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página roja

iannone volvió a casa


[Raúl Kollmann] Fue liberado el joven iannone, tras el pago de 300.000 pesos. La noche que Hernán volvió a casa.
El padre entregó el dinero en medio de un tortuoso peregrinaje por el conurbano. La liberación fue cerca de la ciudad de Campana.
Hernán Iannone fue liberado anoche por la banda de secuestradores que lo tenía cautivo, dieciséis horas después de que su padre, Luis, pagara un rescate de 300.000 pesos cerca del río Reconquista. El dinero fue arrojado desde un tren hacia un lugar en el que había una fogata prendida. El secuestro de Iannone siempre fue considerado por los investigadores como un caso atípico, en el que se mezclan las relaciones políticas de su padre con el intendente de José C. Paz, Mario Ishii, un crecimiento económico asombroso e incluso la detención de uno de los matones del intendente como partícipe directo del secuestro. Con Hernán de regreso a su casa se alivia la preocupación por la vida del joven, pero existe la convicción de que, si no se detiene al núcleo de la banda, es muy posible que ésta vuelva a secuestrar.
El primer contacto de Iannone fue con el Destacamento Los Cardales de la Policía Bonaerense. Desde allí llamó a su casa y minutos más tarde era llevado hasta la comisaría de Campana, en donde permanecía al cierre de esta edición. El fiscal Paul Starc, que llevó adelante el caso desde un principio, se dirigía anoche a Campana para verificar el estado físico del joven y entablar los primeros diálogos con él. Cuando declare por primera vez, le preguntarán cómo fue el proceso de su liberación, cuánto tiempo lo tuvieron en un auto, si le pareció que el vehículo iba por caminos de tierra, rutas o autopistas, si estuvo siempre en la misma casa, si percibía allí ruidos de trenes o de aviones, si vio el piso o el baño y otros detalles que en algún momento puedan servir para identificar el lugar donde la banda lo tuvo cautivo.
El proceso de pago del rescate fue truculento y supervisado por el fiscal Starc, la SIDE y la Policía Bonaerense, aunque en la investigación también participó la Federal. Empezó el lunes 4, cuando Luis Iannone acordó la cifra a pagar y les dijo a los delincuentes que ya contaba con el dinero. Después de eso, la banda no volvió a comunicarse hasta el viernes. Esa noche llamaron y le dijeron al padre de Hernán que saliera para hacer el pago, que ellos lo irían guiando a través de un celular. Durante horas lo movieron de un lugar a otro, finalmente le dijeron que las cosas quedarían para el día siguiente. El sábado volvieron a llamar y ocurrió lo mismo. Lo hicieron subir y bajar de trenes, lo movieron de un lugar a otro y terminaron la noche diciéndole que no se podía hacer la transacción. Finalmente, el lunes la banda se comunicó otra vez. Se inició el tortuoso peregrinaje por colectivos y trenes hasta que a las cinco de la mañana del martes el dinero fue arrojado desde un tren hacia el lugar donde había una fogata, cerca del río Reconquista. Como ya prácticamente amanecía, la liberación se produjo al anochecer.
En el caso Iannone hay dos detenidos. Pocas horas después del secuestro fue apresado Jorge Viana, dueño de una agencia de venta de autos usados, que según el fiscal Starc y el juez Juan Cullota proveyó a la banda del Fordo Focus usado en el secuestro. Siguiendo esa línea de investigación fue detenido Salvador Jorge, alias ‘el Loco Jorge', un matón que trabajaba para el intendente Ishii. La sospecha es que la banda se armó alrededor de gente que trabaja en el municipio de José C. Paz y que veían cuánto dinero cobraba Iannone padre por el suministro de maderas para la construcción de viviendas. En el expediente hay testigos que hablan incluso de vinculaciones del hecho con el narcotráfico.

13 de diciembre de 2006
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policías a la cárcel por secuestro


De la Municipalidad a la cárcel. Preventiva para los dos detenidos del caso Ianonne.
Uno de los presos, delegado municipal de José C. Paz, había sido policía en la Bonaerense y fue echado por un caso de torturas. El intendente dijo ayer que lo despidió de su cargo.
Uno de los dos detenidos por el secuestro de Hernán Ianonne –el colaborador del jefe comunal de José C. Paz– es un ex policía bonaerense echado de la fuerza en 1997 porque estuvo implicado en un caso de torturas. Se trata de Juan Salvador Jorge, acusado de participar en el operativo de captura del joven. Mario Ishii, el intendente del distrito, salió ayer a despegarse del hombre: dijo que era un empleado más y que no bien se enteró de la detención lo echó de su cargo. Era delegado municipal. El otro preso en el caso es Juan Vianna, el dueño de una concesionaria de la zona. Según se cree, fue quien aportó los autos a la banda de captores. Ambos fueron procesados con prisión preventiva.
Juan Salvador Jorge, más conocido como El Loco, tuvo como policía su último destino en la comisaría 5ª de San Isidro y el 30 de noviembre de 1996 fue exonerado de la fuerza. Su carrera policial terminó definitivamente el 28 de mayo de 1997, cuando fue declarado prescindible. Su expulsión fue anterior a las purgas llevadas adelante por León Arslanian, que inició su primera gestión en el Ministerio de Seguridad en 1998.
Ayer, el intendente Ishii aseguró que el hombre "fue dado de baja de su puesto" desde el momento en que se conoció su detención por el caso Ianonne y admitió que conocía al apresado pero que no lo veía desde el año pasado. Los investigadores aseguraron también que Jorge tiene varios antecedentes penales y estuvo detenido a raíz de los graves incidentes ocurridos en agosto de 1999 en el Concejo Deliberante de José C. Paz, cuando dos sectores del justicialismo se disputaron el poder. En aquel episodio, siete personas resultaron heridas, tres de ellas a balazos, y hubo una docena de detenidos, entre ellos Jorge.
"Estuvo detenido, pero fue liberado al día siguiente", precisó el intendente Ishii, quien aclaró que Jorge "trabajó para el municipio entre 2000 y 2002, luego dejó y volvió en 2005, cuando fue incorporado como coordinador de la delegación municipal número 23". Ishii aseguró que Jorge no es un secretario privado suyo. "Yo tengo tres secretarias en la privada y hay 9500 empleados en el municipio que pasan a cobrar. No estoy atrás de uno por uno", dijo el intendente.
Según los investigadores del secuestro de Ianonne, Jorge participó activamente en la captura del hijo del empresario maderero, ya que sería uno de los hombres que estaba dentro de uno de los autos que interceptaron el vehículo en el que iba el muchacho.
Respecto de Vianna, los pesquisas dijeron que se dedica a la compra y venta de automóviles y que ya había estado investigado en otras causas por secuestros extorsivos, ya que se cree que le entregaba autos a una banda de secuestradores. Ambos apresados fueron indagados por el fiscal Paul Starc días atrás.
Por su parte, el juez federal de Tres de Febrero, Juan Manuel Culotta, procesó con prisión preventiva a los dos detenidos y les impuso embargos millonarios. El magistrado procesó al ex policía como presunto coautor del delito de secuestro extorsivo y le trabó un embargo hasta cubrir la suma de 2 millones de pesos. En tanto, el dueño de la concesionaria fue procesado como partícipe secundario de secuestro extorsivo y se le embargaron sus bienes por 1,8 millón de pesos. Las detenciones se llevaron a cabo hace once días en la zona de José C. Paz.
Según fuentes de la investigación, uno de los detenidos tendría un televisor plasma valuado en unos 30.000 pesos, una camioneta 4x4 y una casa con pileta, cuyo precio superaría ampliamente a sus ingresos.
Los familiares del joven de 22 años siguen aguardando que los captores les envíen una prueba de vida.

1 de diciembre de 2006
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prisión sin murallas


[Paula Priamos] A los asesinos los condenamos a la muerte. Al resto, a la vida.
Yo tenía doce años cuando Kevin Cooper escapó de la California Institution for Men, a menos de un kilómetro y medio de nuestra casa. Que fuera tarde y noche de escuela, no importaba. En esa época, mi madre llevaba seis meses de embarazo y yo la ayudé a acarrear las enormes sillas del comedor frente a las correderas, bloqueando los cristales. Mi padre, un griego gordo, estaba fuera en camiseta de manga corta y calzoncillos, descalzo, pero armado con un rifle de caza. Comprobó las puertas del frente y de atrás, e inspeccionó el garaje para cerciorarse de que no había nada más que su Mercedes diesel y nuestras bicicletas Schwinn.
Fugitivo desde hacía 72 horas, se sospechaba que Cooper había matado a una familia en los cerros. La carnicería, los cuerpos, la sangre... todo era demasiado macabro como para ser transmitido por los canales de televisión locales. Sólo nos enteramos de los detalles, lo que, de algún modo, lo hacía todavía peor. Cooper había usado un cuchillo y un hacha. Estos eran asesinatos prácticos, personales, aunque Cooper era un desconocido para esta familia.
Nosotros vivíamos en una casa parecida a un rancho, rodeada de matas de adelfa, perfectos para ocultarse.
Mi madre abrió las cortinas.
"Nos podría estar mirando en estos mismos momentos", dijo. A los cuarenta, su embarazo era muy arriesgado. Había sido un accidente, decían ella y mi padre, pero incluso entonces yo sabía que tener ese bebé era un esfuerzo de última hora por mantener la familia unida. Fue idea de mi padre la de mudarnos de Los Angeles a Chino, cerca de la cárcel. También mudó su bufete de abogado. Se suponía que el cambio sería bueno para nosotros.
"Debería haber sonado la alarma", dijo mi padre, volviendo a entrar. "Se supone que suena cada quince minutos cuando alguien ha escapado".
Mi madre se rió, de él, y colocó una mano protectora sobre el duro montículo de su vientre.
"¿Quién se supone que debe oírla? ¿Los otros prisioneros?"
Esa noche dormí entre mis padres. Mi padre roncaba, e incluso los Kleenex metidos en mis orejas no pudieron amortiguar sus ronquidos. Apoyado contra la cama estaba su Savage 300, totalmente cargado. Si me hubiese estirado, podría haber tocado el frío cañón.
Mi padre era abogado y aceptaba de todo, desde divorcios hasta delitos de drogas. Yo dudaba de que fuera un buen tirador, pues sólo cazaba en sus esporádicos viajes con sus clientes a Wyoming o Montana, sus clientes que eran hombres de negocios, a los que cortejaba, no los delincuentes que representaba. (A esos los veía al otro lado de cristales a prueba de balas).
Mientra yacía en cama, pensé en el niño, algunos años más joven que yo, que la noche anterior no había podido dormir en el dormitorio de sus padres. Sólo que sus padres no estaban dormidos, sino muertos. Su hermana, y un vecino amigo que se había quedado a alojar también habían sido asesinados. Fueron emboscados por un hombre con un hacha en una mano, y un cuchillo en la otra.
El niño fue apuñalado en el pecho. Recibió puñaladas en la cabeza. Luego le cercenó la garganta. Sobrevivió esa noche, las once horas que pasaron antes de que lo encontraran, metiéndose cuatro dedos en el tajo para parar la hemorragia. Las heridas físicas sanarían, algún día, pero el niño no volvería nunca a ser el mismo.
Dormí en el cuarto de mis padres hasta que Cooper fue capturado dos meses después en una lancha en las afueras de Santa Bárbara, a más de 160 kilómetros de donde ocurrieron los asesinatos. Había estado trabajando como marinero de cubierta. Fue acusado de haber violado a una mujer en una lancha cercana. Pero no fue nunca formalizado por esa violación. En lugar de eso, fue acusado y condenado, dos años más tarde, por esos cuatro asesinatos y un intento de homicidio. Fue llevado a San Quintín, al corredor de la muerte.
El tiempo promedio que toma ejecutar a un condenado es, en California, de dieciocho meses. Para Cooper pasaron más de veinte. Como recluso en el corredor de la muerte, goza con los otros presos de cuatro horas de aire fresco al día. El resto del tiempo la pasa mirando televisión o escuchando la radio. Ha tenido acceso a la biblioteca de la cárcel. Pero, también ha tenido acceso a la prensa. En entrevistas dice que la policía le tendió una trampa, que es inocente. Debido a que es conocido como el hombre que cometió los crímenes más infames en la historia del condado de San Bernardino, se le ha dado más tiempo de emisión que a cualquier familia de las víctimas.
Cooper tiene incluso su propia página web.
Durante el tiempo que siguió a su captura, mi familia cambió. Nació mi hermano. Durante un rato el nuevo hijo volvió a unir a mis padre y entonces, finalmente, también los separó. Después, mi padre murió. Mi hermano se casó hace poco y posee una casa. Yo enseño inglés en la universidad del estado en San Bernardino. Estoy casada y tengo un hijastro de 11 años, casi como la del niño que sobrevivió esa noche.
La noche del 9 de febrero de 2004 sintonicé el telediario. Cooper debía ser ejecutado en menos de cuatro horas, a las 12:01 de la mañana. Pensaba quedarme despierta para oírlo. Mi marido estaba en viaje de negocios y mi hijastro se había ido a cama temprano. La casa estaba silenciosa, la puerta cerrada con cerrojo.
Había mirando toda la semana en la televisión las etapas finales del caso de Cooper. Vi al reverendo Jesse Jackson dirigirse a la capital del estado para reunirse con el personal del gobernador Schwarzenegger, pidiendo que le perdonara la vida a Cooper. Los actores de cine Sean Penn y Denzel Washington también pidieron clemencia para el asesino condenado. Temía que Schwarzenegger pudiera sucumbir ante las presiones de políticos y de Hollywood. Era su primer caso de pena capital desde que asumió el cargo. Pero rechazó la petición de Cooper.
Finalmente Kevin Cooper sería ejecutado.
En la televisión vio a los opositores de la pena de muerte reunidos a las puertas de San Quintín. El periodista en el lugar dijo que Cooper estaba en una celda esperando la muerte a menos de cuatro metros de la cámara de ejecución. Rechazó su última cena y estuvo reunido con su asesor espiritual. Se rumoreaba que un funcionario de la prisión ya había estado en su celda para controlar las venas en el brazo de Cooper para determinar dónde mejor inyectarle los químicos letales.
Pero antes de que la gente reunida frente a la prisión pudiera encender sus velas y realizar una vigilia, se supo que la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito había bloqueado la ejecución de Cooper. En 2001, Cooper fue el primer reo condenado en tener un análisis de ADN después de la sentencia. Los hallazgos confirmaron su culpabilidad. Ahora se resolvía que debían hacerse nuevos análisis, lo que posponía indefinidamente su ejecución.
Eso fue el último golpe a las familias de las víctimas, que había viajado desde California del Norte a la búsqueda de algún respiro emocional y psicológico. No pude quedarme escuchando los gritos de alegría. Se me ocurrió que era perverso y cruel. Apagué la televisión.
Los resultados de los nuevos análisis de ADN confirmaron lo que la aterrada comunidad de Chino siempre supo, la misma historia que se contó en la sala del tribunal de San Diego donde fue sentenciado: Cooper era el asesino.
En clases, cuando doy clases sobre proposiciones, escribo un ejemplo en la pizarra: "La pena de muerte no impide los crímenes". Se puede probar con estadísticas. La mayoría de los asesinos no piensa en su propia muerte sino después de haber sido condenados.
Pasada la noche después de la fecha de ejecución, empecé a preguntarme: ¿Quién será el nuevo Kevin Kooper? Realicé el ritual que había hecho con mi madre cuando nos enteramos de que Cooper se había fugado. Cogí esas enormes sillas de comedor que había heredado tras la muerte de mi padre y las apoyé contra el cristal de las correderas.

17 de septiembre de 2006
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©traducción mQh
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hipótesis sobre un crimen sexual


[Raúl Kollmann] Las nuevas hipótesis del crimen sexual que conmueve a Córdoba.
Un abogado del área de Seguridad, que anoche renunció tras los rumores que lo involucran en el caso, se presentó ante los fiscales para someterse a un examen de ADN. Las hipótesis en juego.
El asesinato de Nora Dalmasso en el barrio Villa Golf de Río Cuarto seguía anoche envuelto en el misterio, aunque los fiscales buscan elementos para reafirmar las tres hipótesis existentes: que la mujer fue asaltada por un violador que luego la mató, que el asesinato se produjo a raíz de una pelea con un supuesto amante y, lo que se considera menos probable, que murió en el marco de un juego sexual. Ayer se presentó en la fiscalía el abogado y funcionario del área de Seguridad de Córdoba, Rafael Magnasco. El rumor era que mantenía una relación amorosa con Dalmasso, pero Magnasco –que anoche renunció– no sólo desmintió ese vínculo, sino que se ofreció para que le sacaran sangre y se haga el análisis de ADN que se compararía con el semen encontrado en el cuerpo de la mujer. Esa extracción se haría hoy.
El texto del informe de la autopsia, entregada ayer a los fiscales, enumera los siguientes elementos:
- Dalmasso murió por una doble asfixia producida, por un lado, con el cinto de su bata, y por el otro lado, mediante la compresión del cuello realizada con las manos del asesino. El cinto tenía un lazo, un nudo, otro lazo y un segundo nudo, todo alrededor del cuello.
- En la mujer no se registran lesiones defensivas. Tenía las uñas cortas y tal vez ésa sea la razón por la que entre las uñas y los dedos no se encontró rastro de una pelea.
- Dalmasso mantuvo una relación sexual, pero es imposible determinar si fue consentida o no. El forense Osvaldo Curci le explicó a este diario que las violaciones a veces no producen lesiones vaginales. Ese mismo criterio es el que sostienen los fiscales del caso, Javier Di Santo y Fernando Moine. Ambos confirmaron que se encontró semen en el cuerpo de Dalmasso y la muestra fue enviada ayer al laboratorio Seprocor de Córdoba capital.
- El cuerpo fue encontrado el domingo, pero se estima que la muerte se produjo en la madrugada del sábado, unas horas después de que Norita, como le decían a Dalmasso, regresara a su casa tras cenar con amigas. Su marido, el conocido traumatólogo Marcelo Maccarrón, viajó el jueves a jugar al golf a Punta del Este y regresó el domingo cuando le avisaron del homicidio.
Además del texto de la autopsia, hay otras evidencias que los fiscales toman en cuenta en la investigación:
- No hubo robo en la vivienda. Lo único que faltó fue un celular. El dato es curioso y digno de análisis. Para algunos ese faltante demostraría que actuó una persona que pensó que llevándose el celular borraba el rastro de sus llamadas. Pero el fiscal Di Santo le dijo a Página/12 que hay otra variante posible: que el agresor se haya llevado el celular para que no quedaran constancias de eventuales mensajes de texto. En los registros de las telefónicas figura que hubo un mensaje de un celular a otro, pero no queda el texto de ese mensaje.
- El barrio no es un country, es decir que no tiene cerco perimetral ni un acceso vedado a personas ajenas al Villa Golf. Supuestamente contaba con un sistema de cámaras que, como suele suceder, no funcionaba.
- También llama la atención la prueba que dejó el asesino: el semen. Una persona de aceptable nivel educativo sabe que está dejando una evidencia concluyente, aunque de todas maneras puede haber cometido el asesinato en un momento de locura pasional.
Los criminalistas consultados por este diario establecieron una especie de ranking de hipótesis de lo ocurrido.
La variante que consideran menos probable es la del juego sexual que se fue de límites por accidente. El psiquiatra forense Luis Kivtko sostiene que "la asfixia erótica se da en 999 hombres por cada mujer. Es el hombre el que siente una erección y puede llegar a eyacular con ese juego erótico. En la inmensa mayoría de las mujeres no produce excitación alguna". A este diagnóstico hay que agregar el otro dato que proviene de la autopsia: no sólo la asfixia se produjo con el cinto sino también con las manos del asesino, de manera que es improbable que el homicida se haya excedido sin intención.
La segunda variante que evalúan los fiscales es la violación seguida de muerte. Es decir que el violador-asesino, que ya venía observando a la mujer, la haya abordado cuando estaba a punto de entrar a la casa después de las tres de la mañana del sábado, la amenazó con un cuchillo o arma de fuego, la obligó a subir a la habitación de la hija y allí, agregando la amenaza del ahorcamiento con el cinto, la haya violado y asesinado. Los criminalistas sostienen que a favor de esta hipótesis está el hecho de que un amante no suele matar con dos lazos y dos nudos. En contra de esta hipótesis se evalúa que Dalmasso era mujer de mucho carácter, que seguramente hubiera peleado, y que la habitación, que además es muy chica, quedó demasiado ordenada para corresponderse con una escena de ese tipo.
La variante que ven más probable los investigadores del caso es una relación sexual consentida por la mujer que terminó en un drama pasional. A su favor está el hecho de que no hubo violencia en el ingreso ni en la salida de la casa, no hay desprolijidad en la ropa que la mujer se sacó –ella era muy ordenada– ni existe desorden en la habitación. Los fiscales trabajaban anoche intensamente en el listado de llamadas de la víctima. Ahí podría estar la clave.

30 de noviembre de 2006
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extorsión policial en lanús


[Carlos Rodríguez] Trece policías presos por cobrar a detenidos para dejarlos escapar. Son de la comisaría 1ª de Lanús. Coimeaban y extorsionaban a personas que caían presas. Si no pagaban, les ‘armaban' causas más graves.
El caso se venía investigando desde el año 2002, pero recién ahora se reunieron las pruebas necesarias para tomar medidas en contra de sus responsables, todos ellos miembros de la Policía Bonaerense que cumplieron funciones, en distintas etapas, en la comisaría primera de Lanús, en la zona sur del conurbano bonaerense. Por un lado actuó la División Asuntos Internos, que pidió la exoneración de 16 miembros del personal uniformado. De ese total, 13 quedaron procesados y detenidos en una causa penal en la que se investigan casos de extorsión y de cohecho (pago de coimas) en perjuicio de personas detenidas en esa y en otras seccionales del mismo partido. Los que denunciaron, se presume, fueron los que no pudieron reunir el dinero para pagar las cantidades que les exigían los policías. La metodología es sencilla y conocida, ya que ha sido denunciado antes en más de una causa penal: los policías detenían a personas con antecedentes y las dejaban en libertad, si los involucrados aceptaban pagar la suma requerida para ‘hacer la vista gorda'. Los que no pagaban iban presos y, en algunos casos, hasta los habrían amenazado con ‘fabricar' pruebas falsas para imputarles cargos más graves de los que les correspondían.
Al parecer, el jefe de la organización delictiva era un capitán (el cargo es equivalente al de comisario, en el antiguo escalafón), cuyo nombre se mantuvo en reserva. Los otros imputados eran subordinados suyos, algunos de los cuales se desempeñaban como jefes o subjefes de calle. "Lo que hacían era detener a personas con antecedentes a las que luego les pedían una suma de dinero que dependía del ‘nivel' de cada uno de ellos. Si eran ‘pesos pesado' del delito, el dinero que pedían era más importante que si se trataba de principiantes", explicó a Página/12 una fuente cercana a la investigación, que está a cargo del juez federal de Lomas de Zamora Carlos Ferreiro Pella.
Una fuente del gobierno bonaerense explicó que las maniobras "incluían la falsificación de documentos públicos, ya que cuando los detenidos aceptaban pagar, la detención se asentaba, pero en lugar de mencionar el verdadero nombre, se ponía otro, el de una persona ‘limpia', que supuestamente había sido llevada por averiguación de antecedentes o en algún operativo de prevención del delito". La investigación la había iniciado en forma reservada, en 2002, Auditoría de Asuntos Internos. Ayer, el Ministerio de Seguridad confirmó la exoneración de 16 policías que están vinculados con la investigación con distinto grado de responsabilidad.
Una versión señaló que, además de los 13 detenidos –ayer comenzaron a prestar declaración indagatoria ante el juez Ferreiro Pella–, también se había ordenado la captura de otros tres. Una fuente del gobierno, consultada por este diario, aseguró sin embargo que hay 13 detenidos y otros tres efectivos "sólo fueron sancionados a nivel administrativo". Los casos denunciados de extorsión fueron presentados por presos que se negaron a pagar el dinero que se les había requerido "para dejarlos en libertad o para atenuar los cargos en su contra".
Ladrones famosos, como Luis ‘El Gordo' Valor, Hugo ‘La Garza' Sosa o Daniel ‘Tractorcito' Cabrera, han denunciado con anterioridad casos similares de extorsión y en algunos juicios el tema salió a la luz y la Justicia ordenó seguir las investigaciones, que muchas veces fracasaron por dificultades en la obtención de pruebas.
A fines de 1999, en un juicio que se realizó en los tribunales de San Martín contra la llamada ‘superbanda' liderada por Luis Valor, el tribunal ordenó una investigación porque se había comprobado que uno de los miembros de la organización, Daniel Hidalgo, había sido detenido y liberado por la ex Brigada de Morón, liderada entonces por el comisario Mario ‘Chorizo' Rodríguez, una de las figuras más controvertidas de lo que se dio en llamar la ‘maldita policía'.

30 de noviembre de 2006
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diez años por matar a un ladrón


[Carlos Rodríguez] Diez años de prisión al empresario que mató a los ladrones de su Rolex.
En 2002, a José Luis Vercesi le robaron su reloj en Belgrano. El hombre persiguió y baleó a dos asaltantes. Para el tribunal, fue un "homicidio simple" y no "exceso el legítima defensa".
Un informe cablegráfico sobre el caso diría que hubo dos homicidios por un Rolex y una condena a diez años de cárcel por dos muertes. Del dos por uno, al diez por dos. Es la síntesis matemática, todo a perdedor, del camino que siguió el empresario José Luis Vercesi, de 61 años, que el 2 de febrero de 2002 fue asaltado a punta de cuchillo –según dijo–, por tres ladrones, dos de los cuales iban en moto. Le quitaron el reloj y escaparon. Los persiguió en su Peugeot 505 bordó, en el que se movilizaba y que antes había sido interceptado por los ladrones. Vercesi, instructor de tiro, iba acompañado por una amiga y sin bajar del vehículo, asomado por la ventanilla del conductor, disparó 12 veces con su 9 milímetros. Eran las 11.30 del mediodía, en el cruce de avenida Del Libertador y Mendoza, en el barrio porteño de Belgrano. Además de matar a las dos personas que iban en la moto Translap plateada –el tercer hombre, el que se supone llevaba el cuchillo, nunca apareció–, los disparos rompieron vidrios de negocios y pusieron en peligro a otras personas. Ayer, un tribunal oral consideró que fue ‘homicidio simple' y no ‘exceso en la legítima defensa' y condenó a Vercesi a diez años de cárcel.
La sentencia fue dictada por el Tribunal Oral 21 de la Capital Federal, integrado por los jueces Carlos Bossi, Horacio Díaz y Diego Barroetaveña, que entendieron que el empresario apretó el gatillo doce veces "cuando su vida no corría peligro y los ladrones estaban a punto de escapar". En la audiencia, que se prolongó un mes, los camaristas descartaron "en forma terminante" que el acusado haya actuado "con exceso de la legítima defensa", como habían argumentado sus abogados defensores. En cambio, se hizo lugar al pedido de la fiscal María Luisa Jalbert, que había solicitado una pena de nueve años de prisión. Los jueces aplicaron diez.
El hecho comenzó cuando Vercesi, en su auto, se detuvo ante el semáforo de Libertador y Mendoza. En ese momento habría sido asaltado por un hombre que lo amenazó con una navaja y le arrebató el Rolex, a través de la ventanilla. El ladrón se subió a la motocicleta, guiada por un cómplice, y los dos escaparon. Vercesi los alcanzó y les disparó. Los muertos fueron Sixto González, de 38 años, y Manuel Soria, de 26. Los dos murieron en el acto. Uno tenía un balazo que entró por la espalda y el segundo, dos heridas de bala, una en el omóplato, otra en la cabeza. Ninguno de los dos llevaba arma. Ni siquiera el cuchillo que algún testigo dijo haber visto en mano de los ladrones. En todo caso, sería un tercero, que huyó.
Vercesi vació el cargador. Javier Boscherino, empleado de un locutorio, confirmó que el empresario ni siquiera se bajó del auto para disparar. Recién lo hizo después, para cerciorarse de si alguno de los ladrones seguía vivo. Después esperó la llegada de los policías de la Comisaría 51ª y se entregó. En la investigación de primera instancia intervino el juez Jorge Rimondi, que interpretó que Vercesi había sido "víctima de un delito y reaccionó en legítima defensa, aunque se excedió en cuanto a los medios utilizados para repeler la agresión".
El fiscal de instrucción, Lucio Herrera, opinó lo contrario y sostuvo la acusación por ‘homicidio simple'. La causa llegó al tribunal oral con Vercesi en libertad, dado que se le había otorgado el beneficio de la excarcelación. El hecho podría recibir la calificación de ‘homicidio culposo', un delito menor. La defensa argumentó igual que el juez Rimondi y hasta resaltó que el arma que llevaba Vercesi era legal, porque tenía permiso de portación extendido por el Registro Nacional de Armas (Renar).
En el juicio oral se impuso la figura de ‘homicidio simple' y Vercesi fue condenado, aunque seguirá libre hasta que la condena quede firme. El acusado es dueño de una empresa que alquila volquetes y máquinas para la construcción, además de ser instructor de tiro. Su caso hace recordar al del ingeniero Horacio Santos, condenado el 27 de septiembre de 1994 a doce años de cárcel por matar a dos jóvenes que le robaron un pasacasete.

29 de noviembre de 2006
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pueblo perdona a parricida


[Carlos Rodríguez] En un juicio por jurados, fue absuelta una joven que mató a su bebe al nacer. El pueblo que perdonó a la acusada.
Córdoba, Argentina. Durante el juicio, María Elizabeth Díaz denunció que el bebé fue producto de las sistemáticas violaciones que sufría por parte de su patrón. El hombre fue preso. Y ella terminó absuelta, gracias al voto mayoritario de los jurados, todos vecinos de Villa Dolores, Córdoba.
Puede decirse que el pueblo absolvió y dejó en libertad a la joven cordobesa María Elizabeth Díaz. Eli, como la llaman todos en la vecindad de San Javier, 165 kilómetros al oeste de la ciudad de Córdoba, estaba presa, imputada de haber asesinado a su beba recién nacida, fruto de los abusos que había sufrido de parte de su patrón, un hombre de 60 años, casado y con hijos, en cuya casa la chica trabajaba como mucama. El tribunal que la juzgó estuvo integrado por dos jueces 'técnicos', de carrera, y por ocho jurados populares elegidos entre los habitantes de Villa Dolores, donde se realizó el juicio oral. Seis de los jurados populares votaron por la absolución, mientras que los otros dos acompañaron a los dos jueces de la cátedra, que consideraron, en minoría, que la joven tenía que ser declarada culpable, aunque con atenuantes debido a la situación de abuso que sufría. El presidente del Tribunal, Mario Morán, que no votó –sólo lo hace cuando hay empate–, admitió que "el fallo es inédito en la provincia (donde funciona el sistema de jurados populares), porque hasta ahora siempre se había acompañado el dictamen de los jueces ‘técnicos'".
"No esperaba este fallo, en verdad creí que iba a recibir alguna condena. Tengo que agradecer a toda la gente, a mis familiares y al pueblo que me apoyó y que me acompañó. La verdad es que estoy muy contenta", declaró Eli ante los periodistas, cuando se retiraba de los tribunales. En el juicio, la joven de 19 años denunció que desde hacía diez años sufría abusos sexuales por parte de Arturo Benavídez, un hombre allegado a su familia para el cual trabajaba. "Todos somos culpables de lo que pasó. Eli es una buena chica, callada, seria, que nunca nos trajo ningún problema y por eso nunca nos preguntamos si le pasaba algo", le dijo a Página/12 Gloria González, que fue directora de la escuela primaria en la que estudió la joven acusada de filicidio.
Después de la denuncia, el fiscal de instrucción Emilio Andruet, que actuó de oficio, abrió una causa paralela y hace diez días ordenó la detención de Benavídez, acusado ahora por abuso sexual reiterado con acceso carnal. También dispuso la exhumación del cuerpo de la beba que dio a luz Eli Díaz para realizar una prueba de ADN y determinar si, como se dijo, Benavídez era el padre de la criatura. Los análisis sobre los restos óseos serán enviados al laboratorio de Ceprocor, en Córdoba, junto con una muestra de sangre del imputado.
En el juicio oral que finalizó ayer, seis de los ocho jurados populares elegidos entre la población de Villa Dolores consideraron que la chica estaba en "estado de inconciencia" cuando mató a su hija recién nacida, en el baño de la casa de sus patrones. Cuando la encontraron allí, toda ensangrentada, creyeron que había abortado, hasta que en una valija hallaron el cuerpo de la beba, a la que había asesinado a golpes. El hecho quedó comprobado cuando la chica fue internada en el Hospital Regional de Villa Dolores, a 15 kilómetros de San Javier.
Los que votaron por la mayoría coincidieron con los argumentos expuestos en el juicio por el abogado defensor, Eduardo Cúneo, que sostuvo ante este diario que durante la audiencia se presentó "una enorme cantidad de prueba científica que indicaba con claridad que esta joven había sido sometida a abuso y que el embarazo fue consecuencia de ese abuso". Cúneo ratificó que "todas las razones expuestas sirvieron para demostrar que ese abuso provocó una alteración muy fuerte de su psiquis, que la fue llevando hacia el desenlace". La chica había sido detenida el 8 de febrero, el mismo día del crimen, en San Javier, y ayer recuperó su libertad.
Cúneo se declaró "sumamente satisfecho" por el fallo, al que consideró "muy importante desde la faz técnica porque sienta un antecedente significativo sobre la situación de las mujeres en un parto bajo condiciones traumáticas como el que vivió mi defendida". Dijo que la sentencia "echa por tierra las teorías que dicen que ante un infanticidio no cabe atenuante alguno. En este caso, no hubo conciencia de los actos". Ese fue el argumento que expuso la perito judicial Gabriela Cuenca, que aseguró en la audiencia que la imputada actuó "sin tener dominio de sus actos". Por esas razones, Cúneo, en su alegato del viernes pasado, había pedido la absolución de su representada, teniendo en cuenta las circunstancias del caso o, en caso contrario, la pena de un año de prisión. Los que votaron en contra de la absolución fueron los jueces de la Cámara del Crimen Carlos Núñez y Teresita Inés Recalde y dos de los jurados populares. Ellos coincidieron con el fiscal del juicio, José Luis Cerioni, en que había atenuantes debido a la situación que vivía la joven, pero de todos modos consideraron que era culpable de asesinato.
El fiscal había pedido una pena de ocho años de cárcel, la mínima que establece el Código Penal para el homicidio simple. El caso daba incluso para la aplicación de la reclusión perpetua, por homicidio agravado por el vínculo, pero Cerioni había interpretado que había "atenuantes extraordinarios" que impedían solicitar una condena tan grave.
El titular de la Cámara, Mario Morán, que sólo vota en caso de empate, declaró que es "un fallo inédito" porque por primera vez se va en contra de la opinión de los jueces técnicos. Morán reconoció que esto "puede complicar a la hora de redactar los fundamentos" de la sentencia, que se conocerán el 12 de diciembre.
Morán precisó que "lo que la mayoría del tribunal decidió es que, al momento del hecho, ella estaba en un estado de inconciencia que le impidió comprender la criminalidad de lo que hacía y dirigir sus acciones, coincidiendo en ese sentido con uno de los planteos que había efectuado la defensa". El jurado popular que compuso la mayoría de seis "llegó a esa conclusión con certeza, mientras que los jueces ‘técnicos' admitieron que había mediado un estado emocional que atenuaba la pena, pero no excluía la responsabilidad por parte de la imputada".
El presidente del tribunal admitió que "la redacción de los fundamentos será problemática porque no está previsto cómo redactar una sentencia cuando los jurados populares dan la absolución y los jurados ‘técnicos' dicen lo contrario". El fiscal Cerioni estimó que los jurados populares "no pueden probar la responsabilidad de ella sobre su accionar, algo que quedó en duda en el juicio entre la posición del psiquiatra y de la psicóloga. Ahora tenemos que esperar los fundamentos y ver si presentamos la apelación".

28 de noviembre de 2006
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lo mataron el día de su boda


[Deepti Hajela] Familiares exigen respuesta en caso de asesinato a manos de la policía de Nueva York.
Nueva York, Estados Unidos. Una multitud indignada exigió el domingo saber por qué los agentes de policía mataron a un hombre desarmado el día de su matrimonio, disparándole decenas de tiros que también hirieron a dos de sus amigos. Algunos pidieron la demisión del comisario de policía de la ciudad.
En una vigilia y manifestación el día después de que Sean Bell debía casarse con la madre de sus dos hijitos, una multitud dirigida por el reverendo Al Sharpton gritaba: "Sin justicia, no habrá paz".
En un momento, la multitud de algunos cientos de personas gritaron una cuenta regresiva hasta cincuenta, el número de balas disparadas.
"No podemos permitir que esto siga ocurriendo", dijo Sharpton en la reunión frente al Hospital de María Inmaculada, donde uno de los hombres heridos se encontraba en condiciones críticas. "Cualquiera de nosotros pudo estar en ese coche".
Alguien en la multitud gritó pidiendo la demisión del comisario de policía, Raymong Kelly, gritando: "Kelly debe marcharse".
El grupo de agentes de policía 100 Blacks in Law Enforcement Who Care dijo que emitirían un voto de desconfianza en Kelly a raíz del tiroteo.
Paul Browne, principal portavoz del Departamento de Policía de Nueva York, dijo el domingo: "Estamos buscando a más testigos oculares que arrojen luz sobre el incidente, y ayudando al despacho del fiscal del distrito en su investigación".
Los cinco agentes han sido suspendidos con permisos administrativos pagados a la espera de los resultados de la investigación, dijo Browne.
Líderes de la comunidad planean organizar una manifestación frente a la sede de la policía el 6 de diciembre.
El alcalde Michael Bloomberg y sus ayudantes estuvieron en contacto con la familia de Bell y líderes de la comunidad durante todo el fin de semana. Bloomberg y Kelly también planean reunirse el lunes con líderes de la comunidad en el ayuntamiento.
La balacera ocurrió el sábado a eso de las cuatro de la mañana frente al Kalua Cabaret, un club de striptease donde se realizaba una despedida de soltero. Los sobrevivientes son Joseph Guzmán, 31, que recibió 11 impactos de bala, y Trent Benefield, 23, que recibió tres balazos. Guzmán se encontraba el domingo en condiciones críticas. Benefield estaba en condición estable.
Los familiares de los tres hombres -muchos estoicos, algunos llorando- asistieron a la vigilia del domingo, pero ninguno habló públicamente.
En una rueda de prensa el sábado, Kelly dijo que el departamento estaba tratando de determinar qué había ocurrido, y que era demasiado pronto como para decir si el tiroteo tenía alguna justificación.
El coche, conducido por Bell, recibió 21 impactos de bala después de que el vehículo arremetiera contra un agente encubierto y chocara contra una furgoneta sin matrícula, de la policía de Nueva York. Otros disparos alcanzaron casas cercanas y rompieron los cristales de una estación de trenes, aunque nadie resultó herido.
La policía pensó que uno de los hombres en el coche podría haber tenido un arma, pero los detectives no encontraron armas. No está claro qué llevó a los policías a abrir el fuego, dijo Kelly.
Tampoco está claro si los agentes se habían identificado como policías, dijo Kelly.
Kelly dijo que el enfrentamiento ocurrió en el marco de una operación encubierta en el club de striptease en el barrio Jamaica en Queens. Siete agentes de paisano estaban investigando al Kalua Cabaret; cinco de ellos estuvieron implicados en el tiroteo.
De acuerdo a Kelly, el novio tuvo un altercado frente al club y uno de sus amigos hizo una referencia a un arma.
Un agente encubierto siguió estrechamente a Bell y sus amigos cuando estos se dirigían a su coche. Cuando el agente se acercó al vehículo, el coche avanzó, empujando al agente y chocando contra un vehículo sin matrícula de la policía, dijo Kelly.
El agente que había seguido a los hombres a pie fue, aparentemente, el primero en abrir fuego. Ese agente ha servido durante cinco años en el cuerpo de policía. Un veterano de 12 años disparó trece veces su arma, vaciando dos recámaras, dijo Kelly.
Bell retrocedió el coche hacia una acerca, chocando contra la puerta de un edificio, dijeron las autoridades. Luego aceleró hacia adelante, chocando por segunda vez contra el vehículo policial, dijo Kelly.
Las instrucciones del departamento de policía en cuanto a disparar contra vehículos en movimiento, dice: "Los agentes de policía no emplearán sus armas de fuego contra o desde vehículos en movimiento, a menos que se esté usando fuerza letal contra los agentes o alguna otra persona presente, por otros medios que desde un vehículo en movimiento".
En 1999, agentes de la policía de Nueva York mataron a Amadou Diallo, un inmigrante africano desarmado, que recibió 19 impactos de bala a la entrada del edificio de apartamentos donde vivía. Los cuatro agentes fueron absueltos de cargos criminales. En 2003, Ousmane Zongo, 43, nativo de Burkina Faso, fue matado durante el allanamiento policial de una bodega donde trabajaba restaurando piezas de arte y reparando instrumentos musicales. Zongo recibió cuatro tiros, dos en la espalda.

Tom Hays contribuyó a este reportaje.

27 de noviembre de 2006
©associated press
©traducción mQh
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