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matando en nombre de dios


[Storer H. Rowley] La pobreza y el odio transforman a un joven palestino en un recluta suicida.
Ciudad de Gaza, Palestina. Nadie en la familia de Ismail Maasawabi conocía su secreto.
Hijo de un trabajador de una tienda de aluminio y cristales, Maasawabi amaba a su familia, tenía un alegre sentido del humor y se esforzó mucho en la universidad porque quería llegar a ser profesor de arte.
Pero Maasawabi tenía también una terrible ambición. Quería hacer algo que en esta parte del mundo lo transformaría en héroe: un terrorista suicida.
Y el 22 de junio de 2001, cumplió su deseo. Ese día de exámenes finales, Maasawavi salió de su casa y se subió, cargado de explosivos, a un jeep. En lugar de ir a clases, se dirigió hacia un asentamiento judío cercano, donde a la edad de 22 años se transformó en una bomba humana, con todas sus trágicas consecuencias.
"Ese día se marchó como cualquier joven", dijo su padre, Basheer, que quedó consternado al enterarse de la ambición de su hijo e incluso más cuando supo su destino. "Estaba fuera cuando oí que por los altavoces de la mezquita anunciaban: ‘Tenemos buenas nuevas. Las vírgenes del paraíso reciben dichosas a un nuevo novio, al mártir Ismail Maasawabi'".
Que un joven de futuro prometedor se quite la vida voluntariamente para matar a otros no es tan raro, desafortunadamente, en este trozo de arena empapado de sangre y limoneros junto al Mediterráneo.
Rara vez pasa una semana sin noticias de alguna muerte similar en algún lugar de Oriente Medio. Y los ‘mártires' son cada día más jóvenes.
Un estudio reciente concluyó que uno de cuatro niños en Gaza quieren ser ‘mártires'.
Pero Maasawabi era diferente a los otros en un aspecto. Su caso proporciona una rara mirada en la psicología de un terrorista suicida, una retorcida combinación de piedad religiosa y de victimización que es ahora la nueva cara del extremismo musulmán, la fuerza detrás de los atentados contra Estados Unidos y sus aliados en todo el mundo.
No es fácil llegar a los detalles de la historia de Maasawabi. Incluso preguntar a sus vecinos sobre cómo y por qué un joven pasa de ser un devoto musulmán a un terrorista islamita suicida puede provocar acusaciones de que el entrevistador debe tener lazos con la CIA, o peor.
Vivía en la pobreza, la desesperación y la ignorancia, donde los mitos se tejen con los hilos del rumor, formando una capa de conspiraciones y distorsiones que envuelve al mundo árabe y hace que la verdad sea tan elusiva como la paz.
Maasawabi adoptó el islamismo firmemente justo cuando la religión se entrelazó inextricablemente con la resistencia palestina y Hamas, la organización islamita militante que se ha transformado en el grupo político más poderoso de la Franja de Gaza. Hamas cosecha apoyo a través de sus servicios sociales, una línea dura contra Israel y una astuta aplicación del islam para legitimar su mensaje y ofrecer una esperanza a las masas.
Lo que fue en el pasado un movimiento nacionalista por un estado palestino se ha transformado para muchos palestinos en un llamado religioso a tomar las armas. Los moderados libran con los militantes una guerra ideológica en la que Hamas lleva la delantera con una polémica interpretación del Corán que lleva a los jóvenes inexorablemente hacia la violencia.
Pero las entrevistas con su familia y otros cerca de su hogar en Gaza, el ‘testamento de mártir' y una carta que escribió a su familia demuestran que Maasawabi no era simplemente un pobre joven palestino que no sabía qué hacer.
Era inteligente, leal y no demasiado diferente a muchos de sus amigos de Gaza, una nueva generación indignada por el yugo de la alienación y humillación impuesto por entidades que ve como canallas -Israel y su aliado, Estados Unidos.
En realidad, la decisión de Maasawabi de cometer un acto abominable para muchos musulmanes se deriva de su educación y su radical interpretación de la religión. Por equivocado e inmoral que parezca a otros el acto de Maasawabi, él creía que estaba al servicio de una causa mayor, una causa bendecida por sus superiores islámicos y por Alá.
Su destino es un trágico capítulo en la lucha por el alma del islam, abarcando en la tragedia aquellos a quienes mató, dos jóvenes soldados israelíes que estaban en el lugar equivocado a la hora equivocada.
"Perdí lo más preciado que tenía en la vida", dijo el padre de Maasawabi, Basheer, entrevistado en su humilde apartamento en un segundo piso aquí.
Recordó que pensó que su hijo se marchaba a dar su examen ese fatídico día de 2001.
"Tenía todas las esperanzas de que terminaría sus estudios, conseguiría un trabajo y me ayudaría", recordó su padre, 47, agregando que le había deseado suerte con sus exámenes cuando salió de la casa de la familia por última vez.
"Me dijo: ‘Padre, si Dios quiere, estarás contento. Recibirás un certificado más grande que te hará sentirte orgulloso a ti y a toda la familia".
La palabra árabe que usó su hijo para ‘certificado' también significa ‘martirio'.

El Joven Ismail
Ismail Maasawabi nació el 8 de enero de 1979, hijo de Basheer y Rawda, en el vecindario de Shejaiyeh de Ciudad de Gaza, un distrito que años más tarde sería conocido como una plaza fuerte del Movimiento de Resistencia Islámico, Hamas.
De niño era delgado, de cabellos castaño claro y ojos color de miel, y el tercero de los nueves hijos de la pareja, cuatro niños y cinco niñas. Creció en una familia devotamente religiosa. De niño, Ismail tenía un aspecto tranquilo y un aire cariñoso. Adoraba a los animales, especialmente al gato de su hermana, Mishmish. Podía sentarse durante horas a la sombra de los olivos detrás de la humilde casa de la familia -dibujando, mirando los árboles y observando los insectos y pájaros. Le gustaba en especial regar el jardín y se deleitaba en el olor de la arena mojada.
Maasawabi era un buen alumno y desde sus primeros días sus maestros, imanes y amigos en las calles de Gaza le inculcaron la orgullosa herencia cultural del islam.
En las oraciones y en las páginas de libros consagrados por el tiempo, Maasawabi descubrió que su fe, el islam, dominó en el pasado gran parte del mundo, que se extendía desde Asia hasta España. Los académicos musulmanes seguían a las tropas islámicas, propagando sus avanzadas y refinadas habilidades en las artes y en las ciencias. Los académicos musulmanes, aprendería, no sólo mejoraron el conocimiento de base de los antiguos griegos y persas, sino también incorporaron el uso y la producción del papel de escribir de China y reinaban supremos en una época en que veían a los europeos como bárbaros e infieles.
De joven, Maasawabi iba con mucho sacrificio todos los días a la escuela, y veía en cada esquina de Ciudad de Gaza un mundo mucho más diferente, uno que era un eco distante de la gloria islámica. Gaza y todos sus problemas era la nueva realidad.
Un árido tramo de tierra y de costa mediterránea de unos 40 kilómetros de largo, Gaza está entre Egipto y la bíblica Palestina. La Franja de Gaza fue parte de la Palestina gobernada por los británicos y fue ocupada por tropas egipcias durante la guerra en Oriente Medio en 1948, cuando Israel declaró su independencia. Israel la ocupó durante la Guerra de los Seis Días en 1967. En 1994, Israel cedió parcialmente el control de la Franja de Gaza a los palestinos, pero continúa hasta el día de hoy bajo el férreo control del ejército israelí.
Justo dos veces más grande que Washington, D.C., la Franja de Gaza es el hogar de más de 1.3 millones de palestinos, más unos 8.000 colonos israelíes que se han mudado al lugar y reclamado como suyas tierras que los palestinos dicen que es de ellos por derecho de nacimiento.
Como comunidad, Gaza se parece a pocos lugares en el planeta. Es angustiantemente pobre, con una escasez de recursos naturales. Alrededor de 923.000 árabes de Gaza son refugiados inscritos, incluyendo a muchos desplazados por la Guerra de Independencia de Israel de 1948. Más de la mitad viven en ocho de los campamentos de refugiados administrados por Naciones Unidas, en villas miseria que están entre las más miserables y densas regiones del mundo.
Los estudios de Naciones Unidas y de agencias gubernamentales internacionales parecen una acusación: desempleo -más del 50 por ciento; pobreza -75 por ciento; niveles de desnutrición -comparable con Zimbabue y el Congo; ansiedad -un tercio de los niños de menos de 15 años se orinan en la cama en la noche y sufren de depresión.
Décadas de guerra y tensiones entre Israel y los palestinos, más luchas intestinas entre las facciones palestinas, han transformado Gaza en un horror, pero la situación en que vivió Maasawabi cuando era joven ya era desesperada.
Creció entre casas de bloques de hormigón que se alinean en calles sin pavimentar, llenas de basura y estrechas, surcadas de sucios callejones. La basura y las aguas servidas cubren las áreas donde él y otros jugaban de niños.
Vivía en un mundo donde los carretas tiradas por burros comparten las atochadas calles con los Mercedes, y la escasez de recursos obliga a su gente a depender de Israel y de Naciones Unidas en lo que se refiere a trabajos, comida y vivienda.
Lo peor de todo es invisible al ojo: Un aura de vergüenza, de derrota y de traición se cierne sobre Gaza como una nube incubadora, una bruma de rencor creada por años de luchas intestinas palestinas e incursiones militares israelíes, de cierres de frontera, de demoliciones de casas y de represiones de los militantes.
"En la mentalidad árabe, nos sentimos avergonzados de nosotros mismos porque hemos sido derrotados", dijo el doctor Eyad Sarraj, psiquiatra y presidente del Proyecto de Salud Mental de la Comunidad de Gaza.
Sarraj aborrece el hecho de que jóvenes como Maasawabi cometan atentados suicidas, pero entiende por qué ocurre. "En la visión árabe", dice, "es mejor morir con dignidad que vivir derrotados".
El ‘testamento de mártir' que recibió la familia de Maasawabi de manos de representantes de Hamas después de su muerte muestra el impacto que tuvieron en él la vergüenza de Gaza y las horrorosas condiciones vividas por muchos musulmanes.
"Juro que mi corazón sangra al ver lo que le pasa a mi patria", dijo en el documento. "Estamos desolados que la humillación en que vive mi país, después de ser una tierra respetada; de que viva derrotada, después de haber sido la más poderosa; y de vivir en la ignorancia, después de rebosar de conocimiento y ciencia..., y que se haya transformado en la última de la caravana humana, después de ser la que la guiaba".
Nadie, sin embargo, hubiera imaginado su rabia cuando iba a clases en sus años formativos. Aparentemente, cuando era adolescente el sombrío entorno de Maasawabi no disminuía sus ganas de vivir ni el entusiasmo que mostraba por las actividades que giraban en torno a las mezquitas, un importante centro social para él y sus compañeros de la escuela.
Disfrutaba de las cosas que gustan a todos los niños. Le gustaba el fútbol, llegó a ser un buen nadador, levantaba pesas. Su padre recordó con orgullo que el joven Ismail hacía trabajillos para ganar dinero, como vender helados de limón, con lo que ahorró suficiente dinero como para comprarse una motocicleta y un pequeño bote.
Maasawabi fue siempre religioso, dijo su padre. De joven, rezaba cinco veces al día, hacía trabajos de beneficencia en la mezquita y ayudaba a los pobres. Más tarde, llevaba una cinta del Corán en su bolsillo, que hacía escuchar a otros.
Su padre recordó una escultura de cristal y metal que hizo Ismail cuando tenía unos 15 años. Le costó una semana de trabajo, y estaba tan orgulloso que quería venderla. Pero su hermana la destruyó, accidentalmente. Ismail se puso rojo de rabia, pero no lloró ni gritó. Se guardó para sí sus sentimientos, dijo su padre. Ismail sólo dijo: "Oh, Dios, me compensará", queriendo decir que esperaba que Alá hiciera algo mejor para él en el futuro.
Pero es difícil para un niño de Gaza seguir siendo niño, y el campo magnético de la militancia comenzó a penetrar en su conciencia a una temprana edad.

Cómo Se Crió
Maasawabi tenía ocho años cuando el primer aluvión de piedras golpeó a las tropas israelíes en una revuelta espontánea que se sería conocida como la intifada. Estalló el 8 de diciembre de 1987, cuando varios palestinos fueron matados o heridos cuando un camión israelí arrolló a dos coches que transportaban a trabajadores de Gaza, la mayoría de ellos del campo de refugiados de Jabaliya.
Las noticias llegaron rápidamente a Jabaliya, y los palestinos se echaron a la calle, con rabia, marcando el inicio formal de la insurrección. Hubo incluso rumores de que el atropello había sido intencionado, en venganza por el acuchillamiento a muerte de un israelí en Gaza el día anterior.
Bullendo de rabia después de 20 años de ocupación y dominio israelí, la juventud se levantó arrojando piedras y cócteles Molotov a los soldados israelíes en Gaza y en Cisjordania , tomando a todo el mundo por sorpresa en una insurrección que duraría hasta la firma de los acuerdos de paz de Oslo en septiembre de 1993.
El padre de Maasawabi había apoyado toda la vida a la Hermandad Musulmana, el grupo fundamentalista musulmán más influyente del mundo, que promueve el islam en el mundo y la creación de estados gobernados por la ley islámica.
La Hermandad se ha ganado la lealtad de muchos árabes porque adoptó ansiosamente la causa árabe durante décadas de conflictos en Oriente Medio -la lucha contra la independencia israelí de 1948 y del deseo de los palestinos de tener un estado propio en tierras que creen que han sido usurpadas por los colonos israelíes. Cuando estalló la primera intifada, los miembros de la Hermandad ayudaron a fundar Hamas, un movimiento político con una ideología religiosa, para que jugara un papel dirigente en la insurrección.
Cuando se extendió la intifada, el joven Maasawabi se echó a la calle como muchos palestinos, a lanzar piedras contra los soldados israelíes. Su padre recuerda un día en que Ismail, entonces de diez, se encontraba entre una multitud de niños. Se estaba hacienda nada, pero algunos de los niños en el grupo empezaron a lanzar piedras contra una patrulla israelí. Fue detenido por los soldados y no trató de escapar. Le dijo a su padre más tarde que era mejor ser detenido manteniéndose firme, que huir. No quiso escapar, dijo, "porque no tenía miedo".
Las luchas callejeras diarias crearon una poderosa imagen que dominó los titulares de los diarios y los boletines de prensa en todo Oriente Medio -niños con piedras y cócteles Molotov que luchaban contra militares israelíes armados de rifles, tanques y aviones de guerra, algunos de ellos proporcionados por Estados Unidos.
Las políticas israelíes han contribuido a la desolación de Gaza. Durante décadas, los gobiernos israelíes han ocupado tierras palestinas para construir asentamientos judíos. Han encarcelado y asesinado a líderes y militantes palestinos, derruido con máquinas excavadoras barrios enteros, matado a inocentes y estrangulado la economía de Gaza con frecuentes cierres de frontera -acciones que ha menudo fueron respuestas a la violencia, pero causaron más estragos e infortunios a aquellos a los que negaba el acceso a su supervivencia.
Unos 3.000 palestinos y cerca de 1.000 israelíes han perdido la vida desde que estallara la última intifada el 28 de septiembre de 2000, cuando el líder israelí de extrema derecha Ariel Sharon visitó un santuario en Jerusalén que es sagrado para musulmanes y judíos. Los árabes dijeron que habían sido insultados por su visita al recinto de la la mezquita de Al Aqsa, conocido entre los judíos como el Templo de la Montaña y entre los musulmanes como el Noble Santuario (Haram ahs-Sharif).
Aparte la carnicería en la actual ronda de enfrentamientos, los cierres de frontera han provocado el desempleo de unos 75.000 palestinos, de acuerdo a funcionarios del gobierno norteamericano que siguen de cerca la situación, lo que afecta a unas 750.000 personas en la región. Los ingresos totales perdidos desde septiembre de 2000 llegan a 2.4 billones de dólares, más de la mitad de producto nacional bruto anual de los territorios palestinos al comienzo de la intifada.
Pero incluso los radicales palestinos están de acuerdo en que Israel no es el único que lleva la culpa de estas condiciones. También son culpables los gobiernos árabes seculares ineptos y corruptos con líderes débiles que han creado un vacío que ha sido ocupado rápidamente por organizaciones radicales como Hamas.
Antes de su muerte, Abdel Aziz Rantisi, un líder de Hamas en Gaza, mencionó la incapacidad de los regímenes seculares del mundo árabe en mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos como una de las razones para la necesidad de que los grupos islámicos tomaran el control.
"Los regímenes seculares, no sólo en Palestina sino en todo el mundo árabe han demostrado su fracaso económico, político, cultural, administrativo, social y militar", dijo Rantisi en una entrevista en 2003. Se transformó en el más importante líder de Hamas en Gaza a principios de este año y fue asesinado semanas más tarde por el gobierno israelí.
A pesar del radicalismo de Rantisi, pocos pondrán en discusión su evaluación del mundo árabe -22 gobiernos y 280 millones de personas en países que van desde Arabia Saudí y Kuwait, ricos en petróleo, hasta Yemen y los territorios palestinos.
El crecimiento económico anual per cápita entre 1980 y 2000 en esos 22 países alcanzó un promedio de apenas 0.5 por ciento, el más bajo fuera del África sub-sahariana, de acuerdo a un informe de Naciones Unidas sobre el desarrollo árabe del 2002. Incluso aunque muchos de ellos descansan sobre un mar de petróleo, el informe dijo que el valor combinado de las mal gestionadas economías de esos 22 países en 1999 ni siquiera llegaba a ser el de España. En el último lugar del índice estaban los territorios palestinos, incluyendo Cisjordania y la Franja de Gaza. Las cosas han mejorado algo desde fines de los noventa, pero no demasiado.
Llega alguna ayuda a los territorios. Pero gran parte termina en Yasser Arafat y en la Autoridad Palestina, la que los palestinos consideran cada vez más como corrupta y mal gestionada -un importante factor en la atmósfera cada vez más intranquila que amenaza el poder de Arafat. Los palestinos ven poco de ese dinero; tampoco que gotee hacia la gente.

La Lucha Por La Liberación
No tienes que alejarte demasiado de la casa de Maasawabi para ver por qué muchos palestinos ven a Hamas y a los extremistas islamitas como una mejor alternativa.
En vísperas del Eid al-Fitr del año pasado, el festivo musulmán que marca el fin del mes de ayuno ramadán, los indigentes se agolpaban en el espacioso despacho del jeque Hassan Ahmad en un monótono edificio de Ciudad de Gaza para reclamar su subsidio.
Uno por uno, las viudas y huérfanos palestinos se acercaron al barbudo jeque, el que, después de un breve chequeo de su lista, metió la mano en un sobre blanco y sacó fajos de billetes para distribuirlos. Las sumas varían de 100 shekels israelíes, unos 22 dólares, a más de 2.000 shekels, unos 440 dólares -una fortuna en un lugar donde los más pobre sobreviven con 1 dólar 32 centavos al día.
"Cuando la Autoridad Palestina recibe dinero, ni siquiera lo olemos", dijo Jamal Yassin, un hombre de Gaza de 30 años que llegó a solicitar la ayuda del jeque de la Sociedad Islamita. "Pero las sociedades la meten en nuestro bolsillo. Siempre nos dan todo lo que reciben, inmediatamente".
No muy lejos de ahí, el Centro Islámico, otra asociación de beneficencia de la comunidad, mantiene a unas 3.000 personas, incluyendo familias de presos y de gente que ha muerto o sido herida en el conflicto actual. "Les prestamos servicios médicos, sociales, comida... ayuda e instrumentos para los pobres que son incapacitados y dinero para los que están desempleados", dice Motasem Dalloul, 23, portavoz del centro.
Fundada por la Hermandad Musulmana en 1973, el centro está en una derruida calle de Gaza a unos 12 kilómetros de la casa de Maasawabi. Ofrece sus servicios gratuitamente o por una tarifa nominal.
Pero el mensaje de la caridad no es el único que se encuentra aquí. Un letrero colgado en la pared del Centro Islámico ofrece esta ideología de odio: "Matar a los judíos es una oración que nos acerca a Alá".
Los clérigos islámicos radicales de Gaza combinan su largueza social con una potente marca de retórica anti-israelí que glorifica la violencia y presenta a los jóvenes como Maasawabi con algo que ellos valoran tanto como la comida y el agua -una sensación de resistencia, la idea de que se están defendiendo.
Brian Barber, un psicólogo de desarrollo social de la Universidad de Tennessee que ha estudiado Gaza para escribir un libro sobre los jóvenes activistas de la intifada, explicó la visión palestina.
"La gente está psicológica y físicamente cansada debido a su fracaso en acceder... a oportunidades económicas básicas, derechos humanos y dignidad", dijo. "La gente finalmente dejó de confiar en los que les hicieron creer que las cosas mejorarían -Arafat y los líderes seculares".
Las sombrías expectativas de paz aumentan la capacidad de Hamas para sostener la violencia y atraer a Maasawabi y otros jóvenes palestinos a sus filas.
El casi colapso del movimiento moderado palestino que busca una solución pacífica al conflicto y la modernización de su sociedad significa que no hay fuerzas que contrarresten a los radicales.
"Lo más peligroso es cuando se politiza la religión", dijo Mahdi Abdul Hadi, director de la Sociedad Académica Palestina para el Estudio de Asuntos Internacionales, de Jerusalén.
"¿Cómo podemos [los moderados] ampliar el movimiento ‘No en mi nombre'? Esta gente encolerizada puede secuestrar al islam y utilizar la lucha palestina", dijo
"Gaza es gobernada por los islamitas y es por eso que Sharon... [envía tropas] a Gaza para decapitar sus movimientos", dijo Abdul Hadi, refiriéndose a las represiones militares israelíes de los grupos islamitas.
Sobre los atentados suicidas dijo: "Esos asesinatos están creando una nueva cultura en nuestra sociedad. Los israelíes la llaman cultura de la venganza, del suicidio o de terroristas asesinos. Nosotros la llamamos cultura del sacrificio, del martirio. De hecho, es un poco las dos cosas".
El islam no conduce naturalmente a este tipo de fundamentalismo, rabia y sed de venganza. Esas cosas deben ser enseñadas deliberadamente, y Gaza se ha transformado en el aula de clases perfecta.
Desde los encendidos sermones en mezquitas desbordantes hasta la retórica radical de los líderes en escuelas islámicas, grupos de jóvenes, clínicas y asociaciones de beneficencia, el mensaje ha sido unir la lucha personal (yihad) de todos los musulmanes de servir a Dios con un programa político para liberar a Palestina.
Nadie sabe en realidad el verdadero poder de los militantes que organizan los atentados. Pero es manifiestamente evidente que los extremistas tienen una influencia en Gaza que va más allá de sus números. Cuando muere un ‘mártir', los militantes transforman el funeral en un mitin. Carteles con retratos de los terroristas adornan las calles. El nombre del terrorista es repetido desde los altavoces de las mezquitas, y la familia recibe los honores de la gente famosa.

Apoyo Para Los Atentados
Incluso aquellos que tienen esperanzas de paz a menudo apoyan a los terroristas y sus misiones. En un sondeo en junio, más de 6 de cada 10 palestinos encuestados por el Centro de Medios y Comunicación de Jerusalén apoyaban las operaciones de atentados suicidas contra civiles israelíes, aunque en una encuesta anterior muchos creían que una tregua con Israel les favorecía personalmente.
Esos hallazgos no son incompatibles. El apoyo para Hamas usualmente crece durante los períodos de aumento de la tensión con Israel. Tradicionalmente, los palestinos se inclinan hacia el movimiento nacionalista secular dirigido por Arafat y la PLO, pero sondeos recientes indican que Hamas comienza a llevarle la delantera a la facción Fatah de Arafat en la Franja de Gaza, y Hamas quiere tener un papel importante en cualquier gobierno que se forme después de la programada retirada de la Franja el próximo año de la franja propuesta por Sharon.
Hamas adoptó los atentados suicidas como arma política hace una década, llamando a los terroristas ‘shuhada', mártires. Se dice que la Hezbolla chií respaldada por los iraníes fue la primera en usar la táctica en el Líbano en los años ochenta, muy notablemente contra blancos norteamericanos y otros en Beirut.
Hamas ha reconocido responsabilidad en más de la mitad de los cerca de 135 atentados suicidas contra Israel desde que comenzara la última intifada en septiembre de 200, que terminado con la vida de 447 israelíes, según las Fuerzas de Defensa israelíes.
El Corán está lleno de pasajes que prometen el paraíso a los que mueren en el servicio de Alá. En las manos de Hamas, esos versos han ayudado a construir un banco de terroristas suicidas potenciales que viven más en el paraíso donde esperan vivir en la próxima vida que en el infierno que deben vivir aquí.
Pero Rashid Khalidi, profesor de estudios arábicos en la Universidad de Columbia, dijo que la mayoría de los académicos musulmanes son inapelables en que no hay un fundamento religioso de los atentados suicidas.
"En cualquiera interpretación ortodoxa del islam, el suicidio es completamente inaceptable", dijo. "No conozco a nadie que diga otra cosa. No sé por qué los jeques lo justifican".
"Cometer suicidio es un acto no-islámico. Y también es inaceptable matar a civiles. Hay un verso en el Corán que dice algo así como: ‘Cuando alguien lastima a una persona inocente, es como si lastimara a todo el mundo'. Esa no es una norma vaga, es la palabra de Dios, y cualquiera que la ponga en discusión tendría que decir que el Corán está equivocado".
Incluso así, Barber, el psicólogo, dice que el apoyo entre los jóvenes adultos por la militancia y el suicidio tiene tanto que ver con el poder del individuo como con la desesperanza o la religiosidad.
"Esa es la tragedia", dijo Barber. "El único modo en que puedes sentir que tienes poder, es muriendo. Es la expresión última de la desesperación".
En ninguna otra parte es el renombre de los extremistas tan fuerte como entre gente joven como Maasawabi. Los ‘mártires' ya no son definidos solamente como se hacía hasta hace poco: jóvenes solteros, pobres, desempleados, de poca educación, que buscaban su recompensa en un paraíso lleno de guapas vírgenes de ojos negros, y en el favor de Alá. También uniéndose a las filas hay gente como Maasawabi y otros como él -jóvenes educados, a menudo de familias de clase media y mujeres con futuros de otro modo prometedores.
Para la época en que Sharon visitó el recinto de la mezquita Al Aqsa, Maasawabi había terminado la escuela secundaria local del campo de refugiados de Shati, al norte, y se había inscrito en la Universidad de Al Aqsa.
Fundada como una universidad secular con un campus moderno, el centro de la universidad en Ciudad de Gaza ofrecía un programa donde Maasawabi podría estudiar arte. En un campus cercado de árboles, pasillos y bancos, y en los cafés de las cercanías, hombres y mujeres jóvenes se encuentran y entran en contacto. Pero Maasawabi nunca tuvo una novia, dijo su padre.
"Su vida era estudiar y leer el Corán", recordó Basheer Maasawabi. "Tenía que ser el mejor, porque Dios quiere que los musulmanes sean los mejores".
La devoción religiosa de Maasawabi se intensificó después de que ingresara a la universidad, dijo el padre. Comenzó a orar más de las cinco veces al día que exige el islam, ayunaba por períodos largos, distribuía cintas con lecciones sobre el islam y hacía cuadernos aconsejando a otros cómo ser buenos musulmanes.
Empezó a pintar escenas en la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, y participaba en el círculo de oraciones en la cercana mezquita de Abdullah Ibn Omar. Comenzó a dar clases a otros jóvenes.
"Estaba muy unido a la mezquita", dijo su padre, "pero nunca supe que estuviera con Hamas. Él apoyaba a todos los grupos musulmanes".
En las últimas cartas de Maasawabi surge el retrato de un joven que ya no podía obtener valor, consuelo o significación de su vida cotidiana, que creía que sólo podía servir a Dios tomando las armas y haciendo una guerra santa contra sus enemigos.
Según todos los informes, nadie tuvo que reclutar a Maasawabi para su misión. Un amigo dijo que ansiaba ser ‘mártir' y sus cartas sugieren que estaba más que dispuesto a unirse a las filas de los ‘shuhada'.
"Tomar las armas era mi deber y unirme a la Brigadas de Izzedine al-Qasam [el brazo militar de Hamas] para que los judíos probaran el sufrimiento, el dolor y la destrucción -exactamente como hacen ellos que nuestro pueblo pruebe la muerte todos los días", escribió Maasawabi justo antes de su muerte.

Advierten A Arafat
El 22 de junio de 2001 el sol salió a las 5:34. En algún lugar de Israel, el ministro de Asuntos Exteriores, Shimon Peres, estaba dando la bienvenida al enviado norteamericano William Burns en la región, advirtiéndole que Arafat no había detenido a ninguno de los líderes militantes que planeaban ataques contra Israel.
En realidad, esa misma mañana una bomba al borde del camino había detonado cerca de una unidad del ejército israelí que estaba patrullando en un tramo de camino cerca del asentamiento de Netzarim en la Franja de Gaza. Nadie quedó herido, pero la explosión se pudo oír a kilómetros de distancia.
Al norte de Ciudad de Gaza, Maasawabi se levantó temprano como siempre para asistir a las oraciones matutinas. Era su parte favorita del día. Volvió a casa y se puso una nueva galabiyeh, o túnica, para las oraciones del viernes a mediodía.
Después, de vuelta en casa otra vez, se duchó y se puso ropas nuevas -vaqueros y una bonita camisa azul a cuadros- y volvió a salir por la tarde. Su padre pensó que iba a ver a sus amigos.
Antes de su misión Maasawabi escribió algunos de sus últimos pensamientos a su familia con una fina escritura árabe.
"Familia, queridos y generosos amigos, bondadosa madre, generoso padre, hermanos y hermanas, les escribo estas palabras preparándome para un viaje del que no volveré. No volveré a esta vida chabacana, que no vale, según Alá, ni el ala de una mosca. Esta vida es sólo una sombra que pronto desaparecerá.
"El martirio por la causa de Alá no es algo extraño ni nuevo", dijo en su carta, que sería más tarde entregada por Hamas a su familia, "pero es lo que he deseado desde niño, y he estado esperando con todas mis fuerzas... ¿Cuántas veces no he rezado para que Alá me lo diera? No seré indolente en sacrificar mi cuerpo, mi sangre y mi alma por Alá".
Maasawabi se fue a su muerte creyendo que volvería a ver a su familia. "Queridos míos", escribió, "sé que estar lejos de vosotros será difícil, pero debéis saber que habrá una gran reunión entre nosotros y un gran encuentro porque Dios nos reunirá confortablemente en el paraíso".
Se dirigió a cada miembro de su familia, implorándoles que se enorgullecieran de su acto.
"Madre, debes ser paciente y estar contenta. Ulula en lugar de llorar. Arrodíllate y agradece a Dios por lo que te dio cuando escogió a tu hijo para el martirio... Padre, mi bueno y generoso padre, padre de bondad sin límites, por favor perdóname... Quiero que te sientas feliz de ver a tu hijo como mártir, el diploma más digno".
Le pidió a sus hermanos que cuidaran de su madre y padre y evitaran actos pecaminosos. "Mohammed, Ahmad, Mahmoud, sóis los hombres del futuro", escribió. "Sed buenos con nuestra madre, ayudad a mi padre en su trabajo... No os alejéis de la mezquita... Alejaos de la gente mala. Y no pequéis. Leed el Corán y ayunad tanto como podáis.
"Nisreen, Assma'a, Khadeeja, Asia, Reem", escribió a sus hermanas, "nunca encontré otra cosa que felicidad, cosas buenas, generosidad y sonrisas resplandecientes en vuestros rostros... Mis queridas hermanas, después de esta vida nos encontraremos por voluntad de Alá. Viviremos para siempre bajo el trono de Alá. Sed pacientes y agradeced a Alá, vivid según su ley".
Poco antes de las cinco de la tarde, en la parte norte de la Franja de Gaza, junto a la playa de Shikma cerca del asentamiento judío de Dugit, unos soldados israelíes vieron un jeep con la amarilla matrícula israelí varado en la arena. El chofer llevaba una kippa, que llevan muchos judíos religiosos y colonos en Israel. Unos palestinos estaban afuera de una casa cercana. Según las autoridades israelíes, ellos y una mujer palestina en el tejado de otro edificio hacían señas para llamar la atención de los soldados, diciendo que el jeep estaba en pana.
Cuando los dos soldados se acercaron, Ismail Maasawabi, el hombre de la kippa, gritó y apretó un botón, haciendo detonar una carga explosiva en el jeep, destruyendo el vehículo y matándose a sí mismo. Los palestinos que estaban cerca abrieron fuego sobre los soldados antes de huir, junto con la mujer palestina que aparentemente era parte de la misión, según la Fuerzas de Defensa israelíes.

Esperaba Un Ataque Más Mortífero
Maasawabi probablemente quería provocar un atentado más grande y más mortífero contra los ciudadanos incrustados en Dugit, pero las autoridades israelíes dicen que no pudo pasar porque había ahí un puesto de control. Él y sus compañeros de misión aparentemente formularon un plan alternativo que involucraba a los soldados.
"Mi alma eligió ser un cirio para la nación del islam, pero al mismo tiempo es una afilada uña de fuego contra los enemigos de Alá", escribió Maasawabi en su testamento de mártir, "porque dejar que en la Tierra se masacre a los musulmanes, y observarlo retorciendo nuestras manos desde la distancia, no nos acercará a que se termine con esta injusticia, no ayudará a nuestro pueblo".
Hamas sepultó los restos de Maasawabi con todos los honores. Los extremistas islámicos pregonaron su nombre desde los altavoces de la mezquita; Hamas editó un video que mostraba a Maasawabi sosteniendo un rifle Kalashnikov con las verdes banderas de Hamas al fondo. "Soy uno de los cientos de mártires que esperamos reunirnos con Dios, y que golpearemos a los sionistas estén donde estén", dijo en el video.
Maasawabi mató a israelíes ese día en Dugit, dos de ellos de la Brigada Givati -los sargentos Aviv Iszak, de Kfar Saba, y Ofir Kit, de Jerusalén. Ambos tenían familias que los querían, ambos eran dedicados a su causa.
Quince minutos antes de la explosión, Kit había llamado por teléfono a sus padres, diciéndole a su padre que no tenía miedo de morir por su patria, si era necesario. Luego le dijo a su familia que tenía que colgar porque su amigo, Aviv, necesitaba ayuda. Se unió a su colega para ayudar al jeep en pana en la arena. Fue lo último que hicieron los soldados. Ambos tenían 19 años.
El padre de Maasawabi describió un segundo video, hecho por el equipo de Hamas que acompañó a Maasawabi en la misión. Partes de este fueron emitidas por televisión. Dijo que mostraba cómo se había desarrollado la acción e incluía las últimas palabras de su hijo.
"Confío en Dios", se le oye gritar antes de la explosión, dijo el padre.
En los laberintos y callejones de Ciudad de Gaza, la operación suicida de Maasawabi reunió los requisitos de elogio y honor. Incluso hoy su madre y padre consideran su fin como un "sacrificio", o un acto de "yihad".
En el mundo más amplio, sin embargo, donde los atentados suicidas son una estratagema cada vez más común, la muerte de Maasawabi resonó como un grito primario en una habitación con eco. Los servicios de prensa sólo transmitieron breves cables del incidente.

Joel Greenberg y Muhammad al Waheidi contribuyeron a este reportaje.

La Franja de Gaza y Cisjordania
Población: Franja de Gaza, 1.3 millones; Cisjordania, 2.3 millones (en ninguno de los casos se incluye a los colonos judíos)
Crecimiento demográfico anual: Gaza, 3.8%; Cisjordania, 3.2% (Estados Unidos, 0.9%)
Porcentaje de musulmanes: Gaza, 99%; Cisjordania, 75% (en ambos casos, la mayoría son sunníes)
Industrias: Cemento, textiles, jabón
Agricultura: Olivas, cítricos, verduras, carnes, lácteos
Tasa de pobreza: Gaza, 75%; Cisjordania, 60%
Fuentes: CIA World Factbook, Banco Mundial, Chicago Tribune

3 de octubre de 2004
22 de octubre de 2004
©chicago tribune
©traducción mQh

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