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quién mandó las cartas con ántrax


Las evidencias de que las cartas con ántrax fueron enviadas por un científico loco son cada vez más frágiles. Editorial NYT.
Hubo una fuerte sensación de alivio cuando el gobierno federal concluyó que un científico del gobierno, solitario y con problemas psicológicos, envió por correo cartas impregnadas con ántrax (carbunclo) en 2001, matando a cinco personas y aterrorizando a todo el país. Ahora las evidencias de esa conclusión son cada vez más frágiles.
El doctor Bruce Ivins, un experto en bio-defensa del ejército de Fort Detrick en Maryland, se suicidó en 2008 antes de que la acusación contra él pudiese ser probada en tribunales. Investigaciones independientes este año han planteado dudas tanto sobre los análisis genéticos que trazaron el ántrax al laboratorio de Ivins como sobre una red de evidencias circunstanciales. Debe haber una nueva evaluación independiente de las conclusiones.
El caso del científico del gobierno ha venido desmoronándose en los últimos meses. En febrero, la Academia Nacional de Ciencias advirtió que el análisis genético "definitivamente no demostraba" que el ántrax enviado por correo se derivara de las esporas cultivadas en el laboratorio de Ivins. La semana pasada, el Times informó que una de las principales autoridades en ántrax y dos colegas creen que los distintivos químicos hallados en las cartas sugieren que fueron producidos en un sofisticado proceso de elaboración, que los científicos creen que estaba más allá de las posibilidades de Ivins. Aunque algunos expertos creen que los químicos pueden ser contaminantes insignificantes, el director de la comisión de la academia y jefe de una revisión pendiente de la Oficina de la Contraloría General de Estados Unidos cree que las afirmaciones del grupo deben ser tratadas en un documento futuro.
En cuanto a las evidencias circunstanciales, una investigación de PBS Frontline, con la colaboración de ProPublica y los diarios McClatchy, arrojan dudas sobre los dos elementos que la fiscalía había declarado importantes. La afirmación de que Ivins trabajaba muchas horas de noche solo en su laboratorio justo antes del envío de las cartas, devino menos sospechosa después de que los periodistas descubrieran que en realidad trabajaba regularmente en la noche en otros laboratorios y oficinas. Y la afirmación de que Ivins trató de despistar a los investigadores entregándoles muestras de ántrax sin marcadores genéticos se convirtió en cuestionable después de que los periodistas descubrieran que había entregado otras muestras que sí contenían esos marcadores.
Los investigadores federales insisten en que hay una enorme cantidad de evidencias que respaldan sus conclusiones sobre la culpabilidad de Ivins. La Oficina de la Contraloría General debe indagar más profundamente en materiales clasificados para juzgar si la evidencia se sostiene. De otro modo, el Congreso debería encargar una evaluación independiente para asegurarse de que no hay ningún culpable todavía libre.
18 de octubre de 2011
17 de octubre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

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