje de rechazo y repudio al "militarismo pentagonista" –como precozmente lo bautizara un gran latinoamericano, Juan Bosch– llegaría claro y potente a los oídos de sus destinatarios en Washington. Las súplicas y exhortaciones, en cambio, no harían sino exacerbar las ambiciones del imperialismo.

8 de agosto de 2009
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la pasta base y la justicia americana


Es hora de poner fin a las disparidades entre los delitos asociados con la cocaína y aquellos asociados con la pasta base. Editorial de Los Angeles Times.
El caso de Eugenia Jennings, de Illinois, es un ejemplo clásico de la injusticia estadounidense. A los veintitrés años, esta madre de tres hijos fue arrestada por vender poco menos de catorce gramos de pasta base de cocaína a un modisto. Debido a que el gobierno federal ha impuesto una disparidad de sentencia de 100 a 1 entre la pasta base y la cocaína en polvo, y debido a que Jennings había sido condenada anteriormente por vender pequeñas cantidades de pasta base, fue sentenciada a veintidós años de prisión en una cárcel federal. Si hubiera estado vendiendo cocaína en polvo, su sentencia habría sido la mitad.
Jennings, como más del ochenta por ciento de los traficantes de pasta base, es afroamericana. Es una de los miles de usuarios y vendedores no violentos que han recibido sentencias escandalosamente desproporcionadas bajo la ley de drogas aprobada por el Congreso en 1986. La ley, aprobada en una época en que la pasta base era una epidemia que estaba causando estragos en los barrios urbanos y alimentando la violencia de las pandillas, tenía la intención de atacar a los peces gordos del comercio de pasta base. En lugar de eso, de acuerdo a un informe de 2002 de la Comisión de Sentencias de Estados Unidos, la ley ha barrido sobre todo con los vendedores callejeros de poca monta, eliminado la discreción judicial para imponer sentencias más severas a transgresores más importantes, y sentencias más ligeras a los que los jueces creen que merecen un respiro, y fomentado la falta de respeto por el sistema de justicia criminal en las comunidades negras.
Los partidarios de la equidad en la justicia han estado tratando de eliminar la disparidad en las sentencias durante más de una década, pero no han contado nunca con tanto respaldo como ahora. Barack Obama denunció la disparidad durante la campaña de 2008, y el fiscal general de Estados Unidos, Eric H. Holder, la calificó recientemente de "simplemente un error". La semana pasada, un proyecto de ley para derogarla fue aprobado por un subcomité de la Cámara de Representantes.
La cocaína en polvo y la pasta base tienen idénticos efectos. Hay alguna evidencia de que la pasta base es ligeramente más adictiva porque es fumada, en lugar de inhalada; al fumarla, la droga llega más rápidamente al cerebro, pero su efecto también pasa más rápido -lo que a su vez hace que los usuarios quieran fumarla más a menudo. Pero estas diferencias menores difícilmente justifican imponer la misma sentencia mínima obligatoria por la posesión de cinco gramos de pasta base que por la de quinientos gramos de cocaína en polvo.
La principal diferencia entre las dos drogas es que la cocaína en polvo la prefieren los jóvenes blancos, mientras que la pasta base es la forma adoptada por los negros pobres. La desconfianza y la rabia que sienten muchos afroamericanos hacia la policía, que llegó a primer plana con la reciente controversia por la detención del profesor de Harvard, Henry Louis Gates Jr., se origina en parte en leyes descaradamente discriminatorias -como la disparidad de la pasta base. El Congreso debe actuar pronto para derogarlas.

3 de agosto de 2009
1 de agosto de 2009
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cuidado con los birthers


Por idiota que parezca, que la gente se esté preguntando si Obama nació o no en Estados Unidos podría eventualmente causar problemas.
[Bill Maher] No hay que subestimar la capacidad para arruinar cualquier cosa que puede poseer un diminuto grupo marginal formado por inútiles.
Durante las últimas semanas, nos hemos reído de buena gana de las excéntricas payasadas de los birthers -esos memos de extrema derecha que afirman que Barack Obama no nació realmente en Hawai y por eso la presidencia debería ser traspasada a la que llegó segunda, la ex Miss California Carrie Prejean.
También, cuando Obama juró como presidente, olvidó dar su respuesta de modo interrogativo.
Y, sin embargo, cada semana crece más el coro de conservadores que exigen ver su certificado de nacimiento. Es como si fueran el policía de Cambridge, y Obama está en su casa -la Casa Blanca- y le exigen que muestren su carné de identidad.
Y no hay nada que pueda convencerlos. Si les entregas, en persona, el certificado de nacimiento y un video de Obama emergiendo del viente con Don Ho cantando en el fondo... tampoco lo creerán.
Vote usted:
¿Deberíamos tomar en serio la creencia de los birthers, pese a que es falsa?
-Sí, podría causarnos problemas en el futuro.
-No, no debería dársele más publicidad al asunto.
Esto plantea la pregunta: ¿Por qué, en este país, es siempre la derecha religiosa la que no acepta nada de buena fe?
De momento, la reacción de los demócratas ha sido reírse, y entiendo por qué. Si crees seriamente que el presidente Obama es un espía africano encubierto, será mejor que salgas del chat room y controles si tu casa no tiene plomo.
Pero vivimos en Estados Unidos, y en Estados Unidos si no eliminas inmediatamente un absurdo como este, ridículo como es, puede crecer y desarrollarse y finalmente apoderarse de todo, como mala hierba o reality shows sobre gente gorda.
Esta absurda obsesión de la extrema derecha es una pérdida de tiempo total, pero también lo era Whitewater, y miren en qué terminamos. Un puñado de operativos republicanos, enrabiados con el extraordinario crecimiento económico y excedentes presupuestarios de Bill Clinton, encontraron a una mujer llamada Paula Jones, que condujo a una mujer llamada Monica Lewinsky, que proporcionó suficientes materiales como para poder comprarse una enorme casa en Bel-Air. Que todavía me preocupa.
Más recientemente tuvimos las acusaciones de Swift Boa contra John Kerry. Kerry fue acusado de presentarse voluntariamente para servir en Vietnam para pararse frente a una bala y recibir una medalla y entonces deshacerse de ella para satisfacer su impulso de insultar a estadounidenses de verdad. Era tan estúpido que Kerry se negó incluso a discutirla.
Y todos sabemos lo bien que funcionó.
Y una vez que estas historias empiezan a circular, son muy difíciles de erradicar porque nuestros medios de información no son capaces de cantarles las cuarenta a los estúpidos. Vietnam, Iraq y la Guerra Hispano-Americana se iniciaron sobre la base de mentiras que nadie puso en duda o que incluso fueron difundidas por los medios. Clinton fue impugnado y Kerry destruido en gran parte porque los medios no tuvieron el coraje de decir: "Esto no tiene sentido".
Lou Dobbs ha estado diciendo recientemente que la gente se está haciendo preguntas sobre el certificado de nacimiento. Sin embargo, la misma gente quiere saber adónde se va el sol por la noche.
Y Lou, tú eres su nuevo rey.
Es por eso que es tan importante que nosotros los menos, los orgullosos, los que nos basamos en la realidad ataquemos esta idiotez antes de que tenga la posibilidad de crecer y expandirse. No se trata de los demócratas contra los republicanos. Se trata de los seres sintientes contra los lagartos, y a estos les ofrezco el siguiente acuerdo: Les mostraré el certificado de nacimiento de Obama cuando ustedes me muestren el diploma de secundaria de Sarah Palin.

Bill Maher es anfitrión del programa ‘Real Time with Bill Maher’, del canal HBO.

2 de agosto de 2009
31 de julio de 2009
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primera crisis latinoamericana de obama


La primera crisis latinoamericana en la era Obama.
[Emir Sader] Los que tenían evaluaciones reduccionistas, asimilando Obama a Bush, tendrán que reevaluar de inmediato sus visiones equivocadas. Bastó el golpe en Honduras –la primera gran crisis latinoamericana desde que empezó el gobierno de Obama– para que se viera cómo Estados Unidos recupera capacidad de acción en un continente donde la había perdido casi por completo.
Bush seguramente no habría condenado el golpe, menos todavía presionado a los golpistas para que aceptaran el retorno del presidente depuesto, como lo certifica el golpe en Venezuela. Pero lo hacen en un contexto en que los gobiernos latinoamericanos, que habían logrado dirimir por sí solos conflictos anteriores –como fue el caso del ocurrido entre Ecuador y Colombia a raíz de la invasión por el gobierno de Uribe a territorio ecuatoriano, en la reunión realizada en República Dominicana donde también retomaron relaciones normales, ahora perturbadas por la nueva onda de denuncias irresponsables de Uribe–, Colombia y Venezuela se ven apartados de la solución de la crisis hondureña. La existencia de Unasur, con un Consejo de Seguridad Su-damericano donde, por primera vez, no está Estados Unidos, que se limitó a mandar su flota naval, como para demostrar que sus armas son otras que las políticas, revela cómo el continente tiene sus formas propias de zanjar sus problemas y sus crisis.
Aun con ese poder de iniciativa, se cometió el error de aceptar la intermediación de Óscar Arias, no por casualidad propuesta por Hillary Clinton, que representa el ala más conservadora del nuevo gobierno norteamericano. Aun contando con una unánime condena internacional del golpe y con el apoyo al retorno de Zelaya al gobierno, el movimiento dirigido por el presidente hondureño aceptó la intermediación de Arias que, si bien lo recibió cuando fue expulsado por los militares de su país, además de haber mediado en los acuerdos de Contadora –que le valieron el Premio Nobel de la Paz–, retornó a la política costarricense para implementar el Tratado de Libre Comercio con EE.UU. En ese retorno, tuvo grandes dificultades para triunfar por muy pequeño margen en las elecciones, tanto es así que fue obligado a convocar un referéndum sobre el TLC, donde también triunfó por un margen muy estrecho. Es el hombre de Estados Unidos en la región, cuando otros gobiernos, como los de Nicaragua, El Salvador y del mismo Honduras, se distancian de Washington.
Arias se comportó exactamente como quería Estados Unidos. Promovió un reconocimiento de hecho al gobierno golpista, poniendo las dos partes a negociar como si tuvieran estatutos similares. Planteó en primer lugar la condición de que Zelaya retorne a la presidencia, pero renunciando a cualquier iniciativa propia, haciendo que termine su mandato, simplemente para mantener la continuidad institucional, como si ésta no hubiera sido claramente rota. Ni siquiera se acusaría a ningún golpista, al contrario de lo anunciado por Zelaya, que pretende sancionar a los militares que han perpetrado el golpe. Se terminaría el mandato, sin pena ni gloria, y como Zelaya perdió las elecciones internas del partido al que todavía pertenece, no concurriría con ninguna alternativa que permitiera que el pueblo se pronunciara sobre su gobierno.
Micheletti juega con la continuidad hasta que el nuevo gobierno sea elegido. La importante decisión de los presidentes del Mercosur afirma que no reconocerán a ningún gobierno que reciba la presidencia del surgido del golpe. Debiera ser una posición asumida por todos los que condenan el golpe.
Frente a la resistencia de Micheletti de devolver la presidencia a Zelaya, Estados Unidos pasó a jugar una alternativa, que es la de que las fuerzas armadas acepten las condiciones propuestas por Arias. Se difunde que la declaración de los altos mandos militares hondureños fue redactada en Washington, en la oficina de un senador demócrata norteamericano, para terminar de confirmar que el gobierno Obama busca de todas formas salvar la apariencia de institucionalidad, como si no hubiera habido ya una ruptura de la institucionalidad democrática que impide que Zelaya gobierne y que someta a su pueblo una alternativa de continuidad política fuera de las oligarquías que han dominado siempre al país, responsables de que sea uno de los más pobres del continente.
Así, tampoco se puede aceptar que Zelaya asuma simplemente para concluir el mandato, como si nada hubiera pasado –es decir, sin el castigo a los golpistas, entre ellos los altos mandos de las FF.AA., la alta cúpula del Poder Judicial, los políticos y dirigentes de los dos partidos tradicionales–, y sin que el pueblo pueda pronunciarse sobre el gobierno de Zelaya, que debiera poder lanzar un candidato, que represente la continuidad de su gobierno, por alguno de los partidos alternativos.
El retorno de Zelaya para solamente cumplir su mandato sería la victoria de la posición de Estados Unidos, salvando las apariencias, apareciendo como condenando al golpe, sin sancionar a los golpistas, haciendo que se cumplan las semanas que faltan del mandato de Zelaya, que se retiraría del gobierno y con ello terminarían las alternativas que empezaba a construir para Honduras.
Hace tiempo, desde el golpe en Venezuela, se incrementaron las ofensivas contra los gobiernos de Lula, de Evo Morales, de Cristina Kirchner, con que la derecha intenta frenar la ola de gobiernos que abandonaron el consenso neoliberal que los conservadores, apoyados por Estados Unidos, han impuesto en el continente. En caso de que logren ese "golpe blanco" en Honduras, habrían encontrado una vía sui generis, sin victoria electoral y sin ensuciarse directamente las manos en un golpe. Sería la primera victoria del gobierno Obama en el continente, en un momento en que las posturas bushistas de Uribe amenazan con provocar situaciones muy difíciles para el nuevo gobierno estadounidense, haciendo retroceder al escenario de aislamiento total en la región, cuando Colombia era su gran aliado.
Los gobiernos que han condenado el golpe en Honduras, que han construido Unasur y el Consejo Sudamericano de Defensa, tienen que hacerse responsables por una solución democrática para la crisis hondureña, al igual que deben hacerse cargo de los conflictos que rebrotan entre Colombia y sus vecinos, para parar definitivamente los chantajes de Uribe, que sirven apenas para recubrir su proyecto de instalación formal y abierta de una base militar norteamericana en su país. Lo cual, además, choca con la pertenencia al Consejo Sudamericano de Defensa, que debería reunirse para exigir una declaración formal del gobierno colombiano de que no violará los acuerdos del Consejo.
O América latina se hace cargo de sus problemas y de su destino, definitivamente, o el imperio, bajo una u otra forma, volverá a dictar las cartas en la región que más ha avanzado en el mundo en los procesos de integración regional y de construcción de alternativas al modelo neoliberal.

El autor es secretario ejecutivo de Clacso.

31 de julio de 2009
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sistema binominal o fraude electoral


Sistema binomina es el fraude electoral institucionalizado.
[Rafael Cárdenas] Resulta en verdad una tomadura de pelo y una falta de respeto a los telespectadores que la cientista política Ena Von Baer, integrante del programa dominical de TVN, Estado Nacional, denomine reiteradamente al sistema binominal como "un sistema electoral proporcional muy mayoritario" y que ninguno de sus colegas la ponga en su lugar.
Todos los demócratas sabemos que el sistema binominal es intrínsecamente antidemocrático y, como tal, no encuadra entre los sistemas electorales proporcionales y mayoritarios, propios de la democracia. De hecho, el único otro régimen político que lo ha utilizado en el mundo, fue la desaparecida dictadura comunista del general Jaruzelski en Polonia.
Los sistemas electorales de las democracias representativas, se agrupan, con sus diversas variantes, en proporcionales y mayoritarios, según reflejen fielmente en la representación parlamentaria el porcentaje de apoyo electoral obtenido por las fuerzas políticas que participen en la elección o bien sobrerepresenten a la fuerza con la primera mayoría en dicha elección, respectivamente. Ambas opciones plenamente democráticas, en la medida que otorgan el triunfo a la mayoría, lo que constituye la materialización de la democracia, si entendemos ésta como, "el gobierno de la mayoría con respeto de la minoría".
El sistema binominal, por su parte, ni siquiera merece ser considerado propiamente un sistema electoral, ya que está diseñado para impedir que la mayoría electoral se vea reproducida como tal en el Congreso, mediante la sobrerepresentación de la minoría, con un consecuente empate de fuerzas, lo que es una burla de la voluntad del electorado. Por ello, más que un sistema electoral, constituye un fraude electoral.
Y precisamente porque el binominal no representa un sistema electoral, sino un fraude electoral, es que sus partidarios no logran ponerse de acuerdo al caracterizarlo dentro de los auténticos sistemas electorales. Así, mientras algunos suelen tildarlo de "mayoritario", otros lo motejan de "proporcional", hasta llegar al absurdo y ridículo concepto de la Sra. Von Baer. El constitucionalista Francisco Cumplido, por su parte, le niega el carácter de mayoritario o proporcional, en lo que coincidimos, denominándolo "arbitrario" (cf. Reforma Constitucional. ed. Lexis Nexis, 2006).
Ello ocurre porque el binominal no está entre los sistemas electorales democráticos (que son proporcionales o mayoritarios, en sus distintas versiones, pero, todos ellos, con la característica común no menor de que siempre otorgan el triunfo a la mayoría y no lo impiden, como en nuestro caso), sino que representa una entelequia rara que sólo podría ser calificada de, "sistema electoral minoritario", lo que es en sí un contrasentido, pero, sin duda, también un éxito postrero de su autor, Jaime Guzmán, quien lo tramó en pro de la dictadura y la perpetuación de su legado, mediante el expediente de impedir el gobierno de la mayoría (nada menos que la materialización de la democracia) a través de la sobrerepresentación de la minoría (33%=66%), lo que le otorga a esta última un poder de veto frente a la mayoría, obligando al cogobierno -que es lo que hemos vivido hasta el presente- para evitar el inmovilismo.
El sistema político ilegítimo y escandaloso que nos rige, es una burla constante a los ciudadanos, merced a la entrega de todo el poder a una élite, que se siente plenamente cómoda profitando de aquél y eternizándose en los cargos, sin correr el menor riesgo -gracias al antidemocrático sistema binominal- de que el voto ciudadano pueda poner término a este disfraz de democracia. Dicha autocomplaciente y extraviada clase política, ha llegado a justificar este régimen espurio como una "Democracia de los Acuerdos" o "política de consensos" -acuerdos y consensos totalmente ajenos al sentir ciudadano-, pero que, en virtud de lo que hemos conocido y sufrido, debiera denominárselo, más certeramente como, Democracia de los Conciliábulos, lo que sólo puede avergonzarnos.
El actual proyecto de reforma al sistema binominal, por su parte, no pasa de ser un maquillaje a dicho fraude electoral, el que permanecería intacto y reforzado por la complicidad comunista. En el caso de la Concertación, ésta hace rato que se adaptó a dicho sistema electoral antidemocrático de carácter minoritario, así como al cogobierno con la derecha que conlleva. De hecho, dejó transcurrir todo el gobierno anterior, hasta que recién replanteara el tema en la última campaña presidencial, instancia en la que todos los candidatos prometieron cambio -lo que demuestra la falsedad de la afirmación derechista de que este es "un tema que no interesa a la gente".
También hay que tener claro que nada se puede esperar de nuestros representantes, ávidamente aferrados a sus respectivas cuotas de poder, por lo que la única solución viable está en la creación de un gran movimiento ciudadano, como no se ha visto desde el plebiscito de 1988, pero del que pudimos vislumbrar un primer atisbo en el movimiento estudiantil de los pingüinos.
Sin perjuicio de que el slogan inventado por Parra -"La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas"-, haya resultado premonitorio del Cogobierno Alianza-Concertación que se nos ha impuesto a partir de 1990 gracias al antidemocrático sistema binominal, tengo la esperanza de que los ciudadanos terminemos haciendo propio aquel otro de nuestros hermanos de allende los Andes -"¡que se vayan todos!"-, poniendo término al aliancertacionismo actual y exigiendo una nueva Constitución, legítima en su origen y democrática en su contenido, como ya lo aprobó por unanimidad el último Congreso Ideológico de la Democracia Cristiana.

28 de julio de 2009
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honduras y la sip


La prolongación de la crisis en Honduras no tiene un efecto neutro, pues juega a favor de los golpistas.
[Atilio A. Boron] El repudio y el aislamiento universales no conmueven a los usurpadores. Todo lo contrario: confirman su visión paranoica de un mundo dominado por comunistas, subversivos y revolucionarios que conspiran sin cesar para frustrar su patriótica empresa.
Tanto los militares como los civiles hondureños comparten ese delirio que sigue siendo alimentado, día a día, por el Pentágono, la CIA y buena parte del establi-shment político del imperio, para los cuales la guerra no ha terminado ni va a terminar jamás. Guerra sobre todo contra todo ese inmenso e inesperado movimiento social que se ha puesto en marcha a partir del golpe y que rebasa amplia –y tal vez irreversiblemente– los estrechos marcos de la mal llamada "democracia representativa" en Honduras.
Bastó que aquél pretendiese honrar esa fórmula para que la santa alianza abandonase en tropel las cavernas y saliera a dar batalla: allí se juntaron, para unir fuerzas, los representantes militares y políticos del imperio con la corrupta oligarquía local, la perversa jerarquía de la Iglesia Católica, las diversas fracciones del patronato y el poder mediático que este conglomerado de la riqueza y el privilegio controla a su antojo, haciendo de la libertad de prensa una broma sangrienta.
No es casualidad que el sitio web de la benemérita Sociedad Interamericana de Prensa, siempre tan atenta ante todo lo que ocurra con los medios en Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, haya ocultado arteramente lo que está aconteciendo en Honduras. La resolución más importante sobre el tema de los medios, adoptada el 24 de Julio, es una condena... ¡al presidente Rafael Correa por alentar el "incesante clima de confrontación y epítetos contra periodistas, propietarios de medios de comunicación y sus empresas!".
Ni una palabra sobre Gabriel Fino No-riega, periodista hondureño de Radio Estelar, asesinado por fuerzas paramilitares, de la cual informa la misión de la ONU enviada a investigar la situación de los derechos humanos en Honduras. La misma delegación comprobó que en Tegucigalpa, Canal 36, Radio TV Maya y Radio Globo fueron militarizadas, constatándose asimismo el asalto a diversos locales de medios de comunicación y amenazas de muerte contra periodistas, el bloqueo de sus transmisiones o la interceptación telefónica y bloqueo de su acceso a internet. La misión también corroboró el ametrallamiento de la cabina de transmisión de Radio Juticalpa en Olancho, y las amenazas de muerte producidas contra periodistas como el director del diario El Libertador, Johnny J. Lagos Enríquez, así como contra el periodista Luis Galdanes. En la ciudad de Progreso los militares silenciaron las trasmisiones de Radio Progreso, siendo hostigado su director, el sacerdote jesuita Ismael Moreno, detenido temporariamente uno de sus periodistas, mientras otros recibían amenazas de muerte. Otro caso es el de Canal 26, TV Atlántica, cuyo directivo declaró ante la misión de la ONU que los militares indicaron a los medios de comunicación del departamento que debían abstenerse de trasmitir otras versiones o informaciones que no emanasen del gobierno de facto.
Ante la agresión sufrida por los periodistas de Telesur y Venezolana de Televisión –sin cuya valiente labor el mundo jamás se habría enterado de lo que ocurría en Honduras–, la SIP se limitó a emitir un tibio comunicado lamentando los hechos; la resolución dura, en cambio, se tomó en contra de Correa.
Sería muy largo enumerar todas las violaciones a la libertad de prensa y los derechos humanos, aparte del asesinato de Noriega, que pasaron desapercibidas ante los atentos censores de la SIP y sus lenguaraces, Mario Vargas Llosa y la pandilla de los "pluscuamperfectos idiotas latinoamericanos". Su silencio cómplice revela la descomposición moral del imperio, sus permanentes mentiras y la impunidad con la cual se mueven estos falsos defensores de la "libertad de prensa". Y frente a este escenario, ¡la secretaria de Estado Hillary Clinton se atreve a calificar como imprudente el gesto de Zelaya de viajar a la frontera de su país!!, al paso que su vocero, Philip Crowley, advertía contra "cualquier acción que pueda conducir a la violencia" en Honduras.
Falta ya muy poco para que Washington comience a declarar que el verdadero golpista es Zelaya y que fue él y no otro quien arrojó a su país a un caos de violencia y muerte. La promesa de nuevas mediaciones a cargo de la Casa Blanca sólo servirá para desfigurar aún más la verdad e inclinar el fiel de la balanza a favor de los golpistas y sus mandantes.

26 de julio de 2009
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investiguemos la versión de cheney


Una investigación prudente y sensible sobre posibles delitos de la era de Bush es preferible a audiencias politizadas. Editorial de Los Angeles Times.
Es demasiado fácil asumir lo peor sobre el ex vicepresidente Dick Cheney. Su expediente de engaños y manipulaciones hace más plausible que haya instruido impropiamente a funcionarios de inteligencia a ocultar a los comités parlamentarios informaciones pertinentes sobre un programa secreto de la era de Bush para capturar o matar a terroristas.
Menos claro es si la ley exigía que esta información fuera compartida. Según la Ley de Seguridad Interior de 1947 y sus abundantes enmiendas, el director de la Central de Inteligencia "mantendrá informado a los comités parlamentarios completa y oportunamente de todas las operaciones encubiertas que son responsabilidad" del gobierno. El programa descrito por fuentes de inteligencia -crear equipos paramilitares capaces de perseguir a dirigentes de al Qaeda en Afganistán y Pakistán- ciertamente requería notificación parlamentaria si se convertía en operacional, pero los sumarios informes de momento no respondían definitivamente la pregunta de si había sobrepasado las discusiones internas para convertirse en ‘acción encubierta’, como anticipa la ley. Aparentemente, se había gastado dinero en el programa y dedicado esfuerzos a su desarrollo, sugiriendo que la notificación era justificada, pero los equipos mismos nunca estuvieron siquiera al borde de ser desplegados, alegando que la notificación puede haber sido prematura.
Esa suerte de ambigüedad exige una investigación. Felizmente, este caso se presta para una pesquisa razonable: el Comité de Inteligencia del Senado, que está investigando el uso de la tortura durante el gobierno de Bush, debería agregar este tema a su programa de trabajo. El comité debe actuar con prudencia, tanto para salvaguardar la seguridad interior como para conservar la posibilidad de la persecución criminal. No es el momento de convocar audiencias ni de inmunizar a testigos. Como observamos antes, eso corrompería un juicio futuro, y mientras exista la posibilidad de que se hayan cometido delitos, el celo parlamentario y la oportunidad política deben ceder el paso a los fiscales que pueden encontrar, en los mismos expedientes, violaciones de la ley.
El fiscal general Eric H. Holder Jr. parece estar avanzando metódicamente. Ha declarado su voluntad de asignar un fiscal prosecutor ante las acusaciones persistentes de que algunos operativos pueden haberse excedido en su autoridad legal al torturar a detenidos. Ese es también el curso de acción correcto. Si se han cometido delitos, los fiscales deberán estudiar las evidencias y tomar una determinación sobria sobre si presentar o no cargos. Entretanto, el Congreso tiene la oportunidad de evaluar las acciones de Cheney y, si lo encuentra necesario, entregar las evidencias al ministerio de Justicia. Aunque el presidente Obama prefiere no mirar hacia atrás, hay una diferencia entre concentrarse en el futuro y hacer la vista gorda con el pasado.

24 de julio de 2009
15 de julio de 2009
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iraq para los iraquíes


Ahora con las tropas estadounidenses fuera de las ciudades, el futuro del país está nuevamente en manos de su gente. Editoral de Los Angeles Times.

Cuando Estados Unidos se preparaba para invadir Iraq en 2003, el entonces secretario de Estado, Colin L. Powell, advirtió que "si lo rompes, es tuyo". De muchos modos, Estados Unidos rompió Iraq al derrocar al régimen de un cuarto de siglo de Saddam Hussein, sin asegurarse de que un gobierno estable ocupara su lugar. Eso anunció una sangrienta ocupación que en seis años se cobró la vida de más de 4.300 soldados norteamericanos y casi setecientos mil millones de dólares. Los estadounidenses llevarán siempre la responsabilidad por su guerra por elección, pero ahora, finalmente, el retiro de las tropas estadounidenses de ciudades iraquíes marca el comienzo de la devolución del país a sus propietarios legítimos -los iraquíes.
Es un Iraq que ha cambiado, pero si se convierte en un mejor país sigue siendo una pregunta. Cientos de miles de iraquíes, la mayoría de ellos kurdos y musulmanes chiíes, fueron masacrados por el gobierno de la minoría musulmana sunní de Hussein. Pero la guerra que sacó a Hussein del poder costó decenas de miles de más vidas y desplazó a cerca de cuatro millones de personas de barrios sometidos a limpiezas étnicas. Hoy, con el gobierno predominantemente chií del primer ministro electo Nouri Maliki, Iraq sigue desgarrado por la violencia de la lucha por el poder entre grupos sectarios. Inclusive en un mes relativamente pacífico, cientos de iraquíes murieron en atentados con bomba y balaceras; el martes, el primer día sin las tropas de combate estadounidenses, en Kirkuk un coche bomba mató a al menos 33 personas, dejando heridas a otras noventa. La amenaza de la guerra civil planea sobre el agobiante horizonte iraquí.
Aunque las tropas de combate estadounidenses se han estado trasladando a bases durante meses, Iraq cantó y preparó los fuegos artificiales para celebrar el fin de los tanques extranjeros en sus calles y soldados no invitados en sus casas. Algunos estadounidenses se quedarán como entrenadores y asesores, pero el presidente Obama se ha comprometido a retirar, para 2011, todas las tropas de combate. Esta página se opuso a la invasión de Iraq, luego apoyó el aumento del nivel de tropas para estabilizar el país y permitir que se marcharan nuestras fuerzas. Ahora es tiempo de cerrar este vergonzoso capítulo.
El futuro de Iraq depende de la reconciliación política que seis años de experiencia nos dicen que sólo pueden lograr los iraquíes. Estados Unidos puede apoyar a un liderazgo diverso y democrático, pero no puede imponer un gobierno de ese tipo. Estados Unidos tiene la obligación moral de ayudar a profesionalizar las fuerzas armadas iraquíes y construir las instituciones civiles del país. Pero ahora depende de los iraquíes si quieren realizar elecciones libres y honestas y aprobar una ley para compartir de manera equitativa, entre sus comunidades, la riqueza del petróleo. Hay mucho resentimiento y el miedo alimenta la persistente violencia y venganza. O el muchas veces reprimido pueblo de Iraq puede optar por la coexistencia pacífica y la estabilidad. Aunque nosotros lo rompimos, ahora es de ellos.

16 de julio de 2009
©los angeles times
cc traducción mQh
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