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delincuencia y reincidencia en chile


Un fantasma recorre El Mercurio. Interesante editorial sobre delincuencia y reincidencia en Chile.
Chile. Las cifras de desconocimiento y desaprobación por parte de la ciudadanía de las políticas gubernamentales contra la delincuencia reveladas por la reciente encuesta El Mercurio-Opina requieren un análisis separado, pero, en general, reconfirman la inquietud ante la realidad de que ella ha venido aumentando en cantidad y en violencia hace ya casi dos décadas, sin que los innumerables anuncios oficiales se hayan traducido en una reversión de esa tendencia. Frente a esto, muchas voces propician ‘mano dura': casi 67 por ciento de los encuestados preferiría que quien ha robado "vaya a la cárcel, independientemente de lo que ocurra con ella". En suma, se pide, genéricamente, "más cárcel". Eso es comprensible, pero el problema va mucho más allá de tales fórmulas simples. Ya antes de la reforma procesal penal se registraban altas tasas de crecimiento de la población reclusa, el que se aceleró con la puesta en marcha de aquélla: entre 1996 y 2006, el número de reclusos creció 67 por ciento. Actualmente, bordean los 43 mil. De hecho, Chile cuenta con una de las tasas de reclusión más altas del mundo (256 reclusos por cada 100 mil habitantes).
Pero las estadísticas nacionales sobre delincuencia muestran que este crecimiento no ha sido acompañado por una disminución en los delitos, y las encuestas nacionales de victimización confirman que Chile tiene un problema delictivo específicamente relacionado con delitos contra la propiedad: los delitos violentos no son tan frecuentes comparativamente, pero los hurtos y robos tienen una incidencia igual o superior a países de la región, y varias veces superior a la de países desarrollados.
Esta aparente contradicción —más cárcel, pero más delincuencia— se explica porque nada reduce el flujo de personas que ingresan a la actividad delictiva si no hay cambios sistémicos sustanciales que incidan en los factores de riesgo para los niños y jóvenes de los sectores más desaventajados de nuestra sociedad, en las potenciales opciones legales disponibles para ellos y en las probabilidades de ser condenados por cometer un delito. Además, el sistema de imposición de sanciones, en particular el carcelario, no entrega las condiciones y los servicios requeridos para reducir las tasas de reincidencia. Ni siquiera existen estudios periódicos que midan la reincidencia con metodologías mundialmente aceptadas. Según Gendarmería, ella asciende a alrededor de 50 por ciento.
Hoy existe una sobrepoblación carcelaria promedio de 50 por ciento, situación que, dados los ingresos, no se revertirá con el actual programa de concesión de cárceles. Y si bien la infraestructura de los nuevos penales es adecuada e implica un gasto por recluso sustancialmente mayor, el grueso de la población carcelaria se encuentra recluida en los recintos antiguos, en malas condiciones. Por eso existen dentro de ellos problemas de seguridad, prácticas abusivas y situaciones de corrupción.
Se suma a lo anterior el que la cobertura y la calidad de los programas de rehabilitación y reinserción actualmente en operación son deficientes. Por ejemplo, existen sólo 300 cupos para la rehabilitación de la dependencia a las drogas en todo el sistema, y el egreso a la comunidad ocurre sin el indispensable acompañamiento especializado.
En este contexto, la magnitud del incremento en dotación y equipamiento de Gendarmería (más de mil plazas) y su composición (254 serán destinadas al área de reinserción social) contemplados en la Ley de Presupuestos 2008 son señales positivas. Sin embargo, ese gasto adicional de seis mil 300 millones de pesos no tendrá efecto alguno en la reincidencia ni en el problema delictivo del país si no se traduce en cambios radicales en la cantidad y calidad de los programas dentro de las cárceles.
Lo anterior requiere aprender de experiencias exitosas nacionales y extranjeras; trabajar sostenida y rigurosamente en el desarrollo de contenidos y en la ejecución de los programas, e insertar este trabajo en una verdadera política de sanciones, hasta ahora ausente. La Estrategia Nacional de Seguridad Ciudadana consigna algunas nociones de esto, pero existe una brecha entre su texto y su implementación que, desgraciadamente, no parece salvable con los actuales equipos y medios técnicos disponibles por los ministerios del Interior y de Justicia.

17 de octubre de 2007
©el mercurio
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la vendieron por 500 pesos


Vendieron a una chica a un prostíbulo por 500 pesos.
La Plata, Argentina. Es una adolescente de 15 años que llegó de Paraguay en septiembre. Denunció que fue obligada a trabajar en La Plata bajo amenaza de quitarle su documentación. Se escapó y fue devuelta a su familia
De acuerdo a la denuncia que realizó la joven cuando pudo zafarse de las personas que la obligaban a trabajar en un prostíbulo en las afueras de la ciudad de La Plata, llegó al país a mediados de septiembre con una persona que la entregó a un boliche nocturno cerca de la terminal de ómnibus, donde contra su voluntad debió trabajar. Y luego fue vendida por $500 pesos a otro, pero tras pasar dos semanas allí pudo huir.
La joven, de origen paraguayo, había ingresado a la Argentina de manera ilegal y la situación fue aprovechada por los dueños de dos locales nocturnos que según su relato la amenazaban con quitarle la documentación de su hermana mayor para que ofreciera servicios sexuales.
El último prostíbulo en el que estuvo, desde donde, supuestamente, la joven se escapó, está situado en 640 y 131, y ayer fue allanado por personal policial que, tras la denuncia, inspeccionó el lugar donde se incautaron elementos de interés para la causa.
"Encontramos un par de botas marrones pertenecientes a la denunciante, dos cuadernos con boletas de pases y dos cajas completas de preservativos", detallaron las fuentes al diario platense Hoy. Y ahora buscan al encargado ya que el expediente que investiga la causa se caratuló, en principio, como "corrupción de menores".
Tras realizar la denuncia en el Destacamento Arana, de la Plata, el episodio fue informado a la fiscal María Laura D'Gregorio y a la Justicia de Menores en turno, que ordenaron dar intervención al Consulado paraguayo. Ese mismo día un oficial del organismo se entrevistó con la víctima y la contactó con la Organización Integral para Migraciones, que se encargó -tras los peritajes legales y ginecológicos de rutina- de reintegrarla a su familia en su país de origen.

17 de octubre de 2007
©infobae
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políticas de inmigración


Chile debe proteger a sus inmigrantes. Interesante editorial de El Mercurio, Chile.
Antecedentes recientes recogidos por este diario muestran aumentos en la inmigración al territorio nacional, con dos tercios de los inmigrantes provenientes de los países fronterizos y un creciente número de residentes ilegales, muy difícil de cuantificar con certeza: pocos reconocen esa condición, y es corriente que vivan de manera encubierta. Por eso, en EE.UU. las presunciones sobre número de ilegales varían entre 12 millones, según el censo, y 36 millones, según estimaciones de autoridades y otras fuentes.
El aumento de la inmigración en Chile es explicable, mas no lo es la ausencia de definiciones oficiales claras en este rubro. Nuestro país ofrece estabilidad y oportunidades de bienestar a los extranjeros, hay demanda insatisfecha por mano de obra no calificada, espacio para nuevos negocios y tecnologías importadas, baja tasa de natalidad, debilidades en los controles fronterizos, falta de políticas definidas en esta materia y burocracia que dificulta el otorgamiento de los permisos de residencia a los extranjeros.
En general, los países intentan infructuosa y equivocadamente regular la inmigración, por lo general debido a presiones nacionalistas internas derivadas de la resistencia a la competencia laboral de los extranjeros. Tal argumento raramente se esgrime en forma pública, y se prefiere fundar las restricciones a los inmigrantes en la necesidad de selectividad, para evitar el ingreso de narcotraficantes, terroristas y delincuentes foráneos.
No se discuten esos riesgos, y de allí la necesidad de fortalecer el control de la frontera. Pero con el argumento del peligro de ingreso de delincuentes se ignora el cúmulo de aspectos positivos del grueso de la inmigración que han favorecido la modernización y el crecimiento de las naciones. Peor aún, las dificultades burocráticas para regularizar las actividades de los extranjeros los exponen a abusos, aislamiento y desprotección de derechos esenciales. Se los transforma en causa de competencia desleal y, excepcionalmente, se los empuja a la delincuencia, por las dificultades para trabajar legalmente.
En Chile parece no haber políticas sobre inmigración en general, y es claro que no las hay para la inmigración selectiva, como ocurrió en el siglo XIX, para atraer colonos y artistas, académicos y científicos de valía. Se han perdido sucesivas oportunidades para hacerlo durante el colapso de los regímenes comunistas de Europa Central y la guerra de los Balcanes. Más aún, profesionales, estudiantes, comerciantes e inversionistas extranjeros que desean instalarse en el país son víctimas de meses de tramitaciones de sus autorizaciones de residencias temporales, para luego cobrarles impuestos redoblados, por sus rentas chilenas y también por sus pensiones y ahorros anteriores en el extranjero.
Pero no todo es negativo en este campo: comienza a tomar cuerpo la conveniencia de dar amnistía a los inmigrantes ilegales, bajo ciertas condiciones, y está en descubierto la urgente necesidad de agilizar y objetivizar los trámites burocráticos. También los fondos públicos para ciencia y tecnología podrían permitir la incorporación de académicos y científicos a las investigaciones y la enseñanza en Chile. Deberían contemplarse instancias de reclamación por discriminaciones a los inmigrantes, estimular el ingreso de quienes vienen con conocimientos y recursos para desarrollar el país, eliminar su doble tributación y, lo más importante, definir políticas transparentes que terminen con la discrecionalidad y el poder funcionario actual sobre las solicitudes de residencia.

17 de octubre de 2007
©el mercurio

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indigentes podrán dormir en la calle


[Randal C. Archibold] Los Angeles permitirá dormir en las aceras.
Los Angeles, Estados Unidos. Funcionarios del ayuntamiento acordaron el miércoles no implementar una ordenanza utilizada para permitir las redadas policiales contra indigentes que duermen en las aceras mientras no se construyan 1.250 viviendas sociales de bajo presupuesto.
En los últimos años la policía ha recurrido a una ley de 1968 que prohíbe pernoctar o yacer en espacios públicos para detener a indigentes en Skid Row y alrededores, un barrio del centro de la ciudad cuya concentración de diez mil a doce mil vagabundos es una de las más altas del país.
Pero el año pasado una corte federal de apelaciones anuló condenas pronunciadas bajo esta ley, considerándola como uno de los castigos más restrictivos, crueles e inusuales del país, debido a la aguda ausencia de viviendas para personas sin recursos.
Según el acuerdo alcanzado entre el Ayuntamiento y la Unión Americana por las Libertades Cívicas de California del Sur, que en 2003 demandó a la ciudad a nombre de seis indigentes, el ayuntamiento permitirá dormir en las aceras de nueve de la noche a seis de la mañana. Pero no podrán echarse a dormir a menos de tres metros de la entrada de los edificios, estacionamientos o zonas de carga y descarga.
La medida permanecerá en vigor hasta que Los Angeles termine de construir 1.259 unidades residenciales de bajo presupuesto para indigentes. La mitad de esas viviendas se construirán en la zona céntrica y alrededores.
El presidente del Ayuntamiento, Eric Garcetti, dijo que esperaba que tomará al menos tres años cumplir con la meta, que tiene un coste de 125 millones de dólares. Garceti dijo que el ayuntamiento financiará al menos la mitad, mientras que el resto lo contribuirán organizaciones benéficas y urbanistas.
El ayuntamiento aceptó el acuerdo "porque al hacer así podemos apoyar a la ciudad en el logro de un objetivo compartido, que es terminar con la indigencia", dijo Garcetti. Dijo que la ordenanza entraría en vigor inmediatamente, aunque será anulada si la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito rechaza la moción que será presentada por el ayuntamiento y abogados de los indigentes.
Garcetti dijo que dudaba que el ayuntamiento permita que la policía reanude la implementación de la ley una vez que se construyan las viviendas, aunque sugirió que para entonces el ayuntamiento seguramente habrá adoptado otras leyes con la intención de solucionar el problema de la indigencia.
Ramona Ripston, presidente de la ACLU, calificó el acuerdo de importante y "satisfactorio".
"No creemos que la gente tenga que dormir en la calle; nos gustaría que todos tuviesen una casa o una cama en un albergue, pero hasta que eso ocurra, la gente tiene que poder dormir en algún lugar", dijo Ripston. "Lo que significa la ordenanza es que la gente podrá dormir en cualquier parte de la ciudad, no solamente en Skid Row sino en todas partes de la ciudad sin que la policía los fastidie".
Bob Erlenbusch, presidente de la Coalición contra la Indigencia y el Hambre de Los Angeles, un grupo de activistas, dijo que las viviendas incluidas en el acuerdo eran muy pocas y temía que la policía reiniciara las campañas represivas una vez que se terminara el proyecto habitacional.
"Es terriblemente decepcionante que el ayuntamiento no tenga más visión para solucionar la crisis de la falta de viviendas", dijo Erlenbusch.

11 de octubre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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