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un aliado inverosímil


[Nina Bernstein] A James P. Wynne, un veterano detective del FBI, no le costó más de cuatro semanas confirmar la inocente verdad sobre la que ahora, más de dos años más tarde, está dispuesto a hablar. El pequeño hombre al que ayudó a detener por filmar en video en las afueras de un edificio de oficinas de Queens el 25 de octubre de 2001 no era un terrorista.
Era un budista de Nepal que quería volver después de ganarse la vida durante cinco años con trabajillos en lugares como una pizzería en Queens y una floristería en Manhattan. Estaba grabando escenas callejeras de Nueva York para mostrar en casa en Katmandú a su esposa e hijos. Y él no tenía idea de que el alto edificio que había enfocado con su cámara alojaba una oficina del FBI.
Sin embargo para cuando Wynne entregó su informe al FBI unos días más tarde, el nepalés, que apenas hablaba inglés, había sido colocado en una celda de aislamiento en un centro federal de detención de Brooklyn a causa de su grabación de video. Desapareció en el nuevo sistema de máxima seguridad de detenciones secretas y juicios secretos del gobierno, y su único amigo era el mismo agente del FBI que había ayudado a ponerlo donde estaba.
Excepto el video -"un video de turista", en opinión de Wynne-, no había nada que hiciera sospechar del hombre, Purna Raj Bajracharya, 47, que llegó a Estados Unidos desde Nepal en 1996. Uno de sus delitos -siguió trabajando con un visado de turista vencido hace largo tiempo- era una violación de las leyes de inmigración punible con deportación, no con encarcelamiento. Pero terminó pasando tres meses en confinamiento solitario antes de ser enviado de vuelta a Katmandú en enero de 2002, y para quitarle los grilletes incluso Wynne necesitó ayuda.
El proceso de verificación se ha hecho tan bizantino que el agente que lo puso en movimiento no podía acelerarlo. Incapaz de obtener su liberación, que requería oficialmente las firmas de los funcionarios de más alto nivel de la lucha contra el terrorismo en Washington, Wynne decidió hacer algo inhabitual para un agente del FBI: para ayudarlo a salir libre pidió un abogado a la Asociación de Ayuda Jurídica.
Ahora por primera vez el agente del FBI y la abogado de la asociación, Olivia Cassin, han accedido a hablar sobre el caso y su inverosímil alianza. Sus relatos documentados ofrecen una rara mirada de primera mano en los mecanismos de un mundo secreto.
A diez días de los atentados del 11 de septiembre, el departamento de Justicia instruyó a los jueces de inmigración que todos los casos calificados como de "interés especial" fueran oídos en tribunales separados a puerta cerrada, sin visitantes, ni familia ni reporteros, y sin confirmar si el caso estaba o no en la minuta. El secreto deja a los detenidos con pocas posibilidades de ver a un abogado.
Los violadores de los permisos de estadía serían detenidos indefinidamente hasta que el FBI se cerciorara de que la persona no estaba implicada de actos de terrorismo. Como una persona en esa categoría y sospechosa, Bajracharya fue colocado con otros muchos en la categoría de "interés especial", y su caso fue borrado de los archivos públicos.
Mark Corallo, portavoz del departamento de Justicia, declaró que aunque no estaba familiarizado con el caso, el sistema secreto con el que tuvo que vérselas Bajracharya era legal y necesario. "La idea de que alguien que ha violado nuestras leyes de inmigración puede suscitar el interés de nuestra seguridad nacional es la desgraciada realidad de después del 11 de septiembre". Los juicios a puerta cerrada son legales en tanto se realicen conforme a debido proceso, dijo, y verán todos los abusos.
Pero Cassin, de la Asociación de Ayuda Jurídica, argumenta que con esta práctica secreta no hay modo de saber si otros no ciudadanos están ahora injustamente bajo detención. "Por su naturaleza misma", dijo, "puede volver a ocurrir sin que nos enteremos de ello".
Bajracharya fue finalmente devuelto a Nepal el 13 de enero de 2002. Para entonces había pasado meses en una celda de dos por tres metros, con la luz encendida las 24 horas del día. La unidad del Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, donde fue retenido, se ha hecho notoria por maltratos documentados ahí por el propio inspector general del departamento de Justicia, que descubrió un patrón sistemático de maltratos físicos y psíquicos a los detenidos después del 11 de septiembre. Grabaciones de video muestran a agentes aplastando a los detenidos contra las paredes, mofándose de ellos durante chequeos desnudos innecesarios, y grabando clandestinamente sus conversaciones con los abogados.
Wynne no comentó las medidas de detención, y dijo que no quería ser "señalado como la única persona que hizo lo correcto". Pero durante una extensa entrevista aprobada por sus superiores del FBI, leyó en voz alta de apuntes de conversaciones telefónicas grabadas con mensajes desesperados de la familia del detenido en Katmandú, sus esfuerzos para tranquilizar al angustiado detenido, y su propio reconocimiento de que no se veía ninguna solución.
"Le dije a Purna que trataría de ayudarlo, que no me olvidaría de él", contó Wynne. "Me sentía... no responsable, pero es que no había nadie más que pudiera hacerlo".
Desde Katmandú, por teléfono, Bajracharya recordó el miedo, las humillaciones y la desesperación que sintió en prisión. "Lo único que tenía eran lágrimas en mis ojos", dijo, a través de un intérprete. "Lo único que sabía era que yo era inocente, pero no sabía qué estaba pasando".
Dijo que lo habían desnudado en la cárcel federal. "Me maltrataron", dijo, agitado. "Yo tenía mucha, mucha vergüenza de mirar alrededor, porque estaba desnudo".
La prueba del nepalés comenzó cuando sus grabaciones despertaron las sospechas de dos detectives de la oficina del fiscal de Queens, que comparte el espacio en el mismo edificio de doce pisos donde el FBI ocupa tres plantas. Después de apartarlo para ser interrogado, llamaron arriba al FBI y Wynne fue enviado a ocuparse del interrogatorio. Sin intérprete, Bajracharya trató de explicarse ante una docena de agentes y detectives, incluyendo a dos agentes federales del Servicio de Inmigración y Naturalización, que verificó su condición de inmigrante ilegal.
Fue Wynne, como el agente del FBI a cargo, quien lo envió al centro federal de detención de Brooklyn a la espera de una investigación más meticulosa. El agente del FBI, ahora de 50 años, se describe a sí mismo como un neoyorquino de toda la vida que no toma a la ligera la inmigración ilegal. Su especialidad es el fraude en el arte internacional, no el terrorismo. Pero en una época de creciente ansiedad por un nuevo ataque terrorista, sostuvo, era razonable sospechar lo peor hasta que se pudiera verificar la historia del detenido y las discrepancias en sus documentos de identidad, y preguntas relacionadas con el dinero girado a Nepal.
Las dudas se resolvieron en cuestión de días. El nepalés no apareció en ningún banco de datos de terroristas, y Wynne confirmó enseguida su explicación de una transferencia de 37 mil dólares a Nepal. El dinero provenía de un acuerdo legal por las lesiones que sufrió en 1999 cuando fue embestido por un coche. Sus antecedentes, compañeros de cuarto y antiguos empleados garantizaron la honestidad del detenido.
El 1 de noviembre de 2001, el día que Wynne escribió su informe liberando a Bajracharya de sospechas, le dijo a través de un intérprete que tomaría alrededor de una semana resolver el caso.
Durante el fin de semana llegaron angustiados mensajes desde Katmandú de los hijos del detenido. "Por favor ayudad a su padre; él no es esa clase de persona -quiere decir terrorista", supongo, dijo el agente del FBI. El 5 de noviembre trató el caso con el jefe de anti-terrorismo de la oficina del fiscal, y el 7 y 8 de noviembre con un abogado de la agencia de inmigración.
"Gracias a que estaba dispuesto a marcharse -él quería marcharse- no me pareció que sacarlo de ahí ofreciera muchos obstáculos", dijo Wynne.
Pero las semanas comenzaron a pasar. Al enterarse de que se había programado un juicio para el 9 de noviembre, Wynne pensó que se acercaba una resolución del caso. Al contrario, en una segunda conferencia telefónica con el detenido después del juicio, lo encontró confundido y distraído. La verificación oficial del FBI en Washington todavía no había llegado y que el caso había sido aplazado para otro juicio secreto el 6 de diciembre.
En ese momento, dijo el agente, se dio cuenta de que había sido demasiado optimista. "Tienes que entender una cosa: Yo trabajo en la comisaría de Queens; en Manhattan estaban poniendo en práctica este programa, y había todo un conjunto de procedimientos de seguridad", dijo. "Francamente, cuando entregué mi informe, no estaba consciente de que había tantos niveles que descartar en este asunto".
El lunes después del Día de Acción Gracias el agente del FBI llamó a la Asociación de Ayuda Jurídica. "Este tipo necesitaba ayuda, tan simple como eso", dijo Wynne, insistiendo en que cualquiera habría hecho lo mismo. Cassin dice que no sabe quién era el otro detective del FBI.
Pero cuando habló con el detenido a través de una pantalla de plexiglas y bajo vigilancia de una cámara de video de la prisión, dijo, el detenido lloró todo el tiempo.
El 6 de diciembre en un cuarto secreto de interrogatorios, dijo, lo vio cuando era acarreado por tres fornidos detectives del Departamento Federal de Prisiones, y llevaba tantos grilletes que no se podía ni mover. "Es pequeño", dijo. "Sus pies apenas si tocan el suelo".
Dijo que los abogados de inmigración del gobierno estuvieron de acuerdo en que ya que sus datos habían sido verificados por el FBI a su cliente se le permitiría una "partida voluntaria". Se le ordenó comprarle un billete de avión a Katmandú a través de un agente de deportación. Lo hizo, pero el primer vuelo fue anulado sin explicación.
Entretanto, como otros detenidos de "alto interés", Bajracharya estaba todavía en confinamiento solitario 23 horas al día. "Después de uno o dos meses, comencé a gritar que me iba a morir si no hablaba con alguien", recordó.
Cassin dijo que había suplicado al médico de la prisión que lo pusiera entre la población general de la prisión, pero el doctor dijo que estaba gritando tanto que podía causar un motín. En lugar de eso, el 11 de diciembre enviaron a un detenido musulmán para que compartiera su diminuta celda.
A la espera de su inminente partida, Cassin y Wynne trataron de satisfacer la petición más insistente del detenido: volver a casa como una persona respetable, no como un delincuente. Un guardia de la prisión aceptó una caja con la etiqueta "ropa de salida", con el traje en buen estado que llevaba cuando llegó a Estados Unidos. Poco antes de Navidad, Wynne hizo un viaje especial para entregarlo.
Pero cuando Bajracharya fue finalmente trasladado al avión el 13 de enero, iba engrilletado y con un uniforme naranja de prisionero. "Yo quería esperar mi ropa, por lo menos mis zapatos y mi chaqueta", dijo, "pero me llevaron a la fuerza".
Los informes de Bajracharya sobre los maltratos se ajustan a las prácticas reportadas por el inspector general. Un portavoz de la oficina del fiscal de Brooklyn, Robert Nardoza, dijo que la oficina había desistido recientemente entablar alguna acción legal contra los maltratos detallados en los informes "fundamentalmente porque todos los detenidos han sido deportados y no estaban disponibles para ser interrogados".
En Nepal, que atraviesa por una guerra civil, Bajracharya dijo que estaría dispuesto a declarar contra los que le maltrataron si se le pidiera hacerlo, aunque teme lo que pueda hacer el gobierno contra él. Sin embargo, sigue agradecido de su experiencia en Estados Unidos.
"Lo que me pasó puede haber sido un incidente aislado", dijo. "Todavía creo que el gobierno norteamericano es el mejor del mundo".
Semanas después del regreso de Bajracharya a Nepal, Wynne y Casin lograron hacerle llegar sus posesiones por correo, incluyendo su videocámara. Pero cuando le quiso mostrar su película de viaje de Nueva York, lo único que quedaba en la cinta era la pizzería y la floristería.
Wynne, sonando algo avergonzado, confesó que había "borrado probablemente" el resto, pensando que podía caer en manos equivocadas.
"Justo una abundancia de cautela", murmuró.

30 de junio de 2004
©new york times ©traducción mQh

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