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ciudadanía mundial del papa


[Juan Vicente Boo] Hace un nuevo llamado a la paz y pide solidaridad para los necesitados.
Roma, Italia. Ante el panorama de un planeta violento y globalizado, Juan Pablo II considera llegada la hora de establecer el principio de «ciudadanía mundial», con derechos y deberes, como medio de protección y norma de comportamiento en un mundo sobrecargado de violencia y de desequilibrios económicos.
El mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el primero de enero, introduce por primera vez en las enseñanzas de la Iglesia un concepto ya implícito en el magisterio del Santo Padre sobre «la familia humana» y del Concilio Vaticano II sobre el destino común de los bienes de la Tierra. Así como la teología católica creó el «derecho de gentes», la sugerencia del Papa se convertirá en elemento del Derecho Internacional.
Según Juan Pablo II, «la pertenencia a la familia humana otorga a cada persona una especie de ciudadanía mundial, haciéndola titular de derechos y de deberes, dado que los hombres están unidos por un origen y un supremo destino comunes». El Santo Padre constata que el «principio de ciudadanía mundial» se ha abierto camino ya en «la condena del racismo, la tutela de las minorías, la asistencia a los refugiados y la movilización de la solidaridad internacional para todos los necesitados».

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Juan Pablo II constata con dolor que la situación del mundo se ha deteriorado en los últimos años y que la «cultura de la muerte» se ha extendido con rapidez bajo el impulso del fanatismo que invita a la violencia y de la intensa propaganda de guerra de los Estados beligerantes. El Papa insiste en la necesidad de «un compromiso constante y responsable para que se respete y promueva la vida de las personas y de los pueblos», y subraya que «no se puede dejar de reprobar con vigor los males de carácter social y político que afligen al mundo».
Entre ellos destaca «la crisis del Continente africano, donde persisten conflictos que provocan millones de víctimas, la peligrosa situación de Palestina y el trágico fenómeno de la violencia terrorista, que parece conducir al mundo entero hacia un futuro de miedo y angustia». Finalmente, el Papa constata «con amargura, que el drama iraquí se extiende por desgracia a situaciones de incertidumbre e inseguridad para todos».

17 de diciembre de 2004©abc
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