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obstáculos para victoria en iraq


[Eric Schmitt] Entre los obstáculos más importantes se encuentra la campaña de intimidación de los insurgentes. Casi un 50 por ciento de las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes terminan desertando.
Washington, Estados Unidos. Comandantes norteamericanos de alto rango y funcionarios civiles en Iraq están hablando con más franqueza sobre los obstáculos que podrían poner en peligro sus planes para derrotar a una insurgencia flexible y tenaz y convocar a elecciones en enero.
Hacia afuera, ofrecen la evaluación optimista de que la insurgencia se puede derrotar. Pero en entrevistas con 15 de los generales estadounidenses de mayor jerarquía y funcionarios diplomáticos realizadas en Iraq a fines de octubre, muchos describieron los riesgos que podría empeorar la situación de seguridad y descarrilar el proceso político con el que cuentan para sofocar la insurgencia.
Los comandantes expresaron temores de que muchas de las crecientes fuerzas de seguridad iraquíes, que pronto serán comandadas por generales en gran parte sin experiencia, hayan sido infiltradas por espías de los insurgentes. La ayuda para la reconstrucción está finalmente llegando a ciudades anteriormente controladas por los rebeldes, como Samarra y otras áreas, pero algunos oficiales temen que los retrasos burocráticos puedan socavar los efectos tranquilizadores de la ayuda. También se refirieron a las nuevas evaluaciones de la inteligencia estadounidense que muestran que los insurgentes tienen considerablemente más milicianos -de 8.000 a 12.000 militantes- y recursos financieros mucho más grandes que los calculados previamente.
Quizás lo más inquietante, dijeron, es la campaña de los militantes de intimidación para silenciar a miles de iraquíes y socavar la autoridad del gobierno mediante asesinatos, secuestros, decapitaciones y atentados con bomba. Nuevas bandas especializadas en la toma de rehenes están ingresando a Iraq, señala el informe del servicio secreto.
"Si no podemos parar la intimidación, no podemos ganar", dijo el teniente general John F. Sattler, el comandante de casi 40.000 marines y soldados al oeste y centro-sur de Iraq, que está preparando los planes de batalla para una posible confrontación con más de 3.000 guerrilleros en Faluya y Ramadi, con la esperanza de destruir a la jefatura nacional de la insurgencia.
En algunos casos, dicen oficiales de alto rango, sus objetivos pueden entorpecer accidentalmente otros propósitos. Por ejemplo, Iraq no puede realizar elecciones legítimas si los militantes todavía controlan las ciudades sunníes más importantes, como Faluya. Las negociaciones se han suspendido y muchos oficiales pronostican una ofensiva militar. Pero los clérigos de la línea dura dicen que ellos llamarán a boicotear las elecciones si las tropas americanas usan la violencia para reprimir la insurrección.
"Para mí, lograr que los sunníes se involucren en el proceso político es lo más importante que debe ocurrir para controlar la situación de seguridad", dijo uno de los comandantes superiores. "Si un número considerable de sunníes no participan, eso puede dar más alas a la insurgencia. Eso es preocupante".
Algunas importantes decisiones políticas, incluyendo la de dar forma a las elecciones y fijar una fecha para atacar a los militantes en Faluya, están en manos del primer ministro Ayad Allawi y su gobierno, y los oficiales norteamericanos en el lugar sólo pueden, en el mejor de los casos, tratar de influir en ellas. A pesar de esos obstáculos, esos oficiales y funcionarios todavía están optimistas en que su detallado plan de campaña, y sus elementos militares, políticos y económicos proporcionen un modelo para recuperar las ciudades controladas por los rebeldes y salir con éxito del tumultuoso período en el que sin duda se intensificará la violencia cuando los insurgentes intenten retrasar o impedir las elecciones. Ese plan, adoptado en agosto, es revisado cada dos semanas por generales norteamericanos e iraquíes de rango superior.
"Estoy prudentemente optimista", dijo el general de división John DeFreitas III, el oficial jefe de inteligencia de las fuerzas armadas en Iraq. "Si examinas Nayaf, Tal Afar y Samarra, creo que está resultando".
Por primera vez los oficiales han comenzado a revelar que Estados Unidos podrían empezar a retirar de Iraq sus 138.000 tropas en julio, si las tropas de seguridad iraquíes pudieran recuperar el control y si se reducen las amenazas que plagan Iraq ahora. "Esa es la meta", dijo un oficial de alta jerarquía.

La Respuesta Militar
Pero interrogados en entrevistas y conversaciones informales -la mayoría de ellos sin identificación, debido al temor de que sus observaciones más francas puedan ser usadas en casa como municiones en la campaña electoral-, funcionarios civiles y comandantes de alto rango expresaron temor de que sus planes salgan mal, reflejando así el carácter imprevisible de los acontecimientos en Iraq.
"Es un país muy complejo, y hay muchas cosas de que preocuparse", dijo uno de los oficiales. "Pero estamos tratando de superar estos resultados inesperados, de una insurgencia que se ha hecho más fuerte".
Oficiales de alta jerarquía dicen que no tienen la ilusión de que las fuerzas armadas solas puedan resolver los problemas de Iraq. En el mejor de los casos, el uso de la fuerza para recuperar las ciudades controladas por los rebeldes contribuirá a imponer una atmósfera lo suficientemente tranquila como para permitir la implementación de programas políticos y económicos que son los que en última instancia derrotarán a la insurgencia, dicen.
El general George W. Casey Jr., el comandante estadounidense de más alta jerarquía en Iraq, compara las prioridades en el país con dos locomotoras gigantes, una generando nuevas fuerzas de seguridad iraquíes, la otra produciendo los beneficios de la reconstrucción, dijeron asesores. Las dos deben generar un "ímpetu irreversible" que demuestre a los iraquíes y a la opinión pública estadounidense de que hay progresos, aunque a veces se detengan.
En las mañanas la sesión informativa del general Casey incluye una revisión llamada ‘Toque de tambor', que es una detallada compilación de los avances hechos en seguridad, administración civil y economía. No se deja nada de lado, desde la inauguración de un nuevo hospital a la firma de contratos para proyectos de agua potable. El general Casey insiste ante sus comandantes que muestren que los proyectos de reconstrucción están en camino y "metiendo bulla", y no solamente en los libros. En estos momentos hay unos 700 de esos proyectos, y otros 1.800 están programados para ser iniciados antes de fin de año, dijeron oficiales.
El teniente general David H. Petraeus, el jefe de adiestramiento y equipamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes, ofrece una analogía más pintoresca. Tener éxito en Iraq, dice, es como conducir ganado desde Tejas a Wyoming en el Viejo Oeste: el ganado son la miríada de tareas que deben ser hechas en Iraq, y los vaqueros estadounidenses e iraquíes están luchando contra los cuatreros insurgentes, y condiciones inciertas y desalentadores problemas logísticos impiden que la manada avance. "No creo que sea demasiado tarde para ganar la guerra, pero no será fácil", dijo. "El quid del asunto es que tenemos que seguir avanzando".
La política más amplia, dicen oficiales de alto rango y funcionarios diplomáticos, es que Estados Unidos mantenga el curso y sea paciente, con el objetivo de transferir el control local a los iraquíes y ayudar a reconstruir las fuerzas de seguridad y la economía.
"No podemos perder esta guerra", dijo el general de división Henry W. Stratman, que como jefe adjunto de estado mayor para asuntos políticos, militares y económicos es el principal enlace de las fuerzas armadas con la embajada de Estados Unidos y los ministerios iraquíes.

Haciendo Frente A La Intimidación
Los militares están midiendo sus avances de acuerdo a un documento de 43 páginas titulado prosaicamente ‘Plan de campaña de las fuerzas multinacionales en Iraq: Operación Libertad Iraquí'. Según este plan, las fuerzas armadas usan hasta 215 criterios para medir los progresos en 15 ciudades importantes y 7 más pequeñas que deben estar controladas antes de que puedan realizarse elecciones nacionales.
Los avances son revisados semanalmente por oficiales de alta jerarquía, incluyendo a 25 estrategas militares apodados los ‘Brainiacs', que son responsables de anticipar situaciones sobre la base de imaginar el peor de los casos, y de proponer soluciones posibles. El general Casey y sus asesores más importantes ajustan los criterios cada quince días para incorporar los desarrollos en el terreno.
"Tengo razones para creer que la situación de la seguridad pública en Iraq será lo suficiente como para legitimar las elecciones de enero", dijo el general de división Stephen T. Sargeant, el principal autor del plan.
Los oficiales dicen que el general Casey y John D. Negroponte, el embajador estadounidense en Bagdad, tienen una estrecha y cordial relación de trabajo, a diferencia de sus predecesores, el teniente general Ricardo S. Sánchez y L. Paul Bremer III. "Eran como el día y la noche", dijo un oficial.
Pero los oficiales también dicen que hay difíciles obstáculos por superar.
La reciente masacre de 49 recién adiestrados soldados iraquíes al este de Iraq ilustra los extremos a los que están dispuestos a llegar los insurgentes, incluyendo a antiguas fuerzas de seguridad baazistas y los partidarios del militante jordano Abu Musab al-Zarqawi, para aterrorizar a los iraquíes que trabajan con los norteamericanos o toman parte en el nuevo gobierno.
En las últimas semanas la inteligencia militar ha informado sobre el descubrimiento en Bagdad de numerosos chalecos de terroristas suicidas y de nuevas bandas de secuestradores que están cruzando las fronteras hacia Iraq. Desde el comienzo del mes de ayuno ramadán hace dos semanas, los ataques diarios han aumentado en un 30 por ciento.
Un proyecto de formación laboral dirigido por miembros de la fuerza de construcción de la Marina cerca de Faluya para formar a jóvenes iraquíes en la construcción fue cancelado antes este mes cuando los 30 estudiantes dejaron de asistir por temor a las represalias.
Otra víctima de la campaña de intimidación es el flujo de información de iraquíes corrientes hacia los militares sobre la localización de los militantes y sus armas, incluyendo bombas improvisadas. A medida que se recuperan las ciudades, dicen los comandantes, han aumentado los datos entregados por los residentes, pero se necesita más información. "La inteligencia sigue siendo débil", dijo un funcionario de la embajada.

Los Problemas Económicos
A pesar de los atentados con bomba contra las fuerzas de seguridad iraquíes, dicen los comandantes estadounidenses, no hay escasez de nuevos reclutas, un reflejo de la desesperada situación económica por la que atraviesan muchos iraquíes. Ahora hay unas 100.000 tropas de seguridad adiestradas y equipadas, con 45.000 más programadas para reportarse a fin de año.
Algunas unidades iraquíes se han desempeñado bien en las batallas recientes, especialmente algunas unidades de comando iraquíes. Antes este mes, 2.000 tropas iraquíes ayudaron a las fuerzas norteamericanas a recuperar Samarra. Pero un batallón iraquí informó que 300 de sus 750 soldados abandonaron la unidad antes del inicio de la ofensiva el 1 de octubre.
Los comandantes estadounidenses temen que muchas unidades iraquíes hayan sido infiltradas por espías. También tienen que hacer frente a las diferencias culturales. Sin un sistema bancario nacional formal en funcionamiento, los reclutas y otras tropas deben ir a casa a dejar el cheque a sus familias. "Si tienes cuatro compañías de infantería, siempre habrá una con permiso", dijo un alto oficial estadounidense.
Los estadounidenses tienen metas ambiguas. "Para julio espero que haya fuerzas de seguridad iraquíes adiestradas y equipadas de manera suficiente como para que sean capaces de actuar con autonomía en operaciones contra los insurgentes, con algo de apoyo nuestro", dijo un comandante de alto rango. "Todavía habrá insurgencia; eso no desaparecerá. Pero estamos tratando de reducirla lo más posible, de modo que las fuerzas de seguridad iraquíes pueden derrotarlas".
Una vez que los militantes sean sacados de sus enclaves, el objetivo es introducir ayuda económica rápidamente, en gran parte para ganarse a la población civil. "Tenemos que sacar a los iraquíes de la calle y darle trabajo, para que tengan en sus manos palas y martillos y no AK-47", dijo Charles Hess, director de la Oficina de Contratación y del Proyecto Iraquí del Ejército, que supervisa 12.6 billones de dólares para proyectos de reconstrucción.
En Samarra, el general de división John R. Batiste, comandante de la Primera División de Infantería del Ejército, hizo recientemente una franca advertencia a sus superiores: "Tenemos que poner a trabajar a esa gente desempleada. Tenemos una pequeña oportunidad de que esto resulte".

31 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
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